“PROYECTO PACO”
MUCHOMÁSQUE UNTRABAJO DEINVESTIGACIÓN
Por María de la Paz Miatello Serrano Redonnet
A mediados de marzo comenzó a gestarse lo que en el seno de la Comisión Pro Bono bautizamos con el nombre de “Proyecto Paco”. Llegó de la mano de un grupo de abogados, tres de ellos integrantes de estudios miembros de la Comisión, que desde hacía ya un tiempo se encontraban trabajando en la Villa 31 de Retiro, prestando servicios de asesoramiento jurídico gratuito a personas de bajos recursos los sábados a la mañana.
A raíz de una primera investigación sobre internación coactiva de drogadictos que este grupo de abogados realizó a pedido de los sacerdotes Eduardo Drabble y Carlos Olivero, la VICARÍA EPISCOPAL PARA LA PASTORAL EN VILLAS DE EMERGENCIA les encargó un trabajo de investigación integral y profundo sobre la normativa vigente en Argentina en materia de drogadicción, con particular énfasis en los tratamientos para la rehabilitación de drogadictos.
Querían contar con un análisis detallado y profundo de la situación a nivel normativo, saber cuáles son las obligaciones reales y concretas del Estado Nacional y del Gobierno Porteño en la materia, conocer cuáles son los organismos, las oficinas y los actores que entran en juego, entender cómo funciona el sistema de asistencia -o al menos cómo debería funcionar-. “Muchas veces las madres y los familiares de los chicos que sufren el flagelo de la droga no logran acceder al sistema de asistencia por volvérseles en contra y descubrir millones de dificultades en el camino”, nos decía el padre Eduardo Drabble. Desentrañar ese sistema de asistencia, advertir las principales dificultades existentes para acceder al mismo, pensar alternativas y propuestas concretas eran algunos de los objetivos que guiarían la investigación.
La Comisión Pro Bono entra en escena
Dada la cantidad de trabajo y el impacto social, institucional y mediático que podía llegar a tener, se pensó que lo mejor era encausarlo a través de la Comisión, sobre la base del marcado interés público de la temática. No podíamos permanecer indiferentes frente a una realidad que nos afecta a todos y que nos golpea cada vez con más fuerza.
En la villa, los chicos se drogan en cualquier lado, en cualquier momento. Familias enteras se destruyen por esta causa. La muerte violenta es moneda corriente, cosa de todos los días. Las madres desesperadas ven como sus hijos se van muriendo de a poco.61 Y con esos hijos nos vamos muriendo todos, como país, como sociedad.
Se nos presentaba entonces la posibilidad de hacer algo, de aportar desde lo que mejor sabemos hacer, de poner nuestros conocimientos y habilidades profesionales al servicio de este equipo de sacerdotes y de la inmensa labor que realizan.
Y así lo hicimos. Desde la Comisión se envió la propuesta a todos los estudios miembros invitándolos a participar. Queríamos aprovechar las bondades del trabajo en red que tanto caracteriza a la Comisión Pro Bono y que tantos buenos resultados había dado en casos anteriores. Las respuestas no tardaron en llegar y no dejaron de sorprender.
Cinco estudios jurídicos querían involucrarse, dar de lo suyo, ponerse al servicio del proyecto. Y así se conformó el equipo de quince profesionales que llevarían adelante la
61 Equipo de sacerdotes para las villas de emergencia, La droga en las villas: despenalizada de hecho, 25 de marzo de 2009.
investigación, quizás el más numeroso en la historia de la Comisión, integrado por representantes de los estudios Beccar Varela, Bruchou, Fernandez Madero & Lombardi, Casal, Romero Victorica & Vigliero, Del Carril, Colombres, Vayo & Zavalía Lagos y Pérez Alati, Grondona, Benites, Arntsen & Martínez de Hoz (h).
