FIDEL SEPÚLVEDA
LLANOS
Más
alládel
homo
hábilís,
del
erectus,
del
sapiens,
está elhomo
aestheticus.
Más
alláde la
fábrica,
cuajala
creación;
más alláde
la
verticalidad,
abre elasombro;
más alláde las
ciencias,
madurala
sabidu ría.A
lo
mejor no másallá,
pero sídel
otrolado,
en el reverso.El
hombre
estético sedespliega desde
unaintegralidad
en que participantodos
los
sentidos
y facultades
enla
busca de
un sentido.Desde la
creaciónde
su entornoha
arquitec-turado
sucentro;
desde
el asombro acogela
llamarada de belleza
con quelo llama
el mundo;
desde
la
sabiduría vinculaformas y
ritmos
cósmicos enhorizonte,
en sentido.Entiende
el universo nocomo
objetoimpunemente
ma-nipulable sino como sujetode
virtualesini
ciativasy
respuestas.Desde
una perspectivade
fe,
este universo aparece repondiendo a un ordenamiento primordial.
En
él "todo
estábien hecho".
No
hay
subversión.
Hay
conversión a un núcleo.Desde
unadimensión
científica,
el univer so se muestra como un sistema quelucha
por un mejoramiento cualitativo que va conquistando
en cotas cada vez más altasde
diversi
dad
y
complejidad.Se
diría
que el cosmos esdinamizado
por una vocación estéticay
que suorden,
estructura
y
energía patentizan un ordeny
estructura
superior.En
el otro polode la
relación se encuentra elhombre.
Las
historias
verdaderas(Eliade:
1953,
21)
dan
cuentade
una caídadesde
un orden primordialy dejan
sentir que por este quiebre sedesangra la
excelenciahumana
ala
soberbia o ala
trivialidad
(Diel:
1976).
Desde
aquí esdecodificable
la historia hu
mana como
itinerancia,
cayendoy
repuntando en sulínea de
creación,
asombroy
sabiduría;
máspreciso,
si sequiere,
como abriendo o ce rrando el asombroy
con ello abriéndose o ce rrándose ala
creatividady
ala
sabiduría.El
ejerciciode la
capacidadde
asombro esla llave
maestra que permite el acceso ala
experienciaestética,
desde
la
cual se crearealmente el
entorno,
operación en que se actualiza
la
virtualbelleza
del
mundo.Ecología,
ética y
estéticaconcurren,
desde
sus respectivasperspectivas,
a evidenciarla
posibilidad,
la
necesidady la
urgenciade ir
al encuentrode
nosotrosy
de
lo
otro con una actitud nueva orenovada, instauradora o,
alo
mejor,
restauradorade
algo que setuvo
"in illo
tempore"y
que se perdió en algún recododel
espacio odel
tiempo.
Van Lier
llama
al actode
habitar
el pri merode los
actoshumanos.
Así,
la
itinerancia
de la
especie puededecirse
quetiene
unameta: el
habitar,
acotado en el sentidode
Heidegger,
comoámbito de
encuentro entreel
cieloy la tierra, los dioses
y los
mortales."Refugio
esencial"del
hombre,
la
habitación,
de
actodelimitado
a un espacioreducido,
enbuena
partede
la
historia,
ha
pasado,
en nuestros
días,
a ser extensivoprácticamente al pla neta entero:"El
planeta contiene nuestrosorígenes,
nuestrahistoria y
nuestro, medio: es nuestrohogar",
dice
un autor.Cuantitativamente
elhombre ha
extendidosu
dominio
sobrela
tierra
y
sus elementos.Ha
ejercido una relaciónhegemónica
cada vez más extensa.Esta
carreratriunfal
ha
sido ala
vez su mayorenemiga, pues,
desencade
nada,
corre el riesgode
no poder ser controlada
por elhombre.
Así,
el planeta entero estápoblado
por elhombre,
pero el modode
poblamiento evapo rainterrogantes
que urgen a meditar sobrela
actitudética y
estéticatenida
en estaempresa que seha
precipitado vertiginosamente enlos
últimos
decenios (Kevin Lynch:
1979,
245);
El
habitar,
la
relación
de
encuentro
del
hombre
con elmundo,
por múltiplescausas,
aparece cada vez más
proclive
a unposible
catastróficodesencuentro (King:
1978,
146).
Aisladas,
hace
pocos
años,
surgen cada vez más perentoriaslas denuncias de
los
científicos
sobre eluso
irresponsable
de los
recur-sos
de la
tierra.
En
algunoscasos,
tales
fe
nómenos entrañan situacionesirreversibles;
"En
resumen,
la
acción propiadel hom
bre
sobre unabiosfera
que atropellasin consideración
ha
conducido alos
hechos
siguientes:—
despilfarro de
energías
fósiles y de
materiasprimas,
las
dos
limitadas
encantidad,
susceptiblesde
agotamientoy
sin certezade
sustitución;
— contaminación
de
la
atmósfera porlos
residuostóxicos
de los
combustiblesdo
mésticos eindustriales,
porla
radiactividad,
etc.—
contaminación
fluvial y
oceánica quedestruye la
vida enla hidrosfera y
quedisminuye
la
reintegración en circuitodel
oxígeno;
—
destrucción de los
bosques,
regulado resde
los
arroyos,
formadores dé hu
mus eigualmente
recicladoresde
oxígeno;
El
ejercicio
de
la
capacidad
de
asombro
es
la llave
maestra
quepermite
el
acceso
a
la
experiencia
estética.
