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El álbum de dibujos a lápiz de 1877 de Alberto Urdaneta

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Academic year: 2020

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UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

FACULTAD DE ARTES Y HUMANIDADES

“El álbum de dibujos a lápiz de 1877 de Alberto Urdaneta”

Presentado a: Patricia Zalamea

Verónica Uribe

Presentado por: María Margarita Rojas López.

Bogotá

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INDICE.

1. Introducción

2. El género del cuaderno de viajes.

3. El viaje a vapor durante el siglo XIX, a bordo del buque el Labrador.

3.1. La compañía General Transatlántica.

3.2. El Labrador.

3.3. Rutas.

4. El álbum de dibujos a lápiz 1877.

4.1. Descripción visual.

4.2. Análisis.

Conclusiones.

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1. INTRODUCCIÓN.

En la sala de “Manuscritos y libros raros”, ubicada en el segundo piso de la Biblioteca Luis Ángel Arango, se alberga la mayoría de documentos de los siglos pasados, entre ellos el álbum de dibujos a lápiz de 1877, realizado por el artista Alberto Urdaneta (1845-1887) inmediato al exilio. Según la restauradora María Andrea Ochoa, éste consiste en una bitácora de 44 láminas y mide aproximadamente 23 x 30 centímetros: está empastado en tela, decorado en bajo relieve color café y lleva por título en letras doradas “Álbum”. Posee un papel industrial tipo cartulina delgado con un gramaje menor a 75 gr., y guarda en la mayoría de sus hojas unas pequeñas galerías que son unos huecos creados por insectos come-papel. En todos los bordes contiene una laminilla con dorado del cantor, que es una especie de polvo adherido después de la encuadernación. Es preciso aclarar también que este álbum al parecer fue intervenido, pues en el lomo la tela es totalmente distinta a la original encontrada en la portada, y además las guardas, que son la primera y última hoja del cuaderno tienen un papel Canson producido en épocas recientes. Finalmente puede decir que el formato es de forma apaisada, es decir, horizontal.

Dentro de sus páginas conserva una serie de retratos hechos a lápiz de personas procedentes de los distintos puertos durante el curso del viaje: desde la costa sur de Cuba hacia el puerto de New York, y partiendo de éste hasta cruzar el Océano Atlántico, a bordo de la línea de la Compañía General Transatlántica El Labrador, con destino a la ciudad de Le Havre en Francia. También incluye el fragmento de un paisaje desconocido, algunos bocetos, un mapa del Océano Atlántico, el tiquete del vapor, recortes del periódico The New York Times de 1878, un soneto escrito por D. Roberto de Narváez, y un poema escrito por el autor.  

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En primer lugar, es importante aclarar que esta obra no ha sido objeto de investigación hasta el momento, y por lo tanto carece de alguna reseña que indique cómo puede ser abordada. Solamente se le ha hecho mención bajo diferentes títulos como el “Álbum del Destierro”1, encontrado en el artículo “Dibujos y Pinturas de Urdaneta” y escrito por Pablo Gamboa Hinestrosa, o “El Álbum del Journal”2 en el catálogo de la exposición: “Alberto Urdaneta: vida y obra”3, organizada por el Banco de la República, ambos de 1992. Algo similar sucede en el texto “El museo-taller de Alberto Urdaneta. Estudio descriptivo4, escrito por Lázaro María Girón del último tomo del “Papel Periódico Ilustrado”, al mencionarlo como el “Álbum de Norteamérica”5, aunque esta vez el autor lo reconoce por llevar el soneto del poeta D. Roberto de Narváez, anteriormente citado. A pesar de ello, ninguna de las fuentes profundiza sobre esta bitácora.

De acuerdo a lo anterior, en la segunda parte del trabajo, se pretende estudiar el objeto bajo la tradición de lo que fue el género del cuaderno de viajes.6 Durante este capítulo se tendrá en cuenta: el origen y significado de lo que es el álbum de viajes, las nociones planteadas alrededor del boceto en los cuadernos de viajes y su relación con el paisaje a finales del siglo XVIII, así como algunos álbumes generados por viajeros o artistas en

                                                                                                               

1Universidad  Nacional  de  Colombia,  “Dibujos  y  Pinturas  de  Urdaneta”  en  Instituto  de   Investigaciones  Estéticas:  ensayos  1995  (Bogotá:  ed.  Imprenta  Patriótica  del  instituto   caro  y  cuervo,  1996),209    

2Biblioteca Luis Ángel Arango, Alberto Urdaneta: vida y obra (Bogotá: ediciones Banco de la Republica, 1992),  10.  

3Biblioteca Luis Ángel Arango, Alberto Urdaneta: vida y obra (Bogotá: ediciones Banco de la Republica, 1992),10.  

4  Urdaneta,  Alberto,  El  Papel  periódico  Ilustrado  Tomo  V,  ed.  Carvajal  S.A,  vol  5   (Bogotá:  Carvajal  S.A.  ,  1979),  312  

5Urdaneta,  Alberto,  El  Papel  periódico  Ilustrado,  312    

6  González  Aranda,  Beatriz.    Una  confrontación  de  miradas  (Cali:  Banco  de  la   República,  1991)  18.    

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diferentes épocas que utilizaron esta herramienta como un diario visual durante sus viajes. En la tercera parte se tendrá en cuenta el contexto donde se desarrolla la obra, esto es, desde la navegación a vapor, más precisamente del buque El Labrador, recurriendo a una breve introducción de los inicios del vapor, seguido de la historia de la Compañía general transatlántica, y deteniéndonos en detalles sobre la estructura del barco en el que iba Alberto Urdaneta, para ilustrar aún más cómo eran las condiciones del viaje por el océano Atlántico y viajar del lado del artista.

En la cuarta parte del trabajo, se realizará una descripción visual para tratar de examinar en detalle los diferentes elementos concertados en el álbum, es decir, se tratará de esclarecer quiénes son las personas retratadas, qué tipo de aspecto tienen, por qué es importante señalar ciertos rasgos dentro del dibujo del personaje. Asimismo, se describirán los demás componentes del álbum, tales como el mapa, el tiquete y los recortes, para definir de qué manera construyen un sentido a la obra. Finalmente se realizará un análisis donde se relacionara este álbum con respecto al género de cuadernos de viaje pero teniendo en cuenta los rasgos de Baudelaire sobre el valor de lo fragmentario, lo inconcluso, lo no terminado, para así dar respuesta al interrogante sobre cuál es la importancia de los dibujos y retratos contenidos en este álbum.

