Ciencia Unisalle
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Trabajo Social Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
12-15-2020
Ser escuchada y reconocida en Colombia experiencias de
Ser escuchada y reconocida en Colombia experiencias de
mujeres con nivel de Sisbén I que vivieron situaciones de
mujeres con nivel de Sisbén I que vivieron situaciones de
violencia obstétrica en instituciones públicas de salud
violencia obstétrica en instituciones públicas de salud
Maria Camila Ramos PrietoUniversidad de la Salle, Bogotá, [email protected]
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Citación recomendada Citación recomendada
Ramos Prieto, M. C. (2020). Ser escuchada y reconocida en Colombia experiencias de mujeres con nivel de Sisbén I que vivieron situaciones de violencia obstétrica en instituciones públicas de salud. Retrieved from https://ciencia.lasalle.edu.co/trabajo_social/931
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Ser escuchada y reconocida en Colombia: Experiencias de mujeres con nivel de Sisbén I que vivieron situaciones de Violencia Obstétrica en instituciones públicas de salud
ESTUDIANTE
María Camila Ramos Prieto - 62152056
Trabajo De Grado
ASESORA Marisol Raigosa Mejía
Socióloga
Universidad de la Salle
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales Programa de Trabajo Social
Línea de Derechos Humanos y Fortalecimiento Democrático
Bogotá D.C 2020
Dedicatoria
A mi madre Emilse Prieto Castro por amarme y apoyarme incondicionalmente Por enseñarme a ser una mujer fuerte e independiente Por demostrarme que puedo soñar y creer en un mundo mejor Por ser una trabajadora incasable y una madre excepcional Por esto y por mucho más, siempre, todos mis logros serán para ella.
A las mujeres, Por mostrarme la fuerza y la libertad Por resistir y transformar todos los espacios Por demostrar lo poderosas que podemos ser Por luchar y demostrar que el mundo es de todos
Agradecimientos
Me siento profundamente agradecida con las mujeres que me permitieron entrar a sus hogares y compartieron conmigo de la forma más amable y atenta sus experiencias de violencia obstétrica, sin duda alguna esta investigación no tendría sentido sin ellas, sin sus percepciones, sin sus sentires y sin sus voces.
También, le agradezco infinitamente a mi madre por apoyarme y acompañarme siempre en el camino y mi proceso de formación, por darme la oportunidad de acceder a la educación superior y siempre motivarme a continuar con todo lo que me propongo y especialmente le agradezco por compartirme su experiencia y motivarme a profundizar en el tema dela violencia obstetricia, enseñándome lo importante que es traer un hija o hijo al mundo, en condiciones dignas y seguras.
Estoy especialmente agradecida con mi asesora de trabajo de grado Marisol Raigosa Mejía, quien, durante el proceso de desarrollo de este trabajo, me motivó y me aportó significativamente todos sus conocimientos y recomendaciones, brindándome palabras de aliento y de fortaleza para culminar este proceso, además de aportarme todos los aspectos posibles a nivel metodológico y teórico para que yo encontrara el horizonte y el motor de esta investigación.
Por último, agradezco a la profesora Ana Marcela Bueno por despertar mi interés y dar apertura a la necesidad de propiciar condiciones más justas y equitativas en las que se reconozcan y se respeten los derechos de todas las mujeres.
Contenido
1. Antecedentes ... 9
1.1. Violencia obstétrica en el marco de los derechos humanos ... 10
1.2. Poder, género y violencia ... 12
1.3. Poder y control sobre los cuerpos ... 14
1.4. Mujer y tipos de violencia Obstétrica desde una perspectiva de género ……….16
1.5. Las mujeres y su percepción ... 18
2. Planteamiento del problema ... 30
3. Pregunta de investigación ... 36
4. Objetivos ... 37
4.1. Objetivo General ... 37
4.2. Objetivos Específicos ... 37
5. Marco Conceptual ... 37
5.1. Estudios de Género desde una perspectiva de interseccionalidad ... 38
5.2. Violencia obstétrica ... 40
5.3. Poder intimidación y apropiación sobre los cuerpos ... 42
5.4. Género ... 44
5.5. Violencia de género ... 46
5.6. Patriarcado ... 48
6. Marco Metodológico ... 54
6.1. Enfoque de investigación-Cualitativo ... 54
6.2. Perspectiva Metodológica- Paradigma Hermenéutico ... 55
6.3. Método de investigación- Hermenéutico Critico ... 56
6.4. Técnicas de investigación ... 57
7. Capítulo I: Planes, Rutas y Programas que Constituyen el Sistema Integral de Salud en el Municipio de Soacha-Cundinamarca ... 59
7.2. Modelo Integral de Atención en Salud ... 64
7.3. Rutas Integrales de Atención en Salud (RIAS) ... 65
7.4. Ruta de Maternidad Segura ... 71
7.5. Cuadrantes Saludables ... 72
7.6. Determinantes sociales y estructurales ... 73
7.7. Política Pública de Mujeres con Equidad de Género ... 74
7.8. Programa de Mujer y Género ... 75
8. Capitulo II: El maltrato, la desigualdad y la clase social ... 79
8.1. Como si yo no sintiera ... 82
8.2. Como si yo no importara ... 84
8.3. Como si yo no supiera ... 86
8.4. Componente socioeconómico ... 90
8.5. La afiliación como barrera de acceso ... 92
8.7. El “no lugar” y la apropiación del cuerpo ... 94
8.8. Articulación de opresiones ... 96
9. Capitulo III: Sufrimiento, Opresión y Dolor ... 101
9.1. Subjetividad individualizada y construida ... 102
9.3. Vergüenza y culpa prescritas y condicionadas ... 109
9.4. Sexualidad y autonomía negada ... 111
9.5. Miedos que paralizan y subordinan ... 114
10. Conclusiones ... 117
11. Recomendaciones ... 121
11.1. Legislación y penalización ... 121
11.2. Instituciones prestadoras de servicios de salud ... 123
11.3. Trabajo Social ... 124
11.5. Futuras investigaciones ... 126
12. Bibliografía ... 128
Introducción
En Colombia a diferencia de otros países como México y Venezuela, la violencia obstétrica no se ha regulado, reconocido o penalizado, esto se convierte en un foco de atención especial, pues es una realidad que afecta significativamente el cuerpo y la
subjetividad de las mujeres. Este tipo de violencia está asociada a la violencia de género y a la violación de los derechos humanos y es ejercida a partir de la realización de prácticas inadecuadas, trato deshumanizado y humillación a las mujeres en estado de embarazo y parto, todo esto fundamentando en la hegemonía del saber médico y la distribución desigual del poder.
De acuerdo con lo anterior, es necesario adentrarse en la caracterización y
profundización de estos tipos de violencia, pues esto propiciaría procesos de prevención y regulación, especialmente a partir de la voz de las mujeres, quienes (en ocasiones o la mayoría de las veces) se encuentran solas, desprotegidas y sin información clara y oportuna dentro de los centros de atención de salud.
La existencia de violencia obstétrica es del interés de todas y todos, pero especialmente de las áreas que buscan el bienestar y la calidad de vida de las personas, en este sentido Trabajo Social debe dar apertura a las discusiones alrededor de las violencias enmarcada en el poder y la desigualdad, considerando aspectos específicos y determinantes como el género, la clase, la raza y demás elementos diferenciales que permiten mediante su reconocimiento, promover y garantizar los derechos humanos y en este caso específico los derechos de las mujeres.
Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, este trabajo de grado busca aportar al reconocimiento y contextualización de la problemática presente en los centros de salud,
denominada violencia obstétrica, tomando como referente y perspectiva principal el género interseccional, para así conocer los significados otorgados por algunas mujeres a sus experiencias de violencia obstétrica, visto desde su posición socioeconómica.
