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Retos y Dilemas de la Representación Política

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Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD)

Retos y Dilemas

de la Representación

Política

Luis Tapia Mealla

Carlos Toranzo Roca

Cuaderno De Futuro

8

La Paz – Bolivia

2000

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PRIMERA PARTE_________________________________________________

Condiciones, problemas y capacidad

de proyecto de la representación política

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Índice

Presentación

I. Introducción

II. Los análisis sobre los partidos III . Representación y partidos

a. Consideraciones generales

b. Tipos de partidos y representación c. Identidades

d. Apoyo plebiscitario en la selección de gobernantes e. Déficit de representatividad y análisis de las encuestas f. Representación y medios de comunicación

g. Primera síntesis

IV. Partidos y proyecto político a. Consideraciones generales

b. Modo de articulación y oferta del proyecto político c. Definición de las necesidades

d. Segunda síntesis V. Posibles escenarios.

a. Déficit de representactividad y continuidad

b. Renovación y sustitución en el sistema de partidos c. Reforma institucional

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Presentación

La instauración de la democracia en Bolivia ha sido resultado de una amplia movilización popular. La institucionalización del cambio político ha puesto a los partidos políticos en el centro de los procesos de representación y formación del gobierno. Estudios de diverso tipo han mostrado en la década de los 90 que la relación de los partidos políticos con la población es deficitaria en términos de representación. Los partidos se han desplazado fuertemente al gobierno y el Estado, y han abandonado la sociedad civil. El déficit de mediación en parte está siendo cubierto por los medios de comunicación, que se han encargado de fiscalizar a los poderes públicos.

El rasgo predominante en el sistema de partidos es que estos se han vuelto repartidores de cargos, con poca capacidad e interés de articular la representación de identidades políticas definidas, en la medida en que están orientados a la competencia electoral se han vuelto partidos "atrapa todo".

La distancia entre partidos y sociedad plantea también problemas en lo que concierne a procesos de articulación de proyectos políticos. La tendencia es que los proyectos políticos sean cada vez más son elaborados por especialistas no militantes de los partidos. En este sentido, la carga representativa también es menor. Hay una correlación parcial entre el grado de organización y desorganización de la sociedad civil y el grado de representatividad y capacidad de proyecto en los partidos políticos. La reversión de estas tendencias es posible a partir de una vuelta de los partidos a la sociedad y de una renovación de la esfera pública a partir de una sociedad civil que genera nuevos partidos o propicia la renovación de los existentes.

En base a las tendencias y características predominantes en los partidos y el sistema, se pueden bosquejar tres tipos de escenarios. El primero es un sistema de partidos tan poco o menos representativo que el actual, conformado por partidos repartidores de cargos y desinteresados por articular representación de individuos y colectividades, lo cual puede llevar a la crisis o a más probablemente, a una continuidad apoyada por una renuncia de los ciudadanos a buscar o demandar representación a los partidos que son vistos más bien como agencias para-estatales de relación clientelar de carácter micro-político, característica ya presente hoy.

Un segundo escenario sería el de la renovación en el sistema de partidos a través de un cambio de actitud y orientación de los partidos políticos existentes, que significaría una vuelta significativa a la sociedad civil, lo cual no es muy probable dadas las propensiones actuales. La otra posibilidad es que el sistema de partidos sea renovado por la a parición de nuevos partidos que lleguen con una mayor relación de representatividad por sus vínculos y presencia en la organización y vida pública de la sociedad civil. Una combinación de ambas tendencias, la primera propiciada por la segunda, sería lo más saludable para el sistema de partidos.

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Un tercer escenario es el de la reforma institucional, que implica el diseño y cambio del sistema de partidos desde la legislación y la organización de las instituciones del gobierno. Dos aspectos son relevantes al respecto: la Ley Electoral y el tipo de régimen. La introducción del principio de mayoria a través de los uninominales reducirá la proporcionalidad en la representación política, acentuando a mediano plazo el déficit de representatividad del Congreso.

El presidencialismo no favorece el desarrollo de los partidos políticos y el aprendizaje del gobierno compartido, dada la situación de fragmentación del sistema partidario que parece que en breve no va a cambiar. Para mejorar el desempeño institucional en ambos aspectos en relación a la representación, se sugiere una reforma que extienda el principio de la proporcionalidad a la elección de todos los legisladores, lo cual implica un Congreso unicameral, y su introducción en el Ejecutivo, lo cual funciona mejor en un régimen parlamentarista.

I. Introducción

En la vida política del país lo más importante a nivel macro ha sido el cambio de régimen político, es decir, la transición a la democracia iniciada a fines de los 70, que recién logra condiciones de continuidad desde 1982. Este proceso fue resultado de amplias movilizaciones populares en defensa de los derechos humanos y a favor de una democratización de la vida política. En ella tomaron parte diversas formas de organización social, sobre todo sindicatos y también algunos partidos. El gran impulso inicial no venía de los partidos, sin embargo tuvo que canalizarse a través de ellos dadas las condiciones formales de competencia política y el ejercicio de las libertades en un régimen representativo restaurado. El eje de la democratización, que en principio se encontraba en torno a los movimientos sociales, se desplaza entonces hacia los partidos.

En la medida en que los partidos se convirtieron en los sujetos privilegiados de la democratización, su dimensión representativa en relación a la sociedad empezó a cobrar importancia. Los partidos políticos son los herederos del proceso de democratización, es decir, de una acumulación histórica que fue producto de una amplia movilización social y política. En estos años posteriores al cambio político, cabe analizar y evaluar su desempeño.

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II. Los análisis sobre los partidos

Las tendencias y resultados de la investigación sobre partidos políticos en Bolivia se podrían bosquejar alrededor de cuatro líneas de trabajo. Una de ellas se ha centrado en

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estudiar los procesos de formación del gobierno en condiciones de fragmentación del sistema de partidos y la Ley Electoral, lo cual ha derivado en necesarios gobiernos de coalición. Este tipo de análisis articula el estudio de los partidos a una caracterización del tipo de régimen político y de sistema de partidos. Se podría decir que este es el enfoque predominantemente institucional. En esta línea están los trabajos de René Antonio Mayorga1, Eduardo Gamarra2 y Jorge Lazarte3

Otro enfoque, también preocupado por la gobernabilidad, es más sociológico y trata de pensar las relaciones entre movimientos sociales, procesos de modernización y democracia. En esta línea han trabajado Fernando Calderón y Roberto Laserna4, que vinculan el análisis de las reformas y los procesos políticos a la preocupación por las condiciones del desarrollo humano.

Otro tipo de trabajo sobre partidos políticos está siendo realizado desde la geografía electoral y del análisis de la distribución territorial del voto. Salvador Romero Ballivián es quien más ha trabajado en esto5. El último trabajo es de Maria Teresa Zegada6 y combina el análisis territorial con la preocupación por los municipios, que es la otra línea de trabajo desarrollada en los últimos años. Esta preocupación por lo municipal ha sido desarrollada como análisis de la cultura política en Bolivia por Gonzalo Rojas y Luis Verdesoto en base a una serie de encuestas realizadas para evaluar la implementación de la Ley de P articipación Popular.7

Tenemos entonces un enfoque institucional centrado en el análisis del tipo de régimen y la formación de gobiernos de coalición, un enfoque sociológico preocupado por los procesos de modernización y los movimientos sociales; una geografía electoral y, por último, el análisis de lo municipal.

El único trabajo centrado en la representación en general es el de Gloria Ardaya y Luis Verdesoto8, que hace una evaluación crítica sobre las reformas a la Ley Electoral y la introducción de los uninominales bajo el principio de mayoría.

