Col·lecció «Estudis sobre la traducció»
Núm. 19
TEXTO BASE – TEXTO META
Un modelo funcional
de análisis pretraslativo
T
RADUCIDOY ADAPTADODELALEMÁN PORC
HRISTIANEN
ORDQualsevol forma de reproducció, distribució, comunicació pública o trans formació d’aques ta obra només pot ser realitzada amb l’autorització dels seus titulars, llevat d’excepció prevista per la llei. Dirigiu-vos a CEDRO (Centro Español de Derechos Repro gráficos, www.cedro.org) si necessiteu fotocopiar o escanejar fragments d’aquesta obra.
Direcció de la col·lecció: Frederic Chaume Varela © Del text: els autors, 2012
© De la present edició: Publicacions de la Universitat Jaume I, 2012
© Il·lustració de la coberta: Der heilige Hieronymus im Gehäus, 1514, Albrecht Dürer (1471-1528). Kupferstich-Kabinett, Dresde.
Texto revisado por Judit Samblás Gómez
Edita: Publicacions de la Universitat Jaume I. Servei de Comunicació i Publicacions Campus del Riu Sec. Edifici Rectorat i Serveis Centrals. 12071 Castelló de la Plana Fax: 964 72 88 32
http://www.tenda.uji.es e-mail: [email protected]
ISBN: 978-84-15444-05-3
http://dx.doi.org/10.6035/EstudisTraduccio.2012.19 NORD, Christiane
Texto base – texto meta : un modelo funcional de análisis pretraslati-vo / traducido y adaptado del alemán por Christiane Nord — Castelló de la Plana : Publicacions de la Universitat Jaume I, D.L. 2012
p. ; cm. — (Estudis sobre la traducció ; 19) Bibliografia
ISBN 978-84-15444-05-3
1. Traducció. I. Universitat Jaume I. Publicacions. II. Sèrie 81’25
CFP
BIBLIOTECA DE LA UNIVERSITAT JAUME I. Dades catalogràfiques
Publicacions de la Universitat Jaume I és una editorial membre de l’UNE, cosa que en garanteix la difusió i comercialització de les obres en els àmbits nacional i internacional. www.une.es.
Levý compara este proceso con un juego estratégico:
...ya que el proceso traslativo tiene la naturaleza de un juego basado en el CONOCI MIENTO DE TODAS LAS INFORMACIONES; el proceso es, pues, un juego en el que cada movimiento posterior se ve influido por el co-nocimiento de decisiones previas y de la situación que resulta de las mismas (Levý [1967]1981, 220; trad. C.N., mayúsculas en el original).
En este sentido, la concepción de la traslación como proceso circular puede compararse con un concepto moderno de la Hermenéutica, según el cual el «cír-culo de la comprensión» se entiende como la interdependencia del movimiento de la tradición con el movimiento del interpretante. (cf. Gadamer 1972, 250 ss.).
3. FACTORES DEL ANÁLISIS PRETRASLATIVO
3.0. Consideraciones generales
Como hemos explicado ya varias veces, la función comunicativa es el cri terio decisivo de textualidad, al que están subordinados los aspectos se-mánticos y sintácticos del texto. Por lo tanto, incluso los enunciados ca-recientes de cohe rencia o cohesión serán considerados como «textos» por los receptores siempre y cuando cumplan una función co mu ni ca ti va. Los textos base con los que se en fren ta el traductor en la vi da profesional tienen muchas veces defectos semán ti cos o sintácticos, y a pesar de ello están destinados para una función comunica tiva (que nor malmente cumplen) y deben ser traduci-dos. En estos casos, el tra duc tor –como cualquier otro receptor– va a detectar los defectos, corrigién dolos «automáticamente» en su mente durante las fases de com pren sión y transfe ren cia, gracias a su competencia receptiva y a su ba-ga je de conoci mientos gene rales.
Por consiguiente, la función comunicativa del texto base, de ri va da de los fac to res de la situación en que tiene que «funcionar», es de fun da men tal im-portancia para nuestro análisis. A los factores situacionales los llamamos «ex-tra textuales», en oposición a los factores «in«ex-tratextuales» re lacionados con el propio texto (en el sen tido amplio presentado arri ba, es decir, incluyendo los
elementos no ver ba les).13 Los factores ex tratextuales pueden aparecer
«verba-13. Los términos fueron acuñados por Schmidt (1976, 114), quien también distingue entre factores extra e intratextuales en su «juego idealizado de la acción comuni cativa».
lizados» en el texto, en cuyo ca so hablamos de «metacomunicación»: p. ej., en la frase «Mañana voy a ha blar les sobre el análisis de texto» se verbalizan el emisor (primera per sona del singular), el medio (hablar = medio oral) y el tiempo de la comunicación (mañana = el día después de producirse el enun-ciado me tacomunicativo).
La interrelación entre los factores extra e intratextuales se ex pre sa en la
siguien te fórmula14:
¿Quién trasmite
para qué
y a quién
a través de qué medio, dónde,
cuándo y
por qué un texto con qué función?
¿Sobre qué tema ofrece
qué información
(presuponiendo qué),
en qué orden,
usando qué elementos no ver ba les,
qué palabras, qué tipo de frases
y qué tono, con qué efecto?
Según su relación con la situación comunicativa o con el propio texto, es-tas pregunes-tas se refieren al análisis de los factores extra o in tra tex tuales.
Los factores extratextuales o situacionales se analizan pidiendo in for-maciones sobre el emisor o redactor (¿quién?), la intención emisora (¿pa ra qué?), el destinatario (¿a quién?), el canal o medio trans misor (¿a través de qué medio?), así como el lugar, tiempo y motivo (¿dónde?, ¿cuán do?, ¿por qué?) de la comunicación. La totalidad de las informaciones obtenidas acerca de esos factores puede propor cio nar la respuesta a la última pregunta relativa a la función textual (¿con qué función?).
Los factores intratextuales se analizan preguntando por la te má ti ca (¿so-bre qué tema?), el contenido (¿qué información?), la in for mación presupuesta como conocida en los des tinatarios (¿presuponiendo qué?), la composición o macroes truc tura (¿en qué orden?), los elementos no-verbales que acompañan
14. La fórmula se basa en la llamada «fórmula Lasswell» (cf. Kalverkämper 1981, 69), que ya remonta a Hermágoras de Temnos (siglo II a.d.C.). Su utilidad para el aná lisis pretraslativo fue comprobada ya por Katharina Reiss (1974) y Hildegund Bühler (1984). Nuestra interpretación de las preguntas ha sido estrictamente tra duc to lógica. La especificación de los factores intratextuales será justificada deta lla damente en el cap. 3.2.0., aquí solo está pensada para proporcionar una visión global del modelo analítico. Quisiéramos subrayar la distinción entre intención emisora, función textual y efecto (cf. 3.1.2.a).
al texto (¿usando qué elementos no-verbales?), las características del léxico (¿qué palabras?), de la sin taxis (¿qué tipo de frases?) y de prosodia y entona-ción (¿en qué to no?). El efecto es un factor global que abarca la interdepen-dencia entre los factores extra e intratextuales.
Ante la experiencia empírica de que la situación es anterior al tex to y de-termina la selección de los medios intratextuales, nos parece na tural empezar por anali zar las características extratextuales en un procedimiento que se lla-ma «top-down» (de arriba hacia abajo). A veces, ya el paratexto, es decir, los elementos verbales y no verbales que acompañan el texto (nombre y apellido del autor, in formaciones bibliográficas referentes al lugar y año de publica-ción, número de tirada, denominaciones de género como novela o acta) nos proporciona detalles sobre los factores extratextuales, y entonces tanto los re-ceptores de la cultura base como el traductor-receptor se forman un horizonte de expectativas que en la propia lectura o bien se confirma o se corrige. De no ser así (por ejemplo, en el caso de textos antiguos, cuando se sabe poco o
nada sobre la situación productiva o la recepción del TB), se po drá invertir el
proceso (entonces será «bottom-up», desde abajo hacia arriba): analizando las ca rac te rís ti cas in tra textuales –también en un procedimiento recursivo y ci
rcu-lar– se infieren, en lo posible, las condiciones extratextuales de un tex to.15
En la aplicación práctica veremos que normalmente se com binan ambas formas de recepción, con lo que se establecerá una vez más el carácter recur-sivo del proceso.
