La palabra Centaurea no tiene una etimología clara pero proviene de la
mitología
griega
, derivada del CentauroQuirón
, este forma parte del panteón de los dioses griegos. Era benefactor, sabio y un gran maestro. Además fue el primer médico, pues conocía las propiedades curativas de las plantas. De él deriva el nombre Centaurea, aplicada a nuestra planta en cuestión a la que llamaban Panaka que quiere decir remedio universal (panacea
) para su gran valor medicinal. La palabra áspera proviene del latín ASPER-A-UM que hace referencia al tacto áspero o rugoso de las hojas.Centinodia (Polygonum Aviculare)
Sostener en la mano un poco de hierba nudosa ayuda a atajar desgracias y aflicciones, vertiendo los problemas en la hierba ésta los absorberá después se quema. Fortalece y protege los ojos.
Cerezo (Prunus Avium)
Según la tradición mágica Europea, la cereza se ha utilizado durante mucho tiempo para estimular el amor o atraerlo. Un hechizo japonés para atraer el amor dice: Ata un mechón de tu cabello a un cerezo en flor y luego quémalo bajo la luna llena de mayo.
Una antigua costumbre rumana indica que para averiguar cuántos años vivirás, da vueltas corriendo alrededor de un cerezo lleno de cerezas maduras y luego, sacúdalo. El número de cerezas que caigan representa el número de años que le quedan por vivir.
El jugo de cerezas también se usa como representación de la sangre de la Diosa, cuanto se requiera en rituales específicos.
Planta de Venus que simboliza la inocencia.
Nunca hay que tener un cerezo en un jardín vallado, el cerezo es el árbol de la melancolía y si lo "encerramos", los habitantes de la casa en cuyo jardín esté, padecerán tristezas y depresiones.
Cuando la floración del cerezo es temprana, augura buen año y buena fortuna.
Por el contrario, para recuperarse de una depresión o de la tristeza, hay que llevar un hueso de cereza en un colgante.
Contra la melancolía hay que tomar una vasija nueva, blanca, llena de agua de manantial, dejaremos en ella 3 días y tres noches siete hojas de cerezo. Al cabo de ese tiempo, extendiendo las manos sobre el agua pronunciaremos tres veces en voz alta la palabra LALI, que en la cábala quiere decir Señor Mío. Luego mojaremos un algodón en dicha agua, ungiremos al enfermo de melancolía y sanará enseguida.
Si se queman unas ramas de cerezo en el solsticio de invierno y se recoge la ceniza, ésta nos servirá para echarla al sembrar los campos y asegurar una buena cosecha.
En el solsticio de verano, en la noche de san Juan, se reúnen las amigas solteras para comer un buen puñado de cerezas y comienzan diciendo todas: ¿Cuándo me casaré?; a partir de ahí las comen y guardan los huesos cada una en su propio cuenco y luego los cuentan así: el primer hueso significa: “el año próximo”; el segundo, “alguna vez” y el tercero: “nunca” y así hasta contar todos los huesos.
Los rabitos o pedúnculos de las cerezas pueden utilizarse para entorpecer las relaciones sentimentales indeseadas, de modo que las discusiones no cesen y las cosas se "enreden" como las cerezas.
Si en sueños vemos cerezas, significa ansiedad por obtener algo. Si las estamos cogiendo indica que tendremos dificultades con los amigos. Si las comemos quiere decir que lo obtendremos.
Cuenta una leyenda que en un tiempo muy lejano un emperador del Japón se casó con una joven que había nacido y se había criado en norte del país, donde el clima era frío y nevaba en invierno. En la corte del emperador el clima era más templado y no se veía la nieve en toda la estación fría, con lo cual la joven emperatriz entristecía al recordar y añorar el tapiz blanco que cubría su tierra natal. El emperador sufría por la melancolía de su esposa y trataba de imaginar qué podía hacer para que ella estuviera más feliz. Y un día tuvo una idea: plantar árboles de cerezos; de ésta manera, ella pudo ver año tras otro los árboles cubiertos de flores blancas, que le recordaban los árboles nevados, y cuando los pétalos caían al suelo formaban una alfombra blanca como la que veía desde su niñez.
En Japón, la flor del cerezo tiene un significado importante. Esto guarda relación con parte del código samurái en Japón. Es más, el emblema de los guerreros samurái era la flor del cerezo. La aspiración de un samurái era morir en su momento de máximo esplendor, en la batalla, y no envejecer y "marchitarse", como tampoco se marchita la flor del cerezo en el árbol. Cuenta una antigua tradición, que durante la Era mejí, en Japón, era muy común que se fuera a buscar a las casas a los mejores samuráis que había, sin importar lo viejos que fueran. Durante años se mantuvo una guerra que se cobró numerosas vidas. No era de extrañar que las mujeres casadas con samuráis se quedaran solas, por lo que se estableció una ley en la que se le prohibía a la mujer casada de un samurái en batalla que se viera con otro hombre que no fuera de su familia. La ley establecía que cualquier mujer sería libre de casarse o juntarse con amigos si ésta probaba que su esposo había muerto en combate. Curiosamente en registros nunca se encontró ninguna mujer ejecutada por esta ley, y sin embargo se encontraron tantas muertas como samuráis de distintas zonas. Ninguna de estas mujeres fue asesinada, ellas mismas lo hacían con el nombre de su esposo muerto en batalla si este era un samurái. El seppuku (suicidio ritual para evitar la deshonra) que un samurái o un miembro de su familia cometía, solía realizarse delante de un cerezo. Por ello, según la historia, las flores del cerezo comenzaron a tornarse rosadas, debido a la sangre que absorbía el árbol. Siempre que salía un samurái de su casa se sembraba un árbol de Cerezo en su honor... O por si era necesario.
La Sakura, flor de cerezo japonesa, debe su nombre a una princesa que existió hace mucho, mucho tiempo y cuyo nombre era Kono-Hane-Sakuya-Hime (princesa flor del árbol en flor). Cuenta la leyenda que recibió este largo nombre después de caerse del cielo y aterrizar sobre la copa de un cerezo. Desde entonces, los
japoneses consideran la flor del cerezo como un símbolo de felicidad y amor y como el comienzo anual del despertar de la naturaleza.
Cerraja (Sonchus Oleraceus)
El padre de la botánica moderna diseñó un jardín en el que las flores indicaban al abrir y cerrarse la hora exacta. Al amanecer, la popular mala hierba sonchus oleraceus, llamada popularmente cerraja, abre sus pétalos. Junto a ella, duermen otras flores que, hora tras hora, irán despertando al nuevo día. Si se colocaran en círculo diversas flores que se abren escalonadamente, ¿podríamos tener un reloj natural? Esa era la idea que Carlos Linneo plasmó en su libro ‘Philosophia botanica’, publicado en 1751.
Cicuta (Conium Maculatum)
La intoxicación por cicuta fue usada por los griegos para quitar la vida a los condenados a pena de muerte. El caso paradigmático de la muerte de Sócrates, su amistad con Alcibíades (uno de los treinta tiranos de Grecia), le valió la enemistad de algunos personajes de las altas esferas atenienses y, cuando éstos dejaron el gobierno, se vio envuelto en un juicio en el que lo acusaban de corromper a la juventud introduciendo nuevos dioses. Fue condenado a muerte. Pasó los últimos días en la celda recibiendo a sus discípulos y conversando con ellos de Filosofía (así lo relata Platón). Rehusó escapar, a pesar de que algunos de sus amigos habían arreglado su huida- Llegado el día, bebió el jugo de la cicuta sin oponer resistencia en el año 399 a. C. Sus discípulos no pudieron contener las lágrimas, mas él les prohibió llorar, pues quería pasar de este mundo al otro en piadoso silencio. Platón, en su diálogo Fedón, describe los últimos momentos de la vida de Sócrates de manera insuperable y la narración termina con estas palabras: “Ya sabes, Echecrates, cual fue el fin del hombre de quien podemos decir que ha sido el mejor de los mortales que hemos conocido en nuestro tiempo, y además el más sabio y el más justo de los hombres”. Plutarco cuenta que, más adelante, los atenienses se arrepintieron de haber procedido tan cruelmente con un anciano. Los ciudadanos habrían evitado todo trato con los acusadores, que luego, de remordimiento, se habrían ahorcado los tres. Versión distinta es la de Diógenes Laercio. Según este autor Meleto fue ejecutado, se desterró a Anito, y a Sócrates se le erigió en Atenas una estatua de bronce.
Como toda arma letal, la cicuta también fue utilizada para delinquir. La usó el médico Crateuas, quien cuenta como obediente al rey Mitrídates, debió eliminar a su amigo el cantor Alceo, padre de Estratónice, la concubina de mayor dignidad en la casa del Eupátor, quien sabía que este anciano hablaba de él con desprecio en los mercados. Teniendo noticias Crateuas de la suavidad de la muerte que producía la cicuta, la hizo importar de Esparta para usarla con su amigo en un desacostumbrado rapto de humanidad. Y estando el anciano en su casa, se la sirvió mezclada con vino. Atardecía, y Alceo bebió lentamente delante de su amigo. “En el espacio de una hora, sus pupilas broncíneas se hicieron grandes y profundas a costa del anillo amarillento y de la blancura de la córnea. Acercándome, llamé a Alceo por su nombre, pero ya se habían cerrado sus oídos y no había mirada dentro de sus ojos. Bajo mis manos, su frente se hizo sentir fría y húmeda a causa de que la cicuta convierte en finísimo hielo la sangre de las celdas cerebrales, de lo cual vienen sordera e imbecilidad como si el pensamiento colgase fuera del mundo. El cuerpo de Alceo se irguió en manera convulsa, pero ya había desertado su alma y no daba de sí otra señal que un derramamiento de heces coléricas”.
Una forma extraña de asesinato con esta planta, fue aquella registrada en donde dos personas murieron cuando humos de Conium maculatum fueron emitidos a través de un incienso confeccionado con esta planta. Fue vaporizado durante un ritual religioso y una de las víctimas habría sido el papa Clemente VII, según lo informara el famoso médico Ambroise Paré en 1577.
El medioevo nos muestra a la cicuta siendo utilizada, según las actas de los procesos instalados por la inquisición, como constituyente de los polvos o untos mágicos que servían a las brujas para efectuar todas sus maldades. Fue que usando un ungüento de brujo que le procurara cierto alguacil, el que fuera secuestrado de un matrimonio acusado de brujería; el médico de Carlos V y del papa Julio III, Andrés de Laguna en 1545, cuando trabajaba en Lorraine, sume en un profundo sopor a la esposa de un verdugo a fin de estudiar los efectos de estas pócimas. Su informe nos cuenta: “Entre las cosas encontradas en la ermita
de dichos brujos, había una jarra medio llena de un determinado ungüento, como el de Populeón, popular ungüento blanco, con el que se untaban; cuyo olor era tan fuerte y desagradable que se veía que estaba hecho de hierbas frías y de efectos soporíferos hasta el máximo grado, como la cicuta, la belladona, el beleño y la mandrágora…
Quizá una de las fórmulas más conocidas de estos misteriosos brebajes sea el citado por las brujas de Shakespeare al comienzo del cuarto acto de Macbeth, en el que se citan numerosos ingredientes, algunos evidentemente fantásticos pero otros claramente identificables como la cicuta, el acónito y el tejo.
La modernidad nos muestra otra variante de intoxicación. La cicuta es alimento natural de los estorninos. Por ello, antiguas publicaciones de toxicología describían cuadros de intoxicaciones alimentarias con esta planta por la ingesta de “polenta con pajaritos”, cuadro estacional relacionado con la migración de estas aves.
El jugo de esta planta forma parte de la pomada de las brujas. Se creía que secaba los testículos de los varones produciendo esterilidad. En la Grecia antigua se ejecutaba a los reos dándoles a beber vino mezclado con cicuta. Planta sumamente venenosa que puede confundirse fácilmente con el perejil o el perifollo.
Cimbalaria (Linaria Cymbalaria)
El veneno Agua Tofana (Acqua Toffana en italiano) tomó su nombre de Teofanía d'Adamo, una envenenadora famosa en la isla de Sicilia, ejecutada en 1633. La composición del Agua Tofana es desconocida. Según los cronistas, se trataba de un líquido transparente e insípido, y se sospecha que entre los ingredientes estuviera el arsénico, y la cimbalaria (Linaria cymbalaria). Las confesiones de d'Adamo antes de su ejecución, dieron a entender que se trataba de una mezcla de esencias vegetales. La dosis de veneno determinaba la aparición de los síntomas, y la velocidad con la que llegaba la muerte. En ocasiones, se decía que simplemente aceleraba los efectos de alguna otra enfermedad pasiva de la víctima. En cualquier caso, no quedaban en el cadáver rastros detectables por los médicos de la época. Teofanía d'Adamo, llamada la "Gnura Tufana" o Tofana, era tan buena amiga, que compartía su "agua milagrosa" con las amigas que deseaban deshacerse de sus maridos. Fue descubierta por un descuido en una de las amigas que puso las gotitas de agua Tofana en la ensalada de su marido, y el por equivocación cambio los platos al ponerlos en la mesa... al sentir los primeros síntomas, la mujer contó todo y fue así como se descubrió.
El agua tofana terminó llegando al continente. Algunos historiadores mencionan que fue a través de Nápoles, donde se le conoció como "Acqua di Nápoli" y "Acqua di San Nicola di Bari". Otros, la ubican en Perugia.
Quizás su víctima más famosa pudo haber sido Wolfgang Amadeus Mozart. Aunque no está comprobada, una de las múltiples teorías de la muerte de Mozart sugiere que fue víctima de un envenenamiento lento con agua Tofana.
