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¿Importa que la “educación” sea “ciencia de la educación”?

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Academic year: 2020

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ARTÍCULOS

¿Importa que la «educación» sea

«ciencia de la educación»?

W illia m D aro s 1

El concepto de educación es polisémico y está cargado de notable complejidad. El prestigio tomado p o r las ciencias en la m odernidad hace que los conocim ientos que parecen no p o d e r adecu arse a la norm ativa de las m ism as sean con siderados culturalmente m enos valiosos. Por ello se intenta a q u í delim itar tanto el concepto de educación como el de ciencia, haciendo manifiesta la jerarquía conceptual que surge en una teoría de la ciencia de la educación que priorice el concepto de aprendizaje como esencial para entender, a su vez, el concepto de educación. Quedan entonces limitados los ámbitos que pueden calificarse como científicos en educación, sin descalificar ele­ mentos teóricos que cumplen la función de prem isas y que trascienden ese encuadre.

Educación - Epistemología - Ciencia - Aprendizaje - Valor

The concept o f education is polysemous and is fraught with considerable complexity. The prestige taken by sciences in the modern ages, shows us that knowledge does not adequate with the rules o f sciences and thus, is being considered less culturally valuable. Therefore, the article tries to define both the concept o f education and science, showing the conceptual hierarchy that emerges in a theory o f education giving priority to the concept o f learning as essential to understand, in turn, the concept o f education itself. The different areas that could be classified as scientific in education are delimited without disqualifying the theoretical elements that exceed this frame.

Education - Epistem ology - Science - Learning - Value

1 Doctor en Filosofía. Investigador principal del CONICET. Rosario, Santa Fe, Argentina. E-mail: daroswr@ yahoo.es

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¿Im porta que la «educación» sea «ciencia de la educación» ?

La perspectiva de la deconstrucción

1.- Parece haber pasado la época de las seguridades, tanto epistém icas como sociales. No obstante, la búsque­ da de fundamentos continúa, aun cuan­ do algunos pensadores -de no fácil lec­ tura, por su abstractismo indefinido- nos desean convencer de que lo que ellos descubren (lo indefinido de toda inter­ pretación, sin objeto ni sujeto) es la máxima seguridad posible.

N ietzsche nos propuso ten er p re­ sente que no hay hechos sino interpre­ taciones. Autores posmodernos de fina­ les del siglo XX nos ofrecen, como alter­ n a tiv a , la d e se s tru c tu ra c ió n de toda estructuración, la interpretación de lo infinitam ente expuesto a la existencia irredu cible de una historicidad que se constituye, para volver a ser pensada, d e c o n s tru id a y re -p re s e n ta d a . Para ellos, no hay su jetos incon dicion ados con capacidad de auto determ inación : hay específicos condicionam ientos lin ­ güísticos, sociales y económ icos, con ausencia de libertad.

2.- La posm odernidad parece opo­ nerse al aprecio de la ciencia, caracte­ rística de la modernidad, quizás excesi­ v a m e n te a b stra cta . Para los p o s m o ­ dernos, siem pre hay un escenario tex­ tual de historia y poder, donde apare­ cen los actores, como nuevos Edipos sin ser conscientes (o sin querer saberlo) del papel que les toca en la discontinui­ dad del acontecer humano.

Lo que existe, entonces, como hace tiempo lo dijera Sartre, no son esencias, sino existencias; pero existencias que son marionetas en el telar de las com ­ plejas telas del lenguaje, del discurso.

Todo sucede a partir de un transfondo que trasciende los eventos y que es in­ a c c e s ib le p ro d u c to de su c o n d ic ió n a p rio rística histórica, se pu ltada en el pasado. Los hum anos están sujetados a un poder (o poderes) de com plicadas redes históricas cargadas de poder, que se les escapan.

Se da un a priorí histórico que de­ term ina la m atriz del sentido de cada época: el hombre nace viejo y el pasa­ do nunca le es contemporáneo; y su pre­ sente intenta ser una interpretación que al final es repetición indefinida de lo m is­ mo. Lo que debe generar inquietu des es lo inexplicado que siem pre está en to d o in te n to de e x p lic a c ió n , se g ú n

Foucault.

El andam iaje de lo im pensado da unidad, pero tam bién escinde todo in ­ tento de unificación del saber, de acce­ so inmediato a los hechos. Lo que hay son d iscu rso s sobre d iscu rso s. C om o Velásquez, el pintor se pinta a sí m is­ mo, vigilado por el poderoso rey y las distraídas Meninas; y no se sabe quién lo está viendo, cuál es la mano verda­ dera e invisible que lo pinta. En otras palabras construim os discursos donde, en realidad, el lenguaje nos hace h a ­ blar, en un devenir indefinido pero cons­ titutivo.

Mas el siglo XXI sepultó en cenizas a los posmodernos, amigos de las frac­ tu ras locales. La g lo balizació n parece insistir en la necesidad de generar sín­ tesis que perm itan o rie n ta rn o s en la comprensión y acción humana. A la filo­ sofía, como búho de Minerva, le sigue compitiendo dudar y otear lo oculto tras el velo, incluso en el que se oculta ella misma: alétheia.

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La ciencia como intento de acceso a la explicación analógicam ente ver­ dadera

3.- La mirada filosófica parece des­ cubrir que la mentalidad griega generó la con cepción del co n o cim ie n to com o espejo de la naturaleza (Rorty, 1983, p. 154). El mundo se escindió entre lo real y la idea que lo representa; escin d ió como condición de posibilidad al sujeto del objeto, y creó la necesidad de verifi­ car lo que entre ellos se genera (el co­ nocimiento).

"S aber" dejó de ser sin ó n im o de percepción ingenua, de creencia o afir­ mación del sujeto con la sola autoridad del sujeto cognoscente. Ahora, con el en foque griego, tom aba relevan cia la verdad, el desocultamiento (lo que está atrás de las ideas -el ser real- y las res­ palda, si son verdaderas).

4.- El saber fundado -episteme- tomó prestigio y título de nobleza. El saber acerca de la naturaleza física y social - que hasta ahora había sido creencia en lo imaginado, persuasión, evidencia sen­ sorial de hechos- no se conformó con ser saber imaginativo, creativo, hipotizado, supuesto, conjeturado, y requirió, ade­ más, ser un saber fundado, en el senti­ do de confirmado o refutado por la reali­ dad a la cual remitía.

La realidad en sí misma y en sus va­ riados aspectos -por ejemplo, el proce­ so de educación- necesitaba prueba de su verdad, al ser conocido.

