Flora y fauna del Bajo Aragón
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La diversa geomorfología y el clima que caracterizan al Bajo Aragón determinan la variada flora y fauna que podemos encontrar en la región. Tal pluralidad de vida se pone de manifiesto en los distintos paisajes que se pue-den observar al atravesar sosegadamente este extenso territorio.
El paisaje inhóspito, aunque de gran riqueza biológica, que aparece al entrar en el municipio de Alcañiz desde Zaragoza, la zona con menor altitud de todo la comarca, es el característico de las zonas esteparias semiáridas. Se encuentra intercalado entre cultivos de cereal, viñas, almendros y olivos y presenta algunas áreas endorreicas con lagunas estacionales salobres. En este tipo de ecosis-temas la mayor parte de la vegetación es de tipo herbá-ceo y arbustivo y apenas alcanza unos pocos centímetros de altura, a excepción de los árboles propios de los cul-tivos, como se ha comentado anteriormente. En estos terrenos, el suelo es árido, rico en sales y está sometido a una evapotranspiración elevada, lo que restringe el abanico de especies que pueden vivir en ellos.
Esto ha llevado a la especialización de las plantas que aquí se desarrollan, hasta el punto de generar verdaderos endemismos vegetales como la salicornia enana (Halopeplis amplexicaulis) y Microcnemun coralloides, especies halófilas cataloga-das como sensibles a la alteración de su hábitat en el Catálogo de especies amena-zadas de Aragón, y que se localizan en las Saladas de Alcañiz, Lugar de Interés Comunitario (LIC) número 129, y en la Salada de Calanda, LIC número 128. Estos dos espacios naturales constituyen la única área endorreica que se puede encontrar en la comarca del Bajo Aragón.
Evidentemente, este exclusivismo ecológico afecta también a los demás niveles bio-lógicos; se sabe, por ejemplo, que algunas de las mariposas que viven en estos hábitats son escasas y muy interesantes por sus hábitos xerófilos, como ocurre con Euchloe charlona.
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Las demás lagunas son totalmente salobres, con gran cantidad de sales (cloruros y sulfatos) acumuladas en su fondo, y, junto a la vegetación halófila de su entor-no, constituyen una de las zonas endorreicas más importantes de la Península Ibé-rica. La riqueza en hábitats de las Saladas de Alcañiz (LIC 129) es impresionante: hay un total de nueve hábitats distintos de interés comunitario, algunos de ellos en peligro de desaparición. Además de las especies vegetales nombradas arriba, también se encuentran aquí endemismos iberolevantinos como son la albada (Gypsophila hispanica), el asnallo (Ononis tridentata), la hierbameona (Herniaria cinerea) y varias especies del género Limonium. Al igual que La Estanca, estas lagunas son también utilizadas durante el otoño y la primavera por muchas espe-cies de aves para descansar de su largo viaje migratorio, como las características grullas (Grus grus), así como por varias especies de rapaces que acuden al lugar en busca de sus presas. Sin embargo, la verdadera riqueza ornitológica reside en sus aves esteparias y en la presencia de una rapaz considerada por el Catálogo de especies amenazadas de Aragón como sensible a la alteración de su hábitat, el cer-nícalo primilla (Falco naumanni). Son fáciles de observar en las proximidades de estas lagunas sisones (Tetrax tetrax), alcaravanes (Burhinus oedicnemus), gangas (Pterocles orientalis, P. alchata), búhos campestres (Asio flammeus), alondras (Chersophilus duponti, Alauda arvensis), calandrias (Melanocorypha calandra), terreras (Calandrella brachydactyla, C. rufescens), cogujadas (Galerida cristata, G. theklae), totovías (Lullula arborea), bisbitas (Anthus campestris, A. pratensis) y collalbas (Oenanthe oenanthe, O. hispanica, O. leucura).
A medida que nos adentramos hacia el interior y subimos en altitud (en parte del municipio de Alcañiz y en los de Calanda, Valdealgorfa, Torrecilla, La Codoñera y Torrevelilla) podemos apre-ciar el paisaje típico del bosque medite-rráneo, que presenta sus mayores extensiones en el sureste de la comar-ca, limítrofe con la del Matarraña. En algunos lugares está dominado por el pino carrasco (Pinus halepensis), como en la sierra del Vizcuerno en Alcañiz (LIC núm. 121), mientras que en otros lo está por la encina (Quercus rotundi-foliae) y/o el quejigo (Quercus fagi-nea), como ocurre en algunas zonas próximas a las cuencas de los ríos Gua-dalope, Mezquín, Bergantes y Guadalo-pillo. Distribuidos entre ellos se pueden localizar ejemplares de sabinas (Junipe-rus thurifera, J. phoenicea) y enebros (Juniperus oxycedrus), y en otras zonas, pinos piñoneros (Pinus pinea). Estos bosques llevan asociados a su vez determi-nadas especies de plantas arbustivas entre las que destacan la coscoja (Quercus coccifera), el lentisco (Pistacea lentiscus), el escambrón (Rhamnus lycioides) y el romero (Rosmarinus officinalis). En los pinares situados a mayor altitud se pueden encontrar ejemplares de una especie de hongo muy apreciada: el níscalo o rebo-llón (Lactarius deliciosus).
