EL CAMINO HACIA UNA VIDA
DECISIONES QUE CAMBIAN VIDAS Copyright © 2011 - Pr. Marcos Villegas
Editorial Amplitud Buenos Aires, Argentina.
Todos los derechos reservados conforme a la ley. Prohibida la reproducción de esta obra,
salvo en segmentos pequeños, sin la debida autorización del autor o la editorial.
ISBN 978-987-25157-8-2 Diseño & Diagramación Estudio Qaio. DG. Pablo Gallo
Impreso en Argentina. Printed in Argentina.
Grandes pensadores han explicado el mundo de dife-rentes maneras y cómo cambiar las cosas de esta so-ciedad en que nos toca vivir.
En este libro, Decisiones que cambian vidas, el autor brinda un enfoque interesante, pero aquí es donde sur-gen las preguntas. ¿Cómo podemos asegurarnos de un cambio de vida más amplio y generoso? ¿Cómo po-demos ver a más y más personas cambiadas por creer en Cristo como su Salvador? ¿Cómo podemos ver las Buenas Nuevas transmitirse con poder de persona a persona?
Entiendo que en el corazón del autor de este libro nace la necesidad inspirada por Dios de esclarecer, ayudar y bendecir y no dudo que estas páginas serán muy útiles. Nada en este mundo descalifica lo que el Espíritu Santo de Dios ha hecho y esta haciendo a través de los esfuer-zos especiales, inmensos y cuidadosamente planeados. Aquí el autor expone con mucha humildad, pero con po-der lo que hay en su corazón.
El trabajo del Pastor Marcos Villegas está centrado en el modelo que vemos en Jesús y sus discípulos. Con fundamentos alineados siempre con las Escrituras, el estilo del Señor es directo, y el autor rescata esa faceta fielmente. Es indudable que esta obra denota un arduo trabajo y una dedicación que se refleja en cada página. Considero un privilegio personal la oportunidad que me ha dado mi colega en el ministerio de escribir este pró-logo. Pero sin elogios infundados afirmo que este libro acarreará a cada lector ricos beneficios espirituales.
PRÓLOGO
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No tengo ninguna reserva en recomendar este libro, el cual, estoy seguro, se convertirá en una inmensa bendición a los hermanos no sólo de Argentina sino también de otros países.
Reverendo Hugo Caupolican Castro Rojas · Chileno, radicado en Argentina.
· Fundador de la Misión Iglesia Biblia Abierta, Misión
Sudamericana y de la Misión Iglesia del Evangelio Cuadrangular.
Reconocido como:
· Patriarca Pentecostal por el CEP.
· Fundador de la Asociación de Pastores de Zona
Norte del Gran Buenos Aires.
· Miembro Honorario de la junta de Faciera. · Apóstol del Ministerio El Camino.
· Supervisor de las Iglesias de Biblia Abierta en
AGRAdecimientOs
A mi esposa Magali, mi fiel compañera, quien estuvo a mi lado cada vez que necesité su ayuda. Por sus oraciones que me dieron aliento para terminar este libro. Por sus consejos y palabras sabias que trajeron paz a mi corazón en momentos difíciles. Gracias mi amor.
A mis padres Héctor y Gladys que siempre me apoyaron y creyeron en mi.
A mi hermanita Erica, por su corazón sensible y por su ayuda incondicional.
A todos los miembros del ministerio CATEDRAL DE LA FAMILIA de la Biblia Abierta, Iglesia que pastoreo, por su amor y respeto siempre demostrado a mi persona y familia.
dedicAtORiA
A Dios, por su gran amor, misericordia y gracia. Por cuidar siempre mi bienestar y darme participación en sus planes. A Jesús, por morir por mi, salvar mi vida y darme una nueva oportunidad. Por enseñarme a vivir una vida llena de grandezas. Al Espíritu Santo, por su amistad y compañerismo. Por su fi-delidad hacia mí, su presencia siempre tierna y dulce y sus palabras de amor.
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Introducción ... 07 Capítulo 1
Él asumirá toda la responsabilidad ... 09 Capítulo 2
La obediencia es vital para el desarrollo ... 19 Capítulo 3
Valorando quienes somos ... 25 Capítulo 4
Venciendo a mi enemigo ... 33 Capítulo 5
Corriendo hacia la meta ... 41 Capítulo 6
El pecado contamina todo ... 49 Capítulo 7
Estructuras incompatibles con el fundamento ... 57 Capítulo 8 Un milagro diferente ... 67 Capítulo 9 Un capítulo más ... 77 Capítulo 10 Él quiere perfeccionarnos ... 89 Capítulo 11
¿Quieres ser grande? ... 95 Capítulo 12
Tesoros en el cielo ... 101 Capítulo 13
Perseverar es el requisito para triunfar ... 107 Capítulo 14
Asumiento nuestra posición en Cristo ... 115 Conclusión ... 119
intROducciÓn
Las decisiones juegan un rol fundamental en el desarrollo de la vida de las personas, pues a través de ellas elegimos qué ca-mino tomar. Al comenzar un nuevo día, desde el momento que iniciamos nuestras actividades por la mañana, hay un sinnúmero de situaciones que se presentan. No necesitamos pensar de-masiado para saber qué nos conviene hacer o tomar la decisión que más nos beneficie. Pero no podemos dejar de lado que el beneficio para nuestras vidas no sólo depende de decidir qué nos conviene; es más importante decidir lo correcto, aún cuando esto no nos convenga en absoluto. El problema radica en que muchas veces asumimos como correcto cosas que no lo son, acarreándonos malas consecuencias. Por el contrario, si toma-mos la decisión correcta, a veces pareciera no convenirnos para nada. Pero luego veremos los frutos.
La verdad es que todas nuestras decisiones frente a un suceso, traerán consecuencias buenas o desagradables. Vivimos en un mundo donde no podemos dejar de tomar decisiones y cada uno es responsable por las suyas. Es importante tener en cuen-ta que en todo momento se presencuen-tarán oportunidades de pro-greso para el bienestar del matrimonio, la familia, la prosperidad económica, etc. Tarde o temprano, las elecciones que tomemos provocarán el éxito o el fracaso en nuestras vidas.
A veces no nos damos cuenta que las decisiones que tomamos no sólo nos afectan a nivel personal, también afectan a quienes están a nuestro lado, a los que más amamos y nunca querríamos lastimar. Por lo general las víctimas terminan siendo los más ín-timos, los más allegados, el cónyuge, los hijos, etc. A través de nuestras decisiones marcamos sus vidas con experiencias posi-tivas o negaposi-tivas que no se olvidan fácilmente y por lo general, quedan en el recuerdo por largo tiempo. A los abuelos por lo general les agrada contar historias o anécdotas sobre las cosas que vivieron. Muchas de estas historias son buenas pero otras no lo son. Si bien pueden prevenir a alguien de cometer algún error, también descubrimos las consecuencias que esas
perso-8
nas vivieron por tomar malas decisiones y esto debilita el valor de su experiencia. “De los errores se aprende”, este es un dicho popular que refleja la realidad de muchas personas que trataron de aprender de sus equivocaciones, pero esto es imposible sin rendirnos a la voluntad perfecta de Dios. Te invito a que juntos cambiemos la historia de la humanidad y demostremos que la manera de enseñar lo bueno no es aprender de los errores co-metidos, sino por tomar decisiones basadas en la verdad de Dios y aplicarlas a nuestra vida.