Por último, cabría mencionar que en años recientes se están desarrollando investigaciones sobre partidos políticos en particular, su historia interna y su articulación en el proceso general de democratización en el país. Estos trabajos son generalmente tesis de

1Mayorga, René. De la Anomía al Orden democrático, CEBEM, La Paz, 1991

2 Gamarra, Eduardo. Presidencialismo híbrido y Democratización en Mayorga (Comp) Democracia y gobernabilidad

en América Latina, Nueva Sociedad, Caracas, 1994.

3 Lazarte, Jorge.Bolivia: Certezas e Incertezas de la Democracia, ILDIS-Los Amigos del libro, 1993.

4 Calderón y Laserna.Las Paradojas de la Modernidad, Milenio, La Paz, 1994; Laserna, Roberto. Productores de la

democracia, CERES-FACES, Cochabmaba, 1992; Calderón, Fernando. Búsquedas y bloqueos, CERES, 1988.

5 Romero Ballivián, Salvador.Geografía electoral de Bolivia, ILDIS, La Paz, 1993.

6 Zegada, Maria Teresa.La Representación territorial de los Partidos políticos en Bolivia, ILDIS, La Paz, 1998. 7 Rojas y Verdesoto. La Participación popular como Reforma de la Política. Evidencias de una Cultura

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licenciatura y por eso no son conocidos todavía.

El análisis específico que sigue se centra en analizar dos temas en relación a los partidos políticos: la dimensión de la representación política y la del proyecto político.

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III . Representación y partidos

a. Consideraciones generales. En la política hay formas generales de organización para el gobierno de un país que corresponden al Estado y hay formas particulares o parciales de organización que, sin embargo, se desarrollan para acceder al ámbito general del gobierno: los partidos son la principal forma contemporánea para realizar este paso de lo particular a lo general en la política, organizada como estructuras y prácticas especializadas.

En las condiciones constitucionales actuales, a los partidos se les otorga el monopolio de la representación política. A su vez, éste es un medio privilegiado para la selección plebiscitaria de la cabeza del Poder Ejecutivo y el cuerpo legislativo. En el modelo liberal de política democrática, a los partidos se les entrega la tarea de mediar con los individuos y corporaciones de la sociedad civil, a través de la representación agregada de sus intereses y opciones. Cabe analizar, entonces, la situación de la representación política en el país en relación a estas tareas que justificarían el monopolio de la representación política.

Para esto me planteo como eje del análisis tres preguntas generales y una particular sobre el país:

a) ¿Qué se puede representar políticamente?

b) ¿Cuáles son las condiciones de la representación? o ¿qué es posible representar históricamente?

c) ¿Cuáles son los escenarios y sujetos/objetos de la representación?

d) ¿Qué es lo que se está representando hoy en Bolivia?. Esta pregunta viene a modo de pensar lo anterior de acuerdo a las tendencias de la política en el país.

Comencemos por la primera pregunta. De manera general, considero que el espectro de la representación política ha incluido y puede incluir históricamente identidades y cuerpos sociales o políticos fragmentarios o parciales, por un lado, y la invención de la unidad nacional, por el otro. Son opciones políticas y proyectos, intereses, necesidades y demandas. Generalmente los partidos políticos se han convertido en sujetos de producción y representación de proyectos e identidades sociales e ideológicas, y/o en articuladores de

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intereses y demandas en un programa o proyecto. La representación de lo nacional es una producción y escenario estatal. Los partidos se constituyen también por otros motivos distintos a la representación, lo cual hoy es más frecuente.

¿Cuáles son las condiciones de la representación política? En principio, la necesidad de representación proviene de la magnitud o tamaño de la sociedad a gobernar y de su complejidad. Se podría decir que es más representable en lo político lo que está organizado y se ha constituido como sujeto colectivo que comparte una identidad sobre la base de intereses y necesidades compartidas.

En este sentido, para saber qué es representable, hay que analizar las capacidades y formas de organización existentes en la sociedad civil. Este es un modo de ver y hacer las cosas. Otro modo consiste en pensar que los partidos representan políticamente a aquello que no puede hacerlo por sí mismo por encontrarse atomizado e individualizado.

Otro tipo de condiciones de representación política son las de carácter constitucional, es decir, el tipo de régimen y la Ley Electoral. El sistema de partidos es una síntesis de condiciones institucionales y prácticas históricas de organización de fuerzas y proyectos.

Paso a analizar qué, cómo y en qué medida se representa políticamente a través de los partidos, a lo que incorporo algunas consideraciones sobre los escenarios de la representación.

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b. Tipos de partidos y representación. Antes de pasar a responder las preguntas formuladas y a modo de esquematizar los objetos del análisis, se puede bosquejar una tipología o caracterización suscinta de los partidos en el país. Para empezar, es útil la tipología proporcionada por Max Weber. Considero que en Bolivia la mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria son lo que Weber llamó partidos repartidores de cargos9, es decir, los que participan en elecciones a fin de usufructuar privadamente de los empleos, bienes y poderes públicos. Con esa promesa movilizan clientelas políticas en los procesos electorales. A este rasgo se puede añadir otro proporcionado por la ciencia política contemporánea: son catch all parties (partidos atrapa todo), en la medida en que su actividad y finalidad central se han vuelto las elecciones y participar en el gobierno, para lo cual la condición es el apoyo plebiscitario en cantidades transformables en representación parlamentaria y cuotas de participación en el Ejecutivo.

Una metodología de tipos ideales como la de Weber sugiere que cada uno de los tipos es un rasgo que puede coexistir en combinación con los otros. Cada cual se caracteriza por la característica predominante, matizada por la composición o grado de presencia de los otros aspectos. La práctica de los partidos ADN, MIR, MNR, CONDEPA y UCS ha mostrado

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que su rasgo predominante es ser repartidores de cargos.

La ASP, a través de su aparición oficial como Izquierda Unida (IU), aparece como el único partido explícitamente de clase en el actual sistema de partidos. Como rasgo secundario está la característica de ser un partido ideológico, según la tipología weberiana. En un principio, CONDEPA podría haberse caracterizado como partido ideológico, pero en todo caso esto es ahora un rasgo muy secundario.

A esta tipología weberiana quisiera añadir una consideración sobre un rasgo que, a mi parecer, subyace a todos los partidos y el sistema. Considero que más allá y antes de estos rasgos de aparición, aunque no lo formulen explícitamente, los partidos en Bolivia son formas de organización política de intereses corporativos, con escasa capacidad de convertir lo particular en general o lo general en interés propio. En este sentido, son algo parecido a partidos de clase, según la tipología de Weber.

Si a esto se añade la distinción de funciones sugerida por Sartori10, se puede decir que algunos partidos, como CONDEPA y ASP, se caracterizan además por enfatizar la función expresiva y son, a su vez, en los que más se puede encontrar algo de función representativa difícilmente documentable en los demás casos.

Pasemos a analizar algunas facetas de la capacidad de representación de los partidos políticos. Procedo de la periferia al centro, ya que en esa dirección se va reduciendo actualmente el grado de representación. A mayor cantidad de votos, más se difumina la representatividad.

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c. Identidades. Primero podríamos preguntarnos qué tipo de identidades políticas se están representando hoy a través de los partidos, pero a la vez habría que saber cuáles son los medios y acciones a través de las cuales se realiza tal representación.

En el espectro de los partidos con representación parlamentaria hay dos casos que ejercen de manera más fuerte formas visibles de representación de identidades colectivas: CONDEPA y ASP. En este último caso se ve más clara y explícitamente que el partido representa intereses colectivos específicos. A partir de sus necesidades de defensa y presencia política en los escenarios de la negociación y legislación, se articula un discurso nacional o de generalización, porque cuando defiende sus intereses se pretende defender los de la nación.

En todo caso, se representa una identidad productiva, la de los cocaleros, que se politiza fuertemente al ser parte de uno de los principales conflictos en el país, en un espacio

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en el que se atraviesan las relaciones locales de poder con la presencia de fuerzas internacionales. El tema de la soberanía y la intromisión norteamericana les permite a los cocaleros convertir en causa nacional la defensa de lo corporativo.

