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IBRO
DE
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UECES
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N COMENTARIOVERSÍCULO POR VERSÍCULO
© 2000 Brian J. Bailey
Título en español: “El Libro de Jueces: un comentario versículo por versículo”.
Traducción: Marian Belmonte, 2006. Edición: equipo de trabajo de Instituto Bíblico Jesucristo, 2006.
© 2000 Brian J. Bailey Todos los derechos reservados.
Impreso octubre 2009 por: Zion Christian Publishers
P.O. Box 70 Waverly, NY 14892
A menos que se indique lo contrario, todas las referencias bíblicas
han sido tomadas de la versión Reina Valera 1960, © Sociedades Bíblicas Unidas.
Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, almacenada en un sistema de reproducción o transmitida por cualquier vía o bajo ninguna forma,
electrónica, mecánica, fotocopiado,
grabado o cualquier otra, sin la autorización por escrito del autor o sus designatarios.
A
GRADECIMIENTOS
A Marian Belmonte por la traducción de este libro al castellano. Al equipo de trabajo de Instituto Bíblico Jesucristo, Guatemala por su ardua labor en la edición y revisión final de la edición en castellano.
Al equipo editorial de ZCP: Carla Borges, Suzette Erb, Justin Kropf, Sarah Kropf, Raquel Pineda, Caroline Tham y Suzanne Ying.
Deseamos darle las gracias a estos amados, ya que sin su ayuda invaluable de muchas horas, este libro no hubiera sido posible. Estamos verdaderamente agradecidos por su diligencia, creatividad y excelencia en la recopilación de este libro para la gloria de Dios.
Í
NDICE
Prefacio
Trasfondo histórico y cronología Bosquejo del libro de Jueces
Capítulo 1 Introducción 19 Capítulo 2 Otoniel 55 Capítulo 3 Aod 59 Capítulo 4 Samgar 69 Capítulo 5 Débora 73 Capítulo 6 Gedeón 99 Capítulo 7 Abimelec 135 Capítulo 8 Tola 155 Capítulo 9 Jair 157 Capítulo 10 Jefté 159 Capítulo 11 Ibzán 175 Capítulo 12 Elón 177 Capítulo 13 Abdón 179 Capítulo 14 Sansón 181
Capítulo 15 La idolatría de Micaía 205
Capítulo 16 La maldad de Dan 209
Capítulo 17 La muerte de una concubina 217
Capítulo 18 Venganza sobre Benjamín 225
Capítulo 19 La restauración de Benjamín 233
P
REFACIO
El libro de Jueces es un registro de la historia de Israel desde poco después de su entrada a la Tierra Prometida hasta los tiempos del sumo sacerdote Elí y del profeta Samuel. El libro de Jueces es uno de los libros históricos de la Biblia junto con Josué, Rut, 1º y 2º Samuel, 1º y 2º Reyes y 1º y 2º Crónicas. Muchos eruditos de la Biblia creen que Samuel fue el autor del libro de Jueces. Jueces está situado cronológicamente entre Josué y 1º Samuel, y cubre un periodo de unos 350 años. El libro de Rut se desarrolló en el tiempo de los Jueces, durante la invasión madianita y la tregua que obtuvo Gedeón. El periodo de los Jueces fue un tiempo en el que los hijos de Israel “hacían lo que les parecía bien en su propia opinión”. El estado caótico resultante ilustra de una forma conmovedora lo que ocurre cuando el hombre actúa por su propia cuenta y hace lo que le parece. Lo que parecería ser un relato histórico imposible de ser aplicado hoy, está lleno de grandes lecciones espirituales de las que puede aprender el buscador diligente. Se nos muestran claramente los efectos y consecuencias del pecado y de hacer malas alianzas. También vemos el fruto del arrepentimiento, el reposo.
Únicamente por las intervenciones del Todopoderoso fue que Israel logró levantarse como una nación, después de esta época en su historia, ya que el periodo de los Jueces estuvo caracterizado por ciclos de rebelión. Este es
sobre ellos. A su vez, esto indujo a Su pueblo a clamar a Él en su esclavitud. Cuando clamaban al Señor, Él levantaba un juez para traer liberación. Después de cada nueva liberación de sus enemigos, Israel disfrutaba de un periodo de reposo y tranquilidad. Después, lamentablemente, se volvían a olvidar del Señor y no caminaban en Sus caminos. El ciclo completo se volvía a repetir.
Había siete etapas en cada uno de estos ciclos: reposo, rebelión, represión, arrepentimiento, gobernante, liberación y reposo. Hay que notar que cada ciclo comienza y termina con reposo. Cuando los hijos de Israel comenzaban a olvidarse del Señor y abandonaban Sus caminos, empezaban su sendero descendente. Solamente cuando verdaderamente se arrepentían de corazón, el Señor comenzaba a restaurarlos y a levantarlos nuevamente hasta llegar de nuevo al reposo. Estos ciclos se podrían ilustrar como sigue:
Gobernante Represión
Rebelión Reposo
Al gobernante levantado por Dios para traer liberación a los hijos de Israel cuando estaban en esclavitud, era llamado Juez. La palabra hebrea que se traduce como “juez” es “shofetim”. Otras naciones llamaban a sus gobernadores “shofetim”; por lo tanto, aunque se ha traducido como “juez” en la Biblia en español, la palabra “juez” no comunica el sentido completo de este oficio. Era una posición de alto rango en el gobierno que conllevaba la responsabilidad de gobernar el territorio bajo su mando.
En Asiria este oficio se obtenía, en términos generales, por nobleza y la persona era nombrada por el rey para representarlo y reinar en su lugar, en cierta área de su reino. Esto no era así con los jueces israelitas, pues ellos eran levantados por el Señor, y su poder y autoridad residían en la unción que el Señor les daba. Eran esencialmente líderes militares que derrotaban a los opresores de su pueblo y después gobernaban los asuntos civiles durante el siguiente periodo de reposo. Hubo trece jueces que gobernaron sobre Israel en el libro de los Jueces.
T
RASFONDO
H
ISTÓRICO
Y
C
RONOLOGÍA
Para poder apreciar realmente el marco del libro de los Jueces, primero debemos considerar el trasfondo histórico y la cronología. Algunas fechas nos ayudarán a entender la secuencia de estos acontecimientos en las Santas Escrituras. El reinado del rey Salomón comenzó en el año 971 a.C. Esta es una fecha precisa y clave en la historia, a partir de la cual se pueden calcular otros acontecimientos. Esta fecha es raramente discutida porque está muy bien documentada. 1º de Reyes 6:1 dice: “En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová”. La construcción del templo de Salomón, que inició en el cuarto año de su reinado (967 a.C.), ocurrió 480 años después del éxodo de los hijos de Israel de Egipto. Esto sitúa el éxodo en el año 1447 a.C. Antes de esto hubo 430 años de cautividad, calculada desde el tiempo del descenso de Abraham a Egipto hasta el tiempo del éxodo. Éxodo 12:40 dice: “El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años”. En Hechos 13:17-20. el apóstol Pablo nos da un registro muy preciso de la historia de los hijos de Israel desde su
tan clara, por lo tanto citaremos la Nueva Versión Internacional: “El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros antepasados y engrandeció al pueblo mientras vivían como extranjeros en Egipto. Con gran poder los sacó de aquella tierra y soportó su mal proceder en el desierto unos cuarenta años. Luego de destruir siete naciones en Canaán, dio a su pueblo la tierra de ellas en herencia. Todo esto duró unos cuatrocientos cincuenta años”.
