Teatro del siglo XVIII en EUROPA
LA ESCENA EUROPEA EN EL SIGLO XVIII
En el teatro del siglo XVIII se observan estos grandes factores:
1.- El neoclasicismo dieciochesco. El género teatral se convertirá en uno de los medios más eficaces para la divulgación de las ideas ilustradas entre el público. Su enfoque moral y didáctico estaba al servicio de ese propósito, por lo que la perspectiva es fundamentalmente realista : la verosimilitud es lo que justifica el respeto a las llamadas tres unidades, de forma que la acción se aúna, para no dispersar la atención del público, y que se desarrolle en un solo lugar y en un tiempo lo más reducido posible. Desde la preceptiva neoclásica se reivindica un teatro mayoritariamente escrito en verso, que apuesta por la división de géneros sin que se mezcle lo cómico con lo trágico. Boileau (1636-1711) en Francia e Ignacio de Luzán en España (1702-1754), serán los máximos representantes de la poética clasicista.
2.- Sin embargo, también se produjo una reacción contra el neoclasicismo y un creciente gusto por lo sentimental, debido en gran parte a la aparición de una pujante clase media. Surge así un género escénico peculiar, el drama sentimental, que ocupa un espacio entre la tragedia y la comedia tradicionales.
3.- A lo largo del siglo XVIII nos encontramos ante la pretensión de hacer evolucionar el espectáculo cortesano y aristocrático hacia otros modos más populares, que reflejen en escena los problemas de las masas, con el fin de conseguir que el gran público frecuente las salas de teatro. En ese momento, el organizador de espectáculos pasa a ser un auténtico director de escena, aunque éste otorgara el máximo protagonismo al actor.
Los principales géneros dramáticos y citar los autores y obras más importantes. En concreto, se espera que hable de la tragedia neoclásica, la comedia, el drama burgués y el melodrama.
La tragedia neoclásica
Atada a las normas expuestas en las poéticas, no da más que obras mediocres, a pesar de seguir siendo considerada el género literario de más prestigio.
• En Francia destacan las tragedias Zaira (1732) y Mérope (1743), de Voltaire, la primera imitac ió n del Otelo de Shakespeare, y la segunda del italiano Maffei.
• En Italia, Vittorio Alfieri (1749-1803) es conocido sobre todo por sus tragedias, como Cleopatra, Antígona, Agamenón, Orestes, Virginia, María Estuardo, Saúl....
• Igualmente, las obras de Gotthold Ephraim Lessing, en Alemania, se acercan al drama burgué s (con Miss Sara Sampson inicia la tragedia burguesa en su país), con su crítica de la tiranía de los príncipes y su idea del deber como base del hombre de bien; cabe destacar Minna von Barnhelm o la felicidad del soldado (1767) o Emilia Galotti (1772), que es el libro que el Werther de Goethe leía justo antes de suicidarse. Los mayores éxitos estaban reservados para el alemán August von Kotzebue, con Misantropía y arrepentimiento (1789).
La comedia neoclásica
● Pierre Caron de Beaumarchais (1732-1799) es conocido por dos divertidas e ingeniosas comedias ambientadas en España: El barbero de Sevilla y Las bodas de Fígaro. Ambas serían convertidas en óperas, la primera por Mozart y la segunda por Rossini.
En Italia destaca la figura de Carlo Goldoni (1707-1793), cuyas obras La posadera, Arlequín, siervo de dos amos, El abanico, El café son todavía hoy muy representadas. Goldoni parte de la commedia dell’arte, pero fue eliminando los elementos propios de este tipo de comedia (personajes fijos, improvisación…) para ir creando una comedia de caracteres típicamente burguesa.
Comedia sentimental y drama burgués
En Francia la comedia sentimental alcanzó mucha importancia. De intención moralizadora y fuerte dosis de sensibilidad, sus detractores la denominaron peyorativamente comédie larmoyante (comedia lacrimógena). Su gran impulsor fue Pierre Nivelle de La Chaussée, con El prejuicio de moda(1735) –traducido por Luzán– o La escuela de las madres (1744).