Por su mismo origen, la que representa ASP no es una identidad política propiamente dicha, sino social/corporativa que actúa políticamente, porque tiene fuerza organizada, que se ha vuelto últimamente presencia parlamentaria y gobierno municipal a través del voto en algunos lugares del Chapare.

En el caso de CONDEPA, ya no se trata de lo corporativo, sino de algo cultural y socio-económico. Considero que este partido no es una forma orgánica y ascendente de representación de la identidad política. Ésta es producida desde el partido, aunque sin identificación no pasa nada. En su más exitoso discurso de emisión, el partido se inventa un tipo de identidad popular-nacional de matriz aymara. CONDEPA representa la identidad que quiere representar. Es una oferta de identificación y reconocimiento para aquellos que no la obtienen de otro modo a no ser como reconocimiento asimétrico de su presencia ahí, en los trabajos subalternos y la periferia de los grupos económicos dominantes.

Lo peculiar de CONDEPA es que no ejerce un modo liberal de representación agregada de intereses y demandas, sino algo más denso y político-cultural. Esto se puede ver en el hecho de que a pesar de que en los gobiernos municipales y otras instancias de gobierno departamental y nacional, se ha acusado a dirigentes de CONDEPA de corrupción, la gente sigue votando por ese partido.

A su vez, se puede observar que el desempeño de CONDEPA en esas instancias de gobierno no se ha caracterizado por representar, canalizar y resolver las demandas de la población que ha votado por el partido. En esto, su desempeño es parecido al resto, pues son predominantes las prácticas de reparto de cargos, prebendalismo y aprovechamiento ilícito de los bienes y poderes públicos. No es observable que CONDEPA sea más representativa que otros partidos en el desempeño de gobierno.

Pero antes, detrás o afuera de esto, está el voto sostenido por CONDEPA. Una respuesta simple consiste en pensar que hay una necesidad de identificación y reconocimiento igualitario que este partido ha tomado como referente para la región del altiplano. Tal vez son personas que en lo cotidiano no reciben un trato como iguales, y este partido ha entrado a ser reconocido como un casi-igual en el sistema de partidos, producto de su capacidad para agregar a esos excluídos y discriminados.

La existencia del referente común e integrador es algo más valioso que su mal desempeño ejecutivo. Ocurre que el apoyo o voto por CONDEPA funciona de una manera casi autónoma respecto de su desempeño. Parece que su valor consiste en que existe y no tanto en lo que hace. En este caso tenemos, entonces, la representación de algo que no es liberal en un espacio de representación liberal: el sistema de partidos. Según la doctrina liberal y las teorías de elección racional que son su voz en el ámbito de las ciencias sociales,

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un mal desempeño y una mala representación de intereses lleva a cambiar la dirección del voto en las siguientes elecciones. Esto último no está ocurriendo, porque la necesidad no ha desaparecido y no hay una alternativa que junte simbolización, encuentro e identificación colectiva, con representación de intereses y resolución de problemas con eficacia y responsabilidad.

d. Apoyo plebiscitario en la selección de gobernantes En el caso de ADN, MNR, UCS, MIR y el MBL, la relación votante-partido no tiene a la la representación social y política como eje o aspecto más importante. El voto por estos partidos ya no está cargado por una delegación de representación o una demanda y esperanza de representación. La dinámica de las elecciones en este espectro de relaciones se ha alejado de la problemática de la representación. Se centra en el asunto de la selección de gobernantes.

La creciente indiferenciación de los programas y acciones de gobierno de estos partidos ya no puede sostener la representación de identidades colectivas. La llamada corrida hacia el centro de los partidos de derecha y de izquierda, es una renuncia a la constitución de identidades políticas y una apuesta a la competencia por electores supuestamente abstractos, individualizados y comunes. Sin embargo estos partidos cargan todavía con cierta identificación que viene de sus orígenes, a lo cual se adhieren algunos rasgos de su actuación en las últimas décadas. Las diferencias de identidad están en el pasado y ya no en el presente.

En los últimos procesos electorales, está casi ausente en el discurso de los partidos la representación de la sociedad con contenidos específicos y verosímiles. El discurso político electoral convoca a identificarse con un candidato y a elegir la dirección de la confianza. Una representación sin contenido no es representación. Lo que tenemos generalmente son políticos con apoyo plebiscitario, que no es lo mismo que representación.

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e. Déficit de representatividad y análisis de las encuestas. En un sistema de partidos que mostraba déficit de representatividad, se introdujo la reforma de los uninominales, lo que ha reactivado los discursos sobre la problemática de la representación. En muchos casos los candidatos uninominales han reproducido la política de la búsqueda del simple apoyo plebiscitario, excenta de procesos de articulación de la representación de lo social en lo regional. Algunos otros sí lo han hecho y en algún sentido son más representantes y representativos.

De acuerdo a los últimos resultados electorales no se puede establecer una correlación única entre grado de representatividad y voto o apoyo plebiscitario. Por un lado, tenemos que en el Chapare hay un apoyo masivo y mayoritario a los candidatos de la ASP,

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que es el caso más fuerte de la relación positiva entre representación social y apoyo plebiscitario. Pero por otro lado, tenemos el caso de los dirigentes de los pueblos del oriente que fueron sobre todo candidatos por el MBL, lo que no se tradujo en apoyo plebiscitario. En este caso hay representatividad y selección orgánica, pero no apoyo plebiscitario.

Cabría pensar como hipótesis que hay sectores que no buscan representación en y a través de los partidos, y votan con base en otros criterios. En estos casos tal vez los partidos no son tomados como mediación para la representación ni como un elemento en la autoconstitución, sino como algo que está o puede estar del otro lado, en el gobierno, y con el que hay que negociar, y no sentirse representado.

Además de estos aspectos, hay lo que dentro de sus potencialidades positivas, podría llamarse la falacia o imposibilidad de representación por los diputados uninominales. La causa de esto está en la articulación de representación uninominal con el principio de mayoría. En cada circunscripción es elegido el candidato más votado, el que en el mejor de los casos puede representar a los que han votado por él. Los que han votado por los perdedores son entonces irrepresentables.

La otra cara de esto es que el modo en que ocurren las elecciones muestra, a través de la competencia entre candidatos que pugnan por el voto, que en realidad no se está eligiendo representantes de la comunidad o región. El hecho mismo de que los candidatos busquen el apoyo muestra que no se trata de representación, sino más bien de un pedido de voto de confianza o de algo que forma parte de circuitos de intercambio político. Buena parte de la política de hoy se hace bajo la justificación de la representación, pero en buena parte de ella se trata de otra cosa, política, pero no de representación política.

Las circunscripciones no son fuentes de organización de representación política, más bien son fronteras artificiales dentro de las cuales se compite por el voto. Las elecciones son básicamente procesos de selección de gobierno a través de la competencia por el apoyo plebiscitario, como lo pensó Schumpeter. El proceso de municipalización no contempla exclusivamente a los partidos políticos. A través de la Ley de Participación Popular incluye también a las OTB y comités de vigilancia. En esos niveles tal vez hay más representatividad, pero no gracias a los partidos, que más bien tienden a buscar el predominio en esas instancias para monopolizar la gestión política y anular así su potencial de representatividad y eficacia para plantear necesidades y fiscalizar.

Aquí cabe hacer una breve reflexión metodológica-política sobre la relación voto-representación, a modo de hacer una lectura de algunos datos cuantitativos. Considero que la cantidad de votos no se puede tomar en todos los casos como un índice cierto de la capacidad y grado de representación política de los partidos.

