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MITOS Y MÁS MITOS Algunas personas creen que

In document Papa, Mama Soy Gay - Rinna Riesenfeld (página 50-60)

La homosexualidad es algo malo

La homosexualidad, como cualquier otra orientación sexual, no es ni buena ni mala; simplemente es. Existen heterosexuales, bisexuales y homosexuales que hacen cosas indebidas, por lo que se debe hablar de la calidad humana de las personas, no de su orientación sexual.

El mundo sólo se divide en heterosexuales y homosexuales

No toman en cuenta que entre estas dos entidades existe gran diversidad, a la que algunos llaman bisexualidad, entendida ésta como una gama de matices de heterosexualidad y homosexualidad. Se dice que la mayoría de los seres humanos poseemos gran flexibilidad y movimiento en cuanto a nuestros gustos; no somos rígidos y estáticos, por lo que, aunque predomine en nosotros la heterosexualidad o la homosexualidad, tenemos la posibilidad de relacionarnos de ambas maneras. Otros entienden la bisexualidad como el mismo nivel de atracción por un sexo que por el otro. Como ejemplos hay varias combinaciones:

·Personas con una pareja fija heterosexual que mantienen relaciones satélite o bien circunstanciales, de tipo homosexual, independientemente de que estas situaciones hayan sido acordadas de manera previa o se den en forma oculta. Esta decisión implica una elección, no un accidente.

·Personas con una pareja fija homosexual que mantienen relaciones heterosexuales, satélite o bien circunstanciales, independientemente de si se estableció como acuerdo o no. También implica una elección.

·Personas que alternan la interrelación con uno u otro sexo y que carecen de una pareja fija.

·La existencia simultánea de relaciones erótico-afectivas con ambos sexos.

·La existencia de una relación heterosexual o la búsqueda de la misma, en la que no se incluye en ese momento a la otra preferencia, pero que tampoco la excluye; más bien queda la posibilidad de explorarla en otro momento.

·La existencia de una relación homosexual o la búsqueda de la misma, sin excluir la posibilidad en determinado momento de explorar la heterosexualidad.

En ocasiones sucede que el individuo no se había dado cuenta de esta opción, pues la sociedad fomenta una educación basada en “lo negro y lo blanco”, la cual exige a sus integrantes que se coloquen en el extremo de una línea o bien en el otro.

Tal vez en ese sentido la persona bisexual se encuentra con que sus amistades heterosexuales piensan que es “demasiado homosexual”, mientras las homosexuales opinan que es “demasiado heterosexual”, por lo cual esperan una determinación absoluta de cualquiera de las dos. Surgen entonces todo tipo de interpretaciones posibles; por ejemplo, que tal vez sea una persona homosexual no asumida, o que sólo desea una imagen social. Estos comentarios están ligados con la adopción de la heterosexualidad e incluso la homosexualidad como la preferencia no cuestionable y poco se asocian con la realidad. Con el propósito de mostrar con claridad la cantidad de dimensiones que existen entre la heterosexualidad pura y la homosexualidad pura, a continuación presento una versión adaptada de la tabla Kinsey-Lizárraga, relacionada con la orientación y la preferencia sexuales.

TABLA Kinsey

1. Solo con personas del otro sexo 2. Ocasionalmente del mismo sexo

3. Preferentemente con personas del otro sexo 4. La misma atracción por ambos géneros

5. Preferentemente con personas del mismo sexo 6. Ocasionalmente con personas del otro sexo 7. Sólo con personas del mismo sexo

A los ojos de la sociedad no informada la bisexualidad genera una sensación de falta de control, de estar ante alguien que no se define o que no sabe lo que quiere. La realidad es que gran parte de las personas de orientación bisexual no reportan una necesidad de definirse como heterosexuales u homosexuales, pues íntimamente existe la sensación de ser bisexuales y, cuando se da el caso, casi siempre va de la mano con el cuestionamiento social.