Es importante resaltar que esta obra debe comprenderse por un lado como un producto de los conflictos presentes en la década de 1870 en el país, generados por los partidos conservador y radical, los cuales, dadas sus constantes diferencias, originaron la famosa Guerra de las Escuelas7 (1876-1877). Ésta tuvo su causa en que los radicales

                                                                                                               

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establecieron un sistema educativo básico general para todos los sectores del país y decidieron formular el “Decreto orgánico de instrucción pública del 1 de noviembre de 1870”8, planteando tareas como: “la formulación de los programas de enseñanza, la escogencia y publicación de los textos, la organización de las bibliotecas escolares, el levantamiento de las estadísticas educativas, la supervisión de las Escuelas Normales y la administración de los fondos y la publicación de la Escuela Normal” 9. Esta última se convirtió en el documento oficial de divulgación de todos los cambios y planteamientos concernientes a la educación. Sin embargo, este sistema basado en la democracia, la abolición de las diferencias, la justicia, el amor a la patria y la neutralidad del credo religioso, abrió un camino de diferencias con el conservadurismo y la Iglesia, que no apoyaban una educación laica. De esta manera se le dio paso a otra guerra civil y a nuevas guerrillas conservadoras como Los Mochuelos10, liderada por Carlos María, el hermano de Alberto Urdaneta. Este último también participo de esta guerrilla y así mismo fue el creador del periódico El Mochuelo11, donde arremeterá contra el gobierno de Aquileo Parra mediante el uso de la caricatura, hecho que le causaría en dos ocasiones la prisión. Crea dentro de la cárcel el álbum titulado: Ecos de mi segunda prisión12, y en la segunda vez sufre el destierro donde dará paso a la creación del álbum de dibujos a lápiz. Los primeros días de noviembre de 1877, el artista Alberto Urdaneta sale del país

                                                                                                                (mayo  2005):  3-­‐4  

8Cataño,  “  Los  radicales  y  la  educación”,  3-­‐4.   9Cataño,  “los  radicales  y  la  educación”,  5-­‐6  

10González,  Beatriz.  El  arte  colombiano  en  el  siglo  XIX  (Bogotá:  Bancafé,  Fiducafé,   Fondo  Cultural  Cafetero),  78  

11González,  Beatriz.  El  arte  colombiano,  78.   12  González,  Beatriz.  El  arte  colombiano,  78.  

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siendo desterrado, debido a la orden ejecutada por el presidente, y a que su padre logra gestionar su salida en lugar de la cárcel13.

Por otro lado debe tenerse en cuenta el lugar donde se desarrollará la obra, esto es en el medio de transporte de barcos a vapor14, ya que este factor a mediados de siglo es un hecho muy importante universalmente, pues con el auge de la industrialización en Europa, se dio como resultado las maquinas a vapor y con ello productos como la hélice15, el ferrocarril 16y los buques a vapor transatlánticos17, los más especializados en cruzar el océano con una carga grande de pasajeros. Gracias a ello hubo una demanda mayor de emigrantes, que cruzaron de un continente a otro en busca del progreso, acelerados por el clima de la modernidad18.

En cuanto al contexto artístico colombiano vale la pena destacar que para la década de 1870 estaban siendo presentes “la ilustración gráfica de periódicos, los retratos de ilustrados y textos intelectuales”19 así como la idea de educarse en el exterior, la cual comenzaba a hacerse realidad, siendo Alberto Urdaneta20 uno de los primeros en salir. Este deseo provocó la creación de escuelas dentro del país como la llamada: Academia de

                                                                                                               

13  Moreno  de  Ángel,  pilar.  Biografía  de  Alberto  Urdaneta  (  Bogota,  Colcultura  ,1973)   100  

14  Ballester  Escalas,  Rafael.  Historia  de  la  Navegación  (Barcelona:  Carrogio,  2003),   90.  

15  Universidad  Nacional  de  Colombia,  “Dibujos  y  Pinturas  de  Urdaneta”  en  Instituto   de  Investigaciones  Estéticas:  ensayos  1995,  201  

16  Universidad  Nacional  de  Colombia,  “Dibujos  y  Pinturas  de  Urdaneta”  en  Instituto   de  Investigaciones  Estéticas:  ensayos  1995,201.  

17  Ballester  Escalas,  Rafael.  Historia  de  la  Navegación,  90.   18  Zuloaga  Fombona,  Julieta,  Las  cinco  paradojas,25.  

19  Barney  Cabrera,  Eugenio.  Reseña  del  arte  en  Colombia  durante  el  siglo  XIX  (Bogotá:   Universidad  Nacional  de  Colombia,  1976),99.  

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Vázquez21 y posteriormente pudo darse una proliferación de artistas en países como: “Italia, Francia, Inglaterra, Holanda y Bélgica”22 “allí aprendieron el culto por la antigüedad clásica, la necesidad de una disciplina de precisión absoluta en el estudio natural, a priorizar el dibujo sobre las otras artes plásticas (…)”23

Por lo tanto la presente investigación en torno a este objeto artístico tiene por intención la tarea de revisar con lupa en mano todos los contenidos del álbum, los cuales a medida que fueron revelándose me generaron preguntas sobre cuales fueron sus posibles influencias y cuales sus implicaciones dentro del arte. Estos dibujos a lo largo del trabajo han encontrado su sustento en una tradición del género del cuaderno de viajes dada a lo largo de los siglos, el cual provocó una relación más estrecha con el artista, donde es participe el dibujo inacabado o boceto, el trazo ligero y el apunte rápido. Estos elementos aparentemente faltos de significancia buscan su valor desde el punto de vista Baudelariano que halla en este tipo de obras su “valor eterno”,24 frente a las implicaciones que tuvo la vida moderna con la industrialización. Este interés, el de la investigación, generado por un pequeño fragmento de la historia del arte, guarda relación con las palabras del historiador Gombrich en este caso al decir que:

“Nos planteamos una pregunta y buscamos la manera de descubrir cómo es posible responderla. Hay muchas preguntas en historia a las cuales no podemos responder, porque carecemos de indicios. Digo siempre que la historia es como el queso gruyere:                                                                                                                

21  González,  Beatriz.  El  arte  colombiano,  106.  

22  Barney  Cabrera,  Eugenio.  Reseña  del  arte  en  Colombia  durante  el  siglo  XIX(  Bogotá:   Universidad  Nacional  de  Colombia,  1967),  108.  

23  González,  Beatriz.  El  arte  colombiano,  107.  

24  Zuloaga  Fombona,  Julieta,  trans.  Las  cinco  paradojas  de  la  modernidad  (Caracas:   Monte  Ávila  editores,  1993),  25.  

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tiene muchos agujeros. El talento del historiador consiste precisamente en encontrar preguntas para las cuales piensa que puede obtener respuestas. Antes de toda investigación, es necesario decidir. El talento, se podría decir, el olfato del investigador, es sentir lo que es prometedor, que podrá descubrir algo. Porque, como digo, el resultado es en muchos casos “quizás, quizás no”.25

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                               

25Gombrich,  Ernest  Hans  Joseph.  Lo  que  nos  dice  la  imagen:  conversaciones  sobre  el   arte  y  la  ciencia  (  Barcelona:  Norma,  1993).  

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2. El género del cuaderno de viajes

El género del cuaderno, también conocido como bitácora o álbum de viaje, ha existido desde “el medioevo y el renacimiento”26 y es el medio por el cual los hombres, en su mayoría artistas, buscaron registrar mediante apuntes de escritos o rápidos dibujos aquello que notaban en el ambiente, y constituía una herramienta para “recolectar documentación de viajes, paisajes y ciudades, como también tratar la figura humana aislada o en su entorno natural”27. Por sus dimensiones físicas, siempre fue fácil de cargar, pues la medida de sus ángulos nunca sobrepasaba los límites de un maletín, permitiendo así que el viajero lo llevase sin ningún problema en sus desplazamientos.

