INVESTIGACION SOBRE:
EL HURACAN MITCH Y LA POBREZA EN LA COSTA ATLANTICA DE NICARAGUA
(Período 1999-2000)
Investigador: Lic. Alfonso Navarrette C.
Contenido del Documento:
1. Situación de Nicaragua después del huracán Mitch.
2. Desastres del huracán Mitch en Nicaragua.
3. El huracán Mitch en la Costa Atlántica de Nicaragua.
4. Descripción y cuantificación de los desastres en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN),
5. Descripción y cuantificación de los desastres en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS).
6. Secuelas después del huracán Mitch en la Costa Atlántica de Nicaragua.
7. Otros territorios municipales afectados.
8. Necesidades básicas de los damnificados de la Costa Atlántica.
9. Niñez y adolescencia afectada por el huracán Mitch.
10. Deterioro del medio ambiente y el avance de la frontera agrícola.
1. Situación de Nicaragua después del huracán Mitch.
1.1 Introducción.
En Octubre de 1998, Nicaragua es un país afectado por conflictos sociales y políticos, que busca paralelamente superar la difícil situación socioeconómica que arrastra desde que salió del conflicto armado que asoló el país por más de tres décadas. En efecto, la coyuntura está signada por conflictos laborales de consideración y la fragilización de los liderazgos políticos.
La Iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE) otorga alivio de la carga de la deuda multilateral (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Banco Interamericano de Desarrollo) para países pobres que demuestran un sólido esfuerzo de crecimiento con equilibrio macroeconómico y que, no obstante, tienen niveles insostenibles de deuda.
El compromiso formal para optar a esa iniciativa fue establecido con el Fondo Monetario Internacional por Gobierno de Nicaragua en 1997, mediante la firma del Programa Reforzado de Ajuste Estructural. En ese año, el Producto Interno Bruto (PIB) experimentó el crecimiento más alto de los años noventa (5.0%), reflejando un clima de reactivación económica que, sin embargo, había tardado en hacerse presente en el país (desde el cambio de 1990).
Este retraso se manifestó claramente durante el primer quinquenio de la década. En efecto, la presunción de que la derrota electoral del gobierno sandinista iba a permitir un rápido despegue socioeconómico no se cumplió cabalmente. De hecho, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) nicaragüense pasó del retroceso durante los cinco últimos años de los ochenta (promedio de -3.7%), al estancamiento en el primer quinquenio de los noventa (promedio del 1.1%), lo que mantuvo negativo el crecimiento del PIB por habitante.
Ello significó un grave deterioro de la situación social, producto tanto de los aspectos que dependen directamente del mercado económico (el desempleo creció hasta suponer un cuarto de la Población Económicamente Activa - PEA), como de los aspectos que se refieren a las políticas públicas.
El informe oficial sobre políticas sociales afirmaba en 1995 que, los desembolsos presupuestarios para el gasto social bajaron su participación porcentual respecto al PIB, o sea, que el sector social se rezagó de la riqueza producida en el país. Al introducir en este escenario la variable dinámica de la población, es obvio pensar que la inversión per-cápita en educación y salud sufrió una reducción y que esto lógicamente acentuó las tensiones sociales.
Sin embargo, desde 1995 comenzó a mostrarse un proceso más firme de recuperación económica, cuyo punto más alto fue el mencionado de 1997 (crecimiento del Producto Interno Bruto - PIB del 5.0%). La inversión exterior y la repatriación de capitales se orientaron hacia actividades específicas de producción de bienes y servicios, especialmente al sector de la construcción. Al mismo tiempo se lograron resultados en la lucha contra la inflación, en 1997 se redujo ésta en un dígito.
No obstante, ese crecimiento volvió a relentizarse durante el año 1998, antes de la llegada del huracán Mitch. El Banco Central de Nicaragua había estimado a fines de 1997 que el PIB de 1998 crecería en un 6.0%, pero en Octubre, esa estimación se rebajaba al 4.0%, debido sobretodo, al deterioro de la agricultura en los tres primeros meses del año y a un crecimiento menor de lo esperado en el sector secundario. Aún así, el Gobierno de Nicaragua, en cumplimiento de sus compromisos realizó un importante avance en el saneamiento de las finanzas públicas, mediante la elevación de los ingresos tributarios y la contención en el gasto público.
En todo caso, existe consenso en Nicaragua con relación a que la recuperación económica en el marco del ajuste estructural no está produciendo una mejoría paralela de la situación social. Así se plantea en 1997, en la presentación de la Política Social del Gobierno de Nicaragua, donde se afirma que, Nicaragua se encuentra ante la necesidad de precisar una estrategia que armonice el crecimiento económico
sostenido y su positivo impacto sobre el nivel general de vida, con una actuación gubernamental diseñada para atender las necesidades urgentes de los más pobres que, por su condición, no tienen acceso a los servicios sociales básicos.
En realidad, existen indicaciones importantes de que el deterioro social siguió avanzando en Nicaragua en el transcurso de los años noventa. Un primer análisis se realizó a partir de los resultados del Censo de 1995 por parte de la Secretaría de Acción Social de la Presidencia de la República, según el cual, mediante el “método de necesidades básicas insatisfechas”, la pobreza había crecido en Nicaragua durante los primeros años noventa, hasta alcanzar en 1995 al 82.3% de los hogares nicaragüenses, entre los cuales, un 54.7% estaría en condiciones de extrema pobreza.
Otro análisis (María Rosa Renzi y Sonia Agurto, 1997) señala también un aumento del crecimiento de la pobreza entre 1993 y 1996: en síntesis puede afirmarse que la tendencia observada en los niveles de pobreza de los hogares de Nicaragua, sugiere no sólo un agravamiento de los niveles de la pobreza más extrema, sino que comienza a visualizarse con mayor intensidad la pauperización de los sectores medios. Una evidencia palpable de esa premisa lo constituye el incremento de más del doble en la proporción de hogares en pobreza reciente en 1996 con relación a 1993, contrastando con una reducción de 8 puntos porcentuales en la proporción de pobreza inercial entre esos mismos años.
También, puede apreciarse esa tendencia en términos comparativos. Según el análisis mundial del Indice de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Nicaragua ocupaba en 1991 el lugar 85 de una escala de 160 países y en 1996 había descendido a la posición 116, por debajo de todos los países centroamericanos. Es decir, una caída considerable (32 lugares) en un índice que no sólo mide pobreza económica directa.
Existe coincidencia entre las distintas fuentes macroeconómicas, acerca de que los altos niveles de pobreza son mucho más graves en el campo, donde se concentran los mayores niveles de extrema pobreza. Según la Comisión Económica y de Población de América Latina (CEPAL), la interacción entre pobreza, presión demográfica y medio ambiente, ha causado en gran medida, deforestación y avance de la frontera agrícola; la población más pobre, frecuentemente busca formas de sobrevivencia en áreas de mayor fragilidad ecológica; las tradicionales migraciones rural-urbana y rural-rural, dirigidas hacia la frontera agrícola, han generado gravísimos desequilibrios en la distribución espacial de los asentamientos humanos y ejercido presiones adicionales sobre los recursos naturales.
