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Las peores cicatrices

no siempre son físicas:

la tortura psicológica

Hernán Reyes*

El doctor Hernán Reyes, de la División de Asistencia del CICR, se ha especializado en los aspec-tos médicos de la detención y ha visitado numerosos centros de detención en todo el mundo.

Resumen

En los interrogatorios, la tortura suele emplear métodos que no agreden el cuer-po ni causan dolor físico, sino que provocan sufrimientos psicológicos agudos que alteran profundamente las facultades y la personalidad. Mantener a un detenido incomunicado o privarlo del sueño por un período prolongado son sólo dos ejemplos de métodos de tortura psicológica. Estos métodos, que no se equiparan con malos tratos cuando se los practica en forma aislada, son asimilables a tratos inhumanos o degradantes, incluso a actos de tortura, cuando se los aplica en forma conjunta con otras técnicas y/o durante largos períodos. Con frecuencia, esos métodos son indi-sociables de todo el proceso de tortura y constituyen un “contexto general” de asedio y coerción. De modo que la “acumulación en el tiempo” debe considerarse como un elemento del sistema de tortura psicológica.

: : : : : : :

Lamentablemente, con frecuencia los interrogadores se enorgullecen de no recurrir a “métodos físicos brutales” en su tarea, sino únicamente a “métodos

psicológicos”, que no consideran como tortura. En las páginas siguientes,

* El autor agradece a Jonathan Beynon, doctor en Medicina, coordinador encargado de salud carcelaria en la Unidad de Salud del CICR, sus valiosos comentarios sobre las distintas versiones del presente artículo. Las opiniones expresadas corresponden al autor y no reflejan necesariamente las del CICR.

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zaremos en qué consiste la tortura propiamente dicha y, en particular, si los méto-dos psicológicos utilizaméto-dos durante los interrogatorios pueden producir efectos, mentales o físicos, asimilables a actos de tortura.

La tortura puede producirse durante la detención, con el objetivo de castigar

o de degradar y humillar a una persona. No obstante, este artículo sólo trata sobre la

tortura empleada durante los interrogatorios con el objetivo de extraer información. Durante los interrogatorios, los métodos psicológicos apuntan, precisamente, a “ablan-dar” y, por lo tanto, a quebrar la resistencia de los detenidos a fin de hacerlos hablar. Con frecuencia, dicha práctica es el resultado de la política de Estados que autorizan su empleo en forma directa o indirecta, es decir tolerándola.

Antes que nada, cabe precisar que los interrogatorios en sí son legítimos siem-pre y cuando los métodos utilizados respeten el derecho. Dichos métodos ya se han

descrito antes y comprenden distintas técnicas de interrogación, así como el empleo de

ardides psicológicos. El problema consiste entonces en determinar qué métodos son le-gítimos y cuáles son ilegales, pues causan un dolor y un sufrimiento que entran dentro de la categoría del “trato cruel, inhumano o degradante” o bien dentro de la categoría de la tortura. Algunos de los métodos empleados son físicos, actúan sobre el cuerpo y, por lo general, son dolorosos; otros son psicológicos, es decir que no son físicos y ac-túan a nivel mental. Algunos de ellos son formas comprobadas de tortura; otros —que también pueden causar dolor y sufrimiento, pero en menor medida— no pueden cali-ficarse de tortura según la definición de esta última. Otros métodos no físicos pueden parecer menores, y hasta inofensivos, si se los practica por separado, uno por uno. En el presente artículo, analizaremos el empleo de los métodos no físicos y determinaremos cómo y cuándo su empleo puede asemejarse a la tortura según la definición establecida. En particular, examinaremos si dichos métodos menores y aparentemente inofensivos también pueden asemejarse a un trato cruel, inhumano y degradante, o incluso a un acto de tortura, cuando se los aplica de manera reiterada, de forma aislada o conjunta, durante un período prolongado.

Acerca de la definición jurídica de la tortura

Definir la tortura parece tan difícil como definir qué es lo que nos choca en el caso de la pornografía. Un juez de la Corte Suprema de Estados Unidos dijo una vez respecto de la definición de pornografía:

En el caso Raquel Martín de Mejía (Raquel Martín de Mejía c. Perú, caso N.º 0.970, Informe N.º 5/96, Corte Interamericana de Derechos Humanos, OEA/Ser.L/V/II. 9 Doc. 7 at 68, 996), la Corte Inte-ramericana de Derechos Humanos destacó que el elemento de intención puede consistir en castigar, humillar o intimidar a una persona. No se limita a sacarle información a un detenido.

Los métodos psicológicos de interrogación legítimos superan el marco del presente documento, pero po-demos enumerar los más conocidos: terror; orgullo y ego; futilidad, nosotros sabemos todo; amable/mal-vado; interrogatorio mudo, etc. V. Field Manual (FM) 4-5, Intelligence Interrogation, US Department of the Army, Washington D. C., 8 de septiembre de 99, capítulo , “Approach phase and questioning phase”, -0 y -0. Disponible en: http://www.fas.org/irp/doddir/army/fm4-5.pdf (consultado el 9 de octubre de 007). También v. Raúl Tomás Escobar, El interrogatorio en la investigación criminal, Buenos Aires, Universidad, 989, pp. -0.

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“...hoy no intentaré definir con precisión lo que engloba [el término pornogra-fía] [...] ¡pero la reconozco cuando la veo!”.4

No obstante, hoy existe una definición universalmente aceptada de la tortura, a saber, la que figura en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de las Naciones Unidas de 984. Se-gún ese texto, por tortura se entiende todo acto que consiste, para un agente de la función pública, en infligirle de manera intencionada a una persona “un dolor

o sufrimientos graves, físicos o mentales” con un objetivo preciso5. La

Conven-ción Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura da una definiConven-ción más

amplia6: para que un acto sea calificado de tortura, no es necesario que cause un

dolor o sufrimientos graves. En derecho internacional humanitario (DIH), en cambio, la tortura no necesariamente es infligida por un agente de la función pública o con el consentimiento de éste, sino que puede ser perpetrada por cual-quier persona.

Pese a las diversas interpretaciones, cuando se trata de definir la tortura, los principales elementos por considerar siguen siendo los que se enuncian en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de las Naciones Unidas. Una de las características importantes de dicha Convención es que introduce una diferencia entre el término “tortura” y la expresión “otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”: prohíbe

completa y absolutamente la tortura (artículo )7 y les impone a los Estados la

“única” obligación de “comprometerse a prohibir” otros actos que constituyan tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (artículo 6). Los Estados han invocado esa disposición para afirmar que, si bien la tortura está prohibida, en

4 El juez Potter Stewart, en un intento por explicar la pornografía “dura” o la obscenidad. Caso Jacobe-lliss c. Ohio, 78 U. S., 84 (964), apelación de la Corte Suprema de Ohio (en la nota al pie de página ), disponible en: http://caselaw.lp.findlaw.com/scripts/getcase.pl?court=US&vol=78&invol=84 (consultado el 8 de octubre de 007).

5 El artículo primero de la Convención contra la Tortura la define de la siguiente manera: “A los efectos de la presente Convención, se entenderá por el término “tortura” todo acto por el cual se inflija intenciona-damente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su con-sentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas”.

6 En su artículo , la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura define la tortura de la siguiente manera: “todo acto realizado intencionalmente por el cual se inflijan a una persona penas o sufrimientos físicos o mentales, con fines de investigación criminal, como medio intimidatorio, como cas-tigo personal, como medida preventiva, como pena o con cualquier otro fin. Se entenderá también como tortura la aplicación sobre una persona de métodos tendientes a anular la personalidad de la víctima o a disminuir su capacidad física o mental, aunque no causen dolor físico o angustia psíquica”.

7 El artículo () de la Convención Contra la Tortura de las Naciones Unidas dispone que “en ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inesta-bilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura”.

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circunstancias excepcionales puede justificarse el hecho de infligir tratos crueles, inhumanos o degradantes. Por lo tanto, si esos tratos, y no la tortura, puedenau-torizarse en determinadas circunstancias la distinción entre esas dos nociones se vuelve importante.

