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Aspectos no universales de la transición plástica en sólidos amorfos.

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Academic year: 2021

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(1)CARRERA DE MAESTR´IA EN CIENCIAS F´ISICAS. ´ ASPECTOS NO UNIVERSALES DE LA TRANSICION ´ ´ PLASTICA EN SOLIDOS AMORFOS. I. Fern´ andez Aguirre. Dr. E. Jagla Director. Miembros del Jurado Dr. S. Bouzat (Centro At´omico Bariloche, CONICET, CNEA) Dr. S. Bustingorry (Centro At´omico Bariloche, CONICET, CNEA) Dr. E. Urdapilleta (Instituto Balseiro, Centro At´omico Bariloche, CONICET, CNEA). Noviembre de 2017. Teor´ıa de la Materia Condensada - Centro At´omico Bariloche. Instituto Balseiro Universidad Nacional de Cuyo Comisi´on Nacional de Energ´ıa At´omica Argentina.

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(3) A Alejandra por ser semilla de todo esto, a mi novia por acompa˜ narme cada d´ıa, a mi familia por apoyarme, a mis abuelos por creer en m´ı, a mis amigos por todas las alegr´ıas y a todo aquel que me sac´o una sonrisa..

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(5) ´Indice de s´ımbolos S´ımbolos y letras especiales: γ: Deformaci´on del sistema. γ: ˙ Tasa de deformaci´on del sistema. Σ: Tensi´on o esfuerzo macrosc´opicol. σ: Tensi´on o esfuerzo local. S: Ca´ıda de tensi´on en el sistema. Tama˜ no de avalancha. T : Duraci´on de avalancha β: Exponente de flujo τ : Exponente que caracteriza la distribuci´on de avalanchas df : Dimensi´on fractal de las avalanchas z: Exponente din´amico p: Exponente que relaciona la duraci´on de avalanchas con su tama˜ no φ: Exponente que caracteriza la estabilidad del sistema con el tama˜ no del mismo θ: Exponente de la distribuci´on de distancias a la inestabilizaci´on H: Exponente de Hurst Abreviaturas: DFA:Detrended Fluctuation Analysis MEP: Modelo Elasto-Pl´astico PT: Prandtl-Tomlinson. v.

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(7) ´Indice de contenidos ´Indice de s´ımbolos. v. ´Indice de contenidos. vii. ´Indice de figuras. ix. Resumen. xi. Abstract. xiii. 1. S´ olidos amorfos y su respuesta mec´ anica. 1. 1.1. Modelos y enfoques . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 2. 1.2. Fenomenolog´ıa General . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 3. 1.2.1. Efecto del tama˜ no de los componentes . . . . . . . . . . . . . .. 3. 1.2.2. Efectos t´ermicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 3. 1.3. Din´amica Microsc´opica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 5. 1.3.1. Reacomodamientos Locales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 5. 1.3.2. Efectos no locales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 7. 1.3.3. Propagador el´astico ideal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 7. 1.3.4. Desorden y Reacomodamientos del sistema . . . . . . . . . . . .. 8. 1.4. Objetivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 9. 2. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional 11 2.1. Modelo tensorial para la descripci´on de la plasticidad en s´olidos amorfos. 12. 2.2. Modelo escalar para la descripci´on de la plasticidad en s´olidos amorfos. 15. 2.2.1. Potenciales de Reorganizaci´on . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 17. 2.3. Implementaci´on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 18. 2.4. Resultados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 19. 2.4.1. Curva de flujo pl´astico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 20. 2.4.2. Din´amica de avalanchas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 22. vii.

(8) viii. ´Indice de contenidos. 3. Interpretaci´ on en campo medio de la transici´ on pl´ astica en s´ olidos amorfos 3.1. Interacciones de largo alcance como una puerta al campo medio . . . . 3.2. La transici´on pl´astica como un modelo de Prandtl-Tomlinson . . . . . . 3.2.1. Part´ıculas independientes forzadas uniformemente . . . . . . . . 3.2.2. Part´ıculas independientes forzadas estoc´asticamente . . . . . . . 3.3. An´alisis num´erico del exponente de Hurst para el modelo de deformaci´on pl´astica en s´olidos amorfos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3.3.1. Estad´ıstica de los incrementos de tensi´on causados por avalanchas independientes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3.3.2. Exponente de Hurst del modelo completo . . . . . . . . . . . . . 4. La din´ amica microsc´ opica detr´ as de las diferencias de exponentes 4.1. Exponentes din´amicos y exponentes est´aticos . . . . . . . . . . . . . . . 4.1.1. Tiempos caracter´ısticos de las transformaciones pl´asticas . . . . 4.1.2. Efectos de tama˜ no de sistema asociados al exponente din´amico . 4.2. Relaciones de hiper-escala asociadas al problema de plasticidad en s´olidos amorfos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3. Universalidad en el problema de la transici´on pl´astica en s´olidos amorfos. 37 37 38 40 40 43 43 46 49 49 50 52 54 57. 5. Conclusiones, un resumen por las particularidades de la transici´ on pl´ astica en s´ olidos amorfos 59 A. Informaci´ on suplementaria del Cap´ıtulo 2 61 A.1. An´alisis del m´etodo utilizado para la determinaci´on del exponente de flujo 61 A.2. An´alisis de normalizaci´on de distribuciones . . . . . . . . . . . . . . . . 63 B. Informaci´ on suplementaria del Cap´ıtulo 3 B.1. DFA: Detrended Fluctuation Analysis . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 65 65. Bibliograf´ıa. 67. Agradecimientos. 73.

(9) ´Indice de figuras 1.1. Curva de flujo pl´astico t´ıpica de los s´olidos amorfos . . . . . . . . . . .. 4. 1.2. Esquema de la din´amica de deformaci´on para s´olidos cristalinos . . . .. 6. 1.3. Din´amica pl´astica microsc´opica para s´olidos amorfos. . . . . . . . . . .. 7. 2.1. Definici´on de los tres modos de deformaci´on . . . . . . . . . . . . . . .. 13. 2.2. Esquema de la deformaci´on que sufre el sistema bajo cargas en e2 . . .. 14. 2.3. Potenciales de desorden estudiados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 18. 2.4. Esquema de la implementaci´on num´erica del modelo . . . . . . . . . . .. 19. 2.5. Curva de flujo obtenida para los dos potenciales en escala lineal . . . .. 21. 2.6. Curva de flujo referida al valor cr´ıtico, obtenida para los dos potenciales en escala doble logar´ıtmica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 22. 2.7. Din´amica microsc´opica de la tensi´on del sistema y el n´ umero de transformaciones pl´asticas para velocidades de deformaci´on constantes . . .. 23. 2.8. Correlaci´on entre el n´ umero de transformaciones pl´asicas y la ca´ıda de tensi´on en el sistema . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 24. 2.9. Criterio para la deteminaci´on de tiempo y tama˜ no de avalancha . . . .. 25. 2.10. Distribuci´on de avalanchas con su ajuste para ambos potenciales. . . .. 27. 2.11. Exponente τ en funci´on del tama˜ no del sistema . . . . . . . . . . . . .. 28. 2.12. Mapa de deformaci´on relativa resultante de una avalancha . . . . . . .. 29. 2.13. Ajuste de la dimensi´on fractal para ambos potenciales usando Smax . .. 30. 2.14. Ajuste de la dimensi´on fractal para ambos potenciales usando Sm . . .. 31. 2.15. Ajuste del exponente p para ambos potenciales . . . . . . . . . . . . . .. 32. 2.16. Ajuste del exponente φ para ambos potenciales . . . . . . . . . . . . .. 34. 3.1. Esquema del modelo de Prandtl-Tomlinson a estudiar . . . . . . . . . .. 39. 3.2. Dependencia del ruido cumulativo ξH con el exponente de Hurst . . . .. 42. 3.3. Aproximaci´on de potenciales en el entorno de su punto de m´axima fuerza 43 3.4. Esquema de la sumulaci´on desarrollada para evaluar incrementos de tensi´on producidos por avalanchas independientes . . . . . . . . . . . . . .. 44. 3.5. Distribuci´on de incrementos de tensi´on resultante de avalanchas independientes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 45. ix.

(10) x. ´Indice de figuras 3.6. Se˜ nales temporales definidas por las interaciones del sistema para los modelos trabajados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3.7. An´alisis DFA de los distintos modelos trabajados. . . . . . . . . . . . .. 46 47. 4.1. Esquema de la inestabilizaci´on de los sitios para los potenciales estudiados 4.2. Esquema de la distribuci´on radial de sitios y el decaimiento de las interaciones alrededor de un sitio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3. Duraci´on de avalanchas en funci´on de su tama˜ no para distintos tama˜ nos de sistema, para ambos potenciales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.4. Normalizaci´on de los tiempos de avalancha para sistemas de distito tama˜ no y con potencial Suave . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 50. A.1. Dependencia del exponente de flujo con el valor de esfuerzo cr´ıtico . . . A.2. An´alisis de residuos para al determinaci´on de la incerteza en el valor del exponente de flujo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A.3. Normalizaci´on de las distribuciones de tama˜ nos de avalancha para distinto tama˜ no de sistema, para ambos potenciales . . . . . . . . . . . . .. 62. 53 54 55. 63 64.

