LA NUEVA DERECHA
El estrepitoso fracaso del Gobierno del presidente Piñera y el mal desempeño en la primera vuelta presidencial de su sucesor, Sebastián Sichel, son plena prueba de una verdad que ya se podía observar desde octubre de 2019: la fórmula de la derecha tradicional (o piñerista) está agotada y es necesaria su renovación. Pero la renovación es un ejercicio mucho más complejo de lo que algunos miembros de la derecha tradicional piensan que es. No se trata de un mero abandono de los principios o de mudar de ideas acorde a las modas hegemónicas de la actualidad.
Si este fuera el caso, el segundo Gobierno de Sebastián Piñera habría sido uno de los más exitosos de la historia y fue todo lo contrario. ¿Cómo se renueva la derecha chilena? Esta es la pregunta que intentaremos resolver en esta Minuta Republicana.
CÓMONOSERENUEVALADERECHA:LOSVICIOSDELADERECHAPIÑERISTA Para construir el futuro siempre es necesario estudiar nuestro pasado para no volver a cometer los mismos errores. Visto de este modo, uno de los puntos positivos del legado del Gobierno del presidente Piñera es que nos muestra lo que no debe hacer la derecha en un futuro. Con todo, resulta curioso que sean los partidarios más entusiastas de Sebastián Piñera (que son a la vez los únicos defensores de su legado) quienes se pongan a la vanguardia de decirnos qué debe hacer la derecha para renovarse. Como no puede ser de otra forma, están en todo su derecho de opinar lo que quieran y buscar construir sus proyectos políticos como se les antoje. Arrogándonos el mismo derecho, consideramos que las propuestas de la derecha piñerista están equivocadas por estas razones:
“Apostar al centro” No puedes reducir la política a una cuestión geográfica
Tras la segunda vuelta de 2021, Álvaro Fischer y Francisco Covarrubias escribieron en El Mercurio que: «La opción razonable, entonces, con una mirada moderna del futuro, es volver a apostar al centro, que es hacia donde las personas finalmente confluyen. Por algo Boric fue exitoso en la segunda vuelta con un discurso que miraba al centro, y no lo fue con el más radical que utilizó en la primera. Pero conquistar el centro supone no privilegiar a quienes tienen visiones retrógradas».
Antes que apuntar al fondo de su argumento, es importante hacer una precisión en la forma del párrafo citado: sorprende el infantilismo con el cual Fischer y
Covarrubias describen la realidad política del país. Al mostrarse incapaces de razonar argumentativamente, no encuentran mejor alternativa que descalificar a ciertas posturas como “retrógradas” y autocalificarse a ellos como “modernos”.
¿Quiénes definen lo que es moderno y lo que retrógrado? ¿Ellos mismos?
Ahora vamos al fondo del asunto. A juicio de los autores la derecha debería
“apostar al centro” (es decir, dejar de ser de derecha) porque sería ahí dónde las personas confluirían. De ser esto cierto, las alternativas de centro político en el país serían exitosas y todo parece indicar que no sería el caso. Sin ir más lejos, Sebastián Sichel se declaraba “de centro” (a pesar de ser el abanderado oficial de la derecha tradicional y el Gobierno) y salió cuarto en la primera vuelta.
¿Por qué fracasan las opciones de “centro”? Porque los políticos de “centro”
piensan que basta con ser de “centro”, como si la política fuera un juego de posiciones, como si a un político de derecha le fuera posible dar “dos pasitos hacia el centro” para conseguir más votos. Como bien señala Agustín Laje en su último libro La batalla cultural: «la idea de centro no puede prescindir de la existencia de una derecha y una izquierda, y la unidimensionalidad se mantiene intacta. Más aún: tan difícil le resulta al “centro” escapar de la díada que él mismo se ubica a la
izquierda de la derecha y a la derecha de la izquierda, y como tal es considerado cuando se habla de estos contrastes relativos» (p. 400).
Otro error que cometen los creyentes en el poder político-mágico que tendría el centro es creer que el abstencionismo es de centro. Esto es absurdo, no debe existir un grupo más heterogéneo políticamente que los abstencionistas y no se puede construir un proyecto político con el fin de atraer a un grupo de personas de las que solo sabemos “que no van a votar”.
