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STUDIUM VERITATIS. Año 13 N

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Año 13 N. 19 2015

STUDIUM

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ISSN 1682-0487 Depósito Legal 2001-1190

Imagen de carátula Virgen Sedes Sapientiae

© 2015, Universidad Católica Sedes Sapientiae

Esquina Constelaciones y Sol de Oro s. n., Urb. Sol de Oro., Los Olivos Lima 35 Perú

Teléfonos: (51-1) 533-5744/533-6234/533-0008 anexo 241 Correo electrónico: [email protected] Dirección URL: <www.ucss.edu.pe/fondo/fondo.htm>

Tiraje: 500 ejemplares Impreso en Lima, Perú, diciembre de 2015

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación sin permiso escrito de la Universidad Católica Sedes Sapientiae

Gran Canciller Mons. Lino Panizza Richero

Rector

P. Dr. César Buendía Romero Director Ing. Luis Aliaga Rodríguez

Editora Patricia Vilcapuma Vinces Coordinadora y asistente de edición

Seleni Díaz Vargas Cuidado de edición Juan Valle Quispe Traducción y revisión de resúmenes

Mercedes Hinojosa Luciano Diseño y Diagramación: Daniel Ramos Romero Revista Indexada en Latindex Correo electrónico: [email protected]

Comité editorial Dr. José Antonio Benito Rodríguez (Universidad Católica Sedes Sapientiae)

Dr. Paolo Musso (Universitá dell’ Insubria de Varese)

Dr. Biagio D’Angelo (Universidade de Brasilia) P. Dr. Julio Murillo López (Rector del Seminario Corazón de Cristo)

P. Dr. Carlos Rosell De Almeida (Rector de la Facultad de Teología Pontifi cia y Civil

de Lima)

Dra. Herlinda Estela Guevara López (Universidad Católica Sedes Sapientiae)

Dr. Fernando Alberto Armas Asín (Universidad del Pacífi co) Dr. Juan Carlos Chávez Cossio (Universidad Nacional Agraria La Molina)

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PRESENTACIÓN 9

ALMA MÁTER

Recuperar la esencia del apostolado intelectual

Recover the essence of the intellectual apostolate 17

La misión evangelizadora de las universidades católicas Th e Evagelizing Mission of Catholics Universities

Luis Solari de la Fuente 27

ESTUDIOS

FILOSOFÍA

El lenguaje y la comprensión del otro en la hermenéutica de Gadamer Language and Understanding Others in Gadamer’s Hermeneutics

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La gestión del talento para producir y gestionar el capital intelectual o conocimiento explícito en nuestras escuelas

Th e Management of the Talent to Produce and to Manage the Intellectual Capital or Explicit Knowledge in our Schools

Betty Alfaro Palacios 59

LITERATURA

Los tambores negros de un pueblo futuro. Religión, poesía y música en la obra temprana de Alejo Carpentier

Th e Black Drums of a Future Folk. Religion, Poetry and Music in Alejo Carpentier’s Early Work

Camilo del Valle Lattanzio 99

EDUCACIÓN

Educar esta nueva generación: universidad y evangelización Th is New Generation Educates: University and Evangelization

José Luis del Palacio Pérez-Medel 143

Cultura y universidad católica. A propósito de los 25 años de la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae

Culture and Catholic University. About 25 Years of the Apostolic Constitution Ex Corde Ecclesiae

Pedro Pascual Soto Canales 163

PRODUCCIÓNYCRIANZA

Comparativo de empadre controlado en cuyes con machos que descansan en sus pozas de empadre vs. descanso en pozas individuales, con y sin efecto macho

Mating Comparative Controlled in Guinea Pigs with Males who rest in his Puddles’s Mating vs. rest in Individual Puddles, with and without Male Eff ect

(6)

Nuestra lengua castellana en la época de santa Teresa Our Castilian Language in the Epoch of Saint Teresa

Eliana Gonzales Cruz 221

PERSONAJE

Carlos Gatti Murriel. Un testimonio agradecido Carlos Gatti Murriel. A Grateful Testimony

Jorge Wiesse Rebagliati 239

ENTREVISTA

El sentido del martirio, desde la antigüedad, se mantiene hasta hoy Entrevista al P. Walenty Chapiński O.F.M.Conv.

Th e Sense of Martyrdom, since Ancient Times, remains until Today Interview with Fr. Walenty Chapiński O.F.M.Conv.

Juan Valle Quispe 253

RESEÑAS

Curso básico de cristianismo, de Luigi Giussani Basic Course of Christianity, by Luigi Giussani

David Lagos Liberato 267

Ciencia y fe: ¿un equilibrio posible?, de Mario Arroyo Science and Faith: a Possible Equilibrium?, by Mario Arroyo

Jorge Oliva Navarro 287

Purgatorios, Purgatori, de Jorge Wiesse (editor) Purgatories, Purgatori, by Jorge Wiesse (editor)

Douglas Rubio Bautista 293

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 9-14) TESTIMONIO DE LA VERDAD

Naturalmente, la evangelización en la universidad ha de hacerse con el estilo propio de la universidad, que consiste ante todo en la evangelización de la inteligencia (…) Su estilo propio (…) es el trabajo intelectual serio, riguroso y apasionado que busca armonizar los datos de la investigación científi ca, en todas las disciplinas, con la luz que viene de la fe.

Cardenal Paul Poupard, 2001*

Las universidades y las instituciones católicas de educación superior están llamadas a ser “laboratorios de humanidad”, ofreciendo programas y cursos que estimulen a los jóvenes estudiantes no sólo en la búsqueda de una cualifi cación profesional, sino también de la respuesta a la demanda de felicidad, de sentido y de plenitud, que anida en el corazón del hombre.

El mundo universitario es para la Iglesia un campo privilegiado para la evangelización.

Benedicto XVI, 2011**

 Lección inaugural del Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Paul Poupard, Presidente del Consejo Pontifi cio de la Cultura, Universidad Católica San Antonio, Murcia (España), 22 de noviembre de 2001.

 Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en el congreso mundial de pastoral  para los estudiantes internacionales, 2 de diciembre de 2011.

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 9-14)

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esde su creación en el seno de la Iglesia, la Universidad está llamada a anunciar la alegría de ser cristianos y transmitir, mediante el testimonio, la Verdad que es Jesucristo para la humanidad. El cardenal Poupard lo recordaba al señalar el estilo propio que caracteriza a un centro superior de estudios: “evangelizar la inteligencia” para iluminarla con la fe, y Benedicto XVI, con la sabiduría que lo caracteriza, hacía un llamado a que se vuelva “laboratorio de humanidad”, con el fi n de conducir a la comunidad académica a trascender la cualifi cación profesional y aspirar a lo más grande: “La demanda de felicidad, de sentido y de plenitud, que anida en el corazón del hombre”.

Uno de los medios que hemos encontrado desde el Fondo Editorial UCSS para comunicar este gozo por la verdad, y contribuir a la misión que se nos ha dado, es abrir espacios de comunicación de esta alegría. Con Studium Veritatis, “pasión por la Verdad”, queremos responder desde esta experiencia universitaria al apostolado intelectual al que estamos llamados. Siguiendo a Luis Solari, quien en esta edición aborda el tema, podemos decir que “el apostolado intelectual también tiene esta estupenda fi nalidad: generar nuevo conocimiento que ayude a la evangelización de los pueblos”.

