S0ren Kierkegaard
En la espera
Todo don bueno y
de la fe
toda dádiva perfecta
viene de lo alto
L;i Universidad Iberoamericana editó
en 2004 el libro La venían subjetiva:
S m m Kierkegaard como escritor de
Luis G u e rre ro M artínez. El Dr.
Guerrero es presídeme de l i Sociedad
I b e r o a m e r i c a n a d e E s tu d io s
K ierkegaardiaiíps. es profesor de
filosofía c;<>i)U;m
¡ >01.inca y mcKxJologfa
filo s ó fic a en l.i U n iv e r s id a d
Iberoamericana. Ha sido lu ésp ed de
los centros de invesñgadón sobre el
filósofo danés en Copenhague y en
S;. Olaf College en Minnesota. Sobre
el autor danés también es autoi del
libro Kierkegaard- los límites de ¡a
razón en
la existencia h u m ana (
La Dra. Leticia Valadez Hernández es
lam in en una e sp e c ia lista en el
pensam iento de K ierk ig iard . ha
p a rtic ip a d o en d iv erso s ev en to s
internacionales y lia escrito artículos
sobre el autor danés, en e! que destaca
uno reciente sobre la recepción de
Kierkegaard en México.
E n la espera de la fe
S0ren Kierkegaard
Todo don bueno y toda
T itu lo original: T o opbyggelige 'Valer
T raducción de: Luis I. Guerrero M. y Leticia Valadcz H .
En la espera de la fe
S0ren Kierkegaard
Todo don bueno v toda
dádiva perfecta viene de lo alto
Traducción, estudio introductorio y notas de
L uis Guerrero M artínez y Leticia Valadez H .
U n i v e r s i d a d I b e r o a m e r i c a n a
T ílu lv o n g m i l e n
daués-Scoto Kierkcfri.tr;ù Sjmicde V'arrker AB. DracKimrn, J.L ìictb crj y H O . Langc. Copenhague. l*>OS
l: m v e r s i d a d i b e r o am e r i c a n a
B I B L I O T E C A E R A N 'C IS C O X A V IE R C L A V IG E R O Kierkegaard, Soren, 1813 1855
En la espera de la fe. Todo don bueno vtoda dádiva perfecta viene de lo alto
I. Vida cristiana - Amores luteranos. 2. Vida espiritual. 3. Fe. I. Guerrero Kl., Luis I. II. Todo con bueno y toda dádiva perfecta vi?nc de lo alto. I ll.t. BV 4505 K5418.2005
1 a* cdición* 2X5
D ii è Uni ve rs idad 1 beroame rie ana, A.C Prol. Paseo de la Reforma 880 Col. Lomas de Santa Fe 012 1 0 México, D.F.
ISBN 968-859-584-5
Impreso y hecho en México
Prirtf&í and m u k in Mexico
E »te lib ia »c «crminij de ttnprim ii en octubre de 2005 en los ultcrci do
D u e ñ o e Im p res o » S .in d o v j|
T e l. 5 7 9 3 -4152, *3795-7224
la rd n .ii'iti cun->ia d e 500 c je n ijila tc » m i » s o b r a n t e s p u r a re p o s ic ió n . *
Indice
Siglas y abreviaturas (> Estudio introductorio 7 D os discursos edificantes de 184.3 31 Prólogo origina] 35 En la espera de la fe 37Siglas y abreviaturas
SV Sftren Kicrkegaards Samiede Værker. (Obras Completas du
Soren Kierkegaard), Copenhague 1 9 0 1 -1 9 0 6 , publica das en 14 volúmenes por A.B. Drachmann, J L. Ileiberg y 71.0. Lange. Esta primera edición de- las obras comple tas es la que será utilizada como base para la presente edición Existen olías dos ediciones posteriores de las Obras Completas (SV2 y SV3).
Pap. Sfiren Kicrkegaards Papirer. (Papeles de S»rcn Kierke gaard), Copenhague 1 9 0 9 -1 9 4 8 , publicados cu 20 vo lúmenes por P A Heiberg, V. Kuhry E. Torsting. Breve og Aktstykkcr Bren* og Aklslykker vedrgrende S&ren
Kierkegaard. (Cartas y documentos concernientes a Sfíren
Kierkegaard) Copenhague 1 9 5 3 -19 5 4 . publicados eil dos volúmenes por N. Thulstup.
K tl. Kataiog creer Stren Kierkegaards Bibliotek (Catálogo de la
biblioteca de Soren Kierkegaard), Copenhague 1957,
publicado por N. Thulstup.
N otas sobre el aparato crítico
Las referencias en los márgenes ele la traducción corresponden al volumen y la página de 1¿ primera edición danesa SV.
Las referencias a los escritos específicos de Soren Kierkc- gaard se dan con el título de la obra en español y la referencia a la edición danesa, ya sea de las obra* completas (SV). de los Papeles (Pap.), de las carias y documentos (Breve og Aktstyk* ker) o de la biblioteca de Kierkeggard (Ktl.) además del volu men y la página.
Estudio Introductorio
1. Los Dos discursos edijkantes de 1843.
La redacción de estos discursos, los primeros de ochenta y ocho, se remonta a los inicios de 1 S43-*¿A1 escribirlos., Kierke gaard tuvo en mente principalmente a su fallecido padre, a quien dedica el libro y a Regina, "mi lector”. En su Diario escribió: 'Si prescindiendo de la relación uní Dio», alguien uie preguntara cómo he podido convertirme en el escritor que soy, le respondería: ‘se lo debo a un anciano por quien siento el mayor reconocimiento, v a una jovencita por quien me siento aún más obligado*. Por eso, también me parece que mi natura leza es el producto de una síntesis de vejez y de juventud, de
rigor invernal y de dulzura estival .1'
Al mismo tiempo su ntención era mostrar sus convicciones sobre el cristianismo, preocupación inculcada por su padre. Estos dos discursos complementan —de acuerdo a su intención de comunicación indirecta— las obras estéticas de 1 8 4 3 .’ El contenido de los discursos, como lo reconoce la crítica contem poránea. es un buen instrumento para la hermenéutica de las obras de Kierkegaard, ya que eslán firmados por el mismo Kierkegaard y poseen muchos elementos de su pensamiento incluidos en sus obras pseudónimas^
El escrito fue entregado al impresor Bianco Luno el 10 de abril; y con prólogo fechado el 5 de mayo —cumpleaños 3 0 de S. Kierkegaard fue puesto a la venta el ó de mayo en la libre ría de P.O. Philipsen, dos dias antes de partir para Berlín. Los Papirt-r no contienen prácticamente ninguna variación con el texto publicado- Dos años después, el 29 de mayo de 1845, fueron vendido? los sobrantes en un solo volumen, con otros dieciseis discursos edificantes bajo el título de Dieciocho discur
sos edificantes, 1 8 43 -18 4 5.
• Cfr. Pap. X S A 153. - Pap. X I A 40(5.
1 Cfr. M i puvlo de visfn. SV X III 524-528 PoStSCripiutH. SV VII 210
A pesar de tratarse de dos joyas de discurso religioso, de mostrar la aguda penetración psicológica de su autor, y conte ner diversos elementos filosóficos y retóricos típicamente kier- kegaardianos, la acogida de los Dos discursos edificantes en su época no fue muy buena, a difererencia de La alterna/ha publi cada meses antes. El mismo Kierkegaard afirma: “Nadie advir tió seriamente los Dos discursos o se preocupó de ellos. Recuerdo incluso que uno de m is conocidos vino a verme con la queja de que había comprado cJ libro de buena fe convencido de que, puesto que era mío, tenía que ser algo ingenioso c inte ligente. Recuerdo lambién que y o le prometí que si lo deseaba podía reclamar el dinero. Ofrecí al mundo Ixi alternativa con la mano izquierda, y con la derecha los Dos discursos edificantes-, pero todos, o casi todos, asieron con sus diestras lo que yo sos tenía en mi •siniestra. * 1
2. En la espera de la fe. Con ocasión del año nuevo.
Como el subtitulo del discurso lo indica, Kierkegaard toma ocasión del año nuevo para considerar cuál puede ser el mejor deseo y qué relación tiene con la fe. ya que el año nuevo es una buena ocasión para la meditación y para formular buenos de seos., El discurso centra su atención en buscar el mejor deseo para la persona amada; sin embargo, como el deseo se refiere al futuro y éste nos abre una infinita variedad de posibilidades, nuestro pensamiento puede quedarse perplejo al considerar cuál pueda ser el raejor deseo y en que consista su naturaleza. En la búsqueda de este deseo se nos recuerda que no debemos dejarnos guiar por los bienes de este mundo y nos proponen la fe como el bien supremo.
