Educación y cultura en Transición. Telesecundaria, funcionamiento
y organización escolar
Educación y Cultura en Transición
Telesecundaria, funcionamiento y organización escolar
Profr. Luis César García Saint-Charles
Recuperado 06/Nov/2012 de: http://www.cetrade.org/v2/book/export/html/995
La telesecundaria es un servicio formal y escolarizado del sistema educativo, continuación y última etapa de la educación básica en nuestro país.
La telesecundaria como subsistema contribuye a satisfacer la demanda en educación secundaria de manera conjunta con secundarias generales y secundarias técnicas.
El subsistema se inicia el 21 de enero de 1968, después de un modelo experimental implementado un año antes.
El servicio se caracteriza por un docente que se encarga del proceso de enseñanza-aprendizaje en cada una de las materias de un grado, es una
particularidad análoga al modelo de primarias, el trabajo es apoyado por medio de programas televisivos y con materiales impresos que complementan los contenidos para cada una de las asignaturas. Este material está dirigido al alumno, y al maestro le es proporcionada una guía didáctica.
El presente trabajo es la opinión personal extraída de la experiencia de 13 años y, tratando de argumentar las opiniones aquí vertidas, tiene como finalidad
presentar algunos puntos de vista sobre uno de los factores que inciden de manera fundamental en la calidad del servicio que el subsistema de
telesecundarias brinda a la sociedad: Las condiciones de trabajo de los docentes. De ninguna manera se pretende con estas líneas justificar la falta de compromiso de algunos docentes que de manera poco ética, esconden sus faltas bajo el
pretexto de las condiciones de trabajo.
Con el fin de analizar las condiciones de trabajo de los maestros, tocaremos aquí como elemento sustancial y condicionante del trabajo docente, el contexto de la escuela. Dentro de este elemento hablaremos de dos aspectos relacionados con el trabajo docente: A) los usos del tiempo, B) la supervisión escolar.
En el subsistema de telesecundaria está determinado que el tiempo del programa televisivo oscile entre 14 y 17 minutos de duración en los cuales se presenta al alumno el tema, se desarrolla éste y se hace una recapitulación; posteriormente viene un espacio donde el maestro retoma el tema, despeja dudas, después se desarrollan actividades de aprendizaje con sus guías especificas y finalmente se realiza una evaluación de la sesión, todo esto en 36 minutos. En este tiempo debe crearse un ambiente adecuado para implementar actividades de enseñanza.
El tiempo es utilizado también en la administración escolar; se usa para cumplir comisiones como aseo, ceremonias, participación en concursos, encuentros deportivos, reuniones con la supervisión escolar para capacitarse en el llenado de documentos administrativos y de control, llenado de asistencia, elaboración de exámenes, el reporte de calificaciones, etc.
Como se puede observar, los 50 minutos que deben ser utilizados en la
enseñanza, en realidad son usados para un sinfín de actividades administrativas que se han ido acumulando con el tiempo y que hoy se conjunta con otros factores y empiezan a incidir en el deterioro de los resultados.
El trabajo diario de un profesor de telesecundaria reside en las siguientes actividades:
I.- Leer el libro de conceptos básicos, II.- observar el programa televisivo
correspondiente, III.- explicar el tema desarrollado en el televisor, IV.- conducir el llenado de las guías de aprendizaje, V.- revisar las guías de los alumnos y calificarlas. Estas son actividades del profesor que va al día con las transmisiones del televisor, y es muy raro que tenga problemas con la supervisión porque siempre cumple al pie de la letra con el programa y las instrucciones
administrativas.
Existe otro tipo de profesor que introduce cambios en la metodología, realizando una serie de actividades que van desde la motivación de alegrar el ambiente constantemente, para alcanzar un mejor rendimiento de los alumnos, hasta la exposición de los temas utilizando diferentes estrategias, como el lenguaje mímico, corporal, la música, el canto, la observación y la descripción. Este tipo de profesor no siempre consigue ir al día con el programa establecido, lo cual le trae problemas de tipo formal, enfrentándose al aspecto administrativo, al
privilegiar lo formal con lo sustancial enfrenta lo programado con los resultados.