En definitiva, la apuesta de renunciar a ser derecha para convertirse en gente de centro tiene el destino asegurado al fracaso político. La política es mucho más compleja de como la pintan los centristas, es mucho más que ubicarse entre dos opciones políticas: es mostrar un proyecto de país con independencia a lo que otros propongan. Consiste en ir al encuentro de los ciudadanos y no confiar en que, si pensamos de cierto modo, ellos vendrán solos. La política significa persuadir a los demás señalando mis méritos antes que apuntar a los defectos de los demás.
Coincidimos con el sociólogo español Amando de Miguel cuando afirma que el centro es una “entelequia”:
Geométricamente, el centro es una realidad minúscula, incluso virtual, pues carece de dimensiones. Bien es verdad que, en un espacio urbano, el centro corresponde a la parte antigua y monumental; a veces también la más degradada. Pero en un círculo físico el centro es tan inmaterial como un punto. En una carretera el centro viene a ser solo una raya o una mediana entre las dos calzadas. El sujeto circula por su derecha (excepto en los países anglicanos) y los otros conductores vienen por su izquierda. Que conste que las nociones de izquierda o derecha no tienen más explicación física que una metáfora antropomórfica. La izquierda corresponde a la mitad longitudinal del cuerpo humano donde se halla el corazón.
En un espacio político las cosas están también bastante claras: las dos direcciones, la derecha (destaca la libertad) y la izquierda (antepone la igualdad). En buena teoría, el centro resulta tan irreal que se prefiere hablar de centroderecha o centroizquierda, pero entonces volvemos a la metáfora de las dos calzadas y a la insignificancia de la línea divisoria.
Amando de Miguel, La entelequia del centro
“La derecha debe adaptarse a los nuevos tiempos” ¿Los nuevos tiempos son los que define la izquierda?
Hay quienes piensan que la clave del éxito de la derecha sería renunciar a sus banderas identificables como la defensa de la familia, el derecho a la vida de todos los seres humanos desde la concepción hasta la muerte natural, el libre mercado, el orden público y el rol de la sociedad civil en la construcción del bien común. A esto se refieren cuando dicen: “la derecha debe adaptarse a los nuevos tiempos”.
Como si el término “nuevos tiempos” fuera neutro políticamente hablando; como si la hegemonía de la izquierda nada tuviera que ver en la configuración actual de la sociedad; como si esta forma de ver el mundo estuviera exenta de problemas.
Ahora bien, esto fue justamente lo que hizo el presidente Piñera en reiteradas ocasiones en su Gobierno. Llevado por la moda que causó el Oscar de la película Una mujer fantástica, Piñera cambió de opinión en materias de identidad de género. Temeroso de las implicancias que podrían tener eventuales demandas internacionales, Piñera no encontró mejor resquicio para salvarse que establecer suma urgencia al proyecto de “matrimonio igualitario” presentado por Michelle Bachelet en 2017.
Piñera versus Piñera 30 de mayo de 2017, Mentiras
Verdaderas
1 de junio de 2021, Cuenta Pública
«No es lo mismo, en mi opinión, la institución del matrimonio que — por su esencia; por su motivación;
por sus objetivos— es entre un hombre y una mujer que otra relación que tiene la misma dignidad, que merece la misma relación, pero que es de otra naturaleza».
«Pienso que ha llegado el tiempo de garantizar esa libertad y esa dignidad a todas las personas.
Pienso que ha llegado el tiempo del matrimonio igualitario en nuestro país. Por estas razones anunciamos hoy que pondremos urgencia al proyecto de ley que lleva años en el Congreso y que establece el matrimonio igualitario en Chile»
Ahora bien, no cumplir con la palabra empeñada es algo reprochable desde un punto de vista ético. Pero el colmo de este caso es que la jugada no le reportó ningún beneficio político. Sebastián Piñera mantuvo su aprobación en niveles vergonzosos, no llegaron grandes mayorías a respaldarlo. Tampoco le resultó a
Sebastián Sichel, por más que se presentara como el más progresista de los progres, fracasó en la primera vuelta obteniendo un cuarto lugar.