No obstante, otros instrumentos jurídicos no establecen una distinción entre ambas nociones. Por ejemplo, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos

pro-híbe en términos absolutos tanto la tortura como los tratos inhumanos o degradantes8.

Lo mismo sucede con el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH)9. El

dere-cho internacional humanitario también proscribe la tortura (física o mental) y los tratos

crueles, inhumanos o degradantes, así como toda forma de coerción física o moral0.

En la aplicación práctica de las disposiciones pertinentes, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos distinguió la tortura de los “tratos crueles, inhumanos o degra-dantes” adjudicándole a la palabra tortura “una especial infamia” y atribuyéndole una “intensidad y [...] crueldad particulares”. En el caso Irlanda c. Reino Unido, ya antiguo, determinados métodos, como el encapuchamiento, la privación del sueño, la obligación de estar de pie contra un muro durante un tiempo prolongado y un ruido constante

no constituyeron una práctica de tortura. A la inversa, cuando hubo que determinar

si algunos métodos similares empleados por el Servicio General de Seguridad israelí para interrogar a presuntos terroristas palestinos a fines de la década de 980 y en los años 990 se asemejaban a la tortura, el Comité contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de las Naciones Unidas y el Relator Especial sobre

la Tortura estimaron que dichos métodos constituían, en efecto, actos de tortura.

De manera más general, es posible establecer una distinción entre las dos no-ciones si nos referimos a la Declaración de las Nano-ciones Unidas de 975, que define la

tortura como “una forma agravada de trato cruel, inhumano o degradante”4. La tortura

implica, pues, que se inflija un sufrimiento o una pena más grave, noción que, sin duda, es muy subjetiva.

8 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículos 4 y 7.

9 Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, artículo : “Nadie podrá ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes”.

0 V. el artículo común a los cuatro Convenios de Ginebra de 949 y el artículo 7 del III Convenio de Ginebra de 949 relativo al trato de los prisioneros de guerra.

Irlanda c. Reino Unido, Sentencia N.º 50/7, Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Estrasburgo, 8 de enero de 978, párr. 67.

Ibíd., párr. 68. No obstante, la Comisión Europea de Derechos Humanos, que examinaba obligatoria-mente los casos antes de presentárselos al Tribunal, había concluido que, en efecto, los actos podían con-siderarse una práctica de tortura, posición que hoy muchos sostendrían.

Centro Israelí de Información por los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados (B’Tsalem), “Le-gislation allowing the use of physical force and mental coercion in interrogations by the General Security Service”, Position Paper, enero de 000, disponible en: http://btselem.org/Download/0000_Torture_Po-sition_Paper_Eng.doc (consultado el 5 de octubre de 007).

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De modo que la definición de la tortura, en oposición al trato cruel, inhu-mano o degradante no está demasiado clara y constantemente es objeto de deba-tes. Una interpretación de buena fe de los instrumentos pertinentes relativos a los derechos humanos vuelve inútil la diferencia entre estas dos nociones en el plano

jurídico, ya que dichos instrumentos apuntan a proscribir a la vez la tortura y el trato

inhumano o degradante y a impedir que los Estados soslayen la prohibición absoluta de la tortura clasificando sus métodos dentro de la categoría de los tratos crueles, inhumanos o degradantes en vez de en la categoría de actos de “tortura”.

Definición de tortura psicológica

La expresión “tortura psicológica” puede referirse a dos aspectos

diferen-tes del mismo fenómeno. Por un lado, aquí puede designar los métodos no físicos.

Mientras que los “métodos físicos” de tortura pueden ser más o menos eviden-tes (como el uso de esposas, la flagelación, la aplicación de descargas eléctricas sobre el cuerpo y otras técnicas similares), los métodos “no físicos” no hieren, no mutilan y hasta pueden no tocar el cuerpo, sino que afectan la mente. Entre los métodos no físicos que pueden asimilarse de manera manifiesta a actos de tortura figuran la privación prolongada del sueño, una privación sensorial total u obligar a una persona a presenciar la tortura de miembros de la familia, para mencionar sólo tres ejemplos. Por otro lado, la expresión “tortura psicológica”

también puede servir para designar los efectos psicológicos (en oposición a los

efectos físicos) de la tortura en general (por tortura “en general” entendemos la práctica del método físico o psicológico, o de ambos). A veces, se tiende a fusionar estos dos conceptos, lo que lleva a confundir los métodos y los efectos. Debido a esa confusión, algunas autoridades han negado la existencia misma de la tortura psicológica como realidad concreta.

Hemos afirmado que podía ser difícil definir la tortura en general. Es aún más difícil definir la tortura psicológica. Como hemos visto, la definición de la tortura se funda, sin lugar a dudas, en “un dolor y sufrimientos graves”. El hecho de que esa noción se califique a la vez de física y mental da cuenta del carácter indisociable de ambos aspectos. La tortura física produce a la vez un sufrimiento físico y mental; lo mismo ocurre con la tortura psicológica. Por lo tanto, resulta difícil aislar la tortura psicológica como una entidad clara y definir los aspectos que la distinguen.

Un informe de 005 de la organización no gubernamental Physicians for

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de la prohibición de la tortura5. La interpretación del Código hace referencia a:

“los ‘dolores o sufrimientos mentales graves’ causados por la amenaza o por la aplicación efectiva de ‘métodos destinados a alterar profundamente

las facultades o la personalidad’.”6

Así pues, se definen claramente los efectos que se calificarán de tortura. Si los métodos utilizados durante los interrogatorios —lo que PHR llama “técnicas coercitivas psicológicas”— producen los efectos mencionados, dichos métodos psicológicos pueden calificarse de “tortura psicológica”. Su utilización apunta a quebrar toda voluntad de los prisioneros de resistirse a las preguntas de los inte-rrogadores. Los examinaremos en detalle más adelante.

Así como la definición de la tortura enunciada en la Convención contra la Tortura de las Naciones Unidas, esta definición exige que se mida la intensidad del sufrimiento, puesto que los métodos están destinados a alterar “profundamente” las facultades o la personalidad y los efectos producidos deben consistir en un dolor o un sufrimiento grave. Analicemos ahora por qué resulta difícil medir el dolor y el sufrimiento mentales.

Medición del dolor y el sufrimiento mentales

Como ya se ha indicado, para que determinados actos entren en la esfera de la práctica de la tortura, deben causar un dolor y un sufrimiento graves. La Convención contra la Tortura de las Naciones Unidas prohíbe explícitamente

in-fligir un sufrimiento físico o mental (o psicológico) grave. Las formas físicas del

dolor y el sufrimiento son más fáciles de comprender que las formas psicológicas,

aunque el sufrimiento físico también puede ser difícil de cuantificar y medir ob-jetivamente. Definir un dolor y un sufrimiento graves supone una evaluación de su intensidad; ahora bien, es difícil proceder a dicha evaluación, pues se trata de nociones muy subjetivas que dependen de una variedad de factores, como la edad, el sexo, el estado de salud, la educación, el contexto cultural o las

convic-5 Federal Criminal Anti-Torture Statute, título 8 del Código de Estados Unidos, artículo 40: “) Se entiende por “tortura” un acto cometido por una persona que actúa bajo el amparo de una ley y que apunta expresamente a infligir un dolor o sufrimientos físicos y mentales graves (diferentes del dolor y el sufrimiento inherentes a las sanciones legítimas) a todo aquel que se hallara bajo su supervisión o bajo su control físico; ) por ‘un dolor o un sufrimiento mental grave’ se entienden los trastornos men-tales crónicos causados, directa o indirectamente, por A) el hecho de infligir intencionadamente, o de amenazar con infligir, un dolor o sufrimientos físicos graves; B) el hecho de administrar o de amenazar con administrar, sustancias psicotrópicas o cualquier otro trato destinado a alterar profundamente las facultades o la personalidad; C) el hecho de proferir una amenaza de muerte inminente; o D) el hecho de amenazar con matar a una tercera persona, con infligirle sufrimientos físicos graves o con adminis-trarle sustancias psicotrópicas o cualquier otro trato destinado a alterar profundamente sus facultades o su personalidad”, disponible en el sitio: http://caselaw.lp.findlaw.com/casecode/uscodes/8/parts/i/ chapters/c/sections/section_40.html (consultado el 5 de octubre de 007).