Las primeras teorías educativas fue­ ron quizás las teológicas que indicaban cómo debían comportarse los hombres. La primera prueba que podían ofrecer los teólogos fue la autoridad que cons­

tataban en las fu en tes de sus c re e n ­ cias. Luego los filósofos medievales tra­ taron de añadir racionalidad a las creen­ cias, y pudieron ofrecer, entonces, como aval, la lógica: la no contradicción entre las premisas y las conclusiones. No se ponían en duda las creencias, sino que se sa ca b a n c o n c lu s io n e s c o h e re n te s para la vida moral y social.

5.- De hecho Aristóteles y Euclides nos ofrecieron el prim er paradigm a de lo científico: el razonam iento epistem o­ lógico. Se trataba de una ciencia dem os­ trativa que partía de verdades eviden­ tes universales (anteriores a la dem os­ tración) y lograba dem ostrar consecuen­ cia s c o h e re n te s con e sa s v e rd a d e s. Para Aristóteles, lo que hay que puede ser mostrado pero no dem ostrado, era el inicio de la ciencia: el principio. El prin­ cipio de la ciencia era un conocim iento intuitivo, no demostrativo. Lo que se de­ mostraba era la conclusión, y en ella es­ taba la ciencia (Aristóteles, 1979, I, 10, 76 a 31-36).

Mas ya en los inicios de la m oderni­ dad no se quedó satisfecho con las con­ clusiones lógicam ente verdaderas, pero meramente formales: form as correctas del proceder mental.

Factores extralógicos (como las gue­ rras de religión) manifestaban que el fun­ damento de las creencias, aunque era frecuentem ente admitido, resultaba ser subjetivo, en sus premisas, para los filó­ sofos de la modernidad (que vieron cómo los cristianos se quemaban entre sí, si­ guiendo sus interpretaciones). Ellos asu­ mieron, entonces, el desafío de conocer la realidad con la razón y la experiencia. Llevaron a poner el acento en el interés de saber cómo era la naturaleza física y

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¿Im porta que la «educación» sea «ciencia de la educación»?

social de nuestro mundo. La ciencia se convirtió en un intento de saber empíri­ co acerca de la realidad y del contenido de nuestras ideas, aunque siguiese re­ quiriendo de una forma lógica.

Las ciencias com enzaron a d istin ­ guirse no sólo por la forma o lenguaje en que se estudiaba (saberes formales, lógicos, matemáticos); sino, además, por lo que estudiaban (materia de estudio). Lo que se estudiaba, para pretender ser verdadero, debía develar no sólo la for­ ma no contradictoria de los discursos, sino también el inequívoco fundamento del contenido de lo conocido.

6.- La ciencia podía tomarse, pues, en forma equívoca y mencionar cualquier cosa intuitivamente conocida por la in­ teligencia. Ciencia -en un sentido am ­ plio- era: a) todo lo conocido por oposi­ ción a ignorancia; o bien, b) podía ser considerada en forma unívoca (el modelo de la física fue en un tiempo el modelo de toda ciencia). Así se estimó que sólo había ciencia de lo universal, de lo siem ­ pre verdadero; y no podía haber cien­ cia de lo temporal e histórico, sino sólo opiniones. Mas los principios evidentes podían aplicarse a diversas materias de estudio y, de esta forma, la ciencia po­ día considerada como un concepto aná­ logo (Alejandro, 2004, p. 456; Sangui- netti, 2006, p. 147), esto es, en parte igual y en parte diversa, una respecto de la otra, sin dejar de ser verdadero lo conocido en las conclusiones.

Se abría la perspectiva para muchas c ie n c ia s : c a íd o el m o n o p o lio de la univocidad de la verdad y de una única ciencia válida. Conocer algo desde una perspectiva, aunque parcial, no era si­ nónimo de ser un conocimiento falso.

Agustín y Tomás de Aquino no te ­ mieron afirm ar que así como de un solo rostro -al reflejarse en diversos e sp e ­ jos- resultan diversas se m e ja n za s de ese rostro; así tam bién de una sola pri­ mera Verdad divina resultan participa- dam e n te m uchas v e rd a d es s e m e ja n ­ tes: las diversas luces de los intelectos; una en cada hom bre aunque ella sea o rig in a ria m e n te una sola (A q u in a tis, 1967, P. I, q. 16, a. 6). La verdad no era, pues, ni unívoca ni equívoca o co n ­ tradictoria, sino analógica: una e idén­ tica en Dios; muchas y diversas en los hom bres.

7.- La verdad es un concepto abs­ tracto (como el de humanidad) que re­ mite, en concreto, a ju icio s sobre los conocimientos. Estos pueden ser falsos o verdaderos: un juicio era verdadero si constataba una relación de adecu a­ ción entre la cosa real y el conocimiento o ¡dea que el intelecto poseía de esa cosa real.

Cuando variaba uno de los dos ex ­ trem os de esta adecuación (la cosa o el intelecto), cam biaba la adecu ación y tam bién cam biaba la verdad. La v e r­ dad podía variar, a) por parte del in te ­ lecto, cuando (perm aneciendo la cosa del mismo modo) el intelecto tenía otra form a de conocer; b) de parte de la cosa que cam biaba, perm aneciendo la mente en la misma forma de conocer. En estos dos casos la verdad variaba, c a m b iá n d o se en fa ls e d a d (A q u in a tis, 1967, I, q. 16, a. 8). Pero ahora no nos in te resa n estos dos tip o s de cam b io donde la verdad se pierde. A quí nos querem os referir a cam bios donde la verdad perm anece siendo verdad, au n ­ que diversa.

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Pues bien, demás está decir que si un intelecto -y la verdad se da siempre en el intelecto- no padece cambio algu­ no, co m o es, se gú n el to m is m o , la m ente d ivin a , e n to n ce s en ella, que contem pla todo desde toda la e te rn i­ dad, la verdad es inm utable. La v e r­ dad, por el co n tra rio , en el in te le cto humano es m utable.2 Si Sócrates está sentado, y así lo conocem os, tenem os un juicio verdadero, pues lo que cono­ cemos concuerda con la realidad; pero si S ó cra te s se levanta p erm a n e ce la verdad del pasado (es verdad y lo será siem pre que con ocim os que Sócrates estuvo sentado); mas no ten em os ya un conocimiento verdadero del presen­ te referido a la situación de Sócrates: en el presente, ten em os otra verdad ("S ó crate s se levanta"). Desde cierto punto de vista, podríamos decir que no es propiamente la verdad o relación de adecuación la que cambia, sino un ex ­ tremo (la realidad) de esa relación que hace que tengam os otra opinión o idea de la realidad, con la cual ahora debe­ m os a d ecu a rn o s a la cosa. En cierto s e n tid o , la v erd ad "S ó c ra te s e sta b a sentado" perm anecerá siem pre verdad como "Sócrates estuvo sentado"; pero el contenido de esta verdad es históri­ co; no tiene en sí mismo la necesidad de se r sie m p re a sí (D aros, 1979, p. 231, 1982, p. 222).

