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Papa, Mama Soy Gay - Rinna Riesenfeld

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Academic year: 2021

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Marcos: “Una vez un homosexual me ‘tiró la onda’; yo me asusté y me dio coraje; pensé: ‘¡Esos putos son unos perros que no paran!’. Pero un día en una fiesta de pronto vi a mis amigos siendo más perros con las chicas que ese maricón”.

Daniel: “Creo que ser ‘perro’ y pretender insistentemente a la gente es más cosa de

carácter; conozco tanto gente hetero como gente homo que son muy ligadores y también en la misma medida conozco personas muy tranquilas, incluso a veces tímidas, que no son ligadoras para nada”.

Recuerde que a un hombre homosexual no le gustan todos los hombres, ni a una mujer todas las mujeres; por ejemplo, un hombre y una mujer gay pueden tener amigos de su mismo sexo y no desear entablar una relación sexual con ellos o ellas nunca en su vida.

David: “Que me gusten los hombres no quiere decir que me gusten todos”.

Valentina: “Yo soy bisexual, pero eso no quiere decir que me gusten todas las mujeres o todos los hombres”.

Amiga: “Tengo un pequeño grupo de amigas desde hace más de diez años y recuerdo una anécdota que tiene ya tiempo. Una semana después de que una de nosotras salió del clóset declarándose lesbiana nos fuimos de viaje. Realmente este anuncio nos sacó un poco de onda, pero la verdad no le dimos mayor importancia. Llegada la noche, era lógico que alguna tendría que dormir con ella. Fue hasta entonces que nos dimos cuenta de que sentíamos miedo de que algo fuese a pasar, así que decidimos ser honestas y hablarlo de frente; le dijimos que no había problema si nos prometía que se iba a portar bien. Ella nos escuchó con atención y al terminar nos contestó con una sonrisa: ‘La verdad, amigas, sé que tienden a ser muy vanidosas, pero ni que estuvieran tan buenas ni tan bonitas’ (todas soltamos la carcajada). Ella continuó explicando, y mientras lo hacía, nos daba una lección: ‘Yo siempre he sido gay y en cinco años de dormir juntas jamás ha pasado nada; el hecho de que ahora lo sepan no cambia las cosas; el que a mí me gusten las mujeres no quiere decir que sean todas. Sé perfectamente bien cuándo siento amor y deseo por alguien y cuándo siento amistad’. Atrevemos a hablar de nuestras inquietudes y miedos fue muy positivo”.

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Por mucho tiempo ha existido la idea de que ser gay es una etapa de la vida. Ser

homosexual tiene qué ver con una identidad y un sentimiento, no con un periodo de vida. Así como una persona no necesita ser mayor de edad para darse cuenta de que es gay, por la misma razón esto no es algo que se termine con los años.

El común de la gente descubre desde edades muy tempranas que es heterosexual, se enamora del maestro o la maestra, del(la) compañero(a), de la vecina, etc., y este

sentimiento de atracción por el otro sexo no se le quita conforme va creciendo, ¿o sí? Lo mismo pasa con la homosexualidad.

La ignorancia que sigue habiendo al respecto se ve reflejada en nuestras leyes. Es impresionante saber que un adolescente menor de edad con una pareja homosexual es socialmente mal visto, en tanto que no pasa nada si la pareja es heterosexual. Esto nos habla de que aún prevalecen mitos muy arraigados, pero la naturaleza sigue su curso inexorable. El adolescente que es gay, lo más seguro es que salga a escondidas con su novio o novia (si tiene), consciente de que hacerlo no cambiará la situación. Por consiguiente, muchos adolescentes viven en gran soledad por la dificultad de encontrar ambientes sociales homosexuales para poder desarrollarse o personas con quienes puedan hablar de sus sentimientos.

En nuestro entorno se promueve entre los jóvenes heterosexuales que busquen el amor y encuentren pareja, cosa que no sucede con un chico o una chica homosexual.

¿Las personas que son homosexuales tienen los mismos derechos que las heterosexuales?

Por desgracia, todavía no del todo. Vivimos en una sociedad que sigue confundiendo la diferencia con deficiencia o con el “está mal”. No se ha podido erradicar la ignorancia respecto a la homosexualidad ni las creencias de antaño de que una persona con esta orientación sexual tenía una enfermedad, era un delincuente, alguien sin moral ni escrúpulos que amenazaba a la sociedad. Hoy la ciencia ha determinado que las

preferencias sexuales tienen poca relevancia a este respecto. Las conductas delictivas, las enfermedades mentales y los actos inmorales se pueden dar tanto en heterosexuales y bisexuales como en homosexuales. No hay un estilo de vida ni una “personalidad” homosexual. El que una gente se sienta atraída afectiva y eróticamente por otra de su mismo sexo, no es una elección como decidir robar o no; no es un crimen y no daña a nadie; por consiguiente, no representa delito alguno. Sin embargo, todavía existe un trato desigual hacia las personas homosexuales.

La constitución otorga los mismos derechos y las mismas obligaciones a todos sus

ciudadanos por igual, sin importar su religión, sexo, raza o estrato social. Sin embargo, en la práctica no se aplica de la misma manera: las personas homosexuales tienen las mismas obligaciones más no siempre los mismos derechos. Por ejemplo, no se les permite un matrimonio legal; los beneficios que las compañías comúnmente otorgan a las parejas de sus trabajadores no se otorgan cuando la(el) compañera(o) es homosexual; las instituciones que expiden tarjetas de crédito no quieren proporcionar una adicional de la misma a la

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pareja; algunas compañías de seguros no aceptan como beneficiario a la pareja homosexual o no la reconocen como pareja; se cuestiona la paternidad y la maternidad de una pareja gay. La revista Newsweek publicó una entrevista con la estrella de rock Melissa Etheridge, quien quería contraer matrimonio con su pareja lo que, legalmente, no se le permitió. Ella declaró al respecto: “Si no quieren que me case, si eso les molesta, no hay problema. Pero yo creo que como ciudadana estadunidense cumplidora de la ley, pagadora de impuestos, de enormes impuestos, me deberían otorgar los mismos derechos, la misma búsqueda de la felicidad de la que goza cualquier ciudadano”.

Madre: “Es ilógico que dos hombres o dos mujeres que viven en una unión calificada por completo como el concepto de matrimonio no puedan gozar los beneficios del mismo con su pareja”.

Es importante entender que la comunidad homosexual no está exigiendo derechos

especiales o pidiendo una concesión social extra de la del resto de la gente; tan sólo exige igualdad de derechos y oportunidades.

Joaquín: “Muchos policías aprovechan su autoridad para extorsionar a personas homosexuales, ya que dan por hecho que, de entrada, ser homosexual no está bien”.

América: “Yo tuve una experiencia horrible que me hizo ver que estoy en desventaja frente al resto del mundo. Por desgracia conocí a una mujer que tiempo después se convirtió en mi pareja, pero al cabo de unos meses la relación comenzó a estar muy mal. Yo decidí que ya no quería seguir, a lo que ella se negó rotundamente y me amenazó con que no me iba a librar ni a burlar de ella nunca. Así que comenzó a hostigarme y a perseguirme por l todas partes; me buscaba y me hablaba al trabajo, me esperaba en la calle, r me hacía dramas y me gritaba en los lugares públicos en los que me encontraba. Yo vivía con un miedo horrible; esa mujer estaba loca, incluso me llegó a golpear un par de veces. La escena me parecía similar a las películas del marido psicótico que no deja en paz a su mujer, sólo que la diferencia estaba en que yo no tenía a quién acudir, pues en mi casa no saben que soy gay. Así que en alguna de las múltiples ocasiones en que literalmente me atrapó en la calle, llamé a un policía para que me ayudara; el hombre llegó corriendo pero al ver que eran dos mujeres sólo atinó a reírse y observar qué pasaba. Ella me golpeó y después el policía dijo: ‘Eso te pasa por lesbiana’ y se fue. Por primera vez me cuestioné si la historia sería la misma si hubiera sido un hombre el que me hostigaba”.

Sergio: “Como homosexual tienes muchas veces que sufrir injusticias sociales, pues aunque no está prohibido, tampoco “está del todo permitido”. Por ejemplo, caminar en la calle de la mano de mi pareja sin riesgos; asistir a un baile de graduación o a una fiesta de fin de año con mi pareja, sin que esto sea un problema para los demás; participar en una competencia de patinaje sobre hielo con mi pareja, que también patina, y no con una mujer ‘para que se

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vea decente’; el derecho a no ser sometido a cuestionamientos porque soy homosexual, como poner en duda mi capacidad laboral, mi paternidad, mi amistad”.