Al leer Hechos 13:20 en la RV 1960, dice que el período de los jueces fue de 450 años, cuando en realidad este periodo fue el tiempo que precedió al periodo de los jueces. La NVI aclara esto al hacer notar que el periodo de 450 años incluye 400 años en Egipto, 40 años en el desierto hasta el cruce del Jordán, seguido de 10 años de conquista de la tierra de Canaán hasta Otoniel, el primer juez. Con Otoniel comienza el reinado de los Jueces, un periodo de unos 350 años hasta el tiempo del profeta Samuel (hacia el 1400 a.C. – 1050 a.C.). El rey Saúl comenzó a reinar alrededor del 1051/1050 a.C., y reinó durante 40 años, seguidos por el reinado de David de otros 40 años (1010 a.C. – 971/970 a.C.). Luego, como ya hemos dicho antes, Salomón comenzó su reinado en el año 971 a.C.
Volviendo ahora a la cronología del libro de Jueces, nos ayudan las declaraciones de Jefté, quien dijo en Jueces 11:26: “Cuando Israel ha estado habitando por trescientos años a Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus
aldeas, y todas las ciudades que están en el territorio de Arnón, ¿por qué no las habéis recobrado en ese tiempo?” (Hacia el 1110 a.C.).
En realidad, la cronología de Jueces comienza en el libro de Josué, ya que hay porciones que se solapan, específicamente con respecto al relato de la toma de Hebrón por Caleb y Otoniel. La captura de Hebrón está narrada tanto en Josué 15:16-17 como en Jueces 1:12-13. “Y dijo Caleb: al que atacare a Quiriat-sefer, y la tomare, yo le daré mi hija Acsa por mujer. Y la tomó Otoniel, hijo de Cenaz hermano de Caleb; y él Le dio su hija Acsa por mujer”, Jos. 15:16-17.
Podemos determinar así la fecha de la toma de Hebrón. El Éxodo ocurrió en el 1447 a.C. Los hijos de Israel llegaron a Cades-barnea dos años después, en el 1445 a.C. En ese tiempo Caleb tenía cuarenta años, Josué 14:7. Cuando entraron en la Tierra Prometida, treinta y ocho años después, él tendría setenta y ocho años de edad (1407 a.C.). Sin embargo, siete años después, cuando pidió Hebrón, Josué 14:10-15, Caleb tenía ochenta y cinco años, queriendo decir esto que Hebrón fue capturada aproximadamente en el año 1400 a.C.
Por tanto, los acontecimientos de este libro cubren el turbulento periodo de la historia de Israel desde el año 1400 a.C. hasta el 1050 a.C. aproximadamente, desde la conquista de Palestina hasta los comienzos de la monarquía. Aunque la tierra había sido, en general, conquistada y ocupada bajo el mando de Josué, muchas fortalezas cananeas importantes se habían pasado por alto,
intentaron completar su ocupación de la tierra. Los jueces eran líderes militares y civiles que gobernaron durante este tiempo en el que la nación era una confederación indefinida. Algunos de los jueces gobernaron al mismo tiempo, ya que no todos gobernaban sobre toda la tierra.
B
OSQUEJO
Introducción 1:1–3:7
Otoniel El Primer Juez 3:8-11
Aod El Segundo Juez 3:12-30
Samgar El Tercer Juez 3:31
Débora El Cuarto Juez 4:1–5:31
Gedeón El Quinto Juez 6:1–8:35
Abimelec El Sexto Juez 9:1-57
Tola El Séptimo Juez 10:1-2
Jair El Octavo Juez 10:3-5
Jefté El Noveno Juez 10:6–12:7
Ibzan El Décimo Juez 12:8-10
Elon El Decimoprimer Juez 12:11-12
Abdón El Decimosegundo Juez 12:13-15
Sansón El Decimotercer Juez 13:1–16:31
La idolatría de Micaía 17:1-13
La maldad de Dan 18:1-31
La muerte de una concubina 19:1-30
Venganza sobre Benjamín 20:1-48
d
e Palestina en el Tiempo de los Jueces
● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ●● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● ● Cedes Ajalón Lais(más tarde la ciudad de Dan)
Haroset-goim Hazor Galaad Bet-sán Bet-sitá Tabor Saananim Ofra More Siquem Jogbeha Saretán Piratón Peniel Sucot Belén Lehi Timna Estaol Ramá Oreb Bet-Bará Hesbón Jericó Betel Arad Carcor Debir Gaza Hebr nó Gezer ● Jerusalén ●
Fronteras Tribales en
la Tierra Prometida
Números 32 y Josué 14-21 Aser Manasés Za bul ó n Neftalí Manasés (Occidente) Isacar Efraín Dan Be n jamín Gad Rubén Judá Simeón M a r M u e rt o Sea of Galilee Jerusalén Ma r M ed iterr án eo19
C
APÍTULO
1
INTRODUCCIÓN
1:1 – 3:7
El libro de Jueces comienza con la declaración que Josué ha muerto (ver también Jueces 2:8). Luego se nos da un modus operandi (método de operación) de los hijos de Israel en la tierra de Canaán. Aunque la tierra de Canaán había sido conquistada durante el tiempo de Josué, Israel nunca llegó a poseer su herencia completa. Cada una de las tribus de Israel era responsable de subyugar a sus enemigos en sus propias porciones de tierra, pero todavía había muchas fortalezas cananeas que estaban en poder de sus enemigos. También debemos notar que estos capítulos de apertura no son secuenciales en su presentación, y algunos de los acontecimientos ocurren antes de la muerte de Josué.
La tribu de Judá posee
su herencia, 1:1-20
1:1 - “Aconteció después de la muerte de Josué, que los
hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos?” El libro de Jueces abre con una escena que tuvo lugar después de la muerte de Josué. Después de la
muerte de Josué, los ancianos y los israelitas le pidieron dirección al Señor para escoger a la tribu que debía ir primero a luchar contra los cananeos.
1:2 - “Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo
he entregado la tierra en sus manos”. El Señor escogió a la tribu de Judá para ir primero. Esto fue el cumplimiento de la profecía dada por el patriarca Jacob sobre su hijo Judá. Él había profetizado que el cetro (o liderazgo) no sería quitado de Judá, Gn. 49:10. Además, Dios prometió que Él lucharía por Judá y entregaría a sus enemigos en sus manos.
1:3 - “Y Judá dijo a Simeón su hermano: Sube conmigo
al territorio que se me ha adjudicado, y peleemos contra el cananeo, y yo también iré contigo al tuyo. Y Simeón fue con él”. Judá le pide ayuda a Simeón en su batalla contra los cananeos. El apego que la tribu de Judá tenía por la tribu de Simeón es explicado en Génesis 49:7, cuando Jacob, su padre, declara que Simeón sería dispersado entre las tribus de Israel. Gran parte de la herencia de la tribu de Simeón estaba dentro de la tribu de Judá. Josué 19:9 dice: “De la suerte de los hijos de Judá fue sacada la heredad de los hijos de Simeón por cuanto la parte de los hijos de Judá era excesiva para ellos; así que los hijos de Simeón tuvieron su heredad en medio de la de Judá”.
1:4 - “Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al
cananeo y al ferezeo; e hirieron de ellos en Bezec a diez mil hombres”. Los cananeos eran descendientes de Canaán, hijo de Cam, hijo de Noé, Gn. 10:6. De hecho, la
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CAPÍTULO 1
mayoría de los habitantes de Canaán eran descendientes de Cam, quien había sido maldecido. Sus descendientes incluyen las siguientes diez naciones: jebuseos, amorreos, gergeseos, heveos, araceos, sineos, arvadeos, zemareos, hamateos y cananeos, Gn. 10:15-20. Todos ellos ocupaban la tierra que Dios había prometido a Abraham y su simiente. Ellos se habían asentado en el área entre el mar Mediterráneo y el río Jordán.
El nombre cananeos, con el tiempo, vino a ser sinónimo de mercaderes, pero ellos también fueron agricultores (cf. Zac. 14:21. Ver Strong H3669). Los ferezeos moraban en los pueblos, mientras que los cananeos moraban en su mayoría en las ciudades amuralladas. La ciudad de Bezec estaba cerca de Gaza, aproximadamente a unos treinta kilómetros de Jerusalén.
