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Algunas consideraciones sobre la rama G del Libro de buen amor

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ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE]

LA RAMA G DEL LIBRO DE BUEN AM OR

Hugo O. Bizzarri SECRIT-CONICET Universidad de Buenos Aires

"Hay una tendencia general —errónea y perturbadora- en la filología a identificar rama con manuscrito” Alberto Blecua

a tradición textual del Libro de buen amor no sólo ocupa un lugar importante dentro de la crítica abocada a esclarecer los múltiples interrogantes que presenta este texto, sino que también ha jugado un papel decisivo en la aclimatación de la metodología ecdótica

a los problemas propios que plantea la tradición vulgar de obras

hispánicas.

En tiempos recientes, una vez más el Libro de buen amor ha servido para aplicar las últimas orientaciones teóricas en el campo de

' Este artículo es fruto de la reflexión sobre el texto de Juan Ruiz a propósito de un seminario sobre Crítica Textual que dicte en la Universidad de Buenos Aires en el primer cuatrimestre de 1998. Debo algunas sugerencias a la lectura especializada de un muy buen amigo del SECRIT: el Prof. José Manuel Lucía Megías, de la Universidad Complutense de Madrid.

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¡4 17h50 O. Bizzarn’ lncípít, X [X (1999)

la interpretación ecdótíca. Así lo hacen Dagenais (1994), Lawrance

(1997) y Domínguez (1997), quienes, con diversos matices, acceden a la consideración de cada testimonio como una entidad aislada de su

desarrollo diacrónico, es decir, la historia textual que condicionó

muchas de sus presentes y manifiestas características.

El papel protagónico que se ha dado al manuscrito salmantino en el estudio de “sus lecturas” dentro de una perspectiva recepcional de la obra, también puede ser reclamado para los otros testimonios. Es por ello que nos hemos animado a realizar una serie de reflexiones sobre uno de

ellos, el manuscrito Gayoso (G), aunque, en nuestro caso, no hemos tratado

de verlo como manifestación repentina y aislada, sino que propugnamos

una vuelta a su reconsideración como el resultado de dos tendencias: de una

parte, la diacronía de una rama y, de otra, su concretización puntualz. Las conclusiones, necesariamente, nos han llevado a ver este manuscrito en relación a los otros dos grandes testimonios de la tradición manuscrita del

Libro de buen amor y, finalmente, a proponer una matización de la “lectura” adjudicada como propia del manuscrio salmantino.

En los últimos años, dos ideas se han ido abriendo paso que parecen horadar las bases mismas de nuestro conocimiento textual

sobre el Libro de buen amor. La primera es una conclusión debida a

Alberto Blecua (1992: CXVllI) a la que llega luego de reexaminar

minuciosamente la tradición manuscrita de la obra: “No hay

manuscrito mejor, sino uno más completo”3. Esta conclusión, que no es sino resultado de casi un siglo de reflexión y ensayos textuales de la

crítica en su conjunto sobre el Libro de buen amor, implica una

consecuencia sencilla pero aplastante: basar una edición en el

manuscrito salmantino no garantiza en absoluto estar en presencia de

3 Perspectiva ya apuntada por Segre (1979). Vial. su aplicación al Libro del caballero Zifar por Lucía Megías (1996).

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La rama g ¡{ef Libro ¿{eíbuen amor 15'

“lecciones auténticas“. La segunda, es la que se desprende de los trabajos de Jeremy Lawrance (1997) y César Domínguez (1997) al estudiar las

rúbricas del manuscritoS y advertirque ellas responden no sólo a intromisiones en la tradición manuscrita, sino que también violentan la naturaleza misma de la obra. Curiosamente, los editores las han venido conservando como restos de un textus receptus 5, al tiempo que han intentado una y otra vez corregir las lecciones deficientes de la tradición manuscrita. En consecuencia, pese a los

constantes esfuerzos que se han hecho para depurar el texto o intentar la

recuperación de un hipotético texto arquetípico, seguimos leyendo el Libro de buen amor tamizado por la “lectura” que propone la rama S 6.

