EL DE EODEM ET DIVERSO DE ADELARDO DE BATH: LA BÚSQUEDA DE UNA «SÍNTESIS» EN EL
RENACIMIENTO DEL SIGLO DOCE
UMVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID Departamento de Filosofía
Curso 1993-1994
c. 6O2’2
Tesis presentada por Pedro Mantas España, bajo la dirección del Prof. Dr. Charles Burnett, Profesor Titular en el Warburg Institute de la Universidad de Londres, y bajo la tutela del Prof. Dr. D. Mariano Brasa Díez, Profesor Titular de la Filosofía.
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Aunque estas primeras líneas de los trabajos siempre me han cautivado cuando las he leído en las obras de otros. Me doy cuenta ahora, al tenerlo que hacer yo mismo, qué difícil reconocer toda la atención y la ayuda con que los amigos y los compañeros se prestan a colaborar. Quisiera aprovechar este espacio para agradecer y reconocer tan inestimable ayuda. En primer lugar, dar las gracias y todo mi reconocimiento al Dr. Charles Burnett, quien sin conocerme ni saber de mí, atendió encantado mi solicitud de su asesoramiento y guía para el estudio sobre Adelardo que, con el tiempo, ha llegado a plasmarse en lo que hoy es este trabajo.
Mis inicios con él y su sorpresa antes mis desproporcionados propósitos iniciales, fueron concretándose con el tiempo, dentro de
unos límites más plausibles. Al Dr. Bumett y su magisterio debo el haber comenzado una labor de estudio y una metodología de trabajo que yo espero poder ir modelando y corrigiendo, aprendiendo cada vez más a ceñirme a los textos y poner un límite a mi propensión hacia las divagaciones. Deseo expresar aquí mi más sincero reconocimiento al Dr. Cantón, por ser quien muy inicialmente acepto asesorarme en mi trabajo sobre Adelardo, quien me introdujo en el magnífico y amistoso ambiente del Departamento de Filosofía de la Universidad de Córdoba, y quien tanto me ha ayudado en la traducción al español de la obra de Adelardo. En este mismo sentido quedo muy agradecido al Dr.
Riaza y al Dr. Castro (del Dept. de Lenguas Clásicas) por sus claras y precisas anotaciones y comentarios sobre el texto latino;
en este mismo sentido quisiera recordar aquí las pertinentes aclaraciones que me hizo el Dr. Italo Ronca (Universidad de Pretoria). Deseo hacer también mención a la magnifica acogida que mis comentarios y mis preguntas han tenido en el Dr.
Iwakuma (Inversidad de Fukui). Así mismo quisiera expresar mis más sincero agradecimiento al Dr. Rafael Ramón y al Dr. Mariano Brasa por sus inestimables consejos. Mi agradecimiento al Departamento de Filosofía de la Universidad de Córdoba, al Dr.
Ramón Román y la Dr. Gloria Santos por la ayuda y los consejos que me han prestado, al Departamento de Filosofía de Universidad Autónoma de Madrid por haberme facilitado y acogido la presentación de mi proyecto, y a la Dirección General de Investigaciones de la Junta de Andalucía por las ayudas que me ha concedido, y sin las que no hubiese podido llevar a cabo mi primera estancia en el Warburg Institute. A esta Institución de la Universidad de Londres y a su director, el Dr. Nicholas Mann, mi más sincera admiración y reconocimiento.
ÍNDICE
Prefacio 6 •
Introducción: Prensentación e hipótesis de trabajo7
CAPÍTULO PRIMERO
El SIGLO XII, APROXIMACIÓN AL SIGLO Y LA OBRA DE ADELARDO DE BATH
1. Introducción16
2. El sentido «literal» del renacimiento del doce20 2.1. El interés por los clásicos y las traducciones27 2.2. El renacer de la ciencia37
2.3. El impulso de la filosofía51 3. El doce como «reinvención»60
3.1. Adelardo de Bath, su actividad y su obra65 3.1.1. Sus orígenes65
3.1.2. Status y formación67 3.2. La obra de Adelardo70
3.2.1. Catálogo de manuscritos71 3.2.2. La influencia árabe en general87 3.2.3. La influencia árabe en Adelardo92
CAPÍTULO SEGUNDO
PARA UNA COMPRENSIÓN DEL ECLECTICISMO REALISTA:
VOCALES Y NOMINALES
1. Introducción98
2. El realismo y los orígenes de la polémica105 2.1. El realismo de Anselmo115
2.2. Odo de Cambrai119
2.3. La indfferenctja en Champeaux121 3. El «vocalismo»125
3.1. Fuentes aportadas por Iwakuma129
3.2. Primeros indicios de la controversia132 3.3. Garlando y Abelardo137
4. Surgimiento del nominalismo143
4.1. Las lecturas de Chenu y Vignaux144
4.2. Algunas fuentes relevantes de principios del doce152 4.3. Algunas conclusiones159
4.4. Nominalismo, ¿problema gramatical o lógico-teológico7163 4.5. Reales-voces-nomem167
4.6. ¿Nominalismo en Abelardo9174
4.7. Las respuestas desde una visión más tradicional (Iwakuma) 179 4.8. La fuentes aportadas por Iwakuma182
4.9 Crítica a las fuentes aportadas193 4.10. El origen del térmnio nominales197
CAPÍTULO TERCERO
LA ARGUMENTACIÓN DEL DE EODEM ET Dl VERSO DE ADELARDO DE BATH
PARTE la: LA TRADUCCIÓN207 PARTE 2a:
3.1. Introducción262
3.2. La exposición seguida por Adelardo265 3.3. Significado de la ind/J’erentia en Adelardo272
CONCLUSIONES283 BIBLIOGRAFÍA287
APÉNDICE 1: La edición del De eodem et diverso
APÉNDICE II: Algunas fuentes textuales citadas de interés
APÉNDICE III: Índice de Concordancias del De eodem et diverso
INTRODUCCIÓN
Presentaci6n e hipótesis de trabajo.
INTRODUCCIÓN. PRESENTACIÓN E HIPÓTESIS DE TRABAJo 8
La presente investigación trata de responder a dos objetivos fundamentales:
El primero, el que constituye el origen de este trabajo, se centra en la edición y la traducción del De eodem et diverso de Adelardo de Bath. El segundo pretende contextualizar la obra de Adelardo y sus esfuerzos de «síntesis’> platónico aristotélica, dentro de un período decisivo para la historia de la filosofía medieval, el así llamado «renacimiento del siglo doce».
Estos dos objetivos guardan una estrecha relación con aquello que en un principio me animó a la investigación de estos temas. Los motivos iniciales se vieron animados por una serie de lectura incipientes sobre la historia de la ciencia en la Edad Media y sobre el papel que en ella viene a representar la obra de Adelardo de Bath.
Ahora bien la raíz de donde surge mi interés por el doce y por la obra de Adelardo hay que remontarlo a un ámbito estrictamente ifiosófico, a saber: mi interés por la hermeneútica ifiosófica.
Quiero decir que este estudio tiene como origen una problemática que podría extenderse a otros períodos, otros autores u otros textos. El problema original del que partí puede resumirse diciendo que: ante las dificultades que plantea una lectura progresiva del acontecer histórico-textual; ante las dificultades por defender
INTRODUCCIÓN. PRESENTACIÓN E HIPÓTESIS DE TRABAJO 9
una tratamiento encadenado de los distintos fenómenos epocales, y debido a las dudas que expresan algunas de las actuales investigaciones en tomo a las llamadas
«teorías paradigmáticas»; he pensado que el interés por el problema de la historicidad encuentra unas nuevas capacidades a la luz del análisis histórico en tanto que interpretación textual.