Se suma la Universidad Austral
Paralelamente, las coordinadoras pro bono de tres estudios miembros de la Comisión y exalumnas de la Universidad Austral analizábamos la posibilidad, junto con las autoridades de la universidad, de acercar a los alumnos a la práctica pro bono. La profesora a cargo de uno de los seminarios obligatorios para tercer año de la carrera de abogacía titulado “Seminario de Formación en Responsabilidad Ciudadana”, Dra. Pilar Zambrano, tenía la intención de que la edición 2010 del seminario versara exclusivamente sobre trabajo pro bono. Que hubiera una primera clase en la que se expusiera sobre el tema y que en las horas restantes -para completar las exigencias del plan de estudios-, los alumnos hicieran una verdadera experiencia de práctica pro bono.
Mientras discutíamos acerca de los modos posibles de organizar esta última parte del seminario, llegó el pedido de la Vicaría, y empezamos a ilusionarnos con la participación de los alumnos en el proyecto.
La situación se presentaba como ideal. No sólo era una posibilidad bien concreta de trabajar en un tema pro bono, si no que además se presentaba como una oportunidad inigualable para que los chicos entraran en contacto con una realidad que los interpelaba de un modo especial: la de otros jóvenes como ellos que lejos de estar disfrutando de sus años universitarios o forjándose un futuro profesional, apenas pueden encontrarle sentido a su vida, creer que pueden salir del infierno de la droga, animarse a cambiar y a apostar por un futuro.
Manos a la obra
El proyecto se puso en marcha. La primera reunión tuvo lugar el 14 de abril. Apenas entrábamos en la mesa. Éramos diecisiete entre abogados, sacerdotes y profesoras. Se generó mucho entusiasmo y se acordaron los contenidos específicos y la estructura del documento, así como también la mecánica y la dinámica de trabajo y algunos plazos. La Comisión sería la encargada de coordinar las diferentes instancias de articulación entre los distintos actores involucrados.
El miércoles siguiente se hizo la presentación del proyecto en la Universidad Austral. A los diecisiete de la primera reunión se sumaban ahora alrededor de setenta alumnos, motivados por el desafío que se les ponía por delante.
Siguieron meses de intenso trabajo. Reuniones en los estudios. Búsqueda de leyes, decretos y resoluciones. Análisis de la normativa recopilada. Elaboración de fichas.
Llamados telefónicos y visitas personales a los diferentes organismos. Entrevistas con funcionarios del Estado. Reuniones en el Colegio de Abogados. Charlas interminables.
Redacción del informe. Correcciones. Incluso algunas visitas a la Villa 21 y al Hogar de Cristo (centro de rehabilitación de adictos) para palpar bien de cerca la realidad del paco sobre la que estábamos trabajando.
Fueron meses de intenso crecimiento para todos.
Para la mayoría de los estudiantes fue el primer contacto con el trabajo pro bono y los
desconocida faceta del Derecho. “Me sorprendió ver estudios sumamente prestigiosos interesados en la temática del paco y dedicándole tanto tiempo a una causa que no reditúa ningún tipo de beneficio económico. Por otro lado, fue muy gratificante advertir que estos grandes estudios que en muchas causas defienden intereses opuestos, pudieran unirse en busca de un fin de bien común”.
Yendo un poco más profundo, el Proyecto Paco ayudó a Milagros y a muchos de sus compañeros a ver en la carrera de abogacía “una herramienta para colaborar y buscar erradicar una de las grandes deudas que tenemos como sociedad: la droga” y significó
“la posibilidad de contribuir e involucrarme, aunque sea de modo muy acotado, con un espíritu de lucha y compromiso, en una realidad que como profesional y miembro de la sociedad tendré que buscar superar”.
A Marina Dandois, el Proyecto Paco le demostró “que los abogados somos verdaderos auxiliares de la Justicia, tanto particular como social”. Y que, por lo tanto, “atender las desigualdades que aquejan a sectores de nuestro país es un deber al cual nos comprometemos con nuestra vocación, ya que el acceso a la justicia es una garantía inviolable que hace a la dignidad humana y que depende, en gran parte, de la labor del abogado”. En el mismo sentido, Ángeles Martínez Zuviría expresó que “este proyecto me hizo pensar en la importancia que tiene la profesión del abogado y la responsabilidad que acarrea representar los intereses de quienes no se pueden defender. Este tipo de proyectos son los que nos ayudan a los estudiantes a buscar encarar la carrera de otro modo, darnos cuenta de las necesidades que nuestro país nos pide a gritos resolver”.