Muchas personas han tenido experiencias con hombres y con mujeres a lo largo de su vida. Aunque se estima que la orientación sexual está asentada en etapas tempranas de la vida, se ha visto que no hay un patrón fijo de conducta, pues mientras unas van descubriendo a lo largo de su vida su orientación sexual, hay otras que después de años de llevar una vida heterosexual satisfactoria de pronto se dan cuenta de que les son más placenteras las relaciones homosexuales, y viceversa. (No confundir el caso con una persona homosexual que se casa en una relación heterosexual por la excesiva presión social o por algún tipo de miedo.)

La mayoría de la gente no conoce ni explora su potencial sexual. Otros viven su vida como en un constante fluir, y pueden tener momentos heterosexuales y otros totalmente homosexuales; no viven su sexualidad como algo estático. Muchos individuos bisexuales dicen que se enamoran de una persona, no de un género o un sexo.

Alberto: “Soy homosexual o heterosexual dependiendo de la persona a la que ame en ese momento”.

Cuando una persona ha llevado una vida prácticamente heterosexual y de pronto se enamora de alguien de su mismo sexo, decimos: “Se convirtió”; cuando alguien ha vivido como homosexual y de pronto se enamora de alguien del otro sexo, decimos: “Se curó”. Pero pocas veces se le ocurre a alguien pensar: “Lo descubrió”.

La bisexualidad es selectiva, no indiscriminada (de igual manera que la homo y la heterosexualidad). Esto quiere decir que, aunque a una persona le gusten tanto los hombres como las mujeres, no le gustan todos los hombres ni todas las mujeres.

Poco se conoce sobre la preferencia bisexual, ya que la heterosexualidad no se cuestiona y en los últimos tiempos los investigadores se han preocupado primordialmente por la homosexualidad.

Los bisexuales necesitan tener como pareja a un hombre y a una mujer al mismo tiempo Esto no siempre es así. Como observamos en los ejemplos citados, los bisexuales llegan a tener una pareja hombre o mujer y ser fieles a ella. El sector de la población que más

comete infidelidades es el de los varones heterosexuales con otras mujeres, así que la bisexualidad no está relacionada con la infidelidad, aunque puede suceder.

Cuando los padres son heterosexuales, los hijos también lo son

En páginas anteriores expusimos que la orientación sexual no se adquiere por modelo o herencia genética; por lo tanto, puede haber hijos homosexuales en familias heterosexuales, al igual que existen familias en las que hay más de un miembro homosexual o bisexual.

Juan: “A mi padre le fue difícil al principio, y dijo: ‘Esto no puede ser, tú vienes de una familia de heterosexuales’”.

Alberto: “Mi padre me dijo: ‘¡Cómo es posible, no conozco a ningún homosexual en nuestra familia!’ Y al poco tiempo mi prima salió del clóset...”.

Las relaciones de pareja tienen como fin la reproducción

No recuerdan que hay muchísimas personas que son estériles; entonces, ¿ellas no deberían tener pareja? Y olvidan también que hay parejas heterosexuales que no desean hijos.

Procrear es una opción, no una obligación, aunque en algunas sociedades así se promueva. ¿Qué porcentaje de su relación de pareja tiene qué ver con cuestiones sexuales? Los casos estudiados rara vez exceden el treinta por ciento. Y de ese porcentaje, ¿qué parte se vincula con la necesidad de reproducción? La mayoría de las parejas tienen dos o tres hijos y aunque fueran muchos más, su número no sería comparable al de los encuentros amorosos que alguien puede tener a lo largo de su vida.

En conclusión, buscar y encontrar pareja implica muchas más cosas que procrear hijos. Los padres suelen perder de vista las necesidades que hay detrás de la búsqueda de una pareja: sentirnos amados, acompañados, entendidos, deseados, apoyados.

Miguel: “Dios nos dio la capacidad de reproducción, pero eso no quiere decir que las personas sólo se junten para ejercerla”.