Como bien señalan los investigadores del Instituto de Estudios de la Sociedad, Claudio Alvarado y Manfred Svensson, se equivocan quienes creen que la modernidad se mide en función de las renuncias a los principios básicos de la derecha. En definitiva, el progresismo no es necesariamente moderación:
En ese sentido, quienes han insistido en dejar para el debate político y las mayorías legislativas muchos temas, y por tanto acotar el contenido de la Constitución a ciertos aspectos fundamentales, debieran ser los primeros en comprender que de cara a la elección de convencionales resulta razonable pactar con los que existe una mirada común en aquel puñado de temas. Después de todo, los lamentos por la falta de algo similar en la oposición sugieren que no fue un “Rubicón moral”, sino la incapacidad pragmática lo que impidió la unidad de la izquierda.
Con todo, tanto en la columna de Alenda como en múltiples otras reacciones, el punto más preocupante reside en la incipiente
intolerancia que sugieren ante visiones de mundo diferentes a las suyas. En efecto, la discusión en torno a este pacto electoral ha llevado a muchos a identificar el compromiso democrático con el mero compromiso con causas progresistas. Alenda cita materias específicas, como matrimonio y eutanasia, y también las cosmovisiones generales que subyacen tras esos planteamientos, como la creencia en que “el bien y la verdad” no son simplemente una construcción social. ¿Qué significa esta crítica? ¿Que todos aquellos que abrazamos algún tipo de antropología distinta a las de índole progresista no podemos participar en igualdad de condiciones del debate público? ¿Que son menos legítimas nuestras posiciones? ¿Que la moderación es patrimonio exclusivo del progresismo?
Stéphanie Alenda es una meticulosa estudiosa de la derecha chilena, pero imaginar que posiciones conservadoras indican por sí solas falta de credenciales democráticas revela un significativo estrechamiento de horizontes que, por lo demás, acaba alimentando la estridencia y la polarización. A fin de cuentas, es un profundo error suponer que la derecha sólo será moderna si renuncia a la antropología que en Chile ha inspirado los principios desde la DC hacia la derecha (y que
personas de izquierda pueden también abrazar). Se trata, desde luego, de posiciones perfectamente legítimas y que bien pueden ser defendidas de modo razonable; que hasta hace poco constituían un extendido patrimonio cultural; y que son parte de la vida democrática en las sociedades pluralistas de todo el mundo. Pintar las cosas de otro modo, como si la moderación o el carácter democrático pasaran por adhesión a una visión liberal o progresista, sí que implica cruzar peligrosamente un Rubicón.
Claudio Alvarado y Manfred Svensson, Moderación no es progresismo
CÓMO SE RENUEVA LA DERECHA
Frente al gobierno social-comunista de Gabriel Boric y los vientos totalitarios y extremistas que soplan desde la Convención Constitucional, es necesario el surgimiento de una Nueva Derecha que, a diferencia de la vieja derecha piñerista, sea capaz de hacerle frente a la izquierda y proponerle al país un modelo alternativo. En resumidas cuentas, renovar a la derecha implica revitalizar los principios que hacen sólidas a las instituciones, plenas a las sociedades y prósperas a las naciones. Significa también ampliar nuestra base social con vocación de mayoría.
Revitalizando nuestros principios
Los principios son la raíz de todo proyecto político, constituyen la base y la razón del porqué estamos en el servicio público. Quien está en política y no tiene principios es un vulgar cazador de rentas o, en el caso menos malo, un burócrata sin vocación. Si bien los principios son una condición necesaria para un político honesto y decente, no son una condición suficiente, no sacamos nada con tener a políticos capaces de recitar un decálogo con principios si no son capaces de
encarnarlos. Necesitamos demostrar que nuestros principios son los que hacen de Chile un país mejor y para eso no basta con su mera repetición.
Hoy, a causa de la crisis económica, política, social y moral de Chile nuestras ideas no solo tienen plena vigencia, ahora son totalmente necesarias. Tenemos un deber con Chile de dar nuestro mayor esfuerzo por brindarle al país una alternativa seria de gobernabilidad. La derecha piñerista nos demostró que no sacamos nada con llegar al poder y tener cargos públicos si seguimos implementando las ideas del contrario.