La sección Alma Máter está a cargo de Luis Solari de la Fuente (Universidad Católica Sedes Sapientiae). Él estudiará el rol de la universidad católica por ser la responsable de la búsqueda de la verdad en la vida del alumno. Como apoyo de esta postura, servirán las encíclicas y exhortaciones apostólicas de los papas que sucedieron en el cargo a san Juan Pablo II, autor de la Ex corde Ecclesiae, carta magna de las universidades católicas. Por último, hablará del modo en que la universidad católica, por medio de su misión evangelizadora, logrará devenir en la práctica de una auténtica caridad en la persona.

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 9-14)

Solari, además, profundizará en el sentido del apostolado intelectual. El decano de nuestra Facultad de Ciencias de la Salud se hace y responde las siguientes preguntas: ¿Cómo podría ejercerse el apostolado intelectual sin ser apóstol, sin haber pasado por el encuentro con Jesús, sin haberse convertido en discípulo misionero? ¿Cómo podría ser docente de alma, sin ser una misión en esta tierra? ¿Puedo ser una misión sin el Divino Encuentro? ¿Cómo podría una persona en el ejercicio del apostolado intelectual transmitir conocimiento sin el ejercicio de las gracias del entendimiento y la sabiduría, que derivan del proceso encuentro-conversión-discipulado-misión?

Seguidamente, la sección Estudios abre con el artículo “El lenguaje y la comprensión del otro en la hermenéutica de Gadamer”, de José Luis Obregón Cabrera (Pontifi cia Universidad Católica del Perú). Le sigue Betty Alfaro Palacios (Universidad Católica Sedes Sapientiae)  con “La gestión del talento para producir y gestionar el capital intelectual o conocimiento explícito en nuestras escuelas”. Camilo del Valle Lattanzio (Freie Universität Berlin)  presenta, asimismo, “Los tambores negros de un pueblo futuro. Religión, poesía y música en la obra temprana de Alejo Carpentier”.

En esta misma sección, se incluye un apartado acerca de la educación católica. Mons. Dr. José Luis del Palacio (Universidad Pontifi cia Comillas), obispo del Callao, expone el tema “Educar esta nueva generación: universidad y evangelización”. Monseñor Del Palacio concluye, recordando el sentido profundo de toda educación, que la Iglesia se opone a todas las tendencias de despersonalización, y que el rol de toda universidad católica es introducir al joven en la perspectiva de la verdadera imagen del hombre, Jesucristo. Finalmente, sostiene que el reto de la educación y evangelización implica que se involucre toda la comunidad universitaria para hacer cultura.

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Pedro Pascual Soto Canales (Universidad Católica Sedes Sapientiae) diserta en su artículo acerca de “Cultura y universidad católica. A propósito de los 25 años de la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae”. El autor explica que las universidades católicas son instrumentos indispensables de la Iglesia para llevar a cabo su obra evangelizadora y cultural a partir de la re-creación, difusión y valoración de las culturas desarrolladas en torno a la universidad. Por último, Soto reafi rmará que la Ex Corde Ecclesiae es la carta de presentación del mundo científi co cristiano para poder promocionar una “cultura católica”, una “cultura de la vida”, en contraposición a aquello que san Juan Pablo II denominó “cultura de la muerte”.

Continuando con esta sección, Luis H. Aliaga Rodríguez, Luis A. Aliaga Rota y Jaime Rodriguez Vilcapoma  (Universidad Católica Sedes Sapientiae y Agropecuaria Inka Cuy S. A. C.) presentan la investigación “Comparativo de empadre controlado en cuyes con machos que descansan en sus pozas de empadre vs. descanso en pozas individuales, con y sin efecto macho”. El objetivo del estudio fue evaluar la respuesta productiva en el primer parto de madres que, durante su fase reproductiva, se empadraron con machos que descansaron en sus propias pozas de empadre (T1) vs. madres empadradas con machos que descansaron en pozas individuales (maternidades) (T2) vs. madres empadradas con machos que descansaron en pozas individuales (maternidades) en contacto indirecto con las hembras para lograr el efecto macho (T3). Los autores también realizaron un análisis económico de los resultados.

Por otra parte, esta sección de Estudios incluye un especial dedicado a santa Teresa de Ávila. En este, Eliana Gonzales Cruz (Universidad de Piura) contribuye con “Nuestra lengua castellana en la época de santa Teresa”. La investigadora explica acerca del uso del idioma castellano en los escritos de una de las fi guras más representativas de la lírica mística del Siglo de Oro: Teresa de

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Cepeda y Ahumada, más conocida como santa Teresa de Jesús o, simplemente, Teresa de Ávila. En su trabajo expone sobre algunos rasgos lingüísticos del idioma del siglo XVI, y evidencia que de ser una “lengua rústica”, se convierte en una “lengua nacional”. Para concluir, Gonzales resaltará el rasgo de mutabilidad de una de las lenguas más importantes actualmente en los escritos de esta gran santa.

En esta edición de Studium Veritatis incluimos la sección Personaje. Jorge Wiesse Rebagliati (Universidad del Pacífi co) nos brinda “Carlos Gatti Murriel. Un testimonio agradecido”, en el que hace un justo homenaje a uno de los maestros más emblemáticos del Perú contemporáneo: Carlos Gatti Murriel. El autor presenta dos características del magisterio e intelectualidad de Gatti: por un lado, su sapiencia producto de los años de estudio, de su encuentro con los Clásicos, y de la convivencia con grandes maestros de las letras; y, por otro lado, su calidad humana —refl ejada en su capacidad de acogimiento—, la cual ha sido fundamental y contundente para asumir la ardua tarea de todo educador: humanizar al hombre.

La sección Entrevista de este número está a cargo de Juan Valle Quispe (Universidad Nacional Federico Villarreal) quien conversó con el P. Walenty Chapiński O.F.M.Conv., religioso polaco que vivió de cerca los años difíciles del terrorismo en nuestro país y, además, participó de forma activa en el proceso de beatifi cación de Miguel Tomaszek, O.F.M.Conv., Zbigniew Strzalkowski O.F.M.Conv., y el Pbro. Alessandro Dordi. Los llamados Mártires de Chimbote fueron asesinados por Sendero Luminoso y son recordados por ser testimonio de la fi delidad a Cristo, con lo cual nos recuerdan el sentido católico del martirio.

Esta edición cierra con tres reseñas. David Lagos Liberato (Universidad Católica Sedes Sapientiae) explica el “Curso básico de cristianismo”, de Luigi

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 9-14)

Giussani; Jorge Oliva Navarro (Universidad Católica Sedes Sapientiae), Ciencia y fe: ¿un equilibrio posible? (Fondo Editorial UCSS, 2015), y Douglas Rubio Bautista (Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas), Purgatorios, Purgatori, de Jorge Wiesse (editor) (Universidad del Pacífi co, 2015). No podemos dejar de agradecer a todos los investigadores que han colaborado en este número y a nuestros revisores, que con su rigurosa lectura han contribuido al diálogo interdisciplinario y a la mejora continua del proceso de edición de nuestra revista académica. También, queremos reconocer el trabajo de nuestro director Luis Aliaga Rodríguez, quien al cierre de esta edición ya no nos acompaña, pues se encuentra en la Casa del Señor. Su cuidadoso seguimiento a la revista ha hecho que este testimonio de contribuir a hacer universidad mediante las publicaciones sea posible.

Fondo Editorial UCSS Diciembre de 2015

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* El presente texto fue parte de la disertación realizada en la Conferencia “Apostolado Intelectual: Ciencias, Humanidades y Fe” llevada a cabo en la II Feria del Libro Católico. Este evento fue organizado por la Facultad de Teología Pontifi cia y Civil de Lima del 26 al 30 de mayo de 2015.

