Harry G. Procter (compilador)
ESCRITOS ESENCIALES DE MILTON H. ERICKSON
Volumen II Terapia psicológica
PAIDÓS
Barcelona Buenos Aires México
Los textos del presente volumen se han extraído de The Collected Papera of Milton H. Erickson On Hipnosis (tomos 2,3 y 4), publicados en inglés, en 1980, por Irvington Publishers, Inc., Nueva York Publicado con permiso de Ardent Media y Mark Paterson.
Traducción de Rafael Santandreu
Cubierta de Diego Feijóo
«The Clinical and Therapeutic Applications of Time Distortion», publicado en Jan Haley, Advanced Techniques of Hypnosis and Therapy: Selected Papers of Milton H. Erickson, Gruñe and Stranton, Nueva York.
Volumen 3: © 1980 by Ernest L. Rossi
«Development of Apparent Unconciousness during hypnotic reliving of a Traumatic Experience», págs. 4552; «The Permanent Relief of an Obsessional Phobia by means of communication with an Unsuspected Dual Personality», págs. 231260; «The Successful Treatment of a case of Acute Hysterical Depression by a return under hypnosis to a critical phase of childhood», págs. 122144.
Volumen 4: © 1980 by Emest L. Rossi
«Hypnotic Psychotherapy», págs 3548; «Hypnosis: Its Renascence as a Treatment Modality», págs. 5275; «Special Techniques of Brief Hypnotherapy», págs. 149173; «The Use of Symptoms as an Integral part of therapy», págs. 212223; «An Introduction and Study of Hypnosis for Pain Control», págs. 237245; «The Interspersal Hypnotic Technique for symptom correction and pain control», págs. 262278; «Pediatric Hypnotherapy», págs. 174180; «PseudoOrientation in Time as a Hypnotherapeutic Procedure», págs. 397423; «SelfExploration in the Hypnotic State», págs. 427436.
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© 2002 de la traducción, Rafael Santandreu © 2002 de todas las ediciones en castellano Ediciones Paidós Ibérica, S.A.,
Mariano Cubí, 92 08021 Barcelona y Editorial Paidós, SAICF,
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SUMARIO
Introducción: Los enfoques terapéuticos de Milton Erickson 11
Primera parte: Casos iniciales sobre hipnoterapia y su psicodinámica. 15
Introducción a la primera parte 17
1. El desarrollo de inconsciencia aparente cuando se reviven experiencias
traumáticas 21
Método 21
Resultados experimentales 22
Comentario 25
Conclusiones 29
2. La curación permanente de una fobia obsesiva por medio de la
comunicación con una personalidad dual desconocida 31
1. Inducción de catalepsia y de [evitación de la mano bajo hipnosis y sugestión de un nombre diferente en unas demostraciones universitarias 32
2. Fascinación persistente con la levitación y horror ante la catalepsia 32 3. Investigación sobre escritura automática que conduce a un ataque de
ansiedad aguda 33
4. El descubrimiento de la personalidad dual. 36
5. El uso de un espejo como «bola de cristal» donde contemplar los recuerdos
visuales 48
Resumen 54
Discusión 55
3. El tratamiento adecuado de un caso de depresión histérica aguda mediante el regreso hipnótico a una fase crítica de la infancia 67
Los sucesos que condujeron al intento de tratar una depresión mediante la
hipnosis 67
Historia clínica 69
Preparación para una investigación de hipnosis indirecta 71
La primera sesión hipnótica 72
El segundo trance hipnótico 80
Tercera sesión hipnótica 84
Resultados terapéuticos 87
4. Psicoterapia hipnótica 91 Diferencia entre inducción al trance y estado de trance 93
El rol de la sugestión en la hipnosis 94
Separación entre los niveles consciente e inconsciente . 97
Caso ilustrativo 98
Comentarios 105
Resumen 106
Segunda parte: Escritos posteriores sobre hipnoterapia 107
Introducción a la segunda parte 109
5. La hipnosis: su renacimiento como modalidad de tratamiento . . . 115 Introducción
115
La hipnosis es tan antigua como la medicina y casi tan antigua como el ser
humano 115
Definición de hipnosis 117
Un estado especial de conciencia 117
La hipnosis en la práctica clínica 118
Tres casos de hipnosis en la práctica médica 121
Edward C. 122
Ann R 131
Sandra W. 137
Tendencias de la hipnosis moderna 142
6. Técnicas especiales de hipnoterapia rápida 145
Sustitución de síntomas 146
Paciente A 146
Paciente B 148
Comentario 150
Transformación de síntomas 150
Paciente C. . . . 151
Paciente D 153
Comentario 156
Mejora de síntomas 156
Paciente E 157
Paciente P 158
Comentario 162
Respuesta emocional conectiva 162
Paciente G 163
Comentario 168
Paciente H 168
Comentarios generales 171
Apéndice 173
7. El uso ele síntomas como parte integral de la hipnoterapia 175
Caso 1 176
Caso 2 179
Caso 3 183
Comentario final 188
8. Una introducción al estudio y aplicación de la hipnosis para el control del
dolor 189
Introducción 189
Consideraciones relativas al dolor 190
Procedimientos hipnóticos de control del dolor 193
Resumen 198
9. La técnica hipnótica de la intercalación para la corrección de síntomas y el
control del dolor 201
Resumen 219
10. Hipnoterapia pediátrica 221
11. Aplicaciones clínicas y terapéuticas de la distorsión del tiempo 231
Introducción 231
Consideraciones generales de aplicación clínica 234
Paciente A 235
Comentario 238
Paciente B 239
Comentario 245
Paciente C 246
Comentario 248
Paciente D 248
Comentario 251
Paciente E 252
Comentario 256
Paciente F 256
Comentario 261
Resumen general 261
12. Pseudoorientación en el tiempo como procedimiento hipnoterapéutico 263
Paciente A 264
Paciente B 271
Paciente C 275
Paciente D 278
Paciente E 281
Comentario general 290
13 Autoexploración en estado hipnótico 295
Introducción 295
Establecimiento del problema experimental 296
Procedimiento experimental y resultados 298
Conclusión 305
Bibliografía 307
índice analítico ■ 321
INTRODUCCIÓN
Los enfoques terapéuticos de Milton Erickson
Este segundo volumen consiste en una selección de los relatos del trabajo clínico de Erickson. En él encontraremos más de treinta casos, desde pequeños resúmenes a narraciones detalladas de las sesiones terapéuticas.
La práctica de Erickson destaca, entre otras cosas, por la diversidad de problemas que podía tratar. Trabajaba con niños lo mismo que lo hacía con adultos. En cuanto a las especialidades médicas, se atrevía con problemas de dolor, presentaciones psicosomáticas, dermatología, obstetricia y odontología, además de lo relativo a la psiquiatría. Por otro lado, Erickson hacía uso de la hipnosis para tratar la esquizofrenia, las psicosis maniacodepresivas y, ocasionalmente, incluso alguna disfunción cerebral orgánica. Más ambiciosos todavía son los casos en los que ayudó a mejorar la calidad de vida de personas sin patologías incrementando su capacidad deportiva o desbloqueando a los artistas. Su trabajo también abarca desde la resolución de síntomas específicos hasta conseguir cambios fundamentales en la identidad de una persona, como en el caso de El hombre de febrero (Erickson y Rossi, 1992).
Lo que emerge de esta serie de casos es la importancia que concede Erickson a dirigirse a la persona individual,, única. El insigne psiquiatra aconsejaba:
Miren y escuchen a sus pacientes de verdad. Pongan siempre atención a la situación en la que se produce el síntoma personalidad del paciente es de fundamental importancia. Para ayudar, debemos utilizar con todo respeto lo que el sujeto presenta (Zeig, 1985).
