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MANUAL_DE_RETORICA_PARLAMENTARIA.pdf

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Manual

de Retórica

Parlamentaria

de la Asamblea

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Manual de Retórica

Parlamentaria

de la Asamblea de Madrid

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Componentes del Grupo de Investigación GRANADISPOLYCOM, coautores de este trabajo:

Prof. Dr. D. Fernando Vilches (Director del proyecto) Titular de Lengua Española Universidad Rey Juan Carlos Prof. Dr. D. Ramón Sarmiento Catedrático de Lengua Española

Universidad Rey Juan Carlos Prof. Dr. D. Tomás Albaladejo Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura comparada Universidad Autónoma de Madrid Prof. Dr. D. Hernán Urrutia Catedrático de Lengua Española

Universidad del País Vasco Prof.ª Dra. D.ª Raquel Pinilla Titular Interina de Lengua Española

Universidad Rey Juan Carlos D. Santiago Fiorito Licenciado en Derecho y Sociología

Consejero-Delegado de Insight

Coordinación por la ASAMBLEA DE MADRID D.ª Nazareth Echart D.ª Blanca Cid

Edita: Asamblea de Madrid ISBN 10: 84-87373-23-2 ISBN 13: 978-84-87373-23-7 Depósito legal: M-13719-2007

Diseño y maquetación: Alejandro Pacheco Imprime: Estudios Gráficos Europeos, S.A.

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4. La comparecencia de un miembro del Consejo ante el Pleno

5. La pregunta de respuesta oral en Pleno ANEXO 1 Recursos oratorios

I.1. La argumentación I.2. Enunciados y argumentos I.3.Tipos de argumentos I.4. Falacias

I.5.Aplicación oratoria

ANEXO 2 Recursos retóricos II.1. El mapa no es el territorio II.2. La sintonización

II.3. Recursos lingüísticos II.4. Recursos textuales II.5. Recursos pragmáticos

II.6. Recursos del lenguaje no verbal

ANEXO 3 El lenguaje parlamentario y la sociedad La percepción social del lenguaje parlamentario de la Asamblea de Madrid

GLOSARIO (Índice de términos)

BIBLIOGRAFÍA Prólogo de la Excma. S.ª Presidenta de la Asamblea

D.ª Concepción Dancausa

Preliminar

- Justificación del Manual Introducción

- La repercusión en la sociedad madrileña del trabajo de los parlamentarios

Capítulo I. La Retórica ayer y hoy

1. La retórica en la actualidad. Retórica y comunicación 2. Dimensión política de la retórica, dimensión retórica

de la política. La retórica en la comunicación política 3. Retórica y Parlamento

Capítulo II. El discurso político (I) 1 ¿Qué es un discurso?

2. ¿Cómo enfocar un discurso político? 3. El contenido del discurso político 4. La temática discursiva

5. Procedimientos y estrategias discursivas Capítulo III. El discurso político (II) 1. Preparación del discurso político 2. Las partes del discurso

3. ¿Cómo se prepara un discurso? 4. La realización del discurso 5. Modelo de esquema discursivo Capítulo IV. El lenguaje parlamentario 1.Arte de hablar y arte de decir

2. Su relación con la intellectio, con la inventio, con la elocutio y con la pronuntiatio

3. El nivel fonológico 4. El nivel morfológico 5. El nivel sintáctico 6. El nivel léxico-semántico

Capítulo V. Praxis parlamentaria: análisis retórico de intervenciones 1. El debate parlamentario 2. Debate de Investidura 3. Debate legislativo

ÍNDICE

7

ÍNDICE

9 11 15 15 17 19 21 21 24 25 26 27 32 32 33 43 45 47 49 49 49 56 59 64 67 77 78 86 106 116 121 127 127 135 141 147 162 169 169 170 176 188 199 212 217 221 227

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Tal y como está recogido en el Reglamento de la Asamblea de

Madrid, una de las funciones de la Presidencia de la Cámara consis-te en asegurar la buena marcha del trabajo parlamentario y facilitar la labor de los Diputados regionales.

La Asamblea de Madrid y la Universidad Rey Juan Carlos suscribieron en 2005 un convenio de colaboración con el fin de promover la investigación, el estudio y el asesoramiento sobre cuestiones de carácter jurídico-político y, en concreto, sobre materias relacionadas con el derecho parlamentario.

En el marco de ese convenio, la Asamblea ha realizado un importan-te esfuerzo para impulsar la elaboración de trabajos que resulimportan-ten de interés para los parlamentarios y les permitan desarrollar mejor su tarea representativa, legislativa y de control.

Uno de estos trabajos es este Manual de Retórica Parlamentaria, realizado por el Grupo de Análisis del Discurso Político y Comunica-ción de la Universidad Rey Juan Carlos. Este equipo de investigaComunica-ción interdisciplinar ha realizado un detallado análisis de los diferentes tipos de discurso que tienen lugar en esta Cámara para, a partir de ahí, ofrecer a los Diputados recomendaciones, pautas y sugerencias para mejorar la construcción y la transmisión de su discurso político. Se trata del primer manual de retórica parlamentaria elaborado exclusivamente para los Diputados de una Cámara legislativa. Espero que las líneas que siguen a continuación contribuyan a orientar de manera eficaz el trabajo de los parlamentarios madrileños que han comprobado cómo, en esta legislatura, la Asamblea de Madrid se ha convertido en el centro de la vida política madrileña, pues se ha con-solidado como el lugar donde tienen lugar los debates más intensos sobre los asuntos que afectan directamente a la vida cotidiana de los madrileños.

Concepción Dancausa

Presidenta de la Asamblea de Madrid

PRÓLOGO

Manual de Retórica

Parlamentaria

de la Asamblea

de Madrid

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Preliminar

Justificación del Manual

El propósito del Grupo de Investigación para el Análisis del Discurso Político y Comunicación (GRANADISPOLYCOM) ha sido dotar a los parlamentarios de una herramienta muy funcional, con la teoría estrictamente necesaria y subsidiaria de la parte práctica, que sea útil para el trabajo de los diputados de la Asamblea de Madrid.

Por ello, el Manual que presentamos trata de ofrecer a los usuarios un conjunto de propuestas sencillas y ajustadas a la norma de la len-gua española culta a la hora de elaborar sus intervenciones parlamen-tarias, sean éstas del signo que sean, a partir de los preceptos más ele-mentales de la Retórica y sobre la base de los análisis que hemos hecho de distintas intervenciones reales.

El Manual, por indicación expresa de la Presidenta de la Asamblea, se concibe como un instrumento neutro, desde el punto de vista ide-ológico, como no podía ser de otra manera y, al mismo tiempo, como un medio para mejorar el tono de las intervenciones de los miembros de la Cámara, tanto en su construcción retórica como en su formula-ción lingüística.

Otro de los objetivos que se ha fijado el Grupo de Investigación ha sido conseguir la disposición de los parlamentarios para elaborar fichas en las que basar sus intervenciones y que estas se ajusten, en consecuencia, al ideal de la intervención parlamentaria, recogida en el Reglamento de la Asamblea, de no leer las intervenciones (en el Capítulo III, art. 112, del Reglamento de la Asamblea se dice textual-mente:“Los diputados pronunciarán los discursos personalmente y de viva voz”).

La labor de la Cámara de Representantes de todos los madrileños exige una incesante actividad oratoria. Los problemas de la Comunidad de Madrid se debaten durante las legistaturas de muchas formas distintas y desde posiciones lógicamente distantes; todos con un denominador común: la palabra como exponente básico en la defensa de las ideas, todas ellas legítimas, por lo que la lengua adquie-re un protagonismo singular en la difusión de los mensajes.

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Introducción

El discurso parlamentario se asimila en numerosas ocasiones al desa-rrollo de la comunicación política y difusión de los postulados ideo-lógicos de los partidos políticos. Esta identificación quita importan-cia entre la opinión pública a la razón de ser de parlamentos y asam-bleas: la labor de control al Gobierno y la labor legislativa.

