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DISCURSO DE DANIEL SADA, RECTOR DE LA UFV, EN EL ACTO DE INAUGURACIÓN DEL CURSO ACADÉMICO 2013-14
Rvdo. P. Florencio Autoridades académicas,
Queridos profesores, colegialas y personal de administración de la universidad, Querido primer lector magistral,
Queridos amigos,
Quiero comenzar agradeciendo la presencia de todos cuantos habéis querido acompañarnos en este solemne acto de apertura.
Al profesor Andrew Miles, que nos ha dirigido la primera lección, y magnífica, de este curso académico. Muchas gracias Profesor Miles.
Reitero mi especial felicitación a los nuevos doctores por UFV, Miguel Osorio, Carmen Romero y José Luis Parada así como al resto de profesores de la universidad que durante este año se han doctorado por otras universidades.,
También felicito a los profesores que durante este año han avanzado en su carrera académica, particularmente a los nuevos profesores titulares Maite Iglesias y María Lacalle y a la nueva profesora agregada Susana Martín.
Los datos del curso académico ya los ha dado el Secretario General; la lección académica, el profesor Miles. Yo quiero compartir con vosotros unas palabras que tienen que ver con un hecho simbólico: que cumplimos 20 años. Es una convención, pero los aniversarios se utilizan para hacer balance, echar la vista atrás, ver el camino adelante, agradecer, preguntarse qué pinta uno ahí, qué significa la propia trayectoria vital. Hace veinte años el Centro Universitario Francisco de Vitoria empezaba su andadura, con un acto académico que en aquel entonces tuvo lugar en el Auditorio Ramón y Cajal de la Facultad de Medicina de la UCM, presidido dicho acto por el Rector, Gustavo Villapalos, a quien siempre recordamos con afecto, especialmente en
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un día simbólico como hoy y con quien siempre nos unirá una inmensa deuda de gratitud.
Pero esta deuda de gratitud no se agota con el Rector y la Universidad que nos acogió en nuestros orígenes como Centro Adscrito. Muchas personas e instituciones creyeron en este proyecto, nos ayudaron más allá de lo que los usos en los negocios suelen aconsejar. Ello me permite recordar hoy al Corte Inglés, a CEMEX, al Banco Urquijo y a FCC, entre otras instituciones que de manera milagrosa, sin avales, sin alumnos todavía en las aulas, nos prestaron todo lo necesario para comenzar en aquel octubre de 1993 que luego acabamos pagando religiosamente, pero eran años aquellos también de crisis y el ambiente no era propicio para la confianza en unos desconocidos que empezaban un proyecto privado de educación superior en España.
También recuerdo y agradecimiento para tantas personas que en aquellos orígenes se sumaron al proyecto, en algunos casos dejando proyectos más consolidados (caso de Mercedes Alegre), todos ellos convencidos de que las dificultades y penurias de los principios no empañaban un proyecto auténtico de universidad católica que, con tanta modestia como convicción, quería ser una voz que se oyera en el panorama de la educación superior española e internacional.
Un agradecimiento y recuerdo especial para el inspirador y primer promotor de este proyecto, el P. Florencio Sánchez, que por suerte 20 años después sigue empujándolo, y a los que conformaron aquellos dos primeros equipos, uno de gestión del proyecto y otro de reflexión sobre el primer ideario, que trabajaron denodadamente en la recordada oficina prestada de la Glorieta de Quevedo.
Y por último un agradecimiento sincero a todos los que, ladrillo a ladrillo, han construido el edificio joven pero prometedor que significa Francisco de Vitoria, la mayoría de vosotros todavía aquí y algunos que ya nos han dejado pero que nos acompañarán siempre en el recuerdo. Recuerdo que hoy es especial para los que muy a su pesar no están hoy aquí por motivos de salud, y que esperamos y rezamos para que estén pronto de vuelta.
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Decía Séneca que la vida a nadie se le da en propiedad, sino a todos en administración.
La vida que representa esta universidad, nos es dada en administración. Nadie es propietario y todos somos administradores. Administradores de un tesoro, de una riqueza que puede ser de incalculable valor, para nosotros, que la vivimos como protagonistas, para los alumnos que confíen en nosotros y para la sociedad.
Hoy con este 20 aniversario simbolizamos también el agradecimiento por lo que recibimos y el compromiso con lo que queremos entregar a las futuras generaciones; o compromiso, sin ir más lejos, con las metas a las que nos gustaría llevar a la Universidad en su 25 aniversario, en 2018.
El año pasado, en este mismo acto, compartí con vosotros la impresión que me produjo el acto oficial de apertura de las universidades españolas en la UNED. Todos los discursos, detrás de las palabras formales, rezumaban pesimismo, nostalgia de un pasado universitario que querríamos recuperar, o en cualquier caso dolor por un presente que pronto debíamos superar y dejar atrás.