Para ello, se propuso una investigación de orden cualitativo que permitió abordar los objetivos y cumplir consecuentemente con el propósito de la investigación: conectar con párrafo siguiente y dejarlo en un texto de orden argumentativo complementario
En un primer momento, se realizó la revisión de antecedentes permitiendo
identificar la literatura especializada, con algunos vacíos encontrados en ella y el interés de la investigadora, en un segundo momento se ubicó el problema de investigación en el que se determinó que la voz y la subjetividad de las mujeres en la violencia obstétrica necesita un espacio tangible y diferenciado; para continuar se definieron la pregunta y los objetivos que dieron rumbo al desarrollo de la investigación, se dio continuidad al ejercicio
investigativo definiendo el marco teórico-conceptual, que permitió enmarcar y dar paso al desarrollo de la investigación de forma cimentada y consecuente. En este mismo sentido se definió el marco metodológico que dará paso a la aplicación tangible de la investigación, para construir el capítulo I, II y III, los cuales se enfatizaron en dar cumplimiento a los objetivos propuestos, finalizando con las conclusiones sobre el trabajo desarrollado y las recomendaciones a las instituciones, el Trabajo Social y las futuras investigaciones.
Índice de Abreviaturas
DDHH: Derechos Humanos
VO: Violencia Obstétrica
OMS: Organización Mundial de la Salud
DNP: Departamento Nacional de Planeación
ONU: Organización De las Naciones Unidas
PDSP: Plan Decenal de Salud Publica
MIAS: Modelo Integral de Atención en Salud
RIAS: Rutas integrales de atención en salud
DANE: Departamento Administrativo Nacional de Estadística
ASIS: Análisis de Situación de Salud
1. Antecedentes
En esta construcción de antecedentes se realizó la revisión de 23 documentos especializados relacionados con la violencia obstétrica y ginecológica, en una ventana de tiempo de cinco años, de los cuales 16 son artículos de revistas indexadas en los que se profundiza en temas de salud y bienestar; 5 son tesis de estudios pos graduales a partir de los intereses de los investigadores sobre la relación entre género y salud pública; 1 es un proyecto de grado sobre derechos humanos y género, y por último, 1 monografía en salud y derechos sexuales. Estos documentos, son estudios revisados previamente mediante resúmenes académicos especializados, que permitieron identificar el curso y las variables de las diferentes investigaciones realizadas en cada país, que hacen parte de dicha revisión; en la cual se evidencia, además, un país europeo como España y parte significativa de Latinoamérica, que incluye a Uruguay, Brasil, Chile, Venezuela, Argentina y Colombia; también, se desarrolló un apartado denominado aspectos a profundizar sobre la Violencia Obstétrica, se hace referencia a las dimensiones menos exploradas o que registran algunas perspectivas limitadas.
Los documentos revisados permiten ver las tendencias y la orientación sobre la que se ha escrito alrededor de los ejes temáticos que se desarrollarán a continuación, los cuales serán utilizados como un referente y un pilar fundamental para la investigación,
consolidados en este documento a través de los subtítulos: Derechos Humanos y su lucha incansable; Género y violencia de Género; Poder y patriarcado; Mujer y Roles en la
sociedad, las mujeres y su percepción sobre sus experiencias de violencia obstétrica ; países y posturas; aspectos a profundizar sobre la Violencia Obstétrica.
Estos subtítulos se presentarán a continuación, reconociendo el tipo de trabajo, el autor y sus principales postulados alrededor de la temática seleccionada. Dicho ejercicio, permitió conocer las diferentes investigaciones y trabajos que se han realizado previamente, para situar la investigación en un punto en el que se considere pertinente desde la disciplina de trabajo social, ahondar y realizar una investigación fundamentada y situada en la
realidad social.
1.1.violencia obstétrica en el marco de los derechos humanos
Los derechos humanos han sido un foco central en las investigaciones y trabajos que se han realizado, debido a que es un marco desde donde se analizan algunos aspectos y se visibiliza la situación real del país o del mundo, siendo este un aspecto que se encuentra en constante lucha por su conquista y reivindicación.
Diana Marcela Echeverry en su trabajo de grado titulado, Análisis de la violencia obstétrica asociada con la violencia de género y la violación de los Derechos Humanos (2018), expone la violencia obstétrica como una clara y directa violación a los Derechos Humanos. Iniciando con el derecho a la vida, el cual no puede ser desligado de diferentes derechos, especialmente el derecho a la Salud y no puede ser tomado como un elemento aislado, sino que debe ser comprendido desde una concepción integral de los Derechos Humanos. La existencia de este derecho obliga al Estado a propiciar las condiciones en las cuales los ciudadanos, en este caso las mujeres, puedan vivir lo más saludablemente posible, estas condiciones incluyen el acceso a los servicios de salud, trato digno y otras condiciones explícitas en el derecho a la salud. La autora también expone que en Colombia no se ha reconocido la violencia obstétrica jurídicamente como un tipo de violencia, siendo esto una clara y directa desvinculación con los derechos humanos, inclusive para la autora
esta situación genera el incumplimiento de tratados internacionales al no reconocerla, siendo esto un aspecto fundamental de los DD. HH a los que se ha vinculado.
En este mismo sentido, Danúbia Marianne Barbosa y Celin Modenaiferentes, en su texto La violencia obstétrica en el cotidiano asistencial y sus características (2018), contextualizan la violencia obstétrica como parte de una cultura institucional marcada por la invisibilidad y naturalización del fenómeno del parto en el cotidiano asistencial, además de exponer las características y desventajas del área de la salud, ligadas a las condiciones del sistema de salud, propiciando con ello la falta de reconocimiento de esta violencia como práctica de violación de los derechos humanos y un grave problema de salud pública
mundial (p. 8)
Juan Carlos Araujo (2017), en su texto La violencia obstétrica, una mirada desde la bioética médica a las cuestiones legales, se relaciona con los autores anteriores de forma directa, afirmando que la violencia obstétrica va directamente en contra los Derechos Humanos, pues anula todas las capacidades de las mujeres e impide su autonomía, propiciando el trato deshumanizado y denigrativo.
Los autores exponen los Derechos humanos en el marco de las afecciones que sufren las mujeres a partir de la deshumanización, humillación, trato denigrante y desigual, siendo este un detonante para que otros autores en la misma dirección lo aborden a partir de la desigualdad y la falta de reconocimiento. Situando así la Violencia Obstétrica como un tipo de violencia que se relaciona de forma directa con un determinante de género o con el ser mujer.
1.2.Poder, género y violencia
En este apartado se retoman autores que perciben y enmarcan la violencia obstétrica a partir del género y los condicionamientos sociales e históricos que conllevan el ser mujer.
Carlos Barria y Leonela Rivera (2016), en su texto Salud y Género una mirada de la violencia obstétrica, facilitan la comprensión de los actos violatorios de los derechos sexuales y reproductivos, específicamente la Violencia Obstétrica, como concepciones ligadas al género que condicionan la ciencia médica y el área de la salud, exponiendo como la atención médica a las gestantes se transformó con el paso de los partos asistidos en casa por las parteras, a la asistencia realizada por los profesionales en hospitales, determinando este como el único espacio seguro e higiénico para las madres.
Barría, Rivera y Barbosa 2016 y 2018, comparten la perspectiva sobre la violencia obstétrica por razón de género, a partir del poder ejercido sobre el cuerpo de las mujeres y la representación de la ideología de género. Especialmente, la imagen de la mujer
consolidada culturalmente como un ser reproductor, sumiso, con inferioridad física y moral lo cual da paso a la dominación, control, abuso y discriminación. Siendo esta una forma de objetivar a las mujeres, como cuerpos reproductores y anulando su derecho a su elección y subjetividad. Entrecruzándose de esta manera con los planteamientos de Echeverry (2018), en los cuales la mujer, deja de ser vista como un sujeto de derechos, por razones
estructurales en la concepción de género.
