10 Nietzsche

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Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

1844 - 1900

1844 - 1900

"Yo no soy un hombre, soy dinamita. Mi mensaje asusta, pero soy un bufón"

El filósofo del martillo

De la quiebra de la modernidad al pensamiento caníbal

Del humanismo moderno al nihilismo posmoderno

Sobrevivir más allá del bien y del mal

Vivir la vida como un deporte de riesgo

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Sumario

Sumario

Sumario

Sumario

Advertencia compasiva y preliminar para no iniciados sobre el pensamiento caníbal . . . 2

1

Contexto histórico y social del paradójico siglo

XIX . . . 4

2

Occidente: diagnosis de una decadencia

. . . 5

3

La irrupción del nihilismo en la cultura occidental

. . . 8

3.1 Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica. . . 9

3.2 La rueda de la vida y el mito del "eterno retorno" . . . 12

4

Más allá del bien y del mal

. . . 12

4.1 Visión dionisíaca de la vida . . . 12

4.2 La voluntad de poder. . . 13

4.3 La inversión de todos los valores. . . 15

4.4 Señores y siervos . . . 16

4.5 Vivir la vida como un deporte de riesgo: el superhombre . . . 18

Resumen y conclusión final del pensamiento a martillazos . . . 21

5

Valoración crítica de la filosofía nietzscheana

. . . 24

5.1 ¿Fue el propio Nietzsche nihilista? . . . 24

5.2 El significado profundo de la muerte de Dios en la cultura occidental . . . 25

5.3 El legado de Nietzsche: de la quiebra de la modernidad al pensamiento caníbal . . . 26

Vida y obra de Nietzsche Vida y obra de NietzscheVida y obra de Nietzsche Vida y obra de Nietzsche. . . 7

Algunas sentencias salvajes y aforismos polémicos de Nietzsche . . . 33

Algunos textos . . . 34

Anexo 1: El "Club de la lucha" o vivir la vida como un deporte de riesgo . . . 36

Anexo 2: La ley de los más capaces: de Calicles a Nietzsche pasando por el darwinismo social . . . . 38

Anexo 3: Nietzsche y el problema metafísico del humanismo moderno . . . 39

Anexo 4: Nietzsche y la disolución del sujeto pensante (Andrés Rubio). . . 39

Anexo 5: La crítica nietzscheana a la democracia (Jesús Conill) . . . 40

Anexo 6: ¿Podemos comprender nuestro dislocado y esquizofrénico tiempo post-moderno sin conocer el brillante mensaje de aquel loco tan lúcido? . . . 41

Anexo 7: Resumen de los aspectos fundamentales del pensamiento caníbal de Nietzsche. . . 43

Creedme: el secreto para coger los mejores

frutos y el mayor placer de la vida consiste

en vivir peligrosamente. ¡Construid vuestras

ciudades cerca del Vesubio! ¡Enviad vuestras

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El pensamiento caníbal y la pérdida de nuestra virginidad intelectual

Advertencia compasiva para no iniciados

Aviso para personas sensibles que sean proclives a ponerse nerviosas, fácilmente se asusten, se apodere de ellas la palidez o se mareen:

‘ Tratar con Nietzsche es tratar con el "filósofo del martillo" que nos acerca al precipicio del abismo, con todo el vértigo y pavor que ello nos pueda producir. Nietzsche es el bufón que hace de portavoz y abogado del diablo. Su pensamiento es siempre políticamente incorrecto y escucharle es tener que oír cosas que preferi-mos no saber. Se atreve a decir en voz alta lo que todos de una u otra forma sospechapreferi-mos pero no tenepreferi-mos el coraje suficiente de reconocer. Sus verdades incomodan y nos perturban...

‘ Es aconsejable que antes de comenzar a leerlo nos miremos bien a nosotros mismos y a las personas que tenemos a nuestro lado. Porque después de haber leído a Nietzsche ya no nos reconoceremos. Después le querremos o le odiaremos; pero ya no seremos los mismos y nuestra vida, nuestra forma de ver la vida, habrá cambiado.

‘ Y es que leer a Nietzsche y, sobre todo, escucharle entre líneas desde nuestro contexto posmoderno, des-creído y desencantado, individualista y sin grandes expectativas sociales, es algo parecido al primer contacto afectuoso. Ya que después de haberlo leído, después de dejarnos poseer por su pensamiento, habremos perdido irreversiblemente nuestra virginidad... intelectual. Habremos perdido definitivamente nuestra inocencia: la idea ingenua de creer que la vida es como pensábamos que era.

‘ Muchos de los que hicieron la transición del siglo XX al XXI, quienes cruzaron el puente de la modernidad, fueron acunados en su niñez por sus padres idealistas de la revolución de 1968 con la euforia de los sueños entusiastas y optimistas de PROMETEO (Marx...). Luego crecieron alarmados por la náusea existencial (Sar-tre...) en la desesperación, con la tragedia de SÍSIFO, bajo la sospecha amarga de que la vida sea sólo una pasión o esfuerzo inútil. Pero todo ello fue sólo el paso previo a nuestra obligación de madurar con el

desengaño de un DIONISOS desencantado que, embriagado, canta abandonado a sus instintos y pasiones su desenfadada alegría escéptica (Nietzsche), mientras mira al abismo de la nada y se siente rodeado por la amenaza ineludible de un mundo absurdo y una historia estúpida. En este sentido, el pensamiento de Fede-rico Nietzsche, como sucede con toda prueba de madurez, duele y hace sufrir, molesta y perturba. Pero nada mejor que leerle para comprender y "sufrir" nuestro mundo posmoderno y desencantado, aunque oficialmente siga nutriéndose de los ideales del vetusto proyecto moderno para arreglárselas en seguir tirando y malfuncionando. Un mundo, el nuestro, sin metafísica, sin verdades ni valores universales, ubicado en la inestabilidad espasmódica y permanente, desencantado de ideales religiosos o seculares, con sujetos desmotivados y descapacitados para ser buenos y generosos, para comprometernos con cualquier causa de modo libre y responsable, aposados en la superficie de lo fragmentario, en la perspectiva calidoscópica de los mil pedazos, adentrados temerariamente en el laberinto del "eterno retorno", incapacitados para ir más allá de las relaciones epidérmicas...

‘ Así que, antes de adentrarnos en el terreno de tan peligrosa aventura, debemos saber que el señor de los enormes bigotes va a destrozar con su martillo –hoy quizás utilizaría una motosierra– todos nuestros soportes y agarrederos existen-ciales. Va a echar por tierra nuestros viejos andamios y el edificio mismo en el que tan confortablemente estamos instalados y en el que tan seguros nos senti-mos. Pero eso no es todo: después nos va a poner desnudos frente al espejo de la vida y frente a nosotros mismos.

‘ Nada mejor que leer a Nietzshe, un autor que fascina a la vez que espanta, para comprender nuestro tiempo posmoderno, sin metafísica, sin verdades ni valores universales, Pero, ¿nos atrevemos? ¿O quizás tengamos miedo y prefiramos pen-sárnoslo? Quizás lo que queramos sea continuar con nuestra candidez y seguir tranquilamente agarrados a nuestras convicciones y seguridades cotidianas con las que nos enfrentamos a la rutina del día a día...

‘ Y una última advertencia: vamos a iniciar un vidrioso camino de reflexión que, como ocurre con una película, cuyo significado completo sólo se entiende a

par-tir del orden de sus fotogramas, hay que esperar hasta el final mientras se recorren con paciencia los pasos que hasta él nos conducen.

Cuentan que Dios ha muerto. Que todos sus sustitutos civiles y

sucedá-neos seculares han muerto también. Marx ha muerto y está enterrado en Cuba y su revolución fallida. El Fary ya no canta..., ¡Y yo empiezo a

sentir-me muy mal! ¡Socorro, que paren el mundo que me quiero apear!

El Nietzsche El Nietzsche El Nietzsche El Nietzsche

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1 La doctrina nietzscheana es susceptible de ser incluida en diversas y contrapuestas corrientes del pensamiento: evolucionismo, irracionalismo, vitalismo,

existencialismo, nihilismo... Pero fundamentalmente surge de su oposición al racionalismo y al idealismo, a los que considera fruto de un "trastorno digestivo". Su intención consiste en invertir completamente los términos, criterios, referencias, verdades y valores tradicionales que han tejido hasta ahora la cultura occidental.