Metodológicamente el discurso presenta a posibles personas las cuales representan diversas posturas y objeciones sobre la espera y la adquisición de la fe. La primera representa a aquel que desea la fe pero no la tiene por la complejidad de su vida. I-a segunda a aquel que sin entender bien qué es la fe. le podría responder al primero: Mno te preocupes, tienes un buen deseo que terminará por cumplirse". Sin embargo, afirma Kierke gaard, esta respuesta no es adecuada, lo que debería responder se al primero es: “tú debes tener fe, y si no la tienes este
K • I . r i s I n i 'B B R M K O V . \ L K T I C J A V A L A H K K H
* M i punto de. ü sla . S V X I I I 5 2 7 .
t&TUDIO INI JtOnrCTOKlO • !» mismo hecho constituye un pecado, no es verdad que desees la fe y no la tengas". A lo que la persona que puso inicialmentc la objeción podría responder: “No creo que sea tan fácil de obte ner. pues no sería el mejor bien, ordinariamente los mejores bienes son difíciles de conseguir. O, si tienes razón, no debo desear pues es en vano desear; lo mejor hubiera sido que nadie me dijera nada sobre mis deseos." En este juego de interlocuto res Kierkegaard desarrolla su discurso para mantener una res puesta firme: “Basta desear sinceramente la fe para obtenerla.'’ El discurso presenta una nueva objeción referente a la co municación cxistencial: Si bien es cierto que lia^ta desear sin ceramente la fe para obtenerla, no puede imponerse a otro; en este sentido del deseo, no puedo deseársela a otro, no puedo desear por el otro; en cambio, en los buenos deseos triviales, cuando deseamos al otro un bien, en cierto sentido Le decimos: “no te preocupes, yo me encargo de conseguir el bien que deseo para ti". Esta objeción nos nuiestranina cualidad superior de la fe, que la relación con Dios es personal, que no puede interferir —ni para bien ni para mal— un tercero. Sin embargo, sí es posible ayudar a la persona amada procurando que se dé cuenta de la naturaleza de la fe y, si la posee, pueden celebrar juntos la grandeza de la fe^,
El discurso presenta otras formas de extravío respecto a la fe: La de aquellos que creen mundanamente que tienen toda su vida bajo control, no se les puede hablar de la espera de la fe, pues en realidad no esperan nada. También los que esperan pUftdCta caer en el engaño de olvidar el presente, teniendo su mirada en el futuro. Ño está mal preocuparse por el futuro, ya que parte de la grandeza del hombre es poderse preocupar, a diferencia de los animales.^ La solución propuesta está en regre sar al presente habiendo vencido al futuro, que en realidad es vencerse a sí mismo, es vencer a la propia imaginación que podría perderse en el mundo de las posibilidades. E l futuro no se vence con la “experiencia" mundana que suele ser engañosa, sino con la fe.ycsperando en Dios, sabiendo que ‘ todas las cosas cooperan al bien de aquellos que aman a Dios".s
Kierkegaard continua señalando otros modos equivocados de esperar: cuando un joven piensa que no sufrirá derrotas; aquel que no ha sido afortunado y espera que, al menos, no le
li> • I.U I9 1 OüBRRRBO M V LETICIA VAI.VDKK II
quiten su dolor, que es la forma como responde a las tempesta- des de la vida; y la de aquel a quien la fortuna ha sonreído, y que considera que podría perder y recuperar cualquier >jen hasta cierto punto. E ste últim o e stá en un error espcci.'l ¿1 considerar que la fe es uno de esas bienes con medida y que -h asta cierto punto" puede carecer de él. Tam bién la experien cia de la vida y los razonam ientos sobre lo temporal pueden m ostram os una nueva objeción contra la espera en la fe; la duda, tan estim ada por m uchos, tiende sus tram pas al que desea creer, el que duda escucha las palabras con recelo y puede hacer su critica afirm ando que lo que se espera en la fe es i»co tangible, que no tiene ni día ni hora para ser corrolx>rado. y que la experiencia de la vida nos dice o tra cosa. Sin embargo, esta duda, de la que m uchas veces se presume, es un síntom a de desdicha, de no haber vencido al fu tu ro . E s un error querer la tra sm itir a los demás; lo mejor, en dadc. caso, sería callatse. ,La espera en la fe no son promesas para este m undo y, por esto
mismo, ninguna desgracia de este m undo tiene el poder de quitárnosla. Además, se cree en D ios “en quien no hay cambio ni sombra de variación alguna" . 6 P o r eso. el que pierde la fe -an te la adversidad m uestra que en realidad no creía.,
„Kicrkegaard concluye afirm ando que el creyente no pide pruebas, está en otras categorías, j>or lo que no se a n g u sia ante el futuro, sabrá de las vicisitudes del futuro, tan to a fa\or como en contra, pero sabe que tiene la victo riaj Jóvenes y an cianos, cuando tienen fe, pueden reconocer su victoria en una pequeña frase usada por las com unidades: “¡Para ser al fin salvos!", cuya profundidad solam ente puede aprenderse indivi dualm ente en la relación con Dios.
3. Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de lo alto. El segundo de los Dos discursos "Todo don bueno y toda dádi va perfecta viene de lo alto”— es una meditación a projrfsito ce estas palabras (Sant. I, 1 7-22). Son palabras, dice Kierkegaard. hermosas, atractivas y conmovedoras. No son palabras casuales o inútiles, sino que van acompañadas por una am onestado! urgente: “No se extravíen, amados herm anos”. Son palabras que previenen contra el engaño de querer te n ta r a Dios, así como cJ
* U c . I 1 7.
e s t u d i o i N T i i o n r r r o H i o • u
de pensar que Dios tentaría a los hombres. Son poderosas por que exponen el engaño y detienen al pensar errante.