** Luis Solari de la Fuente es decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica Sedes Sapientiae.

RECUPERAR LA ESENCIA DEL APOSTOLADO INTELECTUAL*

Luis Solari de la Fuente**

Universidad Católica Sedes Sapientiae [email protected]

C

on mi saludo a todos, agradezco a los organizadores de la II Feria del

Libro Católico por su gentil invitación para compartir con ustedes algunas refl exiones sobre el apostolado intelectual. Asimismo, mi agradecimiento a los distinguidos miembros de la mesa, Monseñor José Luis del Palacio y al profesor Paolo Musso, por su generosidad de compartirla conmigo.

En la misma semana de noviembre de 1989 se produjeron dos cambios que marcaron el inicio de la cons trucción de un mundo nuevo. El lunes 6, cambió la economía mundial con la creación formal del Foro de Cooperación Asia Pacífi co–APEC. De igual forma, entre el jueves 9 y el

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viernes 10, se derrumbaría el Muro de Berlín para iniciar un nuevo cambio político en la estructura del poder mundial.

Desde entonces han pasado 26 años. Estaba pronosticado que, en el año 2016, China superaría a Estados Unidos en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) (en inglés, PPP, por sus siglas Purchasing Power Parity). Tal superación se adelantó, ya que fue anunciada por el Fondo Monetario Internacional en octubre 2014 (FMI, 2014). Otro pronóstico señala que, en el año 2025, China superará a Estados Unidos en gasto de defensa, con lo que se convertirá en el país más poderoso del planeta.

De esa forma, en apenas 36 años, se habrá diseñado la base de lo que será el siglo en curso. A lo largo de ese mismo lapso, la Iglesia ha transitado con el papa peregrino, el que estaba con todos; luego, le sucedió al papa de la fe y la razón hasta llegar al papa de la misericordia, Francisco. Todos estamos inmersos en este esplendoroso proceso que conduce el Señor de la Historia, Nuestro Señor.

Sin lugar a dudas, estos grandes cambios están impregnados por otros componentes que menciono a continuación: (a) la expansión y rapidez de las comunicaciones, (b) la movilización de personas y (c) la aparición de nuevas amenazas, entre otros. Sin embargo, la expansión del conocimiento es, indudablemente, el acompañante más espectacular de este gran cambio. Dicho desarrollo conlleva una impresionante expansión tecnológica y, a la vez, una veloz obsolescencia de la tecnología para dejar paso a otra más nueva, fruto de nuevo conocimiento.

Es evidente que ante tal escenario surgen, entonces, múltiples tareas, que ya no pueden ser acometidas con la discrecionalidad de un desafío, sino como un deber. Este deber ineludible es el de contribuir al mundo nuevo en formación, tanto en la construcción del mismo como protagonistas, así

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como en la formación de quienes nos seguirán en el tiempo en tal tarea. No podemos, pues, ser solo espectadores de este vertiginoso cambio y tampoco podemos evadir la responsabilidad de que, teniendo cerca de 220 universidades e institutos católicos en América Latina, seamos el territorio más desigual (léase injusto) del planeta y el segundo territorio más corrupto.

Es en esta ubicación histórica que considero debemos contemplar el tema del apostolado intelectual, en la investigación, en la enseñanza y en la formación de los estudiantes. De igual manera, es usual que cuando se habla del apostolado intelectual, se vaya más hacia lo intelectual y se deja por sentado que lo de apostolado es un sobreentendido por quienes abrazan tal menester, pero no es así. Ahora bien, el papa Francisco nos llama a la refl exión sobre el particular en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (EG):

La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivifi car, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo. (273)

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A partir de lo mencionado, cabe formular, entonces, varias preguntas. ¿Cómo podría ejercerse el apostolado intelectual sin ser apóstol, sin haber pasado por el encuentro con Jesús, sin haberse convertido en discípulo misionero? ¿Cómo podría ser docente de alma, sin ser una misión en esta tierra? ¿Puedo ser una misión sin el Divino Encuentro? ¿Cómo podría una persona en el ejercicio del apostolado intelectual transmitir conocimiento sin el ejercicio de las gracias del entendimiento y la sabiduría, que derivan del proceso encuentro-conversión-discipulado-misión?

Algunas respuestas las proporciona el papa Francisco. Precisamente, podemos encontrarlas en su primera Carta Encíclica, Lumen fi dei (LF):

Para la fe, Cristo no es sólo aquel en quien creemos, la manifestación máxima del amor de Dios, sino también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver. (18)

En la fe, el «yo» del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y así su vida se hace más grande en el Amor. En esto consiste la acción propia del Espíritu Santo. (21) Quien ha sido transformado de este modo adquiere una nueva forma de ver, la fe se convierte en luz para sus ojos. (22)

Tomando en cuenta estas palabras del papa, ¿cómo podría alguien, en este vertiginoso mundo actual, ejercer el apostolado intelectual sin esa nueva forma de ver, que solo se obtiene a partir del Divino Encuentro? Es imposible, entonces, quedarse con lo intelectual soslayando lo de apostolado, como probablemente haya venido sucediendo en no pocos de nuestros centros educativos. Si no

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hubiese sido así, América Latina no sería territorio de vergüenza por lo antes mencionado: injusticia y corrupción. Esto me lleva a la necesidad urgente de replantear en nuestros centros de formación el tema del apostolado intelectual.

Por otro lado, es indistinto el terreno o el área temática en que se desarrolle el apostolado intelectual. Esto se debe a que el cambio que vivimos abarca ampliamente las ciencias y las humanidades. Por tanto, seguir separando estos aspectos del conocimiento puede contribuir a fragmentarlo aún más y así entorpecer el poder apreciar la integralidad de la realidad.

Precisamente, la separación absoluta de las ciencias y las humanidades se asemeja a la pretensión, metafórica por cierto, de querer separar el agua del agua. Ciencias y humanidades son aspectos de la verdad, entendida esta como el magnífi co conjunto de todo lo que es, aunque aún no se le perciba con nuestros sentidos, aunque aún no se le descubra. Por esa razón, el apostolado intelectual es, en realidad, el apostolado de la verdad. ¿Se puede tener acceso a la plenitud de la verdad sin el Encuentro con Aquel en quien existe todo lo que es, con Aquel que es la Verdad? Defi nitivamente, no.

Para apoyar lo planteado anteriormente, puede recurrirse a otra importante refl exión. Albert Einstein, no creyente, lo testimonió con absoluta claridad:

Tener el conocimiento y el sentimiento de que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe, que se manifi esta en la suprema sabiduría y en la más radiante belleza que nuestras torpes facultades solo pueden comprender en sus formas más primitivas, está en el centro de toda verdadera religiosidad. (1930, p. 194)

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Por otra parte, es totalmente distinto al apostolado intelectual, la actividad de un intelectual que desarrolla sus actividades en espacios de fe. Este puede transitar por esos espacios y cumplir diligentemente sus compromisos y obligaciones. Producirá en el tiempo otros intelectuales que puedan desarrollar sus actividades pulcramente. Asimismo, la formación modélica que brindará será la de la efi ciencia y aún la de la justicia como fruto de un antropocentrismo presente en la existente cultura de derechos humanos.

Pero si el apostolado intelectual consistiese solo en buscar, descubrir y transmitir la verdad, no sería apostolado. El apostolado intelectual incluye consustancialmente la guía al descubrimiento de la donación de sí. Es precisamente esta donación de sí, la caritas, que en el proceso de la búsqueda y el servicio a los otros impulsa hacia la búsqueda de la verdad, más aún, hacia el Encuentro con Aquel en quien existe todo lo que es, Aquel que es la Verdad. Fue tan bien explicado este misterio por Benedicto XVI en las enseñanzas de su Carta Encíclica Caritas in veritate, que podría ser sintetizado en la siguiente frase: de la caridad en la verdad a la verdad en la caridad.