Al leer estos artículos uno infiere la meticulosidad de los procedimientos de entrevista de Erickson, a juzgar por la calidad de la información que consigue, en particular, por la significación única que los hechos tienen para cada paciente. Nos ayudará el saber que Erickson trabajaba típicamente en periodos de tiempo intensivos: varias horas seguidas durante varios días en una misma semana, a diferencia de la práctica tradicional que espacia las sesiones de una hora en intervalos de semanas o meses. De esta manera, acumulando su influencia hipnótica conseguía sus espectaculares resultados. Parece que Erickson era igualmente capaz de conseguir los cambios globales que la terapia psicoanalítica se atribuye, pero en no más de unos días.
Erickson usaba sus casos como «historias terapéuticas y así se las explicaba a otros pacientes y a sus alumnos. Compartiendo con el paciente algunos ejemplos —a veces muchos— de cómo la gente resuelve problemas similares, anima al cliente a crear un «marco de referencia terapéutico» y una perspectiva optimista que abre la mente a la posibilidad de cambiar (Erickson y Rossi, 1979) Más específicamente, él creía que el hablar acerca de unos procesos mentales
particulares evoca procesos similares en el oyente. Por ejemplo, hablar acerca de recordar un partido de fútbol tiende a evocar recuerdos similares. Hablar sobre olvidar conduce naturalmente a la amnesia. Erickson aconsejaba: si quiere que el paciente hable de su madre, ¡hable acerca de una situación en la que se menciona a la madre de alguien! Cuando el paciente habla, el terapeuta usa ejemplos tomados de historias, chistes y metáforas y de ese modo evoca ejemplos similares en la experiencia del paciente, lo que desemboca en la conversación en una espiral de asociaciones personales y recuerdos.
El volumen está dividido en dos partes. Los cuatro primeros capítulos fueron escritos en las décadas de 1930 y 1940. El contexto de estos artículos es en gran medida psicoanalitico y Erickson se muestra ya como un maestro del lenguaje con unos conocimientos profundos sobre psicología. Después, podemos seguir el desarrollo del trabajo de Erickson en las décadas de 1950 y 1960, donde su técnica se vuelve cada vez más económica y raramente necesita ir más allá de lo que el paciente le transmite. Esta fase de trabajo, por supuesto, ha ejercido una gran influencia en las terapias breves y sistémicas durante la segunda parte del siglo xx. Es importante, sin embargo, observar el trabajo de Erickson durante todo su desarrollo. Escritores como Haley (1986) pueden, en su interpretación de Erickson, subestimar su sofisticación psicodinámica. Erickson era crítico con los métodos psicoanalíticos por la rigidez de su enfoque y la confianza que ponen en la comprensión consciente del paciente, pero, como estos casos demuestran, el éxito de su trabajo recae en buena parte en su gran capacidad para desentrañar los significados psicodinámicos de las experiencias de los pacientes.
H. G. PROCTER Bibliografía
Erickson, M. H. y Rossi, E. L, Hypnotherapy: an exploratory casebook.
Irvington, Nueva York, Irvington, 1979. —, El hombre de febrero, Buenos Aires, Amorrortu, 1992. Haley, Terapia no convencional, Buenos Aires, Amorrortu, 1996. Zeig, J. K., Un seminario didáctico con Milton Erickson, Buenos Aires,
Amorrortu, 1985.
PRIMERA PARTE
CASOS INICIALES SOBRE HIPNOTERAPIA Y SU PSICODINÁMICA
INTRODUCCIÓN A LA PRIMERA PARTE
Los siguientes cuatro artículos ofrecen una muestra fascinante ele los primeros trabajos de Erickson, durante las décadas de 1930 y 1940. Erickson no desarrolló un modelo teórico explicativo de su trabajo. Claramente, prefería ofrecer sus numerosos ejemplos de trabajo clínico, depositando la responsabilidad en el lector; que fuese éste quien encontrase las formulaciones y aspectos comunes de lo que se describe. Dicho esto, estos cuatro artículos son particularmente ricos porque nos permiten acceder al concepto ericksoniano de trance hipnótico y a la distinción entre funcionamiento consciente e inconsciente. El capítulo 1 nos plantea una intrigante situación que nos permite especular acerca de la relación entre trance e inconsciencia fisiológica. El capítulo 4 es especialmente útil en su introducción. Esta trata de la distinción entre la experiencia del sujeto de la inducción al trance y la experiencia del trance en sí misma y se nos señala que es muy importante recordar que el sujeto está siempre interpretando las sugestiones, más que respondiendo pasivamente a ellas. Erickson nos ayuda a darnos cuenta de la responsabilidad del sujeto en cuanto a los procesos autónomos de los fenómenos de trance. El responsable de que sucedan fenómenos tan remarcables no es tanto el hipnotizador como el sujeto. Pensar lo contrario ha sido un error de consecuencias muy negativas: tradicionalmente, se le ha concedido al hipnotizador un poder que no posee y que ha llevado al descrédito de la hipnoterapia como procedimiento válido.
En esta fase «psicoanalítica» del trabajo de Erickson se halla siempre presente un tema crucial, que es la utilización de «mecanismos de defensa tales como la agresión, la disociación, la represión (o amnesia) y la proyección para conseguir o ayudar a conseguir el proceso terapéutico. En general, el trabajo de Erickson se podría resumir como la utilización de los fenómenos de la hipnosis en su terapia. Erickson practicaba su trabajo terapéutico con lo que él denominaba «entrenamiento de trance», que consistía en provocar y explorar una gran variedad de fenómenos hipnóticos en sesiones de práctica de varias horas de duración. El libro Hypnotic Realities, de Erickson, Rossi y Rossi (1976), proporciona transcripciones completas de ocho sesiones de entrenamiento de trance con un solo sujeto que vale la pena estudiar con atención. Este cuidadoso entrenamiento se pone de manifiesto en los capítulos 2 y 4. En el capítulo 2, Erickson y Kubie relatan el tratamiento de una mujer con depresión aguda cuya madre había muerto cuando ella tenía 13 años. Sin embargo, la madre había tenido tiempo de grabar en la mente de la pequeña la idea de que «el sexo era desagradable y asqueroso». La comparación de la explicación de esta idea dada
por la mujer adulta y por la niña de 12 o 13 años (regresando hipnóticamente en el tiempo) es muy instructiva e interesante. La intervención consistió en aceptar las admoniciones de la madre tal como las entendía la niña, para después ayudarla a construir lo que la madre le habría dicho en su adolescencia si hubiese continuado viva. No parece que la joven hubiese podido superar su problema si no hubiese sido por la elaborada intervención de Erickson, que usó a su compañera de habitación como acompañante interviniente. De hecho, probablemente, de no ser por Erickson, ni siquiera hubiese podido llevar a cabo ninguna terapia.
En el capítulo 4 trabaja con un hombre que siente que no ama a su esposa y que sólo se había casado con ella porque se parecía a su madre (a quien estaba muy unido). Muy a su manera, Erickson utiliza la tendencia del paciente a proyectar para generar una alucinación de toda su familia y llevar a cabo después un psicodrama o «terapia familiar», primero por parejas y luego juntándolos a todos. Aquí, Erickson no intenta más que provocar un cambio en la cognición básica del paciente acerca de esa situación (o en el sistema de construcción mental). De hecho, en cierto sentido, los métodos de Erickson son un tipo de terapia cognitiva radical.
El capítulo 2 es interesante por el enfoque que nos ofrece respecto a los problemas obsesivo-compulsivos. En este caso, recurre a la técnica hipnoanalítica de la escritura automática. Además, plantea interesantes cuestiones acerca de qué entendemos por desorden de personalidad múltiple o identidad disociativa y hasta qué punto se trata de fenómenos genuinos, dado que Erickson le da explícitamente a la mujer un «nombre de trance», lo que es algo común en él, una técnica más que le permite manejar mejor el trance.
