MAX WEBER
LA C I E N C I A
C O M O P R O F E S I Ó N
LA P O L I T I C A
C O M O P R O F E S I Ó N
Traducción y edición Joaquín Abellán Apéndice Luis Castro NopjueiraCOLECCION AUSTRAL
mwmw
.» V \» » " • » v i » , \ • í- ,v»
K S Í
1 , * • ® # * ■ * *» • ' ■; • • 0 l :>% i *E S S
En Lac i e n c i a c o m o p r o f e s i ó n analiza Max W eber (1 8 6 4 -1 9 2 0 ), u no de los máximospensadores del siglo xx, los caracteres de la ciencia co n tem p o rán ea y la situación del científico profesional, y expone con total claridad su posición respecto a las funciones, sentido y lím ites de la ciencia para la vida
del h om bre. W eber pone de m anifiesto la im posibilidad de fun d am en tar científicam ente
las propias decisiones personales respecto a los valores últim os con que cada uno orienta
su vida. La p o l í t i c a c o m o p r o f e s i ó n
ofrece, ju n to a algunos conceptos básicos del pensam iento político de W eber, un análisis de los d istin to s tipos de políticos profesionales y de la relación existente en tre la actividad política y la ética. En este acertado análisis se distingue en tre ética de la responsabilidad
y ética de las convicciones (o de principios ab so lu to s), el au to r cree, sin em bargo, que sólo la conju n ció n de am bas éticas puede
form ar al hom bre con au tén tica vocación para la política. La edición de Joaquín Abellán
y el apéndice de Luis C astro N ogueira nos sitúan la vida y la obra de Max W eber en el c o n tex to histó rico de la Alemania de 1919.
COLECCION AUSTRAL
LA C I E N C I A
C O M O P R O F E S I Ó N
LA P O L Í T I C A
C O M O P R O F E S I Ó N
Luis E. Madueño G. P O L iT u L O G O C I E N C I A S / H U M A N I D A D ESMAX W E B E R
LA C I E N C I A
C O M O P R O F E S I Ó N
LA P O L Í T I C A
C O M O P R O F E S I Ó N
Traducción y edición Joaquín Abellán Apéndice Luis Castro NogueiraPrimera edición: 30-XI-1992 Segunda edición: 2-111-2001
Títulos originales: Winssenschaft als B eruf (1919) Politik als B eru f (1919)
Espasa Calpe, S. A., 1992, 2001
Diseño de cubierta: Tasmanias
Depósito legal: M. 124—2001 ISBN 84— 239— 1705—3
Reservados todos los derechos. No se permite reproducir, al macenar en sistemas de recuperación de la información ni transmitir alguna parte de esta publicación, cualquiera que sea el medio empleado - —electrónico, mecánico, fotocopia, grabación, etc.—, sin el permiso previo de los titulares de
los derechos de la propiedad intelectual.
Espasa, en su deseo de mejorar sus publicaciones, agradecerá cualquier sugerencia que los lectores hagan al departamento
editorial por correo electrónico: [email protected]
Impreso en España/Printed in Spain Impresión: UN1GRAF, S. L.
ESPASA
Editorial Espasa Calpe, S. A. Carretera de Irán, km 12,200. 28049 Madrid
ÍNDICE
In t r o d u c c i ó n de Joaquín A b e llá n ... 9
1. Sobre la vida y obra de Max W eb er... 9
2. Sobre el contexto histórico... 13
3. La ciencia como profesión ... 20
4. La política como profesión ... 31
Bi b l i o g r a f í a... 41
NOTA SOBRE LA PRESENTE EDICIÓN ... 49
LA CIENCIA COMO PROFESIÓN (1919) [Organización de la vida académica en Estados Unidos y en A lem ania]... 53
[La especialización, característica básica de la ciencia] ... 60
[Ciencia y progreso: sentido del trabajo científico y sentido del progreso] ... 64
[Ciencia y «supuestos previos»: imposibilidad de fundamentarlos científicamente] ... 72
[Aportaciones y limitaciones de la ciencia para la vida personal. Naturaleza y función del pro fesor] ... 80
LA POLÍTICA COMO PROFESIÓN (1919)
[Definición de política y de Estado] ... 93
[Tipos de autoridad legítima] ... 95
[Medios administrativos de la autoridad] ... 98
[Nacimiento del Estado moderno] ... 100
[El político profesional y el funcionario especiali zado ...,... 101
[Tipos históricos de políticos profesionales] ... 113
[Primeras formas de organización de los partidos: notables y diputados parlamentarios]... 123
[Organización moderna de los partidos en la de mocracia: líderes y aparato] ... 128
[Cualidades del político profesional] ... 145
[Relación entre ética y política. «Ética de las con vicciones» y «ética de la responsabilidad»] .... 149
[Vocación para la política] ... 160
Gl o s a r i o d et é r m i n o s... 165
Re l a c i ó n d e n o m b r e s p r o p i o s... 169
APÉNDICE, por Luis Castro Nogueira ... 177
Introducción ... ,... 179
Bibliografía selecta ... 204
Cuadro cronológico... 207
Taller de lectura.... ... 213
La ciencia como profesión... 213
INTRODUCCIÓN
1. So b r el a v i d ay o b r ad e Ma x We b e r
Max Weber nació en Erfurt el 21 de abril de 1864. Su padre era abogado e hizo carrera política dentro del Par tido Liberal-Nacional, primero como diputado en la Cá mara de Diputados prusiana (1868-1897) y después de la unificación de Alemania en 1871 como diputado en el Parlamento Federal (Reichstag) desde 1872 a 1884.
Max Weber estudió Derecho, Economía e Historia en las universidades de Heidelberg, Berlín y Góttingen, obte niendo el grado de doctor en 1889. Su carrera académica como profesor la comenzó en 1a. Universidad de Freiburg, donde desempeñó una cátedra de Economía entre 1894 y 1896. Su lección inaugural en Freiburg sobre «El Estado nacional y la política» (Der Nationalstaat und die Wirts- chaftspolitik) tuvo un gran eco entre la intelectualidad alemana y en ella ponía ya de manifiesto sus planteamien tos críticos sobre la ciencia económica que se solía prac ticar en su época así como sus ideas sobre la significación política de la nación. De Freiburg pasó inmediatamente a la Universidad de Heidelberg, pero una profunda cri sis nerviosa le obligó a abandonar la docencia universi taria y toda actividad pública entre 1897 y 1903. A partir de este año comienza de nuevo su actividad investigado ra, pero no la docente, y participa intensamente en las actividades de la Asociación de Política Social y en la
Sociedad Alemana de Sociología, de la que fue socio fundador.
En los años anteriores a la primera guerra mundial realiza sus investigaciones sobre sociología de la religión (China, Japón, India, el judaismo y el islam) y varios importantes trabajos sobre teoría de la ciencia. En esta misma época tiene también terminada la parte principal de su colaboración para un libro colectivo, Grundriss der Sozialókonomie (Elementos de economía social), que se pu blicaría en 1922 bajo el título de Wirtschaft und Gesellschafl (Economía y sociedad) y que incluiría además otros escritos compuestos con posterioridad a aquella contribución.