Además, los debates con un alto componente legislativo o técnico son generalmente vistos como complicados y arduos de seguir al uti-lizarse un lenguaje especializado de comprensión difícil para los legos en las materias tratadas.

Sin embargo,la actividad parlamentaria adquiere especial relevancia pública cuando se realizan debates de amplia trascendencia política (como los debates de investidura,o los dedicados al estado de la región). Estos debates, además, se ven completados por actividades y decla-raciones anejas a las cámaras legislativas que amplifican y completan la actividad netamente parlamentaria, y que las dotan de mayor rele-vancia y, por tanto, de notable repercusión entre la ciudadanía. En estos casos, las asambleas legislativas proporcionan hitos de espe-cial significación que acentúan la intensidad en el debate político. En cierta manera, el calendario político anual programable (indepen-diente de sucesos coyunturales) se adapta al calendario de las insti-tuciones legislativas.

Repercusión en la sociedad madrileña

del trabajo de los parlamentarios

En contraste con la amplia repercusión pública de los principales debates y sesiones parlamentarias, las sesiones de trabajo de carácter más técnico, el día a día de la Cámara, despierta poco interés en la opinión pública. En concreto, son tres las principales razones que se suelen aducir para justificar dicho desinterés y se vinculan con la difi-cultad para seguirlos debido al empleo de un lenguaje técnico, al des-conocimiento de las sutilezas de los temas tratados y al formato poco ágil de los debates.

Por tanto, en torno a la actividad de las cámaras legislativas, encontra-mos dos polos diferenciados:

Este Manual, por tanto, pretende ser un instrumento sencillo (no es un sesudo tratado de retórica, ni un compendio de principios lingüís-ticos) que permita a cualquier diputado de esta Cámara una ayuda para enfrentarse al papel en blanco que le alivie en la disposición de sus ideas, en su elaboración y en la construcción final de un mensa-je político claro y diáfano, que sea entendible, fundamentalmente, por el pueblo de la Comunidad de Madrid, último destinatario de cuanto se elabora y discute en la Sede en la que están representados los madrileños: la Asamblea de Madrid.

No se ha pretendido, en consecuencia, hacer un tratado teórico de los principios retóricos que inspiran cualquier discurso humano, sino una herramienta muy práctica que permita, desde la libertad de las ideas, construir un mensaje cuidado tanto en la forma como en su fondo, y que llegue al ciudadano con la mayor claridad y sencillez posibles.

Los investigadores que nos hemos encargado de su elaboración espe-ramos haber conseguido el propósito que inspiraba a los clásicos en estas cuestiones: docere et delectare, es decir, haber redactado un

Manual útil para la importantísima labor de nuestros representantes

y, a la vez, que su lectura sea amena y agradable a sus Señorías. Fernando Vilches Vivancos

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Amplia difusión y repercusión pública de los debates de marcado interés político.

Escaso interés por la rutina parlamentaria.

En ambos casos, la desigual participación y seguimiento de los medios de comunicación nos introducen en el debate sobre si los medios inciden especialmente en aquellos temas de especial impor-tancia para la audiencia o si, por el contrario, es la propia actividad de los medios la que filtra y señala aquellos temas que deben ser tomados en cuenta por la ciudadanía.

En este sentido, las Cortes Generales cuentan con la notable repercu-sión mediática que le da ser el principal foro del debate político, en detrimento de los parlamentos autonómicos, tanto por el marcado carácter político de su agenda, como por ser el lugar donde debaten “los primeros espadas” de los principales partidos.

La opinión y valoraciones de los ciudadanos madrileños sobre la acti-vidad de la Asamblea Autonómica y la de las Cortes Generales así lo ratifica1:

El 24,6% de los ciudadanos madrileños no supo valo-rar la actuación de la Asamblea, mientras que en el conjunto de España sólo el 17,9% no valoró su respec-tivo Parlamento Autonómico a causa del desconoci-miento.

Este desconocimiento no puede ser achacable a un cier-to grado de apoliticismo ya que, a la hora de valorar la actuación del parlamento de la nación, sólo el 13,4% de los madrileños aduce no opinar por desconocimiento, mientras que en el conjunto de España el porcentaje es de 14,4%.

Aunque, obviamente, en la Asamblea también se traten los principa-les temas de ámbito tanto autonómico como nacional, la discusión política se produce dentro de las Cortes Generales, lo que resta pro-tagonismo en este aspecto a los parlamentos autonómicos, afectando especialmente a la Asamblea de Madrid.

Una supuesta ventaja de las cámaras autonómicas para la obtención de una repercusión destacada en la opinión pública de la actividad parlamentaria se encuentra en la labor de proximidad y en la cer-canía de los temas debatidos a los problemas concretos de los ciu-dadanos.

Introducción

1. Según un reciente barómetro autonómico del Centro de Investigaciones Sociológicas

Valoración de la actuación del Parlamento Nacional y los respectivos Parlamentos Autonómicos en la Comunidad Autónoma de Madrid y el conjunto de España

Parlamento autonómico Parlamento nacional Valoración Madrid Conjunto de España Madrid Conjunto de España

Muy buena 0.6 1.7 2.7 1.3 Buena 27.7 30.4 26.9 27.4 Regular 34.8 40.4 39.8 43.3 Mala 8.4 7.5 12.1 10.7 Muy mala 1.5 1.1 2.9 1.7 No sabe 24.6 17.9 13.4 14.4 No contesta 2.3 1.1 2.2 1.2

Grado en que afectan al bienestar la actuación de los gobiernos Central, Autonómico y Local en la Comunidad Autónoma de Madrid y el conjunto de España

Nacional Autonómico Municipal

Valoración Madrid Conjunto Madrid Conjunto Madrid Conjunto

de España de España de España

Mucho 33,2 27,6 30,1 27,3 35,7 32,1 Bastante 39,8 44,4 42,2 46,2 37,3 42,0 mucho + bastante 73,00 72,00 72,30 73,50 73,00 74,10 Poco 16.4 17.8 16.0 16.5 16.8 16.7 Nada 6.0 5.8 6.0 5.3 5.8 4.9 No sabe 2.4 3.9 3.7 4.1 2.8 3.4 No contesta 2.2 0.6 2.0 0.5 1.7 0.9 FICHA TÉCNICA

• POBLACIÓN: Habitantes con más de 18 años de la Comunidad de Madrid. • ÁMBITO: Comunidad de Madrid.

• MUESTRA: 500 entrevistas, lo que, con una población infinita y un intervalo de confianza de 95%, proporcio-na conclusiones con un margen de error de 3,8%.

• SELECCIÓN DE ENTREVISTADO: muestra proporcional estratificada según datos poblacionales de sexo, edad y hábitat, con selección final del entrevistado aleatoria.

• CUESTIONARIO: preguntas cerradas diseñadas específicamente para los objetivos de la investigación inclui-das en un ómnibus que cuenta con preguntas básicas de caracterización socio-demográfica del entrevistado.

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CAPÍTULO I

La Retórica ayer y hoy

1. Breve historia de la Retórica.

Retórica y comunicación.

La Retórica es una técnica y una ciencia que surgió en la Antigüedad para facilitar la comunicación entre los seres humanos en la sociedad, para conseguir persuadir y convencer a aquellas per-sonas que oían los discursos y que tenían la capacidad de actuar en relación con ellos.

La Retórica nació en Sicilia con el fin de contribuir a que se cons-truyeran del modo más eficaz los discursos en los que se defendían los derechos de propiedad de las tierras confiscadas por la tiranía. De Sicilia pasó a Atenas y allí se convirtió en una disciplina que se apli-có a todas las clases de los discursos públicos (Hernández Guerrero, García Tejera, 1994).

En Atenas, la Asamblea constituía el ámbito de la comunica-ción retórica política de carácter parlamentario. Las decisiones eran tomadas por votación y, para llegar a la votación, se deliberaba, los discursos retóricos eran pronunciados por los oradores e inter-pretados por los oyentes.