Entre las páginas de los cuadernos suelen encontrarse bocetos; éstos son imágenes inacabadas que captan la esencia de las cosas sin necesidad de estar terminadas, y que “tienen el carácter de lo espontáneo, de lo que el artista hace para sí mismo, muchas veces como documentación visual para obras posteriores”28. Durante el renacimiento, por ejemplo, se da el surgimiento del papel29, el interés por la naturaleza30 y las obras antiguas31. Un primer antecedente que refiere al uso del álbum fue el del artista Leonardo

                                                                                                               

26Universidad Nacional de Colombia, “Dibujos y Pinturas de Urdaneta” en Instituto de Investigaciones Estéticas: ensayos 1995 (Bogotá: ed. Imprenta Patriótica del instituto caro y cuervo, 1996),350

27Universidad Nacional de Colombia, “Dibujos y Pinturas de Urdaneta”, 350. 28Universidad Nacional de Colombia, “Dibujos y Pinturas de Urdaneta”, 209

29Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786. Los origenes del arte de Goya (Madrid: Museo del Prado,1994)

30 Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 20 31 Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 20

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da Vinci32, quien generó unas serie de libros33 con dibujos sobre estructuras arquitectónicas, objetos de diseño34 y de figuras humanas. Estos libros han sido considerados dentro del género pues forman parte “de la preocupación por el estudio de la realidad, por las anotaciones rápidas y, en ocasiones, aunque en Leonardo son escasas, por algunos datos de carácter más intimo (…) son por tanto una fusión del concepto del cuaderno de apuntes con el tratado de materias artísticas”35.

En el libro “El Tratado de pintura, Leonardo da Vinci (1452-1519)” traducido por Mario Pittaluga36, se cuenta que el artista: “Dedicose luego, pero con mayor cuidado, a la anatomía de los hombres, ayudado en esto por Messer Marcantonio Della Torre, excelente filósofo, que enseñaba en Pavía (…) fue uno de los primeros, según lo que he oído decir, que comenzó a ilustrar la medicina y a dar luz verdadera de anatomía (…) y esto sirvió maravillosamente del ingenio, obra y mano de Leonardo que, de las anatomías que hizo él mismo, dibujó un libro con lápiz rojo perfilado con pluma, copiándolas con grandísimo cuidado (…)”37. Pittaluga agrega más adelante: “se complacía tanto en ver ciertas cabezas extrañas de los hombres naturales, con barbas y cabelleras, que era capaz de seguir un día entero a la persona que le interesaba; y se la representaba en la mente de tal modo, que al llegar después a su casa la dibujaba como si la hubiese tenido presente.

                                                                                                               

32 Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 20 33 Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-178620.   34Pittaluga, Mario, trans. Tratado de la pintura, 16   35Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 20  

36Pittaluga, Mario, trans. Tratado de la pintura, Leonardo da Vinci (Buenos Aires: Editorial Losada, 1943), 1.

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De estas cabezas de hombres y mujeres dibujadas por él se hallan muchas y yo poseo varias de su mano, dibujadas a pluma, en nuestro libro de dibujos (…)”38.

Para esta misma época, en su deseo por descubrir nuevas tierras el navegante español Cristóbal Colón39 decidió embarcarse hacia América en 149240, y durante el transcurso del viaje por este nuevo mundo aprovechó el recurso del cuaderno para dejar varios escritos y dibujos en papel, los cuales describen su percepción sobre el continente. Hoy en día a este registro se le conoce como “El Diario de a bordo”41, el cual cuenta con varias ediciones facsimilares. Una de ellas fue escrita por Luis Arranz Márquez, y analiza el diario así: “no solo es una pieza indispensable para reconstruir la más grande navegación de la historia, sino que es retrato insuperable de su protagonista, don Cristóbal Colón. Sus conocimientos y noticias, sus observaciones y deducciones

                                                                                                               

38Pittaluga, Mario, trans. Tratado de la pintura, 20

39Márquez Arranz, Luis. Cristóbal Colón: Diario de a bordo (Madrid: Cofás S.A., 2000) 1- 80.

40Márquez Arranz, Luis. Cristóbal Colón, 8. 41Márquez Arranz, Luis. Cristóbal Colón, 1.  

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personales, sus creencias, sus proyectos, sus temores, miedos y angustias, sus obsesiones, esto y mucho más está reflejado en estas páginas (…) Es más, mucho más que un diario marino común. En él no podían faltar rutas, singladuras, distancias recorridas, registro meticuloso de lo observado en el mar, de tierras descubiertas y costas recorridas. Todo lo que le sorprendería, que era mucho (fauna, flora, población indígena, etc.), ha quedado reflejado magistralmente en las imperecederas páginas del Diario de a bordo.”42. Igualmente, Arranz incluye en su libro citas donde el navegante pone en evidencia su fascinación por la marinería y atestigua su adhesión al dibujo: “De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy…Ya pasan de cuarenta años que voy yo en este uso (…) A este mi deseo fallé a Nuestro Señor muy propicio, y hube de Él para ello espíritu de inteligencia. En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética; y ingenio en el ánima y manos para dibujar esfera, y en ellas las ciudades, ríos y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio”43.

No obstante, esta edición revela los escritos pero no las imágenes que hacen parte del diario de Colón. En contraposición a esto, en el libro “The Log of Christopher Columbus”44, el cual toma como objeto de estudio también los diarios de Colón (traducidos al idioma inglés por Roberth Fudson), se añaden no sólo las narraciones escritas de los trayectos, sino también algunas imágenes hechas por el descubridor. En consecuencia, para hablar de sus bocetos, es necesario referirnos a este libro pues allí se albergan la mayoría de las imágenes del viaje.

                                                                                                               

42Márquez Arranz, Luis. Cristóbal Colón, 75- 76. 43Márquez Arranz, Luis. Cristóbal Colón, 7.

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Tomado del libro “The Log of Christopher Columbus”.

Los bocetos que aquí se presentan muestran desde paisajes y personajes nativos o de la tripulación, hasta descripciones de los barcos que zarparon al continente americano, las cuales acompañan las crónicas escritas del diario. Tomando las palabras del libro de Luis Arranz traducido al español, en el “descubrimiento a las Bahamas”45 el 13 de octubre de 149246 Cristóbal Colón cuenta que: “Luego que amaneció, vinieron a la playa muchos de estos hombres, todos mancebos, como dicho tengo, y todos de buena estatura, gente muy hermosa;(…) Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla según la tierra, y grandes, en que algunos venían 40 y 45 hombres (…) remaban con una pala como de

                                                                                                               

45Fuson, H. Robert, The log of Christopher Columbus, 73. 46Fuson, H. Robert, The log of Christopher Columbus, 73.

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honero y anda a maravilla”47. Esta misma descripción se halla en inglés en el libro de Fuson, con la excepción de que en este segundo libro se adjunta la imagen que complementa la anterior cita, donde aparecen los nativos en canoas, el nao o barco de Colón y un paisaje de fondo.

Tomado del libro: “The log of Christopher Colombus”

Por otro lado, se agregan bocetos de las especies de plantas48 tomadas cuando Colón recorrió la Isla de Cuba49. En buena parte de este trayecto, se añaden a sus crónicas escenas de paisajes y de imágenes de los tripulantes, que se alternan de vez en cuando con fondos donde aparecen nativos o barcos. Por ejemplo, un boceto sobre el paisaje se encuentran en la narración para el día 28 de octubre de 1492, donde el navegante escribe: “La hierba era grande como en el Andalucía por abril y mayo. Halló verdolagas muchas y

                                                                                                               

47Márquez Arranz, Luis. Cristóbal Colón, 109.