De entre los manuscritos que transmiten el Libro de buen amor, el

conservado en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca, proveniente del Colegio Mayor de San Bartolomé, es el que siempre atrajo más la atención de los editores, con la sola excepción de Julio Cejador y Frauca

(19 l 3), que decidió basar su edición en G, y Criado de Val—Naylor (1972) que transcribieron todos los manuscritos7. El códice salmantino nos

presenta la obra del Arcipreste bajo un pulcro trabajo de “edición”8, y nos ofrece una primera interpretación del libro, puesto que en sus rúbricas no tiene reparos en atribuir al Arcipreste las aventuras amorosas‘). El juicio

4 Para el concepto “lección auténtica” enfrentado a “lección correcta” vid.

Blecua ( 1983: 48).

5 Sobre este concepto via’. Silvio Avalle (1978: 30) y Morocho Gayo (1891­

1982: 7).

° El panorama se complica si se considera la hipótesis de Orduna (1988) de que

el manuscrito salmantino transmite lo que denomina “Libro del arcipreste”, es decir, el Libro de buen amor más conposiciones dispersas del mismo autor

colocadas luego de la copla 1648.

7 Hay edición facsímil por Real de la Riva (1975).

3 Para el concepto del copista como un editor vid. el trabajo de Kennedy (1970).

9Además del trabajo de Lawrence, hicieron importantes observaciones sobre las rúbricas Gumbrecht (1973: 599-601), Corominas (1973: 136 nota c. 2763)

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15 fl-Ízgo o. {Bxzzarri Incípit, XIX (1999)

elogioso, que como consecuencia de un primer cotejo, expresó Tomás Antonio Sánchez (l 790: xix), de que “Cotejados los dos [manuscritos S y

G], se nota gran multitud de variantes, y que por lo común está más correcto

y arreglado el de Salamanca; o porque el mismo autor le limó, o porque

alguna mano diestra antigua le retocó”, pronto erigió al manuscrito salmantino en único representante de una segunda redacción").

De la otra rama de la tradición, el códice de mayor importancia es G, dado el estado fragmentario de T ”. Se trata de un manuscrito de los últimos años del siglo XIV, con un colofón que lo fecha en 1389:

fenjto libro gracias a domino nostro jesu christo este libro fue acabado jueues xx dias de jullio del anno del nascimjento del nuestro saluadorjesu christo de mill e trezientos e ochenta e nueue annos (fol. 86v)”.

En 1750 el Padre Sanniento hizo un examen de este códice con lo que podemos saber que ya por entonces se hallaba en el estado en que actualmente se encuentra”. Fue copiado en letra cursiva del siglo XIV

‘O Especialmente con los trabajos de Baist (l 897, ll, 2: 406) y Menéndez

Pidal (1901: 434 y ss.). Vid. también Gybbon-Monypenny (1962), Willis

(1963), Catalán-Petersen (1970) Chiarini (1964: XXV-XXX) y Corominas (1973: 20-3 l ). Juicios demoledores de esta hipótesis en Blecua (1992: LXXXl­ LXXXVI).

l" Del manuscrito de Toledo (T), que parece haber tenido en su origen 138 folios, de los cuales 126 ocupaban la obra del Arcipreste (Criado de Val-Naylor, ' 1972: Xlll), sobreviven en la actualidad sólo 37. Vid. facsímil en Criado de Val­

Naylor(l977).

‘3 Citamos por la edición facsímil que realizó la RAE (1974).

‘3 Examen hoy adjuntado al comienzo del manuscrito, al que le sigue una esguela con anotaciones de Benito Martínez Gayoso, Oficial Archivero de la Primera Secretaría del Despacho de Estado y poseedor más antiguo del códice de que tengamos noticias, y de Francisco Javier de Santiago Palomares, Oficial

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La rama g zfeíLíbro ¡{eífiuen amor 17

por una sola mano“, aunque en opinión de Corominas (1973: 29-30)

participaron dos o tres que se fueron alternando. Y aunque esta

discrepancia sea de envergadura, todavía no se ha realizado un examen paleográfico detenido que la solucione”.

En lo que respecta a usos lingüísticos, frente a los manuscritos S y Tcontaminados con leonesismos, la lengua de G parece reflejar más la utilizada por el Arcipreste. Corominas (1973: 30), con la autoridad que le compete en esta rama del conocimiento, afirmó que “Si se trataba, pues, de un manuscrito ejecutado, como es verosímil, en alguna oficina o scriptorium donde colaboraban varios copistas, está claro que éstos se atuvieron en lo lingüístico y dialectológico al tipo de lengua que hallaban en su modelo”.