El LIC de la sierra del Vizcuerno, situado entre los municipios de Caspe y Alcañiz, presenta un paleoendemismo vegetal considerado como una verdadera joya natu-ral. Esta planta, que vive en los bordes de campos y caminos, se conoce con el nombre de asprón o asperillo (Boleum asperum) y está catalogada como vulnera-ble en el Catálogo de especies amenazadas de Aragón e incluida en el Anexo II de la Directiva 92/43/CEE. Pero su importancia biológica no radica sólo en ello, sino que además esta área está colonizada por un bosque natural de pino carras-co y carras-coscarras-coja muy bien carras-conservado en el que se pueden apreciar multitud de espe-cies interesantes de plantas típicamente mediterráneas, como la sabina, el enebro, el escambrón, el lentisco y el romero. Por otro lado, sobre sus paleocanales, que también abundan en este LIC, pueden verse volar, entre otras muchas, diez espe-cies de aves incluidas en el Anexo I de la Directiva 79/409/CEE, como el águila real (Aquila chrysaetos), el milano negro (Milvus migrans), la culebrera europea (Circaetus gallicus) o el alcaraván. Dicha lista (Anexo I) se ve enriquecida por la presencia de aves acuáticas, las que ocupan la parte más oriental de este espacio natural, donde se sitúa el embalse de Caspe II. En sus orillas se pueden observar varias especies de anátidas, limícolas y ciconiiformes, tanto sedentarias como migradoras.
47 De la Naturaleza La comarca del Bajo Aragón está
atravesada por varios ríos, todos ellos pertenecientes a la cuenca del río Guadalope, en los que aparece el paisaje característico de los ecosistemas húmedos de ribera. Álamos (Populus nigra, P. alba), olmos (Ulmus minor), fresnos (Fraxinus angustifolia) y sauces (Salix sp.) son los árboles más representativos de este tipo de hábitat, a los que se suman los arces (Acer granatense) en los cursos más altos. Entre ellos se localizan también con fre-cuencia sanguiños (Cornus san-guinea), espinos (Crataegus monogyna), hiedras (Hedera
helix), zarzamoras (Rubus ulmifolius), lúpulo (Humulus lupulus) y escaramujo (Rosa canina). Estos bosques de galería, en algunas ocasiones impenetrables, se acompa-ñan en las orillas de carrizo (Phragmites communis), cañas (Arundo donax), espada-ñas (Typha angustifolia), tamarindos (Tamarix gallica), varias especies de juncos (Juncus articulatus, J. inflexus, J. maritimus) y verdaderas rarezas botánicas rupícolas. Por su gran importancia natural dos de las cuencas fluviales que atraviesan la comar-ca han sido comar-catalogadas como Lugares de Interés Comunitario: Río Mezquín y Oscu-ros (LIC núm. 126) y Río Bergantes (LIC núm. 127). Además, el curso alto del río Gua-dalope pertenece a la lista de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), con la denominación de ZEPA Río Guadalope-Maestrazgo, que engloba a una pequeña área del sur de la comarca del Bajo Aragón.
La importancia biológica del río Mezquín reside en la rica vegetación riparia que crece en sus riberas y en la variedad de hábitats, hasta nueve distintos de interés comunitario, todos en buen estado de conservación. En esta cuenca se puede encontrar también una especie de planta designada en el Catálogo de especies ame-nazadas de Aragón en peligro de extinción: Ferula loscosii. Además se pueden observar nueve especies de aves incluidas en el Anexo I de la Directiva 79/409/ CEE, entre las que hay que destacar el buitre leonado (Gyps fulvus), el águila-azor perdicera (Hieraaetus fasciatus) y la culebrera europea. Por otra parte, el Barranc Fondo, perteneciente a los términos de Torrevelilla, Belmonte de San José y La Codoñera, presenta un angosto y profundo cañón de gran valor natural.