48Fuson, H. Robert, The log of Christopher Columbus, 95. 49Fuson, H. Robert, The log of Christopher Columbus, 93.      

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bledos. Tornóse a la barca y anduvo por el río arriba un buen rato y era, dice que gran placer ver aquellas verduras y arboledas, y de las aves que no podía dejarlas para se volver.”50. Esta descripción concuerda con la imagen presentada en el libro de Furson en la página 96, donde el boceto muestra árboles grandes y una barca al parecer con dos tripulantes. Este boceto tiene, además, algunas partes terminadas y otras donde es evidente el trazo del lápiz mezclado con algunos tintes a la acuarela.

Tomado del libro: “The log of Christopher Colombus”

En ocasiones, Colón solía retratarse acompañado de nativos o de tripulantes. Fuson nos ilustra con dos de estos retratos, el primero tomado del 2 de Noviembre del 9251, donde el autor escribe: “Esta mañana he tomado la altitud con mi cuadrante y encontré que Río de Mares esta a 21 grados del norte de ecuador. He calculado que he recorrido 1,142 lenguas                                                                                                                

50Márquez Arranz, Luis. Cristóbal Colón, 200.

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o 3,426 millas desde la isla de Hierro y todavía afirmo que aquella es tierra firme.”52. La imagen presentada muestra a Colón con el objeto llamado cuadrante y un tripulante más, ambos en la tarea de revisar la altitud.

Tomado del libro :“The log of Christopher Colombus”

En el segundo retrato, aparece el descubridor en una barca y a su alrededor dos indígenas que le ofrecen conchas53. Este boceto hace parte también de la crónica que narra Colón el 16 de noviembre así: “cuando regrese al barco, encontré que los indios que estaban conmigo, pescaron conchas, las cuales se encuentran en esos mares, y yo hice que la gente buceara y buscaran nácaras, que son las ostras donde se forman las perlas.”54.

                                                                                                               

52Fuson, H. Robert, The log of Christopher Columbus, 101. 53Fuson, H. Robert, The log of Christopher Columbus, 117.         54Fuson, H. Robert, The log of Christopher Columbus, 110.

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Tomado del libro: “The log of the Christopher Columbus”

En este diario se muestran, además, bocetos sobre los problemas que existieron durante el viaje, y casi siempre se enseñan partes del paisaje y de los pobladores del continente, así como la representación de fauna, flora y frutas. Es una versión fiel a la naturaleza a partir de una perspectiva singular, donde el mismo cuaderno hace parte del viaje.

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Tomado del libro: “The log of Christopher Colombus”.

El tema del boceto en los cuadernos de los viajeros cobraba tanta importancia, que hacia finales del siglo XVIII el teórico William Gilpin55 estableció el “arte de abocetar”56 como un fundamento para todos aquellos que deseaban tomar vistas de la naturaleza durante sus viajes “con la intención de fijarlas en vuestra propia memoria como de transmitir, hasta cierto punto, vuestras ideas a los demás”57, y así posteriormente realizar cuadros con escenas de paisajes. Bajo estos parámetros dados por Gilpin, el boceto se dividía en dos pasos: el boceto natural y el boceto adornado. Este último se basaba en las indicaciones tomadas por el primero, sin embargo, aunque a este dibujo se le añade color y más formas, es interesante cómo el autor no lo sobreestimaba, ni lo consideraba una forma más elaborada del boceto mismo.

                                                                                                               

55Veuthey, Maysi, trans., “El arte de abocetar” en Tres ensayos sobre la belleza pintoresca (Madrid: Abada Editores, S. L., 2004), 99.

56Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”, 99. 57Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”, 100.    

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Ahora bien, según el tratado de Gilpin, es necesario comenzar de la siguiente forma: “cuando veis una escena de la que deseáis hacer un boceto, vuestra primera consideración será la de adoptar el mejor punto de vista. Unos pocos pasos hacia la derecha o hacia la izquierda suponen una gran diferencia (…) Una vez fijado el punto de vista, la siguiente consideración consiste en cómo reducir adecuadamente la escena para comprenderla dentro de los límites de vuestro papel, pues al ser la escala de la naturaleza tan diferente de la vuestra, si no se tiene algo de experiencia, resulta difícil hacer que ambas coincidan. Si el paisaje que tenéis delante es muy extenso, es preferible no incluirlo todo en un solo boceto, sería deseable, para mayor comodidad, dividirlo en dos.”58.

Además, en las ideas de Gilpin se añaden las diferentes herramientas para la ejecución de los bocetos, donde era usual el lápiz, pues según este teórico “no hay nada que deslice con tanta facilidad sobre el papel y que ejecute tan rápidamente una idea. Tiene, además, otra ventaja, su color gris conviene mejor una aguada que la tiza negra, la sanguina o cualquier otra barra. Por otra parte, admite fáciles correcciones. (…) La virtud de estos bocetos rápidos realizados con lápiz de plomo consiste en captar inmediatamente los rasgos característicos de una escena (…) Las ideas dominantes tienen que fijarse en el sitio, si se dejan a la memoria se evaporarán rápidamente.”59.

No obstante, Gilpin, consciente de los errores que se cometen con el lápiz (el cual no alcanza a diferenciar la distancia respecto al objeto observado frente a la hoja), sugiere entonces “tomar en el sitio unas cuantas referencias escritas. En este punto, el viajero tiene que ser conciso, ya que el carácter de su escena depende mucho de la correcta                                                                                                                

58Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”, 100. 59Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”, 101.  

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observación de las distancias. Ahora bien, en cuanto pueda revisará su boceto, añadirá unos cuantos trazos con la pluma, para marcar los primeros planos, y con una ligera aguada de tinta china añadirá algunas luces y sombras generales para dejarlo todo fijado y en su sitio”60, y concluye con que “no es necesario que un boceto vaya más allá, cuando lo que se pretende es sólo que sirva de ayuda a nuestra memoria.”61.

Respecto al boceto adornado, el teórico aconseja realizar uno nuevo lejos del primero, para comprender los errores que se cometan en esta otra ejecución del paisaje. Sugiere definir una “composición ordenada”62 donde se hayan corregido partes de las líneas que da la naturaleza para delimitarla mejor, al igual que el uso de trazos más ligeros y libres que reafirmen las formas de la naturaleza, y algunos tintes y colores tomados de la acuarela o de la pintura que no lleven al boceto a una estructura rígida, para así generar una expresión más natural63. Es importante recalcar que en estos bocetos adornados la suma de luces y sombras es un efecto importante ya que “por sus virtudes, es capaz de dar valor incluso a un tema estéril. Proporciona armonía sin que haya ninguna riqueza compositiva, del mismo modo que se consigue produciendo acordes en un instrumento musical”64.

Según Gilpin, la forma de los bocetos tampoco refiere a paisajes elaborados, pues este instructivo indica: “aunque no sobresalgáis en la ejecución (lo que, en verdad,                                                                                                                

60Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”,103. 61Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”,103. 62Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”,105. 63Veuthey, Maysi, trans., “ el arte de abocetar”,106. 64Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”, 108-109.      