Había nacido un nuevo género, que cuando minimizaba el contenido sentimental era denominada también drama burgués–antes también llamado género serio o tragedia burguesa–.
Fue Diderot quien fijó las leyes de este género dramático mixto que se convirtió en el drama moderno. Sus dramas más destacados son El hijo natural y El padre de familia. También fue uno de los más destacados teorizadores del drama burgués. En la Paradoja del comediante racionalizó las claves de la profesión actoral. Las ideas básicas de Aristóteles son recuperadas en los planteamientos de Diderot, como sucede en el espíritu de la totalidad de los preceptistas franceses. En su Paradoja del comediante (1773) toma como punto de partida de sus teorías el propio arte del actor, pues para él, la declamación no es una disciplina subsidiaria. Diderot manifiesta una superior consideración del actor: «Nada pasa en escena exactamente como en la naturaleza».
• En Inglaterra destaca Richard Sheridan, especialme nte sus obras Los rivales (1775) y La escuela del escándalo (1777), vivaces obras que muestran lo mejor de la comedia de costumbres, aunque no se puede olvidar La ópera del
mendigo (1728), de John Gay, crítica despiadada de las instituciones y costumbres de su país. Las teorías alemanas.- En Alemania hemos de destacar la labor de Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781). Su actividad teórica y práctica en Hamburgo constituye una de las aportaciones fundamentales del siglo. Sus críticas, reunidas posteriormente en la llamada Dramaturgia de Hamburgo (1767-1769) son las más lúcidas páginas preceptivas del momento. Para Lessing, la gran fuerza psicológica en la expresión creadora era la pasión. A través de esa vía, procura adecuar el arte a la naturaleza, pero no desde una posición o sentido determinista. Nunca aceptó el arte como hecho fijo, sino como algo en constante movimiento y evolución. Prefirió a Shakespeare frente a Voltaire, aunque éste se encontrase en plena actualidad. Por ello llega a apartarse del aristotelismo a ultranza, y abre caminos para que nuevas teoréticas aparezcan por el camino de la irracionalidad.
Lessing se preocupó igualmente por la interpretación, recogiendo algunas ideas de Diderot sobre el sentido realista que debía poseer la moderna actuación escénica. Otra obra preceptivista es el
El melólogo o melodrama
Era una forma de teatro musical y de
gran espectáculo. El término
melodrama se refiere a una obra
dramática que exagera trama y los personajes con el fin de apelar a las emociones. También puede referirse al género en contextos musicales académicos e históricos para referirse a los dramas de los siglos XVIII y XIX en los que se utilizan música de orquesta o una canción para acompañar la acción. El término proviene de la palabra francesa melodrame, de principios del siglo XIX, que se deriva del griego melos, música, y del francés drame, drama. En el melodrama destacó el italiano Pietro Metastasio (Dido abandonada, Semíramis); también
Rousseau escribió un melólogo,
Laocoonte (1766), en donde el debate en torno a lo clásico queda fijado en su desdén por el clasicis mo obsoleto.
Lessing será el gran propulsor del teatro alemán, al que por sus tendencias prerrománt icas dedicaremos un merecido epígrafe en el próximo capítulo.
El neoclasicismo teatral español
En la primera mitad de siglo se acentúan los rasgos del siglo anterior, barroquismo del lenguaje y búsqueda del efectismo escenográfico. A partir del Neoclasicismo en las obras teatrales va a predominar la intención didáctica. L a obra tiene que servir para propagar ideas reformistas y educar a los espectadores. Las principales normas que deben cumplir las obras son:
Respetar la regla de las tres unidades (acción, lugar y tiempo)
Ofrecer un argumento verosímil: acontecimientos inventados pero que podían haber ocurrido en la realidad.
Mantener el decoro en los personajes, que deben actuar de acuerdo con su condición social. Atenerse claramente a un género y no mezclar tragedia con comedia.
El dramaturgo más importante es Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) cuya producción está formada exclusivamente por comedias. Sus obras tienen clara intención didáctica y moral y responden previamente al código neoclásico. Los temas que desarrolló en ellos son dos: la libertad de elección en el matrimonio, la igualdad de los cónyuges, tanto en posición social como en edad. Este es el tema que desarrolló en El viejo y la niña y El sí de las niñas. En La comedia nueva o el café satiriza el teatro contemporáneo caracterizado por el exceso del tono melodramático.