A continuación presentaremos primero los factores extratextuales del aná-lisis textual, y después los factores intratextuales, para con cluir ilustrando la interdependencia de ambos con ayuda de algunas representaciones gráficas. Cada capítulo comenzará con una revisión breve del estado de la cuestión en la Traductología alemana.
3.1. Los factores extratextuales
Después de aclarar algunas cuestiones básicas referentes al marco siste-mático del análisis, presentaremos primero los factores situacionales de la comunica ción, centrándonos en su importancia traductológica.
15. Para este procedimiento, Crystal y Davy (1969, 81s.) proponen complementar la pregunta Apart from the message communicated, what other kind of information does the utterance give us? por una lista de trece «sub-questions», como por ejemplo: Does it tell us which specific person used it? (individualidad); Does it tell us where in the country he is from? (regionalidad); Does it tell us which social class he belongs to? (sociolecto), etc. (cf. también House 1981a, 39).
3.1.0. Consideraciones generales
A) ESTADODELACUESTIÓN
Todos los autores que discuten el análisis textual en la traducción tienen en cuenta los factores extratextuales (sobre todo emisor, intención emi sora, receptor y función textual), si bien con distinta profusión y pe so. Katharina Reiss, por ejemplo, siempre insiste en la importancia de tipo y función tex-tuales, mientras que Koller limita el aspecto pra g má tico a la direccionalidad (siguiendo a Neubert [1968]1981). Wilss (1977) destaca la «relación entre emisor y re cep tor» y el «papel social» de los dos en la comunicación, mientras que Thiel (1974b, 1978a) subraya la importancia de las «presuposiciones cog-nitivas» cara al receptor. Los factores de la situación comunicativa en sentido estricto (es de cir lugar y tiempo, a veces el motivo de la comunicación, en Thiel 1974a además el medio) no suelen tratarse se pa radamente sino como «presuposiciones situa cio na les», que incluyen, sin embargo, no solo las
ca-racterísticas de la situación co mu nicativa del TB dado, sino también el bagaje
cultural de emisor y receptor, respectivamente (cf. Reiss 1974a).
El emisor y la intención emisora16 se integran, en la mayoría de los
estu-dios, en una sola categoría. En nuestro modelo analítico los consideramos co-mo factores autónoco-mos, ya que su influencia sobre los factores in tra tex tua les puede ser distinta. Por una parte, algunos textos o, de he cho, todos los textos escritos por el mismo autor muestran ciertas ca racterísticas que denotan su biografía (edad, origen geográfico y so cial, nivel de formación, etc.) y que no dependen de una intención de ter minada. Por otra parte, distintos emiso-res podrían expemiso-resar la mis ma intención usando medios estilísticos iguales o similares. Es ta distinción es importante para la traducción porque, al menos en los tex tos no literarios, los elementos idiosincrásicos suelen ser menos
im-por tantes para el receptor del TM que las ca racterísticas intencionales aunque
pueden causar dificultades de comprensión para el traductor.
La intención emisora tiene una analogía en las expectativas del re ceptor, esto es, en la intención con la que este recibe el texto. Si no hay in formaciones extra textuales al respecto, las expectativas del receptor son casi siempre di fí ci-les de reconstruir por parte del traductor, sobre todo en los casos en que el tra-ductor se encuentra a una gran distancia temporal, espacial y cultural respecto
16. El término intención textual empleado por algunos autores no nos parece aceptable por-que no es el texto el por-que tiene la intención sino el productor/emisor del mismo.
a la situación co m unicativa original. A pesar de ello, puede ser interesante para
el traductor contrastar las (supuestas) ex pectativas del receptor del TB con las
del destinatario del TM. No parece muy razonable, sin embargo, introducir las
expectativas re cep ti vas como factor autónomo, ya que no son disociables de la in di vi dua li dad del receptor.
B) SITUACIÓNEXTERNA OINTERNA
Al clasificar los factores situacionales como factores extratextuales, hay que subrayar que se trata aquí de los factores la situación real, en la que el texto funciona como ins trumento comunicativo, y no de una si tuación ficticia (por realista que sea y aunque venga descrita por el au tor con todo lujo de detalles). Según nuestro criterio, las características de una per sona que habla en un texto ficcional no pertenecen a la dimensión del emisor, sino que tienen que conside rarse como un factor in tra tex tual. El autor del tex to figura como emisor-redactor de la historia, y el hablante ficticio es un emisor secundario
(E’).17
Algo parecido ocurre con los llamados tipos de texto «complejos» (Reiss / Vermeer [1984]1996). En ellos, suele haber un texto-marco en el que están insertados textos pertenecientes a otros géneros («intratextos»). Los tex tos del tipo complejo no aparecen solamente en el ámbito de la li te ra tu ra, sino también, por ejemplo, en artículos periodísticos, cuando se citan literalmente enunciados de otras personas. También en es tos textos, el emisor del texto-marco no es idéntico al emisor de la ci ta.
Ejemplo 3.1.0./1
En informe publicado en un periódico español se re pro du cen literalmente par-tes de un discurso pronunciado por el Rey Juan Carlos en Nue va York con motivo de la entrega de un doctorado honorario. El Rey es el emisor de la cita, mientras que para el texto-mar co lo sería el corresponsal. En la traducción del
17. Al comentar la pragmática emisora en el contexto de la fórmula Lasswell, Reiss (1984) menciona a Judy, la autora ficticia de las cartas en la novela Daddy Long-Legs, de Jean Webster. Pero Judy no es la emisora del texto novelístico ni la autora real de estas cartas: ambos papeles le incumben sin duda a la escritora Webster, cuya intención emisora es la responsable de todo lo que hace el personaje ficticio Judy. Dentro de la situación ficticia de intercambio de cartas, sin embargo, Judy es emisora y autora de las mismas, pero se trata de una situación «interna» del mundo fic ticio representado en la novela. En otro trabajo, la propia Reiss (1980b) carac teriza a Judy como «emisora secundaria» dentro de una «situación comuni cativa interna».
texto, la dife rencia de las si tua ciones y de las posiciones de ambos emisores se mani festa rá en los medios es ti lísticos empleados.
Tratándose de textos-marco, sean ficcionales o no, es recomendable un análisis situacional específico de las componentes textuales, si guien do el es-quema circular. Las informaciones sobre la si tuacionalidad del texto insertado suelen darse en el texto-mar co.
C) MARCOSISTEMÁTICO
Si queremos abarcar el conjunto de la situación de un texto mediante un modelo que sirva para el análisis de cualquier texto, con cualquier posible objetivo de traducción, debemos plantear la cuestión fun da men tal siguiente: ¿Qué información sobre los diferentes factores pue de ser de importancia para la traducción?
Neu bert ([1968]1981: 60) enumera los siguientes datos sobre los in-terlocutores que serían relevantes para la traducción: «edad, origen, am biente social, nivel de formación, etc.». Vermeer ([1974b]1983, 23) propone una ma-triz relacionando actitud, estatus, rol, es trategia, comportamiento y acto co-municativo con las ca racterísticas del tipo de situación en que se comunican, a fin de po der demostrar conformidad o divergencia en el comportamiento de los interlocutores. Schmidt (1976, 104) lista los siguientes com po nen tes de la situación de los interlo cutores: (a) las condiciones socioeco nómicas (rol, estatus, situación económica), (b) las con di cio nes socioculturales y cognitivo-intelectuales (conocimientos derivados del texto y bagaje general, formación, experiencia, modelos de la realidad) y (c) las condiciones biográfico-psíquicas (disposición y aptitudes, si tua cio nes biográficas actuales, planes, intenciones). Gülich / Raible (1977, 28) sostienen que también influyen en el acto comuni-cativo «la afo nía, la serenidad y el mal humor», y la idea que el hablante y el oyen te tienen uno del otro.
Esa relación, de ningún modo exhaustiva, deja claro que el aná li sis de la situación de un texto no se puede hacer sumando preguntas, si no que lo que buscamos son las categorías con las que com pren de mos el mundo y, con ello, también el «mundo» de un texto, su situación his tórica.