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difícilmente podéis esperar), al menos podéis, dibujando con fidelidad una hermosa región, dar valor a un boceto en sí mismo insignificante. Podéis disfrutar vosotros mismos con los recuerdos y podéis hacer disfrutar a otros expresando vuestras ideas (…)”65.

El tema del boceto y el uso de los álbumes de viajes caló mucho en los artistas de Occidente. Goya, por ejemplo, también se apoyó en éstos mientras recorría Italia. De este viaje surgió el “Cuaderno italiano 1770- 1786”66, el cual fue compilado por el Museo del Prado en un facsímil de 199267. Se trata de una serie de dibujos de personajes en la calle tomados al natural, y apuntes para obras posteriores tales como: “Aníbal vencedor, que por primera vez miró Italia desde los Alpes, Santa Bárbara, muerte de San Francisco Javier y la Virgen del pilar”68. Así mismo, se encuentran bocetos de “cabezas enmascaradas”69, los cuales fueron tomados de la ópera y la comedia y son el antecedente de su tema de los Caprichos70. Se añaden también algunos paisajes citadinos, de niños y algunos dibujos extraños que al parecer pertenecían a uno de sus últimos hijos, llamado Xavi71. De este álbum se dice que: “lo debió llevar a menudo en el bolsillo, que lo guardaría en el cajón de su mesa de trabajo, que sin duda lo manoseó y abrió innumerables de veces, que recogió en sus páginas lo que saltaba a sus ojos de artista único y excepcional, que apuntó con rápida seguridad las primeras ideas para sus primeros encargos, que anotó en él desde cuantas materiales de pintura y direcciones                                                                                                                

65Veuthey, Maysi, trans., “el arte de abocetar”, 108-109.         66Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 1.   67Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 2.   68Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786,  33.   69Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 34.   70Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 34. 71Museo del Prado. El cuaderno italiano 1770-1786, 36.

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útiles, recetas artísticas y registro de sus ahorros, hasta las ciudades y las obras que le llamaron la atención en Italia (…) Este taccuino, comprado seguramente en Roma, debió de constituir para el artista el recuerdo tangible de esa Italia a la que, ahora, a través de las páginas del propio Cuaderno, se sabe con certeza que quiso

volver.”72. A

                                                                                                               

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B C.

D

E.

A.“Alegoría de la fortaleza” tomado del libro: “El cuaderno italiano de Goya”

B. “Expulsión de Adán y Eva del paraíso” tomado del libro: “El cuaderno italiano de Goya”

C. “Figura velada con cesto en la cabeza y Disparate de miedo” tomado del libro: “El cuaderno italiano de Goya”

E. “buena mujer parece y Mujer con niño en los brazos” tomado del libro: “El cuaderno italiano de Goya”

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Dentro de este mismo género se puede incluir el cuaderno de viaje creado por el artista Eugene Delacroix en su viaje por Marruecos, en 183273. Basándonos en el libro “The Journal of Eugene Delacroix”, traducido del francés al idioma inglés por Walter Pach, vemos que el artista dibujó escenas paisajísticas de ríos como Sebou74, el Alcassar-el-Kebir75, de Meknez76 y el río de Algeria77 durante su viaje por el Oriente. Incluyó bocetos sobre la gente de Marruecos, sus trajes y modo de vida, apuntando a la vez observaciones tales como: “this people is wholly antique (…) It was among these people that I really discovered from myself the beauty of antiquity”, que traducido al español sería: “estas personas son totalmente antiguas (…) Es dentro de estas personas que realmente descubro la belleza de la antigüedad desde mi ser”. En este diario es usual encontrar los dibujos a lápiz y en acuarela, sin que por ello estén del todo terminados, pues justamente el artista ha usado el cuaderno como su libreta de apuntes.

                                                                                                               

73Pach, Walter, trans. The Journal of Eugene Delacroix (New York: Crown Publishers, 1948).

74Pach, Walter, trans. The Journal of Eugene Delacroix, 15. 75Pach, Walter, trans. The Journal of Eugene Delacroix, 15. 76Pach, Walter, trans. The Journal of Eugene Delacroix, 15. 77Pach, Walter, trans. The Journal of Eugene Delacroix, 15.  

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Tomado del libro: “The Journal of Eugenie D.”

Continuando con esta tradición, se encuentran una serie de álbumes realizados por el artista ingles Joseph William Turner, quien creó una gran cantidad de cuadernos con vistas de paisajes, los cuales pueden verse en la página web de la galería Tate Modern de Inglaterra78. De todos sus álbumes, es importante recalcar el viaje a Venecia entre 1833 y 184679, pues allí se hallan bocetos a lápiz con diferentes vistas de la ciudad.

Tomado de colección en línea de la Tate Modern de Londres.

En Colombia, el género del álbum también hizo eco entre los artistas nacionales. A raíz del influjo de viajeros extranjeros que recorrieron el país, se hicieron una gran cantidad                                                                                                                

78Tate modern. “Sketchbooks from the 1830`s”. Modificado el 2 de Junio, 2011. http://www.tate.org.uk/servlet/BrowseGroup?cgroupid=999999990.  

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de paisajes, como en el caso de Frederich Edwin Church o los apuntes sobre las diferentes regiones, como es el caso de los extranjeros Edward Mark, Joseph Brown y Augusto Le Moyne. Estos, posteriormente en Europa, crearon “álbumes litografiados”80, que eran libros sobre las memorias de sus viajes. Según la revista Credencial, durante el siglo XIX este hecho marcó, “un proceso de reconocimiento y sentimiento de nacionalidad que estaba gestándose con las influencias del romanticismo y el inicio del costumbrismo, registrándose en sus obras los elementos tradicionales y las costumbres de nuestro país, por parte de los artistas nacionales como José María Espinosa, Ramón Torres Méndez y Luis García Hevia.”81.

Hacia finales del siglo, y unido a esta corriente Costumbrista, cabe resaltar el nombre del artista colombiano Eusebio Posada, por su bitácora titulada: “Álbum de recuerdos”82, realizada en 1884 y 188583, donde las imágenes refieren a lugares del interior de Colombia. Esta información, hallada en la revista Credencial Historia, cuenta que el álbum contiene: “diferentes sitios de la sabana de Bogotá, pueblos como Chía, Soacha y Subachoque; momentos de su viaje por el río Magdalena, Ocaña y los pueblos que conforman su provincia; retratos, escenas de días de campo e interiores de casas.”84 Estos dibujos fueron hechos no solamente a lápiz sino también a la acuarela85 y al gouche86.

                                                                                                               

80Sánchez Cabra, Efraín. Ramón Torres Méndez pintor de la vida moderna (1809-1885) (Bogotá: Colcultura, 1987), 127  

81José Miguel Navarro Soto, “El álbum de recuerdos de Eusebio Posada. Primer indicio de un artista de finales del siglo XIX,” Credencial Historia 108 (2005): 25, acceso Diciembre 1, 1998, doi:  10801.htm.  

82Navarro Soto, “El álbum de recuerdos”, 25. 83Navarro Soto, “El álbum de recuerdos”, 25. 84Navarro Soto, “El álbum de recuerdos”, 25-26. 85Navarro Soto, “El álbum de recuerdos”, 25-26.

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Tomados de la revista Credencial Historia: “el álbum de mis recuerdos de Eusebio Posada”.