En Bolivia experimentamos el caso de una sostenida participación en elecciones y de un margen de votación de alrededor del 20% para los principales partidos, que se acompaña de un porcentaje de sufragios blancos y nulos que se acerca a la misma dimensión, como si

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representara vagamente un otro fragmento de indiferencia y rechazo. A la vez, las encuestas señalan índices bastante negativos en varios aspectos en relación al desempeño de los partidos. Revisemos comparativamente los resultados de algunas encuestas realizadas durante los años 90. De manera selectiva menciono algunos datos para hacer luego el análisis sobre la representación.

De la serie de encuestas realizada por La Universidad Católica Boliviana (UCB) durante 1994 tomaría en cuenta lo siguiente. A la pregunta de ¿el gobierno se preocupa por gente como usted?, el 55.9% responde que no y el 27% que sí. Consultados sobre el grado de confianza en el Congreso, hay un 39% que dice nada, un 29.6% poco y 5% mucho. Este es el resultado de la VI Encuesta de Percepción política. En la primera el resultado es 40.8% nada, 42% poco y 16.5% mucho.

En relación a los partidos, la Encuesta I muestra que el 41.3% no confía nada, el 46% poco y el 12% mucho. La VI Encuesta muestra un 34.6% q ue responde nada, un 22.8% poco, el 10.3% mucho y un 27.3 no sabe o no responde. A la pregunta sobre si cree que el gobierno está cumpliendo sus ofertas electorales, la gente responde: 68.4 no y 26.3 sí.11

En la Encuesta de Percepción política VII, las cosas se agravan un poco. La confianza en relación al Congreso se define así: 52% nada, 36.5% poco y 8.8% mucho. En relación a la Corte Electoral, el resultado es el siguiente: 49.2% nada, 39.2% poco y 10.3% mucho.12

La última encuesta de ese año muestra el siguiente grado de confianza en relación al Congreso: 52% nada, 36.7% poco y 4.3% mucho; y en relación a la Corte electoral: 35.9 % nada, 41.2% poco y 12.8 % mucho.13 Si lo ponemos en un cuadro tenemos lo siguiente.

Mucho poco nada no

Confianza en el congreso 16.5 4,2 40.8 5.0 29.6 39 8.8 36.5 52

Confianza en los partidos 12 46 41.3

10.3 22.8 34.6

Confianza en la corte electoral 10.3 39.2 49.2

Cumplimiento de ofertas electorales 68.4 26.3

Grado de incumbencia del gobierno 55.9 27.1

11 Todos estos datos provienen de Encuesta de Percepción política VI. Ciudad de La Paz, agosto de 1994, UCB.

12 Encuesta de Percepción política VII, UCB, Hans -Seidel, octubre de 1994. 13 Encuesta de Percepción política VII, UCB, Hans-Seidel, diciembre de 1994.

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En 1996 se publica una encuesta sobre Seguridad Humana14, de la cual quiero retomar los siguientes datos. Un 90% cree que hay corrupción en los partidos. Un 77.7% que la hay en el Congreso, un 81% en el Ejecutivo.15 Un 27.7% cree que los partidos generan inestabilidad para el sistema democrático, a lo que sólo sigue el narcotráfico con un 17.7%.16 Un 39.1% cree que no participa nada en el proceso político, un 41.9 % sólo cuando vota, un 15.8% poco y un 1.6 % mucho. En la pregunta clave sobre qué institución representa sus opiniones e intereses políticos, tenemos lo siguiente: un 3.4% cree que lo hace un partido político, un 12.6% el sindicato, un 3.,5 % el Congreso, un 11.4% la iglesia, un 1.3% la junta vecinal y un 23.4% piensa que son los medios de comunicación.17

De una encuesta realizada para analizar la cultura política y evaluar la Ley de Participación Popular, se puede tomar el siguiente dato. Un 12.1% se considera militante de algún partido político, un 27.2% simpatizante, un 26.7% independiente, a un 33.5% no le interesa la política.18

Por último quiero considerar los resultados de una nueva serie de encuestas de opinión pública realizadas entre septiembre y diciembre de 1998, en las cuales se consignan los siguientes índices en relación a partidos y representación. En la primera encuesta de septiembre se señala que un 62.2% opina que no confía nada en los partidos y un 29% poco19;es decir, el índice de desconfianza alcanza al 90%. En la segunda encuesta de noviembre, un 74% dice que no confía nada y un 21.5% poco20, el índice de desconfianza se eleva al 95%. En la tercera encuesta de diciembre, un 68% expresa no confiar nada y un 26.5% poco21; es decir, otro 95% de desconfianza en los partidos.

14 Pronagob, PNUD, ILDIS. La Seguridad humana en Bolivia. Percepciones políticas,

sociales y económicas de los Bolivianos de hoy, La Paz, 1996.

15 Op. cit., p. 158. 16 Op. cit.. p. 160. 17 Op Cit., p. 161.

18 Rojas, Gonzalo y Luis Verdesoto. La Participación popular como Reforma de la política.

Evidencias de una Cultura democrática boliviana, Secretaria Nacional de Participación Popular, La

Paz, 1997.

19 Encuesta de Percepción política interna y externa en la Ciudad de La Paz I, Septiembre de 1998, Instituto de Investigaciones en Ciencia Política (INNCIP-UMSA), enero de 1999, p. 16.

20 Encuesta de Percepción política II, p.22. 21 Encuesta de Percepción política III, p. 22.

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Si nos desplazamos hacia el parlamento, el lugar de la representación política, la opinión no varía mucho. Los índices de desconfianza son los siguientes:

a) 41.8% nada, 37.8% poco22; es decir, un 80% de desconfianza. b) 2.7% nada y 37% poco23, es decir, un 90% de desconfianza.

c) 48.5% nada y 41.3% poco24, es decir un 90% de desconfianza también.

Por último, vamos a la pregunta clave para nuestro tema. Consultada sobre si los parlamentarios representan al pueblo, la gente responde secuencialmente del siguiente modo:

a) 71.55% no y 21.7% sí25. b) 81.3% no y 14.2% sí.26 c) 73.5% no y 24% sí27.

En síntesis, sólo alrededor de un 20% considera que hay representación en el parlamento.

Un cuadro selectivo compuesto con esos datos sería el siguiente:

% Nada Sólo voto Poco Mucho

Corrupción en los partidos 90

Corrupción en el congreso 77.7

Corrupción en el ejecutivo 81

Inestabilidad causada por los partidos

27.7

Grado de participación en La política

39.1 41.9 15.8 1.6

Representatividad de los partidos 3.4

Representatividad del congreso 20

Indice de militancia 12.1

Indice de simpatía 27.3

Desinteres 33.5

22 Encuesta de Percepción política I, p. 19. 23 Encuesta de Percepción política II, p. 24. 24 Encuesta de Percepción política II, p. 24. 25 Encuesta de Percepción política I, p. 44. 26 Encuesta de Percepción política II, p. 15. 27 Encuesta de Percepción política III, p. 17.

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% Nada Sólo voto Poco Mucho

Grado de confianza en los partidos I 62.2 29

II 74 21.5

III 68 26.5

Índice de desconfianza agregado I 90

II 95

III 95

Confianza en el parlamento I 41.8 37.8

II 52.7 37

III 48.5 41.3

Índice de desconfianza agregado I 80

II 90

III 90

Si tomamos en cuenta estos datos, aunque sea como un índice muy relativo y probabilístico, cabe pensar que la concurrencia a elecciones no necesariamente está mostrando confianza y apoyo a los partidos. Parece que más bien responde a un deseo más general de mantener un régimen constitucional con libertades civiles y políticas. De manera más específica, la afluencia al acto electoral no revela índices claros de representación, dadas las condiciones actuales de configuración del sistema de partidos, y si se toma en cuenta sus funciones y capacidades expresivas y de mediación.

Del total de la población boliviana, alrededor de un 50% está inscrita para votar. De ese total de inscritos, un 70 % llega a votar y un 94% lo hace por algún partido o coalición. Estos índices de participación en los procesos de selección y formación del gobierno no contienen representatividad de por sí.