En Roma, la enseñanza de la Retórica formaba parte de la forma-ción integral del ciudadano. Como explicó en su Institutio

orato-ria (La formación del orador) el rétor hispanorromano Marco Fabio

Quintiliano, la educación debía comenzar por la Gramática, por el conocimiento de la lengua y de la literatura. En Roma, el Senado era la institución en la que tenía lugar la comunicación retó-rica política de carácter parlamentario.

En la Edad Media, las Cortes aragonesas, por ejemplo, fueron un espacio de pronunciación de discursos políticos. Nunca estuvo ausente la oratoria ante los consejos como órganos de decisión. Con la Revolución francesa, la oratoria parlamentaria adquie-re nuevos impulsos y mantendrá su funcionalidad y su utili-dad hasta la actualiutili-dad.

No obstante, si bien en el conjunto de España la cercanía de la admi-nistración funciona como punto clave a la hora de discernir la influencia de las decisiones de la administración en el bienestar de los ciudadanos, en el caso de Madrid no sucede lo mismo.

Así, en el conjunto de España, las decisiones que se perciben como más influyentes en el propio bienestar son, por orden:

Las del Ayuntamiento (74,1%).

Las del Gobierno autonómico (73,5%).

Y, por último, las del Gobierno de España (72,0%).

Mientras que en la Comunidad de Madrid la situación es otra: Las administraciones cuyas decisiones se perciben como influyentes por más ciudadanos son, en primer lugar, el Ayuntamiento y el Gobierno de la Nación (73,0%). Y, en segundo lugar, quedan las decisiones del Gobierno Autonómico (72,30).

La situación de la Comunidad de Madrid,región uniprovincial con un municipio (el correspondiente a la ciudad de Madrid) de gran rele-vancia demográfica y sociopolítica favorece la existencia de actitudes de desconocimiento y de cierta minusvaloración de la actividad de la Asamblea.

En este sentido, la actividad y repercusión pública del Parlamento Autonómico se ve parcialmente laminada por la actividad del Con-greso de los Diputados y del Ayuntamiento de Madrid.

Esta situación intermedia de la Asamblea de Madrid se podría supe-rar mediante:

El fortalecimiento de las instituciones, clarificando compe-tencias y dotándolas de relevancia política, no sólo de gestión. El fomento de cultura democrática, estableciendo mecanis-mos que incrementen la participación y vinculación ciudadana a sus instituciones, aunque sea meramente como espectador interesado.

ANEXO 1

Recursos oratorios

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La Retórica comenzó siendo una técnica de la comunicación oral, pero, desde su ámbito inicial de la oralidad, se ha extendido a otros ámbitos comunicativos como la organización y la efi-cacia comunicativa de textos escritos.Con el surgimiento de nue-vos instrumentos comunicatinue-vos como el periodismo, la radio, la tele-visión y, por supuesto, Internet, la Retórica ha encontrado un amplio campo para la puesta en práctica de sus principios generales y fun-damentales.

La Retórica es un instrumento al servicio de la sociedad en la medida en que lo está al servicio de la comunicación, que es imprescindible en la sociedad y en la convivencia.Y este instrumen-to puede ser utilizado, como ya advirtiera Quintiliano, con plantea-mientos que responden a un compromiso ético (Del Río Sanz, 2000), pero también con los planteamientos contrarios a éstos. Es respon-sabilidad de quien utiliza la Retórica el no usarla para el enga-ño, sino para convencer y persuadir ofreciendo a nuestro interlocu-tor, de cuyos planteamientos difieren los nuestros, nuestras razones, que argumentamos y exponemos con ayuda de la Retórica.

2. Dimensión política de la retórica,

dimensión retórica de la política.

Hablar de Retórica implica necesariamente referirse a su dimensión política. El desarrollo histórico de la Retórica, su utilidad y las valora-ciones que de ella se han hecho han estado unidos a su dimensión política.

Aunque la Retórica no surgió en el ámbito estrictamente político, sino en el judicial, muy pronto adquirió relevancia en la activi-dad política. La Retórica se convirtió en un instrumento imprescin-dible para la convivencia entre los ciudadanos, para la elección de los miembros de las asambleas de representación política, para decidir sobre las leyes, para llevar a cabo los proyectos de la comunidad, etc. La Retórica se ha convertido en un instrumento del que no se puede prescindir en la actividad política, dada la importancia que en ésta tienen los discursos con los que se intenta convencer o persuadir a quienes tienen la facultad de decidir sobre cuestiones de interés público, como es el caso de los votantes en las elecciones y el de los miembros de las cámaras de representación política, como la Asamblea de Madrid.

Es de gran interés la Retórica parlamentaria del siglo XIX, en la que en España tienen una gran importancia los discursos -pronuncia-dos en las Cortes de Cádiz-. La tradición de Retórica parlamentaria se prolongará a lo largo de dicho siglo, en el que figuras como Emilio Castelar representan la cumbre de una práctica retórica. Una oratoria en la que se unen:

Un dominio extraordinario del lenguaje;

Una gran capacidad de construcción textual de los dis-cursos; y

Una gran eficacia comunicativa en la pronunciación del discurso.

En el siglo XX, el desarrollo de la Retórica parlamentaria ha experi-mentado las distintas aportaciones tecnológicas, las cuales han con-tribuido a facilitar la comunicación retórica de carácter parlamenta-rio.Así, la radio y, después, la televisión supusieron una impor-tante ampliación del conjunto de receptores de los discursos, pues éstos no son recibidos e interpretados solamente por quienes están presentes en la cámara parlamentaria, bien como representan-tes políticos, bien como periodistas o público, sino también lo son por quienes están fuera de la cámara (Albaladejo, 2001).

Si la Gramática es la ciencia de hablar correctamente, la Retórica, una vez aprendida la Gramática, es el arte de hablar bien, en el sen-tido de hablar no sólo correctamente, sino también con eficacia, utili-zando adecuadamente los dispositivos comunicativos de construc-ción global del discurso, las estrategias de la ordenaconstruc-ción de la presen-tación de la información en éste, la entonación, los gestos y los movi-mientos propios de la comunicación (García Berrio, 1984; López Eire, 1995; Pujante, 2003; Hernández Guerrero, García Tejera, 2004). La Retórica se constituye como la explicitación de las técnicas que van siendo desarrolladas para la comunicación de los dis-cursos.De ahí surge todo un sistema teórico-práctico que contiene:

las estructuras retóricas fundamentales (invención, dis-posición, elocución, memoria y actuación, además de la intelección);

las partes del discurso retórico (exordio, proposición, narración, argumentación y peroración);

y los aspectos relacionados con la comunicación retóri-ca, con la obtención del mayor rendimiento comunica-tivo del discurso y con la intención de que su eficacia sea la mayor posible.

CAPÍTULO I

La Retórica ayer y hoy

CAPÍTULO I

La Retórica ayer y hoy

(11)

todos sus dispositivos y componentes con el fin de que persuada a quien lo oye, y tiene la capacidad de decidir que lo haga a favor de las pro-puestas de futuro que hace en el discurso, tanto en el discurso políti-co electoral políti-como en el discurso polítipolíti-co parlamentario.

Pero un gran número de discursos de género epidíctico o demostrativo son también discursos políticos, son los discur-sos en los que, sin que los oyentes tengan que decidir, se ofrecen planteamientos que tienen que ver con los valores cívicos y sociales, como puede ser, por ejemplo, un discurso conmemora-tivo de la aprobación de la Constitución.

Además, hay un componente de género judicial en algunos discursos políticos, en aquellos ante los que quienes oyen han de decidir sobre hechos futuros, sobre promesas o sobre propuestas, pero también sobre lo que quien habla expone de su trayectoria anterior.

3. Retórica y parlamento

La Retórica política es, por tanto, una de las formas de la Retórica que más presencia tiene en la vida cotidiana de una sociedad. Por un lado, la actividad parlamentaria suele estar presen-te con frecuencia en los medios de comunicación; por otro, la pro-nunciación de discursos retóricos y su información y reproducción en los medios de comunicación es habitual en los períodos de cam-paña electoral.