—
destrucción
de
las
especies vivas
úti
les,
etc. . .".(Cardyn
:1976,
25).
El
contrasentido sehace
patético cuandose examina el modo
de
existencia
de la
ciudad,
realidad erigida por elhombre
parade
fenderse
de
la hostilidad
de
la
naturaleza,
para
asentarse,
separarsede
sutranshumancia
e
interrelacionarse
haciendo
efectivo el afánde
sociabilidad.Entidad
moldeada para undespliegue
másamplio
y
libre
de
susinquietudes,
la
ciudadactual,
paralos
estudiosos
de
psicopatología,
aparecetraicionando
las
intenciones
humanas:
'los
mismos elementos urbanos que sirven para albergar a mucha
gente
y
comunicarla,
reducenla
libertad de
mo vimientosy
contraen mecánicamente elespacio
perceptivamentedisponible.
Los
edificios condicionan el
trazado, y
ambas
cosasreduceny descoyuntan la
terri-toriedad
del
ciudadano.
Bien
es verdad queel pavimentode las
callesfacilita
eltránsito
porellas,
teóricamente
al menos,
pero es alinevitable
costede
restringir
los
desplazamientos
enunas cuantas
direcciones
prescritas.Los
murosque albergany
protegenimpiden
caminar ciudad através, fuerzan
al ciudadano adesplegarse
con una suertede
movimientos
forzados y
le
prefijan ensustrayecto
rias
al
modo en quelos tropismos,
valgala
analogía,
lo
hacen
conlos insectos".
(Pinillos: 1977,58).
Para
confirmarlo
anterior,
el autor argu menta:"el
espaciourbano,
máxime enlas
grandes
ciudadesmodernas, tiende
a serden
so,
pocopenetrable,
pobladode
grandesbloques
que cuadriculanlas
perspectivas
y
geometrizande
unaforma
mecáni ca el recorridode la
miraday los
mo vimientosdel
transeúnte".
(Pinillos:
1977,
58).
Lo
anterior sehace
más grave cuando secontextuáliza con otras
perspectivas
de
tal
carga
de
agresividad queterminan
dando
unaimagen,
unmodo
de
presencia netamentele
sivo para
la integridad
humana:
"La
convergenciade
luces, formas,
colores,
ruidos,
sonidos,
voces,
oloresy
contactos corporales que
le
asaltande
continuo,
las
detenciones
súbitasy
cambios de
marchay
dirección
a que se veforzado de improviso
para evitar el encontronazo,
además
de los
gases
eim
purezas que se ve obligado a respirar
durante buena
partedel
día,
todo
esotal
magnitudy
alcance,
quelas
organizaciones sanitarias
del
mundo enterode
dican
altema
su atención preferente".(Pinillos:
1977,
73).
De
estaforma
los
ritmosde
la
máquinaurbana,
uniformementeacelerados,
vandes
coyuntando al
hombre,
nole
permiten eltiempo
evolutivode
ajustey
lo lanzan
contrauna otredad
implacable
y
contra sí mismo ofuera de
sí mismo.Así,
la
ciudadde
expresiónenteramente
humana,
productodel
afán pro-meteicode fábrica de la
propia moradaamedida,
escalay
ritmohumano,
ha
devenido
inhumana
y
agentede deshumanización.
El
afánde
instalación,
sosiego,
diálogo,
convivencia, impulsor
de
la
fundación de la
ciudad seha
ido
poco a pocodesvirtuando,
y
lo
que ahora ocurre esla transhumancía, la
angustia,
la
soledady
el encapsulamiento.Edificios,
calles, plazas,
de lugar de
encuentro
y
afincamiento
han
devenido
sitiosde
fu
gay
sobresalto.Llevada
a crecerdesmesurada,
inarmónica
mente,
autodeterminándosedescontextualiza-damente,
la
ciudad modernaha
crecido,
cancerígena,
a espaldasde
la
estética,
la
organi-cidad
y
el orden.A
esto aludeJane Jacobs
cuando escribe:"hay
una cualidad más extendida aún quela
descarada fealdad
o eldesor
den,
y
esta cualidad esla deshonesta
máscara
de
un supuesto ordenconseguido
porignorancia
o supresióndel
ordenreal,
que sedebate
por existiry
ser reconocido".
(Jacobs:
1973,
19).
El
orden aparenteincita
al ritmo aparentede
unavida aparente que constriñe ainterna
lizar
velocidad comoenergía,
activismo comoactualización,
saturación comodensidad,
cantidad
como calidad.El
desencuentro
de
la
ciudad moderna con su
finalidad
primordialy
la
unidimensionalidadde
sufuncionalidad
se revela en su
semiología,
en que una perspectiva
tecno-económica
seha hipertrofiado
a expensasde
sudimensión
artísticay
monumental.
Jouvenel
dice
a este respecto;"Mientras la
sociedadmedieval
se preocupaba por
infundir
belleza
alos luga
res
del
culto,
la
sociedad originada en elRenacimiento,
que estaba más orientada
hacia
elhombre,
tendió
a ocupar se principalmentedel
marcode la
vida cotidiana.Hubiera
podido suponerseque,
con el alborearde
un concepto másfilantrópico
de la
vida,
sehabría
difun
dido
másla
preocupación por el mediohumano.
¿Fue ese el caso?Lamentable
mente,
la
respuesta es negativa".(Jouvenel:
1971,
103).
