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EL CONVITTO (Colegio Eclesiástico)

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EL CONVITTO

(Colegio Eclesiástico)

“Allí se aprendía a ser sacerdote" (Don Bosco)

Don Bosco ha tenido muchos momentos de iluminación interior, durante su vida, que lo han ido preparando para su opción vocacional, entre ellos: el sueño de los nueve años, el acompañamiento permanente de Mamá Margarita, estímulos cercanos de orden espiritual y aún económico por parte de sacerdotes y amigos. Igualmente, ha sido animado por la figura de tantos sacerdotes con quienes se sintió identificado.

Lo mismo se puede decir de su clarificación progresiva por los logros obtenidos en los estudios, en la amistad y la comprensión de las familias que lo acogieron, lo animaron y lo apoyaron siempre, como las de José Febraro en Susambrino, Luis y Dorotea Moglia. También colaboraron las angustias e incertidumbres, como las causadas por la muerte de Don José Calosso, que lo llevó a poner su confianza definitivamente en Dios y no en hombre alguno.

Toda su vida ha sido un esfuerzo permanente por lograr descubrir el querer de Dios. Por ello no ha escatimado ningún esfuerzo por superarse, asumiendo los momentos difíciles.

DISCERNIMIENTO VOCACIONAL-PASTORAL EN EL CONVITTO DE

TURÍN

El P. Fernando Peraza, dice que Don Bosco no finalizó su discernimiento vocacional a los 26 años con su ordenación sacerdotal, el 5 de Junio de 1841 en Turín. Inicialmente fue sacerdote diocesano, pero aún carecía de un proyecto de vida claramente definido. Se lo irá aclarando al asumir su misión en favor de los jóvenes “pobres,

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abandonados y en peligro” siendo él mismo Oratorio para ellos, sacerdote-educador.

Una vez ordenado recibe algunas propuestas de trabajo pastoral:

“Antes de tomar una determinación definitiva quise ir a Turín para pedir consejo a D. Cafasso quien era mi guía tanto en lo espiritual como en lo temporal. Aquel santo sacerdote lo escuchó todo…Pero sin dudar un momento, me dijo: Usted tiene necesidad de estudiar la teología moral y la predicación. No piense en otras propuestas y véngase al Convitto” (MO [39]).

Finalmente, después de pocos meses en una parroquia, decide ingresar al Convitto, o Colegio Eclesiástico o también llamada Residencia Sacerdotal, el 3 de Noviembre de 1841. Es signo de su actitud de discernimiento vocacional y disponibilidad como le había planteado el tío de Comollo y Don Cafasso en la época de Chieri y que ahora se lo repite. Será una etapa de progreso en el estudio y en la obediencia al proyecto de Dios, enriquecido por experiencias pastorales en las cárceles y catequesis los domingos. Una toma de conciencia experiencial de la misión, lo que Don Bosco llama: “aprender la vida práctica del

sagrado ministerio”.

COLEGIO ECLESIÁSTICO

El Colegio Eclesiástico San Francisco de Asís, o Convitto, surge en el período escolar 1817-1818, con aprobación real. Utiliza el ex convento de los franciscanos menores conventuales, junto a la iglesia San Francisco de Asís y abandonado en la revolución francesa.

La aprobación eclesiástica definitiva de Mons. Colombano Chiaverotti fue el 23 de febrero de 1821. Fundado e inspirado por el P. Pio Brunone Lanteri y por el teólogo Luis Guala (1775-1848), que puso todos sus bienes a disposición. Tenía lugar para sesenta sacerdotes que procedían del Piamonte, de la Liguria y de Cerdeña. Las reglas eran pocas y moderadas. El reglamento permitía que los sacerdotes hicieran alguna labor pastoral. Los protectores eran San Carlos Borromeo y San Francisco de Sales, obispos. El patrono oficial era el Beato Sebastián Valfré.

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FUNDACION DEL CONVITTO

El Convitto fue fundado en 1818 por el P. Luis Guala, hombre desinteresado, rico en ciencia y prudencia y muy emprendedor. Estaba dirigido a los jóvenes sacerdotes, para que una vez terminados los cursos del seminario pudieran emprender la vida práctica del sagrado ministerio. Este centro ha hecho mucho bien a la iglesia, especialmente extirpando las últimas raíces del jansenismo, y que en el tiempo del que habla Don Bosco se expresaba como rigorismo moral que aún se conservaba.

JANSENISMO

Es un conjunto de doctrinas rígidas respecto a la Gracia, al libre albedrío y a las condiciones para celebrar los sacramentos, junto con una cierta hostilidad a la autoridad del Papa. Doctrina que surge en París entre los siglos XVII al XIX, derivada de Cornelio Jansenio. Durante la dominación napoleónica se había visto reforzado en el Piamonte.