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ciones religiosas de la víctima7. ¿Cómo establecer una distinción entre un dolor

leve, moderado, importante, grave, intenso, extremado, insoportable, intolerable, extremadamente grave, atroz? Y la lista continúa...

Es particularmente difícil proceder a una evaluación objetiva del sufrimien-to psicológico. Sir Nigel Rodley, ex Relasufrimien-tor Especial de las Naciones Unidas sobre la Tortura y eminente especialista en el tema, declaró lo siguiente:

“...la noción de ‘intensidad del sufrimiento’ no se presta a una gradación pre-cisa y, en el caso de un sufrimiento principalmente mental, en oposición a un sufrimiento físico, puede existir una zona de incertidumbre acerca de la

manera [...] [de evaluar] la cuestión en cada caso.”8

Esa zona de incertidumbre plantea un problema, ya que se la ha utilizado para hacer que determinados tratos escapen a la calificación de tortura. En lo que respecta al dolor y el sufrimiento físicos, quizá sea útil recordar que el debate se ha desviado más de una vez. En el célebre memorando (algunos dirán “tristemente célebre”) de Jay Bybee de 00, que se proponía definir la tortura con fines internos al gobierno de Estados Unidos, el dolor o el sufrimiento necesarios para que un método de interroga-ción “cumpliera con las condiciones requeridas” para ser considerado como práctica de

tortura debía tener un “nivel de intensidad elevado”9.

Con respecto al sufrimiento físico, el autor del Memorando definió como “intenso”:

“un sufrimiento del orden del que acompaña graves daños físicos como la muerte, la deficiencia de un órgano o el disfuncionamiento grave de una

función corporal.”0

El razonamiento según el cual el dolor, para que se lo califique de “intenso”, debe producir una deficiencia y un daño permanentes tal vez sea válido para que

7 V. Cordula Droege, “El verdadero Leitmotiv: la prohibición de la tortura y otras formas de malos trataos en el derecho internacional humanitario”, en el presente número de la International Review of the Red Cross. 8 Informe del Comité de Derechos Humanos, Documentos Oficiales de la Asamblea General, trigésimo

séptimo período de sesiones, Suplemento N.º 40 (98), Anexo V, Observación General 7(6), párr. . 9 Memorando de Jay. S. Bybee, adjunto del Ministro de Justicia, Oficina de Asesoría Jurídica, para Alberto

Gonzales, Asesor del Presidente ( de agosto de 00), en Karen Greenberg y Joshua Dratel (eds.), The Torture Papers, Cambridge University Press, 005, pp. 7-8. Es conveniente observar que los debates internos en el seno del gobierno de Estados Unidos, que comenzaron por la difusión de “memos internos” provenientes de la Oficina de Asesoría Jurídica, se hicieron públicos, principalmente, luego de escándalos muy mediatizados, como los malos tratos a los que se sometía a los detenidos de Abu Ghraib. Esa divul-gación de los debates internos que subyacen a la concepción y la aplicación de determinados métodos de interrogatorio en interés de la seguridad nacional no tiene lugar, en efecto, en la mayoría de los países. Sin duda, muchos otros gobiernos tendrían “contribuciones” para aportar a esos argumentos a la luz de lo que han hecho o tolerado en el pasado o de sus comportamientos actuales, pero no comparten sus argumen-taciones con el mismo espíritu de apertura.

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la víctima pueda recibir una indemnización. Pero no se aplica a la definición de la

tortura; de hecho, para que un dolor o un sufrimiento entre en la esfera de la tortura, no es necesario que dure mucho tiempo y, mucho menos, que sea permanente. El recurso a la legislación nacional para evaluar pedidos de indemnización no tiene ninguna rela-ción con la interpretarela-ción del derecho internacional que prohíbe la tortura. Sufrir por una enfermedad y sufrir por tortura son dos cosas completamente diferentes. El umbral propuesto para el dolor físico, además de ser inapropiado, es también extremadamente elevado y no toma en consideración el sufrimiento mental.

Con respecto a la tortura psicológica, el mismo Memorando de Bybee

propone otra condición, de las más extraordinarias, que sugiere que: sólo puede haber un “dolor o un sufrimiento mental grave” si se produce un “ataque persis-tente a la integridad mental”, de “larga duración” y “que se extienda durante meses o incluso años”. Eso significa que para toda calificación objetiva del sufrimiento psicológico se debe confirmar la duración prolongada. El CICR visita prisioneros en todo el mundo y se reúne con muchos que aún son sometidos a interrogatorios en situaciones donde se practica la tortura. Según la interpretación antes men-cionada, toda evaluación significativa del daño “prolongado”, debería efectuarse meses o años después de los hechos; ahora bien, lo útil es calificar de tortura una práctica que se está aplicando en el presente.

El trastorno por estrés postraumático (TEPT) diagnosticado en los detenidos

sometidos a interrogatorios coercitivos podría constituir, sin duda, un ataque impor-tante y de duración “prolongada” a la integridad mental. No obsimpor-tante, ese diagnóstico sólo puede establecerse si los síntomas están presentes desde hace más de un mes y exige que se den las condiciones adecuadas y el tiempo suficiente para entrevistar a la persona. Es muy difícil que se den esas condiciones óptimas cuando los interesados aún están detenidos y es más difícil si estos siguen siendo interrogados, ya que están some-tidos a un estrés permanente. Según el Memorando de Bybee, los actos que ocasionan deliberadamente un estrés postraumático pueden calificarse de tortura, pero esa califi-cación exigiría que se efectúe una evaluación apropiada, que tendría lugar varios meses o años después, a fin de determinar qué les había ocurrido a los prisioneros que aún no habían sido liberados en el momento de la perpetración de esos actos. Ello constituye no sólo un obstáculo inútil para la clasificación de determinados efectos psicológicos como asimilables a la tortura, sino que también compromete el objetivo mismo de toda evaluación psicológica con fines de rehabilitación.

Ibíd., p. 76. El Memorando menciona específicamente que “la expresión ‘dolores intensos’ se utiliza en las leyes que definen un estado crítico a los fines del otorgamiento de subsidios por enfermedad”. Ibíd., p. 95 y ss.

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En la siguiente descripción de los métodos psicológicos de tortura y de los efectos psicológicos que éstos producen, examinaremos primero la cuestión de la “tortura psicológica”desde el punto de vista de los “métodos”.

Métodos psicológicos empleados durante los interrogatorios

Los métodos psicológicos empleados durante los interrogatorios son aquellos que alteran los sentidos o la personalidad sin causar un dolor físico ni dejar secuelas físicas visibles. Esos métodos no físicos son muchos y su utilización es muy habitual. Incluyen:

- privación del sueño; - aislamiento celular; - miedo y humillación;

- humillaciones sexuales y culturales graves4;

- recurso a amenazas y fobias para inducir el miedo a morir o a recibir heridas;

- recurso a “técnicas” como la desnudez forzada, la exposición a temperatu-ras glaciales, la privación de la luz, etc.

El Departamento de Estado norteamericano, en sus Country Reports on

Human Rights Practices 20045, cita un informe en el que el US Committee for

Hu-man Rights enumera diversos métodos psicológicos que califica de tortura:

“...los métodos de tortura incluían [...] períodos de exposición prolongados, humillaciones como la desnudez forzada, el aislamiento en pequeñas ‘celdas disciplinarias’ en las que los prisioneros no podían estar de pie ni recostarse y donde podían estar detenidos durante varias semanas, forzados a acuclillarse

o a permanecer sentados durante largos períodos...”6

Si bien muchos de los ejemplos aquí mencionados implican la detención por parte de Estados Unidos en el marco de la “guerra global contra el terrorismo”, existen muchos otros contextos donde se utilizan, o se han utilizado, “técnicas psi-cológicas agresivas” que se asemejan a la tortura. Por ejemplo, las técnicas brutales empleadas por la policía secreta de Alemania del Este o “Stasi” se documentaron

4 En el informe PHR, op.cit. (nota 6), que trata sobre la detención en Estados Unidos, se examinan los efec-tos de las humillaciones sexuales y culturales en relación con los detenidos de confesión musulmana. 5 Report for North Korea, Country Reports on Human Rights Practices 2004, publicado por la Oficina de

Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, 8 de febrero de 005, disponible en el sitio: http://www.state. gov/g/drl/rls/hrrpt/004/4646.htm (consultado el 5 de octubre de 007).