El libro “Decisiones que cambian vidas”, te ayudará a encontrar las soluciones a los problemas para que a través de las decisio-nes poder cortar definitivamente con los fracasos y comenzar una vida diferente en el poder del Espíritu Santo. Este libro te mostrará cómo transitar por el camino hacia el éxito.
cAPÍtuLO 1
ÉL AsumiRÁ
tOdA LA ResPOnsABiLidAd
“LAS DECISIONES TIENEN EL PODER PARA RESOLVER UN PROBLEMA O AGRAVARLO´´
U
na de las preguntas que todos deberíamos hacernos es: ¿Qué nos lleva a tomar malas decisiones? Existen dos fac-tores que llevan a la humanidad a equivocarse con sus decisio-nes. Jesús habló de ellos en Mateo 6:25-34 llamándolos afán y ansiedad. Cuando Jesús menciona estas dos palabras y las une directamente, resalta que una es consecuencia de la otra. El afán es el trabajo solícito, pesado y excesivo en el aspecto corporal y la ansiedad es la inquietud, aflicción y congoja que ataca directa-mente a la directa-mente. El afán y la ansiedad actúan en el ser humano afectando tanto el cuerpo como la mente (pensamientos). La Es-critura declara:“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es
él”
(Proverbios 23:7). Esto implica trabajar excesivamente hasta el cansancio corporal todos los días, por el sólo hecho de estar preocupados ante la necesidad o si acaso nos llegara a faltar algo. Esta actitud demostraría nuestra falta de fe en el cuidado y el amor paternal de Dios. Si nuestro pensamiento fuera diferente y trabajáramos confiados en la provisión de Dios, sin afanarnos por lo que vendrá, pues cada día trae su afán, nuestra actitud sería totalmente diferente. Nuestra fe descansaría en el cuidado y el amor paternal de Dios.Es cierto que vivimos en una época difícil e insegura pero no de-bemos olvidar la providencia de Dios sobre sus hijos. Jesús dijo:
“Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se hecha en el horno,
Dios la viste así ¿no hará mucho mas a vosotros hombres de poca
fe?”
(Mateo 6:30). Hay momentos donde pareciera que nuestras10
vidas están rendidas a la voluntad de Dios y el afán y la ansiedad no están presentes. Pero si nos detuviéramos por un momento a examinar los resultados que obtuvimos en el transcurso de la vida, nos daríamos cuenta que con frecuencia las decisiones to-madas no fueron las correctas. Podríamos ver que esa vida abun-dante y llena de bendiciones que muchas veces hemos profesa-do, está muy lejos de la realidad que vivimos a diario. Debemos tomar la decisión de confiar en la voluntad de Dios, rindiéndonos por completo a sus pies. No hay de qué preocuparnos cuando permitimos que Dios reine en nuestras vidas, porque Él asumirá toda la responsabilidad por aquellos que se rinden a sus pies.
LAs cOnsecuenciAs sOn ReveLAdORAs
Las consecuencias son indicadores de nuestra condición.
Saber o conocer algo no implica vivir esa realidad. Si podemos detectar que las consecuencias de las decisiones que tomamos no son buenas y dejan mucho que desear o no son lo que espe-rábamos, indica que hay áreas en nuestra vida que no están del todo bien. La solución es rendirlas ante Dios para dejar de ser vulnerables ante el afán y la ansiedad. Este nivel de desconfianza nos lleva a vivir una vida de frustraciones donde no podemos ver a Dios obrando en nuestra vida por la sencilla razón que no se lo permitimos. Nuestra confianza y dependencia no están depo-sitadas en Él sino en algo más como nuestro trabajo, esfuerzo, capacidades, habilidades, conocimiento, etc.
Con esto no digo que cada uno tomemos las responsabilidades que nos competen a la ligera. Por el contrario debemos ser so-lícitos en todo. El problema está en que la mayoría de las veces las responsabilidades o los deseos de progresar se tornan en un sentimiento obsesivo. Entonces se produce el uso desmedido del tiempo en el trabajo, en los pensamientos, en lo que esta-mos realizando y no le daesta-mos el lugar a Dios que él merece en todos nuestros asuntos. Así nos convertimos en personas que llevan todo con su propio esfuerzo. La Escritura dice:
“Separa-dos de Mí, nada podéis hacer” (Juan 15:5).
En este pasaje Jesús estaba enseñando que Dios es el labrador, Él es la vid y nosotros los pámpanos. El pámpano es un una pequeña rama o racimo de uvas que se corta de la vid y una vez separada ya no produce fruto. Así es la persona que deja a Dios a un costado en sus decisiones, dejando de producir fruto por estar separado del Dador de la vida. Cuando Dios no es el centro de todas las cosas y es reemplazado por cualquier otra cosa, cada decisión que tomamos dejará un gran vacío y un deseo expectante de prosperidad que no será saciado.
Es importante tener presente todos los días de nuestra vida que
separados de Él nada podemos hacer. Es muy posible que
haya consecuencias difíciles que nos toque vivir después de to-mar decisiones de espaldas a Dios, pero es hora de pensar qué tan cerca o lejos de Él viviremos el resto de nuestra vida. Algunos años atrás finalmente entendí que Dios nunca cambia. Es decir, no se aleja de nosotros, nosotros nos alejamos y apartamos de su lado. Abandonamos a Dios con nuestra indiferencia, nuestra distancia o nuestras decisiones, ¡pero Él es siempre el mismo! viviR seGuROs cOnfiAndO en ÉL
La única manera de vivir seguros es confiando en El. Si hoy podemos elegir servir a Dios comprometidamente y depositar nuestra confianza en Él, deberemos tomar la mejor de las deci-siones para despojarnos de toda ansiedad acerca de las cosas necesarias para la vida. Sólo de esta manera podremos conocer a Dios como proveedor. Jesús nunca quiso que anduviéramos preocupados por la vida, sintiéndonos acosados y atormentados por la ansiedad que perturba el gozo, la paz del espíritu y el dis-frute de las bendiciones recibidas. Él mismo dijo:
“Por tanto, os
digo: No os afanéis ansiosamente por vuestra vida, que habéis de
comer o que habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, que habéis de
vestir”
(Mateo 6:26).Pensar y ocuparse de las responsabilidades de la vida como tra-bajar para ganarse el sustento o el anhelo de adquirir algún bien material no sólo es legítimo, es ordenado por Dios para sus hijos.
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Si podemos entender que anhela nuestro bienestar, entonces debemos aprender a confiar en Él porque es la única manera de prosperar en nuestro camino. La actitud correcta que debemos tener frente a Dios se debe basar en acercarnos confiadamente a su presencia. Lo único que nos hará sentir bien y sin necesidad alguna será su presencia:
“Acercaos a Dios, y el se acercara a
voso-tros”
(Santiago 4: 8).diOs deBe seR nuestRA PRiORidAd
Si Dios se transforma en nuestra prioridad, nosotros tam-bién seremos la suya. Sin duda alguna a Jesús le pareció muy
importante enseñar este tema a sus discípulos y a todos los pre-sentes en aquel momento. Queda claro que no hay nada más importante para Dios que una persona confiada en su providen-cia que demuestre esa relación con acciones concretas cada día. La mayoría de las personas hoy son muy afectadas por el afán y la ansiedad. Quizá nosotros mismos sin darnos cuenta somos afectados por las presiones que debemos enfrentar a diario. El mundo donde vivimos nos presiona de forma constante. Se nos ordena cuándo comprar, cuándo endeudarnos y durante cuánto tiempo. Hoy en día es muy fácil adquirir lo que sea a través de un crédito o un préstamo personal en cómodas cuotas y sin interés. Conozco personas que planificaron salir a pasear para respirar un poco de aire puro, disfrutando un momento de esparcimiento y tranquilidad. Pero se encontraron con toda clase de avisos publi-citarios que los incitaban al consumo compulsivo y terminaron comprando de todo en cómodas cuotas y sin interés.
Lo triste de esto es que el sistema del mundo no nos dice cómo salir de las deudas, el estrés y la angustia, no nos provee paz in-terior y nos carga con el temor de perderlo todo. Por el contrario, sólo nos presiona para que tomemos malas decisiones sin dar-nos la salida. Así empezamos a experimentar inseguridad, temor, falta de paz y angustia desesperante. Pero Dios sí nos provee la salida porque nos enseña a buscar primeramente su Reino, su gobierno y señorío sólo se pueden manifestar cuando Él manda.
QuiÉn tiene eL cOntROL
Según como me conduzca sabré quien tiene el control.