Don Cafasso era el brazo derecho del teólogo Guala. Con su virtud a toda prueba, con su calma prodigiosa, su perspicacia y prudencia, pudo suavizar las asperezas… en el polémico medio teológico turinés (MO [39])

El Convitto formaba a los sacerdotes en la doctrina moral de San Alfonso Mª de Ligorio, en el celo apostólico y en el espíritu eclesiástico, quien a su vez fue discípulo de San Francisco de Sales (imagen de la bondad), y se seguía también la línea de San Carlos Borromeo; también estaba un sacerdote piamontés, llamado por muchos el Don Bosco anticipado, el sacerdote Valfré, gran pastor y servidor de sus feligreses; todos ellos grandes personajes de fuerte sensibilidad pastoral en sus territorios. De ahí Juan Bosco tomará, junto con todos los sacerdotes del Convitto, los grandes modelos de referencia de acción pastoral. Y en la línea de oración y de relación con Dios seguían la inspiración de Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

De manera que el Convitto será para Don Bosco un tiempo de sanación interior de las heridas dejadas por el seminario, y de

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maduración religiosa. Las conferencias de moral y oratoria sagrada se les dan, no como teoría, sino como el arte de la atención de las almas, puesta inmediatamente en práctica en los catecismos, en la predicación, en todas las actividades pastorales.

En la opción vocacional de Don Bosco influyen algunos factores muy vinculados a su experiencia sacerdotal en la realidad conflictiva de Turín, que inicialmente no estuvieron en el discernimiento en Chieri para ingresar al seminario:

 Es el ambiente de oración, de reflexión y acompañamiento espiritual del Convitto, en el que permaneció de 1841 a 1844, desde los 26 a los 29 años. “Allí se aprendía a ser sacerdote”.  La toma de conciencia de la dramática situación por la que

atraviesan tantos jóvenes, que provienen del campo y carecen de acompañamiento en la ciudad, a la que llegan desempleados, extremadamente pobres y donde son presa fácil de quienes los quieran explotar. Será el tiempo de encontrarse cara a cara, y abruptamente, con la multitud del primer sueño (MO [6]).

El testimonio de los tres sacerdotes formadores y el acompañamiento de Don José Cafasso, cercano en las experiencias apostólicas y como confesor y director espiritual, fue fundamental en su formación:

“El período del Convitto viene a ser un complemento de los estudios teológicos por cuanto en nuestros seminarios sólo se estudia dogmática especulativa y, en moral, las cuestiones disputadas. Pero allí se aprendía a ser sacerdote. La meditación, la lectura espiritual, dos conferencias diarias y lecciones de predicación, en medio de una vida tranquila y de facilidades para estudiar y leer buenos autores, constituían las ocupaciones a las que cada uno debía de entregarse a fondo” (MO [39])

Don Bosco durante los años del Convitto, y los inmediatamente sucesivos, realiza un proceso de discernimiento vocacional pastoral que

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implicó un camino de disponibilidad-confianza al proyecto de Dios en su vida como sacerdote-pastor de determinados destinatarios.

Los aspectos que tiene en cuenta son fruto de su proceso vocacional:

 la disponibilidad al proyecto de Dios,

 la solidaridad con los destinatarios hacia quienes va adquiriendo la certeza de saberse enviado,

 la capacidad de dejarse acompañar por mediadores de la Voluntad de Dios.

Una verdadera mina de oro se escondía a su vez en el P. Félix Golzio, teólogo turinés que también se había formado en el Convitto. No hacía ruido, era un hombre modesto, pero incansable en el trabajo; con su humildad y su saber era un particular apoyo moral para los padres Guala y Cafasso. Las cárceles, los hospitales, los púlpitos y las instituciones benéficas, la atención domiciliaria a los enfermos; lo mismo las ciudades que los pueblos, los palacios de la nobleza y los tugurios de los pobres, experimentaron los saludables efectos del celo pastoral de esta tres lumbreras del clero turinés. Estos eran los modelos que la Divina providencia ponía en mi camino para que siguiera sus huellas, su doctrina y sus virtudes (MO [39]).

Así entonces, Juan Bosco en el Convitto encontró tanto los modelos referentes de los grandes santos del siglo XVIII, como los modelos inmediatos en sus superiores que más que maestros se convirtieron en testigos, testimonio viviente. Las conferencias de moral y oratoria se dan, no como teoría, sino como arte de la cura de almas, puesta inmediatamente a prueba por la práctica de los catecismos, en la predicación, en todas las actividades pastorales. Entiende de que no es con el rigor, sino con la bondad llevará los hombres a Dios. Don Cafasso frecuentemente, en los ejercicios espirituales y eclesiásticos, ponía el acento sobre la misericordia de Dios, que aparecía con claridad en la Encarnación, en la Pasión y Muerte de Jesucristo… en la parábola del

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Hijo pródigo… en el hecho de la adúltera…. (P. Stella, Don Bosco nella

storia della religiosità cattolica, vol. I, p. 94).

“Don Cafasso, que desde 6 años atrás era mi mentor, fue también mi director espiritual y, si he hecho algún bien, a este digno eclesiástico se lo debo, pues puse en sus manos todas mis aspiraciones, todas mis decisiones y todas mis actuaciones” (MO [39]).

