ACERCA D E L A U T O R
WINKIE PRATNEY es un conferenciante y escritor que viaja ampliamente por todo el mundo. Expone las verdades de la Escritura y los postulados de Cristo en muchos seminarios, conferencias y auditorios univer-sitarios. Antes había escrito dos libros: Youth Aflame
(Juventud con una misión) y Doorways to Disciple-ship (Entradas al discipulado).
El y su esposa viven en Lindale, Texas, Estados Unidos de América, donde está el centro principal de la organización ÁGAPE FORCÉ, que se dedica a lle-var el evangelio a las calles en todos los Estados Uni-dos de América.
La preparación académica del señor Pratney en quí-mica orgánica, y su experiencia anterior a la conver-sión en la cultura juvenil musical se combinan para hacer que él resulte particularmente eficaz en su men-saje a la juventud.
CONDUCE TU NOVIAZGO COMO
DIOS MANDA
Miles y miles de parejas se divorcian todos los años. En los últimos años, más de tres millones de personas se dieron por vencidas y rompieron los lazos matrimo-niales. En algunos lugares hay más divorcios que matrimonios cada semana. Los hogares se están desintegrando. Las madres están abandonando la lucha y los padres están desertando.
Por cada hogar que se destruye mediante el divorcio y la separación, hay niños que aprenderán lo que sig-nifica estar heridos y cómo odiar. Cada uno de estos muchachos querrá de algún modo vengarse de este mundo. Tal vez ésa sea la razón por la cual, durante el tiempo que empleas para leer este capítulo, centena-res de personas serán robadas, violadas, golpeadas, aporreadas y asesinadas por los hijos de esta clase de hogares. Tal vez puedas comprender por qué Dios está interesado en lo que respecta al matrimonio.
Algunas personas brillantes han salido con una solución igualmente brillante: Si los matrimonios son tan confusos, ¿por qué no "descartar" todo el asunto? ¿Por qué no echar simplemente el matrimonio por la borda? ¿Por qué no viven los dos simplemente a manera de prueba, y si no logran entenderse, se sepa-ran, sin que queden vínculos ni responsabilidades? Esto tiene tanto sentido como ponerle una puerta de malla a un submarino. Hay otras ideas que son casi
tan brillantes como ésta, como la de declarar fuera de la ley las cárceles por cuanto a muchas personas les gusta una vida de crimen, o la de prohibir los puentes por el hecho de que las personas saltan de ellos algu-nas veces, o la de dejar de comer por cuanto algualgu-nas personas son glotonas.
No hay nada malo en el matrimonio. Pero éste, como un juego, o como la misma vida, tiene normas. Cuando se quebrantan las normas, realmente no es divertido. Eso es el fin del juego. Para algunos, eso también ha significado el fin de la vida.
Hoy tenemos más libros que tratan sobre el sexo que nunca antes. Tenemos más información en cuanto a cómo comportarnos en el matrimonio, más datos para ser sexualmente modernos. Pero hemos dejado de lado las leyes de Dios, ¡y estamos pagando un precio trági-co por ello! Al oir hablar a algunas personas, pensarías que Dios se opone a la actividad sexual. Pero esta idea fue de Dios; él la inventó, y sabe cómo se debe llevar a cabo.
Lo sexual es precioso, y como todas las cosas precio-sas, no hay que usarlo con demasiada frecuencia, sino atesorarlo para momentos especiales. Tienes que aprender a usar su poder dentro de los controles de Dios y a preservar su belleza, pues de lo contrario vol-verás a entrar en las filas de los solitarios y amarga-dos, y obtendrás como cosecha un matrimonio destro-zado, un hogar desbandado, una vida quebrantada y un corazón abatido.
Dios nos hizo diferentes. Tomó a Eva del costado de Adán, y desde entonces ha estado cerca de él; nunca ha estado lejos de su corazón ni de su lado. Las rela-ciones maravillosas posibles entre un hombre y su esposa son pequeños reflejos de la felicidad que Dios planeó para nosotros. Las amistades humanas no son ni una sombra de la amistad que podemos tener con
Dios. Debes saber las diferencias que_Dios coloco en, nuestras personalidades para que sepas cómo cortejar de la manera, que le agrada a Dios.
•¿Físicas. Aparte de las completamente obvias dife-rencias sexuales, Dios hizo a la mayoría de los hom-bres físicamente más fuertes que las mujeres. Sé que hay excepciones; ¡sé todo lo relativo a la mujer que pesa 180 kilogramos, es cinturón negro en karate y puede matar a un ciervo con su respiración! Pero, por lo general, Dios hizo al hombre más fuerte físicamente para que pueda proteger a su esposa y cuidarla.
Es verdad, por supuesto, que por algún tiempo, las muchachas crecen más rápidamente que los varones. Las niñas necesitan menos tiempo para convertirse físicamente en mujeres que los niños para convertirse físicamente en hombres. Cuando la mayoría de los varones están aún jugando a las canicas, andando en pandillas o volando cometas, las chicas ya están ena-morándose desesperadamente de sus maestros. Esto significa que una muchacha puede tener cuerpo de mujer, pero mente de niñita. Esto puede hacer que las chicas tengan citas amorosas con jóvenes de más edad. Esto también las puede meter en dificultades, a menos que sepan lo que está sucediendo y se preparen para ello. Esa es la razón por la cual algunos padres se desesperan cuando descubren que su niñita es novia de un muchacho mayor que ella. Los padres tienen experiencia. Saben lo que está ocurriendo. Hay que oirlos algunas veces. Ellos pueden impedir que salgas por cuanto se preocupan por ti, o porque recuerdan algo de su propio pasado con mucho temor y pesar. Mentales. Generalmente hay diferencias mentales entre los hombres y las mujeres. Eso no tiene nada que ver con la inteligencia. Se relacionan con la manera como Dios nos diseñó para usar nuestra inteligencia. Ahora bien, esto es importante. Estas dos maneras
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básicamente diferentes de ver las cosas hacen que cada sexo sea superior al otro en el papel que Dios le ha encomendado. La mujer es superior al hombre en su manera de pensar cuando los problemas de la vida exigen un enfoque de inspiración, no programado ni estructurado. Ella les da color, sorpresa, asombro, aventura. El hombre es superior a la mujer cuando un problema necesita lógica, hechos, análisis, detalle para resolverlo. El da forma, estabilidad y estructura a la vida. .
Si cada cual permanece en el papel que le corres-ponde, Dios podrá traer la máxima bendición a su compañerismo. A través de la Biblia a partir d e l a creación Dios estableció un papel para cada uno de los sexos: el hombre tiene que dirigir,-"la mujer tiene que inspirar. Este es el patrón de Dios. Cuando hacemos aquello para lo cual fuimos diseñados, halla-remos la máxima felicidad en nuestra amistad mutua, en el galanteo y en el matrimonio.
Por cuanto a los hombres les corresponde dirigir, he aquí algunas reglas para que seas un hombre de pelo en pecho:
— 1. Sé ingenioso. La Biblia dice: " . . . sed . . . ma-duros en el modo de pensar" (1 Corintios 14:20). Si vas a ser la computadora, "procura con diligencia presen-tarte a Dios aprobado". A la mujer le gusta que el hombre del cual ella depende esté bien informado y sepa cómo funcionan las cosas.
2. Practica un deporte. Desarrolla tu cuerpo físico de tal modo que sea suficientemente fuerte para cui-darla a ella y protegerla. Escoge algún deporte que te guste, y luego, dedícate realmente a él. El ejercicio corporal es provechoso. Aunque tengas una aparien-cia endeble, haz lo mejor con lo que tienes.
^ 3 . Sé un caballero. La Biblia nos dice que debemos ser corteses los unos con los otros, amarnos los unos a
13 los otros con amor fraternal y en cuanto a honra, pre-ferirnos los unos a los otros (ver Romanos 12:10). Ten cuidado con tus maneras de proceder. Dale a ella el respeto que le corresponde a una mujer de Dios. A la mayoría de las mujeres no les parece mal si son trata-das como princesas. Si somos hijos e hijas del Rey de reyes, debes tratar a tu chica como la princesa que es. »- 4. No digas mentiras. " . . . siguiendo la verdad en
amor" (Efesios 4:15). Nunca hagas que una mujer piense que tú te preocupas más por ella que todos los demás, si eso no es cierto. No te atrevas a complacerte con alguna alucinación de poder sólo para sentir que alguna chica está bajo tu hechizo, aunque ella no sig-nifique mucho para ti. Las mujeres se sienten fácil-mente heridas. No lo olvides. Ningún hombre tiene el derecho de decirle a una chica: "Te amo"; a menos que esté dispuesto a decirle en el siguiente suspiro: "¿Te casarías conmigo?" Si no puedes decir la segun-da frase, no digas la primera. No digas mentiras. — 5. Sé un hombre de Dios. Si has de tener un epitafio
sobre tu lápida sepulcral, esfuérzate porque sea éste: "Aquí yace un hombre de Dios". A menos que sepas amar a Dios y servirle íntegramente, nunca aprende-rás la ternura, el cuidado y el interés que hacen que un hombre merezca ser líder, novio, y algún día, marido. Si vas a ser líder, sélo donde vale la pena: espiritual-mente. Hermano, ponme atención ahora. No hay nada que valga más que tu andar personal diario con Jesús. Eso te ahorrará a ti y a la joven con la cual esta-bleces amistad amorosa, aflicciones, dificultades e irreparables años perdidos.