María Lafaurie, Diana Rubio, Alejandro Perdomo y Andrés Cañón (2019), plantean en su texto La violencia obstétrica en la literatura de las ciencias sociales en América Latina, que este tipo de violencia es una forma específica de violencia de género contra las
mujeres, que implica la medicalización y la patologización de los procesos reproductivos y conlleva la apropiación de los cuerpos de las mujeres, donde son los integrantes del sistema de salud quienes ejercen un control, frente a la capacidad reproductiva y sexual de las mujeres.
Michel Saudler (2016), en su artículo Más allá de la falta de respeto y el abuso: abordando las dimensiones estructurales de la violencia obstétrica, pone en discusión la violencia obstétrica desde una perspectiva feminista, como un caso de violencia de género, encontrando similitudes con Barría y Rivera, considerando que es un asunto relacional entre lo femenino y lo masculino. Evidenciando cómo se constituye y se retroalimenta socialmente lo femenino y lo masculino de manera dinámica, así como las diferencias en las realidades y situaciones cotidianas para cada género. De esta manera, se genera una conexión con el artículo de Miriam Al Adib, María Ibáñez, Mariano Casado, Pedro Santos Redondo (2017), La violencia obstétrica: un fenómeno vinculado a la violación de los derechos elementales de la mujer, en el cual los autores asocian la violencia obstétrica con actitudes asociadas a las formas y estructuras determinantes hacia la mujer, vulnerando sus derechos y fomentando la desigualdad entre hombres y mujeres.
Barbosa y Modanaiferentes (2017), exponen razones en las que se enmarca la violencia obstétrica especialmente en grupos de mujeres que evidencian niveles elevados de vulnerabilidad, como negras o perteneciente a las minorías étnicas, adolescentes, de bajos recursos económicos, con baja instrucción escolar, usuarias de drogas, mujeres en situación de habitabilidad de calle, mujeres sin acompañamiento de prenatal y sin acompañante en el momento del atendimiento.
Situando de manera cercana la investigación en razón de Trabajo Social, se
retomaron el trabajo de Tesis en Lic. de Trabajo Social, titulado Violencia Obstétrica: una manifestación oculta de la Desigualdad de Género (2014), en la cual la estudiante Paula Quevedo, expone que la violencia obstétrica con los lentes disciplinares. Dicha tesis sitúa la Violencia Obstétrica como una de las manifestaciones más fuertes de la desigualdad
relacionada con el género, impuesta a las mujeres a causa de su posición subordinada dentro de la sociedad patriarcal. Ésta además posiciona el género como un determinante de acceso a posibilidades sociales y expone la carga que implica la jerarquización e
inferioridad para las mujeres a nivel emocional, trayendo consigo que se sientan invalidadas, sin autonomía y dependientes del médico. Por último, la autora plantea la necesidad de prestar atención sanitaria, en la que las mujeres puedan ser partícipes activas de la preservación de su salud, pero no sólo como receptoras de consejos y cuidados.
Lo mencionado anteriormente, desarrolla temáticas, relacionadas con las estructuras culturales y las consecuencias de ser mujer y sufrir violencia obstétrica, asociadas con las formas de poder que se ejercen sobre los géneros, haciendo referencia especialmente al género femenino, condicionado y determinado por el poder fundamentado en el saber y en lo culturalmente aceptado, este aspecto lo retoman algunos autores desde el postulado de patriarcado.
1.3.Poder y control sobre los cuerpos
La revisión de textos y antecedentes logra dar cuenta de una tensión existente sobre el poder y el patriarcado, en la cual los diferentes autores, definen su postura hacia el sistema como un aspecto determinante en la violencia obstétrica.
En el artículo La ciencia médica y sus improntas patriarcales /Discursos silentes sobre la violencia de género En Atención Primaria en Salud, María Naranjo (2018), define el poder como un aparato social que explica la presencia de violencia de género en la relación médico-paciente. Retomando a Foucault y articulada de manera directa con los planteamientos de Barría y Rivera, en los que se construye un sistema de poder y control sobre los cuerpos, que se relaciona con lo planteado por Foucault (1981) cuando hace referencia al “biopoder” como el poder que ejercen los discursos expertos que las diversas ciencias vienen desarrollando desde la modernidad. Este poder de experto y productivo, fundamentado en el saber hegemónico aceptado históricamente como medible y
responsable de la vida y las condiciones de bienestar, ha influido para establecer las normas y determinar el comportamiento.
Entre los autores que retoman los planteamientos de Foucault para referirse a la violencia obstétrica se encuentran Garcia (2018), Sadler (2016) y Rivera (2015), para quienes es comprendida como un producto ideológico, basado en una hegemonía del saber/poder que se evidencia en los profesionales médicos y en una apropiación del cuerpo de las mujeres a través de un sistema de salud altamente jerarquizado.
En relación con lo anterior, Barbosa y Modenaiferentes (2017) exponen que los actos violentos son practicados por profesionales de salud, en su mayoría médicos,
pautados por su saber técnico y científico, por relaciones jerárquicas y desiguales de poder y autoridad, en un modelo biomédico hegemónico y patriarcal que segrega y deslegitima el poder femenino sobre su cuerpo, asumiéndolo como pasivo y disciplinado.
Barría y Rivera (2016), comparten que quienes participan de los sectores de poder, hegemónicamente instalados, es decir, con escasas posibilidades de ser contrariados o
juzgados, manipulan sus conocimientos para mantener su posición y no tiene en cuenta, en este caso a la mujer. Además de puntualizar que la medicina fue y es una expresión del pensamiento patriarcal y en especial, la práctica médica de la obstetricia y la ginecología, que se ha apropiado de los procesos naturales de los diferentes ciclos de vida de la mujer a través de la historia de la humanidad.
A partir de lo anterior, Barbosa y Modenaiferentes(2017), manifiestan que, bajo los supuestos y la conceptualización del cuerpo de la mujer embarazada como cuerpo
patológico, se actúa e interviene sobre este, sin esperar los tiempos corporales, tanto a nivel público como privado, de tal manera que el saber médico ha adquirido tal grado de
legitimidad y autoridad que cualquier práctica es justificable, por más perjudicial que sea.
1.4.Mujer y tipos de violencia Obstétrica desde una perspectiva de género ,
Miriam Al Adib, María Ibáñez, Mariano Casado y Pedro Santos (2015), generan una discusión alrededor de la maternidad en el ámbito privado y el paso de esta desde los hogares y parterías a centros sanitarios con profesionales extraños para las mujeres. Éstos, incluyen ideales de asepsia y lejanía, interviniendo o transformando de esta manera, la autonomía en el cuerpo y medicalizando pese a que no existan patologías, además del aumento en la intervención médica a medida que se dan los avances tecnológicos y biológicos, también generan un mayor control de todas las etapas reproductivas. En este punto se encuentra similitud con los postulados de Barría y Rivera (2016), quienes exponen que los protagonistas cambiaron cuando hace 200 años los partos eran atendidos por las parteras y pasaron a manos de profesionales, del hogar a los hospitales, concibiendo estos lugares como los que certifican seguridad para las madres y los/as recién nacidos; este aspecto está concebido desde la percepción de “verdad” de la ciencia y el saber médico.
Saudler (2016), retoma a Bourdieu con el reconocimiento de la violencia obstétrica en el momento del parto como algo más que un simple maltrato, teniendo en cuenta que se encuentra rodeada de significados simbólicos construidos socialmente a través de la historia, que oscila entre dominantes y dominados, dentro de una relación social donde el conocimiento permite enmarcar la violencia, naturalizándose y aceptándose desde la perspectiva de hegemonía del conocimiento.