2 La dificultad para comprender correctamente o de modo unívoco a NIETZSCHE reside precisamente en la ambigüedad fundamental de su obra escrita

y de su propio pensamiento. La ausencia de un vocabulario técnico y bien definido crea graves dificultades de interpretación. Los términos básicos que emplea (voluntad de poder, nihilismo, superhombre, etc.) escapan a toda definición y estallan en significados contrapuestos. No hay razonamientos o deducciones, sino intuiciones súbitas como relámpagos. NIETZSCHE es un autor que no evita contradecirse; sus escritos, además, expresan una fuerte dosis de provocación, violencia y agresividad, tanto en el mensaje como en la forma literaria que emplea.

Tengo TengoTengo

Tengo miedomiedomiedo amiedo aaa serserserser unun díaunun díadíadía canonizado..canonizado..canonizado..canonizado... Yo no. Yo no. Yo no. Yo no quiero

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quiero serserser un santo; prefiero ser un bufón. Talser un santo; prefiero ser un bufón. Tal un santo; prefiero ser un bufón. Tal un santo; prefiero ser un bufón. Tal vez

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quierquier

quiero creyentes y no hablo jamás a las masas.o creyentes y no hablo jamás a las masas.o creyentes y no hablo jamás a las masas.o creyentes y no hablo jamás a las masas. Pero

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Pero mimimi mensajemimensajemensajemensaje eseseses terrible,terrible,terrible, yaterrible,ya queyayaqueque todoquetodotodotodo lolololo quequequeque hasta

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hasta ahoraahoraahoraahora sesesese hahahaha llamadollamadollamadollamado vvvverdad se llamaráerdad se llamaráerdad se llamaráerdad se llamará mentira. El destino ha

he-mentira. El destino ha he-mentira. El destino ha mentira. El destino ha

he-cho chocho

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descubierto la verdad, lo que se avecina, la verdad, lo que se avecina, la verdad, lo que se avecina, la verdad, lo que se avecina, el

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sin eeeembargo, el hombre que trae lambargo, el hombre que trae lambargo, el hombre que trae lambargo, el hombre que trae la fatalidad y la fatalidad misma, pues fatalidad y la fatalidad misma, puesfatalidad y la fatalidad misma, pues fatalidad y la fatalidad misma, pues cuando

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que todastodastodastodas ellasellasellas seellassesese apapapapoyaban en la mentira. Ha-oyaban en la mentira. Ha-oyaban en la mentira. Ha-oyaban en la mentira. Ha-brá

brábrá

brá entoncesentoncesentonces guerrasentoncesguerrasguerrasguerras comocomocomocomo nono lasnonolaslaslas hahahaha habidohabidohabidohabido an-an-an- an-tes sobre la faz de la tierra.

tes sobre la faz de la tierra.tes sobre la faz de la tierra. tes sobre la faz de la tierra.

Nietzsche, Ecce homo

F

riedrich Wilhelm NIETZSCHE, conocido como el "filósofo del martillo", representa la vida

de un hombre genial y brillante, provocador y contradictorio hasta el disparate, rebelde, hipercrítico, dispuesto a revisar todo y a no dejar títere con cabeza: la vida, la muerte, el bien y el mal, el arte y la filosofía, Dios y el hombre. Su pensamiento es contrario a todo tipo de razonamiento lógico o científico. Se le puede tildar de irracional, pero en realidad es un vitalista1. Iluminado y patético a la vez. Dice lo que piensa y en el momento que lo piensa. Lo mismo es tomado como el padre del anarquismo, que del biologismo, que del nacionalsocialismo o del existencialismo. Formas tan dispares de pensamiento se basan en él precisamente porque quiso ser contradictorio y motivo de escándalo. Pero por encima de todo, NIETZSCHE representa una reacción apasionada contra la mediocridad, la

superficiali-dad y la ceguera de cualquier dogmatismo.

NIETZSCHE, además de irreverente y transgresor, es conscientemente el autor de la

contradic-ción. Elude lúcidamente cualquier tipo de exposición lógica, coherente, ordenada, rigurosa o sistemática de sus ideas, frecuentemente presentadas de manera inconexa. La filosofía no la concibe como un esfuerzo paciente y metódico, templado por la razón, sino como el fruto de una voluntad irracional y de una explo-sión de entusiasmo pasional. Se apoya así en el aforismo, la metáfora fuerte y el simbolismo ambiguo. Características que nos prohíben, por tanto, hablar de una interpretación ortodoxa o correcta del autor. Su obra escrita es, de hecho, susceptible de las más variopintas interpretaciones: puede ser un romántico libertador o un artista de la vida, como también un prenazi. Pero quizás sea esta misma ambigüedad el aspecto más atractivo y seductor de NIETZSCHE. Su pensamiento se refracta en mil espejos que nos remiten otras tantas imágenes del propio autor. Todo ello impide que alguien pueda pretender arrogarse la "interpretación oficial" de la filosofía nietzscheana2. Motivo por el cual las páginas siguientes

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3 "El miedo a NIETZSCHE tiene esa cualidad morbosa del temor que atrae: seguimos devorando sus libros tanto más cuanto más nos resistimos a la

terrible verdad en ellos expuesta de que Auschwitz, el Gulag y otros ejemplos de aniquilación del hombre por el hombre no son sino la coherencia fáctica, presente en la historia, de nuestro proceso modernista e ilustrado de emancipación de la genuina metafísica": Javier HERNÁNDEZ-PACHECO, Nietzsche: vida y trascendencia, Herder, 1990, págs.16-17. Se trata de una fatalidad interna al propio proceso de la modernidad por las contradicciones que alberga en su origen, tal y como también sospecharían después ADORNO y HORKHEIMER. Aunque NIETZSCHE habría precisado que desde la modernidad, que pregona en francés una "fraternidad y libertad" sin Dios ni metafísica, primera gran contradicción, nada se puede argüir contra semejantes catástrofes, ya que lo son sólo para quien las sufre y no para quien las infringe. Es cuestión de más o menos suerte en la vida. Una suerte que nos puede sonreír si ponemos arrojo y decisión en cuanto ponemos pie en ella y tenemos claro dónde nos queremos posicionar. Y es por esto mismo por lo que el filósofo de los enormes bigotes nos atrae a la vez que nos espanta: por ser el profeta que anuncia la coherencia de lo que ha ocurrido y volverá a ocurrir –está ocurriendo ya siquiera en cierta dosis y a pequeña escala–. Un profeta peculiar, en tanto que profetizó lo contrario de todos los otros: la vanidad de todo ideal, la validez definitiva de lo que cada cual se trae entre manos, la renuncia al cambio humanista hacia la utopía. Un profeta de la desesperación: el Anticristo. El profeta de la muerte de Dios. El antiprofeta y el único que ha buceado hasta el fondo del planteamiento ilustrado, que es el pozo del que todos todavía hoy bebemos, pese a la llegada a nuestras calles de la posmodernidad. Leerlo es entonces aprender a conocernos, de verdad, a nosotros mismos, seres modernos-posmodernos; pues su obra es la verdad trasparente que le queda a un mundo sin Dios, sin la verdadera Trascendencia (Ibídem, págs.15 y 17).

Cronología

1853

Wagner estrena "El anillo de Nibelungo".

1859

Aparece "El origen de las especies".

1862

Bismarck es canciller de Prusia.

1869

Canal de Suez. Nace Gandhi. Concilio Vaticano I: infalibilidad pontificia.

1870 Nace Lenin.

1871

Proclamación del II Reich alemán. Luis I de Baviera proclama a Guillermo I emperador de Alemania.

1873

República española.

1876

1ª internacional socialista.

1879

Nacen Einstein y Stalin.

1882

Fundación de la Triple Alianza.

1891

León XIII publica la encícli-ca Rerum Novarum sobre el problema social.