Durante la primera guerra mundial, Weber, como ofi cial de reserva, estuvo encargado de la administración de los hospitales en Heidelberg. Su posición ante la guerra estuvo caracterizada por un elevado patriotismo, que se diferenciaba con claridad, sin embargo, del generalizado chauvinismo de sus contemporáneos, lo cual le mereció de nuevo el respeto entre los estudiantes socialistas y los integrantes del movimiento juvenil, que buscaban por en tonces una persona de prestigio como su propio mentor y guía intelectual en su oposición a la sociedad burguesa y a la guerra. Algunos de estos estudiantes se acercaron a Weber solicitando su cooperación en unas reuniones cele bradas en el castillo Lauenstein, en Turingia, durante 1917, a las que asistieron también afamados profesores como Meinecke, Jaffé, Sombart y Tónnies. En esas reu niones Weber atacó fuertemente los defectos y deficien cias del régimen guillermino, pero no aceptó los plantea mientos pacifistas de los estudiantes ni su visión idealista de la actividad política. Durante el invierno de 1917-1918 Weber continuó en Heidelberg periódicamente estos con tactos con estudiantes y profesores en los que se discutían temas políticos de actualidad. Entre los estudiantes con los que Weber discutió el más eminente fue el dramaturgo y pacifista Ernst Toller, que durante la revolución de 1918-1919 en Alemania llegaría a ser comandante militar de la República de Baviera.
1 1
El análisis de la situación política de su país le ocupó a Max Weber especialmente durante los años de guerra, publicando numerosos artículos en el periódico Frankfur ter Zeitung sobre la situación presente de Alemania y sobre su futuro tras la guerra. Una serie de esos artículos formó el libro Parlamento y gobierno en una Alemania reorganizada (Parlament und Regierung im neugeordneten Deutschland), publicado en 1918. En el semestre de prima- vera-verano de 1918 aceptó una cátedra de Economía en la Universidad de Viena, que no continuó después, pasan do a la Universidad de Munich al año siguiente.
Después de la guerra Weber participó activamente en la reorganización política que tuvo lugar en Alemania a consecuencia de la caída del sistema político monárquico. Los viejos partidos políticos no estaban en condiciones de adaptarse a la nueva situación y se crearon otros nuevos o se transformaron los antiguos. Weber militó en el Parti do Demócrata (Deutsche Demokratische Partei, DDP), fundado en noviembre de 1918 y que era el partido que recogía el liberalismo de izquierda. Además de este parti do liberal existió efectivamente otro partido liberal de derechas, el Partido Popular (Deutsche Volkspartei, DVP), fundado asimismo en las últimas semanas de 1918. Estos dos partidos liberales, junto con el partido católico Zen- trum, ocupaban el espacio político existente entre el par tido conservador (DNVP) y el partido socialista (SPD). Su compromiso con el partido DDP le llevó a desplegar una intensa actividad política durante la campaña para las elecciones generales a la Asamblea nacional constituyente, que habría de elaborar la nueva Constitución republicana de 1919 (Constitución de Weimar). Weber, que había colaborado estrechamente con el «padre» de la Constitu ción, Hugo Preuss, no logró salir diputado, pues las orga nizaciones regionales del partido lo colocaron en una lista y en un distrito con muy pocas probabilidades de éxito. Este comportamiento del partido y su fracaso electoral personal le produjo a Max Weber una honda decepción, que marcó su distanciamiento y su crítica al funcionamien
1 2
to de los partidos políticos. Sus reflexiones sobre la polí tica las plasmó en una célebre conferencia pronunciada ante miles de estudiantes en Munich, en enero de 1919, que llevaba por título «La política como profesión» (Poli- tik ah Beruf). Aunque reconocía que la política era su amor secreto, decidió abandonar el partido político y vol ver a la docencia universitaria en la Universidad de Mu nich, pues se consideraba a sí mismo, antes que nada, como un científico. Y el científico y el político son dos tipos humanos distintos y aun contrapuestos. En abril de 1920 escribía en una carta: «el político debe y tiene que llevar a cabo compromisos. Pero yo soy por profesión un científico... El científico no puede celebrar ningún com promiso ni tampoco oculta los “disparates”»
En la primavera de ese mismo año de 1919, Max Weber formó parte de la delegación alemana en las negociaciones de paz en Versalles. Viajó a París con el conde Montgelas, Hans Delbrück y Albrecht Mendelssohn-Bartholdy para redactar con ellos la respuesta alemana al escrito de las potencias vencedoras sobre la culpabilidad alemana en el estallido de la guerra1 2. A la vuelta comenzó sus clases en la Universidad de Munich —semestre de verano— sobre «las categorías más generales de la ciencia social». En el semestre de invierno 1919-1920 explicó historia social y económica («Abriss der universalen Sozial- und Wirts- chaftsgeschichte») y en el semestre de verano de 1920 dedicó sus lecciones a la teoría general del Estado («All- gemeine Staatslehre und Politik» y al socialismo. En junio
1 Carta a Kar! Petersen, de 14 de abril de 1920, en W. J. Mommsen,
Max Weber: sociedad, política e historia, trad. cast., Buenos Aires, 1981,
pág. 209.
2 Según indicaciones de Marianne Weber (Lebensbild, pág. 668), Marx Weber redactó íntegramente la introducción al escrito, que está publicada como «Bemerkungen zum Bericht der Kommission der Alber ten und Assozierten Regierungen über die Verantwortlichkeit der Urhe ber des Krieges» (fechada en Versalles el 27 de mayo de 1919), en Max Weber, Gesammelte politische Schriften, 5.* ed., Tübingen, 1988, págs. 571-586.
de 1920 cayó enfermo de pulmonía y murió el 14 de ese mismo mes.
Después de su muerte se publicaron las colecciones de artículos sobre los distintos temas de que se había ocupa do. En 1921 se publicó el segundo volumen de Artículos sobre sociología de la religión (Gesammelte Aufsätze zur Religionssoziologie). También en 1921 se publicaron los Escritos políticos (Gesammelte politische Schriften). En 1922 se publicaron los Artículos sobre teoría de la ciencia (Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre) y también Economía y sociedad (Wirtschaft und Gesellschaft), que es realmente una reunión de trabajos de distintos períodos, ordenados por Marianne Weber según su propio criterio. En ese mismo año se publicó asimismo, en la revista Preussische Jahrbücher, el artículo sobre «Los tres tipos puros de dominación legítima. Un estudio sociológico» (Die drei reinen Typen der legitimen Herrschaft. Eine sozio logische Studie). Finalmente, en 1924, Marianne Weber editó los Artículos sobre Sociología y Política social (Gesam melte Aufsätze zur Soziologie und Sozialpolitik) y los Ar tículos sobre historia social y económica (Gesammelte Auf sätze zur Sozial- und Wirtschaftsgeschichte). 2
2. So b r e e l c o n t e x t o h i s t ó r i c o
Cuando en enero de 1919 Max Weber pronuncia las conferencias que se publican en el presente volumen, Ale mania se encuentra en una profunda transformación ge neral después de la guerra y del hundimiento del sistema político monárquico de Guillermo II. Estas dos conferen cias de Max Weber, que desarrollan temas y planteamientos de años anteriores, toman al mismo tiempo en considera ción estas circunstancias históricas. En ambas ocasiones son muy numerosas las referencias de Weber, explícitas o implícitas, a los acontecimientos de la época y a algu nas posiciones teóricas adoptadas por intelectuales y po líticos.