Ahora, las jóvenes, que habrán estado diciendo muchos "amenes" a todo lo que he dicho para los varones, aquí tienen la lista que les corresponde para «.una vida de amor:
nin-gún hermano le gusta ser relegado al lugar de "Carli-tos", el personaje de la tira cómica. Dios no quiere que hagas el papel de una rubia, o una morena, o una peli-rroja tonta; pero recuerda que a él le corresponde ser el líder, y a ti te corresponde la tarea de inspirarlo (ver Proverbios 31:26).
- 2. No parlotees. Hermana, he aquí un secreto. Si quieres hablar acerca de alguna cosa, pregúntale a él lo que piensa al respecto. Aprende lo que significa edi-ficar a un hombre. con admiración. Esto puedes
hacerlo simplemente haciendo unas pocas preguntas y oyendo mucho. No oigas sólo las palabras; oye al hombre que las está diciendo. Sonríe mucho, admira grandemente lo que él dice, y di poco. El te amará por esta actitud. Sé sencilla y honesta como un niño. Si estás pensando en serio acerca del matrimonio, habla acerca de tu relación con Dios, de los ministerios espi:
rituales, de los posibles hijos, del hogar, de la econo-mía y de los padres. Pero no hables sin ton ni son (ver Proverbios 11:22).
3. Sé frágil. Deja que él sea el fuerte. ¡Que él sea el Tarzán! ¡Sé tú la dulce Juana! ¿Has visto que alguna vez un hombrecito flacucho le dice a su esposa que pesa 90 kilogramos: "mi nenita"? Eso sucedió porque ella aprendió el secreto de ser frágil para él. No es sólo la apariencia; es la actitud. No te dediques a matar las arañas. Deja que él manifieste las habilidades de hombre fuerte. Estas cosas hacen que un hombre se sienta como hombre. Genera una dependencia, una apariencia de niñita. Esa es la clase de mujer de la cual el hombre quiere ser líder (ver 1 Pedro 3:3).
4. Vístete como mujer y conserva la apariencia de tal. Y esa mujer tiene que ser toda una mujer y toda una dama. No adoptes la apariencia de fuerte. Dios te dio una maravillosa atracción. Eres una mujer, y una mujer de Dios. Utiliza esos hechos a plenitud. No uti-lices vestidos de mal gusto o sensuales de tal modo que
parezcas una prostituta. Dios es tu Padre, el Señor Jesús es tu Hermano. Vístete teniendo en cuenta esos hechos. Sé pulcra, sencilla y sensible.
•f^ 5. Sé una mujer de Dios. No hay nada más hermoso y que atraiga más irresistiblemente al hombre que una mujer que realmente está enamorada de Jesús. No hay mejor fuente de belleza que vivir en el gozo de una obediencia perfecta a la voluntad de él. Aprende a ser alguien de quien Jesús pueda estar orgulloso. Com-prenderás lo que Dios quiere dar a entender cuando dice: "Deleítate asimismo en JehdVá, y él te concederá las peticiones de tu corazón" (Salmo 37:4).
En lo que respecta a cualquier salida, son los hom-bres los que toman la iniciativa. Decidan delante del Señor a donde ir. Encomienden tales oportunidades a Dios en oración. Tú como hombre, vive de tal manera que lleves a la joven más cerca de Jesús.
Y las jóvenes deben vivir tan cerca de Dios que, mediante su misma vida, lleven a su novio más cerca de Cristo. Deben servirle de inspiración. Esa es la manera cristiana de vivir en amor.
No sólo en las palabras que dices, Ni en las obras que confiesas, Sino en la forma más inconsciente Tu vida a Cristo expresa.
¿Es sólo una bella sonrisa? ¿Célica luz en tu frente? No. Sentí la presencia del Señor Ahora, cuando miraste sonriente.
No fue para mí la verdad que enseñaste, Muy querida para ti, poco clara para mí; Pero cuando viniste a mí
Cristo venía en ti.
Desde tus ojos él me llama, Y desde tu corazón me ama;
Hasta el punto en que no te puedo ver,
LAS PRUEBAS DEL
VERDADERO AMOR
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan
3:16).
¿Realmente amas a tu novio? ¿Realmente amas a tu novia? Compara tu amistad personal y tu vida de amor con Juan 3:16.
"Porque . . . Dios". Todo verdadero amor tiene que ser para Dios. No sabemos lo que significa amar mien-tras no podamos colocar sin egoísmo al Señor Jesús primero, y a causa de nuestro amor hacia él, preocu-pamos por todos los que conocemos. El amor cristiano tiene que producirse dentro de un real compañerismo y testimonio cristiano. Nuestro amor tiene que ser santo, apartado para Dios. El hombre que nunca ha abandonado su modo egoísta de vivir, realmente nunca ha aprendido a amar de ningún modo. Todo lo que hace, lo hace con el motivo de que le traiga más felicidad. Luego, si los demás encajan en su propio placer y en sus propios intereses, también los hará feli-ces. Si no encajan, no los hará felifeli-ces. Y esto no es de ninguna manera el amor real.
No conoces el real significado de cualquier clase de amor, hasta que experimentes el amor de Dios. Este amor será el control, la guía, el cuidado que respalda-rá todas nuestras acciones y palabras. Sin él, no habrespalda-rá otra cosa que amistades superficiales basadas en
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17 nuestros propios intereses o en la atracción sexual que se basa totalmente en el deseo físico. Honestamente pregunto ahora: ¿Estás amando a tu amigo o a tu amiga para la gloria de Dios? ¿Comenzaste esta amis-tad para agradar y honrar a Dios? ¿O es sólo un pasa-tiempo del diablo y su grupo? El amor nunca busca lo suyo.
"De tal manera amó . . . " El amor real, el amor de Dios, es especial. Puede sentirse más profundamente que cualquiera otra clase de amor, pero no es sólo un sentimiento. Está trémulamente*«vivo para todo el gozo y el dolor que nos rodean en el mundo, pero no es sólo una compasión sensible. El amor es mucho más que un sentimiento; también incluye a la inteligencia. Ninguno que ame con el amor de Dios simplemente "se enamora" alguna vez; eso es romance. Aunque los sentimientos románticos son bellos y emocionantes, no son suficientes para mantener unido un matrimo-nio.
El amor de Dios es, ante todo, una sabia decisión para la mayor felicidad de la persona amada. El amor es un acto de la voluntad; algo que uno hace; es algo cierto y cuidadoso. Si eres una señorita, tienes que prometer al Señor que le presentarás a tu novio para buscar la aprobación de él, y que no confiarás en tus propios sentimientos para saber si te conviene conti-nuar las relaciones amorosas con él. Te es muy fácil permitir que los sentimientos dominen tu corazón; pero si quieres ser una mujer de Dios, no puedes hacerlo.
Si eres hombre, ¿tu primer motivo al entrevistarte con esta chica es el de llevarla más cerca de Jesús? Tal vez tengas sentimientos muy fuertes que te atraen hacia ella; pero recuerda que los sentimientos te los puede producir cualquiera que sea interesante o atrac-tiva, con sólo mostrarte cierto interés o dedicarte
cierta atención. Y no puedes casarte ni vivir con todas las que hagan esto. Disfruta de tus sentimientos, pero no permitas que tu afecto domine tu mente y tu voluntad. El amor necesita tiempo; piensa antes de comprometerte. Si confías en tus sentimientos, pudie-res ser profundamente herido. Confía en Dios. Apren-de lo que significa la expresión "Apren-de tal manera amó". No destruyas tu pureza y tu futuro a causa de una glándula que está sobrecargada. Si amas a Dios, no vendas a un bajo precio el cuerpo y los afectos que él te dio.
". . . al mundo. . ." El amor quiere que todos entren en su felicidad; el amor tiene un gran corazón. Si amas a tu amigo o a tu amiga con el amor de Dios, querrás que el mundo lo sepa. ¿Amas de este modo? Siempre puedes distinguir el afecto superficial y falso. Es egoís-ta; quiere tenerlo todo para sí.