De-bemos examinarnos para ver las actitudes que tenemos ante Dios, si realmente le permitimos participar en nuestra vida o no. A menudo enfrentamos solos las situaciones que la vida nos de-para, sin ver que Dios está verdaderamente interesado en nues-tro bienestar. Sin embargo, en ocasiones me tocó ver cómo las personas hacen sus propios planes, al parecer perfectos, luego los ejecutan y por último llaman a Dios para que les dé su bendi-ción. La triste noticia es que Dios no bendice esa clase de planes hechos a la ligera, sin buscar su voluntad o sin su dirección. La manera de conducirnos tiene que estar relacionada directamen-te con entregarle a Dios el control de todos nuestros asuntos y vivir confiados en Él, dependiendo sólo de Él y comprendiendo que sin Él nada podremos hacer. Ya no se hará a nuestra manera, sino como Dios quiera, cuando Él quiera y con lo que Él quiera:
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas”
(Mateo 6:33).El verbo buscar implica que como creyentes debemos inclinar-nos constantemente hacia Dios. Asombrados por Quién es Él, llevando a cabo un esfuerzo perseverante y tenaz por vivir en su presencia. La palabra que usa el NT para definir el Reino es “ba-sileia”, con un sentido restringido y otro más amplio. El primero se refiere al gobierno de un rey en un área específica, así como a un período. El sentido amplio habla de una estructura ideal de orden, gobierno, dominio y señorío, sin apelación necesaria a la geografía o a un tiempo específico. En esta última forma debe comenzar la interpretación de la frase Reino de Dios, porque es el dominio real del Creador en la vida interior y exterior del ser humano por medio de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
En el pasaje de Mateo 6:33 se hace referencia a los dos objetos de la búsqueda de todo creyente. Primero, el Reino de Dios. Esto significa procurar con fervor que el gobierno y el poder de Dios sean visibles en nuestra vida para exaltar el Nombre del Señor
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Jesucristo. Segundo, su Justicia por medio del Espíritu Santo, pues nos ayudará a obedecer los mandamientos de Cristo para permanecer separados de la corriente de este mundo y manifes-tar su poder a todos.
Dios quiere ser nuestro Señor para tener el control de nuestra vida. No veo nada positivo en aquellos que piensan lo contrario, viviendo como si no necesitasen a Dios, dejándolo totalmente al margen y en el último lugar. Hay momentos en los que parecie-ra que olvidamos lo que nos dice:
“Más buscad primeramente el
Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”
(Mateo 6:33).
Jesús estaba hablando de un desorden en la esfera divina, don-de Dios tiene que estar sentado en el trono don-de cada corazón y no los bienes materiales. Estaba hablando de un orden divino para que podamos recibir las bendiciones de Dios. Si Él ocupa el primer lugar en nuestra vida, la consecuencia será una vida más abundante.
nuestRO tesORO mÁs PReciAdO
Nunca posterguemos su presencia, hagamos de ella el teso-ro más preciado. En el libteso-ro de Mateo 6:33 podemos ver el gran
interés que tenía Jesús por enseñar que en el mundo o la socie-dad, hay una gran preocupación que quiere alojarse en las per-sonas. Donde la prioridad no sea buscar su presencia o confiar y depender de Él, habrá ataques continuos por estar afanados y ansiosos. Debemos dejar en segundo lugar lo material para que no se convierta en el principal objetivo de nuestra atracción. Nos ahorraríamos muchos inconvenientes si decidiéramos acercar-nos confiadamente ante el trono de la gracia para que Él tenga el control de nuestra vida.
El rey David podía reconocer quién era y qué lugar ocupaba a pesar de ser alguien muy importante:
“Reconoced que Jehová es
Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo
so-mos, y ovejas de su prado”
(Salmos 100:3). Si por un momento pu-diéramos reconocer que sólo hay un Creador y nosotros somossu creación, donde Él es Padre y nosotros sus hijos, nos daría-mos cuenta que todo lo sabe y nada escapa a su conocimiento. Eso nos permitiría escuchar sus consejos para llevarlos a la prác-tica y seguro que nos iría bien en todo. Si a Dios le pareció bien hacerlo así y bendecirnos de esta manera, debemos hacer sólo lo que Él quiere.
AdministRAdORes
No somos los dueños, sino, los encargados de cuidar lo que es de El. Debemos recordar siempre que sólo somos
adminis-tradores y no dueños de todo lo que poseemos. El apóstol Pablo les enseñó a los corintios:
“Tengamos los hombres por servidores
de Cristo, y administradores de los misterios de Dios”
(1 Corintios 4:1). En otras palabras, tenemos la responsabilidad de adminis-trar los asuntos que parecieran ser nuestros aunque no lo son. Me refiero a la buena administración de todo lo que poseemos como la familia, los bienes materiales, el tiempo, los dones espi-rituales, etc., porque el dueño es Dios.Lucas 12:42-46 dice:
“Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo
Fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a
tiempo le de su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando
su señor venga, le halle asiendo así. En verdad os digo que le
pon-drá sobre todos sus bienes. Más si aquel siervo dijere en su corazón:
Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las
criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel
siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe, y le castigara
duramente, y le pondrá con los infieles”.
Nuestra actitud correcta ante Dios debe ser ocupar el lugar que nos corresponde. Cuando Jesús enseñó esta parábola dejó claro que sólo hay un Señor o Dueño y los demás son siervos que deben asumir su rol con responsabilidad, procurando ser fiel en lo que Dios les entregó.
Nuestras decisiones nos llevarán hacia una vida de éxito o al fra-caso. Quizá hayamos sentido que fracasamos muchas veces,
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pero Dios nos invita cada día a tomar la decisión de comenzar de nuevo. Nos advierte que no debemos detenernos en el pasado para lamentarnos por los errores cometidos. Debemos renunciar a ellos con arrepentimiento verdadero y esto nos conducirá a to-mar mejores decisiones para que nuestro mañana sea diferente. No se puede volver el tiempo atrás y cambiar las cosas que ya hemos vivido, pero sí podemos tomar en este momento la de-cisión correcta para que nuestro futuro sea diferente. Lo signifi-cativo para nuestra vida no debe ser cuantos años vamos a vivir, ni cual será nuestra fortuna, si somos altos o bajos, robustos o flacos. El verdadero significado será qué tanto pudimos lograr en nuestros días, si llegamos a cumplir con el propósito de Dios para el cual nacimos o si desempeñamos la función para la que fuimos creados. No debemos esperar a la vejez para aferrarnos a Dios y vivir según su voluntad. No debemos llegar a los últimos días de nuestra vida en la cama de algún hospital o clínica, con la pregunta constante en nuestra mente: ¿Habré hecho todo lo que debía hacer? o ¿Cuántas cosas inconclusas quedaron en mi vida?
El éxito de una persona no se mide por su dinero o sus pose-siones, si no por lo feliz o dichoso que se sienta en el último momento de su vida. Cuando hizo lo correcto y no dejó cosas inconclusas, con la seguridad de no haberse rendido frente a las dificultades sin cansarse de hacer el bien, cumpliendo el propó-sito de Dios.
Nuestra vida será mucho mejor si aprendemos a confiar en Dios como nunca antes lo habíamos hecho. Seguir tomando
deci-siones por nuestra propia cuenta, sin participar a Dios de cada una de ellas, nos llevará hacia el desastre. Es tiempo
de depender de Dios, depositando nuestra fe sólo en Él y no en nuestras capacidades, fuerzas o intelecto. Si Él ocupa el centro de nuestra vida, comenzaremos a ver resultados que realmente superarán nuestras expectativas. No sólo tendremos un cono-cimiento intelectual de las promesas de Dios, serán visibles en nuestra vida. El afán y la ansiedad se encontrarán tan lejos de nosotros que nunca más tendremos temor frente a la
dad, pues Dios hará con nosotros más de lo que le pedimos o deseamos en oración. Esta promesa dependerá de cuánto per-mitamos que la presencia, el poder y la gracia del Espíritu Santo obren en nuestras vidas.
