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Vegetación y flora de la Sierra de Cazorla

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Academic year: 2021

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Vegetación y flora de la Sierra de Cazorla

Francisco Gómez Mercado

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Vegetal de la Universidad de Granada bajo la dirección de Francisco Valle Tendero. Fue defendida el 5 de junio de 1989. En los siguientes años publiqué algunas novedades florísticas y fitosociológicas, pero la publicación de la obra completa se pospuso, tanto por la dificultad de editar un mapa de gran formato con una memoria tan extensa, como por las distintas prioridades de la vida, hasta que llegó a parecer improcedente. Siempre me pareció una lástima que un trabajo realizado con tanta ilusión quedara en el olvido, pero el momento había pasado. Muchos años después, comentando esto en una tertulia de sobremesa con Javier Loidi, coincidió conmigo en que valía la pena publicar estas viejas tesis que suelen encerrar mucha información, pero son difícilmente consultables, y me animó a emprender la tarea, brindándome la posibilidad de hacerlo en Guineana. Al calor de la situación asumí el compromiso y llegado el momento recibí su mensaje recordándomelo. Había pues que emprender la tarea. Aunque no he hecho nuevas prospecciones de campo, sí he revisado la sintaxonomía y el catálogo florístico, así como la cartografía, utilizando ortoimágenes de satélite recientes y digitalizando el mapa. Aquí está el resultado.

A Isabel, que ya me acompañó en las tareas de campo y aún me sigue tolerando. Almería, 7 de junio de 2011

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17: 1-481.

Departamento de Biología Vegetal y Ecología. Universidad de Almería. E-04120-La Cañada (Almería). E-mail: [email protected]

El área de trabajo que hemos denominado Sierra de Cazorla es un territorio de 47.130 ha situado al sur del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, en la provincia de Jaén. Incluye fundamentalmente los macizos conocidos como Sierra de Cazorla y Sierra del Pozo, así como la Sierra de la Cabrilla, Sierra de las Empanadas y la vertiente occidental de la Sierra de Castril. El rango altitudinal se sitúa entre 590 y 2106 m.

Como introducción se hace una descripción de los factores del medio físico (geografía, geología, edafología, bioclimatología y factores antropozoógenos) como base para establecer la dinámica vegetal. El bioclima es mediterráneo pluvioestacional oceánico, se han reconocido tres termotipos (meso, supra y oromediterráneo) y tres ombrotipos (seco, subhúmedo y húmedo). La mayor parte del territorio pertenece al subsector Cazorlense (sector Subbético de la provincia Bética), pero también se han incluido pequeñas zonas marginales del sector Hispalense y Guadiciano-Bacense.

Se estudia la vegetación desde un punto de vista fitosociológico, estableciendo el catálogo sintaxonómico en 86 asociaciones o comunidades vegetales pertenecientes a 30 clases fitosociológicas. De ellas se describen tres nuevas asociaciones y una subasociación. Se describen 10 series y subseries (faciaciones) de vegetación que se delimitan cartográficamente, además se describe la geoserie riparia no representada en la cartografía. El ámbito de cada una de estas series se compartimenta en unidades fisionómicas o estados de degradación, para establecer el mapa de vegetación actual, que presenta 253 polígonos agrupados en 46 unidades de vegetación. Para cada una se comenta su localización, factores ambientales que la determinan, fisionomía y composición florística, sinfitosociología y su dinámica y significado ecológico.

Por último se aborda el catálogo florístico que tiene 1.815 entradas, de las que 115 son familias. Así pues se comentan 1.700 especies o subespecies, de las que otras 110 son exclusiones, quedando por tanto el catálogo de especies o subespecies en 1.590 táxones. Para cada taxon se aporta además del nombre correcto y las sinonimias más importantes, una estimación sobre su abundancia relativa en la zona, comportamiento ecológico y encuadre fitosociológico. Por último se aporta la referencia de los pliegos herborizados.

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Guineana17: 1-481.

Department of Plant Biology and Ecology. University of Almería. E-04120-La Cañada (Almería, Spain) E-mail: [email protected]

Our study area, the Sierra de Cazorla, is a territory of 47,130 ha located in the southern part of the Natural Park of the Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, in the province of Jaén. Basically the area comprises the mountain ranges of Sierra de Cazorla, Sierra del Pozo, Sierra de la Cabrilla, Sierra de las Empanadas and the western flank of the Sierra del Castril. The altitudinal range goes from 590 to 2,106 m.

In order to describe the vegetation dynamics we deal first with the physical profile of the environment, i.e. the geography, geology, pedology, and bioclimatology, together with the anthropic factors. The bioclimate is mediterranean, pluvioseasonal and oceanic. Three thermotypes (meso-, supra-and oromediterranean) supra-and three ombrotypes (dry, subhumid supra-and humid) have been identified. Most of the territory belongs to the Cazorlensean Subsector (in the Subbetic Sector of the Betic Province), but it also includes small borderline zones of the Hispalensean Sector and Guadician-Bacensean Sector.

The vegetation is studied from a phytosociological point of view. The syntaxonomical catalogue comprises 86 plant associations or communities belonging to 30 phytosociological classes, of which three new associations and one new subassociation are described for the first time. We also describe and depict 10 vegetation series and subseries (faciations) cartographically. The riparian geoseries, not represented on the maps, are also described. To plot the current vegetation map, which presents 253 polygons grouped into 46 types of legend, the area covered by each of these series is arranged into units, i.e. physiognomical degradation states. We provide the location, defining environmental factors, physiognomy, floristic composition, symphytosociology and ecological dynamics and significance of each of these units.

Finally, we focus on the floristic catalogue, which has 1,815 items, 115 of them corresponding to families. We comment on 1,700 species or subspecies, of which another 110 are exclusions. Consequently, the number of taxa in the species catalogue reaches 1,590. For each taxon we provide not only the correct name and main synonyms, but also an estimate of its relative abundance in the area, environmental behaviour and phytosociological position (with the reference of the herbarium sheets).

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2.1. Geografía ...13 2.1.1. Situación y límites ...13 2.1.2. Topografía y relieve ...14 2.2. Geología...16 2.3. Edafología ...19 2.4. Factores antropozoógenos...24 2.5. Bioclimatología...28 2.6. Biogeografía...36 3. FITOSOCIOLOGÍA ...39 3.1. Esquema sintaxonómico ...40

3.2. Descripción de las comunidades...51

Isoeto-Nanojuncetea...51

Phragmito-Magnocaricetea...51

Adiantetea...59

Asplenietea trichomanis...61

Parietarietea...66

Petrocoptido pyrenaicae-Sarcocapnetea enneaphyllae...66

Phagnalo-Rumicetea indurati...68 Thlaspietea rotundifolii...72 Artemisietea vulgaris...75 Pegano-Salsoletea...78 Polygono-Poetea annuae...81 Stellarietea mediae...82 Galio-Urticetea...96

Cardamino hirsutae-Geranietea purpurei...99

Trifolio-Geranietea...101

Tuberarietea guttatae...104

Festuco-Brometea...108

Festuco hystricis-Ononidetea striatae...109

Lygeo-Stipetea...113

Stipo giganteae-Agrostietea castellanae...119

Molinio-Arrhenatheretea...122 Nardetea strictae...134 Rosmarinetea officinalis...136 Cytisetea scopario-striati...148 Rhamno-Prunetea...149 Nerio-Tamaricetea...155

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Querco-Fagetea...176

4. SERIES DE VEGETACIÓN ...182

Serie oromediterránea bética basófila de la sabina rastrera (Juniperus sabina): Junipero sabinae-Pineto mauretanicae S...183

Serie edafoxerófila supramediterránea bética del pino salgareño (Pinus nigra subsp. clusiana): Junipero phoeniceae-Pineto mauretanicae S...184

Serie supramediterránea bética basófila de la encina (Quercus rotundifolia): Berberido hispanicae-Querceto rotundifoliae S. ...185

Serie supra-mesomediterránea bética basófila subhúmeda-húmeda del quejigo (Quercus faginea): Daphno latifoliae-Acereto granatensis S. ...187

Faciación típica supramediterránea ...188

Faciación mesomediterránea con Pistacia terebinthus...189

Serie mesomediterránea bética y araceno-pacense basófila de la encina (Quercus rotundifolia): Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae S. ...190

Faciación típica ...191

Faciación termófila bética con Pistacia lentiscus...192

Faciación termófila subhúmeda-húmeda con Arbutus unedo...192

Faciación subhúmeda con Quercus faginea...193

Serie mesomediterránea guadiciano-bacense, valenciano-tarraconense y aragonesa semiárida de la coscoja (Quercus coccifera): Rhamno lycioidis-Querceto cocciferae S.). Faciación guadiciano-bacense con Ephedra fragilis...193

Geoserie riparia basófila subbética...195

5. VEGETACIÓN ACTUAL ...197

6. FLORA...241

6.1. Catálogo florístico ...242

6.2. Especies eliminadas del catálogo cazorlense ...425

7. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS...439

Índice florístico ...457

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1. INTRODUCCIÓN

La Sierra de Cazorla, con su incomparable valor y riqueza botánica, ha sido un foco de atención y visita obligada para innumerables científicos a lo largo de la historia, como resultado de lo cual se han publicado gran cantidad de artículos y libros, en su mayoría dispersos en revistas y bibliotecas especializadas. A pesar de ello, aún quedan, afortunadamente, muchas cosas por conocer e investigar, tanto en lo referente a su catálogo florístico como en lo que atañe a la fitosociología y dinámica vegetal. Basten como prueba las descripciones de nuevos táxones y sintáxones que se siguen publicando o las continuas adiciones a su catálogo florístico.