8.- Para que la verdad (conocimiento adecuado) sea mudable, algo de la ver­ dad deberá permanecer igual y algo de­ berá cambiar. Mas esto no sucede con los términos de la adecuación, pues los dos términos de la relación cambian cuando cam bia uno de ellos. Cuando Sócrates pasa de estar sentado a estar levanta­ do, también la inteligibilidad o idea de estar sentado deja de aplicarse a Sócrates cuando está levantado.3 Como la relación de adecuación -en cuanto relación- per­ manece aunque cambien los dos extre­ mos de la adecuación, se podrá decir que la verdad permanece aunque es otra; se ha hecho diversa, ha cambiado.4

De este modo las verdades parcia­ les e históricas quedaban plenam ente justificadas en el pensam iento tomista, sin caer por esto en un relativismo, esto es, en la reducción de todas las verda­ des nada más que a las históricas. Si hay un Ser transhitórico, su verdad no será histórica sino absoluta (in d ep en ­ diente de lo histórico). El relativismo es un sistem a filo só fico que con funde la contingencia de los entes con la a rb i­ trariedad al conocerlos.

Hay verdades diversas en diversas formas de conocer. No se pude pedir una misma forma de verdad en una ciencia formal como una empírica: se trata de diversas form as de conocer.

2 "Veritas divini intellectus est immutabiiis. Veritas autem inteilectus nostri mutabiiis est" (Aquinatis,

1967. P. I, q. 16, a. 8).

3 "Similiter de mutabilitate veritatis idem dicendum est quod de mutabiiitate essendi" (Aquinatis, 1953b. D. 19, q. 5, a. 3).

4 "In intellectu enim nostro non diversificatur veritas nisi dupiiciter; uno modo propter diversitatem cognitomm, de quibus diversas habet conoeptiones, quas diversae veritates in anima consequuntur; alio modo ex diverso modo intefligendi" (Aquinatis, 1953a. q. I, a. 5).

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¿Im porta que la «educación» sea «ciencia de la educación» ?

Lo que im porta es tener presente que la ciencia no es una cosa conocida, sino una forma de conocer; y hay diver­ sas formas de conocer según sea diver­ so el medio utilizado para conocer.5 Las diversas formas de conocer hacen que no se pueda pedir a todas las ciencias la misma contundencia y exactitud en la forma de valorar sus conocimientos: a un m atem ático se le exige dem ostración; pero de un retórico se espera persua­ sión (Aristóteles, 1970. L. I, 3, 1094 b).

La realidad de la educación y la for­ ma de representación científica de la misma

9.- Cada realidad, cada persona real, es, por sí misma, diversa de otra reali­ dad, y diversa -por su forma- de la ¡dea que de ella nos hacemos.

Hay, en e fe cto , d iv e rsa s fo rm a s analógicas de ser. La forma de la reali­ dad tiene una frescura, vitalidad y sen­ sualidad que no posee la idea que de ella nos hacemos: la idea de fuego no quem a.

La vida, el amor, y otras realidades, al ser conocidas, adquieren otra forma de ser: son cognoscibles, comunicables

mediante palabras; pero en cuanto son ideas no son realidades.

El ámbito científico (en el que caben num erosas ciencias, análogam ente va­ liosas) tiene un espado más reducido en la cultura occidental, heredera del pen­ samiento filosófico griego y de las exi­ gencias de precisión de la modernidad.

A n te s de poder re sp o n d e r a una pregunta como ¿es importante que la edu­ cación pueda convertirse en ciencia de la e d u c a c ió n ? , se re q u ie re p o n e rs e de acuerdo en a qué vamos a llamar cien­ cia. Como sabemos, la misma epistem o­ logía -que debe estudiar a qué conoci­ mientos calificará como científicos- y sus cu ltivadores no coinciden en una re s­ puesta unívoca.

10.- Es conocido que, por ejemplo, para K. Popper, el concepto de ciencia implica y presupone una cierta conven­ ción, acerca de a qué hemos de llamar "científico" (Popper, 1977, p. 51). Tam ­ bién sostenía que lo que sea o no se cie n cia no es un c o n ce p to p rim a rio , sino que depende de opciones previas que in v o lu cra n "un punto de v ista y problem as teóricos" (Popper, 1977, p. 101). D icho en o tra s p a la b ra s, cada

5 "Quod enim recipitur in aliquo, recipitur in eo secundum modum recipientis" (Aquinatis, 1967. P. I. q. ■79, a. 6). Manifestum est enim quod omne quod recipitur in aliquo, recipitur in eo per modum recipientis. Sic autem cognoscitur unumquodque, sicut forma eius est in cognoscente" (Aquinatis, 1967. I, q. 75, a. 5).

"Cum enitn ventas sit adaequatio rei et intellectus, ab aequalibus autem si aequalia tollantur, adhuc aequalia remanent quamvis non eadem quantitate, oportet quod quando similiter mutatur intellectus et res, remaneat quidem veritas, sed alia" (Aquinatis, 1953a. q. 1, a. 6).

"Modus cognoscendi rem aliquam est secundum conditionem cognoscentis, in quo form a recipitur secundum modum eius. Non autem oporet quod res cognita sit secundum modum cognoscentis" (Aquinatis,1953a. q. 10, a. 4).

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ARTÍCULOS

cie n cia debe construir, m ediante sus autores, su propio objeto m aterial de estudio y la perspectiva (u objeto fo r­ mal) desde la cual lo estudia. Este ob­ jeto es construido ante todo con la ela­ boración de descripciones o d e fin icio ­ nes que delim itan lo que se estudia. Estas definiciones pueden ju gar el pa­ pel de principios; y es sabido que nin­ guna ciencia prueba sus principios sino sus conclusiones que de ellos se deri­ van. Aristóteles exigía que esos princi­ pios fu esen d e fin ic io n e s ob vias, e v i­ dentes (o sea, que en el predicado se contuviese lo necesario para com pren­ d er al su jeto ); pero desd e la época m ode rn a, los p rin c ip io s han tom ad o form a de h ip ó te s is o su p u e sto s que deben se r a n a liza d o s y co rro b o rad o s por la realidad a la que se refieren, para pasar a ser considerados válidos.