Almonte, retoma y define de forma clara algunos de los tipos de comportamientos específicos enmarcados como violencia obstétrica, con el propósito de especificar y exponer los:
-Tipos de violencia obstétrica
En el texto de Gabriela Almonte García (2016), Violencia ginecológica y obstétrica. La medicalización del cuerpo femenino, la autora concuerda con Araujo en que existen dos tipos de violencia obstétrica, que puede ser física o psíquica: Violencia obstétrica física, la cual se configura cuando a la mujer se le realizan prácticas invasivas y medicación que no estén justificadas por su estado de salud o del bebe.
También se encuentra la violencia psíquica, que incluye el trato deshumanizado, soez, discriminatorio, humillante, negación para asesoramiento solicitado por la mujer u omisión de información sobre la evolución de su embarazo, el estado de su hijo o hija y, en general, la privación de decisiones e información sobre sí misma y la situación;
especificando aspectos como: regaños, burlas, ironías, insultos, amenazas, humillaciones, manipulación de la información, negación al tratamiento requerido y utilización como recurso didáctico sin ningún respeto a su dignidad humana
1.5.Las mujeres y su percepción
Para desarrollar esta dimensión, se incluyeron dos documentos que tomaban en cuenta la percepción y opinión de las mujeres y usuarias del sistema médico en el que los autores referencian diferentes preguntas realizadas a usuarias del servicio de salud
específicamente en casos de partos y embarazos.
En el marco de la revisión de los documentos en general, se encontraron sólo dos textos en los que se referenciaba la percepción de las usuarias y específicamente se
agregaba en sus metodología aspectos que permitieran un contacto cercano con las mujeres que vivieron experiencia de VO, siendo uno de estos del año 2013, el cual se encuentra fuera de la ventana , de tiempo delimitada, esto dio cuenta de la dificultad para encontrar documentos que referenciaran la perspectiva de las mujeres en cuanto a la experiencia de violencia obstétrica.
Los autores Pablo Terán, Carlos Castellanos, Mireya González Blanco y Damaris Ramos (2014), exponen en su texto Violencia obstétrica percepción de las usuarias, la perspectiva desde la subjetividad de las usuarias del centro de salud, mediante diferentes preguntas a mujeres que asisten al centro de salud seleccionado para el estudio.
A partir de los porcentajes y el estudio realizado, los investigadores concluyeron que, en cuanto al trato deshumanizante y realización de actos médicos sin consentimiento informado, existen diferentes prácticas consideradas por las usuarias como violencia obstétrica, las cuales son: la realización de actos médicos sin consentimiento, el trato deshumanizante por parte del personal de salud, escasa información, y la falta de sitios donde denunciar. Además, se concluye que el personal de enfermería es usualmente
identificado como principal perpetrador de violencia obstétrica, seguido por el personal médico.
Carlota Pereira, Alexa L. Domínguez y Judith Toro (2015), en su artículo Violencia obstétrica desde la perspectiva de la paciente, se realizó una investigación con un total de 86 pacientes, quienes informaron haber sido víctimas de violencia obstétrica, siendo tipificada a partir de la agresión en forma verbal, lo cual se manifestó en diferentes
situaciones, sobre todo en lo referente al uso de palabras ofensivas o despectivas y críticas negativas, por parte del personal de salud encargado de su atención. También, destacaron el hecho de no haber sido tomadas en cuenta o de no haber sido informadas de todos los procedimientos realizados con sus cuerpos. Sin embargo, las autoras plantean la posibilidad de que la violencia obstétrica pueda ser percibida por las pacientes solamente como trato irrespetuoso y no una violencia configurada.
1.6.Países y posturas
De la revisión documental que se realizó, un aspecto que se repetía
contundentemente databa los marcos legales en los diferentes países a nivel de violencia obstétrica, siendo este uno de los asuntos en el que más profundizan los autores,
especificando la normatividad venezolana, debido a que esta fue la pionera en generar una ley de protección a la mujer contra la violencia obstétrica en América Latina, sin embargo también se tendrá en cuenta un texto que data otros países fuera de Latinoamérica en los que aún no se regula en todos los aspectos la violencia obstétrica.
Ana Pérez, y Gabriela Ramírez en su artículo, Derechos sexuales y reproductivos de la mujer frente a la violencia por razón de género, presentan un marco normativo en el que se presenta Venezuela como el pionero en temas de Violencia Obstétrica, resaltando como
el primer país del mundo en emplear el término “violencia obstétrica” en el año 2007, con la Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.
Varios autores coinciden con que se han tenido adelantos normativos que buscan contrarrestar la violencia contra la mujer en América Latina, es decir, se han establecido leyes de protección integral contra distintas formas de violencia. Sin embargo, la regulación contra la violencia obstétrica es deficiente.
Luis Díaz García y Yasna Fernández (2018), en su texto Situación legislativa de la violencia obstétrica en América Latina: El caso de Venezuela, Argentina, México y Chile, se conectan con Alejandro Perdomo, Pablo Martínez, Mercedes Lafaurie y Felipe Cañón desde su artículo, Discursos sobre la violencia obstétrica en la prensa de países
latinoamericanos: cambios y continuidades en el campo de la atención, esto fundamentado en que su análisis se centra en los mismo países y realizan un mapeo de cada uno desde su marco legal.
VENEZUELA
El 19 de marzo de 2007 se publicó oficialmente en Venezuela, la ley Orgánica sobre el Derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Esta ley reconoce diecinueve
formas de violencia contra la mujer, considerándose para entonces que la violencia obstétrica era un factor que carecía de regulación, que requiere de un mecanismo de protección.
ARGENTINA
Argentina cuenta con dos leyes, la primera es la Ley de Parto Humanizado,
su embarazo, trabajo de parto, parto y postparto. La segunda es la ley 26.485 de 2009, ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales.
MÉXICO
En México existen dos órdenes de regulaciones relacionadas con la violencia obstétrica. Una de ellas es la Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Sin embargo, no existe una regulación específica para la violencia obstétrica.
CHILE
Chile carece de una legislación que enfrente de manera directa el grave fenómeno de la violencia obstétrica.
COLOMBIA
En el caso de Bogotá, en el año 2017, la Secretaría Distrital de la Mujer realizó un estudio de violencia obstétrica en perspectiva de derechos, en el que se evidenciaron casos de violación al derecho a la intimidad durante el parto, violación del derecho a la
información y a la toma de decisiones. Además, se identificaron tratos crueles, inhumanos y degradantes en la atención. Cabe reconocer que en general, se dificulta evidenciar los casos de violencia obstétrica con certeza. Al igual que Chile, en Colombia no existe una
legislación directa contra la Violencia Obstétrica.
De acuerdo con la normatividad referente a la Violencia Obstétrica en los diferentes países, se da continuidad a esta revisión con un texto colombiano de la Universidad
para ello se referencia la tesis de maestría, realizada por Viviana Valeria Vallana Sala, titulada “Parirás con dolor, lo embarazoso de la práctica obstétrica. Discursos y prácticas que naturalizan la violencia obstétrica” (2016), en esta tesis la autora expone la
normatividad y conceptualización para los países más relevantes al momento de hablar de Violencia Obstétrica, realizando un recorrido temporal en la aparición de la legalización y reconocimiento de este tipo de Violencia.
Viviana Vallana refiere que el primer país en tipificar y reconocer la existencia de este fenómeno fue Venezuela, con la Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. En esta ley, que entró en vigor el 19 de marzo del 2007, se define violencia obstétrica como: La apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres por el personal de la salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres. (Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, 2007).