Amigo: “Mi mejor amigo es homosexual, lo conocí en la universidad. Él empezó a tener pareja casi al mismo tiempo que yo novia, así que comenzamos a salir juntos los cuatro. En una ocasión en la que estábamos celebrando un aniversario los cuatro, Susana y yo salimos tomados de la mano, dándonos pequeños besitos cariñosos, mientras Jorge y Eduardo mantenían una distancia considerable entre ellos; lo lamenté mucho, ésa fue la primera vez que percibí lo injusta que es la sociedad y lo poco que sabe del amor”.

Fausto: “Hay muchas cosas a las que los heterosexuales no dan la importancia que tienen. Por ejemplo, a la mayoría les agrada poner en su lugar de trabajo una foto de la persona amada; pueden hacer una llamada telefónica diciendo: ‘Mi amor, voy para allá’, pueden bailar a gusto en la fiesta de fin de año, en el baile de graduación, en las bodas; pueden irse de vacaciones y sin más problema pedir una habitación con una cama matrimonial,

obviamente, y eso está bien; pero si eres homosexual se convierte en el problema’ con el que tienes que lidiar día a día”.

Esto es lo que Brian McNaught llama los privilegios heterosexuales. Este tipo de

cotidianeidades son un conflicto diario para la gente gay: “Tengo cuarenta y siete años y mi pareja cuarenta y cuatro; ¿cómo pido una cama matrimonial para los dos cuando vamos a un hotel? Nos hemos encontrado con hoteles que te niegan ese servicio”.

A continuación presento un resumen del artículo “Cuáles son los privilegios heterosexuales”, de PFLAG:

Los privilegios heterosexuales

 Vivir sin tener que pensar dos veces, encarar, confrontar o lidiar con ninguna de las cosas que aparecen a continuación

 Casarse, que incluye los siguientes beneficios: reconocimiento y apoyo público para una relación íntima; recibir tarjetas, telefonemas, celebrar compromisos en compañía de otros, gozar de actividades que apoyan a las personas cuando llegan a una edad avanzada y obtener estabilidad para las parejas que permanecen juntas

 Disfrutar la custodia de una hija o hijo

 Recibir indemnización cuando tu pareja muere

 Contar con el amparo de leyes que protegen en caso de muerte o separación

 Compartir pólizas de enfermedad y seguro médico en plan familiar con tarifas reducidas

 Tener acceso inmediato a las personas queridas en caso de accidente (si un homosexual sufre un accidente, se ve en un aprieto a la hora de querer que llamen a su pareja antes que a su familia, ya que por supuesto se considera que está soltero)

 Contar con el apoyo de la familia de origen para un compromiso en pareja

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 Tener modelos de tu mismo sexo y de tu orientación sexual

 Aprender sobre las relaciones de pareja y el amor en películas, radio, televisión, libros

 Obtener una imagen positiva ante las personas con quienes te puedes identificar

 Obtener la validación de la cultura en la que vives

 Vivir con tu pareja abiertamente

 Hablar sobre los planes tuyos y de tu pareja respecto a la relación misma, sus proyectos, vacaciones y familias

 Expresar dolor cuando una relación termina por rompimiento o muerte y contar con la comprensión de otras personas

 Tener la aceptación de vecinos, colegas y buenos amigos

 No tener que esconderte o mentir sobre asistir a actividades sociales organizadas sólo para gente heterosexual (que son la mayoría)

 Invitar a salir a la persona que deseas aunque seas menor de edad

 Trabajar sin miedo a ser identificado y perseguido por tu orientación sexual

 Conseguir la aceptación institucional, como en el caso de las oportunidades de trabajo: recibir promociones, incrementar las posibilidades de conseguir empleo

 Recibir la validación y bendición de tu comunidad religiosa: la posibilidad de pertenecer al clero

 Ser contratado como maestro(a), desde preescolar hasta universidad, sin temer que un día puedas ser despedido(a) por la idea de que puedes corromper a los(las) alumnos(as)

 Adoptar niños

 Criar tus propios niños sin la intervención del Estado. Tus hijos no tendrán que preocuparse de que otros compañeros vayan a rechazarlos debido a la orientación sexual y la cultura de sus padres.

 Tener el derecho de servir en el ejército

Todas estas injusticias sociales son invisibles para muchos; los seres humanos no vemos hasta que necesitamos ver, y aun así, quién sabe...

Una comparación sencilla en cuanto representa un problema social, es que la gente zurda está completamente sana, con la única diferencia de que predomina el lado izquierdo en su motricidad. Pues bien, en la mayoría de las escuelas no hay bancas para zurdos o hay muy pocas; los autos tienen la marcha y las velocidades del lado derecho; no en todos lados venden tijeras para gente zurda; las perillas de las puertas están hechas para los diestros. Éstos son los pequeños detalles de la vida de los cuales muchos —en especial los diestros— no estamos conscientes. Así sucede con las personas homosexuales, no hay la conciencia de que existen y tienen sus necesidades, como toda la gente heterosexual.

Defender los derechos homosexuales es defender los derechos humanos. En una entrevista le preguntaron a John Preston: “¿Por qué trabaja tanto en la liberación gay?”, a lo que contestó: “Porque de esta manera va a haber más hombres y mujeres sanos para amar”.

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Varias compañías importantes en distintos países del mundo tienen una actitud más realista: la gente gay está trabajando en todas partes. En cada empresa hay un porcentaje significativo de personas homosexuales y bisexuales. La energía que invierten en mantenerse dentro del clóset en la oficina y en decir mentiras sobre su vida privada, el desgaste emocional, el rencor y todo eso hace que su productividad baje, por lo que empezaron a promover una campaña a favor de los derechos humanos y la expresión de la orientación sexual de las personas. Se reconoció a las parejas y se les otorgaron los mismos beneficios que a las parejas heterosexuales.

En la actualidad las cosas han ido cambiando: así como ya se reconoce el derecho de una mujer de ser madre soltera, los derechos de igualdad entre los distintos colores de piel, de sexos o de religiones, los derechos por orientación sexual también han ido ganando su lugar. Ahora, en México contamos desde julio de 1998 con una Cartilla de Derechos Humanos para evitar la discriminación por orientación sexual, en la cual se dice:

Ser homosexual, lesbiana, bisexual, transexual o transgenérico no constituye delito alguno. Los homosexuales, las lesbianas, los bisexuales, los transexuales y los transgeneristas tradicionalmente han sido discriminados y marginados de los mismos derechos que tiene cualquier persona.

(Si desea conocer más acerca de la Cartilla de Derechos Humanos para Evitar la Discriminación por Orientación Sexual, consulte el Anexo 1.)

Es fundamental que como padre o madre de una persona homosexual o lesbiana conozca estos derechos y se los haga saber a su hijo o hija para ayudarlo(a) a protegerse mejor. También le recomiendo que lea el libro Memoria del Primer Foro de Diversidad Sexual y Derechos Humanos, compilado por el diputado David Sánchez Camacho, Nueva Generación Editores.

Las cosas van mejor cada vez; estamos aprendiendo poco a poco a convivir y compartir las diferencias. Pero todavía falta; es probable que algún día podamos ver en la pista de patinaje sobre hielo tanto parejas heterosexuales como homosexuales, al igual que en las calles y en todos los lugares públicos.

¿Por qué me siento incómodo(a) con su sexualidad?

La incomodidad que siente es producto de nuestra cultura. Venimos de una sociedad heterosexista, que presupone que todos sus integrantes son heterosexuales o, por lo menos, deberían serlo. Eso significa que las parejas y las personas homosexuales pasen muchas veces inadvertidas, dando la sensación de que no existen. Pocas veces se les ve en los medios de comunicación o en las calles como parte de la vida cotidiana; la gente requiere tiempo para asimilar y acostumbrarse a que este tipo de amor también existe y que está

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bien. Cuesta trabajo dejar a un lado las ideas, creencias, miedos, mitos y prejuicios acumulados durante siglos. Nadie nos prepara para la posibilidad de tratar a alguien cercano y querido que sea homosexual o lesbiana; falta una educación basada en la diversidad, las opciones y las realidades, no cimentada en utopías. La negación ha traído como consecuencia que no estemos acostumbrados a ver o a escuchar sobre parejas y personas homosexuales o lesbianas comunes y corrientes. Se ha avanzado» es cierto, pues cada vez se sabe más del tema pero todavía se ve raro.