En última instancia, "la ciencia mo­ derna es cada vez más una reflexión sobre la reflexión" (Bachelard, 2006, p. 105). Feyerabend (2001, p. 7) nos ha recordado que los criterios que acepte­ mos son una construcción nuestra; don­ de no hay una teoría fija de la raciona­ lidad, todo vale para lograr los fines, a veces de la verdad, y otras veces los de la eficiencia (en las tecnologías). Mas cuando se desea que los resultados de la ciencia se adecúen a las convenien­ cias de una persona o de un grupo, se hace entonces de la ciencia una ideolo­ gía (una pretendida verdad im puesta por el grupo dominante) (Ramón García, 1998, p. 61; Zizek, 1992, p. 19).

De todos modos, parece ser, enton­ ces, como afirmó Blanché (1973), que

se llam a m e ta cie n cia al e stu d io que va d e sp u é s de la cie n cia y

que trata de ella, tom ándola a su vez com o objeto y p re g u n tá n d o ­ se a un nivel su p e rio r sobre sus principios, fundam entos, e stru ctu ­ ras, condiciones de validez, etc. La e p is t e m o lo g ía , q u e es una r e ­ flexión sobre la ciencia, con este títu lo entra a fo rm a r parte de la m etaciencia. (p. 45)

Para nuestros, fines, pues, vam os a sostener en este artículo que ciencia, en c u a n to c o n c e p to a n á lo g o , p u ed e d efin irse com o una form a de conocer, constituida por un conjunto de con oci­ m ien tos, o rg a n iza d o s por el hom bre, se gú n d iv e rs o s fin e s y d iv e rs a m e n te valorados (Daros, 1998, p. 41).

11.- Ahora bien, ante todo debemos definir, además, qué vamos a entender por educación. Y una definición es una limitación que hacemos en nuestra con­ cepción de la realidad, para que quien nos e s cu c h a sepa a qué a te n e rs e al escucharnos hablar.

Una definición no es necesariam en­ te una verdad; ni ella capta posiblem en­ te la totalidad de los aspectos a los que se refiere la definición. En el m ejor de los casos, en las definiciones es e n c ia ­ les, tratam os de delim itar lo específico del objeto definido. Mas cuando hace­ mos definiciones descriptivas, por ejem ­ plo, sólo delimitamos el objeto conocido a partir de nuestras descripciones y pun­ tos de vista, a nuestro parecer, intere­ santes por algún motivo. Nuestras lec­ turas de la realidad (en este caso edu­ ca tiv a ) no son ne utras, m as esto no debe azorarnos, porque lo im portante, en una actitud científica, se halla en la crítica que hacem os a nuestros puntos de vista, creencias o mitos.

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¿Im porta que la «educación» sea «ciencia de la educación» ?

12.- La com plejidad del hecho de la educación -com o todo lo social- es notable, histórica, cambiante, según va­ riados puntos de vista e intereses d i­ versos (religiosos, económ icos, cu ltu ­ rales, etc.).

En este contexto, podem os co n si­ derar que la realidad de la educación posiblem ente existe desde que existen los humanos y aprenden, y utilizan lo aprendido para m ejorar sus vidas.

Si nos atenem os a las etimologías, los griegos calificaron de pedagogía a la conducción del niño. Esta designación es muy limitada, dado que la educación no se refiere solo al niño (p aidos); ni - en nuestra concepción- la conducción de las personas es el ideal de la edu­ cación, aunque esto puede suceder en la primera etapa de la niñez. Por estos dos m otivos, ia pedagogía no abarca, pues, la totalidad del fenóm eno e d u ­ cativo.

Si, por otra parte, tom am os el v o ­ cablo educación del verbo latino educare (a lim e n ta r) ta m b ié n queda e x c e s iv a ­ m ente acotado el concepto general de educación, pues ésta no se reduce a la fase nutricia. Y si lo tomamos de educe- re (saca r de), nos acercam os un poco más a una concepción universalizable a diversas culturas y tiem po; concepción ya enraizada en la m entalidad griega y de sentido común, entendiéndola como un lograr -o facilitar- que cada uno de­ sarrolle sus potencialidades com o p er­ sona.

Desde esta perspectiva, no se pue­ de entender como educación el proce­ so de adoctrinamiento o ideologización, de lavado de cerebros, de imposición de ideas, que suprimen el valor de la liber­

tad personal; como si la verdad no per­ diese su dignidad, al ser impuesta por la fuerza ciega, a los humanos (Daros, 1990, p. 111, 1997, p. 76).

En este co n texto, p odríam o s e n ­ tender, entonces, com o educación, un proceso de aprendizaje que los humanos realizan para solucionar sus problem as y lograr finalidades humanas, ayudados fre­ cuentem ente de lo que ven, de lo que se les dice, etc., en interacción, en un contexto histórico y social determinado. La educación es, entonces, un proceso crítico de capitalización de la experien­ cia, mediante la percepción, la atención, la reflexión sobre situaciones co n flicti­ vas, lo que exige prestar atención a las finalidades y a los medios para alca n ­ zarlas.

En efecto, en última instancia, si de­ bemos delim itar el concepto de educa­ ción, podríamos prescindir del concepto de enseñanza (útil, pero no estrictamen­ te necesario); pero no podríamos pres­ cindir del concepto de aprendizaje. El pro­ ceso educativo no es un proceso natu­ ral-biológico; y no es sinónimo de "vivir"; sino de aprender a vivir. Ahora bien, si se admite este punto inicial, entonces la educación se convierte en un proceso ¡rrenunciablem ente personal (pues na­ d ie a p re n d e p o r o tro ), v iv ie n c ia l, experiencial, inacabado en toda la vida. El centrar la educación en el proceso de aprendizaje genera una jerarquía de va­ lores intrínsecos, donde las instituciones, los diversos actores y recursos tienen su lugar funcional en vista a posibilitar el pro­ ceso de aprender individual y socialmen­ te considerado.