Siguiendo la m ism a línea de “E n la espera de la fe", y de una m anera análoga a la Parábola del sem brador. Kierkcgaard m uestra d istin ta s actitudes hum anas, en este casa, al enfren tarse a las palabras del apóstol. E n prim er lu g ar, habla de los hom bres que tienen suerte, a los que Lodo les resulta fácil: sus deseos son satisfechos y sus iniciativas fructifican. Viven en medio del movim iento; viven felices entre los cambios de la vida y no se preocupan por entenderlos, pues se dejan llevar por eí presente. Son honestos: dan a cada quien lo que le co rresponde. Responden, an te los bienes recibidos, con agradeci m iento. Ayudan al necesitado. Tienen óp tim as relaciones familiares y am istosas. Sus planes prosperan, pues se trata de hom bres sabios y sensatos. La vida no les presenta ningún enigm a. Sin embargo, su relación con las palabras del apóstol es superficial, no tienen tiem po para ponerles atención; y si les pusieran atención, pronto las olvidarían. Se ocu p arían de ellas sólo por un m om ento y luego dirían: “Ya las hemos entendido; ahora hay que tra e r nuevos pensam ientos que no hemos enten dido todavía".]Las palabras ciertam ente no son difíciles; pero desear abandonarlas por “haberlas entendido" es signo de no haberlas entendido en ab so lu to j
Tam bién habla de los preocupados y afligidos que son sen sibles a las palabras. É stas los fortalecen y les dan confianza. Pero tal fuerza sólo es aparente, pues su consuelo es m om entá neo. Al percibir esta contradicción dejan de considerar que las palabras les ayudarán d u ran te su vida y las consideran más bien como un peligro para su paz. Pues la confianza que depo sitan en ellas es continuam ente defraudada. No se rebelan contra las palabras, ni las abandonan pero, por otro laclo, no encuentran el momento oportuno para ponerlas en práctica. Parece haber una gran desproporción entre lo que las palabras dicen y lo que de hecho sucede en la vida cotidiana, t uando uno tiene un deseo —dice Kierkegaard— . ta n sólo pide que éste se cum pla. Si se cumpliera, se piensa, entonces se daría gracias y se atestiguaría que todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de lo alto. Pero cuando el deseo le es negado al hom bre, entonces —no necesariamente sin hum ildad— pre tende “te n ta r a Dios”: “Este deseo es tan im po rtante para mi; todo depende de él — mi alegría, mi paz, m i futuro—; es tan
I - • T.I’I H L O IB R H K R O M V LET IC IA VAI.ADRZ H
inip..r íante pura mí; para Dios resulta tan sencillo, ya que Él, después de todo, es todo poderoso". Pero a pesar de sus oracio nes, el deseo no le es concedido. Ante esto, Kierkegaard consi dera tíos posibles reacciones.
l«a primera es ordenar al alma que sea paciente; desear te ner la certidumbre de que la eternidad concederá, larde o tem prano. el deseo. Y sin embargo, la certidumbre también puede ser negada. El hombre que, en una situación así. con pensa miento cansado recupera la calma y con mansedumbre recibe las palabras de que todo don bueno y toda dádiva perfecta vie ne de lo alto, se da cuenta con humildad de que Dios no lo defraudó al no concederle sus deseos mundanos; pues a cambio le dio consuelo divino y pensamientos santos. Se da cuenta de que,Dios no fue injusto al negarle un deseo, el cual lo más que podía darle era el mundo entero; pues a cambio le dió la fe por la que se gana a Dios y se vence al mundo entero., Entonces confiesa que esto fue bueno para él y comprende la amonesta ción del apóstol./percibe la insensatez en su comportamiento: querer que las ideas de Dios coincidieran con las suyas.
1/3 otra reacción es la del hombre que se sien ir- demasiado viejo para alimentar ideas infantiles sobre Dios; este hombre no es rápido para oír las palabras, j>ero sí para enojarse. No pide explicaciones y endurece su corazón. Exteriormente no muestra su enojo, se ve tranquilo, amigable y su conversación es benevolente. Pero interiormente oye una voz que le dice Dios tienta a los hombres", y desespera. Piensa que sus su frimientos son tan grandes y su queja tan legítima que su voz está destinada a resonar y llamar a Dios. Pero el cielo no escu cha su plegaria sino hasta que humildemente confiesa que Dios no tienta a nadie, pero que todos son tentados cuando se dejan seducir y llevar por sus propios anhelos, y confiesa que ¿I fue tentado por pensamientos orgullosos y pretensiosos. Humil demente y con vergüenza confiesa que es bueno que Dios no permitiera que se le tentase.
El discurso presta especial atención al hombre que duda. 1.a piuda, afirma Kierkegaard, es astuta y engañosa. La duda no niega las palabras, tan sólo dice que son difíciles, enigmáticas y quiere ayudar al confundido a que Jas entienda diciéndole: “Todo lo que viene de Dios es un don bueno y una dádiva per fecta. Pero, ¿cómo discernir entre lo que viene de Dios o qué puede ser llamado un don bueno y perfecto?". Ksto es
suficien-K U T l'W O I N T I t n p r ( j rO H lo • w
te para arrebatar las palabras del corazón. Al que duda, d ice- Kierkegaard. habrá que responderle que “todo lo creado |*>r Dics es bueno si es recibido con agradecimiento". Por tanto, toda don es un don bueno y perfecto cuando es recibido con agradecimiento. No hay que preguntar que es lo que viene de Dics, ni hay que insistir en aprender mucho de la vida; sólo hay que desear aprender a agradecer siempre a Dios; aprender que todas las cosas son para bien de los que aman a Dios, ¿tundo se duda sobre lo que viene de Dios o sobre lo que es un doc bueno y perfecto, hay que agradecer. Hay que agradecer en la degría, en la fortaleza, en el sufrimiento o en la injusticia. Esto es haber interpretado bien las palabras^
Finalmente. Kierkegaard se pregunta si hay algo más altó' que el agradecimiento., El hombre —dice— cuando desea dar gracias ama de acuerdo a su propia perfección. Pero un hombre ama verdaderamente a Dios cuando lo ama de acuerdo a su propia imperfección. Éste —concluye— es el amor que nace del arrepentimiento. Éste es el amor más fiel y más ferviente, pues en el arrepentimiento es Dios quien ama al hombre. En el arrepentimiento el hombre recibe todo de Dios incluyendo la ftcc:ón de gracias que le txac.|
El que haya entendido esto ha interpretado bien las pala bra*: entenderá que cuando Dios abre su mano, llena de bendi ciones a todo ser viviente. Y que cuando parece que su mano se aleja, es porque la cierra para guardar la más abundante bendi ción en ella; que la cierra para abrirla otra vez y llenar de ben diciones, una vez más, a todo ser viviente. Entenderá que las palabras son comprensibles, simples y útiles en las ocupaciones de la vida diaria. Que el don bueno es del cielo donde todo bien habita. Que Dios penetra todo con su claridad eterna. Que Él entiende los pensamientos de los hombres desde lejos. Que su amor eterno se adelanta y prepara todo. Que Dios es constante mientras lo demás cambia. Que cuando llega la pena, hay que recordar la amonestación de que con Dios no hay sombra de variación. Que Dios, siempre constante, hace todo hueno, hace que todas las cosas sean un don bueno y una dádiva perfecta para todo el que tiene un corazón humilde y confiado. Y que. como lo hace el mismo Kierkegaard al final del discurso, lo que hay que pedir a Dios es que los que no han hecho caso a las palabras, quieran recibirlas; que por el entendimiento se les cure el corazón que no entiende para que entienda; que el
pen-samiento extraviado se vuelva a la obediencia; que el alma pe nitente tenga confianza para atreverse a entender las palabras; y que los que las entienden sean más santos al entenderlas una y otra vez.
4 . Estilo y forma argumentativa de los discursos.
A pesar de la brevedad de los Dos discunos, existen en ellos mu chos elementos característicos del cuidado que Kierkegaard po nía en todos sus escritos. En estos discursos pueden observarse muchos elementos clásicos de la retórica y de la argumentación "con el sello de su propio e stilo .te n ien d o en cuenta Ja filosofía de la verdad existencia] que Kierkegaard desarrolla, destacan algunos recursos literarios que inciden en este carácter de su filosofía^] Las descripciones humanas son un buen ejemplo de ello, en ellas Kierkegaard recorre distintas alternativas de modos de existencia, de situaciones; pero al mismo tiempo, dirigidas al lector para despertar su conciencia como individuo. Para reafir mar que la fe es un bien que está al alcance de cualquier hom bre, Kierkegaard recurre a una de estas descripciones que muestran la pluralidad existencia! dv los hombres:
Cualquier hombre puede atrever«- a decir eso, así tenga la frente casi plana como la de los animales o más ufanamente abombada que la bóveda celeste; asf extienda su brazo domina dor sobre provincias y reinos o tienda su mano para recoger las migajas que caen de la mesa del rico; así lo obedezcan miles de hombres con un simple gesto suyo o que no llame la atención de absolutamente nadie; asf sus labios desborden elocuencia o no emitan más que un sonido incomprensible; asi sea un hombre vigoroso retando la tempestad o se trate de ia mujer indefensa que busca resguardarse de la tormenta; eso. querido oyente, no cambia nada. 7
Recurriendo a San Pablo. Kierkegaard desarrolla en el se gundo discurso la necesidad que tiene el hombre de fe de agra decer a Dios |» r todo. Para grabar esta idea en el lector recurre a un estilo interrogativo, con un elenco de preguntas que ense ñan las diversas dimensiones que debe abarcar la gratitud:
II • L i n a l GI KRItKBO U y LETICIA VaI.ADF.7. II
r Dos discunos edificantes. S V I I I 20.