Si amas con el verdadero amor no tratarás de con-trolar exclusivamente la vida de tu amigo o de tu amiga. No tendrás envidia, ni te preocuparás si pasa mucho tiempo con otra persona, pues le tienes con-fianza. Deja libre a quien amas para que haga sus propias decisiones delante de Dios. El verdadero amor se preocupa por todas las criaturas y voluntariamente no causa dolor. No se parcializa hacia unos pocos seleccionados; padece de daltonismo. ¿Te preocupas por compartir tu amor con otros? ¿Quieres hablar al mundo acerca de la persona que amas? Si tienes envi-dia, no amas con el amor de Dios. Si no puedes dar el testimonio de Cristo ni orar con la persona con quien tienes una cita, realmente no la amas. ¿Tienes sufi-ciente confianza en el ser amado como para compar-tirlo con otros? ¿Lo admiras tanto que tienes la seguri-dad de que no te defraudará en ninguna situación ni con ninguna otra persona en ningún tiempo?
". . . que ha dado. . ." El verdadero amor siempre quiere dar. El amor busca maneras de hacer que los
demás se sientan felices todo el tiempo. Si pudiera, ayudaría a todos de la misma manera; pero hace lo que puede. Por su misma naturaleza, el amor se nega-rá a sí mismo para promover un bien mayor cuando sea prudente hacerlo. ¡Puedes dar sin amar, pero no puedes amar sin dar! El amor se preocupa por la feli-cidad de Dios y por las necesidades de los demás; sólo piensa en lo suyo dentro de este contexto. El amor nunca usa a la otra persona como un instrumento para el placer o la popularidad personales. Ahora bien, ¿quieres compartir con tu amor? ¿Quieres dar regalos, aunque sean costosos? ¿Cuando la ves, piensas en tér-minos de lo que a ella le gustaría? Cuando él te llama, ¿tienes algo naturalmente para él? ¿Merece él que le des la plena devoción de tu corazón? ¿Piensas que ella merece el trabajo amoroso de tus manos?
" . . . a su Hijo unigénito . . . " El verdadero amor siempre tiene un precio. El amor le costó a Dios su propio Hijo; y al Señor Jesús le costó su vida. Amar significa que estás dispuesto a entregar todo por el ser amado. Cuando domina el amor, tú escoges las cosas según su verdadero valor, y no simplemente por ganancia personal. El amor considera el precio, pero no se queda en la consideración. Ahora, ¿cuánto amas a Dios? Lo amas lo suficiente como para despedir a alguno que está creciendo en tus afectos, si te das cuenta de que esto interfiere en la voluntad de Dios para ti? ¿Tienes en Dios aquella confianza sin reservas que hace que su verdadero hijo, aunque le duela por un tiempo, le diga: "Hágase tu voluntad, Padre"?
Esta es una prueba costosa, pero tienes que estar preparado para aplicártela. ¿Amas a Dios lo suficiente como para abandonar el amor terrenal, si él te lo pide? Cuando hayas pasado por esta prueba, comprenderás el gozo de escuchar a Dios para tener una vida de amor
feliz.
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amor involucra confianza absoluta. Para amar plena-mente, primero tienes que confiar en ti y en la otra persona por completo. El amor tiene fe en el carácter y en la integridad de la otra persona. Casi ni nota cuando las otras personas hacen lo malo; puede convi-vir con las fallas y debilidades de la otra persona, por cuanto el amor conoce a la otra persona tal como es, y está dispuesto a ser conocido por su propio carácter verdadero. El amor no busca impresionar o pretender. Pregúntate: ¿me anima para proseguir hacia cosas más grandes el hecho de pensar que a ella le gustaría lo que estoy haciendo? Cuando se presentan dudas, ¿piensas naturalmente en lo que ella diría? ¿Piensas tú mucho en él? En cualquier cosa que estés haciendo, ¿nunca está ella lejos de tus pensamientos? ¿Confías en la persona amada en cualquier parte, y con cual-quier persona? Esta es una de las razones por las
cuales Dios prohibió las relaciones sexuales premari-tales. El hecho de abstenerse de actividades sexuales con la persona amada antes del matrimonio es una prueba de que se tienen confianza el uno al otro.
" . . . no se pierda, mas tenga vida eterna..." "Cuando amas a alguien, le serás fiel sin importar lo que te cueste. Siempre creerás en él, siempre espera-rás lo mejor de él y siempre mantendespera-rás tu posición en defensa de él". El amor es algo etemo. El verdadero amor durará, pese a las pruebas a que tenga que enfrentarse.
No te apures en cuanto a decidir con quién has de casarte. El amor siempre tiene tiempo y nunca está apurado. Si eres una joven, te será difícil esperar en Dios y confiar en que él se encargará de buscarte al hombre que ha de traerte la mayor felicidad y el mejor provecho. Esta es la prueba final: ¿Estás dispuesta a esperar? Esto lo puedes poner a prueba fácilmente en
21 tus citas. Si no puedes disciplinar tu vida para esperar el tiempo de Dios, no has aprendido lo que significa amar con el amor de Dios.
Si las relaciones amorosas se están volviendo serias, somételas a la prueba del tiempo. "El amor es sufrido, es benigno". Llega a conocer a la otra persona muy bien, no sexualmente, sino personalmente. Cuando los dos están juntos, ¿pasan un rato feliz, sin importar lo que estén haciendo? ¿Tienen los dos los mismos senti-mientos básicos del corazón con respecto a Cristo y a la obra a la cual él ha llamado a cualquiera de los dos? ¿De una manera muy natural piensan en una vida futura con él? ¿La ves tú a ella a tu lado mientras sirves a Dios?
Si piensas que la relación es lo suficientemente seria como para comprometerte, pero no estás seguro, sométete a una prueba de separación. No es bueno tener un largo tiempo de compromiso, porque es demasiada tensión para los dos. T a n pronto como estén seguros, deben casarse. Pero antes de eso, deben pasar un período realmente separados el uno del otro: unos seis meses. En los tiempos bíblicos, si un hombre quería casarse con una joven, anunciaba su intención de casarse, y luego se marchaba durante un año con el fin de ganar el dinero necesario para su futuro hogar. Al fin del año, si aún pensaba lo mismo con respecto a ella, regresaba, y entonces invitaban a sus amigos y parientes, y hacían un compromiso formal el uno con el otro. Luego, después de una gran fiesta, simplemen-te vivían juntos como marido y mujer.
Si vas a pasar el resto de la vida con esta persona, puedes darte el lujo de someter tu relación amorosa a estas dos pruebas: la del tiempo y la de la separación. La prueba del tiempo te mostrará si tu amor es
genui-no y profundo, o si es sólo un sentimiento de atracción que puede pasar cuando veas a otra persona más bella
COMO HALLAR EL CÓNYUGE
QUE DIOS QUIERE PARA TU
VIDA
¿Crees tú que Dios puede guiarte hacia el cónyuge que te corresponde? Una historia bíblica nos dice la manera cómo Dios lo halla. En esta historia bíblica hay más verdad espiritual que simples principios generales sobre el matrimonio. Uno puede pensar en esta historia como una bella ilustración en la cual Abraham simboliza a Dios el Padre, Isaac al Hijo y el siervo al Espíritu Santo; y Rebeca representa a la novia de Cristo, la iglesia. Pero yo quiero usar su esquema general para ayudarte a hallar el compañero o la compañera de tu vida. Abre la Biblia en el capítu-lo 24 del Génesis.
1. "Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramen-taré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito" (Génesis 24:2, 3).
He aquí la primera norma para hallar el compañero de tu vida en conformidad con la voluntad de Dios: ¡No te enamores de cananeos!
¿Quiénes son los cananeos? Un cananeo es una per-sona egoísta. Es alguien que realmente sólo se
preocu-23 y más simpática. La prueba de la separación te
ayu-dará a saber la diferencia entre los sentimientos emocionales y románticos y la entrega amorosa y seria. Durante la prueba de separación querrás escri-bir mucho; eso te ayudará a aprender a conocer a la persona amada, sin que se entremeta la atracción físi-ca. Todas las pruebas y lágrimas que tengas en este período, preséntalas a Dios. Si la relación procede de él, perdurará; lo que Dios une, ningún hombre lo sepa-ra. "El amor . . . todo lo soporta". Lo que es de Dios durará para siempre, y tú puedes confiar en que él te guiará en esta decisión, que es la más feliz e importan-te decisión humana.
No se oye voz, ni hay señal,
No hay ni un paso en el plano consciente; Pero el amor sueña y la fe confiará,
Pues él sabe que nuestra necesidad es justa, Que de algún modo, en algún lugar, tenemos que
saciarla.
Ay de aquel que nunca ve
A través de los cipreses las estrellas brillar, Que no ha aprendido en horas de fe,
La verdad encarnada y el sentido desconocido, De que Cristo es siempre el Señor de la vida, Y de que el amor jamás pierde lo suyo.