Cotejado con S, se observa que el texto de G posee un corpus textual más reducido, cuyo listado completo ofreció Gybbon-Monypenny

(l 962), lo cual fue interpretado como resultado de presentar este manuscrito, y también T, una primera redacción. De esas discrepancias, tal vez la más importante sea la falta de las coplas l a l O y del Prólogo en prosa, aunque Várvaro tras un examen codicológico, ofreció contundentes

pruebas como para no desechar la idea de que ésta, como otras tantas lagunas del texto, se deban a pérdidas mecánicas (1968 y 1970: 555)”. Y muchas de ellas Várvaro las explica a partir de un estudio de los tres tipos diversos de restos de foliación antigua que aparecen en el códice, que

‘4 Véase descripción en Ducamin (1901: xx) Chiarini (1964: X-XI) y

Criado de Val-Naylor(l972: XV-XVll).

‘5 El reclamo no es nuevo. M. Morreale (1973: 509) ya llamó la atención sobre la falta de estudios paleográficos de los códices del Libro de buen amor.

‘ó Willis (1972: xxv) no acepta la tesis de Várvaro para la falta de estos

fragmentos iniciales de la obra, puesto que la copla ll (primera en G) es copiada en la parte superior del folio dejando espacio para omamentar una

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¡g Hugo O. {Bzzzarri Iricipit, X DC (1.999)

muestran que por mucho tiempo estuvo desencuademado”.

El códice conserva en sus márgenes, a partir del folio 46r (c. 959g), anotaciones marginales. Algunas señalan aspectos técnicos, como

la del folio 46r “cantica” señalando el comienzo de las aventuras de sierra,

o las de los folios 74r, 74v, 75v, 77v la presencia de ejemplos. Otras, señalan diversas secciones de la obra que el lector quiso hacer fácilmente ubicables, como, por ejemplo, en el folio 52v “quaresma”junto a la c. lO67a, fol. 64v, “pascua” junto a la c. l225a, fol. 66r, “amor” junto a la c.

12423. En los folios 69r a 7 l r, junto a la descripción de las estaciones del año, se colocan notas marginales que desentrañan el acertijo que proponen

las coplas. Estas últimas inscripciones, aunque personales, responden a

una práctica común en las colecciones de acertijos, en las cuales se acostumbraba anotar al margen su resolución. Ejemplo de ello son colecciones como la tan extendida ¡Enigmata Synphosíi, de la cual hay un vestigio de su difusión en España en el códice RAH núm. 39 (Díaz y Díaz, 1979: 165- l 73), los Enigmata in dei nomine T ulli y otras colecciones del mismo tipo editadas por Fr. Glorie (1968).

Dagenais (1994: 161) que- prestó preferente atención a las

marginalia de todos los manuscritos ruicianos, observó que éstas reflejan un acercamiento más estandarizado que las marginalia de los manuscritos

To S y que algunas debieron de haber pertenecido al diseño original de G.

Sin embargo, de manera poco convincente interpreta que formaron parte de un plan de comentar el libro que luego no se llevó a cabo”. En verdad,

‘7 Folios 2r a 6r foliación de la “b” a la “t”. Folio 29r al 32r foliación en

números arábigos del 3 al 6. Folio 37r al 39r foliación de la “D” a la “F”. Folio 43r

al 48r, de la “G” a la Folio 55r al 60r de la “N” a la Folio 68r una “b”,

folio 69r una “X’_’, folio 70r una “I” (?), folio 7lr una “S” (?) y folio 72r una “Q”. Folios 79r al 8 l r de la “e” a la “f”. Folio 85r una “m”. En consecuencia, tres tipos

de foliación: en arábigos, alfabética en minúscula y alfabética en mayúscula. Además del artículo de Varvaro ya citado, véase Corominas (1973: 34-35).

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La rama g zfefLifiro zfeífiuen amor 19

estas anotaciones marginales no permiten conjeturar más de lo que

muestran: marcar secciones de la obra para su fácil ubicación ante la ausencia de otro tipo de indicaciones, tales como rúbricas.