1.2 Situación de los nicaragüenses al momento del Mitch.
1.2 Situación de los nicaragüenses al momento del Mitch.
Al concluir 1998, las mujeres son alrededor de la mitad de los cuatro millones y medio de habitantes que tiene Nicaragua. Ellas residen algo más que los hombres en las zonas urbanas (56.2% frente al 52.5% de los varones), aunque todavía cerca de la mitad (45.0%) son rurales.
Según el Censo de 1995, en el caso de las mujeres se trata aún de una población joven, el 60.0% tiene menos de 25 años de edad. Las nicaragüenses tienden al
emparejamiento temprano y a una fecundidad medianamente alta, si bien está descendiendo aceleradamente. La Encuesta de Demografía y Salud de 1998 indica una tasa global de fecundidad de 3.9 hijos por mujer (cuando hace sólo diez años ese promedio era de 5 hijos por mujer); esta tasa se desagrega fuertemente por zonas de residencia, es decir, 5.4 en el campo y 3.1 en las ciudades.
En los niveles de pobreza mencionados anteriormente, las mujeres presentan condiciones de salud con graves deficiencias. La mortalidad materna es alta (160 por cada 100,000 nacidos vivos) y creció considerablemente en los años noventa. Por otra parte, la mortalidad infantil es todavía alta (40 por 1,000 nacidos vivos) y se reduce muy lentamente.
Las condiciones básicas, como alimentación y saneamiento, son graves. Un cuarto de los niños y niñas menores de cinco años padecen de desnutrición crónica, los que forman grupos de riesgo junto a las madres embarazadas y las lactantes. La cobertura del agua potable en el área rural es muy baja (30.0% de la población) y en cuanto al alcantarillado sanitario, dicha cobertura es apenas del 3.1% en el campo y del 53.2% en el área urbana.
Hay que subrayar la elevada presencia de defunciones por cáncer en el aparato reproductivo de las mujeres, que afecta progresivamente a las jóvenes, algo que refleja el estado grave en que se encuentran los servicios de salud como preventores y detectores de este tipo de cáncer.
En 1998, la situación educativa de las mujeres presentaba deficiencias, pero ha avanzado un poco mejor en relación con la de los varones. En el Censo de 1995 se muestra que el analfabetismo femenino es menor que el masculino (24.5% y 24.9%
respectivamente), situación que es ya así en el campo (41.2% y 41.3%). La participación femenina en los distintos niveles educativos es ahora mayoritaria; en 1993 era el 51.0% de la Primaria, el 53.0% de la Secundaria y el 52.0% de la educación superior. Aunque el crecimiento de esta participación, que fue considerable durante los años ochenta, parece estacionario durante los años noventa.
En cuanto a la participación laboral y en el desarrollo del país, las mujeres nicaragüenses han experimentado modificaciones en las últimas dos décadas. La tendencia al incremento de la participación laboral femenina que venía mostrándose en los años setenta, sufrió una aceleración en los años ochenta, cuando una cantidad considerable de hombres en edad activa se integró a las filas de los combatientes.
Como sucede regularmente en períodos de guerra, las mujeres se integraron más al aparato productivo, realizando tipos de tareas no tradicionales y accedieron más fácilmente al nivel de cuadros medios, tanto en el sector público como en el privado.
Ahora bien, cuando al concluir los ochenta se produjo la pacificación, sin que ello trajera consigo la tan esperada recuperación económica, el regreso de los hombres a un mercado de trabajo bastante estancado, supuso el freno del crecimiento de la participación femenina en la fuerza laborar. Así por ejemplo, la Encuesta de Hogares de 1993 registraba que la proporción de mujeres en la población económicamente activa (PEA) era la misma (33.2%) que la registrada en la Encuesta de Hogares de 1985. De igual manera, la tasa de participación de las mujeres descendió ligeramente
(31.2% en 1985 y 30.2% en 1993).
Con en el avance de los años noventa, la participación económica de las mujeres ha adoptado el signo de la supervivencia. Por un lado, han visto aumentar las dificultades para integrarse a la población ocupada y seguir avanzando en las profesiones no tradicionales, y por el otro lado, se ha incrementado la cantidad de trabajo total (económico y doméstico), dada la falta de cobertura de los servicios públicos.
Aunque las mujeres son responsables del 85.0% del tiempo dedicado a actividades en el espacio reproductivo y los hombres del 15.0%, en el ámbito productivo actual, las mujeres representan el 47.0% del tiempo total y los hombres del 53.0%, lo que significa que, la agregación de tiempo invertido en ambos espacios, indica que el 68.0% corresponde a tiempo invertido por mujeres y el 32.0% a tiempo invertido por los hombres.
Todo indica pues, que las mujeres han seguido incrementando la PEA nacional, después del frenazo de comienzos de los noventa, pero en condiciones bastante más precarias, incorporándose más que los hombres al elevado desempleo y al subempleo, así como al sector informal. En relación con todo ello, se ha incrementado la diferencia de ingresos entre mujeres y hombres, por ejemplo, si en 1993 el ingreso promedio femenino era del 19.0% menos que el masculino, en 1998 esa brecha es del 29.0 por ciento.
1.3 Indicadores macroeconómicos y sociales.
Balance y perspectivas.
Se previó por el Gobierno Nacional actual que Nicaragua crecería económicamente en 1999 en un 5.0%, a pesar de que no alcanzara la tasa de crecimiento económico planificada a inicios del año, la que se le ofreció al Fondo Monetario Internacional en el Programa de Ajuste Estructural Financiero conocido con las siglas del ESAF. El gobierno anunció que para el período 1999-2001, la economía de Nicaragua crecería sostenidamente un 6.5% y que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante, para 1999 sería de 3.3%, sin embargo, este último será de sólo 2.8%, por debajo del 3.0% de crecimiento de la población.
Los fenómenos que se anunciaron desde inicios de 1998, referentes a las serias amenazas que tendrían la economía nicaragüense en 1999 se vieron completamente verificados. Entre éstos se encuentran la baja de las exportaciones y de los precios en el mercado internacional de los principales productos de exportación del país, la reducción de la cooperación internacional, el excesivo déficit fiscal y el de la balanza comercial, la persistencia del ahorro interno negativo y la suspensión de inversiones privadas de calidad. Estos anuncios no incluían los siniestros efectos del huracán Mitch ni los conflictos institucionales internos, que han venido a agravar la situación.
Nicaragua enfrenta para el año 2000 enormes retos de carácter estructural, como por ejemplo, los siguientes:
• Una de las tasas de desempleo más alta de América Latina (12.0% versión del Gobierno contra el 60.0% de los economistas independientes), así como la mayor presión tributaria (30.0%) que pueda cargar la población de un país en el mundo, y el mayor gasto corriente respecto al PIB del hemisferio (26.0%).
• El Producto Interno Bruto (PIB) más pequeño del continente americano, de sólo cuatrocientos dólares anuales, equivalentes a casi un dólar diario por cada nicaragüense. Esto genera un ahorro interno negativo, de menos del 6.0%, volviendo más adictiva la dependencia externa. Este es un caso extremo en América Latina.
