Hist ia reciente y mem ia

83  Descargar (0)

Texto completo

(1)

1 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

Hist��ia reciente

y mem��ia

Mesa 27

Coordinador José Manuel González Universidad Pedagógica Nacional

(2)

C�ntenido

Julián Penagos - Carreño

Julián Andrés Álvarez Restrepo

19 / Memoria y medios de comunicación: La propuesta teórica de un Campo

3 / Enseñanza de la historia reciente sobre violencia política. Retos sobre investigación y formación en la Universidad Pedagógica Nacional

32 / Los oficios como forma de

reparación simbólica de las víctimas del conflicto armado, Antioquia (1985-2015)

Jorge Enrique Aponte Otálvaro Byron Giovanny Ospina Florido

Marda Zuluaga Aristizábal

49 / Apuestas polifónicas desde la formación política y la memoria social: debates, aportes y rutas para pensar la enseñanza del pasado reciente

70 / Palabras para los ausentes. Análisis de representaciones y narrativas de las bitácoras del salón del nunca más del municipio de Granada, Antioquia

Martha Cecilia Herrera Cortés Vladimir Olaya Gualteros

(3)

Enseñanza de la

historia reciente sobre

violencia política. Retos

sobre investigación

y formación en

la Universidad

Pedagógica Nacional

*Magister en Historia y Doctora en Filosofía e Historia de la Educación. Universidad Pedagógica Nacional

malaquita10@gmail.com **Magister en Educación y Doctor (c) en Educación. Universidad Pedagógica Nacional

Martha Cecilia Herrera Cortés*

Vladimir Olaya Gualteros**

(4)

Enseñanza de la historia

reciente sobre violencia política.

Retos sobre investigación y

formación en la Universidad

Pedagógica Nacional

Martha Cecilia Herrera Cortés

Magister en Historia y Doctora en Filosofía e Historia de la Educación. Universidad Pedagógica Nacional malaquita10@gmail.com

Vladimir Olaya Gualteros

Magister en Educación y Doctor (c) en Educación. Universidad Pedagógica Nacional

Vlado2380@gmail.com

Resumen

El campo de estudios sobre la memoria de acontecimientos relacionados con la violencia po-lítica en América Latina obtiene mayor visibilidad desde la década de los 80 del siglo pasado, como producto de los hechos de terrorismo de Estado y violencia insurreccional que carac-terizaron al continente a partir de la década del 60. La configuración de este campo no ha

(5)

estado exenta de tensiones, algunas de las cuales se trenzan alrededor de los ejes Historia y Memoria y la legitimidad de los saberes que encarnan cada uno de ellos para la comprensión del pasado reciente, lo cual tiene implicaciones en la enseñanza en el campo de la historia y las ciencias sociales. La presente ponencia presenta resultados de una investigación, bajo la metodología de Estado del Arte, en torno a la enseñanza de la historia reciente en un Programa de Investigación y Formación en la Universidad Pedagógica Nacional. En ella se presentan los enfoques desde los que el programa ha abordado este campo de estudios. Las articulaciones dadas entre las categorías de Historia y Memoria. Los retos y posibilidades en el campo de la enseñanza de la historia en las instituciones universitarias que forman do-centes. Las fuentes primarias están constituidas por diversos registros y soportes derivados del funcionamiento del Programa de Investigación y Formación. Las fuentes secundarias dan cuenta de las discusiones en torno al campo estudios sobre la memoria y sus relaciones con la historia y la configuración de subjetividades.

Palabras clave: Historia reciente / Pedagogía de la memoria / Violencia política / / Forma-ción de sujetos / América Latina / Memoria

Introducción

El campo de estudios sobre la memoria en torno a acontecimientos relacionados con la vio-lencia política en América Latina obtiene mayor visibilidad desde la década de los 80 del siglo pasado, como producto de los hechos de terrorismo de Estado y violencia insurreccional que caracterizaron al continente a partir de la década del 60. La configuración de este campo no ha estado exenta de tensiones, algunas de las cuales se trenzan alrededor de los ejes Historia y Memoria y la legitimidad de los saberes que encarnan cada uno de ellos para la compren-sión del pasado reciente. Muchas de estas tensiones giran en torno a fricciones provenientes de la Historia como disciplina y otros saberes de las Ciencias Sociales respecto al tratamiento que se le puede dar a acontecimientos en los que la memoria ocupa un lugar central.

Estas tensiones están en juego cuando se trata de pensar la enseñanza en torno a estos acontecimientos, lo cual ha cobrado gran importancia en el contexto colombiano marcado por una etapa de posacuerdos con las FARC, en donde la formación política se constituye en un

(6)

campo importante como parte de las expectativas por lograr una paz estable y duradera. Lo anterior ha dado pie a diversas iniciativas en esta dirección, dentro de las que se cuenta la Cátedra de la Paz así como la creación de programas de formación e investigación que han emergido de manera reciente, con el fin de contribuir a los propósitos trazados por las

políti-cas públipolíti-cas respecto a la enseñanza de la historia reciente1.

En este orden de ideas, la presente ponencia rastrea los principales hallazgos que se derivan de la investigación en torno a un Programa de Investigación y Formación sobre la violencia política y la configuración de subjetividades que funciona en la Universidad Peda-gógica Nacional. Para ello se procederá a precisar: 1. Los enfoques teóricos y metodológicos desde los que el programa ha abordado la investigación y la docencia sobre este campo de estudios, 2. Las maneras como se han dado las articulaciones entre las categorías de Histo-ria y MemoHisto-ria, 3. Los principales hallazgos en torno a la manera como la violencia política ha incidido en la configuración de las subjetividades. 4. Los retos y posibilidades en el campo de la enseñanza de la historia reciente.

1. Enfoques teóricos y metodológicos para el abordaje del pasado

reciente desde el Programa de investigación y formación en la

Universidad Pedagógica Nacional

Sobre la base del escenario pautado por las demandas en torno a la comprensión de aconte-cimientos del pasado reciente, el Programa de Investigación y Formación analizado ha bebido de la serie de reflexiones provenientes del campo intelectual relacionado con las disciplinas humanísticas que, de manera reciente, entraron a problematizar la imposibilidad epistemo-lógica impuesta a la historia por las verdades estatuidas por el positivismo, desde finales del siglo XIX, según las cuales este saber sólo deberçia ocuparse del pasado distante en aras de la objetividad científica. En contraposición a esta aseveración los investigadores que confor-man el Programa de Investigación y Formación recogieron los debates recientes y asumieron la idea de que el análisis de todos los acontecimientos, con independencia del período abor-dado, debería implicar un abordaje desde una perspectiva histórica.

1 Ley 732/2014 del 1 septiembre, por el cual se establece la Cátedra de Paz en todas las instituciones educativas del país ( Congreso de la Republica

(7)

De este modo, se considera que al historiador no le es vedado el análisis del tiempo pre-sente, como tampoco le es vedado a las otras disciplinas humanísticas ocuparse de cualquier

período histórico2. Desde esta perspectiva, partimos de la certeza de que la serie de

aconteci-mientos que nos ocupa relacionados con la violencia política en América Latina, con mayor inci-dencia desde la década del 60 del siglo XX, requieren de una mirada en la que se conjuguen los diferentes hallazgos de campos como la antropología, la sociología, la pedagogía, la psicología, la lingüística, los estudios visuales y literarios, dentro de muchos otros, así como los diversos es-tudios sobre la memoria en los que participan distintas disciplinas y enfoques hermenéuticos. Lo anterior ha llevado en el campo de la historia a acuñar el concepto de historia reciente o categorías conexas a esta, como las de historia vivida, historia del tiempo presente, entre otras, como expresión de fenómenos en los cuales la memoria ocupa un lugar importante, al tiempo que muchos de los miembros de las generaciones que vivieron estos acontecimientos

se encuentran vivas e, inclusive, los investigadores hacen parte de este arco generacional3.

De este modo, puede considerarse que el campo de estudios sobre la memoria requiere un enfoque multidisciplinar en el cual convergen los diferentes aportes humanísticos y sociales.

2. Articulaciones entre las categorías de Historia y Memoria

Las relaciones problemáticas y conflictivas que se presentan entre historia y memoria para dar cuenta de los distintos registros del pasado reciente han sido expresados de manera pertinente por Beatriz Sarlo para quien: “El pasado es siempre conflictivo. A él se refieren, en competencia, la memoria y la historia, porque la historia no siempre puede creerle a la me-moria, y la memoria desconfía de una reconstrucción que no ponga en su centro los derechos

del recuerdo (derechos de vida, de justicia, de subjetividad)”4 .