La apelación a los textos es algo tan antiguo como nuevo. Nuevo, si se consideran las posibilidades que los textos tienen para convocar y evocar lo que
siempre queda por pensarse o reinterpretarse desde nueva actualidad.
La razón que me impulsó a centrarme en Adelardo y el siglo doce como tema de la tesis se basa: en haber comprendido paulatinamente el interés que reviste la Edad Media como uno de los tres grandes momentos en la historia del pensamiento; haber comprendido que el carácter esencial de este período consiste en dar cobijo al resurgimiento de la conciencia filosófica.
Cada día más alejada, para beneficio de todos, aquellas lecturas que veían en lo medieval la fuente seca de un paisaje desolado; la vitalidad y el desarrollo que en la actualidad están tomando los estudios medievales, pueden entenderse como la manifestación de un resurgir muy similar a aquél que fue apareciendo a lo largo del doce; una manifestación basada en el elemento fundamental que anima todo pensar: la búsqueda y el descubrimiento.
INTRODUCCIÓN. PRESENTACIÓN E HIPÓTESIS DE TRABAJO 10
El título de la presente investigación responde a los siguientes objetivos e hipótesis:
Primer objetivo: Editar el De eodem et diverso de Adelardo de Bath a partir del original manuscrito (Ms. Paris, BN, laz. 2389, fois. 8lva-9Ovb). Pues, la única edición existente (Willner, BGPTM, IV, 1, Münster, 1903), con todo el interés que tuvo y tiene - si tenemos en cuenta las fechas en que se llevó a cabo - y siendo un importante trabajo de prospección sobre Adelardo; no puede considerarse como definitiva. La presente edición del texto está sujeta a la más general que el Dr. Burnett prepara, con la colaboración de algunos investigadores entre los que me encuentro, sobre algunas obras de Adelardo.
Segundo Objetivo: Llevar a cabo la primera traducción al español de una obra de Adelardo de Bath. Lo que constituye el primer trabajo sobre un texto de Adelardo realizado en un país al que Adelardo tanto debe por varias razones.
Tercer Objetivo: Ofrecer un marco referencial histórico sobre el siglo doce (aunque cuando hablo del doce también incluyo el período fmal del once) y un análisis sobre la significación de este período en el conjunto de la Historia de la Filosofía y, más en concreto, en la Edad Media. Deteniéndome en una temática que en el ámbito investigador de nuestro país quizás no ha recibido un tratamiento lo suficientemente acorde con su importancia.
INTRODUCCIÓN.PRESENTACIÓN E HIPÓTESIS DE TRAHAJO Ii
Cuarto Objetivo: Extenderme en uno de los temas planteados en el De eodem et diverso, el problema de los universales y la polémica entorno al «vocalismo», a la
luz de algunas de las recientes investigaciones.
Para la consecución de dichos objetivos he perseguido las siguientes hipótesis de trabajo:
Primera hipótesis general: En estudio del así llamado «renacimiento del siglo doce» puede llegar a una compresión del fenómeno de la «recuperación» de un pasado clásico en dos sentidos: como «renacer» de lo que había quedado relegado y prácticamente desconocido; como «reinvención» de una época que, a tenor de dicho descubrimiento, pretende dar respuesta a una época y un acontecer centrados en el momento histórico determinado.
Segunda hipótesis general: En el surgimiento de una «nueva actitud frente al conocimiento», la obra árabe y las traducciones juegan un papel determinante:
aportar un material y un modelo de trabajo que facilita un modo de acercamiento a la realidad centrado en un «ir a las cosas».
Tercera hipótesis general: El De eodem et diverso, puede ser leído como una interesante aportación al debate de transición entre el «vocalismo» y el
«nominalismo», en marco del problema de los universales, y en el cual la postura de Adelardo manifiesta un eclecticismo o un esfuerzo de «síntesis» en su lectura de Platón y Aristóteles.
INTRODUCCIÓN. PRESENTACIÓN E HIPÓTESIS DE TRABAJO 12
Estas hipótesis generales se concretan en las siguientes hipótesis específicas:
l. - Una metodología para el estudio de la historia de la filosofía y sus textos, una vez concretada en el trabajo sobre una obra, ha de intentar demostrar si los presupuestos epistemologicos con que se opera en el punto de partida, se ven o no corroborados por dicho estudio.
2 a• - Las categorías con las que tradicionalmente se han tratado los texto y el marco referencial de «lo medieval», a saber, época oscura, época «media», etc.
podrían no responder a la realidad que refleja la lectura atenta de los textos de una época.
3 a• - El renacimiento del doce lo es en un sentido «literal» por lo que se refiere a el descubrimiento de las obras de los clásicos aportadas por las traducciones árabes y la transmisión en griego, pero también por interés renovado hacia las obras clásicas ya conocidas.
4a Entre los aspectos más característicos de ese «renacer» se encuetra lo que podría denominarse un «nuevo impulso de la ciencia» cifrado en una actividad que comienza a plantear, de nuevo, el problema del método de la investigación.
INTRODUCCIÓN. PRESENTACIÓN E HIPÓTESIS DE TRABAJO 13
5a Este nuevo impulso de la ciencia así como el incremento de la actividad en el debate filosófico sirven de apoyo a lo que podría considerarse el elemento significativo de un segundo sentido de «renacimiento»: el renacimiento como
«reinvención».
• - Puede hablarse de renacimiento como «remvención» porque la percepción de las nuevas aportaciones que van surgiendo desde finales del once y a todo lo largo del siglo doce pretenden situar estas aportaciones en el contexto de los debates filosóficos y teológicos que se están produciendo en el occidente latino.
Un ejemplo muy interesante de esta «nueva actitud» de que hablamos puede seguirse a lo largo del trabajo emprendido por Adelardo de Bath; sus traducciones, sus obras de estudio de la naturaleza y su reflexión sobre las artes y el problema de los universales a la luz de un matizado «vocalismo» son una buena muestra de todo ello.
8a. Desde finales del siglo once y a lo largo del doce, el problema de los universales y la polémica mantenida por el «vocalismo» y la aparición de la interpretación nominalista, va a generar un fuerte debate, dentro del cual podemos encontrar algunas posturas «realistas» originales. Una de ellas es la que habría mantenido Adelardo de Bath.
INTRODUCCIÓN. PRESENTACIÓN E HIPÓTESIS DE TRABAJO 14
En los orígenes de dicha polémica se encuentran enfrentadas distintas posturas
«realistas» en las que el sistema de la indfferentia aparece como una vía de respecta a las objeciones del nominalismo sobre los universales.
10a - Tradicionalmente se ha venido incluyendo dentro de la polémica sobre el nominalismo y lo universales, la obra y las posturas adoptadas por Pedro Abelardo. En los recientes estudios desarrollados por investigadores como Courtenay o Iwakuma, entre otros, el análisis de esta problemática a tomado una nueva dirección; si bien esta «nueva» dirección ya se encontraba en los estudios
de Vignaux, Reiners o Chenu, entre otros.
11 a• - En este contexto de debate y análisis, la postura de Adelardo y el De eodem aportan un planeamiento de los problemas que podrían entenderse como una tercera vía, la del eclecticismo realista del sistema de la indy°ferentia.
12a El sistema de la indy’Jerentia, como ya supieron ver Haúreau, Jourdain y Gilson, supone no sólo una respuesta original a la vieja polémica sino que, en el caso de Adelardo, se anticipa a los esfuerzo de síntesis que el siglo trece va a mostrar en toda su amplitud.