Según encuestas, alrededor de un 3.4 % considera que sus intereses están representados por los partidos políticos y un 3.5% por el Congreso, que es el ámbito en que los partidos políticos tendrían que convertir esa representación en actividad legislativa y fiscalizadora. Este es un índice muy bajo de representatividad para justificar el monopolio legal que se le otorga a los partidos para ejercer precisamente esa tarea de la representación. En la encuesta realizada a fines del 98, los resultados varían. Alrededor de un 20% considera que el parlamento representa al pueblo. Quizás esto se deba a un cambio en el índole de la pregunta. Esta última es más general. La primera preguntaba si se creía que los intereses propios estaban representados por los partidos y el Congreso. Un promedio de 90% de desconfianza en los partidos y el Congreso es compatible con un 3.5% de inclusión o sentimiento de representación. Tal vez el 20% de la última encuesta puede interpretarse como una opinión que no cree que sus intereses están incluidos, pero los de otros sí.

A este déficit se añaden algunos otros rasgos negativos, que en parte también son consecuencia de lo anterior: un alto índice de desconfianza en el Congreso, que es el ámbito más público de acción de los partidos; alrededor de un 89.9% agregado no confía nada o

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poco según la primera serie de encuestas citada y un 93.5% y 87% en relación a los partidos y el parlamento, según las últimas encuestas publicadas en 1999. Esto indica que el índice de desconfianza en los partidos y parlamentarios ha aumentado en los últimos años. Cuando se trata de partidos, el grado cero de confianza es mayor, alrededor del 70%, y un 25.7% es altamente escéptico o confía poco. Cuando se trata del parlamento el grado cero de confianza es alrededor del 50% y alrededor de otro 40% es altamente escéptico.

El motivo más fuerte de esta desconfianza parece ser la creencia de que hay mucha corrupción en los partidos, el Congreso y el Ejecutivo: 90%, 77.7% y 81% respectivamente. La mitad de la población cree que sólo participa políticamente en el momento de votar y un 42% que no participa nada. Este es un índice de que los partidos no están siendo espacios de participación política en el seno de la vida cotidiana de la sociedad, que es donde se pueden y deben tejer o configurar las relaciones más orgánicas de representación política.

Si alrededor de un 90% cree que no participa o sólo lo hace al votar, eso significa que los partidos están casi ausentes en la vida política de la sociedad civil como mediadores y articuladores de la representación. Un 1.6% considera que participa mucho. Un modo atrevido de interpretar este dato, pero no exento de referentes, es pensar que ese es el margen de personas que acceden al reparto de cargos después de haber participado activamente de los procesos electorales internos y nacionales. Hay un 15.8% que cree que participa poco, probablemente es el margen de personas que sigue los debates políticos y participa en ellos de alguna manera.

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f. Representación y medios de comunicación. Otros datos se podrían interpretar de la siguiente manera complementaria. Según encuestas, las instituciones consideradas más representativas políticamente son los medios de comunicación con un 23.4%, los sindicatos que oscilan entre un 12.5% y un 23%, y la Iglesia con alrededor del 12%. ¿Qué puede significar esto?

El que alrededor de un cuarto de la población se sienta mejor representada políticamente por los medios de comunicación, es índice de varias cosas que van juntas, y muestran el hecho de que no hay formas de autorepresentación vigorosa y con influencia pública sobre el resto de la sociedad civil y el Estado. La gente se siente más y mejor representada por los medios cuando no está organizada y/o cuando su organización no tiene la capacidad de hacerse oír e influir sobre el resto de la sociedad y el gobierno.

Los medios de comunicación se han vuelto recolectores de opinión pública, pero a partir de eso no son articuladores de proyecto político. Los partidos no están haciendo lo primero, por eso están siendo sustituidos por los medios, pero tampoco hacen mucho lo

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segundo, ya que no hacen bien lo primero.

La representación política a través de los medios es esporádica, fragmentaria, selectiva, contingente, no es orgánica y se hace generalmente a través de una traducción. Más que representación en sí es presentación de opiniones, críticas, demandas, denuncias y juicios de valor. Representar políticamente implica la capacidad de defender posiciones y opiniones, es decir, deliberación. En este sentido, un representante tiene que pertenecer a lo representado, porque sino es otro tipo de mediador.

La representación política se ha desplazado de un eje o espacio predominantemente corporativo a otro de carácter mediático. Los partidos no son el centro.

No está en las encuestas, pero cabría analizar qué es lo que representan políticamente los medios en base a una observación sintética de lo que hacen. Lo que los medios de comunicación generalmente presentan es:

a) Opinión o evaluación puntual del desempeño del gobierno nacional, local, los partidos y los políticos.

b) Demandas sociales a partir de situaciones críticas como desastres naturales o déficits en los servicios públicos e infraestructura.

c) Opiniones sobre reformas, decretos y decisiones gubernamentales.

Se pueden distinguir más cosas, pero lo que quiero señalar en general es que la prensa y los medios en general siguen informando y no formando. En general se informa sobre lo que pasó y está pasando y lo que alguna gente opina sobre eso.

Haciendo una distinción analítica, operativa y parcial de los intereses políticos, se podría decir que los medios generalmente canalizan parte de los intereses evaluativos y los de fiscalización del poder político, no así los proyectivos y la participación efectiva. Los medios canalizan parte de la evaluación política micro y puntual. Lo más relevante tal vez sea que los medios han llevado adelante la tareas de fiscalización del poder político con más fuerza y efectividad que otras instituciones de la sociedad civil y, en particular, más que el Congreso. El déficit en actividad fiscalizadora del Congreso se cubre en parte por las acciones de los medios de comunicación.

Considero que gran parte del grado de representatividad que la gente le atribuye a los medios se debe a esta actividad fiscalizadora, que gira en torno a la corrupción. Cuando la prensa fiscaliza y denuncia actos irregulares en el uso de los bienes públicos, está representando intereses políticos defensivos de los ciudadanos, no proyectivos. Son intereses generales en tanto consumidores y financiadores (mediante impuestos) de bienes públicos, no es el ejercicio de derechos ciudadanos mediante la participación. La fiscalización es defensiva y necesaria, pero la construcción política que debería acontecer en los partidos tampoco está produciéndose en este escenario.

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Veamos ahora la relación partidos-medios. Mi hipótesis es que ha habido un desplazamiento desde formas de autorepresentación de matriz corporativa predominante a la transformación de la política en simulacro o representación en un sentido casi teatral, es decir, la actuación en escenarios artificiales con base en guiones que ya no vienen de una relación más o menos orgánica de representación política en el sentido clásico.

Esto significa que a los partidos ya no les interesa estar en la sociedad, porque prefieren estar presentes en los medios de comunicación. En los medios se representa o actúa lo que no se hace u ocurre en el seno de la sociedad y los espacios inexistentes de participación política. Los políticos profesionales se vuelven actores, no en el sentido fuerte de sujetos. En los medios se simula la política, la que ya no ocurre en la sociedad, o se la modifica armando los escenarios requeridos.

Por un lado, los políticos y los partidos adecuan y arman los escenarios del Ejecutivo, el Legislativo y los partidos, para que aparezcan en la televisión representando algún aspecto del interés general. Por otro lado, los medios presentan esos escenarios y actores como si eso fuera la política. Lo que los medios hacen a veces es escudriñar detrás de esos escenarios mutuamente constituidos, para mostrar las tramas paralelas de la corrupción y el predendalismo.

Esto de la simulación de la política no es nada nuevo. Ya Maquiavelo había señalado entre sus consejos que lo importante no era ser virtuoso, sino parecerlo, y para ello el gobierno era también una actuación para los gobernados a los que, sin embargo, aconsejaba no perjudicar ni oprimir.