Wittgenstein dice en su Tractatus que «los hechos en el espacio lógico son el mun do» (1963, 11), esto es, los hechos se conforman mediante la lógica, que los enlaza y constituye la totalidad de las relaciones posibles («mun do»). Es to es válido también para la situación en la que se sitúa un texto.
• Las categorías fundamentales son es pa cio y tiempo. La categoría tem-poral comprende también la con cepción histórica que el mundo tiene de sí mismo. La primera cues tión básica se refiere, pues, a las dimensiones es pacial y tem po ral de la situación.
• La situación de un texto siempre forma parte de la cultura hu ma na. En se-gundo lugar hay que preguntar, por lo tanto, cuáles son las carac terísticas culturales de la situación del texto.
• En su mundo, el texto tiene una función que justifica su tex tua li dad. La tercera cuestión básica apunta a la relación entre si tua ción y función co-mu nicativa del texto.
Esa función se sitúa en el marco supracultural, posiblemente uni ver sal, de las funciones de la comunicación en general (véanse Reiss / Ver meer [1984]1996). De acuerdo con los modelos de K. Bühler ([1934]1950) y Ja-kobson (1960), constatamos cuatro funciones básicas de la co mu ni ca ción: (a) la función re ferencial o repre sen tativa, centrada en el objeto (referente) o el con texto al que se refiere el texto; (b) la función expresiva o emotiva, centrada en el emisor, en sus emociones y en su actitud hacia el referente; (c) la función apelativa (también llamada operativa o persuasiva), centrada en la orien tación del texto hacia el receptor; y (d) la función fática, que sirve «para establecer, prolongar o terminar la co mu ni ca ción entre emisor y receptor, para comprobar si el canal funciona, para atra er la atención del interlocutor, o para asegurar su
atención continua» (Ja kob son 1960, 355).18
Además del espacio, el tiempo y la cultura, es la influencia de estas
fun-ciones19 básicas la que constituye el «mundo» de un texto. Estas fun cio nes
forman el marco sistemático para la multiplicidad de posibles preguntas que se pueden plantear en relación con los factores si tua cio nales de nuestro modelo
18. Jakobson (1960) complementó las tres funciones principales del signo lingüístico propuestas por Bühler (símbolo/representación, síntoma/expresión y estímulo/ape la ción, cf. 1934) con las funciones fática, poética y metalingüística. A nuestro parecer, las dos últimas no son realmente funciones de igual nivel y pueden sub sumirse a las de Bühler, mientras que la función fática, que se refiere al «medio de contacto», nos parece faltar en el modelo de Bühler (y también en la tipología textual de Reiss [1971]2000, 2002, basada en este modelo).
19. Además de su uso en la clase de traducción (cf., entre otros trabajos, Nord 1994, 2001b) hemos aplicado nuestro modelo «cuatrifuncional» al análisis y la compa ra ción intercultural de títulos (Nord 1993), al análisis de la traducción de textos bíblicos (Nord 2002, 2009c) y a una estilística comparada alemán-español (Nord 2003).
analítico (véanse los cuestionarios al final de cada capítulo, que han de enten-derse como ejemplares, no exhaustivos).
3.1.1. El emisor
A) LADISTINCIÓNENTREEMISORYREDACTOR
En los diagramas 1 y 3, el emisor y el productor textual figuran como roles distintos. Aunque en la mayoría de los casos coinciden en la misma per-sona (p. ej., en los textos literarios, libros técnicos, comentarios y artículos periodís ticos individuales), la diferenciación nos parece importante para el
análisis pretraslativo.20
Gran número de textos (pragmáticos) no nombran al autor, p. ej., folletos de información para el paciente, textos publicitarios o leyes. En cada uno de esos casos existe un emisor que, aunque no se mencione explícitamente, podrá ser identificado analizando la situación comunicativa. El emisor de una ley es el cuerpo legislativo estatal, el de un anuncio comercial suele ser la empresa que ofrece el producto o servicio. El hecho de que no se nombre el autor nos puede llevar a la conclusión de que o no es relevante como persona o –según el género– no quiere ser identificado.
En los casos en los que junto al nombre del emisor se publica el del redac-tor (cf. ejemplo 3.1.1./1), este no suele aportar ninguna intención comunica-tiva propia.
El emisor de un texto es, por lo general, la persona (o institución) que usa el texto con el fin de enviar un mensaje a alguien y/o para producir un efecto
comunicativo21, mientras que el redactor es el que lo escribe –sea por
inicia-tiva propia o sea de acuerdo con las instrucciones del emisor–, cumpliendo con las reglas y normas de textualidad que rigen en su respectiva comunidad lingüístico-cultural. A veces, la maquetación del texto o la composición grá-fica correspon den a otro experto e incluso hay casos en los que el texto es
20. Los traductólogos consultados no hacen esta distinción. Reiss habla o bien del autor o escritor (1974a, 1980a) o bien del emisor, Thiel y Wilss suelen referirse al emisor, Bühler, al autor; Cartellieri habla del «originador» (en alemán: Originator) al referirse a la persona de la que proviene el texto, sin aclarar si es el emisor o el redactor del texto.
21. El emisor no debe confundirse con el medio. En la revista GEO, por ejemplo, no es la redacción de la revista la emisora de un reportaje que lleva el nombre de la autora, sino la periodista que lo escribió. Es ella la que quiere comunicar sus impresiones al público lector y podía haber publicado el texto en otro medio.
presentado al público por otra persona distinta (p. ej., una presentadora del telediario, un ac tor, etc.).
Ejemplo 3.1.1./1
Un folleto turístico de la ciudad de Múnich indica como editor la Oficina de Turismo de la ciudad de Múnich y como redactor del texto (también en las ver siones en inglés, francés, español, portugués e italiano, cf. cap. 5.3.) un tal Hel mut Gerstner. El emisor del texto es, pues, la oficina de turismo, que pre-ten de in for mar a los turistas y hacer publicidad de la ciudad; el redactor adopta la inten ción emisora y formula el texto según las normas del idioma alemán y las con ven ciones del género, siguiendo sus propias preferencias estilísticas donde sea po sible. Sin embargo, estas últimas no serían relevantes para una traducción equi funcional del texto, por lo cual deberían mencionarse, debajo de las versio nes traducidas, los nombres y apellidos de los traductores porque son ellos y no Helmut Gerstner quienes responden de la redacción de los textos meta.
Si queremos saber si el emisor y el redactor son la misma persona (o no), pode mos recurrir al paratexto (p. ej., in di ca ción de fuentes, referencia biblio-gráfica, etc.). Si se menciona solamente el nom bre del autor, puede supo nerse que será también el emisor. Sin em bar go, esto no se puede formular como regla general, como muestra el ejem plo siguiente.
Ejemplo 3.1.1./2
En su libro Estudio sobre el cuento español contemporáneo (Madrid 1973), Er-na Brandenberger elige el relato «Pecado de omisión», de AEr-na María Ma tu te, como ejemplo del tipo de cuento que ella denomina «de cámara rápida». Pa ra la versión alemana del libro, Brandenberger, como emisora-tra duc to ra, tradujo el cuento al alemán con la intención de ilustrar precisamente las ca rac te rís ti cas típicas de tal forma de relato. Sin embargo, si el mismo cuento se pu bli case en una antología de escritores españoles modernos, sería la autora la que actuaría como emisora, y, por lo tanto, en la traducción sería suya la in ten ción que de-termina la estrategia traslativa.
La situación del traductor puede ser equiparable a la del redactor. Aun que debe cumplir las instrucciones del emisor o iniciador, se le per mite normal-mente un cierto margen personal, en el que puede –mien tras no contravenga las normas y reglas de la lengua y cultura meta– dar rienda suelta a su propia creatividad estilística y pre fe ren cias personales. Pero, naturalmente, no está obligado a aprovechar es ta «libertad»: también pue de decidirse a imitar las
ca-racterísticas com po sitivas del TB, siem pre y cuando las mismas no colisionen
Otro aspecto de la pragmática emisora es la cuestión de si el tex to tiene más de un emisor (p. ej., monólogo opuesto a diálogo, pre gun ta-res pues ta, debate, cambio de papeles entre emisor y receptor). En tal ca so, se deberían
investigar los datos correspondientes a cada emi sor.22
B) ¿CUÁLESSONLASINFORMACIONESNECESARIASSOBREELEMISOR?
