Abedul (Betula Verrucosa)
El nombre de esta planta es de origen celta y era ya conocido por los antiguos griegos y romanos. El abedul simboliza la “melancolía” y el “duelo”.
Era uno de los árboles sagrados de los celtas; representaba al dios de los vivos y los muertos. Es el nombre celta del abedul "BETULE" el que da la nomenclatura en latín: "Betula verrucosa". Los antiguos campesinos rusos, para atraer la lluvia, cortaban un abedul el jueves anterior a Pentecostés y lo vestían con ropas de mujer, cintas de colores y guirnaldas de flores; después de una comilona y entre cánticos y bailes, lo llevaban a la casa principal del pueblo. Allí estaba hasta el domingo de Pentecostés que, con más festejos, lo arrojaban al río.
En los países nórdicos plantar un abedul en el jardín equivale a poseer un amuleto contra las adversidades y una demanda de protección a las hadas de los bosques y a los enanos de la selva, personajes que nutren las leyendas y sagas nórdicas.
En el campo mágico y espiritual, es un árbol relacionado con la protección y la purificación, en el pasado se utilizaban sus ramas para sacar malos espíritus golpeando suavemente a la persona o animal.
Colgar una cinta roja alrededor de su tronco para protegerse del mal de ojo, construir las cunas de los niños con su madera para alejar malos espíritus o maleficios fueron otros usos que se le dieron a este árbol.
Las brujas elaboraban sus escobas con ramas de abedul por su cualidad purificadora. Su incienso es utilizado para atraer amor, protección, desaparición de la melancolía.
En la cultura celta se le conoce como el primer árbol sobre la tierra tras derretirse los hielos, significa inicio y renacimiento. Los celtas lo adoraban como árbol de la fecundidad física y espiritual.
Abeto (Abies Alba)
Se distinguía por su feminidad. Los griegos lo consagraron a Artemisa, diosa lugar reguladora de los nacimientos. Druantia era el nombre que los galos daban a la diosa del abeto, con el rango de “reina de los druidas”.
Llamado Ailim por los antiguos celtas, correspondiente a la letra "A" en el Alfabeto druídico Ogham, su uso como árbol de Navidad en muchas partes de Europa lo convierten en un símbolo de alegría y prosperidad, ya que la tradición dice que "poner el árbol" ayuda a que las fiestas transcurran felizmente.
También llamado "Arbol del nacimiento". Una leyenda cuenta que en la primera mitad del siglo VIII un roble -adorado hasta entonces por muchos pueblos como la expresión de las fuerzas de la Naturaleza- cayó sobre un abeto, pero éste quedó milagrosamente intacto, por lo que fue proclamado el árbol del Niño Jesús. Su forma triangular se explicó como representativa de la Trinidad, con el Dios Padre en la cúspide. Al principio de esta costumbre se quemaban sus agujas durante el nacimiento para bendecir y proteger a la madre y al bebé.
Abrojo (Tribulus Terrestris)
Tiene un largo historial de uso medicinal tradicional en China, India y Grecia. Se recomendó como un tratamiento para la esterilidad femenina, la impotencia y la libido baja tanto en hombres como en mujeres y también fue usada para ayudar al rejuvenecimiento después de largas enfermedades. La hierba se volvió ampliamente conocida en el Occidente cuando los atletas búlgaros ganadores de medallas en las Olimpiadas afirmaron que el uso de tribulus terrestris había contribuido a su éxito. En la Grecia y la India antiguas, se utilizó como tónico rejuvenecedor físico.
Abrótano Hembra (Santolina Chamaecyparissus)
También llamado Santolina y Hierba piojera. Se le atribuyó el poder de espantar a las serpientes (para lo que había que esparcir la planta por el suelo de la casa) y servir de antídoto contra cualquier veneno.
Usada por los chamanes para realizar sus pociones contra "maleficios".
Acanto (Acanthus Mollis)
El nombre deriva del vocablo griego “akanthos”.=”espina”, nombre que alude seguramente al hecho de que muchas especies de acanto están provistas de espinas. Las bellísimas hojas de esta planta han inspirado a muchos escultores de la Antigüedad, que decoraron frisos y capiteles precisamente con la forma de hojas de acanto.
Antiguamente, y todavía hoy, en las poblaciones de Java y de Asia Menor se atribuía a las hojas de acanto, a causa de sus duras espinas, el poder de impedir la entrada de los espíritus malignos en las viviendas y en los templos. Por este motivo, e muchas zonas de las costas mediterráneas, perdura todavía la tradición de colocar una mata de acanto a ambos lados de las puertas.
Una doncella de Corinto, apenas núbil, enfermó y murió. Su afligida nodriza, que la amaba profundamente, depositó en un canastillo sobre su tumba algunos objetos que fueron de su agrado en vida y tapó la cesta con un ladrillo, para evitar que la lluvia, el viento o los animales pudieran tumbar o revolver su contenido. Sucedió que bajo el canastillo germinó una semilla de Acanto (Acanthus mollis). Con el tiempo, fue creciendo hasta que sus hojas se toparon con el ladrillo, lo que obligó a las hojas a curvarse. Un día pasó por ahí el escultor Calímaco (Calimachus), conocido por el sobrenombre de Catatechnos ( primer artífice) por la delicadeza con que tallaba el mármol, que andaba buscando inspiración para un encargo de columnas que le había hecho la ciudad de Corinto. Fascinado ante la belleza de esta nueva forma, la incorporó en nuevos capiteles. El diseño fue muy del agrado de los corintios, que empezaron a incorporarlo a sus capiteles. De esta manera, el nuevo capitel pasó a ser conocido como capitel corintio.
Acebo (Ilex Aquifolium)
Podemos considerar que el acebo es él homologo de invierno del roble. El rey acebo gobierna durante los meses de invierno. Él era quien guardaba la sabiduría durante la época oscura del año, y en las celebraciones del solsticio de invierno se llevaba a las casas para venerar su energía y como protección contra fuerzas hostiles.
Para los celtas y en especial para los druidas, algo de vital importancia eran las plantas y su control por parte del ser humano para obtener beneficios de ellas. Innumerables plantas y árboles tenían un carácter sagrado para los antiguos celtas, especialmente el muérdago y el trébol entre las primeras y el roble y el tejo entre los segundos; para ellos, las plantas curativas y "mágicas" eran un regalo que los dioses hacían a los seres humanos, para su beneficio y utilización. En las fiestas solares de los antiguos celtas, las plantas también se hallaban presentes. Para los sacerdotes de los celtas, los Druidas, todo ser vivo tiene un espíritu elemental con propiedades mágicas. Así los árboles también tienen su espíritu mágico.
Los druidas usaban el acebo para decorar sus cabañas con un uso responsable, con las ramas de hoja perenne, durante Giamos, como una forma más de permitir a los espíritus silvestres de la naturaleza que morasen junto a los que los veneraban y respetaban. Los druidas también fueron conocedores de las propiedades curativas del acebo y lo usaron para hacer ungüentos y conjuros. Pero curiosamente se usaba para dar de comer a los urogallos y otros animales, porque para los humanos su consumo es venenoso. Por ser de tal importancia para los druidas el acebo más tarde se utilizó como emblema de diversos clanes de las Altas Tierras de Escocia. Un mito celta relacionado con el acebo es el relato en el que los protagonistas son Gawain, señor del roble y El Caballero Verde, señor del acebo, donde se describe la virtud del honor, posteriormente el romance irlandés fue adaptado a las fábulas asturianas, menos paganas, como una batalla anual entre el caballero del Roble y el Caballero Santo, siendo en sus orígenes un relato celta irlandés denominado “Romance de Gawain y el caballero verde” que tiene que ver con el espíritu humano, puesto a prueba. La divinidad arquetípica que mejor encaja con estas características del acebo; es Danu, la Madre de
todos los dioses irlandeses, equiparada a la galesa Don, sus menciones se remontan, según los investigadores a época protocelta.
El acebo, para los celtas, era un arbusto sagrado que utilizaban en el solsticio de invierno (día 21 de Diciembre) para atraer suerte y prosperidad. Este árbol sagrado era denominado Tinne, guardián de la sabiduría durante la época oscura del año, el invierno. Es un árbol que ayuda a crecer interiormente y como dice la leyenda no se le puede engañar o mentir, es el arquetipo de sinceridad. Esta creencia, viene de los druidas que construían sus varitas con ramas de acebo que eran empleadas en sus juicios como testimonio mudo de la presencia de la verdad.
Tinne, el “árbol sagrado” para los antiguos celtas, era considerado protector, capaz de atraer la suerte y también de aumentar la capacidad de atracción del hombre sobre la mujer (si portaba una bolsa con sus hojas y bayas). Plantado cerca de la casa, se dice que protege a ésta de la mala suerte. Se utiliza en rituales del solsticio de invierno para atraer suerte y prosperidad. También son de sobra conocidas sus aplicaciones medicinales, su corteza y sus hojas se utilizaban antaño como un remedio para calmar la fiebre.
En los países alpinos se le denomina árbol de los sátiros, ya que aleja a los demonios de la noche, a los sátiros y a otros espíritus o duendes maliciosos. En la región de Aquisgrán (Alemania) se llamaba a esta planta hurgón, sus ramas se empleaban para limpiar las chimeneas y hogares. La costumbre no se originó únicamente por consideraciones prácticas. Antiguamente el hogar era considerado el corazón de la casa, el centro alrededor del cual se movía la comunidad integrante del hogar. La chimenea era considerada la puerta de entrada o salida de los espíritus y antepasados. Con el fin de mantener limpia esta puerta, y alejar los malos espíritus que se pegaban al hollín, era necesario disponer de una escoba con poderes mágicos. Esta escoba era fabricada con estas mágicas ramas. Hoy en día las decorativas ramas de acebo siguen adornando los hogares por Navidad para atraer protección y alejar a los malos espíritus.
El nombre botánico de Tinne en inglés es Holly, y según cuenta la leyenda que circula por el norte de Gran Bretaña, esta planta promueve la adivinación en los sueños. Para ello hay que reunir nueve hojas de esta planta y depositarlas en un pañuelo o tela blanca atada con nueve nudos, y colocándolo debajo de la almohada, según la leyenda, nuestros sueños se harán realidad.
También existe la leyenda que si se cortan sus ramas al amanecer se podrían descubrir tesoros o situaciones ocultas. El acebo es además un poderoso talismán para proteger los negocios.
(Desde que el acebo pasara a ser especie protegida, poco a poco el muérdago ha ido sustituyendo al acebo en la decoración para la fiesta de Navidad, al igual que el acebo es originario de Europa y la mayor diferencia entre ambos es que las bayas (bolitas) del muérdago no son rojas sino blanquecinas). Creían en todas las fuerzas dela naturaleza.
En algunos países centroeuropeos, el acebo es conocido como 'árbol de los sátiros', ya que se pensaba que era útil para alejar a los espíritus de la noche y otros gnomos maliciosos. También los monjes medievales utilizaban este ejemplar para ahuyentar a los malos espíritus.
En la antigua Roma, el historiador Plinio ya otorgaba al acebo poderes mágicos. Aseguraba que se podría transformar el agua en hielo utilizando sus flores blancas. Decía que si se plantaba esta especie en las cercanías de una granja, te protegería de los rayos y embrujos. Y también aseguraba que una madera de acebo lanzada contra los animales salvajes, conseguiría que éstos se amansasen.
Otra leyenda proviene de la región alemana de Aquisgrán, donde se utilizaba este árbol para limpiar las
chimeneas, ya que consideraban el hogar como el centro sagrado de la casa y por ello necesitaban de un
repelente natural contra los malos espíritus, en este caso, las ramas de acebo.
Era un símbolo de protección y por ello, aún hoy, suele encontrase colgado en la puerta de entrada de muchos hogares. Además, debido a la dureza de su madera, los antiguos celtas usaban este árbol para fabricar sus puntas de lanza. Por esta misma cualidad, esta especie de bayas rojas destaca por su firmeza. Es un árbol que ayuda a crecer interiormente y como dicen las leyendas no se le puede engañar o mentir y él mismo es el arquetipo de la sinceridad. Producto de esa creencia, se cree que los druidas construían sus
varitas con ramas de acebo que eran empleadas en los juicios druídicos como mudo testimonio de la presencia de la verdad. En realidad el acebo se hace sagrado en virtud del poder, de la energía que posee, pero no es objeto de veneración en sí, como si fuera un dios. La veneración que los druidas le profesaron y le profesan, es en el sentido del gran respeto y admiración que inspira.
En el lenguaje de las flores el acebo es símbolo de la previsión; por ello es un amuleto valido para las personas demasiado prodigas.
El nombre acebo se refiere a las espinas que algunas variedades de esta planta tienen en las esquinas de sus hojas; esta espinas parecen verdaderas agujas. Su disposición es diversa: solamente aparecen siempre en las hojas mas bajas y van desapareciendo en las más altas, como si constituyeran una defensa contra los animales que podrían dañar su follaje.
Acedera (Rumex Acetosa)
Existía la creencia de que esta planta curaba por la simple transmisión de su poder mágico. Algunos se la colgaban del cuello metida en saquitos de piel o tela contra lo que llamaban "Lamparones" que no son otra cosa que llagas o escrófulas de dolencias relacionadas con el sistema linfático, óseo y tejidos diversos del cuerpo.
Hay una leyenda en el valle del Cardós en Cataluña que cuenta que unos payeses consiguieron robar un mantel a las hadas con la suerte de que una de ellas se había quedado en un pliegue. Dicen que tenía la forma de una mujer pero en pequeñito. Los labriegos guardaron el mantel en un cajón y encerraron al hada en un armario de la cocina. Un día que el ama de la casa estaba cociendo leche, sin quitar ojo al armario donde estaba retenida el hada, oyó una vocecita que gritaba " que se sale la leche". La mujer fue corriendo para retirar la olla del fuego. En ese instante el hada abrió la puerta de la alacena con una ramita de una hierba y se escapó. Pero antes le dijo a la mujer "Nunca sabrás para qué sirve la Hierba de la Paciencia".
Acelga (Beta Vulgaris)
Achicoria (Cichorium Intybus)
Es una de las plantas utilizadas contra todo tipo de energías negativas que emanaban de los hechizos de los brujos. Para que fuera efectiva, había que recogerla de rodillas la noche de San Juan y arrancándola muy despacito recitar por tres veces la palabra "tetragramathon". Este ritual estaba amparado por el cura de la iglesia, puesto que era una forma de combatir al diablo. En la Antigua Roma republicana se vendían las semillas de estas plantas por creerse que tenían la virtud de asegurar la fidelidad de los amantes. Paracelso afirmaba que si nos colocamos de rodillas ante esta planta el día de San Juan Bautista, antes de salir el sol y arrancándola pausadamente y pronunciando en voz baja por tres veces la palabra sagrada “Tetragrammaton” tendremos, al llevárnosla a casa y guardándola bien envuelta en paños blancos y limpios, un poderoso amuleto contra las acechanzas diabólicas y contra toda clase de hechizos. Cuenta la leyenda que una hermosa muchacha de ojos azules, entre mimos y besos despidió a su novio que marchaba a la guerra y prometió esperarlo. Él no volvió. Año tras año ella seguía esperando, era muy triste verla deambulando por todos lados. Los dioses se apiadaron de ella y la convirtieron en la planta de achicoria que desde ese entonces se convirtió en una planta cosmopolita: vive en todos los caminos del mundo, eternamente esperando.
En Baviera, hace algún tiempo llegó a la región un príncipe de incomparable belleza del que se enamoró perdidamente la princesa del castillo. Pronto, el romance de los jóvenes dio lugar a una alianza que les llevó al matrimonio. Felices vivieron durante doce meses pasados los cuales, alarmantes rumores de la infidelidad de su marido llegaron a oídos de la princesa; algo que nunca llegó a saber con certeza, pues el príncipe, cubriéndola de besos, le susurraba palabras amorosas, convenciéndola de que ella era la única mujer de su vida. Tanto lo amaba que ella no dudaba de su palabra.Sin embargo, parecía haberse apoderado del príncipe una inquietud que le hacía salir con frecuencia del castillo en busca de aventuras. Y un día, con el pretexto de una partida de caza partió para no regresar jamás. Ella comenzó a preocuparse a la semana de su marcha, cuando no lo vio entre el grupo de cazadores que bajaba de la montaña y ninguno le daba noticias suyas.
Durante siete años estuvo esperando, llorando desesperada, el regreso de su amado esposo. Cada día, acompañada de sus doncellas, salía a los caminos, preguntado a todas las personas que encontraba por el hermoso príncipe, sin obtener respuestas. Las damas de la corte, las amigas y las sirvientas intentaron consolarla; incluso alguna se atrevió a mencionar que "mejor sería que te buscaras otro esposo". Pero nada consolaba a la triste princesa. Tan profunda pena terminó por consumir a la joven, quien cercana a la muerte pronunció estas palabras: “Quisiera morir, y no lo quisiera, para ver en todas partes a mi amado. Y también nosotras quisiéramos y no quisiéramos morir, para que el pudiera vernos en todos los caminos --añadieron las damiselas”.Dios escuchó los deseos de la princesa y sus damas desde el cielo y los satisfizo. Muy bien -dijo-, para que vuestro deseo se haga realidad voy a convertiros en flores. Tú, princesa, te quedarás con tu vestido blanco en todos los caminos por donde pase tu amado. Vosotras, muchachas, os quedaréis en los caminos vestidas de azul, para que él pueda veros en todas partes.Y desde entonces, como flores de achicoria esperan en los bordes de los caminos, recibiendo dichosas las miradas de su amado.
Según las leyendas, la achicoria resultaba muy eficaz para conjurar el poder de las brujas. Muchas veces, principalmente en el norte y oeste peninsular, se asociaba a otras plantas, como la ruda, para potenciar sus efectos como antídoto contra las energías negativas.
Una leyenda dice que los druidas debían ponerse de rodillas para recogerla.
Aciano (Centaura Cyanus)
Es en la obra de Mattioli donde encontramos los primeros comentarios acerca de esta planta y sus virtudes; anteriormente a él ningún investigador trató sobre ella, a no ser que la "Centaura de Sta. Hildegarda se refiera al aciano. De todos modos el aciano procede casi con seguridad de Oriente Medio y se ha extendido por todo el mundo siguiendo al hombre, al mezclar astutamente sus semillas a las de los cereales. Ceres, la diosa griega de las cosechas, llevaba prendida una flor azul intenso de aciano. Vender señala también como propiedad medicinal del aciano, la de protector del cuero cabelludo, ya que un tratamiento a base del mismo elimina la caspa. La denominación de "ojeras" que recibe el aciano es debida al empleo de esta planta en oftalmología; asimismo es llamada en francés "casselunettes" (rompe anteojos), pues el tratamiento con ella ayuda a proteger y conservar la vista. El aciano es cultivado en jardines, ya que sus flores, de intenso color azul, dotan a esta planta de gran belleza. Mességué señala que es una lástima que vaya desapareciendo poco a poco de nuestros campos debido a los herbicidas y ala selección perfeccionada del grano. El nombre de centaurea se lo concedieron los latinos en honor de Quirón, el más conocido de los centauros, experto en el manejo de hierbas y plantas medicinales. Según Plinio, Quirón se curó a sí mismo con esta planta una herida producida accidentalmente por una flecha que Hércules había empapado en la sangre venenosa de la Hidra de Lerna. CURIOSIDADES: Sintes, en su "Prontuario de Medicina Vegetal", dice que Botticelli compuso una inspirada y curiosa leyenda acerca de las flores azuladas de aciano, suponiendo, claro está, que se forman de la sangre azul de la princesa Clisodora que se hirió en cierta ocasión con una hoja de ortiga. Existe una tradición que dice que según "la medicina de los signos" el aciano sólo es bueno para curar los ojos azules, los negros necesitan Ilanten, que tiene semillas de tono antracita, pero eso no es cierto, como bien lo han demostrada muchos médicos botánicos.
Una leyenda inglesa cuenta que la flor recibió este nombre en honor de un joven, Ciano, enamorado de las flores. De todas ellas, el prefería las silvestres; y entre éstas, las de color azul. La pasión que sentía por este tipo de flores, hizo que su afición favorita, y principal ocupación, fuese la de hacer bonitas guirnaldas, por las que luego obtenía buenos beneficios. Durante el verano, cuando sus plantas preferidas estaban en plena floración, no sin dificultad se conseguía alejar al muchacho de los campos; pues siempre que podía se quedaba a dormir entre las mieses. Tan devota era su admiración, que hasta las ropas que vestía eran todas de un azul brillante, del tono de sus amadas flores; incluso compró unas lentillas, también azules, para cubrir sus grandes ojos negros. Flora era su diosa, y a ella dedicaba todas sus plegarias, dándole las gracias por sus magníficos regalos. Tanta pasión trastornó la mente de Ciano, que abandonó su pueblo, su casa, su familia y sus amigos y se marchó a vivir a los campos con sus queridas flores, olvidándose incluso de su propia existencia. Cuando se dieron cuenta de la ausencia del joven, su familia salió en su búsqueda; pero sólo hallaron sus vestidos azules entre los sembrados. Entre la ropa brotaba una pequeña y delgada planta que no habían visto antes, cuyas ramas estaban coronadas por elegantes flores de un azul intenso. La diosa Flora, tras la calamitosa muerte del joven, y como premio a la veneración que sentía por su divinidad, había transformado a Ciano en Azulejo.
La reina Luisa de Prusia fue una hermosa dama, de gran valor. El emperador Napoleón el Grande invadió su país y se apoderó de él, oprimiendo al pueblo, pero la reina luchó valientemente contra el invasor. Sin embargo, al fin, el enemigo tomó la capital (Berlín), y la reina, que tras muchas penalidades, pudo escapar con sus hijos, fue a esconderse en un campo cubierto de acianos. Los niños, asustados, empezaron a llorar. Entonces la reina Luisa, temiendo que alguien les oyera y les descubriera, cogió algunas de aquellas florecitas azules y haciendo con ellas coronas y ramas para los pequeños príncipes, logró distraerles de su pena. Uno de ellos se llamaba Guillermo, y algunos años después derrotó al sobrino de Napoleón. Proclamado primer emperador de Alemania, tomó como símbolo el aciano.
Acónito (Aconitum Napellus)
Hay varias teorías para explicar el origen del nombre de la planta. La palabra "acónito", según algunos autores como
Plinio el Viejo
yTeofrasto
, deriva de A cona, un puerto delAsia Menor
. Otros afirman que deriva de akontion, que significa "dardo", debido a que los pueblos bárbaros lo utilizaban para envenenar susflechas
; también hay quien indica que deriva delgriego
"Akon", que significa "de piedra o roca" porque crece en las montañas entre las rocas. Napellus significa "pequeño nabo" y hace referencia a la forma de la raíz. Según una antigua leyenda, la vaca fue engendrada por la sangre dePrometeo
, el dios griego de la trampa y de la creación de la humanidad. Tanto los médicos griegos como los romanos ya recomendaban evitar su uso excepto para matarescorpiones
.Avicena
, el gran médico árabe, fue el primero en utilizarla con fines medicinales.Debido a su toxicidad, se creía en el medio rural que paralizaba a los escorpiones al ser tocados con una ramita. Algo menos mágico y mucho más brutal era la costumbre de cargarse lobos, zorros y otras mal llamadas alimañas con trozos de carne mezclados con acónito desmenuzado. Mezclado con ruda, azafrán y áloes se empleaba en sahumerios o fumigaciones para alejar los malos espíritus. Era una de las doce plantas sagradas de los Rosacruces. En la mitología griega se creía que el acónito había nacido de la espuma de la boca del Can Cerbero al ser sacado de los infiernos por Hércules.
Los griegos decían que esta planta había nacido de la espuma de Cerbero, cuando Hércules lo sacó de los infiernos.
Fue muy utilizada por brujos y druidas (mezclada con azafrán, áloe y ruda) en fumigaciones para alejar a los malos espíritus. Se le atribuía también la virtud de hacer renacer el pelo.
Casco de Júpiter, carro de Venus, veneno de lobo, capucha de monje, gorra de fraile.
Amor culpable, remordimiento, misantropía, simulación: esto decir el lenguaje de las flores sobre la palabra acónito.
Una flor de muchos significados, por tanto, y todos subrayando culpa y ambigüedad, características que le van bien a una planta de poderes tan venenosos, pero que, usada de manera justa, constituye hasta un valioso medicamento.
Cuidado por tanto, de ofrecer un ramillete de acónitos: el hecho podría ser mal interpretado aunque su flor es hermosa y de un color muy sugestivo.
Antiguamente era conocida únicamente como planta muy toxica; solamente a fines del siglo XVIII se comenzó a considerarla también bajo el punto de vista ornamental. Es entonces precisamente; cuando se introdujo en Europa el A. japonicum, particularmente decorativo. Todas las plantas de este tipo son venenosas a causa de la aconitina, veneno contenido sobre todo en las raíces. La especie mas temible es el A. ferox. El acónito se usa en la preparación de medicinas, pero es totalmente desaconsejado emplearlo en la elaboración de pócimas de uso doméstico. Se puede, sin embargo, cultivar, sin peligro alguno, para alegrar jardines y balcones.
La palabra aconitum proviene del griego "akonitos", akone "piedra para afilar", que por sus hojas puntiagudas recuerda mucho a una sierra. La vieja etimología popular asociaba el adjetivo "akonitos", que significa "invencible", al nombre de la colina Akonitos. Mier, ya mencionaba su uso para sangrados de nariz, hemorragias pulmonares, vértigo, colapso circulatorio, parálisis y epilepsia. Los chinos emplean, desde hace siglos, un narcótico a base de arum, hyoscyamus, datura y acónito. Con los innombrables términos populares
con los que se conoce el acónito, ninguno olvida mencionar la belleza de sus espléndidas flores. Todas las especies del napelo son muy conocidas por el potente veneno de la savia que contienen. Hasta hace relativamente poco se empleaba con frecuencia para el envenenamiento deliberado, desde ejecuciones de reos hasta para cebo de lobos, y también para inutilizar las reservas de agua del enemigo. Teofrasto menciona en el capitulo 16 del Libro IX que se hizo mucho uso del acónito por parte de los tiranos para envenenar y despachar a cuántos les convenía. Con objeto de que no se descubrieran los homicidios lo mandaban preparar de tal manera que quienes lo tomaban tanto en la bebida, como en los manjares, vivían dos, tres, seis o doce meses, consumiéndose poco a poco.
Adelfa (Nerium Oleander)
Es una planta muy tóxica (contiene un derivado del curare) y se usaba en Las Alpujarras para quitar las verrugas. En España se la consideraba de mal augurio posiblemente por las muertes que ocasionó su mal uso y aplicación. Ha formado parte, junto con los cactus y las hortensias de la despensa de brujos y hechiceras, los cuales utilizaban sus propiedades tóxicas para cocinar pócimas que potencia mal el aojamiento o mal de ojo. En la Grecia antigua, se la relaciona con Nerion, padre de las Nereidas y pariente de Poseidón, quizá porque en tiempos remotos las adelfas invadían grandes extensiones de las costas mediterráneas.
De aquello que siendo agradable a la vista luego nos sienta mal o nos produce desengaños o disgustos se dice que "es como la adelfa".
Dice una leyenda que cuando Apuleyo fue transformado en asno, y quería comer rosas para volver a su forma humana, poco le faltó para engañarse con las de la adelfa. Al verlas desde lejos imaginó que lo eran y corrió con ansia a comerlas faltándole poco para hacerlo sin mirarla. En ese momento se dio cuenta de que eran veneno para los asnos y siéndolo en ese momento, burlado por la fortuna dejo la adelfa en paz y se volvió con la cabeza entre las orejas.
Dicen que la adelfa impidió ganar batallas a Alejandro Magno al envenenarse sus animales de carga con adelfa.
Parece ser también que los franceses no llegaron a tiempo a Sevilla para ayudar a sus fuerzas en Bailén y Rumblar por estar enfermas las tropas por comer aves cocinadas en ramas de adelfa.
Otras especies africanas de la familia también son muy tóxicas tal como pasa con las del género Strophantus que proporcionan a partir de sus semillas, veneno para las puntas de las flechas.
Antiguamente en Italia se creía que guardar cualquier parte de esta planta en una casa (ramas, flores, etc.) atraía toda clase de desgracias a sus moradores.
Existe la anécdota de que en España en tiempos de la ocupación francesa por tropas napoleónicas y que consistió en una invitación por parte de los españoles a una abundante comida a los soldados de Napoleón, en la que, en los preparativos de la carne se usaron estacas peladas de adelfa para ensartarla y asarla, lo que provocó una gran mortandad en la tropa napoleónica.
EN el lenguaje de las flores, la adelfa simboliza el olvido, significado que le ha sido atribuido probablemente por sus propiedades toxicas.
Regalar flores de adelfa, o llevar puesto un ramillete de ellas, equivale a decir únicamente: “te he olvidado” El nombre científico Nerium deriva del vocablo griego “neros=agua”, y se refiere al hecho de que la adelfa vive mejor en terreno húmedo. Esta planta puede crecer espontáneamente en clima marino. Se denomina también “baladre”.
Se decía que era una planta diabólica y que las brujas utilizaban su veneno para realizar pociones; por otro, se la rechazó de tal manera que incluso nació una superstición que aseguraba que aquel que la poseía en su jardín o en el patio sería víctima de la mala suerte.
En el lenguaje de las flores, la adonina trae a la mente loa “tiernos recuerdos”. Por consiguiente, las corolas de esta delicada planta deberían ser enviadas a la persona amada en señal de arrepentimiento y para expresar el deseo de reanudar una relación interrumpida.
La adonina toma el nombre de Adonis, personaje mitológico de singular belleza. En ingles es conocida con el nombre de “ojo de faisán”; los holandeses llaman a la Adonis autumnalis” ojo del diablo”.
Es venenosa para el ganado. Se dice que su toxicidad es tan grande, que incluso las vacas y cabras que la consumen pueden trasmitir su toxicidad por medio de la leche a las personas.
El nombre Adonis vernalis viene de la leyenda griega del cazador Adonis. Su amante, Venera Afrodita, regó estas plantas floridas con su sangre.
Adormidera (Papaver Somniferum)
Sabemos que es la amapola blanca de la que se extraen los opiáceos. Esta particularidad la hizo imprescindible en la cocina de las brujas para fabricar una pomada alucinógena con la que se untaban las ingles y las corvas para, a continuación, entrar en una especie de sopor con visiones que utilizaban para sus fines malvados.
En la antigua Tesalia, las lamias y strygas confeccionaban, junto con la grasa humana, y otros ingredientes un ungüento afrodisíaco.
Los griegos llamaron opion, diminutivo de opós (jugo vegetal), al jugo de las adormideras, cuyo poder hipnótico y euforizante ya conocían hace seis mil años los sumerios, que llamaban a la adormidera 'planta de la alegría'. Este nombre aparece documentado en latín por Plinio como opium, con el mismo significado, en el siglo I de nuestra era.
Homero describe en la Odisea los efectos de esta planta muy conocida en la Grecia clásica, aunque su uso, curiosamente, no se haya extendido al resto de Europa a partir de los griegos, sino de los árabes. Éstos recogían el opio en Egipto, donde era usado ampliamente en medicina, y lo llevaban para venderlo tanto en Oriente como en Occidente: fueron así los primeros narcotraficantes en un tiempo en que esa profesión estaba menos desprestigiada, aunque en compensación, rendía ganancias mucho menores que hoy.
Agárico Blanco (Polyporus Officinalis)
En los países donde se criaba en los cedros y alerces, como el norte de África, Argelia, Marruecos y Mauritania, era la base de un elixir de larga vida, junto a otros vegetales, alcohol y azúcar
El médico francés Vincent Montguyon insiste en suministrársele a la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, con motivo de una dolencia de la soberana nacida en Francia. Este médico era enemigo de las sangrías y protestaba enérgicamente cuando se le practicaban a la Reina. Con motivo de uno de los partos de Isabel, ésta "comenzó con un cuadro aparatoso de dolor en la zona lumbar, luego llegaron los cólicos abdominales, volvió a aparecer la fiebre y el dolor de cabeza. Inmediatamente, sin aviso previo, le sobrevino a la reina el aborto de dos fetos con estigmas claramente femeninos..." Montguyon se opuso de manera tajante a que curaran a la reina con sangrías, y la condenaran a una nueva tortura impropia de «tan alta Señora Cristianísima». También fue explícito en prohibir que se le aplicaran ventosas en el tórax y en la espalda, y menos aún sanguijuelas en las ingles y las axilas. En cambio se mostraba más partidario del empleo de purgas a base de plantas reconocidas por su valor medicinal entre las que había alguna llegada recientemente de las indias, como las raíces de mechoacán, capaces de conseguir una expulsión de la materia corrompida que no producía excesivas molestias al paciente y que obtenía efectos rápidos y controlados. Ya en otra ocasión, dicho doctor ordenó que aplicaran a la reina una purga a base de ruibarbo, en contra de la opinión de los médicos españoles que se mostraron escépticos ante la administración de un jarabe obtenido por la cocción de la raíz de la planta en agua de miel. El tiempo dio la razón a los últimos, ya que el ruibarbo no pudo curar a la reina.
En cambio las purgas fueron eficaces en alguna ocasión: el 21 de agosto de 1564 Isabel de Valois fue aquejada de fuertes convulsiones y desvaríos, Vincent Montguyon pidió al duque de Alba que lo acompañara
junto a la enferma: ante ella y su triste situación, indicó que «había menester de curarla con la encomienda de una purga». El resto de los médicos, decepcionados y cansados, declinaron cualquier tipo de intervención. Fue entonces cuando Vincent Montguyon descubrió que la droga maravillosa sólo era una y, además, la única: el agárico.
El hongo surtió efecto en la Reina, se lo prepararon diluido en aceite rosado y se lo dio a beber la condesa de Urueña en un biberón de plata. La enferma, después de una purgación severa que le ocasionó «treinta y dos o treinta y tres cámaras [crisis diarreicas]» venció el letargo, le cambió el color del rostro, en pocos días recuperó el apetito y se instaló en una falsa y traidora salud. El embajador Saint-Sulpice se lo contó a
Catalina de Médicis (madre de la reina) el 25 de agosto: «Pero la bondad de Dios [...] inclinándose ante las
lágrimas y las oraciones de este pueblo, en el punto de su máxima desesperación, estando yo realmente seguro del bien de una pequeña purgación con agárico que los médicos le habían ordenado antes...»
Es bastante probable que, en efecto, la acción purgante de la droga fuera beneficiosa, porque se sabe que los principios activos del hongo ejercen una acción global y positiva en los organismos con desequilibrios múltiples. Sin embargo, la auténtica «pócima» fue la orden de Vincent Montguyon a los médicos de casa y de la familia para que cesaran de inmediato con las sangrías. En realidad, fuera el agárico en sí mismo, o el cese de las sangrías, en la Corte se sugirió que la curación se debía, además, a la intervención divina.
Agracejo (Berberis Vulgaris)
Hubo en aquellos tiempos, una tribu que desoyó las leyes naturales, y asoló la región. Por donde pasaba dejaba una huella de muerte y destrucción. No temían a nada ni a nadie. Cuando cazaban, mataban a mansalva, y eran capaces de incendiar un monte, para cercar a un animal. En vez de pescar, echaban una mezcla de agracejo, belladonna y frutos del árbol llamado paraíso, matando todo lo que había en la laguna, para tomar un solo pez grande para alimentarse. (Esta fórmula, permite comer el pez muerto sin que intoxique al que lo ingiere). Amalur, que es una madre generosa, se les apareció ordenándoles deponer su actitud. Pero ellos no hicieron caso, y escupieron la tierra en señal de rebeldía. Esta tribu, encontró la forma de hacer fermentar las flores y bellotas de encina, obteniendo una bebida muy fuerte en alcoholes. Entonces se degradaron aun más, en medio de fiestas donde llegaron a sacrificar niños. Fue entonces que Mari castigó a esta tribu, con una maldición ejemplar: Los convirtió en hombres lobo. No podrían vivir en otra sociedad que no fuera de sus iguales, deberían cuidarse siempre de la saeta de los cazadores. Deberían tocar la comida antes de ingerirla. (Por eso, las trampas para lobos, tienen carne atada a la trampa, de modo tal que el lobo al tocarla, quede atrapado). Y por sobre todo, deberían siempre luchar por su territorio. Desde entonces, los hombres lobo estaban condenados a trabajar desde la salida del sol hasta la puesta, y durante las noches, debían aullar pedidos de perdón a la luna. Esta leyenda, antigua como el hombre, aun se cuenta en algunos lugares de Iparralde, y se dice que en algunos montes cantabros, los lobos, esperando lograr con esto su redención, impidieron que las hordas bárbaras invadan al pueblo vasco. Amalur, con su habitual misericordia, rompió el hechizo volviéndolos hombres y mujeres normales, pero los confinó a unas islas lejanas, donde desarrollaron una sociedad de gran cultura y fueron los fundadores del culto al arbol (celtas).
Este arbusto, de ramas que se entrelazan en un espesísimo intrincado espinoso, tiene un significado que adquiere gran importancia en el lenguaje de las flores. De hecho, basta que en un ramo de flores de cualquier especie se encuentre un ramo de agracejo para que todo el sentido del ramillete quede anulado y las flores expresen solamente el concepto de “aspereza”. Se cree que la corona de espinas puesta sobre la cabeza de Jesús estaba entrelazada con ramos de Berberris.
El nombre científico de esta planta, Berberís, probablemente deriva del vocablo árabe “barbaris”, con el que se denominaban los frutos del agracejo, que antes eran muy estimados desde el punto de vista medicinal, sobre todo por los seguidores de la famosa Escuela de Salerno. Todavía hoy, la medicina popular atribuye al cocido de hojas de agracejo cualidades astringentes, mientras que el extracto de su corteza es aconsejable contra la malaria y las hemorragias. Es interesante saber que diversos botánicos otorgan al agracejo extrañas posibilidades de reacción antes determinadas substancias toxicas, como si estuviera dotado de un sistema nervioso rudimentario. El agracejo es también conocido por los nombres de arlo y arlera y es común en los bosquecillos y en las orillas de los bosques secos (pinares).
Agrimonia (Agrimonia Eupatoria)
Es el emblema del agradecimiento. Para alejar malas vibraciones de la casa, hay que esparcir flores de agrimonia por la casa –mejor en viernes-; se dejan reposar una o dos horas y luego se barren hacia afuera mientras se pide protección. Para alejar el mal de ojo y evitar las malas intenciones de terceras personas hay que coger una ramita de agrimonia y cortar un trocito de un centímetro; pelándole después la corteza: se lleva en el bolso, protegido de la luz solar, ya que cuando le da el sol, pierde su virtud. Se añade agrimonia a los amuletos para alejar los miedos y las fobias. La agrimonia fue conocida por sus ruidos y sus frutos, como sus bayas se adhieren a las ropas, al arrancarlas, hacen un curioso ruidito.Se usa para sanar heridas y granos en cataplasma y las hojas pueden molerse y usarse como tónico para purificar la sangre. Según el folklore inglés, la agrimonia protegía de ver a las brujas malas en los paseos nocturnos. Para reconciliarse con algún amigo con el que se han perdido las buenas relaciones, hay que salir a campo abierto, ponerse de cara al sur y echar delante de uno mismo un puñadito de hojas de agrimonia pronunciando siete veces seguidas la palabra VAH, seguida del nombre de dicho amigo, y éste volverá a acercarse y la amistad se renovará. Las limpias de agrimonia son muy buenas para las personas que constantemente temen estar embrujadas y no reparan en su propia mala conciencia.
El nombre latín Eupatorium deriva del griego Eupatória. Plinio atribuye a Mithridate VI Eupator, Rey de Pontus, su nombre "Mitridates eupator", según cuenta Dioscóride, al parecer fue él quien descubrió por primera vez la planta, ya que poseía un gran conocimiento de las plantas medicinales, y especialmente de las venenosas. Cuentan las leyendas que había conseguido con su habilidad una gran resistencia a los venenos para protegerse de posibles envenenamientos, muy frecuentes en la era de las grandes conquistas griegas y romanas.
El rey Mitrhridate VI, acostumbraba a experimentar los efectos tóxicos con delincuentes y consigo mismo, buscando al mismo tiempo, un antídoto que lo mantuviera a salvo de posibles intentos de asesinato. Lo encontró en el mitridato, una mezcla de sustancias vegetales y animales, que le permitió inmunizarse. Cuenta la historia que su cuerpo estaba tan inmunizado, que en un intento de suicidio por la gran derrota sufrida por Pompeyo y para evitar la captura por los romanos ingirió veneno pero no tuvo efecto y tuvo que pedir a sus oficiales que le provocasen la muerte con la espada.
Antiguamente la agrimonia, por sus múltiples propiedades medicinales, era considerada como símbolo de la salud, por ello era de buen augurio regalar un ramillete de estas flores a las personas enfermas.
Su nombre es de origen muy antiguo y deriva del vocablo griego “argemone” que significa “catarata de ojo”. Se creía que la especie A. Eupatoria, llamada comúnmente “Eupatoria”, podía remediar tal enfermedad que en realidad solo puede curarse quirúrgicamente. La agrimonia es, sin embargo, una planta de notable poderes curativos, y parece que descubrimiento ha de atribuirse a Mitridates Eupatore, rey del Ponto.
Agripalma (Leonurus Cardiaca)
La palabra leonorus viene del griego y significa "cola de león". "Venus es la propietaria de esta hierba que está bajo Leo. No hay mejor remedio para eliminar los vapores melancólicos del corazón y para fortalecer y poner en tono la mente. Los antiguos griegos y romanos utilizaban agripalma tanto para problemas físicos y emocionales "palpitaciones y la depresión. En la antigua China que tenía fama de promover la longevidad.
Aguileña (Aquileria Vulgaris)
El origen del nombre aguileña es muy incierto. Algunos creen que deriva del vocablo latino “aquilegium”, que significa “depósito de agua” por las gotas de lluvia o de roció que se acumulan en la parte interna de sus hojas; otros la hacen derivar de “Aquila”, por la semejanza que tienen los espolones curvos de esta flor con las garras del águila.
Desde la antigüedad, esta planta simboliza la locura. En el pasado también se utilizaba para infundir valor y atrevimiento y, sus semillas, como perfume amoroso que atraía el amor a la persona amada.
En el lenguaje de las flores la aguileña es el símbolo de la “locura de amor”. El regalo de una aguileña, sola, o con otras flores, quiere significar la reconciliación después de una discusión.
El origen del nombre aguileña es muy incierto. Algunos creen que deriva del vocablo latino “aquilegium”, que significa “deposito de agua” por loa gotas de lluvia o de roció que se acumulan en la parte interna de sus hojas; otros la hacen derivar de “Aquila”, por la semejanza que tienen los espolones curvos de esta flor con las garras del águila.
Cultivada en jardines desde finales del siglo XV, la aguileña, por la extraña forma de su flor, ha movido siempre la fantasía de los hombres, que le dieron los nombres más extraños como “colombina”, “aquilina”, “amor perfecto”, “amor escondido”, “corneta” y otros muchos.
También llamada "hierba de le—n" en algunas culturas, se ha utilizado para infundir valor y osadía.
Las semillas se utilizan como perfume amoroso (se reducen a polvo y se frota el cuerpo con ellas, para atraer el amor).
Ajedrea (Satureja Montana)
Esta hierba procede del Cáucaso y de la parte oriental del Mediterráneo. Se estuvo usando durante miles de años como condimento, cuando todavía no se conocían las especias. Se utiliza mucho en la Provenza francesa, sur de Europa, Mar Negro. Mercurio clama dominio sobre esta hierba. Manténla seca en tu casa todo el año, si te aprecias a tí mísmo y a tu salud. El jugo de la planta instilado en los ojos elimina los obstáculos de la vista si proceden de los humores destilados del cerebro. El mismo jugo, con agua de rosas, y puesto en los oídos, elimina los ruidos, los silbidos y la sordera".
Ajedrea Blanca (Satureja Fructicosa)
Esta es una de las cuatro plantas que, desecadas y reducidas a polvo impalpable constituyen un excelente remedio profiláctico contra las mordeduras del perro rabioso".
Ajedrea Fina (Satureja Obovata)
Antiguamente se pensaba que era un remedio muy eficaz contra las mordeduras de serpiente y contra la rabia, pero hoy en día esta demostrado que esto no es cierto y que su eficacia en estos casos es nula.
Ajenjo (Artemisia Absinthium)
Según la leyenda, la diosa Artemisa (que representaba la fecundidad) le dio su nombre en reconocimiento a sus propiedades curativas.
Es de donde se saca la hoy prohibida absenta, cuyo uso era como tónico estomacal. Actualmente entra en la composición del vermut, palabra que viene del alemán "Wermut" nombre del ajenjo en ese idioma. En medicina natural se utiliza contra la anorexia por su virtud de despertar el apetito.
En magia se utilizaban las flores amarillas desecadas y tostadas para fabricar un perfume que potenciaba las evocaciones infernales.
Paracelso decía que provoca insomnio en las personas muy nerviosas.
En Francia, a mediados del siglo XIX se fabricó un licor afrodisíaco y estimulante, a base de absenta, anís y orégano, cuyo consumo estuvo muy de moda entre los bohemios de París. Se sabe que Van Gogh era un adicto empedernido y se cree que su locura se debe al excesivo consumo de tal licor.
El ungüento de ajenjo solía aplicarse para mantener a raya a los indeseables duendes y trasgos por la noche. “El tercer ángel tocó la trompeta, cayó del cielo una gran estrella, ardiente como una llama; cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de las aguas. El nombre de la estrella es ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo…” Apocalipsis 8, 10-12.
Una de las leyendas bíblicas sobre el ajenjo narra que este brotaba por los lugares donde la serpiente reptaba a la salida del Edén, siendo esta huella la que prevenía su regreso al lugar.
Una vieja leyenda relaciona a una tal Artemisa, no la diosa griega sino una reina de Caria, con el nombre de la planta. Habiendo desaparecido su marido, el rey Mausolos, mandó investigadores en su busca, pero ninguno volvió con noticias suyas. La reina asumió que estaba muerto, y comenzó a construir un gran monumento en su honor. Pero Mausolos volvió, y fue enterrado en esa tumba, dándonos el término mausoleo. Artemisa nunca se recuperó y comenzó a ser asociada con la amargura y la ausencia --absentia, en latín--, virtudes tan características del ajenjo.
Ajenjo Marino (Artemisia Maritima)
Se la conoce también con el nombre de santonica debido a que crecía en abundancia en Santonia. Antiguamente se utilizaba mucho como vermífugo. Su nombre significa según parece "semilla contra gusanos". John Gerard comenta lo siguiente respecto a esta planta: "La artemisa se denominó así por los latinos en honor de Artemisia, reina del Halicarnassos, y esposa del noble Mausolus, el rey de Caria, debido a que ella la adoptó como hierba propia. Es una planta caliente y seca en el segundo grado y algo astringente".
Ajenuz (Nigella Sativa)
Tradicionalmente se ha empleado en multitud de ocasiones, así que enumeraremos algunos de sus usos más frecuentes: las semillas se han venido empleando en la cocina como especia, de forma similar a como se utiliza la pimienta.