La política siempre ha sido una teatralización, un montaje artificial de escenarios y producción de actores. Las historias representadas han sido más o menos dramáticas. La política moderna ha pretendido armar un escenario de la representación política a través de los partidos, como una forma de articular sociedades en la que los diversos ámbitos de la vida social se han autonomizado y separado. Para muchas sociedades, este escenario fue altamente dramático desde fines del siglo pasado hasta hace poco tiempo, porque en él se jugaba con fuerza la representación y la lucha política. Hoy el sistema de partidos parece más un escenario de teatralización de la representación sin drama ni sujetos subyacentes. Es un simulacro altamente artificial más parecido a una telenovela que a una forma de estetización de la vida política orgánica (como en los griegos).

En breve y en síntesis, en los escenarios de la política hoy se simula representar lo que no se representa y es irrepresentable; y se oculta la representación de los intereses que sí se representa efectivamente.

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g. Primera síntesis. El sistema de partidos en Bolivia muestra un alto déficit de representatividad, alrededor del 90 y 95%. Esto significa que la representación no es una función efectiva del sistema partidario. El sistema de partidos es básicamente un espacio para la formación y mantenimiento del gobierno en condiciones de fragmentación y necesaria coalición. Como finalidad principal, las elecciones no sostienen la selección de la representación, sino la competencia por el apoyo plebiscitario pedido por los candidatos. La representación política es cada vez más marginal y difícil de articular.

IV. Partidos y proyecto político

a.Consideraciones generales. Un otro modo de analizar la representación política y la representatividad de los partidos es cruzar el análisis con el proyecto político, es decir, con el cómo se hace proyecto político en los partidos, qué se incluye de las pulsiones y movimientos de lo social, y finalmente quiénes y con quién se hace. Indaguemos entonces sobre la capacidad de hacer proyecto en los partidos.

Hacer proyecto político implica articular la sociedad o un país, componer y preparar las direcciones de la construcción política y producir fines y medios. La riqueza del proyecto depende de la complejidad de las articulaciones.

Hacer proyecto implica adelantar el porvenir vislumbrado, en tanto que, con los materiales existentes, se inventa una de las posibilidades de realidad, lo que se convierte en una de las posibilidades de sí misma. Considero que el proyecto implica una visión de totalidad y articulación del todo en el todo, más que una visión de detalles. Implica tener un modo de ver las cosas en perspectiva y de preparar las condiciones de interpenetración de las cosas.

Se pueden tomar varios índices para analizar la dimensión de proyecto de los partidos políticos. En este caso, privilegio sobre todo la elaboración y las condiciones. Trato de analizar el tipo de proyecto que está implícito y explícito en las acciones y práctica política de los partidos en su desempeño gubernamental, legislativo y en el seno de la sociedad civil.

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b. Modo de articulación y oferta del proyecto político. Si prestamos atención a cuál es el recorrido de los procesos de articulación de los proyectos políticos, podemos observar que el núcleo o la fuente generatriz no está hoy en una relación entre ciudadanos y partidos, que articulan sus demandas, intereses y propuestas, ni siquiera está en el seno de la vida partidaria, es decir, en el trabajo de los militantes que convierten su ideología en propuesta

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general y programas específicos.

La idea y la práctica del partido como articulador de proyecto a partir de su relación con fragmentos importantes de la sociedad civil, y del trabajo ideológico y político de sus militantes, ha quedado atrás para la mayor parte de ellos. Algunos nunca la experimentaron. Por un lado, la formulación de proyectos políticos se ha desocializado e internacionalizado más. Por el otro lado, siempre hubo un fuerte componente internacional en los proyectos de los partidos, marcado por la misma polarización del sistema mundial. Sin embargo a la vez había mayor presencia de lo nacional en la composición global en cada país.

A su vez, la formulación de los proyectos políticos aparentemente se ha desideologizado y tecnificado. Dicho de otro modo, hay una tendencia a desplazarse de la ideología explícita a la técnica. Esto no significa que no haya ideología, pues sólo se la oculta. Ya no se pretende legitimar proyectos en base a valores culturales y políticos globales, sino a procedimientos y eficacia. Por eso, lo que muchos partidos presentan como proyecto político, en realidad es un conjunto fragmentado, a veces inconexo, de programas parciales por áreas de actividad administrativa y servicios del Estado.

Se podría decir que la discusión sobre el proyecto político se ha centrado en el ámbito de los medios y metas específicas y casi ha abandonado el de la discusión de los principios y fines. Ésta se ha desplazado a la periferia, lo que ha significado también que la complejidad y el alcance temporal de los proyectos políticos se haya reducido.

En cuanto a la complejidad del horizonte de discusión y formulación de los proyectos políticos, una primera tendencia es la débil presencia o a veces ausencia de visiones y proyecciones de país, de diagnósticos político-culturales de época y la subsecuente elaboración de imágenes globales de futuro. El debate se ha vuelto más económico y menos cultural y político. Hay una débil discusión y elaboración de valores y fines globales. Se discuten fragmentariamente obras y metas. Esto se sentiría con más fuerza si no hubiera la cobertura general y el despliegue de proyectos políticos internacionales, que son los que arman y ponen las redes generales o comunes en torno a las cuales los partidos locales se han vuelto tejedores de segunda o complementarios, cuando no simples ejecutores o usuarios. Esta es también una función política hoy. Muchos políticos y partidos usan proyectos internacionales para gobernar sus países, o para competir en elecciones y acceder a cargos públicos.

La oferta de proyectos ya no viene de los partidos políticos. Estos se han vuelto consumidores de una oferta de planes de regulación y reforma política del mercado internacional. Para decirlo metafóricamente, los partidos se han convertido en usuarios de proyectos, de los cuales son intermediarios con la población. En este sentido, la dirección predominante no es ascendente, sino descendente. Los partidos no articulan un proyecto político hacia arriba, sino que lo median hacia abajo. Se han vuelto más mediadores, que productores de proyectos políticos.

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cuyo esqueleto no han armado, el grado de representatividad que contienen también es bajo o nulo. Dado que la dirección predominante es descendente, el grado de representatividad es generalmente bajo.

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c. Definición de las necesidades. Un nexo clave para analizar la relación entre representación, representatividad y proyecto, es el tema de las necesidades. En su sentido y variedad más amplios, un proyecto es un modo de responder a una definición o diagnóstico de necesidades. Es importante, entonces, cómo y quién define las necesidades. En la medida en que éstas son definidas por especialistas nacionales e internacionales, hay menos representatividad en todo el proceso político, aunque sí más conocimiento sobre algunas otras condiciones. La representatividad crece cuando los mismos sujetos definen sus necesidades.

Un proyecto político contiene una definición de las necesidades. Cabe preguntarse cómo están definiendo las necesidades los partidos políticos. Como parte de una sociedad o país, un partido encarna o puede encarnar un conjunto limitado de necesidades en relación al país. Si hay articulación ascendente en su seno, su proyecto expresaría de buena manera una parte de las necesidades de la población, un modo de sentirlas y de pensarlas. En este sentido, un sistema de partidos abierto y plural permite conocer mejor el amplio espectro de las necesidades en el país y ser espacio de elaboración de respuesta colectiva y compuesta. Sin embargo la conducta de la mayoría de los partidos revela que no son expresivos ni conocedores del sistema de necesidades en Bolivia. En general, la definición de éstas por los partidos no usa como fuente la relación con los sujetos de las necesidades y su participación política en el proceso de conversión de ellas en respuestas como parte del proyecto político. Más bien los partidos operan en base a una combinación de definición de necesidades realizada por los especialistas de los principales organismos internacionales, los estudios y diagnósticos de las ONG y consultores de fundaciones y del gobierno, además de la opinión atomística recogida por los medios de comunicación. A esto se sobrepone una definición de necesidades que los partidos realizan a partir del diseño de sus campañas electorales. Necesidades son aquellas cosas sobre las que se puede intervenir asistencialmente para ganar votos.