24 25 Sé que es fácil que engañes a otros cuando te estás metiendo en problemas serios. Aun es fácil que te engañes a ti misma en el sentido de que en realidad estás espiritualmente enamorada de sus almas. Pero recuerda que el amor no es sólo un sentimiento de afecto. Cualquiera, incluso un cananeo, puede atraer-te, si te ofrece suficiente interés y atención. Pero el amor no es romance.
Conozco a jovencitas de colegios bíblicos universita-rios que han sido arruinadas por algunos de los peores hombres dedicados a la trata de blancas y adictos a las drogas que jamás hayan peleado contra Dios. Cada una de esas muchachas pensaban que estaban a punto de ganar a esos hombres para Cristo; pero todo el tiempo estaban siendo seducidas mediante la conver-sación suave y con expresiones trilladas. Cuando estos tipos viles hubieron cumplido el propósito que tenían con ellas, se rieron y se separaron, como habían hecho con todas las otras mujeres que habían usado de la misma manera. Hay una norma segura, especialmen-te si eres una joven: permanece lejos de los cananeos. 2. "Sino que irás a mi tierra y a mi parentela . . . " (Génesis 24:4). Busca entre el pueblo de Dios a la persona que él tiene para tu vida. Los matrimonios cristianos tienen que edificarse primero sobre un amor común a Jesús. Esto te dará un vínculo perenne, que nunca se disolverá, un amor eterno para Dios y en él. Realmente puedes crecer hasta amar a una persona al descubrir que está interesada en la misma clase de cosas en que tú tienes interés. ¿Qué ha hecho Dios en la vida de ese individuo, y qué es lo que quiere hacer? Incluso pudieras descubrir que los do6 tienen las mismas metas básicas para la vida. Los dos quieren hacer las mismas cosas bajo la dirección de Dios, preo-cuparse por los mismos valores y hallar que juntos pueden trabajar bellamente. Si se presenta la pregun-pa por sí mismo, que nunca hace una entrega real al
Señor Jesús, que no coloca prácticamente a Cristo primero en su vida. A los cananeos realmente no les importa. Nota cuánto se parece esa palabra al vocablo "canino". Y el amor cananeo en su forma más suave es un amor "de perrito"; ¡y en su peor forma es el prelu-dio a la vida de perro! Si estableces amores con un cananeo no te sorprendas si te trata como a un perro. Un perro es algo que tú acaricias, algo con lo cual juegas; ciertamente no es alguien con el cu»l se contrae matrimonio.
Las personas egoístas no saben amar porque nunca han amado a Dios. Sólo los verdaderos discípulos de Jesús pueden amar realmente porque el amor cristia-no en el matrimonio opera en tres niveles diferentes a la misma vez. La pareja cristiana unida en matrimo-nio conoce mucho más que simplemente el amor sexual y la atracción física. También tienen un amor amistoso por cuanto han aprendido a honrarse el uno al otro como hermano y hermana en la familia de Dios, y han compartido intereses comunes en su obra. Luego, ambos están dominados por el amor de Dios que suaviza las asperezas y los une bajo el gobierno del Señor Jesús.
¡Ni siquiera salgas de paseo con los cananeos! No hay manera de que tú puedas continuar viendo a alguna cananea atractiva, sin mezclar cualquier pre-ocupación espiritual que tengas por ella con la atrac-ción puramente física. Y si eres una chica, no caigas en la trampa de decir: "Al salir con él, lo voy a ganar para Jesús". Tal vez puedas, pero se levantan grandes obstáculos contra esa posibilidad. Algunas de las más bellas discípulas de Jesús que yo conozco se fueron por el desaguadero moral porque permanecieron demasia-do con algún cananeo sexualmente atractivo que no se entregaba a Dios.
26 27 ta de la posibilidad de comprometerse, pueden
co-menzar a buscar a Dios y someter la amistad que tie-nen a la prueba del verdadero amor.
3. El criado tuvo una buena pregunta. ¿Cómo iba él a hallar a la mujer precisa para su señor? Abraham le dio un consejo: "Jehová, Dios de los cielos . . . enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo" (Génesis 24:7). Así que la siguiente norma es esta: Sale con el ángel que ha sido enviado por el ángel de Dios. Hallarás gran placer por el solo hecho de estar con el pueblo de Dios. Harás muchos amigos del sexo opuesto entre los discípulos de Jesús. Tal vez ninguno de estos llegue algún día a un tipo de compromiso serio para el matrimonio. Pero puedes estar feliz al saber, que, si Dios quiere que tú te cases, él hará los arreglos para que, en el tiempo oportuno, encuentres a la persona con la cual él sabe que serías feliz. Hay algo seguro con respecto al siervo de Abraham: él realmen-te creyó que Dios lo guiaría exactamenrealmen-te hacia la mujer que iba a buscar. Y si tú quieres lo mejor de Dios, realmente tienes que confiar que Dios te dirigirá en la misma manera.
Hay muchas personas con las cuales pudieras casar-te y estar bien por algún tiempo. Pero a menos que tengas la seguridad de Dios con respecto a la elección que haces, siempre te estarás preguntando si en reali-dad te casaste con la persona que te correspondía. ¿Qué pensarás dentro de cinco años, al mirar retros-pectivamente hacia los pasos que diste para decidir? ¿Tendrás pesares y dudas con respecto a la persona con quien te casaste, en caso de que Jesús demore su venida? No hay necesidad de decir que no debes galantear con ninguna persona cuando no tengas la seria intención de relacionarte con ella. Que Dios te guarde hasta que estés seguro.
Algunos jóvenes tienen temor de confiar en Dios con
respecto a la persona con quien han de casarse. Estos dejarían que Dios maneje todo lo demás, pero tienen la rara idea de que Dios no sabe nada en cuanto a escoger al cónyuge para ellos. Imaginan que él castiga-rá la confianza de ellos dándoles alguna vil criatura defectuosa.
¿Puedes ver que acude al Señor un hombre que ama a Dios y cree que necesita una esposa? El dice: "Oh Señor, aceptaré cualquiera que quieras darme. Cual-quiera, Señor,¡cualquiera!" Luego se detiene aterrado y se dice: "¡Ay, no! ¿Qué dije?"
Piensa que Dios se lanza ahora sobre sus palabras sin perder un segundo y le dice: "¡Ah, ah! Ya lo hicis-te. Ya lo dijishicis-te. Yo te oí. Dijiste que cualquiera. ¡Bueno! Tengo esta horrible bruja, la del moño, de piernas peludas, que usa zapatos de tenis; ella ha estado orando durante 95 años: 'Oh Dios, ¡dame un joven simpático!' Ha orado tanto que ya no termina con la palabra 'amén', sino con la expresión 'un hom-bre'. Ahora bien, no puedo dejarla sin recompensa. Tú fuiste el primero que dijiste que cualquiera, ¡así que durante el resto de tu vida tendrás la oportunidad de deplorar tu dedicación!"
¡Qué horrible cuadro de Dios! Dios sabe mejor que tú con qué clase de persona serías más feliz. Tú, ami-go, tienes una buena idea sobre la clase de amable señorita con la cual te gustaría pasar el resto de tu vida. Tú, amiga, quieres a un maravilloso hombre a quien voluntariamente puedas entregar el amor de todo tu ser. Y óiganme los dos. Dios conoce los pensa-mientos de los corazones de ustedes aun mejor que ustedes mismos.
Yo sé dos cosas con respecto a Dios: primera, él es realmente sabio; segunda, él es realmente amor. Eso significa que nunca comete un error, y que lo que él decide para nosotros siempre cuadrará bellamente con
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lo que nuestro corazón realmente desea. El ángel de Dios hallará para ti otro "ángel" terrenal con el cual puedas compartir tu vida. ¡Confía en él! Si confiaste en él en lo concerniente a la vida eterna, ciertamente puedes confiar plenamente en él, para un corto tiempo de felicidad en esta vida. Y la persona que él escoja para ti será realmente la apropiada.
4. "Y la doncella era de aspecto muy hermoso" (Génesis 24:16). ¿Estás listo para la siguiente norma? Ella tiene que ser bella; él tiene que ser bien parecido. ¡Eso es lo que dice la Biblia! Un hombre envió una carta a una columnista para preguntarle: "¿Por qué las muchachas cierran los ojos cuando las beso?"
Ella respondió: "Mírate en el espejo, y lo sabrás". Una chica le envió su fotografía a un amigo por correspondencia, después que éste le había escrito durante un año, sin siquiera haberla visto nunca. Escribió en la parte posterior de la fotografía: "Esta fotografía no me hace justicia".
El le escribió otra carta. Le dijo: "Tú no necesitas justicia; ¡lo que necesitas es misericordia!"