Cincoenrama (Potentilla Reptans)
En el libro Compedium Malleficarum de 1626 se describe a la cincoenrama por entrar dentro de los ungüentos demoníacos que utilizaban las brujas para matar a alguien. En algunos procesos de la Inquisición se descubrió que en estas pomadas había truco ya que tenían unas altas concentraciones de arsénico.
A mediados del siglo XVI, durante una epidemia de peste, los calvinistas suizos acusaron a la brujería de ser la causante, mediante esos ungüentos, de la gran mortandad.
Cinoglosa (Cynoglossum Officinale)
En la magia antigua se le consideraba una planta beneficiosa pues se le achacaba la virtud de que llevando encima un trocito de raíz, reconciliaba a enemigos y atraía las simpatías de los demás.
Unas hojas de cinoglosa dentro de una bolsita verde, en la que también introduciremos un pergamino en el que estén escritas las palabras EEL CHAD, conforman uno de los más tradicionales talismanes que protegen a la embarazada de un parto prematuro y asegura la robustez de la criatura. La mujer debe llevar esta bolsita colgada al cuello de un cordón lo suficientemente largo como para permitir que la bolsita llegue hasta el vientre.
Ciprés (Cypresus Sempervirens)
Las leyendas que rodean a este árbol le imprimen, por encima de todo, un aire enigmático. Si la mayoría de los árboles nos prestan su sombra gracias a sus ramas abiertas, el ciprés columnar por el contrario, lanza sus ramas hacia arriba proyectando una sombra recta y egoísta, que se mueve como si de un reloj de sol se tratara. En su versión extendida, parece que sus ramas salieran del mismo suelo.
El árbol de la bienvenida y de la amistad para los romanos representa para nosotros la inmortalidad y por eso jalonan nuestros cementerios representando el triunfo de la vida sobre la muerte.
El ciprés era el símbolo de la muerte.
Plutón llevaba una corona hecha con sus ramas.
Con su madera se construye la mesa triangular usada en brujería para hacer evocaciones. Los griegos lo consideraban como símbolo de la belleza femenina además de como funerario.
No está clara la procedencia de su simbología funeraria. Se piensa, dado que es un árbol que siempre está verde y majestuosamente apuntando al cielo, que ayudaba a las almas de los muertos a elevarse en esa dirección. De acuerdo con Teofrasto el ciprés común estaba consagrado a Hades, el dios de la muerte, ya que sus raíces nunca daban nuevos brotes una vez talado el árbol. Horacio indica que los antiguos enterraban a los muertos con una rama de ciprés y envolvían el cuerpo con sus hojas. Por su parte Plinio comenta que una rama de ciprés colgada en la puerta de una casa era un signo fúnebre.
En otras zonas el ciprés fue considerado como un símbolo de hospitalidad. En la antigüedad se plantaban a la puerta de una vivienda dos cipreses para indicar a los viajeros que la hospitalidad de la casa les ofrecía comida y cama durante unos días.
En la Biblia aparece varias veces el ciprés. En el Templo de Salomón se utilizó su madera junto con la del cedro. Se dice que el Arca de Noé estaba fabricada con madera de ciprés y que gracias a su madera logró superar el Diluvio Universal.
El monasterio de Santo Toribio de Liébana es principalmente conocido por albergar el Lignum Crucis, un fragmento que se dice perteneció a la Cruz de Cristo. La Iglesia lo admite como auténtico y ciertos estudios científicos han dado como resultado que la madera es de ciprés y que su antigüedad podría ser de unos 2.000 años.
A lo largo de la historia aparece la madera de ciprés en la construcción naval. Alejandro Magno empleó ciprés de Chipre y Fenicia para construir la flota de Eúfrates. Durante el Imperio otomano se destruyeron gran parte de los bosques de cipreses de Anatolia y el norte de África por el uso masivo de su madera en la construcción y renovación de las flotas.
Respecto a la característica de la durabilidad de la madera de ciprés, se suele citar que una de las puertas de Constantinopla, que fue colocada en el reinado de Constantino el Grande, se hallaba en perfectas condiciones mil años después. Por otro lado, las puertas de la Basílica de San Pedro en el Vaticano son de este árbol y transcurridos mil doscientos años, siguen sin mostrar signos visibles de deterioro.
Se dice que algunos de los cipreses que pueden encontrarse en los jardines de los baños termales del emperador Diocleciano en Roma, fueron plantados por el propio Miguel Ángel.
La magnífica Alhambra y su embrujo, cuenta la romántica historia del ciprés del Patio de La Acequia del
Generalife. Según la leyenda, este ciprés fue mudo testigo de los amores furtivos de la esposa del rey
Boabdil -Morayma-, y un joven caballero de la tribu de los Abencerrajes. El último rey moro de Granada supo de la traición de su esposa, de los encuentros con su amante bajo la sombra del verde ciprés y la ira lo