Rodrigo: “Dios hizo al hombre y a la mujer, pero eso no implica que a una mujer sólo le pueden gustar los hombres y a los hombres sólo las mujeres; si realmente fuera así, entonces no existiría la homosexualidad. Si se busca la reproducción, se requiere de un varón y de una mujer; pero no es así para el amor ni para el sexo”.

Los homosexuales pueden abusar de los menores

De poder, cualquier persona puede, pero es interesante mencionar que las estadísticas registran que la agresión física, el abuso sexual y el maltrato al menor los perpetran en un noventa por ciento hombres heterosexuales, en su mayoría padres, padrastros, abuelos, tíos o amigos de los menores agredidos, y se cometen principalmente en el hogar.

Abusar de otra persona está más relacionado con asuntos de ética personal y profesional que con la orientación sexual. Un maestro heterosexual puede llegar a decir: “Qué bonita niña”, pero si es una persona profesional y ética, no va a abusar de ella; de la misma manera, un profesor homosexual puede decir: “Qué guapo niño” y si es profesional y ético, tampoco va a abusar de él. La gente tiene las mismas oportunidades de hacerlo y de no hacerlo, por eso es más importante poner atención en el tipo de persona que es y en sus valores, que en su orientación sexual.

Los homosexuales son gente con un amplio criterio y un gran conocimiento de la sexualidad

Puede ser cierto, de igual manera que existen personas heterosexuales de criterio amplio, y también otras muy cerradas que viven la homosexualidad como una condición; sin embargo, no por eso se ampliaron su criterio ni sus conocimientos sobre sexualidad.

Érika: “Bueno, a mí me gustan las mujeres, pero soy una persona con valores; yo no entiendo a los promiscuos, infieles, pervertidos o esas cosas”.

Ramón: “No me enseñaron a hablar de sexo; ese tema me incomoda”.

Hernán: “Yo no sé qué pasa en el mundo: la gente ya no conoce el valor de tener una pareja y estar toda la vida con ella; llevo veintidós años con Pablo y no tenemos planes de separarnos”.

Un gran número de personas homosexuales tienen los mismos mitos sobre sexualidad que algunos heterosexuales, como: “Las personas no deberían masturbarse, mejor que busquen pareja”. (Masturbarse no causa ningún daño a la persona, tenga pareja o no.) Otras sostienen mitos acerca de las personas y parejas heterosexuales. Así como existe la homofobia (miedo y rechazo a los homosexuales), existe la heterofobia (miedo y rechazo a los heterosexuales), la cual se manifiesta en frases como: “Todos los hombres heterosexuales son malos amantes”. “No entiendo cómo puede haber una pareja heterosexual, los hombres y las mujeres no se entienden, siempre se están quejando uno del otro.” “Una mujer no es feliz con un hombre.” “Los heterosexuales son promiscuos.” “Tuviste una relación con una mujer, ¡qué asco!” “¡Cómo que te acostaste con un hombre!, ¿te volviste loca?”

Las personas homosexuales, hombres y mujeres, tienden a tener problemas con drogas y alcohol debido a las dificultades que representa ser gay

Es cierto que tener una orientación sexual distinta de la mayoría no es fácil, como tampoco lo es ser gordito, negro, moreno, mexicano en Estados Unidos, usar anteojos, ser pobre o ser millonario, tener el cabello rubio, ser genio, etc. No obstante, las dificultades de la vida no nos llevan necesariamente a tener problemas de drogas y alcohol, sino la forma en que las enfrentamos. En todos los niveles sociales, económicos, políticos, hay este tipo de problemas sin que se involucren personas homosexuales en ellos. Se ha visto que muchos jóvenes gay (hombres y mujeres), al carecer de la orientación y el apoyo adecuados que faciliten el proceso de ser homosexuales, tienen un alto riesgo de caer en las garras del alcohol y la droga, en especial si sufren el rechazo de parte de sus padres. Por eso son tan importantes la información y la educación adecuadas y oportunas.