1900 Muere Nietzsche.

posibles. Interpretaciones que pueden reducirse a dos bandos: el de quienes lo entienden en un sentido "blando" y lo elogian como el impulsor de una nueva moral y forma de vida del hombre y para el hombre, nuevo artista de sí mismo; y el bando de quienes lo interpretamos en un sentido "fuerte" como el filósofo que profetizó a martillazos la llegada de un nihilismo exasperante y sin retorno, pero al que hay que plantarle cara para sobrevivir ante la amenaza de sus fauces trituradoras. En último término quizás tampo-co interese demasiado saber cuáles fueron las pretensiones reales del propio autor. Quizás lo interesante de este genial pensador resida en que nos ha legado a nosotros mismos la responsabilidad de interpretarlo, acorde a nuestras circunstancias, en un sentido más o menos fuerte o blando.

Aunque nos produzca más miedo que un pirómano en un almacén de pirotecnia con una cerilla en la mano, que un peluquero con parkinson o que una piraña dentro de un bidé, el pensamiento caníbal de NIETZSCHE –y es curioso– no pasa de moda y ejerce en muchos, por oleadas, una especie de atracción morbo-sa, como la que producen las serpientes, fascinante y repulsiva a la vez3. Al final de nuestro ejercicio de acercamiento a su doctrina podremos quererle o podremos odiarle, le admiraremos o le aborreceremos, quizá nos quedemos perplejos y parali-zados, pero en ningún caso nos dejará indiferentes. Y para nosotros mismos, pues-tos al desnudo ante el espejo de la vida, en toda su radicalidad, con el poder hip-nótico de las palabras del propio NIETZSCHE, susurrando detrás de nosotros, ya casi nada volverá a ser contemplado exactamente igual a como lo era antes.

1

El paradójico contexto social del siglo

XIX

N

IETZSCHE vive en una época difícil marcada por la decadencia de una sociedad burguesa caracterizada por una moral puritana y llena de prejui-cios. Toda su obra está determinada en este sentido por ser una reacción contra la mediocridad y el convencionalismo de la moral tradicional. Así lo de-muestra su crítica implacable a todo sistema de valores.

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Diagnosis de la decadencia de Occidente

4 NIETZSCHE es un autor vitalista porque entiende que la condición e identidad humana, lo que realmente mueve al hombre –al animal humano– y

llena de contenido su existencia, no es la "razón", sino la voluntad, que representa un "impulso vital".

Yo no soy un hombre, soy dina-mita. Mi mensaje y mi martillo asustan, pero soy un bufón. Así mismo, el siglo XIX reúne también una serie de peculiaridades propias. Es un momento de importantes revoluciones sociales y de fuerte aceleración económica, donde prevalece el dominio científico y técnico, que promueve una visión mecanicista de la realidad. Es también un siglo pluriforme y carente de unidad. Las divergencias de pensamiento y el número de perspectivas sobre el mundo alcanzan tal envergadura que desemboca en un caos de opiniones y directrices. El exceso de racionalismo culmina en la llegada a su extremo opuesto: el romanticismo. La filosofía pesimista de SCHOPENHAUER es la expresión clara del momento histórico. Aunque ello no impide el nuevo optimismo proclamado por la filosofía positivista de COMTE.

En el terreno político, Europa extiende por todo el mundo su sistema democrático y liberal. Se propone que cada país tenga su Constitución y los poderes estén divididos dentro de un sistema donde el gobierno político es cortejado por distintos partidos políticos.

En el arte hay una reacción contra el realismo y aparece el impresionismo. Nombres destacados en pintura son: CEZANNE,VAN GOGH,MANET,MONET,SOROLLA... En la literatura sobresalen,

ZOLA,BALZAC,MANZONI,PROUST,DICKENS,TOLSTOY,DOSTOYEVSKI... En música brillan WAGNER,BRAMS,MAHLER,BERLIOZ,ALBÉNIZ,KORSAKOV,DEBUSSY,TCHAIKOVSKY...

En el campo de la filosofía se da una reacción contra el idealismo alemán. Algunos autores de la época subordinan lo racional a lo vital: NIETZSCHE,DILTHEY,BERGSON...4 Aparecen también el

neo-empirismo de COMTE, el pensamiento revolucionario y materialista de MARX, el pragmatismo de W.JAMES y, ya al finalizar el siglo, el sicoanálisis de FREUD. Todas estas tendencias están muy influidas

por el auge de la ciencia. Sin olvidar en ningún momento el fuerte impacto y la potente presencia en todas las áreas de las nuevas teorías biológicas y evolucionistas de la vida en nuestro planeta.

2

Occidente: diagnosis de una decadencia

E

mpleando todos los recursos del lenguaje, combinando clarividencia y sar-casmo, con tanto ingenio y finura como brutalidad, NIETZSCHE ilumi-na, tantea y perfora, para, por último, precipitar y arrumbar todo lo que la civilización europea, que ya para entonces había dejado de ser cristiana, ha considerando hasta ahora como verdadero, bueno y humano. Ni SÓCRATES

ni PLATÓN, ni DESCARTES ni KANT, ni el budismo ni el cristianismo son

respetados.

Con NIETZSCHE la cultura europea llega a una encrucijada. Su

filoso-fía representa el rechazo más extremo efectuado a la religión, la filosofiloso-fía, la cien-cia y la moral. En ella se realiza un rechazo demoledor de la cultural occidental. Si HEGEL creyó haber propiciado un espaldarazo a la historia de la humanidad

en Occidente, NIETZSCHE representa, por el contrario, una negación despia-dada de la misma, la repulsa de todas las tradiciones y la invitación a una

radi-cal vuelta a los orígenes. Este regreso hasta los orígenes, a la vida misma como instinto y flujo de pasiones, es posible para él por la inmensa catástrofe que representa la muerte de Dios en la cultura occidental. Toda la filosofía de NIETZSCHE representa, en este sentido, un intento por recuperar la exaltación de

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5 El anuncio de la "muerte de Dios” es el punto de partida de toda la reflexión nietzscheana. No se trata de abrir un debate estéril sobre si Dios como

tal, como sujeto o divinidad trascendente, existe o no. NIETZSCHE no entra para nada en ese asunto. Se limita a poner sobre la mesa la constatación de un hecho histórico consumado: la cultura occidental ha decidido, en la práctica, que Dios no existe y prescindir definitivamente de esa idea. Pero ocurre que con la muerte de Dios en la cultura también se derrumba toda metafísica. Ya no queda soporte óntico alguno para sostener verdades y valores universales. NIETZSCHE, además, denunciará como estafadores a los promotores de proyectos e ideologías seculares que pretenden ocupar el lugar del Dios desapareci-do, porque son "religiones de emergencia", ídolos vestidos de paisano que pretenden ocupar el lugar vacío que ocupaba Dios y seguir alimentándose carroñe-ramente de su cadáver. Pero si Dios ha muerto, con Él ha muerto todo dios, han muerto todos los dioses y toda pretensión de dios.

6 NIETZSCHE en realidad no vence ni supera la metafísica, pues no examina ni piensa sus resultados. Simplemente la hace sospechosa, en su mismo

origen y proceder, de obedecer a una voluntad de vivir y querer establecerse en el caos ordenándolo. Tampoco supera con su crítica la tradición cristiana, pues sólo lucha contra una caricatura de la misma. La brillante retórica de NIETZSCHE deslumbra con facilidad; pero no ofrece argumentos ni convence. Aunque es necesario concederle que la realidad y la vida son cuestiones problemáticas.

7 La metafísica desconfía de los sentidos, según NIETZSCHE, porque éstos muestran lo pasajero y nos recuerdan nuestra caducidad en medio de un

devenir caótico, sin principio ni fin, sin fundamento ni sentido.

8 En su análisis de la decadencia de Occidente emplea N

IETZSCHE un método al que llama genealogía. Se trata de la aplicación de un peculiar "sicoanálisis" para descubrir los instintos y tendencias soterradas que operan ocultamente detrás de la voluntad. Con este método pretende encontrar el origen sicológico de conceptos que representan ideales y expresan formas de vivir desde una pretendida seguridad anhelada o perdida: derecho, verdad, bondad, etc. Según NIETZSCHE, estos conceptos e ideales habitualmente tienen su origen inconsciente en lo contrario que expresan. Así el origen del derecho y de

Lo propio de la capacidad racional es, según Nietzsche, la construcción de apa-riencias e imágenes bien estructuradas a partir de un caos originario contra el que protegernos. Pero se trata sólo de ficcio-nes del conocimiento ordenador a las que no corresponde realidad objetiva alguna.

habitualmente como el punto de inicio de la filosofía como reflexión crítica, sino el "horror" que le produce la nada que envuelve la vida5.

