UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS
Facultad de Ciencias Humanas y SocialesGrado en Relaciones Internacionales
Trabajo Fin de Grado
Los límites y potencialidades
de los Objetivos de Desarrollo
del Milenio
Estudiante:
Ana Torres Pastor
Director: Dña. María Natalia Millán Acevedo
Abstract: En el presente trabajo tiene por objeto analizar los resultados obtenidos tras la llegada del año 2015, fin de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para ello, primeramente, se va a explicar el marco teórico bajo el que se va a asentar el trabajo, así como los conceptos de gobernanza global y globalización, el papel de las Naciones Unidas dentro del sistema internacional en que nos encontramos y la influencia de Amartya Sen en el concepto de desarrollo en dicha institución y base de la agenda de los objetivos.
A continuación, se expondrán los antecedentes a la Declaración de los Objetivos del Milenio, basados en diversas conferencias mundiales. En la misma línea, se realizará una explicación de su formulación, así como los elementos positivos y negativos de dicha Declaración. Seguidamente, se examinarán los logros y fracasos obtenidos con la llegada del año 2015, diferenciando los resultados extraídos por regiones tanto para aquellas en desarrollo como para las más desarrolladas.
Finalmente se presentarán las conclusiones con todo lo analizado anteriormente, de manera comprensible y que pueda ser útil para futuros estudios e investigaciones.
Índice
Capítulo 1: Introducción ……… 5
1.1. Fundamentación de la investigación ……….. 5
1.2. Preguntas de investigación y objetivos ……….. 6
1.3. Metodología y estructura ………... 7
1.4. Marco teórico ……… 8
1.4.1. Estado del arte ………. 8
1.4.2. Postulados epistemológicos ……….. 10
Capítulo 2: Globalización, interdependencia y el concepto de desarrollo ………. 12
2.1. La gobernanza global y el efecto de la globalización ………. 12
2.1.1. La globalización ………... 12
2.1.2. La gobernanza global ………... 14
2.2. Las Naciones Unidas como Organización Internacional esencial ……….. 15
2.3. El concepto de desarrollo humano ………. 16
2.4. La aportación de Amartya Sen al desarrollo y la cooperación internacional ……. 19
2.4. Conclusiones del capítulo ………... 20
Capítulo 3: La Declaración del Milenio ………. 22
3.1. Antecedentes de los Objetivos del Milenio ……… 22
3.2. La Declaración del Milenio ……… 24
3.3. Una concepción restringida de desarrollo humano ……… 29
3.4. Elementos positivos de la Declaración ………... 30
3.5. Elementos negativos y limitaciones de la Declaración ……….. 32
Capítulo 4: Análisis de los resultados obtenidos tras los Objetivos del Milenio … 35 4.1. Análisis cuantitativo de la agenda ……….. 35
4.2. Análisis cualitativo de la agenda ……… 42
4.2. Enseñanzas obtenidas tras el año 2015 ………... 43
Capítulo 5: Conclusiones y reflexiones finales ……….. 46
Capítulo 5: Bibliografía ...………...…… 48
Siglas y Acrónimos
AOD Ayuda Oficial al Desarrollo
CNUMAD Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente
CONDORD Confederación Europea de ONG de Emergencia y Desarrollo
FMI Fondo Monetario Internacional
IDH Índice de Desarrollo Humano
ODM Objetivos de Desarrollo del Milenio
ODS Objetivos de Desarrollo Sostenible
ONG Organización No Gubernamental
ONU Organización de Naciones Unidas
PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
TAR Terapia Antirretroviral
Capítulo 1: Introducción
Durante el 2015, dirigentes del mundo se reunieron en la Organización de Naciones Unidas para analizar los resultados obtenidos después del compromiso adquirido en el año 2000. Estos líderes mundiales acordaron de forma conjunta luchar contra la pobreza en todas sus dimensiones, que se tradujo en los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Numerosos fueron los logros obtenidos hasta entonces, desde la reducción de la mortalidad infantil en todo el mundo, un mayor acceso del número de niñas a la escolarización, hasta la mejora de las condiciones de vida de numerosos individuos y la propia protección del planeta. Esto es, una mejora de la atención oficial y universal sobre estas cuestiones, así como un régimen mundial de seguimiento.
1.1. Fundamentación de la investigación y objeto de estudio
Junto con las propias actividades de los Estados, el sistema internacional y su estructura se ven cada vez más afectados por la globalización. Los procesos de interrelación e interconexión entre los países son cada vez mayores, y por ello el grado de integración e interdependencia de los aspectos económicos, comerciales y sociales. Todo ello ha dado lugar a una transnacionalización de las políticas y economías a escala global, regional, nacional y local, desembocando en una dimensión en la que los problemas del desarrollo pasan a ser globales, y por tanto afectar a todas las regiones del mundo.
Sin embargo, la globalización ha supuesto un cambio en la dinámica de los Estados y sus interacciones. Estas interacciones han puesto en valor la importancia de las Organizaciones Internacionales como factores clave en el sistema internacional. También han supuesto la aparición de grandes multinacionales y corporaciones con gran poder e influencia en el panorama global. Todo ello se traduce en un mayor número de actores jugando un papel importante en las relaciones internacionales, por lo que la búsqueda de acuerdos e integraciones por parte de los Estados pasará a ser fundamental. El papel de los organismos internacionales parece clave para entender los desafíos que suponen las circunstancias globales para los Estados y la necesidad de crear respuestas conjuntas, y no unilaterales, en su lucha. El origen de las Naciones Unidas se centraba, como ente internacional que engloba la gran mayoría de los países del planeta, en la lucha contra la pobreza y posteriormente, con la globalización, surgieron otros problemas como consecuencia de los procesos de transnacionalización en el mundo.
El objetivo del presente trabajo de fin de grado se centra por tanto en analizar la Agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, concentrando este estudio en el potencial movilizador de los países para una lucha común e integrada. Esta se materializa, a través de las Naciones Unidas, con la implementación de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio como responsabilidad global de los distintos países. En esta línea, el presente análisis contiene una exposición de las repercusiones en las políticas y dinámicas, evidenciada con los resultados obtenidos en el año 2015. De la misma manera, se muestran los resultados a nivel mundial del compromiso adquirido, por primera vez en el marco internacional, bajo la Declaración del Milenio.
1.2. Preguntas de investigación y objetivos
El presente trabajo tiene dos objetivos principales. El primero de ellos se centra en exponer y explicar la configuración de los ocho Objetivos de Desarrollo a escala global, capaces de conseguir un sistema de seguimiento de la cooperación entre Estados en la lucha contra las desigualdades. Para ello, nos remontaremos a la Declaración del Milenio y las numerosas convenciones que tuvieron lugar previamente a dicha declaración – relacionada con aspectos sociales, económicos o políticos entre otros–. Esto es, entender que dicha declaración supuso el primer acontecimiento en que la comunidad internacional llegaba a un acuerdo y en la que los propios países asumían responsabilidades que traspasaban sus propias fronteras. Además, se expondrán todos y cada uno de los ocho objetivos contenidos en la agenda, así como las metas de los mismos.
El segundo objetivo de este trabajo se basa en analizar los resultados obtenidos, tanto a nivel general como regional, tras la finalización del periodo establecido para los ocho objetivos. Esto es, exponer una valoración argumentada y específica, a través de un análisis cualitativo y cuantitativo, de la agenda de los ODM, incluyendo para ello los logros, desafíos y limitaciones que esta supuso en el sistema internacional y en los diferentes países comprometidos con dichas metas. En la misma línea, se explicarán las críticas hechas a los ODM y las lecciones aprendidas que han servido para la configuración de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Por lo tanto, como resumen, este Trabajo de Fin de Grado aspira a responder a tres preguntas fundamentales. Primera, ¿qué importancia tuvieron los pasos previos a la Declaración del Milenio?, y con ello, ¿se configuraron correctamente los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio? Segunda, ¿cómo evolucionaron los ODM durante los quince
años de duración de su agenda? Tercera, ¿Fueron mayores los logros que los fracasos obtenidos tras el año objetivo, o por el contrario no fue así? ¿Tuvieron el mismo impacto en todas las regiones? Y ¿sirvieron las lecciones aprendidas para la configuración de los ODS?