CAPÍTULO 1
El siglo XII, aproximación al siglo y la obra de Adelardo de Bath.
EL SIGLO XII, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 16
1. Introducción
La siguiente exposición trata de presentar, de un modo muy general, el marco intelectual dentro del cual podemos reconocer la actividad y la obra de Adelardo de Bath.
No se trata tanto de una prospectiva histórica, cuanto de la decisión por tratar de superar, definitivamente, una caduca concepción de los llamados siglos
«medios», fruto, ya se ha dicho, de una interpretación historicista que nos es familiar pero de la que no asumimos algunos de sus presupuestos conceptuales.
Sería absurdo querer ver en este período que transcurre entre finales del once y principios del trece algo así como un Renacimiento anticipado. Nada más lejos de nuestra intención. La categoría histórica presente en ese tipo de catalogación justificaría seguir hablando en términos ifiosóficos de una Edad Media.
Para nosotros, «Renacimiento» y «Edad Media’> sólo pueden ser categorías nombradas dentro de un uso «externo» de concebir lo histórico y la historicidad.
Por ello, el uso que damos a dichos términos respeta, pero no asume, un modo de tratar la penoricidad histórica, una intepretación que categoriza la historia por
EL SIGLO XU, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 17
medio de períodos y dibuja el acontecer bajo las líneas progresivas de un territorio textual. Quiere decirse que si todavía hoy empleamos una terminología así, pienso que se debe al respeto hacia una tradición interpretativa moderna de la que nosotros, queramos o no, somos herederos.’ Pero ésto, en ningún caso significa que participemos o asumamos, sin más, una concepción historicista de la Historia, ni de las consecuencias que dicha concepción encierra, ni su modo de entender el
«hacer» historiográfico; por tanto, fundamentalmente, trato de tomar distancias con respecto a la investigación histórico-fflosófica que refiere los períodos desde un modo prograsivo de intepretar la historia.
Por ello, el uso y, de modo primordial, el análisis de un acontecer textual no pretende el cuadro más o menos delimitado de las circunstancias que podrían converger y hacer que una época se considere como re-nacimiento de algo fijado, de algo ya previo que en el acontecer del tiempo, en una época determinada, puede ser reconsiderado como un momento objetivo del espíritu que es, en sí mismo, algo ya definido.
Para nosotros el térmio «Renacimiento» insinúa un significado más cercano al de «reinvención», a la «recreación» de la corriente textual abierta que, en su discurrir, va expresando un modo de hacer y comprender la historia como proceso espiral hacia lo abierto. No hay en ello, pues, una pretensión de sodiogización de
1 No se trata aquí de extenderse sobre el concepto de «tradición» tal y como se desarrolla en la hermeneútica de Gadamer, pero su intepretación y su filosofia están muy presentes en lo que podemos entender como: la imposibilidad por sustraerse a la tradición y los pre juicios que a través de ella operan en nuestro acercamiento al pasado y al presente (cfr.
Gadamer, Verdad y Método, op. dr, en «Bibliografia General»).
EL SIGLO XII. APROXIMAC1ON A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 18
la historia o algo parecido a ésto; ni se asume aquí tampoco que la determinación histórico-social de una época sirva para justificar unas categorías que ciertamente serían extrañas a los autores de otros tiempos y con otros horizontes ante su mirada.
En este primer capítulo hablaremos de un «renacimiento» en dos tiempos: de un «renacer» tomado en su sentido más literal, dando a este término un significado más usual, en sintonía con lo que podemos denominar una introducción a los caracteres y los hechos que hacen de este período una época de florecimiento de la cultura clásica. Hablaremos, después, de un segundo sentido de este «renacer», de lo que denomino el tiempo de la «reinvención». En este sentido, intentaremos exponer cómo el siglo doce y su entorno epocal es, al tiempo que un período de recuperación, una reinvención del sentido que anima a la obra de los clásicos.
Pero también - y en ello la obra árabe es fundamental - el tiempo en el que surgen, como precursores, algunos de los primeros tanteos sobre un nuevo tratamiento del método de las ciencias.
Es claro que en la ciencia griega y helénica ya se había producido un largo proceso de florecimiento y crisis de la actividad y la reflexión sobre la ciencia; y parece evidente también que ello había penetrado en los tratados árabes. Pero, con el paulatino surgir de obras y traducciones que se produce a partir del doce - y es muy importante reparar en que la mediación árabe es algo más que una simple
EL SIOLO XII, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 19
transmisión - es cuando va a llegarse una más clara evidencia de un comienzo; de lo que en otros tiempos se denominó la gran época de la escolástica, pero al que nosotros vamos a referirnos como el gran período del surgimiento de una nueva cultura: aquella que, al descubrir, necesita inventar, dar un sentido, desde su tiempo, a lo descubierto.
Dos tiempos, pues, en esta interpretación de renacimiento, pero dos tiempos que no corren paralelos y que, como ocurre con el sentido «literal» y con la
«reinvención» epocal, interaccionan el uno sobre el otro, porque sin el descubrimiento del mundo clásico no se hubiera podido producir la reinvención que el doce puede significar.
EL StOLO Xli, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 20
2. El sentido «literal» del renacimiento del doce.
Las razones por las cuales se produce un renacimiento en el siglo XII hay que buscarlas en toda una serie de acontecimientos intelectuales, que se presentan como parte del resurgimiento histórico que el trece y el catorce expresarán en toda su amplitud. En un sentido original del término, es claro que se trata de un
«resurgimiento» por cuanto el doce es el siglo de la aparición de ciudades, del estado burocrático, del despertar del gótico, del desarrollo de las literaturas vulgares, la recuperación de los clásicos latinos, el estudio de la ciencia griega - donde los textos árabes juegan un papel fundamental - así como los avances científicos aportados por las culturas árabe y judía, el surgimiento de la primera universidad europea, etc.
Pero innovación y continuidad son, de hecho, una característica primordial del período. Pues, las visiones sobre el medievo han abundado y abusado del tópico decimonónico de «edad oscura» e «inmóvil», agrupando en un bloque oscuro toda una serie de siglos y acontecimientos diversos, e ignorando las grandes revoluciones económicas de aquella época, el influjo de la nueva cultura de
EL SIGLO XII, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 21
Oriente, el enriquecimiento del saber en la reconquista de la cultura antigua, la nueva ciencia experimental y la originalidad creativa de la poesía y del arte;
siendo así que, entre la realidad de la Europa2 del 800 y la de finales de 1.200 son muchos más los motivos de diferenciación que de afinidad.
Con respecto a la «continidad», ya Haskins3 vino a decir que el gran Renacimiento de los siglos XV-XVI no fue el fenómeno extraordinario que suele creerse. El mismo medievo conoce cambios intelectuales, cuyo fermento no se perdió y está muy cercano al Quattrocento. Por ello, este renacimiento del XII hay que entenderlo, en su sentido más literal, como «renacimiento medieval», aunque - los cambios que se producen en la Europa del siglo XII, se habían iniciado a finales del siglo XI y concluirían con la conquista de Constantinopla (1204); pues, si bien podemos extenderlos a otras fechas, sólo vamos a referirnos a la historia intelectual durante la cual se está produciendo la expresión interna del románico y el inicio del gótico, el florecer de la poesía vulgar en sus expresiones líricas y
épicas, a la nueva cultura y la nueva literatura en latín.