cAPÍtuLO 2
LA OBedienciA es vitAL
PARA eL desARROLLO
“LA OBEDIENCIA NO ExAMINA LOS MOTIVOS, CUMPLE LA VOLUNTAD DEL qUE MANDA”
P
or qué se detiene el crecimiento de una persona en el propó-sito de Dios? He conocido muchas personas que tuvieron la mejor de las intensiones, haciendo buenas obras para los demás y ser colaboradores en la Iglesia sin faltar a ningún servicio. Podría seguir describiendo muchas cualidades más que hablarían de lo que prometían ser. Pero había algo en sus vidas que detenían el crecimiento y el desarrollo en sus ministerios: la desobediencia. Sólo existe una cualidad que nos llevará más lejos que ninguna otra: la obediencia. Es uno de los temas más importantes y sig-nificativos para comenzar a crecer. La obediencia marcará una diferencia notable en nuestras vidas porque todos los logros y avances en nuestro trabajo deben notarse. Creo que una de las cosas más desagradables es ver nuestro trabajo y esfuerzo sin resultados. En algunos casos la gente dedica toda su vida a un proyecto sin observar resultados satisfactorios. Para que nues-tras vidas puedan ser abundantes, será necesario examinarnos y ser sinceros frente a esta cualidad como parte de nuestra vida. Este es el único camino para un desarrollo y crecimiento efectivos. La palabra obediencia figura en reiteradas ocasiones en el AT y el NT. Jesús enseñó sobre la obediencia y fue un testimonio vivo de ella. Los apóstoles, siguiendo el ejemplo de Jesús, también en-señaron sobre la obediencia. El término hebreo “shama” signifi-ca prestar oído, escuchar, pero en algunas osignifi-casiones se traduce como obedecer. La obediencia (shama) es el acto de cumplir las20
órdenes o instrucciones de una autoridad superior. Si podemos reconocer a Dios como superior a nosotros o sujetarnos a alguna autoridad puesta por Él, se desatará su bendición. Por ejemplo:
“Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os
prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo
vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra
tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu
vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados;
y comerás y te saciaras”
(Deuteronomio 11:13-15).Moisés le habla al pueblo de Israel sobre cómo entrar a poseer la tierra. Cualquiera de nosotros pensaría que les va a enseñar el arte de la guerra, cómo tensar el arco o empuñar una espada o como guardar las filas para ser fuertes y poseer la tierra. Moisés era un experto estratega de guerra, pues había sido preparado por los egipcios de la mejor manera para combatir contra sus enemigos. En su lugar, cualquiera de nosotros hubiera preparado al pueblo para una gran batalla.
Pero sucedió algo muy extraño. En lugar de adiestrarlos para la guerra, Moisés comenzó a enseñarles que bastaba con observar y ser obedientes a los mandamientos de Dios para ser fortale-cidos y poseer la tierra. Moisés había aprendido algo que iba más allá del razonamiento. Sabía por experiencia propia que si obedecían a Dios, Él pelearía la batalla por ellos. Dios les había dado la victoria cuando salieron de Egipto. Ver abrirse el mar en dos y pasar con todo el pueblo en seco, pero cuando los egip-cios intentaron hacer lo mismo, las aguas se cerraron y murieron todos. Esta vez no sería la excepción, Dios también pelearía una vez más la batalla por ellos. Sólo debían obedecer su palabra. diOs nuncA cAmBiA
Dios nunca cambia, Él es el mismo por la eternidad. Nuestra
prosperidad y éxito están asegurados bajo la condición que sea-mos obedientes a la Palabra de Dios. Así como el pecado debilita al hombre y acorta sus días, debilita la prosperidad de un pueblo y acorta sus éxitos. La obediencia a Dios prolongará nuestra vida, asegurando la paz y fomentando la prosperidad.
Dios puso delante de su pueblo la opción de recibir una bendi-ción o una maldibendi-ción. Si obedecían su Palabra, separándose del pecado y la maldad de las naciones circundantes, la bendición vendría sobre ellos y los alcanzaría. Desafortunadamente, el pue-blo de Israel no tomó en cuenta este mandato la mayoría de las veces y pecó contra Dios.
La única palabra que define todo lo contrario a la obediencia es la desobediencia. El desobediente es aquel que no hace lo que le ordenan las leyes o sus superiores. Veamos qué dice la Palabra de Dios al respecto:
“Y el os dio vida a vosotros, cuando estabais
muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en
otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al
prín-cipe de la potestad del aire, el espíritu que opera en los hijos de
des-obediencia”
(Efesios 2:1-2).Cuando la Escritura menciona a los hijos de desobediencia, es un hebraísmo para indicar una inclinación constante hacia la des-obediencia, sumisos ante el diablo, por medio del pecado como la peor esclavitud. El apóstol Pedro enseñó en la Escritura:
“Por-que el “Por-que es vencido por alguno es hecho esclavo del “Por-que lo venció”
(2 Pedro 2:19).
En Deuteronomio 11, Dios le da a su pueblo tres normas con el propósito de vencer la desobediencia, para no ser esclavos del pecado. Estas normas también son efectivas para todos los que decidan vencer esta debilidad en sus vidas y continuar avanzan-do en victoria. Estas normas son:
1) Que nuestro corazón se llene de la Palabra de Dios:
“Pondréis
estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma” (v.18).
2) Que nuestros ojos estén fijos en la Palabra de Dios:
“Las
ata-reis como señal en vuestra mano, la cual siempre estará a la vista y
serán por frontales entre vuestros ojos” (v.18).
Dondequiera que di-rijamos nuestra mirada, siempre tendremos presentes los man-damientos de Dios.3) Que nuestra lengua se use para la palabra de Dios:
“Y las
enseñaras a vuestros hijos, y hablando de ellas, etc” (v.19)
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La obediencia exterior y las prácticas religiosas correctas tienen validez e importancia sólo cuando se basan en el conocimiento de Jesucristo mediante una fe y amor sincero por Él, por quién es Él y por su obra por los seres humanos.
Cuando comenzamos a movernos según nuestras reglas y nuestra voluntad, dejamos a un lado la voz de Dios y su Palabra, retirando nuestra obediencia al Rey de reyes. Comenzamos a obedecer según nuestros criterios personales, basando nuestras decisiones en nuestra razón. Así cedemos terreno ante uno de los mayores enemigos que un creyente puede tener: la rebel-día. Esta situación lleva al corazón o la voluntad a ser indócil y renuente a rendirse, sublevándose ante lo que Dios estableció. No puedo dejar de mencionar que la obediencia a Dios está por encima de cualquier otro deber. Dentro de este marco se debe obedecer a las autoridades. La Escritura dice:
“Recuérdales que se
sujeten a los gobernantes, que obedezcan, que estén dispuestos a toda
buena obra”
(Tito 3:1).Cabe mencionar que esta sujeción a los gobernantes está sujeta a la condición de hacer buenas obras, todo lo aprobado ética y moralmente por Dios.
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por
vuestras almas, como quienes han de dar cuentas”
(Hebreos13:17).“Empleados, obedeced a vuestros patrones terrenales con temor y
tem-blor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo”
(Efesios 6:5). Deberíamos estar convencidos de la justicia de Dios y sus pro-cedimientos divinos. Nos ahorraríamos muchos inconvenientes y situaciones dolorosas si entendiéramos que el pecado nos se-para de Dios, pues transgredimos sus leyes divinas al menospre-ciar y desechar su Palabra. No podemos pretender llevar una vida en desarrollo hacia lo que Dios quiere para cada uno y vivir en laplenitud de sus bendiciones sin obedecer lo que Él estableció. El problema de mucha gente es que prefiere hacer las cosas a su manera, mostrándose autónomos en sus pensamientos, con-ductas, actitudes, etc.
En este tiempo que vivimos Dios no necesita creyentes que cuestionen su proceder. Tampoco que estén analizando cuánto les conviene comprometerse con su voluntad por lo que pue-dan perder o ganar. Dios está observando quiénes se atreven a obedecerlo viviendo sin condiciones y no según sus criterios personales. Si Dios puso la bendición y la maldición delante del hombre, ¿por qué escogemos lo que arruina poco a poco nues-tras vidas, debilitándonos hasta quedar destruidos? Debemos examinar nuestras vidas y ver si agradamos a Dios o no.
Deberíamos preguntarnos si a la hora de ser fieles a su Palabra, ¿estamos dispuestos a cumplirla? Al momento de sujetarnos a una autoridad superior como el pastor, un líder o las autoridades gubernamentales, ¿qué tan decididos estamos a obedecerlos? ¿Se verá reflejada la obediencia en nuestras expresiones, actitu-des y palabras?
Desde el principio el hombre fue tentado a desobedecer a Dios y su desobediencia lo llevó a la caída. Pasó de un lugar de señorío a estar en la miseria. Si estudiamos la vida de cada personaje de la Biblia, sacaríamos la conclusión que como resultado de su obe-diencia se encontraron con el poder de Dios y sus vidas fueron transformadas. Llegaron a ser hombres y mujeres que marcaron la historia de la humanidad. Experimentaron que la correcta su-jeción desata bendición en abundancia y el desarrollo de su vida fue increíble. Podemos formar parte de ese grupo extremo que lo dio todo en el terreno de la obediencia, atreviéndose a marcar una diferencia y hacer historia.