• Los déficits del sector público combinado y del Gobierno Central se verán duplicados de 1999 al 2000.
• Las exportaciones no dejan de disminuir y han retrocedido a niveles superados de hace cinco años. El déficit comercial ya pasó la barrera de los 1,000 millones de dólares, mientras las reservas internacionales brutas sólo llegan a 500 millones de dólares.
• La deuda externa como porcentaje del PIB, que venía disminuyendo, superó por primera vez la barrera del 300.0%. Asimismo, la deuda externa aumentó a más de 6,700 millones de dólares al finalizar 1999.
• El nivel tecnológico del país es de lo más preocupante, por lo que se impone una reforma educativa a lo inmediato. Se sigue cultivando la tierra, como se hacía durante las encomiendas de hace 500 años.
• Uno de los indicadores que aparentemente mejoró respecto a lo ofrecido al Fondo Monetario Internacional, fue el de la inflación, pues se había estimado un 10.0%
para 1999, pero que en realidad fue de alrededor del 8.0%; sin embargo, la inflación disminuye por una recesión en la actividad económica.
Diversos organismos no gubernamentales han propuesto políticas desde 1998 que aún siguen siendo válidas, pero continúan sin aplicarse. Entre estas se encuentran la disminución radical del gasto público, terminar con la dislocación del estado nacional que producen los proyectos de cooperación externa, fomentar la baja en las tasas de interés para la producción y evitar la sobrevaloración de la moneda nacional.
Las autoridades económicas nacionales hasta decidieron tomar la decisión de disminuir el ritmo de deslizamiento monetario, haciendo temer que vayan a poner el córdoba a la par del dólar y del euro, y a abandonar el modelo de crecer por las exportaciones. Es incomprensible bajar el ritmo del deslizamiento monetario cuando las exportaciones se reducen. Al poner artificialmente más barato el dólar se importa más y sube el déficit comercial.
El crecimiento para el año 2000 se puede lograr si se superan algunos aspectos económicos estructurales arriba mencionados y se mejoran algunas situaciones extra- económicas que inciden en el desempeño productivo nacional. Entre estas últimas, destacan tanto las de carácter interno –como el ejercicio de los derechos de propiedad,
la estabilidad institucional y política en un año de elecciones municipales –, así como los de carácter externo, como es la reciente evolución de las relaciones limítrofes con Honduras, Costa Rica y Colombia, así como con las fuentes de capitales internacionales.
Modelo económico actual de Nicaragua.
Nicaragua cuenta con un modelo económico que en cualquier momento podría desmoronarse, pues la economía del país depende fundamentalmente de la cooperación externa, de la poca inversión extranjera y de las remesas familiares procedentes del exterior; si uno de estos actores falla se corre mucho peligro para el desarrollo del país.
El déficit comercial acumulado entre 1990-1999, que surge de mayores importaciones frente a débiles exportaciones, asciende a 5,152.3 millones de dólares, según datos del Banco Central de Nicaragua (BCN) con proyecciones a 1999. Este déficit comercial ha venido siendo cubierto por el actual gobierno mayoritariamente por la cooperación externa recibida, la que, entre 1990-1999 fue de 5,705.1 millones de dólares. Sin embargo, para el pago de la deuda externa se han utilizado 3,618.1 millones de dólares, lo que producido un desbalance económico, pues no toda la ayuda que llega se puede destinar para disminuir el déficit comercial existente.
En segundo lugar, para disminuir este desbalance el gobierno ha hecho uso también de la poca inversión extranjera que llega al país. En el período 1990-1999 esta inversión ha sido de 888 millones de dólares, según las proyecciones a 1999 del Banco Central de Nicaragua (BCN), lo que no cubre mucho de este déficit comercial. Es decir, si se suma la poca inversión más la ayuda externa que ha llegado y que se ha destinado a disminuir el déficit comercial, aún así queda una diferencia de más de 2,000 millones de dólares que no son cubiertos.
Es ahí en donde entran a funcionar las remesas familiares procedentes de países extranjeros, lo que significa que, se está haciendo uso de todo un poco para poder salir adelante económicamente, pues las exportaciones todavía son deficitarias. A como se mencionó anteriormente, si uno de estos actores económicas falla se corre el riesgo de ver a Nicaragua en serios problemas. En 1990 las exportaciones fueron de 360.6 millones de dólares y en las proyecciones del Banco Central de Nicaragua para 1999, éstas llegan a 535.4 millones de dólares, es decir, ni siquiera fueron duplicadas.
Una posible solución a este problema podría ser la implementación de una política económica que estimule a la inversión nacional, que resuelva el problema del crédito, principalmente para los pequeños productores del país. Otro problema a resolver es el de la propiedad; en este sentido se debe crear un programa de recuperación social que contemple un programa de crédito para el sector agropecuario nicaragüense.
Este programa económico también debe de contener beneficios para los sectores más empobrecidos, pues la falta de todos estos factores antes mencionados, lo que ha provocado es un empobrecimiento más acelerado en el país, afectando a las grandes mayorías de la población nicaragüense.
En 1990 la pobreza en Nicaragua alcanzaba a las 2,270,000 personas según informe de
la Presidencia de la República (dado a conocer en 1992), ya en 1999 esta cifra pasó a 3,900,000 personas según cifras de la Secretaría de Acción Social. Esto significa que, a pesar de todo lo positivo que el Gobierno de Nicaragua quiere mostrar en materia económica del país, la pobreza sigue aumentando a nivel nacional.
Deuda externa de Nicaragua.
Desde 1997 la cooperación internacional para Nicaragua ha mantenido una tendencia creciente, lo que puede traducirse en un endeudamiento futuro mayor si se toman en cuenta los préstamos contratados. De acuerdo a informe oficial de la Secretaría de Cooperación Externa, en 1997 la cooperación externa desembolsada ascendió a 416 millones de dólares, lo que fue equivalente al 59.0% de las exportaciones de ese año.
Estas cifras aumentaron en 1998 al desembolsarse 486 millones de dólares, equivalente al 79.0% de las exportaciones. Durante el año 1999, los recursos externos desembolsados al primer semestre ascendieron a 287 millones de dólares, de los cuales 179 son en concepto de préstamos y 108 millones corresponden a donaciones. Este incremento en los desembolsos es producto de los acuerdos que el gobierno suscribió en 1998 con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco del Servicio Reforzado del Ajuste Estructural Fase II (ESAF II).
En 1997 el Gobierno de Nicaragua no tenía ningún acuerdo con el FMI, es decir, que las ventanillas de la cooperación internacional, especialmente las de organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, estaban cerradas porque no habían acuerdos económicos, es decir, un ESAF. Este se encuentra en su segunda fase de ejecución y plantea fundamentalmente las privatizaciones de las empresas públicas, austeridad fiscal, reducción del aparato estatal, incremento en las reservas internacionales y la aprobación de una serie de leyes, entre ellas las de reformas al sector financiero.
La perspectiva de la cooperación internacional es que sigue en aumento; de manera que, para 1999 se formalizaron contratos por el orden de los 612 millones de dólares, de los cuales 421 corresponden a donaciones y 191 a préstamos. Existió normalidad en los desembolsos de 1999 por el “cumplimiento del ESAF que hay que reconecerle al gobierno que ha venido cumpliendo contra viento y marea, no importando las serias consecuencias para el bienestar del pueblo nicaragüense”.