Siendo el manuscrito G_el único representante de su rama, es

poco lo que podemos saber de ésta. Los frecuentes cotejos a los que

fueron sometidos los manuscritos del Libro de buen amor rara vez dejan

distinguir claramente qué comportamiento pertenece a G y cuál a su

rama. Sólo Blecua (1992: LXXVII) advierte de errores producidos en la rama G. Uno es el salto ex homoioteleuton en ias coplas 53c-54c, cuya

causa —sostiene— “[...] se debió originar en un ascendiente que

mantenía la separación estrófica”. El otro caso es la adición del verso 65r que se produjo “[...] probablemente a partir de un ascendiente en el que ya no había separación estrófica” (Blecua, 1992: LXXVII).

Pero no sólo en lo que respecta a sus lecciones G está

respondiendo a su rama. También algunos aspectos de elaboración

extema del libro pueden responder al mismo motivo.

En primer lugar, hay que prestar atención a la falta de separación estrófica. En cada folio se copian de doce a trece coplas. A diferencia de lo que sucede en los códices S y T que separan pulcramente las coplas y colocan al inicio del primer verso un calderón, el manuscrito G está falto

de toda indicación: no se utilizan calderones y no se separan coplas.

También a diferencia de lo que sucede en S, donde se distingue entre verso en cuaderna vía y versos líricos, muchas veces en G parece no

hacerse esta distinción”. Esto acarreó graves accidentes en la

transmisión del texto, pues los copistas de la rama omitieron versos o adicionaron nuevos libremente. Frente a las ramas S y Tque concebían la estrofa de cuadema vía constituida por cuatro versos, la rama G acepta una variación que va de tres a cinco versos. Así, en el folio lv, entre la copla 19 y la 20, se adiciona un verso: “quan[d]o los lobos preso lo an

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gg Hugo O. Bizzarri I ncipít, XIX (19.99)

adon juan enel pe canpo”2°. Se trata, sin dudas, de un dístico de un

cantarcillo popular, según advirtió ya Ducamin (1901 : 9), escrito tal vez en los márgenes de un antecedente, que, finalmente, fue incorporado al

texto“. Y es posible que la primitiva ubicación marginal fuera

acompañando el verso 19b en el cual el Arcipreste se cita: “ la virgen santa maria por ende yo juan rruyz”.

En el folio 2v, a la copla 44, se le adiciona la cita latina del

dístico de Catón:

palabra es del sabjo e dizela gaton jnterpone tuys jnterdam gaudia caris

que omne asus cuydados que tiene enel su coracon entreponga plazeres e alegre rrazon

cala mucha trizteza mucho pecado pon

Es la única vez que la rama G adiciona una cita latina, pero con ello se transforma a esta copla en un pasaje expresamente catoniano. La cita corresponde textualmente a los Disticha Catonis iii: 6 (ed. Boas, 1952: 159; ed. Baehrens, 1881: 227):

lnterpone tuis interdum gaudia curis, ut possis animo quemuis sufferre laboremzz

El texto de Catón era una de las lecturas básicas en la enseñanza

3° En otro orden de cosas, este verso se yergue como un reparo a la teoría de la variance desarrollada por Cerquiglini y aplicada por Dagenais al Libro de buen amor. Aquí el copista de G evidencia que tiene una lectura precisa que copiar y, por tanto, advirtiendo su desvío o equivocación, tacha.

_ 3' Recordemos textualmente sus palabras: “Au début de ces gozos, G a une

ligne emprunteé sans doute a une chanson populaire, et qui devait servir a

ind1querl’air sur lequel devaient se chanter ces stances” Ducamin (190 l: 9).

(9)

La rama g JeÍLíEro ¿{eífiuen amor 21

de gramática (Glauche, 1970), por tanto no es extraño de que estemos nuevamente ante una anotación marginal que pasó a formar parte del

texto del Libro de buen amor. Los errores en la cita revelan que la

adición no es del copista de G, puesto que desarrolló mal algunas de las abreviaturas con que se anotaba marginalmente el verso latino.