El madrileño Ramón de la Cruz representa la línea tradicional del teatro. Sus sainetes recogen el costumbrismo y el sabor popular del Madrid de la época.
El teatro del siglo XIX
Desde finales del siglo XVIII, en el seno del temprano movimiento alemán Sturm und Drang (‘Tempestad y empuje') impulsado entre otros por Lessing, el teatro se convirtió en un instrume nto para cuestionar los principios del Neoclasicismo y defender los ideales románticos: sentimientos frente a razón, personajes rebeldes frente a personajes convencionales, inspiración y libertad creadora frente a normativa clásica o intención de conmover frente a finalidad didáctica... Por eso rechazan el teatro burgués ligado a los ideales de la Ilustración y recuperan como modelos dramáticos las obras de autores de los siglos XVI y XVII: William Shakespeare, Lope de Vega o Calderón de la Barca. Los principales rasgos del teatro romántico son los siguientes:
Los temas se conforman en torno a principios románticos fundamentales como la libertad, la justicia, el amor o el destino.
El personaje protagonista encarna los principales ideales románticos: valentía, rebeldía, nobleza de espíritu...
Rechazo de las reglas clásicas (lugar, tiempo, acción) en favor del dinamismo de la acción dramática y pueden darse acciones paralelas (aunque suelen confluir en la principal).
Frecuentes golpes de efecto en la progresión de la acción: anagnórisis, duelos, suicidios...
Mezcla de lo trágico y lo cómico.
Lenguaje un tanto histriónico y declamatorio con muchos recursos propios del estilo retórico (exclamaciones, interjecciones, interrogaciones retóricas, apóstrofes...).
Los dramaturgos más destacados son Friedrich Schiller y Johann Wolfgang Goethe en Alemania, Víctor Hugo en Francia y Ángel Saavedra, el duque de Rivas, En España.
Friedrich Schiller (1759-1805) es uno de los principales representantes del Sturm und Drang, por lo que sus primeros dramas muestran la exaltación de los ideales románticos en torno a la libertad, la justicia, el amor o la naturaleza: Los bandoleros, La doncella de Orleans está protagonizada por Juana de Arco; y en Guillermo Tell sobre- el legendario héroe libertador de Suiza.
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) -poeta, narrador, dramaturgo y científico alemán al que ya conoces por ser el impulsor del Sturm und Drang- escribió varias obras de teatro, pero su obra cumbre es Fausto. El argumento de Fausto tiene su origen en una antigua leyenda germánica del siglo VI sobre un sabio que pacta con el diablo. Se trata de una obra extensa y en verso que no está destinada a la representación.
En Francia triunfaría un teatro inclinado al sentimentalismo y al efectismo más truculento. Victor Hugo (1802-1885), quien en el prefacio a su drama Cromwell ensalzaba a Shakespeare como modelo dramático frente al clasicismo de Racine, puso en práctica los princip ios fundamentales del teatro romántico francés en su drama Hernani. El estreno de Hernani supuso un auténtico revulsivo en el enfrentamiento entre clasicistas y románticos, además de marcar el triunfo definitivo del Romanticismo en Francia. La
acción de Hernani se sitúa en España durante el siglo XVI y combina amor, honor, venganza y fatalidad en torno a una historia de amor entre un bandido de origen misterioso.
En la misma línea del teatro francés, el teatro romántico en España fue tardío pero tuvo gran éxito de público. Algunos de los representantes más señalados fueron Ángel de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865) con Don Álvaro o la fuerza del sino (de la que has leído un fragmento en la página anterior); Antonio García Gutiérrez (1813-1884) con El trovador; Juan Eugenio Hartzenbush (1806-1880) con Los amantes de Teruel; y José Zorrilla (1817-1893) con Don Juan Tenorio.
La segunda mitad del siglo XIX. El realismo-naturalismo
Por otra parte, también existen algunos dramaturgos que continúan cultivando un tipo de drama postromántico en verso, que cada vez resulta menos del agrado del público.