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abundantemente después de la caída de la República Democrática Alemana. Se ha probado que el empleo de diversas formas de humillación, tratos degradantes, ame-nazas, hambre y frío, aislamiento y otros métodos psicológicos durante los interro-gatorios ocasiona “ansiedades persistentes y paranoides” que salen a la superficie en situaciones específicas; pesadillas de persecución, trastornos de la personalidad,

tendencias suicidas y pérdida de confianza en sí mismo.”7

Como se ha indicado antes, existen razones para tomar en consideración no sólo el trato que se da a una persona, sino también la situación general, las circunstancias, así como la predisposición y la vulnerabilidad de cada uno. Sin duda, deben tomarse en cuenta los contextos étnicos y religiosos. Todos esos fac-tores serán necesariamente subjetivos y propios de cada caso. No es posible limi-tar el debate sobre la tortura a los meros “actos que infligen dolor y sufrimiento” en un sentido abstracto.

Además de los métodos psicológicos que causan una alteración de los sen-tidos y de la personalidad, durante los interrogatorios se emplean otros métodos que no apuntan, de por sí, a ser una forma de tortura psicológica. Dichos métodos podrían calificarse de métodos “menores” o “inofensivos”; no obstante, pueden volverse coercitivos si se los emplea durante períodos prolongados. Esos métodos secundarios también corren el peligro de producir una situación de coerción que, de hecho, puede asemejarse a una forma de trato cruel, inhumano y degradante o, incluso, a la tortura. Se los analizará más adelante en el presente artículo.

Efectos psicológicos de la tortura

Se ha comprobado que la tortura, en general —es decir, el empleo de métodos psicológicos y/o físicos de tortura—, tiene “efectos nocivos para la salud de los

dete-nidos”8. El empleo de dichos métodos hace que los detenidos se sientan responsables

de lo que les está ocurriendo en diversos aspectos, genera sentimientos de miedo,

ver-güenza, culpa y profunda tristeza, así como de intensa humillación9. En el plano

clíni-co, las víctimas de tortura psicológica presentan síntomas similares a los trastornos de ansiedad. Los síntomas descritos causan, sin duda, una alteración de las facultades y la personalidad, como ha indicado la organización PHR. Los múltiples efectos negativos

de la tortura psicológica para la salud también han sido objeto de sendos estudios0.

7 V. “Über das Stasi-Verfolgten-Syndrom” (Síndrome de persecución por la Stasi), Uwe Peters, Fortschr Neurol Psychiatr, Vol. 59, Nº 7, julio de 99, pp. 5-65. También v. Christian Pross, Social Isolation of Survivors of Persecution in a Post-totalitarian Society, Behandlungszentrum für Folteropfer, BZFO/ Arch, Berlín, 995-46.

8 Informe PHR, op.cit., (nota 6), “Health consequences of psychological torture”, pp. 48-5.

9 El personal del CICR ha observado esos mismos síntomas y efectos durante sus visitas a muchos países. El CICR recaba informaciones sobre la tortura para poder efectuar gestiones oficiales ante los Estados miembros y de ese modo intentar lograr que cesen esas prácticas.

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Por lo tanto, se ha demostrado que los métodos psicológicos pueden ser extre-madamente coercitivos, constituir una práctica de tortura y ser ilegales. En ese sentido, el primer Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Tortura, el profesor Peter Ko-oijmans, hizo una declaración donde fusionó los métodos y los efectos de la tortura:

“A veces se hace una distinción entre tortura física y tortura mental. Pero esa distinción parece tener más significación en lo que respecta a los me-dios por los cuales se practica la tortura que en cuanto a su carácter. Casi invariablemente, el efecto de la tortura, cualesquiera que sean los medios por los que se practica, es físico y psicológico [...]. Su efecto común es la

desintegración de la personalidad.”

Protocolo de Estambul

Los efectos a la vez físicos y psicológicos de la tortura se han examinado,

ana-lizado y expuesto ampliamente en el Manual para la investigación y documentación

eficaces de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, una

pu-blicación de referencia conocida bajo el nombre de Protocolo de Estambul.

Compilado durante varios años por numerosos expertos de muchos países, el Protocolo de Estambul pasa revista prácticamente a todos los aspectos de la tor-tura y sus consecuencias y establece un procedimiento para los gobiernos o los ór-ganos independientes que permite realizar una investigación estandarizada sobre la práctica de la tortura. También ha sido un pionero al abarcar cuestiones que nunca antes se habían reconocido del todo.

El Protocolo de Estambul declara categóricamente que no es necesario que la tortura, para que se la califique como tal, deje cicatrices o marcas visibles. En suma, afirma que la tortura, aun cuando no deja ningún signo físico tangible, no deja de ser tortura y, por ende, puede acarrear consecuencias graves. En otras palabras, en mate-ria de tortura, lo que importa no es sólo lo que se ve (contramate-riamente a la noción del

“WYSIWYG”). El tamaño de las cicatrices no tiene ninguna relación con la amplitud

del trauma: la ausencia de marcas tangibles no significa que la persona no haya sido torturada. Durante décadas, muchos tribunales tendieron a descartar las denuncias de

La tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Nota del Secretario General, Documen-tos oficiales de la Asamblea General de las Naciones Unidas, quincuagésimo noveno período de sesiones, punto 07 a) del orden del día de 004, (Documento de las Naciones Unidas A/59/4), párr. 45.

Protocolo de Estambul: Manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tra-tos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Serie sobre la formación profesional N° 8/Rev. , Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Ginebra, 004, disponible en el sitio: http://www.ohchr.org/english/about/publications/docs/8rev.pdf (consultado el 5 de oc-tubre 007) [versión en español disponible en el sitio: http://www.unhchr.ch/pdf/8istprot_spa.pdf]. Abreviatura tomada de la jerga de los ingenieros informáticos: WYSIWYG= “what you see is what you

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tortura debido a que los demandantes no tenían “nada que mostrar” sobre sus cuerpos que “habrían sido torturados”. El Protocolo de Estambul establece de

forma oficial4 que la ausencia de signos físicos no indica que no se ha producido

tortura5 y, de ese modo, afirma que la tortura es la tortura, aun cuando no deja

ninguna huella física. Por extensión, los métodos psicológicos de tortura, que se supone no deben dejar una marca física, también constituyen una forma de tor-tura. Esto es bien sabido desde hace muchos años en los centros de rehabilitación para los sobrevivientes de tortura, donde se ha observado que la tortura provoca

graves traumas y problemas de salud sin dejar signos físicas6. El recordado

pro-fesor Sten Jakobsson, experto sueco en materia de tortura, afirmó que “las peores

cicatrices no siempre son físicas”7.

El Protocolo de Estambul también dice que el testimonio de la víctima sobre su experiencia de tortura puede ser incompleto o confuso. Puede ser impreciso en cuanto al tiempo, el lugar o los detalles —o en cuanto a todos esos aspectos—, cosa que es muy normal. Olvidar de forma inconsciente, o incluso deliberada, el acto de tortura padecido suele ser parte de los mecanismos de supervivencia de una persona. Ese fenómeno también es conocido, desde hace varias décadas, por quienes ayudan a las víctimas de tortura y es válido tanto para las formas físicas

como para las formas psicológicas de la tortura8.

El Protocolo de Estambul considera, con razón, que la tortura es un proceso global que puede incluir tanto métodos físicos como psicológicos, que producen, a la vez, efectos físicos y psicológicos. Esto fue primero establecido y descrito por

un grupo de investigadores en medicina en Toronto (Federico Allodi et al.) y de

Copenhague (Inge Genefke et al.), en los primeros centros de rehabilitación que

comenzaron a ocuparse de manera sistemática y científica de los sobrevivientes de la tortura hace unos treinta años.