NIETZSCHE somete ciertamente todo el pasado a la trituradora de su crítica incisiva. Su diagnosis de la decadencia occidental resulta brillante (aunque también desconcierta). Pero no es uno más de esos utópicos que pretenden mejorar el mundo y traer la felicidad a los hom-bres. No cree en el progreso (Prometeo). El punto de partida de esa decadencia de

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Diagnosis de la decadencia de Occidente

la solidaridad social sería el egoísmo, el de la verdad la mentira, el de la bondad residiría en los instintos y rencores, etc. Como no podemos soportar la verdad terrible de que la vida se apoya en el caos y en el desorden del egoísmo, de la mentira y los instintos, nos engañamos a nosotros mismos para hacerla más habitable sobre los embustes de la solidaridad, del derecho, de la verdad y de la bondad. Pretendemos lograr así una reconciliación con la vida y el inevitable destino de tener que vivirla, para hacer de ella una carga más soportable, ordenada y llevadera.

9 La cruda y cruel realidad de una vida absurda nos horroriza y se nos hace insoportable (léase al respecto el magnifico relato de Miguel de U

NAMU

-NO: San Manuel bueno y mártir). Entonces nos vemos obligados a mentirnos a nosotros mismos inventando patéticas verdades en las que poder instalarnos y fingir una existencia significativa. La metafísica de Occidente ha inventado así la ficción de un saber racional, universal y certero, poblado de verdades lógicas y valores universales, para poder escapar de las fauces de la caducidad a la que se ve abocada toda la existencia. La conclusión es clara: los tres mundos ideales que Occidente ha levantado con tanto esfuerzo y desde los que se sustenta –el mundo racional, el religioso y el moral– son meras ficciones inventadas con el objetivo de ocultar una existencia e historia caóticas.

Nietzsche

Nietzsche

Nietzsche

Nietzsche

Friedrich Wilhelm NIETZSCHE nació en Röcken, aldea sajona cercana a Leipzig, un 15 de octubre

de 1844. Sus abuelos y su padre, que murió cuando contaba 5 años, eran pastores protestantes. De joven recibe una sólida formación humanista basada en el estudio de los autores clásicos, a la vez que muestra gran sensibilidad para la música (fue un excelente pianista). En 1864 inició estudios de teología y filología clásica en Bonn. Su madre esperaba que fuera también clérigo protestante; pero NIETZSCHE se opuso y en 1864 se traslada a la universidad de Leipzig. Lee entonces la obra

de SCHOPENHAUER (1788-1861), que influiría notoriamente en su pensamiento. En 1868

conoce a Ricardo WAGNER, por el que sentiría gran admiración, pues veía en su música el resurgir poderoso de los valores clásicos y germánicos. También en 1868, y sin ser todavía doctor, es

nom-brado catedrático extraordinario de filología clásica en la universidad de Basilea y adquiere la nacionalidad suiza. En 1870 ingresa como enfermero voluntario en la guerra franco-prusiana. Y en 1871 publica su primera obra importante: El naci-miento de la tragedia en el espíritu de la música; obra mal acogida que le hizo perder prestigio entre sus colegas. En 1873 rompe su amistad con WAGNER por la ópera Parfisal, que interpreta valores religiosos y cristianos. No obstante, siguió en la enseñanza, aunque con licencias temporales por razones de salud. Tomaba muchos medicamentos, ya que desde los doce años sufría fuertes dolores de cabeza y trastornos en la vista, lo que dificultaba su tarea de leer y escribir; problema que se agrava a partir de 1873 y motivo por el que en 1879 abandona por completo la enseñanza. Desde este momento su vida será la de un solitario que viaja por Europa en busca de luz y sol (los Alpes, Riva, Niza, Génova, Sicilia, Turín...), viviendo con estrechez de la pensión que le concede la universidad y de rentas familiares, pasando frío y alojándose en pequeñas pensiones. Su vida solitaria no impidió, sin embargo, que tuviera cierta relación con escasos y selectos amigos: el músico Peter GAST, el historiador Jacob BURKHARDT y el teólogo Franz OVERBECK. Por otro lado, las mujeres jugaron un papel importante en la vida de NIETZSCHE: con la muerte de su padre quedó al cargo de su madre, su hermana, una abuela y dos tías. La que más influyó en su vida fue su hermana ELISABETH, dos años menor que él, que ejerció de amiga, confidente

y enfermera y vivió con él hasta 1882, fecha en la que se casó con un antisemita. Parece ser también que se interesó por Cósima WAGNER y se enamoró de Lou SALOMÉ, finlandesa amiga también de RILKE y FREUD, con la que tuvo una excelente relación intelectual, pero por la que fue rechazado cuando le pidió que se casara con él. Fracaso sentimental que aumentó su aislamiento. Entre 1878 y 1888 escribirá sus obras más importantes: Humano, demasiado humano; La gaya ciencia; Más allá del bien y del mal; Genealogía de la moral; El crepúsculo de los ídolos; El anticristo; Ecce homo y La voluntad de poder (boceto para un libro que nunca llegó a escribir). Obras que serán poco conocidas hasta casi el momento de su muerte. Su obra más importante la escribió desde una tremenda soledad: Así habló Zaratustra. A partir de 1887 los dolores que padece se hacen más frecuentes e insoportables. NIETZSCHE inicia un período extravagante. Pasa horas tocando el piano y escribe extrañas cartas a sus pocos amigos en las que se identifica con Dionisos, con el superhombre o con el mismo Dios. Le acecha la locura. En 1889 sufre un colapso en una plaza de Turín: se abraza desesperadamente a un caballo al que golpeaba su amo. Su amigo OVERBECK le hace ingresar en una clínica de Basilea; diagnóstico: reblandecimiento cerebral.

Pierde la razón. Tenía 45 años. Murió en Weimar el 25 de agosto de 1900, después de diez años de una vida prácticamente vegetativa al cuidado de su hermana y de su madre, a las puertas de un siglo que le reconocería como un paradójico profeta.

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10 La dificultad para comprender el mensaje de N

IETZSCHE por nuestra parte estriba en que seguimos –nos diría Nietzsche en su papel de abogado del diablo– agarrados a nuestras viejas convicciones, a nuestros "prejuicios metafísicos", es decir, seguimos creyendo en una distinción entre la verdad y la mentira, el bien y el mal. Todavía no nos hemos enterado de la terrible noticia y no hemos percibido sus catastróficas consecuencias. En medio de la oscuridad creemos seguir estando en la claridad del mediodía. Así, si a cualquier persona cercana, amiga o vecina, le diera en el momento un mareo y cayera al suelo desmayada, inmediatamente haríamos lo posible por ayudarle. Intentaríamos reanimarle y, de no lograrlo, llamaríamos a un servicio de urgencias solicitando asistencia. ¿Por qué? Porque pensamos, estamos metafísicamente convencidos, de que ese cuerpo tendido en el suelo es el de una persona, el de un ser querido o conocido que merece misericordia, porque tiene dignidad y merece respeto, requiere nuestra atención. Pero si por un momento pensá-ramos en serio que no hay metafísica, entonces deberíamos admitir que sólo hay física, es decir, que sólo queda la materia. El cuerpo tendido en el suelo de nuestro compañero/a sería entonces sólo un organismo biológico, una masa de células, como la de cualquier otro animal. ¿Por qué sentir misericordia y por qué ayudarle? Los animales se cazan entre ellos y se despedazan bajo la ley de comer y no ser comidos. Entre ellos no hay lazos de compasión ni solidaridad que valga. La mantis religiosa que decapita vivo al macho y lo devora, los leones machos que dan muerte y engullen a las crías del viejo león destronado, etc., sólo tienen intereses genéticos. Sin metafísica, ¿por qué ha de ser diferente entre los seres humanos? Sin metafísica, a saber,

Saber que la vida es absurda e irracional resulta ser una realidad inconfesable. Es una carga difícil de soportar sin ceder a la rendición. Para defenderse de esta verdad cruel y horrorosa los hombres necesitan engañarse a sí mismos inventando menti-ras sobre las que instalarse para poder sobrevivir: valores, ideales, patrias, teo-rías... Pero todo ello no es sino fruto de la ficción que produce en nosotros la necesi-dad de fingir y representar un papel en la vida. Sin embargo, el cosmos sigue siendo el caos impenetrable de siempre, pese a todos nuestros esfuerzos por maquillarlo con nuestras bellas palabras, nuestros proyectos, conceptos y promesas.

voluntad para justificar un modo de existencia. El "querer" de la voluntad siempre precede y determina el "entender" de la razón. Sólo entendemos lo que deseamos y aquello que estamos previamente dispues-tos a querer entender en una determinada dirección y desde la obligación de existir. Este intento de conceptualizar el mundo y de hacerlo calculable es, en realidad, una producción artística de la voluntad entre otras de las muchas posibles.