La declaración de la zona como Parque Natural en 1986 relanzó aún más su actualidad e interés, no sólo en los aspectos divulgativos y turísticos, sino también en los científicos, pues esta figura de conservación pretende preservar los valores naturales en armonía con el desarrollo socio-económico y para ello se hace indispensable disponer de estudios que sirvan como base para posibles medidas restauradoras o conservacionistas.

La necesidad de revisar y actualizar toda esta información, junto con la pretensión de ofrecer una cartografía de vegetación justificada y bien informada, que pueda utilizarse para posteriores estudios de ordenación y evaluación del te-rritorio o simplemente como un hito de referencia para el seguimiento de la diná-mica vegetal en una zona protegida, nos han animado a emprender este estudio.

Con la presente memoria pretendemos cubrir los siguientes objetivos: 1. Hacer un estudio y una recopilación de datos de los distintos factores del medio físico (ubicación geográfica y corológica, geología, edafología, bioclimatología y antropozoogénesis) como base para establecer la dinámica vegetal.

2. Analizar la vegetación existente en la Sierra de Cazorla desde un punto de vista fitosociológico, describiendo todas las comunidades vegetales detectadas y aportando datos ecológicos y dinámicos, así como tablas de inventarios.

3. Determinar las series de vegetación existentes en la zona, delimitando su área a escala 1:50.000 y los factores ecológicos que las condicionan, describiendo la dinámica intrínseca a cada una de ellas.

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útiles a la hora de emprender medidas de ordenación o evaluación biológica de un territorio.

5. Aportar el mapa de vegetación actual a escala 1:50.000 de la Sierra de Cazorla, describiendo exhaustivamente cada una de las unidades delimitadas.

6. Revisar y actualizar el catálogo florístico en base a la recopilación de las citas publicadas hasta el momento, así como a nuestras herborizaciones, describiendo la ecología y abundancia relativa de cada uno de los táxones.

El interés de los botánicos por la Sierra de Cazorla se ha manifestado desde antiguo y sería prolijo relatar todos los autores que han visitado o al menos publicado datos sobre ella, pero intentaremos hacer una breve síntesis de los antecedentes más relevantes:

Uno de los primeros visitantes de los que tenemos referencias fue Antonio Blanco, cuyas herborizaciones serían publicadas por los británicos Webb & Heldreich (1850). Hacia 1851 visitó estas sierras el recolector Bourgeau, que proporcionó un importante material a Cosson (1849-1852), brindándole la oportunidad de describir numerosos táxones (Anthylllis rupestris, Scorzonera albicans). También hay que resaltar la obra de Laguna (1883-1890) que suministra importantes datos forestales de estas sierras. En 1890, Huter, Porta y Rigo herborizaron en la Sierra de Alcaraz, pero la Sierra de Cazorla permaneció prácticamente virgen hasta los albores del siglo XX (1901 y 1902), en que se produjeron las herborizaciones de Gandoger en diversas sierras de la provincia, publicadas en 1902 y 1904, describiendo algunas especies entre las que destaca

Viola cazorlensis. Por esta época, desde 1898 a 1905, Reverchon exploró las montañas que se extienden desde La Sagra a Quesada, aportando un valioso material que sirvió a Hervier (1905, 1906 y 1907), junto con Debeaux y Degen para describir varias especies como Helianthemum viscarioides, Pyrethrum debeauxii, Ranunculus malessanus, Linaria cuartanensis, Veronica sibthor-pioides y Verbascum hervieri; algunas le fueron dedicadas, por lo que abunda entre los endemismos cazorlenses el epíteto “reverchonii”. Este es el caso de

Cytisus reverchonii, Scilla reverchonii, Ptilotrichum (Hormathophylla) rever-chonii, Scorzonera reverchoniio Solenanthus reverchonii. Fue probablemente la primera herborización intensiva de estas sierras, a pesar de lo cual, el recolector francés cometió graves errores topográficos, que posteriormente trató de enmendar Lacaita (1929). Alguno de ellos incluso quedó plasmado en epítetos de especies, como su “Sierra de la Malessa” que dio nombre al Ranunculus malessanuso la Sierra del Cuarto, que se plasmó en Linaria cuartanensis. Otra

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obra interesante realizada en estos años es la de Mackay (1917), que atañe a temas forestales. Con posterioridad Font Quer (1932) también hace referencia a estas sierras.

Ya entre los botánicos contemporáneos hay que destacar al británico Heywood, que explora intensamente la zona durante los años 50. Publica varios trabajos (1952, 1954a y b, 1961), describiendo nuevas especies, varias de las cuales han engrosado la lista de endemismos cazorlenses o subbéticos, como

Erodium cazorlanum, Geranium cazorlense, Erysimum cazorlense oAquilegia cazorlensis. A algunos hoy se les conoce un área más amplia (Fumana paradoxa) o han sido sinonimizados (Astragalus giennensis, Alyssum fastigiatum). El grueso de sus herborizaciones apareció en el Catálogo de las Plantas de la Provincia de Jaén (mitad oriental), publicado por Galiano & Heywood (1960), obra que contiene lo que podemos considerar como la primera aproximación al catálogo cazorlense.

Posteriormente, y siguiendo en lo tocante al catálogo florístico, se publica una exhaustiva revisión bibliográfica y de herbarios por Fernández López (1983), recopilando todas las citas publicadas hasta la fecha sobre la provincia de Jaén, obra que sirvió como primera base para abordar nuestro catálogo. Otros autores y obras que han contribuido en este aspecto son: Blanca & Valle (1981), Blanca et al. (1986), Charpin & Fernández Casas (1975, 1978), Fernández Casas (1974, 1975, 1977, 1978, 1982, 1985), Hernández Cardona (1981, 1982, 1983), Luque & Nieto (1987), Martínez Parras & Peinado (1982), Küpfer (1978), Pajarón (1979), Rivas Martínez (1970), Ruiz de la Torre & Ruiz del Castillo (1974), Soriano (1983a y b, 1984a y b, 1987) Soriano & Cebolla (1981), Soriano & González Rebollar (1974), Soriano & Muñoz Garmendia (1976), Valle & Blanca (1981), Valle et al. (1989), Díaz de la Guardia & Blanca (2004), Díaz de la Guardia et al. (1991), Nieto Feliner (2001), Ríos et al. (1995), Salazar et al. (2008), etc. Mención especial merecen las revisiones de Flora Ibérica (Castroviejo et al. 1987-2010) y Flora de Andalucía Oriental (Blanca et al. 2009). En lo que respecta a la vegetación (fitosociología y sinfitosociología) se han publicado numerosos trabajos que tocan de manera puntual estas sierras, pero un estudio amplio e integrado se aborda por primera vez con esta memoria. Entre las obras que aportan datos de sociología vegetal para Cazorla tenemos que citar a Rivas Goday (1954) que visitó el Puerto de Tíscar, en relación con sus estudios sobre Potentilletalia caulescentis. Algunos años después Rivas Martínez (1964) publica sus asociaciones Paeonio-Quercetum rotundifoliae, Daphno-Aceretum granatensisy Daphno-Pinetum sylvestris, gran parte de cuyos inventarios fueron

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tomados en la Sierra de Cazorla y Segura. Poco después, Rivas Goday (1968) incide de nuevo sobre los pinares cazorlenses, publicando inventarios de la Sierra del Pozo y describiendo su subasociación pinetosum clusianae. Rivas Goday & Rivas Martínez (1968), en la revisión de la clase Ononido-Rosmarineteatambién se ocupan de la zona, describiendo, entre otras, la asociación Saturejo-Echinos-partetum boissieri. Fernández Casas (1972) estudia las comunidades rupícolas del macizo describiendo la asociación Moehringietum intricatae y Díaz et al. (1982) en su estudio sobre la clase Adianteteapublican inventarios de estas sie-rras, en su tabla de la asociación Eucladio-Pinguiculetum vallisneriifoliae. Por úl-timo citaremos a Martínez Parras & Peinado (1987) que describen las asociacio-nes Scorzonero-Pterocephaletum spathulatae y Seselio-Festucetum hystricis, Rivas Martínez (1987) que publica el tipo de Berberido-Quercetum rotundifoliae

procedente del Puerto de las Palomas, Alcaraz et al. (1988) que tratan las comuni-dades nitrófilas de Helichryso-Santolinetalia, Valle (1985) que habla sobre las series de vegetación de la zona y Valle et al. (1986, 1987, 1989 a y b) que descri-ben avellanares, vegetación nitrófila, pinares supramediterráneos y romerales res-pectivamente. Por nuestra parte, en Gómez Mercado & Valle (1990, 1991, 1992a y b) y Gómez Mercado et al. (1993) describimos varias asociaciones de la zona. Como obras genéricas sobre fitosociología clásica que han servido de consulta para este trabajo, aunque no traten específicamente la Sierra de Cazorla hemos de citar a Alcaraz (1984), Bolòs (1954, 1962, 1967, 1975), Braun-Blanquet (1967, 1979), Izco (1974, 1975, 1977, 1984), López González (1976, 1978), etc. Entre las numerosas obras de Rivas Martínez junto a diversos colaboradores, destacamos Rivas Martínez et al. (2001 y 2002).