Tal tendencia,
acentuada en nuestrotiem
po,
autorizalas
opinionesde
estudiososdel
urbanismo quehablan
de
una"degradación
semiótica"
de
la
ciudad,
de
una ausenciade
espacios o monumentos verdaderamente
sig
nificativos,
de
un adelgazamientodel
espesorde lo
simbólico.Paulatinamente
seha
ido
retrogradando
del
símbolo
al signoy
de
éste
ala
señal,
síntomade
una vivencia asediada porla
prisa,
la banalidad y
el estereotipo.Cortados los
vínculos conla
naturaleza,
la
simbología
de
la
ciudadha
acusado estadis-Se
ha
ido
retrogradando
del
sím
bolo
al
signo
y
de éste
a
la
nueva
señal.
tancia
en unempobrecimiento
de
ritmos, for
mas
y
materiales que evocaran o encarnaran realidades cosmológicas otransmaterialés
que sirvierande
instancias
de
contemplación,
meditación
oarrobamiento.
Esta,
entre otrascausas,
lleva
a pensar si no estarán enlo
cierto
las
siguientes observaciones:"La
producción enserie,
la
prisa,
la
equiparación
del
tiempo
a un'foro'
que
hay
que ganar sindescanso ha
ido
extirpando
de la
ciudad modernatoda
la
rique-za monumental que otrora mantuvieron
viva
la
continuidadhistórica. En
cada vueltade
reloj,
la
vida urbana se aleja másde la
culturay
seacerca
ala
meracivilización".
(Pinillos:
1977,
83).
Pero
hay
algo más.Hay
una zona en quela
ciudaddeja de
ser ciudady
el
campodeja
de
ser campo.Opera
una relacióndespresen-cializadoraque
bajo
elpretextode
simbiotizar,
optimizando ambostérminos,
los
ausenta,
convirtiendo al espacioy
a suhabitante
enárea
de la
nadidad.A
esto se refiereGoodman
cuandodice:
"El
sentidode
la
interminable
suburba-nización contemporánea es quede he
cho uno nunca está enla
ciudad ni en el campo.El
centro se marchitay
de
cae;
el
campo sedespuebla y
retorna ala
ciénaga.
En
la
conurbanizacíón,
el planeamientoregional
significa planificar
las
autopistasy
elsmog,
o realizarCortados
los
vínculos
con
la
natu
raleza,
la
simbología
de
la
ciudad
ha
acusado
esta
distancia
en
unempobrecimiento
de
ritmos,
.formas
y
materialesesfuerzos para equiparar
los
impuestos;
porsupuesto,
setrata
de
medidasindis
pensables,
pero mal puede considerárselas
suficientesdesde
el
puntode
vistade
las
necesidadeshumanas".
(Goodman:
1971,
32).
Jane Jacobs
señalala
mentalidad originadorade
estostrastornos:
"Nos
enfrentamos con untipo
de
mentalidad
demasiado
familiar,
que ve sola mentedesorden
allídonde
existe unorden
de
máxima
intrincación y
singularidad.
La
misma clasede
mentalidad que ve solamentedesorden
enla
vidade las
callesde
una ciudady
se muerede
ganas
de
liquidarla,
estandarizarlay
suburbanizarla.
Las
dos
respuestasestán
relacionadas:las
ciudades,
enla
medida en que son creadas o utilizadas por criaturas amantes
de las
ciudades,
así sontambién
violentadas por estas mentes simples.¿Por qué?
Porque
no sonblandas
sombras
de
ciudades suburbanizadas.Y
porque no son
blandas
sombrasde
naturaleza
suburbanizada,
por esotam
poco respetan otros aspectos naturales.El
sentimentalismo para conla
naturaleza
desnaturaliza
todo
lo
quetoca".
(Jacobs:
1973,
467).
Y
es que en elfondo
se está ante una realidad
que privilegiala
apariencia,
lo
sucedáneo,
lo
manipulable.Entre
el sentimientoy
elsentimentalismo,
opta por esteúltimo.
La
autora citada
anteriormente,
ahonda en esteaspecto:
"Hay
toda
una seriede
peligros
en sentimentalizarla
naturaleza.La
ma yoríade
las
ideas
sentimentalesimplican
en elfondo
unafalta de
respeto profunda
einconsciente.
No
es casual que nosotroslos
americanos,
probablementecampeones
del
mundo en estode
sentimentalizar
la
naturaleza,
seamos al mismotiempo,
no menos probablemente, los
mayores,
más voracesy
menos respetuososdestructores
del
idílico
y
salvaje mundo rural".(Jacob:
1973,
465).
Apariencia de
sentimiento quetoca
ala
naturaleza
y
ala
ciudady
las
desposee
de
susatributos,
desposee
de
estostambién
a suhabitante,
lo
deshabita,
dejándolo
en
la
tierra
y
enla
moradade
nadie,
sinla
tierra
y
sin elcielo,
sinlos
mortalesy
sinlos dioses.
Ocurre
eldesarraigo:
"No
puede sorprender elhecho
de
que,
enla
búsqueda
del
progreso material,
secalifiquede
primitiva' agran
par-te
de
la
cultura, tradicional y,
por
lo
tan
to,
sela
rechace.Por ejemplo,
los
santuarios
donde
se acumulanlos fetiches
ta
llados,
que a veces exhiben unafuerza y
unabelleza
sorprendentes,
ya notienen
fieles;
y
mientras eltemplo
sedeteriora y
arruina,
las
ofrendas son robadas o vendidas.
Las
antiguastradiciones
sufrenla
misma suerte que sussímbolos,
y
elresultado es un estado general
de desa
rraigo
histórico.