Por su parte, Françoise Dosse, en una tentativa por señalar la importancia que tiene el es-tudio de la memoria para la historia en la nueva coyuntura histórica, afirma que: “los recientes estudios de la historia social de la memoria muestran hasta qué punto la oposición canónica entre historia y memoria ya no es pertinente. Las reelaboraciones que señalan los

acercamien-2 Martha Cecilia Herrera, <<Entre Mnemosine y Clío: las pulsaciones de la experiencia humana>> en Cátedra Doctoral. Campo intelectual de la educación y la pedagogía, ed. por Germán Vargas Guillén, Alexander Ruíz Silva (Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional. Serie: Cátedra Doctoral, 2013), p.

147-170; Marina Franco y Florencia, Levin, Historia reciente. Perspectivas y desafíos de un campo en construcción (Buenos Aires: Paidós, 2007).

3 Julio Aróstegui, La historia vivida. Sobre la historia del Presente (Madrid: Alianza Editorial, 2004). 4 Beatriz Sarlo, Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo (México: Siglo XXI, 2006), pp. 9.

(8)

tos entre estas dos nociones nos recuerdan la dimensión humana de la disciplina histórica”5.

Lo anterior señala no propiamente una ruta fácil pues tampoco se trata de igualar las dos ca-tegorías pero sí de mostrar sus aspectos comunes en cuanto ellas dan cuenta de dimensiones de la temporalidad humana que en ocasiones se trastocan, al tiempo que no se puede olvidar, como afirma Ricoeur, que la historia bebe de la memoria, lo que la lleva también en su proceso

de decantación epistemológica a ser cuidadosa respecto a su tratamiento6.

La serie de traslapes entre estas dos dimensiones de la temporalidad humana aparecen de múltiples maneras en las investigaciones abordadas desde el Programa de Investigación y Formación, tanto a través de los modos como los investigadores elaboran los acontecimientos relativos al pasado reciente, como de los mismos entrevistados, o de las narrativas testimonia-les analizadas, o en los diversos registros sonoros o visuatestimonia-les que han tratado de captar de una o de otra forma las huellas de la violencia política en las subjetividades individuales y colectivas.

Al respecto es posible percibir como en ocasiones las memorias que tienen los sujetos, ex-presadas a través de las entrevistas o de los diversos registros testimoniales, reemplazan las reflexiones más decantadas que permitirían establecer lo acontecido dentro de un entorno más complejo y situado históricamente. De este modo, algunas memorias se presentan como cícli-cas y despliegan un tipo de lógica que reemplaza el relato histórico y, en más de una ocícli-casión, esa lógica sirve para enlazar diversos períodos históricos de manera vaga en clave de: todo siempre ha sido igual, la historia de la represión ha sido y es la misma, sin que se pueda llevar a cabo una reflexión epistémica más decantada de la singularidad de los fenómenos estudiados.

Pero también en los sujetos se entremezclan repertorios en los que las memorias van nu-triendo o mejor controvirtiendo historias oficiales empobrecidas o interesadas en ocultar actua-ciones de fuerzas sociales, armadas, o civiles, protagonistas de la violencia política, pugnando por posicionar lo que las organizaciones sociales de derechos de las víctimas han denomina-do como memoria histórica, lo cual nos lleva a recordar, al mismo tiempo, lo mencionadenomina-do por Dosse respecto a las disputas permanentes entre las categorías de historia y memoria cuyo tratamiento analítico requiere de la contextualización histórica en la que estas se despliegan.

5 François Dosse, << La ́tyrannie ́ de la mémoire>>, Trípodos, Nº. 25, (2009): 13-25, 15. 6 Paul Ricoeur, La historia, la memoria, el olvido (México: Fondo de Cultura Económica, 2008).

(9)

3. Incidencia de la violencia política en la configuración

de las subjetividades

Las investigaciones realizados al interior del Programa y que tenían por objetivo comprender los modos como se configuraban subjetividades a través del análisis de entrevistas, testimo-nios, documentos audiovisuales, gráficos, entre otros, dejaron emerger diferentes maneras en que se dan y articulan los procesos de formación de subjetividades en contextos de

eco-logías violentas7. De hecho, en términos generales, las investigaciones dejan entrever que si

bien las diversas formas de las violencias se configuran como dispositivos que transforman la experiencia de sí, son varios elementos los que hacen parte del proceso de formación y coadyuvan a la generación de una serie de sentidos en torno al acontecimiento violento y a las formas en que se narran los individuos.

En varias ocasiones los trabajos encuentran que los modos en que los individuos enfrentan la violencia, haciendo en muchos casos una resignificación de la misma, potenciando sus semas o constituyendo puntos de fuga frente a las mismas, tiene que ver con las experiencias y espacios de socialización por las que han transitado los sujetos. En este orden ideas juegan un papel fundamen-tal los agenciamientos de instituciones como la iglesia, la escuela, el grupo de pares, las tradiciones

culturales en las cuales se encontraban inmersos los individuos en un espacio histórico particular8 .

Los sucesos violentos que se visibilizan en las narrativas a través de actores, así como por acciones y ambientes, en muchos de los casos fragmentan la historia misma de los indivi-duos y sus fundamentos de sentido e identidad. Pese a que las violencias quiebran los fun-damentos de sentidos de los sujetos, a su vez, dichos sentidos, en otras ocasiones, son los que posibilitan construir modos de comprensión del momento presente. Esto es, la violencia como dispositivo que coadyuva a la configuración de subjetividades se enfrenta con pasados de los individuos, con sentidos culturales arraigados y con las experiencias vividas, las cuales

pueden ser transformadas, olvidadas o potencializadas9. Por lo anterior no es posible hablar

de una subjetividad estática, sino de la forma como ella se configura en las relaciones a las

7 Martha Cecilia Herrera, et al., Memoria y formación: configuraciones de la subjetividad en ecologías violentas (Bogotá: Universidad Pedagógica

Nacional, 2014).

8 Lizandro Terryl Rodríguez, <<Memoria, rupturas y formación de las subjetividades políticas en el movimiento estudiantil de la universidad del atlántico>>(Tesis de maestría, Universidad Pedagógica Nacional, 2016); Marcela González <<Emprendedores de memoria en el caso de los “Falsos Positivos”, formaciones ético políticas>> (Tesis de maestría, Universidad Pedagógica Nacional, 2012).

9 Miller Antonio Pérez, <<Memorias de la violencia política en la narrativa de jóvenes escolares del sur del departamento de Casanare>> (Tesis de

(10)

cuales se encuentran expuestos los individuos y en la que las conexiones entre pasado-pre-sente- futuro cobran una vital importancia.

En este sentido las significaciones acerca de lo que se es y que posibilitan formas del ver-se están ancladas a los momentos y experiencias en que los individuos han sido. Es la cisura de lo que el sujeto fue y lo que será irrumpe la violencia política en sus diversas expresiones y viabiliza procesos de formación de subjetividad. Así por ejemplo, en países como Chile y Argentina, los procesos de tortura o desaparición además de construir un cuerpo sufriente, interpelan lo que era el sujeto, poniendo en duda su militancia, cercanía con otros militantes

e incluso la existencia de sí mismo en la sociedad10.

En otras casos como el colombiano los procesos de violencia política que conllevan el desprendimiento y pérdida de seres queridos, transcursos de desterritorialización y reterrito-rialización, entre otros, suponen procesos de formación en tanto vehiculan la transformación de los espacios en donde viven los sujetos, las relaciones intersubjetivas, así como las

con-cepciones de los mundos de vida11. En este sentido la violencia no es tan solo una injerencia

sobre el cuerpo, es una incursión en las relaciones que con el otro, lo otro y las utopías que habían construidos los sujetos y desde las cuales habían posibilitado la emergencia de narra-tivas en las que se inscriben las identidades.

No obstante los procesos de formación de la subjetividad no tienen que ver tan solo con la imposición, sino con lo construido por el sujeto a partir de su reflexividad individual y co-lectiva en espacios y situaciones particulares, lo que se explica en el nivel de receptividad del sujeto ante las múltiples interpelaciones. Frente a ello, Andrés Avella explica, en su tesis

doctoral12, que las resistencias a múltiples interpelaciones construidas por los agentes de la

guerra, tienen que ver con la vigencia del sujeto. Esto hace referencia a la persistencia, en el transcurrir de la violencia, de los sentidos construidos en las trayectorias de los sujetos, a la preponderancia de su existencia, sus nexos sociales, comunitarios y culturales.