El apóstol intelectual, fruto del encuentro-conversión-discipulado-misión, propondrá permanentemente a Jesús como modelo. Es desde allí que también cumplirá diligentemente sus obligaciones y compromisos, pero por estar impregnado de un teoantropocentrismo, transmitirá el sentido de la justicia fundada no solo en la verdad sino también —indisolublemente— desde la fraternidad, al ser todos hijos de un mismo Padre. También, podrá naturalmente integrar el conocimiento desde la verdad para un entendimiento de la integralidad de la realidad. Asimismo, le será imposible separar la razón de la fe, pudiendo integrarlas unitariamente con la caritas, para transmitir

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que esta última es como el cuerpo central de un ave, mientras que la fe y la razón son como sus alas.

Ahora bien, san Juan Pablo II refi ere dicho aspecto en un imprescindible documento para las universidades católicas. Se trata de la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (ECE) promulgada en 1990. Para el santo, es esta mencionada dimensión del apostolado intelectual la que permite, al que la ejerce, “unifi car existencialmente en el trabajo intelectual dos órdenes de realidades […]: la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de la verdad” (1).

Un aplicado estudiante, formado por un apóstol intelectual, al estar fundamentada su formación en la caritas/donación, vivirá una auténtica transformación y asumirá naturalmente, desde la fraternidad, el ejercicio del principio de subsidiaridad. Desde este, le será natural la participación protagónica en la Creación, en el nuevo mundo en formación, y será parte de los nuevos hombres y las nuevas mujeres que harán, recordando lo escrito en el Documento de Aparecida (DA), “converger en los pueblos ideales y poderosas energías morales y religiosas” (538), para que hayan nuevas estructuras.

Es por ello indispensable que en los centros donde se formen esos nuevos protagonistas del mundo, se desarrollen sistemas de voluntariado. Con estos, se alentaría a que los comprometidos puedan descubrir que dicho voluntariado no consiste en entregar algo o el tiempo propio, sino en entregarse uno mismo a la vez que se descubre el vivir el principio de subsidiaridad. Este último, decisivamente, radica en vivir hacia y para los demás

La acción del apostolado intelectual no solo es buscar la verdad, descubrirla y comunicarla en todos los campos del conocimiento, a la vez que prepara hombres y mujeres con sólidos principios cristianos que les motiven a vivir en la coherencia de una fe fi el. Además de todo lo anterior,

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incluye la generación de nuevo conocimiento para “ayudar a la iglesia a dar respuesta a los problemas y exigencias de cada época” (ECE 31). En suma, el apostolado intelectual también tiene esta estupenda fi nalidad: generar nuevo conocimiento que ayude a la evangelización de los pueblos.

Gracias por haberme permitido estas refl exiones sobre el apostolado intelectual, que creo debe ser redimensionado a su verdadero esplendor: el ser la noble tarea humana de buscar, descubrir y transmitir la verdad no desde el intelecto, sino desde la Fuente de la Verdad refl ejada en el intelecto. Incluso, el propio Albert Einstein acertó intuitivamente en ello cuando afi rmó:

La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto. (1930, p. 194)

Más aún, mucho antes que Einstein, podemos encontrar en otro santo un apoyo a lo planteado. Hablaba en verdad san Juan de la Cruz cuando escribió en sus Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación:

Y, si lo queréis oír, consiste esta suma ciencia en un subido sentir de la divinal esencia; es obra de su clemencia hacer quedar no entendiendo,

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 17-27) Referencias

Einstein, A. (1930). What I Believe. Forum and Century, 84(4), 193-194. Francisco. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Santo

Padre Francisco a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fi eles laicos sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual. Recuperado de http://w2.vatican. va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html Francisco. (2013). Carta Encíclica Lumen Fidei del Sumo Pontífi ce

Francisco a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a todos los fi eles laicos sobre la fe. Recuperado de http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/ papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fi dei.html

Fondo Monetario Internacional. (octubre, 2014). Perspectivas de la economía mundial. Secuelas, nubarrones, incertidumbres. Recuperado de https://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/weo/2014/02/pdf/ texts.pdf

Juan Pablo II. (1990). Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae sobre las Universidades Católicas. Recuperado de http://w2.vatican.va/

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 17-27) content/john-paul-ii/es/apost_constitutions/documents/hf_jp-ii_ apc_15081990_ex-corde-ecclesiae.html

San Juan de la Cruz. (1855). Coplas del mismo, hechas sobre un éxtasis de harta contemplación. En Sancha, J. de. Romancero y cancionero sagrados. Colección de poesías cristianas, morales y divinas, sacadas de las obras de los mejores ingenios españoles, por Don Justo de Sancha. Madrid, España: M. Rivadeneyra-Impresor-Editor.  

V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe. (2007). Documento de Aparecida. Recuperado de http://www.caritas. org.pe/documentos/documento_conclusivo_aparecida.pdf

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LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LAS UNIVERSIDADES CATÓLICAS*

Luis Solari de la Fuente** [email protected]

Universidad Católica Sedes Sapientiae

C

uando el papa san Juan Pablo II promulgó la Constitución

Apostólica sobre las Universidades Católicas, Ex Corde Ecclesiae (en español, ‘Desde el Corazón de la Iglesia’) (ECE), corría el 15 de agosto de 1990. Habían transcurrido apenas nueve meses de la caída del Muro de Berlín. Asimismo, otro acontecimiento coincidente con el de Alemania fue la creación formal del Foro de Cooperación Asia Pacífi co– APEC.

En los 25 años transcurridos desde entonces se ha gestado un cambio en marcha. Este se caracteriza por ser amplio, complejo y muy rápido. * El presente texto fue parte de la disertación realizada en la Conferencia “Universidades Católicas: Coherencia y fi delidad con la búsqueda de la verdad. 25 años de la Ex Corde Ecclesiae” llevada a cabo en la 20.a Feria Internacional del Libro de Lima. Este evento fu e organizado por la Cámara Peruana del Libro desde el 17 de julio al 02 de agosto de 2015.

** Luis Solari de la Fuente es decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica Sedes Sapientiae.

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 27-34)

Principalmente, se manifi esta en los siguientes fenómenos: (a) el incremento del desplazamiento de personas, (b) la velocidad de las comunicaciones, (c) la expansión y fraccionamiento del conocimiento, (d) la aparición de nuevos centros económicos, (e) la aparición de una novísima geopolítica comercial y (f ) una asombrosa explosión de la tecnología.

A ello se suma un inusitado avance del individualismo y del relativismo complaciente y su repercusión inevitable sobre la verdad. Dichos factores han terminado por producir lo que el papa Francisco llama, en su Carta Encíclica Lumen fi dei (LF), la “crisis de verdad en que nos encontramos” (25). Esta, a su vez, se ha convertido en una presión constante para la evidente crisis antropológica manifestada en la pérdida del sentido del ser y la cosifi cación de las personas.

