O A Y U N T A M I E N T O DE MURCIA A R C H I V O Est.' 1 0 . Tato.3 L . N.° . . . / & z ì 7 V /" ;
ESTE EJEMPLAR,
POR SU TAMAÑO Y/O
ESTADO DE CONSERVACIÓN
NO SE PUEDE FOTOCOPIAR
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! m ; « M M M k h'.ï i! m I ¡ w > iMi^^^gËlli'liiiii'iSÁTIRA NUEVA Y DIVERTIDA,
en la que se dá á conocer á los hombres tengan el ojo aínerto cuando traten con mugeres.
Todo soltero me escuche Las letrillas do esta plana que voy 5 decir verdades de lo que pasa en Esparta
Voy á d a r principio por las doncellilas, que aunque sean feas se hacen inuy bonitas.
Parece mentira que así pueda ser, en estas letrillas
os lo han de hacer ver. De siete años son muchachas infieras son & los diez,
a los docñ los paseos Recuentan alguna vez.
Forman el palique con Juan y con Pedro, con Manuel y Andrés, con Francisco y Diego.
Asi adelantan en estos recreos por dejarlas ir mucho á tos paseos,
Con trece á catorce años muchas ya tienen querido, por no ser menos que otras tratan d e hacerse u n vestido.
Lo hacen elegante de rico percal pero las enaguas son de algún costal.
Si lo digo todo me m u e r o de risa mucho de percal, poco de camisa. Cuando tienen el vestido quieren pañuelos de seda zapatilo d e charol ó sea d e buena tela.
Quieren chaquetilla su buen delantal, peineta á la moda que pueda a d o r n a r .
Se arreglan su rosca
se peinan los rizos,
las madres no deben
De quince á diez y ochó años quieren mucho lasjfunciones bailes, comedias y toros, estas son sus diversiones, Luego si ven otras con mas elegancia, se mandan traer la tela de Francia.
Que tenga ó no tenga la madre dinero,
le dice la hija: —el vestido luego. Los domingos á los bailes, y por la noche al teatro, por la tarde á refrescar, , aunque no tengan un cuarto.
Y eso ¿quién lo paga? sin duda un barbero, un pintor, tallista, sastre ó zapatero. Pero si la dama es algo bonita, lo biene á pagar, aquel de levita.
La madre un poco enfadada con su hija la Pilar,
va de comercio en comercio, buscando el mejor percal.
Entran en la tienda le dice al mancebo: ¿hay buenos percales? sáqueme usted luego. Diez ó doce piezas luego le presentan, y entonces la hija contenta se queda. Dice la niña: mamá, este es el que á mi me gusta, pero hay que advertir señores, que esta al momento lo ajusta.
Mida usted diez varas, le dice al mancebo, pronto bien y medido, la ha servido luego.
Se lo da en la mano
para replegar, y ella se lo pone en el delantal. Escuche usted, señorito, luego le traeré el dinero, y si le parece á usted, apúntelo usted Don Pedro.
La verdad me dices, lo voy á apuntar,
porque en mis negocios, se puede olvidar.
Se pasan los tiempos se rompe el vestido, pero los dineros se ochan en olvido. Hoy les diré á las doncella las de ciudades y villas, a las de aldeas y pueblos, que hacen muchas maravillas
Unas en la plaza, otras al portal, que parecen hijas de algún principal.
Luego en los paseos todas las criadas, van tan elegantes, que parecen amas. Por esta razón, solteros, os tienen como a Cupido, ciegos de amor para siempre; la verdad á todos os digo.
Asi me los tienen tan enamorados, que á pocas palabras se encuentran casados. Pero si se pasa el tiempo de un año, aqui caballeros está el desengaño. Ya dije de la hermosura que tienen en el vestir, y también de la elegancia, aun rae falta que decir.
Pues oidmo atentos con mucha alegría,
el gozo qne tienen cuando hay una cria.
Dicen muy gozosas es un coronel, parece un capilan, es un brigadier. Acostumbrada á decir: es mi hijo un general, es un conde, es un marqués, otras dicen; es cardenal,
Le toman en sus brazos le ¿aja á la calle,
se encuentra á una amiga, lodo es a su padre.