El
poderde
atracciónde las
ciudades
entodo
el
mundo esla fuerza
queimpulsa
este procesode
desarraigo.
La
gente abandona el
campo,
donde for
maba parte
de
una antiguapauta,
enun medio
conocido,
y
se vuelca enlos
centros
urbanos,
donde
prevalece unavida amorfa
y
sinantecedentes.
A
me nudo esdifícil
advertir ninguna ventajaque compense
lo
que seperdió".
(Daifuku:
1971,
197).
Ocurre
así undespoblamiento
del
entornocultural
de
susbienes
auténticos,
los
queden
sifican
y
fisonomizan
elimpulso
aseensionalde la
especie,
resguardanlas
huellas digita
les del
pasadoy los
traspasan
como cartade
navegar a
las
generacionesdel futuro.
En
su
lugar
seha
operado
una gestiónde
re cubrimiento con materialesdeleznables
querealizan una suerte
de
cobertura queimper
meabiliza
sensibilidad,
sentimientoy
raciocinio,
obstruyendola
simbiosisdialógica
hom
bre-naturaleza
que esla
cultura:"Aprovechando
la
deficiencia
del
estímulo visual
legítimo,
en muchospaíses
del
mundolos
empresarioshan
introducido
variacionesambientales,
mediante
la
construcciónde
hoteles,
bares,
clubesnocturnos,
etc.,
que reú nenfalsos
elementos exóticos con absurdas combinaciones
de
objetosfrau
dulentos,
copiadosde
los
temas
de
unadocena de
culturasdiferentes y
de
otros
tantos
períodos.Al
intensificar
la
exacerbación
de
los
estímulos nerviosos recurriendo a anuncios ubicuos
y
chillones,
estos sustitutosde la
auténtica variedad no
hacen
más que agravarla
alienación respectodel
medio,
quees
la
característicadel
hombre
moderno".
(Daifuku:
1973,
195).
El
rechazo acríticodel
pasado va adelgazando
la
capade humus histórico-cultural y
la
carenciade
espacioy
tiempo
hondo
deter
mina
la
presenciade
una exuberancia cadavez más
efímera.
Así,
el planeta se va quedando sintradición
y
con ello sin espacioy
sintiempo acendrado,
depurado;
con más saberesy
con menos sabiduría;
sinla
providenciatutelar
de
los
ancestrosy
sus encarnaciones:"La
razahumana
está amenazada porla
pérdida progresivade
los
artefactosque recapitulan su
historia
multifacéti-cay
representanlas
realizacionesde
susecular evolución
cultural,
de
todo
lo
que confiere una
bienhechora
diversi
dad
ala
escena cotidianay
al mismotiempo
de lo
queda
un sentidode la
La
carencia
d,e
espacio
y
tiempo
hondo
determina
la
presencia
de
una exuberancia,
cada,vez
más.efí
mera.
continuidad
y
las
dimensiones
de
la
experiencia
humana".
(Daifuku:
1973,
198).
Pareciera
quela
diversidad
va cayendoasfixiada por una
fuerza
estandarizadora
que vadesde
artefactos,
vestuarios,
automóviles,
electrodomésticos,
hasta
espacios urbanosy
paisajes ruralesordenados
bajo
la
impronta
de
la homogeneidad
que prolifera aexpensas
de
un pasado que sedesfisonomiza,
de
unpresente que se autodevora
y
niega a respon"Así,
la humanidad
se encuentrahoy
ante undilema
espantosoy las bases
de
estedilema
sonlas
siguientes.En
primerlugar
hay
una situaciónde he
cho:la
poblacióndel
globo,
quedes
puésde haber
quedado casi estacionariadurante
milenios,
aumentade
forma
aceleraday
sobrepasa yalos
tres
mil millones.De
esta situaciónde
hecho
resultandos
necesidades aparentemente contradictorias eirreconciliables
:la
primera,
es quela
humanidad deberá
cada
vez más recurrir ala
técnica
para sobreviviry
que,
porconsiguiente,
fre
nar oimpedir
el progresotecnológico
llega
a ser un crimen contrala huma
nidad.De
otraparte,
con relación ala
biosfera y
al equilibrioecológico
que ellasupone,
la
humanidad
sedesarrolla
de
manera anárquicay
la
técnica
está ya rompiendoirrevocablemente
el equilibrio
biológico.
La
técnica,
tal
comola
conocemos,
envenena el globote
rrestrey
en un plazo geológicamenteSe
hace
necesario
un
examen
de
una
parte
de los
valores
que
han
regido nuestro, comportamiento.
ético
y
estético.
muy
breve
hará éste
impropio
parala
vida.Sería,
pues,
imperativo
frenar
el progresotecnológico.
La
técnica
es,
pues,
al mismotiempo,
elúnico
medio para quela humanidad
escape alham
bre;
estambién
el agentede desinte
gración más poderoso.Es
en estostér
minos que se plantea el
problema".
(Valcke;
1976,
251,
252).
'^Estamos
obligados adar
oportunidad ala
humanidad
para quetenga
eltiempo
de
descubrir
su verdadera razónde
ser",
dice
Louis
Valcke.
Para
ello es necesario cultivar una perspectiva nueva que resitúe al
hombre,
quelo
instale
en otrocontexto,
que redimensione suautoestimativa.
La
perspectiva
actualha
sidoironizada
en el siguientetexto:
"Este
mediofue
creado por elhom
bre
que cree que el cosmos es una pirámide erigida para alojar en su cúspide al
hombre,
quela
realidad existeúnicamente
porque elhombre
puedepercibirla,
queDios
estáhecho
aima
gendel
hombre,
y
queel
mundo no es más queundiálogo
entrelos hombres".