En aquel contexto de recortes presupuestarios, caída de alumnos en las universidades públicas y privadas, despido de profesores, cierres de carreras y de centros, nosotros nos preguntábamos: un año más para qué. Por qué nos eligen 1000 nuevos alumnos, por qué depositan su confianza en nosotros…
Esto fue el año pasado, pero este año el panorama universitario español no es mejor.
Directamente se ha suspendido la apertura del curso universitario, que iba a tener lugar en la Universidad de Zaragoza, por temor de las autoridades universitarias a los disturbios.
Y todo ello lo digo porque sería injusto o al menos ingrato por nuestra parte si miramos la realidad, si escuchamos el balance que nos ha hecho el Secretario General, o si recibimos los datos de las previsiones para el nuevo curso, sin tener en cuenta el contexto social y universitario de España, del que este hecho que acabo de mencionar es solo un exponente.
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Por tanto no podemos dejar de mirar en este contexto qué significa y qué responsabilidad supone para nosotros el hecho de que
tengamos un crecimiento previsto de un 10% del alumnado de grado,
que hayamos crecido un 50% en la actividad de posgrado durante el curso pasado y con mejores perspectivas para el año que viene,
que el crecimiento esperado de CETYS alcance cifras que no teníamos desde hace cuatro años,
que estén madurando cada vez más los esfuerzos porque las ciencias que enseñamos, la manera en que las enseñamos y la forma en que acompañamos a los alumnos sea cada vez más excelente y más aportante,
que estemos preparando cinco nuevas carreras para el próximo año,
que estemos renovando instalaciones y generando nuevos espacios, para tanta nueva actividad,
… y todo ello, bañado o trufado de tantas ilusiones, tantas esperanzas, tantos empeños, tantas equivocaciones y junto con las equivocaciones tanto afán sincero de superación, tanta grandeza humana y entrega silenciosa…
Ciertamente somos administradores de un gran patrimonio, que en un día como hoy conviene recordar de qué está compuesto, cuáles y de qué tipo son las joyas que configuran el tesoro:
Nuestro patrimonio más universal es la tradición histórica de una institución nueve veces centenaria, como es la universidad. Heredamos la tradición de una institución cuyo papel ha sido nada menos que vertebrar la generación de pensamiento y el desarrollo científico y técnico de la civilización occidental.
Nuestro patrimonio más doméstico son los 20 años de Francisco de Vitoria, en que han pasado tantas cosas, pero sobre todo en que el terreno de nuestra pequeña parcela del jardín universitario se ha abonado de manera tan fecunda y tan prometedora para futuras cosechas.
Nuestro patrimonio es la comunidad humana que hemos conformado, intangible pero real, que nos hace ser mucho más que la suma de individuos que trabajan a
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cambio de un sueldo. Realmente, uno más uno más uno hasta los quinientos trabajadores que somos, nos hace ser mucho más que esos quinientos.
Nuestro patrimonio es la confianza que cada año mil nuevos estudiantes y tres mil que continúan, hablando solo del grado, depositan en nosotros y cruzan la puerta de nuestra casa, nos miran a los ojos y nos dicen: algo bueno me va a pasar aquí, lo intuyo, lo creo. Me fío de ti.
Nuestro patrimonio es la seguridad de que podemos aportar algo para responder al grito de la sociedad que reclama hombres y mujeres veraces, que crean en el servicio y en la gratuidad, que estén dispuestos a hacer el bien desde el desempeño profesional para el que han elegido prepararse y desde la ciencia que se han decidido a conocer.
Nuestro patrimonio es que queremos que nuestras carreras, y toda la actividad de la Universidad, tenga a la persona en el centro. El profesor Miles nos ha hablado de medicina centrada en la persona. Pero bien podríamos hablar de periodismo centrado en la persona, arquitectura centrada en la persona, economía, derecho, fisioterapia, enfermería, biotecnología… centradas en la persona. Realmente es un patrimonio concebir la formación universitaria centrada en la persona y no en técnicas, en conocimientos, en buenos desempeños profesionales.
Nuestro patrimonio es el convencimiento de que este proyecto merece la pena, de que nos estamos orientando a hacer algo grande, y de que podemos estar a la altura de lo que la historia espera de nosotros.
Nuestro patrimonio es, en fin, no sentirnos dueños, sino administradores. Y cuando uno es administrador, sabe que hay otro que es dueño. Como universidad católica y también como individuos, cada uno desde su nivel de fe y de búsqueda, compartimos la convicción de que es Dios el que nos hace el encargo, un Dios que no se desentiende de nuestra historia sino que le importa lo que aquí suceda, lo que sucede cada día de nuestra historia Francisco de Vitoria; un Dios que espera mucho del bien que desde esta universidad se pueda hacer, y que ha estado y estará, siempre ahí, escondido pero presente y actuando.
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Todo este patrimonio es el que heredamos después de 20 años. Estos son los talentos que recibidos, tenemos la grave obligación y a la vez la suerte de poner a producir.
Que Dios nos ayude en esta nueva etapa que comienza, en los próximos 20 años, y de ellos, en este primer curso académico, que declaro oficialmente inaugurado.