Frente al engaño de la metafísica, que surge desde la obligación de existir con el deseo de dar un significado a la realidad caótica, NIETZSCHE nos revela el secreto de la vida tal como es: una sucesión

de instantes inconexos que se desvanecen. Todo es devenir. No hay un conocimiento universal ni una moral inmutable. La metafísica es sólo el intento de disecar por nuestra parte el devenir que percibimos a través de los sentidos. Lo que fundamenta la razón no es la lógica, sino la voluntad de sobrevivir en un mundo inhóspito en el que todo es devenir. Esta voluntad inventa valores e ideales en los que poder parapetarnos y defendernos de una realidad contradictoria y no conciliada consigo misma. Necesitamos del error de la razón para poder vivir con cierto reposo y seguridad, haciendo así frente al devenir incesan-te de la vida (¿Heráclito?). La razón se ha dedicado hasta ahora, por tanto, a momificar el devenir gra-cias a la utilización de conceptos y valores con los que etiquetamos la realidad, nada más.

3

La irrupción del nihilismo en la cultura occidental

L

os valores e ideales que han tendido su mano al homínido (verdad, justicia, amor, moral...) no existen por sí mis-mos en sitio alguno. Son enteramente producto de la invención y determinación nuestra. Nues-tros antepasados los proyectaron en un principio hacia el interior o esencia de las cosas, desde una perspectiva de utilidad en orden al manteni-miento de ciertas construcciones humanas de dominación. Al poco tiempo, desde SÓCRA

-TES y PLATÓN, tales valores e ideales se hacen

autónomos: lo bueno o verdadero en-sí, la "idea" de lo bueno o verdadero... Los valores supre-mos, a cuyo servicio debía vivir el hombre, se elevan entonces por encima del hombre mismo,

con el fin de amplificar su resonancia cual si fueran órdenes de Dios, como el verdadero mundo, como esperanza y como futuro. Y precisamente por esta independización las verdades y valores absolutos co-bran lejanía, se hacen extraños y hostiles a la vida. Para NIETZSCHE, por tanto, después de poner en

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La irrupción del nihilismo en la cultura occidental

sin verdades ni valores universales por encima de la materia física y biológica, sin dignidad humana que resista de pie, entonces acciones como la compasión o la solidaridad se reducen a ser meros prejuicios metafísicos que surgen de nuestro miedo a vivir la vida en su estado natural, es decir, de modo salvaje y brutal, basándonos en los impulsos y los instintos. Pero de tales prejuicios metafísicos no entienden siquiera los chimpancés en su entorno natural, donde se suelen mostrar muy violentos y agresivos entre sí, llegando incluso a practicar el infanticidio y el canibalismo. Y también hay grupos humanos organizados que cazan niños en las calles para quitarles sus órganos y venderlos después a personas ricas que necesitan trasplantes o trafican con vísceras humanas... Si no hay metafísica, ¿dónde queda la "dignidad" humana y por qué puñetas debemos respe-tarnos mutuamente o acatar exigencias sociales? Todo ello sería una mentira y una ficción. Un planteamiento que asusta a quienes todavía, afortunadamente, seguimos agarrados a nuestras viejas convicciones metafísicas y racionales, muy racionales.

11 La influencia de S

CHOPENHAUER está presente en toda la obra de NIETZSCHE. Cfr. A.SCHOPENHAUER, El mundo como voluntad y represen-tación. El cosmos es un caos impenetrable, pese a nuestros esfuerzos por maquillarlo con nuestras palabras, conceptos y promesas. Esta no-racionalidad de lo real es, sin duda, el presupuesto desde el que se explica la aproximación de NIETZSCHE a SCHOPENHAUER. Pero a diferencia del maestro del pesimismo, NIETZSCHE intenta "redimir" la irracionalidad, pactar y jugar con ella, superando así la radical renuncia en la que se hundió su maestro.

12 El nihilista no niega que esta o aquella hoja de papel sea, efectivamente, una hoja de papel y que exista como tal. Lo que el nihilista considera

sospechoso es la realidad como un todo estructurado y ordenado, valioso y significativo. Considera que la vida es radicalmente inestable, frágil, azarosa, ciega, fugaz, vacía, inútil y sin valor. Lo que hace posible el nihilismo, cuando declara que nuestro conocimiento es falaz, es este carácter radicalmente problemático de la realidad.

Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica

La propia ciencia, en su interpretación moderna del mundo, no es otra cosa que una prolonga-ción de la metafísica tradicional. Ciertamente se abstiene de Dios, pero conserva el núcleo racionalista: la voluntad de imprimir a la realidad y a la propia existencia humana una verdad. Los logros y conquistas a los que la ciencia bautiza como verdades parten de la voluntad o deseo que secretamente guía todo saber y que reclama un modo de vida significativo frente al caos. Este modo del proceder científico es la máxima expresión de la capacidad humana para el simulacro. La ciencia, desde la seguridad de su barca, desafía al océano tempestuoso, ordena el desorden, da forma y racionaliza lo irracional. En esta barca el hombre busca protegerse de la tormenta y del caos tempestuoso en el que se nos presenta la vida. Pero el océano sigue siendo lo que es: un caos indomable. El sereno dominio de las cosas y los hechos tiene lugar sólo en las representaciones que efectúa nuestra voluntad11. De este modo, lo que venimos llamando civilización occidental no es otra cosa que una mezquina historia de ficciones. El hombre, como sujeto finito que es, ubicado en el tiempo y en el espacio, sólo puede producir conceptos y representaciones históricamente condicionados, incapaces de remitir a una verdad total y objetiva; es decir, el hombre sólo puede conten-tarse con verdades operativas que le permitan funcionar y poder vivir en tal o cual circunstancia. La ciencia misma, como ficción que es, nace también de la irracionalidad: la voluntad de imprimir sobre la realidad formas (teorías, explicaciones...) que ordenen el caos. El mundo nos parece lógico y estructurado en la medida que nosotros lo hemos ordenado antes con nuestra voluntad. Esto se explica porque todo el que vive necesita apoyarse en una ilusión desde la que poder vivir12. El carácter terrible de la verdad nos obliga a mentirnos a nosotros mismos para poder mantenernos en la existencia. La mentira inventa apa-riencias e ilusiones que cumplen el papel de protegernos de la verdad trágica que afirma el abismo y la falta de fundamento del mundo.