Para la universidad, la participación de sus alumnos en esta iniciativa ha sido de enorme importancia por varios motivos. En palabras de la Dra. Pilar Zambrano, “constituyó una oportunidad excepcional de brindar una ayuda institucional concreta para una necesidad social de acuciante resolución. En segundo lugar, configuró un modo eficiente de dar cuerpo a nuestro ideario universitario, sembrando en nuestros alumnos la conciencia de que la vocación del jurista es esencialmente una vocación de servir al prójimo haciendo justicia. En tercer lugar, constituyó el primer paso para responder al compromiso que hemos asumido como Facultad de colaborar en forma continua con la Comisión Pro Bono del Colegio de Abogados. Finalmente, de algún modo este proyecto es el embrión de la futura clínica jurídica de nuestra Facultad”.
Para la Dra. Delfina Agostino, una de las abogadas que trabajó en la elaboración del informe, fue muy importante participar del proyecto: “Me parece fundamental poder ayudar desde la profesión que elegí. Si bien siento que hay muchos aspectos de la sociedad en los cuales hace falta una mano y aunque muchas veces parece que las manos no alcanzan, creo que hacerse el tiempo y dedicarle un esfuerzo a algún aspecto de esa realidad, siempre es satisfactorio”.
La Dra. Elvira Flynn, otra de las abogadas involucradas, destacó que se trata de “un desafío muy importante ya que puede generar un gran cambio para cada una de las personas que se ven afectadas por esta droga. Poder actuar como interlocutor y en nombre de cada uno de ellos es muy valioso y requiere un gran compromiso."
Para la Dra. Carola Bottini, profesora de la Universidad Austral, “involucrarse en causas
"buenas" o "justas" hace que, repentinamente, el Derecho cobre otra dimensión. Es que, de esta manera, la profesión nos ayuda a mantener el contacto con lo que fue el motivo determinante al tomar la decisión de estudiar Abogacía: la vocación”.
Fin de la primera etapa: la entrega del informe.
El 27 de julio entregamos el informe con la recopilación y el análisis de la normativa vigente vinculada a la temática de la drogadicción (prevención, asistencia, rehabilitación y reinserción), con particular enfoque en la pasta base de cocaína (“paco”), en el ámbito de la Nación y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En particular, en dicho informe se analizan las normas más relevantes en la materia, los organismos con competencia y cómo se distribuyen sus funciones, el presupuesto asignado a tales organismos, los procedimientos administrativos y judiciales disponibles para la internación de drogadictos, y otros temas de interés tales como los fallos que han ordenado a los poderes políticos la implementación de acciones positivas en la materia. Finalmente se destacan ciertos aspectos legales y prácticos que entendemos deberían mejorarse a fin de proveer soluciones a la problemática de las adicciones.62
Como está escrito en la introducción del informe, el mismo tiene como objetivo que los sacerdotes y demás voluntarios que trabajan en las villas de emergencia de la Ciudad de Buenos Aires cuenten con un entendimiento del marco legal aplicable en materia de drogadicción y de las herramientas que éste provee para una mejor solución de los casos reales con que se enfrentan diariamente y adviertan, asimismo, la distancia que se da entre el derecho existente y la realidad concreta.
Para el padre Eduardo Drabble “fue de gran aporte contar con la calidad de un equipo de profesionales que se animaron a estudiar el tema, dar un análisis detallado y profundo de la situación y ofrecer algunas alternativas y propuestas concretas. Creo que el resultado fue por demás positivo y alentador. Se vio cómo un grupo de abogados – ciudadanos de la capital- se comprometieron con el problema que el paco presenta para todos y se hicieron cargo de la situación buscando alternativas, respuestas, colaboración. Creo que a partir de este trabajo la palabra solidaridad ha tomado en todos ellos fuerza y nuevo significado”.