H. G. PROCTER Abril de 2001
Bibliografía
Erickson, M. H., Rossi, E. L. y Rossi, S. I., Hypnotic Realities: The induction of clínica! hypnosis and theforms of indirect suggestion, Nueva York, Irvington, 1976.
EL DESARROLLO DE INCONSCIENCIA APARENTE CUANDO SE REVIVEN
EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS1
Milton H. Erickson
Este experimento tenía como objetivo investigar la posibilidad de explorar, mediante hipnosis, la evolución psíquica de un paciente recientemente recuperado de un episodio de psicosis aguda del tipo esquizofrénico.
El método empleado consistió en hacerle revivir su pasado lo más detalladamente posible, siempre en estado de hipnosis.
Método
El procedimiento experimental consistió en entrenar al paciente para entrar en trance sonambulístico profundo, durante el cual, por medio de una serie de sugestiones hipnóticas, quedaría completamente desorientado y reorientado a un periodo anterior de su vida. Una vez reorientado mediante el procedimiento de darle sugestiones y hacerle preguntas de manera sistemática, fue inducido a revivir hechos pertenecientes al pasado y a describirlos en detalle como si estuviesen sucediendo en ese preciso momento. Una taquígrafa fue registrando todo lo que sucedió y se dijo. En todos los casos en los que dispusimos de datos para corroborar la exactitud de las descripciones del paciente, pudimos comprobar que éste podía revivir las situaciones pasadas con una riqueza de detalles sorprendente.
Debemos puntualizar que ni el estado de vigilia ni el estado de hipnosis ordinario fueron tan efectivos como el proceso de reorientación. También es importante destacar que, después de que el sujeto fuese reorientado y reviviese parte de sus experiencias pasadas, fue necesario unir con sugestiones pos hipnóticas el lapso entre el presente real y el periodo cronológico al que el paciente fue reorientado. Sugestiones pos hipnóticas como ésta: «Eso que le acaba de ocurrir y que usted me ha contado es importante. Usted va a recordarlo con todo detalle durante el resto de su vida, de manera que dentro de diez o veinte años seguirá fresco en su mente como ahora».
Resultados experimentales
El estudio de los resultados experimentales reveló un incidente de especial interés que ilustra las interrelaciones psicosomáticas de una manera inusual. Este
1
M. H. ERICKSON, «DEVELOPMENT OF APPARENT UNCONSCIOUSNESS DURING HYPNOTIC RELIVING OF A TRAUMATIC EXPERIENEE, EN Archiivs of Neumlogy & Psvcbialiy, 1937, NU 38, PÁGS. 1.2.821.288.
incidente tiene que ver con lo que parecía ser un estado de inconsciencia que desarrollaba un chico de 17 años al revivir la experiencia de un asalto homicida sufrido dos años antes. Toda la información sobre la experiencia que habíamos podido obtener de él era que lo había llevado «a dar una vuelta en coche» y le habían pegado con tal brutalidad que había necesitado hospitalización. Aparte de eso, tenía amnesia del resto de los detalles, incluido el nombre del hospital en el que había sido ingresado. Antes de nada, se le preguntó con insistencia acerca de los hechos acaecidos, tanto en estado de vigilia como en estado hipnótico normal, pero sólo obtuvimos respuestas intrascendentes y eso que el sujeto intentaba cooperar en todo lo posible.
Cuando íbamos a proceder a hipnotizar al sujeto para hacerle revivir aquel día, éste expresó su temor de que empleásemos esa información para que la policía detuviese al agresor, ya que se trataba de un malhechor vengativo. Su conducta y apariencia daban a entender que estaba muy preocupado. Se inició la recuperación mental del día del incidente y, cuando se llegó a las cuatro de la tarde, el sujeto revivió, con creciente intensidad, una escena en la que dos hombres le ordenaban que subiese a un coche —él sabía que eran dos delincuentes—. Revivió también su miedo durante el largo recorrido que hicieron, mientras suplicaba lastimeramente a sus raptores. Finalmente, revivió cómo los hombres le forzaban a beberse una gaseosa y así lo hizo imaginariamente. Cuando tragaba, hacía muecas de asco e incluso farfulló que sabía amarga, preguntó si estaba envenenada y se encogió para esquivar un golpe. Su apariencia era la de alguien en estado de pánico. Después de beber, eructó y, de repente, miró sorprendido. Sus pupilas, que hasta el momento habían ido fluctuando de tamaño, se dilataron más y se desarrolló un ligero nistagmo lateral. Después, se frotó los ojos, se quejó de que no podía ver bien y dijo que estaba haciéndose tarde, que caía la noche y que estaba mareado. Empezó a mover la cabeza como para despertarse. El experimentador le preguntó qué le pasaba y respondió que le estaba entrando sueño. Se notaba que su expresión verbal, antes clara, se estaba haciendo confusa y que del terror estaba pasando a la somnolencia.
En ese momento, el paciente estaba sentado en un sofá y el experimentador comprobaba en él el fenómeno de catalepsia como indicativo del trance hipnótico. Después de dos minutos de actividad decreciente, durante los cuales el sujeto movía la cabeza cada vez más despacio y sus palabras se hacían cada vez más incomprensibles, cerró los ojos a pesar de su aparente esfuerzo por mantenerlos abiertos. De repente, dio un pequeño grito y sufrió un colapso, por lo que se dejó caer en el sofá. El experimentador comprobó el estado del paciente y vio que ya no había comunicación hipnótica con él ni posibilidad de catalepsia. Físicamente, había una caída de la mandíbula inferior y una marcada atonía de los músculos de las piernas y los brazos. Por otro lado, los reflejos de las rótulas y las pupilas, que
están presentes durante los periodos hipnóticos, estaban ausentes. La respiración y el pulso, que habían aumentado paulatinamente de ritmo durante el estado de pánico, habían disminuido durante la somnolencia y ahora resultaban casi imperceptibles. En resumen, el sujeto parecía estar inconsciente. Sin embargo, antes de que se tomasen rigurosas medidas del pulso y la respiración, el paciente dio signos de recuperación. Se despertó ligeramente y bostezó; la catalepsia volvía poco a poco. Al cabo de unos segundos, el sujeto abrió los ojos y después de mirar débilmente a su alrededor, los cerró de nuevo. Se pudo apreciar que tenía las pupilas dilatadas, que tenía un ligero nistagmo y que no enfocaba la vista. El paciente se mojó los labios con la lengua en un par de ocasiones y pidió agua. Débilmente, se frotó la frente haciendo una mueca de dolor. No prestaba atención a las insistentes preguntas que le hacía el experimentador, « ¿Qué te pasa?, ¿Qué sucede?», excepto para decir: «Está oscuro, muy oscuro». A esto le siguió un segundo colapso, de menor intensidad que el primero, pero aparentemente de la misma clase, con los mismos síntomas físicos, excepto que la respiración era más profunda y costosa en tanto que el pulso era firme y lento. Entonces, el experimentador intentó despertar al paciente, pero éste no dio ninguna respuesta durante varios minutos. Finalmente, volvió la catalepsia y el paciente abrió los ojos y miró al vacío sin ver nada. Ya no había nistagmo y las pupilas estaban dilatadas, aunque respondían a la luz. Sacudió la cabeza, bostezó y se frotó el cuello y después la frente. Aquí hizo otra de esas muecas de dolor, acompañada de un constante estremecimiento. Por segunda vez, se mojó los labios con la lengua y pidió un poco de agua. Tampoco ahora respondía a las preguntas del investigador, excepto para pronunciar las palabras «luz» y «bosque». De vez en cuando se ponía las manos en las orejas, las frotaba débilmente y decía «me zumban».
Pronto el paciente pareció recuperarse y pudo responder a las preguntas del experimentador. Nos explicó que estaba tendido en la cuneta de una carretera que pasaba por en medio de un bosque; que tenía frío, estaba mojado y muy incómodo; tenía sed, le pitaban los oídos, le dolía la cabeza y tenía una herida sangrante en la frente. Muy cuidadosamente, se limpiaba la herida con un pañuelo. Parecía que ya era de día.