La Retórica política puede dividirse en Retórica electoral, Retórica parlamentaria y Retórica relativa a otras formas de comunicación política, como pueden ser la redacción de artículos de opinión o editoriales en la prensa, o los debates públicos sobre temas políticos de actualidad.

La utilización de las más modernas tecnologías,como es el caso de Internet, ha supuesto un nuevo y decisivo apoyo para la comunicación retórica parlamentaria y también para el procesa-miento de toda la documentación generada en la comunicación dis-cursiva en las cámaras de representación política. Los discursos pue-den ser consultados por la ciudadanía en bases de datos, pudiendo potenciarse una necesaria interactividad comunicativa entre repre-sentados y representantes políticos.

Pero, junto a esta dimensión política de la Retórica, hay que hablar también de una dimensión retórica de la política. No puede concebirse la política sin el lenguaje, sin el discurso, sin una comuni-cación que conecte a los candidatos con los electores, a los represen-tantes con los representados, a quienes representan unas opciones políticas con quienes representan otras opciones.

En las cámaras de representación política, los representantes de la ciudadanía, es decir, los parlamentarios, pronuncian discursos con los que intentan comunicar eficazmente lo que desean transmitir, sus posiciones, sus planteamientos, sus propuestas, etc. a los demás par-lamentarios y también a quienes no forman parte de la Cámara, pero reciben e interpretan los discursos en las tribunas de invitados o fuera de la Cámara a través de los medios de comunicación.

Las cámaras de representación parlamentaria se configuran así como espacios de la pluralidad discursiva en los que la comunicación está caracterizada por la polifonía inherente al hecho de que intervengan distintas voces,voces plurales,exponiendo sus distintas perspectivas, planteamientos, propuestas, visiones de la sociedad, etc.

Para un mejor conocimiento de la relación entre Retórica y política, es conveniente hacer referencia a los géneros oratorios o retóricos que plantea Aristóteles en su Retórica. El discurso retórico, para Aristóteles, consta de quien habla, de aquello de lo que se habla y de aquél a quien se habla, el oyente.Y, de acuerdo con la función que el oyente tenga en la comunicación de los discursos, los clasifica en tres géneros: el género epidíctico o demostrativo, el género judicial y el género deliberativo.

Para Aristóteles, el oyente bien puede tomar decisiones respecto de los discursos que oye, bien puede no tomarlas, actuando interpretati-vamente ante los discursos como espectador:

Si el oyente no ha de tomar decisiones ante el discur-so, se trata de un discurso de género epidíctico o demostrativo.

Si el oyente ha de tomar decisiones sobre hechos pasa-dos, se trata de un discurso de género judicial.

Si ha de tomar decisiones sobre hechos futuros, el dis-curso es de género deliberativo.

El discurso político es propiamente el discurso de género deli-berativo,en él la Retórica pone a disposición de quien lo pronuncia

CAPÍTULO I

La Retórica ayer y hoy

CAPÍTULO I

La Retórica ayer y hoy

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CAPÍTULO II

El discurso político

1. ¿Qué es un discurso?

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, un discurso es la facultad de usar la mente (el razonamiento) para refle-xionar o analizar los antecedentes, principios, indicios o señales de cualquier asunto con el fin de entenderlo.

Y el arte de hablar con elocuencia, de deleitar, persuadir y conmover por medio de la palabra es la oratoria.

Dicho en otras palabras, un discurso es un razonamiento, mientras que la oratoria es el arte de hablar. Por lo tanto, el discurso es aque-llo que “razonas en tu mente y compartes con otras personas,y la ora-toria es el arte con que lo haces”, esto es, habilidad adquirida para poder convencer a otros.

Un discurso es, por tanto, ambas cosas: razonamiento y técnica.

Y los discursos, según el Reglamento de la Asamblea, se han de pro-nunciar y no leer:

“Los discursos se pronunciarán personalmente y de viva voz

(RAM 112.3).

1.1. Técnicas para entender los discursos que pronuncian los políticos. Desde tiempos antiguos hasta nuestros días,los discur-sos han sido objeto de análisis por lingüistas,sociólogos y politólogos, quienes desarrollaron técnicas para entender qué significan los textos que pronuncian todo tipo de líderes, porque siempre dan más infor-mación de la que se escucha o se lee en los mensajes que transmiten. Desde la perspectiva lingüística, el discurso fue estudiado y analiza-do por R. Jakobson (1963) y por E. Benveniste (1975); lo integraron dentro de un modelo de comunicación y lo definieron como una actividad lingüística considerada en una situación de comunicación (en la que se dan un emisor, un receptor y un contexto).

Una de las características de la comunicación de los discursos políti-cos es el fenómeno de la poliacroasis, que consiste en la recepción e interpretación de los discursos por un conjunto de oyentes caracte-rizado por su pluralidad (Albaladejo, 1998).Asociado a este fenóme-no, está el hecho de que un mismo discurso retórico pronunciado en la cámara política puede ser interpretado de diferentes maneras y puede hacer que se produzcan diferentes respuestas en relación con él. La comunicación retórica parlamentaria es un correlato de la configuración ideológica de la sociedad.

ANEXO 1

Recursos oratorios

CAPÍTULO I

La Retórica ayer y hoy

(13)

por decir siempre lo que son y lo que no son los demás; y nunca lo que uno mismo es”(J.B.Marcellesi,1971).

Por ser un discurso de estrategia retórica discursiva cuyo objetivo es enmascarar las contradicciones objetivas sintagmati-zándolas discursivamente.

Por comportar propiedades performativas. No se limita a informar o a transmitir una convicción, sino que también produ-ce un acto, expresa públicamente un compromiso y asume una posición.

Por tener un “efecto narración” (Faye, J. P. (1975): por una parte, los discursos reflejan y duplican la correlación de fuerzas que los avala y, por otra, pueden contribuir a modificar en ciertas circunstancias el estado de correlación de fuerzas.

Por ser todo extratexto: en el discurso político, todo es utili-zable. Regine Robin (1976) dice que hay que invertir el viejo axioma metodológico:

Dime lo que dices y cómo lo dices / y te diré quién eres.

Y expresarlo del modo siguiente:

Porque sé quién eres, desde dónde hablas y cuándo hablas / voy a poder analizar tu discurso.

“Porque tu discurso político no es más que la inscripción de tu posi-ción de clase en el campo de las relaciones de fuerza de una forma-ción social en un momento determinado, en funforma-ción de esa prosodia oscilante de enunciados que te permiten hacer creí-ble tu argumentación haciendo flecha de todo palo, es decir, utilizando todo -léxico, metáforas, sintaxis…- lo que puede ser-vir en este momento preciso”. En resumen, el discurso polí-tico es un pre-texto, un sub-texto y, sobre todo, un extra-texto.

No es caracterizable un grupo político por el vocabulario y el texto contrariamente a lo que suponen ciertos estudiosos: las palabras y los estereotipos, según las circunstancias, vagan de un grupo a otro. No existe un lenguaje específicamente burgués, revisionista o proletario,como se suponía.No es posible construir una “botánica del discurso”. La realidad es mixta.

7 6 5 4 Por el contrario,Austin (1962) lo concibió como una práctica social

institucionalizada que no solo remite a situaciones y roles intersubje-tivos en el acto de comunicación, sino también a lugares objeintersubje-tivos en la trama de las relaciones sociales. Y lo definió como toda práctica enunciativa considerada en función de sus condiciones sociales de producción que son fundamentalmente institucionales, ideológico-culturales e histórico-coyunturales, lo cual “determina lo que puede y debe ser dicho”.

Según esto, un discurso puede ser definido como: un acto interdiscursivo (proceso de producción)

un acto sociocultural (condicionado cultural e ideológica-mente)

un práctica social ritualizada (de esquema determinado) Pero también puede ser caracterizado por las tres funciones que rea-liza, según H. Portine (1978):

función informativa función expresiva y función argumentativa

1.2. ¿Cómo caracterizar el discurso político?