Pero Dios es mucho más bondadoso de lo que jamás hayamos imaginado. Nadie comprende la profundi-dad de los pensamientos amorosos que él tiene para nosotros. Sí, la persona con la cual tú te casas tiene que ser bella, o muy bien parecida. Por lo menos, para ti. Vas a pasar el resto de la vida con él, o con ella. ¿Por qué no debe ser bien parecido él? ¿Por qué no debe ser hermosa ella? Dios diseñó la atracción física. Fue idea suya.
No te perjudicaría hacer la oración que Catherine Marshall llama "la oración del sueño dorado". Pídele a Dios que te dé el hombre de tus sueños. Pídele que te dé la mujer de tus sueños. Pero primero, dedica tu corazón a complacer al Señor, a deleitarte sólo en él. No andes merodeando por ahí con una tranquila
29 desesperación buscando a alguien con quien casarte. Alégrate con que estás unido a Jesús, con que el amor de él es la fuente de tu contentamiento. Y Dios dice que, si te deleitas en él, él te dará los deseos de tu cora-zón. No tengas miedo de colocar metas altas. Sé un hombre o una mujer de Dios, que estás enamorado de Dios, y tus sueños se cumplirán en Cristo. Tal vez pienses que eres feo y, por tanto, la mujer de tus sueños pensará que no eres el hombre adecuado. Tal vez pienses que eres fea y, por tanto, el hombre de tus sueños piensa que no eres la mujer que él quiere. No te desesperes. ¡Puedes llegar a ser bella, y tú puedes llegar a ser bien parecido! La belleza no es algo que viene envasada, ni la produce la genética. Hay algu-nas persoalgu-nas que tienen caras lindas, pero corazones feos, y por eso no son bellas. La belleza real comienza desde adentro.
William Booth les dijo a sus hijos: "Ustedes quieren más que una cara bonita con la cual vivir los 365 días del año, hijos míos. Busquen aquellas gracias y dones femeninos más profundos con los que la madre de ustedes ha enriquecido mi vida".
La persona más bella externamente en la Biblia no fue el Señor Jesús. Tal persona fue un ángel de tal gloria y belleza que fue llamado el hijo de la mañana. Pero su belleza lo hizo orgulloso. Pecó contra Dios y fue echado del cielo. La Biblia lo llama Satanás. No, la belleza no es siempre una ventaja. La única des-cripción escrita que tenemos de los rasgos físicos de Jesús la encontramos en Isaías 53:2: " . . . no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atrac-tivo para que le deseemos".
La gente que vio al Señor en la tierra no regresaba diciendo: "¡Extraordinario! ¿No tenía él la apariencia de un gran príncipe!" No, no era la apariencia física del Señor Jesús la que lo hacía verdaderamente bello.
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Lo que lo hacía bello era lo que él era. Y tú puedes ser bello o bella en la misma forma. He visto gente de la calle que tenía la más horrible apariencia y que mediante un milagro realizado por el poder del Dios viviente fueron cambiadas en personas bellas. Su belleza es Jesús. Les viene de aquellas horas que pasan con la Persona supremamente amada. ¡Tú puedes cambiar tu aspecto! Simplemente olvídate de ti mismo. Entrega tu amor totalmente a Jesús. Permi-te que ese amor se derrame hacia otras personas.
Toda tu vida y tu apariencia cambiarán a partir de adentro. La Biblia expresa este hecho de una manera bella: "Los que miraron a él fueron alumbrados" (Salmo 34:5).
5. "Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac" (Génesis 24:14).
Aquí tenemos una maravillosa prueba. El criado quería alguna clase de señal por medio de la cual él pudiera reconocer a la mujer que Dios tenía para su señor. Esta es una manera mediante la cual tú también puedes reconocer a la que Dios tiene para ti, si eres un hombre que estás buscando a la señorita que él te tiene preparada: ¿Puede ella dar de beber a los camellos?
Por supuesto, tal vez tu tierra no tenga camellos. Pero el principio sigue aún firme. ¿La persona a la cual estás siendo atraído está dispuesta realmente a trabajar en la vida? ¿Está ese hombre dispuesto, no sólo a ayudar, sino también a ir más allá de la segunda milla por amor a ti?
Cuando escogemos jóvenes para el liderato, hemos aplicado un principio sencillo. A cada nuevo volunta-rio se le encomienda una tarea física difícil. Aquellos
que se entregaron a ella de la mejor manera e hicieron el trabajo más pulcro, resultaron ser los mejores líde-res y los seguidolíde-res más dignos de confianza.
Esta es una prueba sencilla que puedes aplicar al "ángel" que tienes en mente. ¿Cómo trabaja? ¿Está dispuesto a dar al matrimonio todo lo que puede? El matrimonio sólo comienza con el aro o con una prome-sa: se necesita la vida entera para desarrollarlo. Para comenzar, trata de saber cómo trata ese hombre a su madre, a su hermana. ¿Qué solicitud tiene ella para con su padre, para con sus hermanos? Habla con la persona con quien estás pensando casarte y pregún-tale qué piensa de tus seres amados.
¿Toma esa persona realmente en serio el compromi-so? ¿Ha librado Dios a ese individuo de las casuales aventuras de la calle, y ha hecho que sea verdadera-mente dedicado a él y a los demás? ¿Puedes en verdad confiar en él? ¿Está él sacrificándose realmente para satisfacer necesidades? Eso es lo que significa dar de beber a los camellos.
Algún día cuando ella no esté presente, echa una mirada a su dormitorio. ¿Está bien arreglado? ¿Cuida ella bien su ropa? ¿Cuida su apariencia, sin ser escla-va de la moda? ¿Realmente practica la limpieza? Pregúntate: ¿Me gustaría que mi hogar se parezca al cuarto de ella? El matrimonio no mejorará drástica-mente los hábitos personales. ¡Lo que estás viendo es más o menos lo que vas a obtener!
Y ahora, amiga, ¿qué diremos acerca de él? ¿Es cuidadoso con el dinero que Dios le ha encomendado? ¿Es generoso cuando es necesario, y sin embargo, sabe ahorrar cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Sabe estar humillado y tener abundancia? ¿Es amable contigo ahora, o tiene malos hábitos que tú esperas que cambien? El que cambia los hábitos es Dios, no el tiempo. No te cases con ninguno que no haya
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PREPÁRATE PARA LA OBRA
QUE DIOS TE ASIGNE
Mientras Dios te indica claramente su voluntad para ti, hay algunas cosas que puedes hacer, durante los años en los cuales estás tratando de saber cuál es el propósito de él para tu vida. ¡No te preocupes si no sabes de inmediato, la noche después de haber entre-gado tu vida a Jesús, qué es lo que Dios quiere que tú hagas! Algunas veces él nos hace pasar por un período de preparación para ver si puede confiar en nosotros, antes de indicarnos claramente lo que tiene en su corazón. Utiliza los primeros años de tu conversión para aprender la disciplina y la obediencia a él, y espera que él abra el camino para ti. Entre tanto, haz lo siguiente:
1. Sigue aquello que te interesa y para lo cual tienes capacidad. Investiga qué es lo que puedes hacer bien, y qué es lo que no puedes. Algunas veces nuestros antecedentes son parte del propósito de Dios para nosotros; las lecciones que hemos aprendido de la vida, las respuestas que hemos dado y las decisiones que hemos hecho en el pasado, son todas utilizadas por el Señor y entretejidas en sus propósitos finales. Dios quiere usarnos tal como somos. Tú eres diferente de cualquiera otra persona en el mundo. Averigua qué es lo que hace que tú seas especial. Algunas veces Dios puede utilizar tus talentos; otras veces es precisamen-te la falta de talentos lo que precisamen-te hace muy especial para
33 do todo pecado conocido. ¡Recuerda que no tienes
nada que ver con los cananeos!
Para ayudarte a descender de tu nube romántica, échale una mira al padre de él. Tal vez el joven tenga mejor aspecto que el de su padre al llegar a esa edad. Pero tal vez no. ¿Vas a estar feliz con él después de quince años, aunque tenga una apariencia como ésa? Haz la misma prueba con la madre. Esto pudiera dolerte, pero es mejor pensar claramente ahora que tener que arrepentirte más tarde. Recuerda que el amor es sabio, y que hace una elección reflexiva. No te cases con nadie que no pase esta prueba: ¿Puede esta persona dar de beber a los camellos?
6. "Y el hombre estaba maravillado de ella, callan-do, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o n o " (Génesis 24:21).