Después, lo recogieron unos hombres y lo llevaron a un hospital. Revivió parte de los dos días que estuvo allí ingresado, aunque, como había sucedido antes, de una manera poco conexa e inadecuada. Uno de los datos objetivos que obtuvimos fue el nombre del hospital.
El tiempo requerido por el paciente para revivir toda la experiencia, un periodo de dos días y medio, fue de poco más de cuatro horas.
Más tarde, se corroboró la historia del paciente llamando al hospital cuyo nombre había mencionado bajo hipnosis. Se nos comunicó que en la mañana de aquel día se había encontrado a un muchacho en un estado de semiinconsciencia,
confuso. Tenía una herida en la frente y no recuperó la plena conciencia hasta el cabo de dos días. Por otro lado, supimos que el chico había sido informador de la policía y que sus declaraciones habían servido para identificar a uno de los criminales, que en realidad era un policía que había estado implicado en varios homicidios. La policía informó que el chico había desaparecido tras haber dado uno de sus usuales informes. El ataque de que fue objeto le impidió acudir a la sesión de declaraciones de la tarde.
En ese punto, el procedimiento experimental fue interrumpido, debido a circunstancias externas, durante más de un año. Cuando se retomó, decidimos repetirlo por entero, incluyendo el incidente que acabamos de describir. Los resultados obtenidos fueron comparados con los de la primera investigación y eran básicamente idénticos, esencialmente los que se han descrito en este artículo. Los mismos detalles, las mismas secuencias, las mismas manifestaciones físicas e incluso las mismas frases y lapsus. Al cabo de otros cinco meses, cuando se intentaba comprobar ciertos aspectos de una investigación mayor, el experimentador tuvo la oportunidad de repetir la experiencia con el paciente. De nuevo, se obtuvieron unos resultados idénticos a los de la primera y segunda investigación y el tiempo que requirió el trabajo siempre fue de tres a cuatro horas.
Después de cada sesión experimental, el paciente se despertaba del estado hipnótico con una amnesia persistente de todo lo ocurrido durante el trance. Sin embargo, se quejaba amargamente de fuertes dolores de cabeza, fatiga, debilidad y de un profundo malestar. Como atribuyó esas sensaciones a la hipnosis, se volvió hostil hacia el experimentador y a la idea de llevar a cabo más investigaciones. De todas formas, con mucho esfuerzo, se consiguió que volviese a cooperar con nosotros.
Comentario
Una de las primeras consideraciones a la hora de determinar el significado de estos hallazgos experimentales es la validez de todo el procedimiento experimental. En este sentido, la mayoría de los artículos de la literatura muestran que la hipnosis puede ser empleada para despertar asociaciones ocultas a la conciencia y recuperar material amnésico, de otro modo inaccesible (Erickson, 1933). Es decir, mediante la hipnosis es posible el recuerdo de hechos totalmente olvidados. Más aún, los recientes trabajos experimentales llevados a cabo por Platonov y Prikhodivny (1930) han indicado que es posible la regresión, en un estado hipnótico, a un periodo anterior de la vida. Con esta regresión se restablecen las pautas de conducta correspondientes a ese momento del pasado y el sujeto no se ve influenciado por lo que ha aprendido posteriormente. Otros trabajos experimentales demuestran la posibilidad de producir en el estado
hipnótico cambios significativos de la personalidad-situación objetivamente medibles (Huston y otros, 1934; Erickson, 1935). A la luz de estos datos, la validez del proyecto del que salen los hallazgos descritos en este artículo parece más clara. Además, tenemos la confirmación del hospital donde estuvo ingresado el paciente y pudimos comprobar que el estado de confusión mental con el que llegó al centro fue replicado perfectamente en nuestro experimento. El informe del hospital nos indicó también la posibilidad de que el paciente pudiera haber sufrido un trauma del que se derivaba su amnesia en estado de vigilia y en estado de trance normal. Por último, existe una prueba que nos habla de la fiabilidad de los hallazgos experimentales y es que pudimos repetir los experimentos de un año para otro con idénticos resultados. Tal coincidencia otorga la máxima credibilidad a los datos obtenidos.
La posibilidad de revivir experiencias pasadas como un proceso dinámico está siendo reconocida en muchos foros. La validez del fenómeno se demuestra repetidamente tanto en el campo psiquiátrico como en el psicoanalítico. Quizás el mejor ejemplo que se puede tomar de la vida normal para ilustrar este fenómeno sea la experiencia de soñar un hecho pasado con mucha nitidez. Frecuentemente, en esos sueños no se da ninguna modificación de la conducta o de las respuestas del sujeto por el hecho de que hayan transcurrido muchos años y haya cambiado su manera de actuar; el sujeto responde como si tuviese la edad en la que se sitúa el sueño. Por lo tanto, el adulto puede ser un niño en todos los sentidos, sin que aparezcan las respuestas o la conducta propia de su madurez real. Tales sueños, sin embargo, son espontáneos. La experiencia que nosotros llevamos a cabo fue el resultado de una experimentación deliberada.
Nuestra experiencia difería de las que se suelen llevar a cabo en psiquiatría y en psicoanálisis —sin hipnosis— en que el sujeto se hallaba en un estado especial de trance hipnótico y, por lo tanto, no podía recordar nada procedente de lo consciente. Además, se trataba de material amnésico que el sujeto no recordaría después de la experiencia.
La regresión aun periodo anterior de la vida, como es el caso que nos ocupa, fue provocada por las sugestiones hipnóticas que dimos al sujeto para que se reorientase. Estas sugestiones tuvieron la propiedad de eliminar todas las experiencias subsiguientes al hecho revivido, incluido el propio desarrollo de la amnesia. Podemos decir que tal fenómeno se debe a la disociación hipnótica que se da entre las pautas de respuesta conscientes del sujeto y la tarea encomendada hipnóticamente. Por lo tanto, la recuperación de la experiencia con sus respuestas asociadas apareció como si estuviese teniendo lugar en ese mismo instante pasado. Una vez iniciado este proceso gracias a la evocación de recuerdos fácilmente accesibles, la recuperación de cada elemento funcionaba en sí misma como una ayuda a la hora de obtener material adicional en su orden cronológico original, lo que constituía una progresión continua hacia la finalización
de la actividad secuencial. Por consiguiente, se iban a producir, en su orden correcto, las actividades somáticas y psíquicas con sus correspondientes alteraciones y ajustes ele los estados mentales y psíquicos. Todo el proceso estaría dirigido por las pautas de conducta establecidas originalmente.
El aparente estado de inconsciencia que desarrolló el paciente suscita inmediatamente la cuestión de las interrelaciones psicosomáticas. Es una lástima que las exigencias de la situación experimental, incluido el énfasis en respetar todo el conjunto del proyecto de investigación, provocasen la pérdida de parte de los datos con respecto a su estado físico. Sin embargo, toda la información de que se dispone, incluida la sorprendente apariencia del paciente, apunta a que el sujeto estaba realmente inconsciente. De hecho, los factores que lo sugieren con más fuerza son la ausencia de reflejo de las rótulas y las pupilas, los cambios en el pulso y la respiración y la pérdida de tono muscular. En el estado hipnótico todo ello permanece inalterado, excepto el tono muscular, que puede incrementarse (Bass, 193D Asimismo se puede encontrar otra confirmación de la hipótesis del desmayo en que este fenómeno también se da en el punto culminante de un sueño terrorífico y está causado simplemente por los estímulos psíquicos que se suscitan.