De ahí que, a finales del siglo XIX, algunos autores decidan apartarse de esta reproducción realista y minuciosa de las costumbres para plantear un teatro renovador, escrito en prosa, y cercano a los planteamientos estéticos del Naturalismo, en el que, entre otras cuestiones, se profundiza en la psicología de los personajes y en las circunstancias que explican los comportamientos de éstos, al tiempo que se realiza una crítica de la sociedad, con una finalidad moralizadora y con la presencia de temas relativos a los bajos instintos, la pobreza, la infidelidad y el determinismo biológico y social. Dos autores escandinavos destacan en este ámbito:
El noruego Henrik Ibsen (1828-1906) elabora una obra de tipo naturalista y de gran penetración psicológica, aunque marcada por el pesimismo. Intenta llevar a escena un fiel retrato de la sociedad, en el que los personajes hablen como la gente de la calle y expresen las preocupaciones de su época. En sus piezas dramáticas se abordan temas como la marginac ió n de la mujer (Casa de muñecas), la hipocresía social (Un enemigo del pueblo) o la mediocridad de la vida cotidiana (Hedda Gabler)
El sueco August Strindberg (1849-1912) es un precursor de la estética expresionista, caracterizada por el dominio de lo emotivo y lo irracional. Su obra es una meditación sobre el conflicto en las relaciones humanas, marcadas por las imposiciones sociales y familiares. En La señorita Julia retrata la lucha de caracteres entre una aristócrata y su amante de clase inferior; y en El padre denuncia la crueldad de la institución matrimonial.
En otros países el género teatral expresa también las inquietudes de la época.
El autor ruso Anton Chejov (1860-1904) escribe obras maestras desde una perspectiva realista, en las que ironía y la melancolía se combinan para trazar un retrato crítico de la sociedad. En El jardín de los cerezos aborda el tema, tan actual en la Rusia de entonces, de la lucha entre la nobleza y la burguesía, y en La gaviota afronta la lucha del individuo contra una sociedad opresora, mientras que en Tío Vania describe la tristeza causada por una vida carente de expectativas.
Pero la salida a la crisis social y cultural puede ser también la de refugiarse en el ingenio, la elegancia y el esteticismo. Esa es la vía escogida por el irlandés Oscar Wilde (1854-1900), que lleva a escena una serie de comedias burguesas en las que critica la alta sociedad con pose de dandi. El abanico de lady Windermere, Salomé, Un marido ideal o La importancia de llamarse Ernesto son algunas de las más conocidas.
Teatro del siglo XX
I.- El teatro en la primera mitad del siglo xx
En la primera mitad del siglo XX el teatro fue desarrollando nuevas formas dramáticas, expresivas y escenográficas. En este proceso influyeron diversos factores:
→ La relevancia que adquirió el director de escena que imprimió su propio sello, en ocasiones imponiéndose a los actores o al propio autor. El director francés André Antoine (1858-1943) fue quien sostuvo la idea de que en el teatro todo tenía que ser tan verdadero como la vida misma; es el creador del concepto de "cuarta pared" según el cual los actores deben actuar como si no estuvieran en un teatro, sino en una situación real; esto es, como si el público no estuviera allí.
→ El nacimiento y popularización del cine ofrecía tales posibilidades de realismo que obligó a que el teatro buscara otras formas de expresión específicas.
→ Los avances técnicos que permitiero n diferentes posibilidades a través de la maquinaria, iluminación, etc.
→ Los estudios que sobre el actor realizaron: 1) el actor, director y teórico ruso Stanislavsky (1863-1938) que intentó que los actores pudieran desarrollar todas sus posibilidades para que el personaje llegara directamente al público. 2) las diferentes corrientes
vanguardistas y revolucionarias como Meyerhold, Piscator, Brecht… Tendencias y autores más significativos:
→ La renovación de un teatro realista que reflejaba la realidad (Ibsen, Strindberg y Chéjov) hacia un teatro que analiza los problemas del individuo en sus relaciones con la sociedad: Eugene O´Neill
→ Ruptura con el teatro realista-naturalista de finales del XIX y renovación dramática: Alfred Jarry, Antonin Artaud y Luigi Pirandello.
