La Encuesta de Población Activa desde la perspectiva de los hogares
por LUIS GARRIDO
UNED
MIGUEL REQUENA UNED
LUIS TOHARIA Universidad Alcalá
1. INTRODUCCIÓN
El propósito de este artículo es analizar la principal fuente estadística sobre el mercado de trabajo existente en España, la Encuesta de Población Activa (EPA), desde la perspectiva de los hogares. Aunque esta no es una perspectiva nueva, y los autores de este artículo, entre otros, la hemos utilizado en diversos trabajos(), sí es, sin embargo, una dimensión poco conocida y no demasiado estudiada, quizá porque la información que se publica sobre ella es, necesariamente, escasa y la obtención de los datos correspondientes requiere una manipulación no siempre sencilla de los ficheros de microdatos. En todo caso, la importancia de esta dimen- sión de los hogares ha sido puesta recientemente de manifiesto por la OCDE (1997). Por otra parte, los estudios anteriores abordaban cuestiones parciales relacionadas con los hogares, mientras que nuestro objetivo en este artículo es dar
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un repaso global a las diversas posibilidades de estudio que ofrecen los datos de la EPA.
Como se sabe, la EPA es una encuesta dirigida a “viviendas familiares” que, a nuestros fines, se pueden identificar con los “hogares”. Dada la concepción de la EPA como encuesta general de población, su cuestionario, aunque cumplimentado por un informante por vivienda, se aplica a todos y cada uno de los que viven en ella, cualquiera que sea su edad y situación con respecto a la actividad económica.
Ello implica que no sólo se dispone de información básica sobre toda la población que vive en hogares, incluidos los menores, sino que, en muchos casos, se dispone también de una información más completa. Dado que, por definición, en toda vivienda entrevistada existe una “persona principal” (definida por la propia unidad entrevistada) y que una de las variables que se conocen sobre todos los miembros de la vivienda es su relación con dicha persona, resulta posible vincular la informa- ción de los demás miembros a la de la persona principal, lo que permite reexaminar los datos de la EPA desde la perspectiva de las viviendas u hogares encuestados, en vez de la habitual perspectiva individual.
Es indudable que la consideración de una perspectiva de hogares resulta de gran interés, y ello por varias razones. En primer lugar, el análisis por hogares permite entender la evolución de la estructura de los mismos, empezando por el número de miembros que los componen. Desde el punto de vista de la organización y la estructura social, ésta es una dimensión de la mayor importancia. Naturalmen- te, en el tamaño de los hogares influyen dos factores fundamentales: el número de hijos nacidos en el seno de las familias y la composición de los hogares familiares, es decir, si cada hogar está integrado por una familia conyugal o nuclear en sentido estricto, si predomina el modelo de familia extensa en el que conviven con la pareja constitutiva del núcleo no sólo los hijos dependientes (menores o mayores de edad) sino también los hijos mayores y otras personas emparentadas (por ejemplo, los padres de la persona principal) o no, o incluso si los hogares están formados por más de un núcleo familiar y constituyen lo que la literatura al uso conviene en llamar familias múltiples. En segundo lugar, por lo tanto, resulta interesante consi- derar no sólo el tamaño de los hogares sino, sobre todo, su composición. A tal fin, es muy conveniente elaborar una tipología de hogares acorde a los criterios habi- tuales de la sociología de la familia y ver cuál es su evolución. Por último, el reparto del empleo y del paro por familias es un fenómeno que en algunos países como España tiene una enorme importancia. El análisis de lo que podría llamarse la
“estructura económica” de los hogares es, pues, de gran interés en la medida en que incide en variables tan significativas como los niveles de renta y pobreza de los individuos: parece claro que dichos niveles deben medirse no desde un punto de vista individual sino desde el punto de vista de los hogares, pues las rentas indivi- duales se suelen compartir en el seno de esos hogares.
Por lo tanto, el artículo constará de tres partes claramente diferenciadas: una primera, que podría denominarse “demográfica”, consistente en el análisis del tamaño y la composición de los hogares; una segunda, de carácter más “sociológi- co”, que estudiará los hogares desde el punto de vista de las formas de convivencia o “corresidencia” que albergan; y una última, de tipo “económico”, que analizará la situación de los hogares con respecto a la actividad económica.
2. TAMAÑO Y COMPOSICIÓN DE LOS HOGARES ESPAÑOLES
Numerosos trabajos han puesto de manifiesto que al menos durante los últimos cuarenta años el tamaño de los hogares en España se ha estado reduciendo de forma ininterrumpida. En efecto, de los datos registrados por los últimos cuatro censos de población se infiere que los hogares españoles perdieron por término medio casi una quinta parte de sus miembros entre 1960 y 1991, pasando de un tamaño medio de 4 personas por hogar en la primera de esas fechas a otro de 3,26 en la última(). Como se sabe, la tendencia a la reducción del tamaño de los hoga- res no es en absoluto una peculiaridad de la sociedad española, sino que coincide plenamente con lo que viene sucediendo en todas las sociedades desarrolladas que han cumplido el ciclo de la transición demográfica y se han dotado de una estructura de población moderna (Kuijsten: 1995). Es cierto que España sigue siendo, junto a otros países europeos como Italia, Portugal y Grecia en el área mediterránea, y junto a Irlanda en la zona atlántica, un país con hogares muy poblados, con un tamaño comparativamente grande; pero no lo es menos que, al igual que ha sucedido en todos los países de Europa occidental y en general en todo el mundo desarrollado, con el paso del tiempo los hogares españoles albergan por término medio a cada vez menos personas en su seno. Concretamente, en el segundo trimestre de 1999, la Encuesta de Población Activa estimaba la existencia de 12,772 millones de hogares en España, en los que residía un total de 39,158 millones de personas. El dato que muestra la EPA es de la mayor importancia: en esa fecha el tamaño medio de los hogares españoles era de 3,07 personas por hogar, el más reducido de la historia estadísticamente documentada de nuestro
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país. En España, y hasta donde conocemos, nunca antes habían existido tantos hogares, ni tan pequeños.
Gráfico 1
EVOLUCIÓN DEL TAMAÑO MEDIO DEL HOGAR EN ESPAÑA 1987-1999
Fuente: Encuesta de Población Activa, segundos trimestres.