En cuanto a cartografía de vegetación hay que comentar como antecedentes el Mapa de vegetación de la provincia de Jaén (mitad oriental), publicado por Galiano (1960), así como otras obras de ámbito genérico que incluyen nuestra zona, como el Mapa forestal de España de Ceballos (1966) y el de Series de vegetación de la Península Ibérica de Rivas Martínez (1987), ambos a escala 1:400.000. No podemos dejar de citar otros trabajos que aunque no atañen a estos lugares nos han servido de antecedentes y en su día fueron novedosos en esta materia, entre ellos destacamos el Mapa de vegetación de Sierra Nevada (Espinosa 1976), el de Series de vegetación de la provincia de Madrid (Rivas Martínez 1982) y el de Series de vegetación de Sierra Nevada (Valle 1985). Más recientemente se ha publicado el Mapa de series de vegetación de Andalucía, obra de consulta que incluye nuestra zona (Valle et al. 2003). En cuanto a mapas de vegetación actual podemos citar el de la Sierra de Baza (Gómez Mercado & Valle 1988) que fue pionero en esta técnica.

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2. EL MEDIO FÍSICO 2.1. Geografía

2.1.1. Situación y límites

No es fácil delimitar y acotar un territorio bajo el nombre de Sierra de Cazorla, ya que este término se ha utilizado mucho y refiriéndose a áreas de muy diversa magnitud geográfica. La continuidad geológica y paisajística que existe entre las sierras de Cazorla, Segura, Las Villas, El Pozo, La Cabrilla, Seca, Castril, etc., ha hecho que en muchas ocasiones el término «Sierra de Cazorla» las englobe a todas de forma genérica, resultando como consecuencia muy imprecisa la utilización de este epíteto.

La Sierra de Cazorla propiamente dicha se extiende al oeste del alto valle del Guadalquivir, que la separa en su parte oriental de la Sierra del Pozo y más al oeste de la Sierra de Segura. Al norte sirve como límite la curva del Guadalquivir, aunque el macizo que queda entre dicha curva y la zona del Aguascebas suele conocerse como Sierra de las Cuatro Villas, con lo que la Sierra de Cazorla en sentido estricto queda restringida al macizo en cuya falda occidental se sitúa el pueblo que le da nombre y que tiene por cumbre al pico Gilillo, de 1.848 m de altitud. Pues bien, este nombre o abarca a todas las sierras citadas o si se emplea en sentido estricto no es más que un pequeño macizo.

Como consecuencia, a la hora de limitar nuestra área de estudio (figura 1), hemos utilizado diversos tipos de accidentes más o menos naturales para encerrar un territorio de dimensiones apropiadas para este trabajo, tratando de que sea suficientemente extenso y representativo y que no sea excesivamente basto como para escapar a nuestras posibilidades. La superficie estudiada tiene 47.430 ha.

Utilizamos los siguientes límites:

●Al suroeste la carretera que une los pueblos de Pozo Alcón y Quesada.

●Al oeste la carretera Quesada-Cazorla, continuada por la de Cazorla-Puerto de las Palomas. Desde aquí, en sentido norte, seguimos la cresta de la loma para caer por el arroyo del Zorro al Guadalquivir. Aquí seguimos la carretera que discurre paralela al río Guadalquivir hasta su confluencia con el río Borosa.

●Al noroeste del río Borosa, continuando por su afluente el arroyo del Infierno que nos sube prácticamente hasta la cumbre de las Empanadas.

●Al este el límite de provincia Jaén-Granada, que corre por la línea de las cum-bres y divisorias de aguas de las sierras de las Empanadas, Cabrilla y Castril.

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●Al sureste, la carretera Pozo Alcón-Huéscar, desde su confluencia con el límite provincial hasta la villa de Pozo Alcón.

Quedan por tanto encuadrados los macizos de la Sierra de Cazorla en sentido estricto, Sierra del Pozo y vertiente oeste del macizo de las sierras de las Empanadas, Cabrilla y Castril, así como pequeñas porciones de las llanuras circundantes al oeste y sureste. Como podemos ver en el mapa de localización de la zona (figura 1), constituye el extremo sur del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, del cual supone aproximadamente un tercio y que a su vez se sitúa al este de la provincia de Jaén.

La utilización de carreteras, a pesar de ser accidentes artificiales, obedece a la necesidad de emplear límites fácilmente identificables en el campo y en la cartografía que evitan las posibles apreciaciones subjetivas de accidentes topográficos a veces poco reconocibles, si bien más naturales, como son los contactos de grandes unidades geológicas o cotas de nivel. Los ríos en cambio, cumplen los requisitos de naturalidad y facilidad de reconocimiento, aunque no siempre existen allí donde los deseamos.

2.1.2. Topografía y relieve

En las sierras que estudiamos predominan los relieves abruptos e intrincados, destacando los valles profundos modelados por la erosión de los ríos que separan altos macizos montañosos de tipo rocoso, a menudo con grandes acantilados. Sólo tres cumbres superan los 2.000 m de altura: Empanadas (techo de la zona con 2.106 m), La Cabrilla (2.032 m) y Cabañas (2.028 m), siendo varias las que superan los 1.900 (Tornajuelo, Los Tejos). Con menor altitud, pero con gran interés paisajístico destacamos Gilillo, Rayal y Calarilla.

Un rasgo geomorfológico muy característico de estas sierras son las llanuras intramontañosas o «navas», lugares de gran belleza, a menudo con vocación de praderas. Entre ellas podemos destacar Nava Noguera, Nava de Pablo, Nava del Espino, Nava de San Pedro, etc.

La red hidrográfica es fuerte e importante, a causa de la elevada pluviosidad de la zona. Destaca el Guadalquivir, que nace en la Cañada de las Fuentes y atraviesa la zona en sentido sur-norte, para luego describir una hoz pronunciada y encaminarse definitivamente al suroeste. Afluente suyo es el Borosa. El otro gran río es el Guadalentín, que nace al pie de la Sierra de la Cabrilla, corriendo hacia el sur para desembocar en el Guadiana Menor, que posteriormente se unirá también al Guadalquivir. En el curso del Guadalentín se sitúa el pantano de la

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Figura 1.Mapa de situación del área de estudio en España, en la provincia de Jaén y en la cuadrícula UTM de 10 km de lado.

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Bolera, que junto a las lagunas de Valdeazores y Aguas Negras, en la cabecera del Borosa, constituyen los embalses de la zona.

Muy diferentes por su topografía y relieve son las zonas marginales a la sierra que quedan incluidas en el ámbito de este estudio. Al ser su origen postorogénico y las rocas de tipo margoso, predominan los modelados suaves, en lomas redon-deadas, ocasionalmente con cárcavas esculpidas por la erosión hídrica. Estas zonas están mayoritariamente cultivadas, destacando en el paisaje el olivar. Se alcanzan aquí los puntos menos elevados del territorio, situándose el límite altitudinal inferior en Quesada, con 669 m.

2.2. Geología

Para la elaboración de este capítulo seguimos la memoria de la Hoja 78 (Baza) del Mapa Geológico de España, escala 1:200.000 del I.G.M.E. (Vera 1972).

Las Sierras de Cazorla y el Pozo, pertenecen a las cordilleras béticas, representantes de las cordilleras alpinas en el sur de la Península Ibérica. Las cordilleras béticas se dividen en dos unidades: zonas externas (prebético y subbético) y zonas internas. El área de nuestro estudio se encuadra dentro del prebético. En las zonas marginales de la sierra que quedan comprendidas dentro de nuestro territorio aparecen materiales postorogénicos neógeno-cuaternarios.

El prebético está formado por materiales sedimentarios con edad mesozoica (Trías-Jurásico-Cretácico), mostrando facies más neríticas y marginales que el subbético. Los rasgos estratigráficos más generales son:

●Predominan los materiales carbonatados, calizas y fundamentalmente dolomías en los intervalos del Jurásico-Cretácico.

● Abundan las facies terrígenas del Cretácico Inferior, con fuerte influencia continental.

●Hay numerosas lagunas estratigráficas y débiles discordancias internas en sus series, más frecuentes en el prebético externo.