Por otro lado, esta misma cultura nos ha enseñado que la homosexualidad es vergonzosa; muchas familias y amigos han reportado cómo viven la vergüenza y el miedo de ser asociados con la persona gay que tienen cerca; no quieren hablar del tema, y sienten coraje ante el hecho de que ese miembro de la familia exprese que es homosexual o lesbiana, como si fuera algo que deshonra. Este tipo de sentimientos y actitudes tienen una razón de ser. La gran ignorancia que existe al respecto genera lo que se conoce como homofobia. La homofobia es un sentimiento de miedo y coraje hacia la homosexualidad y hacia los homosexuales y lesbianas, y se manifiesta día a día con chistes degradantes, comentarios ofensivos y burlas. Desde muy pequeños se nos dice de distintas formas que ser gay es lo peor que nos puede suceder, que es algo no deseable. Pero no se toma en cuenta que la gente no está en posibilidad de decidir si quiere ser homosexual o no, simplemente lo es, y esto no está peleado con que pueda ser una persona honorable, trabajadora, estable, productiva, creativa. Es muy común que, como parte de una cultura heterosexista y homofóbica, los padres participen en los mismos prejuicios y discriminaciones imperantes en su grupo social hacia los homosexuales, antes de saber que su hija(o) lo es.

Brian McNaught cuenta en su video Homofobia in the workplace (1993) que en alguna ocasión arrestaron a unos muchachos por haber maltratado y asesinado a un joven homosexual. Cuando los entrevistaron, una de las preguntas fue: “¿Por qué lo hicieron?”, a lo que uno contestó: “Porque nadie me dijo que estaba mal ofenderlo y odiarlo por ser gay”. Se dice que no debemos discriminar a nadie por su raza, sexo, género, etc., pero no se habla de no hacerlo con los gays; es común escuchar a padres y madres hacer comentarios como: “¡Qué asco!, ¡ojalá y se mueran todos esos maricones!”

Gran parte de los individuos que fueron homofóbicos en algún momento de su vida y descubren ahora que uno de sus seres queridos es gay se sienten culpables y viven vulnerables.

Madre: “Recuerdo que antes de saber que mi hija es lesbiana, fuimos un día al cine a ver una película en la que salía una escena de dos homosexuales. Rápidamente comenté cosas horribles sobre ellos, como: ‘Me dan asco, es antinatural, no puede ser que un hombre ame a otro, es repugnante’. Estoy segura de que ella pensó: “¡Dios mío! ¡¿Cómo le voy a decir a mi mamá si ésa es su forma de pensar?!’”

Padre: “Una vez fui con toda la familia a ver una obra de teatro en donde salían dos homosexuales; en ese entonces recuerdo que me burlé mucho de ellos. Ahora no me parece para nada gracioso”.

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Padre: “Yo siempre odié a los homosexuales, nunca quise estar cerca de uno de ellos, los evadía y los molestaba; incluso llegué a lastimar a alguno cuando era joven. Ahora siento culpa por eso”.

Madre: “Ahora, cuando escucho a la gente hablar mal de los homosexuales, siento miedo y me dan ganas de esconderme”.

Madre: “No quiero acordarme de todas las cosas que dije con las vecinas cuando me enteré que el hijo de la del ocho es gay; ahora que sé que el mío también lo es todo cambió”. Madre: “Descubrí mi homofobia cuando mi hijo me dijo que es gay”.

También sucede que algunos padres se conciben a sí mismos como muy liberales porque creen que han dejado atrás los prejuicios sexuales; tienen amigos homosexuales y conviven cotidianamente con ellos, pero reconocen que se sienten incómodos y aturdidos con que su hija(o) sea homosexual.

Estos padres no sólo han tenido que luchar con sus miedos respecto a la homosexualidad sino que también piensan que no deberían sentirse así.

La homosexualidad se ve diferente cuando alguien a quien amamos es gay.

Deja de ser un estilo de vida que está lejos de nosotros en quién sabe qué lugar y con quién sabe qué tipo de gente, de pronto se convierte en parte de nuestra vida diaria.

Madre: “Ahora cuando escucho burlas de la gente con respecto a esos temas me da coraje; siempre pienso: ellos ni conocen a mi hijo”.

Padre: “Ahora me siento mal al escuchar a la gente diciendo palabras como maricón, puto, marimacho y otras en forma despectiva”.

Madre: “En mi trabajo hay mucha gente homosexual y nunca sentí que tuviera problema con eso, hasta que supe que mi hijo lo era; no sé por qué, pero fue diferente. Me costó reconocer que me sentí lastimada y que lo lastimé”.

Madre: “Tengo varios amigos homosexuales, pero no varios hijos; cuando me enteré de que uno de ellos lo es no supe qué hacer; me sentí muy mal por la noticia y me sentí peor por mi incapacidad de vivirlo como lo vivo con mis amigos”.

En estos casos ayuda concentrarse en las preocupaciones reales, como sería entender que su hija(o) necesita de usted ahora. Trate de no focalizarse en la culpa, ésta no le va a servir para nada ni a usted ni a su hija(o). No lo tome con demasiada seriedad; durante el proceso

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de comprensión, comunicación y aceptación tal vez pueda ir dimensionando algunas de las situaciones, creencias y pensamientos que tenía anteriormente y compartirlos con otros.

¿Para qué hacen sus propios grupos?

Las personas homosexuales llegan a sentirse solas y aisladas; recuerde que no provienen la gran mayoría de las veces ni de familias ni de comunidades gay, a diferencia de otras minorías que están con “los suyos”.

Entonces, es lógico que surjan sentimientos de soledad, de no pertenencia y de búsqueda. La gente homosexual a menudo no tiene con quién hablar y compartir sus sentimientos, ya que siempre existe el riesgo de que la otra persona se lo tome a mal o no lo entienda.

Si alguien de raza negra es agredido, llega a su casa con sus padres negros que lo van a proteger, entender y aceptar. “No importa que te hayan rechazado, aquí siempre serás aceptado, estás con los tuyos”.

Pero un niño gay no tiene esas concesiones, se las tiene que arreglar solo; no cuenta con “los suyos”; en ocasiones tiene que salir muchas veces en busca de otra familia. En otros casos el camino puede ser buscar la aceptación y comprensión dentro de su mismo círculo social, aunque muchas veces tampoco llegan a tener una sensación de total pertenencia e identificación con sus familias de origen.

Ahora bien, si además de ser gay la persona pertenece a otra minoría, estos sentimientos se pueden incrementar. Dado que la gente homosexual proviene de todo tipo de familias y comunidades, se forman comunidades gay dentro de las propias comunidades. Los gays buscan un lugar en donde ya no se sientan solos, y puedan compartir libremente sus sentimientos, conocer amigos(as) afines y tal vez a una pareja...

El hecho de que se formen comunidades homosexuales se puede entender como una forma de marginarse. Esto es relativo, ya que los seres humanos somos, en primer lugar, poco reacios a aceptar las diferencias y, en segundo lugar, buscamos a las personas con las que nos identificamos más. Pertenecer a una comunidad genera fuerza y apoyo, aunque finalmente esto no quiere decir que además no se pueda relacionar con otros.

Juana: “Hay infinidad de mitos y miedos acerca de ser gay, pero yo te puedo decir que la felicidad llega cuando te das la oportunidad de vivir tu propia verdad, que puede ser que se parezca a la de muchos y se aleje de la de otros, pero no importa, es tuya. Ser gay, medio gay, bisexual, etc., no necesariamente te aleja de las personas que quieres; la mayoría de mis amigos cercanos son heterosexuales, algunos saben que yo soy gay y otros ni se lo imaginan, pero ahí estamos, juntos hasta la fecha. En el grupo gay encontré el espacio y las personas con las que puedo sentirme libre y comprendida; eso ha sido muy importante para mí y creo que para muchos también, no estoy sola y eso me hace inmensamente feliz”.

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Alejandro: “Muchas veces siento que mis amigos heterosexuales, a pesar de ser judíos como yo, no me comprenden en mi parte gay, y tampoco me siento comprendido por mis amigos homosexuales en mi parte judía; por eso Para mí este grupo donde hay gente judía y gay ha sido maravilloso”.

Fernando: “Soy una persona religiosa, yo no tengo la culpa de que me atraigan las personas de mí mismo sexo, y siento que eso no ha bajado mi fe en Dios. Ser homosexual no es algo que va a cambiar en mí, así que busqué una Iglesia que me acepta como soy y me permite continuar con mis creencias”.

Alberto: “Soy un hombre muy macho, me gustan las chamarras de cuero, los jeans, las botas, las motos; algunos dicen que puedo ser muy rudo y me agrada ser así. Sin embargo, me gustan los hombres, por lo que me inscribí en un club en donde puedo ser como soy, con otros iguales a mí”.