A título meramente ilustrativo, y sin pretensión de profundizar en el análisis te- rritorial, incluimos también en este trabajo los datos correspondientes a 1999 del tamaño medio del hogar en cada una de las diecisiete Comunidades Autónomas y en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla (gráfico 2). Con diferencia, los hoga- res de mayor tamaño se encuentran en Ceuta y Melilla, que presentan un tamaño medio de 3,67 personas por hogar. Se dan asimismo hogares muy numerosos en la franja sur de la Península (Murcia y Andalucía) y en las Islas Canarias, aunque también Galicia y Cantabria cuentan con hogares de gran tamaño en relación con el conjunto del país. Madrid, Extremadura y Castilla La Mancha tienen hogares de un tamaño ligeramente mayor que la media nacional. Por su parte, la Comunidad Vasca, Navarra, Valencia, Asturias y La Rioja presentan hogares con un tamaño
medio levemente inferior al del país en su conjunto. Por último, Castilla y León, Baleares, Aragón y Cataluña son las Comunidades Autónomas que en promedio tienen los hogares de tamaño más reducido.
Gráfico 2
TAMAÑO MEDIO DEL HOGAR POR COMUNIDAD AUTÓNOMA, SEGUNDO TRIMESTRE DE 1999
Fuente: Encuesta de Población Activa.
Como es lógico, el tamaño medio del hogar depende en primera instancia de la relación entre la cantidad de población que vive en hogares y el número de hogares que existe en un momento determinado del tiempo(3). En un sentido dinámico
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2,8 9
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3,1 1
3,1 5
3,2 2
3,3 3 3,3 3
3,3 5
3,6 7
3,0 7
2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 2,5 2,6 2,7 2,8 2,9 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 3,5 3,6 3,7 3,8 Cataluña
Aragón Baleares Castilla León La Rioja Asturias Navarra Valencia País Vasco ESPAÑA Cas. La Mancha Extremadura Madrid Galicia Cantabria Canarias Andalucía Murcia Ceuta Melilla
obvio, el hecho de que a lo largo de estos últimos años el tamaño medio de los hogares haya venido disminuyendo significa que éstos han crecido en mayor medida que la población total a la que acogen. Para el período que nos propone- mos analizar en este trabajo (1887-1999), se puede decir –siempre a partir de los datos de la EPA– que la población residente en hogares creció desde un total de 38,555 millones de personas en 1987 hasta los 39,158 de 1999; en ese mismo lapso de tiempo los hogares aumentaron desde los 10,818 millones de 1987 hasta los 12,772 de 1999. Dicho en otros términos, mientras la población residente en hogares ha crecido durante esos años a una tasa anual acumulativa del 0,13%, el número de hogares lo ha hecho a un ritmo de 1,39%. Es este diferencial en la tasa de crecimiento de población y hogares el que da cuenta prima facie de la disminu- ción del tamaño medio de estos últimos: como se puede apreciar en el gráfico 1, el tamaño medio de los hogares españoles descendió desde las 3,56 personas por hogar en 1987 hasta las 3,07 de 1999.
Como quiera que la forma natural en que la población crece y se nutre de nue- vos miembros tiene lugar dentro de los hogares, la razón más plausible por la cual los hogares aumentan a un ritmo superior al de la población (y su tamaño medio disminuye en consecuencia) reside en los cambios que se producen en la distribu- ción de los individuos en los diferentes tipos de hogar. En la medida en que un número creciente de individuos vive en hogares cada vez más pequeños, la distri- bución de los hogares cambia y su tamaño medio se reduce. Eso puede ocurrir, básicamente, porque los nuevos hogares que se forman sean cada vez más pe- queños, o bien porque los hogares ya existentes pierdan miembros o no incorporen miembros nuevos al mismo ritmo al que lo venían haciendo. En cualquier caso, –y puesto que aquí adoptamos una perspectiva transversal– una primera forma de abordar esos cambios es analizar la evolución de los hogares de distinto tamaño.
En este sentido, la disminución del tamaño medio de los hogares significa, senci- llamente, que los hogares en los que viven menos personas crecen con más rapi- dez que los hogares más grandes, que lo hacen más despacio o incluso decrecen.
El cuadro 1 presenta la distribución de los hogares por tamaños durante los años 1987-1999, así como sus respectivas tasas de crecimiento anuales acumulati- vas y el crecimiento agregado del periodo. Como se puede observar, el ritmo de crecimiento de los distintos hogares es mayor cuanto menor es su tamaño. Así, el crecimiento mayor corresponde a los hogares de una sola persona, que aumenta- ron a una tasa anual acumulativa del 4,75% hasta incrementar su número en una proporción próxima al 75%. A continuación, los hogares de dos y tres personas crecieron a una tasa superior al 2%, más alta que la correspondiente a los hogares de cuatro personas, cuyo crecimiento fue más lento (1,66%) aunque superior al del conjunto. Entre tanto, los hogares de 5 o más miembros decrecían, en especial los de 6 y más personas que experimentaron pérdidas muy acusadas durante esos
trece años. Cabe señalar que esta evolución correspondiente al decenio de los años noventa que se deduce de los datos de la EPA prolonga las tendencias observadas en los censos de población en las décadas de los años setenta (Fla- quer y Soler, 1990 y Solsona y Treviño, 1990) y en los años ochenta (Díez Nicolás, 1997 y Requena, 1999).
Cuadro 1
DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES Y TASAS DE CRECIMIENTO POR TAMAÑO, 1987-1999. NÚMEROS ABSOLUTOS EN MILES
1 2 3 4 5 6 >6 Total
1987 1044,3 2359,9 2160,8 2515,9 1499,6 764,1 473,5 10818,1 1988 1127,2 2506,3 2267,8 2555,1 1480,6 710,4 449,6 11097,0 1989 1181,1 2572,1 2309,8 2606,0 1481,9 663,5 446,2 11260,5 1990 1249,3 2636,4 2358,6 2652,4 1481,4 658,4 408,2 11444,7 1991 1290,6 2668,7 2369,3 2745,8 1433,6 629,7 378,7 11516,5 1992 1394,2 2734,1 2416,5 2795,6 1429,9 597,8 340,2 11708,3 1993 1425,0 2827,7 2497,0 2868,2 1392,3 549,9 307,1 11867,3 1994 1487,2 2909,2 2578,2 2889,8 1338,1 520,6 283,8 12006,9 1995 1535,0 2942,0 2616,3 2912,0 1343,1 505,5 260,0 12113,9 1996 1520,9 2875,4 2656,0 3056,2 1323,9 489,7 233,1 12155,3 1997 1585,8 2973,2 2728,4 3081,0 1261,1 455,9 216,9 12302,3 1998 1703,1 3082,9 2761,9 3102,0 1234,8 428,4 194,7 12507,9 1999 1822,7 3286,3 2842,6 3065,4 1198,5 386,7 169,6 12771,8 Tasa anual de
crecimiento 4,75 2,80 2,31 1,66 -1,85 -5,52 -8,20 1,39 Crecimiento
acumulado 74,5% 39,3% 31,6% 21,8% -20,1% -49,4% -64,2% 18,1%
Fuente: Encuesta de Población Activa, segundos trimestres.