(Me
Harg:
1973,
216).
Paradójicamente
esta perspectiva estructurada
desde
elhombre y
sólo para elhom
bre
ha
resultado problemática para su autor:"La
críticafundamental
queformu
lamos
a este modelo no apunta a su ca rácter parcial(
aspecto admitidoaún porsus más
firmes
defensores),
sino alhe
chode
quelos
rasgos excluidos se cuentan entrelos
másimportantes
valores humanos y
sontambién
condicio nesde la
supervivencia"
(Me Harg:
1973,
217).
No
es aventurado pensar entonces que enalgún punto
de
la
trayectoria
de
la
especiehubo
alguna omisión o unadesviación
oinversión
de
valores.
De
ahí que no parecefaltarle
razón aHiroshi Daifuku
cuando señala:
"Por
doquier y
entodos
los
terrenos
^-biológico,
físico,
histórico y
cultural— nos vemos amenazados por nuestrospropios excesos.
Cada
vez se vuelve más evidentela
pequenezdel
mundo".(Daifuku:
1973,
207).
Hay
la
tentación
de
pensar que sehace
necesario un examende
una partede los
valores quehan
regido nuestro comportamiento,
nuestra actitudética y
también
estética.
A
lo
mejorgravitantemente
estética,
integradoramente
estéticadel
hombre y del
mundo,
en su espesory
su misterio. ...A
una partede
este programade
acción,
de
una nuevaeducación,
alude el siguientepárrafo:
"Esta
educaciónde la
alteridadhu
mana,
queintenta
una recuperacióndel
sentido
del hombre y de
sulibertad,
de
ahora en adelante alienados en elcomplejo
tentacular
del
tecnicismo,
de
berá
realizarse paradójicamente a contrapelo
de
las
corrientes científicasy
filosóficas
quehan
separado alhombre
del
universo,
quele
han
aisladoy
promovido en una soledad
irreal,
sea enmedio
de
los dos
infinitos
pascalianos,
sea en el espacio
flotante
entre el másallá
dej
mundode
los
cuerpos regidopor
las leyes
totalmente
diferentes
de
las
cienciasy
del
más acáde
un mundoespiritual
inaccesible,
sea en eltópico
de
unalibertad
ilimitada desarraigada
del
mundode los
fenómenos".
(Dandenault:
1976,
274).
Pareciera
que estaimagen
del
mundo estuviera
bajo
el
signode la desvinculación
del
hombre
con elmundo,
conlos
otroshombres,
hasta
consigomismo,
conla
inmanencia
y
con
la trascendencia, y
que sehace
urgenteredefinir
derechos y deberes
en relación conel mundo
exterior.
Para
elámbito
de
la
estética
el nuevo signo pareciera serla
vinculación.
Una
cosmovisión estructuradabajo
elsigno
de la
vinculación,
recuperaríaal
hom
bre
unmodo
de
relación con el entorno máscreativo,
presencializador,
dialógíco,
integra-tivo.
Desde
este modode
ser-estar es posiblepensar,
proyectar una realidad renovadade
un arte con vida
y de
una vida con arte.Arte-vida y
vida-arte son perfilesde
una realidad unitaria que están ala
base de
unaestética
del
entorno.
La
perspectivade las
ciencias naturalesnos
brinda
una primera clave para una cosmovisión vinculada
del
universo:"La
evolucióndel
mundo revela unmovimiento
de lo
más casual alo
menos
casual,
de lo
menos estructurado alo
másestructurado,
de la
sencillez ala
diversidad,
de
escasas a numerosasformas
de
vida, en unapalabra,
unmovimiento
hacia
una mayornegen-tropía.
Podemos
observarlo enla
evolución de los
elementos,
los
compuestos
y la
vida".
(Me Harg:
1973,
220).
Aparece
una estructurarelacional,
dotada
de
undinamismo
ascensíonal que en sudes
pliegue
integral
autoriza a calificarlode
creativo.
Pero
esta estructura relacional nose circunscribe a
la
realidaddel
universo natural
sino que esdetectable
enla
variada gama
de las
realizaciones culturales:"Así,
las
ciencias exactashan
evidenciado
casi entodas
partesla
impor
tancia
de la
nociónde
relación,
de
modo que el universo
físico
nos apareceahora,
no ya como una yuxtaposiciónde
partesdiscretas,
sino másbien
comoun conjunto
de
relaciones estructuradas.
"Esta
visión se aplicaigualmente
amuchos otros
campos,
apartedel
uni-Una
cosmovisión
estructurada,
ba
jo
el signo
de la
vinculación,
recu
peraría
al
hombre
un
modo
de
relación
con
el
entorno
más
crea
tivo,
más
presencializador.
verso
físico y las
ciencias que se relacionan con
él.
Una
pintura no essimplemente
un mosaicode
colores
ouna
amalgama
de
formas.
Una
pintura
es sobre
todo
la
armoníade las
formas,
la
armoníade
los
colores.La
armonía,
es
decir,
las
relaciones.La
música esalgo más que una sucesión
de
sonoridades,
esla
armoníade los
sonidos.
La
sociedad —o elEstado—,
no es unasu-perentidad en
la
cual cada unode
nosotros
tendría
supequeño
sitio,
sulas
relacionesde
estosindividuos".
(Valcke:
1976,
255).