(11) Resumen Se estudia el comportamiento cr´ıtico de los s´olidos amorfos en el entorno de su transici´on pl´astica. En particular se busca analizar la dependencia de los exponentes cr´ıticos con las caracter´ısticas del desorden propuestas para el sistema. En primer lugar se utilizan modelos mesosc´opicos de tipo elasto-pl´asticos para analizar num´ericamente el flujo pl´astico y la subyacente din´amica microsc´opica de avalanchas que lo determina. Como resultado se observa una separaci´on de los exponentes din´amicos que describen la transici´on de fase, dependiente del tipo de potencial utilizado para modelar el desorden. Este fen´omeno se explica en funci´on de variaciones en los tiempos caracter´ısticos que toman los procesos de deformaci´on microsc´opicos. Como conclusi´on se determina la no universalidad de la transici´on pl´astica para s´olidos amorfos. Adicionalmente se desarrollan argumentos anal´ıticos para explicar este resultado. Aproximando las interacciones internas como un campo medio din´amico se logra reproducir de forma consistente los resultados obtenidos en el modelo completo para el exponente din´amico de flujo.. ´ PLASTICA, ´ ´ Palabras clave: TRANSICION SOLIDOS AMORFOS, MODELO ELASTO´ PLASTICO. xi.

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(13) Abstract. The critical behavior of amorphous solids close to the yielding transition is investigated. The work focuses on the dependence of the critical exponents with the disorder in the system. First of all, a mesoscopic elastoplastic model is used to analyze numerically the plastic flow and its corresponding microscopic dynamics of avalanches. As a result, it is obtained that the dynamic exponents differ depending on the type of potential used to model the disorder. It is argued that this phenomenon can be explained taking into account variations of the characteristic times of the microscopic deformation process. It is concluded that the yielding transition does not belong to a single universality class. Additionally, analytic arguments are developed to support these results. Considering the elastic interactions in a dynamic mean field approximation the results obtained in the full model for the flow exponent are reproduced consistently.. Keywords: YIELDING TRANSITION, AMORPHOUS SOLIDS, ELASTO-PLASTIC MODELS xiii.

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(15) Cap´ıtulo 1 S´ olidos amorfos y su respuesta mec´ anica Mayonesa, pasta de dientes, gel para el cabello, espuma de cerveza, concreto h´ umedo, crema, espuma de afeitar. . . y la lista podr´ıa hacerse a´ un m´as extensa. ¿Qu´e tienen en com´ un estos materiales? ¿Qu´e comparten adem´as de pertenecer a nuestra vida cotidiana? A primera vista parecer´ıa que nada. Sin embargo todos exhiben un comportamiento bastante particular. Todos estos materiales son capaces de deformarse, y hasta fluir, si se les aplica un esfuerzo suficientemente grande, pero de no ser as´ı preservan su forma. Es por eso, por ejemplo, que uno puede dejar espuma de afeitar sobre su mano y su propio peso no ser´a suficiente para deformarla, pero al mismo tiempo puede f´acilmente esparcirla por su cara. Generalmente conocidos como s´olidos amorfos o desordenados, este tipo de materiales tienen como caracter´ıstica en com´ un la que su nombre indica: su estructura es desordenada, es decir, no presentan un patr´on regular a ninguna escala (al igual que un l´ıquido) pero en la pr´actica son s´olidos. Es esta falta de orden la que permite un estado estacionario de flujo simple y mucho menos dependiente de la preparaci´on del material y su historia previa, en comparaci´on con los s´olidos cristalinos (los cuales presentan una estructura microsc´opica bien definida). La gran variedad de estos materiales, su presencia en muchos objetos cotidianos, as´ı como tambi´en su utilizaci´on en desarrollos tecnol´ogicos (como en el caso de los vidrios met´alicos), los hace de gran inter´es industrial. Como consecuencia, la predicci´on de su respuesta mec´anica bajo la acci´on de cargas es extremadamente importante. Sin embargo el inter´es por el flujo pl´astico de los s´olidos amorfos no se limita al a´mbito industrial y de aplicaciones. Con impacto en el entendimiento de din´amicas fuera de equilibrio y Sistemas Cr´ıticos Auto Organizados (entre otros t´opicos de f´ısica fundamental), es un problema que despierta gran inter´es en el campo de la F´ısica Estad´ıstica. 1.

(16) 2. S´ olidos amorfos y su respuesta mec´ anica. De esta forma el problema de la fluencia de los s´olidos amorfos es un tema que ha generado una extensa y variada cantidad de literatura cient´ıfica. Pese a ello muchas preguntas quedan aun por responder. Principalmente esto se debe a que t´ıpicamente su estudio involucra ecuaciones diferenciales acopladas en presencia de elementos estoc´asticos (debido a la naturaleza desordenada de los materiales), lo que imposibilita resolver el problema de forma exacta.. 1.1.. Modelos y enfoques. En el marco de las complejidades relatadas, existen diferentes formas de encarar el problema. La primera consiste en buscar leyes emp´ıricas en funci´on de estudios experimentales. Este es un enfoque totalmente macrosc´opico. La segunda consiste en un modelado de primeros principios de los constituyentes del material (utilizando t´ecnicas como la din´amica molecular), lo que constituye un enfoque microsc´opico del problema. Una opci´on intermedia consiste en proponer modelos mesosc´opicos. Este u ´ltimo acercamiento, que ser´a el adoptado en el presente trabajo, intenta obviar los detalle microsc´opicos del problema suponi´endolo compuesto por unidades elementales, de una escala mayor, que en su din´amica conjunta describen la fenomenolog´ıa macrosc´opica del problema. Dependiendo el campo de investigaci´on y las motivaciones subyacentes, existen distintos tipos de modelos mesosc´opicos. En un extremo se encuentran los utilizados en ciencia de materiales, t´ıpicamente complejos y con muchos par´ametros, ecuaciones y reglas, que buscan recrear de la forma m´as exacta posible el comportamiento de materiales reales. De forma opuesta los modelos usados t´ıpicamente en f´ısica estad´ıstica suelen ser m´as sencillos y pretenden describir din´amicas m´as generales con un espacio de variables reducido. En un punto medio existe un grupo de modelos llamados ”modelos elasto-pl´asticos”, los cuales presentan una gran versatilidad. Si bien est´an orientados a describir aspectos generales de la fenomenolog´ıa de los s´olidos amorfos, a la vez son suficientemente complejos y tienen la suficiente cantidad de par´ametros como para caracterizar la din´amica de un material particular. Surgen de considerar al sistema como un ensamble de unidades mesosc´opicas que alternan entre un r´egimen el´astico y una relajaci´on pl´astica, a la vez que interact´ uan entre s´ı. Dada su escala intermedia, funcionan como un nexo entre las visiones microsc´opicas y macrosc´opicas del problema..

(17) 1.2 Fenomenolog´ıa General. 1.2.. 3. Fenomenolog´ıa General. Para poder desarrollar un modelo adecuado que permita recrear los comportamientos observados experimentalmente se debe empezar por comprender la fenomenolog´ıa buscada. Sin embargo existen muchos aspectos de la misma que est´an fuertemente condicionados por caracter´ısticas propias de cada sistema. En esta secci´on desarrollaremos dos aspectos fundamentales de los s´olidos amorfos que resultan en fenomenolog´ıas distinguibles. Ser´a en funci´on de ellas que acotaremos nuestro estudio y definiremos m´as adelante nuestros modelos.. 1.2.1.. Efecto del tama˜ no de los componentes. Si nos centramos en la respuesta mec´anica ante deformaciones, los s´olidos amorfos se presentan como sistemas bastante peculiares. Desde un punto de vista general no son ni perfectos s´olidos ni l´ıquidos simples. En funci´on de cuan cercanos se encuentran en su comportamiento a un caso u otro, t´ıpicamente se los puede clasificar en dos categor´ıas: materiales suaves o duros. Los suaves, que ser´an de inter´es en nuestro estudio, est´an formados en gran medida por l´ıquido y parecen blandos. Pese a ello en reposo conservan su forma, por ejemplo, frente a la fuerza gravitatoria u ofreciendo resistencia el´astica a cargas aplicadas. Al mismo tiempo si se aplican esfuerzos suficientemente grandes fluyen f´acilmente. Algunos ejemplos son las espumas y emulsiones, que consisten en burbujas y gotitas dispersas en una fase l´ıquida las cuales soportan su forma a trav´es de la tensi´on superficial. Tambi´en lo son, por otro lado, los vidrios coloidales: suspensiones de part´ıculas s´olidas de menos de un micr´on de tama˜ no y suficientemente livianas como para que la agitaci´on browniana ayude a mantener la forma del sistema. En el otro extremo se encuentran los materiales duros. Su nombre se debe a que exhiben m´odulos el´asticos mayores, en gran medida por el menor tama˜ no de sus componentes. Ejemplos de ellos son o´xidos de vidrios met´alicos y pol´ımeros v´ıtreos. Pese a que tambi´en pueden deformarse pl´asticamente frente a esfuerzos suficientemente grande, estos materiales presentan t´ıpicamente una tensi´on de ruptura.. 1.2.2.. Efectos t´ ermicos. Otra forma de caracterizar a los s´olidos amorfos es en funci´on de la importancia que los efectos t´ermicos tienen en su din´amica. En funci´on de ello es posible distinguir dos clases de materiales: t´ermicos y at´ermicos. Para los prop´ositos de este estudio limitaremos nuestra discusi´on a los u ´ltimos dado que presentan una mayor simplicidad. En general se dice que un sistema es at´ermico cuando los constituyentes son suficientemente grandes como para poder despreciar el efecto Browniano (es decir las.