3.1

Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda

ver-dad y bien universales

L

a desaparición de Dios de nuestro horizonte cultural significa el ocaso de toda verdad y bien universa-les. El anuncio de la "muerte de Dios" resume el fenómeno histórico de esta pérdida de valores y de todo punto de referencia para una verdad universal en la cultura occidental. Dios expresaba precisamente el fundamento último de esa interpretación metafísica de la realidad:

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13 NIETZSCHE prosigue con el relato del 'hombre loco' diciendo que ese mismo día entró en distintas iglesias para entonar su himno funerario al Dios

muerto. Sacado afuera e interrogado, replicaba una y otra vez que los templos no son ya otra cosa que tumbas y sepulcros de Dios. Todo ello permite a NIETZSCHE concluir que hay que sacar todas las consecuencias de la muerte de Dios. Y es que hemos matado a Dios, pero algunos pretenden seguir exhibiendo todavía su sombra. Así, por ejemplo, el alivio de un FEUERBACH ante la muerte de Dios y su propuesta alternativa de un humanismo ateo o religión de la Humanidad es algo que resulta peligrosamente ingenuo frente a la profunda consternación que manifiesta el 'hombre loco' que protagoniza la parábola de NIETZSCHE, que estigmatiza el humanismo secular de ateísmo frívolo e irresponsable en la medida que no ve las consecuencias. Motivo por el que dicho 'loco' se ve obligado a encender una linterna en la claridad del día, esto es, ante el optimismo moderno causado por los avances de las ciencias y las esperanzas abiertas por los ideales de progreso, para alumbrar y ayudar a superar a sus presuntuosos coetáneos la oscuridad de su ignorancia. De aquí la advertencia de NIETZSCHE en La gaya ciencia de cuidarnos de una naturaleza divinizada, apoyada en un orden último y en una finalidad racionales de base orgánica o mecanicista: "El carácter entero del mundo es por toda la eternidad caos, falta de orden, articulación, forma, belleza, sabiduría o como quiera que se llamen todas nuestras humanidades estéticas". El mundo no esconde intención racional alguna y el azar lo domina todo.

Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica

La "muerte del viejo Dios" ha dado lugar al gran experimento nihilista. Su muerte conlleva la muerte de cualquier funda-mento para la razón y, por consiguiente, la muerte del propio ser humano como sujeto dotado de razón. Las puertas de la historia y del progreso se han cerrado; en su lugar se ha abierto el espacio de la pre-cariedad, el tiempo de la caducidad y el precipitarse de las cosas y las palabras en el abismo de un lugar sin fondo. La vida ya no habita en un todo orgánico y armo-nioso. Hemos perdido aquel estribo donde podíamos apoyarnos y, si queremos sobre-vivir, debemos superar la nostalgia de ha-berlo perdido.

su mirada. ¿Adónde se ha ido preguntáis? Sabed que lo hemos matado nosotros. Vosotros y yo. Todos somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado una esponja capaz de borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desprender esta tierra de su sol? ¿Hacia adónde se mueve ahora? ¿Adónde nos movemos nosotros, apartados de todos los soles? ¿No nos precipitamos hacia adelante, hacia atrás, a un lado y a todas partes? ¿Existe todavía para nosotros un arriba y un abajo? ¿No vamos errantes a través de una nada infinita? ¿No nos absorbe el espacio vacío? ¿No hace cada vez más frío? ¿No nos acecha la noche? ¿No oímos el ruido de los sepultureros que están enterrando a Dios? ¿No percibimos el olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se descomponen! Dios está muerto. ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos nosotros, los más asesinos de todos los asesinos? Lo más santo y poderoso que el mundo ha tenido hasta hoy yace desangrado bajo nuestros cuchillos (NIETZSCHE, La gaya ciencia).

Las secuelas de la "muerte de Dios" dejan al hombre errante y en medio de una nada infinita13.

En efecto, la "muerte de Dios" trae consigo el eclipse de todo aquello que daba confianza y permitía a la cultura europea poder afianzarse. La "muerte de Dios" implica así el final de la interpretación racional del mundo, que lo atendía mediante los conceptos universales y pendencieros de unidad, sustancia, causa, etc. Pero, al desaparecer el fundamento óntico de tal interpretación, los conceptos apoyados en tal perspectiva quedan vacíos de significado. Con la muerte de Dios irrumpe, por tanto, el nihilismo, es decir, la falta radical de sentido y finalidad tanto para el hombre como para el mundo. Las esperanzas se han quebrado y el horizonte se ha borrado. La tierra se ha desenganchado del sol que la iluminaba. El nihilismo nos confronta así con una verdad agria y terrible: no podemos seguir fingiendo; es decir, no podemos preten-der seguir dando a las interpretaciones que imprimimos sobre el mundo valor alguno de verdad. Las verdades que fabricamos son sólo un producto de nuestra resistencia ante el devenir del caos.

Tomar radicalmente en serio la muerte de Dios significa también para NIETZSCHE

que no podemos aceptar falsas soluciones como la de FEUERBACH o cualquier otra ideología

secular que trate de suplantar a Dios poniendo otros objetivos universales y absolutos (humani-dad, progreso, ciencia, nación, revolución, socia-lismo...). Cualquier entusiasmo optimista tras la muerte de Dios carece de justificación. Las "au-toridades de recambio" no pueden dar sentido ni significado a un mundo sin Dios. No se puede matar a Dios y pretender salvar, al mismo tiem-po, el progreso humano o la dignidad absoluta del hombre y de la humanidad. La Ilustración ha creído poder escapar al proceso devastador

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La irrupción del nihilismo en la cultura occidental

14 "Era necesario que, más de un siglo después, viniese un alemán a tomarse la Ilustración en serio. Si se trata de combatir la religión, entonces a sangre

y fuego: sin inventar sucedáneos –la Razón, la Humanidad, la Sociedad, la Libertad, la Nación– por el vértigo que nos obliga a tapar ese hueco que en nuestra existencia deja la ausencia de Dios. La Ilustración es un movimiento de inversión de valores: desde la trascendencia religiosa a la inmanencia del devenir histórico y natural. Pero NIETZSCHE recuerda que tal inversión no se puede hacer a medias y que debe ser una total trasmutación. Y si algún mérito tiene su pensamiento es la valentía en sacar sus últimas consecuencias": Javier HERNÁNDEZ-PACHECO, Ibídem, pág.16.

15 En esta misma línea de los humanismos seculares, que recurren a recambios para suplantar a Dios en el espacio que ha dejado vacío, están también

quienes interpretan a NIETZSCHE en un sentido "blando" o "descafeinado", rebajado en sus aspectos más virulentos. Tales hermeneutas de la filosofía de NIETZSCHE, asustados quizás por las consecuencias a las que conduce el exasperante nihilismo anunciado por él y preconizado antes por el pesimismo irritante de SCHOPENHAUER, admiten ciertamente la muerte de la metafísica fuerte, ya sea religiosa o secular, como derrumbamiento de verdades y valores universales, fijos y estables, pero recurren a otra metafísica suave, más localista e individual, propia del artista posmoderno que, desde una estética de la invención, es creador de sí mismo, de sus verdades y valores menguados y provisionales, más o menos compartidos con los más adyacentes. Se rechaza así la idea grandilocuente de un proyecto universal de la Humanidad, pero se establecen sencillos planes para la propia región, pueblo, barrio, club... Pero difícilmente aceptaría NIETZSCHE la consistencia, no sólo de cualquier proyecto universal, sino tampoco de cualquier plan local. Ni unos ni otros, ni grandes proyectos para el futuro ni sencillos planes para una temporada, todos ellos inmanentes y seculares, se pueden mantener en pie después del derrumbe de la metafísica trascendente, tras la muerte de Dios. La irreverencia radical que exhibe NIETZSCHE le lleva a cerrar todas las puertas posibles por las que queramos poder escapar para no enfrentarnos a la cruel verdad de que la vida no alberga ningún sentido ni verdad, sea fuerte o suave.

16 El nihilismo rompe con el concepto de historia entendido como tiempo lineal y acumulativo. No hay un caminar progresivo que nos conduzca a algún

fin. Todos son senderos perdidos que solamente nos permiten errar sobre los espejismos que inventa para nosotros la voluntad (Vattimo). Nuestro pasado y futuro son engullidos por la nada de un presente efímero. La historia de la humanidad nos muestra así su verdad más terrible: ser un vertedero de ruinas, fracasos y sollozos que se acumulan a nuestros pies. Se dice, en este contexto, que la lógica interna del nihilismo conduce necesaria e inevitablemente al suicidio. Pero sucede que el nihilista no está obligado a creer en la lógica y, por consiguiente, le es indiferente renunciar a la vida o seguir viviendo, bien sea por apatía, ironía u obstinación.

Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica Dios ha muerto: el crepúsculo de los ídolos y el ocaso de toda metafísica

Desde la perspectiva nihilista, la vida es radicalmente absurda y los hombres cons-tituyen un error biológico que, por capri-cho del azar, están destinados a sobrevi-vir en un universo huérfano y en el esce-nario de una historia carente de todo sig-nificado. ¿Acaso constituye el nihilismo una captación del absoluto pero al revés?

todo se reduce a prescindir de Dios, no ha caído en la cuenta de que todas estas nuevas autoridades y valores no son sino la sombra de un Dios muerto y, por consiguiente, cualquiera de esos caminos de ficción constituye un mero desvío que inevitablemente conduce de nuevo al nihilismo14. La muerte de Dios significa literalmente que muere todo dios, sea religioso o civil, porque comporta la disolución de toda pretensión de verdad. Su muerte arrastra consigo la muerte de toda clase de metafísica y desencadena la agonía del hombre, que solamente puede ser suplantado por el superhombre (÷) en la medida que está situado precisamente más allá de toda metafísica, del bien y del mal, de la equivocada distinción entre lo verdadero y lo falso. Para NIETZSCHE las soluciones aportadas por las ideologías seculares (Feuerbach, Marx, Bakunín, etc.), además de frívolas, representan una estafa: matan a Dios sí, pero se nutren carro-ñeramente de su cadáver, pues pretenden seguir alimentando y mantener en pie los ideales y valores absolutos propios de la metafísica que pretenden superar15.

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Visión dionisíaca de la vida Visión dionisíaca de la vida Visión dionisíaca de la vida Visión dionisíaca de la vida

cultura europea. Pero al matar a Dios se han desvanecido el sentido y la orientación del mundo y de nuestra propia existencia: estamos perdidos, sin brújula, en el desierto de la historia. NIETZSCHE se

convierte así en el primero que se ha atrevido a cruzar la línea del terror con todas sus consecuencias, hasta sentirse entre fascinado e hipnotizado por el abismo de la nada.

Ahora bien, para NIETZSCHE el nihilismo es un estado patológico que paraliza la voluntad. Por consiguiente, debe ser tomado como una situación intermedia y transitoria hacia un estado ulterior, gober-nado por el superhombre (Dionisos).

3.2

La rueda de la vida y el mito del "eterno retorno"

C

ada instante de la vida es al mismo tiempo su origen y su final, su autocreación y su autodestrucción, desconectado de cualquier otro instante. Decir este sí radical a la vida incluye asumir previamente el carácter terrible y trágico de la misma (Sísifo).

La doctrina del "eterno retorno"es la más confusa y menos desarrollada por NIETZSCHE. Si bien es cierto que afirmó que ésta constituía su pensamiento más profundo e insondable. En realidad este pensamiento le sirve al autor como expresión cósmica de la actitud dionisíaca que exalta y bendice la vida en su misma tragedia. En efecto, la vida se le presenta a NIETZSCHE como carente de todo atisbo racio-nal: el mundo es un caos eterno, sin orden, sin estructura ni forma. Los juicios, teorías, explicaciones, valoraciones, que emitimos sobre él no le conciernen en absoluto, pues el azar lo domina todo.

Pero esta explosión de fuerzas desordenadas, sin principio ni fin, esconde en sí misma una volun-tad de reafirmarse y bendecirse a sí misma de manera eterna, volviendo siempre a andar sobre sus propios pasos. NIETZSCHE confiesa a sus amigos más íntimos el secreto del "eterno retorno": esta vida, tal y

como de hecho la vivimos, volverá a ser revivida una y otra vez, en la misma sucesión y en el mismo orden (!). Si la cantidad de materia que hay en el universo es, por mucha que sea, limitada y finita, a la par que el tiempo es infinito, entonces, tras infinitas mezclas y coincidencias fortuitas, volverán a repetirse una e infinitas veces las mismas situaciones, con los mismos protagonistas y los mismos hechos. Y los hombres débiles se desesperarán ante la visión de un mundo que juega a los dados consigo mismo y en el que se repiten infinitamente las mismas combinaciones. Los hombres fuertes, en cambio, aceptarán con señoría el reto de este absurdo, incluido el sufrimiento y el dolor, como si se tratase de un juego, conformándose con el destino ciego y fatal de esta broma colosal que a todos nos depara el universo cruel. Amor fati: no sólo soportar lo que es necesario e inevitable, sino, además, amarlo y desearlo. La aceptación total de la vida implica, por tanto, la aceptación sin condiciones del pasado, del presente y del futuro, la voluntad de que la vida sea como ha sido, como es y como será por siempre, una y otra vez (véase al respecto la coinci-dente y descabellada película Atrapado en el tiempo). La rueda de la vida nos devuelve siempre al princi-pio de la misma. El superhombre (÷) será el único que pueda llegar a comprender que ningún instante tienen justificación más allá de sí mismo y que, además, en el "instante feliz" se halla la justificación de lo pasado y de lo futuro. Ese instante eterno en el que se anuda el tiempo.

4

Más allá del bien y del mal

4.1

Visión dionisíaca de la vida

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Más allá del bien y del mal

17 La filosofía nietzscheana ha sido, con razón, incluida dentro de los pensamientos irracionales, ya que DIONISOS representa la formulación completa

del irracionalismo: en la gnoseología su mensaje es que la razón es incapaz de captar la realidad; en la ontología proclama que la realidad carece de toda racionalidad; y en la ética enseña que son las pasiones y no las razones las que gobiernan la conducta humana. Pero NIETZSCHE entiende que esta vieja figura vitalista de DIONISOS fue combatida y perseguida con la aparición en escena del racionalismo socrático y platónico. De SÓCRATES, en concreto, no se puede hacer un retrato más denigrante que el efectuado por NIETZSCHE. Según él, se trata de un plebeyo decadente que además era feo. Rechaza la ecuación socrática que deduce la felicidad de la razón y contrapone esta otra: la felicidad se obtiene del ejercicio y satisfacción de los instintos.

18 N

IETZSCHE entiende el arte como afirmación, bendición y divinización de la propia existencia. El arte acepta lo que la vida nos muestra de terrible y problemático. Pero el artista transforma la debilidad en fuerza, la impotencia en poder. El arte le brinda al hombre una exaltación infinita de sus fuerzas. Por eso sólo pueden aceptarse como arte las obras que nacen de una voluntad fuerte y poderosa que se hace señora de la naturaleza. La belleza de verdad, dice NIETZSCHE en Voluntad de poder, es la expresión de una voluntad victoriosa, de una armonía de todos los quereres fuertes y violentos, de un equilibrio jerárquico inequívoco. "El arte –continua Nietzsche en Voluntad de poder– corresponde a los estados de vigor animal: es el exceso de una constitución poderosa y la plasmación en imágenes de los deseos de una vida intensa". La moral racional o religiosa sufre por el enigma de la vida; el arte, en cambio, bendice y considera bello lo que la impotencia de la moral y la debilidad de la metafísica tachan de odioso y feo. Porque el arte, como afirmación total y entusiasta de las fuerzas de la naturaleza, acepta lo que hay de problemático y de terrible en la vida.

La voluntad de poder La voluntad de poder La voluntad de poder La voluntad de poder

La opción dionisíaca tiene como presu-puesto radical el vacío absoluto, es decir, la ausencia de todo principio y de todo fin en la vida, la destrucción de toda te-leología y ordenación moral, el nihilismo, como un mundo sin fundamento y, por tanto, abierto a todos los posibles.

La inconsistencia de la vida es absoluta: no sólo Dios, sino todos los valores y las verdades por las que los hombres han lu-chado y han entregado lo mejor de sus vidas, se revelan ahora para el nihilista como simples proyecciones e intereses que sólo han servido para mantener un orden determinado, es decir, han respondido a una mentira de dominación y confirma-ción en la existencia a base de mentiras.

soportable al hombre su existencia y apartarlo del abismo, de forma que no sea engullido por el caos. Representa la medida y el modelo de las formas con las que el hombre pretende enfrentarse cabalmente al mundo. DIONISOS, en cambio, es el reino sin forma que subyace a esas representaciones que construye el hombre para superar su aislamiento. Es la fuerza desordenada que representa el estado de embriaguez al borde del caos, cuyo límite es la nada. La vida dionisíaca es una actitud estética carente de todo objeti-vo, que juega apasionadamente con el caos construyendo y destruyendo mundos.