BBTVniO INTRODUCTORIO • 1,1 Cuando tuviste dudas sobre lo que venía de Dios o sobre lo que era un don bueno y perfecto, ¿arriesgaste la aventura? V cuan do el brillo luminoso de la alegría te llamó, ¿agradeciste a Dios por eso? Y cuando fuiste tan fuerte que sentiste que no necesi tabas de ayuda, ¿agradeciste entonces a Dios? Y cuando la por* ción que se te asignó fue pequeña, ¿agradeciste a Dios? Y cuando la porción que se te asignó fue de sufrimientos, ¿agra deciste a Dios? Y cuando tu deseo fue negado, ¿agradeciste a Dios? Y cuando tú mismo tuviste que negar tu deseo, ¿agrade ciste a Dios? Y cuando los hombres fueron injustos contigo y te insultaron, ¿agradeciste a Dios? No estarme diciendo con ello que la injusticia dejó de ser injusta...*
^ Kierkegaard hace que el lector —especialmente en el según-"“ do discurso— sea consciente de que el lenguaje debe ser com prendido más allá de una simple lectura superficial; también lo »ricota sobre las formas del lenguaje que expresan con profun didad o con engaño la existenciajcom o puede verse en los si-_J
guientes casos.
Come se había comentado, el segundo discurso es una re flexión sobre las palabras del apóstol Santiago: “Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de Ir» alto, desciende del padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de variación'". Es a jwrtir de ellas que Kierkegaard hace sus reflexiones una y otra vez. Y para introducir cada nueva consideración repite el texto; esto lo hace seis veces en el discurso, además de la consideración detenida de alguna de sus palabras. Esta forma la repetirá en algunas de sus obras posteriores, j)or ejemplo, en Ejercilación del
cristianismo. En esta misma línea de reflexión sobre la fuerza y
semántica de las palabras, el discurso comienza con un llamado a prestar atención al lenguaje del apóstol:
Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de lo alto, des ciende del Padre de la luces, en quien no hay cambio ni som bra de variación. Estas palabras son tan hermosas, tan atractivas, tan conmovedoras, que seguramente no se debe a un error por parte de ellas si no encuentran acceso en los oídos del oyente o resonancia en algún corazón. Son las palabras de uno de los apóstoles del Señor, y si nosotros mismos no liemos per cibido profundamente su significado, no obstante podemos * Dos dina nos edijuonus. SV II I 47.
17-10 • LUIS L OlERKKRO M \ LETICIA VALADEZ If.
co n fia r en que no son p a la b ra s casuales o in ú tiles, u n a ex p re sió n flo rid a d e un débil p e n sa m ie n to , sino que son fieles c in equívocas. intencionadas y probadas, com o lo fue la v ida del apóstol que las escribió. N o so n d ichas in c id e n ta lm e n te sino con un especial énfasis. (...) A sí pues, nos atrevem os a te n e r ia c o n fia n z a en que no sólo tie n e n ei poder de elev a r al alm a sin o ta m b ié n la fuerza de llevarla. (...) E ntonces p e le m o s e s ta r se guros de que las palabras son ta m b ié n poderosas p a ra exponer el engaño y poderosas p a ra d e te n e r al p en sar e r r a n tc .,ft
El discurso termina con el recurso semántico qup ha usado durante el discurso, la repetición de las palabras del apóstol, sirviéndose de ellas para hacer una oración:
¡Oh Dios! Q ue h ag a s iiue los oídos de lo« que h a s ta ah o ra no han hecho caso d e ellas quieran recib irlas, que 3 través del en ten d i m ie n to de las palabras les cure* el corazón que n o en tien d e p ara que en tie n d a las palabras, que hagas que el pensam iento e x tra viado vuelva hacia la obediencia bajo las palabras, que des al al m a p e n ite n te la confianza v alien te para entender las palabras, y (juc hagas a aquellos las h a n entendido m ás y m is san to s al en ten d erlas u n a y o tra vez. A m é n ."
Esta forma de conducir al lector a través de todo el discurso se complementa con las diversas críticas que hace a aquellos que de una u otra forma pasan de largo sobre el profundo sig nificado de las palabras; por ejemplo, pone en labios de los que piensan que toda su vida la tienen bajo su propio control:
\ a las hem os e n ten d id o ; a h o ra h a y que trae r nuevos p ensa m ie n to s que no hem os e n te n d id o to d a v ía.' Y no se equivoca rá n . y a que las palabras del apóstol no son d ifíciles, y sin em bargo, al desear a b a n d o n arla s, después d e haberlas e n te n d i do. d e m o stra ría n que no las h a b ía n e n te n d id o .1'
Este texto presenta una semántica existencia!, de una ver dad no objetiva, como dirá en otras obras; pues no es lo mismo entender un conocimiento objetivo —que el sistema solar tiene tantos planetas con tantos satélites, o que una determinada enfermedad es transmitida por un insecto, etc.— que hacer
D os discursos (torteantes. SV III 38.