Mauricio: “Yo me sentí muy apoyado por el grupo al cual pertenezco; cuando me di cuenta de que soy homosexual no sabía qué hacer, tenía miedo y me estaba volviendo loco, creía que esto sólo le pasaba a otros. Cuando conocí a chavos de mi misma comunidad que también lo son y que están bien fue un alivio”.

Arturo: “¡Qué mejor forma de tener amigos afines a ti!”

No todas las personas homosexuales se afilian a una comunidad o grupo homosexual La comunidad lésbica, homosexual y bisexual no es un grupo de autoayuda. Es preciso señalar que en una comunidad se reúnen personas que comparten las mismas características para convivir. Su finalidad es muy distinta de la de las organizaciones que prestan servicio de apoyo y ayuda a sus miembros, como es el caso de Alcohólicos Anónimos, ciertos grupos religiosos, los de apoyo a personas con vih-sida, Neuróticos Anónimos, así como otros servicios de información y de orientación.

Espero haber resuelto algunas de sus dudas. Conocer más sobre un tema nos da la oportunidad de manejar conceptos más reales y de acercarnos a la verdad; no se desespere si no puede entender, se requiere tiempo. Trate de aprender más, esto le ayudará a sentirse mejor con respecto a su hija o hijo.

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2. Buscando respuestas

Soy la mejor persona que puedo ser y no puedo ser diferente. Yo soy quien soy y eso no me hace ni mejor ni peor que nadie. Si no me pueden aceptar simplemente así, como soy y nada más, lo siento, pero no puedo convertirme en lo que no soy. Nuestra sociedad en realidad no informa ni prepara a un padre o una madre para escuchar de su hija(o) la frase: “Soy lesbiana” o “Soy homosexual”. De ahí que la mayoría de las personas tengan una imagen bastante irreal de lo que es una persona gay. En este capítulo pretendo proporcionar la mayor cantidad posible de respuestas, con el fin de que usted vaya entendiendo mejor este tema tan controversial, mitificado y lleno de prejuicios. Muchas veces una buena información llega a damos luz con respecto a una situación; sin embargo, ponga atención en dónde la obtiene ya que no toda la que hay en el mercado es confiable y, lejos de acercarlo a la verdad, quizá lo deje con más dudas.

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Agradecimientos

Antes que nada, quiero agradecer a las Editoriales Raya en el Agua y Grijalbo por la oportunidad de publicar este libro, el cual espero sea útil a muchas personas.

Un especial agradecimiento a Consuelo Sáizar por todo su apoyo y confianza y a Gilda Moreno por su trabajo de edición.

Gracias de todo corazón a mis consultantes, a las maravillosas personas que conocí en diversos congresos, conferencias, talleres y pláticas, las cuales confiaron en mí, muy especialmente a todos los padres, madres, chavas y chavos que me abrieron su corazón para ayudar a otros a sanar el suyo.

Agradezco a mi familia y a mis amigos, que siempre han sido para mí el agua que necesita mi planta para crecer. En especial a mi papá, pues gracias a lo que sembró en mí, ahora podemos cosechar el fruto juntos.

A Lucila Soriano, sol que me ayuda a iluminar mi camino y me recuerda lo importante que es la luz —tanto darla como recibirla—. Gracias por tu apoyo incondicional y por creer en mí.

A Luis Perelman, porque gracias a la tierra que me da puedo convertir en realidades muchos de mis ideales. Gracias por todos los proyectos que hemos compartido.

A Carole Benowits, por todo el material de PFLAG que me facilitó, por todo lo que aprendí a través de ella y por el ánimo que infundió en mí.

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Introducción

Este libro está dirigido a todo papá, mamá, familiar y amigo de una persona homosexual, a quien considere importante, a quien ame y con quien desee mejorar su relación a través de la comprensión, la aceptación, la cercanía y el diálogo.

Vivimos rodeados de gran cantidad de mitos, prejuicios, miedos y estereotipos sobre las personas homosexuales que nos nublan la vista y no nos permiten ver la verdad. Por esta razón, la información que encontrará aquí se basa tanto en estudios científicos como en el relato de experiencias personales que intentan dar respuesta a muchas de sus dudas, así como proporcionarle una visión más positiva y realista sobre la homosexualidad y las personas homosexuales.

Aquí encontrará diversos testimonios de personas homosexuales, de sus familiares y amigos que quisieron compartir sus experiencias de vida con la esperanza de ayudar a otros. Aprenderá sobre problemas reales a los que muchas personas homosexuales tienen que enfrentarse en una sociedad básicamente heterosexual y homofóbica.

Con el fin de hacerle más clara la información, me limité, en la mayoría de los casos, a hablar de las personas predominantemente homosexuales, aunque es preciso aclarar que existen todo tipo de matices. Con la intención de facilitar la comprensión del texto, los términos homosexual o gay que se usan en este libro se refieren tanto a mujeres como a hombres.

En estas hojas se abre un espacio de cuestionamiento a creencias y normas manejadas a partir de la falta de conocimiento sobre el tema; se debate sobre los derechos humanos, y se exponen muchos otros puntos que suelen levantar polémica con el fin de que usted obtenga sus propias conclusiones.

Éste es un libro de invitación a la reflexión. Es posible que al leerlo vayan cambiando algunas de sus percepciones e ideas sobre la vida.

Cada vez hay más personas que se atreven a compartir sus verdaderos sentimientos. Vivimos en un mundo lleno de variedad en cuanto a formas de ser, tantas que en ocasiones no las alcanzamos a ver por estar centrados en cómo deberían ser, en vez de damos cuenta de cómo es cada quien.

No hay un tipo de comportamiento en el que todos los seres humanos coincidamos como resultado de nuestras formas de sentir, pensar y actuar. Aunque existan mayorías, siempre habrá gente que vive de manera diferente. No hay una sola religión, ni un solo color de piel, ni una sola orientación sexual, y es eso lo que nos hace maravillosos, pues tenemos la posibilidad de aprender de los otros. Es la chispa de la vida.

Si fuéramos todos iguales no habría qué compartir y este libro no tendría razón de ser. Ser diferente no convierte a nadie en monstruo.

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Por lo general este tipo de obras las compran los hijos y las hijas homosexuales para sus padres, buscando acercarse a ellos, sentirse entendidos y abrir un puente de comunicación. Otro motivo puede ser su preocupación al darse cuenta de que les está costando trabajo manejar la situación. Si el libro llegó a sus manos a través de sus hijos, piense que ésta fue una muestra de cuánto amor siente por usted y de que para él o para ella es muy importante que usted lo comprenda y lo acepte. Si le fue obsequiado por alguna otra persona, tal vez sus intenciones fueron las mismas. Si lo adquirió por iniciativa propia, ¡lo felicito! Es un buen principio de acercamiento a este proceso de comunicación y entendimiento. Mucha gente siente vergüenza de comprar “algo así”, como si fuera descubierta haciendo “algo malo” o tuviera la sensación de que se pone en evidencia ante los demás. Si éste fue su caso, sea paciente; esos sentimientos son parte de un proceso que lleva tiempo.

Por último, no importa qué tuvo que pasar para que llegara este libro en sus manos. Lo bueno es que ya lo tiene, lo cual es un primer paso. ¡Aprovéchelo! Estoy segura de que pase lo que pase le será de utilidad, ya que es una aportación más a la comprensión de la diversidad humana.

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1.La noticia

Marcos: “En mi casa todos son arquitectos: mis padres, mis hermanos y hermanas. A mí nunca me ha llamado la atención la arquitectura, pero eso ellos no lo entienden, por lo que se sienten defraudados”.

Fernanda: “Mis padres estuvieron muy ofendidos por meses cuando decidí que me iba a vivir a otra ciudad; no lo podían entender”.

Clara: “Mis papas quieren que me case y no aceptan que siga estudiando, que sea una profesional. Dicen que eso no es lo que esperan de mí”.

Pablo: “A mis papas no les gusta mi estilo de vida. Soy religioso y eso les molesta”.

Reynaldo: “Soy profesionista y disfruto lo que hago. Mis padres querían que trabajara en el negocio familiar; no entienden que a mí me satisface mi trabajo. Ellos dicen que rompí con sus expectativas”.

Ángela: “A mis papas no les gustan mi carácter ni mi forma de ser. Todo el tiempo me están criticando y juzgando”.

Roberto: “No sé qué hacer; mis padres odian a mi esposa, ni siquiera fueron a nuestra boda. Dicen que ella no es lo que querían para mí”.

