Amar en forma líquida
Franco Gamboa Rocabado Yale World Fellow, [email protected]
El Antiguo Testamento afirma de una manera muy dramática
que “más amarga que la muerte es la mujer”. Sin duda esto mismo
podríamos afirmar de las relaciones sentimentales en el Siglo XXI
porque no solamente se debe involucrar a la mujer, sino que es el
amor mismo aquel tormento capaz de resultar amargo, esquivo y,
finalmente, líquido. La sociedad posmoderna marca una influencia
directa en el tipo de aventuras amorosas. Hoy día, hombres y
mujeres enfrentan cambios importantes en sus roles sociales, de tal
manera que las relaciones sexo-amorosas se caracterizan por la
fragilidad, la ausencia o el temor a comprometerse y, al mismo
tiempo, los seres humanos posmodernos están afectados por las
dudas respecto a cómo manejar sus libertades y gozar de seguridad
emocional. La sociedad de consumo utilitaria convierte a las
relaciones amorosas en un conjunto de afectos transitorios y
líquidos, es decir, pasajeros, desechables y, en gran medida,
reemplazables.
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El sociólogo británico Zygmunt Bauman considera que el amor líquido es la expresión clara de la sociedad de consumo actual.
Afirma que la modernidad impacta fuertemente en las relaciones de pareja o aquellas vinculadas con lo que consideramos es el prójimo.
Si bien los seres humanos buscan relacionarse sentimentalmente por miedo a la soledad, esto no quiere decir que traten a su mundo afectivo como algo duradero y vinculado con el compromiso o la responsabilidad necesaria para asumir el mundo afectivo como una totalidad de certezas psicológicas. Por el contrario, el relativismo y la incertidumbre se imponen para privilegiar la individualidad que, muchas veces, rechaza la confianza en otras personas.
El matrimonio como institución social reconocida está en una crisis debido al aumento de separaciones y divorcios. Esto muestra que las personas prefieren anteponer sus intereses personales, expectativas profesionales y búsquedas de satisfacción utilitaria, casi exactamente igual a los patrones consumistas de una serie de mercancías. En el fondo, hoy día parece que podrían desecharse muchas parejas.
El amor líquido también permite observar que los roles de la
mujer cambiaron de manera substancial. Por ejemplo, actualmente
las mujeres tienen en sus manos la capacidad de tomar múltiples
decisiones que afectan a su vida diaria: el tamaño de su familia, su
comportamiento reproductivo autónomo, la participación en el
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mercado laboral, el mejoramiento de sus conocimientos y estudios, la vida sentimental ligada al matrimonio u otras formas de convivencia y, sin duda, las mujeres están claramente modificando sus patrones de comportamiento en el ámbito de la plena independencia económica. Estos cambios de rol, no solamente se manifiestan en las sociedades altamente industrializadas, sino que también existen datos para observar los mismos cambios en casi todo el mundo. Las mujeres aman como un líquido, los hombres actúan como un líquido en sus búsquedas afectivas y el conjunto de las relaciones sentimentales se convierte en una fluidez que, poco a poco, desprecia toda estabilidad.
Para el caso específico de América Latina, podemos afirmar que las mujeres aún están en un proceso para romper una serie de barreras impuestas por la cultura machista. Prevalecen las amenazas de la discriminación en diferentes ámbitos como el trabajo y la misma familia, debido a que sus ingresos normalmente son más bajos. Al mismo tiempo, las relaciones sentimentales continúan siendo influenciadas por la violencia, lo cual genera una serie de obstáculos para una autonomía satisfactoria y el ejercicio activo de sus derechos. La mujer aún es una presa utilizable y aprovechable para los placeres del varón.
Las características del amor líquido pueden aplicarse a la
realidad contemporánea porque las mujeres al iniciar una relación
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sexo-sentimental buscan apoyo y confianza pero, simultáneamente, están más predispuestas y conscientes de la necesidad de mejorar su posicionamiento en varios cargos públicos y privados de importancia. Por lo tanto, las mujeres evitan involucrarse en varios compromisos que perjudiquen, en el mediano y largo plazo, la consolidación de sus planes profesionales, personales y materialistas.
En una cultura machista, para las mujeres es más atractiva la búsqueda de “distintas alternativas” sobre una pareja, antes de tomar decisiones más duraderas, si es que se puede. Asimismo, el machismo ha deformado las concepciones sobre lo que significa el amor porque lo convirtió en una búsqueda únicamente hedonista.
Tanto para los hombres como para las mujeres, el machismo los conduce al deseo de imponer voluntades, deseo de poseer al otro, exactamente como si se tratara de poseer una mercancía cualquiera.
El machismo y la cultura de consumo se refuerzan mutuamente.
Las sociedades contemporáneas de Europa han desarrollado
muchas condiciones que favorecen diferentes opciones libres para
las personas. Específicamente, las naciones democráticas permiten
reproducir múltiples derechos y libertades; sin embargo, la sociedad
industrial de consumo hacer creer que dichas libertades se
caracterizan únicamente por las decisiones para comprar o acceder
a bienes materiales. Muchas personas que quieren relacionarse
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unas con otras llegan a considerar que la liberad de elección para escoger una mercancía, tiene el mismo estatus que cuando se elige un conjunto de personas con quienes relacionarse.
En síntesis, hoy da la impresión de que es más importante la libertad de consumir y reemplazar una serie de productos en función de las satisfacciones materiales, antes que las satisfacciones morales y sentimentales de corte tradicional. Finalmente, esto perturba la calidad de las relaciones interpersonales porque muestra de qué manera las personas utilizan sus libertades con objetivos más instrumentales, descartando otro tipo de metas más éticas. La posibilidad de ejercer compromisos éticos es una de las deficiencias de la modernidad líquida donde todo es efímero, artificial y movible rápidamente porque las personas constantemente tienen miedo de arriesgar sus afectos por medio de relaciones afectivas y beneficiosas para tomar decisiones más éticas.
Por ética entendemos la posibilidad de vivir una vida humanizada, lejos del consumismo y cerca de valores de sacrificio y sentimientos ligados al universo espiritual para convertirnos en seres humanos íntegros.
Cuando analizamos la búsqueda de seguridad en las
relaciones interpersonales y afectivas, las personas tienden a
sustituir la seguridad emocional y subjetiva por otro tipo de
seguridades más materialistas que respondan a un razonamiento de
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