El siglo se inicia cargado de hechos tan relevantes como la apertura de las escuelas catedralicias y se cierra con la aparición de las ya famosas universidades
2 Queda claro que se habla de Europa o Europa occidental sólo como una referencia geográfica y sin intención de incluir a todos los estados que en aquel momento forman parte del Continente. Por lo que se refiere a algunos estados que se citan con nombres actuales, hacemos referencia a su conformación durante el período a que aquí nos referimos; éste será, por poner un ejemplo, el caso de Francia, España o Italia.
Haskins, Ch., The Renaissance of rhe l2th. Century, New York, ed. 1957 (cfr.
«Bibliografia General»).
EL SIGLO XII, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 22
de Salerno, Bolonia, París, Montpellier y Oxford. Y mientras que en sus inicios asistimos a un progresivo asentamiento de las artes liberales, ya al final del siglo, la plena posesión del derecho romano y canónico, el estudio de Aristóteles, de Euclides y de Ptolomeo, el descubrimiento de la medicina griega y árabe, todo contribuye al resuguir de la filosoifa y la aparición una nueva ciencia. Comienza también el redescubrimiento de los clásicos latinos: la prosa y la poesía latina se renuevan en el estilo que se nutre de los clásicos, aparecen también los nuevos ritmos goliardescos y el drama sacro cobra vida. Aparece un nuevo fervor historiográfico que es signo de la variedad de intereses y de la apertura mental de una edad nueva y rica en manifestaciones. Hasta 1100 una biblioteca podía estar dotada de la Biblia y de los textos de la Patrología latina con apostillas de la época carolingia, de algún libro sobre el servicio divino y algunas vidas de santos, de la obra de Boecio, de algunos fragmentos de historia local y, tal vez, algún clásico latino - aunque cubierto de una gruesa capa de polvo. Ya en 1200, podremos encontrar no sólo algunas copias cualitativamente mejores de estas obras, sino también, el Corpus iuris civilis, los clásicos que en parte estaban sometidos al olvido, la colección de derecho canónico de Graciano y de los últimos papas, la teología de Anselmo, de Pedro Lombardo y de otros, los primeros documentos de la escolástica, la obra de San Bernardo y de otros grandes protagonistas del mundo monástico (una buena cuarta parte de los doscientos diecisiete volúmenes de la Patrología latina pertenecen a este período), obras de historia, poesía, epistolarios, obras de filosofía, ciencia matemática y astronomía - ignorada en la primera tradición medieval y que se remite, en el curso del siglo
EL SIGLO Xfl, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATU
XII, al mundo griego y árabe.
Lo que distingue al renacimiento del XII de los otros más conocidos
«renacimientos» será: que a diferencia del carolingio no fue éste un renacimiento centrado en una corte o una dinastía y, a diferencia del renacimiento italiano, sus inicios no fueron exclusivos de un país.
Pues, aunque parcialmente, puede ubicarse en el entorno italiano - en lo que se refiere al estudio del derecho romano y el derecho canónico, y por un buen número de las traducciones del griego - no sólo fue Italia una de las partes determinantes en este renacimiento. Francia fue, en conjunto, su máximo exponente, con los monasterios, las escuelas catedralicias - que podrían considerarse el precedente inmediato de la estructura autónoma de la Universidad de París -sus numerosos maestros y discípulos. Las islas Británicas participan de esta renovación en virtud de su estrecha relación con Francia. Ahora bien, el papel que juega la Península Ibérica es, ciertamente, fundamental y determinante, en buena medida - pero no sólo por ello - por ser el territorio, por darse en él, las condiciones que hicieron posible que se produjese la introducción de la obra escrita o traducida al árabe; la lista de los traductores no es sino uno de los más importantes indicativos del aspecto europeo de este renacimiento cultural: Juan Hispano, Hugo de Santillana, Platone Tiburtino, Gerardo de Cremona, Hermann de Carinthia, Rodolfo de Brujas, Roberto de Chester, y tantos otros.
Las traducciones al árabe de obras científicas y ifiosóficas no fueron posibles hasta que la parte septentrional de la Península Ibérica fue reconquistada para la cristiandad (Toledo se reconquista en 1085 y Zaragoza en 1118), abriendo de tal
EL SIGLO XII, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 24
modo la puerta de la cultura sarracena a los eruditos del mundo cristiano, que un gran número de ellos se dirigió hacia la Península.
Las traducciones del griego fueron posibles tras la conquista de Sicilia y la Italia meridional por parte de los normandos, y gracias a las relaciones
comerciales y diplomáticas mantenidas entre las repúblicas de la Italia septentrional y Constantinopla.
Al menos de forma general, el inicio de este renacimiento es románico en su génesis, si nos situamos con anterioridad a las cruzadas y los nuevos rumbos de la cultura peninsular y las traducciones del griego en el ambiente siciliano. A pesar de que las traducciones de Constantino Africano sobre algunos tratados árabes de medicina, y aparte la tradición preexistente del astrolabio, el
«renacimiento», en sus inicios, no tuvo relación con la cultura árabe; y si se prescinde de una cierta producción hagiográfica y de un único tratado de Nemesio,
tampoco tiene relación con el mundo griego.
Los inicios del renacimiento del
S.XH
son latinos; de hecho, podría haber sido considerado un movimiento latino en su conjunto, si se tomase como referencia la lengua en que las obras llegaron a los estudiosos - tras las pertinentes traducciones y glosas -, el derecho que se reintegra en una nueva ciencia jurídica y el latín de los autores clásicos recuperados en el estudio literario; latina fue también la poesía, la filosofía y la teología, con raíces en Boecio y en la Patrología latina. No obstante, todo ello no debe hacemos olvidar el valor y la grandeza de todos los elementos culturales que lo escrito y compuesto en árabe -no sólo lo traducido sino los que permaneció desconocido para el mundo latino -
EL SIGLO XII. APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 25
aportó y sigue aportanto en el conjunto de la cultura transmitida a través de la Península Ibérica.
Podría pensarse que este «renacimiento» viene precedido de un desarrollo comercial y del consiguiente aflorar de la vida ciudadana - lo que quizás es cierto en lo tocante a Italia - pero ésto no es así en todos los casos; de hecho, para el resto de los paises artífices de la renovación no han cosolidado una coinpleta estructura estatal, antes bien, este movimiento lleva aparejado la paulatina consolidación de dicha estructura (estado normando de Inglaterra y Sicilia, los estados catalanes o la monarquía feudal francesa). Es en esta situación política, capaz de garantizar una cierta paz, donde podremos encontrar un «caldo de cultivo» para la relaciones y los viajes, fenómeno típico de toda convivencia pacífica.
Estas nuevas circunstancias políticas influyeron en la aparición de un intercambio intelectual entre los paises mediterráneos y los más al norte; siendo los reyes y las cortes feudales uno de los pilares más sólidos entre los que asienta y se propicia el desarrollo de la nueva producción intelectual. Pues, aunque la iglesia, como es natural, hubo de beneficiarse del aumento de prosperidad económica, se debe más al hecho de que entre el clero regular y el secular se pudiera gastar con mayor libertad en viajes y en comprar y copiar manuscritos, para que se tenga una mayor disponibilidad de materiales para la cultura y el estudio.
EL SIGLO Xli, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 26
La vida intelectual del siglo XII, ya lo hemos dicho, tiene su centro más ilustre en la Francia septentrional. Em este sentido, hemos de hacer referencia al significado que cobra Orleans y Chartres (sede del renacimiento clásico), Reims y Laon (centro de la cultura escolástica), París, patria de la primera universidad del Norte y escuela importantísima que constituyó el polo de atracción para los estudiantes de Alemania, Inglaterra y las regiones transalpinas.