El siervo aprendió lo que tú tendrás que aprender. Luego de haber puesto condiciones y de haber hecho sus votos a Dios, aprendió a esperar. Para que halles la novia o el novio que Dios tiene para ti, tú también tienes que estar dispuesto a esperar. Si Dios te ha llamado para contraer matrimonio, él te proveerá tu cónyuge a su debido tiempo. Esto significa, por supuesto, que primero tienes que darle el derecho de tomarte para sí; que estás dispuesto a no contraer matrimonio, si él piensa que eso es lo mejor. Esa es la única manera como puede ocurrir la entrega verdade-ra a Dios. Luego, no confundas el movimiento con el momento. Si Dios te señala cuál es el cónyuge que tiene para ti, ése es el movimiento. Espera el momen-to oportuno.
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él. Hudson Taylor dijo: "Cuando Dios quiso evangeli-zar a la China, buscó a un hombre suficientemente débil para usarlo". Aprende qué es lo que te gusta hacer bien, y cuáles son tus capacidades.
2. Ten muchos intereses en tus años de la adoles-cencia. Aprende a hacer muchas cosas, e interésate en otras, además de las pocas que ya has hecho. Participa en diferentes deportes; pueden ayudarte a desarrollar tu cuerpo de diferentes maneras que lo harán más fuerte y más útil para Jesús en los años venideros. Haz experimentos con diversos pasatiempos; algunas de las cosas que aprendes en los tiempos de recreación llegarán a ser instrumentos valiosos en lo futuro, espe-cialmente algunas tales como la radio o la electrónica, la fotografía, el arte o las manualidades. Trata de des-arrollar las capacidades que Dios te encomendó. ¡Ten entusiasmo en todo lo que haces! Dedícate realmente a ello, e interésate en tantas cosas como puedas. Cuantas más cosas conozcas, aunque sea en parte, tantas más personas podrás alcanzar para Jesús.
3. Lee con respecto a cosas que te gustaría hacer. Si
piensas que Dios pudiera estarte llamando para algu-na forma de obra misionera, lee biografías de misione-ros famosos. Si piensas que Dios te ha llamado para ser un artista cristiano, o un mecánico, o un científico, lee libros que traten sobre arte, mecánica o ciencia. Lee a menudo y con sabiduría. Si aprendes a apreciar los libros, tendrás un cuadro más amplio del mundo que Dios quiere que ganes para él.
4. Obtiene experiencia práctica lo antes posible.
Busca una ocupación de tiempo parcial en aquello que te interesa. Durante los días feriados o en vacaciones, pregunta si puedes hacer alguna tarea en el lugar donde te gustaría trabajar, y habla con otras personas que ya se encuentran en dicho lugar. Cuando haya ratos libres, haz preguntas. ¿Les parece a ellos
intere-sante el trabajo? ¿Cuál es el costo en relación con el tiempo, el estudio y la dedicación? ¿Puedes avanzar en ese tipo de trabajo? ¿Obtendrás lo suficiente para tus necesidades económicas? Por supuesto, todos los trabajos que hagas tienen que ser de aquella clase que honra a Dios y que ayuda al adelanto de su creación; cualquier cosa que sea sospechosa o moralmente corrupta, queda totalmente fuera de los límites del hijo de Dios.
5. Estudia la Palabra de Dios. Aun las tareas
secu-lares se beneficiarán si pasas un año o más estudiando parcialmente en un instituto bíblico o tomas cursos por correspondencia sobre la Biblia. Y ora: habla con Jesús sobre tus nuevos desarrollos y desilusiones.
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EL PROPOSITO DEL SEXO Y EL
AMOR
"Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, v los dos serán una sola carne" (Mateo 19:5).
Dios creó el sexo y ordenó lo relativo a él. La sexua-lidad no es mala ni impía. La Biblia no vacila en alabar los regocijos del amor sexual concedido por Dios y bendecido por él dentro del matrimonio. El sexo es idea de Dios. ¡El lo hizo! Es un símbolo terre-nal de muchísimas cosas que son preciosas y sagradas para él, tal como se nos indica en la Biblia. El matri-monio es el símbolo de algunas de las profundas y bellas verdades de la Escritura.
Estudia la relación de Cristo con su iglesia y verás un cuadro celestial del matrimonio ideal en la tierra. La esposa abandona su propio nombre, y toma el de su marido. Ella funde su vida con la de él; lo reconoce como su cabeza, y lo considera como su soporte, pro-tector y guía. Ella dedica toda su vida a la felicidad de él y cumple la voluntad de él por amor. Ella natural-mente espera que su marido la proteja de lesiones, de insultos y satisfaga sus necesidades. Ella basa su feli-cidad en él y espera que la proteja; y él está obligado a hacer eso. La reputación de ellos llega a ser una; sus intereses se convierten en uno; lo que afecta el carác-ter o la reputación de ella, lo afecta a él en el mismo sentido.
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3 7 El marido fiel ama, aprecia y honra a su mujer; dedica tiempo, trabajo y talentos para promover los intereses de su esposa. Y el marido fiel es celoso del buen nombre de su esposa, y siente profundamente cuando los sentimientos o la reputación de ella son ofendidos. El Señor Jesús es símbolo perfecto de un marido fiel; su verdadera iglesia, compuesta por todos los reales discípulos de Jesús, es el modelo perfecto de su amante esposa.
De igual manera, la familia cristiana es el modelo terrenal del anhelo que tiene Dios de una familia celestial de hijos e hijas que dominen y reinen con él. En el lugar que Dios le designó, el amor sexual es la relación más bella que existe sobre la tierra. Es el don especial de Dios para mostrarnos simbólicamente su propósito final para el hombre: que esté en la casa del Padre y con la familia de él, viviendo en amor y com-pañerismo con él y los unos con los otros para siempre (1 J u a n 3:1, 2).
Por el hecho de que Dios hizo que en los seres huma-nos la sexualidad tuviera una relación especial, esta-bleció diferencias definidas entre las inclinaciones sexuales de los animales y del hombre. La reproduc-ción animal se excita mediante leyes automáticas de instinto que operan en determinadas épocas del año. En estas cópulas sexuales no hay amor; sólo existen ciegos deseos instintivos.
El deseo humano del amor sexual y de tener hijos es algo muy diferente. No es automático. Fue colocado por el Creador bajo el dominio de nuestras voluntades y pensamientos humanos. Lo diseñó para que se des-pierte y funcione bajo nuestro control. En los primeros años, esta fuerza yace escondida de nuestra atención. A medida que crecemos más y más, se convierte en una fuerte energía en nuestras vidas que puede ser
canalizada hacia una vida creadora y de regocijo, aunque no estemos casados ni usemos su potenciali-dad de una manera sexual.
El sexo nos fue dado por dos razones físicas princi-pales: para preservar la raza mediante una relación en que hombres y mujeres traen hijos al mundo (Salmo
127:3-5), y como fuente de profundo placer espiritual y físico entre el marido y su mujer (Mateo 19:4-6; Génesis 2:24, 25; 24:67; Eclesiastés 9:9; 1 Corintios 7:2-5). La misma Biblia que nos da severas adverten-cias con respecto al mal uso de la sexualidad (Prover-bios 5:1-8, 20), claramente indica que las necesidades sexuales deben ser satisfechas para que nos traigan una gran felicidad en el matrimonio (Proverbios 5:15,
18, 19).
La Biblia no nos enseña a odiar la sexualidad, ni a considerarla como un deber desagradable pero necesa-rio, que básicamente es malo, pero que debe cumplirse para preservar la raza en el mundo. Ciertas personas que debieran haber leído con más cuidado la Biblia, algunas veces pensaron que la relación sexual tuvo algo que ver con la caída del hombre en el pecado. Pero Adán conoció y amó a Eva mucho tiempo antes de que ocurriera la caída. La relación sexual no formó parte del pecado de la caída. Dios les ordenó el amor sexual. La felicidad y el amor sexuales fueron disfru-tados por el primer hombre y su esposa mucho tiempo antes que el pecado entrara en el mundo. Sería mejor que los hombres y las mujeres sepan que no deben dar a la Biblia mala fama al decir que el cristianismo enseña a la gente a pensar que la actividad sexual es mala. La Biblia no dice eso nunca, pues simplemente eso no es verdad. La sexualidad es como cualquiera de los demás dones que Dios dio a los hombres; si se emplea según el método establecido por él y en el tiempo oportuno que él determinó, es algo bello,
enri-39 quecedor y divertido; fuera de las leyes de él que lo regulan para la felicidad, puede ser algo terriblemente doloroso y
perjudicial.-En la Biblia se nos advierte que una de las señales de los últimos días será que habrá hombres que prohi-birán casarse. No hay nadie que sea más espiritual por el hecho de no casarse. Un marido y una esposa que se amen mutuamente pueden ser tan santos en sus reía-» ciones sexuales como un hombre o una mujer que se hayan entregado completamente al ministerio de ayudar a otros, y hayan renunciado al derecho de casarse, a fin de pasar más tiempo con la gente.