En el folio Sv se agrega un verso final a la copla 8] que es, en verdad, una repetición del verso 82a (“e diz que yazja doljente el leon de dolor”), consecuencia, tal vez, de la distracción de algún copista.

En el folio 4v también se adiciona un verso final a la copla 65:

la burla que oujeres non la tengas por ujl la manera del ljbro entiende la sotil saber el mal dezir bien encobierto donnj gil tu non fallaras vno de trobadores mjll que todos non lo fazen con arte muy sotil

El verso, calificado porJoset(1974:33)y Blecua(l 992: LXXVII)

como ripioso, es construido repitiendo la rima del verso 65b y evidencia la ingerencia de copistas que se atrevieron a tomar el guante echado por Juan

Ruiz en la tan remanida copla 162923. Asi, también en la copla 20 el

estribillo de S “1lSanta maria! luz del dia/ tu me guja/fitoda via” aparece en G como “marja luz del dja tu nos gia toda u ja”. El desliz del pronombre de

la primera persona del singular a la primera del plural descubre muy posiblemente la injerencia de un copista que deseó hacer extensiva la plegaria a todos, como es común en este tipo de composiciones“.

33 Dicha copla no se conserva en G que pasa en el folio 84v de la copla 1544

al folio 85r a la copla 1648 por pérdida completa de casi los dos últimos

cuadernillos. Vid. Várvaro (i970: 55]). Se halla en T con variantes insustanciales respecto de S.

24 Véase igual discrepancia en la c. l 13 lc-l 132 en la reflexión que sobre la penitencia hace el autor a propósito de la “lección” que el fraile da a don Amor.

En todo el fragmento, S coloca los verbos en segunda persona del plural,

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¿g Hugo O. Bizzarri Incipit, XIX (19.99)

Si bien el manuscrito G no posee rúbricas que segmenten el

texto, se ha dejado el espacio para la colocación de unas 25 iniciales

que llevan a cabo dicha función”. Dagenais (1994: 123) señaló que

los espacios dejados para las iniciales en G cumplen la misma

función que las rúbricas de S y ambas son guías colocadas para los lectores. Tras él, Lawrance (1997: 235) indicó que la función de las iniciales en G es la de indicar el comienzo de exempla o cantigas.

Efectivamente, con ellas se quiere brindar una guía algo más

rudimentaria de la que ofrecen las rúbricas de S. Pero, evidentemente, no fueron suficientes, puesto que, como ya notamos, un lector debió

de colocar anotaciones marginales para más seguros indicios en la

localización de pasajes.

Lawrance (1997: 236), aludiendo a ellas muy de soslayo,

señaló que estas iniciales “[...] coincide with authorial uerba dicendi or other indications in the text”. Los segmentos encabezados con verba dicendi son sólo tres: fol. 5v, c. 82a (“diz que yazia doliente el leon de

dolor"), fol. 18v, c. 457a (“[d]ezjr te he grrant fazana delos dos

perezosos”) y fol. 27r, c. 607d (“[rr]espondio donna venus los segidores vencen”).

Hay, por tanto, otros criterios que rigen su colocación. Ellas pueden estar insertadas al inicio de un pasaje narrativo. Así, inician

segmento la copla 87a (fol. 3r): “[a]sy fue que rromanos las leyes non aujan”, c. 98a (fol. 6v): “asi fue quela tierra comenco a bramar”, c. 474c (fol. l3r): “[e]ras don pitas payas vn pintor de bretanna”, c. 408a (fol. l 4r): “[t]enja el mur topo cueva en la rribera”, etc. que no están iniciadas por un verbo de decir, pero sí al uso de la narrativa tradicional. El criterio

35 He aquí su listado completo: fol. lr (c. lla), fol. 2r (c. 35a), fol. 3r (c. 47a), fol. 5v(c. 82a), fol. 6v (c. 98a), fol. l7r (c. l29a), fol. l3r(c.474a), fol. l4r (c. 408a), fol. 18v (c. 457a), fol. 22r (c. 530a), fol. 27v (c. 596a), fol. 27v (c.

607d), fol. 35v (c. 7462;), fol. 43v (c. 893a), fol. 45r (c. 95 l a), fol. 46r (c. 959a),

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La rama g zfeíLífiro «Íeífiuen amor 23

seguido es el del orden artificial sugerido por retóricos tales como

Geoffroi de Vinsauf en su Documentum 5 14 (ed. Faral, 1924: 267).