La normatividad venezolana establece sanciones a las instituciones y al personal de la salud que incurra en alguna de las siguientes acciones:
1. No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas. 2. Obligar a la mujer a parir con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización de un parto vertical. 3. Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer. 4. Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo. (Vallana ,2016. p. 82)
El segundo país que contextualiza Viviana Vallana es Argentina, el cual tiene la Ley de Protección Integral de las Mujeres Ley 26.485 sancionada el 11 de marzo de 2009, la cual en sus articulo 006 define la violencia obstétrica como, aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales.
Se considera trato deshumanizado el trato cruel, deshonroso, descalificador,
humillante o amenazante ejercido por el personal de salud en el contexto de la atención del embarazo, parto y postparto, ya sea a la mujer o al/la recién nacido/a, así como en la atención de complicaciones de abortos naturales o provocados, sean punibles o no. (Vallana, 2016, P.74)
Vallana, expone que México es el tercer país en sumarse a la visibilización y tipificación de la violencia obstétrica, considerando que desde el 30 de abril del 2014: reconoce la violencia obstétrica como la negligencia en la atención médica expresada en un trato deshumanizado; el abuso de medicalización o patologización de los procesos
naturales, llegando incluso a tratarlos como si fueran emergencias obstétricas; la práctica abusiva de cesáreas pese a existir condiciones óptimas para el parto natural; el uso de métodos anticonceptivos o de la esterilización sin el consentimiento informado y voluntario de la madre, obstaculizar sin causa médica justificada el apego precoz del recién nacido con su madre.
Chile es el último país que nombra Vallana y el que más recientemente se ha sumado a este esfuerzo, con un proyecto de ley que penaliza la violencia obstétrica y solicita la definición del concepto de violencia obstétrica. Este proyecto según Vallana, es consecuente con un análisis que contempla que entre el 90 o el 92% de las gestantes y
mujeres en el momento del parto en Chile ha recibido malos tratos por parte del personal de salud.
Por último, Vallana (2016) contextualiza que, para el caso de Colombia, no existe una ley que contemple este tipo de violencia y que, aunque han empezado a emerger algunos intereses que se manifiestan en notas de prensa aisladas y en proyectos de ley derrumbados, aún no se cuenta con un reconocimiento genuino o la tipificación específica de este tipo de violencia.
Adicionalmente se incluye una característica particular que tiene Colombia al momento de hablar de salud y sistemas de atención de salud, reconociendo que este derecho en una mujer embarazada es determinado por su clase social. Esto, enmarcado en el tipo de afiliación al que puede acceder, es decir, medicina prepagada, E.P.S o Sisbén. Vallana expone lo anterior como un determinante para los profesionales sobre los procedimientos a los que tienen derecho y al trato que se les debe dar a las usuarias (Monroy, S. 2012). Esto Vallana lo denomina cómo un acceso diferencial a la atención según el nivel socioeconómico, derivado de las coberturas del seguro de salud, convirtiendo el elemento de la clase social y el nivel educativo en un factor determinante para la atención que reciben las mujeres.
Un ejemplo contundente del factor mencionado previamente es el caso de violencia obstétrica en el Hospital San Ignacio, Vallana retoma un caso expuesto en el periódico Espectador, en el que una mujer denunció como el personal de salud, específicamente su médico, se negó a ponerle anestesia, manifestando que el Sisbén no cubría este
procedimiento: “Me suministraron dos dosis en todo el parto y me dijeron que antes agradeciera, porque a las mujeres afiliadas en el Sisbén ni siquiera les ponían” El Espectador, ( 2013 citado por Vallana, 2016).
Viviana Vallana aclara que su investigación no pretende mostrar las diferencias que tiene la atención del embarazo y parto según variables de clase, raza, religión y etnia, pero reconoce que son elementos interseccionales que tienen una relevancia que se manifiesta y materializa en el incremento de tratos irrespetuosos y procedimientos inadecuados.
Continuando con las deficiencias de la legislación colombiana en torno a Violencia Obstétrica, en el texto de Gabriela Almonte García (2016), Violencia ginecológica y obstétrica. La medicalización del cuerpo femenino. La autora establece una relación con el tema de la política pública en Colombia, sobre sexualidad, derechos sexuales y derechos reproductivos, en el cual se encontró, que la acción u omisión de las instituciones se tradujo en barreras para la implementación efectiva de esta, debido a la construcción social,los pensamientos y la comprensión sobre sexualidad, derechos sexuales y derechos
reproductivos, las acciones y comportamientos de rechazo, que se generaron, generaron una dificultas en razón de, la implementación y la construcción de política pública.
En el texto IFMSA Policy,Obstetric Violence and Humanized Birthi, propuesto por DENEM Brasil y AMSA Austria (2017), se busca profundizar la situación de la Violencia Obstétrica en otros países en los que se evidencia el trato deshumanizado hacia las
gestantes y parturientas, en este aparecen países como :
Estados Unidos, establece en su marco legal que las decisiones y el contacto sin consentimiento no está permitido, sin embargo, no se ha tomado una disposición con respecto a las mujeres embarazadas. A pesar de varias demandas presentadas contra médicos, quejas y reclamos, la mayoría dictamina a su favor, manteniendo el hecho de que el saber se encuentra en los médicos y ellos saben qué hacer.
Para la región del Mediterráneo Oriental, existen faltas y diferentes tipos de violencia que comprenden el abuso físico y verbal y la falta de consentimiento, esto aterrizado a la violencia obstétrica y la salud de las gestantes, a altas tasas de mortalidad y complicaciones obstétricas, pues lo anterior no se encuentra regulado.
En Marruecos, las mujeres señalaron presencia de abuso físico y este registro con una frecuencia de 12,3%. resaltando que estas cifras se presentaban mayormente en mujeres sin educación y con condiciones socioeconómicas deficientes. En cuanto a la experiencia del parto señalaron, que fue un proceso deshumanizado, apoyado tecnológicamente sin apoyo, atención o acompañamiento personalizado.
En este mismo sentido en el continente africano las desigualdades sociales son evidentes y la interseccionalidad es un aspecto para tener en cuenta a la hora del parto, pues a las mujeres no les piden consentimiento para la realización de procedimientos y
decisiones sobre su cuerpo en el momento del parto, a partir del estigma que se materializa en la atención ignorando los derechos de la paciente.
Cambiando a otro continente, el escenario en Asia no es muy diferente, la mortalidad materna es alta y las mujeres prefieren no elegir un nacimiento
institucionalizado, pues en estos espacios no se les permite elegir y manifestarse en relación a su embarazo. Por último, el texto contextualiza Afganistán en el que evidentemente se encuentra equipado deficientemente para cualquier aspecto relacionado con la salud, en cuanto al parto existen malas actitudes, discriminación y abandono.
Teniendo en cuenta que los contenidos que se encuentran en mayor cantidad se relacionan con el marco legal, la conceptualización de la violencia obstétrica, las razones, detonantes y las estructuras determinantes para la misma, a continuación, se expondrán los
vacíos, y aspectos que no se abordan a profundidad en la revisión de antecedentes, esto con el objetivo de ubicar y dar sentido al accionar investigativo.
1.7.Aspectos a profundizar sobre la Violencia Obstétrica.
Posterior a la revisión de literatura especializada se identificaron algunos vacíos, sobre los que no se ha abordado a profundidad en estos 23 documentos revisados
inicialmente, los cuales se expondrán a continuación.
El propósito dela revisión documental y la construcción de antecedentes ha sido elaborar, a partir de una búsqueda en bases de datos, un estado del arte que presenta los avances de la investigación reciente de las ciencias sociales en América Latina sobre violencia obstétrica, con el interés de hacer un aporte a su problematización.