No
otra
cosa eslo
que está ala base del
pensamiento estético contemporáneo.
Así,
entre
otros,
Kupareo
pone como constitutivoformal de
suteoría
del
arte untipo
especialde
relación:la
relaciónde
razón estética.(Kupareo:
1964,
23).
Lo
relacional permitela
inserción
de
lo
estético en una
área
amplia quedesborda
con mucho
la
reflexión centrada enla
obrade
arte.Es
lo
que nos autoriza a postularla
posibilidad
de
una estéticadel
entorno,
abierta
ala
totalidad
de los fenómenos.
Gracias
a estedinamismo
relacionalla
realidad va ganando en
complejidad,
diver
sidad;
la
relación simbióticahombre-mundo
vagerminando,
fecundando
''el
entre",
poblándose
de
presenciastrans
empíricas queparten
de lo
real,
concreto,
asible,
pero
lo
desbordan y
reconfiguran.
Así
es comola
nocióndel
espaciofísico
cede ante
la
presenciadel
ámbito,
espacioEl
entorno,
de
físico
y
circunstan
te
pasa
a
ser
psíquico
y
dotado de
una suerte
de
ubicuidad
:
está en el
afuera
porque
está en el adentro.
lúdico,
realidadde
amplitud,
espesory dina
mismo que abrela
realidad ambiente ala
posibilidad
inencuestable
de la
estéticadel
entorno.
Las
bases
están enla
estéticade
la
creatividad:"El
hombre
no viveestáticamente,
pasivamente,
en unespacio;
seinserta
activamente en un
ámbito,
configurándolo
y
tensíonándolo
contodo
eldramatismo de
su existencia.Sólo
conformando
ámbitos y
confiriendo sentidoal entorno puede el
hombre
dar
la
necesaria
ordenación
a su vida.De
día
en
día,
merced atrabajos
clarividentesde
poetas,
psicólogosy
filósofos,
se estáviendo
con claridad creciente que elser
humano
esconstitutivamente
am-bital y
necesitadel
espacio
entorno pa radesplegar
sus posibilidadesinternas.
Por
constituir en sí mismo unámbito,
el
hombre
es un sertenso
ala funda
ción
de
nuevosámbitos
en colaboracióncon otros seres.
Estos
ámbitos
sontanto
más robustos
y
valiosos cuanto más elevados sonlos
seres quelos
constituyen.
La
creaciónde ámbitos de diálogo
es
la
actividad primariay
más altade
los
sereshumanos''.
(López Quintas:
1977,
205-206).
El
hombre
modela el espacio através
de
la
casa,
la
ciudad,
y
"la
casa remodela al hombre"(Bachelard:
1965,
84).
Hay
unarelación
recíproca,
una"respectividad",
diría
Zubiri;
es
lo
queanima,
flexibiliza
el entorno quede físico y
circunstante pasa a ser psíquico
y dotado de
una suertede
ubicuidad:está en el afuera porque está en el adentro.
Detrás
de
esta realidadtransfiguradora
del
entorno estála fuerza y
poderosidadde
lo
lúdico,
"aquello
que permite una relaciónliberal
con eluniverso",
o sea"el
impulso
mediante el cual el
hombre
se convierte enun
hombre"
porque
"jugar
estransformar
tanto
el mundo como el propio ser".(Buy-tendijk:
1976,
118).
En efecto, López Quintas
ve en eljuego
una estructura relacionalinterferente
de
los
acontecimientos
y fenómenos
que vertebranla
vidahumana y desde
esta perspectiva señala
que"'el
juego
se conecta contoda
la
amplia
gamade
realidadesenvolventes
queconstituyen el auténtico entorno
del hom
bre".
(López
Quintas:
1977,
29).
De
este enfoquede la
realidaddel
hombre
y
del
mundoy de
susinterferencias
(en
cuentrosy
desencuentros)
de
diverso
signose
desprende
un modode
presenciade la
realidad como algo
esencialmente
dinamiza-do
por una energía creadora.Es
lo
queconcluyen
los
científicos alinvestigar
los
procesos
evolutivos
del
universoy
eslo
quecada vez se
hace
más evidente alas
cien"El hombre
no sólo puede sino quedebe
ser creador.
La
creatividad... seenraiza
como una necesidad en el carácter esencial
del
hombre
como
tal".
(Nitschke:
1976,
*125).Esto
de
tal
manera es gravitante enla
definición
de
lo
humano
que creatividady
seriedad
y
responsabilidadhan
pasado a serequivalentes.
"La única forma de
seriedadauténtica
esla
que ostentanlos
actoscreadores",
dice Ló
pez
Quintas.
Desde
esta seriedad responsable,
vertebrada porlo lúdico
que entrega elimpulso
para asumir el riesgode lo
otro,
de
lo
extraño,
es posible una estéticadel
entorno que se relaciona creadoramente con
las
realidades
del
medioambiente,
las
reconfi-gurade
acuerdo
alas
evocaciones que estasrealidades
le
despiertan (Kupareo:
1964,
33),
practica elir
y
venirlúdico
que vatejiendo
el
"entre"
de
Heidegger
y
Buber,
y
con ellova espesando el
humus
ambitaldonde
abriráel
futuro
"humanismo
abierto" que avanza
al
encuentrode los
otros,
de lo
otroy de lo
Otro.
Esta
actitudlúdica
es una actitud poéticay
comotal,
auténticadefinidora
de
la liber
tad
humana
en cuanto es"creadora de
unsentido".
(Durand:
1971,
44).