1 4
En noviembre de 1918, en efecto, se puso fin a la guerra y a la monarquía de Guillermo II dentro de un estallido revolucionario que se extendió por toda Alemania. Antes de llegar a esa situación se habían introducido algunas reformas en la Constitución de 1871 que significaban la conversión del sistema político vigente en un sistema de gobierno parlamentario y Prusia había adoptado final mente el sufragio universal, igual y directo3. Pero la evo lución de los acontecimientos en el frente de guerra y el proceso de petición de paz formulada por el canciller alemán, el príncipe Max von Badén, al presidente norte americano Wilson en la noche del 13 al 14 de octubre, iba a mostrar muy pronto que la reforma del sistema de go bierno no era suficiente y que se estaba demandando realmente una nueva forma de Estado: la República. A los alemanes, efectivamente, les parecía incomprensible la derrota militar, pues la propaganda oficial no había deja do de anunciar la proximidad de la victoria. Cuando la opinión pública conoció la realidad, acusó a los dirigentes de haberla engañado y de haberles hecho forjar falsas esperanzas para que aceptara enormes sufrimientos y sin provecho alguno, en definitiva. El régimen imperial apa recía como culpable de la catástrofe y su eliminación pa recía una reivindicación evidente. El 9 de noviembre se proclamaba en Berlín la República, primero por Scheide- mann, miembro del partido socialdemócrata (SPD) y po cas horas después por Karl Liebknecht, antiguo socialista escindido del partido y defensor de la revolución. El can ciller Max von Badén anunció ese mismo día la abdicación del emperador, dimitió él mismo y entregó el gobierno al socialista Friedrich Ebert, que pasó a ser canciller. Éste formó un gobierno de seis «delegados del pueblo», tres procedentes del partido socialdemócrata (SPD) y los otros tres de los socialistas independientes (USPD). Al día
si-3 La adopción del sufragio universal, igual y directo por Prusia, el mayor Estado del federal Deutsches Reich, tuvo lugar el 24 de octubre. La reforma constitucional del Reich se aprobó el 28 de octubre.
introducción 15
guíente este gobierno fue confirmado por una asamblea de los Consejos de obreros y soldados de Berlín y sometido al control de un comité ejecutivo de los Consejos de obreros y soldados del Gran Berlín. Estos consejos, tan importan tes en los primeros meses después de la guerra, se habían ido formando de manera espontánea por toda Alemania y desde ellos se fueron formando los gobiernos en los dis tintos Länder4.
Los Consejos de obreros y soldados no tenían, en reali dad, un programa político determinado. Se habían formado para llenar el vacío de poder que significó el hundimiento del régimen monárquico, pero las distintas orientaciones políticas los entendían de manera muy diferente. La extre ma izquierda, como el grupo Espartaco (Spartakusbund), aspiraba a una dictadura de los Consejos («todo el poder a los Consejos (soviets)»). La izquierda más moderada quería que los Consejos de obreros y soldados pudieran ser una alternativa a la democracia parlamentaria. Otros, sin embargo, querían que fuesen solamente un complemento de la democracia parlamentaria. En el partido de los so cialistas independientes (USPD) se enfrentaban estos dis tintos planteamientos, mientras que en el partido socialde- mócrata (SPD), por el contrario, se optó decididamente por un sistema de democracia parlamentaria y por una rápida convocatoria de elecciones generales para formar una asamblea constituyente que redactara una nueva Constitución.
La doble e independiente proclamación de la República manifestaba, sin embargo, ya desde un principio, la exis tencia de un duro enfrentamiento entre dos maneras de entender la nueva República y el futuro de Alemania, enfrentamiento que se solucionaría finalmente con la uti lización del ejército y a favor de la democracia parlamen taria. El gobierno de Ebert, opuesto a la revolución social
4 El primer Consejo de obreros y marineros se formó en Kiel el 3 de noviembre con el amotinamiento de la flota.
y política, encontró los apoyos suficientes para frenar el movimiento revolucionario que protagonizaba la extrema izquierda. El mismo 10 de noviembre se aseguraba el apoyo del ejército, a cambio de renunciar a intervenir en su estructura de mando. También el funcionariado civil se sometió al gobierno de los «delegados del pueblo». Por su parte, los sindicatos llegaron a acuerdos con la patronal sobre la jornada de trabajo y el establecimiento de conve nios colectivos. Pero el apoyo mayor a la política del partido socialdemócrata le vino de los propios Consejos de obreros y soldados. Una asamblea de delegados de los Consejos de toda Alemania, reunida en Berlín a partir del 16 de diciembre de 1918, aprobó por 344 votos contra 98 la convocatoria de elecciones generales para un Parlamen to elegido por el pueblo y se decantó en contra de la extensión del sistema de los Consejos. El futuro de Alema nia debía discurrir, por tanto, por la vía parlamentaria y democrática y por el camino de las reformas y no a través de la revolución, si bien ese camino elegido no sería un camino fácil.
La extrema izquierda primero, y a partir de 1920 la extrema derecha, manifestarían pública y violentamente en repetidas ocasiones su rechazo a la vía democrático- parlamentaria. A comienzos de enero de 1919 la extrema izquierda protagonizó el levantamiento espartaquista en Berlín (del 5 al 12), que sería aplastado por el ejército. Los líderes revolucionarios Karl Liebknecht y Rosa Luxem- burg serían asesinados el 15 de enero. Pero durante los meses de marzo y abril habría nuevos levantamientos co munistas y huelgas en varias partes de Alemania. Especial mente significativa fue la evolución de los acontecimientos en Munich, donde Weber hablaría ante los estudiantes en enero de 1919 y de cuya universidad sería profesor a partir del semestre de verano de ese mismo año. Aquí se había proclamado la República incluso antes que en Ber lín (el 7 de noviembre de 1918) y Kurt Eisner se había hecho cargo del gobierno, destronando a la dinastía de los
1 7
Wittelsbach5. Eisner, presidente del partido de los socia listas independientes (USPD) en Baviera y bajo cuya di rección se formó el primer Consejo de obreros, soldados y campesinos de Munich, reconoció el carácter provisional de su gobierno hasta que se lograse una representación definitiva del pueblo. Las elecciones para el Parlamento bávaro (Landtag) se celebraron el 12 de enero y el partido de Eisner obtuvo tan sólo el 5 por 100 de los votos. Eisner, que iba a presentar su dimisión ante los diputados elegi dos, fue asesinado y los partidos de la izquierda (socialde- mócratas, socialistas independientes y comunistas) forma ron un Consejo Central de la República Bávara, que asu mió inmediatamente plenos poderes legislativos y ejecuti vos. En los días siguientes se discutieron toda suerte de proyectos políticos hasta que se llegó a un acuerdo (Acuerdo de Nürenberg) por el que se reforzaban las funciones legislativas y ejecutivas del Parlamento y se reducía el papel de los Consejos de obreros y soldados. Así se pudo constituir un gobierno de coalición bajo la direc ción del partido socialdemócrata (18 de marzo), pero po cos días después, un denominado Consejo Revolucionario Provisional, dirigido por Ernst Toller, entre otros, procla maba la Räterepublik de Baviera (República de consejos). Esta Räterepublik conoció dos etapas en su efímera vida. La primera semana tras su proclamación tuvo una orien tación anarquista, bajo Toller y Niekisch, para pasar a continuación a estar dirigida por los comunistas. El 2 de mayo acabó este experimento político mediante la inter vención de los cuerpos de voluntarios, experimento que para muchos había significado la última oportunidad de erigir en Alemania una democracia de Consejos participa- tiva en vez de la democracia parlamentaria. Precisamente
s Para la posición de Eisner ante la política es muy ilustrativo su discurso de 3 de enero de 1919 sobre «La actitud del gobierno revolu cionario respecto al arte y a los artistas» (Die Stellung der revolutionären
Regierung zur Kunst und zu den Künstlern), en Sozialismus als Aktion,
1 8
con uno de los líderes de la Räterepublik mencionados, el dramaturgo Ernst Toller, había tenido contacto Max We ber en Heidelberg y en el castillo Lauenstein en 1917. Estos políticos revolucionarios de Munich (Eisner, Toller, Landauer, Mühsam) eran una expresión clara de ese tipo de político guiado por una profunda idealización de la política, que Weber critica abiertamente en la conferencia
LA POLITICA COMO PROFESIÓN.