3. El viaje a vapor durante el siglo XIX a bordo del buque el Labrador de la compañía General Transatlántica.

La navegación, que hasta finales del siglo XVIII y durante el XIX tenía como representante a los barcos veleros87, tuvo que reconocer en los inicios y mediados del siglo XIX las deficiencias en el sistema operativo de la rueda de paletas88 y de las velas89

                                                                                                               

86Navarro Soto, “El álbum de recuerdos”, 25-26.  

87   En   el   libro   “Historia   de   la   Marina”   escrito   por     Erik   Nitsche,   se   describen   estos   barcos  como  aquellos  que  poseían  grandes  velas  en  los  mástiles,  sirviendo  como  un   medio  de  propulsión.  

88  La  rueda  de  paletas  era  la  fuerza  motora  del  barco.  Son  varios  remos  en  madera   que   solo   podían   ser   impulsados   por   la   fuerza   bruta   de   un   animal   o   de   cientos   de   hombres.  

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como fuentes de propulsión. Por suerte, paralelo a los avances de la Industrialización, surgieron la máquina de vapor y la hélice, las cuales lograron tecnificar los problemas de potencia. Con la ayuda de estas dos nuevas tecnologías, en la primera mitad del siglo se conformaron los famosos barcos a vapor.

Sin embargo, desde finales del siglo XVIII ya se había logrado la construcción de la primera máquina a vapor por el escocés James Watt90; los franceses aún no confiaban en la fuerza de la máquina y les dejaron este avance a los norteamericanos, quienes llevaron a cabo los primeros intentos. Entre los más reconocidos estaban: “William Henry (1760), Oliver Evans (1802), Jhon Stevens (1808), Jhon Fitch (1790) y Robert Fulton (1803)”91. Dentro de este grupo, el más sobresaliente fue Robert Fulton y con éste el primer barco seguro a la mar, llamado “Clermont”, de 1807. Este primer indicio generó en Norteamérica una expansión de barcos como el “Savanah”92. En contraste, del otro lado del continente la construcción de nuevos ejemplares a vapor logró por fin superar el paso del Siena, destacándose Los Paquebotes de Inglaterra, como el “Sirius”93 y el “Great Western”94, los primeros en cruzar el Océano Atlántico en 1838.

Francia parecía no pronunciarse todavía con respecto a los vapores y prefirió seguir produciendo nuevos veleros militares menos ostentosos y más eficaces. Los barcos

                                                                                                               

89   Las   velas,   durante   la   existencia   de   los   Clippers,   ayudaban   a   impulsar   el   barco   dependiendo  la  cantidad  de  aire  que  recogían.  Se  identifican  por  llevar  estandartes   de  los  países  o  cuerpos  militares.  

90  Nitsche,  Erik.  Historia  de  la  marina  (Bogotá:  Continente  S.  A.  1965),  80.   91  Nitsche,  Erik.  Historia  de  la  marina,  80.  

92  Ballester  Escalas,  Rafael.  Historia  de  la  Navegación  (Barcelona:  Carrogio,  2003),   125  

93Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127   94Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127  

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“Suffren”95, “Sphinx”96, “La Belle Poule”97 (1840), “El Arquímedes”98 (1839) y “Napoleón”99 en plena mitad de siglo y los famosos Acorazados, llamados así por “sus costados recubiertos por una coraza de 10 a 12 centímetros de espesor”100, fueron los últimos veleros en el mar.

Este gran paso del velero al vapor, dado finalmente a mediados del siglo, generó la producción de las Compañías Transatlánticas, siendo uno de los medios principales de transporte de pasajeros y de carga de líneas postales. Estas primeras compañías marítimas se preocuparon por la comodidad de los viajeros, quienes por mucho tiempo habían compartido el espacio con las cargas mercantiles de los buques. Entre éstas se encontraban “The Cunard Line”101 (1843), “The Collins Line”102 (1849), “The Hamburg-America”103 (1856), “Norddeutscher Lloyd”104 (1858) y la “Compagnie Générale Transatlantique”105 (1864).

En sus inicios106, y debido a la cantidad de gente que emigraba hacia los continentes, en especial América, la estructura interna de los transatlánticos no favorecía la salubridad de las personas, ya que los espacios hacinaban a la gente y hacían falta baños para suplir sus                                                                                                                

95Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127     96Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127    

97Según  Ballester,  La  Belle  Poule  cargó  en  1840  las  cenizas  de  Napoleón,  de  Santa   Helena  hasta  Le  Havre.  

98Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127     99Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127   100Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127  

101Bathe,  Basil  y  traducción  de  Consuelo  G.  de  Ortega.  Los  Paquebotes  desde  las   cruzadas  hasta  los  cruceros  (  Barcelona:  Aymá,  1973),  175.  

102Bathe,  Basil,  Los  Paquebotes,  130   103Bathe,  Basil,  Los  Paquebotes,  130  

104Ballester,  Historia  de  la  navegación,  127   105Bathe,  Basil,  Los  Paquebotes,  130  

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necesidades, los espacios eran muy estrechos, no había camarotes cómodos y las raciones de comida eran pocas, sin ninguna orden del día, por ende muchos tendían a enfermarse de infecciones o morir durante el trayecto.

A mediados de siglo, esta situación llevó a la comisión de Bienes Coloniales y de la Emigración Británica107 a decretar nuevos reglamentos en los buques para salvaguardar la vida de los pasajeros a mediados de siglo. Gracias a ellos mejoraron los espacios, se reconstruyeron lo camarotes, ampliaron la estructura del centro para disponer salones de reunión, dejando menos espacio en el lugar de la proa y popa, incluyeron baños y decoraron con muebles retocados, cuadros clásicos, vajilla repujada, entre otras cosas. Esta remodelación generó barcos lujosos, una marcada diferencia entre las clases sociales y una demanda de personas con deseos de viajar, incrementando el negocio de las líneas transatlánticas en el tercer decenio de siglo.

A raíz de este tipo de medios de transporte no sólo se generó un nuevo mercado, sino que también se gestaron ideas de progreso y de sueños entre las personas. Primaba el espíritu de rehacer la vida en otro lugar y expandir nuevas transacciones comunicativas o comerciales, por lo tanto se recurrió a este medio para lograr desplazarse. En Colombia, por ejemplo, las embarcaciones a vapor generaron un influjo mayor de comercio dentro y fuera del país108, permitiendo abrir la presencia del país hacia el exterior, haciéndolo de algún modo más visible. Esto no implica que antes no se conociera, pues los libros de los viajeros y sus memorias conservaron, mediante las pinturas, las imágenes de los tipos y                                                                                                                

107  Ballester,  Historia  de  la  Navegación,  91  

108  Poveda  Ramos,  Gabriel.  Vapores  fluviales  en  Colombia  (Bogotá:  Tercer  mundo   Editores,  1998),125.  

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costumbres anteriormente citadas, sin embargo sí se hizo presente en otros lugares, al desplazarse las personas a otros continentes.

Una de las empresas marítimas que llegaron al país fue la “Compañía Generale Transatlántica”, que permitió las conexiones anteriormente dichas y las comunicaciones vía postal. Es precisamente en ésta donde Alberto Urdaneta viaja de un lugar a otro luego de haber sido exiliado, y la que permite a su vez desarrollar el álbum de dibujos a lápiz. Por lo anterior, es importante saber un poco sobre su historia y posteriormente conocer la línea “El Labrador” de la compañía , para así hacernos una idea e ilustrarnos un poco sobre su contexto.