La vida es radicalmente dolor, lucha, destrucción, crueldad, incertidumbre, error y tragedia. Es irracional, pues carece de orden y finalidad. El azar domina la vida. Los supuestos valores humanos no encuentran en ella ninguna raíz. Frente a esta vida dos son las posibles acti-tudes a adoptar: la primera, de renuncia y de fuga, conduce hasta el ascetismo y el pesimismo radical, tal y como lo supo exponer brillantemente SCHOPENHAUER; la segunda consiste en la acepta-ción de la vida tal y como es, con todo su carácter irracional y trágico, hasta hacer de ella un juego y un arte. Esta última es la opción excéntrica, irreverente y transgresora que con toda su carga irónica propone NIETZSCHE. La figura de DIONISOS, como dios del vino, de los instintos y de las pasiones

desenfrena-das, es la imagen viva de esta aceptación de la vida sin trampas. El entusiasmo dionisíaco es también lo diametralmente opuesto a la aceptación resignada de la vida y su fatalidad. Representa la aceptación orgiástica de la vida. DIONISOS es el dios de la vitalidad que canta, ríe y danza, abandonado a la

embria-guez de sus instintos primitivos17. Según NIETZSCHE, esta aceptación radical de la vida transforma el dolor en alegría, la lucha en pasión, la crueldad en justicia, la destrucción en creación, destruye todo proyecto nacido de los valores morales y opone el impulso de los instintos. La imagen de DIONISOS

posee una fuerza y vitalidad tan extraordinarias como extravagantes, de manera que convierte la crueldad en poesía. NIETZSCHE pretende así instaurar

el triunfo del artista sobre la naturaleza18.

4.2

La voluntad de poder

S

i para Manuel KANT, como para todo

(15)

19 NIETZSCHE, siempre fiel a su estilo de abogado del diablo, irónico y provocador, echa pestes contra KANT y le llama "el chino de Königsberg";

"autómata matraquero del deber"; "araña de la filosofía"; etc.

20 ¿Cuál es el contenido de la "voluntad de poder"? Al respecto escribe NIETZSCHE en Más allá del bien y del mal: "(Pretender erradicar de la vida

su carácter cruel) suena en mis oídos como si se prometiese inventar una vida que se abstuviese de todas sus funciones orgánicas. La explotación no es una característica de una sociedad mala, imperfecta y primitiva, sino que pertenece a la esencia de lo vivo como su función orgánica fundamental: es una conse-cuencia de la voluntad de poder, que es la voluntad de vivir". ¿Por qué –se queja Nietzsche– lo que nos parece bien, correcto y normal, en el reino natural queremos eliminarlo en lo social? El padrinazgo de DARWIN en el pensamiento de NIETZSCHE a este respecto es notable: el poder y la fuerza naturales de la vida en evolución. Una lucha por la existencia en la que sólo sobreviven los más fuertes y son elegidos los más eficaces. Principio biológico que, aplicado a la sociedad conduce al darwinismo social. Algo que ya supo exponer otrora el viejo sofista CALICLES cuando definió y defendió el derecho natural como defensa de los intereses que corresponden a los más fuertes. A este respecto, sobre la influencia decisiva del materialismo y del biologismo en NIETZSCHE, es conocida la poderosa seducción que ejerció en su juventud universitaria la lectura en 1866 del libro Hª del materialismo, de F.A. LANGE, además de las tesis biológico-materialistas de E.HAECKEL, célebre propagador del evolucionismo de DARWIN en la Alemania de la época. Motivo por el que, antes de que se le ofreciese la cátedra de filología griega en Basilea, quisiese NIETZSCHE ir a París para estudiar química y biología. Por otro lado, salta a la vista la similitud del planteamiento de NIETZSCHE con las tesis biologistas que encontramos también en un autor nuestro, en Pío BAROJA, que en El árbol de la ciencia escribe reflexiones tan lapidarias como éstas: "La vida es una lucha constante, una cacería cruel en la que nos vamos devorando los unos a los otros: plantas, microbios, animales y humanos. La hiena 'cruel' que monda los huesos de un cadáver, la araña 'repulsiva' que sorbe una mosca..., no hacen más ni menos que el árbol 'bondadoso' llevándose de la tierra el agua y las sales necesarias para su vida vegetal. Y la conducta humana no es más que una síntesis de los comportamientos vegetal y animal, en la que podemos hallar todas las formas de explotación y de lucha: la del microbio, la del insecto, la de la fiera... La vida es una cacería horrible; y la justicia mera ilusión humana surgida de la necesidad que tenemos de engañarnos a nosotros mismos para hacer el trocito de existencia que nos ha tocado más soportable y digerible. Pero en el fondo todo es crear y destruir. Cazar, guerrear, digerir, respirar, son formas de creación y destrucción al mismo tiempo (..). Lo que hace a la sociedad malvada es el egoísmo del hombre. Y este egoísmo es un hecho natural. Los hombres y mujeres de una época o generación no son más ni menos egoístas y crueles que los de cualquier otra. Si se le permitiese, el cazador de zorras y conejos cazaría también hombres (..). Por eso el pesimismo radical y absoluto de Schopenhauer es una verdad casi matemática. Y ser inteligente en realidad constituye una desgracia, porque tomar conciencia de lo que realmente somos y podemos esperar exaspera y hace sufrir. La felicidad o dicha sólo puede ser un privilegio degustable desde la inconsciencia, la ignorancia natural o pretendida y la locura".

La voluntad de poder La voluntad de poder La voluntad de poder La voluntad de poder

NIETZSCHE, en cambio, su sospecha es que esa posición nuestra ante el mundo, tanto a nivel teórico

como práctico, está gobernada por la voluntad, por su irracionalidad espontánea y su pasión impulsiva19.

Todas las formas que el mundo adquiere son apariencias o manifestaciones de la voluntad humana. El significado que imprimimos a la vida y a sus cosas o sucesos es el resultado de la interpretación que noso-tros queramos imponer sobre ellos. El arte, la moral, el conocimiento, la religión..., son meras morfologías de esa voluntad. Las configuraciones culturales que atraviesan la historia son ilusiones para permitir la vida de los hombres, pues la revelación trágica de la verdad les paraliza. La voluntad es, por consiguiente, una fuerza o poder de creación que hace surgir formas configuradoras del caos. El sentido o valor que imprimimos al mundo surgen de esta voluntad. Pero debajo de estas apariencias no hay nada consistente: sólo el eterno devenir del caos sobre un ilimitado vacío.

Ahora bien, no se trata sin más de una simple voluntad de vivir. Las di-versas interpretaciones que el hombre proyecta sobre la vida para defenderse del caos pueden ser fruto de una voluntad débil o fuerte. Y la voluntad es, primaria-mente, un instinto de poder y dominio, es decir, una fuerza o deseo ciego de vivir y de querer seguir viviendo. Voluntad significa poder, fuerza, impulso vital, pa-sión, poderío, ley del más fuerte. Esta exaltación de la fuerza y de la agresividad se concentran en la voluntad del superhombre, orientado desde sus instintos vitales a fundar una estirpe jerárquica de señores y tiranos20. N

IETZSCHE ataca en este

sentido la degeneración democrática del Estado, que pretende convertir la

socie-dad en un establecimiento moral. A este respecto afirma: "Una sociesocie-dad que renuncia a la guerra y a la conquista está en decadencia y se halla madura para la democracia como régimen de tenderos". Pero la voluntad de poder es por instinto jerarquizadora y va contra la idea de igualdad entre los hombres. Lo que en realidad impera son los grados y los escalones. NIETZSCHE afirma con rudeza: "Es preciso que

los hombres superiores declaren la guerra a la masa sedienta de igualdad". Voluntad de poder significa, por consiguiente, voluntad de dominio, de fuerza, de pasión y ley del más fuerte. Esta desenfrenada exaltación de la fuerza y de la agresividad conduce al superhombre a fundar una comunidad de nobles señores y tiranos dominadores.

Grrr... Quiero mostrarte lo que queda de las nor-mas, de la convivencia

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