Sin duda, el mundo se encuentra ante una nueva cultura, una nueva humanidad. Esta fue muy bien descrita por el papa Francisco en la misma encíclica recién citada:

En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad sólo la verdad tecnológica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y así hace más cómoda y fácil la vida. Hoy parece que ésta es la única verdad cierta, la única que se puede compartir con otros, la única sobre la que es posible debatir y comprometerse juntos. Por otra parte, estarían después las verdades del individuo, que consisten en la autenticidad con lo que cada uno siente dentro de sí, válidas sólo para uno mismo, y que no se pueden proponer a los demás con la pretensión de contribuir al bien común. La verdad grande, la verdad

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que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha. (…) Así, queda sólo un relativismo en el que la cuestión de la verdad completa, que es en el fondo la cuestión de Dios, ya no interesa. (LF 25)

En ese contexto la presencia de universidades católicas se hace más necesaria que nunca. Así, como señaló san Juan Pablo II al principio de la Ex Corde Ecclesiae, la universidad católica comparte el: “gaudium de veritate, tan caro a San Agustín, esto es, el gozo de buscar la verdad, de descubrirla y de comunicarla en todos los campos del conocimiento” (ECE 1). Inmediatamente, sobre estos centros de estudios, el Santo Padre hace la siguiente precisión recurriendo a san Agustín:

Su tarea privilegiada es la de «unifi car existencialmente en el trabajo intelectual dos órdenes de realidades que muy a menudo se tiende a oponer como si fuesen antitéticas: la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de la verdad». (San Agustín citado en ECE 1)

Después, san Juan Pablo II agregó otra precisión en el siguiente numero. En este caso se refi rió a la presencia de profesores católicos en universidades no católicas. Desde la perspectiva del santo, “Su presencia, en efecto, es un estímulo constante para la búsqueda desinteresada de la verdad y de la sabiduría que viene de lo Alto” (ECE 2).

Por último, san Juan Pablo II continuó añadiendo otra especifi cación en el documento. A continuación, esto se podrá apreciar en la siguiente cita:

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Por una especie de humanismo universal la Universidad Católica se dedica por entero a la búsqueda de todos los aspectos de la verdad en sus relaciones esenciales con la Verdad suprema, que es Dios. (ECE 4)

Por supuesto, las universidades católicas buscan, descubren y transmiten la verdad en la investigación, en la enseñanza y en la formación de los estudiantes. Más aún, la verdad se busca, descubre y transmite en su sentido sobrenatural, al entenderla como todo lo que es y —por tanto— contenido en Quien todo es. Es decir, en la “fuente de la verdad” (ECE 1), “que viene de lo Alto” (ECE 2), “que es Dios” (ECE 4), como puede apreciarse en la enseñanza de san Juan Pablo II en su constitución apostólica.

Por otra parte, ¿puede una universidad católica cumplir estas directrices de San Juan Pablo II sin promover el encuentro con Jesús, que convierte en discípulo misionero? Planteé esto en la conferencia “Apostolado Intelectual: Ciencias, Humanidades y Fe”. En dicha disertación que se realizó en la II Feria del Libro Católico en mayo de 2015, pregunté lo siguiente: ¿Cómo podría una persona en el ejercicio del apostolado intelectual transmitir conocimiento sin el ejercicio de las gracias del entendimiento y la sabiduría, que derivan del proceso encuentro-conversión-discipulado-misión?

A este respecto, servirá de apoyo lo dicho por el papa Benedicto XVI. De manera más exacta, lo escrito en su Carta Encíclica Deus caritas est (DCE): “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (1).

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Si bien es cierto que las universidades católicas tienen una misión de servicio a la Iglesia y a la sociedad, además del diálogo con la cultura, en el contexto histórico actual —reseñado al principio de esta alocución— les compete, más que antes, la tarea evangelizadora. Y es menester que esta sea colocada en un sitial primordial. De ese modo, actuar en favor de que los integrantes de la comunidad universitaria vivan el acontecimiento del Encuentro con Quien es “la fuente de la verdad” (ECE 1), se torna esencial.

De igual modo, gran y obvia importancia tiene esta misión para con las mujeres y hombres estudiantes en dichas instituciones. Tendrán que vivir en las universidades el tiempo del tránsito de la adolescencia a la adultez, a la par que adquirirán la madurez biológica cerebral inherente a ella. Les tocará plantearse la pregunta ¿quién soy? Y, como indicó el papa Francisco en su discurso en la Pontifi cia Universidad Católica de Ecuador, les tocará “responder a estas dos preguntas: ¿Para qué nos necesita esta tierra? ¿Dónde está tu hermano?” (2015, párr. 19).

Asimismo, hoy es misión ineludible para una universidad católica enseñar a vivir el principio de subsidiaridad. Más aún, pretender que nuestros estudiantes descubran el “estar disponibles para dar no sólo algo, sino a sí mismos” (DCE 30), como enseñaba Benedicto XVI sobre el voluntariado en la Carta Encíclica Deus caritas est, no es fácil. Sin embargo, ese darse a sí mismos, ese descubrimiento de la caritas, los llevará inexorablemente al estupendo acontecimiento del Encuentro con Jesús, que convierte en discípulo misionero. Así la universidad forma hombres nuevos y mujeres nuevas.

Para continuar esta idea, será de gran ayuda lo dicho por el actual Santo Padre. El papa Francisco, en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (EG), afi rmó:

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Sólo gracias a ese encuentro —o reencuentro— con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad. Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros? (8)

A su vez, esta valiosa pregunta, hecha por el papa al fi nal de la cita, puede replantearse de acuerdo a la perspectiva del presente texto. ¿Cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros quien así ha sido formado? Esta es la misión evangelizadora de las universidades católicas.

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 17-27) Referencias

Benedicto XVI. (2005). Carta Encíclica Deus caritas est del Sumo Pontífi ce Benedicto XVI a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a todos los fi eles laicos sobre el amor cristiano. Recuperado de http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/ es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

Francisco. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fi eles laicos sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual. Recuperado de http://w2.vatican. va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html Francisco. (2013). Carta Encíclica Lumen Fidei del Sumo Pontífi ce

Francisco a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a todos los fi eles laicos sobre la fe. Recuperado de http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/ papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fi dei.html

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Francisco. (2015). Encuentro con el mundo de la enseñanza. Discurso del Santo Padre. Pontifi cia Universidad Católica de Ecuador, Quito. Martes 7 de julio de 2015. Recuperado de http://w2.vatican.va/content/francesco/ es/speeches/2015/july/documents/papa-francesco_20150707_ecuador-scuola-universita.html

Juan Pablo II. (1990). Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae sobre las Universidades Católicas. Recuperado de http://w2.vatican.va/ content/john-paul-ii/es/apost_constitutions/documents/hf_jp-ii_ apc_15081990_ex-corde-ecclesiae.html

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* José Luis Obregón Cabrera es magíster y licenciado en Filosofía por la Pontifi cia Universidad Católica del Perú. Actualmente, se encuentra realizando, en la misma casa de estudios, su tesis doctoral en Filosofía sobre la aproximación hermenéutica al diálogo interreligioso. Asimismo, se desempeña como docente de los cursos de Filosofía, y Ciencia y Filosofía en la Facultad de Estudios Generales Ciencias de la Pontifi cia Universidad Católica del Perú; así como del curso de Ética y ciudadanía, en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas; y del curso de Filosofía de la religión en el ISET Juan XXIII. Ha publicado “Filosofía práctica, modernidad y comprensión” (2013) en la revista Pastores

del Nuevo Milenio, Año 13, N. 24, 2013, y “La hermenéutica como fi losofía

práctica: los aportes éticos de la experiencia hermenéutica y el lenguaje” (2010) en http://red.pucp.edu.pe/cipher/docs/jose_luis_obregon.pdf.