(18) 4. S´ olidos amorfos y su respuesta mec´ anica. fluctuaciones t´ermicas). A la hora de estudiar la din´amica, dicha caracter´ıstica determina que solo a trav´es de la acci´on de una carga externa el sistema puede generar cambios en su configuraci´on. En esta categor´ıa se encuentran las suspensiones granulares densas, espumas, emulsiones, etc. (a diferencia de los vidrios de pol´ımero, los geles coloidales o los vidrio met´alicos). Para los sistemas at´ermicos se observan claramente dos reg´ımenes caracter´ısticos: para esfuerzos externos peque˜ nos una respuesta el´astica, es decir reversible, mientras que para cargas mayores una respuesta pl´astica, irreversible. El punto que los separa recibe el nombre “valor de tensi´on cr´ıtico”. Por su parte, la forma funcional con la que crece la tasa de deformaci´on por encima del valor cr´ıtico esta bien definida y puede ser descrita por la Ley de Herschel-Bulkley [1]: Σ = Σc + γ˙ 1/β. (1.1). donde γ˙ es la tasa de deformaci´on del sistema, Σ es la tensi´on macrosc´opica (y correspondientemente Σc el valor cr´ıtico de ella) y β es el llamado “exponente de flujo” que se encuentra mayor a cero. Este comportamiento es el representado en la Figura 1.1.. Figura 1.1: Se muestra la curva de flujo t´ıpica de los s´olidos amorfos at´ermicos, destac´andose la presencia de un valor cr´ıtico de esfuerzo por debajo del cual no se puede deformar pl´asticamente al material. En particular se compara el comportamiento que exhiben estos materiales con el de los fluidos viscosos: se muestra como estos u ´ltimos se diferencian de los s´olidos amorfos por presentar velocidades de deformaci´ on finita para cualquier valor de esfuerzo aplicado, pese a poder tener una mayor resistencia a fluir pl´asticamente. Las ejemplos mostrados son solo a modo ilustrativo.. La transici´on entre la respuesta el´astica t´ıpica de los s´olidos y la deformaci´on pl´astica irreversible, que ocurre al valor Σc , es conocida como transici´on pl´astica. En particular dado que es producto de un esfuerzo aplicado externo, ´esta no es una transici´on usual (en equilibrio termodin´amico) sino que est´a englobada dentro de las denominadas transiciones din´amicas..

(19) 1.3 Din´amica Microsc´opica. 1.3.. 5. Din´ amica Microsc´ opica. Hasta el momento nos hemos concentrado en los aspectos macrosc´opicos de la din´amica, sin prestar mayor atenci´on a los mecanismos internos que la determinan. En parte esto se ha hecho para ganar una mayor intuici´on acerca de estos materiales. Sin embargo para entender en profundidad el comportamiento macrosc´opico debemos ahora focalizarnos en analizar la din´amica microsc´opica. Para abordar el tema empecemos por considerar una espuma o un vidrio met´alico bajo la acci´on de una carga que genere una tasa de deformaci´on constante en el tiempo. Mientras la intuici´on podr´ıa indicarnos que la evoluci´on del esfuerzo aplicado deber´ıa ser suave, la realidad muestra que suele ser fluctuante, parecida a un diente de sierra [2, 3]. De hecho, este comportamiento es m´as acentuado cuanto menores son las tasas de deformaci´on impuestas. ¿Qu´e es lo que da estas variaciones bruscas de tensi´on? Durante el flujo pl´astico de los s´olidos amorfos se acumula energ´ıa potencial en el material en forma de tensi´on el´astica. Sin embargo dicha acumulaci´on no es sostenida en el tiempo. Pronto el material supera un umbral y la energ´ıa se libera. Es entonces durante la relajaci´on del material donde ocurren las deformaciones irreversibles. Como resultado se da una ca´ıda en la tensi´on global del sistema que deriva en la din´amica tipo diente de sierra. En efecto, este fen´omeno por el cual el sistema es cargado hasta llegar a un punto de quiebre (donde ocurre una descarga de energ´ıa abrupta) no es u ´nicamente observado en los s´olidos amorfos. Existen una variedad de sistemas que lo exhiben y con los cuales se pueden trazar distintas e interesantes analog´ıas. Ejemplos de ello son: los terremotos, los modelos de desanclaje, e incluso simples modelos como el de Prandtl-Tomlinson (que estudiaremos hacia el final del trabajo).. 1.3.1.. Reacomodamientos Locales. Uno podr´ıa preguntarse en este punto qu´e fen´omenos internos son los que determinan este comportamiento brusco e irregular. Sin embargo, dado que el movimiento de a´tomos y mol´eculas no es accesible experimentalmente aun, esta pregunta no se puede responder a trav´es de observaciones. En el caso de los s´olidos cristalinos son los llamados “defectos cristalinos” los que determinan el comportamiento pl´astico [4]. En particular son las dislocaciones (defectos lineales) los m´as relevantes. Las dislocaciones consisten en planos cristalinos extra insertados en la estructura que alteran la distancia fija de equilibrio entre los a´tomos, tal como se ve en la Figura 1.2. Como consecuencia, cuando se aplica una fuerza sobre la dislocaci´on ´esta se desplaza de modo de reducir la energ´ıa del sistema gener´andose una deformaci´on en el s´olido. La facilidad o dificultad para deformar un solido cristalino.

(20) 6. S´ olidos amorfos y su respuesta mec´ anica. depender´a entonces del esfuerzo necesario para mover estas dislocaciones. La posibilidad de extender esta visi´on al an´alisis de s´olidos amorfos (donde no existe una estructura definida y regular) sigue siendo motivo de debate hasta el d´ıa de hoy. Consecuentemente, de existir estos defectos ser´ıan bastante complicados de identificar.. Figura 1.2: Se esquematiza uno de los principales fen´omenos que intervienen en el comportamiento pl´ astico de s´ olidos cristalinos: el desplazamiento de dislocaciones. Durante el mismo, planos dis´ımiles de la estructura de un cristal se re-posicionan producto de un esfuerzo aplicado dando como resultado una deformaci´ on en el material.. La visi´on m´as aceptada, sin embargo, fue tambi´en inspirada en el estudio de s´olidos cristalinos. Fueron Argon y Kuo quienes la desarrollaron en 1979 [5]. Basados en los trabajos de Bragg y Nye [6] para estudiar metales cristalinos, platearon modelos de estructuras de burbujas para estudiar los s´olidos amorfos. En funci´on de ellos, Argon y Kuo observaron que la deformaci´on en estos materiales ocurre a trav´es de eventos singulares y fuertemente localizados espacialmente, m´as precisamente re-ordenamientos r´apidos que solo involucran algunas burbujas, tal como se muestra en la Figura 1.3 (a) y (b). A los mismos los denominaron “eventos pl´asticos”, y las zonas donde se producen se llamaron ”zonas de transformaci´on pl´astica”. Lo notable de esta propuesta es que los eventos descritos fueron observados en una variedad de sistemas, tanto experimental como num´ericamente [7–25]. Dado que estos eventos de deformaci´on microsc´opica son los que contribuyen a la deformaci´on macrosc´opica del sistema, es natural suponer una correspondencia en la forma de los mismos con la simetr´ıa impuesta por la carga externa. Esta observaci´on es de gran importancia en la formulaci´on de los modelos elasto-pl´asticos. En base a ella se suele proponer que los componentes fundamentales presentan transformaciones semejantes a las observadas en el sistema global. Como u ´ltimo comentario, es claro que a medida que aumenta la temperatura y el material se aleja de la solidez, el ruido t´ermico o mec´anico puede eliminar la imagen de eventos localizados y bien aislados. Sin embargo, recientemente se ha argumentado que los reordenamientos localizados a´ un se pueden identificar a temperaturas relativamente altas [26–28]..

