oPiniónPúblicayMundoexterior.
PercePcioneseiMágenesesPaÑolasdelaeraglobal1
Pedro A. Martínez Lillo2 (Universidad Autónoma de Madrid)
1. introducción
Los vertiginosos avances tecnológicos no solo han facilitado nue- vas relaciones comerciales y una revolución en las comunicaciones, sino también incentivado profundos cambios sociales, políticos y culturales que han transformado las concepciones de la realidad.
En este contexto, el presente capítulo tiene por objetivo analizar cómo la sociedad española percibe el mundo, el proceso de globali- zación y la integración en el sistema internacional.
Es importante considerar al respecto, que las últimas dos décadas la historia de España ha estado directa o indirectamente marcada por las tendencias globales. Así, por ejemplo, si durante los años noventa se consolidó el camino de la integración regional a través de la Unión Europea, el siglo xxi insertó al país en las dinámicas de la “guerra contra el terrorismo”. Estos fenómenos, síntomas de los nuevos tiempos, marcan también la pauta de la España actual, haciendo evidente las sinergias y similitudes que presenta su historia con el transcurso del acontecer global.
1 Este trabajo se basa en una publicación previa: Pedro A. MARTÍNEZ LILLO & Juan I. RADIC VEGA: “El mundo exterior en la opinión pública española. Percepcio- nes ante la era global (1989/1991-2010)”. En: José María BENEYTO & Juan Carlos PEREIRA (directores): Historia de la Política Exterior Española en los siglos xx y xxi, Volúmenes I y II, Madrid, CEU-Ediciones, 2015. En esta nueva versión, agradezco los comentarios y observaciones del Profesor Eduardo Carreño Lara.
2 Catedrático del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autó- noma de Madrid.
Tradicionalmente existió escaso interés en España por estudiar las percepciones de la opinión pública en política exterior, ya sea por nuestro pasado reciente y una tardía internacionalización o ya sea por la ausencia de debates centrados en la agenda mundial3. Este panorama se ha revertido poco a poco tras el cambio democrático, la apertura española al mundo y el fortalecimiento de la sociedad civil.
Los trabajos y estudios desarrollados por instituciones especializadas y think tanks (por ejemplo: Real Instituto Elcano), así como las apor- taciones procedentes de la sociología y las ciencias de comunicación4, han proporcionado claves interpretativas que permiten dibujar con mayor rigor el marco analítico en este tema. Desde el punto de vista de los análisis históricos, han sido determinantes —además— las investigaciones de referentes como José María Jover, Ricardo Martín de la Guardia, Guillermo Pérez Sánchez y Monserrat Huguet5.
2. laoPiniónPúblicaesPaÑolayelMundoexterior
enelsigloxx
La concepción del mundo de los españoles se nutrió de distintos elementos a lo largo del siglo xx. Se caracterizó, como todo proceso histórico, de fases que modelaron el sentir de la opinión pública es- pañola a partir —fundamentalmente— de aquellos acontecimientos que marcaron el devenir nacional e internacional. Entre ellos destaca
3 Javier NOYA: Los españoles ante un mundo en cambio: visiones del exterior, Volumen. 2, Madrid, Tecnos, 2013, p. 17.
4 Juan DÍEZ NICOLÁS: Identidad nacional y cultura de defensa, Madrid, Síntesis, 1999;
ÍD: La opinión pública española y la política exterior y de seguridad, Madrid, INCIPE- Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2006; Salustiano DEL CAMPO & Juan Manuel CAMACHO: La opinión pública española y la política exterior, Madrid, INI- CIPE-Real Instituto Elcano, 2003; Víctor PÉREZ DÍAZ: La primacía de la sociedad civil, Madrid, Alianza Editorial, 1993.