1.3. Metodología y estructura
La presente investigación tiene como fin estudiar los logros obtenidos en el marco de los Objetivos del Milenio tras el año 2015; esto es, analizar su repercusión a escala global, regional, nacional y local. Además, permitirá extraer conclusiones acerca de los fracasos de algunos de los objetivos como fruto del análisis realizado. A continuación, se analiza la metodología y estructura del trabajo.
En primer lugar, y para proceder a la elaboración del marco teórico, se expondrá de manera breve y concisa diferentes teorías de las relaciones internacionales para poder así analizar el papel de la globalización y la importancia de los actores transnacionales, como los organismos internacionales o las empresas o grandes corporaciones multinacionales. Con la intención de ofrecer una visión específica de las diferentes disciplinas estudiadas y autores más relevantes que hayan estudiado la cuestión, se puso especial énfasis en las teorías realistas y sociológicas.
En segundo lugar, y para poder entender bajo qué base se constituyeron los Objetivos del Milenio, se va a obtener una aproximación al concepto de desarrollo humano elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Esto es, una exposición del marco teórico clave para entender el establecimiento de los ocho objetivos. Para ello se argumentará la importancia de la globalización y la gobernanza mundial, así como la labor de las Naciones Unidas como asociación de gobierno global. Además, se hará referencia al concepto de desarrollo humano y sus precedentes, destacando la figura de Amartya Sen como su principal propulsor. Finalmente, y para poder llegar a nuestro objeto de análisis se presentarán las aportaciones del economista y filósofo al PNUD y a los ocho Objetivos del Milenio.
En tercer lugar, se explicarán las conferencias y antecedentes de la Declaración del Milenio, y su importancia para la elaboración y fundamentación de los objetivos. Además, se analizarán los elementos positivos y negativos de cómo se formuló dicha Declaración.
En cuarto lugar, se realizará un análisis cuantitativo y cualitativo, de los resultados obtenidos tras el 2015 –año objetivo–. Estos resultados, positivos y negativos, se estudiarán por regiones, y seguidamente se expondrán las enseñanzas obtenidas en el sistema internacional tras la finalización de los ODM.
Finalmente, y relacionando todo lo mencionado a lo largo del presente Trabajo de Fin de Grado, se expondrán las conclusiones con respeto a los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio y las repercusiones que estos tendrán sobre la agenda 2030, configuradora de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El trabajo se ha desarrollado centrando la investigación en el uso de metodología cualitativa de todos los aspectos esenciales para comprender el objeto del estudio del mismo. Para conseguir esta metodología se hizo uso de fuentes bibliográfica primarias y secundarias –ambas especializadas en los conceptos que se pretenden exponer– y que se realizó, esencialmente, mediante revisión de la literatura. Para ello, se utilizaron diversas fuentes primarias como libros, informes científicos y documentos oficiales, además de fuentes secundarias como documentos críticos y ensayos. Además, para la búsqueda de estas fuentes se utilizaron plataformas online como GoogleScholar –que dispone de gran número de libros online– o bases de datos como EBSCOhost, SABI y EconLit. Así mismo, los informes y documentos de las Naciones Unidas también fueron de especial relevancia para nuestro trabajo de investigación. Todo esto se tradujo en una revisión de la bibliografía completa, exhaustiva y minuciosa.
1.4. Marco teórico
En este apartado se va a presentar un análisis de diversos autores relevantes para la realización de este trabajo, así como de los diferentes postulados epistemológicos necesarios para poder comprender el marco sobre el que se asienta la presente investigación.
1.4.1. Estado del arte
La globalización ha sido, durante décadas, objeto de estudio de numerosos académicos en el panorama internacional. Anthony Giddens, sociólogo inglés, estudió en gran medida los efectos de la globalización en las sociedades modernas. El autor define la globalización como un proceso social que afecta a las vidas cotidianas de los individuos; además, este defiende la globalización y una democracia ligada con el libre mercado. Para
el autor, el riesgo y la incertidumbre se presentan negativamente materializadas en amenazas medioambientales (Giddens, 2000). La teoría de este autor se basa por tanto en una tolerancia cosmopolita, contraria a las ideas fundamentalistas de otros investigadores. Por otro lado, autores como Ulrich Beck, sociólogo alemán y uno de los teóricos más relevantes en materia de globalización, considera la misma como un proceso configurador de vínculos, relaciones y espacios transnacionales, así como revalorizador de las culturas locales y que “aproxima a un primer plano terceras culturas” (Beck, 2008:36).
Sin embargo, los Objetivos del Milenio son más recientes en materia de relaciones internacionales, comenzando su estudio y críticas con su propia creación –año 2000–. Por un lado, y posteriormente a la configuración de los ODM, numerosos autores han realizado análisis desde sus inicios. Figuras como la de Jean-Louis Arcand, economista del desarrollo, realiza críticas con respecto a dichos objetivos, mostrándose escéptico ante su utilidad y calificándolos como simples ilusiones. De hecho, el autor va más allá y critica la ausencia de temas como la desigualdad o la redistribución dentro de la Agenda del Milenio. Además, el economista critica el funcionamiento de la ONU, pues califa las razones políticas como mero movilizador de sus actividades (Burnand, 2014). Por otro lado, encontramos a Óscar Mújica, investigador de la Organización Panamericana de Salud, quien ha realizado importantes contribuciones científicas en materia sanitaria y ha realizado numerosos análisis acerca de los ODM y su impacto en América Latina y el Caribe (Torres & Mújica, 2004).
No obstante, y posterior a la llegada del año objetivo, no solo han sido investigadores y científicos los que han analizado los Objetivos del Milenio. Primero, destaca el papel de las Naciones Unidas con sus publicaciones anuales dedicadas al seguimiento y evolución de dichos objetivos, mediante sus metas e indicadores, hasta la llegada del año 2015 –luego continuaría con la agenda 2030–. Además, el Banco Mundial también se involucró en gran medida en el análisis y repercusión de los ocho objetivos en las diversas regiones y países del mundo –principalmente en aquellas en vías de desarrollo– (Banco Mundial, 2015). Así mismo, ONGs como Economista sin Fronteras han realizado importantes aportaciones al análisis de los ODM, con informes anuales acerca del grado de cumplimiento de los mismos, incluyendo perspectivas de futuro, así como aprendizajes (Social Watch , 2014). Por último, y centrándonos en el marco europeo, la Confederación Europea de ONG de Emergencia y Desarrollo (CONCORD), también ha realizado análisis y campañas a nivel europeo en materia de desarrollo. Su gran aportación en el
panorama internacional se ve reflejada en las publicaciones anuales del informe AidWatch, en los que plantea los desafíos a los que debe hacer frente la Unión Europea para cumplir los ODM –hoy en día los ODS– (CONCORD, 2014).
Por tanto, podemos ver cómo han sido numerosos los investigadores y organizaciones que han analizado los ODM desde su origen hasta su periodo de finalización –mediante informes anuales, estadísticos y evaluaciones–.