Estos acontecimientos de Baviera se desarrollaban pa ralelamente a la evolución hacia un sistema parlamentario en Alemania apoyada por el gobierno central en Berlín. El 19 de enero de 1919 se habían celebrado las elecciones generales para la formación de la Asamblea Constituyen te, elecciones en las que pudieron votar tanto varones como mujeres mayores de veinte años. El resultado de las elecciones —en las que Weber participó por el partido demócrata (DDP)— dio una amplia representación al par tido socialdemócrata (SPD) y a los partidos del centro. El SPD consiguió, efectivamente, 165 escaños (de un total de 423); el partido católico Zentrum. 90; el partido democrá tico (DDP), 75; los socialistas independientes (USPD) ob tuvieron 22 escaños y los partidos de la derecha (partido popular, DVP, y partido popular nacional, DNVP) consi guieron 22 y 43 escaños, respectivamente. La Asamblea Cons tituyente comenzó sus sesiones el 6 de febrero en la ciudad de Weimar —pues era más segura que Berlín— y aprobó una Constitución que fue promulgada el 14 de agosto de 1919. Como primera medida la Asamblea había aprobado una ley sobre el gobierno provisional, eligiendo a Friedrich Ebert como presidente provisional el 11 de febrero.
Mientras la Asamblea Constituyente elaboraba la nueva Constitución y la extrema izquierda todavía intentaba es tablecer otro sistema político basado en los Consejos de obreros y soldados, otro acontecimiento de trascendencia incalculable para Alemania estaba teniendo lugar en las afueras de París. Se trataba de la conferencia de paz que culminó, por lo que respecta a Alemania, con la firma del Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919. El desarrollo
1 9
de las negociaciones y el resultado final afectó al propio desenvolvimiento de la Asamblea, pues una parte de los diputados no aceptaba las condiciones que los vencedores imponían a Alemania e hizo que se rompiera la coalición de gobierno, al salirse de él el partido demócrata en señal de protesta contra el Tratado de Versalles. Éste imponía a Alemania, entre otras cosas, la renuncia a sus colo nias en Africa, la limitación numérica de su ejército a 100.000 hombres, limitaciones en el armamento y la obliga ción de indemnizar a los vencedores con elevadas sumas. Además, el artículo 231 del Tratado hacía responsable a Alemania del inicio de la guerra, al haber forzado con su agresión a entrar en guerra a los otros. Aunque esta decla ración no era aceptada por muchos, la Asamblea Constitu yente ratificó el Tratado en Versalles el 9 de julio de 1919. Ante estos grandes acontecimientos de su época Max Weber tomó una clara y pública posición. Rechazó fron talmente la revolución, a la que calificó de «sangriento carnaval», no sólo por sí misma sino también por el hecho de que tenía lugar precisamente en el momento en que triunfaban los enemigos de Alemania. Para él, la revolu ción interna exponía gravemente a Alemania a quedar a disposición del poder extranjero. Su colaboración con la obra constitucional quedó reflejada en los escritos e infor mes que redactó con ese objetivo, ya que no pudo hacerla desde el Parlamento al no haber sido elegido6. Y, final mente, su posición ante la cuestión concreta de la respon sabilidad por el inicio de la guerra y ante la investigación de la misma la dejó asimismo recogida en varios textos7.
6 El 25 de febrero de 1919, por ejemplo, publicó un artículo sobre la figura del presidente de la República («Der Reichspräsident») en Berli
ner Börsenzeitung; texto en Gesammelte politische Schriften, 1988, 5.’ ed.,
págs. 498-501).
7 Véase «Zum Thema der “Kriegsschuld”», publicado en el periódi co Frankfurter Zeitung el día 17 de enero de 1919, y «Die Untersuchung der Schuldfrage», publicado en el mismo periódico el 22 de marzo. Ambos escritos están en Gesammelte politische Schriften, 1988, 5.‘ ed., págs. 488-497 y 503-504, respectivamente.
2 0
3. La c i e n c i ac o m o p r o f e s i ó n
Invitado por una asociación de estudiantes de la Uni versidad de Munich (el Freistudentischer Bund), pronunció Max Weber una conferencia sobre La CIENCIA COMO PRO FESIÓN en enero de 1919, la primera de una serie sobre el trabajo intelectual como profesión8. Max Weber expone en esa conferencia algunos de los caracteres básicos de la ciencia y del quehacer científico en su época, centrándose en el problema de la relación entre la ciencia y los valo res o creencias de los hombres con el fin de averiguar qué significación puede tener la ciencia como profesión para la vida y el comportamiento personal de los in dividuos.
Al ocuparse de nuevo en esta conferencia de la relación entre la ciencia y los valores, Max Weber continúa el tratamiento de uno de los temas fundamentales de su «teoría de la ciencia». Con anterioridad a esta conferencia se había ocupado más ampliamente de esta cuestión en varios artículos, y de manera especial en La «objetividad» del conocimiento de las ciencias sociales y en la política social, de 19049, y en El sentido de la «ausencia de valores» en las ciencias sociales y económicas, de 1917l0.
* «Wissenschaft als Beruf», en Geistige Arbeit als Beruf. Vier Vorträ
ge vor dem Freistudentischen Bund, Erster Vortrag (Mit einem Nachwort
von Immanuel Birnbaum), Munich y Leipzig, 1919.
9 Die «Objektivität» sozialwissenschaftlicher und sozialpolitischer Er- kenntniss, en Archiv fü r Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, 19 (1904),
pägs. 22-87. Reeditado en Max Weber, Gesammelte Aufsätze zur Wis
senschaftslehre, 6."ed., Tübingen, 1985, pägs. 146-214. Existe trad. cast.
en Max Weber, Sobre la teoria de las ciencias sociales, Barcelona, 1974, pägs. 5-91.
10 Der Sinn der «Wertfreiheit» der soziologischen und ökonomischen
Wissenschaften, en Logos, Internationale Zeitschrift fü r Philosophie der Kultur, 1 (1917/18), pägs. 40-488. Reeditado en Max Weber, Gesammel te Aufsätze zur Wissenschaftslehre, 6.* ed., Tübingen, pägs. 489-540. Exis
te trad. cast. en Max Weber, Sobre la teoria de las ciencias sociales, Barcelona, 1974, pägs. 93-161.
2 1
El concepto de ciencia en la tradición neohumanista
Este problema de la relación entre la ciencia y los valo res básicos por los que uno se orienta en su vida estaba preocupando a muchos profesores alemanes desde el cam bio de siglo, pues entre 1890 y 1920 se somete a una profunda discusión el concepto de ciencia que se había elaborado en Alemania a comienzos del siglo XIX y que había estado vigente a lo largo de todo el siglo. Este concepto tradicional de ciencia, acuñado por el neohuma- nismo y la filosofía idealista de las primeras décadas del siglo XIX, se había convertido asimismo en el principio rector de una nueva idea de la universidad, que había que dado plasmada en la creación y organización de la Univer sidad de Berlín en 1810 por Wilhelm von Humboldt.
La ciencia, tal como la entienden Humboldt y el neohu- manismo, va íntimamente unida a la Bildung del hombre, es decir, a su proceso de formación y desarrollo indivi dual. Es precisamente esta conexión con la Bildung del individuo lo que constituye el núcleo esencial de la ciencia para los neohumanistas e idealistas. El valor del conoci miento científico estriba en que es un conocimiento que el individuo ha ido encontrando y organizando por sí y des de sí mismo. Al hacer ciencia, al organizar los conocimien tos según un principio unitario, el hombre despliega su verdadera naturaleza. Ahí reside su valor formativo: «sólo la ciencia que brota del interior y puede arraigar en él transforma también el carácter» " . L a transformación del carácter es, en definitiva, la meta de la ciencia para el neohumanismo idealista. Ni siquiera se busca el conoci miento por el conocimiento mismo, sino por la formación del individuo. En este planteamiento subyace la idea de que el saber no es algo fijo y establecido, que a lo más *
" Wilhelm von Humboldt, «Über die innere und äussere Organisa- tion der höheren wissenschaftlichen Anstalten in Berlin», en Gesammelte
2 2
podría ser descubierto y recogido, sino que es una crea ción del sujeto que va estructurando por ese camino su conocimiento progresivo del mundo. La formación cientí fica se convierte así en una etapa de la formación general humana del individuo, en un elemento integrante de su proceso de autodesarrollo. La ciencia es, en definitiva, sabiduría. Y para que la ciencia cumpla estos objetivos, para que sea realmente sabiduría y forme el carácter del hombre, es preciso que no esté subordinada a utilidades o fines prácticos que la desviarían de aquellos objetivos. Esta «ciencia pura» no depende, por tanto, de sus posibi lidades de aplicación práctica n.