El análisis de la forma en que la violencia se descubre como un dispositivo de subjetivación a través de diversas experiencias, también nos ayuda a comprender la forma como la

memo-10 Martha Cecilia Herrera << Cuando escucho la palabra cultura saco mi revólver: subjetividad y tramas de lo político en América Latina>>, Pedagogía y Saberes Nº 40 (2014): 71-86.

11 Lina Ramírez, << Emprendimientos de memoria y formación ético-política de mujeres en condición desplazamiento forzado. Encuentros con mujeres del bajo y medio Ariari>> (Tesis de maestría, Universidad Pedagógica Nacional, 2012), http://catalogo.pedagogica.edu.co/cgi-bin/koha/

opac-detail.pl?biblionumber=183548

12 Edgar Ándres Avella, <<Desplazamiento y subjetivación. El caso de los desplazados de la Cuenca del Bajo Atrato. (Cómo la guerra educa)>>. (Tesis

(11)

ria colectiva, coadyuva a la resistencia de los distintos modos de interpelación de la violencia, pero al tiempo permite enfrentar incluso la violencia después de su acontecer, en pro de la reivindicación de los sujetos y su dignidad como sujetos de experiencia y transformación.

En este contexto, es posible reconocer cómo los trabajos de investigación identifican en la memoria y las narrativas, herramientas a través de las cuales los sujetos configuran estrategias por medio de las cuales enfrentan las condiciones de violencia política que intentaron

trans-formar sus identidades13. Esto es, ante hechos y experiencias como la tortura, la persecución,

desaparición, entre otros, que procuraban el quebramiento de la subjetividad y su reconfigu-ración, los sujetos encuentran en la memoria y en distintos soportes narrativos, espacios en donde recomponen su subjetividad a través del re-establecimiento de sentido por medio de la comprensión de lo que habían sido. Se trata, como lo muestran algunos de los trabajos de investigación, de una vuelta al pasado en pro de recabar en hechos abigarrados, buscando no solo la configuración de un relato coherente que de cuenta de lo sucedido, sino de entender

la experiencia vivida, como filtro para la reconstrucción de los hechos sociales acaecidos14. En

este sentido la experiencia individual pone en relación lo individual con el fenómeno social en una vuelta a la historia reciente, resignificando sus construcciones culturales y políticas.

La mirada a las narrativas individuales, permiten en este sentido no solo un giro en térmi-nos de comprensión del pasado reciente, sino a la vez, un modo de configuración de proce-sos de formación de la subjetividad que permite, tanto al actor de la misma como a quienes tienen acceso a ella, un acercamiento a las relaciones en las que los individuos estuvieron inmersos, así como de los agentes institucionales, políticos e individuales que tuvieron algún nivel de incidencia en lo que son los individuos. En este sentido la narración autobiográfica, en muchas de las ocasiones se convierte en un dispositivo que permite procesos de forma-ción, en tanto ejercicio de reflexividad que busca en el acercamiento al pasado un lugar para pensarse en el momento presente, lo que se constituye en un nuevo posicionamiento del sujeto frente a hechos violentos.

Sumado a lo expuesto, los ejercicios de memoria suponen, en distintos niveles, una rela-ción con memorias colectivas. En este sentido, se rememora a la luz de diferentes trayectos y

13 Calvachi, Angelica, <<Resonancias Existenciales. Historia de vida de una maestra del Distrito>> (Tesis de Maestría, Universidad Pedagógica

Nacional, 2015). Repositorio Biblioteca UPN TO-18728

14 Herrera Martha Cecilia, << Cuando escucho la palabra cultura saco mi revólver: subjetividad y tramas de lo político en América Latina>>; Pérez

(12)

acontecimientos sociales, lo que dice de una subjetividad que se hace y se piensa en los otros15.

Podemos decir que los procesos del narrar están introducidos en marcos sociales que permiten lógicas de enunciación de la subjetividad y de comprender el pasado. Es decir la narración, la construcción de memoria es una mirada al pasado desde el presente, no obstante, desde ella se dan procesos apropiación y estructuración de la historia, lo que les permite de algún modo una participación en el espacio público, desde una visibilización del mundo privado. Desde esta perspectiva la memoria es una forma de dar sentido y posibilita la construcción de prácticas sociales, orientar experiencias e interpretaciones del mundo social, lo que demuestra procesos de formación de subjetividades como respuestas y resistencia al hecho violento.

No obstante, como lo develan algunos de los trabajos de investigación, habría que decir que en algunos de los países de América del Sur, marcados por hechos violentos, se han configurado políticas de memoria que colocan el acento en el consenso y la reconciliación, invisibilizando, en muchos casos, la responsabilidad de diferentes agentes institucionales sobre los hechos violentos y denegando su responsabilidad en las configuraciones sociales. De este modo se hace eco del estado de miedo que viabilizó el terrorismo de Estado y otros fenómenos violentos de muchos de los países del sur de América, instaurando así unos mo-dos de ser y actuar en la arena social.

De hecho, algunas de las políticas de la memoria en América Latina, como lo demuestran algunas de las investigaciones, configuran la construcción del sujeto-víctima, como elemento pre-ponderante en la memoria oficial. Estos son vistos como sujetos sumergidos en el dolor, desalo-jando de la memoria su pasado político y su vínculos con movimientos sociales que se resistían al

establecimiento16. Esta imagen construida desde unas ciertas políticas de la memoria y que son

parte en muchos casos de los procesos de formación en instituciones educativas, así como de lo que circula a través de medios de comunicación, se convierten en elementos que interpelan los modos de comprender el pasado, así como del otro afectado por la violencia, instituyendo un tipo de subjetividades al tiempo que movilizando formas de comprensión del pasado reciente.

En este sentido, podemos plantear que la violencia política, transita a través de múltiples operaciones simbólicas que reconstituyen las formas de ser de los individuos y sus

configura-15 Carol Pertuz, <<Vivir sin los otros. Literatura Testimonial en la configuración de subjetividades y la constitución de Memorias Colectivas: Aperturas Pedagógicas>> (Tesis de Pregrado en Psicología y pedagogía. Universidad Pedagógica Nacional, 2014). Repositorio Biblioteca UPN, TE-16884 16 Martha Cecilia Herrera y Carol Pertuz, <<Educación y políticas de la memoria sobre la historia reciente de América Latina>>. Revista Colombiana de Educación, nº 71 (2016): 79-108.

(13)

ciones subjetivas. Ellas, las violencias políticas, son dispositivos multilineales que afectan los modos de significación de los individuos, sus experiencias vitales y tejidos de relación, los que en algunas ocasiones fracturan las formas narrativas de la identidad y los trayectos de vida de los sujetos. No obstante las mismas formas de la subjetividad, las experiencias de vida, las na-rrativas de los sujetos, sus memorias y procesos de reflexividad, permiten la resistencia a tales formas de interpelación, desde la comprensión que tal dispositivo origina diferentes procesos, desequilibrios o variaciones que dependen de las cargas y situaciones que han acumulado los sujetos. En este orden de ideas, un análisis de los procesos de formación en medio de espacios violentos debe centrarse en los modos como los sujetos componen sentidos y transforman la experiencia de sí a través de la puesta en juego y enfrentamiento de experiencias y sentidos.

4. Retos y posibilidades en el campo de la enseñanza de la historia

Los análisis realizados por los diferentes proyectos de investigación que emergieron del Pro-grama de Investigación y Formación, nos señalan, de manera general, que las formas de acercarse al pasado no dependen tan solo de una recuperación o abstracción de lo que fue. La mirada al tiempo pasado tiene relación con los modos como lo representamos, con la manera en que modelamos desde el presente las imágenes del pasado doloroso como aquel construido por la violencia política y que nos planeta problemas éticos, políticos, estéticos e intelectuales y morales.