Sin embargo, para una mayor efectividad de los desembolsos se debe fortalecer la gobernabilidad, enfocada a la capacidad del Estado de resolver los problemas de forma transparente, justa y equitativa. Hay otras condiciones que deben tenerse presente en el ámbito de la cooperación internacional, como el manejo transparente del Presupuesto de la República de Nicaragua y de la ayuda internacional, la descentralización de las funciones y recursos del Gobierno Central hacia las municipalidades, y que el Estado garantice una creciente participación de la sociedad civil en la formulación y ejecución de los programas económicos actuales.
De acuerdo a la Secretaría de Cooperación Externa, la disponibilidad de recursos entre 1999-2003 es de 1,077 millones de dólares que serán distribuidos al sector de infraestructura con 372 millones de dólares, social con 299 millones de dólares,
productivo 290 millones de dólares, financiero 59 millones de dólares y otros sectores con 56 millones de dólares. Es necesario cumplir con los compromisos para evitar que se obstaculice la ayuda internacional del año 2000, preparando las condiciones para que no se interrumpa el flujo de la misma, muy contrario a lo que el Gobierno de Nicaragua ha estado haciendo actualmente en el año 2000.
El nuevo endeudamiento se da porque la cooperación sigue siendo importante para Nicaragua, ya que se argumenta que los programas y proyectos contratados son parte del acompañamiento a los Programas de Ajuste Estructural. Sin embargo, la ayuda internacional viene más en calidad de préstamos que en donaciones, el país corre el riesgo de adquirir un nuevo endeudamiento, razón por la cual el gobierno debe meditar muy bien y buscar una política de reducción de la dependencia de la cooperación internacional.
Si por un lado el país trata de desendeudarse por medio de la Iniciativa Para Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC), por otro se está acelerando el nuevo endeudamiento que, aunque sea concesional, pone en peligro y fricciona los objetivos y el crecimiento económico a largo plazo.
Se percibe que la comunidad internacional esta fatigada de ayudar tanto a Nicaragua, fatiga que debe ser reconocida no solo por la Secretaría de Cooperación Externa, sino por todos los nicaragüenses. A nivel gubernamental se está señalando que el país seguirá dependiendo de la cooperación internacional, porque no se dispone de una efectiva estrategia pro exportadora que genere al país sus propios recursos que permitan no seguir solicitando más endeudamiento externo.
La nueva deuda contratada desde 1990 es concesional (términos blandos), por lo cual no está sujeta a reducción, la que se aproxima al 50.0% del total de la actual, que supera los 6,000 millones de dólares. La HIPC plantea la reducción de hasta un 80.0% de la deuda elegible, la que se ha definido a través de parámetros propuestos por los organismos financieros multilaterales. Hasta Marzo 1999, la deuda externa ascendía a 6,294 millones de dólares, de los cuales son elegibles unos 4,257.6 millones de dólares.
La iniciativa HIPC.
Nicaragua resultó elegible para ingresar a la Iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudados (conocida como HIPC por sus siglas en el idioma inglés), y eso da lugar a la posibilidad de lograr la condonación de un gran porcentaje del saldo de la deuda externa, siempre y cuando se cumplan los lineamientos establecidos para lograrlo.
Antes de la reunión del Grupo de los 7 Países Más Industrializados del Mundo (G7) realizada en Junio de 1999 en Colonia, Alemania, la HIPC proponía la condonación del 80.0% del saldo elegible, sin embargo, con la resolución del G7 el saldo elegible es del 90.0% de la deuda. De la misma manera se redujo la proporción con relación al saldo de la deuda respecto a las exportaciones, ingresos tributarios e ingreso per- cápita.
Los nuevos criterios acordados en el G7 tienen como fin dar oportunidad a más países
para ingresar a la HIPC y aumentar la condonación para los que califican constituye un alivio a la pobreza, y para resolver los problemas de gobernabilidad y de transparencia. Una vez que se aprobó la elegibilidad de Nicaragua para la HIPC, el Fondo Monetario Internacional (FMI) retomó la propuesta de Colonia, y desde ese entonces comenzó a trabajar con el Gobierno de Nicaragua para hacer efectivas las acciones en las áreas de gobernabilidad y alivio a la pobreza. Se acordó una matriz de actividades con calendario de cumplimiento antes de llegar al punto de decisión, primera fase de la HIPC.
En un análisis sobre la actual situación de la deuda externa de Nicaragua, realizado por funcionarios del gobierno y miembros de la sociedad civil con representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Noviembre de 1999, se aseguró que la deuda actual de Nicaragua asciende a 6,583 millones de dólares, de los cuales el 64.0%
corresponde a compromisos bilaterales, el 32.0% son multilaterales y el 4.0% de la banca comercial. Y se anunció que en Febrero del 2000 se haría una reunión del Grupo Consultivo de Seguimiento, ahora trasladada Washington en el mes de Marzo, en donde se presentará un informe preliminar sobre la estrategia de combate de reducción de la pobreza.
Cómo se califica un país para la HIPC? El país debe tener un ingreso per-cápita por debajo de los 925 dólares. La relación entre el saldo de la deuda y las exportaciones debe ser del 150.0%. La relación entre el saldo de la deuda con los ingresos debe ser del 250.0%. Y mantener un Programa de Ajuste Estructural suscrito con el Fondo Monetario Internacional.
Condiciones para llegar al punto de decisión (primera fase)? Cumplimiento del ESAF (Nicaragua se encuentra en el segundo año de implementación de la segunda fase del programa). Aprobación de varias leyes (financieras, contratación del Estado, reformas al Seguro Social). El punto de decisión no está fijado dentro de un período de tiempo, basta con cumplir todas las condiciones.
Nuevas condiciones? Resolver el problema de la gobernabilidad. Reducir los niveles de corrupción. Estrategia de reducción de la pobreza. Independencia de la Contraloría General de la República, Corte Suprema de Justicia y Consejo Supremo Electoral. Nuevo ajuste en las tarifas de los servicios públicos.
Multidimensión de la pobreza.
Frecuentemente la pobreza se asocia al nivel de ingreso per-cápita o de disponibilidad de recursos económicos para satisfacer las necesidades básicas, principalmente alimentarias; de estos conceptos se desprenden los correspondientes métodos para medir la pobreza conocidos como de Líneas de Pobreza y de Necesidades Básicas Insatisfechas.
El Banco Mundial, en su estudio sobre la pobreza en el mundo (1985) señala una Línea de Pobreza de 370.00 dólares per-cápita al año y una Línea de Pobreza Extrema de 275.00 dólares (menos de un dólar diario). A su vez, la Comisión Económica de los Países de América Latina (CEPAL), tras analizar los patrones de consumo de 9 países del continente, identificó el valor de las canastas mínimas de
necesidades alimentarias para cada país, que varían entre 1.66 y 2.47 dólares por persona y por día respectivamente.