1.4.2. Postulados epistemológicos
Las teorías realistas sitúan la anarquía como base del sistema internacional, y por tanto como elemento principal bajo el que los Estados, que ostentan la totalidad del poder, se relacionan. Sin embargo, hoy en día la presencia de otros actores en el panorama internacional es evidente, por lo que los Estados ya no se relacionan únicamente entre sí, sino además con entes u organismos internacionales. De esta manera, y con la creación de dichos organismos, los constructivistas, por su parte, hablan de un sistema organizado y gobernado, en el que la ausencia de autoridad superior a los estados desaparece, y las instituciones, basadas en intereses e identidades, buscan la cooperación entre Estados. Esto es, tal y como afirmó Alexander Wendt: “Anarchy is what states make of it” (1992). De esta manera, el análisis de las Relaciones Internacionales pasa a centrarse en la idea de “sociedad global” o “sociedad mundial”, fundamentada en una “gobernanza global”, bajo la que tienen lugar interacciones entre actores, con distinto rango de poder y supremacía, para desarrollar compromisos, pactos o acuerdos, formales o informales (Barnett & Sikkink, 2008)
Bajo el concepto de “gobernanza global” aparecen dos actores clave (Barnett & Sikkink, 2008). Por un lado, encontramos los actores transnacionales no estatales, como son las grandes multinacionales, ONGs como la Cruz roja o incluso la propia Iglesia Católica. Por otro lado, se encuentran los organismos internacionales como las Naciones Unidas, el FMI o el Banco Mundial (UNESCO, 1993). Al tratarse este trabajo de metas y objetivos establecidos por las Naciones Unidas, vamos a comenzar centrándonos en el papel de las Organizaciones Internacionales. Definidas como “Una asociación de estados, establecida por un acuerdo entre sus miembros y dotada de un aparato permanente de órganos, encargado de perseguir la realización de objetivos de interés común por medio de una cooperación entre ellos” (Virally, 1977), el estudio de estos organismos comenzó en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y se configuraron como resultado y fruto de las relaciones en el ámbito internacional e institucionalización de la política
mundial. Esta última se ve reflejada en dos aspectos principales: la aparición y expansión de organizaciones internacionales y el mayor número de acuerdos entre Estados como muestra de su lucha y concienciación por la integración (Shanks, Jacobson, & Kaplan, 1996).
En este sentido, y para el análisis del tema objetivo de este trabajo, se realiza un análisis a través de un enfoque sociológico, es decir, de teorías sociológicas; esto no es nuevo en el marco de las relaciones internacionales. A diferencia de las creencias de los realistas, aquellos que optan por la sociología basan su concepción en la existencia de una relación muy estrecha entre sociedad y organismos internacionales. Considerando la sociedad internacional como una asociación de Estados, actividades como el diálogo y su posterior aprobación suponen un elemento clave para establecer acuerdos o instituciones que regulen sus relaciones, reconociendo por tanto la necesidad de mantenerlos en el futuro (Watson & Bull, 1984). Además, dentro de esta concepción sociológica, aparece la escuela inglesa, que caracteriza a dichos organismos como una serie de normas sociales o prácticas. Estas son aceptadas por los sujetos que componen la sociedad y adecuadas en función de lo que se debe y no hacer basándose en aspectos coyunturales. Por tanto, los organismos internacionales sirven tanto para la propia libertad de los Estados como para el orden entre ellos (Suganami, 1983; Dunne, 2008).
A modo de conclusión, al aplicar dicho marco teórico al tema principal de este Trabajo de Fin de Grado, y por tanto a nuestro objetivo final, podemos destacar varios aspectos. Primero, el hecho de que las teorías realistas no se adaptan a lo que se pretende analizar, puesto que no concibe la presencia de actores internacionales más allá de los Estados, y que las únicas relaciones que existen entre ellos buscan el conflicto (García, 2006). Segundo, la relevancia de las teorías reflectivistas más moderadas como las constructivas, caracterizadas por tener un posicionamiento intermedio entre las nacionalistas y reflectivistas, en concreto las sociológicas. Estas teorías se muestran como aquellas más adecuadas para entender el contexto de las entidades internacionales y futuro análisis del presente trabajo. Por tanto, podemos ver como el estudio de los organismos internacionales ha evolucionado desde planteamientos más tradicionales hacia aquellos más críticos, encaminados a transformar el camino en una gobernanza e integración globales.
Capítulo 2: Globalización, interdependencia y el concepto de desarrollo
2.1. El efecto de la globalización y la gobernanza global
La globalización, factor configurador clave del escenario internacional actual, ha supuesto una transformación, tanto en las relaciones entre los Estados y los actores internacionales, como en las propias sociedades que la conforman –a nivel local y global. Este proceso da lugar a un sistema internacional con unos requisitos, condiciones y reglas propias, cada vez mayores, que exceden al poder de los Estados. De esta manera, la capacidad de tomar decisiones acerca de sus estrategias nacionales es cada vez más reducida (Alonso, 2009).
La globalización, por tanto, se presenta como símbolo de amenaza, así como de promesa, para los países que conforman el panorama internacional en que nos encontramos. De hecho, un ejemplo claro de los efectos de dicho proceso se proyecta visiblemente en los aspectos que conciernen a las economías nacionales, viéndose beneficiadas por la globalización en el acceso a nuevos y cada vez mayores mercados, implicando a su vez progresivas amenazas competitivas (Mayntz, 2002). En esta línea, se presenta el dilema de la instauración de un orden económico mundial en el que los procesos económicos se orientan con mayor frecuencia al ámbito internacional escapándose así, cada vez más, del propio control de los Estados. Esto supone la necesidad de una estructura global en la que los Estados, bien mediante acuerdos multilaterales –como el Tratado Antártico–, o bien bajo organizaciones internacionales – como el FMI o la Unión Europea– actúen de manera conjunta y organizada (Messner, 2003).
Este paso hacia una gobernanza global supone el camino hacia la responsabilidad de los países de formar parte de un proyecto común, que vaya más allá de sus propios territorios. Esto se traduce en la supremacía del marco global sobre el antiguo concepto de Estado-Nación y, por tanto, la construcción de un nuevo orden mundial que persiga la integración bajo un sistema basado en la cooperación y colaboración (Arocena, 1997).
2.1.1. La globalización
El concepto de globalización ha sido objeto de discusión entre diversas ramas de lo social, englobando dentro del ámbito de las relaciones internacionales a autores como Esther Barbé o Manuel Castells. Además, disciplinas que abarcan desde la sociología o la política hasta la economía también presentan sus teorías acerca del concepto de
globalización. Por ende, entendemos que se trata de un elemento de análisis complejo, con múltiples dimensiones y en constante transformación, que repercute directamente en los Estados y sus interacciones (Castells, 1997).
La globalización abarca, no solo transformaciones de interdependencia y alteraciones en los sistemas de poder de los diferentes actores, sino que además representa un proyecto político y una ideología determinada (Hettne, 2002). Existen diversas explicaciones que tratan de dar una visión de este fenómeno desde las perspectivas académicas y políticas. Primero encontramos el globalismo, basado en un modelo de desarrollo preeminente en nuestro tiempo, que se asienta sobre las bases de un mercado global característico y sin límites marcados, que vela por la evolución y el desarrollo económico de todas las regiones del planeta (Beck, 2005; Sala-i-Martin, 2002). Este concepto, por tanto, expone la similitud entre el libre mercado y una mayor eficiencia para los Estados y sus economías. Esto significa que, en caso de producirse una intervención de alguno de ellos en el sistema global, se generarían obstáculos e impedimentos en la economía mundial (Falk, 2002).
En contraposición a este pensamiento de globalismo aparecen autores como Held y Mcgrew, que presentan el concepto de globalización como tradicional y antiguo, basado en el desarrollo mundial de la economía occidental (Ritzer, 1996). Por tanto, y en línea con dichas explicaciones contrapuestas, aparecen una gran variedad de autores que exponen la idea de una globalización que supone desafíos y obstáculos globales, pero que a su vez otorga a los países oportunidades en diversos campos –la pobreza, la democracia o el medioambiente– (Bhagwati, 2005). De esta manera, al tratarse de un fenómeno tan complejo, nos centraremos en la importancia de las interdependencias y la transnacionalización para poder poner en contexto el objetivo del presente trabajo.
Las interdependencias entre los Estados son cada vez mayores, lo que está produciendo cambios en las relaciones entre los mismos, así como en el ejercicio de poder a escala local, regional y global (Held, 2004). Esto ha provocado la transición de una sociedad internacional restringida por los factores de espacio y tiempo a la hora de desarrollar sus relaciones, a una sociedad global en la que lo instantáneo y lo transnacional juega un papel esencial (Arenal, 2002). Por tanto, las interacciones suponen un cierto grado de dependencia entre Estados, provocando resultados recíprocos; esto es, un incremento de su inseguridad, así como una reducción de su autonomía. Además, esto repercute en las
actividades de los ciudadanos con sus soberanos, así como en el papel de los actores no estatales en el sistema internacional (Stern, 1999). La interdependencia podría tratarse de un concepto bien simétrico o asimétrico. El primero de ellos tendrá lugar cuando las relaciones de poder sean equilibradas y por tanto estén equiparadas. Sin embargo, esto apenas ocurre en el panorama internacional ya que no afecta de igual manera a todas las partes. El segundo, en cambio, tendrá lugar cuando algún actor posea una capacidad de influencia mayor sobre el resto de miembros (Arenal, 2002).