Ahora bien, una mirada a nuestro pasado reciente sugiere un problema que no es de me-nor envergadura como es la representación y la comprensión de sucesos que nos colocan en el borde de la conceptualización y la comprensión como lo es la sistemática muerte de miles de habitantes de América Latina, a través de procedimientos en muchos casos inimaginables e inenarrables, moral y éticamente inexplicables. En este sentido ¿cómo contar aquello, cómo enseñar acerca de sucesos límites que marcan no solo nuestra historia sino las múltiples formas en que somos?, y ¿cómo acercarnos a la compresión del horror sin situarlo en la futi-lidad, sin diezmar su significación?.

Hoy diferentes posturas teóricas, epistemológicas e históricas discuten y en muchos ca-sos invalidan cualquier posibilidad de una verdad totalizadora, de un relato maestro o un macro-relato, lo que ha ampliado las diferentes versiones del pasado, distintas verdades a la

(14)

vez que han imposibilitado un discurso integrado. Lo que tenemos hoy es una multiplicidad de voces variadas y que en muchas de las ocasiones se excluyen recíprocamente. Sin embar-go, dicha multiplicidad nos lleva, en variadas ocasiones, a la indeterminación al tiempo que también nos demuestra la insuficiencia de dichos acercamientos al pasado. Aún así, algo ha sucedido y es necesario poderlo contar en palabras, del tal modo que podamos dar cuenta de lo sucedido y de lo que lo ha posibilitado y la manera en que tal fenómeno nos ha constituido. Ahora bien, los trabajos que hemos incluido en nuestro corpus documental nos alertan de la necesidad de asaltar aquella idea de fijar la realidad como inamovible o la exactitud de los sucesos históricos, por un lado, pero también nos dirigen, por otro lado, a cuestionar la enumeración de sucesos que coadyuvan a configurar crónicas o relatos dentro de una es-tructura prefijada y que impone un marco de interpretación, pues ella delimita los sentidos de la experiencia de lo vivido y de sus actores, entendidos estos mucho más como los sujetos afectados y constituyentes de movimientos que luchan por una serie de significados en un momento particular. Pero también nos advierten de la importancia de alejarnos de visiones sentimentalistas que no procuran la comprensión de los fenómenos en su complejidad.

Quizás, una de las entradas más fructíferas para la comprensión de los hechos recientes, como nos lo delinean algunos de los trabajos, a veces implícitamente, otras explícitamente, tiene relación con observar los fenómenos y a través de ellos emprender la búsqueda de lo subjetivo, de lo vivenciado, de tal forma que permitan el encuentro con lo sentido, lo experi-mentado (tal vez sea mejor hablar de lo experienciado para no confundirlo con el ejercicio po-sitivo de la experimentación empírica) en procura de los relatos del fenómeno mismo y de las múltiples líneas e intervenciones en lo social que el acontecimiento instala. Ello es diferente a dar la voz para la configuración del fenómeno, pues existen hechos que más allá de los su-jetos se dieron en el mundo social y asaltan las perspectivas personales y con ello fracturan las complexiones de los tejidos sociales, es decir rebasan la mirada individual.

La anterior perspectiva implica una mirada a múltiples voces que permitan una suerte de

collage, frente a lo que irrumpe con una lógica lineal, tan cara a la tradición del relato histórico

y que resalta la importancia el papel del sujeto investigador quien recurre a la memoria para llegar al fenómeno, sin que se pierda el acontecimiento en la construcción propia del testigo. Pese a ello, esta mirada puede tener como desafío procurar que la construcción estética ela-borada alrededor de la memoria no sea en ocasiones mucho más importante que el fenómeno

(15)

mismo. Sin embargo, esta perspectiva en relación al pasado reciente sugiere la construcción y movilización del espectador, de aquel que se adentra en el conocimiento del pasado reciente.

Ahora bien, desde esta enfoque se comprende que la representación del horror y de la comprensión de los hechos del pasado no son posibles a través de una imagen o la crónica del instante, pues lo vivido no es una situación estática, el horror que contienen muchos de los hechos del pasado violento de nuestro país son parte de acciones / proceso que irrumpen en la cotidianidad de la vida social, como en la configuración de la subjetividad y de este modo en la elaboración de proyectos futuros. Es decir, no es posible un relato directo, sino diversos relatos que den cuenta del entretejido de las múltiples relaciones que viven los sujetos, así como de las diversas metáforas que se construyen en el accionar mismo del fenómeno.

En esta perspectiva, la enseñanza de la historia reciente, como lo expresan algunos de los trabajos estudiados no puede ser comprendida como un relato directo de los sucesos. Ella se debe construir en términos de las relaciones subjetivas que implican los acontecimientos, de su confrontación e interrelación. Se trata, en este sentido, de construir lazos vinculantes entre el pasado, el momento presente y las experiencias vitales de los individuos. Esto en procura de romper con una idea de historia como ajena al momento presente y a los sujetos, pero que al tiempo sugieran la movilización del sujeto ante los hechos recientes desde una perspectiva ética que desvele el cuidado del otro como del sí mismo, así como la configura-ción de instituciones justas que respeten la diferencia y la otredad. En este sentido la ense-ñanza de la historia está inmersa dentro de una perspectiva humanista.

Sumado a ello, la enseñanza de la historia del tiempo presente debe tener como premisa la observación de las múltiples escalas temporales de los acontecimientos y los individuos. Lo anterior significa poder determinar que los sucesos sociales están anclados en configura-ciones que van más allá del momento coyuntural. En otras palabras implica observar la reali-dad en sus movimientos, en sus particularireali-dades y su relación con elementos sociales, políti-cos, económipolíti-cos, jurídicos y culturales, para observar desde allí y dar cuenta de las fuerzas y

tensiones generadoras de los sucesos17. Adicional a ello supone el desplazarse mentalmente

en el tiempo para reconocer las múltiples temporalidades del acaecer social y humano en las que se encuentran entretejidos el tiempo cíclico e ideológico de comunidades e individuos,

(16)

el tiempo espacio estructural y el tiempo espacio transformativo, a través de los cuales los individuos le dan sentido a las formas y experiencia de las prácticas sociales, para de este modo comprender las relaciones de pasado-presente-futuro.

Es necesario también, en pro de la enseñanza del tiempo presente, poner en el centro de la reflexión la configuración narrativa de los individuos, pues en ella se ven interrelacionados, como lo ha planteado Ricoeur, la unidad entre praxis y bios, pues ella hace referencia la unidad narrativa

de una vida18 y que da cuenta del significado dado a la experiencia vivida. En este orden también

se hace evidente el deber de no olvidar, en pro de la preservación de la memoria de los hechos repudiables como eje para la compresión de los sucesos atroces de nuestro pasado reciente, pero también del principio ético del conocer el otro, de preguntarse, con Judith Butler quién es el otro,

siendo consciente que como todos los seres humanos, somos vulnerables19.

Finalmente, la enseñanza de la historia reciente, al igual que otras prácticas de formación, conlleva una intención ética y política, pero en lo relacionado con el viaje el pasado involucra el reconocimiento del hacer narrativo, y su incidencia en la reconstrucción de sentidos y sus relaciones con la compresión del presente, la edificación del futuro y al tiempo, el modo en que ello, las narrativas y las memorias del pasado coadyuva a comprender las formas en que los fenómenos nos constituyen y ayudan a construir tejidos sociales.

Bibliografía y fuentes documentales mencionadas

Aróstegui, Julio. La historia vivida. Sobre la historia del Presente. Madrid: Alianza Editorial, 2004. Avella, Edgar Ándres. <<Desplazamiento y subjetivación. El caso de los desplazados de la

Cuenca del Bajo Atrato. (Cómo la guerra educa)>>. Tesis de Doctorado, DIE- UPN., 2016.

Betancourt, Darío. Enseñanza de la historia a tres niveles. Una propuesta alternativa. Bogotá, Magisterio, 1995.

Butler, Judith. <<Vida precaria, vulnerabilidad y ética de cohabitación>>. En Cuerpo, memoria

y representación. Adriana Cavarero y Judith Butler en dialogo, editado por Begonya Saez

Tajafuerce, 47-80. Barcelona, Icaria Editorial, 2014.

18 Paul Ricoeur, Si mismo como otro (México, Siglo XXI Editores, 1996).

19 Judith Butler, <<Vida precaria, vulnerabilidad y ética de cohabitación>> en Cuerpo, memoria y representación. Adriana Cavarero y Judith Butler en dialogo, ed. Begonya Saez Tajafuerce (Barcelona, Icaria Editorial, 2014), 47-80.