No obstante, ese enfoque global presenta un inconveniente debido a que, para analizar los efectos de la tortura, el Protocolo de Estambul adoptó un enfo-que basado en las pruebas y, además, describió los efectos de la tortura en general. No distingue los efectos causados por “métodos puramente físicos” de aquellos causados por métodos que son “puramente no físicos”. Esto podría parecer

insig-4 Protocolo de Estambul, op.cit. (nota ), cap. V, párr. 60: “Las pruebas físicas, en la medida en que exis-tan, son importantes informaciones que confirman que la persona ha sido torturada. De todas formas, en ningún caso se considerará que la ausencia de signos físicos indica que no se ha producido tortura, ya que es frecuente que estos actos de violencia contra las personas no dejen marcas ni cicatrices permanentes.” 5 Parafraseando a Carl Sagan en un contexto diferente, v.: The Demon-Haunted World: Science as a Candle

in the Dark, Nueva York, 996 [trad. esp.: El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuri-dad, Barcelona, Planeta, 005].

6 Pétur Hauksson, op.cit. (nota 0), p. 9.

7 Testimonio del profesor Sten Jakobsson, Universidad de Estocolmo, Kaorlinska Institutet, Estocolmo, recogido por el autor durante el IV Simposio Internacional sobre la Tortura y la Profesión Médica, Buda-pest, octubre de 99.

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nificante, ya que en la mayoría de las situaciones de tortura se combinan ambos tipos de métodos durante los interrogatorios. ¿Acaso no es artificial querer sepa-rar los efectos físicos de los efectos psicológicos después de haber afirmado clara-mente que la tortura es un fenómeno global y que ambos métodos producen los dos tipos de efectos? ¿Cómo puede contribuir el hecho de separarlos a clarificar la noción de “tortura psicológica”?

Examinar de forma separada los efectos de los métodos psicológicos per-mite determinar si dichos métodos provocan, por sí mismos, es decir, sin agre-sión física, un dolor y un sufrimiento que alcanzan el umbral del trato cruel, inhumano o degradante, o de la tortura.

En los últimos veinte años, el empleo de la tortura ha seguido dos vías di-ferentes. En algunos Estados, la tortura hoy sigue siendo física y muy brutal. Las marcas tangibles dejadas en los cuerpos de las personas torturadas no perturban demasiado a esos Estados opresores, donde la impunidad es algo muy corriente y donde los torturadores no tienen ninguna razón para temer ser perseguidos

y, mucho menos, condenados por haber realizado algo que es de hecho (aunque

por lo general no esté escrito) una política de Estado. Pero ése no es el tema del presente análisis.

Otros Estados, al optar por una interpretación restrictiva de la tortura que implica únicamente actos físicos, han cambiado sus prácticas de manera con-siderable debido a la creciente responsabilización o tal vez debido a la presión moral, u otra, y entonces emplean cada vez más métodos psicológicos coercitivos durante sus interrogatorios.

Los Estados que recurren a la tortura intentan dar de ella una definición limitada, que sólo toma en consideración los aspectos del dolor y el sufrimiento graves de naturaleza física. Como la persona no es agredida, no se cumple el criterio de la “intensidad del dolor y el sufrimiento” (en el sentido “físico” sola-mente) y, por lo tanto, según ese razonamiento, no ha habido tortura. Este tipo de argumentación es una manera eficaz de manipular la opinión pública en su conjunto que, en un sentido amplio, considera la tortura, principalmente, como un fenómeno físico y por lo tanto acepta el razonamiento (erróneo) según el cual si no hay agresión física, no hay tortura.

Los efectos psicológicos de la tortura (es decir, de todos los métodos, tanto físi-cos como psicológifísi-cos, descritos en detalle en el Protocolo de Estambul y en muchas

otras publicaciones médicas) se conocen muy bien9. Citemos los más corrientes:

- revivir el trauma (flash-back, pesadillas, reacciones de estrés, descon-fianza —incluso hacia miembros de su familia— al límite de la para-noia, etc.);

- comportamiento de evitación de todo lo que podría recordar la ex-periencia de la tortura (también llamado torpeza emocional);

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- hiperexcitación (irritabilidad, trastornos del sueño, hipervigilancia, an-siedad generalizada, dificultades de concentración, etc.);

- síntomas de depresión y “despersonalización” (detección de un

compor-tamiento atípico, sensación de estar despegado del propio cuerpo)40.

En consecuencia, es prácticamente imposible determinar sólo a partir del

Protocolo de Estambul qué tipos de métodos no físicos de malos tratos4 producen

qué síntomas y qué efectos y, por lo tanto, por extensión, determinar qué métodos no físicos podrían considerarse (según el criterio de dolor y sufrimiento agudos) como una forma de tortura; en este caso, de tortura (puramente) psicológica.

Ejemplos específicos de tortura psicológica

Planteadas, entonces, las definiciones y las referencias, pasaremos ahora a analizar diversos métodos de tortura psicológica y sus efectos que, de hecho, com-binan los métodos y los efectos antes mencionados. Comenzaremos por un método indudablemente muy físico que tiene efectos a la vez físicos y psicológicos (donde los efectos psicológicos duran mucho más tiempo que los efectos físicos).

El suplicio del “submarino”

El ejemplo que mejor ilustra los métodos físicos que tienen

consecuen-cias psicológicas es un método conocido bajo el nombre de “submarino”4, término

creado, en un principio, para designar una práctica muy corriente en América Lati-na en las décadas de 970 y 980. Tanto el persoLati-nal de los centros de rehabilitación de las víctimas de tortura como el CICR conocen este método, utilizado durante los interrogatorios. Consiste en sumergir por la fuerza la cabeza de la víctima en el agua, a menudo mezclada con orina, heces, vómito y otras impurezas que puedan

40 Protocolo de Estambul, op.cit. (nota ), Başoğlu et. al., op.cit. (nota 8), pp. 7-8; v. también Hauksson,

op.cit. (nota 0). Otros efectos psicológicos de la tortura también pueden tener un objetivo mucho más defini-do y estar directamente ligadefini-dos a lo que se ha hecho. Para citar tan sólo un ejemplo tomadefini-do de una situación que se presentó en un país asiático. Un grupo de detenidos habría sido torturado con extrema brutalidad mediante métodos muy físicos: aplastamiento de los miembros y aplicación de descargas eléctricas en todo el cuerpo. Se observó que la consecuencia más traumática de esa tortura era, de hecho, psicológica: el miedo de los jóvenes torturados, que se encontraban en el comienzo de su virilidad, a volverse impotentes debido a las reiteradas agresiones —golpes y descargas eléctricas— en los genitales. Ese miedo les fue infundido de forma deliberada por los torturadores, que conocían su significado cultural, y fue descrito por las víctimas como el peor sufrimiento que hubieran padecido. Ni siquiera el hecho de que los médicos los tranquilizaran respecto de su integridad genital lograba disipar ese miedo. Experiencia del CICR en el terreno en Asia, 996-006. 4 Aquí empleamos la expresión “malos tratos” para no entrar en el debate tendiente a determinar si estamos

hablando de tortura, de trato cruel, inhumano o degradante, o de una práctica menos grave.

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agregarse para incrementar el tormento4. Puede provocar una experiencia de

“cua-si ahogamiento” durante la cual la víctima se asfixia, pues debe contener la respira-ción bajo el agua o inhalar agua, que se ha descrito como una de las experiencias más

traumáticas que pueda sufrir un ser humano44. Este método es muy conocido; se lo

ha descrito en muchos textos45 y, muchas veces, se lo ha mostrado en películas46. Por

lo general, las consecuencias físicas del submarino son de corta duración y consisten,

principalmente, en una tos incontrolable causada por el agua inhalada47, pero este

mé-todo también puede causar importantes lesiones cerebrales provocadas por la falta de oxígeno, así como una muerte por asfixia. Al grave sufrimiento producido durante la práctica del submarino se suma, luego, el miedo, a menudo insoportable, de tener que volver a vivir esa experiencia. Esta práctica puede dejar horribles recuerdos, que persis-ten bajo la forma de pesadillas recurrentes, en que la víctima sueña que se ahoga. Este método se ha condenado como práctica de tortura desde hace varias décadas y está

prohibido por el derecho internacional y el derecho interno de Estados Unidos48. El

método no deja ninguna marca externa tangible y, con frecuencia, se lo practica bajo el control del personal médico, que procura que la víctima no se ahogue realmente. Una

variante del submarino, llamada chiffon49[paño], induce la misma experiencia de cuasi

ahogamiento mediante un paño o un material similar que se aplica sobre el rostro cu-briendo a la vez las fosas nasales y la boca, que se va embebiendo lentamente con agua. Esta variante se ha utilizado en muchos países, en los distintos continentes.