Hay dos casos que, aunque separen secciones que para

nosotros deberían ir unidas, responden al ordo artificialis. El primero se halla en la copla 596 (fol. 26v), cuando doña Venus describe a doña Endrina:

“[d]onna endrina que mora aqui es mj vezjndat de fermosura e de donayre de talla e beldat sonbra e vence atodas quantas a enla cibdat si el amor non enganna yo vos digo la verdat”

El segundo, ocurre en la copla 607d (fol. 27v) con la respuesta de doña Venus:

“[rr]espondio donna venus los segidores vencen ya fueste consejado del amor m j marido del en muchas maneras fueste apercebido por que le fueste sannudo contigo poco estido delo que el non te dixo de mj sera rrepetido”

Dagenais (1994: 235 nota lO) conjeturó que la primera división

debió de ser causada por una anotación marginal (“doña Endrina”)

similar a la “trotaconventos” del folio 72v (c. 13 l 7), mientras que la segunda se corresponde con una clara división del texto latino: “Tunc Venus hec inquit: Labor improbus omnia víncit”. Pero en ambos casos, G no hace sino regirse por los mismos patrones que hasta ahora. La copla 596, con la descripción de doña Endrina, pudo darle la idea del comienzo de una narración. Mientras que la copla 607d no sólo se inicia con un verbo de decir, sino que también sigue una pauta del ordo arrificialis: comenzar una sección por un proverbio.

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24 Hugo O. Bizzam’ Incípit, XIX (1.999)

no se_marca un ejemplo sino el inicio de una instancia narrativa”. El segundo es más insólito, pues se da en la copla l242a (fol. 66r) al presentar el cortejo de don Amor: “de parte del sol uj venjr vna sena”. El paso de la tercera persona utilizada por el narrador omnisciente a la primera del narrador protagonista pudo sugerir el comienzo de una narración y causó la segmentación del pasaje.

Hay, además, huellas de una segmentación del texto que no

corresponde a G, sino a “lecturas” que fueron propuestas por

antecedentes de la rama. Ellas se encuentran en los folios 69r-7lr (coplas l268b-l300a) que contienen la descripción de los meses del

año. No hay en estos folios segmentación alguna del texto por medio de iniciales o líneas en blanco. Pero, curiosamente, con cierta regularidad algunos versos están encabezados por mayúsculas”.

La primera mayúscula se coloca en la c. 127 l a (“tres comen todos

avn tablero”), al comenzar la descripción general del inviemo. Juan Ruiz

procede de manera ordenada a describir cada uno de los meses. Noviembre y diciembre están insertos casi de manera enumerativa y por eso sus versos

están señalados con mayúsculas (c. l272a: “El primero comja primeras chereujas”, c. 1274a: “El segundo comja toda came sal presa”). El mes de

enero, por el contrario, no está inserto con el mismo tipo de verso enumerativo (c. l 275d: “en pos este estaua vno de dos cabecas”) y, por tanto, pasó desapercibido para los copistas que no lo encabezaron con mayúscula.

En la copla l278a (“Estos tres fijos dalgo a otra noble tabla”)

comienza la descripción de la primavera. Este verso también está

encabezado por una mayúscula y lo mismo se hace con los meses de

2° S, por su parte, más propenso a iniciar los segmentos donde encuentra una auctoritas, l_o hace en la copla 950a (“1lprouar todas las cosas el apóstol lo manda”).

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La rama g tfeíLifiro íeífiuen amor 2.6”

febrero (c. 1279), marzo (c. 1281) y abril (c. 1286) que lo constituyen, pero ahora sí se ha seguido un esquema enumerativo (véase Fig. l):

El primero de estos era chico enano (l279a) El segundo enbja a vjnas cavadores (128 la) El tercero fijo dalgo esta de flores lleno (l286a)

En la copla 1287a (“andan tres rricos omnes ally en vna danca”) se comienza a describir los meses de verano, aunque aquí no se coloca mayúscula; pero si se lo hace en la enumeración de sus tres meses, cuyos versos siguen una misma estructura fonnulística:

El primero los panes e las frutas granava (l288a) El segundo tenja en su mano la hoz (1290a) El tercero andaua los centenos trayendo (1292a).