n D os d iv u r ió s r d ifk o n U i. SV Iir 52. |: Dos Hscunoi edificantes. SV III 39
KftTI IrtO INTRODUCTORIO • IT propio un conocimiento que tiene que ver con toda la existen cia, una verdad subjetiva que debe apropiársela cada individuo en su propio modo de vida y no simplemente en su elenco de conocimientos. Otro ejemplo de esta semántica lo encontramos en la distinción que hace Kierkegaard entre la verdad de una expresión y la sinceridad con la que es dicha. Tomando ocasión de una expresión sobre la fe. afirma:
C u a lq u ie r h o m b re pu ed e atreverse a d ec ir eso, pu ed e d ec irlo de verd ad , y c u a n d o 110 lo dice sinceram ente no sig nifica que su p e n sa m ie n to sea falso, sin o que lo d efo rm a.11
Esta presencia del lenguaje se encuentra también en el pri mer discurso; el hombre que se siente desorientado en sus de seos acude a las palabras de hombres que le aconsejan acertada o desacertadamente. El lector se encuentra con reflexiones sobro el lenguaje:
N u e stro ho m b re a m a rá e ste lenguaje y lo escu c h ará co n p lacer, y a que am am o s a to d o aquel que n o s habla de la realización de
n u e stro s deseos. P e ro el tiem p o pasa sin re s u lta d o ...14 En cambio ante palabras exigentes pensará:
T ie n e razón; él h a dejado h ab lar a su corazón y h a so ste n id o u n leng u aje p le n o de e n e rg ía y de sentido, es así com o se nece sita h a b la r a a lg u ie n .,s
Siguiendo una de las tradiciones filosóficas más antiguas, Kierkegaard muestra las posibles objeciones que hay que salvar para sostener una verdad. Así, para refutar las objeciones a la idea de que el hombre puede vencer el futuro con la experien cia, recurre a una doble analogía basada en las armas para un combate, primero a través del lenguaje del insensato para mos trar cómo, para el insensato en cuestión, con la experiencia se puede hacer frente al futuro; pero después, recurriendo a la misma analogía de las armas para el combate, muestra de
for-11 Dos discum s edificantes. SV III 20. 14 Dos discursos edificantes. SV III 18. 15 Dos discvm i edificantes. SV III 19
ma contraria al insensato, cómo la experiencia es insuficiente I>ara hacer frente al futuro:
Jóvenes o viejos ten em o s todos algún* experiencia; no» c u b ri rem o s con ella, seguirem os las huellas d e la c o n je tu ra y h a re m os d e la h ip ó te sis n u e s tra gula; vencerem os a l fu tu ro con la fuerza de la conclusión; y con este tip o d e a rm a s lo e n fre n ta rem o s con franco v alo r Y es bueno que el ho m b re esté arm a d o cu an d o se p re p a ra a pelear y m ejo r a ú n si e stá a r m a d o sig u ie n do las exigencias del com bate Si un hom bre q u e in ic ia ra la lu ch a eu u n cam p o de ca rre ra s se cu b rie ra co n u n a pesada a rm a d u ra esta ría sin d u d a arm ado, pero su a r m a d u ra no le a p o rta ría n in g ú n beneficio. ¿N o es acaso la m is m a situ ac ió n p ara las a rm a s de aquel que in icia u n a lu c h a c o n tra el pn rv r- n ir? P orque la experiencia es un am igo de le n g u a b ífid a que u n a s veces dice u n a cosa y o tra s otra; y la h ip ó te sis es u n g uia eng añ o so que nos a b a n d o n a en el m o m en to e n que m ás se le necesita; la co n jetu ra tie n e la m irad a n u b lad a y no ve m u y le jos; y la conclusión es u n n u d o corredizo que n o s a tra p a m á s a n o so tro s m ism os q u e a o tr a cosa. E sta s arm as son. d e hecho, difíciles d e m anejar, p o rq u e m ie n tra s el alm a e x p e rim e n ta no perm anece insensible a esa experiencia, el m ied o acom paña a la h ip ó te sis, la a n g u stia a la c o n je tu ra y la in q u ie tu d a la c o n c lu sió n E stábam os, pues, bien arm ados cu b rié n d o n o s con la ex p erien cia, m á s no p a ra la lucha q u e íbam os a e n fre n ta r: la lu c h a con el p o rv e n ir.1''
También recurre a diversas argumentaciones lógicas; |>or ejemplo, por medio de un dilema y una reducción al absurdo afirma que la fe es accesible a cualquiera; ya que; El que habla de la fe o bien la posee o no la posee; si no la posee no podría hablar de ella; y si la poseyera y no fuera accesible a cualquiera tampoco podría hablar de ella, pues haría más abrumadora la suerte de los que no la poseen. Sin embargo, en los santos lu gares se habla continuamente sobre la fe;.luego, la fe es accesi ble a cualquiera.
5. La falacia de la duda en el ámbito de la existencia.
La sentencia cartesiana De ómnibus áubitandum cst se convirtió en una de las posturas predominantes de la modernidad; esta
I* • L I)B L OUBIUtP.ltO IL V LETICIA VALAUKZ II
lc Dus discursos edificantes. SV I I I 2 5 .
KSTCniO tXTROIH (TOM O • 10 postura repercutió no sólo <‘n el ámbito intelectual como una metodología filosófica, sino que se adoptó como una de las máximas de la vida misma. Es por ello que la modernidad se caracteriza por su espíritu critico, causa de diversas revolucio nes en distintos terrenos: filosófico, científico, social, político. Kierkegaard. heredero en buena medida del espíritu moderno, es a su vez un crítico de la modernidad y no acepta la duda radical. Johannes de Silcntio, autor pseudónimo de la obra
Temor y temblor dice: “Descartes hizo lo que dijo y «lijo todo lo
que hizo. ¡Ah! i Ah! ¡Eso no es tan común en nuestros días! Descartes no dudó en materia de fe, como él mismo lo repite muchas veces. (...) No impuso a todos la obligación de dudar ni la proclamó con vehemencia, porque era un pensador apacible y solitario, y no el sereno que da la alarma; modestamente declaró que su método sólo tenía importancia para él mismo, y que se había visto impulsado a concebirlo, en cierta medida, por la confusión de sus anteriores conocimientos."''¿Aceptar la entrada de la duda en materia de fe. es lo mismo que no tener fe. Y no tener fe es —para K¡erfcegaard—perder la felicidad^ Esto viene ejemplificado en los Dos discursos edificantes, como se señaló en las síntesis de cada discurso, se hace frente a la duda como una manera de alejarse de la fe.
Con respecto a E n la espera de ia fe, aborda la duda cuando considera al hombre de experiencia que considera que hablar de la fe como victoria es muy bello, pero que en realidad la expe riencia de la vida enseña otra cosa: que muchos deseos no son cumplidos, que muchas exigencias no son satisfechas, que mu chos caprichos no son obedecidos, que muchos ajietitos no son saciados. De esta forma,Qa experiencia que suele ser puesta como una adecuada guía en la vida, lo que hace en este caso es sembrar la duda. Hace que el hoiubrc pierda la fe y la confian za. Por eso. afirma Kierkegaard, el que duda no debe hablar porque no ayuda y sí confunde a los otros hom bresj Si amaras_ a los hombres, la seriedad de la vida te habría enseñado quizás a no alzar la voz sino a callarte, y al estar en el mar sin divisar tierra alguna a, por lo menos, no decírselo a los demás. " 1 Las I»alabras del que duda no cuentan. No obstante, no hay que
,r Tenor y temblor, prologo. SV III 57-5S. Cfr Dftcartr?. R Principios de
la filosofía, 1. 28 y 76.
■ja • M IS [. m KlíHKHO M. Y I.K TK IA VAI.ADKZ H.
culparlo, pues, la duda es una pasión pérfida y es muy difícil no caer en sus trampas; es una pasión profunda 3 desleal. P ero__ insiste Kierkegaard— sí hay que pedirle que calle. Si la duda 110 le trajo felicidad, ¿por qué entonces compartir con los de- ^ m á s aquello que puede hacerlos también desdichados? Además
no gana nada hablando; [»dría descansar callándose, cargar en silencio su sufrimiento solitario, “en lugar de alzar la voz para hacerse importante ante los ojos de los hombres, buscando el honor y la distinción que tantos anhelan: dudar o jwr lo menos haber dudado".1" La duda sorprende al hombre y le dice a la fe que la espera es decepcionante, “t'na espera a la que no se 1c fijó ni hora ni lugar es una simple desilusión, nos resignamos a una espera perpetua. "2a
Con respecto a la confianza en las palabras apostólicas__ lodo don y toda dádiva perfecta viene de lo alto— , la duda intenta modesta y hábilmente dar una explicación. No niega la hermosura de las palabras, y no niega que sean consoladoras. Pero sí dice que son difíciles, casi enigmáticas. Supuestamente quiere ayudar al individuo confundido a entender que todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de Dios; y en su explicación !c dice; “...todo lo que viene de Dios es un don bueno y una dádiva perfecta, y todo lo que es un don bueno y una dádiva perfecta es de parte de Dios.” Pero, continúa la duda en su explicación, “si estas palabras dieran la paz ;i los hombres du rante la vida, los hombres podrían decidir qué es lo que viene de Dios o qué puede llamarse con validez 'un don bueno y perfecto’. Pero esto no sucede así. Cada vida no es una cadena continua de milagros. Las personas continuamente tienen la experiencia de que se les niegan cosas y que no pueden rebelar se contra eso. " * 1 Al dar esta explicación, la duda convierte a las palabras apostólicas en un hablar vacío, sin significado. Con humildad la duda no insistió en borrar las palabras, pero las consignó al olvido eterno; las arrebató del corazón y las entregó a los labios.