Por otro lado, el sujeto se quejaba, después de cada una de las experiencias, de unos malestares, o efectos posteriores. Ello nos indica que los cambios somáticos y psicológicos no se limitan al estado experimental hipnótico, sino que persisten en la condición de vigilia. Tenemos ciertas evidencias de que existen factores psíquicos que pueden producir cambios en el funcionamiento del cuerpo, tal como apunta una investigación presentada ante la Asociación Americana de Psiquiatría en mayo de 1936, en la que se consiguió la producción experimental de sordera en un sujeto hipnótico (Erickson, 1938a, 1938b).
El resumen temporal que hizo el sujeto del periodo de inconsciencia original, que fue probablemente más largo, muestra una diferencia cuantitativa y cualitativa. Seguramente, tal hecho se puede atribuir a que el estado de inconsciencia experimental surgía de un estado físico y mental en respuesta a estímulos internos, en contraste con los factores externos de la experiencia original.
También puede surgir la pregunta de por qué el paciente, al quedar inconsciente en el trance hipnótico e interrumpir la condición hipnótica, no recuperó la conciencia en el estado normal de vigilia. Aparte del hecho de que todo el proceso estaba condicionado por la hipnosis, se ha observado un fenómeno paralelo que consiste en que el sujeto, cuando se recupera de un estado de inconsciencia, se reorienta hacia la situación inmediatamente precedente al trauma.
Como conclusión, se ha de hacer especial mención de los efectos psiquiátricos o clínicos de la experiencia hipnótica de revivir experiencias traumáticas. Desafortunadamente, no se ha llevado a cabo ningún estudio completo de esos
cambios, pero sí sabemos que se dieron ciertas alteraciones significativas en la conducta del sujeto que hemos estudiado. Después de la primera recuperación hipnótica, a pesar de que no se detectó ningún cambio aparente en su situación amnésica, el paciente mostró una pérdida completa de sus reacciones fóbicas a visitar la ciudad donde había sido confidente de la policía, aunque, como se supo después de preguntarle; no acudió a los sitios que frecuentaba normalmente, racionalizando ese hecho con la explicación natural de que no le había dado tiempo. Después de la segunda y tercera experiencia, desapareció cualquier rastro de sus miedos y fue capaz de visitar aquella ciudad y los lugares que frecuentaba sin problemas. Algunos meses más tarde, durante una conversación casual, me recordó que una vez lo habrían llevado a dar una vuelta en coche, pero que no recordaba muchos de los detalles. Dijo que hacía unos días había recordado algo más sobre esa experiencia, que «Whitey y otro tipo me recogieron en Washington Street sobre las cuatro en punto y me llevaron a dar una vuelta. Me arrastraron, me golpearon con la porra y me dejaron en un hospital —creo que era en Providence—; iban detrás de mí porque me había chivado a la poli. Dijeron que me atraparían otra vez, pero no lo hicieron». Esto es todo lo que parecía recordar y lo contó con naturalidad, sin manifestar ninguna tensión. La transformación de su miedo original en esa facilidad para contar lo que finalmente recordaba de aquellos hechos sugiere que se dio una catarsis emocional a resultas del procedimiento experimental y que todo el proceso había ocurrido a un nivel inconsciente.
Conclusiones
La conclusión más importante que se deriva de este artículo puede resumirse como sigue:
Mientras el sujeto se hallaba reviviendo hipnóticamente una experiencia traumática, se pudieron producir cambios psicosomáticos significativos en él, que culminaron en el desarrollo, y recuperación, de un aparente estado de inconsciencia. Otras conclusiones son que:
1. La hipnosis puede ser empleada para producir cambios significativos en la personalidad-situación, como evidencian los efectos psíquicos y somáticos producidos por la experiencia de revivir un hecho del pasado.
2. El proceso de reorientación hipnótica hacia el pasado hace posible que el sujeto reviva tal o cual experiencia, tal como sucedió en el momento original, pero excluyendo los efectos modificadores de la perspectiva y las reacciones emocionales secundarias que se obtienen en el estado de vigilia normal, lo que
permite la revisión de la experiencia en un orden más secuencial y con mayor detalle, si es posible, que en el estado normal.
3. La amnesia, incluso cuando viene asociada a las condiciones físicas de un trauma en la cabeza y una posible narcosis, no tiene por qué evitar la recuperación de imágenes o recuerdos de importancia.
Bibliografía
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Platonov, K. I. y Prikhodivny, E. A., «Objective proof of experimental changes of personality», en Psíkhoterapia, 1930, págs. 191203.
2
LA CURACIÓN PERMANENTE DE UNA FOBIA OBSESIVA POR MEDIO DE LA
COMUNICACIÓN CON UNA PERSONALIDAD DUAL DESCONOCIDA*2
Milton H. Erickson y Lawrence S. Kubie
Durante un año, una universitaria de 20 años—callada, reservada, aunque desenvuelta— había sufrido secretamente constantes miedos obsesivos de que las puertas del refrigerador, la cocina, el laboratorio de la universidad y los armarios quedasen abiertos. Estos miedos la conducían a la compulsiva necesidad de examinar y reexaminar las puertas para comprobar que estuvieran cerradas. Se despertaba por las noches para acudir a la cocina y comprobar que todo estuviese en orden, pero esto provocaba que de nuevo no estuviese segura de haber cerrado las puertas. Otro síntoma, que aparentemente no guardaba relación con los anteriores, era su intenso odio hacia los gatos, a los que consideraba «cosas horribles y repulsivas». Ella atribuía ese sentimiento a una temprana experiencia de su infancia, en la que vio a «un horrible gato comiéndose unas preciosas crías de petirrojo». Sabíamos que le gustaba hacer de los animales de laboratorio sus mascotas, ratas y conejillos de indias, a pesar de los miedos obsesivos que solía tener a dejarse abierta la puerta de las jaulas o de la habitación de los animales. Cuando la paciente se visitó, su obsesión iba in crescendo, pues empezaba a tener fugaces eludas acerca de otras muchas puertas, aunque no llegaban a ser insoportables.
1. Inducción de catalepsia y de levitación de la mano bajo hipnosis y sugestión de un nombre diferente en unas demostraciones universitarias
Una estudiante de psicología de 20 años de edad (a la que llamaremos «señorita Damon») se presentó como sujeto para algunos experimentos sobre hipnotismo. Por lo tanto, ni el sujeto ni el autor tenían previsto llevar a cabo ninguna terapia. El trance de la primera sesión estuvo caracterizado por un alto grado de amnesia, rápida levitación de la mano y catalepsia profunda. Para demostrar sugestionabilidad, se dio una sugestión pos hipnótica al sujeto: que durante el trance se llamaría «señorita Brown».
2 M. H. Erickson y L. S. Kubie, «The permanent relief óf an ohsessional phobia by means of eommunication
2. Fascinación persistente con la levitación y horror ante la catalepsia
Al siguiente día, la señorita Damon acudió a nuestra oficina sin cita previa. Quería que le enseñásemos a llevar a cabo los fenómenos de levitación de la mano y catalepsia del brazo por medio de la autosugestión. En muy poco tiempo consiguió provocarse estos fenómenos combinados y los repetía una y otra vez, de una manera más bien compulsiva. Mientras se sugestionaba a sí misma para levantar o bajar la mano, repetía preguntas como: «¿Ve cómo se mueve mi mano? ¿Cómo lo explica? ¿Qué significa? ¿Qué sucede? ¿Ha tenido alguna vez esa experiencia? ¿Qué procesos psicológicos y neurológicos se ponen en marcha? ¿No es gracioso? ¿No es extraño? ¿Verdad que es interesante? Es tan curioso, estoy fascinada».
El sujeto hacía caso omiso de cualquier cosa que se le respondía; en realidad, parecía no darse cuenta de nada de lo que estaba diciendo.