Las relaciones transnacionales provocan una serie de cambios en las actividades humanas y sus vínculos de poder. La globalización, como cada proceso histórico, requiere de una serie etapas previas a su desarrollo. En la etapa en que nos encontramos, esta se ha caracterizado esencialmente por la transnacionalización de la sociedad cosmopolita. Esto se traduce en la intensificación de las interacciones –económicas, políticas y sociales– más allá de las fronteras, dando lugar a interdependencias que conformarán una nueva sociedad moderna (Arenal, 2002). Todo esto ha dado lugar a un sistema mundial interconectado, con un mayor número de procesos de interdependencia, en el que todas las sociedades tienen retos y obstáculos compartidos (Beck, 2005). Por tanto, los riesgos pasan a configurarse como un problema global que afecta por igual a toda la humanidad. Además, estos riesgos se escapan, cada vez más, del alcance de las instituciones encargadas de la protección de la sociedad (Giddens, 2000).
Por tanto, tanto los procesos de interdependencia como los de transnacionalización son elementos característicos del proceso moderno de globalización. Ambas concepciones han supuesto una trasformación tanto de las relaciones entre los Estados, como de las estructuras de poder. Surgen con ellos unos valores y percepciones nuevas que configurarán la personalidad de los nuevos actores, nacionales y globales (Millán, 2013)
2.1.2. La gobernanza global
Al igual que ocurre con la noción de globalización, no existe en el ámbito teórico un consenso acerca del concepto de gobernanza global. Held intenta ofrecer una visión pluralista, fundamentándolo en un conjunto de niveles, dimensiones y actores en que son las instituciones las encargadas de determinar los productos de las medidas globales; esto es, qué corresponde a quién (Held & McGrew, 2003). Los globalistas abogan por la democratización de la globalización, legitimando así la gobernanza global. Los escépticos, por su parte, sustentan su idea en un capitalismo monopolista globalizado, sin
creer en la existencia de una gobernanza global por parte de los organismos internacionales y, por ende, en una misma dirección para la resolución de asuntos globales comunes (Held & McGrew, 2003).
Autores como Renate Maytnz consideran la gobernanza actual como una nueva forma de regir el sistema internacional, en la que el papel de los grandes organismos privados, además del de los Estados soberanos, es fundamental para la formulación y establecimiento de políticas públicas. “Las organizaciones internacionales, gubernamentales y no gubernamentales, componen conjuntamente lo que por lo general se denomina gobernanza global. La gobernanza por definición se refiere a la solución de problemas colectivos; no se refieren a la dominación de por sí” (Mayntz, 2002:2). Por otro lado, el informe elaborado por la Comisión de Gobernanza Global presenta este concepto como un conjunto de prácticas derivadas de diversos organismos y actores – públicos y privados, nacionales e internacionales– para regular asuntos mundiales. Esto se traduce en la creación de un nuevo orden mundial –más democrático y seguro– asentado sobre los principios de transparencia y responsabilidad (Comission on Global Governance, 1995).
En suma, todas las definiciones presentadas acerca del concepto de gobernanza global destacan el papel del Estado, la sociedad y los organismos internacionales en la toma de decisiones del ámbito público. Además, este concepto se configura como la evolución de múltiples cuestiones en las que la política es el núcleo y solución de los problemas mundiales.
2.2. Las Naciones Unidas como Organización Internacional esencial
La globalización trasciende la propia extensión de los Estados-Nación; esto es, un fenómeno que no provoca la invalidación de los mismos, sino que les obliga a encaminar sus políticas a la adaptación de instrumentos teniendo en cuenta la importancia de lo global. Más allá de la actividad de los Estados, aparece la figura de las organizaciones u organismos internacionales como actores fundamentales que configuran el nuevo panorama mundial, bajo el que los soberanos actúan de manera conjunta (Castells, 1999).
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la Organización de Naciones Unidas (ONU) se configuró como uno de los pilares principales de la gobernanza global de la posguerra, debido al tamaño de su legitimidad y ambiciones. El sistema bajo el que operaba las Naciones Unidas se originó para actuar en un mundo bipolar, compuesto por Estados con
niveles similares de desarrollo –ricos y subdesarrollados– lo cual cambió con la descolonización, pasando los problemas de desarrollo de los países más pobres a ser fundamentales en la labor de dicha organización (Angulo, 2005). Por ende, la ONU juega un papel un papel fundamental en la conciencia común moderna (Blin & Marin, 2008).
Este organismo, representado bajo un marco multilateral, tanto como por su mandato como por su membresía cosmopolita, se manifiesta como el foro adecuado de discusión y cooperación de los Estados en materia de desarrollo (Sanahuja, 2014). Pionera en la promoción del desarrollo a escala global, esta organización presenta un interés neutral, en cuyas decisiones toman parte todos los países, sin hacer distinción alguna entre ricos y pobres. Por esto, se puede entender su actividad como esencial en la instauración de un consenso internacional acerca de las medidas necesarias para promover el desarrollo. La ONU será, por tanto, la única institución u organismo internacional capaz de simbolizar la figura de un gobierno global centrado en el bienestar mundial (Mayntz, 2001).
Los esfuerzos extensos y sostenibles para la creación de un futuro mejor son tarea fundamental de las Naciones Unidas, bajo la que se adoptan políticas y medidas, a escala internacional, de acuerdo con las necesidades y participación de todos los países (Naciones Unidas, 2000). Entre otras formas, su lucha se ha materializado como una forma de promover la asociación mundial para el desarrollo. Así, los problemas del desarrollo alcanzan un perfil multidimensional y global, donde parece necesario promover el consenso y la cooperación para poder solucionar los obstáculos y retos que presenta la globalización (Naciones Unidas, 2004).
Por tanto, situándonos en dicho concepto de progresiva interdependencia, las políticas nacionales capaces de hacer frente a los problemas de globalización parecen insuficientes. Con esto, se entiende la necesidad de una acción global común, democrática y consensuada que se encargue de promover el desarrollo a escala universal (Millán, et al., 2012). Es entonces cuando se plantea como necesaria la actividad de las Naciones Unidas de promover, de manera global, una serie de metas y objetivos para los propios Estados, con el fin de lograr el avance de los más pobres, con más desigualdades y escasez de oportunidades (Armiño, 2011).
2.3. El concepto de desarrollo humano
El desarrollo, objeto principal de la labor de las Naciones Unidas, se presenta como una actividad de cambio en la sociedad en su conjunto, es decir, vela por la mejora del
bienestar social y el incremento de oportunidades para los diferentes países (Alonso, Aguirre & Castillo, 2012). El desarrollo, pasa por tanto a ser un concepto de estudio a escala global, necesario para poder concebir la configuración de los Objetivos del Milenio, así como sus antecedentes.
Entendido como desarrollo humano, este concepto fue definido por Amartya Sen como la libertad de las personas de elegir cómo vivir sus vidas, garantizándose en todo momento un ejercicio de sus derechos colmado y autónomo (Sen, 1990). De esta manera, promocionar el desarrollo debe encaminarse a suministrar las mismas opciones a todas las personas, garantizando con ello la libertad y no vulneración de sus derechos, como son los problemas de discriminación, hambre o exclusión social. Además, pretende también acrecentar las oportunidades a nivel general, ofreciendo un enfoque universal que comprenda todas las generaciones, incluidas las futuras (Millán, et al., 2012).