Kierkegaard señala que la duda es astuta y engañosa, no es fanfarrona ni desafiante. Es modesta y hábil. no es temeraria ni pretensiosa; y mientras más modesta más peligrosa. La duda
^ diuunoi tdifkau u t. SV III 29 I" Dos discursos edificantes. SV I I I 29. 5 Cfr. Dos d iu u rrn rd i/ü a m n . SV III 45-46.
KSTI O lO lN T H O lU T T O n T O • 21
hace infeliz al hombre y el mejor antídoto contra ella es preci samente aquello que ha destruido: la fe y la confianza. Cuando se duda sobre lo que viene de Dios o sobre lo que es un don bueno y perfecto, afirma Kierkegaard, es el momento de arries gar la aventura: es entonces el momento de agradecer ya sea en la alegría o en el sufrimiento; ya sea cuando un deseo sea nega do o cuando uno mismo tenga que negar el propio deseo; sólo así se vence a la duda. Pues con la espera de la fe, que es la victoria, con la confianza en las palabras de que todo don bue no viene de Dios se apaciguan las dudas y se consuelan las aflicciones, sólo así la esperanza no es desilusionada.
6. Temporalidad y eternidad como categorías existencialcs. ¡Las categorías de tiempo y eternidad constituyen uno de los
lemas centrales del pensamiento de Kierkegaard; muchas de sus nociones ontológico-existenciaks y psicológico-existenciales están estrechamente vinculadas a estas categorías. Una du las manifestaciones del espirito humano es su apertura a lo tem poral. poderse preocupar por el futuro es algo que nos distin gue de los animales; asimismo, la estrecha relación entre la contingencia y la temporalidad llevan a la conciencia humana a la angustia, pero también a la relación con la eternidad y a Dios como fundamento de esa relación.
En el primer discurso "con ocasión del año nuevo", Kierke gaard presenta algunos puntos importantes de esta categoría de tiempo y eternidad, que se mantendrán constantes en toda su producción posterior. “Un año ha transcurrido, otro ha comen zado en el cual nada ha sucedido todavía; el pasado ha conclui do, el presente no, el porvenir aún no existe. " 22 Aunque el discurso hace consideraciones sobre el pasado y el presente, su atención se centra sobre todo en el futuro que se vincula más con la libertad y con la eternidad. El espíritu del hombre al ser consciente de su temporalidad y por ende, al CStar abier to al futuro, busca por distintos medios adueñan*- del futuro, ya que la incertidumbrc de las muchas ¡>os¡bilidadcs que pre senta el futuro se vuelven contra él por medio de la angustia. “Hoy —refiriéndose al primer día del año— la idea del porve nir y de sus indiscernibles posibilidades está muy viva en
ÍJ • LITIS I orK R R F.no S(. V LETICIA VALAT>K* h
c l n t n í 1 1angust,a 00010 posibilidad será un punto
conceóto fb ° bra de Vííd,ÍUS Haufniensis autor de El
concepto de lo angustia, en donde se analiza la angustia como un
presupuesto psicológico del pecado original. Kierkegaard dis-tingue y critica formas inadecuadas que intentan evadir la ~ Querer dommar el futuro por la razón no resuelve el problema, cuando el pensamiento se sumerge en el porvenir se extravia en su febril esfuerzo por revelar su enigmático secreto
e r . r r t o c o r r e a a x h ° d e u n a * < * « pero
eStC llcm po Cl aln,a con totI°s sus deseos *e . . . y csP®ra flue d Pensamiento vuelva a decirle lo que
íntimamente podría anhelar.”“ q
También basándose en la experiencia del pasado no se pue-c o m o ' e ? ^ 1110 ^ rUtUr°- U fa,ada " " * * * * en p e n e q u e como el Ai turo es en cierto modo la repetición del pasado “no
ex ^ n e n r I1Ue' ° , JO piensa que ayudados por la
m ntó í>Ut Un° habérseias con el Pero
precisa-w ñ e n ir n, 1 CXp?nenC,a sabcmo* consideración del
porvenir no aleja la angustia y la inquietud. Asimismo pre ocuparse por el futuro olvidando el presento es una forma de
^ ,a « “,a W tan frecuentemente oída de
que los hombres olvidan cl presente para pensar en el futuro está quizá bien fundam entada-.* Sin embargo, l l e d e f c grandeza del hombre consiste en poderse preocupar por cl fu-
„turo, en tener la mirada puesta adelante. ^
¿La única forma de triunfar sobre el porvenir es gracias a lo eterno que es su fondo y permite sondearlo. La espera en la fe es la victoria sobre el futuro, va que el creyente sabe que t ^ , l asi cosas»cooperan a| bien de aquellos que aman a D io sjE n la
S d e eas l n ° B ^ Una '* & « * * * * ni una
refu-P ^ n í POrQUC 13 fC *** ** una ctern idad. El
P rvenir traerá lo que tenga que traer, donde m uchas esperas v id » “ ,0na<í “ ' m u c h a s o t r a s *e r 4 n « ‘ « f e c h a s , p u e s a s í v a l a v d a : s in e m t a r g o , h a y u n a e s p e ra q u e „ „ s e r á d e f r a u d a d a : e s t a „ p e r a e s la d e la fe. q u e e s la v i c t o r i a ’ - ¿ T e s t a > r m a Ld , s t,n ¡ r u e K ie r k e g a a r d e n t r e la a n g u s t i a y la d e s e s p e ra
-! d,Xhrsos edificantes. SV II] |&.
; Dos discursos e d ita n tes. SV 111 16. Ecd. I. 9.
*'• Dos discursos edificantes. SV II I 23.
Dos discunos edificantes. SV IIJ 33.
ESTTOIO INTROIM 0TO1UO • í» ción. cl creyente- podrá angustiarse por el juego de la libertad en la temporalidad, pero no desesperarse, pues desesperar es no esperar en la fe. El creyente no pierde la profunda alegría de su relación con Dios por la angustia que pueda experimentar^ E n _ este sentido el segundo discurso es una continuación del pri mero: "Abres tu amorosa mano y llenas de bendiciones a todo lo que vive. Y si a veces pareciera que tu mano se aleja de noso tros, ¡oh!, entonces sabemos que es porque la cierras, la cierras únicamente para guardar la más abundante bendición en ella, la cierras únicamente para abrirla otra vez y llenar de bendi ciones a todo ser viviente. ” 24
7. La grandeza de la fe.
D e la misma forma que el célebre escrito Monólogos, de Schlcirmacher. E n la espera de la fe comienza con la considera ción sobre cl año nuevo, en el que es natural -afirma Kierke gaard - que con ocasión de ese día busquemos buenos deseos para las personas que estimamos de manera especial. Es a par tir de esta búsqueda que Kierkegaard aborda un estudio sobre la fe coino lo mejor que se puede desear, con la profundidad y el estilo que le son característicos.
El que ama siente una sincera preocupación por el porvenir del ser amado; en el presente quiere acompañarlo con sus bue
nos deseos y se esfuerza por encontrar cuál puede ser el mejor deseo, la ruta y los bienes por los cuales cl amado debe existir. El hombre de fe sabe que la fe “es cl bien supremo, cl más bello, cl más precioso, un tesoro de felicidad, un bien incompa rable, irremplazableV^jJ-a fe es la fuerza que en el hombre es eterna y que le ayuda a vencer en el porvenir. Si “una sola cosa es necesaria" puede decirse que la fe es esta cosa necesaria, y es por esto que la fe produce una grata alegría, pues lleva a una espera que ni el mundo entero puede arrebatar, pues no se deposita la confianza en el mundo sino en D io sjL a fe se dis-_ tingue de los restantes bienes en que no es exclusivo para unos cuantos priviligiados, ni tampoco es difícil su adquisición, por cl contrario, la fe es d bien del cual todos pueden participar.
u Dos discursos edifica*les. SV III 37. :'J Dot discursos edifUúHtrs. SV 111 17. ,f U X. 42.