Como aspecto a profundizar cabe mencionar la ausencia de múltiples documentos en los que se encuentre de forma clara, aspectos que especifiquen la violencia obstétrica en Colombia pues al no ser tipificado desde el ámbito legal como un tipo de violencia, la información parece ser insuficiente. Al respecto, la información que se encuentra está principalmente relacionada con países en los que la violencia en cuestión se legisla y se reconoce como un tipo de violencia, poniendo en evidencia, que la situación de
desconocimiento en Colombia genera un vacío legal y da cuenta de la ausencia de un marco jurídico que cobije esta situación de manera directa. Cabe reconocer que para el caso de Colombia se han adelantado proyectos de ley para sancionar la violencia obstétrica, y ante esto surgen diferentes debates en los que muchos médicos y especialistas asumen estas posiciones como un ataque, refiriéndose a que dichos temas los hace ver como victimarios. De esta forma, se niega la realidad de las mujeres en cuanto a la violencia obstétrica y como
resultado se imponen perspectivas a raíz de una cuestión de poder, impidiendo determinar los marcos jurídicos y tipificar la violencia obstétrica.
En el artículo titulado la violencia obstétrica en la literatura de las ciencias sociales en América Latina, publicado por la Universidad Javeriana ,escrito por Lafaurie Y Villamil (2019), se expone la naturalización y medicalización de los procesos reproductivos de las mujeres y a la biopolítica, como generadora de control y apropiación del cuerpo de las mujeres en la práctica de la salud sexual y reproductiva, ligada al orden sexista y patriarcal, aspecto que no aparece de forma profunda en diferentes textos revisados , por lo tanto, se hace interesante a la investigación profundizar y acoger aspectos relacionados con este postulado.
Además de ser una investigación en la que se enmarca la importancia del
reconocimiento de la perspectiva de las mujeres y del personal de salud, también se pone de relieve la necesidad de enaltecer el protagonismo de las mujeres en sus procesos
reproductivos y de parto.
A partir de lo anterior se puede determinar otro vacío evidente es la visibilizarían de la opinión de las personas que trabajan y hacen parte del sistema de salud y su
conocimiento en torno a este tipo de violencia, teniendo en cuenta que, son personas relevantes al momento de hacer referencia a la violencia obstétrica. Sin embargo, se encontró en el texto de Josmery Faneite, Alejandra Feo Y Judith Toro (2012), titulado Grado de conocimiento de la violencia obstétrica por el personal de salud, evidencia que solo el 50% de las personas pertenecientes a la institución de salud tienen conocimiento de la legislación que protege y asegura dicho bienestar, siendo un estudio en el que solo la mitad de los encuestado conoce la legislación, sin embargo, el estudio no brinda
percepciones sobre la violencia y el papel del personal de salud con relación a la violencia obstétrica.
En este mismo sentido, otro vacío relacionado con la percepción y el
reconocimiento de la perspectiva de las partes, se encuentra alrededor de la subjetividad de las mujeres hacia la violencia obstétrica, pues se encontró poca información en torno a la opinión o percepción de la mujer, o literatura especializada en la cual la investigación o el núcleo de la investigación se ligara a esta perspectiva, convirtiéndose esto en una limitación directa, al momento de reconocer la situación y realidad vista desde la postura de las
mujeres y especialmente, de las mujeres embarazadas usuarias del sistema de salud, siendo estas las primeras implicadas y afectadas por la violencia obstétrica.
A partir de los elementos mencionados anteriormente, es claro que queda pendiente y que se percibe la necesidad de ahondar en los temas en los que no se encontró
información a profundidad. Aquí se fundamenta en el interés de ofrecer aspectos que profundicen y den paso al reconocimiento de elementos necesarios para hablar con claridad sobre la violencia obstétrica. Para el caso específico de Colombia es necesario hacer visible y reconocer diferentes aspectos sobre la violencia obstétrica, dando paso a más
investigaciones e intervenciones necesarias para la transformación de la realidad de las gestantes y la normatividad de leyes y políticas necesarias para la protección y garantía de los derechos de las mujeres.Por lo tanto, esta investigación busca acercarse a la perspectiva de las mujeres que vivieron experiencias de violencia obstétrica, abordando el género, la subjetividad y el componente socioeconómico, desde una metodología centrada en conocer la voz y la experiencia de las mujeres.
2. Planteamiento del problema
En Colombia las mujeres víctimas de violencia obstétrica, se encuentran en un contexto que no brinda garantías alrededor de la dignidad, el trato humanizado y el debido procedimiento. Además de ser un problema hostil en el que predomina la hegemonía patriarcal aceptada culturalmente y el poder del área de la medicina.
Ser mujer en Colombia para Misael Torres (2017), es la fortaleza necesaria para sostener la integridad del hogar, la capacidad de soportar la vida en desamor, la determinación para vivir en el silencio, la soledad, el olvido… la resignación que hace falta para vivir en el sometimiento y la violencia de una cultura patriarcal que no ve más allá de sus locuras, aun cuando algunos locos sean la fuerza
incondicional que permite nuestro desarrollo.
Ser mujer en Colombia implica una carga cultural, donde el predominio de lo masculino refleja la jerarquía de género, la mantiene y la activa, invisibilizando, legitimando y naturalizando la violencia contra las mujeres.
Ser mujer en Colombia implica diferentes riesgos, especialmente al referirnos a la violencia a la que se expone y es expuesta una mujer. Esto se percibe en cifras que contextualizan y permiten generar un panorama de la situación de violencia contra las mujeres en Colombia.
Tomando el referente más cercano al año 2020, el Instituto Nacional de Medicina Legal, publicó en el estudio Forensis 2019, que durante este año se presentaron en
Colombia 870 homicidios de mujeres; 67.629 casos de violencia intrafamiliar y de pareja, de los cuales 51.731 fueron en contra de mujeres. Y según el Observatorio Nacional hubo más de 400 feminicidios. (Forensis, 2019)
Según el Observatorio Nacional y la línea de violencias de género (2016), se puede afirmar que las diferentes formas de violencias son el resultado de múltiples procesos sociales, culturales e históricos, a través de los cuales se producen los determinantes estructurales e intermedios, tales como el género.
El género se entiende como un estructurador social, que determina los roles, las valoraciones, estereotipos e imaginarios asociados a lo masculino y lo femenino. Las estructuras de género, han determinado significativamente el lugar de la mujer en la
sociedad, el significado de su voz, su opinión, y su situación de derechos. Es innegable que el reconocimiento de los derechos de las mujeres ha sido una lucha histórica,
ejemplificando con el derecho al voto, sólo tras una lucha de varias décadas las mujeres obtuvieron el derecho al voto, siendo Colombia uno de los países de la región que más tardó en reconocerlo. Otro ejemplo de esto, es la limitación histórica de los derechos de las mujeres sobre el cuerpo y el poder de decisión sobre el mismo, puesto que tales temas históricamente han sido una lucha y una conquista constante, especialmente hablando de derechos sexuales y reproductivos, enmarcándose en el uso de anticonceptivos, la
sexualidad libre y -segura y la autonomía sobre los procesos reproductivos de cada mujer.
Sin embargo, las luchas y los derechos de las mujeres han estado precedidas de organización, creación de espacios propios y confrontación con el poder de una sociedad patriarcal y con determinantes culturales ligados al género. Consecuencia de este modelo y de las variadas formas de violencia que se reproducen en su implementación, surge el concepto de violencia obstétrica, inicialmente desde la terminología legal de países como Venezuela, Argentina y México, entre otros, donde las leyes en cuanto a violencia de género incluyen y sancionan aquellas violencias específicas que afectan a las mujeres
durante la atención en salud, con especial énfasis en el proceso y la atención del parto y el embarazo.
La violencia contra la mujer y especialmente por razón de género, es uno de los detonantes más importantes para hoy en día hablar y poner en discusión la Violencia Obstétrica, puesto que diariamente, mueren en todo el mundo aproximadamente
830 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto. Esto traducido en cifras anuales de 303 000 muertes de mujeres durante el embarazo y el parto, sin embargo,
cabe resaltar, que no se encuentran cifras exactas de violencia obstétrica, esto encausado en la falta de reconocimiento de esta a nivel social, cultural, legislativo y estructural.