Está claro que el submarino y sus variantes son un ejemplo de método físico que produce un sufrimiento físico y mental inmediato y, luego, un gran desasosiego psicológico. Es sabido que el mero hecho de mencionar la repetición del submarino ocasiona una gran angustia y hace que los detenidos acepten confesar todo lo que se espera de ellos50.

El waterboarding (técnica de tortura con agua) es el nombre que se ha dado a

una técnica bastante similar —en realidad, idéntica— al submarino o el chiffon. Se la

ha descrito como una “técnica de interrogación dura” que consiste en un ahogamiento

4 En ciertos países, se echa en el agua ají molido en polvo para incrementar el tormento.

44 El informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, Chile, junio de 005, (también llamado informe Valech), presenta una breve descripción del submarino en el capítulo 5. Este docu-mento está disponible en el sitio: http://www.gobiernodechile.cl/comision_valech/index.asp (consul-tado el 5 de octubre de 007).

45 V. Boston Centre for Refugee Health and Human Rights, disponible en el sitio: http://www.bcrhhr.org/ pro/course/physical/signs.html (consultado el 5 de octubre de 007).

46 El submarino era uno de los métodos favoritos de la Gestapo. Se lo representó de manera elocuente en la película de 974, Lacombe Lucien, de Louis Malle, 00, y recientemente en la película biográfica de Pierre Aknine sobre Jean Moulin, Une affaire française, TF. También hemos podido ver un ejemplo reciente del empleo de este método en la película de 006 Black Book, de Paul Verhoeven, que muestra claramente la angustia y la desesperación causadas por la experiencia de “cuasi ahogamiento” del submarino. 47 Una infección pulmonar es posible, pero poco frecuente.

48 V. la declaración de Kenneth Roth, Director Ejecutivo de Human Rights Watch, de noviembre de 005, disponible en el sitio: http://hrw.org/english/docs/005///usdom069.htm (consultado el 5 de octubre de 007).

49 El término designa, originariamente, un método empleado por los franceses en África del Norte. 50 El autor ha recogido testimonios precisos durante sus visitas a detenidos políticos en América el Sur en las

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simulado. El prisionero está maniatado de modo tal que la cabeza queda más abajo que

los pies. Entonces, se le cubre la boca y la nariz con un paño y se le vierte agua encima5.

El Consejo Europeo5 realizó un examen preciso de este método y condenó su empleo.

Declaró lo siguiente:

“...sumergir a personas bajo el agua para hacerles creer que se van a ahogar no

es una técnica de interrogación profesional, sino un acto de tortura.”5

Hemos descrito en detalle la “experiencia de cuasi ahogamiento” para dar una idea precisa de la angustia psicológica y del miedo que produce, aunque es un método de tortura innegablemente físico.

Ahora examinaremos los métodos psicológicos utilizados durante los inte-rrogatorios, así como sus efectos en las víctimas.

Suscitar fobias durante los interrogatorios

Otro método psicológico que suele emplearse en los interrogatorios es suscitar fobias en la víctima. Las fobias pueden ser culturales, y afectar a la población en su

con-junto54, o individuales. Orwell describió muy bien el aspecto individual de su empleo

en su clásica novela 1984, donde se tortura al protagonista, Winston, en la “habitación

0”55. Sea individual o colectivo, el empleo de las fobias amplifica al máximo el

sufri-miento psicológico, pues los elementos específicos para suscitar el miedo o el espanto se eligen en función de la persona interrogada. El empleo de perros para provocar miedo a los detenidos de la prisión de Abu Ghraib se adaptaba al sabido terror que los musul-manes sienten por los perros; también explotaba el hecho de que estos consideran a los

perros animales impuros56. En otras culturas, por ejemplo, se ha empleado el miedo y el

asco inspirados por los cerdos para atormentar a las víctimas.

Romper los tabúes sexuales

Los interrogadores siempre han utilizado, voluntariamente o no, los ta-búes sexuales. Los métodos utilizados para romper esos tata-búes pueden ser tanto psicológicos como físicos y, en función de una variedad de factores, pueden aseme-jarse a un trato cruel, inhumano o degradante o a actos de tortura. En la mayoría

5 V. una descripción completa de la técnica del waterboarding en Leave No Marks: Enhanced Interrogation Te-chniques and the Risk of Criminality, PHR y Human Rights First, agosto de 007, p. 7, disponible en el sitio: http://physiciansforhumanrights.org/library/report-007-08-0.html (visitado el 5 de octubre de 007). 5 Por intermedio del Comité Europeo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos

o Degradantes (CPT), el mecanismo operacional del Consejo Europeo encargado del seguimiento del Convenio Europeo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes. 5 15º Informe General sobre las Actividades del CPT, CPT, Estrasburgo, de septiembre de 005 (CPT/Inf

(005) 7).

54 Como la cuasi fobia a los perros en muchas poblaciones árabes. V. Rafael Patai, The Arab Mind, Hather-leigh Press, Nueva York, publicado en 976 y reeditado en 00.

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de los casos, implican maltratos brutales infligidos por los hombres a las mujeres, que van desde comentarios y alusiones obscenos hasta la obligación de desvestirse y quedarse desnudas frente a un grupo de hombres, manoseos groseros y, por último,

un trato sexual brutal que puede llegar (pero no siempre) a la violación57. Hoy, la

violación, en el sentido de agresión sexual con penetración, se reconoce como una

forma de tortura58. No obstante, conviene reconocer que las otras formas de

maltra-to sexual antes mencionadas, aparte de la violación, también pueden tener efecmaltra-tos devastadores, precisamente debido al trauma psicológico que generan.

Los tabúes sexuales han cobrado notoriedad recientemente en el contexto de los países islámicos debido a los incidentes de Abu Ghraib y otros hechos

co-nexos59. Dichos tabúes existen en todas las culturas, pero están, simplemente, más

o menos marcados. Cualquier connotación sexual dada a la coerción en detención puede ser extremadamente horrorosa y tener efectos devastadores sobre la mente, y los torturadores lo saben60.

Pero cabe explicar que existe una diferencia entre los hombres y las mujeres en lo que respecta al empleo de métodos sexuales. Es posible que las mujeres dete-nidas se traumaticen más que los hombres por cualquier acoso de naturaleza sexual por parte de sus raptores o sus interrogadores. Como, por lo general, las detenidas son conscientes de la posibilidad de sufrir maltratos sexuales durante la detención y el interrogatorio y pueden preguntarse, ante la más mínima insinuación (durante el arresto, por ejemplo), hasta dónde puede llegar ese acoso, se las puede asustar cada vez más hasta el punto de quedar traumatizadas y temer lo peor, aunque en la prác-tica no se les haya hecho nada. Es por eso que nunca habría que subestimar el efecto traumático de cualquier maltrato sexual, ni siquiera el de la mera insinuación sexual, aunque en ese caso no se trate de una violación.

Todo maltrato sexual es traumático, pero por razones culturales y por todas las demás cuestiones ligadas al embarazo y la fecundidad, tiende a ser más traumático para

las mujeres que para los hombres6. Esto de ningún modo significa que los maltratos

sexuales sean menos nocivos para los hombres. En muchas sociedades, no obstante, la mera alusión al hecho de que una mujer podría haber sufrido violencia sexual durante la detención le hace correr el riesgo de que su familia la condene al ostracismo, la socie-dad la excluya o la señale como víctima de un crimen de honor.

57 A menudo, los maltratos sexuales infligidos por hombres a otros hombres consisten simplemente en apun-tar a los órganos genitales cuando se está golpeando a la víctima o cuando se la somete a descargas eléctri-cas. La sodomía se practica, pero es proporcionalmente menos frecuente que la violación de detenidas. 58 V. Christine Strumpen-Darrie, Rape: A Survey of Current International Jurisprudence, disponible en el

sitio: http://www.wcl.american.edu/hrbrief/v7i/rape.htm (consultado el 5 de octubre de 007). 59 Los tabúes religiosos también se han analizado en el contexto musulmán. Se los utiliza para humillar a

las víctimas, hacerlas enojar o infligirles otros tormentos durante los interrogatorios. Los interrogadores profanan todo aquello que las personas detenidas bajo su autoridad consideran sagrado; convierten esa práctica en un elemento constitutivo del sistema de interrogación.