(17)

Calvachi, Angélica. <<Resonancias Existenciales. Historia de vida de una maestra del

Distri-to>>. Tesis de Maestría, Universidad Pedagógica Nacional, 2015. Repositorio Biblioteca

UPN TO-18728

Dosse, François. << La ́tyrannie ́ de la mémoire>>, Trípodos, Nº. 25, (2009): 13-25. Franco Marina y Florencia, Levin, Historia reciente. Perspectivas y desafíos de un campo en

construcción. Buenos Aires: Paidós, 2007.

Herrera Martha Cecilia y Carol Pertuz. <<Educación y políticas de la memoria sobre la historia reciente de América Latina>>. Revista Colombiana de Educación, nº 71 (2016): 79-108. Herrera, Martha Cecilia. << Cuando escucho la palabra cultura saco mi revólver: subjetividad

y tramas de lo político en América Latina>>, Pedagogía y Saberes Nº 40 (2014): 71-86. Herrera, Martha Cecilia, Piedad Ortega, José Gabriel Cristancho y Vladimir Olaya, Memoria y

Formación: configuraciones de la subjetividad en ecologías violentas. Bogotá: Universidad

Pedagógica Nacional, 2014.

Herrera, Martha Cecilia. <<Entre Mnemosine y Clío: las pulsaciones de la experiencia huma-na>>. En Cátedra Doctoral. Campo intelectual de la educación y la pedagogía, editado por Germán Vargas Guillén, Alexander Ruíz Silva, 147-170. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional. Serie: Cátedra Doctoral, 2013.

González, Marcela. <<Emprendedores de memoria en el caso de los “Falsos Positivos”,

for-maciones ético políticas>>. Tesis de maestría, Universidad Pedagógica Nacional, 2012.

Pérez, Miller Antonio. <<Memorias de la violencia política en la narrativa de jóvenes

escola-res del sur del departamento de Casanare>>. Tesis de maestría, Universidad Pedagógica

Nacional, 2014. http://hdl.handle.net/123456789/1019

Pertuz, Carol. <<Vivir sin los otros. Literatura Testimonial en la configuración de

subjetivida-des y la constitución de Memorias Colectivas: Aperturas Pedagógicas>>. Tesis de

Pregra-do en Psicología y pedagogía. Universidad Pedagógica Nacional, 2014. Repositorio Biblio-teca UPN, TE-16884.

Ramírez, Lina.<< Emprendimientos de memoria y formación ético-política de mujeres en

con-dición desplazamiento forzado. Encuentros con mujeres del bajo y medio Ariari>>. Tesis

de maestría, Universidad Pedagógica Nacional, 2012. http://catalogo.pedagogica.edu.co/ cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=183548

(18)

Ricoeur, Paul. La historia, la memoria, el olvido. México: Fondo de Cultura Económica, 2008. Sarlo, Beatriz. Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. México: Siglo XXI, 2006. Terryl Rodríguez, Lizandro. <<Memoria, rupturas y formación de las subjetividades políticas

en el movimiento estudiantil de la universidad del atlántico>>(Tesis de maestría,

(19)

Memoria y medios

de comunicación:

La propuesta teórica

de un Campo

Historiador y Comunicador Profesor, Facultad de Comunicación, Universidad de la Sabana

(20)

Memoria y medios de

comunicación: La propuesta

teórica de un Campo

Julián Penagos - Carreño

Historiador y Comunicador Profesor, Facultad de Comunicación, Universidad de la Sabana julianpc@unisabana.edu.co

Resumen

Los medios de comunicación se han convertido en un nuevo marco social en el que se construye la memoria. Los productos emitidos por la prensa, la televisión e internet en general y el periodismo en específico, tienen un papel importante en la construcción del recuerdo y la memoria colectiva, ya sea como un “otro” marco social o como lugar de memoria. En esa medida, esta ponencia pretende explorar este tema en torno a la pregunta: ¿Cuál es la relación entre la memoria social-colectiva y los medios de comunicación? Primero se formula la hipótesis de trabajo en la que se analiza el con-cepto de memoria como un campo en el que pugnan varias memorias hasta encontrar aquello que podría llamarse “memora- hábito”, esta lucha es visible en los medios de comunicación, quienes actúan como escenario y agentes de la misma. Se trabajan las teorías de la memoria de autores como Halbwachs, Henri Bergson, Paul Ricoeur y Elizabeth Jelin, así como el concepto de campo y habitus de Pierre Bourdieu. Segundo, los presupuestos teóricos son aplicados al caso de la Toma del Palacio de Justicia y la representación mediática construida por la Revista Semana.

Palabras clave: Memoria colectiva, memoria – hábito, campo, representación mediática, recuerdo, Toma del Palacio de Justicia.

(21)

Un Campo Cultural de la Memoria: Propuesta Teórica

1

La memoria colectiva, es un proceso social de construcción de sentido sobre el pasado. El primero

en llegar a esta conclusión fue el sociólogo Maurice Halbwachs2. El teórico francés, discípulo de

Bergson y Durkheim propuso que los recuerdos del individuo se originan a partir del grupo al que pertenece. Esta memoria se configura dentro de unos dispositivos: el espacio y el tiempo, y de unos marcos sociales originados en la familia, los grupos religiosos y las clases sociales.

Estos marcos son “nociones” o sistemas de clasificación desde donde el individuo recuerda. Halbwachs argumentaba que estos marcos están hechos de memorias que ya han sido

conso-lidadas y que han sido construidas en la duración del grupo3. El propósito de este texto no es el

de reflexionar sobre la teoría del sociólogo francés, pero es importante reseñar dos objeciones a su teoría. Una, que remite la relación entre individuo / sociedad dentro del ámbito de la inac-tividad del primero. Dos, no dice mucho sobre la construcción de los marcos sociales.

Elizabeth Jelin, intenta resolver estas cuestiones. La socióloga argentina, ha estudiado el tema de la memoria de los desaparecidos durante la dictadura argentina, y ha formulado la teoría de la memoria colectiva, no en singular, sino en plural, como muchas memorias que pugnan entre sí. La multiplicidad de memorias se origina por la construcción de recuerdos, realizada por sujetos con intereses particulares que convierten el proceso en una lucha por

la memoria y el olvido4. La autora realiza una distinción formal sobre los tipos de memoria.

Afirma que poseemos una memoria psíquica, referida al proceso psicológico de recordar; y una social, señalando el proceso de construcción de representaciones del pasado que hace una sociedad. Esta última es su objeto de estudio y el nuestro.

Jelin empieza argumentando que la memoria individual es un proceso psicológico de evo-cación del pasado, que se da dentro de marcos sociales, citando a Halbwachs. Al respecto, la teórica argentina reflexiona sobre el origen de estos marcos, afirmando que estos se esta-blecen a partir de memorias superpuestas, de la interacción de las mismas en relaciones de

poder, pero, sobre todo, en su conexión con la identidad grupal5.

La relación memoria – identidad, es fundamental para Jelin, pues permite entender la

1 La presente ponencia se desarrolla en el marco del proyecto de Doctorado, titulado “Medios de comunicación y memoria colectiva: El Caso de la

Toma del Palacio de Justicia”, el cual el autor está desarrollando actualmente.

2 Maurice Halbwachs, Los marcos sociales de la memoria (Barcelona: Anthropos, 2004 [1925]). 3 Halbwachs, Los Marcos…, 105-115.

4 Elizabeth Jelin, Los trabajos de la memoria (Madrid: Siglo veintiuno editores, 2001). 5 Jelin, Los trabajos…, 22.

(22)

construcción de los marcos sociales de memoria, desde un punto de vista de larga duración. Por otro lado, estos marcos permanecen en el tiempo porque son elementos que el individuo, en su necesidad de ser parte de un grupo, absorbe y utiliza para sentirse identificado con ese grupo. A su vez, Jelin otorga a los marcos sociales de la memoria un dinamismo que no tenían con Halbwachs, pues afirma que el sujeto tiene la capacidad de modificarlos. Por lo tanto, puede haber tantas memorias como grupos. La memoria se subjetiviza y convierte el proceso de darle sentido al pasado en un campo de luchas simbólicas y significativas.