(21) 1.3 Din´amica Microsc´opica. 7. Figura 1.3: Esquema de la din´amica de re-ordenamientos localizados utilizada para explicar el comportamiento pl´ astico en s´ olidos amorfos. En (a) y (b) se ilustra uno de los re-ordenamientos localizados, llamados eventos pl´ asticos, que median la deformaci´on pl´astica del material. En (c) y (d), por su parte, se muestran los efectos no locales que siguen al evento pl´astico y determinan una din´ amica de avalanchas: en (c) se presenta la forma de campo de deformaci´on producido por el re-ordenamiento y luego en (d) un nuevo evento pl´astico disparado por dicho campo.. 1.3.2.. Efectos no locales. Si nos convencemos que son estos reacomodamientos localizados los que determinan el comportamiento pl´astico, es necesario ahora entender que efecto tienen sobre el resto del sistema. Pese a ser una evento local, los eventos pl´asticos tienen un efecto sobre el resto del sistema. De cierta forma es la continuidad del material la que determina ello. Todas las celdas del sistema deber´an adaptar su forma a modo de permitir la deformaci´on ocurrida sin violar por ello la condici´on de que el material es conexo. Como es de esperarse, esta adaptaci´on ser´a menos notoria cuanto mayor sea la distancia a la zona de transformaci´on pl´astica. Como consecuencia de estos efectos no locales nuevos reacomodamientos pueden ser disparados en regiones distantes del material, tal como se muestra en la Figura 1.3. Es as´ı que se genera un efecto en cadena usualmente denominado ”din´amica de avalanchas”.. 1.3.3.. Propagador el´ astico ideal. En el marco de los modelos elasto-pl´asticos a estudiar se vuelve necesario establecer una forma funcional para las interacciones no locales del sistema. Lo mas sencillo es empezar por considerar el efecto de un solo reacomodamiento. Frente al mismo habr´a en el sistema un efecto rotacional y otro de deformaci´on [29]. Si.

(22) 8. S´ olidos amorfos y su respuesta mec´ anica. nos quedamos a distancias suficientemente grandes el efecto rotacional es despreciable respecto al de deformaci´on. En dicho l´ımite es posible ver [29] que la interacci´on adquiere una forma cuadrupolar en el espacio. En particular, para sistemas bidimensionales y en coordenadas polares, se encuentra que el campo de deformaci´on producido por un componente del sistema que se deforma por un esfuerzo de corte es [29] : xy (r, θ) ∝. cos(4θ) , r2. (1.2). tal como se esquematiza en la Figura 1.3 (c). Pese a no explicarse en el presente trabajo el origen de la ecuaci´on 1.2, vale la pena notar algunas particularidades del campo de deformaci´on presentado. En primer lugar hay que notar que no es definido positivo. La alternancia de signos es una particularidad esencial de este problema y responde a que, en pos de mantener la continuidad del material, algunas regiones disminuyen la energ´ıa del sistema deform´andose a favor del evento ocurrido y otras haci´endolo de forma antag´onica (es decir desestabiliz´andose o estabiliz´andose, respectivamente). Por otra parte, la forma cuadrupolar se corresponde con la del campo el´astico generado por una deformaci´on en un solido el´astico isotr´opico, descrito por Eshelby [30]. Finalmente, algo que no se debe pasar por alto es el alcance de estas interacciones. En el marco de la teor´ıa de transiciones de fase en el equilibrio termodin´amico, se suele considerar que interacciones que decaen como una potencia menor o igual a la dimensionalidad del sistema son de “largo alcance”. Dicha clasificaci´on, como es f´acil ver, no responde s´olo a que no se anulen para ning´ un punto del material, dado que cualquier potencia cumplir´ıa la premisa. Que las interacciones sean de largo alcance implica que los efectos de la misma no son despreciables a ninguna escala. Esta caracter´ıstica tiene un profundo impacto en la descripci´on del problema y es algo que se abordar´a hacia el final del trabajo.. 1.3.4.. Desorden y Reacomodamientos del sistema. En la descripci´on microsc´opica desarrollada aun no hemos hecho foco en una de las caracter´ısticas distintivas de este problema: el desorden. En particular uno podr´ıa preguntarse qu´e rol juega el mismo en la din´amica de re-acomodamientos propuesta. Desde un punto de vista general, el desorden propio de la estructura de los s´olidos amorfos se refleja en una resistencia a la deformaci´on que var´ıa a lo largo del sistema. Como consecuencia de ella, algunas regiones son m´as susceptibles que otras a experimentar los re-acomodamientos descritos. Pese a la generalidad de esta propuesta, pueden establecerse ciertos criterios para dicha resistencia. En primer lugar, si uno considera sistemas homog´eneos la deformaci´on.

(23) 1.4 Objetivo. 9. promedio de distintas partes del material deber´ıa ser estad´ısticamente equivalente, pudi´endose descartar dependencias espaciales en la resistencia. En el marco de los modelos elasto-pl´asticos, por su parte, uno puede considerar esta resistencia modelada por un potencial que llamaremos “de deformaciones”. Este potencial va a englobar la resistencia producto de las interacciones y organizaci´on interna de los componentes (´atomos, mol´eculas) que integran cada sitio. Dado que se busca representar una din´amica de reacomodamientos que bajen la energ´ıa del sistema, el potencial de deformaciones deber´a presentar una forma irregular con muchos m´ınimos locales (infinitos en rigor). Es en la distribuci´on y forma de los mismos donde se incluir´a el desorden a trav´es de variables aleatorias. Vale la pena destacar adem´as que estos potenciales de deformaciones no necesita tener correlaciones espaciales. Esto se debe a que la interacci´on entre los distintos sitios del sistema est´a, en esta visi´on, contenida completamente en el propagador. De esta forma es posible plantear potenciales individuales Vi (para cada sitio) independientes entre s´ı.. 1.4.. Objetivo. El principal objetivo de este trabajo es investigar y caracterizar la dependencia de la transici´on pl´astica de los s´olidos amorfos con el tipo de desorden considerado en el sistema, en el marco de modelos de tipo elasto-pl´asticos. Este es un es un tema escasamente explorado en la literatura presente hasta la fecha, la cual se ha concentrado principalmente en las analog´ıas de la transici´on pl´astica con la transici´on de desanclaje (depinning) [31]. Quiz´as esto est´e motivado por lo observado en esta u ´ltima transici´on cuya descripci´on no depende del desorden como se ha demostrado desde distintos enfoques y m´etodos (grupos de renormalizaci´on funcional, simulaciones num´ericas, etc). Sin embargo, en vista de las caracter´ısticas de las interacciones internas que presenta el problema (en particular su rango) es que parece necesario hacer un estudio m´as detallado. Este an´alisis permitir´a re-interpretar la importancia de la competencia entre el desorden y las interacciones del sistema, as´ı como tambi´en podr´ıa ser un est´ımulo para la revisi´on de otras transiciones fuera del equilibrio termodin´amico. El lector deber´a tener en cuenta, en este marco, que el estudio desarrollado no pretende ser una descripci´on precisa de un material real espec´ıfico. Intentaremos por el contrario analizar aspectos generales de la transici´on pl´astica desde una perspectiva lo m´as abarcativa posible. El trabajo realizado se ha dividido en tres partes principales. La primera aborda la transici´on desde modelos num´ericos realistas, evaluando el efecto de dos tipos de desorden bien distinguibles en el comportamiento cr´ıtico del sistema. La segunda, por su parte, desarrolla un propuesta de campo medio que genera una nueva perspectiva para re-interpretar los modelos de plasticidad y su din´amica. Finalmente, la tercera.

(24) 10. S´ olidos amorfos y su respuesta mec´ anica. propone una discusi´on sobre la universalidad del problema de la transici´on pl´astica para s´olidos amorfos. Adicionalmente, y como conclusi´on, se proporciona un breve resumen de los resultados m´as importantes..

(25) Cap´ıtulo 2 Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional “As far as the laws of mathematics refer to reality, they are not certain; and as far as they are certain, they do not refer to reality.” — Albert Einstein, January 1921 El estudio de la transici´on pl´astica requiere en primer lugar la formulaci´on de modelos apropiados. La propuesta que consideraremos en nuestro caso es un modelo que describa la fenomenolog´ıa propia de los s´olidos amorfos de una manera realista y al mismo tiempo permita considerar distintos tipos de desorden. Por otro lado, solo nos abocamos a sistemas bi-dimensionales (aunque con las debidas modificaciones estos resultados podr´ıan extenderse a tres dimensiones). Adicionalmente, debe ser considerada la necesidad de desarrollar estudios estad´ısticos sobre cantidades que describen la din´amica cr´ıtica. Esto genera una limitaci´on adicional, dado que debemos garantizar que los costos num´ericos del modelo utilizado no sean excesivos. La naturaleza tensorial del problema ser´a luego una primera dificultad de importancia a tener en cuenta. Basados en lo propuesto en trabajos precedentes [32], y en el marco de lo desarrollado, presentaremos un modelo que concentra los aspectos m´as importantes de la din´amica en una formulaci´on escalar. Para derivarlo se parte de un modelo tensorial que comparte gran cantidad de caracter´ısticas con los modelos elasto-pl´asticos, pero al mismo tiempo incorpora en una forma m´as realista las interacciones el´asticas a trav´es del sistema. De esta forma permite una descripci´on m´as detallada de la deformaci´on pl´astica. 11.