5 José María JOVER: España en la política internacional. Siglos xviii-xx, Madrid, Mar- cial Pons, 1999; Ricardo MARTÍN DE LA GUARDIA & Guillermo PÉREZ SÁN- CHEZ: “Opinión pública y medios de comunicación”. En: Juan Carlos PEREIRA (coord.): La política exterior de España. De 1800 hasta hoy, Barcelona, Ariel, 2010;
Montserrat HUGUET: “Imágenes y percepciones de España”. En: José María BE- NEYTO & Juan Carlos PEREIRA (dir.): Historia de la Política Exterior Española en los siglos xx y xxi, vol. I y II, Madrid, CEU-Ediciones, 2015.
la memoria colectiva o “conciencia histórica”, la cual ha sido forjada a partir de una selección de hechos específicos de la historia del país, que explican y constituyen la imagen del pasado de aquella sociedad6. En una dimensión colectiva, existe una serie de nociones o ar- quetipos históricos, que contribuyeron a elaborar los imaginarios y percepciones de la opinión pública española durante el siglo xx. En primer término, algunas herencias recibidas del siglo xix. Una de ellas fue la percepción de ser una nación que gozó de una grandeza pretérita, perdida por una decadencia nunca recuperada en el sistema internacional. Igualmente, se ha proyectado una representación de la península como lugar único; forjado en la resistencia al mundo musulmán, como también al imperialismo francés.
La guerra de la independencia reforzó esta imagen de impugna- bilidad del territorio hasta la década de los treinta. Se situó la idea de frontera, pensada e imaginada como línea divisoria de civilizaciones que —abiertamente— marca una separación con el otro; como tam- bién constituye una zona geoestratégica de peculiar inestabilidad7. A estos imaginarios elaborados en el siglo xix, se sumó otro en los albores del siglo xx: “[...] la España asolada por conflictos internos, como las guerras civiles que se suceden sin solución de continuidad”8. En cualquier caso y más allá de estos arquetipos, la percepción de los españoles respecto a temas y/o conflictos internacionales, es- tuvo estrechamente ligada al impacto directo o indirecto que dichos sucesos tuvieron en el ámbito interno. Igualmente, la conflictividad política nacional, condicionó en parte la opinión pública en asuntos exteriores. Así, por ejemplo, durante la Primera Guerra Mundial si bien la política oficial estuvo marcada por la neutralidad, el interés que despertó en los españoles la conflagración europea, suscitó el posicionamiento ideológico de los medios de comunicación, los partidos políticos y algunos sectores de la sociedad9.
6 José María JOVER: España en la política…, p. 227
7 Ibídem, p. 230.
8 Ricardo MARTÍN DE LA GUARDIA & Guillermo PÉREZ SÁNCHEZ: “Opinión pública y medios de comunicación”…, p. 278.
9 José María JOVER: España en la política…, p. 244; Ricardo MARTÍN DE LA GUARDIA & Guillermo PÉREZ SÁNCHEZ: “Opinión pública y medios de co- municación”…, pp. 285-286.
En esa dirección, el conflicto interno y la fragmentación de la sociedad en dos grandes bloques durante la década de los veinte, llevó a un profundo cambio en los paradigmas históricos de la per- cepción española. En efecto, si bien la guerra acabó con la noción de la península como mundo aparte, extendió la imagen de que los destinos de Europa estaban en la Guerra Civil. Esta idea, junto a la revolución tecnológica impulsada en la Segunda Guerra Mundial, acabó con el imaginario hasta ahí vigente de la invulnerabilidad del territorio español.
La dictadura franquista, mediante el control de los medios de comunicación y el sistema educativo, estableció directrices bastante monocordes acerca de la evolución del mundo exterior. La censura facilitó también que la información internacional fuese una he- rramienta más de propaganda del régimen. Ello quedó plasmado durante los años de la Segunda Guerra Mundial, con una posición que recorrería la neutralidad-no beligerencia-neutralidad, cuando primero se exacerbó el eventual avance de las potencias del Eje; y luego, tras la próxima derrota de éstas, se adoptó el discurso neutra- lista cada vez más próximo al bloque aliado y de EE.UU., sobre la base de la necesidad de lograr la supervivencia del propio régimen y la permanencia de Franco en el poder, lo cual simplificó el sistema internacional entre comunismo y anticomunismo10.