El prebético de nuestra zona, en correspondencia con el modelo general de las cordilleras, está dividido en dos unidades: prebético externo, que corresponde a la Sierra de Cazorla y el prebético interno, que coincide con la Sierra del Pozo. Ambas unidades están separadas por una franja de Trías, por donde discurre el Guadalquivir en su curso más alto.

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El prebético externo es el área más próxima a la cobertera tabular de la meseta, sus materiales mesozoicos son principalmente jurásicos, estando ausentes o poco desarrollados los del Jurásico terminal. El Jurásico inferior está constituido por dolomías, localmente calizas, con intercalaciones de margas y arcillas. El Dogguer es muy uniforme y está representado por un conjunto dolomitizado que presenta hacia techo calizas oolíticas sin dolomitizar. Sobre el Dogguer se presenta un Hardground coincidente con una laguna estratigráfica que alcanza hasta el Oxfordense inferior, reanudándose la sedimentación en el Oxfordense superior con calizas nodulosas. Desde el Kimmeringiense comienzan a depositarse las facies Purbeck que pasan al Cretácico inferior, donde se depositan otras facies características del dominio, que son las facies Weald-Utrillas.

El prebético interno, correspondiente a la Sierra del Pozo, alcanza en nuestra zona series estratigráficas mucho más potentes, con un predominio de los afloramientos cretácicos sobre los jurásicos. Hasta el Oxfordense superior las características son similares a las del prebético externo. En el Kimmerigiense la única diferencia es la ausencia de materiales detríticos. El tránsito Jurásico-Cretácico se realiza dentro de un potente paquete carbonatado de facies Purbeck. El Cretácico inferior comienza con depósitos carbonatados, entre los que empiezan a intercalarse importantes niveles detríticos. Hacia las partes más internas puede pasarse a sedimentación arrecifal. La sedimentación sigue aquí durante el Cenomanense, Turonense y Senonense, bajo caracteres marinos.

En cuanto a los rasgos estructurales del conjunto hay que decir que las zonas externas de las cordilleras prebéticas presentan un despegue generalizado entre zócalo y cobertera a nivel del Trías fundamentalmente.

El prebético externo forma parte del llamado arco Cazorla-Alcaraz-Hellín, con directrices estructurales en nuestra zona NE-SO. Son importantes en el conjunto tectónico las fallas de inversas (escamas) y alineaciones diapíricas en las que aflora el Trías. En el prebético interno los rasgos estructurales más característicos son los pliegues de gran radio y las fallas.

Las unidades litológicas representadas en nuestra zona son las siguientes: 1. Margas abigarradas con yesos del Trías (Keuper).

Se trata de un conjunto de margas, arcillas y areniscas con tramos yesíferos y tonos abigarrados, que aparecen bajo la serie calcáreo-dolomítica jurásica. Afloran en diversos puntos, destacando por su extensión en el alto valle del

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Guadalquivir, donde constituyen una faja por la que discurre el río. Son materiales de naturaleza terrígena, fáciles de penetrar por las raíces de los vegetales, lo que junto a su situación en fondos de valles posibilita la existencia de grandes bosques sobre ellos. En esta zona coinciden con una elevada pluviosidad, que elimina la existencia de yesos a nivel edáfico, llegando a soportar suelos próximos a la neutralidad. Por el contrario, el afloramiento de estos materiales que queda entre el río Turrillas y Pozo Alcón, se sitúa en un punto mucho más seco, a la sombra de las lluvias procedentes del valle del Guadalquivir, por lo que el efecto de los yesos se deja sentir sobre la vegetación, que puede considerarse desde el punto de vista fisiológico como semiárida, llegando a aparecer comunidades típicamente yipsícolas.

2. Calizas, dolomías y margocalizas jurásicas.

Predominan las calizas grises compactas, a veces recristalizadas y con niveles dolomíticos. Constituyen la práctica totalidad del macizo de Cazorla propiamente dicho, es decir, la cadena situada al oeste del valle del Guadalquivir. 3. Dolomías y calizas cretácicas (arenas y margas).

Constituida en su mayor parte por grandes paquetes de calizas y sobre todo dolomías, con pequeñas intercalaciones de margas y a veces materiales detríticos. Es la unidad dominante en la gran cadena que queda al este del Guadalquivir: Sierra del Pozo-Sierra de la Cabrilla, aflorando también en diversos puntos de la Sierra de Cazorla con menor relevancia. Es la unidad más típica y ampliamente representada en toda la zona.

Las dos unidades anteriores son muy similares en lo que respecta a la vegetación, teniendo más importancia la topografía y la acumulación de suelo en la dinámica local. En general predominan las rocas compactas, sobre las que se instalan suelos esqueléticos de pH básico. Los niveles de margas favorecen el enraizamiento en profundidad, dando prioridad en la dinámica a comunidades de grandes gramíneas hemicriptofíticas o facilitando el crecimiento de las especies arbóreas. La presencia de grandes fallas hace muy importante la presencia de paredones verticales, colonizados por una vegetación muy especializada (clase Asplenietea trichomanis). 4. Conglomerados.

5. Margas (y calizas).

Ambas unidades de edad neógeno-cuaternaria. Son sustratos horizontales y fácilmente arables, situados en las zonas periféricas de la sierra, por lo que están en su gran mayoría cultivados. Cuando no ha sido así, como ocurre por ejemplo en las inmediaciones del pantano de la Bolera, soportan grandes bosques.

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2.3. Edafología

El estudio edafológico constituye uno de los complementos más interesantes a la hora de emprender un estudio que afecte bajo cualquier aspecto a la vegetación, pues es posiblemente el factor del medio físico más influyente sobre ésta. La incidencia de otros factores de gran interés como la geología, la geomorfología y la climatología canalizan en gran medida su acción sobre los vegetales a través del suelo. Las variaciones en las características edáficas (capacidad de retención de agua, contenido en bases, pH, textura, estructura, etc.) se manifiestan como fenómenos determinantes en la dinámica vegetal, tanto a escala de series de vegetación, como en la dinámica intrínseca de cada una de ellas, resultado muy influyentes en la capacidad de regeneración vegetal. Es por esto que consideramos importante incluir una cartografía de suelos paralela a la de vegetación, ya que de la comparación de ambas se extraen a menudo interesantes conclusiones. Hemos utilizado como base el mapa de suelos de la provincia de Jaén a escala 1:200.000 (Aguilar et al. 1987). Aparecen en nuestra zona 11 unidades de suelos:

Unidad 1

Constituida por cambisoles cálcicos, regosoles calcáreos y litosoles, con inclusiones en cantidades variables de phaeozems calcáreos y rendsinas. Se trata de una unidad compleja en la que el orden de dominancia de los distintos tipos de suelos varía con la posición geográfica. El material original es carbonatado: calizas jurásicas, margocalizas y dolomías. En las zonas altas y más accidentadas dominan los litosoles. Cuando aparecen materiales blandos, por lo general margosos, dominan preferentemente los regosoles calcáreos. En puntos topográficamente favorecidos se conservan cambisoles cálcicos. De forma localizada, sobre coluvios humíferos de pie de monte que permiten el desarrollo de un horizonte móllico, se originan phaeozems y rendsinas. Esta unidad afecta muy escasamente a la zona, entre Cazorla y Burunchel y está dedicada al cultivo de olivar.

Unidad 2

Formada por regosoles calcáreos, vertisoles crómicos e inclusiones de cambisoles cálcicos. El material original está constituido por margas miocenas o arcillas del Keuper, en llanuras o lomas suaves. Son suelos profundos, en su mayor parte cultivados. Aparecen varias manchas de esta unidad en las proximidades de Cazorla, Quesada, valle del Guadalentín y al noreste de La Bolera, dedicadas en su gran mayoría a cultivos, generalmente de olivar.

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Unidad 3

Cambisoles cálcicos y regosoles calcáreos, que se desarrollan sobre margas, margocalizas y areniscas, con una topografía en colinas suaves. Las margas suelen dar regosoles calcáreos y las areniscas cambisoles cálcicos en las zonas más protegidas de la erosión; en las más erosionadas también regosoles calcáreos. Junto con la anterior, constituyen las unidades típicas de la zona olivarera del valle del Guadalquivir y loma de Úbeda. Interesan a nuestro territorio de forma muy marginal. Esta unidad llega a las proximidades de Cazorla y Pozo Alcón. Unidad 4

Compuesta por regosoles calcáreos con inclusiones de cambisoles cálcicos, litosoles y solonchaks órticos. Se desarrollan sobre materiales triásicos, margas yesíferas, areniscas y margocalizas, que dan un paisaje en colinas erosionadas y abarrancadas. Aparece entre Pozo Alcón y el río Turrillas, en una zona seca, fisiológicamente semiárida, donde se asientan algunas comunidades yipsícolas. En los afloramientos triásicos del valle del Guadalquivir (desde arroyo del Valle hasta el río Borosa) la situación es muy distinta a causa de las precipitaciones mucho más elevadas. Los suelos están muy lavados y la presencia de yeso no se manifiesta a nivel edáfico, predominando entonces regosoles calcáreos.