Estos métodos, así como el utilizado por el Proyecto Regional Para la Superación de la Pobreza del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), fueron analizados críticamente por el profesor Julio Boltvinik de México, quien demostró su carácter parcial y contrapuso un Método de Medición Integrada de la Pobreza, partiendo del concepto de que la pobreza es un problema determinado socialmente, que depende de la cultura, las normas y costumbres de la sociedad.
En su trabajo, Boltvinik afirma que cualquier aproximación conceptual a la pobreza remite a su fundamento: la concepción sobre las necesidades humanas y la manera específica en que se configuran en una sociedad concreta. Por otra parte, el carácter histórico de las necesidades humanas se manifiesta en la creación de necesidades nuevas, de carácter no biológico, como la necesidad científica, la necesidad educativa o la necesidad estética.
La idea de pobreza esta asociada a la carencia de algo, no sólo de los recursos indispensables, de alimentos, de vivienda, de vestuario, de conocimientos; es también una pobreza de futuro, una pobreza de expectativas, una pobreza de participación.
Inmediatamente después de la Cumbre Mundial Sobre Desarrollo Social celebrada en Copenhague en 1995, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), consagró su Informe Sobre Desarrollo Humano de 1997, al tema de la pobreza. En su prólogo se manifiesta que, la pobreza tiene muchos rostros y abarca más que un bajo ingreso; refleja también mala salud y educación, la privación de conocimientos y comunicaciones, la incapacidad para ejercer derechos humanos y políticos y la falta de dignidad, confianza y respeto por sí mismo.
Hay también un empobrecimiento ambiental y el empobrecimiento de países enteros, donde esencialmente todos viven en pobreza. Detrás de los rostros de la pobreza se oculta la sombría realidad de vidas desesperadas sin salida, y con frecuencia, gobiernos que carecen de capacidad para enfrentar la situación.
La pobreza humana no es únicamente un déficit de recursos para alcanzar y mantener un nivel de vida decente; no tiene una sola causa, es más bien el resultado de un conjunto de desigualdades sociales, políticas, culturales y económicas, que se dan de manera combinada y se articulan entre sí para producirla.
Este concepto multidimensional de la pobreza se liga a una comprensión integrada de los derechos humanos, en la que los derechos civiles y políticos se consideran como parte indivisible de los derechos sociales, económicos y culturales. En ese sentido, la pobreza es el proceso de negación de las oportunidades y las opciones fundamentales del desarrollo humano, que en sí es, vivir una larga vida, sana y recreativa, con libertad, dignidad y respeto por sí mismo y por los demás.
La pobreza y opinión de la población sobre la situación de Nicaragua.
Se mencionó el punto anterior sobre la multidimensionalidad de la pobreza, con el
objeto de comprender mejor la situación de pobreza que vive la población de Nicaragua. En el país, un 85.6% de los y las nicaragüenses están en el nivel de pobreza, medida como la no cobertura de sus necesidades básicas con el ingreso familiar (no incluye remesas familiares u otros tipos de transferencias).
Peor aún, un 57.6% de la población está en pobreza extrema y un 29.2% vive prácticamente en la indigencia al apenas cubrir la mitad de una canasta básica. En la zona rural es crítico y preocupante el problema de la pobreza, donde un 96.5% se encuentra en estado de pobreza, un 81.4% en extrema pobreza y el 55.5% viviendo en la indigencia. A este problema se agrega la situación del desempleo, pues un 48.1% no tienen trabajo permanente (47.9% en la misma capital Managua), un 11.0% de desempleo abierto y un 41.0% de subempleo (trabajo temporal no permanente).
Esta situación es más grave para las mujeres, pues de las personas que declaran tener trabajo permanente, un 68.0% son hombres y un 36.8% son mujeres.
Adicionalmente, hay un 12.1% que nunca ha asistido a la escuela, es decir, un analfabetismo abierto, siendo del 24.7% en la zona rural. De los y las nicaragüenses, 48 de cada 100 del campo llegan solamente hasta Primaria y un mínimo porcentaje (1.7%) llega a la Universidad.
La población vive también en difíciles condiciones a lo interno del hogar, por hacinamiento, alto uso de leña para cocinar alimentos (47.0% en todo el país y 88.0%
en las zonas rurales), dispersión de los servicios básicos (20.9% a nivel nacional y 56.0% en las áreas rurales no tienen agua; el 61.7% a nivel nacional y 97.1% en lo rural no tienen alcantarillado sanitario); y un 26.0% ha pensado emigrar del país en búsqueda de empleo y mejoría económica en otros países, de éstos, el 82.0% ha pensado emigrar a Costa Rica y los Estados Unidos.
Un 84.3% de la población piensa que el actual sistema económico no brinda iguales oportunidades a todos los y las nicaragüenses; un 75.0% opina que brinda oportunidad solamente a los ricos y un 87.3% que no brinda iguales oportunidades a los pobres. Un 80.6% percibe que la diferencia entre ricos y pobres ha aumentado en Nicaragua, y un 59.6% estima que la brecha entre ricos y pobres puede ser factor de violencia social. El 70.1% de la población atribuye la pobreza a factores del sistema socio-político, causa que no permite oportunidades de empleo y de estudio, sin acceso a recursos financieros y la falta de una estrategia de desarrollo.
Sobre la percepción general del país y la institucionalidad, la falta de empleo y la pobreza extrema ocupan el 59.7% en la identificación de los principales problemas del país, seguido de la inestabilidad política (17.1%). El 43.8% de la población dice que la principal característica de la crisis política es la lucha de poder entre los políticos, mientras que el 39.2% piensan que es el excesivo afán presidencialista, la falta de entendimiento político, la inestabilidad política y la inseguridad ciudadana.
El 72.2% de los nicaragüenses consideran el alto desempleo como factor de la crisis económica. Igualmente, el alto desempleo, la pobreza extrema y la hambruna aglutinan el 86.7% de los factores de la crisis social que vive el país.
Predomina en las mentes de los y las nicaragüenses la apreciación de que la situación
es cada vez peor en el avance del tiempo, relacionando esta aseveración con lo político, lo económico, lo social, lo institucional y con los derechos humanos. Es muy negativa la apreciación que tiene la población en este aspecto.
Sobre el tema de la seguridad ciudadana, los niveles de crímenes atroces, de asaltos, de violación a domicilios, de violación a personas, de inseguridad de circulación urbana y rural, de delitos sin persecución y otros sin resolverse, de fallas en la administración de justicia de ladrones, asesinos, violadores y delincuentes en general, inciden definitivamente en el 35.0% de la población, que año tras año la situación se pone peor.
El 65.0% opina que el país sigue igual o en retroceso. No obstante, aún hay optimismo sobre el futuro del país, cuando el 51.9% manifiesta que tiene esperanzas de que su futuro mejore junto con el del país, mientras que el 28.8% es pesimista sobre el futuro del país.
2. Desastres del huracán Mitch en Nicaragua.
Los efectos del huracán Mitch sobre Nicaragua fueron de tipo indirecto, debido al prolongado período de intensas lluvias que ocasionaron inundaciones, correntadas y deslaves. La cantidad de agua por lluvias superó la norma histórica desde 1.052% en la zona de León (1,113.4 milímetros) hasta un 1.5132% en Chinandega (1,611.6 milímetros).