→ Un teatro político, preocupado por los problemas sociales y con intenciones didácticas: Bertolt Brecht.
Teatro simbolista y poético
El propio afán del teatro naturalista por reflejar la auténtica realidad acaba provocando la aparición de elementos simbolistas, como ocurre con las últimas obras de Ibsen o Strindberg. La «verdad interior» de los personajes no puede ser representada, ha de ser evocada o sugerida a través de la luz o de la música, como la poesía simbolista había enseñado.
Precisamente en Francia surge el principal grupo teatral del simbolismo, el Teatro de Arte de P. Fort. Otras figuras que contribuyen a esta estilización espiritual son el escenógrafo Adolphe Appia y el teórico Gordon Craig, autor de El arte del teatro (1905).
Autores representativos son el belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), autor de Pelleas y Melisenda (1892), ballet con música de Debussy, y El pájaro azul (1909), y el italiano Gabrielle d¿Annunzio (1863-1938; Francesca de Rimini, 1901; La hija de Iorio, 1904).
En Estados Unidos es Eugene O´Neill (1888-1953) quien consigue romper con el gusto romántico de la escena teatral y adentrarse en la línea que venía dándose en el teatro europeo (realis mo, simbolismo, vanguardismo, clasicismo); así consigue realizar un teatro con bases realistas pero en el que se incorporan las nuevas tendencias para abordar problemas existenciales y sociales. (Más allá del horizonte, El emperador Jones y A Electra le sienta bien el luto).
Teatro de vanguardia
■ Un auténtico predecesor es Alfred Jarry (1873-1907), autor de Ubu, rey (1896), obra guiñolesca totalmente antirrealista, repleta de furia y de insultos, que tendrá gran influjo en el teatro dadaísta y surrealista y en Artaud.
■ El expresionismo tendrá su mejor expresión teatral en Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Estas piezas se caracterizan por la mezcla de subjetivismo y denuncia social, por su estructura episódica y por los personajes arquetípicos y grotescos.
Entre sus cultivadores destacan el pintor O. Kokoschka, el politizado Walter Hasenclever; El hijo,; Los hombres,) y, sobre todo, Georg Kaiser; Los burgueses de Calais,; Gas I y II).
Hay que recordar también a director escénico Max Reinhardt, que empleó todo tipo de técnicas futuristas (luces, maquinarias) e inauguró la participación del público en las obras.
Luigi Pirandello
Las novedades aportadas por el italiano Luigi Pirandello afectan sobre todo al texto dramático. Su trayectoria comienza con piezas naturalistas de denuncia de los prejuicios burgueses.
A partir de 1918 planteará un teatro basado en la oposición realidad/apariencias, pero no expresado mediante los diálogos, sino por la propia estructura de la obra. Así, en Seis personajes en busca de autor (1921), el dramaturgo discute con los seres que ha creado, que intentan rebelarse contra él. Otras obras se ambientan también en el mundo del teatro, símbolo de la inautenticidad de nuestras vidas. Como personajes enmascarados, no sabemos distinguir entre lo que somos y lo que aparentamos (Así es si así os parece, 1918). Ante ello, la locura puede ser la única solución (Enrique IV, 1922).
Teatro comprometido: Brecht
En la Rusia soviética, la sólida tradición teatral se puso al servicio del proletariado, con los grandes montajes de masas de Meyerhold, como Asalto al palacio de invierno (1920). En Occidente, destacan las figuras de Piscator y Brecht.
Guerra mundial descubrió la necesidad de una transformación radical de la realidad y en particula r, del teatro. Su concepción escénica se refleja en el libro El teatro político (1929)
Las primeras obras del alemán Bertolt Brecht (1898-1956), que trabajó con Piscator, se encuadran en el expresionismo. Más tarde desarrolla su teatro épico, cuyo único tema es despertar las conciencias ante la injusticia social.