60 Compárese con la trivialización de Abu Ghraib, de la que algunos se jactan. V. Mortimer Zuckerman, “A bit of perspective, please!”, US News and World Report, 6 de mayo de 004, disponible en el sitio: http://www. usnews.com/usnews/opinion/articles/04054/4edit.htm (consultado el 5 de octubre de 007).

6 Afirmación fundada en 5 años de experiencia de visitas, en el marco del CICR, a hombres y mujeres presos en situación de coerción y estrés.

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En las sociedades donde la cuestión de la sexualidad es más compleja de-bido a los tabúes sexuales, el trauma se verá evidentemente amplificado. Las di-ferencias entre las sociedades marcadas por la culpa y aquellas marcadas por la

vergüenza ya se han descrito antes y superan el alcance de este artículo6. En

mu-chos centros de rehabilitación para los sobrevivientes de tortura, se ha establecido, por ejemplo, que las mujeres de las sociedades asiáticas que han sido víctimas de maltratos sexuales extremos, y a veces de violaciones múltiples, suelen ser muy reticentes a solicitar ayuda. La vergüenza de lo que ha ocurrido es tan grande para ellas que no quieren que nadie se entere. Temen que con su visita al centro de

reha-bilitación, alguien pueda pensar que han sufrido maltratos sexuales6.

Por supuesto, los hombres también son víctimas de maltratos sexuales, como lo prueban las recientes fotos de la prisión de Abu Ghraib ampliamente divulgadas que ilustran la “explotación” de los tabúes sexuales por los interroga-dores, aparentemente con el objetivo de hacer que los detenidos cooperen más durante el interrogatorio. En ese caso, una vez más, la dimensión cultural agrava

el efecto psicológico de lo que ha ocurrido64, ya que en la sociedad musulmana los

tabúes sexuales se inculcan desde la infancia65.

Aislamiento celular

Un método utilizado en muchos países durante los interrogatorios de

pri-sioneros es el aislamiento celular66, es decir el aislamiento en una celda durante

varios días consecutivos, con una estimulación ambiental mínima y prácticamente sin ninguna posibilidad de interacción social. El aislamiento durante períodos pro-longados en una celda sería el tormento más difícil de tolerar según prisioneros particularmente endurecidos y acostumbrados a las condiciones rigurosas y los actos de violencia. Los efectos del aislamiento celular se han documentado amplia-mente. Según Grassian, en los casos graves:

“…los trastornos mentales de los prisioneros detenidos en esas condi-ciones […] [son] un estado de confusión y de agitación y presentan las

6 V. Grethe Skylv, “The nature of human experience: Some interfaces between anthropology and psychia-try”, Conferencia en la Sociedad Real de Medicina, Londres, 99 (copia en posesión del autor). También v. Başoğlu et al., op.cit. (nota 8), p. 9.

6 En un país asiático, un grupo de mujeres detenidas que habían sido violadas durante su arresto por mi-litares no dijeron nada durante meses, ni siquiera a los delegados del CICR que las habían entrevistado cuando estaban detenidas. Sólo se atrevieron a hablar del tema tímidamente cuando un médico (en este caso, un hombre) fue a visitarlas, bajo la protección del secreto médico, pues querían hacerle preguntas acerca de su futura fecundidad. (Experiencia personal del autor.)

64 Véanse las “pirámides de hombres desnudos”, “la masturbación simulada forzada” y otros maltratos de orientación sexual ampliamente difundidos por las fotos de Abu Ghraib. También v. el informe PHR,

op.cit. (nota 6), pp. 55-59.

65 El autor ha estado personalmente ante casos de trauma psicológico de detenidos musulmanes cuyos tabúes sexuales y miedos habían sido explotados durante los interrogatorios (visitas del CICR en 00-004). 66 El aislamiento celular también se utiliza como castigo, pero esa cuestión no entra en el marco del presente

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características de un “delirio florido” [con] aspectos paranoicos y alu-cinatorios agudos así como una intensa agitación y una violencia ciega,

impulsiva, a menudo dirigida contra sí mismos.”67

Según Craig Haney, con respecto al tema del aislamiento celular:

“Existen pocas formas de encarcelamiento, o ninguna, que produzcan un trau-ma psicológico tan grave y con tantos síntotrau-mas trau-manifiestos de psicopatología […] [los prisioneros están detenidos] en un cuasi aislamiento y [están libra-dos] a un ocio cuasi total […] no se les permite ninguna actividad grupal o social […] las repercusiones psicológicas nocivas del aislamiento celular […] están muy bien documentadas […] [Incluyen] trastornos del sueño, ansiedad, pánico, ira, pérdida del autocontrol, paranoia, alucinaciones, automutilaciones

[…] disfunción cognitiva […] depresión [y] derrumbe emocional.”68

Más recientemente, el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura (CPT) afirmó que el régimen de aislamiento “es una medida que puede tener con-secuencias muy nefastas para la persona implicada. […] En determinadas circuns-tancias, puede constituir un trato inhumano y degradante. En todo caso, las formas

de aislamiento deberían durar lo menos posible”69. En Uruguay, en las décadas de

970 y 980, los líderes del movimiento MLN-Tupamaro estuvieron encarcelados en durísimas condiciones de aislamiento celular durante varios años sin poder co-municarse con absolutamente nadie. Los guardias les servían las comidas a través de una trampilla y tenían terminantemente prohibido dirigirles la palabra. Varios de esos prisioneros confesaron que, para ellos, el aislamiento celular era la peor forma de tortura. “La tortura mediante descargas eléctricas —dijo uno de ellos—es

un juego de niños en comparación con la soledad prolongada.”70

Los tupamaros estaban detenidos en celdas sucias, apestosas, infectadas con cucarachas. Pero el aislamiento celular en una celda limpia de una prisión

mo-derna de alta seguridad puede ser mucho peor7. El sufrimiento es causado no sólo

por la soledad, sino también por la privación sensorial (no se oyen ruidos ni voces,

67 Stuart Grassian, “Psychiatric effects of solitary confinement”, Journal of Law and Policy, Vol. , 006, pp. 7-80.

68 Craig Haney, “Mental health issues in long-term solitary and ‘supermax’ confinement”, Crime and Delin-quency, Vol. 49, N.° , enero de 00, pp. 4-56. El profesor Haney es un eminente especialista en los efectos del aislamiento celular.

69 “Normas del CPT: secciones de los Informes Generales del CPT dedicadas a cuestiones de fondo”, CPT/ Inf/F (00), Rev. 006, disponible en el sitio: http://www.cpt.coe.int/fr/docsnormes.htm (consultado el 5 de octubre de 007) [versión en español disponible en el sitio: http://www.cpt.coe.int/lang/esp/esp-standards-s.pdf].

70 Esas experiencias personales se publicaron en Mauricio Rosencoff y Eleuterio Fernández-Huidobro, Me-morias del calabozo, Montevideo, Banda Oriental, 987 y 005, acompañadas por entrevistas a los dirigen-tes del MLN entre 98 y 985.

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0

reina un silencio absoluto) y por una hiperestimulación de los sentidos (por

ejem-plo, los pasos en el pasillo se amplifican de manera considerable)7. En efecto, las

celdas modernas de este tipo están más aisladas que las celdas vetustas y, por lo tanto, pueden ser más traumáticas.

Cabe observar que el Conjunto de Reglas Mínimas para el Tratamiento

de los Reclusos de las Naciones Unidas7 y las Normas Penitenciarias Europeas74,

si bien no prohíben por completo el recurso al aislamiento celular, prescriben un control médico cotidiano para todas las personas colocadas bajo un régimen de ais-lamiento celular. Esa medida no sería necesaria si el aisais-lamiento no se considerara potencialmente nocivo.