Unidad 5

Asociación formada por litosoles e inclusiones de luvisoles crómicos, cambisoles cálcicos, phaeozems háplicos y rendsinas. Es una unidad compleja que se desarrolla sobre rocas compactas, calizas y dolomías, correspondiendo con zonas de fuertes pendientes, con intensos procesos erosivos. Predominan los grandes afloramientos rocosos, sobre los que se instalan litosoles que soportan una vegetación de escasa cobertura. Los suelos más desarrollados constituyen inclusiones minoritarias que se sitúan en lugares favorecidos como grietas de rocas, zonas de pie de monte y coluvios de ladera.

Unidad 6

Constituida por la asociación de regosoles calcáreos, cambisoles cálcicos y phaeozems calcáreos, situados sobre margocalizas, calizas y dolomías. Predominan los cambisoles, que pasan a regosoles en las zonas más erosionadas. Se conservan restos de luvisoles en puntos protegidos que sufren un proceso de terrificación y evolucionan a cambisoles cálcicos. Algunos encinares mantienen phaeozems. Ocupa una faja en situaciones de pie de monte en la vertiente oeste del macizo de Cazorla, para pasar a una mancha mucho más amplia en el fondo del valle del Guadalquivir, río Borosa y arroyo de las Truchas, donde quedan extensas manchas de luvisoles relictos que soportan grandes formaciones de quejigares, encinares y madroñales.

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Unidad 7

Integrada por litosoles, regosoles calcáreos y cambisoles cálcicos con inclusiones de luvisoles cálcicos y phaeozems háplicos. Junto con la unidad 5, son las que predominan netamente en nuestra zona sobre los materiales mesozoicos carbonatados. Dominan los litosoles en laderas inclinadas donde los procesos erosivos están muy acentuados, pasando a regosoles calcáreos en puntos de erosión no demasiado intensa, con más de acúmulo de materiales, o bien sobre sustratos margosos y terrígenos. Sobre coluvios de pie de monte, que a menudo recubren el Trías, en general en puntos de poca inclinación, con escasa erosión y mayor aporte, aparecen cambisoles cálcicos. En situaciones de fondo de valle y puntos protegidos de la erosión permanecen luvisoles.

Unidad 8

Asociación de luvisoles crómicos y cambisoles cálcicos con inclusión de luvisoles cálcicos y cambisoles crómicos. Se sitúa en posiciones topográficas llanas, sobre Trías, glacis, derrubios calizos, etc. Está representada en las llanuras de La Bolera. Cultivada en su mayor parte, soporta buenos encinares en las inmediaciones del pantano.

Unidad 9

Regosoles calcáreos con inclusiones de solonchaks órticos, desarrollados sobre margas y calizas yesíferas. Se extiende en una pequeña franja casi llana que va desde Quesada a Cazorla, cultivada en su mayor parte.

Unidad 10

Asociación de regosoles calcáreos, cambisoles cálcicos y rendsinas con inclusiones de litosoles. Definida esta unidad para la unidad geomorfológica de los Campos de Hernán Pelea, penetra al noroeste de nuestra zona por las altas llanuras de Nava Noguera.

Unidad 11

Constituye esta unidad una asociación de vertisoles crómicos, cambisoles vérticos y regosoles calcáreos con inclusiones de vertisoles pélicos y cambisoles cálcicos. Se sitúan sobre los terrenos ondulados, de moderada inclinación y naturaleza margosa, dedicados a cultivos de olivar y cereales. Penetra en nuestra zona entre Quesada y Cazorla, en el valle del Arroyo de Bruñel.

Describimos a continuación los tipos de suelos más ampliamente representados, haciendo un breve comentario sobre su estructura, características y vegetación que suelen soportar:

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Litosoles

Son suelos muy escasos y poco evolucionados, de perfil AR, siendo el horizonte orgánico (A) inferior a 10 cm. Se trata por tanto de una ligera capa de materia orgánica que se asienta directamente sobre la roca madre, que es de tipo calizo o dolomítico. Son muy pedregosos y dominan en zonas altas y rocosas, de elevada pendiente y, por tanto, con fuertes procesos erosivos que conllevan un constante rejuvenecimiento edáfico. Es la unidad típica de las grandes cordilleras rocosas del macizo, asociándose de forma minoritaria con cambisoles cálcicos, phaeozems cálcicos y rendsinas, que ocupan puntos favorecidos como grietas de rocas, zonas de pie de monte y coluvios de ladera. Soportan una vegetación de baja densidad y cobertura, generalmente matorral bajo (romerales, esplegares, lastonares y piornales) y pinares muy dispersos.

Regosoles calcáreos

Algo más evolucionados que los anteriores, pueden tener un perfil AC o ABC, rico en carbonatos, Ca y Mg y de pH alcalino. Cuando se instalan sobre sustratos blandos, margosos (con frecuencia margas miocenas), son ricos en materiales finos y fácilmente arables, por lo que suelen estar cultivados en su mayoría. Asociados en menor proporción a cambisoles cálcicos y en ocasiones a vertisoles crómicos, forman la unidad típica del valle del Guadalquivir, tradicionalmente olivarera y de la que son característicos los colores claros y una topografía en colinas suaves. Tocan de forma marginal la zona, en especial en su límite oeste. En otras épocas pudieron albergar grandes bosques, en especial encinares y quejigares, pues el sustrato facilita el enraizamiento en profundidad. Con frecuencia aparecen regosoles sobre materiales duros (calizas y dolomías), que son pobres en materiales finos y, en cambio, muy pedregosos. Proceden normalmente de la erosión de cambisoles o luvisoles, como consecuencia de la elevada pendiente o pérdida de la cubierta vegetal y pueden conservar aún parte del horizonte de alteración (B), pero ya de escaso espesor. Soportan matorrales más o menos densos, pinares y restos de encinar muy aclarado.

Rendsinas

Son también suelos de perfil AC o AR, es decir, un horizonte orgánico que reposa sobre la roca dura, pero en este caso, con una evolución particular de la materia orgánica. Se forman a elevada altitud, generalmente por encima de los 1700-1800 m, aunque pueden estar más bajos, siendo por tanto suelos típicos de alta montaña caliza. En esta situación, las bajas temperaturas invernales y la sequedad estival frenan la mineralización de la materia orgánica, acentuándose la humificación, por lo que se forma un espeso horizonte organomineral, muy

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oscuro y grumoso (móllico). Son suelos pulverulentos y fácilmente erosionables por acción hídrica o eólica, por lo que se mantienen tan sólo en puntos muy resguardados, alcanzando generalmente poca extensión. Soportan sabinares y pinares, piornales densos y a veces bosquetes de áceres y espinares.

Phaeozems calcáreos

Son suelos similares a las rendsinas, pero que presentan un perfil de tipo ABC, es decir, debajo del grueso horizonte orgánico de tipo móllico, aparece además un horizonte de alteración. Se asientan generalmente sobre coluvios y son mucho más profundos. Ocupan siempre situaciones protegidas de la erosión y soportan una cubierta vegetal densa, frecuentemente un encinar o por sustitución pinares densos. La pérdida de esta cubierta vegetal suele provocar la erosión de los horizontes superiores, pasando con facilidad a regosoles calcáreos.

Cambisoles cálcicos

Se trata de suelos evolucionados, de perfil ABC, sin que llegue el horizonte orgánico (A) a tener características de móllico. El B es un horizonte de alteración, pardo o rojizo, de tipo “cámbico”. Son ricos en nutrientes, carbonatos y con pH alcalino. Suelen desarrollarse sobre materiales compactados (calizas, dolomías, a veces sobre margas), en zonas llanas o de baja pendiente, con frecuencia en laderas en situaciones de pie de monte, sobre coluvios, llegando a alcanzar en ocasiones un gran espesor y por tanto una considerable profundidad de enraizamiento de la vegetación. Suelen soportar una vegetación densa, cuya pérdida puede provocar la decapitación y rejuvenecimiento, pasando a regosoles. Cuando se sitúan en zonas llanas es frecuente que estén o hayan estado cultivados, ya que son muy fértiles.

Luvisoles crómicos

Es el tipo de suelo más evolucionado que podemos encontrar en el territorio. Se caracteriza por la presencia de un horizonte rico en arcilla (Bt) de fuerte color rojo que se formó en épocas climáticas más húmedas que las actuales, por lo que pueden considerarse paleosoles o suelos relictos y su pérdida o alteración es por tanto irreparable. Son ricos en nutrientes y poco permeables a consecuencia de la arcilla, están descarbonatados y tienen un pH próximo a la neutralidad o ligeramente alcalino, factor que incide directamente en la dinámica vegetal, presentando comunidades de tendencia aciclina. Subsisten en lugares protegidos de la erosión, generalmente en situaciones de vaguadas o fondo de valle. Lo más normal es que estén fuertemente decapitados y sufriendo procesos de génesis secundaria (terrificación y empardecimiento) que los hace evolucionar hacia cambisoles. Sobre ellos es frecuente que se mantengan grandes encinares y

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quejigares, o por sustitución, pinares de Pinus pinaster de desarrollo considerable.