Para revitalizar nuestros principios, tenemos que saber primero en qué creemos.
El profesor Gonzalo Rojas contestó a esta pregunta en El Mercurio hace algún tiempo:
Aunque lo primero es hoy más urgente, lo segundo es siempre más importante. Y como los problemas doctrinarios y prácticos que se han planteado han sido muchos, qué mejor que ir uno por uno.
Partamos por el evidente deterioro del Estado de derecho. ¿Qué cree la derecha? “La Ley se cumple de manera estricta, cabal y oportuna.
La autoridad se respeta. Sin seguridad y protección, la persona no puede ejercer el resto de sus derechos fundamentales”. Por eso, “el Poder Judicial debe enmarcar su acción a la aplicación estricta de la ley” y “la seguridad pública, junto con el derecho a la vida y resguardo de la integridad física y psíquica, el respeto a la propiedad y libertad de tránsito y residencia, son garantías mínimas que el Estado debe defender con todas sus fuerzas”.
Sobre los derechos humanos, la derecha sostiene que los atentados en su contra “pueden ser llevados a cabo por el Estado, organismos intermedios y/o personas naturales”, y, para La Araucanía, promueve
“una ley de reparación para estas víctimas, junto con una urgente modificación a la Ley Antiterrorista”, a lo que suma que “las FF.AA. y de Orden son las poseedoras exclusivas de las armas en Chile; ningún grupo o asociación política o de otro orden podrá tenerlas (porque) el rol de las FF.AA. también incluye la participación, junto a las
Fuerzas de Orden, en el control de otras amenazas internas de acuerdo a la ley”.
Continuemos ahora con los recientes atentados a la autoridad paterna.
¿Cómo enfoca el tema la derecha? “Reconocemos el derecho preferente de los padres a escoger la educación de sus hijos, así como la obligación de hacerse cargo de esta”. Y respecto del clima de agresividad, intolerancia y descalificación, la derecha afirma:
“Defendemos la libertad de expresión, la tolerancia, la búsqueda de la verdad”, principios que hoy “están seriamente amenazados... vía el silenciamiento de opiniones distintas en la expresión cultural, científica y en la prensa y vía ataques físicos, psicológicos y mediáticos” a quienes no están “alineados con el ‘socialismo identitario iliberal' que domina la izquierda chilena”.
Y si la corrupción sigue abriéndose paso, ¿qué hacer? “La probidad y transparencia deben pasar a ser primera prioridad para la autoridad política; Chile necesita urgentemente reconstruir las confianzas”,
dentro de una cultura entendida como “el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social”.
Y en ese contexto, ¿toda modernidad es aceptable para la derecha? No.
“Rechazamos los intentos de utilización de las materias de Derechos Humanos, género, orientación sexual, inmigración y ambientales como elementos de dominación sobre quienes piensan distinto;
rechazamos el intento de enmarcar como propagadores de un
‘discurso de odio' a quienes sostienen visiones ideológicas diferentes al postmodernista neo-marxista”.
Bueno, y sobre el tema del minuto, sobre pensiones, ¿qué ideas defiende la verdadera derecha? Estas: “El sistema de pensiones debe ser uno de Capitalización Individual sin componentes de Reparto;
todo chileno tiene derecho a determinar quién administra sus ahorros; las personas son dueñas de la totalidad de sus ahorros,
debiendo ser usados de manera exclusiva para el fin para que fueron recolectados”.
¿Por qué he entrecomillado las respuestas? Simple. Porque no debo citar los principios rectores de Ideas Republicanas, el centro de estudios del Partido Republicano, sin reconocer su autoría.
Gonzalo Rojas, ¿Cree en algo la Derecha?
Siendo una oposición responsable
Muchos se preguntan cómo debería actuar la derecha ahora que es oposición al Gobierno del presidente Boric. Hay algunos que postulan ser una oposición constructiva y no faltan quienes le desean suerte al presidente Boric, aduciendo que “si le va bien a Boric, le va bien a Chile”.