LOS HIJOS NO SIEMPRE CUMPLEN CON LAS EXPECTATIVAS Y LOS

SUEÑOS DE LOS PADRES

Si bien ser madre o padre implica la posibilidad de lidiar con desacuerdos, socialmente se habla más acerca de este tipo de percances que de tener una hija o un hijo homosexual. Saber con certeza que uh hijo o una hija es gay no es fácil, en especial al principio. Vivimos en una sociedad que durante siglos ha generado una tradición de miedos y mitos con respecto a la homosexualidad y a las personas homosexuales, así como una idea poco agradable —y también poco realista— de lo que son.

En nuestra cultura se utilizan día con día las palabras homosexual, puto, maricón, marimacha, lesbiana, etc., en forma despectiva, dando a entender que se trata de algo terrible que encierra temor, vergüenza, deshonra, tal vez enfermedad.

Esto hace sumamente compleja y desconcertante la experiencia de escuchar la frase: “Soy homosexual” de alguien importante para nosotros. La noticia abre un nuevo capítulo en la historia de la familia y en la vida de sus integrantes, sin importar si lo habían sospechado tiempo atrás o si fue una sorpresa total; si se enteraron por casualidad, por medio de una carta, de una llamada telefónica, cara a cara, o de cualquier otra manera. Cada situación es diferente, pero el simple hecho de saberlo con certeza produce un cambio.

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No existe una forma de reaccionar ante la noticia de que una hija o un hijo es gay, cada persona responde haciendo su mejor esfuerzo, aunque en ocasiones no de la mejor manera. En este libro elegí las situaciones más comunes con el fin de que puedan servirle como referencia y apoyo a su propia experiencia.

Conmoción

¡Muchas madres y padres viven una conmoción al recibir la noticia: pe quedan helados, no saben qué decir ni qué hacer; sienten como si un balde de agua fría hubiera caído sobre ellos. De pronto piensan que todo cambió, que aquella persona con la que han convivido durante tanto tiempo no es lo que pensaban. Se sienten desconcertados y temerosos, como si el tiempo se hubiera detenido. Otros mantienen la esperanza de que no sea verdad lo que están escuchando y empiezan a fantasear con que todo es un mal sueño del que no tardarán en despertar.

Padre: “Sentí ganas de que se abriera la tierra y me tragara en ese mismo instante. No quería enfrentarme a algo así”.

Madre: “Tenía la esperanza de que fuera un sueño, de haber escuchado mal, de que fuera una broma; no supe qué hacer”.

Madre: “Nuestra primera reacción fue decirle que lo amábamos y que nada había cambiado. Pero la verdad es que por un buen tiempo fue un extraño para nosotros; no sabíamos qué decir, qué hacer ni cómo acercarnos a él”.

Padre: “No pude hablar, no sabía qué decir. Creo que pasé varios días sin querer estar en mi casa”.

Madre: “Después de la noticia me enfermé literalmente; pasé meses con diarrea, gripe, dolor de cabeza. Conforme lo fui digiriendo, fui mejorando”.

Si éste es su caso, poco a poco, conforme aprenda un poco más, se dará cuenta de que, aunque sienta que todo cambió o que lo ha perdido, eso no es verdad. Su hijo(a) es el(la) mismo(a) de ayer; lo único que ha cambiado es que ahora sabe que su atracción sexual y su afecto se dirigen hacia personas de su mismo sexo, algo que probablemente ya era así antes de que usted se enterara.

Sin embargo, al saberlo con certeza, es posible que muchas de sus expectativas se hayan derrumbado y que se sienta defraudado o desilusionado.

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Muchas veces creemos conocer y entender muy bien a las personas que amamos. Entonces, cuando alguien tan cercano llega y nos dice: “Soy gay”, es probable que reaccionemos con desconcierto y desorientación porque no es lo que pensamos que era.

Madre: “Mi esposo y yo no sabíamos cómo manejar la situación; nunca creí que nos fuera a pasar esto. Me sentí lastimada y confundida, aunque poco a poco nos fuimos dando cuenta de que la idea de que todo cambió era sólo parcialmente cierta, ya que si bien no conocíamos su orientación sexual, existen muchas otras cosas que sí conocemos y que no tienen nada qué ver con sexualidad”.

Para algunos, la pérdida de imagen y expectativas suele ser un proceso doloroso, cuya asimilación requiere varios meses o años. Pero estos sueños pueden ser reemplazados por otros más reales.

Madre: “Cuando supe que mi hijo es gay no pude dejar de llorar. Ahora hay veces en que ya lo acepto y otras en que me vuelvo a deprimir. Lamento que las cosas no hayan salido como esperaba”.

Padre: “Cuando supe que mi hijo es homosexual, me sentí devastado. No lo podía creer. Pensé: ‘Esto es algo que alguien le enseñó; en la casa no lo pudo haber pescado’. Veía a la homosexualidad como un virus o algo así. Tenía la ilusión de que se le iba a quitar”.

Madre: “Cuando supe que Gerardo es homosexual, mi mundo de cristal se derrumbó y tardé en recuperarme. Pero una vez que me di la oportunidad de conocerlo más, fui creando nuevas expectativas que me han dado muchas satisfacciones”.

Negación

Otros intentan negar lo que está sucediendo, rechazar las palabras que acaban de escuchar y pretender que no pasa nada. Dicen cosas como: “Qué bien, ¿cómo te fue en el trabajo?”, “No me gustan tus bromas”, “Ya sabes que no me gusta oír esas cosas”, “No quiero maricones en mi casa, así que será mejor que se te quite”, “En mi familia no hay lesbianas así que eso no puede ser”. Si es su caso, le recomiendo que no ignore la situación; aunque sienta miedo, siempre será mejor armarse de valor y enfrentarlo. Negarlo puede producir alejamiento y resentimiento en su hija o hijo hacia usted. No cierre las puertas, escuche para entender.

Por último, aunque afrontar la situación es difícil, es inútil hacerla a un lado.

Tome en cuenta que ignorarla no la desaparece, además de que se ha visto que, en la medida en que vaya aprendiendo a convivir con ella, le será más fácil y es posible que incluso descubra cosas interesantes.

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Madre: “Si hago memoria y soy honesta conmigo misma, podría decir que ya sabía que mi hijo es homosexual; desde que era pequeño había contemplado la posibilidad, pero cada vez que pensaba en ello me recriminaba por pensar esas cosas, y trataba de creer que no era cierto. El día que me lo confirmó fue como si nunca hubiera contemplado la idea; me sentí deshecha”.

Padre: “Por un tiempo preferí pretender que nada había pasado; luego me di cuenta de que no podía pretenderlo más”.

Madre: “Ahora sé que mi indiferencia lastimó mucho a mi hijo. Intenté negar una parte importante de su persona”.

Hijo: “Mi papá no volvió a mencionar el tema, como si no hubiera sabido nada. ¿Sabes cómo me sentí? Estuve meses sin dormir buscando la forma de decírselo, quería ser honesto y abrirle mi corazón. Hubiera preferido que se enojara a que me ignorara”.

Hijo: “Ya me cansé de ponerlo tan obvio y que no lo quieran escuchar ni ver; ahora soy yo el que ya no los quiero ni escuchar ni ver”.

Traté de explicarlo de la mejor manera que pude,

pero tú sólo cerraste los ojos.

No quenas escucharme,

y yo no quise lastimarte

y no me quería ir,

pero me fui sin que tú me conocieras,

mas yo sí conocí algo de ti.

Lynn Cook

Culpa

Otras personas se sienten culpables; muchos padres y madres se consideran responsables de todo lo que sus hijos(as) hacen o dejan de hacer. Esto es común en una cultura donde socialmente se promueve la responsabilidad de los padres por todo lo que les pasa a sus hijos (as). Esto no es verdad; existen familias donde, por ejemplo, todos fuman excepto uno de los hijos, quien odia el cigarro. La verdad es que no todo se aprende o se imita. Es importante tomaren cuenta que, si bien en una familia todos sus integrantes son afectados por los demás, esto no quiere decir que debamos responder por los actos de cada uno.

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Conforme siga leyendo se percatará de que hay cosas que no están bajo su control y la orientación sexual de sus hijos(as) es una de ellas.

Madre: “Me sentía tan avergonzada que no quería ni salir a la calle. Pensaba que todos me mirarían como si fuera un monstruo”.

Madre: “Lo primero que pensé es que fallé como madre. Me sentí culpable. No sabía qué habíamos hecho mal. Ahora me doy cuenta de que no hicimos nada mal. Roberto es un excelente muchacho, simplemente le gustan los hombres”.

Padre: “Muchas de mis culpas se alejaron cuando fui aprendiendo que la homosexualidad no es algo que se enseña o se aprende”.