2.4. Factores antropozoógenos

Desde los comienzos de la historia, la acción humana ha acelerado la evolución vegetal, normalmente en sentido degradante, hasta conseguir la imagen actual de nuestros campos, en su inmensa mayoría desforestados o, al menos, intensamente transformados y alejados de su composición original.

Entre las actividades humanas más degradantes del tapiz vegetal hay que citar la propia densidad de población y su consiguiente necesidad de espacio habitable, la ganadería, las actividades bélicas, la minería, la obtención de madera como material de construcción y como energía calorífica (leña, carbón) y la agricultura.

En las sierras subbéticas orientales nunca hubo una gran densidad de población y las infraestructuras urbanas y de comunicaciones, a pesar del pujante desarrollo turístico de las últimas décadas, no sólo no son un factor de degradación acusada, sino que son más bien deficitarias y la causa de una ralentización del mismo. La minería en la zona tampoco es relevante, por lo que debemos centrarnos en la agricultura, la ganadería y la obtención de madera, como principales causas de la alteración histórica de la vegetación en estas zonas. Dada la rocosidad y las elevadas pendientes de estas montañas, la agricultura ha sido y sigue siendo una actividad relativamente escasa. Nos encontramos con zonas agrícolas en los alrededores de los núcleos urbanos, siempre en zonas bajas y poco más. No obstante, en épocas en que hubo mayor densidad de población y sobre todo, una situación de aislamiento y necesidad, se llegaron a cultivar territorios que hoy cuesta imaginar sembrados. Es el caso, por ejemplo, de los altos calares de Santiago de la Espada, hoy ampliamente desforestados, donde se cultivaron sobre todo cereales hasta la mitad del siglo XX, a altitudes a veces superiores a los 1600 m y bajo condiciones de continentalidad y xericidad bastante acusadas. El clima es tan duro que apenas han tenido éxito algunos cultivos forestales de pinos, y tampoco lo están teniendo fácil algunos intentos recientes de cultivo de árboles al amparo de las subvenciones del plan forestal andaluz. Como anécdota, podemos contar que prácticamente todos los fondos de dolinas de la sierra (que son varios miles) han estado en alguna ocasión cultivados. Los más alejados e inaccesibles solían dedicarse al tabaco, en épocas en que este cultivo estaba prohibido como consecuencia del monopolio ejercido por el estado.

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La ganadería sin duda ha actuado fuertemente sobre estas sierras a lo largo de la historia y lo sigue haciendo, ya que al carecer prácticamente de agricultura, ha constituido la principal actividad económica de «los serranos». Fundamentalmente el ovino de la afamada raza segureña.

Pero sin lugar a dudas, el factor que más ha incidido de modo histórico sobre la cubierta vegetal de estas sierras ha sido la obtención de madera y la consiguiente necesidad de cultivo de la misma. Una de las razones que impulsó esta actividad fue la industria naval del siglo XVIII que no sólo consiguió reducir el área forestal, sino además cambiar totalmente la configuración y calidad de estos bosques. Durante el reinado de Fernando VI se promulgó la Ordenanza de Marina de 1748, con la que se crea la Provincia Marítima de Segura, cambiando drásticamente la estructura de propiedad y régimen de explotación de estos montes. Una de las primeras medidas tomadas fue elaborar un inventario de los recursos forestales de que se disponía, para lo cual se realizaron las llamadas “visitas de montes”. El resultado de esta operación fue el conocido “Catastro del Marqués de Ensenada”, que se conserva en el Archivo de Simancas.

La primera visita de montes se llevó a cabo a mediados del siglo XVIII, se contaron más de 22 millones de árboles, de los cuales casi la mitad eran robles (46,7 %), una cuarta parte encinas (26,7 % ) y el resto pinos (17,7 %) y otras especies (agracejos, fresnos, chopos, etc). En la siguiente visita (1785) las proporciones ya habían cambiado sensiblemente, contándose además mayor número de árboles (264 millones), de los cuales 201 millones se catalogan como nuevos (76%). Ahora son ya mayoritarios los pinos (62 %), seguidos de encinas, que mantienen la proporción (27,7 %) y han disminuido sensiblemente los robles (3,6 %). Por tanto, en una treintena de años se debió de producir una explotación forestal intensiva, que afectó de forma severa a los robles (este término alude a

Quercus faginea, que se denomina así en la comarca, aunque en este texto lo estamos llamando quejigo, reservando el término de roble para el melojo,

Quercus pyrenaica, mucho más escaso), probablemente acompañada de un carboneo y posterior pastoreo. Así debieron resultar grandes espacios totalmente despoblados de vegetación, pero provistos de excelentes suelos y de un clima bastante húmedo. Esta situación fue idónea para la rápida expansión de los pinos, dotados de una gran capacidad colonizadora y expansiva en áreas donde no tienen competencia. Las semillas provenían en su mayor parte de los pinares existentes en el piso cacuminal de estas sierras de forma autóctona, los afamados salgareños o pinos segureños y probablemente potenciadas por repoblaciones con ésta y otras especies. La acuciante necesidad de madera hizo ya repoblar con especies

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de crecimiento rápido, formándose en pocas décadas un extenso pinar. Otras especies de pinos se podrían haber introducido con anterioridad, pero no en repoblaciones masivas como a partir de ahora. Después el pinar se ha visto favorecido hasta la actualidad gracias a repoblaciones y cuidados silvícolas (podas de formación, eliminación de competidores o «limpiezas», protección de plagas mediante el empleo masivo de fitosanitarios) por parte de las distintas administraciones forestales, recibiendo un último y definitivo impulso con la ley de repoblación forestal de 1941. Además del salgareño, se introdujeron grandes masas de resineros, sobre todo en los valles más frescos de mediana altitud, dedicadas durante décadas a la obtención de pez y esencia de colofonia o aguarrás mediante destilación fraccionada de su resina. Esta actividad ha dejado muchos topónimos alusivos: las «pegueras», como se llamaba a las instalaciones donde se desarrollaba esta actividad. La otra especie empleada a gran escala en los cultivos forestales es el pino carrasco, que destaca por su crecimiento rápido y tolerancia a la xericidad, se plantó sobre todo en las zonas bajas de la sierra. Así se pinarizó este paisaje, hasta transformarlo en la masa casi homogénea actual, más propia de una práctica agrícola que de una actividad de «repoblación».

En la actualidad, la actividad forestal ha decaído, apenas se realizan sacas ni plantaciones, son raras las limpiezas y no se ven serrerías en funcionamiento. Lo que sí supone un enorme esfuerzo económico y humano es defender cada verano este inmenso pinar de la constante amenaza del fuego. Otro fenómeno ligado a este cambio de manejo es la regeneración espontánea del encinar-quejigar. Así una estampa muy común de nuestros días es un pinar viejo de 15-20 m de altura, formado por cualquiera de las tres especies de pino (salgareño, resinero o carrasco) con numerosas encinas o quejigos proliferando debajo, con no más de 4-5 metros. Otra pequeña prueba de este fenómeno es observar como en los alrededores de las numerosas aldeas segureñas, todavía habitadas en su mayoría, perduran pequeños pero viejos y puros encinares, a menudo muy mutilados, que escaparon a la febril actividad repobladora por tratarse de pequeñas fincas privadas.

A este gran fenómeno, hay que sumar la lenta y constante obtención de leñas y talas para la elaboración de carbón, fenómeno que soportaron en buena medida las encinas o carrascas, pero sobre todo los quejigos o robles, cuya madera es de similar capacidad calorífica, pero menos valorados por los serranos que las carrascas desde el punto de vista forrajero, pues éstas, que conservan sus hojas durante el invierno, suponen un recurso extremo de mantenimiento del ganado en los periodos duros de nieves o heladas, cuando no hay hierba y el roble (quejigo) ya ha perdido su follaje.

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El incendio es otro factor que debe tenerse en cuenta para la comprensión de numerosos fenómenos de dinámica vegetal, y cuyo papel, por desgracia, va creciendo en importancia en los últimos años. El fuego es, en principio, un factor natural que ha existido y existirá siempre, con independencia del hombre, como prueba la existencia de numerosas especies vegetales que han adoptado genéticamente estrategias de defensa frente al fuego, antes incluso de que el hombre se convirtiera en el principal agente catalizador de los fenómenos de degradación de la cubierta vegetal. Sin embargo, en la época actual y al menos en nuestro país, los fuegos son en su inmensa mayoría generados y potenciados por dos fenómenos antrópicos: la elevada igniscibilidad de nuestros montes a consecuencia del alto porcentaje de coníferas que contienen y la acción directa de provocar el incendio, consecuencia de complejos fenómenos sociales (afán de protagonismo, oscuros intereses económicos o laborales, ánimo de perjudicar a propietarios o gestores con los que se mantienen distintos tipos de litigios, mezquinas venganzas o simplemente negligencias y descuidos).