1:5-7 - “Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra
él; y derrotaron al cananeo y al ferezeo. Mas Adoni-bezec huyó; y le siguieron y le prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies. Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, recogían las migajas debajo de mi mesa; como yo hice, así me ha pagado Dios. Y le llevaron a Jerusalén, donde murió”.
Adoni-bezec, que significa señor de Bezec, era su rey. Los israelitas lo persiguieron y cuando lo agarraron, le cortaron los pulgares y los dedos gordos de los pies. Es interesante que los israelitas castigaron a Adoni-bezec de la misma forma en que él había castigado a otros setenta reyes. Este castigo lo incapacitaba para usar armas.
El castigo de Adoni-bezec ilustra una de las verdades más importantes en la Palabra de Dios. Se repite una y otra vez en las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis: Cosechamos lo que sembramos. Si sembramos el bien cosecharemos el bien, pero si sembramos el mal cosecharemos el mal, como lo hizo Adoni-bezec.
Pablo dice en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Si matamos a espada, a espada moriremos, Ap. 13:10. No debemos engañarnos pensando que no segaremos las consecuencias de nuestras acciones. El Señor da el castigo adecuado al delito, tanto en esta vida como en la venidera, Ap. 20:12.
1:8 - “Y combatieron los hijos de Judá a Jerusalén y la
tomaron, y pasaron a sus habitantes a filo de espada y pusieron fuego a la ciudad”. Aquí se declara que Jerusalén fue tomada por Judá, pero evidentemente no la retuvieron por mucho tiempo. Los jebuseos obviamente volvieron a ocupar Jerusalén cuando los benjamitas intentaron adquirir su territorio. De hecho, los jebuseos permanecieron allí hasta la época de David, cuando éste conquistó la ciudad, 2º S. 5:6-9.
La conquista de Hebrón
La conquista de Hebrón fue un acontecimiento muy importante en la historia de Israel. Hebrón, que significa literalmente “asiento de asociación”, era la morada de Abraham y Sara y fue también el lugar dónde los
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CAPÍTULO 1
enterraron. Después fue dado a Caleb como su herencia, y como Caleb siguió al Señor fielmente, Nm. 32:12, Hebrón habla de la herencia de aquellos que son sinceros. Años después, el rey David reinó durante siete años y medio en Hebrón antes de tomar el monte Sion, la herencia final y la morada de Dios. Estas dos ciudades (y montes) hablan de experiencias y herencias espirituales. Como creyentes, antes de poder ascender al monte santo de Dios, el monte Sion, primero debemos aprender todas las lecciones de Hebrón y ser sinceros con el Señor.
1:9 - “Después los hijos de Judá descendieron para
pelear contra el cananeo que habitaba en las montañas, en el Neguev, y en los llanos”. Después de conquistar Jerusalén y a los jebuseos, los ejércitos de Judá y Simeón volvieron al sur de Hebrón, ciudad situada a 900 mts. sobre el nivel del mar, a unos treinta kilómetros al sur de Jerusalén.
1:10 - “Y marchó Judá contra el cananeo que habitaba en
Hebrón, la cual se llamaba antes Quiriat-arba; e hirieron a Sesai, a Ahimán y a Talmai”. “Quiriat-arba” significa la ciudad de Arba. Arba era un destacado guerrero entre los anaceos, una tribu de gigantes con el cuello muy largo. También era el padre de Anac, Jos. 14:15; 15:13.Estos gigantes (o nefilims en hebreo) eran de la misma tribu que los diez espías israelitas habían visto cuarenta años antes cuando fueron a reconocer la tierra. Leemos en Números 13:22: “Y subieron al Neguev [los espías hebreos] y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac”. En ese entonces Israel
estaba lleno de incredulidad y no entraron en la tierra prometida en Cades-barnea, Nm. 13:32-33. Fue después, durante el tiempo de Josué, que estos gigantes recibieron un trato severo. Fue Caleb quien mató a estos tres gigantes, como lo registra Josué 15:13-14: “Mas a Caleb hijo de Jefone dio su parte entre los hijos de Judá, conforme al mandamiento de Jehová a Josué: la ciudad de Quiriat-arba padre de Anac, que es Hebrón. Y Caleb echó de allí a los tres hijos de Anac, a Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac”. Caleb era de la tribu de Judá, Nm. 13:6 por lo que probablemente fue el comandante del ejército de Judá.
Es un hecho solemne que si no cumplimos los propósitos de Dios, Él levantará a alguien más para llevar a cabo la tarea. Prestemos la máxima atención a la advertencia de Hebreos 4:1: “Temamos pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado”.
1:11-12 - “De allí fue a los que habitaban en Debir, que
antes se llamaba Quiriat-sefer. Y dijo Caleb: El que atacare a Quiriat-sefer y la tomare, yo le daré Acsa mi hija por mujer”. Quiriat-sefer, otro nombre para Debir, significa “la ciudad del libro”. Sin duda, era una ciudad donde se congregaban escritores.
Judá atacó Debir, que está a unos diecisiete kilómetros al sudoeste de Hebrón. La antigua ciudad de Debir está asociada con la ciudad actual de Tell Beit Mirsim. Esta ciudad todavía conserva las dos fuentes de agua fría que proporcionan agua para los granjeros locales.
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CAPÍTULO 1
Josué 15:15-16 dice: “De aquí subió contra los que moraban en Debir; y el nombre de Debir era antes sefer. Y dijo Caleb: Al que atacare a Quiriat-sefer, y la tomare, yo le daré mi hija Acsa por mujer”. Estos versículos son idénticos a los de Jueces 1:11-12. Por lo tanto, podemos asumir que el orden cronológico aquí cambia. Este acontecimiento ocurrió durante la vida de Josué, varios años después de que Caleb pidiera Hebrón como su herencia.
1:13-15 - “Y tomola Othoniel hijo de Cenez, hermano
menor de Caleb: y él le dio a Acsa su hija por mujer. Y cuando la llevaban, persuadióle que pidiese a su padre un campo. Y ella se apeó del asno, y Caleb le dijo: ¿Qué tienes? Ella entonces le respondió: Dame una bendición: que pues me has dado tierra de secadal, me des también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dió las fuentes de arriba y las fuentes de abajo” (RV 1909). Ahora se nos presenta el hermoso personaje de Acsa.
Hace unos treinta años hablé sobre esta hermosa mujer de Dios en cierto Instituto Bíblico. Uno de los estudiantes, cuya esposa estaba entonces embarazada, llamó a su primera hija Acsa. Ella es ahora una hermosa señorita y muy digna de llevar el nombre que le dieron.
La razón por la que he elogiado el personaje de Acsa es simplemente porque ella encaminó a su esposo en la dirección correcta: buscar todo lo que el Señor tenía para ellos. Ella le sugirió a Otoniel que pidiera la herencia que Dios tenía para él: las fuentes de arriba y las fuentes de abajo. El Señor nos dio el mandamiento
en el Salmo 2:8: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”. Una mujer tiene una influencia tremenda sobre su esposo. Ella lo fortalecerá en el camino correcto o en el incorrecto. Jezabel, por ejemplo, animó a su marido a hacer el mal. 1º Reyes 21:25 dice: “A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba”. De hecho, Jezabel incitó o empujó a su marido Acab a hacer cosas malas.
Por tanto, las esposas deben entender que ellas son el estímulo detrás de las acciones de sus maridos, y que o bien afirmarán a sus maridos en el camino de Dios o en el camino de la maldad.