Culparse a sí mismo no le será útil; aprender, en cambio, seguro le abrirá puertas.

Enojo

Algunos padres reaccionan con enojo a la noticia de que su hija(o) es homosexual. Lo viven como una agresión hacia su persona, como si al decirlo tuviera la intención de lastimarlos. Se preguntan una y otra vez: ¿por qué me hizo esto? Buscan una respuesta y se duelen de haber perdido una imagen y las varias expectativas que tenían depositadas en él o ella. Se requiere tiempo para entender que la orientación sexual no se escoge, y que no es algo que las personas deciden hacer para molestar a otras. Con lo difícil que es ser gay resultaría absurdo pensar que alguien lo decidió nada más “porque sí”, porque no tenía nada que hacer o por dañar a otros. Conforme exprese lo que siente y aprenda más sobre el tema, tal vez descubra que lo único que su hijo(a) “le hizo” es confiar en que su relación puede crecer como resultado de conocerla(o) como es.

Padre: “Estuve muy enojado, sentía vergüenza. Creo que mi enojo era porque pensaba que por su culpa mi vida iba a ser muy complicada. Por un tiempo no quise ver a nadie”.

Madre: “En el momento en que mi hija me lo dijo, lo primero que pensé fue: ‘Sería mejor si estuviera muerta...’. Estaba desesperada”.

Padre: “Sentí mucho enojo. Por una parte, me dio coraje que no me lo hubiera dicho antes, fue como no confiar en nosotros; luego mi coraje era porque nos lo dijo, fue muy contradictorio”.

Madre: “Pensé que se estaba burlando de mí. Me puse furiosa”.

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Miedos y mitos

Para otros padres y madres, la experiencia de saber que tienen una hija o hijo homosexual los pone en contacto con una larga tradición social de mitos, prejuicios y miedos:

Padre: “Cuando supe que mi hija es gay pensé casi inmediatamente: ‘Su vida va a ser miserable. Nadie va a aceptar a una lesbiana’. Ahora veo que quien no aceptaba a una lesbiana era yo”.

Padre: “Me sentí preocupado; pensé: ‘Qué va a decir la gente’, ‘Qué va a pasar’. No consideré los sentimientos de mi hijo. Estaba muy inquieto por lo que los demás fueran a pensar de nosotros”.

Madre: “Después de que supe que mi hijo es homosexual, empecé a cuestionarme si yo también lo era. Intentaba recordar si alguna vez me han atraído sexualmente las mujeres y no he sentido eso nunca. Me cuesta trabajo entender”.

Padre: “Pensaba que ser homosexual era una forma de echarse a perder la vida. No sabía por qué lo hacía. Pensaba: ‘¿Qué hice mal?, era un buen muchacho, por qué insiste en escoger este camino’. Mucho tiempo después entendí que él no lo eligió y, de hecho, sigue siendo un buen muchacho”.

Madre: “Después de enterarme de que Fernando es homosexual, cuando salía a la calle y veía gente me parecía que todos eran homosexuales también”.

Padre: “Tenía mucho miedo de su futuro. No sabía qué es lo que iba a suceder”.

Padre: “Lo primero que pensé fue: ‘Tiene un problema y vamos a ir con los mejores doctores; Dios hizo a Adán y a Eva, no a Adán y Manuel’”.

Tener un hijo(a) homosexual rompe muchos esquemas sociales, familiares e incluso personales.

Madre: “Fui una persona que rechazaba mucho la homosexualidad. Decía frases como: ‘esa gente’, ‘qué asco’, ‘deberían...’, hasta que un día mi hijo Alfonso me contó que él era como ‘esa gente’. Para mí fue horrible. La verdad es que no había conocido antes aun homosexual, o cuando menos eso creía, pero jamás me imaginé que ‘esa gente’ podría ser mi hijo”.

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Por otro lado, aunque a la mayoría de los padres les lleva tiempo aceptar, respetar y vivir con la homosexualidad de sus hijos(as), existen algunos que no lo consideran un problema, y llegan a ser muy comprensivos.

Madre: “Pienso que ser gay es tan bueno y tan malo como ser heterosexual. Quiero a mi hijo, y si ser gay es una parte suya, también la quiero”.

Madre: “Cuando mi hija me dijo que es lesbiana, lo único que pensé es que yo he tenido tan mala suerte con los hombres que me hubiera gustado sentirme atraída por una mujer”. Madre: “Con tantas cosas que uno escucha todos los días, pensé que el que mi hija sea lesbiana no es tan grave”.

Padre: “Para mí fue difícil escuchar la noticia, pero nunca dudé de que quien tenía que aprender era yo, así que me dediqué a acercarme más a mi hijo”.

Madre: “Cuando Moisés me dijo que es homosexual, sentí una gran cercanía con él. Pensaba una y otra vez cuánto ha de haber sufrido y qué valor tuvo para decírmelo”.

Madre: “El hecho de que mi hijo sea gay no cambió el amor que siento por él”.

Alberto: “Cuando le dije a mi mamá que me gustan los hombres, me contestó: ‘A mí también’”.

Hijo: “Cuando le dije a mi padre que soy homosexual, me contestó: ‘Si eso te hace feliz, a mí también”’.

Hijo: “Para mi sorpresa, mi madre me contestó que ya lo sabía y que le daba gusto que me haya animado a decírselo”.

Existen miles y miles de testimonios de madres, padres, hijas, hijos, amigos, familiares, etc., que han tenido que lidiar con este tipo de situaciones. De acuerdo con algunas estadísticas, una de cada diez personas en el mundo es homosexual o bisexual. Esto quiere decir que aproximadamente una de cada cuatro familias conoce a alguien gay, ya sea alguno de sus miembros o alguien de su círculo cercano. Por consiguiente, hay mucha gente que ha vivido una experiencia similar a la suya; no está solo.

Esto le ha sucedido a familias que ya lo sabían, a otras que lo sospechaban y otras más que no se lo esperaban. En realidad puede pasar en cualquier hogar. Es interesante que, paradójicamente, en tanto las estadísticas confirman que un porcentaje significativo de la sociedad es homosexual, nos siguen preparando para tener sólo sueños heterosexuales acerca de nuestras hijas e hijos: fantaseamos sobre cómo van a ser cuando crezcan y nos

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formamos poco a poco expectativas sobre ellos. Pero estas ilusiones se construyen a partir de lo que nosotros queremos y lo que se promueve en el núcleo social, no de lo que ellos necesitan.

En nuestra cultura poco se promueve el respeto a la individualidad de los hijos, lo que hace que padres y madres a menudo se sientan defraudados y desilusionados. Esto no sólo sucede con hijos(as) homosexuales; puede pasar con todos. Siempre existen sorpresas: no se casan con la persona que nos gustaría, no estudian la carrera que hubiéramos deseado, no tienen el trabajo que nos agradaría, no viven en donde quisiéramos, etcétera.

La sociedad nos instruye un poco más a lidiar con estas situaciones que con la orientación sexual de nuestros hijos pero, para un padre o una madre, resulta difícil aceptar que su hijo(a) simplemente es otra persona y que como tal siente, piensa y actúa diferente. Reflexione tan sólo: ¿es usted igual a sus padres en todo?

Es importante aprender a escuchar lo que la otra persona está diciendo, en especial si se trata de un(a) hijo(a); detenernos a conocer sus sentimientos, qué significa ser gay para él o ella, qué necesita, etc. Sin embargo, es muy frecuente que padres y madres se centren en sí mismos y tengan miedo de enfrentar la situación.

Un punto importante es que, si usted quiere, al pasar este periodo, puede llegar a sentir que su relación es más fuerte y cercana que antes con su hija(o). Ahora bien, llegar a ello no es fácil: algunas personas han tenido que vivir procesos dolorosos de culpa, enojo, sensación de pérdida, confusión. Otros, en cambio, han dado pasos enormes en su proceso, entendiendo, aceptando, respetando y acostumbrándose cada vez más. Si usted es de aquellos que viven con alguno de los sentimientos mencionados, es a consecuencia de nuestra cultura y sociedad que nos han llenado de mitos, actitudes y prejuicios acerca de la homosexualidad.

No se condene por lo que siente pero, por el amor que le tiene a él o ella y a usted misma(o), es necesario empezar un camino de aceptación, respeto y apoyo.

Dudas

Es posible que ahora que ya lo sabe le surjan varias dudas. Muchas de ellas serán contestadas en este libro pero, para responder otras, tal vez tenga que seguir investigando. Las respuestas más importantes las conocerá a través de su experiencia con su hijo(a), quien será la fuente más fidedigna de aprendizaje al respecto. No tema preguntarle cómo vive las cosas; trate de hacer sus preguntas con respeto y de aprender, y no de condenar más. Veamos algunas de las dudas más comunes.