El desastre provocado por este fenómeno natural afectó al 19.0% de la población total (867,752 personas), especialmente residente en la zona occidental de Nicaragua, en particular de los departamentos de León y Chinandega. El número de damnificados en estos dos departamentos (por efecto de deslizamientos de lodo e inundaciones) alcanzó las 368,000 personas y se reportaron 65,000 personas que permanecieron en los albergues temporales al momento de la emergencia.
De acuerdo con el Comité Nacional de Emergencia del país, se reportaron 287 heridos, cerca de 1,000 desaparecidos y 3,045 muertes (el 80.0% de ellas causadas por la avalancha de agua y sedimentos del Volcán Casitas el 30 de Octubre de 1998, que arrasó los asentamientos ubicados en las faldas de dicho volcán; el resto pertenece a las poblaciones de Estelí, Nueva Segovia, Madríz y la Región Autónoma del Atlántico Sur.
En términos generales, la población más afectada por el huracán Mitch fue, en efecto, la más pobre, vulnerable y desprotegida, en especial familias campesinas de las zonas rurales. Según el FISE (Fondo de Inversión Social de Emergencia), de los 58 municipios más pobres del país, 48 se ubican como las zonas más dañadas.
En adicción a ello, debe considerarse también el incremento de las zonas que fueron minadas durante el conflicto bélico de los años ochenta, por cuanto, las corrientes de los ríos alteraron los senderos utilizados para el tránsito de personas y desplazaron minas hacia zonas que no se consideraban peligrosas, como por ejemplo, sobre la cuenca del Río Grande de Matagalpa.
El huracán Mitch produjo copiosas pérdidas en el desarrollo económico y social nicaragüense. Las pérdidas correspondientes a los sectores sociales ascienden a 269.9 millones de dólares (27.3% del total nacional de daños). Precisamente, dentro de este rubro destacan los destrozos producidos sobre el sector vivienda (19.8% del total de daños), donde fueron destruidas en su totalidad 50,000 viviendas y 94,000 más fueron afectadas parcialmente por el impacto de las lluvias, inundaciones y fuertes corrientes.
Esta situación ha incidido alarmantemente en el déficit habitacional existente en el país que para 1995 ascendía a 387,600 viviendas.
En el sector salud, el Mitch causó daños moderados a la infraestructura (22 centros y 250 puestos de salud especialmente en la zona nor-occidental de Nicaragua), pero en particular destacan sus efectos posteriores como una presión mayor sobre el funcionamiento del sistema, que ha puesto en evidencia la insuficiente dotación de insumos médicos para atender, entre otros, los brotes de enfermedades (leptospirosis, rabia, enfermedad de Chagas y Leshmania, infecciones respiratorias agudas y diarreicas). Frente a ello, debe sumarse como daños indirectos los costos por la ejecución urgente de programas de saneamiento ambiental y de vigilancia y control epidemiológico.
El sector educativo sufrió daños directos sobre el 6.7% de la totalidad de los planteles educativos, especialmente en los departamentos de Chinandega, Managua, León, Jinotega y Nueva Segovia. Además, se cuantifican daños indirectos por pérdida de material y equipo didáctico, déficit mayor de la cobertura escolar y un posible aumento de deserción escolar.
Por su parte, el huracán Mitch ocasionó importantes pérdidas en el sector infraestructura (32.4% del total nacional), dentro del cual se distinguen los daños sobre el subsector transporte y comunicaciones (31.0%) a raíz de los grandes caudales de los ríos que quebrantaron la infraestructura vial del país, especialmente secundaria y de caminos vecinales. Pese a lo anterior, la infraestructura portuaria y los subsectores de hidrocarburos y telecomunicaciones sólo reportaron daños menores.
En tanto, en el subsector energía, las principales alteraciones corresponden a la industria eléctrica, donde las intensas lluvias, inundaciones y deslizamientos provocaron destrozos sobre varias centrales hidroeléctricas (en particular sobre la de Santa Bárbara, cuyo dique quedó totalmente destruido, quedando las turbinas sin abastecimiento para producir energía, quedando fuera de servicio). Otros daños se reportan en las líneas de redes de distribución (retirada del servicio eléctrico por daños sobre postes, luminarias y transformadores especialmente en la zona nor- occidental del país) y derrumbes de torres de alta tensión (en este rubro cabe resaltar la avería sufrida en la línea de interconexión con Honduras, cuya salida de operación representó la pérdida de valiosa energía que importaba Nicaragua desde ese país).
Según informes de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados Sanitarios (ENACAL), gran parte de los sistemas de agua potable quedaron inhabilitados (especialmente los de las zonas norte y oeste del país, afectando aproximadamente a un millón de habitantes) a causa del desbordamiento de los sistemas sanitarios y la anegación (inundaciones) de pozos de agua potable provocados por las grandes escorrentías.
Sin embargo, fueron los sectores productivos, en términos monetarios, los que presentan mayores pérdidas (37.4% del total nacional de daños, por un monto de 369 millones de dólares) tras el paso del huracán Mitch. Entre ellos, el sector agropecuario representa las mayores pérdidas (18.8% del total), lo cual es sumamente grave si se considera que este subsector representa en condiciones normales el 28.5%
del Producto Interno Bruto (PIB), ocupa un 36.0% de la PEA (población económicamente activa) y contribuye con el 60.0% de las exportaciones de Nicaragua.
Desde el punto de vista ambiental, los impactos directos ocasionados por el huracán Mitch en Nicaragua se refieren básicamente a: depósitos de materiales en las desembocaduras de los ríos de la región del Pacífico y el Atlántico; sedimentación y erosión en manglares; pérdida de playas donde anidaban tortugas marinas en un momento pico de reproducción y el sepultamiento masivo de ecosistemas bentónicos marinos, o sea, que viven en contacto directo con el fondo del mar.
Además, se reporta el arrastre de la capa fértil del suelo (principalmente en las partes altas y medias de varias cuencas hidrográficas); la contaminación de las aguas por los materiales y los cadáveres arrastrados; el aumento de la turbidez del agua con efectos negativos para los ecosistemas acuáticos; el arrastre de sedimentos que provocó cambios en los cauces de los ríos; alteraciones sobre los bosques ribereños y pérdidas de hábitat que afectaron la fauna de las regiones y departamentos afectados.
En resumen, el desastre provocado por el huracán Mitch produjo pérdidas por 987.7 millones de dólares en Nicaragua, de las cuales el 56.9% corresponde a daños directos (562.4 millones de dólares) y el 43.1% a daños indirectos (425.3 millones de dólares), donde las mayores pérdidas se concentran en los sectores productivos (agropecuario especialmente) y el sector infraestructura (transporte y carreteras principalmente).
En términos macroeconómicos, el Mitch redujo el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) tanto en 1998 como en 1999. Según CEPAL (Comisión Económica Permanente de América Latina), el crecimiento estimado de 6.0% del PIB en 1998, quedó reducido a una tasa situada entre el 4.0% y el 4.5%, tras el impacto del Mitch.