Resulta que los medios de comunicación se han vuelto hoy mediadores entre los ciudadanos y los partidos. Los partidos no recogen la definición de necesidades de manera directa a través de su presencia en la vida pública de la sociedad civil, sino a través de los medios de comunicación, porque han dejado de ser o nunca han sido espacios de deliberación.

Las cosas se han especializado y compartimentado. Parece que los políticos de partido creen que ellos deben dedicarse al gobierno, la administración y al parlamento y que

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los medios de comunicación tienen la misión de recoger y articular la opinión de la gente. Antes que ser productores y articuladores de opinión, los medios se han vuelto a sí mismos objeto de opinión. El papel de los medios de comunicación en estos procesos indica que mucha gente percibe que los partidos están más o totalmente del lado del Estado y que ya no son la mediación con él. Son entonces canales de ingreso y participación en el Estado y no de comunicación con él. Por eso se hace necesaria otra mediación: la comunicación política con el Estado no la realizan los partidos, sino las empresas de información.

En esta imagen predominante hay que introducir algunos matices. Primero, esta última relación está bien expresada en el caso de CONDEPA. EL medio de comunicación se vuelve partido y el medio de supervivencia del partido es precisamente RTP. Este es el caso de la fusión, que trata de ser imitado por otros por su éxito político. En el resto hay la separación o la relación invisible o no explícita. La fusión exitosa está ligada a procesos de fuerte identificación político cultural colectiva. Para partidos "atrapa todo" (cath all parties) que son el núcleo duro del sistema de partidos en Bolivia, esta estrategia no es pertinente. La conquista del voto no busca fuertes identificaciones o no deviene de ello.

En RTP se escenifica en vivo y en público la escucha de las necesidades, la relación con la gente, pero CONDEPA ni ningún otro partido escenifica el momento de la articulación y redefinición política de las necesidades, es decir, la deliberación y el procesamiento, la síntesis y lo realmente público. La mediación se queda en el ámbito de la escenificación de la expresión privada de las necesidades, quejas y opiniones. CONDEPA incluso evita articular la vida pública en sus medios.

Este es un índice de que los partidos se han tomado en serio eso del monopolio de la política. Un modo de ejercerlo es precisamente mantener esa dimensión privada, atomística de la expresión y discusión de las necesidades, incluso en los medios y espacios de comunicación. Los partidos no sólo no organizan la agregación y articulación potenciando políticamente las pulsiones de la sociedad, sino que se preocupan por evitarla y desorganizarla. Hoy los partidos no son una fuerza de organización de la sociedad civil, sino de desorganización de la misma.

Hay otra cosa de la cual el caso de RTP y CONDEPA es también un buen índice de las tendencias. Ese conjunto de necesidades y quejas escenificadas en RTP no son el insumo básico del proyecto y del accionar del partido. No hay fluidez y continuidad, sino separación y contradicción. Eso no se ha vuelto ruptura y crisis, creo, debido a la fuerte necesidad de expresión e identificación colectiva; aunque no se vuelva síntesis, proyecto y acción política congruente. Las pequeñas satisfacciones privadas palian el déficit de construcción política.

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d. Segunda síntesis. A modo de retomar varias cosas a la vez, se podría decir que del núcleo predominante en el sistema de partidos, sólo el MNR ha implementado un proyecto político, que en parte y según las coyunturas, ha sido criticado por sus competidores, quienes sin embargo, más tarde, se han vuelto funcionarios y usuarios del mismo.

En 1985 se empezó la primera fase de implementación en el gobierno de Víctor Paz. En 1993 comienza la segunda. Ambas introducen y desarrollan una visión de país, que ningún otro de los partidos cogobernantes ha articulado. El MBL estaba avanzando un tiempo hacia eso, pero luego se asimila y abandona tareas alternativas. Si no hay visiones generales o totalizantes, de país, Estado, sociedad o economía, entonces, en rigor, no hay proyecto político.

A modo de síntesis de lo señalado antes, se pueden señalar las siguientes características centrales: El proyecto político desplegado durante los últimos 14 años no viene de una amplia discusión y elaboración en el seno de los partidos y tampoco de un proceso de discusión pública de éstos en espacios de la sociedad civil, de lo cual resultaría la síntesis propositiva.

El proyecto político en el país no es el resultado de procesos de eslabonamiento de la representación política que acaba en propuesta nacional. El esquema parece ser otro. El índice más expresivo de las tendencias predominantes lo da el MNR en su segunda fase de despliegue. El llamado "Plan de todos" fue elaborado por la Fundación Milenio con el concurso de un grupo de especialistas internacionales y nacionales y no por un grupo de militantes. Se podría decir que el núcleo de elaboración de los proyectos está compuesto hoy de especialistas, consultores o funcionarios de instituciones internacionales de la regulación económica e interestatal, por consultores de las fundaciones para-partidarias y, en segundo orden, la élite de los partidos.

En este sentido, para los partidos ya no es tan importante tener un equipo o grupo humano de militantes con capacidades profesionales diversas para armar un proyecto político, sino tener el dinero para contratar a los especialistas internacionales y nacionales, o tener las relaciones políticas y el peso local para obtenerlos como apoyo externo.

Debido al creciente desplazamiento y concentración de la democracia hacia el momento electoral, la formación de los proyectos políticos se ha cruzado con el discurso electoral o la competencia de imágenes. El discurso de emisión más electoralista tiende a diferir de lo que los partidos realmente hacen o van a hacer en funciones de gobierno. Si las elecciones son el momento privilegiado de la representación, este tiempo también es altamente desperdiciado o anulado, ya que la gente elige o apoya propuestas que no se van a realizar. El debate electoral que prepararía la selección de la representación ha estado separado de los procesos de gobierno posteriores. Un otro índice de debilidad de elaboración y presencia de proyecto político, es el tenor de los debates pre electorales. Se han discutido obras y planes específicos y no proyectos de construcción societal.

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El proyecto político es cada vez menos objeto de discusión pública. Se debaten fragmentos, pero no el horizonte global. Su elaboración está cada vez más en manos de un grupo de especialistas no partidarios. Los partidos contratan o reciben los servicios ofertados y elaborados por nuevas burocracias políticas más allá de los partidos y de la esfera pública.

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V. Posibles escenarios.

A continuación bosquejo tres escenarios en grado decreciente de probabilidad, aunque en algunas cosas éstos se superponen.

a. Déficit de representactividad y continuidad. Una de las tendencias actuales es que continúen y se acentúen las características principales señaladas, es decir, que se mantenga e incluso se reduzca más el bajo nivel de representatividad de los partidos, asociado a un proceso de creciente separación en la fomulación del proyecto político respecto de la vida pública en el seno de la sociedad civil. Esto es, baja o nula representatividad con alta profesionalización y concentración de la política, con proyectos articulados y producidos por especialistas no partidarios, es decir, no hay representación ascendente y sí proyecto político descendente.

Este escenario tiene dos desenlaces posibles. Uno de ellos es la crisis del sistema de partidos a partir de fallas estructurales en la representatividad. Esto significa que se reduce la participación en elecciones y se transita a una modalidad de régimen burocrático-autoritario sin mediaciones partidarias. Estamos hablando del desorden con sus potencialidades destructivas y creativas.

El otro desenlace consiste en que la gente asuma que los partidos no la representan ni lo harán, y continúen apoyándolos en los procesos electorales entendidos como mecanismo de selección de gobernantes. Si bien se renuncia a la representación a través de los partidos, se los legitima por otros criterios. Así se evita la crisis por readecuación, pero no el problema.