No resulta fácil definirlo ni caracterizarlo. Desde un punto de vista formal, se caracteriza por lo siguiente: Por hipertrofiar la función argumentativa: es ante todo un discurso argumentado en el que se presentan la tesis, los argumentos y las pruebas destinados a teatralizar ante un público concreto el ser y el deber ser político con el fin de mover las posi-ciones de este público.

Por no dirigirse tanto a convencer a los adversarios como a reconocer, distinguir y confirmar a los partidarios y atraer a los indecisos.

Por presentar una argu-mentación polémica en gra-do superlativo y muy enfático,

cuya regla de oro es: “Ser un discurso polémico 3 2 1

CAPÍTULO II

El discurso político

CAPÍTULO II

El discurso político

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3. El contenido del discurso político

El discurso político es una operación de comunicación en la forma, pero también en el fondo la política parece haberse reducido a mera comunicación política.Y, de este modo, la práctica política se ha con-vertido en un acto de comunicación en el que es necesario cuidar, asimismo, tres aspectos lingüísticos: la perspectiva léxica, la perspec-tiva enunciaperspec-tiva y la perspecperspec-tiva de comportamiento discursivo.

3.1. La perspectiva léxica.Con ella se pretende que el emisor del discurso sea consciente del uso que hace de los pronombres yo, nosotros, vosotros, y de los verbos modales querer, poder, ser nece-sario y deber, así como de las apelaciones realizadas a los recepto-res. Son los elementos en los que se manifiesta lo que Gerstlé (1981) ha denominado la estructura de intención / implicación / interpela-ción / asociainterpela-ción. El debate político se ha convertido en una “lucha verbal” donde los oponentes intentan hacerse valer y desacreditar al adversario, ante la mirada atenta del electorado, al que deben con-vencer.

El estudio de los pronombres referenciales permite determinar el “posicionamiento” en relación consigo mismo, con el adversario, y con el auditorio.

3.2. La perspectiva enunciativa.Desde ella se examinan dos series de índices: la pronominal en la que los pronombres determi-nan los actuantes del discurso, y la léxica, en la que los verbos estruc-turan el relato del discurso. De este análisis, se extraen consideracio-nes relativas a las estrategias discursivas.

3.3. La perspectiva del comportamiento discursivo. Es más abstracto y más amplio.Tiene en cuenta, además de lo sintáctico y semántico, la dimensión pragmática del lenguaje; se propone dar cuenta de las conductas comunicativas y saber de qué modo los ele-mentos contextuales dan forma a su “estructura de interacción”. Para esto, se distinguen las normas situacionales, conversacionales y discursivas.

2. ¿Cómo enfocar un discurso político?

La estrategia de la comunicación tiene como objetivo la transmisión efectiva y eficiente del discurso político al electorado. En la comuni-cación política, el candidato es el emisor, el electorado es el recep-tor y el discurso político es el envase semiológico de la propuesta política.

Para diseñar una estrategia de comunicación política, hay que tener presente los siguientes actores:

Emisor: la persona que enuncia el discurso. Auditorio: el público ante el que se habla.

Receptor: aquellos a quienes se dirige realmente el discurso político.

Y, según varíe el tipo de destinatario, hemos de elegir diferentes estra-tegias discursivas (distintos envases o formas de presentación de los contenidos).

2.1. Estrategias discursivas.Las estrategias discursivas se esta-blecen en función del objetivo propuesto y del destinatario alocu-tivo (Verón, 1987):

Si nos proponemos dirigirnos al electorado que nos apoya, la forma del discurso debe adoptar la estrategia denominada como de

Predestinatario > Discurso de refuerzo para consolidar y mantener el apoyo de sectores simpatizantes (“nosotros, inclusivo”).

Si concebimos el discurso como instrumento de fijar o clari-ficar posiciones, la forma que ha de adoptar es la de Contradestinatario >Discurso de polémica consistente en un diálogo en términos de réplica o contradiscurso (“ellos, exclusivo”).

Y, si lo que buscamos es atraer a sectores indecisos hacia nuestras propias posiciones, la estrategia que hemos de adop-tar es la de

Paradestinatario > Discurso de persuasión con la finalidad de captación de prosélitos.

CAPÍTULO II

El discurso político

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Los periodistas tratan de forzar a los candidatos a comprome-terse en temas a los que no necesariamente querían referirse. Los candidatos tienen la oportunidad de responder del modo en que entienden (o quieren entender) las preguntan que les for-mulan.

El debate puede considerarse como una doble confrontación entre los candidatos mismos y entre los candidatos y los perio-distas que pugnan por el control de la agenda.

5. Procedimientos y estrategias discursivas

Atendiendo a los rasgos de su modo de presentación y de emisión, un discurso persigue una finalidad persuasiva a la que también sirve su forma o estilo de exposición y la actuación oratoria de las partes beligerantes, se refiere a los procedimientos discursivos a los que recurren los oponentes con la finalidad de transmitir mejor sus men-sajes y ganar así la adhesión del auditorio.

5.1. Los procedimientos discursivos.La retórica que emplea en el debate está sujeta a una dimensión estratégica fundamental: los protagonistas, seleccionan un cúmulo de procedimientos discursivos para transmitir el mensaje en función del objetivo, que es lograr ven-tajas para su contienda con el adversario.

Esta técnica es un procedimiento global, ya que toma en considera-ción el debate en su conjunto para que los diferentes análisis que se hagan de él permitan conocer el modo en que cada contendiente presenta, emite y pretende que se le asocie íntimamente con algo, para así confundir. Sin olvidar la íntima relación de lo retórico con lo estratégico, hay obras que ilustran particularmente este tipo de aná-lisis como, por ejemplo, la de Martel (1983), donde el autor trata de identificar de qué manera los objetivos de los candidatos participan en sus maniobras discursivas, como, por ejemplo, cuando se ataca a un oponente en cierto punto, bien preciso, ya sea en sus ideas, o en su conducta.

Aristóteles, en los Tópicos, dice que el efecto verosimilitud depen-de en gran medida depen-de la axiomática idepen-deológica: esto es, depen-de depen- defini-ciones implícitas (oradefini-ciones de relativo) insertadas en oradefini-ciones

4. La temática discursiva

Los temas de un discurso político dependen de las circunstancias del momento. Por ello, los estudiosos han distinguido dos subgéneros: cuestiones que andan en juego y temas de actualidad mediática.

4.1. Análisis de las cuestiones que andan en juego.Los politólogos tratan de individualizar y caracterizar las cuestiones, los problemas y los puntos que se discuten la mayoría de las veces, sin utilizar una estructura, un modelo o una técnica de análisis.Algunos trabajos se limitan a enumerarlos, tratando de ser objetivos; otros adquieren un aspecto más evaluativo.

Existe un método específico del análisis del contenido de las diferen-tes formas de expresión y de comunicación de los mensajes. Se trata de una técnica objetiva, sistemática y cuantitativa que, con un siste-ma de categorías,trata de producir inferencias entre el texto y su con-texto de producción. No es una técnica homogénea, ni siquiera cons-tituye un conjunto bien identificable de formas de tratamiento de la información. El verdadero análisis de contenido es un instrumento con el cual se intenta identificar cuestiones en juego, argumentos y hasta efectos de los debates.

Las ventajas que ofrece son lo que puede revelarse sobre la informa-ción transmitida por los candidatos, la interpretainforma-ción que hace de ella el auditorio y la personalidad de aquellos. También se puede identificar los tipos de cuestiones y sub-cuestiones de los debates y los deslizamientos de una a otra.

4.2. Análisis de la agenda.En su origen, con la denominación de agenda se aludía a la selección y al tratamiento de la actualidad que hacían los medios. Se basa en la idea de que los medios imponen más que un pensamiento, un objeto para ser pensado (teoría de la “agenda sitting”). La idea del concepto de “agenda” es que se esta-blezca una jerarquización en la cual ciertos temas lleguen a ser prio-ritarios, y es lo que ha llevado a distinguir tres agendas:

La de los periodistas, que formulan las preguntas. La de los candidatos, que responden a dichas preguntas. La del electorado, tal como se expresa en los sondeos de opi-nión pública.