Estas distintas tasas de crecimiento durante los trece años que median entre 1987 y 1999 han dado lugar a una distribución de los hogares al final del periodo de referencia significativamente diferente a la que existía al comienzo del mismo. Los hogares de menos de cinco miembros no sólo han aumentado en números abso- lutos, sino que como resume el gráfico 3, han ganado en importancia relativa: los hogares de uno, dos tres y cuatro personas, que en 1987 representaban un 75%
del conjunto de los hogares, han terminado por representar en 1999 nada menos que un 86% del total. De éstos, el crecimiento mayor corresponde, como ya sabe- mos, a los hogares de una sola persona, que de representar un 10% del total de hogares al final de los años ochenta han pasado a representar un 14% a la conclu- sión de la última década del siglo. En el extremo contrario, si el 25% de los hogares
españoles tenía cinco o más miembros en 1987, al final de los años noventa esa proporción había descendido hasta casi un 14%. El resultado de todos estos cam- bios es que en la España que despide el siglo XX hay ya más hogares de una sola persona que de cinco o más miembros, algo que no había sucedido en las pasadas décadas.
Gráfico 3
DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS HOGARES SEGÚN TAMAÑO, 1987-1999
Fuente: Encuesta de Población Activa, segundos trimestres
Llegados a este punto conviene hacer una precisión, no por conocida, menos necesaria: con ser reales, las distribuciones de los tipos de hogar pueden inducir a error en la interpretación de la importancia de las formas de convivencia doméstica en que participan efectivamente los individuos. La distribución de personas en los diferentes tipos de hogar difiere necesariamente de la de los propios hogares debido al distinto tamaño de estos últimos. Y, por lo tanto, el peso de los hogares de distinto tamaño no se corresponde estrictamente con la importancia de las diferentes formas de convivencia o corresidencia que en realidad practican los
0 2 4 6 8 1 0 1 2 1 4 1 6 1 8 2 0 2 2 2 4 2 6
1 2 3 4 5 6 >6
individuos(). Por ello, no son pocos los que juzgan preferibles las medidas calcu- ladas a partir de los individuos (King y Preston, 1990).
Como muestra de esas diferencias entre ambas distribuciones, valga señalar que si bien en 1999 el 14% de los hogares españoles son hogares unipersonales, sólo el 5% de los españoles vive solo; y aunque sólo un 14% de los hogares espa- ñoles son hogares con más de cuatro miembros, en ellos vive uno de cada cuatro españoles (25%). Así pues, aunque el número de hogares solitarios de una sola persona y el de los numerosos de cinco o más miembros es, como hemos visto, muy similar, la cantidad de individuos que reside en los últimos multiplica por 5,2 veces a la de los solitarios que viven en los primeros. Por otra parte, en 1999 los hogares en los que reside mayor número de personas son los de cuatro miembros (32% de los españoles) que, junto a los de tres personas (22%), dan acogida a más de la mitad de la población española que vive en hogares.
Como es obvio, en términos de crecimiento, las tendencias observadas desde la perspectiva de los individuos son las mismas que las que se desprenden del análi- sis de los hogares. En este sentido, el despoblamiento de los hogares más nume- rosos ha sido bien patente a lo largo de estos últimos años. Baste decir, a este respecto, que en 1987 vivía en los hogares de más de cuatro miembros el 41% de los españoles, una proporción que se había reducido a sólo el 25% en 1999; y que, asimismo, mientras en 1987 residía en hogares de cuatro o menos miembros el 59% de los españoles, en 1999 ese porcentaje se había elevado hasta el 75%
(véase el gráfico 4).
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Gráfico 4
PORCENTAJE DE PERSONAS QUE VIVEN EN DIFERENTES HOGARES SEGÚN TAMAÑO, 1987-1999
Fuente: Encuesta de Población Activa, segundos trimestres
Ahora bien, los datos de la EPA, además de hacer posible el examen de la evolución de los hogares desde la perspectiva de los cambios habidos en la distri- bución de los diferentes tamaños, permiten ir más lejos en el análisis de su compo- sición. De hecho, la información vinculada a la persona principal de cada hogar facilita una interpretación complementaria –y probablemente más interesante– del tamaño en términos de su composición. La idea del ejercicio que proponemos es vincular el tamaño del hogar a las relaciones que mantienen entre sí los miembros del hogar y que definen la posición que ocupan en su seno. Recuérdese a este respecto lo señalado en la introducción: de cada persona entrevistada en cada vivienda se conoce qué relación mantiene con la persona principal de su hogar.
Una vez conocida para cada individuo esa relación, basta con conectar, por una parte, la cantidad total de individuos que mantienen una relación dada con la per- sona principal de sus hogares y, por otra, la cantidad total de hogares. La razón entre ambas magnitudes equivale al peso que cada tipo de miembro del hogar (por ejemplo, cónyuges, hijos, padres, etc.) tiene en el tamaño medio del hogar y,
0 2 4 6 8 1 0 1 2 1 4 1 6 1 8 2 0 2 2 2 4 2 6 2 8 3 0 3 2
1 2 3 4 5 6 >6
lógicamente, su suma equivale al propio tamaño medio del hogar agregado. Como, por definición, a cada hogar le corresponde una y sólo una persona principal, el peso en el tamaño medio del hogar agregado de las personas principales es siem- pre equivalente a 1; el peso del resto de las relaciones viene determinado por su respectiva importancia numérica en el seno de los hogares. El tamaño del hogar queda así descompuesto en sus factores relacionales básicos. Y las variaciones que cada tipo de relación experimenta a lo largo del tiempo indican su peso cre- ciente o decreciente en la estructura del hogar.