EL LENGUAJE Y LA COMPRENSIÓN DEL OTRO EN LA HERMENÉUTICA DE GADAMER

José Luis Obregón Cabrera* Pontifi cia Universidad Católica del Perú

[email protected]

Fecha de recepción: agosto de 2015 Fecha de aceptación: octubre de 2015

RESUMEN: En el presente artículo se revisarán los argumentos que sostienen la

tesis hermenéutica de la ontología del lenguaje que presenta Gadamer en su obra Verdad y método, analizando la relación entre conceptos de comprensión,

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lenguaje y diálogo. Con ese objetivo, se examinará, en primer lugar, el término lingüisticidad para destacar la naturaleza lingüístico-ontológica de toda comprensión. Posteriormente, se observará una tesis fundamental en la hermenéutica fi losófi ca que consiste en entender el lenguaje como acepción del mundo, la cual se opone a las tesis reduccionistas del lenguaje como simple instrumento. Finalmente, será menester mostrar la relevancia de esta concepción hermenéutica del lenguaje, en tanto condición de posibilidad de la comprensión del otro y la preeminencia de la dimensión práctica que involucra dicha concepción.

PALABRASCLAVE: Hermenéutica, Gadamer, lenguaje, comprensión, diálogo.

LANGUAGE AND UNDERSTANDING OTHERS IN GADAMER’S HERMENEUTICS

ABSTRACT: In this article we will review the arguments that support the

hermeneutic thesis of ontology of language that Gadamer presents in his Truth and Method, analyzing the relationship among concepts of comprehension, language and dialogue. To this end, fi rstly we will review the term linguisticality to highlight the linguistic-ontological nature of comprehension. Later, we will examine a fundamental thesis on the philosophical hermeneutics is to understand the language as meaning of the world, which is opposed to the reductionist thesis of language as a mere instrument. Finally, we are interested in displaying the relevance of this hermeneutic conception of language as condition for understanding others and the preeminence of the practical dimension involving this concept.

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 37-58) 1. Introducción

E

l tema principal de la hermenéutica remite al fenómeno de la comprensión en general. En efecto, la hermenéutica en un sentido tradicional se entiende como el arte de interpretar textos. Sin embargo, la hermenéutica fi losófi ca de Gadamer va más allá, mostrando que el hombre es un ser comprensivo, es decir, que la comprensión lo constituye en un sentido ontológico. Por eso, Gadamer, en la tercera sección de Verdad y método, planteará una ontología del lenguaje, con la fi nalidad de mostrar que toda comprensión tenga lugar a nivel del lenguaje.

De acuerdo con dichas bases, en este artículo se revisarán los argumentos que sostienen la tesis hermenéutica de la ontología del lenguaje, analizando la relación entre conceptos del lenguaje, el diálogo y la praxis. Con ese objetivo, se analizará, en primer lugar, el término lingüisticidad para destacar la naturaleza lingüístico-ontológica de toda comprensión. Posteriormente, se tratará una tesis hermenéutica central que consiste en entender el lenguaje como acepción del mundo. Asimismo, esta tesis insistirá en el rechazo al instrumentalismo del lenguaje, con el fi n de hacer ver la dimensión práctico-política que involucra dicha concepción.

2. El Lenguaje como Diálogo

El tema del lenguaje en la hermenéutica gadameriana está muy emparentado con la defi nición clásica de Aristóteles del hombre como un ser de lenguaje: “Sólo los seres humanos poseen (…) el logos que los capacita para informarse mutuamente sobre lo que es útil y lo que es dañino, y también lo que es justo y lo que es injusto” (Aristóteles en Gadamer, 1992, p. 145).El hombre, esencialmente, es un ser de lenguaje, un ser de

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logos de una capacidad propiamente humana que le permite comunicarse con otros y determinar aquello que considera conveniente. Al respecto, Gadamer destacará dos aspectos relevantes en esta defi nición aristotélica para su propia concepción hermenéutica del lenguaje:

Se establece, pues, aquí como nota característica del hombre una superioridad sobre lo actual, un sentido de futuro. (…) Puede comunicar todo lo que piensa; y lo que es más, gracias a esa capacidad de comunicarse las personas pueden pensar lo común, tener conceptos comunes, sobre todo aquellos conceptos que posibilitan la convivencia de los hombres sin asesinatos ni homicidios. (1992, p. 145)

Gadamer destaca que, mediante el lenguaje, el hombre puede referirse a cosas futuras, puede proyectar su propia vida, haciendo presente algo que aún no lo es. Pero, además, deja entrever el lenguaje como un medio de praxis vital. Ello debido a que, mediante el lenguaje, el hombre puede pensar en comunidad, es decir, puede compartir con otros hombres conceptos e ideas que hagan posible la vida en común.

Ahora bien, esta concepción del lenguaje como medium de la propia praxis vital está vinculada a la concepción heideggeriana del lenguaje como acontecimiento. Para Gadamer, esta expresión de resonancias heideggerianas quiere dar a entender que en el lenguaje acontece algo que no depende necesariamente de quienes participan en él: “el lenguaje que discurre en la conversación lleva consigo su propia verdad, esto es, desvela y deja aparecer algo que desde ese momento es” (1977, p. 461). El lenguaje es acontecimiento no porque sea algo puramente manipulable. Es acontecimiento porque ocurre algo que los participantes no son capaces

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de dominar completamente. Esta concepción tendrá implicancias en el concepto gadameriano de lenguaje que se defi ne más específi camente como diálogo:

La hermenéutica afi rma que el lenguaje pertenece al diálogo (Gespräch); es decir, el lenguaje es lo que es si porta tentativas de entendimiento (verständingungsversuche), si conduce al intercambio de comunicación, a discutir el pro y el contra. El lenguaje no es proposición y juicio, sino que únicamente es si es respuesta y pregunta. (Gadamer, 1993, p. 119)

Aquí Gadamer aludirá a un tema recurrente en su fi losofía: el lenguaje no es mera proposición, pues no es un simple instrumento. La hermenéutica rechaza las posiciones instrumentalistas del lenguaje, donde se le concibe meramente como un conjunto de reglas gramaticales disponibles para los hombres. Por el contrario, Gadamer sostendrá que el lenguaje es diálogo vivo, porque se realiza en la conversación como intercambio de preguntas y respuestas.

Cuando el fi lósofo habla del diálogo vivo subraya el hecho de que es acontecimiento, porque no es ni predecible ni controlable por los interlocutores. A su vez, el rumbo del diálogo es incierto. En efecto, los interlocutores no saben a dónde serán conducidos por el diálogo, puesto que ellos están abiertos a encontrar la verdad como un sentido compartido. El diálogo es un proceso a través del cual los hablantes llegan a entenderse mutuamente mediante la escucha del otro: “Forma parte de toda verdadera conversación el entender realmente al otro, dejar valer sus puntos de vista” (Gadamer, 1977, p. 463).

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Igualmente, Gadamer no olvidará la condición que hace posible el diálogo como tal: el diálogo demanda que el interlocutor esté dispuesto a no tener la razón e incluso a fortalecer la opinión del otro. En ese sentido, el diálogo transforma los puntos de vista, modifi ca las diferentes posiciones iniciales de cada interlocutor: “La verdadera realidad de la comunicación humana consiste en que el diálogo no impone la opinión de uno contra la del otro ni agrega la opinión de uno a la de otro a modo de suma. El diálogo transforma una y otra” (1992, p. 184).

Desde esta perspectiva del lenguaje como diálogo vivo, debe entenderse la afi rmación gadameriana del lenguaje “como un estar en camino a lo común de unos con otros” (Gadamer, 1993, p. 119). Así, el lenguaje lleva consigo la posibilidad del entendimiento mutuo, pues por medio del lenguaje los hombres pueden ponerse de acuerdo y compartir algo común.