Dios dijo:
“He aquí Yo pongo hoy delante de vosotros la bendición
y la maldición”.
Dios pone delante de ti la opción de recibir una bendición o una maldición, pero vivir en la dimensión sobrena-tural y en la abundancia de su presencia, sólo dependerá de ti.24
eL ejemPLO de jesucRistO
El ejemplo sublime de obediencia a Dios fue Jesucristo. Si como creyentes nos apartamos de Dios y sus caminos rectos, perde-remos la presencia, ayuda y protección del Pacto de Dios. Así como Jesús aborreció el pecado, nosotros también debemos hacerlo. Si podemos convertirnos en imitadores de Él y procu-ramos servirlo constantemente en obediencia, recibiremos su bendición y poder.
“Y estando en la condición de hombre, se humillo así mismo,
ha-ciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz”
(Filipenses 2:8). La obediencia de Jesús a la voluntad del Padre fue total, porque sabía desde el principio cuál sería su tarea y no miró por sus inte-reses, si no por el de los demás. Fue obediente a Dios muriendo crucificado en la cruz del Calvario y como consecuencia de su obediencia, su recompensa fue:“Por lo cual Dios también le exalto hasta lo sumo, y le dio un nombre
que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble
toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de
la tierra; y confiesen que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios
Padre”
(Filipenses 2:9-11).En abundancia o escasez, todo nos favorece para que amemos y sirvamos a Dios. Cuanto menos tengamos que preocuparnos por nuestras razones y pensamientos, tanto más podremos preocuparnos por las cosas de Dios. No cometeremos el error de cuestionar o mostrar desacuerdos que nos puedan llevar a desobedecer su Palabra.
cAPÍtuLO 3
vALORAndO Quienes sOmOs
“LA ALTITUD DE UNA PERSONA NO SE RELACIONA CON LAS RIqUEzAS SINO CON LA EfICACIA EN CREER
qUE LOGRARá ALCANzAR LA META”
E
s muy triste mirar hacia atrás y no encontrar nada positivo que nos haga sentir bien, sólo tiempo perdido. Es hora de tomar una decisión al respecto y comenzar a confiar en lo que Dios nos entregó. No dejemos pasar esta oportunidad para ser referentes en la historia de la humanidad. Dios nos predestinó para que dondequiera que nos encontremos, hagamos maravi-llas, algo extraordinario y fuera de lo común. La palabra predesti-nar significa “decidir de antemano”. Esta misma palabra se aplica directamente a los planes de Dios. El apóstol Pablo menciona en Romanos 8: 30:“Y a los que predestino, a estos también llamo, y a
los que llamo, a estos también justifico; y a los que justifico, a estos
también glorifico. ¿Qué pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros,
¿Quién contra nosotros?”.
En este pasaje el apóstol Pablo declaraba que Dios predestina a sus elegidos para que sean conforme a la imagen de su Hijo Jesús, hombres o mujeres santos y sin mancha. Justificados y glorificados adoptados como hijos suyos, redimidos y destina-dos a una herencia para alabanza de su gloria. Destinatarios del Espíritu Santo, creados para hacer buenas obras. Esta revela-ción nos da la convicrevela-ción que si permanecemos fieles al Señor, podremos disfrutar de una vida abundante. Dios ya sabe cómo termina todo, pues Él ya lo predestinó, sólo debemos seguirlo para alcanzar su grandeza.
26
LA Gente siGue A LOs decididOs
Al final la gente siempre sigue a los que saben a donde van.
En una oportunidad Pablo les dijo a los Corintios:
“Sed imitadores
de mí, así como yo de Cristo”
(1 Corintios 11:1). Estas palabras de Pablo no fueron a modo de invitación o petición, fue una or-den para seguir el ejemplo de Cristo. Debemos ser como Cristo. Como Pablo sabía a quién seguía, podía exhortar a los demás que lo siguieran. Si vamos a seguir a alguien, debemos seguir a Jesús.Desde niño sabía que había sido predestinado para algo muy im-portante. Entendía que era parte del negocio de su Padre y no perdía tiempo en averiguar de qué se trataba.
“¿Porque me
bus-cabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi padre me es necesario
estar? Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia con
Dios y los hombres”
(Lucas 2:49 y 52).No podemos perder de vista que estamos en un negocio y es el más importante de todos. Dios nos puso en un lugar de privi-legio. Jesús tenía muy en claro que su prioridad era estar en los negocios de su Padre. Había puesto su confianza en que llevaría a cabo lo que Dios preparó para su vida. Cada uno de nosotros debe estar comprometido con Dios para confiar en Él y creer que lograremos todo lo que quiere.
cOnfiAR en sÍ mismO
La esencia del heroísmo radica en la confianza que uno ten-ga en si. No podemos ignorar que una de las claves del éxito
es la confianza y cuando no existe, habrá desconfianza y esto duplicará el costo de nuestro negocio. Perderemos tiempo y nos estancaremos, deteniéndose el progreso de nuestro trabajo, deseos, sueños, etc. El libro de Crónicas registra los sucesos importantes de la historia de Israel. Entre ellos se menciona la valentía de tres hombres que ganaron la credibilidad de su rey al creer que podían abastecerle de agua. 1 Crónicas 11: 16-18 dice:
CAPÍTULO 3 - VALORANDO QUIENES SOMOS
“David estaba entonces en la fortaleza, y había entonces guarnición
de los filisteos en Belén. David deseo entonces, y dijo. ¡Quien me
diera de beber de las aguas del pozo de Belén, que esta a la puerta!
Y aquellos tres rompieron por el campamento de los filisteos, y
saca-ron agua del pozo de Belén, que esta a la puerta, y la tomasaca-ron y la
trajeron a David; mas el no la quiso beber, sino que la derramo para
Jehová”.
Estos valientes que quisieron suplir los deseos de su Rey, salie-ron confiando que podrían conseguir el agua. Creyesalie-ron en sí mis-mos y pudieron demis-mostrarle a su Rey su compromiso. El servicio que estos hombres brindaron no sólo a David, sino a todo un país, les confirió un mayor honor. También mataron a los filisteos y a otros enemigos públicos, consagrándose como instrumen-tos de salvación para su nación. Esto los llevó a ser reconocidos como los valientes de David y ningún otro hombre los igualó. Estos valientes confiaron que podían penetrar en el territorio de Be-lén donde se encontraban los filisteos y tomar el agua para su rey. Esa verdad se hizo patente mediante sus actos. No se quedaron pensando que podrían hacerlo o analizando cuál sería la estra-tegia para llegar a aquel lugar. En el momento que supieron la razón por la cual se encontraban en ese lugar, se abrieron paso entre los demás soldados y con actitud valiente suplieron el pedi-do de David. En el ejército de Israel hubo muchos valientes, pero ninguno como estos tres. El ejemplo de estos valientes bastó para que otros entendieran que también podían ser valientes. Después de irrumpir en el campamento de los filisteos para traer agua, muchos soldados siguieron sus ejemplos.
Las recompensas y honores del Reino de Cristo están prepara-das para los que creen y confían en Dios, demostrándolo con acciones que reflejen una actitud de confianza en sí mismos para comprometerse con lo que Él quiere. Debemos estar dispuestos a enfrentar la fatiga y el sufrimiento, arriesgándolo todo por Cris-to, incluso la vida misma.
28
seR cOnfiABLe
No se puede confiar en aquellos que no se tienen confianza.
Un tiempo antes a este suceso, cuando David fue proclamado rey de Israel, el pueblo declaró lo siguiente:
“Entonces todo Israel
se junto a David en Hebrón, diciendo: nosotros somos tu hueso y tu
carne”
(1 Crónicas 11). Estas palabras no eran para tomarlas a la ligera y creer al momento que cada persona estaría dispuesta ha-cer lo que fuera por David. Con el correr del tiempo realmente se verían los fieles al rey. Ya David había demostrado ser un hombre confiado y valiente al lado del rey Saúl.En su liderazgo, David obtuvo resultados y por eso inspiraba con-fianza. Estaba en el tiempo de poner a prueba quienes seguirían sus pasos, la Nación se había declarado como “su hueso y su carne”, era el momento de saber en quienes podía confiar y de-legar autoridad.
