hizo Simón:
“Maestro toda la noche hemos estado trabajando, y
nada hemos pescado”
(Lucas 5:5). Pero su respuesta no terminó allí. Luego de excusarse dijo algo muy importante: “Más en tu palabra echare la red”. Simón le quiso decir:“Jesús, toda lo noche
lo intenté arrojando vez tras vez las redes al mar hasta el amanecer
y nada sucedió. Pero si tú me pides que lo vuelva a intentar, en tu
Palabra lo haré”.
Es asombroso ver cómo Jesús llamó la atención de sus discípu- los. En otras palabras, les estaba diciendo que no es cuestión de esfuerzos ni de cuántas veces lo intentaran, sino de su presencia en ese lugar. Sólo por esta razón sucedería algo extraordinario. cuAndO menOs LO esPeRAmOs
El hace milagros en los momentos menos esperados. El es-
cenario cambió porque la noche había pasado y era de esperarse que la pesca no fuera efectiva. Pero lo que estaba por suceder rompería las reglas establecidas por el hombre. Jesús no iba a
CAPÍTULO 8 - UN MILAGRO DIFERENTE
dar lugar a dudas con el milagro que estaba a punto de realizar. Si se acostumbraba a pescar durante la noche porque los peces abundan en ese horario, Él llenaría las redes de peces durante un día esplendido y en medio de un sol radiante. Nadie hubiera es- perado que sucediera aquello esa mañana. Las redes se llenaron de peces y fueron tantos que se rompían. Tuvieron que llamar a otra barca que se encontraba cerca para que los ayudaran. La Es- critura menciona que ambas se llenaron a punto de hundirse por la cantidad de peces. Jesús le mostró a Simón y a la multitud que no bastaba con ser trabajadores, esforzarse, dedicar tiempo y ser entendidos en el tema. Si había alguien con suficiente cono- cimiento sobre la pesca era Simón, pues se había dedicado toda la vida a pescar. Era un profesional en el tema, pero todo esto no le sirvió en lo absoluto en ese momento. Sólo Jesús pudo llenar las redes con peces hasta que se rompieron.
LA difeRenciA
Su Presencia hace la diferencia en todo. ¿Qué quería lograr
Jesús con todo esto? Quizá para muchos este milagro no los sorprenda tanto como si Jesús sanara a un paralítico, un ciego o resucitara a un muerto. Pero a través de este milagro estaba llamando a Simón para un propósito muy especial. Quería que dejara de ser un pescador de peces para convertirse en un pes- cador de hombres. Y qué mejor manera de demostrárselo sino por medio de un milagro sobre la pesca, porque era el medio donde Simón estaba acostumbrado a vivir. Para que pudieran en- tender el llamado que Jesús les estaba haciendo, era necesario un milagro de esa magnitud.
Jesús hace todo más sencillo para que podamos entender su lla- mado. Sólo un milagro de estas características podía hacer que Simón dejara todo a un lado:
“Cuando trajeron a tierra las barcas,
dejándolo todo le siguieron”
(Lucas 5:11).Dios utiliza los milagros, no sólo para sacarnos de la necesidad en la que nos podamos encontrar, también para demostrarnos que quiere hacer algo importante con nuestras vidas. Muchos
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reciben su milagro y luego se apartan de Dios, olvidándose de Él. Otros al recibir su milagro creen que ya todo está bien. Si su necesidad fue satisfecha y no necesitan nada más, seguirán a Jesús desde lejos y esto no debe ser así. Cada vez que Dios se
glorificó en la vida de un hombre lo hizo para que lo sirviera.