Por otra parte, al ser la persona el centro del proceso de aprender, y re­ q u e r ir é s te lib e r t a d , in t e lig e n c ia y

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ARTÍCULOS

c o n s ta n c ia v o lu n ta r ia , se re sca ta el valor de los derechos de las personas: el logro de la autonom ía, de las deci­ siones libres, del desarrollo de la inte­ ligencia y de las dem ás posibilidades de las personas (la afectividad, la ca­ pacidad fís ico -d e p o rtiva , cu ltural, s o ­ cial, am pliación del margen de autono­ mía, etc.).

13.- Aceptada la centralidad del pro­ ceso de aprendizaje (y, frecuentem en­ te, tam bién de la docencia, entendida como facilitadora del proceso de apren­ der) es posible fo rm a r un sistem a de ideas del mismo: una teoría de la edu­ cación, una representación científica de la misma.

Las formas de representaciones cien­ tíficas requieren, pues, a) hechos-pro- blemas, b) que entran en conflictos con las interpretaciones vigentes (creencias, hipótesis, leyes o relaciones constantes, y teorías), c) prueba que nos corrobore en la verdad o falsedad de nuestra in­ t e r p r e t a c ió n t e ó r ic a de la re a lid a d extram ental.

Estas form as de representaciones que constituyen la ciencia poseen, in­ dudablem ente, ventajas pues sistem a­ tizan la variedad caótica de los hechos, y haciéndonos ver sus relaciones cons­ tan te s, nos p erm iten p re s u m ir cóm o actuar en la realidad cambiante. Im por­ ta, pues, hacer de la educación una cien­ cia. Las ciencias son el resultado de un proceso arduo, nunca definitivo, objeto de crítica y de duda, beneficioso a u n ­ que no abarque la totalidad de la reali­ dad con absoluta verdad.

La ciencia es el intento de lograr que la diversidad caótica de nues­ tras ex p erie n cias se n so ria le s c o ­

rresponda a un sistema de pensa­ m iento lógicam ente uniform e. En e s te s is te m a c a d a e x p e r ie n c ia debe e sta r en correlación con la estructura teórica de tal modo que la relación resultante sea única y convincente.

Las experiencias sensoriales repre­ sentan lo dado. Pero la teoría que tendrá que Interpretarlas está he­ cha por el hombre. Se trata del re­ sultado de un proceso de adapta­ ción de carácter extrem adam ente arduo: hipotético, nunca definitivo, siem pre sujeto a la crítica y a la duda.

La manera científica de form ar con­ ceptos se distingue de la que utili­ zam os en la vida de cada día no substancialm ente, sino sólo en la mayor precisión de las definiciones de los con ceptos y las co n clu sio ­ nes; una elección más esmerada y s is t e m á t ic a d el m a te ria l e x p e ­ rimental; una mayor economía ló­ gica. Esto último significa el esfuer­ zo por reducir todos los conceptos y axiomas básicos lógicamente in­ dependientes. (Einstein, 1981, pp. 291-292)

14.- Los objetos sociales, dada su com plejidad, parecen rehuir la posibili­ dad de un tratamiento científico, la po­ sibilidad de e n ca silla r la realidad con nu estros con ceptos. Aunque esto nos resulte útil, la realidad da muestras de superar nuestros intentos.

La ciencia no consiste en lo que se estudia, sino en la forma en que algo es estudiado, ya se trate de un objeto físico o de un objeto social, por ello no

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se puede exclu ir al proceso educativo de la posibilidad de darle un tratam ien­ to científico.

En realidad, lo científico de la forma de conocer llamada ciencia no se halla en las premisas o hechos conflictivos de los que parte, ni de las hipótesis o teo­ rías más o menos creativas que los cien­ tíficos inventan; sino que lo científico se halla en las conclusiones: en la no con­ tradicción entre las premisas y las con­ clusiones, y en la corroboración obser- vacional que estas conclusiones reciben.

Para que un sistema de conocim ien­ to sea científico, no se requiere de nin­ gún criterio a priori de lo que es ciencia, ni ninguna idea reguladora kantiana o tr a s c e n d e n ta l. No deb e c o n fu n d irs e además el conocimiento científico con el reconocimiento social que las investiga­ c io n e s su elen re c ib ir d e sp u é s de un tiempo de prueba. La concepción coper- nicana de la ciencia cosmológica nece­ sitó casi trescientos años para obtener su carta de ciudadanía oficial. Mas cuan­ do el prestigio de la ciencia suplantó al prestigio religioso, los estados no ta r­ daron en utilizar esa forma de pensar que otorgaba también aceptación social a sus gestiones políticas.

En el ámbito, sin embargo, de fo r­ mas de gobierno dem ocráticas la m is­ ma libertad de pensar científicam ente debe e sta r respaldada por in s titu c io ­ nes políticas que aseguren esa posibi­ lidad.

El m étodo científico mism o tiene aspectos sociales (...) El progreso depende muy ampliamente de fac­ tores políticos, de instituciones po­ líticas que salvaguarden la libertad de pensamiento: de democracia.

Es interesante que lo que norm al­ mente se llama objetividad cientí­ fica se basa, hasta cierto punto, en instituciones sociales. (Popper, 1961, p. 187)

Las influencias exógenas (ideológi­ cas) en la elección de los hechos problemáticos

15.- Q uien tien e una p erspe ctiva e p is te m o ló g ic a e h is tó r ic a s o b re lo que es eso que llam am os "ciencia" no debería descuidar, al elaborar un co n ­ cepto de ciencia de la educación, por e je m p lo , la in flu e n cia que el p e n s a ­ m iento cie n tífico ha eje rcido sobre la m e n ta lid a d re lig io sa y cu ltu ra l de la época; y viceversa, la influencia Ínter- actuante de los factores sociales en el desarrollo de un determ inado co n ce p ­ to de ciencia.

Aunque los enfoques interno y ex­ terno de la historia de la ciencia tie­ nen una cierta autonomía natural, son de hecho c o m p le m e n ta rio s . M ientras no se apliqu en de este modo, con ecta n do uno con otro, será im posible conocer ciertos as­ pectos im portantes del desarrollo científico. (Kuhn, 1976, p. 319)

16.- Lo interno y lo externo del pro­ ceder científico indican -en grandes lí­ neas- el aspecto lógico y las in flu e n ­ cias ilógicas (pero igualmente humanas) que están presentes en quienes hacen ciencia. El científico procede de acu er­ do a una lógica intentando solu cionar problemas, pero también se mueve por intereses o finalidades personales y so ­ ciales (culturales, económ icas, re lig io ­ sas, etc.).