En cualquier caso, la noción de aislamiento fue uno de los rasgos más característicos de esta época, aunque esto se vio matizado por la Guerra Fría, la cual situó a España como engranaje del bloque occidental. El enaltecimiento de este papel en la propaganda oficial de la dictadura, unido al control de los otros medios de difusión, implicó en la práctica una imposibilidad de conocer con cierto rigor lo que ocurría en el exterior. Todavía en la década de los sesenta, el comportamiento de nuestra sociedad sobre la presencia de Es- paña en el mundo revelaba reacciones muy aislacionistas. Así, por ejemplo, en 1967 una encuesta del Instituto de Opinión Pública, indicaba que uno de cada dos entrevistados entendía que España debía preocuparse solo por los asuntos de interés inmediato para
10 Ibídem, p. 287.
el país; y únicamente un 17% defendía que “debía preocuparse por los problemas que interesaban a todos los demás países”11. Sólo los cambios acaecidos de manera progresiva en el tardo franquismo, permitieron la conformación de un grupo de periodistas y expertos encargados de difundir y analizar la situación mundial.
Con la llegada de la democracia, la política exterior estuvo avocada a la superación del aislamiento internacional. Ello supuso la integra- ción de España en la Comunidad Europea, así como la asunción de nuevas responsabilidades en materia de seguridad internacional; lo cual implicó a su vez una evaluación de la opinión pública nacional respecto de la política europea y el mundo iberoamericano.
Estas cuestiones marcaron, sin duda, la inserción de España en el mundo globalizado, así como la expansión transnacional de sus empresas, especialmente, en los países latinoamericanos12. La socie- dad española observó, así, no solo el abrazo de nuevos principios de política exterior (p.ej.: democracia, paz, multilateralismo, respeto de los derechos humanos y solidaridad), sino también los años dora- dos de la internacionalización del país. Un histórico protagonismo internacional nacido de la garantía que España generaba como un socio y aliado confiable, llevándole a formar parte activa en los años noventa de las nuevas dinámicas mundiales, con muy notables éxitos diplomáticos. Testimonios personales, desde Fernando Morán hasta Javier Solana, así lo acreditarían13.
3. laPercePcióndelosesPaÑolesenelnuevoorden nternacional (1989-2001)
El nuevo orden internacional surgido tras la caída del muro de Berlín provocó transformaciones sustanciales en todos los ámbitos.
Durante este período se hicieron familiares el lenguaje economicista
11 Javier NOYA: Los españoles ante un mundo mundo…, p. 104.
12 Javier NOYA: La nueva imagen de España en América Latina, Madrid, Tecnos, 2009, p. 26.
13 Fernando MORÁN: España en su sitio, Barcelona, Plaza y Janés, 1990; Javier SOLANA:
Reivindicación de la política. Veinte años de relaciones internacionales, Barcelona, Debate, 2010, pp. 25-28
y las estructuras arquetípicas de las sociedades de consumo; fenó- meno reproducido también en España, aunque con un desfase en relación a sus vecinos europeos.
Junto a estas transformaciones, se produjeron cambios en las per- cepciones y representaciones del mundo. Las imágenes e imaginarios constituyentes de “lo global”, vislumbran cómo se entendieron los complejos procesos de mundialización y en qué medida los elementos externos influyeron en las nociones y visiones de mundo de los espa- ñoles. Temas y contingencias que marcaron la agenda internacional y europea, repercutieron directamente en la percepción de la opinión pública española, haciendo más o menos evidente el impacto de la internacionalización de España en pleno proceso de globalización.
Un ejemplo puede observarse en el optimismo presente en la sociedad española respecto a la realidad y las expectativas de futuro.
Una memoria social que se entendía lastrada por la Guerra Civil, la división y un tiempo de aislamiento autoritario, comienza a desaparecer del inconsciente de los españoles. El final del conflicto Este-Oeste y el avance de la Unión Europea, transmite a la ciudadanía española un sentimiento de satisfacción y optimismo en torno al porvenir focalizado en sus expectativas en Europa14. De hecho, este sentimiento de optimismo no representa de modo alguno un cambio en la idea de pertenencia. Por el contrario, el conjunto de la sociedad española sigue privilegiando de forma abrumadora lo nacional/local sobre lo supranacional15, tanto en los aspectos simbólicos, como en materias más concretas como la económica16.