También se ha empleado como excitante. Como despigmentante para eliminar manchas y pecas sobre la piel, ya que presenta una ligera acción queratoplástica y queratolítica que destruye la queratina de la piel, penetrando en una zona más profunda y eliminando las manchas más superficiales. En Oriente se utilizan para condimentar y sazonar los platos e incluso sobre el pan a modo de sésamo. En India, ponen las semillas entre la ropa para ahuyentar los insectos.
Ajo (Allium Sativum)
Antiguamente el ajo de cualquier especie era considerado como planta mágica a causa de su intenso olor. Todavía hoy, en Somalia, son tenidas en gran consideración las plantas que huelen a ajo porque se cree que tienen el poder de mantener alejados los espíritus malignos. Asimismo, algunos pueblos eslavos creen que el olor de ajo cura las enfermedades.
El ajo era ya conocido hace al menos tres mil años. Los romanos lo comían, Los griegos, por el contrario, lo aborrecían por su olor acre, que lo consideraban maléfico.
El ajo ha sido siempre muy popular en la medicina natural desde tiempos antiguos. El griego Dioscórides decía, refiriéndose a los ajos de Egipto, que comido expele las lombrices, y es útil contra las mordeduras de serpiente. Paracelso tiene una receta para curar la rabia: " se da de comer al atacado tanta cantidad de ajos como pueda soportar, sometiéndole después a un baño de vapor, de modo que al sudor ayude a los vapores de ajo a eliminar la hidrofobia". Los egipcios usaban como amuleto las variedades de Allium nigrum y Allium moly. La leyenda cuenta que cuando la hechicera Circe convirtió en cerdos a los compañeros de Ulises, éste se libró del encantamiento porque llevaba un amuleto de Allium nigrum regalado por Hermes. En la Edad Media, se utilizaba contra todo maleficio y para preservar del mal de ojo, se cogía siete ajos a la hora de Saturno, se ensartaban en cuerda de cáñamo y se colgaban del cuello durante siete sábados seguidos. En Centroeuropa, por tradición, se ha usado contra los vampiros. En el libro Apuntes sobre el mal de ojo en Galicia, se comenta " el extraño y malévolo poder de ciertas miradas humanas que no sólo recaen sobre las
personas, sino también sobre las bestias y aún los objetos, y con tal energía, según dicen, que basta que se fijen en un espejo para que se rompa en mil radios y pedazos".
Se dice que esta es la planta mágica que Hermes le mostró a Odiseo para preservarlo de los encantamientos de la maga Circe.
En el papiro mágico egipcio, conservado en el museo de Berlín, aparece la siguiente fórmula mágica que debe realizar la madre para alejar a la muerte que ronda a un niño enfermo: “¡Yo he hecho para él una protección mágica contra ti, empleando el ajo, que tanto mal te hace, empleando la miel, dulce para los hombres más tan amarga para los difuntos!”, una tradición muy parecida a la de emplear ajos contra los vampiros o muertos vivientes.
Asimismo, colgar ajos en las ventanas la víspera de Todos los Santos, evita la intrusión de los espíritus de los muertos y preserva la casa de fantasmas durante todo el año.
Contra las malas vibraciones, se han de pelar tres dientes de ajo y después marcarles una cruz con la uña del dedo pulgar; a continuación se envuelven en una servilleta de papel y se guardan en la cartera o bolso hasta que se marchiten y entonces se tiran y se sustituyen por otros.
Contra las brujerías que se han tomado bebidas, hay que picar finalmente un diente de ajo, ponerlo en una cucharilla con leche y tomarlo.
Contra las maldiciones y tristezas herviremos cortezas u hojas de naranja con siete dientes de ajo machacados, le añadiremos tres cucharadas de sal y se hacen vaporizaciones de modo que suba el vapor, luego envolver los pies y acostarse (esta operación hay que hacerla tres días seguidos).
Para que no falte dinero al ama de casa, hay que quemar las pieles del ajo en la cocina.
Antiguamente, las mujeres estériles conseguían tener descendencia a base de utilizar prendas interiores de lana que hubieran sido remojadas previamente en agua de rosas en la cual se había hervido un ajo.
Si vamos de excursión y tenemos que acampar al raso, untaremos con ajo unas piedras y las colocaremos en círculo y eso impedirá el paso de las víboras y otros animales malignos.
Para que no se metan con nosotros Hay que meter en un saquito de tela blanca una cabeza de ajos entera, un pellizco de perejil, un poco de hierbabuena y un pellizco de incienso. Antes de cerrar la bolsita se dice “Líbrame, Señor, de mis enemigos que me quieren mal”. Luego se cierra el saquito con un cordón blanco también y se guarda en la mesita de noche.
Soñar con ajos es una advertencia de que no todo nos saldrá tal como habíamos planeado y hay que prevenirse, pues presagia riñas.
En
La Odisea
, Homero nos habla de las virtudes del “ajo dorado” que Hermes proporcionó a Ulises para evitar que la cruel maga Circe convirtiera al héroe en cerdo tal y como hizo con sus compañeros. También, en el mito del Vellocino de Oro, Medea, hija del rey de la Cólquida, untó el cuerpo de Jasón con zumo de ajos para protegerlo de los toros del monarca.El ajo era, además, planta sagrada de la diosa de la oscuridad y de la brujería, Hécate. En la antigüedad, en los cruces de las ciudades había estatuas triples de la diosa en las que los griegos ofrecían ajos.
En cambio, en la Antigua Grecia, se prohibía la entrada al Templo de Cibeles a aquellos que habían ingerido ajo dado que, para sus devotos, el olor de este alimento en el aliento era considerado una ofensa a la diosa. De acuerdo con el gran historiador romano Plinio el Viejo (23-79 dC), cuando los egipcios prestaban juramento, ajos y cebollas se invocaban tal y como si se trataran de deidades. Otra referencia del ajo aparece en el libro hebreo del Éxodo dónde se puede ver que el ajo constituía la dieta de los inmigrantes israelíes en Egipto. De hecho, el régimen alimentario de los esclavos egipcios consistía básicamente en cebollas y ajos. En la actualidad, todavía en Egipto se celebra la fiesta de “aspirar las brisas” durante la cual el ajo se consume y es emplazado alrededor de los marcos de las puertas y sobre las repisas de las ventanas con el fin de combatir las fuerzas maléficas.
Ya sea por su sabor o por su aroma inconfundibles, el ajo se ha considerado tanto un símbolo del bien como del mal. En términos negativos, por ejemplo, existe una leyenda turca dónde se narra que después de que Satanás abandonara el Jardín del Edén, crecieron un ajo y una cebolla allá dónde habían quedado estampadas sus huellas izquierda y derecha respectivamente.
También en varias sectas y denominaciones del Cristianismo, del Islamismo, del Budismo Zen o del Hinduismo, el ajo se ha calificado como alimento impuro. En cambio, en otras culturas y religiones, el ajo ha sido considerado elemento protector contra vampiros, diablos y otros seres malignaos. De hecho, lashuna (ajo en sánscrito o antiguo indoario) significa “asesino de monstruos”. Es curiosa la leyenda sánscrita que narra como el ajo se originó a partir de la sangre del rey Rahu, quien había robado el elixir de la vida a Visnú, el dios hindú preservador del Universo. Como castigo, Visnú cortó la cabeza del rey y, de la sangre derramada, brotó el ajo. Las propiedades antidemoníacas del ajo se han extendido desde la China hasta los Balcanes a lo largo de la historia.
En las antiguas civilizaciones, como la egipcia, la babilónica, en Grecia y en Roma, el ajo tenía un carácter mágico; lo utilizaban los atletas para estar en forma y la gente normal para no envejecer. La tradición de colocarlos sobre el dintel de la puerta, en la creencia de que trae buena suerte a la casa, también se remonta a la antigüedad.