(26) 12. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. 2.1.. Modelo tensorial para la descripci´ on de la plasticidad en s´ olidos amorfos. El modelo tensorial que vamos a usar como punto de partida es un modelo bastante realista que describe a un material bidimensional capaz de fluir. Este modelo tiene su origen en las investigaciones de Bulatov y Argon [33] y ha sido utilizado en una gran cantidad de trabajos [34–37]. Consideremos un sistema bidimensional modelado como un conjunto de sitios elementales o celdas, cada una de las cuales representa una zona de transformaci´on pl´astica (ver Secci´on 1.3.1) y da cuenta del comportamiento de un gran numero de mol´eculas o a´tomos, dependiendo del material. Si somos capaces de entender y describir la evoluci´on temporal de los mismos, luego podremos tener acceso a la din´amica macrosc´opica del material. El estado de una celda lo vamos a definir por un tensor de tensiones ij . El mismo se puede escribir en funci´on de los desplazamientos ui locales como: 1 ij = 2. . ∂ui ∂uj + ∂xj ∂xi.  .. (2.1). Dado que es un tensor sim´etrico, ij tiene s´olo tres elementos independientes, los cuales notaremos como:. . e1 = 11 + 11 e2 = 11 − 22 e3 = 12 + 21.  ∂u1 ∂u2 = + ∂x1 ∂x2   ∂u1 ∂u2 − = ∂x1 ∂x2   ∂u1 ∂u2 = + , ∂x2 ∂x1. (2.2). e1 est´a asociado con las variaciones de volumen en el sistema, por su parte e2 y e3 corresponden a modos de deformaci´on sin cambio de volumen. Juntos forman una base para las posibles deformaciones experimentadas por cada una de las celdas del sistema, tal como se observa en la Figura 2.1. En particular, se debe notar que e2 y e3 son equivalentes bajo una rotaci´on de π/4. Adem´as de estas ecuaciones, existe una condici´on adicional a tener en cuenta. Los valores de e1 , e2 y e3 no son independientes a trav´es del sistema. Esto se debe a que nuestro objeto de estudio es un material continuo y vamos a pedir que se mantenga de esa forma a lo largo de su evoluci´on en el tiempo. Luego si una celda se deforma en una dada direcci´on, sus vecinas adyacentes tendr´an que hacerlo de manera consistente. Esta condici´on de continuidad esta contenida en la siguente ecuaci´on diferencial (conocida.

(27) 2.1 Modelo tensorial para la descripci´on de la plasticidad en s´olidos amorfos. 13. como la condici´on de St Venant): (∂x 2 + ∂y 2 )e1 − (∂x 2 − ∂y 2 )e2 − 2∂x ∂y e3 = 0.. (2.3). La misma es una identidad que puede ser obtenida de las definiciones dadas anteriormente (Eq. 2.2).. Figura 2.1: Definici´on de los tres modos de deformaci´on en los cuales se puede descomponer las transformaciones de los sitios que componen el sistema.. La combinaci´on de las ecuaciones 2.2 y 2.3 nos dan una descripci´on est´atica del sistema. Sin embargo nuestro objetivo es estudiar la evoluci´on temporal del mismo. Para ello el siguiente paso es obtener la energ´ıa libre del sistema, de donde derivaremos ecuaciones de movimiento para cada sitio. La forma propuesta para la energ´ıa libre es un aspecto crucial de nuestro modelo. En primer lugar la misma va a depender, como es de esperarse, del estado de cada una de las celdas. Por otro lado, debe ser capaz de concentrar los aspectos fundamentales que definen a un s´olido pl´astico. Esto es, principalmente, posibilitar que el sistema se reacomode internamente en respuesta a deformaciones sin producir crecimientos indefinidos de su energ´ıa. De esta forma vamos a definir la energ´ıa libre del sistema en funci´on de potenciales acotados y corrugados (tal como se discute en la Secci´on 1.3.4) para los modos de deformaci´on e2 y e3 . Por su parte, dado que el modo de transformaci´on volum´etrica no exhibe un comportamiento pl´astico, se requerir´a que su energ´ıa sea del tipo el´astica, es decir, una forma cuadr´atica. Bajo las consideraciones propuestas ya se est´a en condiciones de escribir la energ´ıa libre del sistema. Sin embargo, a fin de simplificar el an´alisis, realizaremos una consideraci´on adicional que ser´a de utilidad en la posterior formulaci´on del modelo escalar. Vamos a trabajar con cargas externas sobre un solo modo de deformaci´on, que elegiremos que sea el e2 (ser´ıa an´alogo el an´alisis en t´erminos de e3 ). Consecuentemente, el sistema se deformar´a principalmente en dicho modo, tal como se esquematiza en la Figura 2.2. De esta forma, el potencial bidimensional sobre el cual se mueve nuestro.

(28) 14. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. sistema puede ser simplificado. Tomaremos que el modo no forzado e3 va a comportarse esencialmente de forma el´astica, cuadr´atica, y colapsaremos el potencial a uno unidimensional en el modo de deformaci´on de inter´es. Esto implica que despreciaremos la posibilidad de reacomodamiento en e3 .. Figura 2.2: Esquema del estado de deformaci´on del sistema cuando se lo fuerza externamente con una carga con la simetr´ıa de e2 .. Finalmente, la forma obtenida para la energ´ıa libre es la siguiente: Z F =. d2 r(Be1 2 + 2µe3 2 + V (e2 , r)),. (2.4). donde B es el llamado m´odulo de bulk y µ es el m´odulo de shear. El potencial V (e2 , r) por su parte modela la posibilidad de reacomodamientos pl´asticos en el sistema, en otras palabras, el desorden. Terminada la descripci´on de la energ´ıa libre podemos entonces avanzar sobre la evoluci´on temporal del sistema. Para ello consideraremos que el sistema se va a comportar en un r´egimen puramente disipativo, de esta forma no vamos a tener en cuenta t´erminos inerciales o de masa. Esto es razonable bajo condiciones de velocidades de deformaci´on suficientemente peque˜ nas (en las cuales concentraremos nuestro an´alisis). Consecuentemente, definiendo la tensi´on local σi como σi (x, y) =. δF , δei (x, y). (2.5). la evoluci´on temporal del sistema es obtenida a trav´es de ecuaciones diferenciales de primer orden de la forma: ∂ei (x, y) = −i σi (x, y) + Λi (x, y, ei , t), (2.6) ∂t que resultan de minimizar la energ´ıa libre 2.4 para cada tiempo. En particular Λi es un multiplicador de Lagrange utilizado para forzar la condici´on 2.3. Por su parte i son los coeficientes de amortiguamiento que, en vista de lo que sigue, convendr´a suponer distintos para los diferentes modos de deformaci´on. El modelo tensorial queda entonces completamente definido por las ecuaciones 2.6, 2.5 y 2.4..

(29) 2.2 Modelo escalar para la descripci´on de la plasticidad en s´olidos amorfos. 2.2.. 15. Modelo escalar para la descripci´ on de la plasticidad en s´ olidos amorfos. Uno de los mayores problemas del modelo tensorial descrito son los tiempos computacionales que demanda su evoluci´on temporal. Esto dificulta en gran medida realizar an´alisis estad´ısticos. Es quiz´as su naturaleza tensorial la principal causa de su costo num´erico. La misma implica el calculo de la evoluci´on de los tres modos (campos) de deformaci´on por cada paso temporal. Como consecuencia, si uno pudiera “olvidarse” (con el debido cuidado) de algunos modos de deformaci´on “irrelevantes” ser´ıa posible bajar dr´asticamente los tiempos de simulaci´on. En la pr´actica el primer paso que t´ıpicamente permite esta simplificaci´on es considerar que los grados de libertad que no son favorecidos por la din´amica impuesta externamente pueden tomarse como arm´onicos. Esto es algo que ya se realiz´o durante la descripci´on del modelo tensorial. Si adem´as se supone que los modos e1 y e3 son m´as “r´apidos” que el e2 , para cualquier configuraci´on de e2 , los valores de e1 y e3 pueden ser tomados como aquellos que minimizan la energ´ıa del sistema. Considerar esto equivale a tomar 1 , 3  2 . Como consecuencia podemos plantear el siguiente grupo de ecuaciones en el espacio de Fourier:. Λq 2 − 2Be1q = 0 2Λqx qy − µe3q = 0. (2.7). −q 2 e1q + (qx 2 − qy 2 )e2q + 2qx qy e3q = 0 correspondiendo las primeras dos a las ecuaciones de movimiento de los modos 1 y 3, y la u ´ltima a la condici´on de compatibilidad 2.3. En todos los casos Λ es un multiplicador de Lagrange utilizado para imponer la condici´on 2.3. Resolviendo este sistema de ecuaciones es posible llegar a la siguiente expresi´on: B|e1q |2 + 2µ|e3q |2 =. µB(qx 2 − qy 2 )2 |e2 |2 , µq 4 + 2Bqx 2 qy 2 q. ∀ q 6= 0,. (2.8). Remplazando dicha identidad dentro de la forma de la energ´ıa libre 2.4 es posible expresar la energ´ıa libre del sistema s´olo en funci´on de la configuraci´on del modo de deformaci´on e2 . La ecuaci´on de movimiento de dicho modo ser´a entonces nuestro modelo escalar y queda de la forma:

(30) dV

(31)

(32) e2˙ q = −2 − 2 G(q)e2q de2

(33) q. (2.9).