En ese sentido, se observa que los españoles perciben al país como parte del conjunto, no obstante, se encuentra en abierta desventaja
14 Los beneficios que representa para los españoles, así como los sentimientos de adhe- sión y pertenencia, que despierta la Unión Europea, pueden observarse en distintas encuestas de opinión realizadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
En ellas se hace evidente que los españoles no ven traducidos en beneficios personales el ingreso a esta organización. Véase: CIS: Sentimiento Europeísta de los españoles, Estudio n.º 2084 (marzo), Madrid, CIS, 1994, pp. 8-9.
15 CIS: Actitudes hacia la inmigración, Madrid, CIS, 1995, p. 1.
16 Ibíd., pp. 14-15. Casi el 90% de los entrevistados señala su aprobación a que la Unión Europea establezca una protección a los productos españoles. Igualmente, frente a la opción de entregar un trabajo a un extranjero de la Unión Europea: la preferencia a un español es abrumadora.
en relación a los Estados más ricos de la colectividad. Así, entonces,
¿qué explica este sentimiento de optimismo tan vinculado a la Unión Europea? Durante este período, la opinión pública local entiende y asume la integración en Europa como un mecanismo capaz de consolidar los procesos de modernización y democratización del país. Reposiciona a éste, además, en el sistema internacional como un actor global más relevante17. Desde la adhesión en 1986, los espa- ñoles participan de un europeísmo no desinteresado, sino racional
—“europeísmo instrumental”— motivado por el interés y la emoción;
y muy basado en la percepción de las ganancias y beneficios que conlleva su presencia en la Europa integrada. En palabras de Noya, somos europeístas, pero a partir de un cálculo racional.
Esta positiva percepción de la integración no solo se asocia a Europa, sino también puede observarse en otros aspectos. Destacan, por ejemplo, los altos niveles de tolerancia —en comparación a otros países del continente— respecto a la inmigración y la posibilidad de compartir espacios con extranjeros18. Cabe señalar, eso sí, algunos matices relacionados con las colectividades de inmigrantes, por cuanto el grado de tolerancia aumenta cuando se trata de latinoamericanos, pero cambia de forma acentuada si se trata de grupos árabes, en especial, de origen magrebí (marroquíes).
Esta cuestión nos remite a las formas históricas de representación adquiridas en la sociedad sobre los distintos colectivos extranjeros. Se observa que la opinión pública española durante esta década, pese a recibir una importante cantidad de migrantes de países latinoame- ricanos, sigue manteniendo con ellos una relación especial. No solo el pasado o lengua común nutren esta percepción, también lo hacen los intereses y necesidades que se proyectan —como viejo anhelo—
de reinserción de España en Iberoamérica. Aunque el turismo es el principal nodo vinculante entre el país y América Latina, la pretensión de incentivar los nexos comerciales es aceptada ampliamente por la
17 CIS: Barómetro: La Unión Europea, Estudio n.º 2204, Madrid, CIS, 1996; ÍD: Senti- miento Europeísta de los españoles…, p. 10.
18 Javier NOYA: Los españoles ante un mundo…, p. 26.
opinión pública en un período en que —precisamente— la inversión del capital español en la región aumenta de forma considerable.
Todo lo contrario ocurre con las representaciones que se realizan de la colectividad marroquí. Las permanencias del pasado, con sus imaginarios subyacentes, se nutren y entremezclan con prácticas y situaciones mediáticas que confrontan a la sociedad española con el
“otro” musulmán, específicamente, magrebíes. En este sentido, la noción de frontera civilizacional con el Islam, así como las evidentes distancias políticas existentes con la monarquía de Mohamed VI, conducen a los españoles a presentar evidentes reticencias a relacionarse profesional o personalmente con esos migrantes venidos a España19.