El Bergantes es uno de los ríos mediterráneos mejor conservados, caracterizado por un caudal muy irregular a lo largo del año. Su interés ecológico se debe, como en el Mezquín, a la importante vegetación riparia de sus orillas. En los conglome-rados de Aguaviva está presente Petrocoptis pardoi, señalada como una especie de flora vulnerable en el Catálogo de especies amenazadas de Aragón. En sus pro-ximidades pueden observarse trece especies de aves incluidas en el Anexo I de la
Directiva 79/409/CEE, como el águila real, el buitre leonado, el halcón peregrino (Falco peregri-nus) y el martín pescador (Alcedo atthis), entre otras. Además, tam-bién viven en su cauce dos espe-cies indicadas en el Anexo II de la Directiva 92/43/CEE: la nutria (Lutra lutra) y la madrilla (Chon-drostoma toxostoma).
El curso alto del río Guadalope está marcado por la espectacularidad de sus grandes cañones de tipo calizo en el que crían un gran número de especies de aves rupícolas, siendo uno de los lugares de España con mayor densidad reproductora de buitre leonado. En esta ZEPA se encuentran 28 especies de aves de las incluidas en el Anexo I de la Directiva 79/409/CEE, como águila real, alimoche (Neophron percnocp-terus), águila-azor perdicera, hal-cón peregrino, halhal-cón abejero (Pernis apivorus), aguililla calzada (Hieraaetus pen-natus), águila pescadora (Pandion haliaetus) y martín pescador. Otras especies de fauna importantes de esta zona son el cangrejo de río autóctono (Austropotamo-bius pallipes) y el murciélago de herradura grande (Rhinolophus ferrum-equi-num), calificadas como fauna vulnerable en el Catálogo de especies amenazadas de Aragón e incluidas en el Anexo II de la Directiva 92/43/CEE, así como ocurre con la nutria y la madrilla, que también pueden observarse con facilidad en esta parte del río Guadalope. Además de la vegetación típicamente ribereña, en su entorno crecen magníficos encinares, quejigales y pinares. En este medio abunda una especie de gran interés cinegético, la cabra montesa (Capra pyrenaica hispa-nica), que se puede encontrar desde las estribaciones del pantano de Calanda y alrededores hasta el límite de la comarca del Bajo Aragón en Seno o Las Parras de Castellote. Aunque esta especie es típica de zonas rocosas, se ha visto también en otras de menor altitud debido a la expansión actual de su área de distribución por el extraordinario aumento de su población. Por otro lado, no debemos olvidar que gracias a su buen estado de conservación las aguas del Guadalope, en su curso alto, sirven de refugio a la trucha común autóctona.
Si nos dirigimos, para finalizar el recorrido, hacia el sur, llegamos a las zonas de mayor altura de nuestra comarca: La Mata de los Olmos, Los Olmos, Berge, Seno, Las Parras de Castellote y La Cerollera. Aquí se pueden encontrar ecosistemas de transición a la montaña, constituidos principalmente por bosques de coníferas,
Buitre leonado
entre los que se intercalan terrenos baldíos de utilidad ganadera, e incluso, en algunas localidades, pequeños encinares. Una parte de estos bosques es resulta-do de plantaciones anteriores, de forma que se pueden encontrar distribuiresulta-dos desordenadamente tanto pinos carrascos como pinos silvestres (Pinus sylvestris) y, en ocasiones, también pinos rodenos (Pinus pinaster). Toda esta área supone, en cierta manera, una zona de transición hacia la montaña de mayor altitud que se halla en las comarcas limítrofes, pero no por ello es de menor importancia ecoló-gica. En estos hábitats, de hecho, se puede localizar una gran parte de las espe-cies de fauna propias de cotas más altas.
Algunos de los árboles aquí comentados han sido catalo-gados por sus peculiares características en el libro Árboles singulares del Bajo Aragón (coordinado por Fer-nando Zorrilla y editado en 1996 por Mira eds., con la colaboración del Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Alcañiz). En esta publicación se incluyen mapas de localiza-ción de estos monumentos naturales, aunque sólo el 20% de ellos pertenecen a la actual comarca del Bajo Aragón.
Cabras montesas en su hábitat rocoso natural
La carrasca de Foz, uno de los árboles
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Las Saladas de Alcañiz
ADRIÁNPONZ MIRANDA
La estepa es uno de los ecosistemas que más sentimientos opuestos des-pierta. Por una parte está el que manifiestan los científicos y naturalistas, que se sienten totalmente atraídos y fascinados por sus peculiaridades bio-lógicas, y por otra, el expresado por el resto de ciudadanos, que considera estos medios naturales auténticos desiertos que carecen de interés y utili-dad. En la comarca del Bajo Aragón disponemos afortunadamente de un buen ejemplo: las Saladas de Alcañiz.