3. 1 La Compañía General Transatlántica

La compañía inició sus viajes por el atlántico en 1864, pero en la escena marítima ya existía desde la segunda mitad del XIX. Según el libro “Los Paquebotes, desde las cruzadas hasta los cruceros”, escrito por Basil Bathe y traducido por Consuelo G. De Ortega, en un principio tuvo por nombre la “Générale Maritime”109, pero en 1861 se le cambió por lo que hoy conocemos como “Compañía Générale Transatlántique”110, a causa del contrato firmado con el gobierno francés de transportar correos hacia América y las Antillas.

                                                                                                               

109Bathe,  Basil  y  traducción  de  Consuelo  G.  de  Ortega.  Los  Paquebotes  desde  las   cruzadas  hasta  los  cruceros  (  Barcelona:  Aymá,  1973),  170.    

110Bathe  Basil  y  Ortega,  Consuelo,  Los  Paquebotes  desde  las  cruzadas  hasta  los   cruceros,  175.  

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La Générale o Transat111 comienza sus viajes con barcos hechos en hierro y rueda de paletas a los lados, pero debido a la aparición de la hélice los hermanos Pereire112, dueños de la compañía, deciden adaptar el dispositivo, dando por terminadas estas operaciones en 1874. Entre los buques más famosos de la compañía durante el XIX, Ortega recalca el “Washington” o “Louise”113, “Lafayette”, “Europe”, el “Saint-Laurent”, el “Ville de-París” y el “Pereire”114. Sin embargo, en lo que respecta a esta investigación, dentro del álbum de Urdaneta se encuentra el tiquete del viaje en el cual aparecen, aparte de las ya citadas, otras cinco flotas más: “El France, Amérique, Canada, St-Germain y El Labrador”115. En su sección de “Avisos” en 1877, el periódico bogotano “El Relator” aclara que los buques más confortables eran: “Saint Germaine, Amerique y France”116, es decir, 3 de los 14 vapores que conformaban la familia de la línea de las Antillas en 1877. Además, en el mismo tiquete se describen el peso, la fuerza de cada flota, los días de salida al mar, como también las diferentes líneas administrativas de ciudades como París, Le Havre y New York.

                                                                                                               

111Bathe,  Basil  y  Ortega,  Consuelo.  Los  Paquebotes  desde  las  cruzadas  hasta  los   cruceros,  175.    

112Nitsche,  Erik.  Historia  de  la  marina,  200.    

113Ortega   recalca   que   Los   Paquebotes   Washington   y   Lafayette   contaban   con   doble   hélice  para  ese  entonces,  por  lo  cual  han  sido  considerados  los  primeros  de  doble   hélice  en  la  ruta  transatlántica.  

114Bathe,  Basil  y  Ortega,  Consuelo.  Los  Paquebotes  desde  las  cruzadas  hasta  los   cruceros,  176.  

115  El  álbum  de  dibujos  a  lápiz  1877,  pág  40.   116El  álbum  de  dibujos  a  lápiz  1877,  pág  40.  

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En la actualidad, Francia adelanta investigaciones en torno a sus compañías marítimas gracias a la conservación que tienen sobre datos, imágenes, posters y listas de pasajeros. Hoy esta información se encuentra en la página de Internet Frenchline.com o en el centro de documentación l`Association French Lines en Le Havre, la cual nos facilita descripciones físicas e históricas de cada vapor, aproximando su número a los 500 buques en total.

3. 2 El Labrador

Fue uno de los 5 mejores transatlánticos de la Compañía G en cruzar el Océano Atlántico, y transportó a nuestro artista durante 1877 y 1878. Entre sus principales características

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están los 3 mástiles repartidos desde la proa, centro y popa, dos calderas en el centro y una hélice. Según la frenchline.com este vapor fue construido en Escocia en 1875, su casco era de hierro, medía 120 metros de largo y 13,4 de ancho y fue llamado así porque recorría Le Havre - New York, transportaba pasajeros y servía como línea postal.

El Labrador en Los paquebotes desde las cruzadas hasta los cruceros.

En las páginas 124-125 de la traducción de Ortega se presenta una imagen del interior del buque. Ésta resulta ser un documento muy útil porque demuestra en detalle las divisiones, la clase de pasajeros, marineros, las cargas y una parte del sistema operativo, descrito así: en la primera imagen del lateral derecho del barco, están los dormitorios de los pasajeros, y una parte de la carga de pasajeros. En estos dormitorios o cabinas es evidente el uso de sillas de salón117 y una mejor estructura de la división entre las divisiones del barco. En la segunda imagen del lateral izquierdo están las estancias de los trabajadores                                                                                                                

117Bathe,  Basil  y  Ortega,  Consuelo.  Los  Paquebotes  desde  las  cruzadas  hasta  los   cruceros,  177.    

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del barco, en los niveles restantes toda la carga de suministros, y posiblemente entre las demás cajas que no se especifican se encuentran los correos.

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Era una línea muy elegante y ofrecía en su interior muchas comodidades, entre ellas las sillas de salón118, gusto de la época. Existen dos ilustraciones que hacen referencia a la carta de comidas y vinos de primera clase; este primer menú aunque no pertenece al “Labrador” sino al “Pereire” 119(ambos hacen parte de la misma línea) ilustra el tipo de servicio de la compañía, el cual resultaba muy sofisticado, e incluía también anuncios hoteleros de París. En la segunda ilustración, se muestran varios tipos de vinos, entre rojos y blancos, con sus respectivos precios, así como otro tipo de licores. Este menú era general para todos los Transatlánticos.

                                                                                                                118  Ortega,  Los  Paquebotes,  156   119  Ortega,  Los  Paquebotes,  156  

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3.3 Rutas

En el álbum de dibujos de Urdaneta (1877) existe una copia de la ruta que realizó el “Labrador” sobre un mapa del Océan Atlantique Septentrional. Éste comprende dos tipos de rutas Le Havre - New York y las Antillas: la primera, llamada “Las Antillas”, podía salir en uno de los buques Inter-coloniales con transbordos desde Suramérica, pasar la Isla San Thomas en las Antillas, llegar a la Habana en Cuba, seguir hasta New York, parar en Plymounth en Inglaterra, y atravesar el canal de la Mancha hasta Le Havre en Francia. La segunda ruta New York - Francia se componía de viajes directos, sin

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transbordos; pero en cualquiera de las dos rutas, desde New York a Le Havre, se recorrían 3215 millas.

Los viajes directos desde Francia hasta las Antillas o Centroamérica partían del puerto de Cherbourg, recorrían una parte del canal de la Mancha, bordeando la costa francesa hasta Bordeaux, y seguían hasta la bahía de Santander en España. De allí partían para atravesar el Océano Atlántico, se acercaban a las Islas de Azores hasta llegar a una de las islas Antillas, y aquí podían parar o seguir bajando hasta Suramérica. Este recorrido era mucho más rápido según Ortega porque la mitad de la carga se hacía en Francia y España, mientras que desde Suramérica requería más carga y pasajeros.