Una de las funciones muy importantes del liderazgo es lograr que los demás confíen en sí mismos y David les estaba dando esa oportunidad. Dios les prometió que estaría con ellos, sólo restaba que tomaran la iniciativa de avanzar. El rey les estaba dando la posibilidad de hacer historia. Ese día tres personas decidieron ser algo más que soldados, decidieron ser hueso y carne del rey. Hoy Jesús nos da la posibilidad como el mejor de todos los maes-tros, reyes y líderes de ser algo más de lo que somos para llegar a ser conocidos por nuestras hazañas y victorias en el campo de batalla. Deberíamos hacernos esta pregunta, ¿las demás per-sonas podrán confiar en mí? ¿Seré alguien en quien los demás puedan confiar? Pensemos detenidamente por un momento y veamos la respuesta que encontramos en nuestro interior. No se puede confiar en quienes no confían en sí mismos. Si estás en busca de una oportunidad, cree que podrás lograrlo y alguien te la dará. Si nuestra vida está centrada en la Palabra de Dios, la confianza produce en nosotros esperanza, dándonos ánimo, aliento y vigor para trabajar. El rey David dijo:
“En paz me
acos-tare, y así mismo dormiré; Porque solo tu Jehová, me haces vivir
confiado”
(Salmos 4:8).Para la mayoría de nosotros sería muy sencillo irnos a descansar por la noche y levantarnos por la mañana para comenzar con un nuevo día realizando las respectivas actividades cotidianas. Este cuadro era muy diferente para David. Cuando se iba a descansar en medio de una guerra, había enemigos por todos lados. Decir:
“en paz me acostare y asimismo dormiré”,
no era cosa sencilla. Cualquier persona que se detuviera a pensar en las palabras de David, llegaría a la conclusión que estaba loco. Pero al analizar la frase:“me haces vivir confiado”,
vemos que la paz y el descanso que tenía David, no provenían de sí mismo, sino de Dios. Sabía que el propósito para su vida no había terminado y aún quedaba mucho camino por recorrer. Por tanto, podía estar seguro que Dios lo guardaría en todo momento.Debemos estar confiados, pero no sólo cuando todo va bien, también cuando todo pareciera estar mal. Si estamos atravesan-do situaciones difíciles y adversas, debemos recordar que fuimos creados por Dios con un propósito. Y si aún no hemos terminado con nuestra labor, esto quiere decir que queda mucho por hacer en su voluntad. Si Él nos eligió, sabía que podíamos llevar a cabo su propósito a pesar de los imposibles. Pues es el único Dios que hace realidad lo imposible, llegando donde nosotros no podemos llegar. Por eso si Él creyó en nosotros, podemos estar seguros y confiados que llegaremos a ser lo que quiere que seamos.
ALcAnzAR LO Que deseAmOs
Lograr algo es alcanzar lo que deseamos. Cuando una
perso-na comienza a creer que logrará su objetivo, sin importar que tan grande o difícil parezca, llegará a concretarlo. Un creyente que comienza a actuar confiando en sí mismo acorde a la confianza que Dios puso en él, se transforma en una persona de acción que ofrece soluciones y cambios. No es lo mismo una persona que no cree en sí mismo a la hora de confiar cuando necesita
30
lograr su objetivo que ver las cosas desde otra perspectiva. Debe creer en sí mismo a la hora de confiar para lograr el objetivo. Sin duda alguna, el resultado será extremadamente diferente. cReeRLe A diOs
Debemos comenzar a creer lo que Dios dice que somos. Una
verdad que debemos tener presente en nuestros pensamientos cada día de nuestra vida es que Dios estableció un Nuevo Pacto con nosotros. La solución que este pacto conlleva es extraordi-naria, puesto que se trata de la muerte de Jesús para perdón de nuestros pecados. Ahora bien, Dios amó tanto a la humanidad que dio a su único Hijo, lo más preciado de sí para morir en la Cruz por cada uno de nosotros. Morir de esta manera era la sen-tencia más cruel, dolorosa y vergonzosa que un hombre podía recibir. Esta condena sólo estaba destinada para los hombres con delitos aberrantes. Jesús no había cometido ningún delito (pecado) y se hizo pecador, llevando nuestros pecados a la cruz del Calvario. Este acto sin precedentes fue necesario para nues-tra redención. Sin dudas, esta entrega de Cristo nos muesnues-tra su amor y el interés de Dios por el ser humano. Si Él creyó en nosotros al punto de enviar a su Hijo como el Cordero inmola-do que quita el pecainmola-do del muninmola-do a través de ese sacrificio de muerte de cruz, deberíamos ser más decididos a la hora de con-cretar algo. El apóstol Pablo dijo por revelación del Espíritu Santo:
“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de
aquel que nos amo”
(Romanos 8:37).cReeR Que sOmOs tRiunfAdORes
Una persona no podrá alcanzar el triunfo si antes no cree que sea un triunfador. La confianza es un valor que con el correr
del tiempo no dejó de trascender y los que la supieron aprove-char tuvieron resultados increíbles. No podemos tener una vida abundante en Dios si no podemos confiar en nosotros mismos como Él lo ha hace. Si podemos creer que vamos a lograr el pro-pósito para el cual nacimos, seguro comenzaremos a transitar un
CAPÍTULO 3 - VALORANDO QUIENES SOMOS
camino totalmente diferente, un camino que nos llevará cada vez más cerca del propósito de Dios.
Existen tres tipos de personas: los que no tienen éxito, los que alcanzan un éxito temporal y los que logran el éxito permanente. La diferencia que existe entre quienes alcanzan el éxito y lo man-tienen, radica en creer que lo lograrán, más allá de lo que otros crean u opinen.
cAPÍtuLO 4
venciendO A mi enemiGO
“EL PEOR ENEMIGO NO ES EL qUE SE CONOCE SINO EL qUE SE IGNORA”
L
a mayoría de las personas vive sugestionada por lo que su-cede a diario en la sociedad. El miedo a que algo malo pueda sucederles está siempre presente. Pareciera ser que el temor comenzó a formar parte en sus vidas. Esto no debería ser así, pero lamentablemente el hombre le ha dado participación a este enemigo del alma en su mente. Hay diferentes tipos de temores. Hay personas que le temen a los truenos, otros le temen a las alturas, a los insectos, al fracaso, a la enfermedad, a la muerte y así infinitamente.Hay casos de personas que ni aún querían salir de sus casas por temor a sufrir algún accidente. Una estadística muestra que nueve de cada diez personas le tienen terror al pensamiento de hablar frente a un grupo de personas. Esta es una realidad muy triste, pero hay tanta diversidad de temores como hombres so-bre la tierra.
un enemiGO invisiBLe
Un enemigo invisible se hace visible cuando menos lo es-peramos. El temor es una forma agravada de duda que abre
espacios para el miedo. Quita nuestra atención de Dios para concentrarla en los sucesos desafortunados de alguien más. Así comenzamos a estar alertas al punto de sugestionarnos pensan-do que podremos prevenir que nos suceda lo mismo. Entonces el mal de otra persona termina siendo nuestra propia causa de persecución. De esta manera el miedo toma control de nuestra vida hasta el punto de hacernos entrar en pánico.
34
No es casualidad que en la Escritura se mencione 365 veces la expresión, no temas. Es decir, tenemos una cita para cada día del año. Esta cifra tiene que llamarnos la atención. Creo que Dios está muy interesado en que el temor no forme parte de nuestra vida, por eso nos manda a no temer en todo momento.
El temor es, sin lugar a dudas, uno de los enemigos de la mente que con mayor frecuencia viene a atacarnos. No lo podemos ver, pero en los momentos menos esperados se dará a conocer. Las expresiones de nuestros rostros y la forma de hablar entre otros, son una prueba de ello.
En griego la palabra temor es phobos. El miedo es un arma letal que utiliza el temor para paralizar las vidas. El miedo es el en-cargado de infundir terror, espanto e inseguridad por la duda de no saber cómo encontrar una salida cuando la tormenta azota nuestras vidas. Por lo general, en un momento creemos tener la fe necesaria para atravesar lo que sea. Pero al momento si-guiente, pareciera que no podemos avanzar y comenzamos a conformarnos a esa situación. Esto ocurre debido al efecto que este enemigo produce en nuestra mente.