Como es de esperar en una sociedad en la que predomina el modelo de familia conyugal o nuclear, en España son las personas principales, sus cónyuges y sus hijos (es decir, los integrantes del núcleo familiar()) el tipo de miembros que mayor presencia tiene en los hogares: en 1999 nada menos que 36,814 millones de españoles (casi 95 de cada 100) pertenecían a esas categorías. Y por lo que sabemos de lo acontecido en nuestro país en la década de los años ochenta, fueron los hijos (de la persona principal de cada hogar) el tipo de miembros que más peso perdió en el conjunto de los hogares españoles y, por lo tanto, el factor que más contribuyó al descenso de su tamaño. Dada la distribución de las formas familiares en España y el muy mayoritario peso de las familias formadas por un solo núcleo, el elemento de su estructura que más contribuye al descenso de su tamaño pertenece, en buena lógica, a los componentes del núcleo, ya que se trata de los hijos de la persona principal. En términos estadísticos, la menor presencia de hijos contribuyó nada menos que a un 74% del descenso del tamaño de los hogares españoles a lo largo de la década de los años ochenta (Requena, 1999).
La continuidad de esa tendencia durante la década de 1990 es, según los datos de la EPA, patente. Pues, tal y como se pone de manifiesto en el gráfico 5, durante los años noventa (periodo 1987–1999) el factor más importante en el proceso de reducción del tamaño de los hogares ha seguido siendo la menor presencia de hijos en ellos (0,34 personas menos en los hogares, una pérdida que representa el 70% del descenso total). En comparación con la de los hijos, la contribución a la disminución del tamaño de los hogares de los otros tipos de miembros es por fuerza muy reducida. En cualquier caso, junto a la caída del peso de los hijos, disminuyen también los pesos de padres, nietos, otro tipo de parientes y yernos y nueras –en el gráfico aparecen agrupados bajo la etiqueta otros parientes–, pero su importancia en el hogar es tan pequeña que el descenso es muy exiguo en térmi-
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nos absolutos (de representar 0,27 personas en los hogares de 1987 pasan a representar sólo 0,17 en los de 1999, lo que representa un 19% del descenso total).
Los cónyuges de la persona principal contribuyen a la disminución del tamaño de hogar en menor medida todavía (un 10% del total). Por último, cabe añadir también que los miembros no emparentados con las personas principales no sólo tienen un peso insignificante en el hogar, sino que no lo varían significativamente en esos años (su contribución a la pérdida de tamaño de los hogares se puede estimar en un 1% del total).
Gráfico 5
RELACIÓN CON LA PERSONA PRINCIPAL EN ESPAÑA, 1987-1999. PESOS EN EL TAMAÑO MEDIO DEL HOGAR
Fuente: Encuesta de Población Activa, segundos trimestres
3. FORMAS DE CONVIVENCIA DOMÉSTICA
La interpretación de la reciente evolución del tamaño de los hogares españoles en términos de su composición remite inmediatamente al análisis de las formas de convivencia o “corresidencia” que en ellos se practican. La cambiante presencia en los hogares de sus diferentes tipos de miembros sugiere que también se han producido cambios de interés en su morfología. En este sentido, y por poner sólo
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un par de ejemplos, la pérdida de peso de los hijos en los hogares lleva a pensar en el crecimiento de los hogares de una sola persona y de las parejas sin hijos;
asimismo, la decreciente importancia de los parientes que no pertenecen al núcleo constitutivo del hogar apunta hacia la progresiva disminución de los hogares inte- grados por estructuras familiares complejas.
Pero, tal vez antes de adentrarnos en el significado sustantivo de la información de la EPA para entender la evolución de los hogares españoles, sea conveniente proceder a una comparación de sus datos con los del Censo de Población, la fuente que ha venido utilizándose para el análisis de los hogares españoles. Para el último año en que esta comparación es posible, 1991, se puede observar una coincidencia muy notable en la estimación de las proporciones que representan los distintos tipos de hogares. Adoptamos a los efectos de la comparación entre las dos fuentes una primera tipología de los hogares construida a partir de dos criterios vertebradores básicos: 1) que en la unidad de convivientes haya o no haya una pareja constituida; y 2) que en el hogar convivan o no hijos (las relaciones de parentesco se refieren a la persona principal del hogar). Como es obvio, la aplica- ción de los criterios sirve para delimitar la existencia de núcleos conyugales (com- pletos o incompletos) en los hogares. Así, si en el hogar no aparecen ni pareja ni hijos, caben dos posibilidades: que se trate de un hogar unipersonal o de un hogar formado por varios adultos sin núcleo. Si en el hogar hay algún hijo, pero uno sólo de sus progenitores que no vive en pareja, entonces tenemos hogares con núcleo monoparental (que puede o no contener a otros miembros ajenos al núcleo incom- pleto). Otra posibilidad es que en el hogar conviva una pareja con sus dos miem- bros al completo, a la que, tras aplicar el criterio de la presencia de hijos, dividimos en otros dos tipos: pareja sin hijos o pareja con hijos. A su vez, de estos dos últimos tipos separamos a los hogares que incluyen a miembros ajenos al núcleo para poder distinguir ciertas formas complejas de familia como son las parejas sin hijos más otros miembros y las parejas con hijos más otros miembros. Siguiendo esa lógica clasificatoria, la tipología permite la comparación con los datos procedentes de los censos de población españoles y, por ende, con los de otros países.
Aclarados los criterios tipológicos utilizados, hay que señalar que las diferencias entre las estimaciones de ambas fuentes son, como pone de manifiesto el gráfico 6, casi inapreciables. En realidad, no superan en ningún caso el 2% del total de los hogares. En el censo aparecen más hogares de una sola persona que en la EPA (13% frente a 11%, recuérdese lo ya dicho sobre el mayor tamaño medio de los hogares de la EPA), aunque también más hogares complejos (pareja con hijos más otros parientes ajenos al núcleo); por el contrario, el censo registra menos hogares compuestos de parejas con hijos, menos hogares de núcleo monoparental y tam- bién menos hogares sin núcleo que la EPA.
Gráfico 6
DISTINTOS TIPOS DE HOGAR EN ESPAÑA, 1991
Fuente: Censo de Población de 1991 y EPA, 2º trimestre de 1991
Verificado el más que aceptable ajuste de ambas fuentes en lo que se refiere a la distribución de los tipos de hogares, se puede ya proceder a explotar las ventajas que la EPA representa respecto al censo: su mayor accesibilidad, facilidad de manejo y periodicidad que se traducen, en consecuencia, en una mayor capacidad para contrastar las tendencias de la evolución de los hogares a lo largo del periodo intercensal. En este sentido, cabe señalar que el análisis de la reciente evolución de las estructuras familiares de los hogares ha puesto de relieve dos tendencias que, con diferentes grados de desarrollo, vienen a ser comunes a las sociedades con una estructura demográfica y socioeconómica avanzada: a) un aumento de la heterogeneidad familiar impulsada por la proliferación de las llamadas nuevas formas de familia, que durante periodos crecientes del ciclo vital representan modos de convivencia alternativos al típico de la familia nuclear o conyugal(); y b) una propensión a la formación de hogares no sólo más pequeños, sino también de estructura cada vez más simple, en el sentido de que contienen una menor varie- dad relacional interna.