La relación entre la agenda de los periodistas y la de los candidatos pone de relieve el control de la agenda electoral:

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de modalizadores deónticos: deber ser, tener que ser…; en forma de categorías de constatación: parece, es verdad, es cierto; moda-lizadores factitivos: hacer hacer, hacer ejecutar...; o modaliza-dores apreciativos: me alegro, es extraño…

La gramática de argumentos analiza la lógica argumental de las relaciones de incompatibilidad, de consecuencia, de causa, de efecto; de implicación, por ejemplo, si X, entonces Y; de opo-sición: de identidad, de propiedad; complementación, equivalen-cia, diferenequivalen-cia, unión, jerarquía.

La Identificación de estrategias discursivas permite en el análisis argumentativo ir mas allá al caracterizar los contenidos proporcionales de esos temas y esos asuntos en juego, de modo tal que nos permite considerar la función persuasiva de esas cuestiones. Este se constituye, en el eje que unifica los diferentes tipos de análisis del contenido de los debates políticos televisa-dos. Por lo tanto, su reconocimiento es importante no solo en sí mismo, sino, además, porque permite establecer un modelo general de interpretación del conjunto de los estudios posibles del contenido de los debates.

Según Aristóteles, la argumentación se opone a la demostración cien-tífica, preocupada por controlar el valor de verdad de las premisas y de las conclusiones. El discurso político es “un acto de habla o razo-namiento que utiliza un conjunto de signos informativos en función del poder”. Por eso, el proceso informativo transforma el lenguaje en ideología.

5.3 ¿Cómo y para qué se argumenta? Lo normal es que los

argumentos sean expresables mediante proposiciones. Los

argumen-tos son relevantes para persuadir y demostrar, mientras que las pro-posiciones son afirmaciones importantes para la estructura lógica del discurso.De hecho,una proposición puede expresar una verdad y no convencer a nadie. Su potencia persuasiva dependerá de cómo sea presentada, es decir, de su uso en tanto argumento.A su vez, un argu-mento puede convencer a todos, pero no por ello puede ser formu-lado como proposición o ser probada su verdad.Ahora bien, muchas veces es conveniente desnudar la estructura lógica de un discurso argumentativo para refutarlo o aceptarlo si lo leemos; o escribirlo de modo que sea aceptado si lo estamos creando. En estos casos, es con-veniente escribir las oraciones del texto como proposiciones, clasifi-carlas en argumentos o presupuestos y, finalmente, establecer las conexiones entre ellas.

3 2 impersonales que borran la presencia del sujeto de la enunciación

y orientan hacia la realidad objetivamente presentada; dependen también del uso de los procedimientos de énfasis (ciertamente,

sin duda alguna, en todo caso; del uso de superlativos; de las

aser-ciones avaladas por alguna autoridad; de las presuposiaser-ciones que se dan como compartidas por todos, por ejemplo: “la justicia

tiene por función compensar las desigualdades naturales”

pre-supone que existen desigualdades naturales por parte de quien emite dicha frase.

5.2. Las estrategias argumentativas.Como hemos señalado, los aspectos denominados “retóricos” o “estratégicos” deben ser minuciosamente analizados para poder armar en su momento un dis-curso que se utilizará en el debate de acuerdo a una estrategia que no solo proporcione ventajas, sino que también sume victorias ante el oponente de turno, y para poder dejar en claro y sin dudas al espectador de dicho discurso que, en síntesis, él es el verdadero des-tinatario del mensaje, que será él quien sumará las diferencias a la hora del escrutinio en las urnas.

Por consiguiente, a la luz de los diferentes análisis que se han realiza-do desde una perspectiva teórica, podemos elaborar un modelo glo-bal.Y aquí vemos claramente que todo nos lleva a sopesar la impor-tancia de los elementos lingüísticos, que son la materia prima del debate o del discurso. Pues, además de serlo, en todo intercambio y todo discurso, permiten determinar intuitivamente los temas y las cuestiones en discusión que una técnica de análisis más rigurosa logra identificar con más seguridad.

Desde una perspectiva de análisis del discurso, se procede a reconstruir analíticamente el proceso de esquematización de la rea-lidad tal y como se refleja en el discurso (análisis sintagmático) y también se intenta identificar y explicitar el paradigma ideológico latente a partir de cual se produce el proceso argumentativo (aná-lisis paradigmático).

En el análisis sintagmático, se distinguen analíticamente tres fases: la de reconocimiento de los argumentos, la explicitación de la gramáti-ca de argumentos y la de identifigramáti-cación de las estrategias discursivas. Los argumentos son las proposiciones generales que pue-den ser presentadas en forma de aserciones, esto es:

afirmacio-nes, negacioafirmacio-nes, interrogaciones; en forma de categorías de

cer-teza:cierto, probable, necesario, posible, contingente…;en forma 1

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Argumentación. La argumentación -y,por lo tanto,el esquema discursivo, el discurso, el texto, las secuencias, párrafos y oracio-nes- es susceptible de descripción a partir de la lectura del texto y de la determinación del esquema discursivo.

El texto (oral o escrito) tiene una idea principal, que se manifiesta en una oración llamada “tesis”.

Los párrafos del texto se agrupan en secuencias, cada una de las cua-les cumple una función dentro de la argumentación. Las secuencias principales son la introducción, el desarrollo y la conclusión. Así, la introducción es una secuencia compuesta de uno o varios párrafos, lo que depende de la extensión que hayamos decidido para el trabajo y de la complejidad del contenido. El propósito de esta secuencia es presentar la tesis y, quizás, algunos datos adicionales como los antecedentes históricos, la importancia del asunto tratado o, inclusive, los motivos personales del autor.

El desarrollo o cuerpo del trabajo es una secuencia normalmente dividida en varias subsecuencias. Cada una de estas últimas se com-pone, como las secuencias, de uno o varios párrafos. Cada subsecuen-cia debe girar en torno a un argumento que sirve para demostrar la tesis. A su vez, cada argumento o idea principal de la subsecuencia debe ser demostrado, por lo que se destinará un párrafo de la subse-cuencia a cada nuevo argumento -o idea secundaria de la subsecuen-cia- que sirve para demostrar la veracidad del argumento de la secuencia mayor.

También la conclusión, por las mismas razones, es una secuencia compuesta de uno o varios párrafos. El propósito de esta secuencia es evaluar el éxito o fracaso de la argumentación, presentar un resu-men sucinto de ella y, quizás, añadir algunos datos adicionales como las repercusiones (en lenguaje matemático, los corolarios) y, si no se hubiese dicho en la introducción, los antecedentes históricos, la importancia del asunto tratado o los motivos personales del autor. Un discurso es un acto de habla y, por tanto, consta de los elementos

de todo acto de habla (John Searle, 1969): en primer lugar, de un acto locutivo o locucionario,es decir,el acto de decir un dicho (texto) con sentido y referencia; en segundo lugar, de un acto ilocutivo o ilocu-cionario,o el conjunto de actos convencionalmente asociados al acto ilocutivo; y, finalmente, de un acto perlocutivo o perlocucionario, o sea, los efectos en pensamientos, creencias, sentimientos o acciones del interlocutor (oyente).

Por consiguiente, un discurso es un acto de habla ideado: para imponer opiniones y conductas

para mover (hacer que alguien haga algo)

Lo primero se consigue mediante la lógica de la demostración y lo segundo, mediante la retórica de la argumentación. Todo se con-vierte en un juego de estrategias (utilización de la información y manipulación de los argumentos) con la finalidad de modificar conductas, suscitar emociones y remover creencias que facilitan un objetivo.

5.4. Estructura retórica y argumentación. El lenguaje coti-diano no se rige por las exactas leyes del cálculo de proposiciones, sino por la ambigüedad de las palabras en las circunstancias en que son usadas, razón por la cual el uso de los modelos de la lógica for-mal en los discursos argumentativos no es sino una estrategia persua-siva que no garantiza la verdad del razonamiento.