Amartya Sen expone cinco tipos de libertad, todos ellos desde una visión instrumental: las libertades políticas, los servicios económicos, las oportunidades sociales, las garantías de transparencia y la seguridad protectora (Sen, 2000). Al hacer referencia a las libertades políticas, Sen se refiere a las capacidades de los seres humanos de elegir quién y bajo qué nociones gobernar. Servicios económicos, relacionado con la capacidad de poder utilizar medios financieros para la fabricación, el consumo o meros intercambios, siendo importante la manera en que se reparten las ganancias adicionales. En relación con las oportunidades sociales, el autor hace alusión a la educación, salud y otros aspectos que afectan indirectamente a la liberta del ser humano. Las garantías de transparencia, por su parte, se refieren al requisito de la existencia de certidumbre, seguridad y sinceridad en las relaciones entre los propios individuos; esto es, la prevención de una sociedad corrupta. Finalmente, la seguridad protectora capaz de ofrecer una serie de protecciones sociales para aquellos habitantes más desvalidos y con mayores insuficiencias, como ayudas económicas para hacer frente a hambrunas o rentas por desempleo (Abella, 2010)
Uno de los enfoques fundamentales de la perspectiva de Amartya Sen fue la necesidad de velar por la realidad de las personas y no tanto de los índices de riqueza como el Producto Nacional Bruto (PNB), perspectiva predominante en el mundo hasta ese momento. Por tanto, Sen no recurre a la libertad como una herramienta para obtener un determinado objetivo, sino que lo plantea como elemento esencial de la vida humana, y que por tanto goza de una importancia intrínseca (Garrido, 2009). El autor fundamenta la
importancia de la libertad en el desarrollo con dos elementos básicos: la razón de la evaluación y la razón de eficiencia. La primera, basada en medir la evolución de los sujetos en relación con la progresión o no de sus libertades, garantizándose el éxito de la sociedad en el disfrute por parte de sus miembros de estas. La segunda, fundada en la libre elección de las personas, con la que el aumento de sus libertades acrecienta la capacidad de estos para socorrerse entre ellos y contribuir con ello a mejorar el mundo (Abella, 2010).
Adicionalmente, el filósofo y economista considera el proceso de desarrollo en el mundo moderno como un transcurso posible mediante dos caminos diferenciados. Por un lado, el autor expone una perspectiva conglomerativa, caracterizada como el progreso de diferentes grupos dentro de cada comunidad, poniendo importancia en las fortunas de ricos y pobres, es decir, tanto de aquellos provistos de recursos como los privados de ellos. Por otro lado, y como alternativa, se presenta la perspectiva de la deprivación, en la que el desarrollo se juzga desde el punto de vista de los pobres y aquellos obligados a vivir deprivados de recursos (Anand & Sen, 1997).
El desarrollo engloba ámbitos transnacionalizados, por lo que se debe tomar una visión cosmopolita de desarrollo para poder entender los problemas de la sociedad moderna. Tal y como afirma Amartya Sen, los problemas del desarrollo conciernen a todos los países del planeta, es decir, se han transnacionalizado. Esto se remite al término “desterritorialización”, elemento principal de la sociedad globalizada en que vivimos, en el que los movimientos de personas, nuevos medios de comunicación y las propias integraciones económicas están desembocando en un detrimento –cada vez mayor– del territorio como demarcación de las transformaciones sociales (Ortiz, 2002). Esto no significa que dichos problemas no estén asociados con circunstancias determinadas o incapacidades de los propios Estados para hacer frente a sus propios problemas nacionales, sino que todo esto ha sido el desencadenante de una actividad compleja entre las debilidades locales y las coyunturas universales. Así, las soluciones a los problemas de desarrollo no pueden producirse mediante respuestas locales, de la misma manera que no se encuentran soluciones globales a los obstáculos particulares de cada territorio (Millán, 2013).
2.4. La aportación de Amartya Sen al desarrollo y la cooperación internacional
La teoría del desarrollo humano de Amartya Sen fue asumida explícitamente como punto de partida por las Naciones Unidas en su Programa para el Desarrollo (PNUD), publicando anualmente el informe Human Development Report. Esto muestra claramente la repercusión real de la teoría del autor en las políticas modernas de cooperación internacional al desarrollo “Las contribuciones de Amartya Sen al enfoque de desarrollo humano del PNUD son muy evidentes, haciéndose explícitas numerosas colaboraciones en ellos” (PNUD, 1990:1).
El Informe de Desarrollo Humano surgió en el año 1990 de la mano del PNUD con la presencia de numerosos científicos e investigadores, entre los que destaca especialmente el filósofo y economista Amartya Sen. Dicho informe se encontraba, en un principio, centrado en una visión del desarrollo humano que consideraba su análisis en base a cifras alusivas a indicadores económicos. Esto se amplió con otra configuración basada en el análisis de las políticas socioeconómicas y agrupaciones humanas para la satisfacción de sus necesidades. Amartya Sen aporta a esta perspectiva la presencia de un compromiso, por parte de gobiernos e instituciones, de garantizar oportunidades para que los ciudadanos puedan desarrollar sus capacidades. Esta visión se basa en entender el desarrollo humano como un procedimiento que aumenta las alternativas de los individuos y mejora sus capacidades humanas. Esto se refiere a todas las cosas que pueden hacer las personas, así como sus libertades para poder desarrollar una vida extensa y sana, con una educación y estándares de vida dignos y, ejerciendo su derecho de participar en la sociedad (Abella, 2010). Por tanto, su aportación se centraba en tres aspectos esenciales: capacidad, libertad y agencia. A partir de los ellos se conforma una visión de desarrollo asentada sobre la base del aumento de la riqueza en la vida de los propios seres humanos, y no de la economía de los países en sí mismos.
El PNUD vela por el cambio y la conexión de aquellos países que poseen conocimientos, recursos y experiencia necesarios con los pueblos necesitados de ayuda para conseguir desarrollar niveles de vida mejores. Creado con una serie de propósitos como la lucha contra la pobreza y el alcance de un desarrollo humano sostenible, este programa sistematiza los empeños, tanto nacionales como universales, para lograr los objetivos (Abella, 2010); que hoy han pasado a ser los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además de esto, creó en el año 1990 el Índice de Desarrollo Humano (IDH), entendido como una medida centrada en tres aspectos fundamentales de la vida de los seres
humanos: la longevidad, los conocimientos y la consecución de unos niveles dignos de vida (PNUD, 1990).
Amartya Sen fue una de las figuras esenciales en el proceso de instauración del IDH. Según su visión el principio sobre el que deben establecerse los Objetivos de desarrollo en el siglo XXI –en nuestra sociedad– se fundamenta en el respeto por los individuos, por las diferencias existentes entre ellos, así como por el propio ecosistema y medioambiente que nos rodea (Soler, 2013). Esto sirvió para orientar la diplomacia hacia el impulso de los Objetivos del Milenio –promovidos por las Naciones Unidas–, convirtiéndolos en los ocho objetivos fundamentales para los países en desarrollo presentes en el planeta. Su adopción supuso numerosas ventajas para toda la sociedad internacional, ya que conformó un compromiso por parte de la comunidad internacional en la lucha contra la pobreza extrema y el hambre, la disminución de la mortalidad infantil, la lucha contra enfermedades como el SIDA/VIH o el sarampión y el respaldo de la sostenibilidad medioambiental entre otras (Stiglitz, 2006).
Por tanto, la aportación de Amartya Sen a la visión de desarrollo humano presente en el mundo actual, supone una perspectiva más extensa de la actividad de los gobiernos, al igual que de otras entidades. Esto se basa en su compromiso por proveer de oportunidades, así como garantizar libertades, que permitan que todo individuo sea capaz de desarrollar sus propias capacidades (Sen & Nussbaum, 1998). Por tanto, el desarrollo pasa a conformarse como una cuestión que supone un desafío para instituciones y políticas, y que además sirve como proposición ética ligada con la dignidad de los individuos y, por tanto, con sus derechos humanos (Hernández, 2007).