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Los intereses son deseos con ver­ tidos otra vez en nomológicos. Los "sistem as de valores", que en las teorías de la elección racional se ponen a la base de la acción racio­ nal con arreglos a fines, son pues, en realidad plexos cognitivam ente organizados de intereses, cuyo ori­ gen intersubjetivo ha quedado bo­ rrado (Habermas, 1988, p. 390).

No todo, sin embargo, es conven­ cional en una ciencia; pero el estable­ cer qué es ciencia no escapa a cierta convencionalidad apoyada ya en la con­ tundencia de los conocim ientos obteni­ dos con determ inados m étodos, ya en el carácte r sistem ático de los co n o ci­ mientos o en otros motivos menos apo­ líticos e intuitivos.

Creer que existe la ciencia o el mé­ todo científico es creer en una genera­ lidad abstracta, impuesta a la sociedad por nuestra manera de hablar, como si existiesen norm as fijas e inam ovibles m ediante las cuales se pudiese saber si las opciones son científicas o acientí- fica s, m a n iq u e a m e n te in d iv id u a le s o también sociales. El concepto de cie n ­ cia es en re alidad , com o ya dijim os, análogo, esto es, en parte Igual a través de la historia cultural de occidente (e implica cierta lógica y rigor en los cono­ cimientos) y en parte diverso (según lo que se estudia, las épocas, los intere­ ses, los métodos, etc.). "Siempre será asunto a resolver por una convención o una decisión [afirmaba Popper] el de a

qué cosa hemos de llamar una 'ciencia' o el de a qué hem os de c a lific a r de 'científico'" (Popper, 1977, p. 51). "Las ciencias, después de todo, son nuestra propia creación [según Feyerabend] in­ clu id o s to d o s n u estros se ve ro s s ta n ­ d a rd s q u e p a re c e n im p o n e rn o s . Es buen o re co rd a r co n sta n te m e n te este hecho de que es posible escapar a la ciencia tal como la conocem os" (Feye­ rabend, 1974, p. 134).6

17.- De hecho, el proceso de inves­ tigación científica genera problem as en el nivel personal y en el nivel social. A l­ gunos cie n tíficos o grupos sociales se ven favorecidos o perjudicados con cier­ tos resultados de la ciencia y p re te n ­ den entonces conducirla a otros fines, restringirla o eliminarla. Surgen en ton­ ces problem as éticos acerca del sentido y la re s p o n s a b ilid a d de los h o m b re s sobre las aplicaciones o consecuencias sociales, culturales o políticas de la cien­ cia y sobre las funciones del científico y las de los poderes sociales y políticos. Resulta entonces delicada y compleja la tarea de construir un concepto -aunque no sea hipotético- de ciencia, conscien­ te de sus presupuestos, de sus valores y de sus límites.

El conocim iento científico se distin­ gue no sólo del conocimiento vulgar, sino también del conocimiento filosófico. Las ciencias y las filosofías (entendidas como visones del mundo) son como el texto y el contexto, como el significado y el sen­ tido: se requieren mutuamente. No

su-6 "El científico es una curiosa combinación de artista y lógico (...) La creación de una hipótesis es un acto artístico, pero su puesta a prueba es un problema de lógica (...) Imaginar una hipótesis no es sinónimo de probarla" (Klimovsky, 1994, p. 80).

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¿Im porta que la «ed u cació n » sea «ciencia de la educación» ?

cede solam ente que todo hecho cientí­ fico requiere ya una teoría científica: a toda ciencia subyace, además, una filo­ sofía, un sentido más universal relacio­ nado con la vida, los valores, el hombre y la sociedad.

Los conocim ientos científicos, ade­ más, no imponen una forma de vida: son los hombres que al asumirlos los toman, con frecuencia, como normativos, idola­ trando sus propias creaciones. "El co ­ nocimiento científico no puede dar nin­ gún objetivo para la vida. No establece valores válidos. Como tal no puede diri­ gir. La ciencia no es capaz de responder a preguntas sobre su propio sentido" (Jasper, 1985, p. 17).

Una ciencia sin una filosofía carece de saber unlversalizante; y una filoso­ fía sin conocim iento de los aportes de las ciencias carece del saber particulari­ zante, preciso y riguroso. Ambas dim en­ siones del saber constituyen una nece­ sidad igualmente humana.

Niveles en la consideración epis­ temológica de la ciencia de la edu­ cación

18.- Toda ciencia parte no de obser­ vaciones sino de hechos problemáticos. Esto supone que prexisten, en el cientí­ fico, teorías o interpretaciones que pa­ recen no poder cubrir los hechos obser­ vados que por lo mismo resultan pro­ blem áticos.

Todas las ciencia, por otra parte, están compuestas por numerosas hipó­ tesis y teorías, que dan en parte signifi­ cado explicativo a los hechos. Mas no por esto, todas las teorías son igualmen­ te verdaderas ni eficaces para explicar

los hechos. Las hipótesis y las teorías son cau sas (al m enos gn o se o ló g íca s) para explicar los hechos problem áticos que vienen a ser sus efectos. Pero, ade­ más, de las causas gnoseológícas (o del dar razón de lo que se conoce), existen tam bién causas ontológicas (produ cto­ ras re ales de los e fecto s). La te o ría egocéntrica explicó, por siglos, nuestra posición en el mundo, sin ser por ello verdadera ontológicam ente.

Es m ejor ten er una teoría que no tenerla, pues con ella nos explicamos la realidad estudiada; pero no toda teoría es sin más verdadera o respaldada por la realidad que desea explicar.

19.- También en el ámbito de lo que sea la educación se han construido nu­ merosas teorías para explicar lo que sea educación; y, como el proceso educati­ vo es en buena parte un constructo so­ cial e histórico, se vuelve complejo po­ der corroborar como verdadera una teo­ ría que pretenda ser científica en edu­ cación (Noguera, 2002, p. 35).

En la estructuración de lo que es una teoría educativa, integrada en el ámbito cie n tífico de lo que p odríam os llam ar "ciencia de la educación", con sus m u­ chas teorías (concepción personalista de la educación, conductista, no directivista, activa, constructivista, etc.) a veces com ­ plementarias, a veces rivales, para evi­ tar engorrosidad, deberíam os distinguir diversos niveles con diversos grados de valor: un nivel meramente interpretativo y expresión de deseos, opciones o valo­ res; otro nivel más cercano a lo obser­ vable corroborable; y un tercer nivel téc­ nico que busca no tanto la verdad de sus teorías, como los logros o fines que se propone.