Acsa quería que Otoniel recibiera todo lo que Dios tenía para él, que obtuviera “toda la bendición” de Dios. Todas las esposas deberían procurar imitar el carácter de Acsa para que, por medio de la oración y del estímulo piadoso, animen a sus esposos a avanzar para alcanzar todo lo que Dios tiene para ellos. Esta es una verdadera compañera. “Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo”. Estas dos fuentes pueden tener un paralelismo con las dos lluvias de Israel: la temprana (fuente inferior) y la tardía (fuente superior). La lluvia temprana es la lluvia inicial que ablanda la tierra para que se pueda sembrar la semilla, y la lluvia tardía es la lluvia fuerte que llega hacia el final de la cosecha para darle madurez a la siembra.
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CAPÍTULO 1
Espiritualmente, la lluvia temprana representa el derramamiento inicial del Espíritu Santo en el día de Pentecostés (cuando la Era de la Iglesia inició y la semilla del Evangelio fue sembrada). La lluvia tardía representa el avivamiento de los últimos días, cuando la Iglesia en todo el mundo celebrará espiritualmente la fiesta de los Tabernáculos, Jl. 2:23, llevando a la Iglesia a madurez y preparándola para la Segunda Venida de Cristo.
1:16 - “Y los hijos del ceneo, suegro de Moisés, subieron
de la ciudad de las palmeras con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está en el Neguev cerca de Arad; y fueron y habitaron con el pueblo”. Los hijos del suegro de Moisés, Jetro, Nm. 10:29-32; Jue. 4:11, dejaron su morada en el país montañoso de Judá para vivir entre la tribu de Judá. Los ceneos eran una tribu nómada y casi todos ellos herreros, porque la palabra ceneo significa “herrero”. La ciudad de las palmeras se refiere a Jericó, Dt. 34:3; 2º Cr. 28:15.
1:17 - “Y fue Judá con su hermano Simeón, y derrotaron
al cananeo que habitaba en Sefat, y la asolaron; y pusieron por nombre a la ciudad, Horma”. Esta es una ciudad al suroeste de Judá cerca de Arvad. Su significado original era “atalaya”, pero su nombre se cambió a Horma, la cual fue condenada a la destrucción. Fue en Horma donde los israelitas fueron derrotados cuando intentaron presuntuosamente entrar en la tierra después de que Moisés se lo prohibiera, Nm. 14:45.
1:18 - “Tomó también Judá a Gaza con su territorio,
expulsó a los filisteos de Gaza, una ciudad localizada en la planicie costera de Israel y como a cinco kilómetros del mar Mediterráneo. Sin embargo, los israelitas no los destruyeron completamente, ya que éstos surgieron de nuevo en los días de Sansón y también de David.
Por el orden de las ciudades, vemos claramente que los hijos de Judá llegaron al sur a través de Jerusalén; luego, a través del desierto, se abrieron paso hacia el oeste y después tomaron el territorio desde el sur. Conquistaron estas ciudades, pero como ya hemos dicho, para el tiempo de Sansón todas estaban nuevamente en manos de los filisteos. Este versículo tiene una gran importancia y significado para la actualidad. Gaza, la cual hoy es conocida como la franja de Gaza en Palestina, fue entregada por Dios a la tribu de Judá como su herencia, Jos. 15:20, 47. Los habitantes originales de Gaza, los filisteos (hoy conocidos como los palestinos), fueron rechazados por Dios, y el Señor le dio sus tierras a Israel.
Por lo tanto, cuando los políticos de hoy intentan devolver Gaza a los palestinos para lograr la paz, no saben lo que están haciendo. Están intentando deshacerse de la tierra santa de Dios. Dios le prometió la tierra de Israel a la descendencia de Abraham (los judíos), y cualquiera que intente quitársela será severamente castigado por Dios, en esta vida y en la eternidad. Los políticos no se dan cuenta de que habrá consecuencias eternas por las acciones que tomen con relación a la tierra de Israel. El Señor habla en Joel 3:2 acerca del hecho de que la
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CAPÍTULO 1
tierra de Israel será dividida en nuestros días: “...y repartieron mi tierra”. El Señor sigue hablando en Joel capítulo 3 del juicio sobre aquellos que dividen Su tierra santa.
1:19 - “Y Jehová estaba con Judá, quien arrojó a los de
las montañas; mas no pudo arrojar a los que habitaban en los llanos, los cuales tenían carros herrados”. Los habitantes del valle sin duda estaban muy bien equipados militarmente. Incluso en aquellos días, unos 1,400 años antes de Cristo, tenían carros herrados, que aparentemente impidieron que los hijos de Judá avanzaran y entraran en la plenitud de su herencia.
La pregunta surge en el corazón de los piadosos: ¿Por qué Judá no pudo entrar plenamente a su herencia, siendo que Dios se la había dado? La respuesta es que el enemigo era demasiado fuerte para ellos en aquel entonces. Hay una situación similar más adelante en la historia cuando Dios le entregó Tiro a Nabucodonosor, pero él no pudo tomarla. De estos dos incidentes, vemos que debemos ser fuertes para poder entrar en nuestra herencia. Por lo tanto, deberíamos enfocarnos en el Espíritu de poder del Señor para poder vencer a nuestros enemigos, Is. 11:2. Esta es una unción por la cual debemos orar, pero también viene conforme caminamos en obediencia a los mandamientos del Señor.
1:20 - “Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho;
y él arrojó de allí a los tres hijos de Anac”. Esta es una simple reiteración del hecho de que a Caleb se le concedió Hebrón como su herencia, pero que el hecho se produjo en los días de Moisés, dando a entender que se le recompensó con Hebrón por su fiel informe en Cades-barnea.
La tribu de Benjamín
1:21 - “Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo
arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy”. La línea divisoria entre las tribus de Benjamín y Judá estaba en Jerusalén. Este es un pasaje difícil, porque Josué había matado al rey de Jerusalén, Jos. 10:23-26, y más tarde Judá había quemado la ciudad. Sin embargo, como los jebuseos permanecieron hasta el reinado de David, deducimos que los jebuseos volvieron a la ciudad unos pocos años después, y los benjamitas fueron incapaces de sacarlos de sus fortalezas.
El último enemigo en ser derrotado en la tierra fueron los jebuseos. Finalmente fueron derrotados para siempre en los días del rey David. Los jebuseos fueron el último enemigo que David derrotó antes de tomar el monte Sion en Jerusalén. Los jebuseos no solamente son un pueblo histórico, sino que tienen un gran significado espiritual para nosotros hoy. Ellos representan a los que siembran discordia entre los hermanos. La razón para decir esto es que en Deuteronomio 7:1-2, el Señor enumera las siete naciones que habitaban la tierra de Canaán. Estas eran las naciones que ellos debían echar fuera. Él las aborrecía y eran una abominación para Él, Dt. 7:25; 12:31; 18:9-12. Luego, en Proverbios 6:16-19, Dios enumera los siete pecados que Él aborrece y que son abominación para Él. La séptima nación enumerada en Deuteronomio 7:1 son los jebuseos, y la séptima cosa que Dios aborrece, enumerada en Proverbios 6:19, son los que siembran discordia entre los hermanos.
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CAPÍTULO 1
Por lo tanto, los jebuseos espiritualmente representan a los que siembran discordia entre los hermanos. Este es el último enemigo que la Iglesia debe vencer antes de que entre en el avivamiento de la fiesta de los Tabernáculos y ascienda al monte Sion espiritual. Este es el enemigo más difícil de desalojar, porque residen dentro de la Iglesia y se llaman a sí mismos cristianos. Pero Dios va a arrancar toda la “cizaña” que se deleita en tal maldad, y la Iglesia será presentada sin mancha, Ef. 5:25-27.
La casa de José
1:22 - “También la casa de José subió contra Bet-el;
y Jehová estaba con ellos”. Ahora se menciona la casa de José, quien tenía la doble porción. La casa de José abarca dos tribus: la tribu de Efraín y la tribu de Manasés. Josué era de la tribu de Efraín, Nm. 13:8. La casa de José salió para tomar Bet-el, la cual está asociada con la actual villa de Beitin. Bet-el estaba localizada en un cruce de caminos, y era muy fértil ya que tenía muchos manantiales.