(Organización Mundial de la Salud, 2019)
Específicamente para Colombia, la violencia obstétrica no se encuentra juiciosamente normativizada y desglosada mediante algún marco legal que permita la penalización y judicialización de los actos que se enmarcan en la Violencia Obstétrica. En consecuencia, esto no permite ver el número o percibir la dimensión de mujeres que sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en los diferentes centros de salud, situación que amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación.
A partir de lo anterior, se puede establecer que existe carencia de reconocimiento de la violencia obstétrica en Colombia y además se puede agregar que se enfrenta a un sistema de salud deshumanizado, que niega su responsabilidad sobre dicha violencia. Un hecho concreto que contextualiza la problemática, fue la presentación del proyecto de ley 147 del 2017, que pretendía, prevenir y sancionar la violencia obstétrica en Colombia,
presentado por la Senadora Nadya Blel Scaff, proyecto de ley que no fue aprobado, y además generó molestias en el gremio de ginecólogos y obstetras de Colombia y la
Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, quienes manifestaron el rechazo al proyecto de ley, argumentando que los hacía ver como victimarios y abusadores, primando su opinión y perspectiva y negando, sin escuchar o visibilizar las voces de las mujeres.
De acuerdo con la Senadora, este proyecto de ley buscaba reconocer la violencia obstétrica como una modalidad de violencia de género que debe ser prevenida y
sancionada mediante el establecimiento de garantías de trato digno y humanizado a las mujeres en el proceso de embarazo, parto y post parto. La falta de garantías al ser mujer y al estar embarazada se hace evidente, y la negación de derechos para asegurar el bienestar de la mujer, se fundamenta en una cultura de desconocimiento y negación de las
necesidades particularidades de las mujeres.
A partir de lo expuesto, es importante indagar en las perspectivas y la visibilización de las voces y puntos de vistas de las mujeres, puesto que la estructura cultural e
institucional contribuye a la falta de reconocimiento, especialmente enmarcado en el negacionismo de la Violencia Obstétrica. Esto demuestra lo importante que debe ser la presencia y participación de las mujeres a la hora de hablar de violencia obstétrica, puesto que se trata de una problemática de derechos humanos, de educación, de salud pública, y de género.
Sin embargo, es importante resaltar que aunque todas las mujeres son potenciales víctimas de este maltrato, de acuerdo con el Observatorio de Violencia Obstétrica, son más vulnerables las mujeres de bajos recursos y menor nivel de escolaridad, esto se enmarca en la complejidad de reconocer la violencia obstétrica para mujeres que se han desarrollado dentro de contextos en los que no se reconoce la existencia de los derechos sexuales y
reproductivos, los abusos, los actos violentos, el autoritarismo médico, contextos en los cuales se naturalizan las relaciones de poder. (Rangel & Martínez, 2017)
Según el Observatorio Nacional de Violencia , el modelo de los
determinantes sociales establece que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen en unas condiciones específicas y esas condiciones son las que permiten que las personas puedan satisfacer sus necesidades en cada una de las esferas de su vida con calidad y bienestar; estas circunstancias y condiciones son el resultado de la distribución del poder, el dinero y los recursos sociales, económicos, políticos y culturales que determinan modos de vida. La desigualdad social en el país no permite las condiciones adecuadas para vivir, aumentando la probabilidad de enfermar y el riesgo de morir de forma prematura por enfermedad o violencia. (Observatorio Nacional de Violencia, 2016, P.P 18)
Estos determinantes sociales definidos previamente, permiten y facilitan de acuerdo con las condiciones políticas, culturales y económicas, las relaciones de poder y la
exposición a situaciones de riesgo en las que las mujeres son violentadas, afectadas o vulneradas.
Esto aterriza la idea de que la violencia obstétrica se enmarca especialmente en grupos de mujeres, en donde se evidencian niveles elevados de vulnerabilidad, como mujeres afrodescendientes, pertenecientes a minorías étnicas, adolescentes, con bajo nivel escolar, drogodependientes, mujeres viviendo en situación de calle, mujeres sin
acompañamiento o pobres.
Lo anterior, invita al compromiso de, aportar aspectos innovadores para intentar resolver los nudos de esta problemática y visibilizar la voz y la subjetividad de las mujeres
en situación de vulnerabilidad, para nuestro caso específico, mujeres que pertenecen a el nivel socioeconómico más bajo en Colombia, esto fundamentado en que, en la cotidianidad de estas mujeres confluyen una serie de determinantes sociales que potencian su
vulnerabilidad frente al maltrato obstétrico. Tomando esto desde una perspectiva de género interseccional, en la que se apropie la dignidad humana, la resistencia y se acerque a desentrañar los problemas particulares de ser mujer, pobre y parir en Colombia.
Los estratos socioeconómicos en Colombia, son determinados por el Sisbén y permiten identificar a los hogares, familias o individuos que por sus condiciones de empleo, ingresos y características de las viviendas, corresponden a estratos bajos que albergan a los usuarios con menores recursos, tomando estos factores cómo limitante económico que impide a un hogar acceder a una vivienda mejor, así como le impide a las personas y en este caso a las mujeres, proveerse otros bienes y servicios tales cómo salud y educación (Departamento Nacional de Planeación, 2020).
Tomando en cuenta lo anterior, se hace necesario, desentrañar la violencia
obstétrica del ámbito privado de las instituciones, puesto que el papel de negación de estas y de los profesionales, a determinado de forma relevante el lugar de la violencia obstétrica en la estructura social en general, buscando así nivelar la lucha de poderes e impartir un reconocimiento del otro. Además, es importante poner en discusión aspectos que se deben desestructurar y cuestionar a partir de las estructuras socialmente aceptadas, los roles y las características y valores determinados al ser mujer y especialmente de bajos recursos.
Todo este modelo de atención que se va desplegando durante el embarazo, hace que se interioricen discursos y normalicen las prácticas que relegan a las mujeres a un sistema universalmente opresivo y voraz, donde el predominio de lo masculino refleja la jerarquía
de género, invisibilizando, legitimando y normalizando la violencia contra las mujeres. Enmarcando este tipo de violencia, en violencias encubiertas, que carecen de
reconocimiento público, esto evidenciado en la ausencia de leyes y reconocimiento en diferentes espacios públicos y de discusión.
El contexto presentado aquí, requiere de Trabajadoras y Trabajadores Sociales con apertura para la atención, diálogo, investigación y apoyo en relación con este problema intrincado en la cultura misma, en pro de la eliminación de la violencia contra la mujer que según:
la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidades (2016) Es todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada
Esta definición previa, sitúa la violencia contra las mujeres en el contexto de la desigualdad relacionada con el género, como actos que las mujeres sufren a causa de su posición social subordinada.
Para finalizar, es necesario problematizar y trabajar el tema de Violencia Obstétrica y que se visibilice la forma de pensar, sentir y actuar a partir de las experiencias históricas y cotidianas de las mujeres. Partiendo del principio de que todos merecemos ser escuchados y reconocidos, resaltando la necesidad latente de la tipificación y existencia de esta.
¿Qué significado otorgan las mujeres asignadas en el nivel de Sisbén I, a sus experiencias de violencia obstétrica padecidas en instituciones públicas de salud del Municipio de Soacha-Cundinamarca?
4. Objetivos
4.1.Objetivo General
Analizar desde una perspectiva de género interseccional, los significados otorgados por algunas mujeres pertenecientes al Sisbén nivel I, a sus experiencias de Violencia Obstétrica en las instituciones públicas del sector salud en el municipio de Soacha.