Conocer estas rutas no solo revela datos importantes de los viajes del barco sino que ilustra y ayuda a entender como fue el viaje realizado por el artista Alberto Urdaneta durante el tiempo que le tomo a travesar el atlántico hasta llegar al continente europeo.

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4. El álbum de dibujos a lápiz 1877 por el artista Alberto Urdaneta.

Alma de duda y desengaños llena!

Helado corazón, que en la sombría

Noche de la fatal melancolía

Sacudes, sollozando tu cadena!

Deja este suelo ingrato, á que es ajena

--Flor de nuestro pensil--la poesía;

Y el mundo trueca y su algaraza impía

Del campo amigo por la paz serena.

Huyamos! Un rincón--no importa dónde--

Soledad y silencio--un claro cielo;

Una choza que entre árboles se esconde

Y la canción del ave, que su vuelo

Posa en el techo y desde allí responde

Al reclamo de amor--es cuanto anhelo.

Soneto escrito por D. Roberto de Narváez en el Álbum de dibujos a lápiz (1877)

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4.1  Descripción  visual  

Según   el   orden   establecido   por   la   Biblioteca   Luis   Ángel   Arango,   es   importante   señalar   que   la   disposición   de   los   dibujos   no   tiene   una   coherencia   evidente,   pues   muchos  poseen  fechas  distintas  y  nombres  de  barcos  diferentes,  por  lo  que  a  veces   parece   que   no   estuviera   claro   el   trayecto   del   viaje.   Por   esto,   la   descripción   que   se   plantea   a   continuación   tiene   por   intención   el   análisis   de   cada   una   de   las   hojas   de   acuerdo   al   orden   ya   preestablecido.   No   obstante   antes   de   iniciar   la   misma,   se   esclarecerá  cuales  fueron  las  rutas  para  que  a  medida  que  se  lleve  la  descripción  se   tengan  en  cuenta  estos  factores  y  así  evitar  confusiones.      

En  primer  lugar  es  necesario  aclarar  que  no  es  posible  conocer  el  viaje  iniciado  por   Urdaneta  desde  Colombia  a  comienzos  de  noviembre  (entendiendo  que  el  destierro   fue  provocado  a  finales  de  octubre120),  sino  hasta  cuando  éste  llega  a  la  isla  cubana.   En  este  trayecto,  Urdaneta  debe  embarcarse  en  dos  tipos  de  bracos:  el  Trinidad  y  el   Saratoga.  Estos  nombres  refieren  a  dos  puertos  ubicados  en  lugares  distintos  según   el   croquis   en   el   mapamundi121:   el   primero   de   ellos   está   ubicado   en   la   zona   sur-­‐ oriente  de  la  isla  cubana,  y  es  todavía  considerado  un  puerto  comercial  importante   para   esta   isla122,   mientras   que   el   Saratoga123   está   localizado   en   la   costa   de   los   Estados  Unidos,  entre  Boston  y  el  río  Hudson,  pasando  por  el  cabo  Haterras,  cerca  

                                                                                                               

120  Moreno  de  Ángel,  Pilar.  Biografía  de  Alberto  Urdaneta  (Bogotá:  colcultura,  1974),   25.  

121El  Tiempo,  “Millenium  atlas”,  ed.  Casa  Editorial  El  Tiempo,  vol  1.(Bogotá:  Printer   Colombiana  S.A,  2002),81.  

122El  Tiempo,  “Millenium  atlas”,  82.   123El  Tiempo,  “Millenium  atlas”,  51    

(42)

de   New   York.   Según   los   datos   encontrados   en   los   retratos,   esta   primera   ruta   se   desarrolló   durante   los   meses   de   noviembre   y   diciembre   del   1877,   y   tenía   como   destino  la  ciudad  de  New  York.    

Como  consecuencia,    durante  la  segunda  ruta  iniciada  desde  New  York  hasta  Europa   a   bordo   del   transatlántico   El   Labrador,   no   habrá   indicaciones   en   muchos   de   los   dibujos  sobre  este  barco,  pues  se  entiende  que  los  bocetos  pertenecen  a  este  lugar.   Sin   embargo,   para   conocer   los   dibujos   respectivos,   se   han   tenido   en   cuenta   las   descripciones   de   los   dibujos   y   algunos   documentos   encontrados   que   nos   indican   cuáles  retratos  hacen  parte  del  buque  Labrador.  

En  el  borde  inferior  del  lado  izquierdo,  en  la  primera  hoja  del  álbum  de  dibujos  a   lápiz,   se   ubica   un   apunte   en   lápiz   con   algunas   direcciones   que   el   artista   escribió,   mientras  que  en  el  lado  superior  derecho  de  la  página  surge  un  poema  escrito  por  el   artista,  que  dice  lo  siguiente:    

“para  qué  tomar  a  lo  serio  las  locuras  que  se  cometen!  

Para  que  ellas  pierdan  el  encanto  que  puedan  tener  

—menester  es  tener  la  filosofía  del  corazón—  

cuando  se  atraviesa  rápidamente  un  bosque,  a  las  veces,  

bajo  las  frescas  ramas  vence  una  noche  embalsamada  de  nuevos  perfumes,  

de  aromas  deliciosos  que  van  rápidamente  buscando  el  corazón.  

Se  camina,  en  diferentes  momentos  y  no  es  sino  un  poco  más  lejos,  

al  abandonar  el  bosque  que  por  el  recuerdo  solamente  se  respira  ese  perfume.  

Suele  abrirse  en  medio  de  mil  acordes  de  músicas  que  aburren  una  nota  

escuetamente  divina,  un  acento  todo  lleno  de  melancolía,  un  eco  de  un  tiempo  que    

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nota  va  derecho  al  corazón;    una  lágrima  de  alegría  viene  a  los  ojos,  e  hai  para  ello  valor  si   abren  los  brazos  para  empuñar  una  visión  o  para  valorar  más  una  hada  ….  deja  con  más  

destela,  más  encantadora  aquella  nota  –  El  amor  es  el  perfume  del  bacio,  esta  nota   melodiosa,  es  un  yayo  que  paso  es  un  horizonte  que  atrae  es  una  flor  herida  o  marchita   muchas  veces  pero  siempre  perfumada.  Es  a  veces  un  recuerdo  mas  triste    que  hulle  pero  

cuya  tristeza    muestra  ….  No  busques  en  el  amor  lo  que  no  puede  dar….-­‐-­‐”  

En  la  segunda  página  está  el  retrato  de  un  hombre  que  tiene  el  rostro  de  lado  y  el   torso   de   frente,   está   dibujado   a   lápiz   y   se   ubica   en   el   centro   de   la   página.   En   este   dibujo  la  cabeza  se  encuentra  definida  y  terminada,  pero  el  resto  de  la  composición   del   cuerpo   sólo   presenta   el   torso   con   líneas   boceteadas.   No   posee   ningún   fondo,   excepto   algunas   tramas.   Entre   sus   características   se   encuentran   que   el   personaje   aparenta  tener  una  edad  adulta,  pues  posee  grandes  entradas  en  la  coronilla  de  su   cabeza  y  un  gran  bigote,  y  también  que  lleva  puesto  un  corbatín  y  un  traje  con  cuello   abierto.  No  lleva  firma  o  referencia  alguna  que  nos  indique  a  quién  le  pertenece  este   retrato.  

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