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ARTÍCULOS

Sabem os que se hace ciencia con distintos fines. Las ciencias teóricas tie­ nen por meta investigar la verdad de las hipótesis o teorem as presentados. Las ciencias prácticas tiene por fin po­ der cambiar la condición de quien estu­ dia para mejorar (por ejemplo, la eco­ nomía, la conducción vial, etc.); y hay ciencias aplicadas o tecnologías (cuya finalidad se logra cambiando la natura­ leza, siendo eficaces para generar me­ dios que posibiliten el logros de los fi­ nes propuestos).

20.- Lo que podríamos llamar cien­ cia de la educación debe com enzar defi­ niendo qué entiende -el que la constru­ ye- en el concepto de educación (aspec­ to teórico); pero, además, qué medios se propone para lograr la finalidad ex­ presada en la definición que asuma acer­ ca de lo que es educación.

A d m íta s e n o s d e fin ir, a títu lo de ejem plo, la educación de la siguien te m an era:

a) Educación es un proceso de aprendi­ zaje, reflexivo y crítico, personal y social, crecientem ente autodeterm i- nado, y en su logro o resultado rela­ tivo (no definitivo, sino perfectible) y habitual de una forma de vivir creati­ va, humana (de conocer, de construir críticam en te co n o cim ie n to s, de ser crítico, de querer, ser afectivo o sen­ tir, com portarse, ser dueño de sí) y de una forma humana de hacer, per­ sonalizada (con un carácte r propio, donde no interesa sólo la in telig en ­ cia o sólo algún aspecto de la perso­ na) y socializada (convivir con ju s ti­ cia), d ive rsa se gú n los tie m p o s y países.

b) Realizado por las m ism as personas (por lo que la educación es, ante todo, autoeducación) y ayudadas por otros (la sociedad familiar, civil, colegial, re­ ligiosa, estatal, etc.), lo que constitu­ ye la heteroeducaclón.

c) Con distintos medios didácticos (cons­ cientes e inconscientes, m anifiestos u ocultos; materiales, teóricos o té c­ nicos), con personas in te ra ctu a n d o entre ellas, en una práctica sociocog- nitiva con los demás.

d) Dentro de una sociedad con sus in s­ tituciones y su cultura, con saberes (te ó rico s, p rá ctico s, p o é tico s, p ro ­ d u ctivos), con q u eh aceres (juegos, trabajos, obligaciones), y con v a lo ­ res (acerca de lo m aterial, lo cu ltu ­ ral, lo moral, etc.) que condicionan y posibilitan m aterialm ente ese apren­ d izaje.

e) Con el fin principal (no cerrado ni único) de que los in d iv id u o s d e s a ­ rrollen sus vidas como personas in ­ teg ra d a s en sus fa c u lta d e s y p o s i­ bilidades, y con los dem ás en so cie­ dad; dueñas de sí m ism as, re sp o n ­ sables de sus actos, capaces tanto de lograr fines que ellas m ism as se proponen, com o de participar con los dem ás m ediante fines profesionales y s o c ia le s ( c o m p a rtid o s se gú n un bien común) y trascen dentes (Daros, 2004, p. 12).

En este con texto, la fin a lid ad del p ro c e s o e d u c a tiv o es in s tru m e n ta l: se centra en posibilitar que cada uno, por sí m ism o, o ayudado por los d e ­ m ás, pueda d e s a r ro lla r sus p o s ib ili­ d a de s ( a d q u is ic ió n de le n g u a je s , de reflexión, de crítica, de sentim ientos y

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¿Im porta que la «edu cación » sea «ciencia de la educación»?

re sp o n sa b ilid a de s hum anas, etc.) sin que nadie le im ponga lo que debe ha­ cer ni lo suplante (Bárcena, 2005, p. 21). El proceso educativo, siendo in s­ trum ental, deja un lugar abierto a la decisión de cada persona: la finalidad del proceso educativo no co n siste en que unas p erso n as (lla m a d a s m a y o ­ res, p a d re s, d o ce n te o e s ta d o ) im ­ p o n g a n a o tra s (lo s e d u c a n d o s ) lo que deben hacer; sin o en p o s ib ilita r que ellas se desarrollen y puedan au­ tónom am ente decidir cómo vivir. Edu­ car es posibilitar que cada uno pueda

volar con sus propias alas, sin im p o ­ nerles otras condiciones; pero siendo ca p a ce s de a u to im p o n e rs e c o n d ic io ­ nes para convivir con los demás. E d u ­ car -si no es autoeducación- es g e n e ­ rar c o n d ic io n e s ta le s q ue cada p e r ­ s o n a , r e la c io n a d a co n la s d e m á s , d e sc u b ra qué v a lo re s son d ig n o s de ser bu scado s y lo pueda hacer, para lograr una forma de vida humana.

21.- En este contexto podremos di­ ferenciar diversos niveles epistémicos, con diversos valores atribuibles a cada uno.

T eoría educativa

(nivel de la construcción

teórica)

Principios: juicios y pro­

posiciones generales de carácter teórico. Estable­ cen los marcos de finalida­ des y posibilidades esperables. Hacen racio­ nales las consecuencias.

Fuentes: religiosas, filo ­

sóficas, ideológicas, políti­ cas, económicas, pedagó­ gicas, psicológicas,

histó-Práctica docente

(nivel de la producción de

resultados)

Realización del proceso

de enseñar y aprender.

Logros o fracasos que tienen sentido en el con­ texto esperado por la teo­ ría sustentada.

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ARTÍCULOS

Si consideramos ciencia a un conjun­ to de conocim ientos sistem áticam ente organizados -con distintos fines- por los hombres, con distintas finalidades y dis­ tintas form as de valorarlos, entonces, no podemos pedirle a una ciencia de la educación el mismo grado de verdad o verificación en sus principios teóricos que en su nivel de instrumentación d i­ dáctica para producir el efecto personal llamado educación, o en el nivel de sus resultados. Estos dos últim os niveles poseen un grado de concreción y reali­ zación que bien puede ser objeto de in­ ve stig a ció n em p írica, c o rro b o ra b le o refutable; pero el marco teórico en el cual se instalan estos dos niveles no es necesariamente verdadero, aunque am ­ bos pueden ser apreciados por la con­ secuencia de los efectos producidos. Es­ tos dos niveles tienen un carácter prag­ mático y pueden considerarse e fic ie n ­ tes siem pre que produzcan sa tisfa cto ­ riamente los efectos esperados. En este caso, por los frutos se conoce el árbol.