Las percepciones de la opinión pública española se nutrieron también de una serie de permanencias. Tendencias que se venían consolidando desde la transición a la democracia, relacionadas con valores y principios que conforman el núcleo del sentir de los es- pañoles. La cultura política derivada del Estado de bienestar sigue vigente, reforzándose ésta al amparo de la consolidación democrática y económica. En esa línea, esta década evidencia un cambio en la formulación de las prioridades que establecen los españoles en el ámbito internacional, precipitando una superación de los aspectos netamente materiales, para dar mayor cabida a cuestiones valóricas y universales20.
Esta tendencia, ha sido explicada —en parte— a partir de aque- llo que los teóricos del cambio cultural han denominado como la consolidación de valores “post-materialistas” en países con un alto grado de desarrollo y bienestar económico21. Sin embargo, no sa- bemos si esta teoría es completamente aplicable al caso español, al derrumbarse como argumento una vez que se produce el atentado del 11-M. La emergencia de la inseguridad y el escepticismo que
19 El índice medio de aprobación que tiene el rey marroquí durante la década es de 6%.
Es, junto a Saddam Hussein, el personaje con menor aprobación entre los principales líderes del mundo. Marruecos es también el país que más preocupa a los españoles como potencial amenaza para el país. Véase: CIS: Política Internacional, Estudio Nº 2446 (febrero), Madrid, 2002.
20 CIS: Barómetro de 1995: La Unión Europea, Madrid, CIS, 1995.
21 Ronald INGELHART: El cambio cultural en la sociedad industrialmente avanzada, Madrid, Siglo XXI, 1991.
despierta el terrorismo, se verán reforzados —años más tardes— con la crisis económica de 2008, que llevó a los españoles a focalizar sus intereses nuevamente en aspectos fundamentalmente materialistas22.
En cuanto a las percepciones y representaciones que se elaboran en torno al “otro”, varios temas marcaron la agenda y la opinión pública española al respecto. La guerra del Golfo, el genocidio ruandés, la conmemoración del V centenario de la llegada de Colón a América, o la guerra en la ex Yugoslavia, son solo algunos de los temas en los que puede rastrarse la percepción de los españoles sobre el mundo y el sistema internacional. Esto último, hace evidente que la estabilización económica situó a la sociedad española en una mirada europeísta acerca de lo que es el mundo exterior, y cuál debe ser el papel de España como país miembro de la Unión Europea23. En esa línea, la cooperación internacional para el desarrollo sigue reforzándose du- rante esta década, siendo considerada una forma de acción política concreta que posiciona a España como un actor preponderante en el orden internacional, pero —especialmente— en América Latina24.
Este papel internacional de España también puede observarse en la importancia que atribuyen los ciudadanos a la participación en operaciones de paz en la Yugoslavia y que posicionan a la OTAN como uno de sus garantes. Si se considera el abierto debate y las dudas que despertaba ésta como organización estratégica, y el papel de España en ella, a mediados de la década de los ochenta, es fácil- mente visible el cambio de actitud y percepción que vive la opinión pública española. La OTAN, así como la Unión Europea en general, reposicionan a España en el ámbito internacional, cuestión que es validada y respaldada por una amplia mayoría de la opinión pública.
Puede señalarse, finalmente, el escaso interés por otras regiones.
Asia, Europa Oriental y en menor medida África, representan in- tereses y preocupaciones más bien marginales para nuestra opinión pública. Así, por ejemplo, el mundo subsahariano suscita inquietud por la pobreza, el desorden institucional y los imaginarios históricos
22 Javier NOYA: Los españoles ante un mundo…, pp. 29-30.
23 CIS: Integración Europea, Mayo, Madrid, CIS, 1997.
24 CIS: España ante Iberoamérica, Estudio n.º 2310 (noviembre), Madrid, CIS, 1998
divulgados por los medios de comunicación (p.ej.: la “barbarie” del genocidio ruandés).