Para que el espectador no se deje arrastrar por la obra, sino que reflexione sobre ella, utiliza el método del distanciamiento. La acción se articula en breves escenas interrumpidas por eslóganes, canciones, poesías, bailes, elementos del music-hall, que remarcan los problemas planteados y fuerzan al espectador a tomar partido.
Fiel a este propósito didáctico, sus obras, ambientadas en el pasado (Madre Coraje y sus hijos, 1937; Vida de Galileo, 1939), en el presente (El señor Puntila y su criado Matti, 1940) o en lugares exóticos (La buena persona de Sezuán, 1940), carecen de solución.
Teatro de la crueldad
Antonin Artaud (1896-1948) fue el creador del llamado "teatro de la crueldad" en el que propone un teatro lleno de emoción, donde aflore lo instintivo del ser humano, su "primitivismo", "salvajismo ", su lado más irracional y así poder analizar los conflictos más profundos del ser humano. Pretende acabar con la pasividad del espectador y, por tanto, hay que provocarlo con imágenes violent as. Defendió un espectáculo total en el que se incorporen elementos del cine, de las revistas, del circo y de la vida y donde la representación tiene más importancia que el texto teatral. Algunas de sus principales ideas relativas a su concepción dramática están expuestas en El teatro y su doble (1938).
El teatro en la segunda mitad del siglo xx
En el teatro posterior a la Segunda Guerra Mundial distinguiremos las siguientes tendencias: El existencialismo, que dio lugar a una importante producción teatral. Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Jean Genet fueron algunos de los autores más representativos.
El existencialismo es la filosofía de moda en Europa después de la II Guerra Mundial. Los escritores existencialistas encuentran en la escena dramática un medio apropiado para representar el conflicto de sus personajes, que intentan darle sentido a una vida condenada de antemano al absurdo.
Jean-Paul Sartre (1905-1980)
actualiza los mitos griegos en Las moscas, haciendo de Electra un personaje que simboliza la resistencia contra el nazismo. En A puerta cerrada escenifica la difícil convivencia entre los seres humanos, que ilustra con una famosa frase de la obra: "El infierno son los otros".
Albert Camus (1913-1960) elabora en Calígula una reflexión sobre la locura como verdadera lucidez, que revela el absurdo y la falta de sentido de la vida, y en Los justos aborda el tema de la relación entre el fin y los medios. La actitud moral de Camus le llevaría a una famosa polémica con Sartre sobre los campos de concentración soviéticos, que Sartre evitaba criticar
Dentro del teatro existencialista podemos situar también a Jean
Genet (1910-1986), que criticó las
El teatro del absurdo, en que se suprime la lógica en las acciones y los diálogos para representar únicamente la incoherencia y la irracionalidad de la vida humana. Los autores más relevantes de esta tendencia son Samuel Beckett y Eugène Ionesco.
Samuel Beckett (1906-1989) es el autor de la que tal
vez sea la obra más representativa del teatro del absurdo: Esperando a Godot. Dos personajes mantienen un diálogo sin sentido mientras esperan la llegada, que nunca se produce, de un tal Godot. El sentido de esta obra ha sido interpretado de distintas maneras: una crítica de la mentalidad burguesa, de la falta de valores de la sociedad occidental, de la ausencia de Dios... Pero el propio Beckett negó cualquier interpretación. Beckett fue autor también de otras obras de teatro, como Final de partida, en la que los personajes aparecen metidos en cubos de basura, y de narraciones, en un estilo cada vez más depurado y minimalista.
Eugène Ionesco (1912-1994), autor francés de
origen rumano que combina un humor disparatado y cruel con situaciones de la vida cotidiana. De él se ha dicho que hace "de un texto burlesco, un juego dramático; y de un texto dramático un juego burlesco". En La cantante calva dos matrimonios hablan y hablan sin dejar de decir incoherencias, y en El rinoceronte los habitantes de un pueblecito francés se convierten en rinocerontes. En estas obras y otras similares Ionesco lleva a escena la soledad del ser humano y su radical incomunicación.