Bet-el tomó significado cuando Abraham construyó allí un altar, Gn. 12:8. Su nieto Jacob tuvo el extraordinario sueño de la escalera al cielo, y el pacto de Abraham le fue confirmado allí. Debido a esta experiencia, Jacob cambió el nombre de la ciudad de Luz a Bet-el, que quiere decir “casa de Dios”, Gn. 28:10-22. Años después, cuando Jacob pasó nuevamente por Bet-el con su familia, el Señor se le apareció y luchó con él. Luego el Señor cambió su nombre a Israel, Gn. 32:24-32; Os. 12:4-5.
1:23 - “Y la casa de José puso espías en Bet-el, ciudad
que antes se llamaba Luz”. Antiguamente Bet-el era conocida como Luz. Génesis 28:19 dice: “Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero”. Aparentemente habían dos lugares distintos con el mismo nombre, porque Josué 16:2 dice: “Y de Bet-el sale la Luz, y pasa a lo largo del territorio de los arquitas hasta Atarot”.
1:24 - “Y los que espiaban vieron a un hombre que salía
de la ciudad, y le dijeron: Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos contigo misericordia”. Es interesante que esta es la tercera vez que los hijos de Israel usan espías en la batalla: la primera en Cades-barnea, y la segunda justo antes de cruzar el río Jordán. Los israelitas escogieron mostrar misericordia a un hombre que salió de la ciudad si les mostraba la entrada a la ciudad. De igual manera, Rahab la ramera fue perdonada cuando los hijos de Israel atacaron Jericó.
1:25-26 - “Y él les mostró la entrada a la ciudad, y la
hirieron a filo de espada; pero dejaron ir a aquel hombre con toda su familia. Y se fue el hombre a la tierra de los heteos, y edificó una ciudad a la cual llamó Luz; y este es su nombre hasta hoy”. La casa de Judá mató a los habitantes de la ciudad de Luz y únicamente perdonaron la vida del hombre que les mostró la entrada a la ciudad. ¿Cómo les pagó este hombre su amabilidad? Fue a la tierra de los heteos y construyó otra ciudad pagana con el nombre de Luz. Este relato nos sirve para ilustrar el hecho que uno produce de acuerdo a su especie. Este hombre era de Luz, así que
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CAPÍTULO 1
¿qué hizo cuando se fue? Desde luego construyó otra Luz. Lo mismo ocurrió en muchas partes del nuevo mundo cuando los inmigrantes de toda Europa vinieron a América en el siglo XVII y construyeron ciudades con los mismos nombres de sus ciudades natales. No sólo trajeron con ellos el nombre de su ciudad, sino también el espíritu de sus ciudades. Debemos darnos cuenta que vamos a reproducir en otros lo que somos. Por lo tanto, necesitamos ser puros y santos.
Esta es una lección muy importante para todos los cristianos, pero especialmente para los pastores. Los pastores (y los líderes en general) son responsables de sus iglesias. Cuando un pastor
hace malas alianzas con personas que no están caminando en integridad, esto afecta a los miembros de su congregación. Los pastores deben ser especialmente cautos y cuidadosos acerca de a quién dejan ministrar en sus
púlpitos, porque si dan sus púlpitos a las personas erróneas, ellos sembrarán malas semillas en el corazón de su gente. Pastores, tengan mucho cuidado. Al igual que el hombre de Luz, las personas reproducirán en el corazón de su pueblo exactamente lo que ellos son.
La tribu de Manasés
1:27 - “Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a
los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los
Vamos a reproducir en otros lo que somos. Por lo tanto,
necesitamos ser puros y santos
de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra”. El libro de Jueces ahora recoge la triste historia de las tribus que no hicieron completamente la voluntad de Dios. Al igual que Saúl años más tarde, ellos permitieron que el enemigo morara dentro de los territorios que Dios les había dado. Como veremos más adelante, ese fue un grave error. No podemos coexistir con la maldad sin sufrir las consecuencias. Inevitablemente, si coexistimos con el enemigo, seremos contaminados. Por eso es que Dios advirtió a Israel una y otra vez mucho antes de que entraran a la tierra de Canaán, a que no hicieran pactos con el enemigo sino que lo destruyeran totalmente, Dt. 7:1-5. Sin embargo, Israel no prestó atención a las advertencias del Señor, y fue corrompido por el enemigo, sufriendo las consecuencias.
1:28 - “Pero cuando Israel se sintió fuerte hizo al cananeo
tributario, mas no lo arrojó.” Cuando aumentó su fuerza, los israelitas sometieron a los cananeos. En vez de destruir a los cananeos, como el Señor les había dicho, los israelitas los hicieron sus siervos. Aunque económicamente esto era productivo, espiritualmente era fatal.
Esto fue su ruina. Dios se enojó con Saúl porque Él le había dicho que destruyera completamente a los amalecitas, pero Saúl perdonó a Agag, el rey de los amalecitas, 1º S.15:1-11. ¡Nunca debemos establecer acuerdos con el enemigo natural o espiritual! En nuestra vida espiritual, debemos ser muy cuidadosos de no
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CAPÍTULO 1
permitir que los enemigos, que están dentro de nuestro corazón, permanezcan allí, cosas como el enojo, los celos, el rencor y el engaño.
La tribu de Efraín
1:29 - “Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba
en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer”. La tribu de Efraín, de igual forma, no poseyó toda su tierra ni destruyó a todos sus enemigos. Los de Efraín no fueron capaces de expulsar a los cananeos de la ciudad de Gezer, la cual era parte de su herencia, Jos. 16:1-10. Los cananeos habitaron entre ellos como tributarios, y no fue sino hasta muchos años después que David finalmente tomó por completo el control de la ciudad de los filisteos, 2º S. 5:25.
La tribu de Zabulón
1:30 - “Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en
Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario”. Así pues, los cananeos ocuparon muchas áreas de la tierra de Palestina, años después de la primera invasión. La tribu de Zabulón no pudo conquistar a sus enemigos.
La tribu de Aser
1:31-32 - “Tampoco Aser arrojó a los que habitaban en
Aco, ni a los que habitaban en Sidón, en Ahlab, en Aczib, en Helba, en Afec y en Rehob. Y moró Aser entre los
cananeos que habitaban en la tierra; pues no los arrojó”. Claramente, la intención del Señor era darle a Aser las áreas costeras de Fenicia, pero ellos no pudieron conquistar la tierra. Esta era la tierra de su herencia, Jos. 19:24-31. Aser habitó en la costa mediterránea desde Tiro hasta el monte Carmelo, pero no pudieron expulsar a sus enemigos. Los cananeos tomaron la delantera y eran más poderosos que la tribu de Aser.
La tribu de Neftalí
1:33 - “Tampoco Neftalí arrojó a los que habitaban en
Bet-semes, ni a los que habitaban en Bet-anat, sino que moró entre los cananeos que habitaban en la tierra; mas le fueron tributarios los moradores de Bet-semes y los moradores de Bet-anat”. La localización exacta de estos lugares es desconocida. La herencia de Neftalí, sin embargo, estaba situada al noroeste del mar de Galilea y al este de la herencia de Aser, Jos. 19:32-39.
La tribu de Dan
1:34 - “Los amorreos acosaron a los hijos de Dan hasta
el monte, y no los dejaron descender a los llanos”. Debido a que el territorio de los de Dan estaba casi exclusivamente en la planicie, los amorreos les impidieron entrar en su heredad. Esto, como vemos más adelante en Jueces capítulo 18, hizo que parte de la tribu de Dan buscara una herencia al norte de Palestina en Lais, la cual nombraron Dan, conforme al progenitor de la tribu.