22.- En este contexto, la "e d u ca ­ ción" no queda reducida a una mera rea­ lidad ("el hecho educativo"). Tampoco se encuadra solamente en un conjunto de teorías (filosofismos), ni se reduce a una tecnología (didactismos) sin metas cla­ ras, aunque con logros patentes a cor­ to plazo.

En nuestra propuesta, la teoría da sentido a una preparación instrumental coherente y a una práctica evaluable.

Si la educación no ha logrado con­ solidarse como ciencia (aunque ya exis­ tan diversas teorías de la educación), esto puede deberse a una falta de pers­ pectiva epistemológica clara en los que la practican o la desean construir.

La misma am bigüedad con que se habla de "ciencias de la educación" in ­ cluyendo en ellas a todos los saberes que le aportan conocim ientos (biología, psicología, sociología, etc.) o bien de "ciencia -en singular- de la educación" refleja que no existe aún una clara dis­ tinción entre el objeto propio (objeto fo r­ mal, perspectiva) de la ciencia de la edu­ cación (que es el aprender y posibilitar aprender), y los contenidos que pueden intervenir y ser utilizados en ella (el es­ tudio de la historia, de la química, de la política como m aterias de aprendizaje).

La fa lta de lu c id e z so b re lo que involucra el concepto de ciencia ha lle­ vado a algunos a sugerir que la educa­ ción es un puro hacer (un arte, una te c­ nología, una preparación de instrum en­ tos didácticos); a otros, a postular que la ciencia de la educación es una utopía o expresión de deseos que quizás pue­ dan realizarse en el futuro; a otros, a estimar que la educación es una ciencia norm ativa (una especie de legislación realizada por ilum inados que se deb e­ ría cumplir); otros la hicieron depender de la sociología, o de la psicología, o de la política, (o de todas ellas como "cien­ cias de la educación") no estimándosela cap az de c o n stitu irs e en una cie n cia autónom a.

¿Im porta que la "educación" sea "ciencia de la educación"?

23.- La pregunta inicial toma ahora forma. Ante tal pregunta debemos distin­ guir: a) lo que podríamos llamar el hecho educativo (la realización del proceso mi­ lenario de educarnos y educar), b) de las teorías que sobre ese proceso se han hecho y se hacen; y c) de los resultados

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¿Im porta que la «educación» sea «ciencia de la educación» ?

validables social e ¡ntersubjetivamente que se pueden obtener, para pretender el estatus de conocimiento científico.

No todo lo valioso se reduce o pasa por el filtro de los criterios científicos. La forma científica de conocer es solo una forma. Por cierto que esta forma es típi­ camente un proceso de aprendizaje crí­ tico que emplea la razón y la experien­ cia, por lo que con ella se han logrado a v a n c e s c o n c re to s y p ro g re s iv o s en muchos campos. No obstante, el hecho de que sea una forma de proceder (por ejem plo sobre el hecho p roblem ático educativo) no la convierte en un valor absoluto. Ella queda limitada a nuestra form a de con ocer y a los medios que em pleam os en ella: la ciencia es una construcción humana.

24.- No debe generarse, pues, un complejo de inferioridad si no todos los a sp ecto s de la llam ada ciencia de la educación pueden ofrecer criterios ob­ jetivos de validación. Toda ciencia, como dijimos, parte de supuestos (lo indefini­ do, lo innombrado, lo posible, etc.) que posibilitan el armado de teorías, las cua­ les sostienen, como pilotes en una cié­ naga veneciana, por el momento, el ar­ monioso edificio sobre ellos construidos. Pero el co n o cim ie n to cie n tífico no se apoya en la roca sólida.

La producción científica se enmarca en una tarea social y lógica, de análisis de nuestros mitos, creencias y persua­ siones. Para ello, nos esforzam os para ver si la realidad responde a nuestras expectativas en un proceso de conjetu­ ras y refutaciones; pero si no obtene­ mos form as de refutar nuestras meras creencias, éstas tendrán sólo, por aho­ ra, un sentido interpretativo.

Considero que una teoría m etafísi­ ca es similar a una científica. Es más vaga sin duda, e inferior en muchos aspectos; y su irrefutabilidad o fa l­ ta de contrastabílidad, es su m a­ yor defecto. Pero mientras una teo­ ría m etafísica pueda ser criticada racionalm ente, yo me inclinaría a tom ar en serio su pretensión im plí­ cita a ser considerada, ten ta tiva ­ m ente, com o verdadera (Popper, 1985, p. 212).

25.- El proceso educativo contiene en su seno in terpretaciones y valores metafísicos (el ser del hombre y de sus características humanas como la liber­ tad, la conciencia, etc.); pero tam bién posee asp e cto s v e rifica b le s que p u e ­ den lograrse con una m etodología d i­ dáctica delimitada y validable; y con una organización tecnológica y social p er­ fectible.

A h o ra b ie n , al c o n v e r t ir s e lo educable de los seres humanos en cien­ cia de la educación, sus conocim ientos adquieren un nuevo prestigio. De he­ cho la ciencia es el reducto actual de referencia de valor en los con ocim ien ­ tos y respaldo para las tecnologías que se sirven de esos con ocim ientos. H e ­ mos dejado atrás los conocim ientos de carácter mítico (válidos por la mera re­ petición y tradición) y las técnicas m ági­ cas (que deben producir el efecto espe­ rado en forma inmediata). Más el exce­ so de aparato científico en la vida m o­ derna ha llevado también a su crítica y lic u a c ió n p o sm o d e rn a ( P é r e z -A rg o te Aguirre, 2009, p. 93). Los excesos, sin embargo, no se curan con la supresión de lo que nos excede, sino con la m o­ deración y sabiduría en el uso (Heler, 2005, p. 33).

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ARTÍCULOS

La sociedad moderna se ha organi­ zado y controla los resultados de las actividades llevadas a cabo. No hay op­ ción para elegir entre la organización o el caos. La ciencia resulta im prescindi­ ble en este proceso, que es un proceso de constante aprendizaje, de c a p ita li­ zación y aprovecham iento de los cono­ cimientos para lograr acciones más efi­ caces. Mas la ciencia no es un valor en sí mismo, sino que depende en su ori­ gen, aplicación y control de los hombres,

y las instituciones sociales y políticas que la posibilitan. La ciencia de la educación no escapa a estas exigencias. Importa, pues, que la fundamental tarea de edu­ carnos tome, en lo posible, la forma de la ciencia, aunque no se supedita total­ mente a ella.

Original recibido: 06-07-2009 Original aceptado: 24-08-2009

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