Por su parte, el Magreb constituye la primera preocupación de los españoles, por la potencial inestabilidad estratégica que repre- senta para el país y Europa. En este sentido, podemos ver que las preocupaciones tienen como norte referencial la Unión Europea, siempre desde una mirada que fija en la dialéctica local/global, los intereses y las expectativas de la sociedad española en su inserción en el nuevo orden internacional.
4. oPiniónPúblicaesPaÑolaysusiMágenes delaeraglobal (2001-2010)
Durante el siglo xxi, los españoles han vivido una serie de aconte- cimientos internacionales, sin embargo, no todos han producido cambios en los imaginarios de las personas. Así, por ejemplo, el 11-S trastocó abruptamente las dinámicas globales tras la Guerra Fría y modificó las percepciones españolas de la política mundial.
El terrorismo se transformó en una prioridad en la agenda in- ternacional, la cual impulsó —en paralelo— un giro en la acción exterior española. El gobierno de José María Aznar (2002-2004) impuso un modelo articulado en torno al debilitamiento de la di- mensión europea, como también el alineamiento con la estrategia de EE.UU. Ello rompió el consenso que había primado en política exterior desde la transición.
Más allá de las políticas que guiaron esos años el actuar del go- bierno del Partido Popular, el atentado al World Trade Center en septiembre de 2001 provocó un cambio en la actitud de los españo- les. Por entonces, EE.UU. era percibido un país distante y no tan amigo de España; sin embargo, el ataque cambió abruptamente esa tendencia y favoreció el estrechamiento de los vínculos25. No se trata de un respaldo absoluto a las acciones en Afganistán, sino de una
25 CIS: Atentado terrorista en los Estados Unidos, Estudio n.º 2436 (septiembre), Madrid, CIS, 2001.
aproximación de Europa a los intereses de EE.UU.; como también de la emergencia de una mayor empatía con el pueblo estadounidense tras el dramático atentado.
Esta tendencia inicial, amparada en los esfuerzos de Aznar por acercar España a EE.UU., se mantuvo poco tiempo; ya que tras los atentados del 11-M vuelve a evidenciarse en la opinión pública española altos índices de distancia, desinterés y poca simpatía hacia las políticas estadounidenses. El unilateralismo y militarismo de Washington son percibidos, en definitiva, como causas de la inseguridad global26.
En cuanto al terrorismo internacional, se observa —en primer lugar— la relevancia que juegan los factores internos. La percepción que se instala tras el engaño del gobierno de Aznar respecto al atentado de Atocha, confirmó el escepticismo que había despertado la decisión de participar en la guerra de Iraq. Luego del 11-M, junto al miedo y la inseguridad, la opinión pública española retoma históricos de reticencia y desconfianza hacia la potencia del Norte.
La administración socialista de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) sitúo nuevamente a Europa como eje de la acción exterior, propició el fortalecimiento del multilateralismo, una asociación sin seguidismos con EE.UU., y un entendimiento occidente/mundo árabe-islámico (Alianza de Civilizaciones)27.
Las dinámicas generadas tras los atentados habían establecido un determinando sentimiento de amenaza. A diferencia del sosiego de los años noventa, los españoles percibieron la siguiente década un mundo plagado de crecientes amenazas globales no militares en el escenario internacional. Aun cuando eran conscientes de que no existía un desafío militar inminente, el 11-S en EE.UU. y el golpe yihadista sufrido en España convirtieron el terrorismo internacional en la principal preocupación. Entre los años 2003 y 2006, el 70%
de los españoles se consideró seriamente amenazado por tal crimi- nalidad, asociando en su imaginario el fundamentalismo islámico y el terrorismo internacional.
26 Javier NOYA: Los españoles ante un mundo…, pp. 300-301.
27 Celestino DEL ARENAL: Política exterior de España y relaciones con América Latina, Madrid, Fundación Carolina-Siglo XXI, 2011, pp. 112-118.