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Todo ello no significa que el modelo de la familia conyugal o nuclear no sea ya el predominante, en especial en los países que, como España, se adscriben a la pauta familista de la Europa mediterránea: como se puede apreciar en los datos presentados en el gráfico 6, prácticamente la mitad de los hogares españoles presentan la morfología típica de ese modelo y una cuantiosa proporción de los demás se puede interpretar que están en una fase distinta (anterior o posterior) de la etapa de máxima expansión de ese mismo modelo. Lo que constatan las tenden- cias señaladas es más bien que los modelos alternativos a la familia conyugal o nuclear –como proyecto vital definitivo o como alternativas fiables a la organización doméstica en determinadas fases del ciclo vital– van cobrando una importancia cada vez mayor en este tipo de sociedades.
Por lo que se refiere a nuestro país, una copiosa literatura sobre la reciente evolución de las estructuras familiares durante los años setenta y ochenta() coincide en señalar, como rasgos generales más destacados, los siguientes: 1) el crecimiento de los hogares de un solo miembro, el tipo de hogar que, como se ha podido comprobar, más y más deprisa ha aumentado a lo largo de estos últimos años; 2) el aumento también notable de los hogares con un núcleo monoparental;
3) el crecimiento lento, pero continuo, de los hogares formados exclusivamente por parejas sin hijos; 4) la cada vez menor proporción de hogares típicamente nuclea- res compuestos por parejas con hijos, que pierden peso a costa de la ganancia de los tipos que crecen; y 5) el descenso de los hogares más complejos desde el punto de vista del tipo de relaciones que albergan, es decir, las familias extensas (formadas por un núcleo y otras personas ajenas al mismo) y múltiples (formadas por dos o más núcleos).
Los datos de la EPA relativos a la estructura de los hogares confirman plena- mente las tendencias trazadas por la evolución de las décadas de los años setenta y ochenta y nos permiten asegurar que éstas se han prolongado también a lo largo de los años noventa. El gráfico 7 representa la evolución durante nuestro periodo de referencia de los distintos tipos de hogar según una primera clasificación que distingue seis categorías. Además del importante crecimiento, ya reseñado, de los hogares de una sola persona, hay que destacar el aumento de los hogares integra- dos por una pareja sin hijos (que pasan de representar un 17,5% de todos los hogares a un 20,2%) y la proporción ligeramente creciente de los hogares con núcleo monoparental() (de constituir el 9% en 1987 terminan representando el
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10% en 1999). Como había venido ocurriendo en los veinte años anteriores, entre 1987 y 1999 decrece levemente la proporción de parejas con hijos y, sobre todo, experimenta una caída muy importante el número de hogares integrados por una pareja con hijos y otras personas (familias extensas y múltiples): de representar una proporción del 10% en 1987 pasan a un escaso 5% en 1999. Finalmente, los hogares compuestos por varios adultos que no forman núcleo no presentan una alteración significativa en sus proporciones.
Gráfico 7
EVOLUCIÓN DE DISTINTOS TIPOS DE HOGAR EN ESPAÑA, 1987-1999
Fuente: Encuesta de Población Activa, segundos trimestres.
A la hora de interpretar las distribuciones de los distintos tipos de hogar hay que tener en cuenta que éstas son sólo un corte transversal de la realidad convivencial de los españoles tomado en un momento determinado del tiempo, con las bien conocidas limitaciones que presentan estos datos. En este sentido, no sería pru- dente concluir que todas las diferencias morfológicas que recogen las tipologías de los gráficos 6 y 7 responden a modelos de convivencia familiar distintos o a pautas de corresidencia alternativas. En no pocos casos, lo que los gráficos presentan como diferentes tipos de hogares bien puede corresponder a momentos o fases distintas del desarrollo vital de una misma forma o de un mismo proyecto de convi- vencia familiar. Naturalmente, otra cosa diferente es que el crecimiento que experi- menta un determinado tipo de hogar a lo largo de sucesivos cortes transversales
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apunte hacia la mayor duración de la fase del ciclo vital de los hogares que adoptan esa morfología.
Una clasificación más detallada, como la que se presenta en el cuadro 2, nos puede ayudar a entender la evolución de las distintas formas de hogar sin incurrir en errores derivados de la naturaleza transversal de los datos que manejamos. La idea de esta nueva tipología consiste en acotar las edades de ciertos miembros del hogar para así poder determinar con más precisión en qué fase del ciclo vital familiar se encuentran los hogares. Así, por ejemplo, en el crecimiento de los hogares de un solo individuo adquieren un peso decisivo las personas de más de 64 años (en 1999, el 66% de estas personas que vivían solas tenía 65 o más años).
El proceso es bien conocido: en los últimos años se ha ido abandonando la pauta tradicional de corresidencia de los ancianos con sus hijos (u otros parientes más jóvenes) con ocasión de la jubilación, en favor del mantenimiento de la indepen- dencia doméstica hasta edades muy avanzadas. Pero la creciente independencia residencial de los ancianos no es sólo el factor más importante en el crecimiento de los hogares unipersonales, sino también la causa probablemente mayor de la disminución de las familias complejas, una mayoría de las cuales está formada precisamente por un núcleo y el padre o madre de alguno de los miembros de la pareja constitutiva. Una buena parte de los hogares unipersonales debe proceder, por lo tanto, de la descomposición de parejas ya sin hijos a la desaparición de uno de los cónyuges (normalmente, el varón). El crecimiento de los hogares uniperso- nales cuyo integrante es menor de 30 años es muy reducido, aunque comienza a ser ya importante el caso de estos hogares con la persona adulta o madura (de entre 30 y 64 años).
En cuanto a los hogares integrados por un núcleo monoparental, su aumento hay que atribuirlo, fundamentalmente, a aquéllos casos en los que el hijo tiene más de 21 años. Por lo tanto, en el crecimiento de la monoparentalidad en España no hay que pensar tanto en los proyectos reproductivos al margen del matrimonio (madres solteras) o en las consecuencias de la separación o el divorcio, como en los efectos combinados de la viudez y de la tardía emancipación de los jóvenes españoles (en ciertos casos, aunque el progenitor conserve la titularidad formal como persona principal del hogar en razón de su edad, es el hijo o hija el que de hecho mantiene al hogar).