El elenco de grandes escritores de esta época que han de mencionarse es extenso: obispos como ildeberto en Le Mans (y en Tours), Gilberto de Porrée en Poitiers, Pedro Lombardo en París, Juan de Salisbury en Chartres; cancilleres como Anselmo de Laon, Bernardo de Chartres, Pedro Comestore, Pedro de Poitiers en París; canónigos como el poeta profano Hugo de Orleans y Pedro Riga de Reims, quien compuso paráfrasis poéticas de las Escrituras. Y entre los maestros de las escuelas catedralicias habría que citar a Roberto de Melun, Guillermo de Conches, Bernardo Silvestre y Abelardo. La mayor parte de los grandes nombres de la poesía, de la teología y de la enseñanza son leidos en las catedrales. En este sentido y por lo que se refiere a las Islas, conviene tener muy en cuenta la importancia que adquiere, en Inglaterra, la catedral de Canterbury, así como los centros de Westminster, Durham, Lincoln, y la corte de Enrique II.
Por tanto y deteniéndonos en los factores que hacen de este período un renacimiento en susentido más literal, hay que destacar:
EL SIGLO Xli, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELARDO DE BATH 27
21. El interés por los clásicos y las traducciones.
Por lo que se refiere al renovado interes por los clasicos latinos, habría que anotar que el auge de la cultura clásicas (auctores) es contrapuesto por algunas escuelas de la época al desarrollo de la lógica y los intereses de orden práctico,
manifestado en parte, a través de la paulatina implantación de las artes del quadrivium, o del desarrollo de la medicina, la nueva lógica, la nueva matemática, la nueva astronomía así como la vida que cobran las facultades profesionales de derecho, teología, medicina y teología.
Y así, mientras en la universidad de París adquieren la mayor preponderancia las artes liberales, quedando la Gramática prácticamente relegada, a medida que
la Nueva lógica de Aristóteles y el corpus aristotélico van adquiriendo una sucesiva recuperación; las escuelas de las catedrales de Chartres y Orleans reservan un puesto de honor para la cultura y los clásicos latinos; Juan de Salisbury será uno de los frutos más maduros entre los representantes de Chartres.
Entre los poetas clásicos más importantes de esta época, es Virgilio quien durante años es tenido en la mayor estima, tanto que, y es el caso de uno de los
EL SIGLO XII, APROXIMACION A LA OBRA DE ADELAKDO DE BATH 28
pabellones de la catedral de Zamora, se lo representa como uno más entre los profetas. Tras Virgilio, el medievo situaba a Ovidio; aunque ya en el
S.XII
Ovidio adquiere la mayor preponderancia. También Horacio fue importante, pero nunca alcanzó la importancia de Ovidio. Entre los autores de contenido filosófico, reconocidos fundamentalmente por el contenido moral de sus obras, destacarán Cicerón y Séneca. Plinio el Viejo, Macrobio, Marcial, Quintiliano, Plauto, Casiodoro, Capella, así como las obra de Platón y, por supuesto, Boecio, serán algunos de los autores más frecuentados.En cuanto a los traductores del griego y el arabe, y como también sucederá en el renacimiento italiano, el siglo XII sitúa sus fuentes en el Occidente latino y la nueva cultura y literatura de Oriente. Si bien, a diferencia del renacimiento del XV y XVI, el siglo XII concentró su atención en la producción filosófica y científica árabes.
En época de los enciclopedistas (del Y al Vm), nos encontramos con un panorama en el que prácticamente no se realizan traducciones del griego, excepción de Boecio, último de los antiguos con intención de traducir todo Platón y Aristóteles, aunque de éste sólo llevase a término la Lógica de Aristóteles y algunas versiones de matemáticos griegos. Pues los grandes compiladores: Isidoro de Sevilla y Boda no conocían el griego.
En la Italia meridional permanecía un cierto conocimiento directo de la medicina griega. En el siglo IX Ilduino y Juan Escoto tradujeron el Pseudo Dionisino. En el XI pasa a Nápoles algo de literatura hagiográfica, pero, de
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cualquier modo, se ignora tanto acerca del griego que, en el alto medievo, se traducía como grecum cualquier texto incomprensible para el copista. Tanto es así que Juan de Salisbury no citaba a un autor griego del que no poseyese una
traducción latina.
Mientras tanto, en el imperio de oriente, y en Bizancio de modo particular, la tradición griega continuaba viva. Fi griego era la lengua oficial de los jueces y gobernantes, era la lengua de la iglesia ortodoxa, de la literatura y la cultura en general. Y aunque no se producen grandes aportaciones, las enciclopedias y los comentarios, las gramáticas, diccionarios, libros de citas y florilegios contribuye ron a mantener vivo el conocimiento del griego clásico. Mientras en Occidente prácticamente había quedado olvidado, en Oriente su conocimiento se había
ampliado de un modo extraordinario gracias a las traducciones en sirio, hebreo, árabe y, sobretodo, por aquellas lenguas en que se tradujeron los textos religiosos:
el armenio, georgiano y copto.
Las versiones semíticas tuvieron gran importancia en Occidente por cuanto transmitieron, a la Europa latina, la filosofía y la ciencia árabes, con todos los aíadidos realizados «en ruta». Esta ruta comienza en Siria, donde la traducción de Aristóteles y los teólogos griegos se habían incorporado a la tradición literaria en arameo. Parte de esta cultura permaneció en Siria en espera de los conquistadores árabes del VII; otra parte emigró a la corte persa siguiendo a los nestorianos perseguidos, y de aquí pasó a los árabes.
Las traducciones árabes se hicieron directamente de textos griegos, como es el caso del Almagesto de Ptolomeo, y lo mismo ocurrió con las traducciones en
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hebreo y siriaco. La actividad científica más consistente en el medievo proviene del mundo musulmán y comprende varios sectores, de la medicina a la matemática, de la astronomía y la astrología a la alquimia. A la herencia científica de los griegos, los árabes añadieron la observación directa de las enfermedades, considerables progresos en matemáticas, el álgebra y la trigonometría, así como las tablas astronómica del medievo. La recepción de parte de Europa occidental de esta nueva ciencia apunta un giro en la cultura de nuestro continente.
Hasta el siglo XII, el contacto intelectual entre la Europa cristiana y el mundo árabe fue poco frecuente y de escaso relieve. Pues las cruzadas no aportaron grandes intereses culturales. Son pocos los traductores conocidos de esta época: Esteban de Pisa (ca. 1127) y Felipe de Trípoli. Al primero se lo asocia con la medicina de Ali-ben-Abbas, el segundo fue autor de un libro de gran fama en su tiempo, el Secreto de los secretos, que durante mucho tiempo se creía de Aristóteles y, aunque parece que Adelardo de Bath visitó Siria a principios del XII, no se tiene seguridad de que volviese con libros.
Africa septentrional era musulmana en el siglo VII, y aunque no puede hablarse de una tradición cultural particularmente innovadora, fue el puente principal entre oriente y la España islamizada, a través de la cual se difunde en todo occidente la cultura oriental.
Constantino el Africano y Leonardo de Pisa serán los grandes traductores italianos del siglo. Pues a Constantino puede atribuirse el nuevo impulso de la medicina por sus traducciones de Galeno, Hipócrates y de Isaac Judeo; Leonardo
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de Pisa, elevó en su país el conocimiento de las matemáticas hasta cotas tan altas que fue considerado el más grande de los matemáticos europeos en el siglo XIII.
Y es una zona muy próxima a la península italiana, Sicilia, a quien se debe gran parte del renacimiento cultural.