La estructura retórica del texto se refiere a la organización de los argumentos y a los modos de presentarlos en función del propósito del discurso.A esta organización y a estos modos se les llama “argu-mentación”.

Organización. La estructura retórica está fuertemente ligada a las partes del discurso y a las distintas estructuras textuales que lo componen; es decir, por un lado, las condiciones de la pro-ducción convencional y del consumo convencional del discur-so (esquema discursivo); y, por otro lado, la división del texto

discursivo en las secuencias que lo componen, los párrafos que

conforman secuencias y las oraciones de los párrafos. El texto se descompone de estas unidades y, si está bien construido, se debe reconocer el propósito de cada una dentro de la argumen-tación general del discurso.

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el orador político quiere hablar en público necesita ser plenamente consciente del motivo por el que interviene. También debe saber qué es lo que quiere obtener del público. De esta forma podrá optimizar sus esfuerzos en la preparación del mensaje para que, así, cada argumento, imagen y palabra contribuyan a lograr su objetivo. ¿A quién va dirigido un discurso?

La virtualidad de un discurso depende del estudio previo del receptor del mensaje político. Porque, según sea el público al que nos tengamos que dirigir, hemos de hacerlo con uno u otro lenguaje. La efectividad del mensaje dependerá en gran medida de la elección de nuestra forma de hablar y de nuestro vocabulario.No es lo mismo hacer un discurso sobre política que sobre nuevas tecnologías, ya que el uso de tec-nicismos y el vocabulario serán completamente distintos en uno y otro caso.

Tampoco es lo mismo que un jefe haga un discurso a sus trabajadores en una cena de empresa, que un ministro lo haga ante el parlamen-to. Son situaciones no comparables, que, aunque versaran sobre idén-tico tema, exigen un estilo y un vocabulario diferentes.

2. Las partes del discurso

Siempre que hablamos en la Asamblea para explicar nuestra postura ante un hecho relevante (todos lo son porque afectan a los ciudada-nos que representamos), debemos tener presentes las consideracio-nes siguientes:

hemos de procurar llamar la atención de los diputados sobre lo que vamos a decir;

hemos de exponer con claridad lo que deseamos transmitir; hemos de ofrecer razones inteligentes para ello;

hemos de sintonizar al máximo con ellos para motivar los sentimientos que puedan favorecer lo que proponemos y evitar aquellos que producen los efectos contrarios; hemos de presentar reunido y compendiado cuanto haya-mos expuesto, para que perdure la impresión causada; y, por último, hemos de emocionar al auditorio mostrando el adecuado apasionamiento que requiera la importancia del asunto que estemos tratando.

2

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Cualquier discurso político tiene (o debe tener) como fin primordial hacerse escuchar, indicar lo que se pretende, exponer los hechos, defender nuestra posición y animar a que se defienda.

1. Preparación del discurso político

1.1. Las funciones del discurso político.Aunque desde el punto de vista retórico en un discurso se pueden distinguir tres fun-ciones (entretener, informar y convencer), tan solo analizaremos las dos últimas:

Informar. El orador político puede intentar que los ciudada-nos comprendan claramente un asunto, un tema o una idea que resuelva una incertidumbre. Su objetivo principal es ayu-dar a los ciudadanos que pretendan ampliar su campo de conocimiento o resolver alguna duda proporcionando nue-vos datos. La característica principal de este discurso es for-mar opinión.

Convencer. Si el político se propone como tarea básica influir sobre las verdades claras e indiscutibles profesadas por la ciudadanía para que sean aceptadas las suyas, debe argu-mentar bien lo que dice y, para ello, será necesario recurrir a elementos cognitivos y racionales. La característica principal de este discurso es mover voluntades y ganar adhesiones. Para lograr este objetivo,es muy importante la utilización de la expre-sión verbal y el llamamiento de emociones.

1.2. ¿Cómo se ha de proceder?Antes de proceder a preparar un discurso, hay que fijar unos pasos previos:

Fijación del Propósito del discurso.

El primer paso para plantear bien un discurso es fijar la función de éste (explicado en el punto anterior). Cuando 1 2 1

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ANEXO 1

Recursos oratorios

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Formular una pregunta, ya que esta puede ser uno de los métodos más seguros y sencillos para abrir la mente de los oyentes y captar su benevolencia.

Enunciar una aserción sorprendente denominada “choque técnico”, la cual consiste en expresar un comentario aventu-rado acerca de determinados hechos y opiniones.

Recurrir a una cita de un autor o a un dicho.

Contar una anécdota, una historia breve con ironía o sentido del humor, o alguna aclaración que tenga que ver con el uso del idioma.

Hemos de tener bien presente que el objetivo de la introducción en un discurso es captar la atención de la audiencia por medio del planteamiento de un tema en forma clara y atractiva. Por lo tanto, en este apartado del discurso debe evitarse cometer los errores siguientes:

Hacer un preámbulo excesivamente largo.

Recurrir a anécdotas o cuentos humorísticos para provocar una sonrisa forzada, puesto que se corre el riesgo de perder credibilidad, además de poner en evidencia nuestra incapaci-dad de narrar una simple anécdota.

Comenzar con circunloquios embarazosos o con excusas banales.

Los antiguos preparaban con atención -y antelación- los exordios de sus discursos porque le daban mucha importancia. Distinguían dos tipos: principio e insinuación. Lo llamaban principio cuando el ora-dor exponía sencilla y directamente el fin que le movía a tomar la palabra;lo llamaban insinuación cuando daba algún rodeo para pre-parar a un auditorio poco favorable.

Cuando alguna circunstancia imprevista grave (un atentado terroris-ta, una conmoción económica, el fallecimiento de una personalidad reconocida mundialmente...) se conozca momentos antes de iniciar nuestra intervención, es aconsejable suprimir el exordio y utilizar lo que la Retórica clásica llama “comienzo ex abrupto” (de repente), pues la sola mención del hecho producido será suficiente para con-mover o interesar al auditorio.

3 2 1 6 5 4 3 La Retórica, desde los orígenes de esta disciplina, llama a estas partes:

exordio (o introducción), proposición, narración, argumenta-ción (o confirmaargumenta-ción), peroraargumenta-ción (o conclusión) y patética.

La oratoria política, que se dirige al público más general a través de los diputados y de los medios de comunicación,puede prescindir (de hecho lo hace a menudo) de la mayor parte de las reglas que carac-terizan a otros discursos porque, al estar pegada al terreno y adaptar-se a las circunstancias,adaptar-se puede entrar directamente en materia,pres-cindiendo del exordio;o se ahorra la proposición y la narración cuan-do no es necesario exponer unos hechos sobradamente conocicuan-dos, por lo que se limita a argumentar la defensa de su posición; en oca-siones, el discurso marca estrechamente el tono, la forma y el fondo por ser puramente patético (el mitin es su expresión más clara). En cualquier caso, hasta que el discurso no se ha elaborado, no se sabe con certeza qué partes del discurso habremos incluido y de qué par-tes habremos prescindido.

2.1. Exordio o Introducción

Es la introducción o puerta de acceso al discurso. Son las primeras palabras que pronunciamos, acompañadas de los primeros gestos, y se convierte en el escaparate donde debemos mostrar el “producto” y, así, determinar la actitud de la audiencia. Es decisivo empezar bien para causar la mejor de las impresiones a los oyentes y atraer su atención.Y no es tarea fácil. Lo que digamos (y cómo lo digamos) en estos minutos iniciales determinará el acierto o el fracaso de nues-tra intervención.

Se ha de dar mucha importancia a la parte introductoria del discur-so. En este momento, el orador político emite señales de toda índole que los oyentes del discurso cifrarán como las primeras impresiones. Es la parte donde se trata de explicar en síntesis el tema que se va a exponer. Se ha de hacer brevemente y, si fuera conveniente, porque así lo piden las circunstancias del momento, lo situaremos cronológi-camente (cómo ha surgido y cómo ha ido evolucionando).