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CAPÍTULO 1
1:35 - “Y el amorreo persistió en habitar en el monte de
Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando la casa de José cobró fuerzas, lo hizo tributario”. Parece que después las tribus más poderosas de Efraín y Manasés mantuvieron a los amorreos en sujeción.
1:36 - “Y el límite del amorreo fue desde la subida de
Acrabim, desde Sela hacia arriba”. La extensión del territorio de los amorreos era verdaderamente grande. Estos afligieron a Dan no sólo en el norte, sino también en el extremo sur de su tierra. Esto hace referencia a la línea sobresaliente y repentina de riscos en el área del mar Muerto hasta la roca en el desierto de Zin.
El ángel de Jehová en Boquim
En este pasaje tenemos el relato de un ángel enviado por el Señor para amonestar a los hijos de Israel. Con frecuencia en las Santas Escrituras, el Señor utilizó ángeles para comunicar Su voluntad a los hijos de los hombres. No debemos pensar que este es un evento extraordinario, ya que incluso en el Nuevo Testamento, el libro entero de Apocalipsis fue comunicado al apóstol Juan por un ángel. Esta porción de Jueces, al igual que otras porciones, parece traslaparse con el libro de Josué.2:1 - “El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y
dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurando a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros”. Cuando Israel cruzó el río Jordán por primera vez bajo la dirección de Josué, ellos llegaron a Gilgal. El Arca del Pacto
permaneció en Gilgal, la cual funcionó por un tiempo como la capital religiosa y administrativa de la nación, hasta que más tarde, Silo tuvo este honor, Jos. 18:1. En Josué 9:6; 10:6, 9, 15, 43 y 14:6, se menciona a Gilgal como el campamento del pueblo.
Se cree que el mismo ángel que fue delante de los hijos de Israel y los introdujo a la tierra, fue el que los reprendió en Boquim. A Boquim (que significa “llorones”) se le identifica a veces con Bet-el porque Alón-bacut, la encina del llanto, estaba allí. Génesis 35:8 dice: “Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut”.
2:2 - “Con tal que vosotros no hagáis pacto con los
moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?” Para mantener la pureza de su alabanza y de su ley, era esencial que la nación de Israel se separara de las naciones que eran paganas e idólatras. Aliarse traería como resultado una mezcla y no produciría el carácter de Dios en la vida de Su pueblo. Es un hecho que nos volvemos semejantes a aquello que adoramos.
Salmos 115:8 dice: “Semejantes a ellos [los ídolos] son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos”. A veces mis ojos espirituales han sido abiertos para ver diversas deidades paganas demoníacas, y ciertamente las personas que las adoran adquieren las características de esos demonios. Los ángeles caídos que gobiernan países musulmanes implantan su imagen en los seguidores del islam.
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CAPÍTULO 1
2:3 - “Por tanto, yo también digo: No los echaré de
delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero”. Aquí tenemos una lección espiritual de profunda importancia para nuestra vida. Aquello con lo que no tratamos en nuestra vida, se convierte en una atadura y en una espina en nuestro costado. Por lo tanto, no debemos permitir que permanezca en nuestra vida o en nuestro hogar nada que sea desagradable para el Señor. Si lo hacemos, se convertirá en un obstáculo severo para nosotros. Me refiero a cosas tales como programas impíos de televisión, revistas inapropiadas, fumar, alcohol y comer demasiado. De hecho, cualquier cosa que guíe nuestra vida y nos gobierne puede ser una atadura.
2:4 - “Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a
todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró”. Cuando el ángel los reprendió, los hijos de Israel lloraron. Existe la tristeza divina por el pecado, la cual es buena, como vemos en las palabras de Pablo en 2ª Corintios 7:10: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse...” Sin embargo, es discutible si los hijos de Israel verdaderamente se arrepintieron de sus pecados, ya que ciclos sucesivos de rebelión continuaron por muchos años. No hubo un fruto duradero de su dolor. El verdadero arrepentimiento significa cambio. Juan el Bautista enseñó a los pecadores que dieran frutos dignos de arrepentimiento, Mt. 3:8. Una y otra vez, he visto personas que lloran por su pecado pero nunca se arrepienten verdaderamente ni lo corrigen. Como resultado, pronto retroceden a sus viejas costumbres. Estoy seguro de que
hay muchos en el infierno hoy, que podrían decir: “Se nos dieron oportunidades para enmendar nuestro camino, pero no lo hicimos”.
2:5 - “Y llamaron el nombre de aquel lugar Boquim, y
ofrecieron allí sacrificios a Jehová”. El hecho de que los israelitas ofrecieran sacrificios al Señor en Boquim le da crédito a la creencia de que Boquim fue otro nombre para Bet-el, ya que fue en Bet-el donde los sacrificios fueron ofrecidos. Aparentemente el evento anterior tuvo lugar mientras Josué aún vivía, porque nuevamente leemos acerca de Josué en el versículo 6.
2:6 - “Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los
hijos de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla”. Este versículo comienza en el mismo punto en el cual cierra el libro de Josué: el último sermón de Josué al pueblo, advirtiendo claramente acerca de los peligros de la idolatría y de abandonar al Señor (ver el capítulo 24 de Josué).
Luego sigue una repetición de Josué 24:29-31, aunque no en orden perfecto. Sin embargo, la diferencia en secuencia es de poca importancia, excepto que muestra que el autor de Jueces debe haber estado muy familiarizado con el libro de Josué y, de hecho, pudo haber escrito ambos. Se cree que el profeta Samuel fue el autor de Jueces, y que también completó el libro de Josué.
2:7-8 - “Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo
de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las
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CAPÍTULO 1
grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. Pero murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años”. Josué probablemente debe haber muerto en el año 1375 a.C. Esto se calcula basándose en lo siguiente: Josué probablemente tenía aproximadamente la misma edad que Caleb (40 años) cuando fueron a espiar la tierra de Cades-barnea (1445 a.C.). Luego, setenta años después, Josué murió en la tierra de Canaán, alrededor del año 1375 a.C.
2:9 - “Y lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en
el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas”. Es notable que todos los patriarcas dieron instrucciones acerca de su lugar de sepultura. Sin excepción, todos ellos fueron enterrados en la tierra de su heredad.
El libro de Josué termina con el relato de Josué 24:32-33: “Y enterraron en Siquem los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien piezas de dinero; y fue posesión de los hijos de José. También murió Eleazar hijo de Aarón, y lo enterraron en el collado de Finees su hijo, que le fue dado en el monte de Efraín”.
Podemos concluir que nuestro lugar de sepultura tiene importancia. También es digno de atención el hecho de que los profetas que profetizaron de la Segunda Venida, Malaquías y Zacarías, y también Hageo, están todos sepultados en el monte de los Olivos. Cuando el Señor regrese, vendrá y afirmará Sus pies en el monte de los Olivos, Zac. 14:3-4.
2:10 - “Y toda aquella generación también fue reunida a
sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel”. La frase “reunida a sus padres” es una expresión que señala lo que sucede en la muerte. Cuando un cristiano muere, sus parientes le dan la bienvenida en el cielo, y ellos lo ayudan a entrar en la vida futura. A algunos les sorprende que en el cielo estaremos con aquellos con los que ministramos aquí en la tierra, si calificamos para estar en el mismo lugar. Dios ha abierto mis ojos para ver la realidad que al morir, nos unimos a aquellos con los que estamos unidos en la tierra. Por lo tanto, es importante que nos alineemos y tengamos compañerismo con aquellos que tienen una visión semejante, para que en la eternidad estemos en el lugar que el Señor ha designado para nosotros.