Un correlato de este concepto de ciencia y de su fun ción para la formación del individuo es la íntima unión que se produce entre ciencia y «concepción del mundo». La ciencia debía generar una «concepción del mundo», unos determinados valores o convicciones que orientaran y guiaran la vida personal del individuo. La ciencia debía suministrar desde ella misma, desde su propia realización como ciencia, los valores con que dirigir la propia vida personal. Este principio, sin embargo, es el que se somete a discusión a final del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX a consecuencia del hecho de la especialización científica. Es este hecho de la creciente e imparable espe cialización de las ciencias el que lleva a poner en tela de juicio el concepto neohumanista de la ciencia pura como sabiduría. La mayor parte de los académicos alemanes de la época que transcurre entre 1890 y 1920 veían esta progresiva especialización de las ciencias como una ame naza no sólo contra la unidad de la ciencia como tal sino también como una amenaza contra esa integración tradi cional de ciencia y «concepción del mundo», de ciencia y vida, que permitía obtener de aquélla una guía y un senti do para la propia posición personal en el mundo. Este 12
12 Véase Joaquín Abellán, El pensamiento político de Guillermo von
2 3
hecho de la especialización situaba, en realidad, a los científicos y profesores alemanes ante un curioso dilema: por un lado, estaban participando de lleno en investigacio nes científicas especializadas que lograban un merecido renombre nacional e internacional; pero, por otro, no podían evitar la sensación de que estaban perdiendo algo vital, de que los ideales tradicionales respecto a la ciencia se estaban disociando de su práctica científica concreta. Esta situación les resultaba especialmente problemática, pues, a pesar de la evolución positivista seguida por am plios sectores científicos en las últimas décadas del si glo xix, había pervivido aquel viejo concepto de ciencia neohumanista e idealista. Estos académicos alemanes del cambio de siglo no sólo estaban experimentando en su quehacer profesional la fragmentación de los conocimien tos científicos sino también esa ruptura de la conexión entre la ciencia y los valores/convicciones existente ante riormente. En resumen, el antiguo concepto de la ciencia y de sus funciones entra en una profunda crisis: la visión de la «ciencia pura» no sometida a exigencias utilitaristas iba cediendo terreno irremisiblemente a la orientación instrumental y práctica del conocimiento científico y resul taba asimismo cada vez más problemático fundamentar científicamente las distintas opciones personales en cuan to a los valores supremos y básicos que actuaban como orientación para la vida personal '3.
Esta evolución del quehacer científico y la conciencia de la pérdida de su papel orientador para la vida personal genera también en esos mismos años un decidido rechazo de la ciencia. En numerosos círculos de intelectuales se extiende la idea de que la ciencia está en bancarrota, de que es incapaz de llegar a lo auténticamente humano, de acceder a lo que verdaderamente interesa al hombre. La «filosofía de la vida» (Lebensphilosophie) que se cultiva en
1! Véase Fritz K. Ringer, «Dos culturas académicas: Francia y Ale mania en torno a 1900», Revista de Educación, número extraordinario
esa época, normalmente fuera de los ambientes académi cos, y la proliferación de círculos como el creado en torno a Stephan George son muy ilustrativos de esta situación de desconfianza y repulsa ante la ciencia. Para muchos de estos intelectuales la ciencia no conduce a un conocimien to de la auténtica realidad humana y creen, por el contra rio, que para acceder a la auténtica verdad del mundo y del hombre hay que caminar por otros caminos: a través de la poesía, la mitología, la intuición y la vivencia interior. La posición de Weber
La conferencia de Weber LaCIENCIA COMO p r o f e s i ó n
se hace eco de todos estos problemas que sin duda preo cupaban a muchos de los estudiantes que lo escuchaban, quienes estaban experimentando personalmente esa crisis de la idea tradicional de la ciencia como vehículo de for mación y desarrollo integral del individuo y que se resis tían a no seguir buscando, a pesar de todo, en la ciencia y en las instituciones científicas —en la universidad y en sus profesores— un fundamento sólido para sus creencias y convicciones en una época dominada por profundos en frentamientos entre diferentes orientaciones políticas y morales.
La cuestión central que plantea Weber en la conferencia gira en torno precisamente a la relación que quepa esta blecer entre la ciencia y los valores últimos que actúan como guías de la vida del hombre. Weber quiere clarificar lo que la ciencia y la profesión científica puede ofrecer realmente a ese respecto para que nadie se forje vanas ilusiones y esperanzas respecto a ella ni respecto a quienes la practican y enseñan. A la pregunta de qué significa la profesión del científico en la vida del hombre responde Weber desde la consideración de dos hechos fundamenta les de su época. El primero de ellos es la creciente espe- cialización de las ciencias y el segundo se refiere al hecho de que su época es una época caracterizada por la existen cia de distintos sistemas de valores enfrentados entre sí de
2 5
una manera irreducible. Desde ambos datos conjuntamen te expone Weber las limitaciones y las aportaciones de la ciencia como profesión.
La especialización de la ciencia es para Weber un dato de su situación histórica de la que uno no puede escapar. Esta especialización tiene como resultado que el trabajo del especialista no pueda lograr un conocimiento de la realidad total, no pueda obtener una visión del conjunto del hombre o del mundo. El trabajo científico especializa do está llamado, por su propia naturaleza, a ser superado constantemente. Ése es su destino y su meta: que los investigadores posteriores replanteen las cuestiones ante riores y avancen en el conocimiento. Pero precisamente por ello surge aquí la pregunta decisiva: ¿qué sentido tiene una ciencia así?, ¿por qué se hace algo que nunca llega al fin y que nunca puede llegar? Este progreso sin fin no da un sentido inmanente a la propia vida del hombre, pues su vida, como vida de hombre inmerso en la civilización, se halla en una corriente de progreso infinito, en un movi miento continuo que pasa por encima de él, que hace que la vida del hombre, cuando llega a la muerte, no haya podido llegar a su plenitud, pues nadie puede llegar a alcanzar la infinitud de ese proceso en el que se está inmerso y que no tiene fin. La muerte no es, por tanto, sinónimo de plenitud. Y si no se logra un sentido para la muerte tampoco lo hay para la propia vida civilizada que genera ese sinsentido de la muerte. Con este plantea miento, el novelista ruso Tolstoi, a quien~Weber se remite. varias veces a lo largo de la~contereñcia. concluye que la ciencia no tiene sentido, y no lo tiene porque no da res puesta a la umca pregunta importante para nosotros, la d¿ qué debemos hacer y cómo debemos vivir. Que la ciencia ncTda respuesta a esta pregunta basica y decisiva es tam bién para Weber algo realmente indiscutible, pero la cues tión está para él en saber en qué sentido no da ninguna respuesta y si, no obstante, podría aportar algo a quien se plantee adecuadamente la pregunta por el valor y sentido de la ciencia, es decir, si se busca en la ciencia lo que
realmente puede dar sin esperar de ella, por el contrario, lo que ella no puede ofrecer.