Debemos, por tanto, proceder como sigue:

Referirnos al tema siendo breves, explícitos y prácticos. Si hay que hacer referencia a nuestra propia persona, procú-rese hacerlo de una manera que refleje modestia y sinceridad. 2 1

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2.3. Narración

El motivo central de esta parte es exponer los hechos. En el mundo político, por lo general, los hechos son suficientemente conocidos, o a través de los medios de comunicación, o por iniciativa del grupo político más interesado en que esos hechos se conozcan.

Sin embargo,a veces es conveniente detenerse en ellos,bien para ofre-cer datos inéditos, bien porque se desea crear un clima que favorezca los propósitos del orador,bien para desmontar una versión espuria de esos acontecimientos que pueden tomarse por verdaderos si no los corre-gimos con nuestro discurso.Es decir,que sólo reconstruiremos los hechos para variar la atención o la emoción de los oyentes ante sucesos como un atentado,una estafa a gran escala,una ingerencia grave en nuestras atribuciones como parlamentarios autonómicos, etc.

Ejemplo:

El partido conservador quería la renovación de la Monar-quía; el partido radical, la salud del pueblo; el partido conservador, la educación progresiva de las democra-cias;el partido radical, el advenimiento súbito de las democracias;el partido conservador, el derecho escri-to;el partido radical, el derecho eterno;el partido con-servador, la libertad, pero poniéndole ciertas limitaciones legales;el partido radical, la libertad, pero extendiéndo-la hasta los mismos límites a donde se extiende extendiéndo-la natu-raleza humana;el partido conservador, las reformas graduales; el partido radical, las reformas instantáneas.Fuerzas opuestas, enemigas, que creyeron haber firmado en la Constitución de 1869 un pacto, cuando sólo habían firmado una tregua, y que creye-ron haber encontrado en la Revolución de 1868 un cauce don-de mezclar sus corrientes, cuando sólo habían encontrado un nuevo campo de batalla donde medir sus fuerzas.

(Discurso pronunciado por Emilio Castelar el 20 de junio de 1870 en el debate sobre la “Abolición de la esclavitud”).

2.4. Argumentación

Es la parte nuclear del discurso:aquí debemos concentrar la atención y el interés de nuestro auditorio. No por ser conocido el asunto pier-de interés nuestra intervención,aunque haya sido precedida por otras muchas:quienes nos escuchan quieren ver si defendemos nuestra posi-ción como se merece y desean ver cómo lo hacemos.

Ejemplo:

Vuelvo a ocupar la atención del Senado, en los dramáticos momentos que vive nuestro país, para ocuparme del docu-mento enviado por mí a diversas personalidades americanas en defensa del prestigio de Chile y que hace una rápida histo-ria de nuestro sombrío panorama político. El Presidente de la República ha dado un paso más en la desenfrenada persecu-ción política que lo hará notable en la triste historia de este tiempo, iniciando una acción ante los Tribunales de Justicia, pidiendo mi desafuero para que, desde este recinto, se deje de escuchar mi crítica a las medidas de represión que formarán el único recuerdo de su paso por la historia de Chile.(Discurso pronunciado por Pablo Neruda el 6 de enero de 1948)

2.2. Proposición

Sirve para resumir nuestra intención. En el discurso político, se puede prescindir de ella cuando los hechos son de sobra conocidos por el auditorio y también por nuestros representados, pues nuestra posición ideológica presupone la intención de quien se sube al estra-do y causa mejor impresión la brevedad y la concisión que el alarga-miento innecesario para sustentar nuestras intenciones.

El discurso político en la Asamblea de Madrid tiene limitación de tiempo por el Reglamento y no suele abarcar más de un asunto, por eso la proposición o se suprime o debe reducirse a concretar la idea básica que persigue el orador.

Ejemplo:

Al hablar ante el Honorable Senado en este día, me siento acompañado por un recuerdo de magnitud extraordina-ria. En efecto, en un 6 de enero como éste, el 6 de enero de 1941, un titán de las luchas de la libertad, un Presi-dente gigantesco, Franklin Delano Roosevelt, dio al mun-do el mensaje en que estableció las cuatro libertades, fundamentos del futuro por el cual se luchaba y se desan-graba el mundo. Estas fueron: 1.- Derecho a la libertad de palabra; 2.- Derecho a la libertad de cultos; 3.- Derecho a vivir libres de miseria; 4.- Derecho a vivir libres de temor.

Este fue el mundo prometido por Roosevelt. Es otro el mundo que desean el Presidente Truman y los también Presidentes Trujillo, Moriñigo, González Videla.(Discurso pronunciado por Pablo Neruda el 6 de enero de 1948)

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das si se está seguro de impresionar al auditorio con las que utilizaremos al final, las más robustas. En general, el oyente espera que cada nueva prueba aporte más luz, por lo que hemos de ser cautelosos ya que lo contrario debilita la argumentación.

No se ha de apabullar con profusión de argumentos por-que se puede dar impresión de inseguridad o falta de con-vencimiento.

Tras el ataque,viene la defensa (siempre por este orden).Ade-más de dar los argumentos que creemos orden).Ade-más pertinentes para defender nuestra posición, es necesario desmantelar los razonamientos del contrario, lo que técnicamente se deno-mina refutación. Se debe refutar con concisión, con ener-gía y con calor.

Es una de las partes más difícil y crítica, ya que, al ser más larga que las demás,se corre el riesgo de perder la disponibilidad del espectador y su consecuente interés.

Para evitar que el oyente desconecte,existen procedimientos a los que hemos de recurrir y armas que hemos de utilizar:

Hemos de describir brevemente los puntos que vamos a tratar al principio para que el oyente se haga su propio planteamien-to mental del discurso.

Pasaremos de la introducción al desarrollo gradualmente,evitan-do un comienzo “ex abrupto”(que hemos citagradualmente,evitan-do en el “Exordio”). Evitaremos la utilización de un vocabulario demasiado técnico y recurriremos a una sintaxis sencilla, de frases cortas y sin excesiva subordinación. Son preferibles y más aceptadas por la mente las frases cortas que las largas.

Argumentaremos cada punto que vayamos a tratar.

Si podemos recurrir a ejemplos o lugares comunes para ilustrar lo expuesto, siempre conseguiremos un interés del público. Como ésta es la parte principal de todo nuestro discurso, hemos de ser extremadamente claros, evitar expresar suposi-ciones, interpretaciones.

8 7 Antes de adentrarnos en la argumentación, señalaremos lo

siguiente:

Que la argumentación política contiene mayor número de ejemplos que de argumentos positivos.

Que las razones y las pruebas son el fundamento de toda elo-cuencia.

Que tras los ejemplos, lo que más influye en la voluntad de los receptores del discurso político es el crédito del orador. Que toda deliberación es un cálculo de probabilidades, cuyos datos han de tomarse de la experiencia.

A partir de aquí, debemos tener en cuenta algunas consideraciones: Todos nuestros argumentos se dirigen a probar:

que alguna cosa es verdadera que es moralmente recta que es la más conveniente

Tres cuestiones de naturaleza distinta que exigen probarse de forma separada.

Lo verdaderamente sólido y persuasivo debe extraerse del conocimiento exhaustivo de la materia y de su meditación profunda.

Es indispensable delimitar sin ambigüedades la naturaleza del asunto: si se trata de un problema estrictamente político; o de carácter administrativo; o de cualquier otro matiz, para defenderlo con los criterios adecuados.

Conviene delimitar si estamos escogiendo entre un bien y un mal; o entre un bien y otro bien mayor; o entre un mal y otro menor.

Es importante seleccionar los argumentos.Los criterios más acon-sejables son:que los entienda el público;que sean novedosos; que sean pertinentes; y que sean los más contundentes.

El discurso puede ir avanzando con una gradación estudia-da. No es peligroso comenzar por las pruebas menos sóli-6 5 4 3 2 1

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