(34) 16. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. con 2µB(qx 2 − qy 2 )2 G(q) = µq 4 + 2Bqx 2 qy 2. ∀ q 6= 0,. (2.10). donde el modo q = 0 se fija a posteriori dependiendo de la forma en la que se fuerce al sistema. M´as all´a de derivarse de un modelo tensorial, es posible interpretar este modelo abstray´endonos de su origen. Para ello en primer lugar es conveniente escribir las ecuaciones de movimiento 2.9 en el espacio real: e˙2i = −2. X dVi − 2 Gij e2j , de2i ij. (2.11). donden Gij representa la transformaci´on al espacio real del kernel G(q). La ecuaci´on 2.11 de esta forma describe la evoluci´on sobreamortiguada de un conjunto de coordenadas acopladas que se mueven condicionadas por la acci´on de un potencial. Estas coordenadas dan la deformaci´on de cada uno de los elementos del sistema. El potencial por el cual se mueven es la resistencia que percibe cada sitio internamente al deformarse. El kernel por su parte, permite cuantificar el efecto que tiene la deformaci´on del resto del sistema sobre cada sitio. Como es de esperarse, este efecto depende de la distancia relativa entre los sitios. En particular, dada la forma 2.10 es posible anticipar que dicha interacci´on tiene simetr´ıa cuadrupolar y un decaimiento tipo 1/r2 ( esto es coincidente con lo descrito en la Secci´on 1.3.3). Como resultado del modelo 2.11 cada celda experimenta una competencia entre su desorden interno y el efecto del resto del sistema. En ausencia de Gij cada celda relajar´ıa a un m´ınimo de potencial local. Sin embargo, las interacciones tienden a tratar de homogeneizar la deformaci´on. En dicha perspectiva, es posible interpretar la configuraci´on de deformaciones como la de una interfaz bidimensional el´astica. Es por ello que se suele considerar el problema estudiado dentro de la categor´ıa de interfaz el´astica en un medio desordenado. Dado que la intenci´on es estudiar la din´amica del sistema, uno va a tener que introducir una manera de forzarlo externamente, esto es, una forma funcional para la tensi´on aplicada. En particular nosotros vamos a estar interesados en velocidades de ˙ Consecuentemente, la ecuaci´on 2.11 queda de la forma: deformaci´on constantes e = γt. e˙2i = −2. X dVi − 2 Gij e2j + σ de2i ij. (2.12). donde σ = 2. dVi + γ˙ de2i. (2.13).

(35) 2.2 Modelo escalar para la descripci´on de la plasticidad en s´olidos amorfos. 2.2.1.. 17. Potenciales de Reorganizaci´ on. La propuesta central de este trabajo es estudiar la dependencia de la transici´on pl´astica con el desorden. Sin embargo, m´as all´a de las pautas generales comentadas en la Secci´on 1.3.4, nada hemos dicho aun de la forma de los potenciales a utilizar en nuestro modelo. Como queda expl´ıcito en la ecuaci´on 2.11, lo que tendremos es un potencial Vi (ei ) para cada sitio i. Estos potenciales estar´an descorrelacionados, dado que s´olo dan cuenta de resistencias internas del sitio a la deformaci´on. Por otro lado, tal como se adelant´o en la Secci´on 1.3.4, deber´an presentar infinitos m´ınimos que determinen configuraciones de equilibrio (en ausencia de las interacciones) para cada sitio. Finalmente, los definiremos en relaci´on a una variable estoc´astica para considerar el desorden del sistema. Los potenciales utilizados se definen por trozos o pozos, en funci´on de sus extremos an y an+1 . Cada intervalo tendr´a un ancho ∆n ≡ an+1 − an y su centro en an ≡ (an+1 + an )/2. Justamente sera el ancho ∆n la cantidad elegida en cada caso de manera aleatoria. Se utilizan dos propuestas de potencial: uno “Parab´olico ” y uno “Suave”, tal como se ve en la Figura 2.3. Los pozos del potencial Parab´olico se definen como: Vn (e) =.  1 (e − an )2 − ∆n 2 . 2. (2.14). 2    2π(e − an ) 1 + cos . ∆n. (2.15). Por su parte los del Suave como:  Vn (e) = −5. ∆n 2π. Donde los pre-factores son elegidos a fin de facilitar las simulaciones y la convergencia de las cantidades a estudiar. Por su parte, se debe notar que la variable ∆n adem´as de fijar el ancho de pozo tambi´en establece la profundidad de los mismos. Es de inter´es notar que ambos presentan un comportamiento cuadr´atico alrededor del m´ınimo. Esto es una condici´on razonable dado que se desea obtener una respuesta el´astica frente a peque˜ nas deformaciones. Tal como debe sospechar el lector, la elecci´on de los potenciales no es arbitraria. Existe una serie de diferencias entre ellos que la motiva. En primer lugar la forma en la cual se concatenan. En el caso del potencial Suave la uni´on entre pozos es con derivada primera continua, lo que da una variaci´on suave en la fuerza que perciben los sitios. Distinto es el caso del potencial Parab´olico el cual presenta una variaci´on abrupta de fuerza en la intersecci´on entre pozos. La segunda diferencia se da en la ubicaci´on de los puntos de m´axima fuerza. El Parab´olico los tiene ubicados en los extremos del pozo, mientras el Suave un poco antes ((1/4)∆n y (3/4)∆n )..

(36) 18. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. Figura 2.3: Esquema de los potenciales utilizados durante las simulaciones para modelar el desorden. En verde se resaltan los puntos de m´axima fuerza que ser´an relevantes para explicar la din´ amica del sistema. Por otro lado, el ancho de pozo ∆n es la cantidad que se toma de forma estoc´ astica para dar cuenta del desorden propio del sistema.. 2.3.. Implementaci´ on. Antes de empezar a analizar la f´ısica que nos propone el modelo desarrollado en las secciones anteriores, es necesario hablar sobre ciertas particularidades de la implementaci´on realizada. El esquema de las simulaciones es el presentado en la Figura 2.4. Las alternancias entre el espacio real y de Fourier son motivadas por la forma diagonal de las interacciones en el espacio de Fourier. En primer lugar se calcula la fuerza que esta actuando sobre cada sitio en funci´on de su deformaci´on. Luego se calcula en cada caso la fuerza resultante de las interacciones con el resto del sistema. Finalmente, se evoluciona el estado de los sitios por medio de un paso del m´etodo de Euler. Se utilizaron sistemas cuadrados y de lado L igual a 32, 64, 128, 256, 512 y 1024, con condiciones de contorno peri´odicas. Dada la geometr´ıa y por simplicidad, consideraremos L como el tama˜ no del sistema a lo largo del trabajo. Por otro lado, es importante aclarar que tanto los tama˜ nos particulares (potencias de 2) como la forma del sistema fueron seleccionados para optimizar los tiempos de simulaci´on. Los potenciales utilizados fueron definidos congelados en el tiempo (un desorden quenched ). En la pr´actica esto determina que los pozos re-visitados no cambian sus caracter´ısticas (se vuelven a generar con la misma semilla). Por otro lado, el ancho de cada pozo de potencial generado fue tomado de una distribuci´on uniforme entre 2 y 4. La inicializaci´on del sistema no era un punto crucial y solo modificaba levemente los tiempos de convergencia al estacionario (que para cada velocidad de deformaci´on finita es u ´nico). En nuestro caso, en primer lugar se sortearon los anchos del primer pozo de potencial de cada sitio. Luego, el estado inicial de cada sitio se tom´o de una distribuci´on uniforme en el ancho de dicho pozo..

(37) 2.4 Resultados. 19. Figura 2.4: Diagrama de los pasos m´as relevantes de la implementaci´on del modelo de plasticidad. Se muestra el ciclo correspondiente a evolucionar el sistema un paso temporal. En primer lugar, en verde, se calcula la fuerza resultante del potencial sobre cada sitio. Luego, en violeta, se pasa al espacio de Fourier (donde el Kernel es diagonal) para calcular la fuerza resultante de las interacciones sobre el sitio. Finalmente, en rojo, se evoluciona el estado del sitio con un paso de Euler. Adem´ as, dependiendo de la forma de forzar el sistema, eventualmente habr´a un termino adicional a considerar.. Como comentario final, es de inter´es destacar que parte del trabajo realizado consisti´o en el desarrollo de los c´odigos utilizados. Para las simulaciones se realizaron implementaciones tanto en C++ como en C for Cuda (lenguaje de programaci´on utilizado en procesadores gr´aficos) a fin de aprovechar todos los recursos disponibles en el Centro At´omico Bariloche. Incluso en las simulaciones en CPU los algoritmos utilizados estaban paralelizados en orden de reducir los costos num´ericos. Adem´as, para poder trabajar con potenciales congelados, se debi´o estudiar una librer´ıa particular para la generaci´on de n´ umeros pseudo-aleatorios llamada Random123. El uso de algoritmos en paralelo permiti´o adem´as una optimizaci´on del m´etodo de integraci´on. Dado que acceder a la velocidad de deformaci´on m´axima del ensamble vmax es algo poco costoso en programaci´on paralela, es posible utilizar esta informaci´on para fijar el paso temporal ∆t en cada paso de integraci´on de modo que ∆t vmax = cte. Esto constituye una optimizaci´on de gran impacto dada las importantes variaciones de velocidad m´axima que suele registrar este tipo de sistemas (de orden 1 hasta 10−8 ). Igualmente, dado que esta optimizaci´on fue implementada hacia el final del trabajo, en nuestro caso s´olo fue utilizada en unas pocas simulaciones.. 2.4.. Resultados. Presentado y caracterizado tanto el problema a tratar como su correspondiente modelado, es posible avanzar en esta secci´on sobre los resultados. Dado que nuestro an´alisis se centra en la transici´on de fase pl´astica, la presentaci´on de los resultados se organizar´a en funci´on del c´alculo de los distintos exponentes cr´ıticos que la caracterizan..

(38) 20. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. Se presentar´a para cada exponente en primer lugar una descripci´on del comportamiento que describe. Luego se mostrar´an los valores obtenidos para cada potencial. Adicionalmente, se desarrollar´a en algunos casos una discusi´on referente a los resultados. En los casos que sea necesario adem´as se detallar´an los criterios relevantes para el c´alculo de los exponentes.. 2.4.1.. Curva de flujo pl´ astico. Quiz´as una de las caracter´ısticas m´as tangibles y representativas de la transici´on pl´astica para los s´olidos amorfos es su curva de flujo (esfuerzo vs. tasa de deformaci´on). Al mismo tiempo, es una de las propiedades de mayor relevancia en la ciencia de materiales, dado que nos permite conocer los rangos de trabajo del material. A nivel num´erico por su parte, dicha curva es una de las mediciones m´as sencillas de realizar. El protocolo consiste en calcular la curva punto a punto realizando simulaciones a tasas de deformaci´on finitas y constantes. Luego, sobre la base de la ecuaci´on 2.13, uno puede obtener el valor de esfuerzo correspondiente a dicha velocidad de deformaci´on como un valor medio temporal. En nuestro caso las mediciones se realizaron en el entorno del punto cr´ıtico. Se tomaron valores de γ˙ tendientes a cero, espaciados logar´ıtmicamente. Para garantizar una convergencia en los promedios temporales, se buscaba que todos los sitios del sistema superen no menos de treinta pozos de potencial. Para evitar efectos asociados a transitorios se tomaron dos medidas particulares. En primer lugar, dado que la convergencia es m´as r´apida lejos del punto cr´ıtico, se trabaj´o disminuyendo la tasa de deformaci´on y tomando como condici´on inicial el estado estacionario correspondiente a la velocidad precedente. En segundo lugar, antes de empezar a registrar datos, para cada valor de γ˙ se dej´o evolucionar el sistema de forma que cada sitio supere al menos seis pozos de potencial. Teniendo los cuidados detallados, las curvas obtenidas son las mostradas en la Figura 2.5. En color rojo se observa la curva correspondiente a considerar un potencial Parab´olico, mientras en azul la correspondiente al Suave. En un primer an´alisis se puede ver que presentan los aspectos caracter´ısticos del problema esperados: la tensi´on tiende a un valor finito cuando la tasa de deformaci´on tiende a cero, y su crecimiento es mon´otono por encima de ese punto. Si se comparan las dos curvas, resalta en primer lugar el corrimiento del valor cr´ıtico. Esta caracter´ıstica es interesante ya que nos muestra que, dependiendo de c´omo se entienda y considere la naturaleza de las interacciones internas del material y del desorden estructural del mismo, se pueden observar corrimientos en los rangos de comportamiento del material. Efectos similares son obtenidos de cambiar la relaci´on de intensidad entre las interacciones y el potencial de reacomodamiento..

(39) 2.4 Resultados. 21. Figura 2.5: Curva de flujo obtenida para los potenciales estudiados, en escala lineal y para L = 128. Se observa en ambos casos un valor de tensi´on cr´ıtico por debajo del cual no se registran velocidades de deformaci´ on. Por encima de dicho valor se encuentra un crecimiento mon´otono de la velocidad.. Pese a ser una caracter´ıstica de gran inter´es en el campo de la ciencia de materiales, la ubicaci´on del punto singular no es una caracter´ıstica relevante para el estudio de la transici´on. Esto se debe a que es una cantidad fuertemente no universal que depende de una variedad de factores (por ejemplo para nuestro modelo: del m´odulo de bulk y de shear [32]). No pasa lo mismo con la forma en la que crece la tasa de deformaci´on del material por encima del punto cr´ıtico. La forma funcional en que lo hace es de principal inter´es para describir la transici´on. Es sabido que la velocidad [31] en el entorno del punto cr´ıtico es de la forma: γ˙ ∼ (σ − σc )β ,. (2.16). donde β es el denominado Exponente de Flujo. Una forma de evaluar la correspondencia de los datos obtenidos con la forma funcional 2.16 resulta de observar las gr´aficas en escala logar´ıtmica y referidas al valor de esfuerzo cr´ıtico. El problema es que dicho valor cr´ıtico es desconocido (m´as all´a de que en funci´on de la Figura 2.5 sea f´acil estimarlo). Para salvar esta dificultad empezaremos por suponer que la ley de potencia se cumple. Bajo esa premisa, debe existir un valor de σc que al restarlo a los valores de esfuerzo hallados nos permita visualizar una relaci´on lineal en escala doble logar´ıtmica. Finalmente, de hallar dicha relaci´on para un valor de σc razonable, habremos accedido al valor de β y σc al mismo tiempo. En el Ap´endice A.1 se realiza una breve discusi´on sobre la elecci´on de este m´etodo y su precisi´on..

(40) 22. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. El resultado de aplicar el procedimiento descrito es el observado en la Figura 2.6. En rojo nuevamente tenemos la curva correspondiente a el potencial Parab´olico y en azul la del Suave. En primer lugar es destacable que para ambos potenciales se logr´o observar el comportamiento de ley de potencia esperado. Sin embargo, existe una notable diferencia entre los exponentes β que exhiben cada uno: se encuentra βP = 1,51 ± 0,07 para el potencial Parab´olico, mientras para el Suave βS = 2,00 ± 0,06. M´as aun, es posible afirmar que los exponentes son claramente distintos dentro de la precisi´on otorgada por el m´etodo utilizado.. Figura 2.6: Curva de flujo obtenida para los potenciales estudiados, en escala doble logar´ıtmica y para L = 128. En ambos casos la tensi´on est´a referida a su valor cr´ıtico. Es de inter´es destacar la clara diferencia entre los valores de exponente de flujo β obtenidos para cada potencial.. Este resultado es de gran relevancia. Determina que el comportamiento cr´ıtico de los s´olidos amorfos est´a condicionado por los detalles microsc´opicos que se propongan para modelaros. En particular, el tipo de potencial que describa los reacomodamientos. Esto es algo que no se observa en transiciones similares como la de desanclaje, para la cual el exponente an´alogo de flujo solo depende de la dimensionalidad del problema. En las secciones posteriores estudiaremos si esta dependencia se extiende a los distintos exponentes que describen la din´amica microsc´opica.. 2.4.2.. Din´ amica de avalanchas. Como fue desarrollado en la Secci´on 1.3, la din´amica microsc´opica del comportamiento pl´astico en s´olidos amorfos est´a dominada por re-organizaciones localizadas espacialmente que se suceden de forma encadenada, en una din´amica de avalanchas. En la representaci´on de nuestro modelo, cada uno de los eventos pl´asticos representa.

(41) 2.4 Resultados. 23. la deformaci´on de un sitio (dada por su salto de un pozo de potencial a otro), y de esta forma una avalancha ser´a el resultado de la deformaci´on conjunta y encadenada de muchos de ellos. Como consecuencia de esta din´amica es que se explic´o una caracter´ıstica distintiva de estos sistemas: las variaciones bruscas y con forma de diente de sierra observadas en la tensi´on global del sistema al tratar de deformarlo a velocidades constantes. Esto es en efecto lo que podemos observar en las simulaciones realizadas, tal como lo muestra la Figura 2.7.. Figura 2.7: Din´amica microsc´opica del sistema al deformarlo a velocidad constante. En rojo se observa la evoluci´ on de la tensi´ on promedio en el sistema que describe la caracter´ıstica curva tipo diente de sierra. En azul, por su parte, se grafica la evoluci´on del n´ umero de eventos pl´asticos ocurridos. Es de inter´es destacar la correspondencia entre las variaciones de ambas cantidades.. Por otra parte, en la Figura 2.7 se muestra en azul la evoluci´on del n´ umero de eventos pl´asticos (sitios deformados). A primera vista se puede ver como existe una correlaci´on entre el n´ umero de sitios que se deforman y las ca´ıdas de tensi´on en el sistema. Esto resulta m´as claro al graficar ambas cantidades una respecto a la otra, tal como se hace en la Figura 2.8. En el marco de nuestro modelo, esto puede entenderse observando que ante un reacomodamiento el cambio de tensi´on en el sistema va a estar dado principalmente por la variaci´on de tensi´on sobre el sitio activado. Esta variaci´on responde en definitiva al cambio de la posici´on de su m´ınimo local. Dado que la distancia entre m´ınimos tiene un valor medio bien definido, uno obtiene una correlaci´on entre los reacomodamientos y la relajaci´on de tensi´on. A la luz de este resultado, se puede poner en relaci´on directa el n´ umero de deformaciones con la ca´ıda de tensi´on observada en el sistema. Esto permite evaluar el.

(42) 24. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. tama˜ no de la avalancha en funci´on de un observable macrosc´opico del sistema (que es un indicador m´as natural). En lo que sigue del trabajo se registrar´an las avalanchas de esa forma. M´as aun, se usar´a de forma equivalente las denominaci´on “tama˜ no de avalancha” y “ca´ıda de tensi´on en el sistema”.. Figura 2.8: Correlaci´on entre el n´umero de reacomodamientos y la ca´ıda de tensi´on en el sistema (se grafica el caso parab´ olico aunque es indistinto). Se puede ver la perfecta correspondencia entre ambas cantidades que permite considerarlas de forma equivalente.. Criterios para la determinaci´ on de tama˜ nos y tiempos de avalanchas Si bien la din´amica de avalanchas es intr´ınseca al sistema, poder acceder a las caracter´ısticas de ´estas no es algo directo. En primer lugar se debe definir un protocolo para poder estudiar avalanchas individualmente. Lo que se realiz´o en nuestro caso fue deformar el sistema con velocidades suficientemente peque˜ nas y constantes (γ˙ = −5 −6 10 para el caso Parab´olico y γ˙ = 10 para el case Suave) hasta que se desate una avalancha. En ese momento se fijaba una velocidad nula hasta que el sistema relajara, registr´andose las cantidades de inter´es. Posteriormente se volv´ıa a comenzar. El esquema se muestra en la Figura 2.9. Este protocolo sin embargo no es completo. Uno tiene que definir qu´e significa que una avalancha comience y finalice. El criterio que vamos a adoptar se basa en la observaci´on de que cuando un sitio se activa su velocidad se vuelve de orden 1. Por otro lado, cuando el sistema termina de relajar todas las velocidades deben ser, en una consideraci´on rigurosa, nulas. En esta l´ınea nosotros adoptaremos un umbral de velocidad, llamado “umbral de activaci´on”. Cuando alg´ un sitio supere el mismo, diremos que la avalancha comenz´o. En el otro extremo, cuando todos los sitios se encuentren por debajo del mismo umbral,.

(43) 2.4 Resultados. 25. la avalancha habr´a terminado. Debe notarse que ambos eventos pueden definirse en funci´on de la velocidad m´axima vmax entre todos los sitios del sistema. El esquema final de ello es el visto en la Figura 2.9. De esta forma el tama˜ no de avalancha es registrado como la variaci´on de tensi´on global entre los dos cruces del umbral de activaci´on (notado por la l´ınea punteada en la Figura 2.9(c)). Es importante notar que si bien el c´alculo del tama˜ no de avalancha es dependiente de la definici´on del umbral, para valores de ´este suficientemente peque˜ nos los errores son despreciables. Consecuentemente, en esas condiciones el c´alculo de tama˜ nos de avalancha se puede considerar robusto.. Figura 2.9: a) Evoluci´on de la tensi´on global del sistema en funci´on de la deformaci´on. b) Evoluci´ on temporal de la tensi´ on global del sistema. c) Velocidad m´axima de deformaci´on registrada en el ensamble en funci´ on del tiempo. De a) y c) se puede entender el protocolo de disparo de avalanchas. El sistema era forzado con tasas de deformaci´on γ˙ suficientemente bajas hasta que la velocidad m´ axima vmax superaba un valor umbral (graficado en l´ınea punteada). En ese momento se fijaba γ˙ = 0 y se manten´ıa de esa forma hasta volver a cruzarse el umbral, cuando se considera la avalancha terminada. El tama˜ no de avalancha S (en azul) resulta de la ca´ıda de tensi´ on global del sistema en ese periodo. La duraci´on de la misma T corresponde al tiempo entre el primer cambio de pozo de potencial y el u ´ltimo (que se corresponden con el primer y u ´ltimo pico de vmax ).. No pasa lo mismo con la duraci´on de la avalancha. Si uno desea registrarla como el intervalo temporal entre los eventos definidos, dicho tiempo es fuertemente depen-.

(44) 26. Estudio de la transici´ on pl´ astica mediante un modelo escalar bidimensional. diente del umbral. Por otra parte, no existe un criterio unificado de c´omo registrar esa cantidad. Lo que se puede ver en las simulaciones es que los intervalos en los cuales crece inicialmente vmax y relaja finalmente, son en algunos casos un orden de magnitud superior al tiempo en el cual se desarrollan los reacomodamientos. De esta observaci´on es que surge nuestro criterio de considerar la duraci´on de la avalancha como el intervalo entre el primer pasaje por un m´aximo de potencial y el u ´ltimo. Si bien este criterio no considera vmax , el intervalo temporal definido corresponder´ıa a la distancia temporal entre el primer y u ´ltimo pico de velocidad. Obviamente, esta consideraci´on es deficiente ya que las avalanchas que involucren un solo reacomodamiento tendr´an una duraci´on nula. La correcci´on a ello se establecer´a en funci´on de la adici´on de un offset definido a posteriori. En referencia a esta forma de identificar las avalanchas, es interesante notar que si bien en el potencial Parab´olico el inicio de una avalancha va a estar dado por el pasaje de un sitio de un pozo a otro, este criterio no puede extenderse al potencial Suave. Dada su variaci´on lenta alrededor del valor de m´axima fuerza, en el caso del potencial Suave el punto de inestabilizaci´on puede desplazarse por la acci´on de las interacciones del sistema. Adem´as del tiempo y tama˜ no de avalancha, otra cantidad que se registra es el n´ umero de pozos de potencial atravesados (la cantidad de eventos pl´asticos o reacomodamientos). Por otro lado, tambi´en se data la deformaci´on necesaria para iniciar cada avalancha. Es importante que el lector note la importancia en una correcta elecci´on del umbral de activaci´on. Valores muy peque˜ nos penalizan temporalmente las simulaciones. Por otro lado, valores demasiado grandes pueden derivar en errores al interrumpir avalanchas en curso. Adicionalmente, como se puede esperar, la determinaci´on de este umbral define la velocidad de deformaci´on a utilizar para disparar las avalanchas. Un detalle m´as que vale la pena comentar es que en las simulaciones se utiliz´o un segundo umbral menor llamado “de pre-activaci´on”. Por encima del mismo la velocidad de deformaci´on se defin´ıa nula pese a que no se empezaba a registrar la avalancha. La regi´on entre los umbrales permit´ıa identificar si un sitio estaba aumentando su velocidad por un fen´omeno asociado al esfuerzo externo aplicado o si realmente se hab´ıa inestabilizado. S´olo en el u ´ltimo caso alcanzar´ıa el segundo umbral.. Exponentes asociados a la din´ amica de avalanchas En el marco de los criterios adoptados, a continuaci´on analizaremos distintos exponentes cr´ıticos asociados a la din´amica de avalanchas desarrollada cerca de la transici´on de fase pl´astica..

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