El segundo dato que toma en consideración Weber es el hecho de que su mundo contemporáneo es ya un mundo desmagificado, racionalizado. El proceso de racionaliza ción acontecido en Occidente, al explicar el mundo desde sí mismo, ha conducido finalmente a la afirmación de la existencia de distintas maneras de entender la vida y el mundo, distintos sistemas de valores en una situación de mutuo enfrentamiento y sin posibilidad racional alguna de superarlo. Hablando de manera metafórica, dice Weber que los numerosos dioses antiguos han salido de sus tum bas y que ahora, presentándose y actuando como poderes impersonales —no en la forma personal y mítica de los dioses antiguos—, entablan de nuevo una lucha eterna entre ellos: la vida «sólo conoce esta lucha entre aquellos dioses; o, dicho sin imágenes, sólo conoce la realidad de la incompatibilidad existente entre las distintas posiciones posibles acerca de la vida»l4. Esta oposición existente en tre los distintos valores supremos, entre los distintos «dio ses», y sin posibilidad de que se resuelva alguna vez ya había sido explicada por Nietzsche, al que Weber se remi te expresamente en LaCIENCIA COMO PROFESIÓN. Desde Nietzsche y Baudelaire sabemos que algo puede ser bueno aunque no sea bello, e incluso algo puede ser bueno por no ser bello, o algo puede ser bello, no ya aunque no sea bueno, sino por no serlo. La verdad, la belleza, la bondad no sólo pueden no coincidTFenTa'réaliHad, sino que están enfrentadas normalmente entre sí. Y en esta realidad conmúi- tiples valores opuestos entre sí, con múltiples «dioses» en lucha continua entre sí, no es la ciencia quien domina sino el destino15, es decir, la ciencia no puede resolver esa lucha.
¿Qué puede ofrecer entonces la ciencia? La ciencia no puede suministrar el sentido y la orientación para la vida
“ Véase La ciencia como profesión, pág. 83. Is Véase La ciencia como profesión, pág. 78.
2 1
práctica, como sí ocurría en Platón o en el concepto neo- humanista de Bildung. Tampoco suministra el camino haría lo verdadero, hacia la autentica naturalezao-hacía Dios, co m o ocurria en los artistas del Renacimiento o en algunos científicos de"ta Edad~Moderna. No ofrece tam poco el acceso ¿TaTéllCidád. T a Nietzsche —de nuevo se refiere expresamente Weber a Nietzsche— había lanzado su demoledora crítica contra el «último hombre» que ha bía encontrado la felicidad y estaba satisfecho consigo mismo; ese «último hombre» —después de él tendría que venir otro tipo de hombre, el superhombre— era el hom bre en quien se había extinguido ya la potencia creadora del ser humano, el hombre que ya no es una tarea para sí mismo y que ha perdido toda fuerza para trascenderse a sí mismo16. ¿Qué es lo que realmente puede ofrecer la ciencia al hombre?
La ciencia, según Weber. anorta conocimientos sobre la técnica que, con su cálculo y posibilidades de previsión. domina la vida: anorta asimismo los métodos para pensar, pero sobre toao aporta ayuda y claridad a la hora de hacer el examen dé~conciencia sobre el sentido de nuestro pro-_ pió quehacer humano. La ciencia avuda a comprender cuáles son los valores o los «dioses» de un determinado sistema, avuda a saber que es necesario elegir entre los distintos sistemas de valores existentes y ayuda a clarificar la toma de posición personal frente a uno mismo y trente a lo que uno hace. Y Weber piensa que esto no es poco., realmente. Pero la ciencia, ciertamente —incluidas aquí la Historia, la Sociología, la bconomia política, la Teoría dgj Astado—, no da una respuesta a la cuestión basica de qué, debemos nacer y cómo debemos organizar nuestra vida? Esto seria tunción de un proteta o de un mesias, no ael
16 La exposición de Nietzsche sobre el «último hombre» se encuentra en el prólogo de Asi habló Zaratustra: «llega el tiempo en que el hombre dejará de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar» (Nietzsches Werke, ed. Kxóner, Grossoktav-Ausgabe, vol. VI, pág. 19).
1
%
científico, no del profesor. La universidad, como institu ción de la ciencia, no es para Weber una institución que pueda ofrecer a sus estudiantes creencias y convicciones, posturas concretas ante la vida y el mundo. Ya en 1909 se había expresado Weber al respecto en los siguientes tér minos: «Las universidades no tienen que enseñar ni una concepción del mundo llcontrana al Estado” ni "a favor del Estado”, rio tienen que enseñar ninguna concepción del mundo. No son instituciones que tengan que dar una en señanza sobre las convicciones; analizan realidades v sus condiciones, susleyeT y situaciones v analizañconceptos y sus contenidos y sus presupuestos- lógicos. Pero, sin embargo, no ensenan ni pueden enseñar lo que se debe hacer, pues esto es un asunto de los juicios de valor per sonales básicos, de la concepción del mundo, que no es algo que se pueda “demostrar” como un teorema científi co» n. Sobre los valores no existe un conocimiento objeti vo: existe, por el contrario, una continua lucha en torno a la igualdad y la desigualdad, en torno a la libertad y el orden, el bien común y la justicia o en torno al poder. Y el sueño de algunos profesores de poder formular una tabla de valores derivada de la ciencia histórica o de una síntesis cultural le parece a Max Weber una mera ilusión. Le parece realmente una arrogancia el que la ciencia qui siera decidir la lucha existente en torno a esos valores supremos, esa «lucha entre los dioses». La ciencia n o puede establecer ni la validez ni la necesidad de losvaló- res, No~puede determinar que esos valores sean valiosos ni necesarios u obligatorios: «El destino de una cultura que ha probado del árbol de la sabiduría es tener que saber que no podemos deducir el sentido del acontecer del mundo desde los resultados de la investigación del mundo, por muy completa que ésta sea. Por el contrario, debemos ser capaces de crearlo por nosotros mismos. También 17
17 M. Weber, «Die Lehrfreiheit der Universitäten», Hochschul-Nach-
2 9
tiene que saber que los “ideales” nunca pueden ser el producto de un saber empírico progresivo. Y por lo tanto, que los ideales supremos que más nos conmueven, sólo se manifiestan en todo tiempo gracias a la lucha con otros ideales, los cuales son tan sagrados como los nuestros»18 19. Esta lucha entre distintos sistemas de valores debe decPt dirse en la conciencia del individuo y en la práctica (en la práctica política, por ejemplo). El individuo tiene que elegir autónomamente los valores que acepta como valo res-guía supremos de su vida. El científico, el profesor, puede ayudar a mostrar que si se adoptan tales o cuales valores o principios habra que emplear tales y cuales me- / dios para realizarlos en la práctica. Y podra mostrar la necesidad de tener que elegir entre tal fin o tales mediosf pero más no puede hacer «en la medida en que quiera . seguir siendo un protesor v no un demagogo»..El científi co no puede decir a nadie hacia dónde tiene que orientar su~~vida, pero puede ayudarte o debe ayudarle á «hacer examen de conciencia sobre el sentido último de sus
pro-S
ias acciones» ‘f Si el protesoi* hace esto esta~sírviendo~aleber de crear claridad y sentido de la responsabilidad Junto a esta llamada al deber de honestidad intelectual —de clarificarse la propia posición y de ayudar a los otros en esa tarea—, Weber hace otra llamada al final de la conferencia LaCIENCIA COMO p r o f e s i ó n para que no se
añore y se espere pasivamente la venida de nuevos profe tas que ofrezcan una «concepción del mundo» que dé sentido y orientación a la vida y obra del hombre. Frente a esta espera pasiva cree Weber que hay que tener la fortaleza de espíritu de mirar de frente al rostro de nues tro tiempo, una época «sin profetas y ajena a Dios»; hay que estar a la altura de las circunstancias y de las exigen cias de esta nuestra época. Y para ello lo que cuenta es el
“ M. Weber, La objetividad del conocimiento en las ciencias y la
política sociales, en Max Weber, Sobre la teoría de las ciencias sociales,
trad. cast., Barcelona, 1974, 2.' ed., págs. 15-16. 19 Véase La ciencia como profesión, pág. 83.