Estimamos que esta pregunta parte con un fundamento equivocado porque nuestro compromiso político no es con el presidente Boric, es con Chile. Por eso, no tiene sentido hablar de una oposición constructiva, tenemos que ser una oposición responsable con nuestro país y exigente con un Gobierno que ya ha demostrado en sus primeras semanas una clara connivencia con los delincuentes y un evidente desprecio por los chilenos trabajadores, decentes y cumplidores con la ley de los cuales depende el porvenir del país.
Gabriel Boric ha propuesto indultar a delincuentes, tanto la ministra del Trabajo como la de Interior han manifestado su intención de robarle los fondos de pensiones a los chilenos, la ministra vocera y (nuevamente) la Interior hablan de instaurar manuales que “orienten” cómo debe informar la prensa. Si en estas tres
cosas el Gobierno de Gabriel Boric es exitoso, eso no significará otra cosa que el desastre para Chile.
Por esta razón, no hay espacio para el buenismo de la vieja derecha piñerista. La ciudadanía espera de nuestro sector a políticos serios y exigentes con el Gobierno.
Si algo nos mostró el Gobierno de Sebastián Piñera y la Convención Constitucional es que los consensos beneficiosos para el país no se consiguen por medio de agradar a la izquierda. Para lograr esas clase de consensos se precisa de una derecha fuerte y la votación conseguida en segunda vuelta por nuestro sector da cuenta de que existe una gran base social que espera lo mejor de nosotros, como bien lo señala Cristián Valenzuela:
Hasta ahora, Gabriel Boric ha gobernado como el candidato de la primera vuelta. Su agenda ha estado nítidamente marcada por la impronta comunista y los gestos a los radicales que le permitieron pasar al ballotage. Poco y nada queda del sello republicano que asomaba luego de la elección y que lo habían convertido en una esperanza para los sectores más moderados y en una alternativa capaz de enfrentar la grave crisis social, institucional y económica que vive Chile. Inevitablemente, de seguir así, su gobierno está condenado al
fracaso y con él, todos los chilenos que aspiran a recuperar la senda del progreso y la tranquilidad perdida.
Gabriel Boric tiene que entender que no solo es el Presidente más votado, sino también, que los 3.7 millones que votaron por el otro candidato, lo convierten en el Presidente con más votos en contra de nuestra historia. Si de verdad quiere un gobierno exitoso, Boric debe aspirar a gobernar para todos y no solo para los que lo eligieron, impulsando una agenda que sin dejar de lado sus convicciones, sea sensible con aquellos a quienes no representa. Como Cantinflas.
Cristian Valenzuela, Como Cantinflas
Siendo valientes
Ya lo dijimos en una Minuta Republicana anterior: «Si la hegemonía cultural de la izquierda es manifiesta, si buena parte de sus seguidores están dispuestos a utilizar todos los medios disponibles en contra nuestra ¿Cómo se nos puede ocurrir que esta batalla cultural la podemos ganar siendo timoratos? A ningún lado llegaremos
si seguimos secuestrados por la lógica de la izquierda. Necesitamos políticos audaces y sin temor al qué dirán»:
Es preciso por lo tanto que la derecha asuma formas audaces de oponerse al indisimulado intento, no ya de cambiar de régimen político, sino también de excluirla del ámbito de la política. Aquí aparece la tentación centrista que es recurrente en el ámbito de la derecha. Cada cierto tiempo aparece un intelectual, un dirigente (…) o un periodista que alerta a la derecha del peligro del radicalismo y de la necesidad de recuperar la senda de la moderación.
Frente a estas dos vías aporéticas, que conducen a la derecha a su desaparición de facto del ámbito de la política y que la condenan a heredar la mera gestión del desastre que suele dejar la izquierda cuando gobierna, surge una tercera posibilidad (…) e intentar jugadas audaces que desplacen los términos del discurso político hacia escenarios que le resultan especialmente incómodos a la izquierda.