En este punto es esencial un elemento importante, tanto para Halbwachs como para Jelin: el lenguaje. La construcción de la memoria es un proceso dialogado, negociado o no. El len-guaje es fundamental, no solo como transmisor de los marcos sociales, sino como memoria

en sí. En este punto, Jelin cita a Bourdieu6, pues afirma que en este se reproduce el esquema

de poderes de un grupo determinado. Todo esto, conlleva a afirmar que “toda memoria es una construcción social y espacio temporal erigida en la vida cotidiana en el seno de diversos ámbitos de interacción subjetiva y en diferentes espacios, los cuales, a su vez, son producto

de la relacionalidad social, al tiempo que inciden en los propios lazos sociales”7.

A partir de lo anterior, se puede formular una propuesta que integre el concepto de la me-moria como un constructo, con los elementos de la lucha de poderes y la interacción de di-versos agentes dentro de un espacio social. Es decir, el proceso de construcción de memoria se parece a las dinámicas de campo, basados en la teoría de Pierre Bourdieu. Lo que podría llamarse Campo Cultural de la Memoria.

La hipótesis de trabajo, se basa en la aplicación de conceptos como campo, capital y habitus en el proceso de construcción de la memoria social o colectiva. Siendo consciente de las limitacio-nes que esta propuesta pueda tener, se suscribe como prueba, sensible de comentarios y críticas.

El campo cultural de la memoria, al igual que en la teoría de Bourdieu, es un espacio social de correlación de fuerzas, y de relación objetiva entre agentes que “se enfrentan, con medios y fines diferenciados según su posición en la estructura del campo de fuerzas, contribuyendo de este modo

a conservar o a transformar la estructura”8. La diferencia es que, en el campo social de la memoria,

no se reproducen las jerarquías sociales, sino los recuerdos legitimados de una sociedad.

6 Jelin, Los trabajos…, 35.

7 Edith Kuri pineda, «La construcción social de la memoria en el espacio: una aproximación sociológica», Península XII, n.° 1 (2017): 10. 8 Pierre Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, (Barcelona: Anagrama, 1997), 49.

(23)

La disputa en este espacio social tiene que ver con la definición de la verdad histórica, por el sentido del pasado, y por lo tanto es un bien construido significativamente. Por lo que en este tipo de campo sobresale el capital cultural del pasado (el de la memoria). Los agentes no luchan por ostentar mayor capital simbólico, sino por producirlo. La lucha de poderes se basaría en la definición de este capital simbólico y no en la posición jerárquica que este les puede otorgar. Lo que implica una lucha por la visibilidad, la legitimación y la expresividad del recuerdo del agente en particular.

El habitus entendido como las prácticas distintivas de los agentes, y la lógica que subyace en el funcionamiento del campo también puede ser definido como aquellos “esquemas

clasi-ficatorios, principios de clasificación, principios de visión y de división, aficiones diferentes”9.

Este concepto, desde la perspectiva de la memoria, tiene cierto parecido con el de marco social expuesto por Halbwachs. Primero, por ser histórico. La lógica que rige el campo se da en procesos de larga duración de filtración, eliminación y surgimiento de prácticas que ali-mentan el habitus así como el marco social. Segundo, se transmite por medio del proceso dialéctico en donde el lenguaje es su eje central. Tercero, los esquemas de clasificación, así

como le permiten a un sujeto escoger entre “Van Gogh o Gauguin”10 también le dictan la

lógi-ca de recuerdo y olvido. Cuarto, así como los marcos sociales para Halbwachs, son memoria y a la vez marco; el habitus para Bourdieu es estructura y estructurante. Quinto, tanto los marcos como el habitus se aprenden a partir de las prácticas del campo.

Pero existen diferencias, como, por ejemplo, que los marcos sociales desde la perspectiva de Halbwachs no son tan dinámicos como el habitus. En este último, el individuo tiene una participación más activa, mientras que el marco social es un poco más “duradero” y difícil de modificar. Así mismo, para Bourdieu, el habitus, es la relación existente entre la

estructu-ra objetiva y las construcciones subjetivas11. En el caso de la memoria, los marcos sociales

serían la estructura objetiva mientras que el recuerdo12 como (re)construcción del pasado

haría las veces de construcción subjetiva. Por lo tanto, en un supuesto campo cultural de la memoria, el habitus, vendría a ser el producto de la relación entre la estructura – marco y el recuerdo – construcción subjetiva de los agentes. Recuerdo, que puede llegar a convertirse

9 Bourdieu, Razones prácticas…, 20. 10 Bourdieu, Razones prácticas…, 21 11 Bourdieu, Razones prácticas…, 25

12 Aquí el recuerdo se entiende como anamnesis, es decir, como la acción de representar un evento del pasado. Paul Ricoeur, La Memoria, la historia, el olivido, (Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica, 2010), 51-57.

(24)

en una memoria – hábito13 y que tiene varias formas de transmisión (documentales, libros,

reportajes, películas, novelas de ficción etc.). Esta tensión se puede observar en los medios de comunicación, que fungen como agentes encargados de producir el capital simbólico, de hacerlo circular y también de legitimarlo.

En este modelo, en donde el capital simbólico debe ser definido, el capital social y el capital económico están en función de lograr la visibilidad y la legitimidad del recuerdo en el campo. El objetivo es el de convertir, al recuerdo, en hegemónico. En este caso, los medios de comuni-cación como agentes - institución participantes en el campo, tendrían la función de legitimar/ visibilizar la posición jerárquica de los agentes, así como la definición simbólica del campo. Los medios en sí, estarían relacionados con la estrategia establecida para las formas de transmi-sión de la representación, la inserción de la “verdad histórica” en la memoria colectiva y la re-cepción de la representación. Por lo tanto, podría decirse que las lógicas internas de producción de los medios de comunicación, se convertirían en las prácticas de los agentes del campo

La dinámica de tensión en el campo, es motivada por la lucha de los agentes para hacer uso de las formas de comunicación y establecer su recuerdo como hegemónico. Esta lucha es caracterizada por la contraposición de elementos tales como visibilidad/invisibilidad, si-lencio/expresividad, memoria/olvido.

¿Por qué los medios de comunicación (prensa, cine, televisión, web) parecen ser el agen-te central en esagen-te campo hipotético? La respuesta tiene que ver con su función mediadora con hechos distantes en el espacio y el tiempo. Los medios se han convertido en referencia de memoria. En una encuesta realizada para este proyecto, se les preguntó a 315 personas acerca los recuerdos que poseían sobre los hechos de la Toma del Palacio de Justicia. El 61,5% dijo recordar el acontecimiento teniendo como referencia a los medios de comunica-ción. Un 56,4% a documentales vistos en distintas plataformas y un 45% a las enseñanzas de la clase de sociales del colegio. Cuando se preguntó qué fuentes específicas recordaban haber consultado, leído o visto, el 22,7% afirmó haber visto especiales periodísticos, un 19% dijo haber consultado especiales Web, un 10% leyó el informe de la comisión de la verdad. Con respecto a la pregunta sobre qué medios consultaría en el futuro para informarse sobre la toma del Palacio de Justicia, el 71,6% de las personas afirmó que vería Documentales, un

13 Este concepto deviene de la teoría de Bergson en la que un sujeto repite un recuerdo incorporándolo a su vivencia presente. Henri Bergson, materia y memoria. Ensayo sobre la relación del cuerpo y el espíritu, (Buenos Aires: Cactus, 2006).

(25)

38% consultaría sitios Web, un 29% leería un libro y entre un 21% y un 25% vería noticieros o leería la prensa. Los resultados preliminares de esta encuesta, permiten afirmar que las per-sonas, incluso aquellas con memoria vivida, toman o tomarían como referencia de recuerdo a los medios de comunicación.

Esto obliga a reflexionar sobre que nuestra forma de conocimiento del pasado depende en gran medida de los medios de comunicación y de las formas simbólicas que construyen. Nuestro espacio de experiencia se ha mediatizado, “el mundo se experimenta a partir de los

medios de comunicación”14. Esto no solo ha creado una historicidad mediática sino también,

una memoria mediatizada en donde los medios de comunicación serían el escenario en el que se visibiliza la lucha por la memoria. Pero también, son los agentes dinamizadores del proceso de su construcción. A su vez son objeto de disputa de los otros agentes. Así mismo, son el instrumento de transmisión del habitus y el recuerdo y (re) productores del mismo.

La Revista Semana y la Toma del Palacio de Justicia

En esta parte se intenta aplicar la teoría propuesta anteriormente, al caso específico de la Re-vista Semana y la información referida a la Toma del Palacio de Justicia entre 1985 y 2016. En total se analizaron 12 artículos de un universo de estudio total de 75 productos informativos.