Por continuar con los hogares que crecen, por cada pareja sin hijos convivientes cuya mujer tiene menos de 50 años, hay más de tres con más de 50 años. Lo que sugiere que el grueso de este tipo de hogares lo integran familias nucleares en lo que suele llamarse fase de “nido vacío”, cuando el último de sus hijos se ha eman- cipado ya. A medida que aumenta la esperanza de vida conjunta de los cónyuges, si el resto de las circunstancias se mantiene constante, es de esperar que aumente
también este tipo de hogares. No obstante, hay que destacar también que las parejas sin hijos con mujeres de menos de 50 años también han crecido significati- vamente entre 1987 y 1999.
Por último, hay que atender también a la forma predominante de hogar –las pa- rejas con hijos convivientes– cuya proporción, como hemos señalado, ha disminui- do ligeramente a costa del crecimiento de otros tipos de hogar. Pero lo interesante en este punto es señalar la importante caída en el número de hogares con hijos menores de 15 años (de representar el 34% de todos los hogares españoles en 1987 han pasado en 1999 a representar sólo el 25%), haciéndose bien patentes los efectos de la intensa caída de la fecundidad que se da en nuestro país desde mediados de los años setenta. Por el contrario, los hogares formados por una pareja con hijos convivientes de más de 16 años han crecido en ese mismo perio- do. Suponía este último tipo de hogar un 17% de todos los españoles en 1987 y ha pasado a alcanzar el 22% en 1999, manifestándose en ese crecimiento los efectos de la tardía emancipación juvenil y las crecientes dificultades que en esos años han experimentado los jóvenes españoles para abandonar el domicilio de sus padres.
Cuadro 2
DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES EN ESPAÑA, POR TIPO (CLASIFICACIÓN DETALLADA) EN ESPAÑA, 1987-1999
Tipo de hogar 1987 1988 1989 1990 1991 1992
1 persona 15-29 0,3 0,3 0,3 0,4 0,4 0,4
1 persona 30-64 3,0 3,2 3,3 3,5 3,6 3,7
1 persona 65 y + 6,4 6,7 6,9 7,1 7,3 7,8
1 persona 9,7 10,2 10,5 10,9 11,2 11,9
Sin núcleo 3,7 3,8 3,8 3,6 3,6 3,5
Monoparental (hijo <6) 0,4 0,4 0,4 0,4 0,4 0,3
Monoparental (hijo 6-15) 1,6 1,6 1,6 1,5 1,6 1,5
Monoparental (hijo 16-21) 1,9 1,9 1,9 1,9 1,9 1,8
Monoparental (hijo 22 y +) 5,0 5,1 5,2 5,6 5,7 5,6
Monoparental 9,0 8,9 9,0 9,4 9,5 9,3
Pareja Sin Hijos (mujer <50) 2,7 2,8 3,0 3,1 3,1 3,3
Pareja Sin Hijos (mujer >50) 13,0 13,5 13,5 13,5 13,7 13,7 Pareja Sin Hijos 15,7 16,3 16,5 16,6 16,7 17,1
Pareja Sin Hijos + Otros 1,8 1,8 1,8 1,7 1,7 1,5
Pareja Con Hijos (hijo <6) 14,5 13,8 13,6 13,4 12,6 12,3 Pareja Con Hijos (hijo 6-15) 19,2 18,9 18,3 18,6 18,3 18,1
Pareja Con Hijos (hijo 16-21) 10,1 10,1 9,9 9,8 10,1 10,4
Pareja Con Hijos (hijo 22 y +) 6,5 6,8 7,2 7,2 7,8 7,8
Pareja Con Hijos 50,3 49,5 49,0 49,0 48,8 48,7
Pareja Con Hijos + O (hijo <6) 1,5 1,4 1,4 1,2 1,0 0,9
Pareja Con Hijos + O (hijo 6-15) 3,5 3,3 3,2 3,0 2,8 2,6
Pareja Con Hijos + O (hijo 16-21) 2,3 2,3 2,3 2,1 2,2 2,0
Pareja Con Hijos + O (hijo 22 y +) 2,6 2,4 2,5 2,4 2,5 2,4
Pareja Con Hijos + Otros 9,9 9,4 9,3 8,7 8,4 7,9
Total 100 100 100 100 100 100
Número de hogares (miles) 10818,1 11097,0 11260,5 11444,7 11516,5 11708,3
Cuadro 2
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%QPENWUKÎP Tipo de hogar 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999
1 persona 15-29 0,4 0,4 0,4 0,5 0,5 0,5 0,5
1 persona 30-64 3,8 3,9 3,8 3,9 4,2 4,3 4,4
1 persona 65 y + 7,9 8,1 8,5 8,2 8,2 8,7 9,4
1 persona 12,0 12,4 12,7 12,5 12,9 13,6 14,3
Sin núcleo 3,6 3,5 3,4 3,2 3,3 3,3 3,2
Monoparental (hijo <6) 0,3 0,3 0,3 0,3 0,3 0,3 0,3
Monoparental (hijo 6-15) 1,6 1,5 1,5 1,5 1,4 1,4 1,5
Monoparental (hijo 16-21) 1,9 1,9 2,0 2,1 2,0 1,9 2,0
Monoparental (hijo 22 y +) 5,6 5,7 5,8 5,9 6,2 6,2 6,3
Monoparental 9,5 9,5 9,6 9,8 9,9 9,9 10,0
Pareja Sin Hijos (mujer <50) 3,4 3,7 3,7 3,8 3,9 4,1 4,4 Pareja Sin Hijos (mujer >50) 14,0 14,0 14,1 13,4 13,6 13,9 14,5
Pareja Sin Hijos 17,4 17,8 17,8 17,2 17,5 18,0 18,9 Pareja Sin Hijos + Otros 1,5 1,6 1,5 1,5 1,4 1,3 1,3 Pareja Con Hijos (hijo <6) 12,4 12,1 11,6 11,8 11,1 11,1 10,7 Pareja Con Hijos (hijo 6-15) 17,6 16,7 16,5 16,6 15,9 15,3 14,8 Pareja Con Hijos (hijo 16-21) 10,6 10,9 11,3 11,9 12,1 11,9 11,2 Pareja Con Hijos (hijo 22 y +) 8,2 8,9 9,1 9,4 9,9 10,1 10,4 Pareja Con Hijos 48,8 48,6 48,5 49,6 49,0 48,4 47,0 Pareja Con Hijos + O (hijo <6) 0,8 0,7 0,7 0,6 0,5 0,5 0,5 Pareja Con Hijos + O (hijo 6-15) 2,2 1,9 1,7 1,7 1,5 1,3 1,2 Pareja Con Hijos + O (hijo 16-21) 1,9 1,8 1,8 1,7 1,7 1,5 1,4 Pareja Con Hijos + O (hijo 22 y +) 2,4 2,3 2,3 2,2 2,2 2,2 2,2 Pareja Con Hijos + Otros 7,2 6,7 6,5 6,2 5,9 5,5 5,3
Total. 100 100 100 100 100 100 100
Número de hogares (miles) 11867,3 12006,9 12113,9 12155,3 12302,3 12507,9 12771,8 Fuente: Encuesta de Población Activa, segundos trimestres
4. LA SITUACIÓN DE LOS HOGARES CON RESPECTO A LA ACTIVIDAD
Para llevar a cabo el estudio de los hogares desde el punto de vista de la activi- dad económica, hemos construido una clasificación que atiende a dos criterios: la situación con respecto a la actividad de los miembros del hogar y la percepción de rentas derivadas del sistema de protección social (prestaciones por desempleo y pensiones). Las categorías consideradas son las siguientes:
− hogares inactivos: aquéllos en los que todos sus miembros son inactivos.