Los índices de suicidio entre los y las jóvenes se elevan cada vez más y se calcula que, por cada cinco suicidios, posiblemente tres sean cometidos por jóvenes homosexuales que, al verse rechazados y discriminados por una condición que no pueden cambiar, optan por el camino de la muerte. Es importante recordar que los homosexuales son la única minoría que no tiene familia, comunidad y sociedad con quien refugiarse y en ocasiones estos núcleos son precisamente sus primeros enemigos.

Un estilo de vida homosexual es inmoral

Es importante aclarar que no hay un estilo de vida gay. Hay muchos estilos de vida homosexual, tantos como de vida heterosexual; existen personas muy respetables que son homosexuales y también, criminales homosexuales. Las personas pueden cometer actos inmorales independientemente de su orientación sexual. Aquí habría que preguntarse: ¿de dónde salió esa idea? y ¿qué significa un acto moral?

Una mujer con apariencia masculina quisiera ser hombre y viceversa

Nunca faltan comentarios como los siguientes: “Si te gustan las mujeres masculinas, ya mejor sal con un hombre”, o: “¿Para qué quieres un hombre amanerado?, mejor búscate a una mujer de verdad”. Estas ideas son producto de los esquemas heterosexuales que componen el manual de cómo ser hombre y cómo ser mujer. Sin embargo, en el ambiente homosexual no es raro encontrar una mujer a la que le gustan otras mujeres con apariencia masculina y/o actitudes masculinas, lo cual no quiere decir que desee ser “una varón”, que es más que una apariencia o una actitud. Ser hombre en sí mismo encierra muchas otras cosas más allá de un simple rol o papel social, al igual que ser mujer. Un hombre, por más amanerado que sea, no es una mujer: es un hombre afeminado.

Las lesbianas usan juguetes sexuales para sustituir a un hombre

Esto es falso. Si bien es cierto que algunas los utilizan, son una minoría, y de ninguna manera se trata de sustituir a un hombre, el cual es mucho más que un pene. Simplemente, es una forma de obtener placer sexual, como sucede con los hombres que se compran anillos para el pene, no con la intención de sustituir a la mujer, sino como una forma de disfrute sexual.

Durante siglos se ha enseñado a las mujeres que no pueden disfrutar de su sexualidad sin la participación de un hombre. La sexualidad femenina rara vez se menciona, como si prácticamente no existiera, a menos que se vincule con la del hombre con frases como: “¡Él te va a hacer mujer!” (¿qué, no era ya una mujer?), “¡Él te va a enseñar!”, “¡¿Él sabe?!”, “¡Él te tiene que satisfacer!”. Estas situaciones preestablecidas redundan en una carga muy pesada para muchos varones y en una gran ignorancia por parte de las mujeres con respecto a su propio cuerpo y a su propio placer. Estas formas de pensar traen como consecuencia que en nuestro país se estime que el sesenta por ciento de las mujeres sufren de insatisfacción sexual. La mujer en ocasiones no conoce ni su propio cuerpo y espera que el hombre sepa qué es lo que le gusta a ella; el problema es que él no puede sentir un orgasmo o disfrutar por ella, ya que cada persona es responsable de su propio placer, así como de comer o ir al baño. Nadie puede hacer estas cosas por nosotros. Una mujer puede disfrutar a plenitud su sexualidad, aun estando sola. Las lesbianas no viven incompletas por no tener a su lado a un hombre; en realidad no necesitan de un falo, ni los hombres de una vagina para poder disfrutar sexualmente.

En una relación homosexual entre hombres la penetración anal es lo más importante Para algunos lo es, pero hay hombres gay que no la practican, y otros que la practican sólo de manera muy ocasional.