Para 1999, CEPAL y el Banco Central de Nicaragua coinciden en que el crecimiento previsto del PIB de 5.7% se reduciría a una tasa del 5.1%, considerando que los efectos del desastre podrían reflejarse hasta el año 2001.
3. El huracán Mitch en la Costa Atlántica de Nicaragua.
Evaluar los daños de los desastres ocasionados por el huracán Mitch es una labor que corre el riesgo de verse reducida solamente a cifras frías que no reflejan ni medianamente los estragos que en lo social, lo psicológico y lo humano propiamente han sido causados. Muchas secuelas en estos aspectos no salieron a luz en lo inmediato, después del Mitch, y deben ser objeto de seguimiento y análisis de los especialistas correspondientes a fin de desarrollar los programas necesarios para reducir dichos efectos.
Sin embargo, una parte importante para enfrentar las consecuencias del desastre es conocer las cifras, la cuantificación de daños en todos los aspectos, a fin de realizar los
esfuerzos que permitan iniciar una reconstrucción que, de por sí, irá creando condiciones para mitigar los daños.
La presente información sobre el impacto del huracán Mitch en la Costa Atlántica se recopiló conforme los informes preparados hasta el mes de Noviembre 1998, casi dos meses después de la embestida de dicho huracán en todo el país.
Por la dinámica de las cosas, algunas de las cifras ya habrán cambiado y seguirán cambiando, debido a los esfuerzos que se han realizado en la reparación de los daños, pero sobretodo, han cambiado las cifras relacionadas a las personas, debido a la tendencia de la población a regresar a sus lugares de origen, o por dejar los refugios o trasladarse a otros sitios en donde continuarán sufriendo los mismos problemas dejados por el huracán Mitch.
No obstante, la presente información tiene el propósito de mostrar la magnitud de los daños que se puedan talvéz prever en el futuro, con el objeto de contar con una mejor preparación para aunar los esfuerzos de todos, de modo que, se pueda desarrollar un sistema de defensa de la sociedad civil contra los desastres naturales, como el mejor instrumento con que pueden contar las Regiones Autónomas del Caribe Nicaragüense para protegerse a sí misma.
Esperando también, que este informe y su contenido, pueda servir de referencia a los organismos del Estado Nicaragüense y organismos no gubernamentales nacionales e internacionales interesados en la ejecución de programas que estén dirigidos a la rehabilitación de los daños causados por el huracán Mitch en la Costa Atlántica de Nicaragua.
Las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica de Nicaragua fueron afectadas por los fenómenos naturales de 1998 (específicamente por el huracán Mitch), sobretodo en las comunidades rurales, provocando pérdidas cuantiosas a la población en los municipios de La Cruz de Río Grande y Desembocadura del Río Grande en la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS) y los municipios de Waspám, Bonanza y a menor escala en Siuna, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
En función de conocer la magnitud de los daños, la Fundación para la Autonomía y Desarrollo de la Costa Atlántica de Nicaragua (FADCANIC) realizó una inspección in situ en coordinación con los actores locales de los municipios afectados, líderes comunales y algunas comisiones que se encargaron de la emergencia en los sitios afectados.
Inicialmente, los desastres del huracán Mitch en las Regiones Autónomas no fueron tomados en cuenta en los informes del Centro de Operaciones de Emergencia de la Presidencia de la República, a pesar de que a través de Internet y de los reportes diarios del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER) se dio seguimiento a la tormenta tropical a partir del día 16 de Octubre de 1998, cuando se encontraba en la zona de las Antillas Menores, la cual, a medida que avanzaba hacia el Norte se convertía en huracán, recibiendo el nombre de Mitch.
Para el día 21 de Octubre el Mitch se encontraba al Noreste de Cabo Gracias a Dios
con rumbo Norte-Noreste, trayectoria que se consideró como que únicamente afectaría las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica (aún así no se preparó la emergencia en las regiones caribeñas, a tal punto que, los desastres ocasionados por el huracán no aparecieron en los primeros informes que empezó a sacar el Gobierno de Nicaragua, dando a entender que la Costa Atlántica no había sido afectada por el fenómeno).
Sin embargo, la situación fue lo contrario a partir del día 24 de Octubre cuando el rumbo del huracán cambió hacia el Sur afectando directamente las Repúblicas de Honduras y Nicaragua, principalmente las regiones del Pacífico, Centro y Norte, y en
“menores proporciones” (según el Gobierno de Nicaragua) la Costa Caribe de Nicaragua.
A partir del día 27 de Octubre se iniciaron vía terrestre las primeras labores de evacuaciones en el país, en los territorios y poblados más afectados por las inundaciones, y el 28 de Octubre se activa el Comité de Emergencia Nacional, declarando alerta roja en los departamentos de Nueva Segovia, Madríz, Estelí, Matagalpa, Jinotega, Granada, Rivas y Chinandega, sin incluir a esta fecha a las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica.
Quizás, las razones por las cuales la Costa Atlántica no se atendía aún, fueron las condiciones meteorológicas ocasionadas por las intensas lluvias y la poca visibilidad en el espacio aéreo, que no permitieron realizar misiones de búsqueda, salvamento y rescate por la vía aérea desde un primer momento, manteniéndose las labores de evacuación por la vía terrestre hasta donde se permitía transitar en las vías de acceso que estaban saturadas de agua por el desbordamiento.
Ante esta situación, fue muy valiosa y oportuna la presencia de las fuerzas armadas británicas que se encontraban cerca de Nicaragua en el Océano Atlántico, lo que permitió conseguir su auxilio en los momentos más difíciles de la situación de desastre y de emergencia que, de no ser por la evacuación realizada por las fuerzas británicas, las consecuencias hubieran sido más desastrosas en cuanto a vida humana se refiere.
Las fuerzas inglesas, compuesta por 1,037 efectivos, arribaron al Atlántico Norte de Nicaragua el día 08 de Noviembre de 1998, desplegando una fuerza de 400 comandos involucrados directamente en misiones de atención médica de las comunidades afectadas en el municipio de Waspám, Río Coco. Estas fuerzas, que contaban con una fragata, un porta-helicópteros y un buque logístico, se ubicaron a 35 millas al Este y Noreste de Puerto Cabezas, desplegando un puesto de mando conjunto en Waspám, basificando 8 helicópteros, los que cumplieron misiones hasta el día 15 de Noviembre de 1998, fecha en que se retiraron del país.
Es importante destacar el oportuno acercamiento y despliegue de esta fuerza inglesa en las aguas territoriales nicaragüenses, lo que permitió conocer la situación de los 20,000 habitantes de las comunidades indígenas (miskitus y mayangnas) dislocadas en las riberas del Río Coco o Wangkí, procediendo de inmediato en conjunto con fuerzas del Ejército de Nicaragua del Destacamento Militar Norte, e iniciando las misiones de exploración y reconocimiento desde Cabo Gracias a Dios hasta Raití y San Andrés de Bocay. La situación de los desastres en el Atlántico Sur aún no se conocían por las
autoridades nacionales y regionales.