En la Revista Semana los agentes que se visibilizan son: Estado - gobierno (presidente, ministros, entidades del Estado, representantes del poder público), fuerza pública (ejército y policía), periodistas (documentalistas, escritores), víctimas (víctimas y familiares de los des-aparecidos), ONG´s y organismos internacionales (Corte interamericana de derechos huma-nos, colectivo de abogados José Alvear Restrepo).

La visibilidad de estos agentes puede dividirse en tres periodos específicos. De 1985 a 1989, en el que tuvieron más prevalencia y visibilidad los agentes del gobierno y la fuerza pública. De 1989 a 2005, se impuso un habitus – silencio, el recuerdo hegemónico fue el construido en la fase anterior. El tercer periodo, 2005 – presente, empieza cuando el fiscal Mario Iguarán reabre el caso de la Toma y Retoma del Palacio de Justicia y revive el tema de los desaparecidos. Los agentes que más se visibilizaron fueron las víctimas y sus familiares,

(26)

los periodistas, los medios de comunicación y lo organismos internacionales. Los medios de comunicación que tienen un mayor capital social colaboran en la visibilidad de los casos e incluso en la lucha por descubrir la verdad histórica sobre el acontecimiento. El habitus de los agentes, que antes de 2005 consistía en el silencio, ahora se centra en la lucha por lo-grar participación en la esfera pública y así legitimar su recuerdo. Para esta época, la mejor forma de hacerlo se da por la escritura de columnas de opinión por parte de los periodistas, la realización de entrevistas. La indagación expuesta por reportajes en donde las víctimas y sus familiares son el centro del debate. El objetivo es visibilizar su recuerdo, llegando incluso a objetar la verdad histórica que se vuelve gaseosa.

La Revista Semana construye un primer recuerdo de la Toma del Palacio de Justicia en

la edición del 9 de diciembre de 198515. Su tono es pesimista, el recuerdo es construido a

partir del narrador omnisciente con lenguaje judicial y militar. La narración se hace en orden cronológico. Desde las 11:35 del miércoles 6 de noviembre, con la entrada de los guerrilleros, hasta las 3:20 de la tarde del jueves, después de sonar el último bombazo de los tanques.

El recuerdo se configura sin citar fuentes. Solo nombrando a los sujetos que protagoniza-ron la toma. Con el tono de un testigo de primera mano, expone que el gobierno y el ejército, aunque dijeron que no se podía acceder a las demandas de la guerrilla, siempre quisieron negociar para el beneficio de los rehenes. La guerrilla se negó. Así mismo, el jueves, cuando el M19 estaba perdido, el artículo afirma que los guerrilleros liberaron al magistrado Reynaldo Arciniegas con la intención de que intercediera con el presidente para lograr una negociación, pero este nunca llegó a entrevistarse con él.

El único testimonio que es citado de manera literal, es el del jefe de socorristas, Carlos Martínez Silva, encargado, por el gobierno, de un último intento de negociación. Pero este tampoco tiene éxito, pues ante un primer retraso debido a que el ejército le prohíbe la entra-da, luego, cuando logra ingresar a palacio, es recibido a tiros por una guerrillera del M19 que supuestamente ríe, por lo que, Martínez Silva se ve obligado a huir.

El recuerdo se configura aquí, como una tragedia apocalíptica que pudo haber sido evitada si primero, la guerrilla hubiera querido negociar desde un principio, y segundo, si el azar no hubiera hecho de las suyas para que los mensajes y sus emisarios nunca llegaran a su destino.

15 Redacción Justicia, «28 horas de terror. Cómo fue y por qué sucedió el episodio más trágico de la historia del país», Revista Semana, 9 de diciembre

(27)

Al final, el artículo concluye que existen dudas sobre lo acontecido en la toma, a pesar de haberlo contado todo como un testigo de primera mano. Por ejemplo: la muerte de Reyes Echandía y el guerrillero Otero, la información acerca de que los guerrilleros se habían ama-rrado a los rehenes con dinamita, y la mención a la posible existencia de desaparecidos.

En este artículo se visibiliza el habitus y las prácticas o estrategias de producción del campo. Primero, en la práctica narrativa, la forma de construcción a partir de la cronología utilizando un narrador omnisciente con tono militar que lo ve todo. Segundo, la configuración de ciertos elementos de la memoria – hábito empiezan a verse desde este primer recuerdo, imágenes y escenas que se van a repetir hasta la saciedad, por ejemplo, la mención a la hora de inicio y fin de la toma, la llamada angustiosa de Reyes Echandía clamando por el cese al fuego, la entrada de los tanques cascabel a palacio, y la mención a las motivaciones de la guerrilla del M19 para cometer la toma.

La escritura de columnas de opinión será un elemento fundamental de práctica para cons-truir el recuerdo. Se querrá analizar el acontecimiento a la luz de los continuos presentes. Ma-ría Isabel Rueda hablará de las mentiras sobre la toma, entrará en contradicción con muchas de las cosas dichas en el artículo reseñado anteriormente y afirmará que, si bien hubo exceso de la fuerza pública, esta fue necesaria, la culpa, toda, dice María Isabel Rueda, es de los

guerrilleros16. En otra columna escrita por Eduardo Pizarro, aparecería la palabra holocausto

como forma de calificar el acontecimiento. Pizarro dirá que la toma fue un error estratégico

del M19 y que nunca hubo intención de diálogo por parte del ejército17.

El terreno de la discusión y la lucha del campo, se configura a partir de los temas: culpa-bilidad (guerrilla o gobierno), intención de diálogo (¿hubo o no?), muerte de los magistrados (¿Quién los mató?), desaparecidos (¿hubo o no?), y en la intención de la guerrilla para tomar-se el palacio (tomartomar-se el poder, juicio al presidente, o quemar los archivos en una posible alianza con narcotraficantes).

Después el silencio se hace habitus. Será hasta el 2005 cuando el fiscal Mario Iguarán desempolve el proceso de investigación de la Toma cuando el suceso vuelve a aparecer en la revista. Vendrá la publicación de un informe del Tribunal Especial de Instrucción Criminal

16 María Isabel Rueda, «Diez mentiras esquiaban en la nieve», Revista Semana, 16 de diciembre de 1989. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.

semana.com/opinion/articulo/diez-mentiras-esquiaban-en-la-nieve/7222-3.

17 Eduardo Pizarro, «Por los senderos del terrorimo», Revista Semana, 9 de diciembre de 1985. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.

(28)

realizada el 31 de mayo de 1986, que la revista apenas había mencionado, y que fue

reedi-tado en el 200518. Un año más tarde la Comisión de la Verdad publicaría su informe sobre el

hecho19. Las estrategias, las prácticas, el habitus y la competencia por la definición simbólica

del campo estarían a la orden del día.

A partir de este momento, los medios se centran en las víctimas. La Revista Semana narra en varios artículos, las vicisitudes que tuvieron que pasar estos y sus familiares, durante 20 años, para lograr ser escuchados. Se hace evidente, en las denuncias, que la estrategia más exitosa para lograr mantener el habitus – silencio, fue la amenaza, la intimidación y la indife-rencia burocrática. Tal y como lo narra Enrique Rodríguez, padre de Carlos Augusto Rodríguez

empleado de la cafetería, desparecido20.

Empieza entonces la práctica del testimonio. No solo de las víctimas, sino también de los miembros de la fuerza pública, involucrados en las denuncias por excesos militares. La “ver-dad histórica” y el habitus preestablecido empiezan a desdibujarse. El recuerdo se diluye. La versión anterior en la que se decía que la guerrilla del M19 no quiso negociar a pesar de los intentos de la fuerza pública y el gobierno por hacerlo, desaparece. Empieza a salir a luz que el ejército cometió excesos. También, la versión de que la fuerza pública sabía del ataque. Se discute la posibilidad de la ejecución de una trampa en la que el M19, los magistrados y los civiles que estaban en Palacio, cayeron sin escapatoria.

Los testigos empiezan a utilizar distintas estrategias para visibilizar su testimonio. Ricardo Gámez, agente de inteligencia del Estado, graba un video en el 2005 en el cual recalca las de-nuncias que había hecho en 1989, sobre los excesos de la fuera pública en la retoma, y que

fueron descalificadas por el mismo procurador de ese entonces, tildándolas de poco fiables21.