La frase “la generación que no conoció a José” es rememorativa del faraón que no conoció a José. Es significativo que muchos en el pueblo de Dios son influenciados y caminan rectamente en compañía de los piadosos, pero se extravían cuando se quedan solos. El rey Joás ilustra esto al máximo, como lo registra 2º Reyes 12:2: “Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada”. Joás hizo lo recto, mientras el piadoso sacerdote Joiada estuvo vivo. Sin embargo, cuando murió Joiada, Joás mató a Zacarías, hijo de Joiada.
2º Crónicas 24:22 dice: “Así el rey Joás no se acordó de la misericordia que Joiada padre de Zacarías había hecho
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CAPÍTULO 1
con él, antes mató a su hijo, quien dijo al morir: Jehová lo vea y lo demande”. Muy pocos pueden perseverar solos. Cuando su influencia piadosa los abandona, recurren a las sendas del pecado. Que nuestra fuente sea el Señor y no otros. No debemos vivir en la
experiencia de alguien más. No llegaremos al cielo por la justicia de otro. Debemos tener nuestra propia relación con el Señor. Muchos niños y adolescentes piensan que pueden caminar por las sendas del pecado, y que a pesar de eso estarán bien debido a que sus padres son cristianos. Pero la Palabra de Dios es clara que no podemos llegar al cielo por la experiencia de otra persona.
Ezequiel 18:20 deja claro esto: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”. Aquellos que pecaren morirán. Aquellos que hagan lo recto vivirán y tendrán vida eterna.
“...Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel”. Cada generación debe avanzar con Dios, porque Dios avanza constantemente. Los hijos de Israel experimentaron un mover y un avivamiento frescos en los días de Josué, pero después de que él murió, dejaron de avanzar. Como resultado, no conocieron al Señor ni la obra que Dios había hecho por Israel.
No llegaremos al cielo por la justicia
de otro. Debemos tener nuestra propia relación con
También es muy importante que no vivamos en las experiencias de ayer. A los hijos de Israel se les prohibió comer maná del día anterior, Ex. 16:19. Tenían que comer maná fresco cada día. Aquellos que comieron maná viejo perecieron. Es igual con nosotros como creyentes. Los momentos de testimonios son maravillosos, pero a menudo las personas dan su testimonio de lo que Dios hizo por ellos hace veinte años. La pregunta es: ¿Qué ha hecho Dios por tí hoy? ¿Tienes una relación progresiva con el Señor? ¿Te has encontrado con el Señor hoy?
No debemos ser como la iglesia de Sardis en Apocalipsis 3:1-3. Esta iglesia tenía nombre de que vivían, pero estaban muertos. Estaban viviendo en la gloria de su maravilloso pasado, pero cuando el Señor se dirigió a ellos, estaban muertos espiritualmente. El rey Joás caminó con Dios en los días de Joiada, pero después no continuó caminando con el Señor. ¡Hoy debemos vivir nuestra vida para Jesús!
La historia de los hijos de Israel
durante el periodo de los Jueces
2:11 - “Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante
los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales”. Debido a que los israelitas no obedecieron el mandamiento del Señor de destruir todos sus enemigos en la tierra, ellos aprendieron de sus costumbres paganas y sirvieron a sus dioses paganos, especialmente a Baal, el dios de la fertilidad. Dios le advirtió a Israel en Deuteronomio 7:4
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CAPÍTULO 1
que si ellos no destruían las naciones paganas “ellos apartarán a tus hijos de seguirme para servir a otros dioses; entonces la ira del SEÑOR se encenderá contra ti, y Él pronto te destruirá” (LBLA).
2:12 - “Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los
había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová”. Al alejarse del único y verdadero Dios, los israelitas provocaron al Padre de luz y vida, en cuya mano descansa el universo entero. Provocaron a ira al Señor, y Él se convirtió en enemigo de ellos, en vez de amigo.
2:13 - “Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a
Astarot”. Astarot (forma plural de Astoret) era la diosa cananea de la fertilidad, el amor y la guerra, 1º S. 7:3; 1º R. 11:5. De acuerdo con la mitología cananea, Astarot era la esposa de Baal, el dios de la fertilidad. El paganismo está asociado con la inmoralidad sexual más vil y extrema, porque adoran a demonios que provocan esos pensamientos, ideas y prácticas.
2:14 - “Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el
cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos”. El deseo de Dios es bendecir y satisfacer a Su pueblo con la fertilidad de la tierra. Sin embargo, cuando desobedecemos, en Su bondad Él levanta enemigos y saquea nuestras siembras y nuestra cosecha para que clamemos a Él en arrepentimiento.
2:15 - “Por dondequiera que salían, la mano de Jehová
estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción”. Esto es en referencia a los pasajes de la ley, como está registrado en Levítico 26:14,17: “Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, ... Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga”. Pero en Su infinita misericordia, el Señor tuvo compasión de ellos cuando se arrepintieron.
2:16 - “Y Jehová levantó jueces que los librasen de
mano de los que les despojaban”. Este libro se llama el libro de los Jueces porque se trata principalmente de los jueces que Dios levantó para librar a Su pueblo del cautiverio. Registra las hazañas de rescate de trece hombres de poder.
2:17 - “Con todo no escucharon a sus jueces, porque se
prostituyeron siguiendo a otros dioses, y se postraron ante ellos. Se apartaron pronto del camino en que sus padres habían andado en obediencia a los mandamientos del SEÑOR; no hicieron como sus padres” (LBLA). Desafortunadamente, en raras ocasiones la humanidad aprende de la historia y de experiencias pasadas. Después de ser liberados por un juez, los hijos de Israel se apartaban nuevamente, y el círculo completo de juicio, arrepentimiento, liberación y restauración comenzaba otra vez.
La frase “se prostituyeron siguiendo a otros dioses” ilustra la actitud de Dios hacia aquellos que cometen el pecado
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CAPÍTULO 1
de idolatría. Los idólatras están clasificados como infieles de la misma manera que una persona casada que comete adulterio es llamada ramera.
2:18 - “Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová
estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían”. Como ya hemos observado, estos hombres llamados jueces eran diferentes a los jueces de los tiempos modernos. Aquellos hombres eran líderes militares. Después que derrotaban a sus enemigos, se convertían en gobernadores del territorio que les era asignado por Dios. Estos jueces eran levantados a instancia del pueblo, cuando clamaban al Señor para que los liberara de las crueles y opresoras naciones extranjeras, las cuales, en realidad, habían sido levantadas por Dios para afligirlos para su bien.
2:19 - “Mas acontecía que al morir el juez, ellos volvían
atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino”. El oficio de un juez no era hereditario como lo fue con los últimos reyes de Judá. Los jueces eran elegidos por Dios para ejercer su oficio solamente durante su vida y el manto no era transferido a sus hijos. Cuando el juez moría, no había nadie que refrenara a los hijos de Israel y ellos regresaban a sus caminos de prostitución. Esto es típico en muchas personas. Cuando no hay restricciones de los padres o de la iglesia, las personas a menudo se van a los caminos del mundo. Por lo tanto, los hijos de
Dios, especialmente los jóvenes, necesitan supervisión estricta, que los guíe por los caminos de Dios.
2:20 - “Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y
dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obedece a mi voz...” La ira divina de Dios es real. No es cólera, más bien es un flujo controlado. A veces he sentido esta ira divina del Señor fluir a través de mis venas en contra de aquellos que obran iniquidad. Fluye desde el mismo trono del Altísimo, como lava caliente y líquida, cuando Su longanimidad se ha agotado.
2:21 - “...Tampoco yo volveré más a arrojar de delante
de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió...” Debido a que los hijos de Israel no atendieron a la voz del Señor, el Señor les negó el permiso para que tuvieran reposo. En lugar de eso, Él preservó las naciones que no fueron sacadas de la tierra durante el tiempo de Josué. Esas naciones están registradas en Jueces 3:3.
2:22 - “...Para probar con ellas a Israel, si procurarían
o no seguir el camino de Jehová, andando en él, como lo siguieron sus padres”. Así, a veces el Señor permite que venga la tentación a nuestra vida para probarnos y examinarnos, y ver si hay algún camino de maldad en nosotros que nos aleje de la santidad de Dios.