Cuando este comenzó a declinar, la crisis económica lo reemplazó como la principal amenaza, abriéndose desde 2009 una nueva fase del “vivir peligrosamente”28. La nueva “ideología del miedo”, dirá Joaquín Estefanía, que acompaña a la Gran Recesión, se instala en un sociedad temerosa a perderlo todo, neutralizando —por esa inseguridad— cualquier reacción o respuesta positiva29. Ya no solo es pesimismo, sino también temor al presente y futuro inmediato.
En noviembre de 2010, así lo certificaba un estudio de la Fun- dación Pfizer (“Los españoles y la enfermedad del miedo”) que buscaba determinar el impacto de la crisis económica en la vida de los españoles. Más de un 40% de los entrevistados manifestó temor a perder su trabajo al año siguiente; mientras un 86% de los des- empleados consultados consideraba difícil volver a una ocupación laboral en plazo razonable. La población está asustada —concluía el estudio— subrayando cómo el miedo al futuro puede convertirse en una auténtica paralización, el pavor transformarse en desesperación y de ahí desembocar en la rabia social30.
La crisis económica modificó también hasta cierto punto las percepciones relativas a la cooperación para el desarrollo. Aunque se concibe ésta como necesaria para paliar las enormes desigualdades, la pobreza y las injusticias, no puede ir en detrimento del bienestar de los españoles31. Se estima que América Latina y África Subsaha- riana deben ser el foco de las ayudas, sin embargo, éstas deben estar sujetas a políticas migratorias concretas o —en su defecto— estar orientadas a países pobres que tienen una alta tasa de migrantes en el país. En otras palabras, existe la convicción de que creando mayores oportunidades en los países de origen habrá menos migración.
En este contexto, aparecen matices que nutren la percepción de los españoles respecto a la inmigración. La tendencia que había
28 Javier NOYA: Los españoles ante un mundo…, pp. 155-160.
29 Joaquín ESTEFANÍA: La economía del miedo, Barcelona, Galaxia-Gutenberg, 2011, pp. 15-18.
30 Ibídem, p. 21.
31 Así, por ejemplo, en septiembre de 2010 más del 60% de los encuestados apoyó la decisión del gobierno de disminuir los fondos destinados a cooperación para el desarrollo. Véase: CIS: Cooperación y América Latina, Estudio n.º 2845 (septiembre), Madrid, CIS, 2010.
caracterizado las últimas décadas, señalaba una mirada tolerante a la llegada de extranjeros, los cuales —por lo demás— contribuían al desarrollo. Con la crisis esto cambia y el fenómeno migratorio de africanos, árabes y latinoamericanos, comienza a introducir nuevas percepciones que se ven determinados por el nuevo perfil de in- migrante que llega a España y la ampliación de sus colectividades.
El temor que representan las amenazas a la estabilidad económica, el empleo y el bienestar en general, llevan a la ciudadanía a sentirse desplazados. A primera vista, queda la sensación entre los ciudadanos de que el Estado ha descuidado a “los españoles”, especialmente, en lo referido a sanidad y educación; sectores que han visto mermada su calidad debido —a su juicio— al alto número de extranjeros que deben atender.
Todo lo anterior ha ido conformando un panorama más bien gris respecto al tema, facilitando un trato despreciativo y marginal hacia ciertos colectivos de extranjeros. Ello ha fortalecido la percepción de que estos grupos reciben mucho más de lo aportan al Estado, generando además mayores índices de delincuencia e inseguridad32. Simultáneamente, parece interesante resaltar las nociones que despierta la idea de la globalización, sobre todo por el desconoci- miento y contrasentidos que muestra su imagen entre los españoles.