A medio camino entre Europa y Africa, Sicilia había sufrido la dominación árabe desde el 902 al 1091, y aunque bajo dominación normanda mantenía entre la población un fuerte elemento árabe. Las relaciones comerciales entre las costas de Sicilia y las regiones árabes fue constante, y las expediciones de Federico II a Palestina favorecieron estos intercambios. Médicos y astrólogos árabes fueron presentados en la corte siciliana, uno de los libros más significativos de la cultura árabe, la Geografía de Edrisi, fue escrita por encargo del rey Roberto. Un estudioso de la época traduce el tratado de Optica de Ptolomeo, y para Federico II, Miguel Escoto y Teodoro de Antioquía tradujeron dos textos árabes de zoología. El mismo Federico II mantenía contactos con algunos soberanos y estudiosos árabes sobre determinadas cuestiones científicas; del mismo modo, su hijo y sucesor Manfredo, aportó durante su reinado algunas traducciones de autores entonces desconocidos.
Pero el puente más importante entre la cultura árabe y la latina lo constituye la Península Ibérica. Pues, tras la conquista árabe, la Península deviene, en muchos sentidos, un apéndice del oriente musulmán, del que heredó la cultura y la ciencia, la magia y la astrología, siendo durante gran parte del medievo, el centro de difusión de las ciencias para la Europa occidental.
Cuando, en el siglo XII, el mundo latino comenzó a absorber la experiencia
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cultural de Oriente, los pioneros de la nueva cultura se volvieron hacia la Península, donde uno a uno se acercaron a tomar la llave del saber que el mundo árabe había depositado en varios campos, desde las matemáticas, la astronomía, la astrología a la medicina y la filosoifa. En la Península Ibérica tiene su inicio la gran aventura del hombre de cultura europeo.
En general, la Península Ibérica comienza a ser polo de atracción del mundo latino fundamnetalmente a partir del siglo XII, pues, la difusión de la cultura árabe proveniente de este lado de los Pirineos, corre a cargo de hombres de origen frecuentemente diverso: Adelardo de Bath, Platón Tiburtino, Roberto de Chester, Hermann de Carinthia y su discípulo Gerardo de Cremona; y entre los peninsulares Domenico Gundisalvo, Hugo de Santillana, y un grupo de estudiosos hebreos como Pedro Alfonso, Juan de Sevilla, Savasorda y Abrahán ben Ezra. A excepción de algunos traductores, como es el caso de Adelardo o Gerardo de Cremona, casi todo el grupo pueden situarse en el segundo cuarto del siglo XLI.
Este auge se debe, en gran parte, al arzobispo de Toledo, Raimundo, y a su contemporáneo el obispo Miguel de Tarragona; entre las materias más estudiadas encontramos la astronomía, las matemáticas y la astrología, algo inevitable en una época en que esta ciencia estaba considerada de gran utilidad práctica.
En la segunda mitad del XII aparece la figura más prolífica de esta época, entre los traductores del árabe: Gerardo de Cremona, quien se conduce a Toledo en busca del Almagesto de Ptolomeo, donde encuentra tal cantidad de obras en árabe que decide aprenderlo. Su traducción del Almagesto data del 1174. Muerto en 1187, a la edad de setenta años, había traducido en latín setenta y un libros del
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árabe, aunque tal vez tradujo una veintena de obras más. Son éstas obras lógicas, los Analíticos posteriores de Aristóteles, con un comentario de Temistio y de Al Farabi, otros textos de matemáticas, los Elementos de Euclides, el tratado Sobre la esfera de Teodosio, un pequeño tratado de Arquímedes y varios de geometría, álgebra y óptica. Son muy notables sus traducciones de astrología y astronomía, que incluyen algunas obras de Aristóteles; pero el catálogo de obras más importante es el de medicina, donde se incluyen obras de Galeno, Hipócrates y otros autores que el medievo conoció a través de estas traducciones del cremonés.
Puede decirse que ninguno de estos traductores conocía el árabe antes de venir a la Península Ibérica, por lo que necesitaron servirse de la ayuda de intérpretes, habitualmente hebreos conversos (Galippo, Maestro Andrea...); por otra parte, encontramos una serie de autores y traductores nativos, como es el caso de Pedro Alfonso, Juan de Sevilla, Abrahán ben Ezra y los astrónomos de la corte de Alfonso X el Sabio. Las versiones se obtienen primero como traducciones del árabe a la lengua vulgar, que posteriormente el cristiano traducía al latín. Esto explica la tosquedad de algunas traducciones, que en muchos casos apenas se atienen al original en árabe; recordemos, así mismo, que gran parte de las traducciones al latín se hacían a partir de textos en hebreo. En este proceso de traducción y transmisión, mucho era debido a la casualidad y a puras razones de conveniencia personal; los primeros traductores no se preocuparon de examinar el material que tenían a mano, procediendo, en muchos casos, a ciegas; algunas veces escogían los textos en función de la brevedad, y porque los tratados
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fundamentales eran largos y difíciles, centrándose más en el comentarista que en el objeto del comentario.
Sin embargo, la actividad traductora del XII tiene para nosotros un significado muy importante. Desde la Península Ibérica se transmitió la filosofía y la ciencia natural de Aristóteles; su filosofía y la aportación de los comentaristas árabes, transformó radicalmente la cultura europea del siglo Xffl.
A las traduciones llevadas a cabo en la Península debemos la mayor parte de las versiones sobre Galeno, Hipócrates y médicos árabes como Avicena, así como la obra de Euclides, el álgebra, la óptica. la Península Ibérica fue la patria de las tablas y la observación astronómica, desde Maslama y al-Zarkali hasta Alfonso X;
recordemos que durante mucho tiempo el meridiano de Toledo fue el meridiano fundamental en Occidente; de la Península Ibérica proceden también notables compendios de astronomía, como el de al-Faragni y la versión íntegra agrupada del Almagesto de Ptolomeo, motivo por la cual Gerardo de Cremona viajó a Toledo. También los compendios de astrología oriental y parte de la alquimia que entró en Europa lo hizo a través de la Península Ibérica. La corriente española supera los Pirineos para llegar hasta la Francia meridional en las ciudades de Narbona, Béziers, Toulousse, Montpellier y Marsella, donde la nueva astronomía tiene su primera aparición en 1139, y donde el interés por la astrología, la filosofía y la medicina de los árabes se mantuvo viva hasta finales del siglo XV.
A esta contribución habría que añadir la de otros paises ribereños, donde aparecen traducciones de obras desconocidas hasta entonces pero tan importantes como la Matemática, la Física y otras obras de Aristóteles que aparecieron en
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occidente alrededor de 1200, y a las que podríamos unir al menos una versión del Almagesto y del Quatripartitwn de Ptolomeo.
Pero, en el siglo XII, las traducciones directas del griego se realizan en Sicilia. Pues este reino nunca interrumpió del todo sus relaciones con Oriente, perviviendo cierta población de habla griega y manteniendo relaciones comerciales
con Siria y Constantinopla, pues no hay que olvidar que, durante un tiempo, esta región formó parte del imperio de Bizancio. Los mismos monasterios contribuye ron en gran medida al comercio intelectual, habiendo traido de los monasterios bizantinos textos de la literatura y la teología griega, que después traducían al latín.
Los dos traductores más importantes pertenecen a la administración del rey Roberto de Napoles: Henricus Aristipus y Eugenio el Emir, en cuyas composicio nes descansa la admiración por la inteligencia filosófica y los múltiples intereses de Guillermo 1.