Gámez afirma, que los desaparecidos salieron vivos del palacio, que el fuego fue iniciado por el ejército y que una de las empleadas de la cafetería dio a luz un niño en un camión del ejér-cito antes de que no se volviera a saber nada de ella.

De esta forma, a partir del surgimiento y visibilidad de los testimonios, se fragmenta el recuer-do, las prácticas acuden a la tecnología, se graban videos y se viralizan por las redes sociales. Los

18 Consejo Superior de la Judicatura, Libro blanco – 20 años del Holocausto del Palacio de Justicia, (Bogotá: Legis, 2005) 19 Jairo Anibal Gómez, José Roberto Herrera y Nilson Pinilla, Informe final…

20 Andrés Díaz, «Una espera inconclusa», Revista Semana. 4 de noviembre de 2010. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/ articulo/una-espera-inconclusa/124104-3

21 Redacción Judicial, «Revivió el Holocausto», Revista Semana, 15 de diciembre de 2007. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/ nacion/articulo/revivio-holocausto/90097-3

(29)

medios de comunicación tradicionales los convierten en fuente de sus reportajes y crónicas. Ante un habitus en la que la lucha por definir el campo se hace feroz, el recuerdo y la verdad histórica se desdibujan. Ni siquiera cuando ella pudiera existir en los informes de la Comisión de la Verdad o en el fallo de la Corte interamericana de Derechos Humanos contra

el Estado colombiano22. Las dudas persisten, y se convierten en memoria – hábito, en donde

las preguntas son, ¿si el capo Pablo Escobar patrocinó la toma?, ¿si hubo o no torturas?, ¿si la fuerza pública sabía de la toma?, ¿si es cierta la hipótesis de la trampa, bautizada como ratonera?, ¿Qué pasó en el baño donde estaban algunos magistrados?, ¿Cómo murió Reyes Echandía?, ¿dónde están los desaparecidos? Pero dentro de esta memoria – hábito también habrá algunos elementos que podemos llamar certezas, como que la intención del M19 era la de hacerle un juicio al presidente y desestabilizar al Estado, que sí hubo desaparecidos. Así mismo, en la Revista Semana, se repite una y otra vez, la palabra holocausto acompañada por las palabras y las imágenes de Reyes Echandía y los tanques cascabel entrando al palacio.

Como se dijo anteriormente, en la Revista Semana, el habitus evidente, es la duda mezclada con la lucha incesante por legitimar el recuerdo buscando la verdad. Algo que aún está por de-finirse. Aún faltan estudios comparativos y un análisis de recepción para confirmar, si esta pro-puesta teórica, es viable y factible para acercarse a responder a la pregunta ¿Cuál es la relación entre la memoria social y los medios de comunicación, con respecto al conflicto armado?

Bibliografía

Fuentes Primarias

Díaz, Andrés. «Una espera inconclusa», Revista Semana, 4 de noviembre de 2010. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/articulo/una-espera-inconclusa/124104-3 Monsalve, José. «La insepulta verdad histórica», Revista Semana, 11 de noviembre de 2010.

Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/articulo/la-insepulta-ver-dad-historica/117875-3

22 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Rodríguez Vera y otros (desaparecidos del palacio de justicia) Vs. Colombia, sentencia de 14

(30)

Monsalve, José. «La Insepulta verdad histórica», Revista Semana, 6 de noviembre de 2011. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/articulo/la-insepulta-ver-dad-historica/117875-3

Pizarro, Eduardo. «Por los senderos del terrorismo», Revista Semana, 9 de diciembre de 1985. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/especiales/articulo/por-el-sende-ro-del-terrorismo/7192-3

Redacción Judicial, «Revivió el Holocausto», Revista Semana, 15 de diciembre de 2007. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/articulo/revivio-holocausto/90097-3. Redacción Justicia, «28 horas de terror. Cómo fue y por qué sucedió el episodio más trágico

de la historia del país», Revista Semana, 9 de diciembre de 1985. Acceso el 27 de abril de 2017. http://especiales.semana.com/especiales/articulo/28-horas-de-terror/7206-3 Redacción Justicia, «Once desaparecidos, once tragedias», Revista Semana, 4 de noviembre

de 2010. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/articulo/on-ce-desaparecidos-once-tragedias/124121-3

Redacción Justicia, «Palacio de Justicia: después de 30 años entregan los restos de Cristi-na Guarín», Revista SemaCristi-na, 9 de septiembre de 2016. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/articulo/palacio-de-justicia-cristina-guarin-es-enterra-da-en-el-colegio-mayor-de-san-bartolome/492961

Redacción Justicia. «El palacio en llamas. Cronología», Revista Semana, 8 de agosto de 2010. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/justicia/articulo/el-pala-cio-llamas-cronologia/117729-3

Revista Semana. «Entender la toma del palacio de justicia para no olvidar», Revista Semana, 6 de noviembre de 2015. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/educa-cion/articulo/palacio-de-justicia-los-hechos/448895-3

Rueda, María Isabel. «Diez mentiras esquiaban en la nieve», Revista Semana, 16 de diciem-bre de 1989. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/opinion/articulo/ diez-mentiras-esquiaban-en-la-nieve/7222-3

Santos, Alejandro. «Las heridas abiertas del Palacio de Justicia. Reflexiones sobre la historia que partió en dos la historia del país», Revista Semana, 31 de octubre de 2015. Acceso el 27 de abril de 2017. http://www.semana.com/nacion/articulo/las-heridas-abiertas-del-pa-lacio-de-justicia/448222-3

(31)

Fuentes Secundarias

Bergson, Henri. Materia y memoria. Ensayo sobre la relación del cuerpo y el espíritu. Buenos Aires: Cactus, 2006.

Bourdieu, Pierre. Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona: Anagrama, 1997. Consejo Superior de la Judicatura. Libro blanco – 20 años del Holocausto del Palacio de

Justicia. Bogotá: Legis, 2005.

Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Rodríguez Vera y otros (desaparecidos del palacio de justicia) Vs. Colombia, sentencia de 14 de noviembre de 2014.

Gómez, Jorge Aníbal, José Roberto Herrera y Nilson Pinilla. Informe final. Comisión de la

Ver-dad sobre los hechos del Palacio de Justicia. Bogotá: UniversiVer-dad del Rosario, 2010.

Halbwachs, Maurice. Los marcos sociales de la memoria. Barcelona: Anthropos, 2004 [1925]. Jelin, Elizabeth. Los trabajos de la memoria. Madrid: Siglo veintiuno editores, 2001.

Kuri Pineda, Edith, «La construcción social de la memoria en el espacio: una aproximación sociológica», Península XII, n.°1 (2017): 9-30.

Ricoeur, Paul. La Memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica, 2010. Thompson, John. Los media y la modernidad. Una teoría de los medios de comunicación.

(32)

Los oficios como

forma de reparación

simbólica de las

víctimas del conflicto

armado, Antioquia

(

1985-2015

)

Politólogo por la Universidad Nacional de Colombia Abogado por la Universidad de Antioquia. Candidato a Magíster en Medio Ambiente y Desarrollo Universidad Nacional de Colombia - Sede Medellín.

(33)

Los oficios como forma de

reparación simbólica de las

víctimas del conflicto armado,

Antioquia (1985-2015)

1

Julián Andrés Álvarez Restrepo

Politólogo por la Universidad Nacional de Colombia Abogado por la Universidad de Antioquia. Candidato a Magíster en Medio Ambiente y Desarrollo Universidad Nacional de Colombia - Sede Medellín. juaalvarezre@unal.edu.co

Resumen

Este trabajo parte de las nociones de restauración, rehabilitación y reconfiguración, trabaja-das por el autor Richard Sennet en su libro Juntos. Lo cual implica, I). Estudiar la concepción de reparación desde la Ciencia Política, el Derecho y la Filosofía, II). Comprender la percep-ción de las víctimas de Antioquia sobre los oficios como forma de reparapercep-ción, a través de

1 Trabajo desarrollado en el marco del proyecto de investigación “Memoria Técnica y Ciudad: Culturas del Bricolaje y de la Reparación. Oficios en Vía de Extinción”, aprobado en el 2016 por el Sistema de Información de Investigación HERMES de la Universidad Nacional de Colombia y Coordinado por

el Dr. Jorge William Montoya Santamaría, Director del Doctorado en Ciencias Humanas y Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

Figure

Actualización...

Referencias

Related subjects :