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¿Por qué tuvo que decírmelo?

Si está pensando que enfrentaría menos problemas si no lo supiera, contemple la posibilidad de que también tendría menos satisfacciones. Si no lo supiera, lo más seguro es que empezaría a existir una distancia entre ustedes y, por lo tanto, perdería la oportunidad de compartir muchas cosas con él o ella.

Existen varias razones por las cuales una hija o hijo toma la decisión de arriesgarse a decirle a sus padres que es gay. Entre las más comunes están: la necesidad de ser aceptado como es y no como lo que a usted le gustaría que fuera, los deseos de entablar una comunicación abierta y honesta, la necesidad de compartir, la búsqueda de apoyo y acercamiento. Todo esto habla del amor que le tiene y de lo mucho que significa usted para él o ella; se requiere un gran valor para dar este paso.

Daniel: “Siempre fuimos una familia muy unida. Yo le contaba todo a mis padres y ellos siempre me apoyaron. Un día les dije que era homosexual; quería compartir con ellos esa parte de mi vida, pero me corrieron de la casa afirmando que no querían saber nada de mí. No entendí; no me dieron mayor explicación; sólo sé que desde hace cuatro años no los veo”.

Carol: “Estaba a punto de mudarme con mi novia, así que pensé que ya era tiempo de decirle a mi madre que soy lesbiana. Una tarde en que estábamos solas en casa se lo comenté. Ella me contestó: ‘¿Eso es todo?, pensé que me ibas a decir que estabas embarazada’. Estuvo excelente”.

Roberto: “Les dije porque me pareció que ya era tiempo. Llevo ocho años con mi pareja, estamos prácticamente casados. En mi familia era el soltero a quien todos miran”.

Alfredo: “Le dije a mi madre que soy gay para que deje de molestar con eso de buscarme novia y ella no dijo nada. Poco tiempo después me aseguró que lo que yo necesitaba era conocer a la chica correcta. Hasta la fecha sigue intentando presentarme muchachas”. Juan: “Les conté porque tenía miedo y no sabía qué hacer. Buscaba su apoyo y comprensión”.

Patricia: “Se los dije porque no quería mentirles. Me dio miedo de que se fueran a enterar por otra parte”.

Fernanda: “Llevaba dos años viviendo con mi novia. Un día mi papá me llamó porque él y mamá se separaron. No tenía a dónde ir, así que se vino a vivir con nosotras; tuvo que enterarse de la situación, lo cual lo friquió por un tiempo. Ahora es feliz viviendo con dos lesbianas”.

Ana María: “Se lo dije a mis padres porque el secreto me estaba matando. Me sentía muy herida por tener que esconder algo que me hacía tan feliz. Me volví bulímica, pues no sabía

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cómo lidiar con mis sentimientos. Por un lado soy feliz con mi pareja y por otro esa felicidad entristece a todos los que me rodean”.

Rebeca: “Estaba feliz con mi novia; simplemente quería que supieran que por primera vez había encontrado a alguien tan maravilloso y quería compartir el resto de mi vida con ella. Pero ellos no lo vieron así”.

Reynaldo: “Le conté a mis papás porque me cansé de hablarles acerca de Fernanda cuando en realidad era Fernando; creo que ahora la historia es más real y me siento mejor”.

Ignacio: “Se los dije porque no soy un criminal; mi homosexualidad no daña a nadie ni es nada de lo que tenga que avergonzarme, así que decidí que no necesito esconderme”. Esther: “¿Por qué les dije a mis padres? ¿Por qué no? Amar a alguien no es un pecado, es un derecho”.

Es paradójico cómo muchos padres protestan porque sus hijas(os) no les cuentan sobre su vida personal. Pero, si alguna(o) que no es heterosexual les habla de ello, las cosas cambian. Si ese padre o esa madre reflexiona, podrá darse cuenta de que no le está hablando sobre su vida sexual, sobre cómo hace el amor; sólo compartió sus sentimientos y cómo éstos afectan su vida. Cuando una hija comunica que conoció a un hombre maravilloso, usualmente los padres y madres se interesan y se sienten contentos, pero no hay la misma disposición cuando es un hijo el que les dice que conoció a un hombre maravilloso.

Los jóvenes suelen experimentar con su sexualidad para buscar su identidad, por lo cual, si una persona se anima a decirle a otra que es homosexual, sobre todo si se trata de su padre o madre, no es porque se trata de algo temporal. Por lo general, ha recorrido un largo camino tratando de entender y reconocer su orientación sexual. Muchos han pasado por momentos difíciles y se han preguntado cosas como: ¿por qué a mí?, ¿y ahora qué voy a hacer?, ¿cómo lo voy a manejar? Entonces, si usted se cuestiona: ¿estará seguro(a)?, la mayoría de las veces la respuesta es sí.

Comunicar que se es gay dispara muchos estereotipos negativos. Implica un gran riesgo como para que alguien tome ese paso a la ligera o de manera prematura. Recordemos que todos venimos de una cultura llena de miedos y mitos sobre las preferencias sexuales. Decir: “soy homosexual” o “soy lesbiana” implica muchas cosas; entre ellas, el enfrentamiento a la aceptación o el rechazo; por consiguiente, cuando una persona se atreve a hacerlo es porque ya lo pensó durante mucho tiempo.

Jenny: “Para mí decir que soy lesbiana es más que una fase o un periodo de vida, es una forma de vida. Cada día es una nueva decisión: ‘¿Le diré a esta persona? ¿Cuál será su reacción?’ No es fácil. Cuando tenía dieciséis años escuché a los adultos hablar de etapas

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de la vida, entonces pensé que estos' sentimientos se me iban a pasar, pero con el tiempo me di cuenta de que, lejos de irse, se hacían más fuertes”.

Cuando alguien descubre que no es heterosexual puede entrar en confusión, por los mitos y prejuicios que existen al respecto: “Si dicen que los homosexuales son... entonces, ¿qué pasa conmigo?”.

Ramón: “Cuando descubrí que era homosexual sentí miedo; había escuchado tantas cosas sobre ‘esa gente’ que no quería ser así. Comencé a salir con chavas hasta que pude reconocer que eso no me quitaba lo gay”.

Algunos padres y madres, en su desesperación y desconcierto, no esperan a que su hijo o hija sea quien se los diga y deciden “tomar al toro por los cuernos”. Éste es un mal inicio, ya que por lo general su intención es condenar y no escuchar; invaden la privacidad de sus hijos provocando en ellos un gran resentimiento. Si ésta fue su situación, no se preocupe, puede tener un buen final, todo depende del rumbo que usted desee que tomen las cosas.

Nosotros lodescubrimos

llana: “Un día llegué a mi casa y había junta familiar; mi madre me dijo que habían descubierto que soy lesbiana y que mis maletas ya estaban empacadas. Pasaron tres años hasta que los volví a ver, pero ahora ya nos integramos bien”.

Marcos: “Mi familia lo había estado hablando antes. Mi papá pasó por mí y mientras manejaba me dijo que le habían comentado algunas cosas de mí que él sabía que no eran verdad; sólo quería confirmarlo conmigo. Me preguntó si soy gay y cuando le contesté que sí inmediatamente paró el coche y empezó a llorar, para agregar que eso era lo peor que le podía pasar”.

Alan: “No les dije nada, ellos lo descubrieron y me sentí invadido; después me hicieron un juicio, como si fuera un criminal”.

Ricardo: “Aún no estaba preparado para decírselos, pero ahora me alegro que así se hayan dado las cosas, ya que no sé cuándo me hubiera atrevido yo mismo”.

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Existen algunas historias, aunque son pocas, sobre padres y madres que se han acercado a sus hijas(os) con la buena intención de entender y abrir la comunicación. Por lo general estos padres ya estuvieron lidiando con esto antes de acercarse.

Carlos: “Un día se me acercó mi mamá y me dijo: ‘Sé que eres homosexual y quiero que sepas que no hay problema’. Ese fue el mejor día de mi vida”.

Víctor: “No sabía, pero mis padres consultaron a una persona para que los orientara sobre tener un hijo homosexual. Después de un tiempo, un día me dijeron: ‘Hijo, sabemos que eres homosexual —y rompieron en llanto—; estamos yendo con una persona para asesorarnos mejor. Todavía nos cuesta trabajo, pero estamos en eso. Ésta es tu casa y queremos que estés cómodo en ella’”.