Cuando Jesús quiere hacer un milagro en tu vida y le dices sí, nunca más serás el mismo porque siempre estará su presencia contigo, no te dejará ni te abandonará. Jesús hizo algo importan- te con Simón y debemos entender que también quiere hacerlo con cada uno de nosotros. Cuando le dijo:
“Boga mar adentro y
echad vuestras redes para pescar”
(Juan 5:4), Jesús ya estaba en la barca y no descendió hasta que llegaron a tierra firme. Jesús no se quedó en la orilla mirando cómo le iría a Simón con la pesca, eligió no bajarse de la barca y lo acompañó hasta que ocurrió el milagro. No lo dejó sólo y tampoco lo observó a la distancia, es- tuvo con él en todo momento.La diferencia entre los intentos de pesca anteriores y este últi- mo. Los resultados serían diferentes pues Jesús se encontraba con él. Cuando el Señor nos pide permiso para subir a nuestras barcas y se lo permitimos, comenzarán a suceder cosas maravi- llosas y extraordinarias que no tienen explicación alguna. Jesús sabe cómo hacer la diferencia en todo, como ocurrió en ese mo- mento. La Escritura dice:
“Viendo esto Simón Pedro, cayo de rodi-
llas ante Jesús, diciendo: Apártate de mi, Señor, porque soy hombre
pecador”
(Lucas 5:8).Al instante de haber sucedido el milagro, Simón pudo reconocer que era un hombre pecador y se sintió indigno que Jesús estu- viera en su barca. Dios hace que lo imposible sea posible para que reconozcamos nuestro estado y nos arrepintamos. A partir de ese momento comenzó un tiempo diferente para Simón. Y Jesús le respondió:
“No temas; desde ahora serás pescador de hom-
bres”
(Lucas 5:10).Si observamos este milagro como todos los demás que hizo Je- sús, todos tuvieron la finalidad de dar alivio a los necesitados.
CAPÍTULO 8 - UN MILAGRO DIFERENTE
Pero también hizo algo con la persona que se conectó con su poder. Así como Simón se transformó en pescador de hombres y fue uno de los apóstoles más nombrados de la Biblia, no de- bemos conformarnos con la provisión para nuestra necesidad inmediata. Tenemos que entender que hay mucho más del Señor para nosotros. Hay algo único y especial que Dios quiere hacer con nuestra vida que aún no hizo con nadie más.
eL POdeR de LA GRAciA
A mayor necesidad, mayor es el milagro. El último versículo
de este milagro que Jesús realizó detalla:
“Y cuando trajeron a
tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”
(Lucas 5:11). Queda muy claro que el propósito de Dios para estos hombres no era solamente recibir el milagro, a través de esa situación debían entender lo interesado que estaba en ellos.Atónitos por el milagro e impactados por la abundancia de la pesca, Simón y sus compañeros regresaron a tierra sin importar- les el milagro en relación a la pesca abundante. Tampoco por la cantidad de dinero que representaba, pues ese era su negocio. Cualquiera hombre de negocios hubiera velado por los intereses de su empresa, pero este no fue el caso. Lo que más les llamó la atención fue el interés de Jesús en ellos y lo que quería hacer con sus vidas. Más que las redes llenas de peces, éste fue el gran milagro.
La Escritura dice que
“dejándolo todo le siguieron”.
Algo extraordi- nario y fuera de lo común debe haberles sucedido. Y no me refie- ro a que las redes se rompían por el peso de la pesca o que las barcas se hundieran por la cantidad de peces. Pudieron entender que Jesús los había elegido. Esto fue lo que provocó que nada tuviera tanto valor que la mirada de Jesús en sus vidas. Simón Pedro pudo haberle dado las gracias al Señor por ese milagro y continuar con su vida. Pero no sucedió así, se postró ante Jesús reconociéndolo como su Señor.Cuando Jesús terminó de hablarle a la multitud le dijo a Simón:
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Esto significaba remar hacia la profundidad del mar. Recordemos que en aquel tiempo las barcas no tenían motores como hoy en día. ¿Por qué era necesario ir hacia la profundidad del mar para pescar? ¿Acaso Jesús no podía realizar el milagro cerca de la orilla? Aunque podía realizar el milagro desde la orilla, había una razón por la cual debían dirigirse hacia las profundidades. Los en- tendidos en el tema dicen que el tamaño de los peces es mayor y hay más abundancia de ellos mar adentro. Esto último no debe quitarle crédito al milagro que realizó Jesús. No olvidemos que la pesca se llevó a cabo durante el día, algo imposible de realizar para los pescadores de aquel tiempo.
AtRAPAR LAs OPORtunidAdes
La obediencia no deja escapar oportunidades. ¿Cuál fue el
accionar de Simón y sus compañeros frente al pedido de Jesús? Respondieron con obediencia ante su pedido. Después de tratar de pescar toda la noche sin conseguir nada, Jesús le dijo:
“Bo-
guen mar adentro y echen sus redes para pescar”.
Qué bueno que Pedro pudo decir“más en tu palabra echaré la red”.