Por esa razón, Gadamer también señalará que una conversación es semejante a una traducción: así como en una conversación los dialogantes están dispuestos a hacer valer la opinión del otro; así también el traductor tiene que hacer valer lo extraño y desfavorable que el texto puede manifestar, porque se trata de llegar a un acuerdo entre las partes (Gadamer, 1977). En ese sentido, una traducción es siempre una interpretación. Ahora bien, lo central en ello es que, se trate o no de una traducción, todo ponerse de acuerdo presupone un proceso lingüístico, ya que todo entendimiento se realiza en el lenguaje: “el lenguaje es el medio universal en el que se realiza la comprensión misma. La forma de realización de la comprensión es la interpretación” (Gadamer, 1977, p. 467).

Esta es una tesis primordial sobre el lenguaje que desarrollará Gadamer en Verdad y método, la comprensión es un hecho lingüístico, incluso cuando se trata de comprender algo extralingüístico: “no sólo el proceso

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interhumano de entendimiento, sino el proceso mismo de comprensión es un hecho lingüístico incluso cuando se dirige a algo extralingüístico o escuchamos la voz apagada de la letra escrita” (1992, p. 181). Ahora bien, cuando Gadamer (1992) se refi ere al lenguaje como ‘medio’ universal utiliza un nuevo término: lingüisticidad. Por ello, con el fi n de explicar por qué el fenómeno de la comprensión en general es un fenómeno lingüístico, se describirá el signifi cado de la lingüisticidad.

3. La Lingüisticidad como Fundamento del Lenguaje

La lingüisticidad de la comprensión se concibe claramente en el fenómeno de la traducción, porque la traducción de un texto requiere que el texto sea de naturaleza lingüística. Ahora bien, esto signifi ca que la interpretación lingüística representa a la interpretación en general. En efecto, siempre que la persona comprende, tiene lugar una interpretación lingüística, incluso cuando se trata de comprender un cuadro o una obra musical. Aunque estas formas de interpretación no son en sí mismas enunciadas, sí presuponen la lingüisticidad, ya que se presupone el poder comprenderlas.

Aquello se verifi ca en la experiencia de la comprensión de una obra de arte. Cuando se contempla una obra de arte, se lleva a cabo un esfuerzo de comprensión de la obra, aunque parezca imposible enunciarla con palabras. A pesar de no poder dar cuenta de su signifi cado, sin embargo, persiste la intención de comprenderla y de buscar las expresiones para poder aprehender el sentido del objeto.

Esto signifi ca que la lingüisticidad es el fundamento del lenguaje, pues todo objeto de la comprensión (sea literario o no) supone una “estructura lingüística de sentido” (Grondin, 2003, p. 195). De ahí que las obras de

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arte pueden ser comprendidas, a pesar de que el lenguaje mismo parezca insufi ciente para expresar cabalmente lo que las obras de arte quieren decir. Por ese motivo, Gadamer no habla de lenguaje sino de lingüisticidad o de “carácter lingüístico”. El término en la lengua alemana es Sprachlichkeit, y se traduce como ‘carácter lingüístico’ o ‘lingüisticidad’ (Gadamer, 1998). Con ello se requiere subrayar que no necesariamente las palabras determinan la comprensión de la cosa; pues el acto comprensivo incluye, además de las palabras, los gestos, las miradas o expresiones de otra índole.

La lingüisticidad excede al lenguaje en cuanto refi ere a las personas a otras formas de comunicación, por este motivo Gadamer afi rmará: “Desde el momento en que las personas deben convivir tienen que poner en práctica la fantasía, imaginación, sensibilidad, simpatía, el tacto” (1998, p. 233). Ello se muestra especialmente en aquellas personas que no poseen habla. Así, por ejemplo, Gadamer mencionará que, a pesar de que el recién nacido aún no posea lenguaje, sin embargo, la lingüisticidad hará posible el entendimiento sin palabras entre el bebé y su madre.

Ahora bien, lo que defi nirá específi camente a la lingüisticidad es la imbricación entre lenguaje y pensamiento. Por eso se propondrá Gadamer: “a pesar de toda la diversidad de las maneras de hablar intentaremos retener la unidad indisoluble de pensamiento y lenguaje tal como la encontramos en el fenómeno hermenéutico, como unidad de comprensión e interpretación” (1977, p. 483). De igual forma, debe tenerse en cuenta que, en Verdad y método, Gadamer se propone examinar en qué consiste esa unidad de pensar y hablar en medio de una diversidad de maneras de hablar. En tal sentido, reconocerá que la pregunta hermenéutica parte de un presupuesto que comparte con la ciencia del lenguaje, a saber, la unidad interna entre lenguaje y pensamiento.

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No obstante, como observará Jorge Reyes, dicha imbricación de lenguaje y pensamiento “se despliega sobre el trasfondo de una forma de vida intersubjetivamente compartida (…)” (2006, p. 170). Esto quiere decir que la lingüisticidad vendría a ser un espacio de sentido no dable a la intuición sensible, sino el ámbito pre-refl exivo donde adquieren signifi cado todas las intuiciones. La lingüisticidad vendría a ser, entonces, la condición de posibilidad del acto comprensivo, en tanto espacio de sentido que trasciende a los lenguajes y que abarca a todos los seres humanos.

De acuerdo con esta interpretación, la hermenéutica fi losófi ca pone así énfasis en ese presupuesto universal: la pertenencia pre-refl exiva a un espacio de sentido, el cual no aparece como objeto, pero condiciona toda manifestación de objetos (Reyes, 2006). En un sentido análogo, Richard Palmer sostendrá que la lingüisticidad corresponde al ámbito que condiciona toda comprensión: “La lingüisticidad aporta el terreno común en el que y sobre el que aquellos se pueden encontrar. El lenguaje es el medio en el que la tradición se oculta y se transmite” (2002, p. 257). Por tal motivo, el presupuesto universal de la lingüisticidad abarcará toda comprensión, incluso la comprensión de las ciencias naturales.

Entendida de esa manera, la lingüisticidad vendrá a ser ese fundamento común del que participan los seres humanos, y que defi ne al hombre como tal. De ahí que Gadamer sostenga que la universalidad del lenguaje se mantenga a la altura de la razón. Servirá como apoyo, entonces, la siguiente afi rmación del fi lósofo alemán:

El lenguaje rebasa cualquier argumentación contra su competencia. Su universalidad se mantiene a la altura de la razón. La conciencia hermenéutica se limita aquí a participar

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en lo que hace la relación general de lenguaje y razón. (…) El lenguaje es el lenguaje de la razón misma. (1977, p. 482) El lenguaje es el lenguaje de la razón, porque la universalidad del lenguaje estará presente en todo aquello que sea racional, es decir, en todo aquello que es susceptible de un acuerdo compartido. Una muestra de ese acuerdo vendría a ser la experiencia musical. Incluso allí, donde aparentemente no hay palabras, las personas participan de la lingüisticidad, ya que comprenden y comparten una música en común, formando al mismo tiempo una comunidad en la misma experiencia (Gadamer, 2002).