En las localidades de Waspám, Siksa Yari, Raití y Tuburus se desplegaron destacamentos de las fuerzas combinadas, con el objetivo de brindar atención médica, abastecer de medicamentos, alimentos y restablecimiento de las condiciones de vida de la población, mediante la construcción de champas. En este sentido, las fuerzas inglesas realizaron 46 misiones aéreas, transportando 112,329 libras de carga, beneficiando a 21 comunidades del Río Coco. Se destaca que la fragata británica realizó el auxilio y salvamento de una embarcación que naufragó con 39 tripulantes el día 10 de Noviembre de 1998.
4. Descripción y cuantificación de los desastres en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
4.1 Reporte sobre la situación en el municipio de Waspám, Río Coco.
El Río Wangkí o Coco, que tiene su origen en el Departamento de Nueva Segovia, como consecuencia del huracán Mitch, pasó arrasando con todas las poblaciones que estaban ubicadas en sus orillas, comenzando por las comunidades indígenas del Departamento de Jinotega, destruyendo luego las comunidades miskitus de Río Coco Arriba, las de la cuenca media y las aledañas al casco urbano de Waspám, continuando con su destrucción hasta las comunidades de Río Coco Abajo, hasta la comunidad de Cabo Viejo. En su paso por todas estas comunidades, la devastación ocasionada por el Río Coco fue de manera diferenciada.
A continuación se presenta un detalle de las comunidades indígenas más afectadas:
• Las comunidades de Kitaski, Namaska, Krikin, Amaki Sausa, Waspukta, Wiwinak y Pilpilia, que antes estuvieron parcialmente inundadas, con el huracán Mitch quedaron totalmente inundadas; de manera que, los techos de las casas quedaron también bajo las aguas. Aún no se precisa en su totalidad la cantidad de daños.
• La comunidad de San Jerónimo quedó parcialmente inundada, quedando toda su población refugiada en la capilla católica que se encuentra sobre una loma.
• Bull Sirpi quedó totalmente inundada. En la comunidad ya no habita nadie, sólo se encuentran algunos animales que lograron salvarse. Las personas se refugiaron en la parte alta de la comunidad.
• Otros pobladores afectados fueron los de las comunidades de Santa Ana y Wis- Wis, los que quedaron refugiados en Honduras; 3 personas murieron.
• La mitad de la comunidad de Lagun Tara quedó inundada. Aproximadamente 80 familias quedaron afectadas. Estas familias se refugiaron en la otra mitad de la comunidad, en las casas de mayor seguridad, alrededor de la capilla morava y a lo interno de la misma.
• Mukurin y KahkaYari también quedaron totalmente inundadas. Todos los pobladores se refugiaron en Lagun Tara y Kisalaya.
• En la comunidad de Waspám, la llena del río casi cubrió todo el edificio del Aserrío de Wangkí Lupia, punto más alto de la comunidad. En el transcurso del tiempo, desde las 6:00 am. hasta las 12:00 m., el río había subido 3 pies a razón de 6 pulgadas por hora.
• Tuskru Tara fue evacuada a los llanos de Pitkira y a la comunidad de Uhri.
• Los pobladores de la comunidad de Andris fueron trasladados hacia los llanos de San Rafael.
• Las comunidades de Kiwastara, Raya Pura, Sawa, Klampa, Uran, Sih, Livingkrik, Utla Mahta y Planhkira quedaron totalmente inundadas. Aproximadamente 6,000 personas de estas comunidades se encontraron sobre los techos de sus casas, sobre los árboles, sobre balsas que improvisaron y sobre sus pipantes, a la espera de ser evacuados ya que cerca de sus comunidades no existen partes altas.
El río continuaba subiendo y la Comisión Municipal de Emergencia de Waspám carecía de combustible y dinero. Se contaban solamente con 6 botes y se necesitaban 20 más, con 35 barriles de combustible y aceite para evacuar a las 6,000 personas del Río Coco Abajo.
Resumen en cifras:
• 45 comunidades (50.0% aproximadamente) del Río Coco fueron severamente dañadas.
• El informe reportado por las autoridades regionales indica que 41,772 personas fueron afectadas, con 9 muertos y nueve desaparecidos.
• 4,184 viviendas fueron destruidas totalmente.
• 7,000 manzanas de arroz, fueron dañadas severamente.
• 2,500 manzanas de yuca, dieta básica de los costeños y costeñas fueron destruidas, con pocas posibilidades de recuperación.
• El 90.0% de los animales domésticos (cerdos, gallinas, patos y reses) desaparecieron.
• Más del 50.0% de los árboles frutales se dañaron.
• Los índices de enfermedades gastro-intestinales comenzaron a elevarse considerablemente, las fuentes de agua quedaron contaminadas al mezclarse con las letrinas que también se desbordaron, y con animales y personas muertas que flotaban en el agua.
• Más de 30 pipantes con sus respectivos motores quedaron destruidos.
• Más de 950 letrinas y 450 pozos se perdieron. Cerca de 40 escuelas de Primaria perdieron sus pequeñas bibliotecas (textos escolares, mapas y láminas educativas).
• Veinticinco (25) escuelas de Primaria se dañaron parcialmente y 10 escuelas quedaron totalmente destruidas.
En el Cuadro No. X-1 se presenta la cuantificación de los daños ocasionados por el huracán Mitch, en lo que concierne a las comunidades del Río Coco Arriba, en el municipio de Waspám, en donde se puede observar que de 3,100 casas afectadas, el 67.7% quedaron totalmente destruidas y el 32.3% dañadas. Asimismo, de los 17,000 damnificados cuantificados, el 58.8% fueron niños y niñas y el 41.2% son adultos.
CUADRO No. X-1:
DATOS ESTADÍSTICOS DE DAÑOS CAUSADOS POR EL HURACÁN MITCH RIO COCO ARRIBA
(Se tomaron en cuenta solamente las comunidades consideradas como severamente dañadas)
Nº COMUNIDADES CASAS
DAÑADAS CASAS
DESTRUIDAS CANTIDAD DE
ADULTOS CANTIDAD DE NIÑOS
1. Wiswis 0 55 100 158
2. Bulsirpi 0 58 80 178
3. San Jerónimo 119 51 664 379
4. El Carmen 0 86 200 196
5. Kisubila 89 45 50 76
6. San Alberto 89 45 300 200
7. Santa Fe 20 60 504 230
8. Leymus 0 25 70 88
9. Mukurin 5 3 0 0
10. Santa Ana 0 47 100 173
11. La Esperanza 134 100 500 904
12. Wiwinak 96 18 350 340
13. Sang Sang 0 186 209 415
14. El Cocal 45 18 40 66
15. Krasa 130 40 500 506
16. Kitaski 0 85 300 310
17 Raiti 0 450 1,000 1,460
18 Sixa Yari 0 234 600 804
19 Karrisal 57 0 142 200
20 Santa Isabel 0 126 400 132
21 San Pedro 47 30 150 270
22 Krin Krin 0 95 270 300
22 Pilpilia 0 91 376 170
23 Tulimbilia 8 30 150 78
24 Namahca 0 6 10 26
25 Suaksuakia 0 25 500 100
26 Kligna 0 66 121 206
27 Tulankira 0 25 131 141