Entre las estrategias de defensa frente al fuego por parte de las comunidades vegetales, vamos a comentar solamente las dos más básicas e importantes en nuestra zona:

1. La prevención y resistencia. Es propia de los bosques planifolios, en especial de los Quercus(encinas, quejigos y robles). Sus formaciones tienen elevados contenidos hídricos y son escasamente igniscibles cuando son bosques cerrados y densos. Poseen cortezas gruesas que protegen sus meristemos de la acción del calor y los individuos adultos soportan la quema de su follaje, siendo capaces de rebrotar de tocón o de raíz, es especialmente pertinaz la capacidad regeneradora del roble melojo de forma estolonífera.

2. La potenciación del fuego y posterior colonización. Es la estrategia propia del pinar y de diversos matorrales entre los que destacan los jarales (Cistus albidus) y los aulagares (Genista scorpius, Ulex parviflorus). Estas formaciones altamente combustibles favorecen la expansión del fuego, muriendo los individuos tras una ligera quema de sus hojas y resultando incapaces de rebrotar. Sin embargo, el área de la especie se ve así potenciada, pues los terrenos despejados son rápidamente colonizados al ser eliminada la competencia. En algunos casos, incluso, el fuego favorece la dispersión y germinación de las semillas.

Así pues, una política de expansión y potenciación del encinar-quejigar puede ser interesante de cara a la disminución y prevención de incendios a largo

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plazo, mientras que el pinar siempre es interesante como etapa de rápida reforestación y conservación de suelos en áreas desprotegidas y que siempre podrá evolucionar posteriormente hacia otro tipo de bosque más resistente.

En el macizo de Cazorla-Segura, con su importante contingente de pinos y su delicada trama social, el incendio es siempre una amenaza constante, cuya prevención ocupa gran parte de la atención y presupuestos de la administración. A pesar de ello, en los últimos años se han producido importantes incendios, como el de las proximidades de Torre del Vinagre en el verano de 1986, en las proximidades del Puerto de las Palomas en 2001 o el de la Sierra de las Cuatro Villas en el verano de 2005.

2.5. Bioclimatología

La Bioclimatología trata de poner de manifiesto el comportamiento de los seres vivos en función del clima. Los vegetales, por sus propias características y en especial por su inmovilidad, responden con claridad frente a los distintos tipos de climas, siendo éste, junto con el suelo, uno de los elementos más relevantes en la determinación de la dinámica vegetal. El equilibrio clima-suelo-vegetación es especialmente interesante en la región Mediterránea, donde la disponibilidad hídrica suele ser el factor mínimo que incide en la distribución de muchas comunidades vegetales. Por esta razón nos ha preocupado profundizar en el estudio de los componentes climáticos como la temperatura y la precipitación. Ambos pueden relacionarse por sí mismos o a través de la evapotranspiración y la capacidad de retención de agua del suelo, con las especies y comunidades vegetales.

Para caracterizar bioclimáticamente el área estudiada nos hemos basado en los datos de 8 estaciones termopluviométricas situadas en ella o en sus proximidades, cuyos datos y diagramas bioclimáticos proceden de los publicados por Rivas Martínez & Rivas Sáez (2011). Si situación se ilustra en la figura 2, sus datos se resumen en las tablas 1 y 2 y los correspondientes diagramas se muestran en las figuras 3 y 4. La carencia de una red de estaciones suficientemente densa o incluso completamente ausente en las zonas más elevadas, nos obliga a trabajar con modelos de aproximación de campo obtenidos a partir de la observación de especies bioindicadoras.

Según la clasificación bioclimática propuesta por Rivas Martínez (1996) y Rivas Martínez & Loidi (1999), la Sierra de Cazorla se enmarca en un bioclima mediterráneo pluviestacional oceánico.

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Los termotipos que pueden reconocerse en estas sierras (figura 5) son los siguientes:

Mesomediterráneo: Ocupa la zonas basales, apareciendo su límite superior en torno a los 1200-1300 m. En las zonas más frías puede incluso aparecer sobre los 1100 m, mientras que en las vertientes externas de la sierra expuestas a la solana (vertiente sureste de la Sierra del Pozo), llega a sobrepasar los 1400 m. Como especies bioindicadoras de este piso pueden usarse Pistacia terebinthus, Arbutus unedo, Rosmarinus officinalis, Retama sphaerocarpa, Stipa tenacissima, etc, así como los cultivos de olivar. Pinus halepensisse ha cultivado fundamentalmente en este espacio altitudinal.

Supramediterráneo: Situado por encima del anterior, su límite oscila en torno a los 1750-1800 m ocupando una extensión considerable en estas sierras. Como especies bioindicadoras pueden citarse Echinospartum boissieri, Erinacea anthyllis, Salvia lavandulifolia subsp. blancoana, Berberis hispanica, Daphne laureolasubsp. latifolia, Lonicera arborea, Cytisus reverchonii, Festuca hystrix, Helictotrichon filifolium, etc.

Oromediterráneo: Aparece en las zonas cacuminales, por lo que su extensión es menor que la de los anteriores, si bien, nada despreciable, ya que son numerosas las elevaciones superiores a los 1750-1800 m, cota a partir de la cual se dan las condiciones propias de este piso. El cambio paisajístico que tiene lugar al pasar del supra al oromediterráneo es, con mucho, más acusado que el que ocurre en la transición meso-supra, pues desaparece el bosque planifolio y sus matorrales de degradación para ser sustituidos por bosques abiertos de pinos, donde es muy significativo el sabinar rastrero y el matorral espinoso almohadillado. Entre las especies bioindicadoras podemos destacar Juniperus communis subsp. hemisphaerica, Juniperus sabina, Astragalus nevadensis subsp. nevadensis, Hormathophylla spinosa, Genista longipes, etc., que forman extensas comunidades, si bien, todas ellas pueden aparecer de forma dispersa en los horizontes superiores del supramediterráneo. Quizá los sabinares rastreros, junto con la desaparición de los planifolios (encinas, quejigos, arces) sea el mejor criterio de delimitación visual de este piso de vegetación.

El ombrotipo más ampliamente representado es el subhúmedo, apareciendo también el seco (ver tabla 2). El ombroclima seco aparece tan sólo en las vertientes orientales de la sierra, donde contacta con las depresiones interiores de la Hoya de Baza y Guadiana Menor. Esto demuestra claramente que las precipitaciones son fundamentalmente de origen atlántico, penetrando hasta aquí

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Figura 2.Mapa de situación de las estaciones termopluviométricas utilizadas.

a través de la depresión del Guadalquivir, por lo que dichas vertientes estarían situadas en una posición de “sombra de lluvias”. En el extremo sur de la zona de estudio, situada en el límite de la depresión del Guadiana Menor, pueden incluso apreciarse fenómenos típicos de desertización, observándose la introgresión de comunidades vegetales de óptimo semiárido. Son responsables de este fenómeno, además de la escasez pluviométrica (régimen seco inferior), la fuerte alteración de la cubierta vegetal, la erosión edáfica y la existencia de suelos salinos, fisiológicamente muy xéricos, siendo los procesos de roturación y abandono de cultivos el principal agravante de este fenómeno. El ombrotipo húmedo, aunque no aparece asignado a ninguna de las estaciones presentadas en la tabla 2, sin duda se alcanza de forma microclimática en muchos lugares y, sobre todo, en las zonas más elevadas correspondientes a los termotipos supra y oromediterráneo,

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Figura 4.Diagramas bioclimáticos de Pantano de la Bolera, Pozo Alcón (El Hornico), Nava de San Pedro y Pontones.

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de forma casi generalizada. De hecho, la estación de Nava de San Pedro, situada a 1290 m presenta un valor del índice ombrotérmico de 8,5, suficiente en algunas de las aproximaciones previamente publicadas de este modelo bioclimático para considerarse como tipo húmedo. Sabemos que a mayor altitud, en general, aumenta la precipitación, por lo que esta afirmación no es arriesgada de hacer.

Las combinaciones termoclima/ombroclima que podemos encontrar y su reflejo en la vegetación las resumimos en la tabla 3.

Si el ombroclima más extendido, tanto en el piso mesomediterráneo como en el supramediterráneo es el subhúmedo, parece deducirse que el bosque caducifolio deber ser el dominio vegetal más representado. Efectivamente, así debió ser, al menos antes de que fuera drásticamente alterado y sustituido por

Nº Estación UTM Altitud P T Ic Itc Io

1 Los Propios 30SVG8191 420 405 15 19,6 285 2,3

2 Santo Tomé 30SVH9109 458 471 17 20,7 326 2,4

3 Pantano del Tranco 30SWH1725 540 829 15 18,7 305 4,5

4 Cazorla 30SVG9996 886 772 16 20,9 289 4,1

5 Pantano de la Bolera 30SWG0879 980 654 14 17,0 284 3,8 6 Pozo Alcón, El Hornico 30SWG0681 1020 788 14 18,5 246 4,8 7 Nava de San Pedro 30SWG1093 1290 1114 11 18,0 188 8,5

8 Pontones 30SVG9996 1350 835 11 17,2 170 6,3

Tabla 1. Estaciones termopluviométricas. Situación (UTM), datos de precipitación media anual en mm (P), temperatura media anual (ºC), índice de continentalidad (Ic), índice de termicidad compensado (Itc) e índice ombrotérmico (Io).