Cuando el temor toma control de nuestra vida, lejos de acceder a una vida abundante, podemos hasta caer en problemas de índo-le físico. El temor nos mantiene ocupados con pensamientos de duda e inseguridad y nos bloquea. Si logra dominar nuestra vida, impedirá nuestro progreso. Es muy importante vencer al temor. Y con la ayuda de Dios es posible.
sin PRefeRenciAs
El temor no tiene preferencias. No sólo las personas que no
tienen a Jesús en su corazón padecen el miedo, también ocu-rre con los cristianos que no terminan de confiar en el Señor. Al leer los Evangelios notamos que Jesús cuando comenzó su ministerio le dijo a dos de sus discípulos:
“Venid en pos de mi, y
haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le
siguieron”
(Marcos 1:17-18).CAPÍTULO 4 - VENCIENDO A MI ENEMIGO
Estos hombres fueron obedientes a la voz del Señor. La Escritura dice que dejando luego sus redes, le siguieron. A partir de ese momento nunca más se apartaron de Jesús. Al estudiar la vida de los discípulos, con excepción de Judas Iscariote, vemos que siempre estuvieron atentos escuchando, aprendiendo y hacien-do lo que Jesús les enseñaba. Ninguno de nosotros podría decir que eran personas sin compromiso con Dios, pues habían deja-do todeja-do por Él. Pero aún así el temor era parte de sus vidas. Lo que trato de decir es que no importan los años que tengamos de creyentes, ni a cuantas cosas hayamos renunciado por causa de Cristo, aún así podemos ser víctimas de este enemigo del alma. A simple vista, el temor pareciera no estar presente, pero en determinados momentos se dará a conocer sin previo aviso. En la Escritura encontramos una historia donde Jesús les enseñó a sus discípulos sobre este enemigo:
“Y entrando en la barca sus discípulos le siguieron. Y he aquí que
se levanto en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían
la barca; pero el dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron,
diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo ¿porque
te-méis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los
vientos y al mar; y se hizo grande bonanza”
(Mateo 8:23-26). Había una diferencia notable en el comportamiento de Jesús con respecto al de los discípulos, pues eran hombres con mucha experiencia sobre navegación. Esta no era la primera vez que se embarcaban y tampoco era la primera tormenta que experi-mentaban. Sin ir más lejos, Pedro se dedicó a la pesca toda su vida embarcado en el mar de Galilea. Ninguno era ajeno al viaje que estaban realizando y a los frecuentes peligros que pudieran atravesar. Creo que las tempestades no son fáciles de soportar y mucho menos si transcurren en las profundidades del mar, justo cuando estamos navegando. Los vientos huracanados sacudían la barca de un lado a otro. Las olas debieron golpear la barca cada vez con mayor fuerza. Bajo estas condiciones de tan grande tem-pestad, el miedo comenzó a trabajar en sus pensamientos. Una tempestad feroz comenzó a desatarse repentinamente.Mien-36
tras Jesús dormía bajo las mismas condiciones, ellos estaban aterrados y preocupados por sus vidas.
“Esta gran tempestad de
viento echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba”
(Marcos 4:37).
Para colmo de males la tormenta transcurrió durante la noche. El Evangelio de Marcos enriquece un poco más toda esta situación porque añade un dato
“Aquel día, cuando llego la noche, les Dijo:
Pasemos al otro lado”
(Marcos 4:35). El temor terminó por apode-rarse de ellos. Estaban tan preocupados que con desesperación tuvieron que llamar a Jesús“¡Señor sálvanos que perecemos!”.
Este acontecimiento los puso en el lugar que Jesús quería que estuviesen. No había un mejor momento para que les mostrara lo que había en sus corazones. Sólo así podrían reconocer sus li-mitaciones como hombres y su necesidad del poder de Jesús. El Mar de Galilea representa el mundo y la tempestad los temores que nos atacan constantemente.
incReduLidAd
El temor produce falta de fe. El gran problema de estos
hom-bres de Dios fue su falta de fe. Jesús les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Relacionó directamente su falta de fe con el temor. Les estaba enseñando que el temor producía incredu-lidad. Si estos hombres escogidos por Dios que pasaban tiempo con Jesús y veían sus milagros tuvieron miedo, lo más probable es que si atravesáramos una situación similar también reaccio-naríamos así. Jesús les mostró cuál era su problema. Hoy Dios también nos muestra que el temor nos lleva a ser incrédulos. El miedo mina nuestra fe.
Una de las cosas que logra el temor es quitarnos los ojos de Cristo. El temor hizo que por un momento los discípulos se
olvi-daran que Jesús estaba con ellos. ¿Cómo podría ocurrirles algo malo si Jesús estaba en la misma barca? No debemos ignorar que el diablo es especialista en arrojar dardos de duda sobre la presencia y protección de Dios sobre sus hijos y así atemorizar-los. La mayoría de las veces los temores son el resultado de la
fluencia de espíritus malignos que quieren atormentar nuestras vidas y ante los cuales debemos resistir firmes en la fe.
¿HAstA dÓnde nOs LLevA eL temOR?
¿Que tan lejos podemos llegar con una vida llena de temor?
Los discípulos de Jesús emprendieron un viaje. El propósito era muy bueno pues se dirigían a servir a Dios. Parecía que todo en esa noche se encontraba bien. Pedro siendo uno de los mejores pescadores de la época, no creo que se hubiera embarcado en una situación tan extrema. Puesto que estaba acostumbrado a navegar, era una rutina para él, algo de todos los días. Pero su-cedió todo lo contrario. Sólo pudieron avanzar una pequeña dis-tancia hasta que se encontraron en peligro y eso los hizo temer. No era correcto que pensaran que por ser parte de los doce y pertenecer al grupo íntimo del Señor, estarían a la altura de las circunstancias de las exigencias del servicio a Dios. Cualquier esfuerzo por intentar salvar sus vidas era inútil. Jesús usó esta actividad para llevarlos hasta un punto extremo y exponer el te-mor que había en sus corazones.
Muchas veces creemos estar a la altura de las demandas de las situaciones e incluso nos creemos capacitados para resolver determinados asuntos, pues estamos acostumbrados a ellos. Es una rutina en nuestras vidas. Pero ignoramos que no importa cuán capacitados estemos, si hay temor en nuestros corazones estaremos en serios problemas.
¿Qué intenta mostrarnos Jesús a través de esta historia? Nos demuestra que aún en lo que estamos acostumbrados hacer, debemos ajustar nuestras vidas para cumplir su propósito. Cada vez que emprendamos un viaje hacia algo nuevo, si tenemos temor, las tormentas nos impedirán continuar nuestro viaje. No podremos llegar lejos a menos que venzamos ese enemigo del alma.
38
desteRRAndO eL temOR
Si queremos llegar lejos debemos arrancar el temor de nues-tras vidas. La Escritura menciona en 1 Juan 4:18: “… porque el
temor lleva en sí castigo”. El temor va trabajando de tal manera que nos aleja de las bendiciones de Dios y nos coloca bajo el yugo del pecado. El que teme vive en un verdadero y constante tormento, corriendo el riesgo que Satanás se ocupe de cumplir la razón de nuestro temor. Job pudo reconocer que el mal le so-brevino por causa del temor:
“Porque el temor que me espantaba
me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía”
(Job 3:25). El mayor deseo en la vida de Job era la presencia y el favor de Dios. Pero ahora ocurrió lo que más temía. En el momento que Job dice: el temor que me espantaba, seguramente esta ora-ción se refiere con toda probabilidad a los continuos sobresaltos que lo oprimían cuando recibía las malas noticias. En un sólo día perdió todas sus posesiones: diez hijos, setecientas ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y también sirvientes de ambos sexos. El había sido un hombre:“Perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”
(Job 1:1). Pero a pesar de ser un hombre de Dios, había temor en su vida. También la Escritura dice que Job temía que sus hijos ofendieran a Dios mientras hacían banquetes:“Porque decía: Quizá habrán
pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus
corazo-nes”
(Job 1:5).Satanás no pudo negar que Job perseveraba en su integridad a pesar de su gran aflicción. Pero desde el momento que Job escuchó la voz del temor, perdió la imagen del Dios bueno y esto lo llevó a poner su atención en todo lo demás, comenzando a temblar de miedo. Su dolor lo llevó a pensar o imaginar que esa experiencia no acabaría jamás, una impaciencia que podríamos justificar. Pero esta actitud no tiene justificación y demuestra una tremenda ingratitud hacia el Dador de la vida.