Archidiácono en Catania en el 1156, cuando decide traducir a Platón (el Menón y el Fedón), Arístipo fue el primer funcionario de la curia siciliana en el período que va del 1160 al 1162; tradujo también el IV libro de la Meteorología de Aristóteles, obra que el medievo conoció por su traducción latina. Dedicó grandes esfuerzos a introducir en Sicilia los manuscritos de la biblioteca del emperador Manuel de Constantinopla.
Junto a él encontramos a Eugenio el Emir, quien tradujo la Optica de Ptolomeo, el Libro de las Fechas, la Optica de Euclides, el De motu de Proclo y
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la Pnewnática de Eron de Alejandría, la profecía de la Sibila Eritrea y la fábula sánscrita de KaliIa e Dimna. A esta actividad traductora en la corte del rey Roberto, debemos también una nueva versión de la Lógica de Aristóteles y el descubrimiento de un importante número de manuscritos del Nuevo Testamento.
Otro de los grandes centros de la cultura de la Italia meridional fue Salerno, cuya escuela de medicina fue un auténtico polo de atracción y el máximo canal de transmisión de la cultura científica del mundo occidental. Giacomo Veneciano, Burgundio Pisano y Mos de Bérgamo son otros de los grandes traductores italianos. En Constantinopla, Hugo Etenanus y Leone Tuscus. Al norte de los Alpes, Anselmo de Havelberg en Alemania; un tal Cerbanus y un Guillermo Medico en Provenza, Juan Sarraceno
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2.2. El renacer de la «ciencia».
Este renacer de la ciencia, junto con el nuevo impulso, el resurgir que cobra la filosofía (apartado siguiente), vienen a ser los puntos de articulación sobre los que se apoya el proceso de la «reinvención» a que no hemos referido. Este apartado y el siguiente sirven, por tanto, para apuntar el camino hacia Adelardo de Bath, como un representante significativo de la actitud hacia el conocimiento de la que esta época va a dar tan espléndidas muestras.
Con las traducciones del XII, el mundo pudo acceder a Aristóteles (Metafisica, Física, Analíticos posteriores, Etica, Política, y muchas otras obras sobre el conocimiento de la naturaleza); a las grandes obras de Platón (Menón, Fedón... el Timeo ya había sido traducido), Ptolomeo, Euclides, Proclo, Galeno, Juan Crisóstomo, Basilio, Nemesio, Juan Damasceno, el Pseudo-Dionisio...
Las traducciones del medievo no eran belles lettres, eran un instrumento para un fin determinado, se trata, por tanto, de unas traducciones que reflejan la preocupación de su época, cuyos intereses de orden práctico o religioso consideran
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los textos a traducir como un medio de adquirir los conocimientos que encierran.
Hoy podemos observar cómo no solo fue posible contar con las traducciones de obras griegas a partir de versiones en árabe, pues las traducciones directas del griego fueron muy importantes, sobre todo en la Italia meridional, y más concretamente en Sicilia. Sin embargo, éstas últimas fueron posteriores y menos populares que las provenientes del árabe; el movimiento cultural entre la Península y la Provenza fue esencialmente árabe. Por otra parte, las versiones árabes contaban con las magníficas aportaciones de los comentaristas árabes, que por sí mismos incrementaron los conocimientos científicos, sobre todo en matemáticas, medicina, astronomía, astrología y alquimia, así como en destacados comentarios a las obras filosóficas. Pero no sólo se trata de ésto, algo de más profundo calado lo constituirá el nuevo espíritu científico que estas traducciones crean en el mundo latino. Y de este nuevo espíritu, el interés por un incipiente método científico, que se produce con el hábito de la racionalidad y una actitud experimental; una característica que obviamente se encontraba entre los griegos, y que los árabes habían alimentado y mantenido viva.
Es este el siglo del nacimiento de la idea de «universalidad» presente el surgimiento de las primeras universidades. En los inicios, por universidad se entendía una corporación en sentido genérico, no muy distinta de las que el espíritu asociativo del medievo había creado. Por estos tiempos, la universitas está restringida al sentido exclusivo de sociedad corporativa de maestros y estudiantes:
uni ve rs itas societas magistrorum discipulorwn que, como rezaba la primera
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definición de universidad; sociedad que establece su sistema de ingreso y la licencia para enseñar (licentia docendi).
Se trata de una época en que los hombres seguían a un maestro, que iba de un sitio a otro sin programas de estudios, licenciatura u ordenamiento, tal y como puede encontrarse descrita en un pasaje del Metalogicon de Juan de Salisbury,4
donde resuenan el papel jugado por escuelas como Chartres, París, Reims o Provens. De Laon comenzamos a tener noticias en el tiempo del maestro Alberico, Anselmo (m. 1117), Raulfo (matemático hermano de Anselmo) y de otro matemático, Adelardo de Bath, que había estudiado y enseñado en Laon y que mantuvo relaciones con la escuela de Tours.
Sobre las materias que componían el plan de estudios y el método de enseñanza en la universidad del siglo XII, sabemos que la actividad universitaria consistía en una serie de lecciones basadas esencialmente en el comentario de textos, con un elaborado sistema de glosa, de discusión y debate. Lcis ejercicios se realizaban en la casa del maestro o en alguna dependencia dispuesta a tal efecto, ya que la universidad todavía no contaba con edificios ni aulas. Del plan de estudios, lo que mejor conocemos son los principales textos correspondientes a cada materia, ya que Alejandro Neckam dejó redactado sobre el 1200 un elenco sistemático de las obras estudiadas en cada disciplina universitaria. Es necesario destacar otro hecho muy importante derivado de esta aparición de universidades:
la cultura, se internacionaliza de un modo más genérico del que lo había estado
Juan de Salisbury, Meralogicon, II, 10 (cfr. «Bibliografía: Fuentes»)
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con las escuelas; el flujo de estudiantes y maestros entre universidades reporta una comunicación y un intercambio de conocimientos que irá en aumento a medida que aparezcan y se consoliden las nuevas universidades.
Pero en ningún otro campo es tan evidente el renacimiento del siglo doce como en el científico. Hasta el 1100 la cultura científica de la Europa occidental estaba limitada a los compendios de Isidoro y Beda y algunos fragmentos de la cultura latina. En el 1200 Europa habrá absorbido ya la ciencia natural y la filosofía de los árabes y buena parte de la cultura griega. En cien años, o mejor, en el período que va del 1125 hasta el 1200 aprox. se produce el descubrimiento de Euclides y de Ptolomeo, de la matemática y la astronomía árabes, la medicina de Galeno, Hipócrates y Avicena, la ciencia enciclopedista de Aristóteles. La nueva actitud experimental que caracteriza al siglo contribuirá también al contacto con la alquimia griega y árabe y al descubrimiento de la astrología también árabe.
Por tanto, puede hablarse de un renacimiento científico del siglo XII, aunque de forma distinta al que se produce en la literatura, y por ello hay que prolongarlo a la primera parte del trece, aunque será en el doce donde se fragua.
Pero no debemos pensar que la renovación cultural del siglo XII consistió en una violenta renuncia y en una mentalidad pre-científica, la cual persiste incluso hasta el siglo XVII. En realidad, esta mentalidad hunde sus raíces en las autoridades latinas, más concretamente en autores como Plinio; la impronta de Plinio y de Isidoro se hace evidente en Bartolomé el Inglés, que escribe una
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enciclopedia (1230 aprox.) muy conocida en su tiempo, Sobre las propiedades de las cosas, en la cual reinterpreta libremente la tradición fabulista y la incorpora
al mundo del saber.
Por contra, el doce ofrece a Occidente la obra científica de los griegos, la cultura de los comentaristas y autores árabes, pudiendo estimular la actividad científica en cualquier campo; la actividad creadora es muy alta y tendiente a la especialización.