Cualquier hombre puede decir; "Cuando los hombres rae re chazaron con desdén me volví hacia Dios. Él se convirtió en mi maestro y ahí resido mi felicidad, mi dicha, mi orgullo.**'LLos hombres que descaí la fe para sí. también la desean para todo hombre. Sin embargo. siendo la fe el bien supremo del cual L todos pueden participar no puede darse a otro. Así las cosas, en el amante surge una inquietud: Al no poder dar la fe, tno me separo en cierta forma del ser amado?
La respuesta a esta dificultad no hace más que mostrar la grandeza de la fe y el valor de los hombres; ya que, si con los deseos se pudiera ;iar la fe a otro, esa donación mostraría que el otro es imperfecto.] I^a fe es grande porque ningún hombre puede darla a otro; así. Jo más elevado, lo más noble, lo más sagrado en cualquier hombre es propio de <51 \ de tedo ser humano si así lo desea; si se pudiera dar, si pudiera depender de otro, el bien supremo, en esa medida, no dependería de cada pcroonoj“N<» hay, en efecto, nada más grande que poJcrsclo dar a uno mismo '12|_Si la fe consistiera en algo meramente racional bastaría con la adecuada comunicación racional para ¡ dar la fe. como pueden darse los conocimientos de historia o de matemáticas^ La dificultad tampoco me aleja del ser amado, ya que puedo mostrarle el camino a la fe, "le impediré que se le escape hacia un lugar oculto, de tal modo que d no se enfunda sobre si es capaz o no de altanarlo; con él, expondré a la luz culaquier duda. Por otra parte, cuando la posea cantaremos juntos la grandeza de la fe. En esta última idea se proyecta un tema de suma importancia j>ara la crítica kierkegaardiana. la relación entre raztfn y le, pues esjesto discurso sostiene que si bien la fe no se puede trasmitir |x>r un argumento, éstos pue den ser de gran utilidad ¡>ara preparar el camino.
La fe está reservada a la relación de cada individuo con Dios. Cuando se cree en otro hombre se está usando mal el término ‘fe', pues los hombres pueden estar equivocados y se ( cslá equivocado c e creer de esa manera a un hombre. Al creer
en Dios no puede cambiar la fe, pues en Dios no hay cambio ni sombra de variación alguna. Dios es fiel. Con I?. fe somos pose- dores de un gran tesoro y también de una pequeña moneda
11 Dos d iu u n o s ediftantrs. S V JU 20. Dos d is tu rm tdiftattíes. SV 111 22.
,J Dví d iu u w s cdif<antes. SV III 22.
14 • M IS I UUKItBKHO U V I.KT1CIA V A M D R 7. IL RSTITDIO IXTKO|> T T O IIIO • 3A
utilizable en las ocupaciones de la vida diaria. También se encuentra una muy interesante distinción entre pensar que se posee lu fe y esperar la fe; ya qnr puede darse el caso de pensar que se tiene fe, pero lo que el sujeto ha construido es su propia imagen de fe, una caricatura de la auténtica, que posiblemente en el transcurrir del Licmpo se muestre como lo que es: caren- cia de fe. En otras palabras,(es difícil sentir tal seguidad en uno mismo para poder afirmar que se posee la fe auténtica, l>ero la espera en la fe es más humilde y, en su humildad, má» confiada en Dios, pues se puede no estar según» de poseer la
auténtica fe. pero sí de desecar la auténtica fe j __
Sabemos cue son muchos los bienes de este mundo: la sa lud, los días felices, la riqueza, el poder, la fortuna. Pero tam bién sabemos que d que los posee no debe poner su confianza en esos bienes; y el que no los tiene no debe apegar a ellos su corazón. Si s<- pusiese la confianza o la esperanza :n estos bie nes. muv pronto llegaría la desilusión, el hastío, el desencanto, la imposibilidad de conseguirlos. La fe, en cambie, es un bien que puede obtenerse con sólo desearlo, aunque no puede darse a otro hombre. El otro no puede ampararse de él más que de- séandolo él mismo. El hombre dichoso piensa bien en los bie nes que posee piensa que podría perder algunos de ellos sin perder también su felicidad, y de otros bienes piensa que puede recuperarlos fácilmente; perorólo hay un bien cue no puede perder sin perder su felicidad, no puede renunciar a él a me dias sin renunciar totalmente: este bien es la fe. F.l creyente no ha de poner su confianza en el mundo sino en D icsj
Si bien es cierto que cualquier hombre puede, si asi lo des ea, tener fe. no por eso la fe deja de ser un don. ¿Qué significa — pregunta Kicrkegaaid—que “todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de lo alto"? “Todo don bueno" significa que el don es fruiu sólido y »nnto que no om ita nada malsano o noci vo. “Toda dádiva perfecta" significa la relación en la que. con la ayuda de Dios, el don bueno entra en relación con el indivi duo que lo recibe. El bien no puede ser nocivo p:ra él. ‘El don es de arriba y baja del Padre de las luces.” En :1 cielo habita todo bien. Dios penetra todo con su claridad eterna; El ent ien de los pensamientos de los hombres desde lejos y está lamilia- rizado con sus caminos, su amor eterno se adelanta y prepara todo; hace del “don bueno" una “dádiva perfccti". El apóstol, afirma Kic.kegaard, no dice nada sobre el carácter do los dones
38 • M 'I S I O I E R R E R O M. V L ET IC IA VAI*ADHZ II
específicos, h abla de a relación eterna de D ios con d creyente. E n la alegría aconseja que se refiera al Padre fie las luces en quien no hay som bra de variación. E n la pena, en el desaliento, en la in q u ietu d , dice que con Dios 110 hay som bra de variación.
Así com o la inane todopoderosa de Dios hizo tedo bueno, así El, el Padre de lis luces, siempre constante, en todo mo m en to hace todo bueno, hace que todas las cosas sean un don bueno y u n a dádiva perfecta p ara el que tiene un corazón lo su fio p n tcm en te hum üdc. un corazón lo suficientem ente con* fiado. Adem ás, como se verá con m ás detenim iento, todo don es bueno si es recibido con agradecim iento. Y todo don bueno y perfecto viene de Dios. H ay que tener el valor de d ar gracias aunque lo que suceda sea extraño a los ojos. H ay que tener valor p a ra e n te n d e r que todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de arriba. ÍTay que ten er valor para explicarlo por amor, v hay que tener fe para recibir este valor, pues este tam bién es un don bueno y perfecto. A unque Kierkegaard har¿ resaltar otras características .-le la fe en sus sucesivos escritos, en estos
Dos discursos edificantes deja ver aspectos (jue em bonan m uy
bien con su concepción de la existencia y de la adecuara d istin ción y relación de la razón y la fe. Por el coatenido y la form a de presentarlo, estos discursos pueden calificarse como consi deraciones sobre filosofía de la relig ió n .:
8. Gratitud y arrepentimiento.
E s en el segundo de los Dos discursos edificantes donde Kierke- gaard hace una reflexión d etenida respecto al agradecim iento y al arrep en tim ien to en relación con las palabras ‘todo don bue no y to d a dádiva perfecta viene de lo a lto '. El tem a del agrade cim iento surge a propósito de la relación e n tre las palabras de San 1 ablo, quien dice que “todo lo creado por Dios es bueno si es recibido con agradecim iento", y las del apóstol Santiago, que dan r? títu lo a este discuisu.jA unque las palabras ciertam ente no son difíciles, si es difícil para el hombre e n ten d erlas de m a nera existencia!.. Es decir, vivir de tal modo que la propia vida refleje que “todo don y toda dádiva perfecta viene de Jo alto", es m uy difícil cuando se está en m edio de las preocupaciones y bienes (m itos que el m undo nos ofrece día tras día. La r.dacióñ entre am bos pasajes bíblicos hace que el hombre de le aleje de sus pensam ientos las preocupaciones terrenas y fin ita s, pues le
E S T C D I O I X T R O D U C T O K I O • S 7
dice que todo clon es u n don bueno y perfecto si es recibido con agradecim iento. Pero, “ ¿puede un hem bre hacer algo m as que am ar? ¿T iene el pensam iento y el lenguaje u n a expresión m ás alta para am ar que siem pre d ar gracias? No, en absoluto; tiene u n a expresión m ás sencilla, m ás hum ilde. In clu so el hombre que siem pre desea d a r gracias, no obstante, am a de acuerdo a su propia perfección, y un hom bre puede am ar verdaderam ente n Dios sólo cuando lo am a de acuerdo a su propia imix-rfic ción. ¿Qué am or es éste? Es el amor que nace del arre p e n ti m ien to , que es m ás herm oso que cualquier o tro am or, pues en él am as a Dios. Es más fiel y m ás ferviente que todo otro am or pues en el arrep en tim ien to es Dios quien te am a. E n el arre p en tim ien to recibes todo de Dios, incluyendo la acción de g ra cias que le traes
E l hom bre podría querer agradecer a Dios en todo m om en to, pero esto es im perfecto. Dios hace todo e n el hom bre > tam bién Él es qu ien le concede la alegría infantil de co n sid erar^ la acción fie gracias como un regalo. Perojcuando el hom bre no tem e al arrepentim iento, tam bién es feliz como u n niño, pues esto es el am or: no tan to que nosotros am em os a I >ios, sino que Dios nos am a a nosotros y nos acoge co n tin u am en te como a hijo p r ó d i g o .C u a n d o todo funciona bien, cuando hay prospe-_ ridad y alegría es fácil recordar a Dios y darle gracias; cuando hay arm onía el hombre se m uestra agradecido p o r los bienes que recibe. Pera hace falta creer p ara en ten d er que todo don es bueno si es recibido con agradecim iento de la m ano de Dios y de Dios viene todo don bueno y perfecto. P a ra en te n d e r esto no hace falta in sistir en aprender m ucho de la vida; b asta con querer ap ren der u n a cosa: agradecer siem pre a D ios y por ello ap render a entend er una cosa: que todas las cosas son para bien de aquellos que am an a Dios. Cuando hay agradecim iento en la diversidad de. circunstancias, “entor.ces has in terp retad o ju s tam en te las palabra« apostólicas par» honor de Dios y para tu propia salvación. Es m uy bello que una persona rece, pues cuán tas prom esas no han sido dadas a aquel que h a rezaoo sin cesar, pero es m ás bello d a r siempre las gracias." "
Des dixvrfas edificantes. SV III 49-50 33 Cfr. Dos discu m t edificantes. SV 111 50. 34 Dos discursos edificantes. SV I II 47-48.
i" • M IS L UVRRRKilO >1 ! I.CTJCIA VALADKZ H
Cuando en lugar de agradecimiento se intenta tentar a Dios, entonces el cielo se cierra, pues Dios no es tentado por nadie. Pero cuando cl hombre se humilla ante Dios y con el espíritu agobiado reconoce su pecado, el cielo se abre otra vez. La gracia compasiva de Dios, afirma Kierkegaard, ama más la docilidad que es receptiva de las palabras.'1' El apóstol, dice Kierkegaard, reafirma que Dios es la constante que j>ermanece siempre igual, mientras que todo lo demás cambia. Nos exhor ta a amar a D ios de tal manera que nuestra naturaleza pueda hacerse como la ic Él, de tal manera que podamos llegar a Dios por la constancia y rescatar nuestra alma en la paciencia. £ 1 creyente cntier.de que todo don bueno y toda dádiva perfec
ta viene de lo alto si es recibido con agradecimiento; entiende que el arrepentimiento es también una acción de gracias, v que cl hombre que en su arrepentimiento sólo quiere sufrir castigo no amará de acuerlo a su propia imperfección^
9 . El engaño de querer tentar a Dios.
i_La reacción kierkegaardiana en contra del racionalismo, que pretendía —entre otras cosas— reducir el contenido de la reli gión a esquemas racionales, se encuentra desarrollada de diver- _sas maneras en susobrasjE n estos discursos, especialmente en el segundo, mucstia cómo la fe puede ser deformada al querer medirla con los deseos humanos; pretender comerciar con Dio*. mostrarle a JÍ1 nuestros argumentos a través de los cuales queremos tener la última palabra en esa relación; creer que Dios puede cambiar de parecer por nuestro discurso, no es sino una insensatez, es tentar a Dios. El engaño puede ser mayor cuando se recurre a oraciones humildes, con ardiente celo, con un argumento que parecería irrefutable: ‘Este deseo es tan importante para mí; todo depende de él —mi alegría, mi paz. mi futuro— ; para mí es tan importante; para Dios resulta tan sencillo, ya que El, después de todo, es todopoderoso'. Con un lenguaje semejante so invierte el sentido de la fe, se pretende que Dios recapacite y crea en nuestras palabras, pero es el hombre cl que debe tener fe en la Sabiduría divina. D ios es cl mismo, en quien no hay cambio ni sombra de variación alguna.
17 Cfr. Dos discunos c4i/icantet SV III 43.
KS r e m o INTRODUCTORIO • Srt El hombre que pretende tentar a Dios, por su equivocada fe, puede llegar a negarlo al no cumplir CDn sus deseos. “En tonces lo repudiaste; quisiste ordenar a tu alma que fuera pa ciente; querías esperar en un anhelo callado. Si tan sólo pudieras ganar la certidumbre de que la eternidad te concede ría tu deseo, (le que te traería el deleite de tus ojos y el deseo de tu corazón. ¡Ay!. |>ero esta certidumbre también te fue nega- da.‘,*,í I-a respuesta de Kierkegaard a las objeciones del que pretende tentar a Dios muestran la contradicción de esa pre tensión. "Querías que las ideas de Dios sojre lo que era mejor para ti coincidieran con tus ideas, pero también querías que El fuera el Creador todofjoderoso del cielo y de la tierra de tal modo que pudiera cumplir apropiadamente tu deseo. \ sin embargo, si Él compartiera tus ideas, dejaría de ser el Padre todopoderoso. En tu impaciencia infantil querías, por así de cirlo, deformar la naturaleza eterna de Dios, y estabas lo sufi cientemente ciego para engañarte a ti mismo, como si te beneficiara el pretender que cl Dios del ciclo no sabía mejor^ que tú mismo lo que era benéfico para ti." En efecto,^preten- der tentar a D ios es querer que cambie su naturaleza; además de que este |>cnsamiento es insensato, el cambio traería la rui na para el hombre, ya que su inmutabilidad es fundamento de nuestra f c j “¿Podría acaso cambiar Él, en quien no hay cambio^ ni sombra de variación alguna? ¿No sería ri«*l El, a quien todo hombre de fe le sigue siendo fiel? ¿Estar.a engañado El. por quien tú mismo tienes fe? ¿Habrá alguna vez alguna explica ción que diga otra cosa además de que Éi es verdadero y man tiene sus promesas? * 4 1
Siguiendo su estilo característico al abordar la fe. Kierke gaard no reduce su exposición a la crítica de las deformaciones que hacen de ella el racionalismo o la mundanidad, muestra la-* consideraciones que un hombre con una autentica fe puede rea lizar. Estas explicaciones no demuestran el contenido de las creencias, pero da razones que sirven como un contrapeso a las_ críticas que de ella se hacen.LLa fe no produce en nosotros <1 cumplimiento de todos nuestros deseos, como si Dios lucra una especie de mago, sino que nos relaciona con Dios y nos brinda.
** Dos discursos cdifkovtes. SV I I I 4 1 Jv Dos d i x u w s edificantes. SV III 42. 40 Dos discursos ediffccntes. SV n i 30