4.2.Objetivos Específicos
● Identificar la ruta del Modelo Integral de Atención en Salud de Soacha
Cundinamarca, a partir de la cual se determina la atención en salud para las madres gestantes y lactantes.
● Indagar los efectos en torno a las condiciones socioeconómicas de las mujeres pertenecientes al Sisbén nivel I y el componente experiencial que denota violencia obstétrica, mediante sus propias concepciones.
● Definir las principales afectaciones derivadas de las experiencias vividas por las mujeres, asociadas a la violencia obstétrica, en torno a dimensiones relevantes de la subjetividad femenina.
5. Marco Conceptual
Tomando como punto de partida los vacíos evidenciados y el interés investigativo, el presente trabajo tendrá en cuenta en términos generales, definiciones, conceptos y teorías
desarrolladas en el marco de la perspectiva de género interseccional, siguiendo así sus respectivos contenidos de interés, denominados como violencia obstétrica, poder, género, patriarcado y feminismo que enmarcan y permiten la investigación desde una
fundamentación y articulación lógica.
Analizando los aspectos teórico-conceptuales, en torno a la violencia obstétrica: aparece indiscutiblemente el género como categoría en dónde se enmarca específicamente este tipo de violencia, de acuerdo a esto y tomando en consideración los aspectos
transversales que participan y detonan la VO, tomamos como categoría principal la perspectiva de género interseccional.
5.1.Estudios de Género desde una perspectiva de interseccionalidad
El concepto de interseccionalidad fue acuñado por la jurista Kimberlée Crenshaw en 1989, quien lo definió como la expresión de un sistema complejo de estructuras de opresión que son múltiples y simultáneas, con el fin de mostrar las diversas formas en que la raza, la clase y el género, actúan y se introducen y determinan situaciones de desigualdad.
(Cubillos, 2015)
Esto trae consigo el postulado, en el que los distintos sistemas de opresión están en interacción, interdependencia y mutua constitución, de manera dinámica.
Según Vigoya (2016), la interseccionalidad implica reconocer que existe más de una categoría de diferencia y estas deben ser examinadas por niveles, teniendo en cuenta la interdependencia y las interacciones de estas tanto estructural como políticamente, para así poder abordar los sistemas de discriminación efectivamente.
Teniendo en cuenta esta perspectiva interseccional, para los estudios de género no es suficiente visibilizar sólo las relaciones de dominación en función del género, olvidando cómo este sistema de poder se articula y se refuerza con otras intersecciones como la raza, la clase social, la sexualidad, entre otros. Pues ignorar estos determinantes tendría como consecuencia, reforzar y propiciar discursos hegemónicos y prácticas legitimadas en las que el conocimiento lo instaura, un sujeto masculino, perteneciente a la etnia, la clase, la cultura y el saber culturalmente dominante.
Teniendo en cuenta lo anterior Patricia Hill Collins (2000) y Ange Marie Hancock (2007, citadas por Cubillos, (2015) exponen que existen exclusiones creadas por la
utilización de marcos teóricos que ignoraban la imbricación de dichas relaciones de poder que circulan desde hace mucho tiempo en contextos históricos y políticos, por lo tanto la interseccionalidad es acogida como la necesidad teórica y metodológica para dar cuenta de la percepción cruzada o imbricada de las relaciones de poder.
Por último, en este mismo sentido Donna Haraway (1995) con su propuesta de los conocimientos situados y parciales, sostuvo que todo el mundo tiene una visión parcial de la realidad y que es indispensable la inclusión de sujetos y perspectivas marginalizadas en los espacios de producción de conocimiento, pero no porque éstos ocupen un lugar
epistémico privilegiado, sino porque aportarán un conocimiento diferenciado de la realidad que junto con los demás saberes, permitirá tener una visión más completa y comprender las presiones desde esa realidad ligada e inseparable, para así realizar ejercicios epistémicos más consecuentes.
Teniendo en cuanta esto, a continuación, se abordarán los componentes conceptuales que permiten que esta investigación se desarrolle como un ejercicio consecuente y que permita el desarrollo a cabalidad de los objetivos.
5.2.Violencia obstétrica
La Organización Mundial de la Salud (2014), define la violencia obstétrica como la apropiación del cuerpo y de los procesos reproductivos de las mujeres por personal del área de la salud, que se expresa en un trato deshumanizador, que se enmarca en un abuso de la medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, lo que
impacta negativamente en la calidad de vida de las mujeres. Además, considera la violencia obstétrica como parte perteneciente a una cultura institucional enraizada, marcada por la banalización, invisibilidad y naturalización del fenómeno en el cotidiano asistencial. Las características descritas permiten el no reconocimiento de la Violencia Obstétrica como práctica de violación de los derechos humanos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2014), En todo el mundo, muchas mujeres sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, que no solo viola los derechos de las mujeres a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación. Esta declaración reclama un accionar más enérgico, diálogo, investigación y apoyo en relación con este importante problema de salud pública y de derechos humanos (P.27).
1. No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas.
2. Obligar a la mujer a parir con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.
3. Obstaculizar el apego precoz del niño o niña a su madre sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o
amamantarla inmediatamente al nacer.
4. Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
5. Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer. (Organización Mundial de la Salud 2014, p 32)
La violencia obstétrica implica y determina el cuerpo de las mujeres,
convirtiéndose, en objeto de manipulación, al momento de decidir sobre su cuerpo y eliminar su autonomía, enmarcando y determinando superioridad del saber, reafirmando el poder que se ejerce sobre las mujeres a partir de dicha superioridad.
La violencia obstétrica no es sólo consecuencia de protocolos obsoletos y practicas medicas inadecuadas, sino que se trata de una forma más de violencia de género,
demostración de la hegemonía del poder y orden patriarcal: debido a que se infantiliza a las mujeres, tratándolas de un modo paternalista y vejatorio, pero está tan normalizada a nivel social que resulta difícil la visibilización del problema. (Ibáñez, 2017)
Para abordar lo previamente mencionado, es importante tomar el tema del poder cómo un aspecto determinante en el desarrollo de este ejercicio de investigación, teniendo
en cuenta que es una categoría que atraviesa de forma significativa la violencia obstétrica según el nivel social, el género y la desigualdad. Tomando en cuenta que la violencia obstétrica es impartida a partir de lógicas de poder fundamentadas en el patriarcado y el saber médico especializado.
5.3.Poder intimidación y apropiación sobre los cuerpos
Desde la perspectiva de Foucault (1988, citado por Guillen, 2005), el poder está en todas partes, en el espacio y en el tiempo, en toda relación humana, en la historia, los discursos, las instituciones, normas, etc. El poder se ejerce a partir de múltiples relaciones que no son igualitarias, y determinan lugares de superioridad o inferioridad que se ejercen en forma de fuerza, en cualquier tipo de espacio, la familia, la economía y la cotidianidad.
Existe un poder que todo lo envuelve, lo mimetiza, lo reduce, hasta la propia ciencia, convirtiéndose en una especie de paradigma que todo lo envuelve y que se encarga de tender un manto para silenciar los saberes que no interesan que se coloquen en la vanguardia o abran paso para que se establezcan y consoliden como conocimiento universal (Foucault; citado por Guillen, 1988, p 13)
Foucault está convencido de que “en todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce” nadie es su dueño o poseedor, sin embargo, sabemos que se ejerce en determinada dirección; no sabemos quién lo tiene, pero sí sabemos quién no lo tiene, además de
reconocer que el poder es algo que se adquiere, que se puede ceder bien sea por contrato o por la fuerza, que se puede enajenar o recuperar, que circula. Todos estamos a su vez traspasados por las relaciones de poder. Ejercemos poder sobre otros y se ejerce poder sobre nosotros (Guillen, 2005).