Carlos Barrio, La fortuna sólo favorece a los audaces: un recado para la derecha
Sea el primer signo de valentía y carácter de la nueva derecha el evitar
Sea el primer signo de valentía y carácter de la nueva derecha el declararnos abiertamente “de derecha” sin más, sin ambigüedades, cosa a la que nos invita el historiador Adolfo Ibáñez:
La tarea de hoy para la derecha radica en superar la insignificancia político-institucional en que se encuentra. Y para ello deberán surgir líderes que hablen un lenguaje que sea escuchado, que la interpreten de verdad y que, además, sean capaces de aglutinar a los futuros desencantados de la demolición izquierdista. Con propuestas realistas y de largo plazo, que no se empantanen en la próxima elección (quizás con qué marco legal se realizará). Para esto se requiere de una derecha sin apellidos ni temores de plantear sus postulados de siempre. Una que sea verdaderamente derecha y capaz de plantear con claridad y
valentía un camino de futuro para labrar un país grande, donde todos quepamos y nos reconozcamos como compatriotas.
Adolfo Ibáñez, Alarma Siendo leales tanto con nuestra base electoral como con nuestros aliados
¿Cómo se puede aspirar a una mayoría si maltratamos a nuestros simpatizantes más leales? Como ya lo dijimos, la derecha antigua piñerista piensa que la mejor forma de lograr mayorías era ir en búsqueda del voto “de centro”, mientras que se secuestraba al votante “de derecha” con el discurso del miedo y el voto útil —
“nosotros o el caos”—. Esta clase de voto cautivo es una estrategia tan miserable como poco efectiva en el largo plazo, como bien señala el pensador Amando de Miguel:
Vamos a cuentas. La petición del "voto útil" la repiten tanto los edecanes de Casado que por fuerza habrá que suponer que se halla muy pensada. La juzgo profundamente inmoral porque el voto debe ser siempre auténtico y personal, con convicción. En algún caso particular cabe justificar que el votante, en uso de su libertad, se incline
por la lista "menos mala", pero es una conducta que no debe aconsejar ningún partido. Resulta petulante el argumento de un líder político de que son "votos perdidos" los que no sirven para conseguir un diputado en la provincia correspondiente. En el fondo late la sospecha de que su partido va a obtener menos sufragios de los esperados o los merecidos.
Amando de Miguel, La inmoralidad del voto útil
Al igual que en España, la moderación centrista tiene una razón oculta y ruin como bien denuncia Federico Jiménez Losantos: «la famosa moderación centrista, que permite a los líderes de la derecha despreciar a la inmensa mayoría de las bases que tienen para cortejar a las bases que no tienen ni tendrán jamás. En realidad, lo hacen para cortejar a los medios de comunicación de izquierdas, que son la gran mayoría y que les perdonan la vida siempre que traicionen sistemáticamente a los suyos».
Debemos rechazar esa tentación del voto cautivo, porque no somos dueños de los votos de los chilenos. Debemos respetar a nuestras bases porque no basamos nuestros liderazgos en personalismos, nuestro vínculo con ellos es todavía más
profundo: estamos juntos en virtud de las ideas y eso también terminará convenciendo a otros que, si bien, no compartirán nuestro ideario en su totalidad, siempre sabrán que pueden confiar en una alternativa seria que no los abandonará. Nuestro éxito político no puede basarse en el engaño como lo hizo la derecha antigua piñerista. Debemos ser capaces de brindar un discurso atractivo, pero por sobre todo coherente. Para que todos los chilenos no se vean en la necesidad de sacrificar la lógica de sus planteamientos por apoyar a un líder, cosa muy común a la hora de apoyar al presidente Piñera.
FORMACIÓN REPUBLICANA
Todo republicano tiene el deber de formarse al mayor nivel posible. Si le dedicaras 1 hora de estudio al día a este tema (leyendo una página cada 5 minutos) en 7 días podrías tener una muy buena formación en torno a este tema. Te recomendamos la lectura de los siguientes escritos:
Día 1 Adolfo Ibáñez, Alarma
Día 2 Cristian Valenzuela, Como Cantinflas
Día 3
Acción Republicana, Chile necesita un proyecto de derecha Día 4
Día 5 Gonzalo Rojas, ¿Cree en algo la Derecha?
Día 6 Claudio Alvarado y Manfred Svensson, Moderación no es progresismo
Día 7 Amando de Miguel, La entelequia del centro