Este ecosistema constituye un espacio natural de gran importancia tanto por su valor ecológico como cultural. Prueba de ello son los numerosos estudios técnicos y científicos que se han realizado hasta la fecha sobre estas lagu-nas. Por su importancia biológica han sido catalogadas como Lugares de Interés Comunitario (LIC) –números 128 (Salada de Calanda) y 129 (Saladas de Alcañiz)–, y como Área Importante para las Aves (IBA) –número 101–. En este espacio natural destacan unas curiosas elevaciones del terreno denominadas por los geólogos paleocanales. Se trata de antiguos cauces rellenos de sedimentos fluviales de arenisca y microconglomerados que han aflorado en el terreno por la erosión diferencial de su entorno arcilloso. Entre estas elevaciones aparecen cultivos y una serie de lagunas o charcas estacionales originadas mediante endorreísmo. Este proceso produce una acumulación de sales en los puntos más bajos del terreno, que han sido arrastradas hasta allí por el agua de arroyada, razón por las que se les deno-mina saladas. Las cuatro más extensas son la Salada Grande, la Salada de Calanda, la Salada Pequeña y la Salada Jabonera de las Torrazas. En estas cubetas viven organismos microscópicos de gran importancia biológica (tapete bacteriano y plancton), pero que todavía no han sido estudiados de forma detallada por la ciencia. Entre ellos podrían encontrarse endemismos dada la peculiar historia geológica del área, y podría ocurrir lo mismo con otros animales invertebrados.
En los alrededores de estas charcas aparecen seres vivos perceptibles por el ojo humano, en los que radica la otra riqueza natural del espacio. Esta zona se caracteriza por presentar una vegetación y una fauna muy bien adapta-das a las rigurosas condiciones físico-químicas del lugar. Las plantas presen-tes desarrollan estructuras que les permiten sobrevivir en medios con gran concentración de sales (yesos principalmente), denominadas por ello gipsí-colas. Esta especialización ha llevado, con el tiempo, a la aparición de varios endemismos vegetales, como son la salicornia enana (Halopeplis
amplexi-caulis) y Microcnemun coralloides, catalogados como sensibles a la altera-ción de su hábitat por el Catálogo de especies amenazadas de Aragón. Otra planta de gran importancia biológica que vive en este medio es Riella heli-cophylla, considerada de interés comunitario en el Anexo II de la Directiva Hábitat (Directiva 92/43/CEE). La mayoría de la fauna realiza todas sus acti-vidades vitales entre esta vegetación de escasa altura. Abundan los albardi-nares (Lygeum spartum), aunque en los lugares con mayor concentración de sales son sustituidos por distintas plantas halófilas que soportan mejor estas condiciones salinas. Aizoon hispanicum es un buen ejemplo, cuya localiza-ción en las Saladas de Alcañiz es además una de las más septentrionales de la Península Ibérica. Cerca de algunas charcas aparecen, como representan-tes arbustivos, tamarindos (Tamarix boveana y T. canariensis), y como por-tes arbóreos únicamente olivos y en número muy escaso.
En cuanto a la fauna, se han catalogado 164 especies de vertebrados, de los que el grupo más numeroso es el de las aves, con 133 especies. Se pueden encontrar además aves acuáticas procedentes con frecuencia del cercano embalse de La Estanca y que llegan a las Saladas en busca de refugio, alimento o tranquilidad. Es fácil pues observar en este ecosistema aves nidificantes y
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migratorias, como sisones, alcaravanes, ortegas, gangas, búhos campestres, alondras de Dupont, alondras comunes, calandrias, terreras, cogujadas, toto-vías, bisbitas, collalbas, grullas, avefrías, anátidas, limícolas, garzas y otras. Por último, es necesario añadir que las masías abandonadas en este espacio natu-ral y los paleocanales constituyen verdaderos refugios para distintos tipos de animales, entre ellos el cernícalo primilla, especie protegida e incluida por el Gobierno de Aragón en sus Planes de Recuperación de Especies. Actualmen-te, debido a la proximidad de regadíos, las lagunas tienen agua de forma per-manente, lo que está provocando un cambio ecológico al aparecer cobertura vegetal propia de zonas húmedas y reproducirse especies de vertebrados que antes no lo hacían como limícolas, anátidas y otras.
Bibliografía
Al-Qannis, Boletín del Taller de Arqueología de Alcañiz, 2 (1991).
ANENTO, J. L., SELFA, J. y JIMÉNEZ, R., Las Saladas de Alcañiz, Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón (Serie Investigación 6), 1997.