2.4. Conclusiones del capítulo
El presente capítulo ha tratado de analizar las nociones previas necesarias para poder comprender la iniciativa tomada a nivel internacional a la hora de promover los Objetivos del Milenio y su importancia para toda la humanidad. El concepto de desarrollo planteado en este capítulo se presenta como una evolución en el panorama internacional. Primero, es primordial considerar la importancia que tienen en nuestros días los conceptos de globalización y gobernanza global, ya que son factores clave en las relaciones entre Estados y sus ciudadanos. Segundo, la globalización como proceso transformador del sistema internacional que ha reconfigurado las relaciones de poder entre los actores, generando diferentes formas de distribución trasnacional, bien de recomposición o
reestructuración (Sanahuja, 2008). De esta manera, la creciente interacción producida en los diversos ámbitos –económicos, políticos o culturales– han dado lugar a una realidad más compleja a interdependiente. Asímismo, esto repercute en los desplazamientos culturales –tanto de ideas como de productos–, en el desequilibrio financiero o en la propia degeneración medioambiental, suponiendo un reto y destino común para toda la humanidad (Held, 1997).
La interdependencia entre los Estados es cada vez mayor, por lo que las respuestas conjuntas y globales a los problemas de desarrollo son cada vez más necesarias. Esto se debe a que dichos problemas afectan a todas las economías del mundo, incluídas las más ricas y desarrolladas. Además, al existir compromisos globales cada vez mayores, las nuevas Organizaciones Internacionales están dotadas de una estructura democrática y centrada en el desarrollo y el respeto de los Derechos Humanos. Claro ejemplo de esto son los ocho Objetivos del milenio. Además, y siguiendo en la línea del desarrollo, personalidades como la de Amartya Sen han resultado fundamentales para poder comprender la relevancia de este concepto enmarcado bajo el fundamento del desarrollo humano. Su gran aportación al panorama internacional lo ha posicionado como una figura referente dentro del PNUD y de las diferentes políticas de cooperación al desarrollo internacionales, como es el caso de su aportación en la creación del IDH. Además, la idea generalizada sobre el bienestar de los individuos y el progreso de todas las sociedades – basado en la capacidad de desarrollar una vida colmada, digna y beneficiosa– se debe a dicho economista (Cejudo, 2006).
Capítulo 3: La Declaración del Milenio
En el año 2000, Jefes de Estado y de Gobierno de 189 países se reunieron en el marco de la Cumbre el Milenio y suscribieron la Declaración del Milenio. Al aprobar dicha Declaración, la comunidad internacional se comprometió a poner fin a las condiciones inhumanas generadas por la pobreza extrema –en hombres, niños y mujeres– en el mundo. Los ocho objetivos enmarcados bajo la Declaración del Milenio representaban las pretensiones de desarrollo del planeta en su conjunto, esto es, las iniciativas enfocadas a la reducción de la pobreza en el mundo entre otras.
3.1. Antecedentes de los Objetivos del Milenio
Para poder comprender la importancia de los ocho Objetivos del Milenio se hace necesario un breve análisis de las diferentes conferencias previas a la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas y que sirvieron profundizar en temas como el de los derechos de los ciudadanos, el progreso sostenible o la conservación del medioambiente (Torres & Mújica, 2004).
En primer lugar, en 1990 tuvo lugar la Cumbre Mundial en favor de la Infancia, en la que se consagró un esperanzado plan con 27 metas. Bajo estas, las consideradas más importantes (Anexo 3.1.) abarcaban desde la disminución de las tasas de mortalidad infantil –niños menores de 5 años–, o el acceso mundial a la educación elemental y básica, hasta objetivos como el acceso universal al saneamiento y agua potable (UNICEF, 2001). En ese mismo año se celebró la Conferencia Mundial sobre la Educación Para Todos, cuya declaración fue aprobada por 155 países y que priorizaba asegurar el acceso de mujeres y niñas a la educación, mejorando la calidad de la misma y eliminando aquellos impedimentos que obstaculizaban su participación de manera activa e inclusiva –falta de espacio o de infraestructuras apropiadas– (UNICEF, 1999).
Posteriormente, en el año 1992 se desarrolló la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), también enunciada como “Cumbre de la Tierra”. Esta conferencia reunió a 179 países con el objetivo de lograr un esfuerzo común asentado en el impacto de las acciones sociales y económicas en el ecosistema. Esto es, se admitió –a escala internacional– la importancia de la protección del medioambiente y la gestión de los recursos integrados en los aspectos –sociales y económicos– del subdesarrollo y la pobreza (Naciones Unidas, 2002). Seguidamente, en el año 1993 tuvo lugar la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, bajo la cual se
fortaleció la presencia de los derechos humanos universales, rechazando así el relativismo cultural (Symonides, 1998). En esta misma línea, la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo y la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, supusieron la materialización de una serie de objetivos y recomendaciones conjuntas, por primera vez formuladas bajo las necesidades de los individuos –integrando la figura de la población joven–, y no sobre el desarrollo económico (Popolo & Oyarce, 2005; Alpízar & Bernal, 2003).
En 1995 tuvo lugar la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, en la que se establecieron objetivos relacionados con la violencia contra las mujeres tales como la promoción de la igualdad, la paz y el desarrollo de la humanidad, es decir, en defensa de los derechos y la dignidad humana de las mujeres (Bosch & Ferrer, 2000). Un año más tarde se celebró la Conferencia sobre Asentamientos Humanos, cuyos temas principales se enmarcaban en torno a un hogar adecuado para todos los individuos y un establecimiento sostenible en el contexto de un mundo inmerso en un proceso de urbanización (Naciones Unidas, 1996). Además, en ese mismo año se reúnen en Roma gobiernos de 148 países para celebrar la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, cuyo objetivo principal se centraba en el derecho de los individuos a poseer una alimentación adecuada, siendo por tanto la seguridad alimentaria parte esencial de dicho objetivo. Esto se traducía en erradicar el hambre y la desnutrición en el mundo (Lorenzo, 2005; de Anda, 2004).
Finalmente, en el año 1997 tuvo lugar la II Cumbre de la Tierra, también conocida como Cumbre Río +5, cuyo objetivo se centró en analizar el avance conseguido con la ejecución de los pactos de la Cumbre de la Tierra. Esto propició un diálogo entre los Estados, incluyendo también la presencia de comunidades religiosas, de jóvenes y de asociaciones de indígenas y mujeres, recogiendo en él sus preocupaciones y recomendaciones sobre la Carta de la Tierra (Vilela & Blaze, 2006). Tres años después tiene lugar en Ginebra la Cumbre Social +5, bajo la que se supervisaron los objetivos establecidos en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social. En ella se plantearon numerosos desafíos como la concienciación Norte-Sur sobre la exigencia de una estructura de servicios sociales básicos consolidada, así como de políticas sociales inclusivas y respetuosas, incluyendo la labor de las mujeres en las mismas y de los ciudadanos –como parte del sistema– en la búsqueda de soluciones (Naciones Unidas, 2000).
Con todas estas Cumbres y Conferencias que tuvieron lugar previamente a la Cumbre del Milenio (2000), se incorporaron aspectos sobre el progreso de las mujeres –autonomía e igualdad– en la sociedad. Todas ellas, promovidas por las Naciones Unidas, tratando temas relacionados con el desarrollo, proporcionando diversos avances a escala internacional, así como planteando salvando obstáculos y dificultades en los temas abordados. Por tanto, queda reflejada la importancia de los resultados de estas cumbres en el origen de la Declaración del Milenio y, por ende, de los ODM, cuyas metas no formaban parte de un programa innovador, sino más bien de un cambio en la orientación de los anteriores esfuerzos y debates por impulsar un desarrollo social y económico de aquellos países con más pobreza en el mundo (Jackson, 2007).
Cuadro 1: Cumbres y Conferencias previas a la Declaración del Milenio (2000)
Fuente: Elaboración propia
3.2. La Declaración del Milenio
La Cumbre del Milenio, convocada por las Naciones Unidas en el año 2000 reunió a 189 Estados miembros –147 Jefes de Estado– bajo su sede en Nueva York. Dadas las Cumbres y Conferencias que se habían desarrollado en el panorama internacional hasta entonces, el propósito de esta cumbre se centraba en hacer frente a los desafíos de la situación global del momento –como la pobreza en el mundo– mediante acuerdos para poder superarlos (Naciones Unidas, 2010).