Aunque son conscientes que este proceso puede provocar consecuen- cias negativas en el país y el mundo, la falta de alternativas viables y coherentes, más los beneficios económicos y políticos, llevan a valorarla positivamente33. De hecho, solo los sectores menos cuali- ficados ven la globalización como una amenaza (“globofobia”) ante
32 CIS: Actitud ante la inmigración (III), Estudio n.º 2817 (octubre), Madrid, CIS, 2009.
33 Aquí resulta interesante observar la opinión de los españoles respecto a los movi- mientos antiglobalización. Pese a concordar con la crítica que hacen al proceso de mundialización, no ven que presenten alternativas sólidas que permitan ir más allá en la adhesión. Véase: CIS: Barómetro - Expectativas para 2003, Madrid CIS, 2002;
ídem: Globalización y relaciones internacionales, Estudio n.º 2606 (mayo), Madrid, CIS, 2005; ídem: “Globalización”, Estudio n.º 2628 (noviembre), Madrid, CIS, 2005.
las consecuencias laborales de la deslocalización de las inversiones extranjeras en España34.
Los avatares internacionales de la década, en tanto, no han afectado sustancialmente a una de las dimensiones básicas del com- portamiento español: su europeísmo. A pesar las dificultades que ha vivido la Unión Europea, España sigue estando entre los países más europeístas. Lejos del pujante euroescepticismo que recorre el continente, los españoles apuestan por Europa. ¿Qué impacto tuvo la crisis económica en el europeísmo español? La Gran Recesión re- frenda los argumentos anteriores, pero en una línea preocupante. Los españoles manifiestan su fidelidad al proyecto europeo, aun cuando cabe percibir cómo ese apoyo ya no resulta incondicional. La crisis, dirán Andrés Ortega y Ángel Pascual-Ramsay, cambia España. En menos de cuatro años, deja de ser el país europeo que más empleo creaba para conocer cifras de paro superiores a los cinco millones de personas y reducir su PIB a niveles de 2004. Varias generaciones de españoles no habían vivido un cambio de tal alcance desde la transición a la democracia35.
En suma, todas estas visiones de la situación internacional per- miten comprobar cómo esta complicada década ha generado un clima marcado por el pesimismo, la inseguridad y la resistencia, con altibajos entre la opinión pública a la hora de encarar las expectativas hacia el futuro.
5. consideracionesfinales
La opinión pública española actúa con racionalidad en política ex- terior. Tampoco se muestra ajena a las tendencias y desafíos que definen el tiempo global desde el final de la Guerra Fría hasta la actualidad. Nuestra sociedad civil se interesa cada vez más por el
34 Javier NOYA: Los españoles ante un mundo…, pp. 57-59.
35 Andrés ORTEGA & Ángel PASCUAL-RAMSAY: ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país, Barcelona, Galaxia-Gutenberg, 2012, pp. 251-252.
mundo, a partir de un conjunto de percepciones derivadas de diná- micas de cambio y continuidad.
La llegada de la democracia y la integración de España en Euro- pa, ayudaron a la internacionalización del país en pleno proceso de globalización, reposicionándose en el sistema internacional como un actor más, con sus propias definiciones. Tras la etapa dorada de los años noventa, la opinión pública española enfrentó la última década una serie de acontecimientos que impactaron directamente en el sentir ciudadano, percibiendo el mundo como un espacio cada vez más complejo, inestable y multipolar.
Superado el temor al terrorismo internacional, una nueva ideología del miedo ha acompañado a la Gran Recensión. Los ciudadanos están asustados y manifiestan pesimismo ante su futuro, generándose un clima de inseguridad y resistencia que percibe la migración como un problema. Del mismo modo, la crisis económica y las nuevas directrices en política exterior del gobierno español, explican en parte la vuelta de los españoles a un tradicional ensimismamiento.
Sin embargo, a pesar de estos recientes altibajos, España continúa percibiéndose como una potencia media muy presente en el esce- nario internacional, gracias a la trascendencia de su capital cultural.
Por último, si bien las percepciones de los acontecimientos inter- nacionales son similares a las evidenciadas en el resto de Europa, la sociedad civil española muestra una particularidad: la cristalización de sus opiniones ha tardado más tiempo. Así, por ejemplo, la globalización fue el tema de los años noventa, pero solo cobró relevancia en España a principios del siglo xxi, cuando las empresas españolas se consolidaron en el exterior, particularmente, en América Latina. Lo mismo frente a la amenaza del terrorismo internacional, el cual se transformó en una real preocupación tras los atentados del 11-M.