La Biblia realmente manda al hombre y a su mujer a que no se nieguen sexualmente el uno al otro, a menos que sea por consentimiento mutuo durante algún tiempo para entregarse al ayuno y a la oración (1 Corintios 7:5). Este mandamiento bíblico es una poderosa fuerza que mantiene a los matrimonios vigo-rosamente unidos. Hay muchas bendiciones cuando el marido obedece a Dios en eso de satisfacer regular-mente las necesidades sexuales de su esposa, y cuando la esposa, del mismo modo, satisface las de su marido. El bello Cantar de los Cantares de Salomón, poética y reverentemente describe algunos de los regocijos de esta combinación físico-espiritual del amor matrimo-nial (Cantares 6:1-10; 7:1-9; 2:3; 8:3). El matrimonio debe mantenerse en honor, y el amor sexual dentro del matrimonio debe ser exaltado como el máximo placer físico que Dios dio a la joven pareja (Hebreos 13:4).
Lee la Biblia y piensa seriamente en todos los sím-bolos de verdades espirituales que hay en el amor sexual dentro del matrimonio. Sólo en la Biblia se coloca la sexualidad en su lugar adecuado y bello. Sólo en la Biblia es elevado y honrado el lugar de la mujer en el matrimonio, en la cual el marido debe ser "into-xicado" por el amor de su mujer, y el Espíritu Santo
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describe esta unión como parte de la sabiduría divina que Dios ve y aprueba (Proverbios 5:1, 21). El amor sexual dentro del matrimonio, según el método de Dios, es tiernamente bello.
En este amor, hay una mutua entrega y participa-ción que no se parece a ninguna otra de las relaciones que existen sobre la tierra. Cada uno de los cónyuges invierte su vida en el otro, en un vínculo que los hace crecer más vigorosamente en amor mutuo, y los hace más francos y honestos el uno al otro. Esencialmente, lo que sucede es que cada uno hace un pequeño hogar emocional en el corazón del otro, un sitio en que ambos pueden bajar la guardia y las barreras y ser realmente honestos el uno con el otro, como niñitos. El amor sexual edifica este hogar. Es un sitio en que dos personas que se aman pueden relajarse en la confianza y el amor mutuos, seguros en su solicitud y en su entrega el uno al otro, un lugar en que todas las aspe-rezas de la vida a que se enfrentan conjuntamente pueden ser suavizadas y sanadas. <¿*
La sexualidad es un don precioso. Es la manera que Dios nos concedió para demostrar, de la manera física más profunda posible, nuestro amor, para construir un puente de amor que no sólo es la unión de dos cuer-pos en los placeres más profundos, sino la unión de dos almas en un vínculo de felicidad que sólo será sobre-pasado en el mismo cielo. El amor sexual, según el método de Dios y en el tiempo indicado por Dios, es una de las más sublimes bendiciones de él.
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PALABRAS BÍBLICAS SOBRE
LAS RELACIONES SEXUALES
SIN DIOS
La sexualidad es como un fuego. ¿Qué ocurre cuan-do ese fuego se sale fuera de control? En tocuan-do el mundo arde este fuego de una manera incorrecta. Tan pronto como queda suelto, no reconoce límites, ni clases, ni rangos, ni posiciones. El mismo infierno ali-menta esta llama con el combustible de las historias impuras, los libros indecentes, las imaginaciones obs-cenas.
Este capítulo también pudiera titularse: "Sueños en llamas". Eso es lo que hace el pecado de la inmora-lidad sexual. Puede tomar a una bella chica y conver-tirla en una consumada y enferma prostituta. Puede tomar a un hombre y hacerlo peor que un animal. Puede tomar tus sueños y convertirlos en llamas; puede quitarte todo lo que esperas y dejarte sin nada, sino humo, ceniza y una vida quemada.
Algunos saben esto por amarga experiencia. Gracias a Dios que a los discípulos de Jesús que ya han sufrido de este fuego, Dios les da la promesa de que les dará "gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustia-do . . . " (Isaías 61:3).
¿Sabes por qué se arruinan muchos matrimonios? Reduce todo a las razones fundamentales y tendrás
43 dos: las personas se casan demasiado jóvenes, ose han
involucrado en alguna forma de relación sexual antes del matrimonio que los perjudica posteriormente. Un fuego da calor y es maravilloso en una noche fría en una hoguera que esté bajo control; pero el mismo fuego, si se deja libre, también puede quemar tu propia casa. No hay diferencia entre el fuego que con-forta y el que mata; es la misma llama. Cuando nos ofrece ayuda es porque arde en el lugar que le corres-ponde, bajo control y en tiempo oportuno; cuando daña es porque está en el lugar que no le corresponde, en el tiempo no apropiado y fuera de control.
Cuando los enamorados hablan por primera vez sobre el tema sexual, existe la tentación común de querer experimentar con las facultades o capacidades sexuales. Las madres que empujan a sus pequeñas hijas a actuar como si fueran grandes y que pasan sus horas libres buscando la manera de que sus hijas sean populares con los varones, no les ayudan. A menudo la misma madre es la que se sobresalta y se ofende cuando su pequeñita de 14 años de edad regresa a la casa embarazada y llena de lágrimas, por cuanto se hizo demasiado popular con los varones.
El' hecho de comenzar a tener novio demasiado pronto ha servido como fundamento para muchos divorcios. Es agradable saber que, si tienes un lugar especial al cual ir, siempre estará allí Fulana o Suta-na; pero grandes problemas comienzan cuando los dos pasan tanto tiempo solos que les llega la tentación de abandonar las normas y el código moral. Hubo un tiempo en que los padres no permitían que sus mucha-chos se metieran en situaciones de esta naturaleza. Respetaban tanto la química sexual que daban a sus muchachos una disciplina estricta y un tiempo limita-do para estar con sus amigos o amigas.
Esta es una historia antigua: la familiaridad trae
desacato. Los dos pueden llegar a familiarizarse demasiado el uno con el otro. Pueden transferir esto a sus cuerpos, encender la llama, bajar la guardia, dis-minuir las normas morales, y caerán directamente en dificultades. Y es demasiado fácil dar excusas por el pecado cuando confundes la atracción sexual con el amor. Puedes hallarte cargado de responsabilidades antes que estés preparado para manejarlas.
He aquí un consejo para los que siempre van en compañía de cierta persona del otro sexo: ¡No lo hagan! No hagan eso a menos que estén realmente enamorados; no lo hagan, a menos que los dos estén pensando seriamente en casarse, a menos que tú, muchacho, estés dispuesto a ser marido y proveedor; y tu, señorita, esposa y madre. No hagan eso, pues hay la posibilidad de que se metan en dificultades. El hecho de apegarse demasiado en esta forma es una de las grandes razones por las cuales muchas chicas se casan demasiado jóvenes. Encienden un fuego que no pueden honorablemente apagar, y por su propio senti-miento de culpa son empujadas hacia el matrimonio, el cual termina antes de empezar. Si te casas demasia-do joven, por la presión de una experiencia sexual ade-lantada, tendrás toda posibilidad de acabar con tu matrimonio, con tu hogar y con tu felicidad. La sexua-lidad y el matrimonio no son juegos de niños. Pasa tiempo como amigo o amiga de muchos hermanos y hermanas en Jesús. Mantente alejado de apegos exclusivos no saludables.
Hay una regla sana que es la siguiente: No te "com-prometas físicamente" con nadie en ninguna manera que pudiera afectar tu futuro matrimonio con esa per-sona. Ahora bien, ¿qué significa eso? ¿Hasta dónde se puede decir que es demasiado? La Biblia usa palabras que nos dicen exactamente hasta dónde es demasiado. Muchos discípulos de Jesús que han estado en las
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calles y han conocido la condenación del pecado sexual saben por experiencia lo que pudiera violar su nueva vida en Jesús. Pero también es bueno saber que Dios no nos ha dejado en la oscuridad en este sentido. La Biblia tiene tres palabras que definen exactamente el punto en que comienzan los problemas sexuales, mucho antes que se cometa la fornicación, o el adulte-rio o la perversión sexual. Son palabras difíciles, y ésta es la razón por la cual algunas personas de Jesús no las estudian y algunos predicadores no las usan. Estas palabras son lascivia, concupiscencia y engaño o fraude. Ahora, no pierdas la calma. Cada una de ellas está cargada de significado y de ayuda. Nos dicen dónde comienza el mal que va a parar en actos reales de inmoralidad. A continuación, expongo lo que signi-fican y dónde se hallan en la Biblia.