«daimon», el espíritu creador de cada uno, que cada uno debe seguir. La objetividad de la ciencia, el postulado de una ciencia «libre de valores» no equivale a indiferencia moral, sino que constituye la base para la adopción de una decisión individual responsable, aunque no sea ésta una decisión científica.
La ciencia y la política
La_ ciencia no puede suministrar desde sí misma una. determinada posición política y no libera al hombre, p ó f fanto.l?é"5trobti?acion de elegir entre los distintos-v-muT tiples sistemas de valores existentes v opuestos c nlrc-sí. ¿Debe deducirse de aquí que la política sea puro decisio- nismo, que el conocimiento científico no aporte nada al político, al hombre de acción?
f Para Weber está muy claro que la política no tiene cabida en las aulas académicas, pues una cosa es el análisis científico de la actividad política —del Estado y de los partidos— y otra diferente es la posición política concreta que un científico o profesor adopte. En la conferencia La / CIENCIA COMO PROFESIÓN afirma que a un profesor se le puede exigir la honestidad intelectual de ver que son dos cosas diferentes la constatación de hechos y el dar una respuesta a la pregunta por los valores o por cómo haya de actuar en el Estado y en la sociedad20. De estas últimas cuestiones habla el profeta y el demagogo, pero cuando un \. hombre de ciencia se presenta con sus propios juicios de valor sobre la realidad histórica o política deja, según Weber, de comprender adecuadamente su objeto de inves tigación21. El profesor, como se ha dicho más arriba, no
20 Véase La ciencia como profesión, pág. 76.
21 Weber no apreciaba la obra ni la postura del historiador Dieter Schäfer, pues consideraba que sus últimos trabajos no eran resultado de una investigación científica seria. Véase Roger Chickering, Max
Weber und Dietrich Schäfer, en Wolfgang J. Mommsen/Wolfgang
Schwentker (eds.), Max Weber und seine Zeitgenossen, Göttingen, 1988, págs. 462-475, esp. págs. 474-475.
3 1
---> O _
5Í ni
puede ser un profeta o un mesías. La ciencia está cierta mente fuera de la política diaria y de la lucha por el poder, pero esto no significa para Weber una separación tajante entre ciencia y política ni la afirmación de una política puramente decisionista. La ciencia social, en la medida en ]ue investiga la realidad desde la perspectiva de su síyni- ícación para los hombres, puede anortar elementos
im-S
ortantes para la propia conciencia social que el hombreeltcciófiTelI {TOlíflüó. podra aprovechar en su actividad profesional. Pero la opción por un sistema de valores, por una creencia que guie su vida, reside en otra esfera más' alliLdcl conocimiento científico. Sobre las características de la política v_ del político se ocupa Weber en la otra ¿onlerencia que se edita en el presente volumen.
4. La p o l í t i c a c o m o p r o f e s i ó n
La segunda conferencia pronunciada por Max Weber ante los estudiantes de Munich, invitado por la asociación de estudiantes Freistudentischer Bund, se celebró el 28 de enero de 1 9 1 9 y llevaba por título La p o l í t i c a COMO PROFESIÓN. Weber reelaboró y amplió considerablemente su texto inicial para su posterior publicación en octubre de ese mismo a ñ o 22.
Cuando Weber pronunció esa conferencia la situación política de Alemania, y de Baviera en particular, era muy problemática, como hemos visto en el apartado 2. En su conferencia, sin embargo, Weber no se ocupa directamen te de los acontecimientos políticos del momento ni tampo co pretende indicarles a los estudiantes que le escuchaban qué línea política habría que seguir en esa coyuntura, sino que analiza el contenido y especificidad de la actividad política de modo que ese análisis pueda servir de elemento de juicio para determinar cuándo alguien tiene realmente
22 «Politik als Beruf», en Geistige Arbeit als Beruf. Vier Vorträge vor
vocación para la política. Max Weber hace, efectivamente, una exposición sobre el político profesional —incluyendo amplias referencias a los modelos históricos de político profesional— con la intención de suministrar a sus oyentes la necesaria claridad para que éstos, a la vista de lo que la acción política es y de las cualidades que la profesión política requiere, puedan comprobar si efectivamente es tán llamados a la profesión de la política. El concepto de la política y del político que Weber desarrolla en la confe rencia constituye al mismo tiempo su respuesta a algunos planteamientos en torno al pacifismo y la revolución, fre cuentes en aquellos días y que partían, en el fondo, de una concepción idealizada de la política.
Concepción del Estado y de la política
Las reflexiones de Weber sobre la política como activi dad, y como actividad profesional, parten de una conside ración del Estado en la que éste viene definido desde un punto de vista sociológico, es decir, Weber no define al Estado por los fines a los que debería servir o por los contenidos concretos que tendría que realizar con su acti vidad, sino por el medio o instrumento específico que utiliza. Este medio específico del Estado es la fuerza, la violencia física, lo cual no quiere decir que sea el único medio que utilice el Estado o el medio normal, sino sola mente que es el medio característico y exclusivo del Estado. La cuestión de los fines que tendría que realizar el Estado no entra en las consideraciones de Weber. Si se pregunta por los fines o por los contenidos que el Estado tendría que realizar no se llega a aislar lo específico del Estado. Según Weber, no existe prácticamente ninguna tarea que no haya sido acometida por el Estado o por aquellas formas de asociación política que han sido sus antecesores históricos, y tampoco existe ninguna actividad que haya pertenecido de manera exclusiva al Estado, pues las actividades que ha realizado el Estado han sido reali zadas también en algún momento o lugar por otro tipo de
33
asociación. Lo único que caracteriza con propiedad al Estado es el instrumento que utiliza para la realización de las distintas tareas o fines que pueda proponerse. Esta idea la expresa Weber en La política como profe
sión 23, y está recogida asimismo en Economía y sociedad,
donde dice Weber que «no es posible definir una agrupa ción política a través de la indicación del ñn de sus accio nes como agrupación... Por ello sólo se puede definir el carácter “político’* de una agrupación a través de los me dios ane no son únicamente propios de ella, pero que sí son específicos e imprescindibles para su ser: la fuerza (Gewaltsamkeit)»2*. Esta consideración del Estado a tra vés de su medio específico y exclusivo es la que se refleja
en la conocida definición weberiana del Estado: «el Esta do es aquella comunidad humana que, dentro de un deter minado territorio, reclama para sí (con éxito) el monopolio de la violencia física legítima. Pues lo específico de nuestro tiempo es que a todas las otras asociaciones o individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en que el Estado, por su parte, lo permita: él es la única fuente del “derecho” a la violencia»25. Sólo es legí tima la violencia o fuerza ejercida por el Estado, no la ejercida por cualquier otro agente social, y al explicar esa
legitimidad Weber lo hace explicando cómo los hombres obedecen, es decir, cómo aceptan y justifican internamen
te ese sometimiento al Estado. Weber ofrece tres motivos diferentes de sometimiento y obediencia que dan origen a
tres formas distintas de legitimar el poder o, lo que es lo mismo, a tres tipos de autoridad legítima26.
25 Véase La política como profesión, pág. 94. 24 Wirtschaft und Gesellschaft, ed. 1925, pág. 30.
25 La política como profesión, págs. 94, 101. Sobre la definición del Estado en Weber, véase Michael Zängle, Max Webers Staatstheorie im
Kontext seines Werkes, Berlin, 1988, esp. págs. 11-27 y 221-249; Ignacio
Sotelo, «La idea del Estado en Max Weber», Arbor, 539-540 (1990), págs. 29-50.
2t Véase Reinhard Bendix, Max Weber, trad. cast., Buenos Aires, 1970, págs. 273-427.