El teatro experimental. – El teatro existencialista y del absurdo llevaron a una revisión radical de los
modos tradicionales de entender la representación dramática. A partir de los años sesenta cobraron cada vez más importancia elementos como la escenografía, la incorporación de medios audiovisuales o la interacción con el público. En ese contexto hay que entender el surgimiento de un teatro experimental que se propone renovar la escena tradicional. Aparece así el llamado teatro independiente, formado por grupos que actúan al margen de los circuitos tradicionales, y nuevas formas de actuación, como el happening y la performance.
El happening ("suceso, evento" en inglés) es una improvisación realizada en un lugar público, en la que se busca la participación de los espectadores.
La performance ("actuación") se intenta romper las fronteras entre distintas artes: pintura, escultura, vídeo, teatro...
Dentro del teatro experimental cabe destacar algunos nombres: → Fernando Arrabal (1932) es uno de los creadores del "teatro pánico", que parte de las concepciones de Artaud sobre la crueldad y lo irracional llevados a escena.
→ Peter Weiss (1916-1982) hace teatro dentro del teatro en
Marat/Sade: los locos de un manicomio representan en 1808 una
obra del marqués de Sade sobre Marat, personaje histórico de la Revolución Francesa.
→ Peter Handke (1942) se propone realizar "antiteatro" en Insultos al público, obra en la que los actores discuten con los espectadores.
El teatro poético y simbolista continúa la tendencia iniciada a principios de siglo con:
Jean Cocteau (1889-1963) fue autor teatral, poeta, pintor y cineasta. Fundió el teatro poético y el espíritu de
las vanguardias en dramas de gran intensidad y simbolismo, como el monólogo La voz humana, en el que una mujer conversa por teléfono con su amante, que va a abandonarla, y El águila de dos cabezas, inspirada en la historia de la emperatriz Elisabeth (la famosa Sissi) de Austria.
Jean Anouilh (1910-1987) recuperó en Antígona una obra clásica para actualizarla, situando la historia de la
joven que opone su conciencia a las leyes vigentes en el contexto de la resistencia contra el nazismo. También recreó la historia de Romeo y Julieta en Romeo y Jeannette.
El teatro realista, que se presenta con enfoques diversos en Europa y en Estados Unidos. La herencia de Bertolt Brecht también se hace notar en la escena de posguerra. La grave situación social de amplias capas de la población es un motivo para que continúe la existencia de un teatro comprometido, y por otra parte el realismo produce aún frutos notables, tanto en Europa como en Estados Unidos.
En Europa:
Darío Fo (1926) se sirve de la tradición juglaresca para cultivar un teatro en el que la denuncia social adquiere un aire bufonesco, de farsa, como en Misterio bufo, Muerte accidental de un anarquista o San Francisco, juglar de Dios.
En Gran Bretaña el movimiento de los "jóvenes airados" critica la sociedad inglesa de post-guerra. John Osborne (1929-1994) fue el fundador de este grupo, con su obra Mirando hacia atrás con ira, una crónica de un triángulo amoroso en la que ataca con estilo realista y un lenguaje agresivo las convenciones sociales.
En los Estados Unidos, el realismo crítico y la experimentación teatral se unieron en varios autores que profundizaron en el camino abierto por Eugene O´Neill:
Tennessee Williams (1911-1983) ambientó en el "profundo Sur" tragedias protagonizadas por personajes frágiles, expuestos a la marginación social y martirizado s por sus deseos reprimidos. Varias de sus obras dieron lugar a éxitos cinematográficos, como Un tranvía llamado Deseo y La gata sobre el tejado de zinc caliente.
Arthur Miller (1915-2005) se inspiró en la clase media para dramatizar las tensiones a las que la sociedad moderna somete al individuo. En La muerte de un viajante expuso la otra cara del "sueño americano", la del fracaso y la soledad; y en Las brujas de Salem se basó en un hecho histórico para denunciar el ambiente de represión creado por el Comité de Actividade s Antiamericanas, del que el propio Miller fue víctima. Otros intensos dramas de Arthur Miller son Todos eran mis hijos y Doce hombres sin piedad. También escribió guiones para el cine, entre ellos el de la película Vidas rebeldes, protagonizada por la que entonces era su esposa, Marilyn Monroe.