La localidad de Undués-Pintano es también conocida con el nombre de Pintano Bajo. Esta pequeña villa se eleva sobre una pequeña altura dominando el valle prepirenaico. Se emplaza entre dos barrancos y su ubicación está muy próxima a la población de Pintano con la que conforma un único municipio administrativo denominado Los Pintanos. Undués-Pintano per-tenece al partido judicial de Ejea de los Caballeros y está emplazado en el territorio divisorio situado entre Navarra y la provincia de Zaragoza, dentro de la comarca de las Cinco Villas. La población dista 173 km de Zaragoza y se puede llegar a través de la autovía A-68 con dirección a Logroño, que conduce desde la capital hasta Alagón. Aquí se sigue por la carretera A-126 hasta Tauste, y en esta localidad se continúa por la carretera A-127 hasta llegar a Sos del Rey Católico. Un kilómetro después de esta población, en dirección hacia Sangüesa, se toma el desvío a la derecha marcado por la carretera A-1601 hasta la villa de Navardún, la cual se deja atrás, y se prosigue en dirección a Urriés por la misma vía. Una vez superado este pueblo, se llega a un pequeño puerto de montaña en cuya cima hay que tomar el desvío a la derecha por la sinuosa carretera de montaña A-1602 que tras 9 km conduce a Undués-Pintano. Limita al Norte con Ruesta y Artieda, al Sur con Isuerre, al Este con Pintano y al Oeste con Urriés.
La homonimia con Undués de Lerda dificulta la identificación de las primeras referen-cias documentales, ya que abundan notireferen-cias referentes al topónimo Undués en los diplomas legerenses, pero mayoritariamente parecen hacer alusión a aquél. La documentación relativa a Pintano puede localizarse en la ficha que se dedica a dicha localidad en esta misma obra. El trazado irregular de su urbanismo en torno a la iglesia determina que la villa tuvo su mayor momento de crecimiento en época medieval aunque muchas de las importantes casas nobilia-rias pertenecen al siglo xvi. A mediados del siglo xix Pascual Madoz describe el lugar como
poseedor de sesenta y cuatro casas que conformaban varias calles y una plaza, con escuela propia, iglesia parroquial y hasta tres ermitas en los alrededores.
UNDUÉS-PINTANO (LOS PINTANOS)
Iglesia de San Adrián
S
e trata del edificio más importante del cascour-bano y se emplaza en el centro de la población, si bien dentro del irregular trazado general destacan al menos tres casas datables ya en la Edad Moderna que ayudan a conferir a la villa un cierto aire señorial que re-fuerza el valor del templo como edificación principal. Tal y como vio Abbad Ríos, en el siglo xvi sufrió una radical
transformación que limitó el área de pervivencia románica al tramo absidal, rehaciéndose los muros, derribándose la bóveda y añadiéndose hasta un total de tres capillas entre los contrafuertes y una torre de planta cuadrada so-bre la bóveda de la capilla dedicada a San Sebastián. Fue restaurada de manera integral por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza a comienzos de la década de 1980.
La iglesia tiene planta rectangular de nave única, di-vidida en cinco tramos distintos, más el correspondiente a
la zona del altar, que es en la que se dibuja el semicírculo del ábside, único elemento correspondiente a la traza ro-mánica primitiva, con unas medidas totales de 20,34 m de longitud por 5,70 m de anchura de la nave. A cada lado de ésta hay una serie de tres capillas laterales establecidas entre los contrafuertes primigenios de la edificación ro-mánica. El conjunto se completa con la sacristía, añadida en el lado del evangelio junto a la primera de las citadas capillas, el coro elevado que se encuentra en la zona de los pies y el breve atrio que precede a la portada de acceso, asimismo en la zona de los pies del edificio.