Los signos de este cambio se perciben claramente en la que puede ser considerada la más interesante en esta época de las enciclopedias: el Speculum maius de Vicenzo de Beauvais (ed. Douai, 1624), una obra próxima a la mitad del XIII y en la que se refleja toda la cultura de su tiempo, tanto que, en este siglo, Émile Mále5 se pudo servir de ella para su estudio sobre la escultura en las catedrales del siglo XII. Dividida por materias bajo los epígrafes de Speculum naturale (ciencia natural), Speculum doctrinale (filosofía) y Speculum hisroriale (historia); en la que se citan el gran número de fuentes remtregradas en la cultura occidental: Aristóteles, varios escritores árabes y una representación de varios escritores en latín recientes, como Adelardo de Bath y Guillermo de Conches. La misma sistematización que sigue es también característica de este tiempo, en la minuciosa clasificación escolástica por argumentos, su desarrollo en 32 libros y 3718 capítulos, y por seguir el orden de los seis días de la creación, a la manera del Exaineron de San Ambrosio.
Mále, E., L ‘art. religieux du XIII sicle en France, Paris, 1910.
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Que la ciencia del tiempo de Vicenzo fue superior en calidad y cantidad a aquella anterior al 1100, aparece evidente en la obra de otro hombre de cultura enciclopedista, Alberto Magno. Gran comentarista del Aristóteles conocido hasta entonces, fundamentalmente el de los tratados sobre los animales, las plantas y los minerales. Su observación a cerca de la ciencia natural, como aquella que se propone no sólo recibir lo que le viene dado sino, además, investigar las causas de los fenómenos naturales («la experiencia es la mejor maestra de todas la cosas»), refleja bien el nuevo espíritu de aquellos que se proponen observar la naturaleza, sin seguir algunas creencias hasta entonces admitidas sin dudar y que
podríamos encontrar en obras como la de Bartolomé el Inglés.
El progreso que se expenmenta puede seguirse a través del desarrollo de las matemáticas, pues en el esquema de la enseñanza medieval, de las siete artes liberales, el quo4riviwn agrupaba a la aritmética, geometría, astronomía y música, aunque, en general las matemáticas se todavía se hallaban en un estadio muy elemental. El auge que experimenta la matemática puede constatarse no ya en los manuales de Boecio y Beda - donde toda la cultura aritmética y astronómica se reduce a un tenue esbozo - sino de manera más evidente en la extraordinaria fama de que llega a gozar Gerberto, quien llegó a superar ampliamente a aquéllos.
Limitando sus fuentes al conocimiento de Boecio y a fragmentos de los agrimensores latinos, Gerberto reinstauró el uso del ábaco (Adelardo de Bath también se encuentra entre sus precursores latinos) y la tabla aritmética de cómputo usada por los romanos, que adquirió un éxito notable en los siglos XI y XII. En geometría solamente muestra un conocimiento de la parte elemental de
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Euclides (Adelardo de Bath será quien traduzca los Elementos), su conocimiento de la astronomía, a pesar de la admiración que suscitaba su bagaje cultural, no es
muy superior al de Beda.
Los esfuerzos matemáticos del siglo siguiente en Chartres y el Lorraine, trataron de mantener viva la tradición gerbertiana. El número de manuscritos redactados en torno al 1100 y de argumento matemático son una clara indicación del renacimiento intelectual en este campo.
A principios del XII los Elementos de geometría euclidiana se conocían a través de una traducción latina de Adelardo de Bath a partir del árabe, y será una generación después cuando el Libro de los datos y la Optica sean conocidos por los estudiosos más avanzados. La geometría llegó a alcanzar un nivel que no será superado hasta muchos siglos después. En el 1126, Adelardo de Bath trajo a Occidente las tablas de al-Khwrizmi, de qien Roberto de Chestrer traduce al latín el Algebra, difundiendo en la Europa cristiana el nombre y el procedimiento de ésta. Este libro sobre la «recomposición y la oposición de los números» (Liber algebre a almucabola) sentó las bases del análisis moderno, donde las ecuaciones se transmiten en el sistema de notación moderno. El nombre de al-KhwrizmL occidentalizado como algoritmo, y transformado por Chaucer en «augrim», fue asociado a la aritmética hindú, cuya primera versión latina aparece casi contemporáneamente. Al fmal del siglo el mundo de la cultura estaba dividido entre algoristas, que sostenían el nuevo cálculo, y los viejos abacistas, que en Florencia, en el 1299, protegieron con una ley especial la manera antigua contra la novedad de los números árabes. En el campo del álgebra, el siglo XII se
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considera como uno de los momentos decisivos en la historia de la cultura medieval.
Los manuscritos de astronomía al inicio del siglo consistían principalmente copias y extractos de los manuales de astronomía de Beda y del maestro de computo carolingio Elperico, con cierta atención a la cronología eclesiástica, para preservar la datación de la era cristiana. Las escasas referencias al astrolabio árabe indica que no se tienen contactos posteriores con la ciencia astronómica de los árabes, y de hecho, el Computus del anglo-normando Filippo de Thaon, del 1119, respeta solamente la traducción latina. Al año siguiente, todavía otro inglés, Gualcherio de Maivem, introduce el cómputo por grados, minutos y segundos que había tomado del hebreo-español Petrus Alphonsi y, como ya se ha dicho, en el 1126 Adelardo de Bath traduce las tablas astronómicas de a1-Khuwrizmi, que fueron inmediatamente seguidas de las tablas de al-Battani, de al-Zarkali y del breve tratado de al-Faragni. El famoso Almagesto ptolemaico, compendio de toda la astronomía antigua, fue traducido del griego alrededor del 1160, y del árabe en 1175. A partir de este momento, el conocimiento de la cultura astronómica antigua dependerá estrictamente de la asimilación de esta obra.
Mientras tanto la física aristotélica había comenzado a filtrarse en Occidente a través de los escritores árabes, poniendo en dificultades una época cuyo mayor esfuerzo trata de conciliar la autoridad en la conflicto creado entre la ciencia del estagirita la de Ptolomeo y aquella del Timeo de Platón.
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La Física de Aristóteles no fue traducida mucho antes de 1200, mientras que su Meteorología ya se conocía a principios de 1162 y, también en la misma época, el De caelo así como algunos fragmentos de su doctrina física.
A medida que nos acercamos al 1200, encontramos un número siempre mayor de breves tratados sobre la naturaleza del universo, sobre los elementos, los fenómenos físicos, las mareas y los volcanes. La Metereología de la época está claramente tomada de Aristóteles.
La geografía, por el contrario, aparece ligada a la tradición latina, con algunas concesiones a Ptolomeo e Isidoro.
Otro aspecto de la ciencia del siglo XII es el renacimiento de la astrología.
Los estudios de Thorndike6 ya demostraron que la creencia y la práctica astrológica no desaparece en el alto medievo, como se cree en general, aunque con respecto a los siglos sucesivos, han quedado relativamente pocos documentos de aquella época.
Restaurada en el siglo XII, la astrología perdurará hasta su superación definitiva, que vendrá determinada por a cosmología de Copérnico.
Tal vez, nuestra comprensión del fenómeno lo reduzca a una extravagancia particular de épocas pre—científicas, o una ilusión científica de los antiguos; pero, muy al contrario, hemos de entender que la astrología no era sino una «astronomía aplicada», o, en cierto modo, «humanizada», un medio natural de estudiar los
6 Cfr. Jiiorndike, Lynn («Bibliografía General»).