Nº Estación Termotipo Ombrotipo

1 Los Propios Mesomediterráneo superior Seco inferior 2 Santo Tomé Mesomediterráneo inferior Seco inferior 3 Pantano del Tranco Mesomediterráneo inferior Subhúmedo inferior 4 Cazorla Mesomediterráneo inferior Subhúmedo inferior 5 Pantano de la Bolera Mesomediterráneo superior Subhúmedo inferior 6 Pozo Alcón, El Hornico Mesomediterráneo superior Subhúmedo inferior 7 Nava de San Pedro Supamediterráneo inferior Subhúmedo inferior 8 Pontones Supamediterráneo inferior Subhúmedo inferior

Tabla 2. Estaciones termopluviométricas. Bioclima, termotipo y ombrotipo. En todos los casos el bioclima es Mediterráneo pluvioestacional oceánico.

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pinares. Este bosque estuvo fundamentalmente integrado por quejigos y arces y de él pueden aún encontrarse buenos reductos, si bien lo más frecuente es que esté sustituido por un pinar, bajo el cual crecen jóvenes quejigos y otras especies propias de su cohorte. En el dominio del ombroclima seco reina el bosque esclerófilo mediterráneo por excelencia: el encinar, perfectamente adaptado a sobrevivir a las condiciones de sequedad veraniega propias de la región. Bajo el régimen subhúmedo pueden aparecer también encinares, que suelen ocupar entonces situaciones topográficas desfavorables, donde el microclima juega un papel importantísimo. Lo más normal es que entonces el encinar ocupe roquedos y laderas orientadas al sur y que se trate de bosques de poco desarrollo, manifiestamente “secos”. Pero podemos encontrar también auténticos encinares subhúmedos y la única razón que permite entonces explicar su presencia es la distribución de la disponibilidad hídrica a lo largo del año, pues los caducifolios, a diferencia del encinar, carecen de la capacidad de soportar una sequía acusada. El suelo, a través de la capacidad de retención de agua, juega un papel fundamental, al posibilitar el abastecimiento hídrico de los vegetales más allá de los períodos de lluvia.

Al subir a la alta montaña (piso oromediterráneo) observamos una vegetación fuertemente adaptada a resistir la xericidad, como son los pinares y sabinares rastreros y el matorral espinoso almohadillado o piornal. Esto en principio parece contradecirse con el fenómeno bien conocido del incremento de las precipitaciones con la altitud, que nos permite predecir la existencia, a pesar de carecer de estaciones, de un régimen ómbrico subhúmedo-húmedo. La razón es que la mayor parte de las precipitaciones caen en forma de nieve, y tras el deshielo, las fuertes pendientes y escasez de suelo provocan que el agua escape

Termotipo Ombrotipo Dominio vegetal Mesomediterráneo Seco Encinares

Supramediterráneo

Subhúmedo Encinares y caducifolios (quejigares) Húmedo Caducifolios (acerales y avellanares) Oromediterráneo Subhúmedo/

Húmedo Pinares y sabinares de alta montaña

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rápidamente, lo que junto a la elevada radiación y acción del viento, hacen que el verano sea extremadamente acusado. Tan sólo cuando los suelos son impermeables y el modelado glaciar facilita la existencia de cuencas endorreicas, se constituyen entonces comunidades higrófilas en la alta montaña. Son los conocidos cervunales o borreguiles, que podemos encontrar en todo su esplendor en Sierra Nevada, pero que en las serranías calizas no llegan a formarse a causa de la facilidad de drenaje de los modelados cársticos predominantes. No obstante, de forma puntual pueden aparecer prados similares en navas o fondos de dolina, donde el acúmulo de arcillas retarda el drenaje y provoca encharcamientos temporales.

2.6. Biogeografía

Siguiendo la tipología biogeográfica recopilada por Rivas Martínez & Loidi (1999), la zona estudiada se encuadra dentro de la región Mediterránea, y de forma más concreta en la provincia Bética. Esta es una de las unidades mejor caracterizadas de la Península Ibérica, cuenta con numerosas comunidades vegetales peculiares y gran número de táxones endémicos y diferenciales como:

Andryala agardhii, Arenaria modesta subsp. tenuis, Arenaria tetraquetra subsp. murcica, Berberis hispanica, Bupleurum bourgaei, Centaurea granatensis, Convolvulus boissieri, Crepis oporinoides, Cytisus reverchonii, Delphinium emarginatum subsp. nevadense, Dianthus subbaeticus, Echinospartum boissieri, Erysimum myriophyllum, Erysimum popovii, Fumana baetica, Genista cinerea

subsp. speciosa, Linaria verticillata, Paeonia coriacea, Pterocephalus spathulatus, Ptilostemon hispanicus, Teucrium rotundifolium, Teucrium webbianum, Tragopogon cazorlanum, Vella spinosa, etc.

En la provincia Bética se distinguen siete sectores (Hispalense, Rondeño, Malacitano-Almijarense, Nevadense, Guadiciano-Bacense, Alpujarro-Gadorense y Subbético), de los cuales tres afectan con distinta importancia a nuestra zona, que se encuadra en su práctica totalidad en el sector Subbético (figura 6). En él predominan netamente los sustratos calizos y dolomíticos, con breves intercalaciones de margas de origen prebético y subbético. Posiblemente es, después del Nevadense, el sector mejor caracterizado florísticamente de la península, pues cuenta con numerosos táxones endémicos como son:Anthyllis ramburii, Anthyllis rupestris, Aquilegia pyrenaicasubsp. cazorlensis, Arenaria alfacariensis, Centaurea jaennensis, Cirsium rosulatum, Crepis granatensis, Erodium cazorlanum, Erysimum cazorlense, Geranium cazorlense, Helicto-trichon filifolium subsp. cazorlense, Hormathophylla baetica, Hormathophylla reverchonii, Jasione crispa subsp. segurensis, Linaria verticillata subsp. cuartanensis, Moehringia intricata subsp. giennensis, Narcissus longispathus,

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Ranunculus malessanus, Saxifraga rigoi, Scilla reverchonii, Scorzonera albicans, Scorzonera reverchonii, Sideritis laxespicata, Solenanthus reverchonii, Verbascum hervieri, Viola cazorlensis, etc.

Es una unidad muy homogénea, tanto desde el punto de vista paisajístico como florístico, para la que se ha propuesto tradicionalmente una separación en tres subsectores o distritos: Alcaracense, Cazorlense y Maginense (Rivas Martínez 1987, Rivas Martínez et al. 1997). Mientras que la originalidad del mundo maginense es clara y patente, empezando por la propia estructura geográfica y tectónica, como por supuesto por la abundancia de elementos florísticos diferenciales y endémicos, la separación entre las unidades Cazorlense y Alcaracense nunca ha sido bien delimitada ni justificada. Por eso, Sánchez-Gómez et al. (1994) propusieron que formasen un único subsector que denominaron Alcaracino-Cazorlense (al que también podemos llamar simplemente Cazorlense). Previamente se había propuesto el subsector Subbético Murciano (Sánchez-Gómez & Alcaraz 1992, Sánchez-Gómez et al. 1992) para los territorios más nororientales, al este del valle del río Zumeta.

En cualquier caso, sólo el subsector Cazorlense o Alcaracino-Cazorlense aparece representado en nuestra zona, que se incluye en él casi en su totalidad. Los otros dos sectores representados son muy minoritarios. Así, el Hispalense afecta de forma puntual al margen oeste del territorio y se caracteriza por los sustratos de tipo margoso, ondulados en colinas suaves y típicamente dedicados al cultivo de olivar. Hacia el sur, el territorio estudiado participa marginalmente de la depresión del Guadiana Menor, que pertenece al sector Guadiciano-Bacense (subsector Guadiciano-Bastetano), donde los sustratos son depósitos margoso-limosos, a veces ricos en yeso, lo que posibilita la existencia de plantas que no aparecen hacia el interior del macizo, por lo que pueden considerarse diferenciales frente al sector Subbético, como son Anthyllis cytisoides, Artemisia barrelieri, Bupleurum semicompositum, Capparis spinosa, Daucus durieua, Helianthemum squamatum, Helianthemum violaceum, Herniaria fruticosa, Limonium echioides, Lygeum spartum, Nerium oleander, Ononis fruticosa, Ononis tridentata subsp. angustifolia, Piptatherum miliaceum, Reseda lanceolatasubsp. lanceolata, Tamarix africana, Tamarix gallica, etc.

Referencias

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