Del exterior destaca la fábrica original del ábside, que Abbad Ríos dató en los últimos años del siglo xi, lo que lo
haría coetáneo de edificaciones próximas como las iglesias de Bagüés y Ceñito. Consiste en un semicilindro articulado mediante zócalo común a todo su desarrollo, terminado en
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U N D U É S - P I N T A N O ( L O S P I N T A N O S )Exterior
moldura biselada, y dos lesenas que no alcanzan la corni-sa, cuyo despiece coincide con el de las hiladas del muro curvo y cuya base se adorna con dos hileras de bolas. En el eje se abre una saetera que ilumina el interior del templo, terminada en arco de medio punto adornado asimismo por dos hileras de bolas más pequeñas (motivo que vemos sim-plificado en iglesias cercanas, como Lobera de Onsella). Los mechinales repartidos por el muro atestiguan el uso de andamios durante la construcción. Una llamativa hilera de catorce mechinales, abiertos dos hiladas por debajo de la cornisa, recuerda a los que en otras iglesias medievales
han servido para sostener aleros de gran vuelo añadidos en algún momento de la dilatada historia de los correspon-dientes templos. La coronación del muro consiste en una cornisa de notable dimensión, parcialmente rehecha en la restauración, tallada en su frente inclinado con roleos de piñas y en su base con motivos circulares. Descansa en ca-netes figurados con representaciones de motivos diversos, entre los que destacan animales (completos o sólo las res-pectivas cabezas) y figuras humanas propias del repertorio del pleno románico, como la del personaje que sopla en el interior de una especie de barrilete.
Planta
Sección longitudinal
0 1 2 3 4 5 m
722
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U N D U É S - P I N T A N O ( L O S P I N T A N O S )Caneciilos del ábside
Interior del ábside
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U N D U É S - P I N T A N O ( L O S P I N T A N O S )El interior del edificio se halla revestido a base de un enlucido de cal, salvo en la zona absidal, la cual se halla desprovista de revoco, lo que permite ver la piedra, haciéndose patente el esmerado despiece de sillares cuyas alturas de hilada oscilan entre los 32-33 cm y los 37-38 cm. El único tramo que conserva la cubierta original, de bóveda de cuarto de esfera sobre una imposta de cuatro hileras de billetes, es la zona del ábside. El detalle orna-mental más significativo del conjunto se encuentra preci-samente en la ventana axial. El estrecho vano que ilumina esta zona, rematado por un breve arquillo de medio punto y con acusado derrame interno, se adorna con el habitual complemento de columnas, arquivolta y chambrana. El ca-pitel meridional exhibe dos animales un tanto toscos que comparten una única cabeza situada en la esquina. Las fau-ces abiertas dejan ver dientes de sierra, la melena se resuel-ve en mechones avolutados, las colas cruzan el lomo y las patas delanteras se entrecruzan. El tratamiento demuestra las limitaciones del escultor y al mismo tiempo la filiación languedociana del motivo, habitual en el pleno románico. Por su parte el capitel septentrional muestra también dos animales, en este caso aves enfrentadas representadas por separado, con cuerpos y patas de gran potencia que apoyan en el collarino. Leones y aves aparecen debajo de potentes volutas y han sido relacionados con modelos
pro-venientes del románico jaqués, por lo que su talla ha sido atribuida a discípulos del maestro de la catedral de Jaca. En la misma línea se encuentran el resto de los asuntos de exorno: los cimacios con cabecitas de angelotes alados, en el septentrional, y roleos de palmetas inscritas en el meri-dional. La arquivolta consta de un grueso toro y una hilera de bolas, y la chambrana incorpora ajedrezado consistente en encuentro ubicado bajo una línea de impostas con aje-drezado de cuatro hileras de billetes finamente labrados.
La cronología propuesta por Abbad Ríos podría matizarse, dado que las fórmulas empleadas en Undués-Pintano responden a la evolución de los motivos jaqueses, por lo que probablemente debamos pensar en un momen-to algo más tardío, pero probablemente momen-todavía dentro del primer tercio del siglo xii.
Texto y fotos: JAS - Planos: BHC
Bibliografía
abbad ríos, F., 1957, pp. 731-734; almería, J. a. et alii, 1998, pp.
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P., 2007a, pp. 22 y 41-42; Giménez aísa, M. P., 2007b, p. 5; martín