Cuando se inducía la levitación, su expresión facial era de intenso interés; pero a medida que su mano o manos alcanzaban el nivel de los hombros empezaba a desarrollar una aparente catalepsia y su actitud cambiaba radicalmente. Aparecía una expresión facial que uno podía caracterizar de «disociada». Parecía perder contacto con todo lo que la rodeaba. De hecho, no respondía a estímulos verbales o táctiles. Además de la expresión de disociación apareció una mirada de intenso terror, con palidez, pupilas dilatadas, respiración irregular y dificultosa, pulso irregular y una marcada tensión y rigidez de todo el cuerpo. En poco tiempo, estas manifestaciones desaparecían para ser reemplazadas por la mirada anterior de profundo interés; inmediatamente, sus sugestiones iban dirigidas a bajar la mano y a la desaparición de la catalepsia.
Más tarde ese mismo día, cuando se le preguntó por qué estaba tan interesada en la catalepsia y la levitación, sólo pudo hacer algunas racionalizaciones basadas en su formación psicológica e intereses. No se daba cuenta de que había algo más en ello, excepto cuando hizo una broma referente a que ya que su salario era más bien minúsculo, al menos aprovechaba la oportunidad de vivir unas cuantas experiencias interesantes.
Al día siguiente su conducta siguió el mismo rumbo. Se le ofreció, después, la posibilidad de llevar a cabo movimientos más complejos, como escritura automática. La cosa le interesó desde el principio, aunque expresó sus dudas acerca de su capacidad para llevarla a cabo.
3. Investigación sobre escritura automática que conduce a un ataque de ansiedad aguda
Después de situar al sujeto en una situación en la que apartábamos su atención del procedimiento, se le instruyó para que leyese en silencio un artículo sobre psicología gestáltica y preparase un resumen del mismo. Tenía que ignorar lo que se dijese u ocurriese entre tanto.
Cuando ya estaba concentrada en la lectura, se le sugestionó para que levitase la mano. Después, se le dijo que tomase un lápiz y escribiese la razón por la que estaba interesada en la levitación de la mano y en la catalepsia. Le repetimos esta última instrucción varias veces y en poco tiempo se hallaba escribiendo sin dejar de leer el artículo sobre la Gestalt. Hacia el final del escrito empezó a temblar y mostrar una tensión física generalizada, respiración profunda y dificultosa y dilatación de las pupilas. Su escritura empezó a hacerse difícil. Cuando acabó de escribir, su cara estaba pálida y expresaba un profundo terror. Dejó caer el lápiz y explicó que se sentía «terriblemente asustada» y que quería llorar pero no entendía por qué, ya que nada de lo que había leído la intranquilizaba.
Con estas palabras su ansiedad pareció desaparecer completamente para ser reemplazada por una apariencia de interés; después no hizo más referencia al malestar anterior, como si lo hubiese olvidado por completo. A continuación, se le preguntó sobre el texto y se comprobó que podía resumir su contenido bastante bien. Acto seguido, se le recordó la tarea que se le había asignado. Ella preguntó si había escrito algo, y cuando le mostramos las frases, al principio manifestó placer y luego descontento. La escritura era ilegible y hasta se podía dudar de que fueran palabras lo que había allí. Ella la estudió cuidadosamente y logró descifrar la primera palabra: trenes. Un análisis más detallado —y gracias a que habíamos visto cómo escribía— nos decía que la palabra en cuestión era trance.
Después se le pidió que repitiese el escrito bajo las mismas circunstancias que antes. Básicamente se obtuvieron los mismos resultados excepto que esta vez, cuando hubo acabado, en vez de tirar el lápiz continuó escribiendo en el aire. En ese momento volvió a decir que estaba «terriblemente asustada». De nuevo, justo después de verbalizar su malestar emocional pareció olvidarlo, para mostrar interés en lo que había leído y, después, en entender lo que había escrito. Como antes, se le pidió que descifrara sus palabras y mientras se hallaba absorta en ello, se le dio una sugestión en voz baja: «Escriba el resto del mensaje que no está escrito en el papel». El sujeto, sin darse cuenta, escribió unas líneas que consistían en palabras sueltas o frases cortas y una de ellas acababa con un punto muy enérgico. El mensaje completo, tal y como lo escribió, puede verse en la página siguiente.
Mientras escribía, parecía que rompía el mensaje en fragmentos, escribiendo un poco aquí, moviendo las manos a otra parte de la hoja, escribiendo un poco
más allá y después insertando una parte entre otras dos frases que había escrito antes. Por otro lado, tenía una tendencia a mover la mano por todo lo que había escrito, lo que hacía sospechar que estaba contando las letras o repasando lo que había escrito. De hecho, el sujeto escribió el punto descrito con anterioridad tras haber repasado toda la página como si buscase la frase correcta. Después, nos dimos cuenta de que había otro punto en el texto.
Finalmente, descubrimos que ese escrito constituía un mensaje completo, compuesto de elementos separados pero relacionados, algunos de los cuales eran duplicaciones parciales de los anteriores.
Debido a su inusual reacción de levitación de la mano y catalepsia, a los fuertes efectos que le producía y de los que ella apenas se daba cuenta y por el peculiar carácter de su escritura automática se estableció la hipótesis de que el material escrito representaba una llamada de auxilio hacia el investigador. Así que se decidió tratar terapéuticamente a la joven. La investigación fue llevada a cabo conjuntamente por M. H. E., un asistente que fundamentalmente le daba conversación al sujeto, una secretaria que tomaba notas de todo lo que se decía y se hacía y el sujeto mismo.
Debido a la peculiar manera en que se presentaba el material escrito, el propio método de presentación constituía una parte significativa del problema, ya que no se podía seguir ningún orden o procedimiento sistemático de investigación. Estábamos forzados a seguir el método de ensayo y error, probando y abandonando muchas estrategias para descifrar lo que había escrito.
Se requirieron más de doce horas de trabajo casi continuo para resolver el problema. Se avanzaba muy poco a poco, en fragmentos separados. Por razones
obvias, no reproduciremos aquí todo ese proceso de traducción» del texto, pero se explicarán cuáles fueron los pasos para llegar a la solución del problema.
4. El descubrimiento de la personalidad dual
El primer logro que se consiguió al principio de la investigación, y que se confirmó más adelante fue: la identificación de una segunda y desconocida personalidad en el sujeto. Se llegó a este descubrimiento de la siguiente manera.
Después de que la mano del sujeto hubo finalizado el último trazo de escritura automática, incluido el punto enfático —que fue lo último que hizo—, el investigador retiró el papel debajo de la mano del sujeto y puso otro en blanco en su lugar mientras ella todavía sostenía el lápiz en mano. El sujeto no se dio cuenta de la operación, siguió con su tarea de desciframiento; finalmente dijo en voz alta que sólo podía leer las palabras trance, mi, catalepsia y nunca y expresó su sorpresa por no poder descifrar más y dijo riendo: «¿Realmente he escrito ese galimatías?». Tanto el investigador como su asistente respondieron que sí en el mismo tono desenfadado. En ese momento el sujeto estaba recostado sobre la mesa y su mano quedaba fuera de su visión periférica. Ella no se dio cuenta, pero cuando respondimos a su pregunta, su mano escribió: «No». Inmediatamente, el investigador le preguntó: «¿Qué quiere decir?», y mientras la señorita Damon se interrogaba sobre la pregunta, escribió: «No puedo». Entonces, se le preguntó: «¿Por qué?», a lo que respondió: «Damon no sabe esas cosas».
A partir de ahí, se le hicieron toda una serie de preguntas que para ella no tenían sentido, pero que la mano respondía automáticamente. A continuación, reproduciremos esa conversación para que podamos definir esa segunda personalidad que salió a la luz. El diálogo prosigue a partir de la última respuesta dada que hemos citado antes. Se trata de un diálogo en el que se pregunta oralmente, pero ella responde mediante escritura automática.
Investigador: ¿Por qué?
Sujeto: No sé, miedo a saberlo. I. ¿Quién?