Hoy en día en educación se ha puesto de moda el que todo mundo hable de calidad, aun cuando no tenga ni un ápice de idea que quiere decir con ello; pero como es un concepto que sube, baja y se maneja por todos los pasillos y rincones de las instituciones educativas, es mejor estar a la moda, por lo que hacemos uso de tal término. En realidad, lo que está en el fondo de esta palabrita que pone a todos de cabeza, es que todo se debe hacer bien, cosa tan sencilla, pero a la vez tan difícil, quizá lo nuevo se deba a la aspiración de que la calidad se generalice.
De estudios hechos por la UNESCO a nivel mundial y otros para América Latina sobre la calidad de la comprensión lectora y conocimientos matemáticos, a los que la televisión privada les hizo gran propaganda, se ha venido sacando como una conclusión, el que la variable personal docente resulta el factor más
cuestionado por la sociedad, ello es así, por estar estos al frente del aula con sus alumnos y la institución a la que pertenece. Pero precisamente, estar en este punto, nos habla de que el docente se mueve en dos ámbitos diferentes en el ejercicio de su trabajo; el primero hacia afuera de la institución localizada en las responsabilidades como ciudadanos y padres de familia y toda la problemática social que de ahí surge y en la que se encuentra inmerso. La segunda se refiere hacia adentro del sistema educativo y se sitúa en la trama institucional y los roles que juegan en ella la dirección de la escuela y la supervisión escolar.
Cuando se dice que la transformación se muestra en el aula, se están
minimizando los resultados del alumno y se mantienen ocultas las condiciones de una gestión institucional y supervisora. Cambios que no dependen de
normatividades, sino de la acción personal de funcionarios, supervisores, directores y docentes.
Para que una norma modifique la realidad del sistema educativo se debe superar un largo proceso; los administradores deben poner en acción las medidas
puede reducirse al logro de determinados niveles de rendimiento académico de los alumnos. Debe incluir, también, el conjunto de aprendizajes relacionados con el desarrollo personal, afectivo, social, estético y moral de los alumnos».
Como señalábamos al inicio del trabajo, aquí hablamos de la supervisión escolar, esto no quiere decir, que no reconozcamos la pluricausalidad de los procesos que inciden en el mejoramiento de la calidad educativa; hablamos de ella por
considerar que tiene un lugar estratégico en la estructura decisional del sistema educativo, porque se ubica entre las decisiones normativas de nivel central y las decisiones operativas a nivel escolar.
El rol del supervisor se fue construyendo en la realización de una tarea de control formal, por una parte, y de intermediario entre los extremos de la cadena
burocrática, por la otra. Fueron los supervisores los que tradicionalmente se encargaron de acercar a las escuelas la normatividad generada en la cima del sistema, como consecuencia de las decisiones tomadas, y proporcionar a los encargados de elaborar dichas normas el insumo informativo de lo que sucede en la base. Es en la ritualización de esas tareas que el supervisor desarrolló una práctica que privilegia lo formal sobre lo sustantivo y el respeto a lo normado por sobre el alcance de los objetivos y resultados.
Otra vertiente importante del rol que desempeñan los supervisores es el control simbólico que ejercen como forma de comunicación que transmite una
determinada distribución de poder y de las categorías culturales dominantes.
Esta gestión escolar que hoy empieza a manejarse como la deseable en todas las instituciones, no se construye por decreto. Entre la normatividad y la realidad que se quiere cambiar, es necesario agregarle que la sustancia de la nueva norma, tiene la magnitud de un verdadero cambio cultural, cambio que afecta tanto a las instituciones como a los actores.
A nivel de las personas se impone renunciar a certezas, seguridades y hábitos hechos rutina en el trabajo cotidiano. Las instituciones necesitan una revisión profunda de la organización y la administración escolares cuya estructuración, unida históricamente al esfuerzo de poder, control y autoridad, no parece hoy apta para alcanzar otros niveles de calidad en educación.
Bibliografía:
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Liberman, Jean (1997). Hablando con Cornelius Castoriadis. Publicada en
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