Es posible considerar el aislamiento celular en función de su duración y de las circunstancias que lo rodean. El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura estableció que todo recurso al aislamiento celular debería durar lo menos posible. En las visitas que realizó en los países escandinavos, el Comité declaró que un aislamiento total prolongado “podría conducir a la destrucción psicológica

del detenido”75. Describió los efectos de un encarcelamiento en régimen celular

prolongado (de una duración de entre siete y veinticuatro meses) y observó los si-guientes síntomas: ansiedad, nerviosismo, estrés, trastornos del sueño, dificultades de concentración y del habla, así como tendencias suicidas, depresión y síntomas de paranoia. En consecuencia, como lo ha indicado el CPT, el aislamiento celular constituye, cuando menos, una forma de trato inhumano y degradante si se lo apli-ca durante varias semanas.

Asimismo, un detenido al que se le aplica una combinación de distintos métodos, es decir, que es interrogado de manera intensiva (aunque no haya vio-lencia física) y, luego, encerrado repentinamente solo en una celda, aunque sea por unos días, puede presentar los síntomas antes mencionados desde el primer o el segundo día. Hay que tomar en consideración el conjunto de esos factores cuando se determina qué método o qué grupo de métodos deben calificarse como una práctica de tortura, además de los criterios generales enunciados en la Convención contra la Tortura o en otras convenciones.

7 La privación sensorial se inflige, por ejemplo, mediante la utilización de celdas insonorizadas casi por completo para suprimir todo ruido. Por el contrario, la exasperación de los sentidos o la hiperestimula-ción, a menudo combinada con la privación sensorial, es una amplificación exagerada de cualquier ruido (por ejemplo, el ruido de las botas en el pasillo, los portazos sistemáticos o el golpeteo de los barrotes de las celdas con las porras para hostigar al detenido).

7 Conjunto de Normas Mínimas para el Trato de los Detenidos, adoptado por el primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, realizado en Ginebra en 955 y aprobado por el Consejo Económico y Social en sus resoluciones 66 C (XXIV) del de julio de 957 y 076 (LXII) del de mayo de 977. Disponible en: http://www.unhchr.ch/html7menu/b/h_ comp4.htm (consultado el 5 de octubre de 007) [versión en español disponible en: http://www.unhchr. ch/spanish/html/menu/b/h_comp4_sp.htm].

74 Normas Penitenciarias Europeas, Consejo Europeo, Recomendación N.° R(87), adoptada por el Comité de Ministros del Consejo Europeo el de febrero de 987, Estrasburgo, revisada en 006, disponible en: http://www.uncjin.org/Laws/prisrul.htm (consultado el 7 de octubre de 007).

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Privación del sueño

La privación del sueño se utiliza como método de interrogación en mu-chos contextos y desde hace siglos. Los romanos ya la utilizaban para sacar

infor-mación a sus enemigos, bajo el nombre de tormentum vigilæ o tormentum

insom-niæ, y en la actualidad se la sigue empleando corrientemente76. Por lo general, se

suele mantener despiertos a los detenidos durante varios días; cuando finalmente se los autoriza a dormirse, se los despierta de forma repentina y se los interroga, a menudo de manera brutal. Se los puede privar del sueño de diversas maneras, por ejemplo, con guardias golpeando toda la noche los barrotes de las celdas con

sus porras77. Suele suceder que se fuerce a los detenidos a adoptar posiciones

dolorosas: permanecer de pie contra un muro, acuclillarse, o adoptar cualquier otra postura que se vuelve rápidamente incómoda y que impide el sueño repara-dor. También ocurre que los interrogadores despierten a los detenidos en cuanto estos cierran los ojos. Por lo general, la privación del sueño se utiliza junto con otros métodos psicológicos, en especial el encapuchamiento, la desnudez y el em-pleo de diversos instrumentos de contención. Para impedir que los prisioneros se duerman, se siguen empleando los viejos métodos comprobados, como pasar de manera repetida un disco rayado o hacer sonar interminablemente un sonido

repetitivo durante horas o días78.

Los que han padecido la privación prolongada del sueño la han descrito como una experiencia horrorosa. Menachem Begin, ex Primer Ministro israelí (977-98), describió de la siguiente manera su experiencia de privación del sueño cuando fue prisionero de la KGB en la Unión Soviética:

“En la cabeza del prisionero interrogado, comienza a formarse una bru-ma. Está mentalmente agotado, sus piernas flaquean y tiene un solo de-seo: dormir, dormir sólo un poco, no levantarse, acostarse, descansar, olvidar. Cualquier persona que conozca este deseo sabe, también, que no hay comparación posible con el hambre ni con la sed… Conocí a prisio-neros que firmaron lo que les obligaban a firmar sólo para obtener lo que el interrogador les había prometido. Y no les había prometido la libertad. Les había prometido —si firmaban— que podrían dormir sin ser desper-tados… Y, después de firmar, nada en el mundo podría hacerles correr de

nuevo el riesgo de pasar noches y días semejantes.”79

76 V. la discusión sobre la privación del sueño en el manual de la CIA “Counterintelligence Interrogation” (llamado manual Kubark), disponible en el sitio: http://www.kimsoft.com/000/kubark.htm (consultado el 7 de octubre de 007).

77 En una cárcel de América Latina, los guardias habían recibido la orden de actuar de ese modo durante to-da la noche en la cárcel para presos políticos, mientras que, al mismo tiempo, podían verse en toto-das partes carteles que prohibían específicamente (y cínicamente) dicha práctica. Esos carteles estaban destinados, claro está, a visitantes como el CICR.

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De manera más general, hasta una privación del sueño breve puede provocar alucinaciones, síntomas de paranoia y desorientación y tener efectos psicológicos nocivos. El recurso a la privación del sueño es un “método de

inte-rrogación” muy valorado80, pues no deja ningún signo físico en la víctima. Los

interrogadores sostendrán categóricamente que no sometieron a ningún maltrato a los detenidos que estaban bajo su vigilancia.

La cuestión de determinar si la privación del sueño puede constituir o no una forma de tortura se ha examinado y comentado en detalle en un estudio muy reciente sobre la tortura “sin signos físicos”, realizado por las organizaciones PHR y Human Rights First (HRF):

“La privación del sueño es una forma muy instalada de maltrato, empleada para hacer quebrar a las personas sometidas a un interrogatorio… El im-pacto psicológico de la privación del sueño sostiene la conclusión según la cual este método constituiría un acto de tortura o un trato cruel o inhuma-no a los fines de una investigación. Es sabido que la privación del sueño es un atentado contra la integridad mental […] [y] está destinada a alterar las

facultades o la personalidad.”8

Un psicoterapeuta de la London Medical Foundation for Victims of Torture

(MFVT) describe de la siguiente manera los efectos de la privación del sueño:

“Después de dos noches sin dormir, comienzan las alucinaciones y des-pués de tres noches empiezas a soñar despierto, lo cual es una forma de psicosis. Después de una semana, pierdes el sentido de la orientación en el tiempo y en el espacio; crees que las personas a las que les hablas están en el pasado; una ventana puede convertirse en una imagen del mar que viste en tu juventud. Privar a una persona del sueño es jugar con su

equi-librio y su salud mental.”8

La intensidad del sufrimiento generado por la mera privación del sueño constituye un acto de tortura, por ejemplo, en la jurisprudencia del Comité contra

la Tortura8. Como recientemente la técnica de la privación del sueño,

rebautiza-da “gestión del sueño” ha sido objeto de debates en relación con la cuestión de la detención por Estados Unidos en Abu Ghraib, puede ser útil recordar que la jurisprudencia de Estados Unidos incluye referencias pertinentes, debido a que los 80 V. Michael Rosen, Is Sleep Deprivation Torture?, publicado el 8 de marzo de 005, disponible en el sitio: http://www.geocitites.com/three_strikes_legal/torture_sleep_deprivation.html (consultado el 5 de octubre de 007).

8 Leave No Marks, op. cit (nota 5), pp. -4.

8 John Schlapobersky, citado en Megan Lane y Brian Wheeler, “The real victims of sleep deprivation”, BBC News Online Magazine, 8 de enero de 004, disponible en el sitio: http://news.bbc.co.uk//hi/magazi-ne/7695.stm (consultado el 5 de octubre de 007).

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