La cultura tan genitalizada que tenemos tiende a ver más penes y vaginas que personas; a menudo se entiende que hacer el amor es tener penetraciones, más que una forma de comunicación en la que participa todo el cuerpo como una fuente de placer y disfrute. Es curioso; me he dado cuenta de que cuando una pareja aún no ha practicado la penetración, por lo general se da más la oportunidad de explorarse, de besarse, de olerse, de tocarse; se toman todo el tiempo del mundo para disfrutar con calma. Cuando se inaugura el área genital, el repertorio sexual se cierra, las personas “fajan”, se besan, se tocan para pasar “a lo que sigue”, y ya no se dan el tiempo de antes; muchas veces pierden parte de su creatividad sexual. Eso también pasa con las parejas homosexuales y lesbianas, con la diferencia de que ellas exploran más sus posibilidades y juegos sexuales, son más flexibles en cuanto a roles y tienden a conocerse mejor.

La orientación sexual se refiere a preferir a hombres o a mujeres tanto para el amor como para cuestiones eróticas, lo cual es independiente del tipo de prácticas o juegos sexuales que se realicen. El sexo anal, el oral, los tocamientos, las posiciones sexuales, son prácticas sexuales que se pueden llevar a cabo en una relación heterosexual, homosexual o bisexual;

de hecho, se estima que del treinta al cuarenta por ciento de las personas heterosexuales gustan de practicar el sexo anal como una forma de obtener placer (el ano es una zona de mucha sensibilidad en la que tanto hombres como mujeres pueden disfrutar), así como el sexo oral y la masturbación mutua. Nuestro cuerpo entero es una zona de placer y en la medida en que lo exploremos, encontraremos tal vez gratas sorpresas.

En ocasiones el sexo anal ayuda a la anticoncepción o a mantener la virginidad. La penetración anal es una de las formas para estimular la próstata en los varones, generando grandes oleadas de placer y satisfacción sin importar su orientación sexual.

Se ha criticado al sexo anal por ser una práctica no reproductiva, sin pensar en que los besos, abrazos y caricias tampoco lo son y nadie se escandaliza por eso.

Se le suele dar mucha importancia a los genitales, lo cual puede conducir a mecanizar la sexualidad y limitarla. Recuerde que el órgano sexual más grande que tenemos es la piel y el más importante el cerebro.

Marco: “No entiendo por qué se habla de que la penetración anal es de homosexuales; soy heterosexual y a mí me encanta tanto penetrar a una mujer analmente como que ella me penetre a mí. El ano es una fuente de placer, incluso la estimulación de la próstata es como el punto G masculino; creo que si algunos hombres supieran qué se siente se darían cuenta de cuántas cosas se pierden por andar metiéndose en tantos rollos”.

Arturo: “Soy homosexual y en mis cuarenta y cuatro años de vida nunca he practicado las relaciones anales; simplemente no me llaman la atención, hay muchas otras cosas qué hacer en la cama que no son ésa”.

Mariana: “Soy heterosexual y me encantan las relaciones anales; es una sensación distinta a la penetración vaginal; para mí se complementan muy bien”.

Santiago: “A mí me gustan las relaciones anales y soy homosexual, pero no es ni lo único ni lo que más me gusta”.

Padre: “Yo antes creía que los homosexuales solamente buscaban tener relaciones anales, lo cual me parecía muy desagradable. Recuerdo que en alguna ocasión le grité a uno: “¡El ano es para cagar!”, a lo que él me contestó: “¡Y la boca para comer!” Me hizo reflexionar, pues a mí me gusta el sexo oral. Caí en cuenta de todos mis miedos y mitos y de que no sabía nada de sexualidad. Ahora que sé que mi hijo es gay muchas cosas han cambiado para mí”.

Los hombres que acuden al proctólogo a hacerse un tacto rectal para revisar su próstata se vuelven homosexuales

In document Papa, Mama Soy Gay - Rinna Riesenfeld (página 50-60)

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