Los traductólogos que estudian la pragmática emisora destacan los si-guientes aspectos: «el papel del autor en la redacción del texto» (Reiss 1974a), «la posición del emisor cara al receptor, esto es, su pa pel social» (Wilss 1977, Thiel 1978), «el ambiente social» en que vive el emisor (Cartellieri 1979). Vermeer [1974a]1983, 23) pone especial énfasis en la distinción entre el «es-tatus» (= posición del emisor en una comu ni dad cultural, lingüística y comu-nicativa) y el «rol» del hablante en el ac to comunicativo concreto. Como el «rol» está ligado a la situación y no a la persona, preferimos tratar este aspecto en conexión con la intención emisora (cf. cap. 3.1.2.).
A nuestro parecer son significativos todos los datos que en el marco es-tablecido por el tiempo, el espacio, la cultura y las funciones básicas de la co municación contribuyan a echar una luz sobre la intención del emi sor, los destinatarios específicos a los que se dirige, el lugar, tiempo y mo tivo de la re dac ción del texto. También son de importancia aquellos da tos que indiquen las caracterís ticas intratextuales (variantes in di vi dua les de dialecto re gio nal y social, presuposi ciones, etc.) que pueden es pe rarse en el tex to. Al final del capítulo propondremos un cuestionario que puede servir de lista de mínimos.
Ejemplo 3.1.1./3
(a) Para la comprensión de un texto redactado en castellano es importante sa-ber si el autor es español o hispanoamericano. Cuando un peruano como Mario Vargas Llosa escribe para un periódico peninsular, seguramente utiliza –cons-ciente o incons cien temente– americanismos. (b) En una edición de cuentos cu-banos pu blicada en España (Narrativa cubana de la revolución, Madrid 1971), algunos cubanismos se explican en una nota a pie de página; por ejemplo duro: «moneda de un peso cubano», o ñeques: «sorpresas, golpes imprevistos». Pa ra el traductor, esto es importante no solo en la fase de comprensión, sino
po-22. Crystal y Davy (1969, 69s.) estudian este aspecto bajo el epígrafe de «par ti ci pa ción en el discurso». Ponen especial énfasis en la diferencia entre co mu ni cación es crita y hablada, admitiendo, sin embargo, que el diálogo no se limita a la len gua hablada, ya que existen diversas formas de diálogo por escrito (p. ej., co rres pon dencia).
siblemente también en la fase de transferencia, en caso de que el encargo re-quie ra la conservación del efecto que el libro tiene para el lector peninsular. (c) En el caso de la écloga «Crisfal», hay que interpretarla de forma más na tu ra-lista y literal cuando se supone que su autor fue Cristovão Falcãos que cuan do se la atribuye a Bernadim Ribeiro, en cuyo caso el texto debe en ten der se como alegoría (cf. Strelka 1978, 49). Porque, como señala Kayser (1962, 36), algu-nas pa la bras tienen un impacto muy distinto cuando sabemos que vienen de un au tor que efectivamente sufrió prisión por su amor y tuvo que re nunciar a su amada al verse esta forzada a retirarse al convento de Lorvão.
C) ¿CÓMOOBTENERLASINFORMACIONESSOBREELEMISOR?
En primer lugar, se pueden obtener las informaciones sobre el emisor o los
emisores (y, en su caso, sobre los productores del TB) analizando el paratexto
(datos bibliográficos, texto de la portada o contraportada, prólogo o epí lo go, notas, etc.). El nombre del autor de por sí ya puede implicar otras informa-ciones que pertenecen al bagaje general del tra ductor-receptor o que, en su caso, pueden ser obtenidas de otras fuentes, por ejemplo sobre su cla si ficación literaria, sus intenciones artísticas, sus temas preferidos, el público destinata-rio al que suele dirigirse, su estatus, etc. Con el nombre de una personalidad política se asocian conocimientos sobre su afiliación ide ológica, su po sición, su imagen pública. Puesto que tales conocimientos son específicos de las cul-turas, no pueden presuponerse en los destinatarios meta. Entonces el traductor tendrá que pensar en un posible déficit informativo, sus cep ti ble de impedir la comprensión textual, en cuyo caso debería proporcionar in for maciones com-plementarias.
Ejemplo 3.1.1./4
Cuando El País publica un comentario de Fraga Iribarne, el lector es pa ñol sa-brá –con solo leer el nombre– que Fraga Iribarne pertenece al Partido Popular y que fue ministro de Información y Turismo durante el ré gi men franquista. En una traducción del texto para los lectores de un periódico ale mán, esta infor-mación implícita debería explicitarse, por ejemplo, en for ma de una aposición al nombre, ya que de otro modo el receptor del TM no po drá comprender
co-rrectamente el texto.
Otras informaciones sobre el emisor pueden inferirse de los datos dispo-nibles sobre los otros factores situacionales (individuales o combinados). Si son in forma ciones precisas, las llamamos «datos», si no son nada más que supuestos, habla mos de «indicios» (Fig. 5). Partiendo de los datos sobre el
me-dio, el tiempo y la función textual, p. ej., en el caso de una esquela publicada en el periódico local del día X, se pue den sacar conclusiones sobre el emisor (familiares y amigos del difunto, em presa en la que trabajaba); analizando el lugar de publi cación del tex to se puede deducir en qué parte de un área lingüística extensa se ha redactado el texto (p. ej., España / Hispanoamérica / Perú); o según el medio se puede preci sar el estatus del emisor (p. ej., revista científica: especialista). A veces incluso se puede preguntar al propio emi sor o a una persona relacionada con él.
Otra fuente es el propio texto. Como ya hemos indicado, puede ocu rrir que ni el paratexto ni la situación proporcionen información suficiente. En tonces hay que analizar los rasgos lingüísticos del texto para ver si per miten conclusiones sobre el emisor. Por ejemplo, el empleo de for mas dialectales puede denunciar el origen (geográfico o social) del re dac tor (no necesariamente del emisor, a no ser que sea idéntico al redactor); elementos procedentes de una variedad histórica de la lengua pueden decir algo sobre la edad del emisor, etc. Pero claro es tá que este análisis corresponde al ámbito de los factores in tra tex tua les (p. ej., el léxico).
D) CUESTIONARIO
Las siguientes preguntas pueden ayudar a obtener información relevante sobre el emisor:
1. ¿Quién es el emisor del texto?
2. ¿Es el emisor también redactor del texto? Si no, ¿cuál es el es tatus del redactor frente al emisor (dependencia de directivas, li ber tad creadora, redactor-experto, especialista de la disciplina)?
3. ¿Cuáles son las informaciones inferibles del paratexto (cla si fi cación temporal, origen geográfico y social, formación, estatus, re lación con el tema del texto, etc.)? ¿Se presuponen otros co no ci mientos como parte
del bagaje general del receptor del TB? ¿Se pue de consultar
personal-mente al emisor o a alguien relacionado con él?
4. ¿Cuáles son las informaciones que proporcionan los otros factores situa-cionales (medio, lugar, tiempo, motivo, fun ción textual)?
5. ¿Qué expectativas pueden derivarse de los datos e indicios ob te ni dos del análisis de la pragmática emisora
a) respecto a los otros factores extratextuales: in ten ción, receptor, medio, lugar, tiempo, motivo y función textual;
3.1.2. Intención del emisor
A) LADISTINCIÓNENTREINTENCIÓN, FUNCIÓNYEFECTO
En cuanto a la pragmática emisora, no era muy fácil identificar los datos necesarios para el análisis. Con respecto a la intención, en cambio, el caso pa-rece mucho más claro. Nos preguntamos: ¿Cuál es el efecto o la función que quiere lograr el emisor mediante el texto?
En los trabajos traductológicos que tratan este tema, parece haber algu-na confu sión respecto a los términos intención, función y efecto. H. Bühler (1984), por ejemplo, equipara la «intención del autor» con «intención y efec-to». A nuestro entender, sin embargo, el efecto es algo que se debe analizar desde la perspectiva del receptor en su situación, mientras que la intención se define desde el punto de vista del emisor. La función textual, como la había-mos caracterizado arriba, se deriva «desde fuera» de la configuración de los factores situacionales, entre los cuales figura también la intención emisora, y se «atribuye [al texto] dinámicamente, en el uso (emisión :: recepción)», como dice Vermeer [1979]1983, 80). Por lo tanto, la pregunta «¿Qué es lo que pretende E con el texto?» no se puede asociar con la función textual, como lo hace Wilss (1977). Es cierto que en muchos casos se asocian de ter mi na-das intenciones con un tipo textual, pero estas no siempre se con vier ten en funciones. Algunos textos antiguos, como conjuros o epo pe yas, se recibirán hoy en funciones claramente distintas de las re la cio nadas con la intención de sus emisores.
En el caso ideal, se corresponderían los tres factores intención, función y efecto, es decir: la intención emisora señalada en la situación co municativa es aceptada como función por el destinatario, y se ma ni fies ta tan inequívocamen-te en el inequívocamen-texto que se produce el efecto de se a do en el receptor. Sin embargo, la distinción metodológica de los tres fac tores es de importancia traductológica porque su análisis separado per mite procedimientos distintos (conservar, cam-biar, adap ta r) en la traducción. Porque cuando hay que conservar la intención emi sora (ligada a la cultura base), tenemos que aceptar muchas ve ces un cam-bio de funcio nes o efecto, y viceversa.
Para el traductor, es importante conocer la intención del emisor por que deter mina la redacción del texto respecto al contenido (te ma, selección de las infor ma ciones) y a la forma (p. ej., macroestructura, medios estilístico-retóricos, for ma de citas, empleo de ele mentos no verbales, etc.), que, a su vez, señalan el género.
Ejemplo 3.1.2./1
Mediante el prospecto farmacéutico, la empresa quiere informar al usua rio (médico/paciente) sobre el medicamento, dando a la vez instrucciones para el uso adecuado (mé dico: prescripción / paciente: posología). Por ello, se lo encarga a un redactor, quien elige las formas de redacción prescritas por la ley de productos far ma co lógicos y/o convencionalizadas en este género. Cuando el receptor (el paciente, el médico o incluso el traductor) lee un texto así, recono-ce el género señalado por las formas empleadas infiriendo la intención emi so ra de informar al receptor y dar instrucciones al uso. Por lo tanto, en este ca so, la intención emisora está asociada convencionalmente con el género textual, y el efecto será también convencional.
La intención es también importante en relación con el principio de le al tad (cf. cap. 2.1.4). Aunque cambie la función textual, el tra duc tor no debe contra-venir la intención del emisor (con tal de que pueda ave riguarla).
Las informaciones obtenidas acerca de la intención pueden apor tar datos e indicios sobre otros factores extratextuales, tales como el destinatario (p. ej., el efecto que el emisor pretende ejercer sobre el re cep tor), el medio (p. ej., sobre el medio más idóneo o convencional em ple ado para la materialización de la intención) y la función textual (p. ej., interrelación entre intención y género), así como, es pe cial men te, las características intratextuales (p. ej., la macroes-tructura, el uso de elementos retóricos, etc.).
B) ¿CUÁLESSONLASINFORMACIONESNECESARIASSOBRELAINTENCIÓNEMISORA?
¿Qué tipos de intención puede tener un emisor? Hay casos en los que un emisor «se comunica» consigo mismo escribiendo un tex to para ordenar sus pensa mientos o aliviar la memoria, o garabateando al go distraídamente (= con intención cero) durante una conversación te lefónica. Estos casos no parecen tener importancia para la tra duc ción. En la comunicación normal con dos o más interlocutores, las po sibles intenciones se corresponden con las funciones básicas de co mu nicación descritas arriba (3.1.0.c). Podemos distinguir, por lo tan to, entre una intención referencial, por la que el emisor quiere informar al receptor so bre un estado de cosas; una intención expresiva, por la que el emi-sor quiere decirle al receptor algo so bre sí mismo o sobre su actitud frente a las cosas; una intención apelativa, por la que el emisor quiere motivar al receptor a tomar una posición o actuar de una manera determinada; y una intención fática, por la que el emisor simplemente quiere establecer, man te ner o dar por termina do el contacto con el receptor.
Hay que constatar que en la mayoría de los casos los emisores no se dejan guiar por una sola intención, sino que pueden te ner diversas intenciones com-binadas en un orden jerárquico de im por tancia. Puede ocurrir que, por razones
pragmáticas, la jerarquía de in tenciones del TM se diferencie de la del TB.
C) ¿CÓMOOBTENERLASINFORMACIONESSOBRELAINTENCIÓNEMISORA?
La intención del emisor no suele ser accesible al receptor in me dia ta men te, por lo que debe tratar de obtener la información explícita o im plícita corres-pondiente analizando las características intratextuales (cf. cap. 3.2.).
En el análisis extratextual, los factores situacionales (p. ej., emisor, re-ceptor, medio, lugar, tiempo, motivo y función textual) pueden apor tar mu-chos datos o indicios sobre la intención emisora. Como subraya Vermeer ([1979]1983, 69), habría que considerar asimismo los fenómenos paraverba-les, como la exci ta ción o indig nación del emisor.
Para averiguar la intención es muy importante el rol que asume el emisor en o con su texto frente al receptor y que puede ser distinto de su estatus real. Así, puede darse el caso de que un emisor intelectualmente superior al receptor se sitúe al nivel de este, adoptando un papel cooperativo, para ganar la confianza del otro. Es decir, en este caso, el rol asumido indica la intención emisora.
Tiene especial importancia el análisis de la intención emisora en los textos literarios, en los que no suelen darse asociaciones con ven cio nales entre género e intención, así como en los textos que expresan opi niones personales (p. ej., comentarios políticos). En el análisis de ta les textos se deben tener en cuenta, por ejemplo, la biografía del au tor, sus demás obras, las fechas o circunstan-cias que le han in fluen cia do, o su clasificación literaria. El traductor está sin duda obligado a uti lizar todas las fuentes de investigación disponibles,
limi-tándose, sin em bargo, a los aspectos inmediatamente relacionados con el TB
con cre to. Debería esforzarse, por lo menos, por lograr el nivel de co no ci mien-tos presu puesto por el autor en el destinatario original. En los texmien-tos li te rarios, no se exigirá la actitud de un filólogo, pero sí la de un re cep tor crítico.
Ejemplo 3.1.2./2
(a) Bertolt Brecht es un representante de la literatura comprometida ale ma na. Si el receptor sabe que el relato «Medidas contra la violencia» (véanse los ejem plos 3.1.9./1 y 3.2.9./1) se publicó por primera vez en 1930, tomará es te dato como una indicación de que el au tor intenta advertir a sus lectores con tra la violencia nazi (= intención ape lativa). (b) La publicación de un texto en la
página de opi nión del pe rió di co (que en periódicos de cierta categoría es tá se-parada de las pá gi nas de di ca das a noticias o reportajes), puede ser con si derada como una clara se ñal de que la intención del emisor es comunicar su opinión acerca de unos acon te cimientos políticos re cien tes (= intención expresiva). (c) En un tex to desig nado como «receta de co ci na», se podrá suponer que la inten-ción del emisor es la de informar al lector so bre los ingredientes necesarios y la ma nera de preparar un plato (= in ten ción referencial). Otro sería el caso si se insertara un texto así en una unidad su perior, p. ej., en una novela.
A veces el mismo emisor nos da a conocer su intención:
Ejemplo 3.1.2./3
En un prólogo, el autor peruano Mario Vargas Llosa escribe sobre la in ten ción que le guiaba al escribir la narración Los cachorros (Barcelona 1980, p. XI): «Quería que Los cachorros fuese una historia más cantada que contada y, por eso, cada sílaba está elegida tanto por razones musicales como na rra ti vas; no sé por qué, sentía que, en este caso, la verosimilitud dependía de que el lector tu-viera la impresión de estar oyendo, no leyendo: la historia debía en trarle por los oídos. Estos problemas, digamos técnicos, fueron los que me ab sorbieron.»
D) CUESTIONARIO
Las siguientes preguntas pueden ayudar a obtener información relevante sobre la intención emisora:
1. ¿Se ha pronunciado el emisor explícitamente sobre su in ten ción en rela-ción con el texto en cuestión?
2. ¿Cuáles son las intenciones convencionales asociadas con el género al que pertenece el texto?
3. ¿Qué informaciones sobre la intención emisora pueden ob te ner se ana li-zan do otros factores situacionales (emisor –sobre todo su rol–, re cep tor, medio, lugar, tiempo, motivo)?
4. ¿Qué expectativas pueden derivarse de los datos e indicios ob te ni dos del análisis de la intención emisora
a) respecto a los otros factores extratextuales: receptor, medio y función textual;
3.1.3. Receptor/destinatario
A) IMPORTANCIA DELRECEPTOR
En la literatura traductológica sobre el análisis de texto, el re cep tor/des-tinatario del texto base constituye un factor pragmático im portante, cuando no el más importante. Se discuten su papel co mu ni cativo (Wilss 1977), sus expectativas hacia el emisor (Thiel 1974a, 1980), su bagaje de conocimien-tos (Thiel 1978), su entorno social (Car tellieri 1979), su relación con el tema presentado en el texto (Car tellieri 1979) y con los signos lingüísticos (Reiss 1980a). Koller (1979) in cluso considera el receptor como el factor prag mático por an to no ma sia. Siguiendo a Neubert ([1968]1981), dis tin gue cuatro tipos
de TB, se gún la pragmática receptora: (a) textos «orien tados específicamente
ha cia la LB», (b) textos «orientados pre do mi nante pero no ex clu si va men te
ha-cia la LB», (c) textos «no es pe cí fi ca men te orientados hacia la LB» y (d) textos
«orientados hacia la LM».
La especificación del tipo de receptor puede ir unida al género o también ser independiente del mismo. Así, para los textos de divulgación científica, Wittich (1979, 769) di fe rencia grupos re cep tores totalmente diferentes: niños, jóvenes, mayores, y, entre estos úl timos, lectores con una formación escolar de
10 años y es pecialistas con formación uni versitaria.23
Aunque la importancia del receptor está comúnmente aceptada en la teo-ría, es el factor que se descuida con más frecuencia en la prác tica de la tra-ducción.
Ejemplo 3.1.3./1
En su artículo «Translation as a Decision Process» (1967, 1174, nota 2), el tra duc tólogo checo Jiři Levý menciona su libro Umĕni překladu («La tra-duc ción literaria»). En la versión alemana del artículo, la referencia sigue en che co, aun que existe una traducción del libro al alemán, cuyos datos bi-blio grá fi cos hubieran sido de mayor utilidad para el lector alemán que los del original.
23. Strelka también subraya la importancia de la orientación hacia el receptor: «Cuan do Boccaccio interpretaba la `Divina Comedia’ para los contemporáneos floren tinos de Dante, pudo dejar implícitos muchos de los detalles biográficos e históricos que nosotros hemos de explicitar hoy, porque ya no son tan evidentes.» (Strelka 1978: 59s., trad. C.N.)
B) DIFERENCIASENTRELOSRECEPTORES DELTBYDELTM
El traductor identifica en su análisis de texto aquellos elementos de
ter-minados por la orientación del texto hacia un destinatario de la CB. Ya que el
texto meta se dirige a receptores de la CM, tiene especial im portancia la
adap-tación de estos elementos a la nueva situación meta.
Ejemplo 3.1.3./2
El TB es una noticia publicada en un diario español, que se dirige a un amplio
pú blico de lectores españoles no especificado. El texto está do ta do de diversos elementos que lo hacen atractivo para los lectores: un en ca be za miento llama-tivo con subtítulo informallama-tivo, diversos «entretítulos» cortos que dividen el texto y dos pequeñas fotos subtituladas con citas del mis mo texto. La necesidad de atraer el público es típica del género y de un tex to destinado a un público poco específico. En una traducción encargada por un periodista alemán que precisa de la información contenida en el texto, los elementos de atracción serían super fluos.
El receptor del TM se diferencia del receptor del TB, ante todo, por su
pertenen cia a otra comunidad lingüístico-cultural. En ese sentido, una traduc-ción no se puede nunca dirigir al «mismo» receptor que el ori ginal.
C) DISTINCIÓNENTRERECEPTOR-DESTINATARIOYRECEPTORSECUNDARIO
En primer lugar, hay que hacer una distinción entre el receptor-des ti na ta-rio del texto y otras personas que reciben el texto por casualidad aunque no está dirigido directamente a ellas, como por ejemplo el público que asiste a una mesa redonda o los televidentes que ven un debate parlamentario televisa-do. En algunos casos, se trata de des ti natarios indirectos o secundarios, p. ej., cuando un político contesta a una pregunta de los periodistas, dirigiéndose, en realidad, al público de posibles votantes. Por ello, el traductor tiene que darse cuenta, en tal caso, de cuál de los dos o tres grupos de receptores es el des ti na-ta rio principal al que va dirigido el texto.
También puede ocurrir que el mismo traductor/intérprete tenga un
recep-tor se cundario. Cuando en una interpretación el interlocurecep-tor de la CB tiene
conoci mientos pasivos de la lengua meta o cuando la traducción de un texto
se publica en una edición bilingüe, los receptores del TB pueden ser, al mis mo
bien la regla (y no como ahora, la excepción) que se permita a los mediadores comentar su trabajo en un prólogo y epílogo.
D) ¿CUÁLESSONLASINFORMACIONESNECESARIASSOBREELDESTINATARIO?
Cuando el traductor, se gún el proceso normal del esquema circular, sabe ya a qué destinatario meta se dirige su traducción, puede tratar de ave ri guar
las correspondientes características del receptor del TB: edad, se xo, nivel de
formación, entorno social, procedencia geográfica, papel so cial cara al emisor, etc.
Ejemplo 3.1.3./3
En un reportaje publicado en una revista juvenil sobre los peligros de la dro-ga dicción, el lenguaje y la composición están concebidos para el receptor ju ve nil. Para que el texto atraiga la atención de los jóvenes y sea efectivo en la pre ven ción de estos peligros, se utilizan expresiones juveniles y pertene-cientes a la jerga del mundo de la droga. En una traducción del texto que, a su vez, se di rija a los jóvenes, se puede expresar el contenido con los medios co rres pon dien tes de la lengua meta. Sin embargo, si la misma traducción (con la jerga ju venil) aparece en un suplemento de un periódico de gran ti-rada, cuyos lec to res son mayoritaria mente adultos, no será ni entendida ni tomada en serio.
De especial importancia para el análisis traductológico son las
presupo-siciones24 cognitivas (el bagaje de conocimientos generales y específicos de
la cul tura a que pertenece, de ciertos temas y materias) que tiene el re cep tor. De acuerdo con su estimación del bagaje del receptor, un emi sor/redactor no solo seleccionará los elementos lingüísticos ade cua dos, sino que también presentará el contenido de una manera de ter minada, dejando implícitas las informaciones que presupone como co nocidas en los receptores, explicitan-do, incluso con redundancia, las in formaciones consideradas como «nue-vas», etc. Uno de los principios de una comunicación eficaz es que no se debe exigir al re cep tor ni demasiados ni demasiado pocos esfuerzos en la comprensión de un texto.
24. En los receptores del TM, los conocimientos sobre traducciones anteriores del mismo texto pueden formar parte de estas presuposiciones. La historia de la recepción de una traducción (por ejemplo la de la Biblia por Casiodoro de Reina) puede tener una influencia decisiva sobre la recepción de cualquier traducción posterior.
En lo que se refiere a los temas de actualidad, por ejemplo, la si tua ción del
receptor del TM puede diferir considerablemente de la del re ceptor del TB por la
simple razón de que la traducción es posterior a la recepción original.
Ejemplo 3.1.3./4
Para un lector español, el título «Nuestra integración en Europa», encima de un co mentario de El País de febrero de 1984, no era un título temático des-tinado a aportar información sobre el contenido del texto, sino un título que simplemente hacía referencia al debate en curso sobre los problemas agrí co las de una futura integración española en el Mercado Común. Para un lec tor ale-mán o francés, que en 1984 no pensaban todavía en este tema, una tra duc ción literal del título habría despertado la expectativa de que el co men ta rio tratara la cuestión de que «nosotros» (¿los alemanes, los franceses?), «ten drí a mos que integrarnos (¿más?) en Europa» (cf. la discusión del texto en Nord 1986a). Como ya hemos indicado, no solo la emisión sino también la recepción de un texto son guiadas por una intención específica. La intención del re cep tor no debe confundirse ni con sus expectativas hacia el texto, que son parte de sus presuposiciones cognitivas, ni con su reacción o respuesta an te el texto, que tiene lugar después de la recepción y que, por ello, for ma parte del efecto.
La información obtenida mediante el análisis de la pragmática re cep tora per mite, a su vez, sacar conclusiones sobre la intención del emi sor, el lugar y tiempo de la comunicación (p. ej., edad y origen del receptor), la función textual (a base de la intención re ceptiva) y las características intratextuales (presupo siciones, ex pec tativas). Igual que en el caso del emisor, un receptor ficticio tam po co forma parte de la situación comunicativa externa, sino de la in ter na. Sin embargo, incluso externamente, un texto puede dirigirse a di-ferentes destina tarios posibles.
Ejemplo 3.1.3./5
Las cartas que Günther Weisenborn, escritor y miembro de la oposición con tra el régimen nazi, escribió desde la prisión tienen una sola destinataria, per fec-tamente definida y mencionada en el encabezamiento: su mujer. Cuando es tas cartas, junto con algunas canciones y poemas además de las respuestas de la mujer, se publican en el libro Einmal laß mich traurig sein («Una vez dé jame estar triste», editado por E. Raabe, con la colaboración de Joy Wei sen born, Zúrich, 1984), el público destinatario se abre a todos aquellos que se in te re san por documentos y testimonios personales de la oposición contra los nacional-socialistas. Si un joven rega lara a su novia ese libro en nuestra época, ya que tam bién contiene cartas muy tiernas de amor, las condiciones receptivas cam-bia rían de nuevo completa mente, y aún más en el caso de una traducción al in glés, holandés o español.
Por ello, el traductor debe analizar no solamente las características del
re ceptor del TB y sus relaciones con el texto base, sino también las de los
destinatarios del TM, cuyas expectativas, conocimientos y pa pel comunicativo
influirán en la organización estilística del texto me ta.
Cuanto más exclusiva es la orientación del TB hacia unos re cep to res
concre-tos, menor será la posibilidad de hacer una traducción-instrumento (cf. 3.1.8c). En estos casos, el texto meta solamente puede «do cu men tar» la comunicación manifiesta en el texto base, pero sin cum plir una función análoga. Sería absurdo, por lo tanto, exigir que las últimas palabras de Franco dirigidas «a los españo-les» se traduzcan en función instrumental (¡o «equivalente»!) como si fueran las últimas pa labras de cualquier otro dictador dirigidas a sus compatriotas.
E) ¿CÓMOOBTENERLAS INFORMACIONESSOBREEL DESTINATARIO?
Como en el caso del emisor, los datos sobre el destinatario pueden in fe rir se de las características intratextuales y del paratexto (p. ej., de una de dicatoria). También pueden deducirse de las informaciones ob te ni das sobre el emisor y su intención, así como de los factores situacionales, ta les como el medio (cf. el ejemplo 3.1.3./2), el lugar, el tiempo y el mo tivo (cf. el ejemplo 3.1.3./3). A su vez, los géneros es tan da ri za dos suelen asociarse con expectativas receptoras también es tan da ri za das.
Ejemplo 3.1.3./6
En una receta de cocina, el ama de casa suele esperar una información so-bre la preparación de un plato determinado, ya que lee la receta precisamente con esta idea. Centra su atención en el contenido (datos sobre ingredientes, ins trucciones), sin hacer caso a la forma textual. Por ello, estos textos sue len redactarse según las convenciones del género, no solo en lo que se refiere a la macroestructura (primero la enumeración de los ingredientes, después las instrucciones, en alemán por orden cro nológico), sino también en lo que con-cierne a la sintaxis (alemán: cons truc ciones de infinitivo; inglés: imperativos; castellano: pasiva refleja, hoy también infinitivos), e incluso a la terminología (p. ej., «a medio fuego» o «hasta que la pas ta esté al dente»). Por consiguiente, el lector no se fijará en forma tex tual, salvo en los casos en que esta no corres-ponda a las con ven ciones (por ejemplo, si la receta está escrita en verso, si falta la enumeración de los ingredientes, etc.).
La influencia de la expectativa del receptor puede incluso causar una ac-titud de tolerancia par ticular: puede ocurrir que el turista que en un res taurante extran jero lee un menú (mal) traducido a su lengua no se mo leste (como lo
haría en su propio país) sino que más bien se di vier ta con las faltas ortográficas y grama ticales siempre que obtenga in for ma ción suficiente sobre lo que puede
comer y beber.25
Normalmente, el emisor o redactor tomará en cuenta las expectativas de los receptores; pero hay también ocasiones en que las pasa por alto o se las salta deliberadamente con el fin de escandalizar al lector, concienciarlo de algún es que matismo mental, etc.
F) CUESTIONARIO
Las siguientes preguntas pueden ayudar a obtener información relevante sobre la pragmática receptora:
1. ¿Qué información sobre el re ceptor del TB se desprende del paratexto?
2. ¿Qué datos sobre el receptor se desprenden del análisis de la prag mática y de la intención emisoras?
3. ¿Qué informaciones sobre el destinatario del TB (sus ex pec ta ti vas, su
ba-gaje de conocimientos, etc.) pueden ob te ner se ana li zan do otros factores situacio nales (medio, lugar, tiempo, motivo y fun ción textual)?
4. ¿Existen informaciones sobre la reacción del receptor del TB, que tengan
relevancia para la traducción?
5. ¿Qué expectativas pueden derivarse de los datos e indicios ob te ni dos del análisis de la pragmática receptora
a) respecto a los otros factores extratextuales: in ten ción emisora, lugar, tiempo, motivo y función textual;
b) respecto a las características intratextuales?
3.1.4. Medio/canal
A) COMUNICACIÓNESCRITAYCOMUNICACIÓNORAL
El concepto de medio transmisor (Thiel 1974b), o de canal (Reiss 1984), tiene muchos aspectos. Cuando hablamos de «medio», nos re fe rimos, de un
25. En la didáctica, podríamos aprovecharnos de esta tolerancia, al menos en las pri me ras fases de la formación y en la traducción inversa, al formular el encargo de tal manera que se pueda aceptar cierta cantidad de interferencias o formas no per fectas de la lengua meta.
modo muy general, al vehículo que conduce el texto al lec tor; en la teoría de la comunicación, «canal» se utiliza para referirse a las on das sonoras o el papel impreso. Al traductor, sin embargo, no le in te re san tanto las diferencias técni-cas como más bien los aspectos de la per ceptibilidad, del almacenamiento de datos o de las condiciones de interacción.
En primer lugar, hay que distinguir entre comunicación oral y es cri ta,26
distinción que afecta, entre otros, los siguientes aspectos, re le vantes no solo para la producción sino sobre todo para la recepción del texto: la presentación del contenido (grado de ex plicitación, composición lógico-argumentativa), los medios verbales y no verbales de expresión (estructuración de las frases, me-dios cohesivos, registro, estructuradores, uso de meme-dios expresivos no verba-les como gesto o mímica). Son de especial relevancia las referencias deícticas (tiempo, lugar), clarísimas en la comunicación oral, pero que han de explici-tarse extra o intratextualmente en la comunicación escrita.
Ejemplo 3.1.4./1
Expresiones deícticas como aquí, junto a mí u otras que se relacionan con el emisor como yo, todos nosotros, el que me precedió en el uso de la pa la bra, se comprenden perfectamente en la comunicación oral. Pero en la comunicación escrita no pueden decodificarse correctamente sin tener en cuenta la informa-ción acerca del tiempo, lugar, emisor, receptor, etc., dada, por ejemplo, en las referen cias bibliográficas o en el propio texto.