S. Damon. I. ¿Quién habla? S. Yo.
I. ¿Yo? S. Brown. I. ¿Quién? S. Yo, Brown. B. I. Expliqúese. S. D es D, B es B.
I. ¿B conoce a D? S. Sí.
I. ¿D conoce a B? S. No. No.
I. ¿Es B parte de D? S. No. B es B y D es D. I. ¿Puedo hablarle a B? S. ¡Ya lo está haciendo! I. ¿Y hablarle a D? S. ¿Quiere?
I. ¿Cuánto tiempo ha sido usted B? S. Siempre.
I. ¿Qué quiere? S. Ayudar a D. I. ¿Por qué?
S. Porque está asustada. I. ¿Sabe por qué?
S. Sí; D no. I. ¿Por qué?
S. D asustada, olvidó, no quiere saberlo. I. ¿Cree que debería?
S. Sí, sí, sí.
I. ¿Usted sabe qué es? S. Sí.
I. ¿Por qué no nos lo dice? S. No puedo, no puedo. I. ¿Por qué?
S. D miedo, miedo. I. ¿Y usted?
S. Un poco, no tanto.
En este punto, la señorita Damon interrumpió para declarar que estaba absolutamente perpleja de las preguntas que hacía el investigador y pedía alguna explicación.
I. ¿Debo decírselo? S. Sí; ella no lo sabe.
La secretaria leyó entonces las preguntas al tiempo que le enseñábamos las respuestas a la señorita Damon. Estuvo muy atenta y se veía por su mirada que iba entendiéndolo todo. Finalmente, dijo: «Eso debe significar que tengo una
personalidad dual» y se sobresaltó cuando vio que su mano escribía: «Correcto». En unos instantes, recobró la compostura y preguntó: « ¿Puedo hablar contigo?». «Claro.» « ¿Puedes hablarme tú?» «Sí.» « ¿Realmente te llamas Brown?» «Sí.» « ¿Cuál es tu nombre completo?» «Jane Brown.» Después se supo que Jane era uno de los personajes literarios preferidos de la infancia del sujeto y que el nombre importante era Jane y que Brown era un añadido que nosotros mismos habíamos sugerido en la primera sesión.
La señorita Damon volvió a una de las preguntas de antes y dijo: «¿Quieres ayudarme, Brownie?». «Sí, Erickson pregunta, pregunta, pregunta.» Las demás preguntas que le hizo el sujeto obtuvieron más o menos la misma respuesta críptica: «Erickson, pregunta» y una negativa a elaborar más.
Durante la investigación se halló que la personalidad de Brown era una entidad literalmente separada, bien organizada, con identidad propia y que diferenciaba claramente entre Brown y Damon. Brown era capaz de entrar en cualquier discusión con el investigador, su asistente y la propia señorita Damon, de expresar ideas opuestas a las del sujeto. Podía saber antes que Damon lo que ésta iba a decir o pensar y aportaba pensamientos a la señorita Damon de una manera bastante parecida a como los psicóticos experimentan pensamientos autónomos en sí mismos. Podía interrumpir una explicación de la señorita Damon escribiendo «Incorrecto» y podía responder a estímulos que la señorita Damon no entendía o pasaba por alto. De hecho, dejó tan clara su personalidad que todos en la sala la entendían como una entidad distinta a cualquier otra. No tenía problemas para entrar en conversaciones sobre otros temas, a veces con la intención de distraer al investigador de sus esfuerzos. Además, Brown estaba dotada de un fuerte orgullo personal; en dos ocasiones le sentaron mal dos comentarios peyorativos de Damon y se negó a escribir hasta que Damon no se disculpara. Frecuentemente, Brown se impacientaba e irritaba por la incapacidad del investigador para entender algunas de sus crípticas respuestas; en tales ocasiones no dudaba en calificarlo de «bobo».
Una de las características de la escritura automática de Brown era la economía. Escribía una letra si podía entenderse de alguna manera por la palabra entera, una palabra por una frase; abreviaciones, contracciones, juegos de palabras. El uso de esos mecanismos lingüísticos fue en aumento a medida que avanzaba la conversación. Naturalmente, esto hacía que el diálogo fuese un poco más difícil. De hecho, cuando se refería a los presentes sólo escribía sus iniciales; «ayuda» significaba «B quiere ayudar a D» o «E debería ayudar a D»; «L.H.» significaba «¿Lo hará?»; «No» a veces significaba «no» y a veces «saber»,3 (que a su vez
3
En inglés, no» y «sabe» se pronuncian igual. Por eso Brown utiliza «no ton esos dos significados. (N. del t.)
quería decir «Brown no sabe» o una frase similar); «sub-consiguiente» expresaba una mezcla entre «consecuentemente» y «subsiguiente»; y se halló que «so», no era ni «sí» ni «no», sino «no lo sé». «No» escrito de izquierda a derecha era «no», pero escrito al revés, de derecha a izquierda, significaba lo opuesto, «sí».4 En este sentido, el lenguaje de Brown era más como el lenguaje de los sueños y constituye, de hecho, una confirmación de la validez de lo que Freud dijo respecto al uso de la condensación, elisión, inversión del sentido y dualidad de significado en el lenguaje de los sueños.
Otro método de abreviación consistía en el uso de una marca vertical que significaba «sí» y una horizontal que quería decir «no». Una línea oblicua hacía las
veces de «no lo sé». El signo
┐
significaba «Primera parte "no", segunda parte"sí"» y
└
quería decir justo lo opuesto.De forma parecida:
significaban «Primera parte "no lo sé", segunda parte "sí"», etc.
Además de esas economías, Brown utilizaba innumerables pistas y signos para comunicarse. Muchas veces, simplemente eran demasiado complicados. Por ejemplo, le preguntamos a Brown: « ¿Podemos obtener información sobre Damon?». Muy despacio, como dudando, Brown recorrió la página con la mano como si buscase espacio para escribir, después giró la página y escribió en el reverso: «Sí». Como la respuesta era contradictoria con otras anteriores, el investigador le dijo: «No entiendo», lo que provocó el comentario: «Bobo». Se le preguntó «¿Por qué?» y la respuesta que se obtuvo fue: «Has visto». Tras mucho esfuerzo, se supo que lo que quería decir es que el investigador había visto que ella había escrito en el reverso del papel, lo que significaba que había invertido la pregunta. Entonces se le preguntó: « ¿A qué pregunta ha respondido que sí?». La respuesta: «A la de Brown».
Otro de los signos que utilizó la personalidad oculta del sujeto fue una línea oblicua corta que trazaba en cualquier lugar del papel como si fuese un intento fallido de escribir algo. Más tarde se descubrió que la línea era una marca con la
4
. Este es uno de los acertijos de la escritura automática y una de las razones de que no sea suficiente leer ¡o que escribe el sujeto, sino que delie verse cómo lo escribe. De hecho, para estudiar el contenido de esos mensajes es necesario grabar la experiencia en película. La explicación de 13rown acerca de la inversión de la palabra ■no» fue: «D no [salle] pregunta. I) lee respuesta. D piensa que entiende. E ve la escritura. E no respuesta real. I) no. Así D no tiene miedo».
que Brown expresaba que una palabra tenía una tilde. Se trataba de la palabra francesa consequent. El investigador la había tomado por la inglesa «consequent» y el sujeto le corrigió de esa manera. Cuando el investigador adivinó de qué se trataba, orgulloso, le preguntó: «Bueno, ¿qué te parece?». Brown respondió: «Bobo».
Cuando la personalidad oculta de la señorita Damon escribía en una hoja nueva, quería decir que hablaba de un nuevo aspecto del problema. Ésta era su manera de expresarse, escribiendo sobre frases ya escritas, separando aquí y allá las diferentes partes de una frase, poniendo puntos en medio de una frase o muy lejos del final de la misma, apuntando la punta o la goma del lápiz hacia una palabra, dando respuestas contradictorias a una misma pregunta, contando las letras de una palabra, las palabras de una frase y dando diferentes cantidades totales según el momento; escribiendo mal una palabra para llamar la atención sobre ella y muchas otras cosas que al principio fueron pasadas por alto o interpretadas erróneamente.