De
lo dicho
sedesprende
que una estéticadel
entorno quetransfigura
el medio objetivamente,
interfiriendo,
creadora,
en el espacio urbano o enel
paisaje natural o subjetivamente,
internándolo
en suintimidad,
ambitalizándolo,
es una estéticadialógica.
López
Quintas
acotalo dialógico
con estos
términos;
"El
hombre
sencillo-dialógico aceptay
acogelos
valores expresivosdel
entorno
y de
la
tradición, y
seinmerge
en ellos por vía
de
participación creadora,
respondiendo activamente a su apelación(Adviértase
que,
sin pretenderlo,
nuestro análisis se está moviendo sobrela base del
esquema"apelación-respuesta",
másflexible
que el esquema "actividad-pasividad")
.El
hombre dialógico
eshombre
de
colaboración,
entrañado enlos
orígenesy
enla
circunstancia;
hombre
"origina
rio"(A.
Gaudí),
no meramente"origi
nal",
es
decir,
afanosode
lo
nuevoen
cuanto
nuevo,
lo
nuevo sinenobilMate,
sin
la
noblezadel
arraigo.El hombre
dialógico
adopta antela
realidad entorno una actitud activQ-receptiva que
lo
lleva
a vincular—enaparenteparadoja-la fidelidad
alos
valoresde la
tradición
y la
propulsión creadorahacia
elfutu
ro.
El hombre dialógico
se opone porigual
ala
actitud
coactiva,
quedicta
leyes
con unilateralidadmonológica,
y
a
la
actitud pasiva que recibeimpresio
nes a modo
de
placa carentede
inicia
tiva".
(López Quintas:
1977,
46).
Dialógicas
sonlas
arquitecturas que configuran
interiores
queamparan,
reconfortan, templan,
fecundan y
que están abiertasy
respetuosas,
comprometidas con elexterior,
generadoras
de
unir
y
venir mutuamenteenriquecedor.
Así
las
casas, pueblos,
las
ciudades
quehan
ido
depurando
suentramado,
dirigidos
porla
lenta
urgenciade la
necesi-Una
estética
del
entorno está
dina-mizada
por
una
actitud
de
colabo
ración
que
capilariza
los
diversos
estadios
del
ser
en aras
de
una su
peración.
dad
madura.
No
así
las
urbanizaciones planeadas
desde
escritorios
quehan
prescindidodel
interlocutor tierra-paisaje-hombre-historia.
En
un casohay
undiálogo
lúdico,
lúcido.
En
el otro casohay
monólogocosificante.
(Cfr. Burchard:
1970,
209).
Una
estéticadel
entorno es unaestética
dinamizada desde
unaactitud
de
colaboración,
de
cooperación quecapilariza
los di
versos
estadios
del
ser en arasde
una superación.
Uña
línea de
coherencia noslleva
a'Xa-brar
un puesto alos 'valores
no-humanos'la
expansióndel
hombre"
y
a"reinyectar la
noción
de
bien
enla
nociónde
valor".
Ecología,
ética
y
estética sedan la
mano para posibilitar una actitudde
colaboracióndel hombre
conel
mundo,
impulsada
desde
el
amor,
elrespeto,
la
responsabilidad.
Desde
aquíes
posibleimaginar
un ordendiferente de
relaciones quellega hasta
señalar: "no
hay
derecho
natural para exterminaruna
forma
de vida;
nadie está autorizado aprofanar
la tierra,
elaire,
elagua,
el espacio".
"El
hombre
esmás
naturalezade lo
quequiere
creer,
la
naturaleza esmás
humana
de lo
que queremos admitir. . .","la
prudencia política no es
la
sabiduría,
no esel
másalto
saber.
La
humildad le
acompañay
le
impregna.
La
concienciahumana debe
someterse al orden
de
las
cosas,
debe
restringir sus
deseos y
ajustarlos
alcosmos".
(Dan-denaul:
1976,
270-281-282).
San Francisco
de
Asís,
en el sigloXIII,
había
inaugurado
ya estalínea de
comportamiento en su
"Himno
al
hermano
sol".Estas
y
otras
reflexionesde
filosofía
moral seEcología,
ética
y
estética se
dan
la
mano
para
posibilitar
la
recupera
ción
de
la
presencia
del hombre
y
del
mundo.
complementan en
las
siguientespalabras
de
Jouvenel,
quetienen
la
virtudde
ponerde
relieve el valorde lo
estético enla
realidad
concreta
de la
vida:"Puede
lograrse,
mantenersey
elevarse
la
calidadde
nuestromedio,
única
mente si cada
individuo
cobra conciencia
de
quela
conducta que perjudica aese medio constituye una
forma de
in
decencia.
Podemos
y debemos
adoptar medidaspúblicas para controlar
todas
las
formas
de
contaminación
que estándeterioran
do
nuestromedio,
y
para promoverla
creación
de
ciudades
armoniosas;
perono
obtendremos
resultadosmuy
nota^■bles,
sidesde las
primerísimas etapasla
educación
no nosinculca
una actitud
de
reverencia antela
generosidadde
la
tierra,
de
la
cualdependemos,
ni
de
consideración porla belleza
comoúnica
realización perdurabledel
Hom
bre".
(Jouvenel:
1971, 113).
fundamental
parala
estéticadel
entornoes una operación
de
recuperaciónde la
presencia
del
hombre y del
mundo.La
presenciadel
mundo se resiente porla
exuberanciade
seudopresencias que se
traducen
en saturación a nivel
de
epidermis,
de
sobrepoblaciónde
sonidos,
colores,
olores,
roces,
formas y
ritmos a
los
queles
falta
el circuito matrizdel
sentido quelos
ordeney
jerarquice.