La misma característica formal se nota para la descripción del

otoño: falta de mayúscula al inicio de descripción general (“tres

labradores vienen todos por vna carrera”, c. l294a) y se coloca en la de los dos primeros que siguen el mismo estilo enumerativo:

El primero comja ya las vuas maduras (c. l295a) El segundo adoba e aprieta corrales (l296a)

Pero para el mes de octubre, en que el Arcipreste vuelve a variar la enumeración para no hacer monótona su copla (“pisa los buenos vjnos el labrador tercero”, c. l297a), una vez más falta la mayúscula.

Tenninada la descripción de los meses del año y las estaciones, no vuelven a aparecer en el texto las mayúsculas con tanta regularidad ni simetría.

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25 17-1 aga O. Bzzzarrí Incipit, X DC (1999)

quefueron posiblemente seguidas por los copistas en un primitivo intento de pautar la obra del Arcipreste. Ellas debieron de brindar

también una lectura del Libro de buen amor, diferente a la que realizó el manuscrito G, y que, posiblemente, tal como hoy nos restan, no son sino pobres huellas de marcas más extendidas que estuvieron presentes en

toda la obra. ¿Sirvieron de guía a G para practicar “su propia” (?)

partición? La respuesta no puede tener sino un carácter conjetural. Pero

si aceptamos en los escribas una “lectura” activan, también hay que tener en cuenta que el manuscrito G no es el resultado de una sola

“lectura”, sino el de una sucesión de ellas, así como sus variantes no son sino resultado de la tradición de su rama. Creo muy posible que a G se deban las separaciones de textos en segmentos tal como hoy lo muestra,

pero también es muy posible que lo haga siguiendo signos gráficos demarcativos que estaban en su rama. Del mismo modo, siguiendo

marcas preexistentes, una mano ajena a la del copista sobrescribió una

“e” mayúscula ornamentada al comienzo de la copla 909a, fol. 45r (“Entiende bien la estoria dela fija del endrino”) con la finalidad de

destacar la enseñanza de la historia de doña Endrina (véase F ig. 2). La intromisión de marcas para la lectura es constante y eso hace que G, como todo manuscrito, no sea sino una superposición de “lecturas”.

Los rasgos extemos de elaboración de las tres copias principales

del Libro de buen amor evidencian tres estados fonnales del texto. S, el más

evolucionado a una lectura universitaria, presenta el texto segmentado por

epígrafes y dividido en estrofas de cuatro versos”. T, aunque perteneciente

al mismo subarquetipo que G, presenta un estado evolutivo más inherente

23 Dagenais (1994: 153) sostiene que: “Scribes are our first readers of the Libro”. En verdad, la actividad de los copistas como receptores activos de un texto fue ya advertida por Petrarca y Lorenzo Valla quienes intentaban depurar los textos practicando una enmendatio ope codicum. Vid. Timpanaro (1981: 1­ 16) y Morocho Gayo (1981-1982).

(15)

La rama g tfeíLifiro ¿{eífiuen amor 27

a la naturaleza del texto: su segmentación en cuartetas. G nos presenta el

texto en su forma más simple: sin división en estrofas y con una

segmentación parcial y discontinua. Puesto que es de una factura más

rudimentaria, deja ver marcas previas de elaboración, como el uso

excepcional de mayúsculas en la descripción de los meses del año, y marcas marginales de lectores más modemos. G nos presenta, en suma, el

tránsito parcial del texto a un estado fonnal más elaborado, como es el de S.

Pero no quisiera concluir en este punto. En verdad, es problema de segundo orden saber si G tuvo particiones previas o no, salvo por la reflexión que ello puede provocar sobre la elaboración del manuscrito salmantino, el

de más autoridad de la tradición manuscrita del Libro de buen amor. Ya Blecua (1992: LXXII) ofreció argumentos suficientes para afirmar que los

epígrafes de S procedían del modelo utilizado por Paradinas y, por tanto, no

le pertenecían”. Desoyendo esta advertencia, Domínguez (1997) estudió los epígrafes como si fueran obra de Alfonso de Paradinas, al punto de

hablar de una “lectura del copista”3 '. Por su parte, Lawrance las adscribió a

Paradinas o a un copísta de un primitivo ejemplar de la rama de S 32, pero

anjmalias quieren aver conpanja conlas fenbras” (fol. 6v) comentando una difundidísima proposición aristotélica, ya comentada por Rico (1985), las

dedicadas a los pecados capitales (cc. 217-371) o “De quales annas se deue armar todo christiano para vencer el diablo el mundo e la came” (fol. 103 v).