En ella se acordó una propuesta que recogía muchas de las proposiciones, metas y planes de actuación de las cumbres anteriores, y a partir de la cual surge la Declaración
del Milenio. En ella se reconocen los valores que deben guiar las relaciones internacionales en el siglo XXI, tales como la libertad, autodeterminación, igualdad, solidaridad y respeto para los individuos y con la naturaleza. Esto supone el reclamo de una sociedad más justa, pacífica y próspera, capaz de conformar un mundo global con unos beneficios y costes distribuidos de manera equitativa (Alonso, 2013).
En dicha declaración están contenidos los ocho Objetivos del Milenio con sus respectivas metas e indicadores universales que suponen un compromiso para los Estados. De esta manera, los ODM se caracterizan por reflejar una serie de metas cuantitativas universales, cuya temporalidad está limitada –hasta 2015–. Bajo los ocho objetivos se englobaron aquellos problemas considerados más importantes a escala mundial bajo un escenario de acción conjunta en los diversos niveles de desarrollo, siendo la lucha contra la pobreza la prioridad de los mismos (Saavedra, 2010). Esto es, tal y como afirmó Mark Malloch Brown, administrador del PNUD en 2003 “Los Objetivos del Milenio son una idea simple pero poderosa, que reflejan el esfuerzo de la comunidad internacional para que la globalización sea gestionada para responder a los intereses de los pobres” (Soleto, 2015:26).
Los ODM configuran las necesidades básicas de los individuos bajo un marco de bienestar integrador y universal. Esto significa otorgar a los individuos el derecho de estar liberado del hambre y la pobreza extrema, y contar con una educación que les permita gozar de oportunidades como un empleo digno, que además genere frutos tanto para la sociedad como para sus propias vidas. Asimismo, la sostenibilidad ambiental será necesaria para garantizar una calidad de vida digna, tanto para las generaciones presentes como futuras. Es por ello que el compromiso ha de ser conjunto, consiguiendo así un desarrollo equitativo e igualmente distribuido (Naciones Unidas, 2000). Por tanto, podemos resumir los ODM como una manifestación de las dimensiones políticas y sociales globalizadas, y enmarcados bajo una agenda social conjunta que vela por la equidad en el proceso de globalización (Sanahuja, 2014).
A pesar de ser únicamente ocho, los Objetivos del Milenio abarcan conceptos amplios como eliminar el hambre y la pobreza, conseguir una enseñanza primaria universal, promover la igualdad de género, combatir enfermedades, garantizar un medioambiente sostenible o impulsar una alianza mundial para el desarrollo (Naciones Unidas, 2000). Sin embargo, y para poder hacer efectivos y cuantificables estos objetivos, se establecen
en cada uno de ellos una serie de metas, 21 en total, que permiten extraer evaluaciones tras el año objetivo acerca de cuáles se han logrado, y en qué grado, tomando como situación de partida el año 1990.
Fuente: (Sal, et al., 2014) Todo esto permite comprender la necesidad de un esfuerzo materializado por parte de los países en desarrollo para conseguir –o lograr mejorar– los objetivos establecidos. Además, estos objetivos también han sido incluidos en trabajos de organizaciones no-gubernamentales, así como añadidos a los sistemas educativos de algunos países (Sachs, 2012).
Por otro lado, la estrategia mundial para conseguir los ocho objetivos estaba centrada en tres pilares básicos. Primero, el funcionamiento del desarrollo de manera más eficiente a través de una estrategia dirigida por el propio gobierno nacional en colaboración con la sociedad civil; esto es, las naciones deben “adueñarse” de los objetivos de desarrollo a través de la implicación de sus ciudadanos en la configuración y diseño de los planes
estratégicos de desarrollo. Por tanto, los países beneficiarios deben dirigir la administración de la ayuda recibida mediante una alianza con los donantes. Segundo, la evaluación de los éxitos y fracasos obtenidos en las políticas de desarrollo debe realizarse de acuerdo con los resultados conseguidos en los países en vías de desarrollo, de manera que se analice el impacto de las diferentes políticas en los individuos y sus necesidades. Es por esto por lo que resulta tan necesario el hecho de establecer unas metas y unos plazos determinados, de manera que así se pueda medir el grado de realización de los objetivos. Tercero, el desarrollo de políticas coherentes tanto en países donantes como receptores. Esto se traduce en dos puntos de vista. Por un lado, los países atrasados cuyas políticas, que han de ser a largo plazo y estar encaminadas hacia un desarrollo sostenible, deben incorporar factores económicos, sociales, políticos y medioambientales. Por otro lado, los países desarrollados para los que luchar contra la pobreza requiere del desarrollo de políticas públicas coherentes con su propia política de cooperación al desarrollo (Soleto, 2015).
Además, tuvieron lugar en los años 2008 y 2010 dos reuniones de evaluación acerca del avance de los Objetivos del Milenio. Estas supusieron una confirmación y revisión de las expectativas presentes hasta el momento acerca de los objetivos. Por un lado, la Reunión de alto nivel sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2008 supuso una manifestación por parte de gobiernos, empresas, fundaciones y asociaciones de ciudadanos para luchar contra la pobreza, el hambre y las enfermedades. En ella se anunciaron nuevos acuerdos para la consecución de los ODM, y fue considerada por Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, como “una amplia coalición para el cambio” (Ki-moon, 2008). Como consecuencia de los acuerdos alcanzados en dicha reunión, se generaron “$1.600 millones de dólares para reforzar la seguridad alimentaria, más de $4.500 millones de dólares para la educación y $3.000 millones de dólares para luchar contra la malaria” (Castro & Pérez, 2009:84). En definitiva, esta reunión configuró un mayor seguimiento de los objetivos y un aumento en los esfuerzos para conseguirlos. Por otro lado, la Cumbre Mundial de 2010 ultimó la aprobación de un plan de acción global –como unidad para lograr los Objetivos del Milenio–, reafirmando el compromiso ya adquirido con los objetivos. De hecho, Jefes de Estado de países desarrollados y en vías de desarrollo, entidades privadas y la propia sociedad civil, acordaron contribuir con 40.000 millones de dólares para mejorar la salud de mujeres y niños en los cinco años restantes (Naciones Unidas, 2010).
Por tanto, parecía evidente la necesidad de establecer una agenda social universal que comprometiera a los líderes mundiales a cumplir con los objetivos propuestos y, por consiguiente, con las metas establecidas para ello. Todo esto pretendía lograr un progreso político y social a escala nacional, regional y global. De esta manera, se hacía necesaria una inclusión –plena y eficaz– de todas las naciones del planeta para poder conseguir un desarrollo conjunto, así como un avance de los países menos desarrollados con ayuda y de la mano de aquellos que poseen más recursos y medios. Además, para obtener un seguimiento más eficiente, las Naciones Unidas publicaron durante los 15 establecidos para la consecución de los ODM informes que contenían el seguimiento de los avances correspondientes.
3.3. Una concepción restringida de desarrollo humano
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron estructurados de arriba hacia abajo, es decir, elaborados por un cuerpo técnico de trabajo, con consultas a expertos externos y sin la participación de sectores como instituciones privadas o de ciudadanos de las naciones (Kenny, 2015). Los ODM implicaron un éxito en la comunidad internacional, configurándose como una de las iniciativas más influyentes en el último siglo. Gracias a dicha Declaración se consiguió situar la lucha contra la pobreza y muchos de los derechos de los seres humanos en una posición relevante en el panorama internacional. Además, se alentó a las naciones a aportar contribuciones a los objetivos (Alonso, 2013).
Además, la Declaración del Milenio conformó un escenario de valores comunes válido para toda la comunidad internacional, que sirvió para inspirar los impulsos necesarios para la definición de la nueva agenda, la agenda de desarrollo sostenible 2030. Esta declaración, que incluía los 17 ODS con sus 169 metas, supone una concepción más real sobre la actuación de los derechos humanos en todas sus extensiones. Además, se incluía la necesidad de conseguir un planeta más justo y pacífico, asentado por tanto en una globalización más integradora e incluyente (Alonso, 2013).