2:23 - “Por esto dejó Jehová a aquellas naciones, sin
arrojarlas de una vez, y no las entregó en mano de Josué”. De este versículo podemos deducir que las rebeliones y el tiempo de los Jueces se traslaparon con la vida de Josué. Así, presentamos una cronología de
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CAPÍTULO 1
eventos que de ninguna manera son simples. Pablo declara en Hechos 13:20 que Israel sufrió cuatrocientos años bajo la cautividad egipcia y luego cuarenta años en el desierto seguidos de diez años hasta el tiempo de los jueces. Basándonos en esto vemos que Josué debe haber estado con vida en el tiempo del primer juez, Otoniel. Lo importante a entender aquí es que Dios les dio a los israelitas períodos de reposo durante el reinado de los Jueces, pero era un reposo temporal. Reposo, en este sentido, significa cese de guerra. El deseo y la meta de Dios desde el principio era darle a Israel toda la tierra de Canaán y sacar de ella a todos los enemigos. Dios quería que Israel morara en la tierra en reposo, sin enemigos. Sin embargo, aunque Josué introdujo a Israel en la Tierra Prometida y venció a muchas de las naciones de la región, él nunca llevó a Israel a un reposo completo. Él no destruyó a todos los enemigos de la tierra.
Leemos en Hebreos 4:4-6, 8-9: “Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia... Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios”.
Por lo tanto, cuando leemos que los israelitas disfrutaron un tiempo de reposo durante el período de los Jueces, debemos recordar que éste fue temporal debido a su desobediencia, y que no fue el reposo pleno que Dios les
había prometido. Fue el rey David quien llevó a Israel al reposo total al derrotar a todos los enemigos en la tierra. Esto tiene gran importancia espiritual para el creyente. Pablo dijo en Hebreos 4:9: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios”. Existe un reposo espiritual interno y el Señor quiere que cada creyente entre en él. Este reposo nos habla de cesar de hacer nuestras propias obras.
Así como el Señor descansó de Sus obras en el séptimo día, llamado el día de reposo, así Él quiere que cesemos de nuestras propias obras y que entremos en el día de reposo espiritual. El Señor dijo en Isaías 58:13: “Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras...”
Para entrar en el reposo, debemos dejar de esforzarnos en hacer nuestras propias obras y permitirle al Señor que Él obre en y a través de nosotros. También debemos tratar con todos y cada uno de los enemigos que hay en nuestra vida. Recordemos que todas las naciones de la Tierra Prometida hablan de diversas áreas de pecado y rebelión en nuestra vida, y queremos cercenar esos pecados y sacarlos de nuestro corazón. Esforcémonos, amados, para entrar en este bendito reposo, como Pablo nos exhorta en Hebreos 4:11: “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia”.
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CAPÍTULO 1
Las naciones que
fueron dejadas en la tierra
3:1 - “Estas, pues, son las naciones que dejó Jehová para
probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas las guerras de Canaán...” El Señor permitió que las naciones paganas se quedaran en la tierra para enseñarles el arte de la guerra a todos los hombres jóvenes que no habían participado en el servicio activo en las batallas en contra de los cananeos. Estas naciones fueron reservadas para ese propósito específico. Es también por esta razón que el Señor ha dejado a Satanás aquí en la tierra, aun cuando Él ya lo venció en la cruz. El Señor quiere que Su pueblo aprenda la guerra espiritual, y no podemos aprender a pelear si no tenemos un enemigo.
3:2 - “...Solamente para que el linaje de los hijos de
Israel conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían conocido...” Una de las primeras lecciones que los hijos de Israel tuvieron que aprender fue que la batalla no dependía del poder y la fuerza de sus soldados, sino del Señor. La victoria, como dijo el Señor en Zacarías 4:6, no es “Ni con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”. En 2º Crónicas 16:9 se le dijo al rey Asa: “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él”.
3:3 - “...Los cinco príncipes de los filisteos, todos los
monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Hamat”. Ahora se nos da una lista de las naciones que fueron dejadas en la tierra. Este pasaje se entiende si se relaciona con Josué 13:2-5: “Esta es la tierra que queda: todos los territorios de los filisteos, y todos los de los gesureos; desde Sihor, que está al oriente de Egipto, hasta el límite de Ecrón al norte, que se considera de los cananeos; de los cinco príncipes de los filisteos, el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo y el ecroneo; también los aveos; al sur toda la tierra de los cananeos, y Mehara, que es de los sidonios, hasta Afec, hasta los límites del amorreo; la tierra de los giblitas, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baalgad al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat”. Había muchos territorios y pueblos que los israelitas no conquistaron, así como también muchas naciones a las que no sometieron, que habitaban en medio de ellos.
3:4 - “Y fueron para probar con ellos a Israel, para saber
si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él había dado a sus padres por mano de Moisés”. Aquí hay otra razón por la cual el Señor no quitó a esas naciones: Él estaba probando a Israel para ver si guardarían Sus mandamientos. Pero como veremos ahora, ellos fallaron esta prueba.
3:5-6 - “Así los hijos de Israel habitaban entre los
cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. Y tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses”. Los israelitas hicieron justamente los que Dios les había prohibido hacer en Deuteronomio 7:3-4: “Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. Porque desviará a tu
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CAPÍTULO 1
hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto”. Debido a los matrimonios de los hijos de Israel con personas de los pueblos paganos de la tierra, la nación entera de Israel se alejó de Dios para servir al paganismo.
Es por esa razón que Pablo advierte en 2ª Corintios 6:14: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” Los matrimonios con aquellos que sirven a otros dioses siempre alejan el corazón del pueblo de Dios. Fueron sus esposas, que servían a dioses paganos, quienes apartaron el corazón del rey Salomón del único Dios verdadero. Leemos en 1º Reyes 11:4: “Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos...”
El tema del matrimonio es muy importante. En la iglesia donde yo pastoreo, y en nuestra hermandad de iglesias, enfatizamos en elegir la pareja correcta para el matrimonio. Durante mis cuarenta años en el ministerio, he visto las terribles angustias de los que no se casan con aquella persona que es la elección de Dios. Nuestro cónyuge puede llevarnos al camino del Señor o alejarnos de servir al Señor. Los padres y los pastores juegan un papel muy importante en determinar con quién se casa un hijo o una hija. Deben buscar cómo proteger al joven de casarse con la persona equivocada. Los hijos no siempre escuchan a sus padres o a sus pastores, sin embargo, la decisión de un hijo está profundamente influenciada por el consejo de ellos.
3:7 - “Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo en ojos de
Jehová: y olvidados de Jehová su Dios, sirvieron á los Baales, y a los ídolos de los bosques” (RV1909). En los bosques era donde se levantaban los ídolos. Allí se practicaban toda clase de actos de inmoralidad asociada con la idolatría.
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C
APÍTULO
2
OTONIEL
3:8-11
3:8 - “Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y
los vendió en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Cusan-risataim ocho años”. El título o nombre de este gobernador significa “Cusan de doble iniquidad” o “Cusan doblemente impío”. Muy probablemente, este era un epíteto que se añadió debido a su terrible reputación. ¿Le gustaría ser conocido por su gran maldad? Todos queremos brillar como luces en el mundo y tener la reputación de hombres y mujeres de Dios, íntegros.
El cruel rey de Mesopotamia, el cual fue hecho señor de Israel, los oprimió grandemente. Mesopotamia es el territorio entre los ríos Tigris y Eufrates, y fue también región de Asiria y Babilonia.
Para comenzar este estudio de los ciclos de rebelión, represión, arrepentimiento y reposo, debemos comprender que todo poder y autoridad son ordenados por Dios. Romanos 13:1 dice: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”.