La verdad me dices, en nada me engañas, pues tengo en mis brazos lo mejor de España. Todas Jas reeien casadas disfrutan un gran placer, por estar con los maridos no se acuerdan de barrer. Pero estas se visleu tarde á ja mañana, y luego á la tarde descubren la cara. Se van á fregar á eso de las tres, su esposo enfadado le pega un reves. Cuando ya llevan dos años de estado de matrimonio parecen muchas berriadas y con la esquina en el hombro.
Llevan el zapato que presta atención, de la media sale un gran espolon. El vestido súcio roto y sin coser, hay muchas que sopas no saben hacer Un. amigo me decía1:
¡lo que sabe mi mujer! asa huevos «n la lumbre
y no se pueden comer. Pero es tan astuta, y pone un guisado, que siempre lo «aea todo avinagrado.
Una Urde fuimos dos á merendar, nos puso Jos platos todos sin fregar.
Muchas hay que á sus maridos los mandan á trabajar,
y lodo «1 dia los tienen con media libra de pan.
Ellas chocolate, sun buenas costillas llevan á las diez para el medio día.
Tocino y carnero llevan de continuo, sus buenos garbanzos y un jarro de vino, viene el marido á cenar y. le prese nía ..un piafo, con habas duras y un huevo, como si fuera algHn galo.
Le dice su esposo, ven acá mujer, ven á acompañarme-, no puedo comer.
Porque todo el dia tengo una jaqueca, que casi me parle de piés á cabeza.
También hay muchas casadas que compran alguna cabra, y de esta sale un cabrito, he aqui una buena palabra
No os fiéis solteros, viudos ni casados, porque las mujeres
son peor que el diablo. Con palabras dulces ellas nos engañan, y no hacemos caso de lo que nos hablan.
También hay muchas casadas que en vestir y poner
loi arraglos de la casa, was que otra saben hacer.
Una can ajugares, otras á mitad, tienen mas limpieza esta es la verdad.
Mas vale de muchas, sopas coi» pimiento, que de otra asado, es verdad, no miento. Cuando una se que-da viuda sale otra vez á d a r ,
lo que antes era Bernarda 1» quiere disimular.
Sq pone compuesla con ri-co vestido, q»e quiere alcanzar segundo mando.
S* mii a al «spejo se sal» á la
esto le sucede
En las últimas letrillas, si me escucha al«un so lero, "le dirá al q u e este;á su lado:
¡qué verdad nos dice el ciego!
1 Yo de buena gana no me casaría si muere mi madre mi hermana y mi tía. Si m e quedo solo m e obliga el casar
que de esto ninguno se puede librar.
Ya no alcanza mas mi pluma porque soy poco letrado
y quien pone estas letrillas es un ciego afieionado.
No nos pongas mas, dice una mujer, que si no te quilo tintero v papel. Soy aragonés, lo dudo en negar, y mandarle al ciego ;„l 0 eo T.jnr M?y<V:»>
1 * A B A I « » A
Contigo me casaría, contigo me. he de casar,v*nga d e la guerra, de teniente á capitan.
Si: que dulce ensueño que yo teni»>
me desperté,
hermosa del alma mía. para llorar
mi triste solidad.
Contigo me casaría, contigo me casaré, cuando venga de la guerra de teniente coronel.
Si: que dulee ensueño que yo teaja
me desperté
hermosa del alma mía, para llorar
mi triste soledad.
Maldita s e a la suerte que me sigue por doquier y maldito el pichirichi y el número veinte y tres.
Que he perdido treinta duros ^n dos veces que jugué
v ahora no tengo un cuarto, jai encuentro quien me lo de.
Reimpreso en Murcia
i88©s-No jueges al pichirichi si no te gusta el perder, donde dan mucho por poco,
alguna trampa h a de h a b e r . Si afición llenes al juego, iueaa con una mujer, que te da sus cuatro cuartos por uno que tú le des.