¿Por qué no me lo dijo antes?

Tal vez no logre comprender que su hijo(a) estuvo pensando en esto meses o años y hasta ahora pudo decírselo; tal vez interprete el ocultamiento como una falta de confianza o de amor. Cuando una persona descubre que tiene sentimientos homosexuales y sabe que puede ser rechazada, el sentimiento que surge es de enojo, que a su vez puede convertirse en depresión. Una parte de su ser está siendo negada o juzgada. Primero el enojo es contra sí mismo por no poder ser diferente, luego contra el mundo que lo malinterpreta y rechaza. Es doloroso darse cuenta de que no conocía tan bien a la persona como creía y que fue excluida(o) de una parte de su vida. Considere que esto sucede en la mayoría de las relaciones entre padres e hijos; o, ¿acaso usted le contaba todo a sus padres cuando era joven? Padres e hijos(as) no suelen llevar una relación de total compañerismo y amistad, ya que los separa un estatus de poder y jerarquía; se trata de una relación desigual en donde, dependiendo del asunto, que una hija o hijo le cuente algo a sus padres puede acarrearle repercusiones fuertes. Por eso, antes de hablar con usted quizá contempló varios aspectos con el fin de protegerse. Una persona homosexual arriesga mucho cuando se asume como tal ante otra, pues vivimos en una sociedad que aún no aprende a lidiar con la diferencia y es difícil juzgar a alguien cuando decirlo significaría la posibilidad de perder un trabajo, perder una familia, perder una comunidad, perder un mejor amigo...

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Por ahora, prefiero no decirlo

Enrique: “Estoy estudiando la universidad y mis horarios no me permiten trabajar. Mis padres odian a los homosexuales y no quiero arriesgarme a decírselos”.

Gabriel: “A mí me da miedo. Vi lo que le pasó a un amigo y no quiero que me pase lo mismo”.

Arturo: “No se los quiero decir. En mi casa hablan mucho de lo asquerosos que son los maricones, putos, homosexuales, así que para qué les confío que soy uno de ellos”.

Israel: “Mis papás son muy religiosos y sé que no lo van a aceptar, así que mejor me separé de ellos”.

Mónica: “Para qué les digo , creo que ya lo saben; mientras no lo confirmen, para qué crear problemas gratis; aunque me da tristeza, así estoy bien”.

Georgina: “Adoro a mi familia y no les he dicho porque no soporto la idea de perderlos”.

Una persona que descubre que su orientación sexual no cumple con el guion propuesto socialmente puede sentirse confundida o insegura respecto a su identidad, por lo que necesita tiempo y valor para compartirlo con alguien, ya no digamos con sus padres. Aunque usted sienta que su relación es tan buena que él o ella debió saber que le podría confiar cualquier cosa, en nuestra cultura se promueve el miedo a hablar sobre el tema; se llega a pensar que algo “está mal” y que puede ser condenado. Es más fácil hablar del clima o de la situación política actual que de nuestros sentimientos, en especial con las personas que amamos. Tememos ser juzgados, malentendidos y perder su cariño.

Érika: “Tardé tiempo en decirlo a alguien de mi familia; tengo dos hermanos muy homofóbicos y no quería causar problemas. Pero un día me armé de valor y le avisé a mi mamá que iba a traer a mi novia a cenar. Para mi sorpresa, me respondió que lo sabe desde hace cuatro años y estaba esperando a que se lo comunicara”.

Alex: “Me tomó tiempo asegurarme de que soy homosexual y sentirme bien conmigo mismo. En mi casa había grandes expectativas sobre mí y cuando les dije que no me interesan las mujeres fue terrible”.

Oscar: “Yo traté de decirlo varias veces, pero no querían escucharlo, hasta que decidí dejarles una carta”.

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Víctor: ‘Tuve miedo de lo que pasaría después, lo dije hasta que me sentí listo y seguro de mí como para poder enfrentar lo que viniera”.

Por todo esto, aunque se lamente de no haberla ayudado a pasar por este periodo o piense que si se lo hubiera dicho antes esto hubiera sido diferente, es importante que entienda que la otra persona necesitó tiempo y no pudo decirlo antes; pero seguramente, de haber podido lo 1 hubiera hecho. Ahora ya lo sabe y eso es una invitación a una relación más honesta y abierta que la que tenían.

Si su hijo(a) le dijo que es gay de manera voluntaria, tiene la mitad del camino recorrido. La decisión de confirmar algo que la sociedad en general desaprueba necesita de gran fuerza y demuestra mucha confianza, amor y compromiso con la relación que lleva con usted. Queda en sus manos corresponder a ese amor, esa confianza y ese compromiso. Si se enteró de cualquier otra forma, no tenga miedo de acercarse y aprender, pero inténtelo siempre y cuando se sienta listo y dispuesto a hacerlo.

Reacciones de amigos y familiares

Para los amigos y familiares cercanos que reciben la noticia tampoco es fácil, aunque por lo general existe mayor apertura y disposición. Cuando una hija o hijo se atreve a decirle a sus padres que es gay, muchas veces ya lo habrá hablado con un amigo, tal vez con sus hermanos o hermanas; quizá esté involucrado en alguna asociación gay y tenga incluso una vida activa en cuanto a amistades, pareja, etc. Por un lado, la gente gay busca sus propios recursos y apoyos; por el otro, siempre será más difícil contarlo a sus padres.

Amiga: “Para mí fue muy difícil, pues no quería que al verme con ella pensaran que también lo soy. Lo chistoso es que antes de saberlo igualmente estaba con ella y no se me había ocurrido eso”.

Amiga: “Para mí fue muy confuso, pensé que solamente estaba experimentando, pero luego ya no podíamos hablar el mismo idioma. Creo que yo fui la que me cerré a escucharla y entenderla; me dio miedo que esto nos sepa*

Prima: “Nos conocemos desde chicas y siempre hemos convivido. Tenemos muchas cosas en común y yo pensaba que las seguiríamos teniendo al casarnos y llevar a nuestros hijos al parque juntas. Mis planes se derrumbaron y me sentí traicionada”.

Amigo: “A mí me dio igual, pensé que me iba a decir algo grave como que tenía sida o algo así”.

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Hermano: “Lo primero que pensé es que yo he disfrutado mi sexualidad y espero que las personas que quiero también lo hagan, sin importar si es con un hombre o con una mujer”. Prima: “Pienso que cada quien con lo suyo, pero cuando lo veo con su pareja siento raro, aunque cada vez menos”.

Amiga: “A mí me dio curiosidad”.

Amigo: “Creo que tenía muy estereotipada la idea de un homosexual y la noticia cambió mis esquemas”.

Hermano: “A mí ya me ‘latía’, pero sentí algo raro cuando lo confirmé”.

Primo: “Cada quien tiene derecho de ser lo que quiera; finalmente, las relaciones amorosas son lo mismo y no importa entre qué sexos se den”.

Amigo: “Me dio lástima. Pensé: ‘¡Pobre, qué mala suerte!”’.

Amiga: “Pensé que ahora iba a querer algo conmigo y me dio miedo, hasta que lo hablamos”.

Amiga: “Me llevó tiempo entender que su pareja era eso, su pareja, aunque yo la veía como otra amiga por lo que me sentí celosa y desplazada”.

Hermano: “Mi hermana llegó un día y me preguntó: ‘¿Te gustan las mujeres?’ Naturalmente, contesté que sí; acto seguido, ella sonrió y agregó: ‘Ya tenemos algo en común: a mí también’. Al principio quedé confundido, pero después nos acercamos más. Ahora ya tenemos más cosas que compartir”.

Prima: “Fui de excursión con mis primas y unas amigas. Me la estaba pasando muy bien hasta que me enteré que dos de ellas eran novias. Para mí fue terrible, no pensé que iba a estar tan cerca de dos lesbianas. Sentí asco y miedo; incluso pensé: ‘¿Qué hago aquí?’ Ahora me doy cuenta de que lo único que cambió fue la manera como yo las veía, dado que ellas eran iguales a cuando las conocí’.

Hermano: “Cuando mi hermano me dijo que es gay me sentí aliviado y feliz porque al fin le pude decir a alguien que yo también”.

Es importante empezar a abrimos al mundo de la diversidad. No existe un comportamiento humano que todos realicen de la misma manera; por ejemplo, para mí fue una sorpresa darme cuenta de que los besos en la boca, que son aceptados en gran parte de las sociedades, en algunos lugares se consideran repugnantes y sucios, en tanto que en otros ni siquiera son conocidos.

Los seres humanos somos tan distintos y al mismo tiempo tan parecidos...

Referencias

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