Dentro de este grupo, distinguimos entre los hogares que carecen de ingresos, los que perciben alguna pensión (de jubilación o de otro tipo), los que perciben pensio- nes y prestaciones por desempleo y los que perciben solamente este último tipo de prestaciones.
− hogares ocupados: aquéllos en los que hay al menos un miembro ocupado.
Dentro de este grupo distinguimos los hogares en los que no hay parados y los que tienen algún parado en su seno.
− hogares parados: aquéllos en los que todos los miembros activos del hogar están en paro. Dentro de este grupo, distinguimos los hogares en los que hay algún perceptor de prestaciones por desempleo, los que perciben prestaciones por de- sempleo y algún tipo de pensión, los que sólo perciben pensiones y los que care- cen de ingresos procedentes del sistema de protección social.
El cuadro 3 presenta la evolución de la distribución de los hogares según esta clasificación entre 1987 y 1999. En primer lugar, debe señalarse que los hogares inactivos han tendido a aumentar de forma constante a lo largo de todo el periodo considerado, lo que no es sino la otra cara de la moneda del progresivo envejeci- miento de la población española, cuyos efectos también hemos visto en los aparta- dos anteriores, al analizar el tamaño de los hogares y los tipos de hogar. Así, mientras que en 1987 los hogares inactivos representaban algo más del 22 por ciento de los hogares (algo más de 2,4 millones de hogares), doce años más tarde, la cifra ascendía a casi el 28 por ciento (equivalente a algo más de 3,5 millones de hogares). Visto de otra manera, mientras que el número total de hogares aumentó un 18 por ciento en el periodo considerado, el número de hogares inactivos au- mentó en un 47 por ciento.
Considerando los tipos de hogares inactivos, debe destacarse que la práctica totalidad de ellos (en porcentajes situados entre el 93 y el 95 por ciento) percibe alguna pensión de jubilación. Por otra parte, es destacable el hecho de que la proporción de hogares inactivos que no tiene ingresos de ninguna clase disminuyó de forma bastante acusada entre 1987 y 1993, permaneciendo estable a partir de entonces en cifras que equivalen a algo más de 100 mil hogares.
Es interesante, a este respecto, destacar el salto que se observa en 1999, que supone un claro incremento de estas cifras de hogares inactivos carentes de ingre- sos (hasta situarse en algo más de 180 mil hogares), lo que debe atribuirse al cambio en la forma de redactar las preguntas utilizadas para esta clasificación. En efecto, hasta 1999, entre las posibles categorías de las llamadas “Situaciones diversas” había dos relevantes a los efectos que estamos comentando: “Pensio- nista o retirado” y “Percibiendo alguna pensión distinta de la de jubilación”. La interpretación de la primera categoría como indicativa de la percepción de una pensión no parece ni mucho menos abusiva, sobre todo teniendo en cuenta la existencia de la otra categoría mencionada. Sin embargo, el cuestionario de 1999 reformula la primera categoría mencionada que ahora se expresa de la manera siguiente: “Percibía una pensión de jubilación o unos ingresos de prejubilación”. El salto observado en la serie indica que la noción de “jubilación” no siempre conlle- vaba la percepción de una pensión. Como puede apreciarse en el cuadro 3, la diferencia es nimia cuando se compara con el número de hogares perceptores de pensiones pero se torna significativa cuando lo que se considera es el número de hogares carentes de ingresos.
En cuanto a los hogares en los que vive alguna persona ocupada, entre 1987 y 1991 representaron el 70 por ciento del total de los hogares, de tal forma que el incremento del número total de hogares fue similar el crecimiento de los hogares con ocupados en su seno, siendo absorbido el aumento del peso de los hogares inactivos por la reducción del peso de los hogares totalmente parados. La crisis de 1992-94 redujo el porcentaje hasta el 65 por ciento de todos los hogares, cifra que ha vuelto a aumentar en los últimos años, empujada en parte por el afloramiento de empleo que los cambios introducidos en la EPA en 1995 y 1999 han traído consigo.
En total, el número de hogares con alguna persona empleada ascendía en 1999 a unos 8,6 millones, en comparación con los 8,1 alcanzados en 1991. Una buena parte de esta diferencia, aunque seguramente no toda, es atribuible a los cambios de la EPA ya mencionados().
Por último, en cuanto a los hogares parados, su peso en el conjunto de todos los hogares no llega a superar en ningún momento el 9 por ciento (8,8 es la cifra más alta, registrada en 1994) y en los mejores momentos económicos se ha situa- do en torno al 5 por ciento (5,2 en 1991 y 4,9 en 1999). A este último respecto, debe señalarse la fuerte caída, de más de un punto, que se registra entre 1998 y 1999. Aunque en principio los problemas de subestimación del empleo de la EPA
7PCUGUVKOCEKQPGUUGPEKNNCUDCUCFCUGPNCUEQTTGEEKQPGUFGNCUEKHTCUFGETGEKOKGPVQ FGGORNGQRTGUGPVCFCUGP6QJCTKCGVCNUWIKGTGSWGGNPÕOGTQFGJQICTGUQEWRCFQU EQTTGIKFQRCTCVGPGTGPEWGPVCNQUCHNQTCOKGPVQUFG[UGUKVWCTÈCGPGNGPVQTPQFG NQUOKNNQPGUGUFGEKTOKNOGPQUSWGNCEKHTCFG
no afectan en tanta medida al paro, sí parece que la evolución de esta magnitud tras la reforma de 1999 ha experimentado una disminución mayor de lo que cabía esperar, lo que puede subyacer a la evolución que estamos comentando().