Don Bosco descubre finalmente en la práctica pastoral, bajo la dirección de don Cafasso, el sentido de su vocación por los jóvenes más pobres y la salesianidad de su pastoral (sacerdote ¿para qué?, ¿para quienes?, ¿con qué estilo?), conociendo por dentro la realidad de Turín, sobre todo las cárceles, donde constata “cuán grande es la malicia y la miseria de los hombres” y donde se siente interpelado por Dios y por los jóvenes para ser el amigo que les tienda la mano y les ayude a prevenir su ruina moral y a formarse como buenos cristianos y honrados ciudadanos en su medio social.

Orientado por Don Cafasso (buscando la voluntad de Dios en el discernimiento que va haciendo con él y en la obediencia), se ubica según determinación del arzobispo, en el hospitalillo Santa Filomena, de la Marquesa Barolo, sin dejar a sus muchachos que ha empezado a atender en el patio del Convitto desde 1841 y por las calles y plazas de Turín. Ante la alternativa de abandonarlos a su suerte y dedicarse por completo a la obra de la Marquesa, escoge quedarse en la calle y recorrer, con ellos, el penoso camino del oratorio ambulante hasta llegar a la tierra prometida de Valdocco, el 12 de abril de 1846, día de Pascua.

Es el momento de las opciones fundamentales de su misión, a las cuales se mantendrá fiel hasta el fin de su vida aun a costa de grandes dificultades y contradicciones. Su prioridad absoluta será la predilección por los jóvenes más pobres y abandonados, y la caridad educativa pastoral vivida según el espíritu de San Francisco de sales.

Es entre los jóvenes donde Don Bosco elabora su estilo de vida, su patrimonio pastoral y pedagógico, su sistema, su espiritualidad… Eso fue lo que realizó confiando en Dios y dejándose guiar en el discernimiento por Don Cafasso.

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Dice Antonio Figueira comentando este período de la vida de Don Bosco: “El tema de la voluntad de Dios abarca dos ámbitos: el que se refiere a lo antropológico, en el que la persona se ubica con humildad en actitud de discernimiento y de adhesión a aquella voluntad, a partir de una confianza fundamental (“Mi marido me dijo antes de morir…”, dirá Mamá Margarita), y el aspecto teológico, por el que “Dios guió, Él

mismo, cada cosa en cada momento”, afirmará Don Bosco. La

vinculación entre ambos es una interrelación de libertad” (FIGUEIRA Antonio, pág. 51).

La indicación del trabajo pastoral que le da Don Cafasso tiene carácter de provisorio, es aquel “entre tanto” con el que inició el seminario y el período en el Convitto. Propuesta inmediatamente incompatible con las inclinaciones de Don Bosco, pero de hecho, más en sintonía con los proyectos divinos. Así lo afirmará Don Bosco retrospectivamente.

Así, dejado el Convitto, comienza su experiencia pastoral en el Refugio de la Marquesa Julia Colbert Falletti marquesa de Barolo (1786-1864), teniendo como colaborador al teólogo Borel, sin dejar a los muchachos que ha empezado a atender en el patio del Convitto desde 1841 y por las calles y plazas de Turín. Allí será el punto de partida para el encuentro definitivo y decidido con los jóvenes más pobres y abandonados, a quienes ya visitaba en las cárceles de Turín; actividad pastoral que continuará por casi veinticinco años. El Refugio será la primera sede estable del Oratorio con la aprobación del Arzobispo Mons. Fransoni.

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PARA REFLEXIONAR

¿Por qué Juan ingresa al Convitto en lugar de aceptar los trabajos que se le ofrecían?

¿Qué tipo de preparación se da a los jóvenes sacerdotes en el Convitto?

¿En qué experiencia pastoral descubre Juan su vocación para los jóvenes pobres y abandonados?

¿Cómo va descubriendo lo que Dios quiere de él?

PARA PROFUNDIZAR SOBRE EL TEMA

CANALS, Pujol Juan y MARTÍNEZ, Azcona Antonio, San Juan

Bosco. Obras Fundamentales, BAC, Madrid, 1978, p. 411ss

LEMOYNE J. Bautista., Memorias Biográficas (MB I, 343; II, 145)

CERIA Eugenio, Memorias Biográficas, vol XVII, 16-21.

STELLA Pedro, Don Bosco nella storia della religiosità cattolica, LAS, Roma, 1979 Vol I, p. 94.

GIRAUDO Aldo Clero, seminario e società. Aspetti della

Restaurazione religiosa a Torino, LAS, Roma, 1993.

 Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales escritas por San Juan Bosco, edición crítica a cargo del P. Fernando Peraza Leal, CSRFP, Quito, 2011.

BRAIDO Pedro, Memorias del futuro, Ricerche Storiche Salesiane 20, (1992), traducción de Manuel Pérez, p. 6.

FIGUEIRA Antonio, Elementos de la vida espiritual del autor en

perspectiva de la misión educativo-pastoral, UPS – sección

Turín, 1998-1999, traducido por Manuel Pérez, p. 77-78.

DESRAMAUT, Francis, Don Bosco en son temps, SEI, Torino, 1996.

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