La actitud de Brown hacia la investigación era consistente y muy significativa. Decía que ella era la única que sabía el significado de la escritura, que la señorita Damon no lo sabía y que debido al miedo no lo podía saber; que la señorita Damon necesitaba ayuda y que sólo ella sabía cómo dársela y que la función del investigador era fundamentalmente asumir la responsabilidad y hacerle a Brown sólo preguntas directas y específicas, con la reserva de que Brown podía aceptar, rechazar o posponer las preguntas si pensaba que eso era lo mejor. Se comprobó que Brown protegía a Damon pidiendo que la tratásemos con especial cuidado, apoyándola, distrayendo su atención, engañándola a veces, etc.
Quizás el mejor retrato de la actitud de Brown sean las respuestas que dio: »La escritura significa mucho, B lo sabe todo, D no, no puede, miedo, hace mucho tiempo olvidó algo, D no puede acordarse porque nunca supo nada de ello, ella pensaba que sí pero no. B tiene miedo de contárselo, D se aterrorizará, llorará. A B no le gusta que D esté asustada, no dejará que se asuste. B no le puede decir a D, no se lo dirá. 1) debe saber. D debe obtener ayuda. B necesita ayuda. Erickson pregunta. Pregunte lo correcto, B dice a Erickson la respuesta correcta. Pregunta errónea, respuesta errónea. Pregunta correcta, sólo pregunta correcta y B responde, pero no dice a D porque está asustada. Erickson pregunta, pregunta, pregunta. Brown responde, pero no demasiado deprisa porque D se asusta, llora, enferma. B cuenta la verdad, la verdad. Erickson no entiende, no entiende porque no sabe. B intenta decirlo. Erickson no pregunta lo correcto. Pregunta, pregunta, pregunta. B no puede decir, no dirá. B tiene un poco de miedo; B sólo responde. Pregunta, pregunta».
Se intentó de manera indirecta que Brown diese algunas pistas sobre qué teníamos que preguntar, pero la respuesta siempre era «Erickson pregunta, B responde; pregunta correcta o incorrecta, respuesta correcta o incorrecta».
Por lo tanto, la tarea básica del investigador pasó a ser la de investigar primero qué preguntas hacer y, después, hacer las preguntas de manera que se pudiese responder con sólo una palabra. Las pistas que nos daba Brown parecían dirigidas a provocar un interrogatorio más agresivo. Por otro lado, en conversaciones que tuvimos sobre otros temas, Brown no mostraba restricciones. Además, en esas char
El investigador le comunicó a B su impresión respecto de la conducta de D, a lo que replicó: «Puede ser. No se lo diga demasiado rápido todavía».
Después, tras varias preguntas más, se pudieron descifrar las siguientes palabras: trance, hará, mi, catalepsia, todas, nunca, y fueron puestas en orden en las frases como sigue:
Palabra Posición Frase
Trance 1 1
Hará 2 1
Mi 3 1
Catalepsia 10, 11 o 12 1 y 2 en una secuencia
Todas 8, 9 o 10 1 y 2 en una secuencia
Nunca 13 o 14 1 y 2 en una secuencia
(Al final del artículo daremos una explicación completa de este esquema.)
Se hicieron más preguntas, pero resultaron inútiles. Brown respondía «No» a todas las preguntas.
Más tarde, se intentó iniciar otra estrategia haciendo que la señorita Damon mirase las distintas partes del escrito y diese asociaciones libres; pero fuimos interrumpidos por Brown, que escribió: «No, no». Además, la señorita Damon desarrolló un bloqueo de tal manera que era incapaz de entender la tarea. Aquí encontramos un interesante paralelismo con la conducta de esos pacientes que, en análisis, siguen muy atentos las explicaciones sobre lo que tienen que hacer, pero luego se muestran incapaces de entender la tarea de la asociación libre. En el caso de Brown y la señorita Damon, parecía que B podía bloquear los procesos intelectuales de D.
Ya que la señorita Damon conocía el código Morse, se le sugirió a Brown que podía usar ese método para darnos su mensaje. La palabra que se obtuvo fue S.O.S., lo que, según nos dijo la propia Brown, significaba «E ayuda, pregunta».
Después se intentó identificar palabras y letras sueltas sin tener en cuenta su posición en las palabras o frases. A esas preguntas, Brown respondía con respuestas confusas, contradictorias y conflictivas. Finalmente dijo: «No puedo; no puedo; no son las preguntas correctas», pero tampoco nos decía cómo teníamos que preguntar.
Llegados a ese punto, se le preguntó a Brown si el investigador debía continuar intentando descifrar palabras sueltas, y dijo: «Intenta». De acuerdo con esta estrategia, se le pidió a Brown que trazase dos líneas horizontales, una para simbolizar la palabra con más significado del mensaje y la otra para la menos significativa, y dibujarlas con la longitud que ella quisiera, igual o desigual, ya que las líneas en sí no tendrían ningún significado.
Brown dibujó dos líneas, una el doble de grande que la otra. Cuando hizo la primera, sin embargo, se vio que se detenía momentáneamente hacia la mitad, mientras la segunda línea la hizo de un solo trazo. El investigador tomó esto como una pista e inmediatamente apuntó a la primera línea con su bolígrafo, pero en realidad cubrió la última mitad de la línea. Mientras hacía esto, la señorita Damon, que había estado comentando con el asistente la extraña actitud del investigador haciendo preguntas absurdas, dijo que él debía de estar muy absorto para no notar el desagradable olor del cigarrillo que había dejado caer en el cenicero. Mientras el investigador se disculpaba, vimos que Brown apartaba la hoja donde había trazado las dos líneas. De nuevo, se le preguntó a Brown si podíamos continuar con las preguntas, a lo que respondió: «Pregunta, intenta». Así que nos concentramos de nuevo en la línea y preguntamos a B por qué se había detenido en la primera línea, quizá porque allí había dos palabras. Todo lo que recibimos por respuesta fue que la pregunta no era la correcta. Finalmente, el investigador preguntó enfáticamente: «Esa línea partida significa que hay dos palabras en eso que has escrito, ¿verdad?». «Sí.» «¿Y la palabra olor tiene que ver con la primera parte, verdad?» «No.» « ¿Quieres decir que puede que sea o no desagradable?» «Sí.»
Aquí, Brown llevó la mano a otra parte de la hoja, mientras la señorita Damon declaraba que, de repente, había sentido miedo y que tenía ganas de llorar. Brown escribió: «Ayuda D», y cuando interpretamos esto como «Consuela D», Brown escribió: «Cierto». Inmediatamente, el investigador inició una conversación con la señorita Damon sobre la investigación. Al poco rato, el sujeto se hallaba sosegado y muy interesado por los detalles de la investigación. Sin embargo, al final, el autor le enseñó la línea partida y de nuevo Damon experimentó ese temor, dijo que no entendía qué le pasaba y, de hecho, hizo un pequeño chiste sobre su situación.
De repente, Brown escribió: «Se siente mejor, pregunta, y después escribió «Con», una sílaba que había escrito antes pero que se había dado por equivocada. A continuación, se le preguntó a B durante un buen rato, con la participación de Damon. Ahora surgieron las palabras subconscientemente, subsiguiente, consecuente y consecuencias y de todas dijo Brown que eran correctas e incorrectas. La señorita Damon, impaciente, dijo de Brown que era «mentirosa» y «loca». Ante eso, Brown se negó a escribir más; sólo lo hacía para decir «No». Finalmente, se le preguntó el porqué de su actitud y respondió: «Enfadada». Cuando la señorita Damon leyó eso, se sonrojó avergonzada y dijo: