ESTUDIO DEL EVANGELIO DE JESUCRISTO
Por: Rubén Álvarez
“La misericordia de Dios”
Introducción
Lucas 1: 57 “Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su
alumbramiento, dio a luz un hijo. 58 Y cuando oyeron los vecinos y los
parientes
que Dios había engrandecido para con ella su misericordia,
se regocijaron con ella. 59 Aconteció que al octavo día vinieron para
circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre,
Zacarías; 60 pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. 61
Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con
ese nombre. 62 Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le
quería llamar. 63 Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su
nombre. Y todos se maravillaron. 64 Al momento fue abierta su boca y
suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios. 65 Y se llenaron de temor
todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron
todas estas cosas. 66 Y todos los que las oían las guardaban en su
corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño?
Y la mano del Señor
estaba con él.
Introducción.
Y llegó el tiempo del alumbramiento de Juan, el hijo anunciado por el ángel Gabriel a Zacarías en el templo.
Juan había quedado mudo desde que el anuncio le fue dado, debido a que no creyó que pudiera ser posible que tuvieran un hijo siendo él y su esposa ya viejos, además de que Elisabet era estéril.
Elisabet se había recluido durante el tiempo de su embarazo, recibió la visita de María en los últimos tres meses, y finalmente dio a luz para sorpresa tanto de vecinos como de sus familiares.
Estos, maravillados porque Elisabet, la estéril, la vieja; diera a luz un niño; se gozaron dando gracias a Dios por haber engrandecido Su misericordia para con ella.
DESARROLLO
1. La misericordia se ha engrandecido
Dice el evangelio que la misericordia de Dios fue engrandecida sobre Zacarías y Elisabet.
Ellos era un matrimonio sacerdotal. Zacarías era sacerdote activo y ministraba delante de Dios en el templo. Elisabet también era descendiente directo de Aarón. Además eran un matrimonio honorable, ambos eran justos e irreprensibles, andaban rectamente en todos sus caminos delante de Dios, y sin embargo tenían la grande afrenta de no haber podido tener hijos debido a la esterilidad de Elisabet.
La Palabra de Dios dice que no habría estéril dentro de Su pueblo, y Elisabet no solo era parte del pueblo de Dios sino del orden sacerdotal y además viviendo en rectitud.
Me parece muy importante esta porción de las escrituras, pues muchos cristianos de nuestros tiempos han sido educados en una doctrina de retribución, que dice que si haces lo bueno pues tienes garantizado que tendrás todo lo que anhelas, en cambio si haces lo malo pues vendrán graves problemas por todas partes. Y sí, ese pensamiento es correcto pero después de que muchas cosas sucedan.
En el caso de Zacarías y Elisabet no había ninguna razón de pecado como para que ellos hubieran sido “castigados” con esterilidad. En la Palabra de Dios podemos apreciar a Mical, hija de Saúl, quien criticó y menospreció a su esposo, el rey David, por quitarse su traje real para danzar delante del arca de Dios cuando era transportada hasta el tabernáculo que había preparado en Jerusalén para darle adoración continua; pues bien, ella quedó estéril durante toda su vida a causa del menosprecio hacia su esposo.
Pero Zacarías y Elisabet eran irreprensibles, así que no había causa de pecado para la esterilidad. La Palabra de Dios nos habla de otro personaje que sin causa de pecado sufrió una serie extraordinaria de calamidades, Job.
Y bueno, llegaron sus amigos a hablar con Él resueltos a llevar a Job a arrepentirse de sus pecados, pues estaban seguros que la única causa para que Job hubiera experimentado tal quebranto, era el pecado. Sin embargo, una y otra vez, Job declaraba que no tenía de que arrepentirse pues no había pecado.
El libro de Job es un tratado formidable del error de la doctrina de la retribución, pues en realidad ningún pecado hubo en Job para recibir todo el daño que sufrió. Sin embargo Job tuvo que aprender algo maravilloso. Que Dios es mucho más grande que cualquier ser humano por santo que sea este. Que la santidad y sabiduría de Dios excede a cualquiera de los santos aquí en la tierra y que lo que en realidad mantiene al hombre viviendo en la bendición, no es el premio de la rectitud, sino la humildad de esperar en Su misericordia.
Ambas historias nos declaran una gran verdad espiritual: Todos, hasta los justos, necesitamos la misericordia de Dios.
2. ¡Dios es bueno, y Su misericordia es para siempre!
¡Dios es bueno!, y les gusta dar a manos llenas.
Jesús dio una parábola maravillosa para que podamos comprender Su bondad, Su misericordia y el error de la doctrina de la retribución:
Mateo 20: 1 “Porque el reino de los cielos es semejante a un
hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros
para su viña. 2 Y habiendo convenido con los obreros en un denario al
día, los envió a su viña. 3 Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio
a otros que estaban en la plaza desocupados; 4 y les dijo: Id también
vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. 5 Salió
otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. 6 Y
saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban
desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día
desocupados? 7 Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo:
Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. 8 Cuando
llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los
obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los
primeros. 9 Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima,
recibieron cada uno un denario. 10 Al venir también los primeros,
pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron
cada uno un denario. 11 Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de
familia, 12 diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los
has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor
del día. 13
Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago
agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14
Toma lo que es
tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15 ¿No me es
lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo
soy bueno? 16 Así, los primeros serán postreros, y los postreros,
primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”
Quisiera que notáramos que claramente Jesús dice que lo que va a hablar es un ejemplo del Reino de los Cielos, el lugar de nuestra ciudadanía.
Un padre de familia salió para buscar obreros para su viña, gente que trabajara para su obra. A uno lo encontró a las 6 de la mañana y convino en darle un denario por el día de salario. Ese era el valor de un día de trabajo de un jornalero.
Encontró a otro a las 9 de la mañana y también lo llevó a trabajar a su viña, a otro lo contrató al medio día, y a un más a las 3 de la tarde. Uno más faltando apenas una hora para terminar el día de trabajo que era a las 6 de la tarde.
Al terminar el día, los formó desde el último que llegó dejando al final al primero, con toda la intención de que se diera cuenta de cuánto le pagaba a cada quien.
Cuando el obrero que trabajó desde las 6 de la mañana vio que al último obrero, que solo había trabajado una hora, le pagaron un denario, el pensó, entonces a mi me van a dar mucho mas, tal vez ¡doce denarios!, a denario la hora. Vio al segundo recibir su salario, había trabajado solo tres horas y le pagaron un denario también. Entonces quizá ajustó su cuenta y dijo, me darán cuatro denarios, seguramente están pagando por cuartos de día. El cuarto de día a 1 denario.
Pero vio al siguiente recibir su salario, había trabajado seis horas, medio día, y recibió igualmente un denario. Entonces empezó a murmurar. Esto no era justo. Aquel hombre había trabajado medio día y recibía lo mismo que quien había trabajado solo una hora. Claramente empezó a sospechar que a él le darían lo mismo.
Llegó el que había trabajado nueve horas y recibió un denario al igual que sus compañeros, para este momento ya estaba molesto y enojado. Llegó su turno de recibir su salario y protestó por la injusticia que se estaba cometiendo. ¿Qué piensan ustedes de esto? ¿Era injusto?
Pues bien, el padre de familia explica: Yo te estoy dando lo convenido, es perfectamente justo. Ahora bien, le debería de haber dado una parte de un denario a los demás. La mitad de un denario a quien trabajó medio día, y apenas 1/12 de denario a quien trabajó una hora, pero yo soy bueno y me gusta darle a la gente, ¿tienes envidia de mi porque yo soy bueno?
De acuerdo a la retribución, el jornalero que trabajó las doce horas tendría razón, pero así no funciona el Reino de los Cielos. ¡WoW!
Por lo cual, podemos apreciar, que ninguno puede pedir algo en el Reino de Dios señalando su arduo trabajo o su calidad moral de vida; porque el Reino de Dios funciona en la misericordia y bondad de Dios.
Entonces podemos comprender completamente las palabras del apóstol Pablo a los
Romanos 9: 16 “Así que no depende del que quiere, ni del que corre,
sino de Dios que tiene misericordia”
Y también podremos comprender a cabalidad
Efesios 2: 8 “Porque por
gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es
don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe”
Romanos 11: 35 “¿O quién le dio a él primero, para que le fuese
recompensado?
3. ¿Entonces de qué sirve ser recto y esforzarse en la obra del Señor?
La pregunta evidente, que se asome en la mente de cada persona es: ¿Entonces de qué sirve ser recto y esforzarse en la obra del Señor?
Malaquías 3: 13 “Vuestras palabras contra mí han sido violentas,
dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14
Habéis
dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su
ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los
ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los
soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que
tentaron a Dios y escaparon.
16 Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su
compañero;
y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria
delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en
su nombre. 17 Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los
ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre
que perdona a su hijo que le sirve. 18
Entonces os volveréis, y
discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a
Dios y el que no le sirve”
¡Claro que sí aprovecha andar rectamente en los caminos del Señor! Primeramente en nuestro propio beneficio, pues Su Palabra nos fue dada para que nos fuera bien aquí en la tierra.
Pero además, Dios ha dicho, por medio del profeta Malaquías, que ha hecho un libro, en el cual están escrito los nombres de todos aquellos que le temen y andan en sus caminos.
Enoc caminó con Dios y Dios lo libró de aquel tiempo horrible y se lo llevó. Noé aprendió a caminar con Dios y entonces halló gracia delante de Él y le dio instrucciones para salvarse a él y a su familia del juicio terrible que venía sobre la tierra a causa de sus enormes pecados. Manoa halló gracia delante de Dios para que su esposa estéril concibiera a un gran hijo que liberaría a su nación de la opresión de los filisteos, a Sansón; porque Manoa era hombre fiel que no repudió a su mujer aún y cuando no podía tener hijos; igualmente Ana y Elcana alcanzaron misericordia delante de Dios para tener un hijo pasando por alto la esterilidad de Ana y tuvieron a Samuel, el último de los jueces pero el primer profeta como ministerio.
La misericordia de Dios hace maravillas, pero hay algo que llama la atención de Dios para obrar Su misericordia. Un corazón contrito y humillado, una vida fiel y la fe de quienes a Él acuden y le buscan de todo su corazón.