1. Lascivia. Cuando se usa con sentido sexual signi-fica hacer la decisión de dejar que la atracción sexual opere fuera de los límites de Dios en el matrimonio. Cualquier pensamiento o acción que hagas intencio-nalmente y que te estimule sexualmente cuando tal deseo no puede ser expresado correctamente en el matrimonio, es el pecado de lascivia. Es una decisión de tu voluntad. La Biblia nos dice que la lascivia no procede de la tentación externa, sino del corazón. Ningún cuadro, ni libro, ni persona que te estimule sexualmente puede hacerte lascivo. Si te enfrentas con una tentación al ver alguna de estas cosas o perso-nas, ese deseo no es pecado en sí. La palabra lascivia simplemente significa un deseo muy fuerte. En el ori-ginal, la usó el Señor Jesús cuando habló del deseo que tenía de comer la pascua con sus discípulos: y Pablo, cuando habló de su anhelo de morir y estar presente con el Señor (Lucas 22:15; Filipenses 1:23). Pero los fuertes deseos se vuelven pecados cuando decidimos dejarnos atraer por ellos.
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¿Hasta dónde es demasiado? La Biblia nos da esta respuesta en la palabra lascivia: cualquier cosa que comience a atraerte sexualmente cuando no puedes darte el lujo de ser atraído. Demasiado es cualquier cosa que estimule el deseo sexual en tu corazón fuera de los caminos de Dios. El besuqueo se ha definido como "un intercambio de besos y caricias, mantenien-do ambos los pies en el piso, y las manos bajo control". Si el besuqueo te atrae sexualmente, entonces es malo para ti. Sé que hay discípulos de Jesús que se abrazan mutuamente, y en ello no hay nada malo; pero hay otros chicos que no pueden ni siquiera mirar a una persona del sexo opuesto, sin pecar. Dios conoce tu corazón. Recuerda que es pecado ante los ojos de Dios el hacer la decisión de corazón de estimular tu deseo sexual, cuando sabes que no puedes continuar con ello y permanecer rectamente delante del Señor. Esta es ra razón por la cual la masturbación es mala delante de Dios; simplemente es una expresión de lascivia.
2. Concupiscencia. Esta es una de las palabras difí-ciles de la Biblia con respecto a las dificultades de lo sexual. Simplemente significa caer en un deseo físico vehemente de satisfacción sexual. Es un estado sobreexcitado de enfoque sexual; es estar tan apegado a lo sexual que la mente de uno se mantiene volviendo vez tras vez a él. Es ser tan atraído sexualmente que uno no puede cortar el asunto. La Biblia algunas veces traduce este término mediante las palabras "codicia" o "codiciar". Esta fue la palabra que Jesús usó cuando dijo: "Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su cora-zón" (Mateo 5:28).
La concupiscencia ocurre cuando el fuego sexual comienza realmente a arder fuera de control. Es lo que hace que una mujer desfile delante de los hombres, y tenga en los ojos un aviso: "Para la venta a bajo
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precio. Levemente usada". Es lo que hace que el hombre le saque una radiografía a toda mujer que pasa.
La concupiscencia no es cosa liviana delante de Dios. La Biblia nos dice que es uno de los pecados que él juzgará en su ira (Colosenses 3:5, 6). No debemos dejar que nuestros cuerpos sean atrapados por ella, "como los gentiles que no conocen a Dios" (1 Tesaloni-censes 4:5).
La lascivia conduce a la concupiscencia. Un poco de leve besuqueo puede conducir a muchas caricias atre-vidas. Y no te hará ningún bien el pedirle a Dios que te quite el deseo sexual, si todo el tiempo mantienes el fuego ardiendo. Dios hizo el sexo. Fue idea suya. Pero puso su control bajo tu voluntad, y espera que tú le rindas esa voluntad a él. En realidad, él no puede quitarte los sentimientos sexuales, así como no puede desear hacer de ti un ser que no sea hombre o que no sea mujer. La sexualidad es como una bomba de tiempo. La mecha se enciende con el besuqueo y se agota más con las caricias. Las caricias son el preludio a las relaciones sexuales completas. Eso es algo que sólo está reservado para el amor y la entrega responsa-ble dentro del matrimonio. Mucho antes del acto sexual puedes quebrantar la ley de Dios con la lascivia y la concupiscencia.
No acaricies de ninguna manera. Ni siquiera comiences. Si ya comenzaste, deja eso antes que empeore. Las caricias agregarán algo a tu vida, eso es cierto. Agregarán culpa y vergüenza. Agregarán sucie-dad a tu nombre. También pueden quitar algo. Si eres una señorita, te pueden quitar a tu novio, porque des-pués que te hayas pasado de lo que debes, él puede decidir que eres demasiado barata, y dejarte. Pueden quitarte tu virginidad y conducirte al embarazo, des-trozar los corazones de tus padres y hacer que te cases
muy temprano, demasiado pronto o con la persona que no te corresponde. Dios ha reservado las caricias y el juego sexual para el matrimonio, y sólo para el matrimonio. ¡Si quieres meterte en problemas, sigue adelante! Pero está preparada para formar parte de las estadísticas de la tragedia. Y recuerda esto: ningu-na personingu-na sexualmente inmoral caminingu-nará con vesti-dura blanca junto con la nueva familia de Dios. Ningún verdadero discípulo de Jesús es esclavo del pecado sexual.
3. Engaño. Algunas veces el engaño se llama "frau-de", y engañar en algunos casos es sinónimo de defraudar. Sirve para definir el pecado sexual que comienza cuando en él envuelves a otra persona. Simplemente significa atraer sexualmente cuando sabes que no puedes llevar eso a cabo sin meterte en dificultades. La palabra original significa "sacar pro-vecho de", o pasivamente, "serle tomada ventaja a uno". Cuando te dedicas a capturar los sentimientos o afectos de alguien, cuando intencionalmente decides que tal persona se enamore de ti, de tal modo que puedas utilizarla en forma egoísta, la engañas. Ni siquiera tienes que involucrar sexualmente a dicha persona para engañarla.
Es posible que un discípulo de Jesús, de manera profundamente inadvertida, le haga a un hermano o a una hermana en la fe el mal de darle la impresión de que está enamorado de él o de ella, según sea el caso, con algo más que amor fraternal. Cualquier cosa que hagas para dar la impresión de que estás enamorado, cuando sabes que no puedes llevar a término ese amor, es un engaño.
Pero si se usa en el sentido sexual, engañar significa hacer acciones que atraigan a alguno, cuando sabes muy bien que no es correcto hacerlo. No puedes apro-vecharte de la confianza y del afecto de otro, sin que te
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¿POR QUE NO TENER
RELACIONES SEXUALES
ANTES DEL MATRIMONIO?
"¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus • vestidos ardan?" (Proverbios 6:27)
"Volví a la realidad con un ruido espantoso. Ya no estaba embriagada. Había terminado la fiesta, y me sentía enferma, rebajada y sucia. No me ayudó nada el oirlo decir: '¿Por qué no me detuviste antes que las cosas fueran demasiado lejos? Has debido saber lo que ocurriría. Hubieras podido detenerme en cualquier momento. Pero no lo hiciste* ".
"Mamá y papá acaban de saber que estoy embara-zada. Se sintieron tan escandalizados que simplemen-te no lo creyeron. Sólo simplemen-tengo 14 años de edad. Ellos simplemente se quedan mirando hacia el espacio, y cuando me ven, se quebrantan y rompen a llorar. Dicen: 'Simplemente, eso no puede suceder, ¡a nues-tra hija, no!' Pero sucedió. Ahora no sé qué hacer ni a dónde ir. ¿Qué futuro hay para mí ahora? Sucedió tan rápidamente; simplemente no valió la pena. ¿Pudiera usted, por favor, hallar un hogar para mi bebé cuando llegue, y pudiera darme algún consejo antes que me vuelva loca?"
"No es tan malo si uno nunca ha amado a nadie, porque lo que uno no conoce, no lo perjudicará. Pero si la chica es como yo, y ya ha amado a un hombre, ¿qué hace cuando tenga que terminar? Yo nunca solía tener
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metas en profundas dificultades con Dios. El dice "que ninguno agravie ni engañe en nada a su herma-no; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemosydicho y testificado. Pues no nos ha llamado —Dios a inmundicia, sino a santificación" (1 Tesaloni-^ J g n s e s 4:6V\).
No permitas que el fuego arda fuera de los controles y límites de Dios. No podrás detenerlo, y te quemará horrible y profundamente. Las actividades sexuales sin Dios están llenas de profundos peligros. Si te ¿ - -metes en ellas, no sólo te meterás y meterás a otros en
/ p r o b l e m a s , sino que también estarás en profundas dificultades con Dios. El pecado sexual tiene horribles /castigos. Pregunta esto a cualquier discípulo de Jesús ^ q u e ya haya estado allí alguna vez. Una vez que te involucres en eso, el único que puede sacarte de este fuego es Dios, y aun entonces te quedarán cicatrices que nunca podrás borrar.