3 4
Atendiendo a esa definición de la legitimidad, el Estado es para Weber básicamente una relación de poder o de dominación. Y desde aquí entiende la política como la lucha por el poder, como la lucha para participar en el poder o influir sobre la distribución del poder, sea entre distintos grupos dentro de un Estado o sea entre los dis tintos Estados21. La política no nuede ser para Weber la. realización de un «bien común» previamente establecido como el fin al que el Estado debiera tender, pues los fines del Estado no pueden establecerse con carácter determi nado, sino~que la política es una lucha o o ^v alo reso . intereses diferentes que se encuentran entre si en una situación de antagonismo v colisión, v cuva coexistencia en la realidad no se nuede eliminar n o ria vía de estable^ cerlos desde una base científica. Los valores y los fines del Estado no se pueden determinar científicamente. El con cepto weberiano de la política como lucha, con su impli cación de valores e intereses plurales y en conflicto entre sí, niega la legitimación de un solo grupo social a fijar y realizar lo correcto políticamente27 28.
s* Weber desarrolló esta idea de la política como lucha por el poder en el marco de su crítica al régimen burocrá tico del Imperio alemán, contraponiendo abiertamente la figura del político a la del funcionario29. El político requiA re unas cualidades para la lucha por el poder que no se le\ exigen al funcionario, y la selección de los políticos precisa | de unas instituciones que no tenía el régimen burocrático. I En «Parlamento y Gobierno en una Alemania reorganiza- /
27 La política como profesión, págs. 95, 102.
Esta concepción de la política como lucha por el poder ha llevado a situar a Weber en las coordenadas del pensamiento de Hobbes (así, por ejemplo, A. Bergstrásser, «Max Webers Antrittsvorlesung in zeitges- chichtlicher Perspektive», Vierteljahreshefte fü r Zeitgeschichte, 5 (1957), págs. 209 y sigs ), mientras que Hennis, sin embargo, lo sitúa en las coordenadas de Maquiavelo, Rousseau, Tocqueville (Wilhelm Hennis,
Max Webers Fragestellung, Tübingen, 1987, pág. 235).
29 Véase «Parlamento y Gobierno en una Alemania reorganizada» en Max Weber, Escritos políticos, Madrid, 1991, esp. cap. 3.
SS
da» (1918) exigía Weber la parlamentarización del sistema político para que un Parlamento fuerte, desde donde se formara el Gobierno, pudiera ser el lugar de selección de los líderes políticos. En LaPOLÍTICA COMO PROFESIÓN se refiere de nuevo a las cualidades del político y las detalla y hace hincapié en el dato fundamental de la política, es decir, la utilización de la violencia legítima, de donde se deriva la peculiaridad que presenta la relación entre la ética y la política.
Tres son las cualidades que Weber considera decisivas para el político: en primer lugar, la pasión, en el sentido de entrega a las cosas, a una causa7La pasión es enemiga de la v a n i d a d , q u e n n tonta en cuenta a las cosas sino que se recrea en el puro goce personal del noder en vez de poneflo al servicio de las cosas o de la «causa». Pero la pasión, la entrega apasionada a la lucha por el poder, tiene ue ir acompañada simultáneamente de una capacidad de istanciamiento respecto a las cosas v a las personas, de un ciérro ino sentido de la distancia, que le dará al político la tercera cualidad: el tomar en cuenta la realidad tal como es, el sentido de la responsabilidad, el ser consciente de las consecuencias de las propias acciones, aue dehe guiar toda la actividad política. La lucha por el poder, la ambi ción de poder, que para Weber constituye el medio inelu dible de la política, las entiende él volcadas hacia las cosas, \ hacia la «causa», hacia los demás. La peor deformación 1 de la lucha por el poder es para Weber la adoración del I poder como tal, la complacencia vanidosa en el sentimien- i to del poder30. Por otro lado, la lucha por el poder en el Estado implica la utilización de la violencia legítima; quien opera con el poder y con la violencia como sus instrumen tos de acción «firma un pacto con los poderes diabólicos» y sabe que de sus acciones pueden derivarse resultados que no quería o que no había previsto. Y es aquí donde se
JOAQUÍN ABELLÁN
plantean las paradojas morales de la profesión política, de las que se ocupa Weber en la parte final de LaPOLÍTICA COMO PROFESIÓN.
La ética de la profesión política
Uno de los problemas centrales de que se ocupa Weber en LA p o l í t i c ac o m op r o f e s i ó n es precisamente el de la
relación existente entre la política y la ética. Weber se pregunta si no tienen nada que ver entre sí o si existe una sola y misma ética que regule todas las distintas situacio nes personales y profesionales de los hombres o si, por el contrario, existe una ética específica para la actividad polí tica que tome en cuenta el hecho específico de que ésta opera con el poder y con la violencia que está detrás de él.
En la exposición de este problema Weber distingue dos tipos de ética, una de las cuales será considerada por él como la específica del político, y concretamente del polí tico democrático. Estas dos éticas por las que puede orien tarse una acción son la «ética de las convicciones» (Gesin- nungsethik) y la «ética de la responsabilidad» (Verantwor- tungsethik). La «etica de las convicciones» o ética de los principios mueve al individuo a realizar sus acciones^ en persecución de determinados valores o ideales de una manera absoluta, sin condiciones, con independencia de las posibilidades reales que tengan esos ideales de concre- tizarse en una situación social determinada e independien temente asimismo ae las tormas que tenga que revestir la. acción para intentar lograrlo. El actor se siente totalmente uJenuncacio con sus principios o ideales y plenamente convencido de ellos, y lo que pretende con sus acciones es prácticamente mostrar la validez absoluta que esos ideales tienen para él. La fe absoluta en estos ideales o valores 1? puede llevar, incluso, al sacrificio de su propia persona en aras de esos ideales. En LA POLÍTICA c o m o p r o f e s i ó n
discute Weber varios ejemplos de acciones guiadas por este tipo de ética, que tienen siempre que ver con agentes revolucionarios o con pacifistas que se inspiran en la
mo-3 7
ral del Evangelio. En un pasaje ilustra la «ética de las convicciones» con la referencia a un sindicalista tan abso lutamente convencido de sus ideales revolucionarios y tomado por ellos que realiza sus acciones sin tomar en consideración que los resultados de su misma acción pro ducirán con toda probabilidad un incremento de la reac ción política y el consiguiente empeoramiento de la situa ción de la clase obrera; si se producen estos resultados malos el sindicalista, según Weber, no se considerará res ponsable de ellos, sino que culpará de ellos al mundo o a la estupidez de los hombres. También en la defensa del pacifismo encuentra Weber un ejemplo de esta «ética de las convicciones» que no toma en cuenta los resultados de las propias acciones. La aplicación concreta a la realidad de esa «lógica del amor» del pacifismo tendría como con secuencia, piensa Weber, que los pueblos que estaban haciendo la guerra pensarían que la guerra toda ha sido absurda y que han estado haciendo algo para nada. La paz en esas condiciones sería para esas gentes una expresión de indignidad, es decir, algo que no sería buenamente aceptado, con lo que, al final, la que quedaría desacredi tada sería la paz y no precisamente la guerra. Ahí ve Weber un ejemplo concreto de cómo una acción guiada solamente por una fuerte convicción —eliminar la gu erra- puede generar un resultado no sólo no querido sino total
mente opuesto a lo pretendido. —
La «ética de la resnonsabilidad», por el contrario, se basa"en la evaluación de las consecuencias de las propias á&róffésHET actor que se guie poTEStr-tifio de ética toma Ón con sideración los electos que previsiblemente van a tener susaccioneyEáiito los efrntns queridos como 1o s jiq_
queridos, siendo plenamenteconsciente de que no
dad que del bien, de las buenas intenciones, sólo pueden,
resultar cosas buenas? ’ " ^
Aunque ambos tipos de ética se encuentran entre sí en una contraposición irresoluble, no quiere decir esto que la «ética de las convicciones» signifique falta de responsabi lidad ni que la «ética de la responsabilidad» sea idéntica a