Reconocimientos
No tardaron en llegar los reconocimientos, que lejos de llevarnos a “dormirnos en los laureles” nos motivan y nos impulsan a seguir trabajando, porque somos concientes de que esto recién empieza.
Roberto Crouzel, presidente de la Comisión, reconoció formalmente, por medio de una afectuosa carta, “el esfuerzo, compromiso y trabajo realizado por todos y cada uno”. Y manifestó que “la realidad problemática de las villas urbanas es un desafío prioritario para nuestra sociedad y como abogados probonistas tenemos un rol evidente que cumplir a fin de alcanzar soluciones para ese sector. El trabajo que han realizado tuvo por objeto brindar un aporte concreto a quienes trabajan de manera directa con la población más vulnerable, poniendo a su alcance herramientas e información que confiamos les sean de mucha utilidad. Confiamos que podamos seguir adelante en este camino que recién se inicia, con el mismo espíritu y con las mismas ganas y desde ya, con todo nuestro apoyo”.
Por otro lado, el domingo 24 de octubre tuvo lugar la entrega de los premios
"Compromiso Solidario 2010" en la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé en la villa
21/24 del Barrio de Barracas. El padre José "Pepe" Di Paola, párroco del lugar, entregó el reconocimiento a la Comisión Pro Bono "por la solidaria colaboración profesional con el Hogar de Cristo, centro de recuperación de adictos al paco que depende de la Parroquia".
Más allá de estos reconocimientos, sobresale la satisfacción personal y la alegría que da la certeza de saber que estamos haciendo las cosas bien. Como manifestó el Dr. Tomás Lanardonne en más de una oportunidad a lo largo del trabajo, confiamos en que este trabajo va a servir. “Hay que ir paso firme a paso firme, con paciencia, y al final del camino vamos a estar contentos con nosotros mismos”.
El compromiso sigue
El final del camino está muy lejos todavía. Podría decirse que el informe que entregamos fue sólo la puerta de entrada a un mundo y a una realidad que necesita y exige de nosotros mucho más.
La Dra. Josefina Amadeo lo expresa del siguiente modo: “Si bien es el principio de algo, creo que el trabajo logrado hasta ahora es muy bueno. Poder ayudar a los curas en esta difícil tarea que encararon, es muy satisfactorio. Pero también me parece muy valioso que se haya instalado entre los abogados el debate del paco, sus consecuencias y posibles soluciones. Que podamos involucrarnos con este problema que padecemos como sociedad y que desde nuestro lugar podamos sumar esfuerzos para mejorar la realidad de tantos que sufren las consecuencias de esta droga”.
El Dr. Juan Pablo Vigliero, por su parte, nos decía en alguna de las múltiples reuniones de equipo: “Hago votos para que seamos persistentes, insistentes y consecuentes;
también para que tengamos capacidad de adaptarnos dinámicamente a las circunstancias que se presenten”.
Por eso seguimos trabajando. Seguimos apoyando la labor del Hogar de Cristo a través de la participación en mesas de trabajo, el asesoramiento jurídico y la elaboración de nuevas herramientas para enfrentar la problemática del paco. En palabras del Dr.
Tomás Lanardonne “el “Proyecto Paco” es un proyecto de largo plazo. No podemos pretender saber todo y proponer soluciones terminantes ya, sino que debemos ir paso a paso, pero a paso firme. Y el primer informe fue un paso firme”.
Queremos seguir dando pasos firmes. Queremos dar lo mejor de nosotros como personas y como profesionales para que cada día sean menos los niños, los jóvenes y las familias heridas por el paco. Queremos comprometernos con un cambio real y profundo.
El Proyecto Paco es mucho más que un trabajo de investigación, que una recopilación de normas, que un análisis teórico. Es la posibilidad de transformarnos y transformar, de abrir los ojos frente a una realidad que como abogados nos reclama, de ayudar a salvar vidas y a salvar familias, de servir a la comunidad haciendo justicia.