La
creatividad seha
dirigido
ala
sola productividad,
sustituyendo cantidad por calidad,
amplitud por espesor.La
estética
del
entornotrabaja
enla
tarea
de
presencializacióndel
macroy
microcosmos;
de
respetoy
amor alo
mínimo,
abriendo los
sentidos a susentido,
a su pulsacióny
ritmo;
y de
asombroy
adhesión alo
grandioso,
abriéndole su espírituy
saliendo al encuentrode
sumaravilla.
La inmediatez
quehace
inminente
el
misterio
y lo
constelaciona en el contextode la
totalidad
para que se arboricey
despliegue
en
distancia
que
modulaperspectivas,
hace
del
entorno
una realidadpatente,
compleja,
capilarmente
integrada
en susdiversas
estructuras
y
niveles.
La
estéticadel
entorno siente alhombre
como ser
"del
distanciamiento",
"lo
quele
per mite alejarsede los
tropismos
y
asumir el riesgo
de
sulibertad de
crear entornoy
através
de
él
crearse.En
estatarea
siente eltironeo
"de la
realidad enhacia",
que esllevada
alo
que"puede
sef
otracosa,
pero puede sertambién
la
cosa mismapresente,
perohacia
adentro
de
símisma"
(Zubiri:
1981,
184).
Por
este camino percibe que"cada
cosapor ser
real
está
desde
sí misma abierta aotras
cosas
reales..."
(Zubiri:
1981,
198)
y
lo
invisible,
lo
material conlo
transmaterial
en una
línea
de
resemantización que enhebra
lo
sacramentaly lo
simbólico como elementos nucleares
de
una nueva visióndel
mundo que reivindica su misterioy densidad.
Así
es como una estéticadel
entornotra
baja
el conocimiento presencializadordel
mundo:
"La
alternativa que sepresenta
ala
forma de
observar manoseantey deformada
no es
la
observacióny
reflexiónpasivas,
neutrales,
sino el conocer que estádotando
de
una
forma
alo
(Logstrup:
1976,
310).
En
esteproceso,
la
sensibilidad participacomo
"lugar
vivientede
instauración de
un campode
y la
imaginación
"es
una capacidad creadorade ámbitos
atra
vés
del
elemento mediacionalde
las
imáge
nes",
imagen
que a su vez sedefine
como"lugar
de
presencializacíónde
realidadesexpresivas''
(López Quintas:
1979, 159,
197,
225).
Al
compásdel
ir
y
venirdel diálogo hom
bre-mundo
se vatejiendo
una experienciaestética
de
la
realidad queambitaliza
lo hu
mano en el mundoy lo
cósmico en elhom
bre,
textura
viva mediacionaldesde
la
cualel
transconsciente
de la
especiebusca
asumiry
superarla
red mediatizadorade
unatecno
logía
autonomizada.
(Peccei:
1977, 33,
38).
La
pugna entre estasdos
actitudeshuma
nas,
la
estéticay la
otra,
la
precisaLogs
trup:""La
actividad,
que constituye unagran
parte
de
nuestravida,
exigela
acentuación
de
ciertosintereses
y
estimula
la
partede
nuestrotalento
y de
nuestra
habilidad
quefavorecen
atales
intereses.
En
la
experienciaestética,
por el
contrario,
nuestra sensibilidad sehalla
repartidade forma muy diversa y
variada;
no estamosligados
a un objetivo
único
y,
portanto,
no necesitamosactivar ninguna
disposición
especial para su consecución.
Para
poder regresarde la
experiencia estética a nuestraocupación
normal,
debemos
encauzarde
nuevo nuestrossentimientos,
quecorrían antes en
libertad,
colocarlospor
entero
dentro
del
umbralde
lo
consciente.
La
comprensión quehemos
logrado
gracias ala
amplitudy libera
lidad
de
la
experienciaestética,
debe
ser
igualmente
reducida,
para poderse acomodar a nuestra actividad cotidiana".
(Logstrup:
1976,
295).
Esta
amplitudy liberalidad
van al encuentro
de
la
riquezainencuestable
de lo
real ensu
reverso,
en su alteridad comoinmediatez
y
comodistancia,
comoinminencia
y
comoperspectiva,
en una suertede
aprehensiónolográfica abierta enespiral a
la
intimidad
de
lo
profundoy
ala
fluidez
de
lo
transempírico.
Desde
aquí es posible que sejunten,
"per
cepción
y
representación paradar
origen auna que conduzca al encuentro con
el entorno urbano
y
natural
jalonado
porlas
diversas
instancias
de
unaproxemia
vertebrada
por el vínculo metabolizadorde
la
familiaridad
(cf.
Bailly:
1979, 110-115;
Eco:
1972, 380, 381;
Dorfles:
1972,
19).
Se
trata
de la
experiencia entrañaday dis
tendida,
comprometiday
gratificante queAl
compás
del
diálogo
hombre
-mundo
se
teje
la
experiencia
esté
tica
que
ambitalizalo
humano
en
el mundo
y
lo
cósmico
en
el
hom
bre.
crea
y
pueblade
auténticos
valores el entorno
urbano,
en susingularidad
y
en sutejido
común urbanístico
y
arquitectónico,
en
sus
rincones
y
en suspanorámicas,
en su colorido y
en su atmósferay
que,
por otraparte,
vivenciala
belleza
natural como"la
huella
que