Son tantas las Leyendas que circulan alrededor de esta Planta, que apenas si vamos a rozar algunas; pero basta que abramos un Libro Sagrado para encontrar este vegetal en todas partes rodeado de misterio y de propiedades excepcionales, bien conocidas ya por los Antiguos.
Entre los griegos, aquellos que comían Ajos, no podían entrar en los Templos consagrados a la Diosa Cibeles. Virgilio habla del Ajo, como útil a los Segadores para aumentar o reparar sus fuerzas debilitadas, mientras que otro Poeta lo recomienda a los mismos para evitar que fueren dañados por las Serpientes. Galeno le llama la Triaca de los Labradores. Raspail, el Alcanfor del Pobre, y Plinio lo mira, desde luego, como útil a la salud.
Plutarco, al hablar de Isis y Osiris, menciona que los Sacerdotes comían con cierta repugnancia el Ajo, pero estaban obligados a ello porque les servía de purificador y por lo tanto era Planta Sagrada... En los Ritos Egipcios ponían el Ajo en relación con el semen y decían que sólo estaba dedicado a los que querían engendrar, mas no a aquellos que observaban la Castidad como un voto. La Biblia cita esta Planta con frecuencia como predilecta de los Judíos, quienes sintieron nostalgia por ella al llegar a la Tierra Prometida. Alfonso de Castilla fundó en 1368 una Orden que obligaba a los Caballeros afiliados a comer Ajos una vez al mes, y eran expulsados de la Orden aquellos que no cumplían este requisito. En los Estados Unidos hay una secta que adora a esta Planta con carácter religioso, y asegura que la Redención de la Humanidad no puede venir sin el consumo de Ajos...
Cuando en España, hace años, tenían los Reclutas que presentarse al reconocimiento de quintas, eran rechazados muchos de ellos por encontrarlos con fiebre o aumento de temperatura, ante el temor de tener un Tuberculoso delante. Esto duró algún tiempo, hasta que se descubrió que las fiebres se las producían los Reclutas poniéndose un Ajo en el ano. Hoy la Ciencia conoce que la fiebre no es más que un proceso curativo provocado por las fuerzas del organismo, contra la invasión de una enfermedad, y los Naturistas despiertan esas crisis curativas mediante los baños de Kuhne para lograr tales efectos. Pero si conocieran las propiedades del Ajo, obtendrían de manera más sencilla el mismo proceso.
Los Antiguos, que no sabían de microbios, creyeron siempre que la enfermedad era el producto de Espíritus Malignos, y con ciertos olores trataban de ahuyentarlos. Uno de los que consideraban más poderosos, era el Ajo. Estudios modernísimos han comprobado que en todo esto existía una gran parte de verdad, por cuanto muchos microbios se mueren al solo contacto con el olor a Ajos.
Estando nosotros en el Laboratorio del famoso Sifilógrafo Dr. Wassermann, autor de la célebre reacción, observamos con excelentes microscopios, el maldito espiroqueto pálido de esta enfermedad, que puesto en reacción con varios productos, para nada se resentía... Sin embargo, en contacto con el Ajo, las bacterias morían todas. Hay que tener en cuenta que la Sífilis era una de las enfermedades que ya preocupó a los Gobernantes y Sacerdotes de los pueblos antiguos, cuyos efectos temían verdaderamente y a cuya curación atendían utilizando esta Planta. Esto mismo lo hemos encontrado en muchos Manuscritos antiguos y, sobre todo, entre los Mexicanos de remotas edades, quienes curaban sus enfermedades con Ajos y baños de Sol.
Nosotros hemos hecho ya las comprobaciones necesarias, y sería muy conveniente que nuestros lectores propagaran este medio de curación para que retornara la tranquilidad a muchos desgraciados. Nuestras curaciones ascienden a miles de casos cuya reacción, durante años, ha sido siempre negativa. Luego, estos individuos han tenido hijos que consiguieron engendrar perfectamente sanos.
El tratamiento de Ajo, consiste en tomarlo en ayunas, a mediodía y por la noche, bien con leche, con pan, molidos, cocidos y aun en todas formas con tal de saturarse bien. A veces, en casos difíciles, convendría ayunar unos días y no comer más que Ajos. La curación generalmente es segura.
Con ajos se expulsa la Lombriz Solitaria y se evita el tifus. Personas que cada mes se deciden a comer un día bastantes Ajos, limpian perfectamente el intestino.
Nosotros nos hemos ocupado en estudiar años enteros los efectos de esta planta, y vemos que merece por su importancia un libro aparte que es necesario escribirlo un día. Por ahora sólo nos limitaremos a recomendarla en gran manera y a llamar la atención sobre la esencia de incalculable valor que los Rosa Cruces preparan.
Originario de las estepas de Asia Central el ajo es una planta cultivada desde hace miles de años y utilizada como medicamento por los médicos de la antigua India. Igual que la cebolla (Allium cepa), el ajo emigró hacia Egipto pasando por Asia Menor.
Los egipcios empezaron a cultivar estas dos plantas de forma sistemática, lo que causó que se atenuara su fuerte sabor picante, para utilizarlos y apreciarlos como alimento común. Sin el rábano, la cebolla y el ajo, no se hubiesen podido construir las pirámides de Gizeh. Estas tres plantas permitieron que toda la gente que trabajaba en la construcción estuviese protegida de epidemias gracias a su consumo.
El consumo del ajo fue solamente prohibido a los sacerdotes, ya que era considerado sagrado, divino y también afrodisíaco. Avanzando hacia el oeste y el norte el ajo fue utilizado por griegos, romanos, galos y germanos como alimento, especia y como remedio. Alabado por Hipócrates y Dioscórides es mencionado también en los manuales de la Edad Media.
En la mitología nórdica se menciona el ajo como remedio para ahuyentar los demonios. Loniceruslo calificaba como "thériaque des paysans" es decir, la panacea del pueblo. Lo recomendaba en caso de "tumores del cuerpo" para ablandar las úlceras, abrirlas y extirpar. Las afectaciones privilegiadas con el uso del ajo eran los problemas cutáneos, las infecciones, los parásitos intestinales, insuficiencia renal, catarro bronquial y el mal de vientre. Según Lonicerus se tenían que plantar los dientes de ajo (que se multiplicaban por división vegetativa) y no se tenían que sembrar las semillas, ya que la planta se volvía tóxica al cabo de seis años. Los antiguos griegos y romanos llamaban al ajo "scorodon". La etimología de la palabra "Allium" es incierta. Lo asemejan al latín "olere" del griego "hallensthai" que significa surgir, por su crecimiento rápido. "Sativum" significa "cultivar". A pesar del olor intenso, el ajo es utilizado en muchos países como un elemento fundamental de la alimentación.
Según el doctor A. Vogel este inconveniente es eliminado con la toma simultánea de perejil fresco y crudo. Por nuestro propio interés, deberíamos ser más tolerantes a nivel olfativo, ya que después del descubrimiento de la alicina en 1944, innombrables publicaciones han demostrado las virtudes curativas del ajo.
Rajú, rey de los asuras no era un hombre feliz. Disponía de todo lo necesario: un gran palacio, la caja del tesoro llena y el cariño de sus súbditos. Con el poder de sus armas había vencido a sus enemigos en el campo de batalla por lo que era considerado un valiente guerrero. Pero el rey no estaba contento. El conocimiento de la muerte le rondaba con frecuencia por la cabeza, y él no quería morir. Con la fija idea de la inmortalidad en sus pensamientos, Rajú partió en busca del elixir de la vida. Tras días de marcha, llegó a un valle; en el límite este, sobresalía una larga estribación, coronada por el templo, excepcionalmente hermoso, de Visnú. Por angostos senderos, un complicado laberinto le llevó hasta la cima. La puerta dorada del santuario estaba protegida por dos feroces leones, que saltaron sobre el rey en cuanto se apercibieron de su presencia. El polvo negro que llevaba terminó con las fieras en un momento. No menos impresionante era por dentro el templo del dios, con columnas de mármol y estatuas de marfil. En el centro, sobre un círculo construido con ladrillos triangulares, se encontraba el altar de oro y piedras preciosas. Sin hacer caso de las