OBSERACIONES SOBRE LA
SUBJETIVIDAD Y EL MUNDO EN
Las Meditaciones Metafísicas
expresan el problema
del mundo externo de una forma que no se logro
antes, se consuma todo lo que fue sospechado bajo
el título de absurdo. Descartes se propone
fundamentar radical y definitivamente todo el
saber, para ello se tiene que poner en duda todo lo
que se ha creído hasta ese momento, sobre todo las
fuentes de las que se consideraba viene el
conocimiento. Tales fuentes se encuentra en
nuestra sensibilidad, por ello escribe:
El proceso histórico de cambio de paradigmas en las
cosmovisiones es lo que posibilita un argumento más corrosivo
y radical que el anterior. Tal proceso se aprecia en las
Meditaciones
, primero se dice que: “… existe un Dios que lo
puede todo y por cual he sido creado y producido como soy”
(Descartes, 1967, AT, IX, 16). El mundo y la filosofía antigua se
vieron trastocados por la aparición de este Dios, que se fusionó
con los principios metafísicos platónicos y aristotélicos,
personalizándolos y humanizándolos. La novedad de este Dios
metafísico está en poder hacer el mundo desde la nada, puede
producir desde sí mismo la materia prima, eliminándola como
co-originaria a lo divino. En base a ese nuevo contexto es que el
mundo pende y depende de la voluntad divina, razón por la cual
se llega a esta posibilidad:
Pues ¿quién me podría asegurar que este Dios no ha hechos que no exista tierra ninguna, ningún cielo, ningún cuerpo extenso,
ninguna figura, ninguna magnitud, ningún lugar y que, que sin
La aparición del genio maligno pone en guardia
a Descartes, de lo que se trata ahora es de
luchar contra él, de dudar de todo, pues todo
puede ser un engaño, incluso las verdades
matemáticas que bajo los sueños conservaban
su evidencia. En guerra contra este demonio es
que se toma esta resolución:
… pensare que el cielo, el aire, la tierra, los
colores, las figuras, los sonidos, y todas las
demás cosas exteriores no son sino ilusiones y
engaños de que hace uso, como cebo, para captar
mi credulidad; creeré que sin tener sentidos, doy
falsamente crédito a todas esas cosas…(1967, AT,
IX, 18-19).
Parménides, Platón, Aristóteles y Santo Tomás, retrocedieron al
¿De qué no nos identifiquemos con la corporeidad se sigue que no somos en lo absoluto? La respuesta de Descartes es esclarecedora:
Ni mucho menos, si he llegado a persuadirme de algo o solamente si he pensado alguna cosa, es sin duda porque yo era (1967, At, IX 19/94).
Se establece que sólo se podía dudar y se podía ser engañado porque el yo ya era, ya tenía ser, es decir tenía que haber algo o alguien que era sujeto del engaño, de la mentira. Como puede apreciarse esta estrategia hace retroceder a la nada y más bien contribuye a afirmar el ser. De ese modo vemos como hay un supuesto en el argumento del genio maligno (o también en el autoengaño aludido antes) que hasta el momento permanecía oculto. De la evidencia que afirma la condición de posibilidad para el engaño, Descartes saca la siguiente conclusión:
En este párrafo se puede apreciar claramente el modo trastocado en la relación del sujeto con el mundo:
Y ahora mismo, no niego que estas ideas se hallen en mí. Pero había, además, otra cosa que yo afirmaba y que, por la costumbre que tenía de creerla, pensaba percibir muy claramente, aunque en verdad no las percibía, y era que había fuera algunas cosas, de donde procedían tales ideas, siendo estas ideas en un todo semejantes a aquellas cosas (1967, AT, IX, 28/104).
La creencia que le atribuye a las representaciones de la mente una correspondencia con los objetos externos, con cosas independientes del sujeto, es una creencia que sólo se funda en el asentimiento de la costumbre, no se trata de nada seguro, ni claro ni distinto. Por ello es plausible dudar, pues las representaciones que ahora se nos presentan bien pueden tener por fuente una potencialidad del propio sujeto, pero que no le es revelada conscientemente, así por ejemplo Descartes escribe:
Las consideraciones históricas respecto al tema del mundo nos muestran la tendencia a considerarlo como cada vez más
dependiente de algún ser extra-mundano. La filosofía de la modernidad parte del horizonte abierto por el cristianismo
respecto al mundo, es decir el hacerlo dependiente de un principio metafísico, y va más allá de ello, pues consuma tal tendencia desde el giro inmanentista y subjetivista de Descartes. Ahora el mundo se hace dependiente ya no de Dios sino de la subjetividad del yo.
Encontramos aquí una curiosa relación entre la subjetividad y el mundo, que como tal se despliega históricamente, la relación es esta: Mientras la subjetividad se expande abarcando todas las regiones de lo ente, el mundo se ve reducido, en tanto entidad autónoma pasa a ser considerado como dependiente, como
correlato de la conciencia. La subjetividad se despliega y el mundo se repliega, están en una relación inversamente proporcional. En este devenir histórico no se contraponen desde el principio, ni
como categorías eternas, la subjetividad y la objetividad, pues esta última surge sólo en el modo de ser sustancializado de la