A pesar de estar cansados por remar hacia la profundidad del mar y regresar a la orilla, sin pescar nada, su obediencia fue suficiente para des- atar el milagro y conocer el poder de Jesús.Sin dudas, la invitación que Jesús le hizo a Simón tenía un sig- nificado espiritual porque Pedro jamás volvió a ser el mismo al regresar a la orilla. Algo ocurre cuando nos atrevemos a ir mar adentro, hacia la profundidad de lo desconocido y donde nuestra barca se ve pequeña e insignificante. Ese es el sitio donde el hombre aún no pudo llegar con todo el avance de la tecnología que dispone. Si Jesús está a bordo somos invencibles, porque la diferencia radica en que Él está frente al timón.
Así como Jesús invitó a Simón a ir hacia la profundidad de la mar, hoy nos invita a hacer lo mismo. Si permitimos que suba a nuestra barca, no importan las malas experiencias que hayamos vivido, tendrá el control de todo. Quiere demostrarnos que si
CAPÍTULO 8 - UN MILAGRO DIFERENTE
nos atrevemos a ir mar adentro, hacia las profundidades de su presencia santa, seremos pescadores de hombres.
Pedro fue tan impactado por la presencia de Jesús en su barca que se olvidó de su frustración por no haber pescado nada y salió a buscar peces, demostrando un temor reverente.
“Viendo esto
Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí,
Señor, porque soy hombre pecador”
(Lucas 5:8).cOntemPLAR eL ROstRO deL señOR
Cuando estamos frente a El, no hay nada más importante que hacer. El propósito de ir mar adentro, era que Pedro enten-
diese que en esos momentos es donde se conoce más intensa- mente a Jesús y cuando su presencia sobrenatural se hace más notoria. En ese preciso instante Jesús le reveló su propósito:
“No temas, desde ahora serás pescador de hombres”
(Lucas 5:10). Para Pedro, la decisión que tomó Jesús de elegir su barca y no cualquier otra fue muy importante, sintiéndose indigno de estar ante a Él. Cayó de rodillas y le dijo:“Apártate de mí, Señor, que soy
hombre pecador”.
Esta última actitud de Pedro es digna de resaltar porque pudo haber esperado llegar a la orilla para postrarse frente a Jesús en tierra firme. Allí estaría libre de presiones, sin tener que pensar en la pesca que estaban realizando y mucho menos en que se estaban hundiendo por el peso de los peces. Sin embargo, le pa- reció bien hacerlo en ese preciso instante. No había un momento tan inoportuno y lleno de presiones para rendirse a su Señor. En medio del mar, con una barca a medio hundir y lejos de la orilla, este hombre hizo tiempo para rendirse ante su Señor. No había nada más importante que reconocer su situación de pecado. Nunca debemos pasar por alto que más allá de las situaciones o apuros en los que pudiéramos encontrarnos, si el Señor está frente a nosotros, merece toda nuestra atención. Él sabe qué nos conviene más para nuestras vidas. Muchas veces caemos en el error de postergar un encuentro íntimo con Dios, poniendo en primer lugar nuestros compromisos y responsabilidades. Así es como le quitamos el protagonismo a Jesús en nuestra vida
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y nos apoderamos del papel principal, tratando de resolver los asuntos que se presentan.
Debemos asumir la actitud de Pedro, quien a pesar de haber intentado progresar varias veces con sus fuerzas, dedicación, responsabilidad y esmero sin ver resultados, le entregó a Jesús el control de su vida. Sin más que su presencia dirigiéndonos y nuestra voluntad rendida ante Él, caminaremos hacia una vida abundante.
un cORAzÓn RendidO
A Dios le agradan los corazones rendidos. Debemos tomar la
decisión sabia de permitir que Jesús tome el control de nuestra vida, sin imponerle condiciones personales o individuales. A Je- sús no le interesan nuestros métodos porque diseñó de antema- no lo que quiere hacer con nosotros, por eso no le sirven nues- tras ideas brillantes. Dios está interesado en un corazón rendido ante su presencia y su voluntad. Quizá oímos estas palabras muchas veces, pero es posible que nunca las hayamos vivido con tanta intensidad como para ver la gloria de Dios acompañán- donos en todo momento. Si estamos cansados de intentar que algo cambie en nuestra vida, este es el momento donde Jesús quiere subirse a nuestra barca.
Permitamos que Él tome el mando de nuestro ser y escuche- mos su voz diciéndonos al oído: inténtalo una vez más, boga
mar adentro y echa la red para pescar. Esta vez los resultados
no serán los mismos que antes porque Cristo va al frente y llega- remos a nuestro destino.