Job era un hombre recto y temeroso de Dios que comenzó a reconocer que el temor que lo espantaba cayó sobre su vida y le
CAPÍTULO 4 - VENCIENDO A MI ENEMIGO
aconteció lo que más temía. Se dio cuenta que él mismo desde su mente le dio lugar a los pensamientos de temor que lo lleva-ron por un camino que le generó grandes pérdidas.
Tanto los discípulos como Job eran hombres elegidos por Dios con un propósito extraordinario y esto hablaba muy bien de ellos. Eran hombres apartados del mal, sensibles a la voz de Dios y res-ponsables. Pero no habían tenido en cuenta que el temor existía en sus corazones. Dios tuvo que mostrarles cuál era el problema que había en ellos, porque esto les impedía avanzar hacia sus llamados. Una vez que aprendieron que el temor era responsable por detener la bendición de Dios, caminaron en fe y se convir-tieron en hombres referentes para la humanidad. Entonces Dios los bendijo en gran manera. Sólo de esta forma pudieron llegar tan lejos.
En los momentos de presión, donde los resultados no son los que esperábamos, podemos notar a través de nuestros pensa-mientos y actitudes si hay temor en nuestra mente o no. Cristo respondió con palabras de aliento para estimular la fe de aquellos hombres sumidos en una situación que parecía sin esperanza. A lo largo de la historia redentora hubo creyentes que depositaron su confianza en Dios cuando todo parecía estar perdido. En tales ocasiones, Dios proveyó la fe necesaria, liberando a su pueblo según su voluntad divina y su propósito eterno.
El temor y la falta de fe impiden la manifestación de los milagros y el poder de Dios. Dejar de creer en la verdad para dar lugar a la duda originada por el miedo, implica negar a Jesús porque es la Verdad. Si rechazamos las normas de la justicia de Dios, impedi-mos que manifieste el poder de su Reino en nuestra vida. En una oportunidad los discípulos le dijeron a Jesús: auménta-nos la fe. Entonces el Señor dijo:
“si tuvieres fe como un grano de
mostaza podrías decir a este sicomoro: desarráigate, y plántate en el
mar; y os obedecería”
(Lucas 17:5-6).40
Como creyentes debemos conservar el hambre por la Palabra de Dios y pedirle al Señor en oración que aumente nuestra fe. De esta manera podremos romper con nuestras limitaciones que probablemente sean consecuencias del temor, el enemigo que quiere robarnos la fe.
En la Escritura encontramos una historia donde Jesús regresaba de la región de los gadarenos hacia Galilea. Allí había un jefe de la sinagoga que se llamaba Jairo que cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que entrara a su casa pues tenía una hija única de doce años que estaba muriendo. Pero Jesús lo anima y le dice:
“No temas, cree solamente, y será sanada”
(Lucas 8:50).Nuestra fe en Cristo tiene que ser atrevida y sin miedo, aunque las dificultades parezcan imposibles de resolver. Él tiene el poder para hacer posible lo imposible:
“Más el tomándola de la mano,
clamo diciendo: Muchacha, levántate. Entonces su espíritu volvió,
e inmediatamente se levanto: y El mando que se le diese de comer”
(Lucas 8:54-55).
Dios nos ofrece una excelente alternativa a nuestros temores: el amor divino de Cristo que puede hacernos vivir confiados. Debe-mos pedirle al Señor que abra nuestros ojos para ver cuánto nos ama y cuán poderoso es para que no volvamos a temer jamás. No debemos olvidar que Jesús siempre estará con nosotros. No apartemos nuestra mirada de Él para ponerla en el temor. Consideremos e imitemos la actitud que tuvo Jesús frente a la tempestad. Él pudo descansar cuando todo parecía un caos por-que tenía la seguridad por-que su Padre estaría allí para protegerlo, aunque el mundo se volviera un caos.
cAPÍtuLO 5
cORRiendO HAciA LA metA
“LAS METAS NO MUESTRAN SóLO EL DESTINO fINAL DE NUESTRAS ACCIONES, SON EL PUNTO DE PARTIDA
hACIA LA GLORIA ETERNA”
Gregorio Marañón, (1887-1960)
definió a la vida de esta bella forma:
Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.
Albert Einstein (1879-1955)
Científico alemán nacionalizado estadounidense, la precisó así:
“Al final, lo que importa no son los años de vida,
sino la vida de los años”
P
ero lo rigurosamente cierto es que consiste en el espacio de tiempo que media entre el nacimiento y la muerte. En reite-radas ocasiones he oído la siguiente pregunta: ¿En qué etapa de tu vida estás? Esta es una pregunta muy frecuente entre las personas y se convirtió en una de las más populares de este último tiempo para la sociedad. Y allí se menciona la etapa de la juventud, de la media vida – donde dicen que aparecen las crisis del hombre - y la tercera edad.42
No caben dudas que la vida del hombre, sea por cuestión de edad, logros, sentimientos o sueños, se mide por etapas. Las etapas permiten medir éxitos o fracasos, marcan una época en la vida de los hombres que delatan el avance o retroceso del desarrollo de sus acciones.
Existen diferentes etapas y cada una de ellas viene acompañada por una crisis. Por ejemplo, tenemos la etapa de la adolescencia-juventud. Esta es la edad que sucede a la infancia y transcurre desde la pubertad hasta el desarrollo completo del cuerpo. En este ínterin comienzan las personas a definir su personalidad. En la etapa llamada crisis de los cuarenta, las personas se plantean los resultados que obtuvieron a lo largo de su vida. Por ejemplo: sus logros, lo que pudieron haber hecho y no hicieron, las malas decisiones que los llevaron a vivir momentos dolorosos, etc. Por último llega la etapa de la vejez. Esta etapa viene acompa-ñada de una crisis que lleva a las personas de la tercera edad a pensar que ya no tienen la misma fuerza de antes. Se sienten incapaces de realizar determinadas tareas, creen que su tiempo ya pasó y no hay cosas interesantes que podrían hacer. Sea una u otra la etapa en la que nos encontremos, debemos estar se-guros que hay un propósito de Dios para cada una de ellas. Él nos entregó la vida, no para lamentarnos sino para disfrutarla a pleno. Y podemos tener la certeza que juntamente con ella dis-frutaremos de todas las cosas.
“Pues Él es quien da a todos vida,
el aliento y todas las cosas”
(Hechos 17:25).Si la vida del hombre se mide en etapas, como creyentes debe-mos saber que en cada una hay metas de Dios que debedebe-mos alcanzar. El secreto para una vida más abundante es descubrir que fuimos destinados con un propósito de Dios y luego hacerlo. El apóstol Pablo dijo:
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea
perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui
también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo
haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo
que queda atrás, y extendiéndome a lo que esta adelante, prosigo a la
meta, al supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”
(Filipenses 3:12).
Pablo descubrió cuál era el propósito de su vida. Descubrió para qué fue creado y se propuso alcanzar esa meta. Llegar hasta el final de su sueño en Cristo Jesús. Sus palabras fueron:
“Pero una cosa
hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás”
(Filipenses 3:13). Quien tiene una meta sabe qué debe dejar atrás con el fin de ir hacia adelante. Pablo creyó al llamado que Dios le había hecho y estuvo dispuesto a pagar el precio por ello:“Pero cuantas cosas
eran para mi ganancia, las he estimado como perdida por amor de
Cristo”
(Filipenses 3:7).Pablo fue una persona sensible al llamado de Dios, al punto de no quedarse con la idea que algún día lograría concretar el pro-pósito de su vida. Fue una persona sabia al proponerse una meta y avanzar hasta llegar a las últimas consecuencias para lograrlas. Salomón, uno de los reyes más sabios de la tierra, dijo lo siguien-te:
“La sabiduría es la meta del inteligente pero el necio no tiene
meta fija”
(Proverbios 17:24).Hay tres aspectos que deben estar presentes en nuestras metas para avanzar en el desarrollo de nuestras vidas:
• Tener un sueño o un deseo. • Saber hacia dónde vamos. • Identificar qué queremos logar. un sueñO nOs dA diRecciÓn
Los sueños pueden indicarnos que camino tomar.
1) - Los sueños representan una visión interior que habla al
espíri-tu mismo para concretar aquello para lo cual fuimos llamados:
“Y
sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan
a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”
(Romanos 8:28).