3° “Procedían, plausiblemente, de su modelo, como revela el que las

primeras palabras estén copiadas en trazo muy fino —al igual que los reclamos

de las capitales— con la misma tinta del resto y, después, se escribieran completos con tinta roja, y, además, con notables variantes lingüísticas en

relación con el texto” Blecua (1992: LXXll).

3' “[...] la unicidad del Ms. S, que es el verdadero portador de la lectura del

copísta [...] En las coplas que se analizan, Alfonso de Paradinas conduce

nuestra lectura doblemente” Domínguez (1997: 88-89).

32 “If the rubrics were not by Ruiz, their author was Alfonso de Paradinas, or

another man of similar name, or the copyst of an earlier exemplar ofthe S­

(16)

¿y Hugo O. Bizzarrí Incípít, XIX (1999)

luego abandona esta pista para centrarse en la idea de desterrarlas de las

“ediciones críticas”. Finalmente, concluye: “The rubrics constituet unique

fist-hand evidence for the Rezeptiongeschichte of a major poetic text, and

hence for the cultural history of medieval literacy and reading” (Lawrance,

1997: 240). Ambos consideran que todas las rúbricas pertenecen a un mismo copista. Y tengo la sensación de que no es así. Frente a unas que

tienen un carácter marcadamente técnico, como por ejemplo las que

señalan composiciones líricas tales como los “1lGozos de Santa Maria”

(fol. 2r), “Cantica de sserrana” (fol. 57r), “Cantica delos clerigos de

talauera” (fol. l lOr), o las tantas que indican la presencia de ejemplos, se

hallan otras que resumen secciones de la obra:

“1lAquj fabla de como todo ome entrelos sus cuydados se deue alegrar Et dela disputacion quelos griegos Et los Romanos en vno ovieron” (fol. 3v)

“1lAquj dize de como Segund natura los omes e las otras

anjmalias quieren aver conpanja conlas fenbras” (fol. Sv)

“Aquj fabla del pecado dela vana gloria” (fol. 20v).

Otras, en cambio, son interpretativas y transforman al

Arcipreste en protagonista del libro:

“1lDe como el arcipreste ffue enamorado” (fol. 6r)

“aquj dize de como fue fablar con dona endrina el arcipreste” (fol. 40v)

“Delas figuras del arcipreste” (fol. 89v)

(17)

La rama g íeíLífira ¡{eífiuen amor 29

en el protagonista de todas las aventuras amorosas.

Creo que cabe la posibilidad, como en el caso de G, de que no todas las rúbricas pertenezcan a una misma mano. Aquella que interpreta

la obra, es muy distinta de la que mecánicamente va distinguiendo

secciones de ella. El hecho de que, por ejemplo, en un mismo lugar se superpongan dos tipos de rúbricas como ocurre en:

1IAquj fabla de como todo ome entrelos sus cuydados se

deue alegrar Et dela disputacion quelos griegos Et los Romanos en vno ovieron (fol. 3v)

0 CHI

1IDe como el arcipreste fue enamorado Et del enxienplo del ladron e del mastyn (fol. l lv)

da la idea de que nos encontramos no ante la colocación de una sola rúbrica, sino posiblemente ante la superposición de dos. Creo que

tam bién S nos presenta una suma de “lecturas” y que, como las variantes, es necesario destacar a qué período de la rama conesponde cada una. Un

aspecto de la Rezeptiongeschichte que se abre en el campo de la posibilidad y de, tal vez, muy difícil solución. Pero que nos advierte

sobre una preocupante tendencia de la crítica a ver los manuscritos como

objetos repentinos y no con la complejidad textual de la cual una

tradición manuscrita los hizo herederos.

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