En otras palabras, que el fenómeno de la comprensión sea un fenómeno lingüístico signifi ca que la lingüisticidad fundamenta y construye ese esfuerzo de ponerse de acuerdo, una especie de acuerdo tácito en donde adquiere sentido la comunicación con el otro. Por eso, Gadamer afi rmará que “el entendimiento es más originario que el malentendido” (1992, p. 184). Esto quiere decir que conversar o comprender al otro equivale al restablecimiento de ese entendimiento originario que constituye el mundo en el cual vivimos. De ahí que el principio supremo de la hermenéutica fi losófi ca, es decir, el presupuesto que está a la base de cualquier forma de comprensión será:

[El deseo de] reunirnos con el otro, obtener su aprobación o, por lo menos, que se retomara lo dicho, aun cuando fuese a modo de réplica u oposición. En una palabra: queremos encontrar un lenguaje común. A esto se le llama conversación. (Gadamer, 1998, p. 227)

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Como puede verse, la prioridad del diálogo radica en que hace posible la solidaridad y el encuentro con el otro en un lenguaje común. Pero esto supone que la verdadera comunicación tiene lugar cuando el diálogo no pretende imponer una opinión. Por el contrario, pretende transformar las opiniones y orientarlas hacia un lenguaje común, una interpretación común del mundo que posibilite la solidaridad moral y social (Gadamer, 1992).

4. El Lenguaje como Acepción del Mundo

Ahora bien, esa concepción instrumentalista del lenguaje ha perdurado especialmente en el ámbito de las ciencias naturales. En esa línea, Gadamer planteará una interesante interpretación del relato de la torre de Babel, donde destaca la pretensión humana de encontrar el lenguaje único, un lenguaje común a todos, con el fi n de dominar la naturaleza: “la unidad y la solidaridad de un lenguaje común, que encarna energías indomables de la voluntad y una confi anza sin límites en la propia vocación para la dominación” (1993, p. 112).

Es particularmente apreciable este relato bíblico, porque Gadamer piensa que la imagen de la torre de Babel representa a su modo el problema griego de la unidad y la pluralidad. Ese lenguaje único al que aspira nuestra babélica sociedad moderna viene a ser la matemática: “Nuestra situación mundial es, por consiguiente, ésta: el conjunto de fórmulas dominantes ha posibilitado una técnica y simbología matemáticas de una grandiosa perfección” (1993, p. 116). No puede cerrarse los ojos ante lo que ocurre en este mundo. Es indudable que los grandes adelantes científi cos y tecnológicos, indispensables para la supervivencia de los hombres, han sido posibles gracias al desarrollo de las matemáticas.

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Sin embargo, Gadamer no confi ará del todo en que (siguiendo la metáfora de la torre de Babel) el establecimiento de ese lenguaje único vaya a poner fi n a los problemas que atraviesa la humanidad. Las matemáticas son limitadas para enfrentar las difi cultades humanas sobre la convivencia entre los pueblos y la ecología, porque no son un lenguaje como tal, son un sistema de comunicación que está al nivel de una simple herramienta: “La matemática con la que el físico obtiene y formula sus conocimientos no es un lenguaje propio, sino que pertenece al instrumental lingüístico plural con el que expresa lo que quiere decir” (Gadamer, 1992, p. 188). Por ello, los problemas humanos requieren de otra instancia que haga viable soluciones razonables: este es el lugar del lenguaje.

Frente a esta problemática, la hermenéutica pone especial atención a la teoría humboldtiana sobre el lenguaje, que parte del supuesto de que la individualidad constituye un camino para comprender la totalidad de la constitución lingüística humana: “Su punto de partida es que las lenguas son productos de la ‘fuerza del espíritu’ humano” (Gadamer, 1977, p. 527). Humboldt piensa que en todo lenguaje actúa una fuerza lingüística originaria que aspira a alcanzar la perfección. Sin embargo, como indica Cecilia Monteagudo, la teoría de Humboldt padece de una ambivalencia: por un lado, defi ende la pluralidad de las lenguas, y por otro, se mantiene en la exigencia de encontrar una instancia universal que supere la pluralidad (Monteagudo, 2009a).

Aunque Gadamer discrepará con algunos aspectos de la teoría humboldtiana, sin embargo, reconocerá que con su concepción del lenguaje como acepción del mundo el problema del lenguaje gana una dimensión fundamental. Esta tesis va contra la concepción dogmática de los gramáticos, en cuanto señala que la esencia del lenguaje se encuentra en la realización del mismo hablar. De ello, deducirá Gadamer que el hombre tiene un mundo

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en la medida en que se lo representa de forma lingüística: “Para el hombre el mundo está ahí como mundo, en una forma bajo la cual no tiene existencia para ningún otro ser vivo puesto en él. Y esta existencia del mundo está constituida lingüísticamente” (1977, p. 531).

Las lenguas son acepciones del mundo porque mediante el lenguaje el individuo se sumerge en una relación determinada con el mundo y con determinados usos y costumbres. El análisis etimológico de la palabra alemana ‘mundo’ (welt) como proveniente de ‘hombre’ (wer) revelará para Gadamer algo similar a lo que Humboldt había propuesto: “mundo es mundo humano, mundo del hombre (Menschenwelt). Este es el signifi cado originario en las lenguas germánicas e indogermánicas” (1993, p. 120). Esto implica la existencia de una relación intrínseca entre el lenguaje y el mundo, por lo cual el lenguaje no posee una existencia autónoma.

Más aún, el lenguaje tiene existencia en cuanto en él el mundo es representado: “La humanidad originaria del lenguaje signifi ca, pues, al mismo tiempo la lingüisticidad originaria del ser-en-el-mundo del hombre” (Gadamer, 1977, p. 531). Esto signifi ca que el hombre se encuentra dentro de esta lingüisticidad originaria, o mejor dicho, no puede tomar distancia del lenguaje, incluso cuando se esfuerce por entender lo que es el lenguaje mismo. A continuación, servirá de apoyo la siguiente aseveración de Gadamer:

La esencia del lenguaje implica una inconsciencia realmente abismal del mismo. (…) Sólo podemos pensar dentro del lenguaje, y esta inserción de nuestro pensamiento en el lenguaje es el enigma más profundo que el lenguaje propone al pensamiento. (1992, p. 147)

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R evista STUDIUM VERIT A TIS, Año 13, N. 19, 2015 (pp. 37-58)

Esta cita expresa con toda contundencia que el lenguaje no es un medio ni un instrumento que esté al servicio de alguna ciencia, o que pueda manipularse al propio antojo. Por el contrario, son las personas en el lenguaje. Como anotará el mismo Gadamer: “Aprender a hablar no signifi ca utilizar un instrumento ya existente para clasifi car ese mundo familiar y conocido, sino que signifi ca la adquisición de la familiaridad y conocimiento del mundo mismo tal como nos sale al encuentro” (1992, p. 148).

Por ese motivo, Gadamer también defi nirá el lenguaje como auto-olvido, porque “la estructura, gramática, sintaxis, etc., todo lo que tematiza la ciencia, queda inconsciente para el lenguaje vivo. (…) El lenguaje real y efectivo desaparece detrás de lo que se dice en él” (1992, p. 149). De esa forma, será auto-olvido en cuanto que el verdadero ser del lenguaje se constituye en el mundo en que viven las personas. Ese mundo de las tradiciones y de los prejuicios en que están sumergidas, y que presuponen todo aquello que realizan o dicen, pero que permanece como el umbral inconsciente de nuestro hacer y pensar.

5. El Hombre como Ser en el Mundo y la Comprensión

Ese auto-olvido es lo que caracteriza al hombre como un ser-en-el-mundo. Ello signifi ca que el mundo no es un objeto que esté allí a disposición del hombre, sino que “es primordialmente para el hombre aquello dentro y en medio de lo que está” (Gadamer, 1993, p. 121). No obstante, también podría decirse que los animales están en el mundo. Sin embargo, aquello que defi ne esta relación del hombre con el mundo es la libertad que posee frente al entorno, libertad que lo hace capaz de apropiarse de las cosas: “elevarse por encima de las coerciones de lo que le sale a uno al encuentro desde el mundo signifi ca tener lenguaje y tener mundo” (Gadamer, 1977, p. 532).

Referencias

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