De esta manera, el compromiso global en la creación de la Declaración del Milenio supuso una iniciativa mundial para revitalizar la doctrina de desarrollo mediante la configuración de los ocho Objetivos del Milenio, cuya orientación debía seguir la línea señalada por la ONU. Además, se hizo especial hincapié en que los ODM debían incorporar medios que capacitasen la aceleración del ritmo del desarrollo –esencialmente de aquellas sociedades y grupos más necesitados–, así como medir, de manera
sistemática, los resultados a través de metas e indicadores más precisos (Meira, 2015). Sin embargo, esta doctrina del desarrollo se configuró de manera imperfecta, puesto que muchos expertos consideran los ODM como un mecanismo para reforzar y legitimar el modelo socioeconómico existente, imponiendo por tanto el capitalismo y sus bases sobre todas las sociedades “afectadas” por la globalización (Lapeyre, 2006). En la misma línea, otros autores consideran el planteamiento de la Agenda del Milenio como un pretexto para continuar expandiendo los hábitos neoliberales presentes que únicamente generan más pobreza (Herrera, 2006). A pesar de ello, en su conjunto, la Declaración del Milenio y los objetivos establecidos en ella significaron una “multilateralización” del desarrollo, afrontados desde una estrategia multidisciplinar –incluyendo las visiones políticas, sociales, internacionales o económicas entre otras– a través de las políticas nacionales desarrolladas voluntariamente en torno a dicho fenómeno multilateral (Sanahuja, 2016).
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio presentaban una serie de ventajas muy claras y definidas: una lista breve de objetivos, un propósito correctamente definido –lucha conta la pobreza– y un mensaje subyacente fácil de transmitir y ser aceptado (Alonso, 2015). En esta línea, entendemos la presencia de unos objetivos que no distinguen –a priori– entre Estados o regiones, sino que establecen unas metas globales, contribuyendo así a mejorar la capacidad estadística de los países en vías de desarrollo, otorgando a sus sistemas nacionales la capacidad de elaborar y proporcionar la información necesaria para su consecución (Naciones Unidas, 2014).
Los ocho objetivos de desarrollo lograron grandes progresos en la lucha contra la pobreza. Tal y como explicó Ban Ki-moon, la movilización internacional a favor de los ODM dió lugar al movimiento contra la pobreza con más éxito hasta ese momento en la historia, sin embargo las desigualdades permanecían existiendo y el progreso hacia el cambio se había configurado de forma irregular (Sostenibilidad Semana, 2015).
3.5. Elementos positivos de la Declaración
El año 2000 se configuró como el año en que los líderes mundiales, reconociendo el problema de la pobreza y la necesidad de ponerle fin, decidieron movilizar los recursos y medios necesarios para ello. Por tanto, la Declaración del Milenio supuso el consenso político de la comunidad internacional sobre cómo se debería actuar en el sistema internacional para poner fin a problemas globales a partir de esfuerzos comunes.
El primer elemento positivo de dicha Declaración fue el planteamiento, por primera vez en la historia, de una visión compartida del desarrollo. Esto representó una alianza mundial basada en la responsabilidad compartida de las naciones. De esta manera, los ocho objetivos sólo podrían ser alcanzados si los gobiernos de los países tanto ricos como pobres atendiesen a sus promesas. Un segundo punto positivo se encuentra en que los Objetivos de Desarrollo del Milenio suponían la consecución de una serie de metas muy ambiciosas –desde la reducción de la pobreza extrema a la mitad, hasta frenar la expansión de enfermedades como el VIH/SIDA– en un plazo de 15 años (Naciones Unidas, 2008). Esto se estableció a través de una serie de indicadores cuantitativos que permitieron el seguimiento objetivo y real del proceso. El tercer elemento positivo radicaba en el hecho de que las Naciones Unidas se comprometía a presentar de manera periódica las cifras de la evolución de los ODM –tanto de su cumplimiento como incumplimiento–, así como en el involucramiento del Banco Mundial con los mismos desde la propia creación y conformación de la Declaración del Milenio.
El cuarto elemento positivo reside en que la Declaración del Milenio, no sólo constituyó un hito al empezar el nuevo milenio, sino que además implicó la reiteración de los principios y propósitos presentes en la Carta de las Naciones Unidas. Esto supuso la identificación para los diferentes miembros y Estados de la comunidad internacional de aquellos grandes retos a los que debía hacer frente la humanidad, materializada –por primera vez– en un conjunto de valores presentes en las relaciones internacionales. Por tanto, la declaración sirvió como instrumento de compromiso –político y moral– de la comunidad internacional, la sociedad y el propio ser humano de respetar unos valores centrados en la búsqueda de la paz, el respeto al medio ambiente y el trabajo a todos los niveles (Bulla, 2010).
El quinto y último elemento positivo se centra en la exposición de la Declaración del Milenio como un medio que actúa más allá de sus propios objetivos, suponiendo la base normativa que inspiró la agenda actual de desarrollo sostenible –Agenda Post-2015– (Alonso, 2013). Esta nueva agenda supuso una modificación de la estrategia de los ODM, que habiendo obtenido efectos tan dispares e irregulares debía renovarse. Para ello era necesario desarrollar nuevos objetivos que corrigiesen las insuficiencias y carencias manifestadas en los resultados de los anteriores, y consolidar los logros obtenidos tras el año 2015 (Vázquez, 2011).
3.5. Elementos negativos y limitaciones de la Declaración
En cuanto a los puntos negativos de la Declaración del Milenio encontramos nueve puntos fundamentales. En primer lugar, la Declaración del Milenio se configuró como una agenda resctrictiva, que lejos de ser universal en su ambición, no incluyó en su base el desarrollo sostenible en todas sus dimensiones, y por tanto supuso una visión incompleta e imperfecta del proceso. Esto se tradujo en que no se tuvo en cuenta la creciente heterogeneidad del planeta ni las diferentes carencias y necesidades de los países (Alonso, 2013). En segundo lugar, la preocupación constante sobre la medición, reflejada en las metas e indicadores establecidos para la consecución de los objetivos, que olvidaba la importancia de los aspectos cualitativos en los diferentes contextos de los países. De esta manera habrá de tenerse en cuenta no sólo la cantidad, sino también la calidad del progreso, ya que este es un aspecto especialmente relevante en materia de desarrollo. Un ejemplo claro de esto se refleja en la educación y el número de niñas con acceso a la enseñanza primaria universal, ya que únicamente se tiene en cuenta el grado de finalización de los diversos ciclos educativos sin analizar la calidad del contenido de los mismos (Muñoz & Sanz, 2005).
En tercer lugar, la fijación de los ODM como una agenda global conformada fundamentalmente en torno a los problemas de los países más pobres –aquellos con mayores insuficiencias–. Esto pone en entredicho la importancia de la agenda para países de desarrollo intermedio, como son aquellos de América Latina o el Norte de África, cuyas principales carencias se relacionan con las desigualdades presentes en la sociedad –problemas de legitimidad de sus organismos o falta de recursos para fomentar el crecimiento económico–, y no tanto con la ausencia de servicios básicos (Alonso, 2005). Un ejemplo de esto se refleja en la lucha contra enfermedades como la malaria, especialmente relevante para algunas zonas de Asia y África subsahariana, pero no para todos los países en desarrollo (Naciones Unidas, 2003).
En cuarto lugar, el hecho de que los ODM no toman en consideración los efectos distributivos entre grupos generacionales dentro de un mismo país, lo que se traduce en una desigualdad tanto de ingresos como de género, étnica, generacional y geográfica (PNUD, 2005).
En quinto lugar, los ODM no supusieron un progreso importante en materia de interculturalidad, puesto que únicamente optaban por la tolerancia de culturas “los seres humanos se deben respetar mutuamente, en toda su diversidad de creencias, culturas e