Esta tendencia se puede complementar con la acentuación de otra actitud ya presente. Mucha gente no ve a los partidos como organismos y medios de representación y proyecto político, sino como agencias de empleo o intercambio político clientelar, como ventanas estatales de micro negociación. Esto lleva a la pulverización de la negociación política macro en micro relaciones clientelares. De acentuarse y generalizarse este modo de ver y de relacionarse con los partidos, el déficit de representación será menos crítico, pero no

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por ello menos presente. Creo que esta será la tendencia predominante.

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b. Renovación y sustitución en el sistema de partidos. Otra posibilidad consiste en una renovación del sistema de partidos que puede ocurrir de dos maneras. Una sería que los partidos que tienen presencia en los poderes Legislativo y Ejecutivo, que han mostrado tener baja representatividad, se renueven desarrollando nuevas capacidades de representación por su presencia en la vida de la sociedad civil o por procesos de comunicación más fluidos y continuos, con los cuales se alimentaría un proyecto político sensible e inclusivo de las necesidades planteadas por los sujetos en cuestión. Una vuelta a la sociedad permitiría que los partidos y su sistema se renueven. No hay indicios serios, sin embargo, de que esto pueda ocurrir en breve en el seno de las principales organizaciones partidarias. Los partidos no parecen sentirse muy incómodos con lo que hacen ni con sus problemas de representatividad, a no ser que se los lea a través de la cantidad de votos.

La tendencia es a incorporar a la gente en procesos plebiscitarios internos como las primarias, es decir, en parte de la vida del partido, pero no al revés, es decir que ellos se inmiscuyan en la vida de la sociedad para articular su representación y participación en procesos de proyección política.

Una vía de renovación más probable y que creo que ocurrirá en parte, no como tendencia principal, es que en el mediano plazo se produzca una sustitución de parte de los actuales partidos por nuevos que vengan con una red de mayores articulaciones y relaciones de representación con sectores importantes de la sociedad civil, lo cual reintroduciría mayor representatividad en el parlamento y mayor participación en el proyecto político.

Para que esto ocurra, la condición de posibilidad es una sociedad civil más organizada, activa y autónoma. A mi parecer, estamos experimentando todavía la dirección contraria. Sin sociedad civil organizada no puede haber un alto grado de representación, aunque sí partidos fuertes.

Es probable que la necesidad de representación impulse a la organización civil y luego al tránsito o articulación con lo político partidario, y que la necesidad de tamaño, fuerza y proyecto, lleve de lo corporativo a lo político general.

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c. Reforma institucional. Otro modo de ver las cosas es desde lo institucional. En realidad se trata de observar desde otro lugar. Se puede vislumbrar el cambio y la renovación a partir de reformas del régimen político, la Ley Electoral, los procedimientos y la

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organización del Ejecutivo y el Legislativo.

Las reformas políticas realizadas y proyectadas desde el gobierno durante los últimos años, funcionan a este nivel. Se espera que entre sus resultados, el cambio institucional produzca un cambio en los partidos políticos. El enfoque institucional apuesta a que las condiciones institucionales a la larga acaben transformando el accionar de los partidos.

La reforma institucional será otro escenario político y es el que cuenta con mayor apoyo externo.

Cabe anotar las limitaciones de la perspectiva o espectro de las reformas en relación a la representatividad. Las reformas se centran en procedimientos y normas de organización y operación dentro del Legislativo y el Ejecutivo, en el sentido expreso de mejorar la eficiencia y el desempeño funcional de los poderes del Estado. El éxito en estas reformas puede aumentar el grado de legitimación por un buen desempeño, pero no necesariamente la representatividad.

La ley electoral y la de partidos tocan algunos aspectos de la relación de los partidos con la sociedad y las normas como condición de inclusión y reconocimiento. La Ley Electoral es uno de los principales modos de diseñar el sistema de partidos y la representación política. Estas leyes pueden exigir y crear condiciones a los partidos políticos, pero no las capacidades en su seno.

En este sentido, se ha querido mejorar la representatividad a través de la introducción de los uninominales. Este seguirá siendo un escenario privilegiado donde se apostará a la representatividad de los partidos. Me parece, sin embargo, que los uninominales son un mecanismo para afinar la selección de los parlamentarios en tanto apoyo plebiscitario personalizado, pero no contiene necesariamente representación. Lo que se gana en visibilidad se pierde en inclusión.

El núcleo del problema de la representación se juega en las relaciones entre partidos y sociedad, no al interior del Estado y sus instituciones que, sin embargo, pueden condicionarla con fuerza. Las mejores leyes e instituciones no producirán de por sí buenos partidos. La raíz de la deficiente relación entre partidos y sociedad está en la misma estructura social. La fuerte desigualdad económico-social produce diferentes capacidades de organización y de participación en la política, con resultados asimétricos en favor de aquellos que ya controlan significativos recursos económicos. Por esto, una mejora significativa de la representación política no puede venir exclusivamente de la reforma de la institucionalidad política, sino también de un cambio en el orden económico y social.

Preguntémonos, sin embargo ¿qué se puede hacer en lo institucional para mejorar la representatividad? En primer lugar, si el objetivo es mejorar y afinar la representatividad en el parlamento, no hay duda de que la mejor manera de hacerlo es en base al principio de

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proporcionalidad en la fórmula electoral que convierte los votos en escaños parlamentarios. Al respecto, al introducir los uninominales elegidos bajo principio de mayoría, se está caminando en el sentido contrario. Con esta reforma se da mayor legitimidad a los diputados elegidos, pero no se logra mayor representación. Las reformas a la Ley Electoral y a la de Partidos se han hecho bajo la preocupación de lograr lo que se llama gobernabilidad, que básicamente consiste en diseñar escenarios y normas para el control partidario del Poder Legislativo.

Técnicamente hablando, la mejor alternativa institucional para tener un Legislativo más representativo, es tener un congreso unicameral de distrito único elegido por principio de proporcionalidad. Esto es, todo el país se vuelve un solo distrito y la gente sólo vota por diputados nacionales, por los que crea que mejor pueden cumplir esas tareas, ya no por regiones o departamentos. Así se evita la incongruencia de estar votando por diputados nacionales queriendo que a la vez representen a la región. Esto último es introducir criterios gremiales o corporativos en la configuración del Congreso. El principio de proporcionalidad aplicado a un distrito único garantiza que el porcentaje de votos se convierta sin distorsión en un mismo porcentaje de representación parlamentaria. Si un partido obtiene 20 o 30 de votos ese es el porcentaje de diputados que tendrá.

Si se quiere un régimen más representativo todavía, el siguiente paso es introducir la proporcionalidad en el Ejecutivo, es decir, que el porcentaje de votación también se vuelva un porcentaje de presencia en el gabinete de ministros, una vez que se ha superado un umbral de votación que calificaría a los partidos como significativos o importantes para ser incluidos en éste. Una reforma de este tipo produciría mayor legitimidad que las actuales negociaciones para formar gobiernos de coalición, porque traduciría el apoyo popular en presencia en el Ejecutivo, que ya no dependería de negociaciones y compromisos políticos diferentes de la preferencia ciudadana.

Además, este tipo de representación en el Ejecutivo lleva a desarrollar prácticas de cooperación y gobierno colectivo, tan necesarias en una sociedad tan heterogénea como la nuestra y con un sistema de partidos fragmentado, que ha necesitado siempre de coaliciones para formar gobierno.

La llamada democracia pactada es una solución sub-óptima en relación a esta práctica consociacional o de poder compartido28, ya que la primera depende de las negociaciones entre élites y está ligada al reparto de cargos, en cambio la proporcionalidad en el Ejecutivo tiene la legitimación del voto y la preferencia de los ciudadanos.

Estas reformas funcionan mejor en un régimen parlamentarista, porque se trata de organizar el gobierno compartido y no centralizarlo en un partido y un jefe. Insistir en el presidencialismo en un sistema de partidos fragmentado en que los éstos oscilan alrededor

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