Cuadro 3
DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES SEGÚN SU SITUACIÓN CON RESPECTO A LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Y LA PERCEPCIÓN DE DISTINTOS TIPOS DE
INGRESOS, 1987-1999 (SEGUNDO TRIMESTRE) Situación de los hogares
con respecto a la actividad 1987 1988 1989 1990 1991 1992
Inactivos sin ingresos 1,7 1,3 1,3 1,2 1,0 1,0
Inactivos con prestaciones por
desempleo 0,2 0,2 0,2 0,3 0,2 0,3
Inactivos con prestaciones por
desempleo y pensiones 0,1 0,1 0,1 0,1 0,1 0,2
Inactivos con pensiones 20,5 21,6 22,1 22,3 23,0 23,9
Hogares inactivos 22,5 23,2 23,8 23,9 24,3 25,4
Ocupados sin parados 56,4 56,4 57,8 58,6 58,5 55,7
Ocupados y parados 14,1 13,8 12,8 12,2 12,0 12,8
Hogares ocupados 70,5 70,2 70,7 70,8 70,5 68,6
Parados sin ocupados, con prestaciones por desem-
pleo
1,8 1,6 1,5 1,4 1,5 1,9
Parados sin ocupados,
con prestaciones y pensiones 0,8 0,8 0,7 0,8 0,8 1,0
Parados sin ocupados,
con pensiones 2,5 2,5 2,1 2,0 1,9 1,9
Parados sin ingresos en el
hogar 1,9 1,8 1,4 1,2 1,1 1,3
Hogares parados 7,1 6,7 5,7 5,4 5,2 6,0
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Número de hogares (miles) 10818,1 11097,0 11260,5 11444,7 11516,5 11708,3
VKOCGNPÕOGTQVQVCNFGFGOCPFCPVGUFGGORNGQGPEQORCTCEKÎPEQPNCUEKHTCUFGN+0'/VTCU XCTKQUCÌQUGPSWGCODCUEKHTCUOQUVTCDCPWPCEQKPEKFGPEKCGZVTCQTFKPCTKC
Cuadro 3
DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES SEGÚN SU SITUACIÓN CON RESPECTO A LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Y LA PERCEPCIÓN DE DISTINTOS TIPOS DE
INGRESOS, 1987-1999 (SEGUNDO TRIMESTRE)
(Conclusión) Situación de los hogares
con respecto a la actividad 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999
Inactivos sin ingresos 0,9 0,9 0,9 0,9 0,9 0,8 1,4
Inactivos con prestaciones por
desempleo 0,4 0,4 0,3 0,3 0,3 0,2 0,2
Inactivos con prestaciones por
desempleo y pensiones 0,2 0,3 0,2 0,2 0,2 0,1 0,2
Inactivos con pensiones 24,3 24,7 25,3 24,7 25,0 25,8 26,1 Hogares inactivos 25,8 26,2 26,7 26,0 26,3 27,0 27,9
Ocupados sin parados 51,4 49,1 50,3 51,0 51,8 53,0 55,2
Ocupados y parados 14,8 16,0 15,1 15,3 14,7 13,8 12,0
Hogares ocupados 66,2 65,1 65,4 66,3 66,5 66,9 67,3 Parados sin ocupados,
con prestaciones por desem- pleo
2,7 2,8 2,3 2,1 1,9 1,4 0,9
Parados sin ocupados,
con prestaciones y pensiones 1,5 1,4 1,1 0,8 0,7 0,6 0,5
Parados sin ocupados,
con pensiones 2,4 2,9 3,0 3,1 3,1 2,9 2,2
Parados sin ingresos en el
hogar 1,4 1,6 1,6 1,7 1,6 1,4 1,2
Hogares parados 8,1 8,8 8,0 7,8 7,2 6,2 4,9
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Número de hogares (miles) 11867,3 12006,9 12113,9 12155,3 12302,3 12507,9 12771,8 Fuente: EPA
Los datos anteriores están en cierto modo falseados por la consideración de la población inactiva y su ya mencionada evolución ascendente. Para evitar esa influencia, cabe analizar únicamente los hogares “activos” y examinar su distribu- ción porcentual. El gráfico 8 presenta esa distribución. Como se aprecia en dicho gráfico, los hogares en los que todos los miembros activos estaban ocupados vienen representando entre el 65 y cerca del 80 por ciento de todos los hogares activos. Las cifras más altas se observan en 1989-91 y de nuevo en 1999, mientras que las cifras más bajas se dan en 1994. Esta relativamente grande fluctuación del peso de los hogares totalmente ocupados se corresponde con una evolución similar del peso de todos los hogares parados. En efecto, estos últimos alcanzan sus cifras más bajas en 1991 y 1999 (en este último caso, tras una fuerte caída de 1,5 puntos con respecto a 1998), con valores algo inferiores al 7 por ciento; las peores cifras se registran nuevamente en 1994 aunque el porcentaje de hogares totalmente afectados por el paro no superó el 12 por ciento.
Gráfico 8
DISTRIBUCIÓN DE LOS HOGARES SEGÚN SU RELACIÓN CON LA ACTIVIDAD ECONÓMICA, 1987-1999 (SEGUNDOS TRIMESTRES)
Fuente: EPA
0 % 5 % 1 0 % 1 5 % 2 0 % 2 5 % 3 0 % 3 5 % 4 0 % 4 5 % 5 0 % 5 5 % 6 0 % 6 5 % 7 0 % 7 5 % 8 0 % 8 5 % 9 0 % 9 5 % 1 0 0 %
8 7 8 8 8 9 9 0 9 1 9 2 9 3 9 4 9 5 9 6 9 7 9 8 9 9
Segundo trim estre de cada año
Porcentaje de hogares activos
Parados sin ingresos en hogar
Parados sin ingresos con inactivos con ingresos Parados con ingresos sin ocupados
O cupados y parados O cupados sin parados