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ni con el vino que el bebía; Pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (Daniel 1:8) Muchos israelitas

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fueron deportados hacia Babilonia y uno de ellos era Daniel. En aquel entonces era muy común que les cambiaran el nombre a los esclavos y más aún quienes servirían al rey. De modo que terminaron cambiando el nombre de Daniel por el de Beltsasar. Pero nunca pudieron cambiar su corazón. Daniel estaba en tie- rras extranjeras y su nación había sido conquistada por el rey de Babilonia llamado Nabucodonosor, un hombre muy respetado por las naciones. Su fama de conquistador había llegado hasta los confines de la tierra.

Daniel era un prisionero, un esclavo del rey y no estaba en condi- ciones de querer hacer su voluntad, debía obedecer todo lo que le ordenaran. Así y todo fue una persona valiente al determinar no contaminar su corazón, pues tenía principios de conciencia. No era pecado comer la comida del rey y beber su vino. Pero no estaba seguro que la carne fuese de animales limpios según la ley, ni de que hubiese sido preparada según las leyes mosai- cas concernientes a la comida. Si podía estar seguro que esos alimentos habían sido dedicados previamente a los dioses de Babilonia porque esto era una costumbre en ese pueblo. Si parti- cipaba de esos alimentos, era como reconocer a las deidades de ese país y Daniel no estaba dispuesto a hacer algo semejante. diOs BuscA cORAzOnes ÍnteGROs

Dios está en busca de corazones íntegros para derramar Su Presencia. Permanecer con un corazón integro y apartado del

mal en un lugar donde nadie lo haría, demuestra el valor para vivir por fe, creyéndole primero a Dios y no al mundo.

“Porque

la palabra de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se

salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”

(1 Corintios 1:18). En la Escritura, tener el valor de creerle a Jesús se llama poder de Dios. Daniel fue un hombre que se atrevió a creerle a Dios y fue hallado fiel. En esta misma situación, otros hubieran pasado por alto los mandamientos de Dios para salvar sus vidas.

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Daniel fue determinante en sus decisiones para no dar lugar al pecado en su corazón. La indecisión en momentos de vida o muerte destruye la capacidad de los creyentes. Debemos en- tender que es necesario tomar una decisión correcta en cada situación pese a su dificultad. En todas nuestras determinacio- nes debemos darle el lugar más importante a Jesús. Daniel tenía mucho que perder si guardaba su corazón y su vida, pero estaba dispuesto a perderla por causa de Dios. Jesús enseñó lo siguien- te:

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este

mundo, para vida eterna la guardara. Si alguno me sirve, sígame;

y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me

sirve, mi padre le honrara”

(Juan 12:25-26).

LOs OjOs de LA fe

Debemos mirar con los ojos de la fe. A través de este versí-

culo Jesús nos enseña que aborrecer la propia vida indica una actitud para valorar los intereses celestiales por encima de los terrenales. Los que siguen a Cristo le dan poca importancia a los placeres, las filosofías, los éxitos, los valores, las metas y los métodos del mundo. Quienes siguen a Jesús ganarán la vida eterna porque no aman tano las cosas de este mundo como para no dejarlas por Él.

La fe en Jesucristo implica un compromiso personal de seguirlo, obedeciendo sus enseñanzas para estar donde Él está. Seguirle incluye la negación de uno mismo. Un hombre de Dios no se de- jará estorbar por los problemas, ni los evitará, los enfrentará con fe como si fuera una oportunidad para glorificar a Dios. No se en- tretiene mirando lo que no tiene y perdiendo el tiempo, redime sus días pensando qué puede hacer con lo que tiene.

unA vidA de POdeR

Dios quiere glorificarse en nuestras vidas con poder. Todas

las prácticas que se realizaban en Babilonia iban contra los prin- cipios y valores que Daniel recibió de Dios. Era el momento para

aferrarse a Él sin importarle si perdería su vida o no. Dejó a un lado sus problemas y se atrevió a glorificar a Dios hasta las últi- mas consecuencias. Cuando estamos seguros de la voluntad de Dios y sabemos qué es lo correcto, nuestro curso de acción hará que lo veamos glorificándose en nuestras vidas con poder. Cada vez que le decimos sí a Dios y no al pecado o cuando guardamos nuestro corazón de toda contaminación, Él desata los recursos para enfrentar cualquier situación. Su poder estará allí siempre para mostrarnos la salida y sacarnos adelante.

Daniel no estuvo sólo en este propósito, hubo personas que si- guieron sus pasos como: Ananías, Misael y Azarías, a los que el jefe de los eunucos les cambio el nombre por: Sadrac, Mesac y Abednego. Qué importante es darnos cuenta que no estamos solos en la tierra y no todo gira alrededor nuestro. Con su actitud de guardar su corazón, Daniel no sólo agradaba a Dios, marcaba un camino a seguir. Eran tres personas que estaban siendo mo- tivadas a guardar su corazón por su conducta.

ALumBRAndO A OtROs

Alumbremos a todos los que están en oscuridad. La Escritura menciona que somos

“luminares en el mundo”

(Filipenses 2:12). Somos los encargados de alumbrar a todos los que están en oscuridad. Pero si nuestras acciones y conductas nos llevan a caer en el error, comenzaremos a apartarnos de Dios y nuestra luz se irá apagando llevándonos a vivir en oscuridad. Las tinieblas comenzarán a tener el control de nuestra vida, pues no debemos ignorar las palabras de Jesús:

“De cierto, de cierto os digo, que todo

aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”

(Juan 8:34).

Daniel no estuvo dispuesto a contaminar su vida transformándo- se en un esclavo del pecado. Tomó una decisión que lo llevó a ser luz en medio de un ambiente totalmente pagano como Babilonia. Él y sus amigos resolvieron ser fieles al único Dios verdadero. Hoy tenemos la oportunidad de vivir una vida diferente y abun- dante si guardamos nuestro corazón del pecado.

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No nos olvidemos que la mirada de muchas personas está puesta en nosotros y podemos marcar sus vidas para bien o para mal, a través de nuestras decisiones, conductas y acciones.

Alumbremos lo suficiente para que otros también lleguen al ca- mino de Dios. Guardemos nuestro corazón del mal para forjar una historia diferente en medio de una sociedad donde abunda la maldad.

“Para qué seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin

mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio

de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”

(Filipenses 2:12-15).

cAPÍtuLO 7

estRuctuRAs incOmPAtiBLes

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