CASIANO FLORISTAN
TEOLOGIA
PRACTICA
TEORIA
y PRAXIS
DE LA ACCION
PASTORAL
Otras obras publicadas
LUX
MUNDI
68
en la colección Lux mundi:
- D. Borobio, ed., Celebración en la Iglesia I (LM 57) - D. Borobio, ed., Celebración en la Iglesia /l (LM 58) - D. Borobio, ed., Celebración en la Iglesia I/l (LM 59) - M. Kehl, Escatología (LM 70)
- M. Kehl, La Iglesia (LM 71)
- D. Borobio, La iniciación cristiana (LM 72)
- J. S. Lucas Hernández, Las dimensiones del hombre (LM 73)
CASIANO FLORISTAN
TEOLOGIA PRACTICA
TEORIA
yPRAXIS DE LA ACCION PASTORAL
TERCERA EDICIÓN
EDICIONES SIGUEME
© Ediciones Sígueme, S.A., 1991
Apmtado 332 - E-37080 Salamanca/España ISBN: 84-301-1161-1
Depósito Legal: S. 166-1998 Printed in Spain
Imprime: Gráficas Varona
Polígono «El Montalvo» - Salamanca, 1998
Prólogo... 9 Siglas... 13 Abreviaturas
TEOLOGIA PRACTICA GENERAL
1. HISTORIA ... .
l. La praxis de Jesús ... . 2. La acción pastoral de la Iglesia primitiva ... . 3. La acción pastoral en la historia de la Iglesia .... . 4. Historia de la teología pastoral ... .
11. TEOLOGíA ... .
5. La teología, teoría práctica de la fe ... . 6. Acción pastoral y reflexión teológica ... . 7. Concepciones de la teología práctica ... . 8. Teología de la praxis ... . 9. Método de la teología práctica ... .
111. PRÁCTICA ... .
10. Las acciones pastorales ... . 11. Pastoral de conjunto ... . 12. Unidad y pluralidad en la acción pastoral ... . 13. Modelos de Iglesia y de acción pastoral ... .
25
29 31
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53 81 107123
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213
215 ~
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IV. AGENTES .... . . 279
8 Contenido
16. Los laicos cristianos ... . 17. La mujer en la Iglesia ... .
TEOLOGIA PRACTICA ESPECIAL
V
317 ¡/
339
/ 1. MISIÓN (KERIGMA) . . . .. v 359
/
18. La evangelización ... > 361
19. El testimonio ... 383
20. El diálogo ... 397
21. El compromiso ... /407
11. CATEQUESIS (DIDASKALIA) ... 421
III. IV. V. 22. La catequesis ... 423
23. La catequesis de adultos ... 445
24. El catecumenado ... 459
LITURGIA (LEITOURGÍA) 477 25. Pastoral litúrgica ... ... 479
26. La oración litúrgica ... 503
27. El catolicismo popular... 521
28. La predicación.. ... ... .... 541
COMUNIDAD (KOINONÍA) ... . 29. La comunión eclesial ... . 30. La Iglesia local ... . 31. La parroquia ... . 32. La comunidad cristiana ... . SERVICIO (DIAKONÍA) ... . 563 565 581 597 623 651\ 33. La diaconía cristiana... ... ... 653
34. Servicios pastorales especiales ... 665
35. Las instituciones en la acción pastoral ... / 683
36. Misión de la Iglesia en la sociedad ... vl 707 Indice de autores ... 723
Indice general ... 739
PROLOGO
La reflexión teológica sobre la acción de la Iglesia, denominada tradicionalmente teología pastoral, se ha desarrollado con amplitud e intensidad después del Concilio. Evidentemente el Vaticano 11, cali-ficado justamente de concilio pastoral, promovió generosamente los estudios prácticos de la teología al impulsar la totalidad de las acciones eclesiales, gracias a una nueva comprensión de la Iglesia como pueblo
1
~de Dios en el mundo y para el mundo. Después del Vaticano 11, el " objetivo de la acción pastoral no es simplemente que crezca la Iglesia, sino que los cristianos en estado de comunión eclesial y de comunidad cristiana ejerzan su misión en la sociedad para que el mundo sea aquí y ahora, con esperanza escatológica, reino de Dios. La relación de la Iglesia con el mundo, sobre todo con el tercero -el marginado y
pobre-, es esencial en la comprensión de la acción pastoral. En el desarrollo de esta reflexión ha contribuido, sin duda, el moderno redescubrimiento de las categorías práctica y praxis, ya que lo propio de nuestro campo de reflexión es la acción de los cristianos, sobre la cual discurre la teología práctica. Se parte de la praxis - tal como se da-para llegar a la praxis -tal como debe ser-o De este modo, la teología
L.
práctica se mueve en el universo de lo que acontece, utiliza la inducción para deducir después, articula su propia reflexión en diálogo con el dato revelado teológicamente entendido, formula sus objetivos, tiene en cuenta el magisterio y aterriza en el campo de los imperativos cristianos mediante distintos proyectos. Es teologíateoría teológica y las ciencias humanas. La teología práctica es inter-disciplinar .
Esta disciplina, que en su nacimiento hace doscientos años se de-nominó teología pastoral, aunque en el fondo era un conjunto abigarrado de consejos prácticos dirigidos a los pastores, andando el tiempo se ha llamado teología práctica. Con este nuevo nombre se evita la clericali-zación, se ensancha el campo de reflexión a los laicos y se recoge, tanto el halo adquirido por la práctica como la fascinación que sugiere la praxis. Personalmente estoy de acuerdo con los que identifican teología práctica y teología pastoral. Algunos piensan que la teología práctica es más amplia que la teología pastoral porque incluye, por ejemplo, la teología moral, dado el carácter práctico de esta última disciplina. Incluso no faltan los que consideran superflua la teología práctica al entender que toda teología es pastoral. Indudablemente toda teología, al menos re-motamente, debiera ser pastoral, pero en cualquier caso hay una teología inmediatamente práctica que utiliza precisamente la «razón práctica» como mediación de reflexión. La teología práctica es ciencia teológica en relación a la praxis.
El pastoralista se encuentra entre el teólogo y el pastor. Los agentes de la pastoral no son simplemente ejecutores de 10 que dice la teología, como si la praxis debiera subordinarse sin más a la teoría, sino los que ejercen, por la misión, su responsabilidad cristiana, al mismo tiempo que reflexionan. Para elaborar un proyecto pastoral o una teología práctica se necesita auscultar la realidad de la práctica pastoral, es decir, la vida cristiana en su desarrollo, y contrastar sus resultados con la palabra de Dios y la reflexión teológica, para descender de nuevo al terreno de la práctica. Por esta razón el binomio teoría-praxis -dialécticamente entendido- es fundamental en la teología práctica, que es teología de la praxis.
Ahora bien, existe una praxis referida en los relatos evangélicos, la de Jesús el Cristo, fundamento de toda práctica eclesial. La teología práctica es cristológica en sus raíces y eclesial en su expansión. De otra parte, tiene en cuenta la realidad histórica y social. Este dato último, a saber, el de una sociedad hoy autónoma y secularizada pero necesitada de evangelización, es una nueva razón añadida a la necesidad de elaborar estudios de pastoral. La situación se confronta con la revelación. Re-cordemos que se ha desplazado la acción de la Iglesia en la sociedad occidental y que la teología no tiene la función rectora que tuvo en otros momentos históricos. Por esta causa urge replantear de nuevo la misión de la Iglesia en el mundo secularizado y pluralista que nos toca vivir. No cabe una teología pastoral perenne.
Finalmente, la producción teológica y pastoral -incluso en cas-tellano- ha crecido en estos últimos años considerablemente. En
particular han incidido profundamente en la teología de la praxis la teología política europea y la teología de la liberación latinoamericana. La teología práctica tiene en cuenta las teologías liberadoras.
Para elaborar este trabajo, que titulo Teología práctica, con el subtítulo Teoría y praxis de la acción pastoral, incluyo lo que he
reflexionado, enseñado y escrito sobre la acción pastoral a partir del Vaticano 11. En particular he tenido en cuenta un libro que publicamos en 1968 Manuel Useros y yo, titulado Teología de la acción pastoral. A pesar de que cuando se editó había concluido el Concilio, ha en-vejecido considerablemente ya que la sociedad española de entonces era muy distinta a la actual y la Iglesia inmediatamente pos conciliar era asimismo diferente a la de hoy. Recupero de aquel manual algunas páginas no oscurecidas por el tiempo.
El contenido lo divido en dos partes: teología práctica general y teología práctica especial. La primera comienza por una sección his-tórica, que incluye la praxis de Jesús y la acción pastoral de las comunidades primitivas y de la Iglesia a lo largo de la historia, para terminar con un capítulo dedicado a la historia de la teología pastoral. Una segunda sección, más teórica, intenta abordar qué se entiende por teología práctica o teología de la praxis. Tengo en cuenta, en la sección tercera, las prácticas o acciones eclesiales. Por último, en la sección cuarta, estudio los diferentes agentes de la acción pastoral. La segunda parte está estructura en secciones correspondientes a la misión (kerig-ma), catequesis (didaskalia), liturgia (leitourgía), comunidad (koino-nía) y servicio en el mundo (diako(koino-nía).
AA
AO
CD
DH
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OE
OS
1M
LO
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SIGLAS
DOCUMENTOS DEL VATICANO II
Apostolicam actuositatem. Decreto sobre el apostolado de
los seglares (18.11.1965)
Ad gentes. Decreto sobre la actividad misional
(7.12.1965)
Christus Dominus. Decreto sobre el ministerio pastoral
de los obispos (28. 10 .1965)
Dignitatis humanae. Declaración sobre la libertad
reli-giosa (7.12.1965)
Dei Verbum. Constitución dogmática sobre la revelación
divina (18.11.1965)
Gravissimum educationis. Declaración sobre la educación
cristiana (28.10.1965)
Gaudium et spes. Constitución pastoral sobre la Iglesia
en el mundo actual (7.12.1965)
Inter mirifica. Decreto sobre los medios de comunicación
social (4.12.1963)
Lumen gentium. Constitución dogmática sobre la Iglesia
(21.11.1964)
Nostra aetate. Declaración sobre las relaciones de la
OE
OT
PC
PO
SC
UR
CP
CT
DM
DVi
EN
ES FC
LE MM OA
PP PT
QA
Orientalium ecclesiarum. Decreto sobre las Iglesias
orien-tales católicas (21.11.1964)
Optatam totius. Decreto sobre la formación sacerdotal
(28.10.1965)
P erfectae caritatis. Decreto sobre la adecuada renovación
de la vida religiosa (28.10 .1965)
Presbyterorum ordinis. Decreto sobre el ministerio y vida
de los presbíteros (7.12.1965)
Sacrosanctum Concilium. Constitución sobre la sagrada
liturgia (4.12.1963)
Unitatis redintegratio. Decreto sobre el ecumenismo
(21.11.1964)
ENCICLICAS y DOCUMENTOS PONTIFICIOS
Communio et progressio. Instrucción pastoral de Pablo
VI (18.5.1971)
Catechesi tradendae. Exhortación apostólica de Juan
Pa-blo 11 (16.10.1979)
Dives in misericordia. Encíclica de Juan Pablo 11
(30.11.1980)
Dominum et vivificantem. Encíclica de Juan Pablo 11
(30.5.1986)
Evangelii nuntiandi. Exhortación apostólica de Pablo VI
(8.12.1975)
Ecclesiam suam. Encíclica de Pablo VI (6.8.1964) Familiaris consortio. Exhortación apostólica de Juan
Pa-blo 11 (22.11.1981)
Laborem exercens. Encíclica de Juan Pablo 11 (14.9.1981) Mater et Magistra. Encíclica de Juan XXIII (15.5.1961) Octogesima adveniens. Carta apostólica de Pablo VI
(14.5.1971)
Populorum progressio. Encíclica de Pablo VI (26.3.1967) Pacem in terris. Encíclica de Juan XXIII (11.4.1963) Quadragesimo anno. Encíclica de Pío XI (15.5.1931)
RHom RMat
RMis
RN RP
SRS
AJOP
CC
CF
CVP
P
PA
TDV
Redemptor hominis. Encíclica de Juan Pablo 11 (4.3.1979) Redemptoris Mater. Encíclica de Juan Pablo II (25.3.1987)
Redemptoris missio. Encíclica de Juan Pablo 11
(7.12.1990)
Rerum novarum. Encíclica de León XIII (15.5.1891) Reconciliatio et paenitentia. Exhortación apostólica de
Juan Pablo 11 (2.12.1984)
Sollicitudo rei socialis. Encíclica de Juan Pablo 11
(30.12.1987)
DOCUMENTOS DEL EPISCOPADO ESPAÑOL
Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y pa-labras. Plan de acción pastoral de la Conferencia
epis-copal española, Madrid 1986
La catequesis de la comunidad. Orientaciones pastorales
para la catequesis en España, hoy. Documento de la Co-misión episcopal de enseñanza y catequesis, Madrid 1983
El catequista y su formación. Orientaciones pastorales.
Documento de la Comisión episcopal de enseñanza y ca-tequesis, Madrid 1985
Los católicos en la vida pública. Instrucción pastoral de
la Comisión permanente de la Conferencia episcopal es-pañola, Madrid 1986
La visita del Papa y la fe de nuestro pueblo. Programa
pastoral de la Conferencia episcopal española, Madrid 1983
Plan de acción de la Comisión episcopal de enseñanza y
catequesis para el trienio 1984-1987, Madrid 1984
Testigos del Dios vivo. Reflexión sobre la misión e
16 ClC DCG LC MED MDP PUEB VDD OGMR RICA RitBaut RitConf RitEx RitMat RitPen RitUnc Siglas
OTROS DOCUMENTOS OFICIALES
Codex iuris canonici. Código de derecho canónico.
Pro-mulgado por Juan Pablo II (25.1.1983). El anterior es de 1917
Directorium catechisticum generale. Directorio general
de pastoral catequética de la Congregación del clero (11.4.1971). Edición bilingüe, Secretariado nacional de catequesis, Madrid 1973
Líneas comunes de orientación para la catequesis en Amé-rica Latina, Bogotá 1981
La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio. Segunda Conferencia general del
Episcopado latinoamericano, edición del Secretariado ge-neral del CELAM, Bogotá 1973
La catequesis de nuestro tiempo. Mensaje al pueblo de
Dios Documento del Sínodo de Obispos de 1977, Madrid 1978
La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina. Tercera Conferencia general del Episcopado
la-tinoamericano, Secretariado general del CELAM, Bogotá 1983
El Vaticano Il, don de Dios. Los documentos del Sínodo
extraordinario de 1985, Madrid 1986
DOCUMENTOS LITURGICOS
Ordenación general del misal romano (3.4.1969) Ritual de la iniciación cristiana de adultos (6.1.1976) Ritual del bautismo de niños (15.5.1969)
Ritual de la confirmación (22.8. 1971) Ritual de exequias (29.6.1989,2 ed.) Ritual del matrimonio (19.3.1969) Ritual de la penitencia (2.12.1973)
Ritual de la unción y de la pastoral de enfermos
(7.12.1972) AAS AcBibl AcCat AcPast ALW AnCan Ang Anima Ant ArSSR AtCont Bibl BiLi BiFe BiViChr BolHoac Burg BZThS Catéchese Catechistes Cathol CatLat CelebrIgl CFP CFf Chr CiFe CiTom CiuDi Siglas
REVISTAS, DICCIONARIOS Y OBRAS COLECTIVAS
Acta Apostolicae Sedis Actualidad Bibliográfica Actualidad Catequética Actualidad Pastoral
Archiv für Liturgiewissenschaft (antes: JLW) L' Anée Canonique
Angelicum
Anima (desde 1966: Diakonia) Antonianum
Archives des Sciences Sociales des Religions G. Girardi, El Ateísmo Contemporáneo, 4 vols.,
Madrid 1971 Biblica
Bibel und Liturgie Biblia y Fe
Bible et Vie Chretienne
Boletín de la Hoac (ahora: Noticias Obreras) Burgense
Bonner Zeitschrift für Theologieund Seelsorge Catéchese
Catechistes
17
G. Jacquemet (dir), Catholicisme. Hier-Aujourd'hui-De-main, Paris 1948 ss
Catequesis Latinoamericana
D. Borobio (dir), La celebración en la Iglesia. l. Liturgia y sacramentología fundamental, Salamanca 1985;
n.
Sa-cramentos, 1988C. Floristán - LJ. Tamayo (dirs.), Conceptos Fundamen-tales de Pastoral, Madrid 1983
H. Fries (dir.), Conceptos Fundamentales de la Teología,
2 vols., Madrid 21979 Christus
CivCat Com ComChrét ComLit Comp Conc Conf Cor CristSoc CSCO CSEL CuIBil CuOrP DAbPast DACL DAFC DB DBS DE DETM Diak DiaEc DicCat Did Div DNT DocCath DocMis DocSoc
Civiltil Cattolica Communio
Communauté Chrétienne
Communautés et Liturgie (antes: Paroisse et Liturgie)
Compostellanum Concilium Confer Corintios XIII
Cristianismo y Sociedad
Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium . Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum
Cultura Bíblica
Cuadernos de Orientación Pastoral
C. Floristán - J. J. Tamayo, Diccionario Abreviado de
Pastoral, Estella 1988
F. Cabrol - H. Leclerq, Diccionnaire d'Archéologie Chrétienne et de Liturgie, 15vols., Paris 1907-1953
A. d' Ales (diL), Diccionnaire Apologétique de la Foi Catholique, Paris 41909-1931
F. Vigouroux (diL), Diccionnaire de la Bible, 5 vols.,
Paris 1895-1912
L. Pirot - A. Robert (dirs.), Dictionnaire de la Bible. Supplément, Paris 1928 ss
E. Ancilli (dir.), Diccionario de Espiritualidad, 3 vols.,
Barcelona 1983-1984
L. Rossi - A. Valsecchi (dirs.), Diccionario Enciclopé-dico de Teología Moral, Madrid 1978
Diakonia (antes: Anima) Diálogo Ecuménico
J. Gevaert (diL), Diccionario de Catequética, Madrid
1987 Didascalia Divinitas
X. Léon-Dufour (diL), Diccionario del Nuevo Testamen-to, Madrid 1977
La Documentation Catholique Documenta Missionalia Documentación Social
DS DSAM DThC DTI DTNT ECA Eccl EfDiac EgITh EphCarm EphLit EphThLov. EstBil EstEcl EstFr EstMis EspVie Et Et Bib EtThRel EvTh FoiT Gr GuL HDienst HK HdPTh HyD ICI Idlnt IgIOrac
H. Denzinger, Enchiridion Symbolorum, Definitionum et Declarationum de rebus fidei et morum, desde ed. 32 dir.
A. Schonmetzer, Barcelona 1963 ss
M. Viller (diL), Dictionnaire de Spiritualité Ascétique et Mystique, Paris 1932 ss
A. Vacant - E. Mangenot (dirs.), Dictionnaire de Théo-logie Catholique, Paris 1899 ss
L. Pacomio y otros, Diccionario Teológico Interdiscipli-nar, 4 vols., Salamanca 1982-1983
L. Coenen (dir), Diccionario Teológico del Nuevo Tes-tamento, 4 vols., Salamanca 21987
Estudios Centroamericanos Ecclesia
Effort Diaconal Eglise et Théologie Ephemerides Carmeliticae Ephemerides Liturgicae
Ephemerides Theologicae Lovanienses Estudios Bíblicos
Estudios Eclesiásticos Estudios Franciscanos Estudios de Misionología Esprit et Vie
Etudes
Etudes Bibliques
Etudes Théologiques et Religieuses Evangelische Theologie
La Foi et le Temps Gregorianum Geist und Leben Heiliger Dienst Herder-Korrespondenz
F. X. Arnold - K. Rahner - V. Schurr - L. M. Weber (dirs.), Handbuch der Pastoraltheologie, 5 vols.,
Frei-burg 1964-1972 Hechos y Dichos
Information Catholiques Internationa1es Idoc International
20 IgVi ImFe InicPrTeol Irén 1st JLW KerDog Laic LHoy LJ LThK Lumen LumVie LumVit Man MasOuv MD MGH MisAb MisExt MisJov Mor MM MS NDEsp NDLit NDT Not NotObr NRT OrPast OrSo Pág Iglesia Viva Imágenes de la Fe
Siglas
B. Lauret - F. Refoulé (dirs.), Iniciación a la práctica de la teología, 5 vols., Madrid 1984-1986
Irénikon Istina
Jahrbuch für Liturgiewissenschaft Keryma und Dogma
Laicado Los Laicos, Hoy Liturgiches Jahrbuch
J. Hofer - K. Rahner (dirs.), Lexikon für Theologie und
Kirche, 10 vol s ., Freiburg 1957-1965
Lumen Lumiere et Vie Lumen Vitae Manresa Masses Ouvrieres La Maison Dieu
Monumenta Germaniae Historica Misión Abierta
Misiones Extranjeras Misión Joven
Moralia (antes: Pentecostés) Mundo Mejor
J. Feiner - M. Lohrer (dirs.), Mysterium Salutis, 9 vols., Madrid 1969-1984
Sto De Fiores - T. Goffi (dirs.), Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Madrid 1983
D. Sartore - A.M. Triacca (dirs.), Nuevo Diccionario de Liturgia, Madrid 1987
G. Barbaglio - S. Dianich (dirs.), Nuevo Diccionario de Teología, 2 vols., Madrid 1982
Notitiae Noticias Obreras
Nouvelle Revue Théologique Orientamenti Pastorali Orientamenti Sociali Páginas ParLit ParMis PastLit PastMis PastPop Pent PerRMCL PG Phase PL PMV Proy Pueb QLitPar QPast QVC RAPop RasT RB REB RechSR REDC RelCult RelScuo RevBíb RevEspir RevEspDC RevEspT RevLatT RevNouv RevPastJuv RevSR RevTh RF RGG RHPR Siglas
Paroisse et Liturgie Parole et Mission Pastoral Litúrgica Pastoral Misionera Pastoral Popular
Pentecostés (ahora: Moralia)
Periodica de re morali, canonica, liturgica
21
J. P. Migne (dir.), Patrologia Graeca, 161 vols.,
Paris-Montrouge 1857-1866 Phase
J. P. Migne (dir.), Patrologia Latina, 221 vols.,
Paris-Montrouge 1844-1864 Pro Mundi Vita Proyección Puebla
Questions Liturgiques et Paroissiales Quadems de Pastoral
Qüestions de Vida Cristiana Revue de l' Action Populaire Rasegna di Teologia Revue Biblique
Revista Eclesiastica Brasileira Recherches des Science Religieuse Revista Española de Derecho Canónico Religión y Cultura
Religione e Scuole Revista Bíblica
Revista de Espiritualidad
Revista Española de Derecho Canónico Revista Española de Teología
Revista Latinoamericana de Teología Revue Nouvelle
Revista de Pastoral Juvenil Revue de Sciences Religieuses Revue Thomiste
Razón y Fe
K. Galling (dir.), Die Religion in Geschichte und Ge-genwart, 6 vols., Tübingen 31956-1962
RHSp RLit RPasLit RSPhTh RSR RTLv RTM RVSp SacrEr Sal Salm SalT ScEc Schol ScuoC Seel SelLib SelTeol Seminarios Seminarium Ser Sin SM
SocCom Sp StdZ StMor Str Surge TécAp TeolAP
TeolCat ThRv ThWNT
ThXav TThZ
Revue d'Histoire de la Spitualité Rivista Liturgica
Rivista di Pastorale Liturgica
Revue des Sciences Philosophiques et Théologiques Revue de Science Religieuse
Revue Théologique de Louvain Rivista di Teologia Morale Rivista di Vita Spirituale Sacris Erudiri
Salesianum Salmanticensis Sal Terrae
Sciences Ecc1ésiastiques Scholastik
Scuola Cattolica Die Seelsorge Selecciones de Libros Selecciones de Teología Seminarios
Seminarium Servir Sinite
K. Rahner - A. Darlapp (dirs.), Sacramentum Mundi, 6
vols., Barcelona 1972-1976 Social Compass
Spiritus
Stimmen der Zeit Studia Moralia Stromata Surge
Técnicas de Apostolado
C. Floristán - M. Useros (dirs.), Teología de la acción pastoral, Madrid 1968
Teología y Catequesis Theologische Revue
G. Kittel -G. Friedrich (dirs.), Theologisches Worterbuch zum Neuen Testament, Stuttgart 1933 ss
Theologica Xaveriana
Trierer Theologische Zeischrift
VerCar VerVie ViNue Voc VR VS VSS VTB
ZAW ZKTh ZThK
Verbum Caro Vérité et Vie Vida Nueva Vocaciones Vida Religiosa La Vie Spirituelle
La Vie Spirituelle. Supplement
X. Léon-Dufour (diL), Vocabulario de Teología Bíblica,
Barcelona 71975
Zeitschrift für die Alttestamentliche Wissenchaft Zeitschrift für Katholische Theologie
ABREVIATURAS
a. año
a.C. antes de Cristo
AC Acción Católica
art. artículo
a.c. artículo citado
AT Antiguo Testamento
c. can. canon, cánones
ca. circa
cap. capítulo
cf. confer, véase
cit. citado
col. columna
d.C. después de Cristo
dir. director, dirección
ed. edición, editorial, editado
eds. editores
enc. encíclica
etc. etcétera
ibid. allí mismo
id. el mismo
intr. introducción
l.c. lugar citado
LXX Septuaginta
n. número
nt. nota
O.c. p. pp. p. ej. pról. q. Rit s. ss. s.a. s.f. sect. sess. S.Th. t. tr. v. vv. Vat. v. gr. vol. vols.
obra citada página (s) por ejemplo prólogo
cuestión, quaestio Ritual
siguiente (s), siglo (s) sin año
sin fecha sección sesión
Surnma Theologica tomo
traducción versículo (s) Vaticano verbi gratia volumen (es)
,
,1
1.
Historia
II.
Teología
III.
Práctica
IV.
Agentes
LA PRAXIS DE JESUS
Según la exégesis actual, los evangelios no son documentos o relatos biográficos de Jesús sino testimonios o confesiones de fe na-cidas de la experiencia pascual de las primeras comunidades. Antes de ser historia, los evangelios fueron proclamación de narraciones en comunidad para hacer viva la presencia continua del Resucitado. Con-secuentemente podemos afirmar que son también relatos de la praxis prepascual y pascual llevada a cabo por Jesús, a quien «Dios ha hecho Señor y Cristo» (Hech 2, 36). Los evangelios -afirma P.
Grelot-«son, por excelencia, documentos pastorales y la investigación
exe-gética en su conjunto tiene por finalidad esclarecerlos desde el punto
de vista de sus funciones pastorales» I
. La experiencia previa y
pos-terior a la pascua es básica para entender los evangelios, redactados para ayudar a la adhesión de la fe en Jesucristo, no para satisfacer la curiosidad. Los exegetas afirman que poseemos suficiente información sobre la actividad de Jesús de Nazaree. Esta actividad, relatada por los evangelios como praxis, la estudio aquí como acción pastoral paradigmática. Para ello examino algunos rasgos importantes de la praxis de Jesús reflejados en su ministerio. No intento presentar la totalidad de la figura de Jesús de Nazaret ni resumir en breves páginas una cristología.
1. P. Grelot, Los evangelios y la historia, Barcelona 1987, 14. Cf. del mismo autor, Exégese, théologie, pastorale: NRT 88 (1966) 3-13; 132-148.
2. Cf. J. Jeremias, Teología del Nuevo Testamento, I. Lo predicación de Jesús,
Salamanca 1974; H. Braun, Jesús. el hombre de Nazaret. y su tiempo. Salamanca 1975;
E. Kiisemann, Ensayos exegéticas, Salamanca 1978; G. Bomkamm, Jesús de Nazaret,
32 Teología Práctica
l. Cristología y acción pastoral
La fe se expresa de acuerdo a las imágenes que se dan de Jesucristo, centro de la vida cristiana, de la acción pastoral y de la reflexión teológica. Ahora bien, las imágenes, representaciones y vivencias que poseemos de Jesús o de Cristo dependen originariamente de la edu-cación cristiana familiar, catequesis parroquial, formación religiosa escolar, predicación dominical y cursos de formación teológica, lu-gares habituales de transmisión de diferentes interpretaciones de Je-sucristo o del cristianismo, sin olvidar el influjo de los lugares sociales y factores culturales en donde se genera -o se rechaza- el pensa-miento cristológico. En el fondo de toda vida cristiana y de cualquier reflexión teológica late consciente o inconscientemente una determi-nada cristología. Evidentemente, a lo largo de la vida evolucionan las imágenes y representaciones que tenemos de Jesús o de Cristo, que han sido y son variadas. Aquí me limito a señalar dos concepciones cristológicas significativas: las que subyacen en la acción pastoral de acuerdo a diferentes soteriologías y las que posee el pueblo cristiano, fruto de la iconografía, catequesis y predicación o consecuencia de la misma acción pastoraP.
a) Imágenes de Jesús en la acción pastoral
La acción pastoral desarrollada después de la segunda guerra mun-dial se ha manifestado básicamente de una doble manera, como pas-toral de cristiandad de talante conservador y como pastoral misionera
de corte progresista. Ambas pastorales se corresponden con dos modos de entender, a su vez, la cristología: de tipo descendente o desde
arriba, de línea más conservadora, y de tipo ascendente o desde abajo,
de línea más aperturista4
• Examinemos los rasgos más sobresalientes de estas dos cristologías con sus implicaciones pastorales5
•
3. Cf. L. Maldonado, Génesis del catolicismo popular, Madrid 1979, segunda parte
Una cristología popular, 175-221; S. Galilea - R. VidaJes, Cristología y pastoral popular,
Bogotá 1974.
4. Cf. Ch. Duquoc, Jesús hombre libre, Salamanca 81990; id., Mesianismo de Jesús y discreci6n de Dios, Madrid 1985.
5. Cf. A. Torres Queiruga, La cristología después del Vaticano JI, en C. Floristán-J. Floristán-J. Tamayo, (eds.), El Vaticano JI, veinte años después, Madrid 1985, 173-200; J. J. González Faus, Acceso a Jesús, Salamanca 71991, especialmente el cap. 1; F. J. Vitoria Cormenzana, ¿Todavía la salvaci6n cristiana? El diseño soteriológico de cuatro cris-tologías actuales: ,<Jesús el Cristo», «El Dios crucificado», «Cristología desde América Latina» y «La Humanidad Nueva», 2 vol.
Historia 33
1. Cristologías pastorales deductivas
Las cristologías descendentes o deductivas de talante ontológico y dogmático o de fundamento metafísico han dado lugar a una eclesio-logía cerrada o a una Iglesia centrada en su problemática interna. Cristo se entiende como el Lagos o Verbo encamado, la segunda persona de
la Trinidad. El punto de arranque es la divinidad de Jesús, a quien sólo se le comprende desde Dios: es consustancial al Padre. Estas cristologías intentan explicar el modo de la unión hipostática y el proceso interno de la redención mediante la muerte satisfactoria de Cristo. Los evangelios no son considerados primordialmente relatos sino pruebas del sistema doctrinal. Son cristologías con acento teórico
preocupadas por el lenguaje teológico. Representan esta tendencia las cristologías de los manuales teológicos del s. XIX y primera mitad del s. XX6
• Las cristologías descendentes han sido influidas por de-terminadas maneras de llevar a cabo la acción pastoral y, a su vez, han impregnado el ministerio cristiano con categorías que han sido internalizadas por el mismo pueblo cristiano. Señalemos como ejemplo la resignación, la expiación y el poder.
En primer lugar, lo más característico e irrenunciable de Jesús de Nazaret, que es la cruz, se ha convertido frecuentemente en justific cación de la resignación. Según esta interpretación, Jesús es sustituido
por la imagen religiosa de la cruz, en tanto que la crucifixión no es decisión de unos poderes concretos religiosos o políticos sino conse-cuencia del pecado general de la humanidad o de la perfidia del pueblo judío. Precisamente en el s. XIX, cuando emergen los movimientos sociales de emancipación, se inculca en la Iglesia una imagen de Jesús obediente y resignado, sometido a los decretos del Padre. Toda rebeldía contra la explotación, reivindicación social o crítica de los poderes establecidos es sinónimo de pecado. Al cristiano le toca obedecer y llevar la cruz.
En segundo lugar, la cruz ha justificado toda clase de sufrimientos, tanto los naturales como los indebidos o injustos. El cristiano, a imi-tación de Cristo, debe padecer. La idea del sacrificio expiatorio o de la expiación de valor infinito lo envolvía todo. Por consiguiente, como
Dios ya está aplacado, no hay necesidad de que cambie la sociedad. Incluso la misa era entendida casi exclusivamente como santo sacri-ficio, la mesa de la cena del Señor como altar y Jesús como víctima a causa de su función expiatoria.
En tercer lugar, la imagen de Jesús, bajo el título de Cristo-Rey, ha servido para justificar el poder de diversos regímenes políticos conservadores o incluso dictatoriales cuando el catolicismo era religión de estado. La fiesta de Cristo-Rey, instaurada por Pío XI en 1925, aparece en el contexto social y político de una Iglesia a la defensiva frente a una sociedad laica, anticlerical, socialista y republicana. El catolicismo cobra una dimensión beligerante. Por el contrario, también ha sido entendido Jesús de Nazaret como el revolucionario que instaura el Reino de un modo violento. Jesús ha servido de justificación de guerras, cruzadas y guerrillas. Su imagen se ha puesto al servicio de un universalismo falso, de un pacifismo sospechoso o de una violencia inadmisible. Sencillamente ha tenido una función legitimadora de cier-tos intereses económicos y políticos.
2. Cristologías pastorales genéticas
Las cristologías ascendentes o inductivas tienen en cuenta el pro-ceso genético que siguieron los apóstoles desde Jesús de Nazaret al Cristo resucitado. Tienen talante socio-político y se fundamentan en una teología positiva, en una exégesis renovada de la Biblia y en un aprecio de la evolución de la historia y de los problemas de la sociedad? Estas cristologías son sensibles a la dimensión social y política de los relatos evangélicos. Cristo se entiende desde el Padre y desde el Reino. El punto de arranque es la humanidad de Jesús o el Jesús histórico para llegar a su resurrección o hasta Dios, a quien revela. Importa conocer la vida concreta de Jesús a partir de su humanidad y de su propia historia humana. Son cristologías con acento práctico preo-cupadas por el lenguaje pastora18
• Especial relieve tienen las cristo-logías escritas -en expresión de J. 1. González Faus- «desde los que están abajo», denominadas latinoamericanas o de la liberación. Relacionan la memoria de Jesús crucificado con la crucifixión actual del pueblo y el mensaje evangélico liberador con la situación de cautiveri09
•
7. Marcan un tránsito de un tipo de cristología a otro las obras de K. Rabner-M. Thussing, Cristología. Estudio sistemático y exegético, Madrid 1975; W. Pannenberg,
Fundamentos de cristología, Salamanca 1974; Ch. Duquoc, Cristología, Salamanca '1985; D. Wiederkehr, Esbozo de cristología sistemática, en MS, III/I, 505-570.
8. Representan esta tendencia las cristologías de J. Moltmann, El Dios crucificado, Salamanca 21977 y de E. Schillebeeckx, Jesús. Historia de un viviente, Madrid 1981.
9. Cabe destacar aquí las cristologías latinoamericanas de L. Boff, Jesucristo el
Liberador, Santander 1980; J. Sobrino, Cristología desde América Latina, CRT, México 21977; id., Jesús en América Latina, Santander 1982; J. L. Segundo, El hombre de hoy
ante Jesús de Nazaret, 3 vol., Madrid 1982; y la española de J. 1. González Faus, La
humanidad nueva. Ensayo de cristología, Santander 61984.
También las cristologías ascendentes han sido influidas por el que-hacer pastoral y han influido en el mismo. Frente a una función con-servadora de la figura de Jesús en la pastoral de cristiandad, ha surgido una función liberadora del Salvador en la pastoral misionera o evan-gelizadora, al poner el acento de la cristología en estos puntos: 1) el reino de Dios o reino de los pobres, a cuyo servicio está Jesús; 2) el Dios del reino, a quien se dirige Jesús como Abba, que es padre de todos; 3) la muerte violenta de Jesús, consecuencia de su tenor de vida, que le posibilita morir por nuestros pecados 10. Al descubrir la pasión de Jesús por el Reino y su justicia, descubrimos que la muerte de Jesús no es glorificación de un sufrimiento sino consecuencia de la pasión por la justicia.
b) Imágenes de Jesús en el pueblo cristiano
El pueblo cristiano ha confesado durante siglos su fe en Cristo sin mayor dificultad, aunque han variado a lo largo de la historia sus imágenes iconográficas y representaciones conceptuales de acuerdo a ciertos influjos culturales, afirmaciones conciliares, síntesis catequé-tic as , rituales litúrgicos y libros devocionales. Se pueden entrever algunos rasgos propios de la cristología popularl l
.
1. Un Jesús deducido de los evangelios literalmente entendidos
Hasta los umbrales del Vaticano 11 el pueblo católico apenas co-noció la Biblia, cuyas ediciones se divulgaron en las décadas de los cuarenta y cincuenta, sin una adecuada catequesis. Hasta entonces se conocía la Escritura como historia sagrada aprendida junto al catecismo o como pasaje evangélico escuchado en la misa mayor del domingo. Solamente tenían un cierto conocimiento bíblico los miembros de los
grupos bíblicos o de los movimientos apostólicos. Los evangelios han sido entendidos por el pueblo, y en gran medida los entiende, como relatos históricos que narran los hechos tal como sucedieron o como meras biografías de Jesús. Dentro del evangelio atraen poderosamente los milagros, que se aceptan al pie de la letra. No olvidemos que los milagros impresionan al pueblo, quizá porque los necesita. A veces el cristianismo se convierte en una religión de los milagros.
, Jesús es para el pueblo el Señor de los milagros.
10. Cf. J. Sobrino, Jesús de Nazaret, en CFP, 480-513.
36 Teología Práctica
2. Un Jesús 'que en el fondo es sólo Dios
El pueblo católico se dirige a Cristo como a Dios. Por medio del catecismo aprendió que Jesucristo nació de la Virgen por obra del Espíritu Santo y que tuvo desde niño conciencia plena de ser Dios mediante la ciencia infusa y la visión beatífica. Los ojos de Jesús son ojos de Dios; Dios ve y actúa a través de Cristo, que no es del todo hombre como nosotros. Su humanidad es mera apariencia. Recorde-mos que este modo de pensar fue propio de los docetas (o doketas)
del s. 11, es decir, de los aparentistas, quienes creían en la mera
apariencia humana de Jesús como Dios. Karl Rahner afirmó que el pueblo católico, en el fondo, posee un «monofisismo latente» ya que cree sólo en la naturaleza divina de Jesús.
Jesús es para el pueblo el Dios omnipotente y omnisciente.
3. Un Jesús que padece para darnos ejemplo
La primera imagen popular del crucificado fue gloriosa, al vene-rarse la cruz como instrumento de victoria sobre la muerte, el pecado y el demonio. A partir del s. XI se propagan rápidamente en las iglesias románicas las tallas de Cristo de tamaño natural, en madera o en bronce. Junto al triunfo de Cristo, manifestado en la serenidad de su rostro y en el sosiego de todo su cuerpo, aparece el sufrimiento del crucificado con rostro dolorido y ojos entornados, imagen del «varón de dolores». Es el Dios sufriente de los campesinos pobres, de los enfermos desamparados y de los esclavos sometidos. «Por eso el Cristo sufriente y moribundo, marginado y condenado -afirma L. Maldo-nado-, se ha convertido en el centro de la religión de los oprimidos» 12. Jesús toma la cruz, se sacrifica, sufre como ninguno. Es modelo de paciencia, resignación y obediencia. A menudo, los sufrimientos se interpretan como castigo de Dios o voluntad divina y como conse-cuencia del pecado original, al ser todos hijos de padres desobedientes.
Jesús es para el pueblo el Nazareno, el Crucificado.
4. Un Salvador que expía los pecados y nos da el cielo
Para el pueblo católico, el mundo equivale a valle de lágrimas o a desastre que termina con la muerte, a partir de la cual hay salvación. Jesús nos abrió las puertas del cielo al perdonarnos como Dios. Su
12. L. Ma1donado, Génesis del catolicismo popular, o. c., 196.
Historia 37
ejemplo es válido para arrepentirse y no pecar, comportarse de acuerdo a los mandamientos, frecuentar los sacramentos, alcanzar una buena muerte y entrar en el cielo. En el fondo, la vida es ocasión de hacer méritos y de vivir en gracia.
Jesús es para el pueblo el Salvador de nuestros pecados.
2. Modelos de Jesús en su praxis pastoral
Para comprender la praxis de Jesús, examinemos en primer lugar los modelos de su comportamiento pastoral relatados por los evan-gelios, teniendo en cuenta al mismo tiempo algunos datos sobre la situación del judaísmo en tiempos de Jesús 13 •
Jesús es objeto de fe como resucitado. Al aplicarle varios títulos esenciales que ya aparecen en los evangelios y que han sido acu-ñados litúrgica y dogmáticamente -Cristo, Mesías, Señor, Sal-vador, Hijo de Dios - , tenemos el peligro de considerar accesorio el contorno histórico de' Jesús de Nazaret. Evidentemente, también podemos caer en la tentación opuesta: reducir nuestra consideración pastoral al Jesús histórico, olvidando el acontecimiento de la pascua. Teniendo en cuenta estas dos exigencias, podemos examinar los modelos de Jesús derivados de su actuación o de sus hechos y dichos. Con todo, recordemos que la figura de Jesús no se deja encerrar en marcos definidos y concretos, ya que «la personalidad histórica de Jesús -afirma Ch. Perrot- se nos escapa un poco en el momento en que creemos que la hemos captado»14, aunque cabe destacar algunos rasgos peculiares de su actividad.
a) Jesús no fue «sacerdote» del templo
La ley religiosa judía o la Torah fue custodiada e interpretada en primer lugar por los sacerdotes; después lo sería también por los es-cribas. En concreto el sumo sacerdote, custodio de la ley y del templo,
presidía el sanedrín y el culto. Su dignidad era tan elevada como su nivel económico, a causa de los ingresos que producía el templo. En
13. Cf. J. Jeremias, Jerusalén en tiempos de Jesús. Estudio económico y social del
mundo del NT, Madrid 1977; H. Guevara, Ambiente político del pueblo judío en tiempos de Jesús, Madrid 1985; E. Schürer, Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús, 2 vo1s.,
Madrid 1985; A. Pau1, El mundo judío en tiempos de Jesús, Madrid 1982; Ch. SauInier-B. Rolland, Palestina en tiempos de Jesús, Estella 1979 (Cuadernos Bíblicos, 27).
tiempos de Jesús, por apetencias del cargo, el sumo sacerdote se hallaba sometido al dominador romano. Su puesto era acaparado por cuatro familias de neta orientación saducea. Lógicamente era un per-sonaje impopular. Para ayudar a llevar a cabo su función estaban los
jefes de los sacerdotes, familiares o amigos suyos, encargados del
culto, del mantenimiento del templo y de la tesorería. Los sacerdotes
se ocupaban de los sacrificios. Al ser unos 7.000, se dividían en tumos semanales, salvo en las tres grandes festividades y peregrinaciones, en las que intervenían todos. Fuera de algunas semanas de ocupación sacerdotal, el resto del tiempo lo dedicaban a otros oficios. El sacer-docio era hereditario.
A lo largo de su vida pública, Jesús tuvo pocos contactos con los sacerdotes, salvo en los momentos de la pasión. Ironizó las preocu-paciones sacerdotales en la parábola del buen samaritano (Lc 10,31) y atacó el lugar de los sacrificios en la escena denominada de la «purificación» del templo, hecho que se encuentra en los tres sinópticos (Mc 11,15-19; Mt 21,12-17; Lc 19,45-48) y en Juan (2,13-22). La expulsión de los mercaderes produjo asombro por la autoridad que mostró Jesús. Puso en tela de juicio el templo, al menos como lugar de sacrificios cruentos. Frente a la afirmación religiosa de que Dios está presente en el templo, Jesús enseña que Dios está en todas partes, pero de una manera privilegiada en la comunidad nueva de los dis-cípulos (<<donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio de ellos, estoy yo», Mt 18,20) y en la caridad con los pobres (<<cada vez que lo hicisteis con uno de esos hermanos míos tan insignificantes lo hicisteis conmigo», Mt 25,40). Jesús oró en el campo y en las montañas. Para él no hay separación entre el espacio sagrado y el religioso, ya que todo es santo porque todo es creación de Dios. El templo nuevo será la humanidad resucitada porque la esencia del tem-plo nuevo es la justicia del Reino.
Sin embargo, sólo la carta a los Hebreos aplica a Cristo el título de «sacerdote» o «sumo sacerdote» con una doble condición: Jesús no pertenece a la estirpe sacerdotal judía ya que fue seglar (7, 13-14), ni su culto es ritualista sino «en espíritu y en verdad» (In 4,23-24),
ya que «se ofreció a sí mismo» en bien de la humanidad (5, 7-10). Jesús cumple la doble condición del ministerio sacerdotal: transmitir a los hombres la palabra de Dios y presentar a Dios los sacrificios de los hombres, que se resumen en la entrega de la vida propia al servicio de los hermanos. El sacerdocio de Jesús es único como único es su sacrificio. La muerte de Jesús no se lleva a cabo con la minuciosidad de un ritual sagrado, sino con una entrega de amor total hasta la muerte, verdadero culto a Dios. En resumen, JeslÍs es sumo sacerdote porque
se hizo semejante a los que sufren, llegó a la muerte por amor de la justicia y se entregó con fidelidad a Diosl5
•
Como consecuencia podemos deducir que la confianza del cristiano no debe ponerse en las instituciones ni en las ritualidades, sino en la cruz de Cristo como revelación del amor de Dios y reconciliación de la humanidad. El fasto de la ceremonias es inservible; lo esencial es Cristo, el único sacerdote. Dios no quiere el sufrimiento sino el amor, no desea la muerte sino la vida. La liturgia cristiana no se reduce a un ritual cristiano en el templo, sino que abarca toda una vida entregada a los hermanos en espíritu y en verdad. Sólo bajo esta perspectiva se comprende el sacerdocio de Jesús.
b) Jesús no fue «escriba» de la ley
En tiempos de Jesús, escribas o doctores de la leyeran los intér-pretes de la ley, encargados de explicarla y actualizarla, de acuerdo a los nuevos tiempos o a los problemas planteados. Eran una mezcla de teólogos y de juristas. Al creer que se había terminado el tiempo de los profetas, los escribas se consideraban sus herederos hasta que apareciese el profeta mesiánico de los últimos tiempos. Por esta razón, dar el título de profeta a Juan Bautista o a Jesús equivalía al reco-nocimiento de la llegada de los últimos tiemposl6. Recordemos que el judaísmo se hizo rabínico después de la destrucción del templo del año 70 y de la desaparición del sacerdocio ritual.
Para ser escriba se necesitaban estudios largos y precisos, con objeto de conocer la ley y las tradiciones orales. Se lograba el título hacia la edad de los 40 años. Los escribas llevaban vestidos especiales, ocupaban la presidencia en cualquier reunión y eran saludados, hon-rados y apreciados por el pueblo. Su presencia era indispensable en diversos consejos y tribunales, incluso en el sanedrín. La mayoría eran de tendencia farisea caracterizada por su pureza ritual. Como guías espirituales del pueblo, su cometido consistía en promover la fe en Dios y ayudar a cumplir su voluntad mediante las reglas de pureza ritual. De este modo el pueblo podía sentirse cerca de Dios sin la necesidad imperiosa del templo y de sus costosos sacrificios. Por esta causa, cuando después de la catástrofe del año 70 desaparecen el templo y el sacerdocio, los escribas o rabinos se convierten en los jefes religiosos del judaísmo.
Según X. Léon-Dufour, Jesús aparece como un rabino; enseña
40 Teología Práctica
en las sinagogas, reúne discípulos y los educa en el estilo de las escuelasl7 • Los evangelios afirman que Jesús «enseñaba» a sus dis-cípulos y a la gente. Sin embargo, no es un escriba más aunque algunos le dirigieron la palabra con el título respetuoso de rabbí
(que equivalía a decir hoy señor), puesto que «le faltaba -escribe
J. Jeremias- la condición fundamental para ser escriba: el estudio teológico»18. Jesús no se limita a enseñar en ·las sinagogas sino que instruye en cualquier parte, al aire libre, en las plazas, a la orilla del mar. Entre sus discípulos hay mujeres y niños, pecadores y publicanos, campesinos y pescadores, es decir, gente sencilla. Jesús enseñó de acuerdo a la tradición sapiencial judía por medio de parábolas, sentencias, instrucciones y controversias.
En realidad, Jesús no hizo la carrera de escriba ni fue considerado por sus contemporáneos como tal. Sus oyentes vieron en él sus di-ferencias con los escribas más que sus semejanzas. Fue un maestro que no enseñaba «como los escribas» sino con «autoridad» (Mc 1,22; Mt 7,29). Su autoridad deriva de sí mismo, no de la «tradición de los padres». Los evangelios señalan la distancia entre Jesús y la ley judía o la torá. Según Marcos, hay una distancia total; para Mateo, Jesús es la nueva torá porque es el maestro nuevo que enseña y prescribe
(Mt 28,19-20); Lucas presenta a Jesús como primera autoridad. El enfrentamiento de Jesús con la ley fue de tal manera que produjo escándalo. La ley, que era de institución divina para los judíos, con-sistía en la recopilación de multitud de preceptos, decretos, mandatos y estatutos que daban sentido a la conciencia del pueblo, a sus prác-ticas, conductas y creencias. Se consideraba legislación de Moisés y algunos la identificaban con la sabiduría plasmada en los libros sa-pienciales. En tiempos de los macabeos muchos judíos murieron por defender la ley, especialmente cuando los romanos prohibieron la observancia del sábado, el rito de la circuncisión y la conservación de las escrituras.
«Jesús no fue un hombre sistemáticamente opuesto a la ley _ afirma 1. 1. González Faus - . Fue un hombre liberado de la
ley» 19. Declara que la leyes insuficiente. La desautoriza en cuanto a su autoridad, su contenido y su pretensión salvadora. A la ley sucede la gracia y el propio Jesús, como se ve en el sermón del monte (Mc 1 y Mt 5-7). No cambia, pues, Jesús unas leyes por otras sino que proclama la libertad del nuevo mandamiento de la
17. X. Léon-Dufour, Los evangelios y la historia de Jesús, Madrid 31982,372. 18. J. Jeremias, Teología del NT, o. c., 98.
19. J.1. González Faus, La Humanidad Nueva. Ensayo de Cristología, o. c., 57.
Historia 41
caridad, visto por sus discípulos como «mandamiento nuevo» (Jn l3, 14). En definitiva, Jesús es maestro cercano al profeta y al sabio:
es un maestro carismático y autorizad020 •
c) Jesús fue «profeta» del reino
Según Ch. Perrot, «el profeta escatológico, esperado para los úl-timos tiempos, anuncia el juicio de Dios y la inminencia del cambio cósmico que señalará la venida del reino de Dios»21. De hecho, los que se denominaban profetas en el judaísmo del s.I pretendían ser
P0:t~voces de Dios. y guías de movimie.ntos comunitarios del «despertar rehgIOso» en medIO del pueblo. La figura del profeta en tiempos de Jesús «vincula en tomo a sí -escribe R. Fabris- las aspiraciones de reforma y de renacimiento religioso (Qurnrán), así como las esperanzas de liberación y de autonomía religiosa nacional en clave mesiánico-política»22. Según el judaísmo sinagogal, el profeta estaba poseído por el Espíritu de Dios.
Jesús es denominado profeta solamente en los evangelios, nunca en el resto del NT. Es aceptado como profeta por la opinión popular (Mc 6,15; Mt 21,11.46; Lc 7,16; 24,19; Jn 4,19; 6,14; 7,40). Sin embargo, aunque los discípulos no lo denominan profeta con total claridad, las palabras y gestos de Jesús tienen un marcado acento profético, como puede verse en las bienaventuranzas y en las teofanías del bautismo y de la transfiguración. De hecho fue detenido y con-denado como falso profeta. Jesús mismo aceptó, al menos
indirecta-ment~, ser tenido como. profeta, al afirmar que poseía el pleno Espíritu de DIOS (Mc 3,28). EVldentemente Jesús no es profeta nacionalista ni se inscribe en la línea apocalíptica. Es profeta escatológico, rechazado y perseguido, que proclama la venida del reinado de Dios. En resumen, «es profeta -escribe Ch. Duquoc- porque, con una fidelidad absoluta a s~ misión y con una libertad sin compromisos, anuncia las exigencias radlcales de Dios, con plena lucidez sobre los acontecimientos indi-viduales y sociales»23.
20. R. Fabris, Jesús de Nazaret. Historia e interpretación, Salamanca 1985, 183. 21. Ch. Perrot, Jesús y la historia, o. c., 141.
3. Dimensiones de la praxis de Jesús
a) Jesús y el reinado de Dios
En continuidad con el mensaje escatológico del Bautista, Jesús es el profeta del reinado inminente de Dios. Los exegetas coinciden en afirmar que el centro del mensaje y de la actividad de Jesús es la inmediata cercanía o llegada del reinado de Dios, junto a la conversión que Dios exige para que dicho reinado se ponga en práctica24. Desde el comienzo de su predicación, Jesús invita a la conversión diciendo: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios. Enmendaos y tened fe en esta buena noticia» (Mc 1,15; Mt 4,17). «Lo verdade-ramente último, lo que da sentido a la vida, actividad y destino de Jesús -afirma J. Sobrino- es el reino de Dios»25. La palabra y la. obra de Jesús se concentran en el reinado de Dios, que para Marcos es «evangelio» o «buena noticia», puesto que su llegada es salvación de pobres, pecadores y enfermos. La misión de Jesús es proclamar esta buena noticia.
La mayoría de los exegetas tiende a traducir el término griego
basileia por reinado (acción de reinar) en lugar de reino (territorio),
ya que de ese modo se expresa mejor su sentido dinámico, a saber, el gobierno de Dios o la acción de su soberanía, en el sentido de que «Dios realiza el ideal regio de la justicia, un ideal por el que cons-tantemente se había suspirado, y que jamás se había realizado ple-namente en la tierra»26. La expresión «reinado de Dios» aparece con frecuencia en los sinópticos (61 veces) y muy escasamente en Juan (In 3, 3.5) o en los escritos de Pablo, que son ya cristológicos. Esto indica un desplazamiento del reinado de Dios predicado por Jesús a Jesús Salvador predicado por la comunidad cristiana. El vocabulario de la salvación (propio del judeocristianismo de tipo helenista) sus-tituye al vocabulario del reino (propio del judeocristianismo más pa-lestinense). «La salvación presente o futura en Cristo -afirma Ch. Perrot- absorbe el anuncio de la inminente irrupción de la mano de Dios en el mundo. Jesús no anuncia la salvación sino el reinado de Dios»27.
Para conocer en qué consiste el reinado de Dios proclamado por Jesús es necesario tener en cuenta el sentido que tenía dicha expresión
24. Cf. R. Schnackenburg, Reino y reinado de Dios, Madrid 1967.
25. J. Sobrino, Jesús en América Latina. Su significado para la fe y la cristología,
Santander 1982, 135.
26. J. Jeremias, Teología del NT, Salamanca '1985, 122. 27. Ch. Perrot, Jesús y la historia, o. c., 187.
en las tradiciones judías anteriores a Jesús. La idea de Dios como rey es antigua en el pueblo judío, incluso anterior a la aparición de la realeza en el s. XI antes de Cristo. Aunque desapareció la monarquía después de cinco siglos, los judíos esperaban que Dios vendría a reinar en persona para implantar de verdad la justicia. Entonces Israel en-contraría su libertad e independencia, viviría en paz y prosperidad y sería fiel a Dios. En tiempos de Jesús, el reinado de Dios incluía, por un lado, la libertad política frente a la opresión romana; por otro la justicia social, la paz y el bienestar; finalmente la fidelidad a Dios, único Señor que debe gobernar a su pueblo.
En resumen, la clave para comprender el reinado de Dios se cifra en la justicia real de Dios, no en el sentido romano de dar a cada uno lo suyo según las leyes (favorecedoras a menudo del rico, del que sabe o del que puede), sino como defensa de oprimidos, pobres, marginados e ignorantes. Ahí reside el escándalo del Reino, que no es de los poderosos sino de los desposeídos. Los protago-nistas del reinado de Dios son los pobres, los que sufren, los so-metidos, los perseguidos. Por esta razón Jesús los llama «dichosos» o «bienaventurados» en el manifiesto del reinado de Dios (Mt 5,1-11; Lc 6,20-23)28.
El reinado de Dios proclamado por Jesús, por una parte está
pre-sente. Lo dice Jesús: «está a vuestro alcance» (Lc 17,21) Ó «en medio de vosotros», no dentro o «en vuestro interior» a modo espiritual, sino en la realidad humana, corporal y material. Para mostrar que está presente, Jesús despliega una gran actividad liberadora, promueve una solidaridad fraterna y se sienta en la mesa común. No cabe, pues, una interpretación puramente espiritualista del reinado de Dios. Por otra parte tiene dicho reinado dimensión futura. Aparecerá plenamente cuando se termine el mundo pecador (Lc 17,26-30), cesen los sufri-mientos (Mt 11,5) Y sea superada la muerte (Lc 20,36). Esto significa que el reinado de Dios es escatológico: es de aquí y de allá, se encuentra a caballo entre dos etapas, la presente y la final; no es, pues, extra-terreno o extratemporal, ya que está presente aunque escondido en la realidad histórica. Tampoco cabe una interpretación imperialista del reinado de Dios.
Finalmente, al ser el reino de Dios el supremo valor, «nos con-mina -afirma A. Pérez- a un cambio de valoración y de
valo-28. Cf. J. Dupont, El mensaje de las bienaventuranzas, Estella '1985; F. Camacho,
44 Teología Práctica
res»29. El arrepentimiento predicado por Jesús como condición de la llegada del reinado no es cambio de mente o de ideas sino rea-lización de un modo de vida evangélico. Es conversión o cambio de nuestro propio yo (de sus omnipotencias y narcisismos), de nues-tras relaciones con nuestros prójimos (demasiado interesadas o do-minadoras), de nuestras estructuras sociales y políticas (reducidas a poder y privilegios) y del mismo mundo de la naturaleza (alterada por la explotación). En definitiva, «el reino de Dios -afirma J. Mateos- es una denominación teológica de la sociedad alternativa que Jesús propone a la humanidad»30.
Para comprender el sentido del reinado de Dios según Jesús, es necesario interpretar correctamente las parábolas del Reino, ya que constituyen el punto central de la predicación de Jesús de Nazaree1
•
bY
Jesús y sus discípulosPara llevar a cabo la tarea de anticipar la llegada del reinado de Dios, Jesús «constituyó» a doce discípulos, a quienes «nombró após-toles» (Lc 6,13) para una doble tarea: formar fraternidad con El (co-munidad de mesa) y misionar en su nombre (predicación y expulsión de demonios) (Mc 3,13-18; Lc 6,12-16). Los apóstoles (enviados o
misioneros) constituyen el primer grupo entresacado del Israel
insti-tucional (<<ecclesia ex circuncisione») o del Israel mesiánico bajo el símbolo del número Doce como nuevo Israel. De acuerdo a la arit-mología religiosa de herencia babilónica, el número zodiacal doce era perfecto; en el judaísmo doce eran las tribus de Israel. Según Lucas, apóstoles son únicamente los doce, a saber, los llamados por el Jesús histórico mediante un gesto simbólico, enviados por su autoridad para compartir el ministerio y ser en definitiva testigos de la resurrección. Según Pablo, el concepto de apóstol es más amplio; apóstoles son los testigos de la resurrección, llamados por Dios en Jesucristo para una misión total que incluye a los gentiles. En sentido lato, afirma X. Léon-Dufour, apóstoles son «los embajadores de Cristo resucitado, en los que se funda la Iglesia y que tienen autoridad (no superioridad) sobre las comunidades: la del servicio pastoral»32.
29. Cf. A. Pérez, El reino de Dios como nombre de un deseo. Ensayo de exégesis
ética: SalT 66 (1978/5) 404.
30. J. Mateos, Nuevo Testamento, Madrid 1987, 1338.
31. Cf. F. Müssner, El mensaje de las parábolas de Jesús, Estella 1963; H. Kahlefeld,
Parábolas y ejemplos del evangelio, Estella 1967; L. Cerfaux, El mensaje de las parábolas, Madrid 1972; C. H. Dodd, Las parábolas del reino, Madrid 1974; Grupo de Entrevernes,
Signos y parábolas, Madrid 1979; 1. Jerernias, Las parábolas de Jesús, Estella 61981, 32. X. Léon-Dufour, Diccionario del Nuevo Testamento, Madrid 1977, 105.
Historia 45
El segundo grupo está constituido por setenta discípulos; en algunas versiones son setenta y dos. Tanto 70 como 72 son números que indican
plenitud y perfección. Los discípulos son no israelitas o marginados, designados asimismo por Jesús (Lc 10, 1), entre los que se encuentran «algunas mujeres» (Lc 8,2-3). Están representados todos ellos por Leví (Lc 5,27-32); proceden de la «ecclesia ex gentibus» o del ju-daísmo periférico. En las comunidades helenistas recibirán posterior-mente nombre propio siete de ellos para indicar que se constituyen como grup033.
La comunidad «pre-pascual» de discípulos que formó Jesús es modelo fundamental del nuevo pueblo de Dios o lugar teológico del que se origina la Iglesia. Ante la inminente llegada del Reino, Jesús reune al pueblo para constituirlo como nuevo pueblo de Dios. En primer lugar Se origina por una llamada de Jesús. Al escoger a sus discípulos, Jesús les da una gran libertad de las reglas tradicionales, les corrige en sus ambiciones respecto del mesianismo heredado y les revela su relación con Dios como Padre y con el Reino universal de la justicia con el privilegio de los pobres y marginados. A su vez, los elegidos reconocen a Jesús como Señor (creyentes), se agrupan en tomo al Maestro, lo siguen y comparten su destino (seguidores) y cambian de vida o de escala de valores: amor fraterno, actitud sin doblez, reparto de bienes, servicio, etc. (están convertidos).
En segundo lugar la condición de ingreso se basa en el seguimiento (Mc 1,16-20; Mt 4,18-22; Lc 5,1-11). El ingreso en el grupo de los discípulos de Jesús no es fácil, dadas las exigencias radicales que entraña: dejar familia y profesión y renunciar a posesiones o patri-monio. Lo que Jesús recomienda es la disponibilidad absoluta para proclamar el Reino, que lleva consigo el sufrimiento y la cruz. La carta magna o constitución de la nueva comunidad se define por las bienaventuranzas. Discípulo no es sinónimo de alumno sino de se-guidor, a saber, el creyente que se convierte y se adhiere a la persona de Jesús hasta la entrega de la vida por amor. El joven rico del evangelio tipifica la figura contraria a la del discípulo (Mc 10, 17-22).
En tercer lugar, los discípulos que siguen a Jesús forman grupo o comunidad. De hecho son llamados de dos en dos. Se trata de constituir de nuevo el pueblo de Dios, en cuyo interior está el Espíritu. Final-mente, los discípulos de Jesús actúan como el Maestro en un mundo lleno de injusticias, que pretenden liberar.