Sin embargo, no todos los textos pueden categorizarse como ex clu -sivamente orales o escritos, ya que hay textos que reproducen en for ma escrita lo hablado (p. ej., el acta de la declaración directa de un testigo), así como también hay textos escritos que se comunican oralmente (p. ej., discursos o conferencias). Por ello, Crystal / Da vy (1969, 68ss.) introducen el concepto de «medio com plejo», que com pren de: (a) textos hablados para ser escritos, p. ej., un dictado, (b) textos es critos para ser hablados, p. ej., el telediario, e incluso sub cla si fi ca cio nes como «textos escritos para ser leídos en voz alta,
como si es tu vie ran escritos» (discurso ceremonial).27
26. La distinción entre «lenguaje oral» y «lenguaje escrito» que hace Reiss (1984), refiriéndose al medio, nos parece poco adecuada, ya que el «lenguaje oral» puede tam bién emplearse en textos escritos, p. ej., en diálogos ficticios o en una carta.
27. House (1981a, 43) afina la categoría de «medio complejo», al me nos en lo que se re fiere a textos escritos, para los que establece sub cla si fi ca cio nes como «textos es critos para ser ha bla dos como si no fue ran es cri tos» o «textos escritos para ser leídos en voz alta co mo si hu bie ran sido oídos», etc.
Ya será evidente que para nuestros propósitos no basta una mera clasifi-cación del me dio utilizado, sino que sería conveniente enfocar las caracterís-ticas del medio, como, por ejemplo, la coincidencia o discontinuidad de las si tuaciones productiva y receptiva, comunicación indirecta o directa («cara a cara»), espontaneidad de la producción textual, posibilidades de retroalimen-tación, uni o pluridireccionalidad, etc.
B) ¿CUÁLESSONLASINFORMACIONESNECESARIASSOBREELMEDIO?
En la comunicación oral, muchas veces son los medios técnicos de la trans-misión (p. ej., teléfono o micrófono) los que influyen en la pro duc ción, recep-ción y comprensión del texto. En la comunicarecep-ción es cri ta, cuando hablamos de «medio» nos referimos al medio de pu bli ca ción, p. ej., revista, diario, libro, colección de libros, etc., incluyendo también subclasificaciones como «página de economía» o «suplemento literario» (en el medio «periódico»).
La dimensión del medio es importante porque aporta in for ma ción sobre las características y la identidad del público destinatario. Así, el pú blico de un periódico nacional no es solo más grande, sino que in clu ye a personas de distintos niveles de educación e información, con distintas expectativas en cuanto a la calidad estilística de un tex to, en comparación con los lectores de una revista especializada pa ra médicos, o, más específicamente, para neuro-cirujanos. Una edi ción de bolsillo de precio módico de una novela se dirige a un público más amplio que un costoso facsímil de la primera edición del «Qui jo te». Una carta personal se dirige a un receptor único y perfectamente co nocido, una carta comercial estandarizada va destinada a todo so cio poten-cial de la empresa en cuestión, mientras que un cartel ex pues to en un tablero en la calle se dirige fundamentalmente a cualquier per sona que pase por allí y sepa leer.
Además, la caracterización del medio permite sacar conclusiones so bre la intención del emisor (p. ej., en un cartel o en una tarjeta po stal) y el motivo de la comunicación (p. ej., en una nota necrológica en el periódico). Por ser sometido el medio a cambios históricos y a di fe ren cias culturales, los datos obtenidos indican a veces el lugar y el tiem po de la producción textual.
Es cierto que el medio limita el abanico de posibles funciones tex tuales. Sin embargo, las expectativas del receptor, derivadas de sus ex periencias con el medio en cuestión, pueden verse malogradas en un caso especial si el medio se usa para fines «ajenos». Por ello, no es co rrec ta una equiparación
automá-tica de medio y función textual, sobre to do teniendo en cuenta que los medios pueden cumplir diversas fun cio nes en distintas culturas.
En el caso normal, sin embargo, el medio determina la ex pec ta ti va del re-ceptor en relación con la función textual. De un folleto tu rís tico sobre una ciu-dad o región esperamos que tenga las funciones «in formación + publiciciu-dad». En un libro-guía o en una enciclopedia es peramos que la información –incluso sobre lo negativo– tenga pri o ri dad, mientras que en una revista ilustrada a color, la función de en tretenimiento desempeña un papel importante, junto a la función in formativa. Comparemos las primeras frases de tres publicaciones sobre la ciudad de Sa gunto:
Ejemplo 3.1.4./2
a) Situado a orillas del Mediterráneo, entre feraces tierras pobladas de na ran-jos, se levanta la histórica ciudad de Sagunto mostrando a la clara luz de Le vante la noble estampa de sus muros milenarios, testimonio vivo de su glo rio so pasado. Sagunto fue encrucijada de caminos y de culturas. Car-tagineses, ro manos, visigodos y árabes dejaron abundantes muestras de su paso por la ciu dad, cuya valerosa defensa contra Aníbal, general cartaginés, fue en sal za da como ejemplo de heroísmo por los historiadores latinos de la época. (Folleto de la ciudad de Sagunto, ed. por el Ministerio de Cultura y el Excmo. Ayun tamiento de Sagunto, 1977).
b) Sagunto. Situación geográfica: El gran geógrafo Scilio Ytálico al describir Sagunto, decía: «No lejos de la playa, se levantan los muros hercúleos de Sa-gun to sobre una empinada colina, a los cuales dio célebre nombre Zazinto, se pultado en lo alto del collado». Su situación, desde los tiempos remotos, es tá enclavada en el último promontorio de la Sierra La Calderona, unida por el N. con la Sierra Espadán, que corresponde al Idubeda Mons que, según Pto lo meo, separaba el Oriente del Occidente ibérico, o sea la Celtiberia de la Ede tania. El griego Polibio dijo que: «Esta ciudad se encuentra al pie del mon te que separa los celtíberos de los demás íberos, distante siete estadios del mar»; y, en efecto, Espadán termina junto a Sagunto, y aun podría con si-de rarse el castillo como el último monte si-de la indicada sierra. Su situación es de 39º, 38’ y 34» de latitud norte, y de 3º, 25’ y 14» de longitud sur. Apoyado so bre este cerro coronado por su histórico castillo, cual pétrea corona de glo ria, según frase elocuente de nuestro paisano, el canónigo y poeta Dr. Za-ho ne ro, está edificada la ciudad, como un collar que adornase el espléndido va lor de sus vetustos torreones, tantas veces ensangrentados y otras tantas veces en ri quecidos por su heroísmo. (Dr. Esteban Blanco Ximénez; Guía turística; Sa gunto, 1961; pp. 7-8; después de un preámbulo rimado tomado del Canto 1º de «Las ruinas de Sagunto», de Villarrota)
c) Historia. En el s III era una población íbera, de los edetanos, que po si ble-men te albergaba a una colonia de comerciantes griegos. Los cartagineses, em peñados en conquistar la Península, firmaron un tratado con Roma (h.
226 a. C.) por el que fijaban el Ebro como frontera de sus intereses. Sagunto, al S. de este río, se alió con los romanos. Pero Aníbal aprovechó su lucha con los tur boletas, enemigos tradicionales de los saguntinos y que habitaban en lo que es la actual Teruel, para intervenir, y puso sitio a la ciudad, que, tras un du ro asedio de ocho meses, fue conquistada (219 a. C.), y sus supervivientes que da ron reducidos a la esclavitud. Roma intervino entonces enérgicamente, lo que desencadenó la II guerra púnica. [...] (Salvat Universal; Diccionario en ci clo pédico; Salvat Editores, S.A.; Barcelona, 1987; tomo 18; p. 75). El análisis pretraslativo debe tener en cuenta sobre todo aquellos elemen-tos informativos o estilísticos cuyas ca rac te rís ti cas se deben precisamente al medio utilizado, tratando de averiguar si son universales o específicas de la
cultura base. Esto es im por tante, sobre todo, cuando el TM ha de realizarse a
través de un me dio distinto al del TB.
C) ¿CÓMOOBTENERLASINFORMACIONESSOBREELMEDIO?
El medio se puede comprobar fácilmente a primera vista, al menos cuan do se tiene en las manos el original del texto y no un manuscrito es crito a má-quina, una fotocopia o un anexo electrónico. En este último caso (hecho que ocu rre con frecuencia en la práctica de la traducción profesional), el tra duc tor debe pedir información detallada sobre el medio, ya que es bas tante difícil identificarlo partiendo exclusivamente del análisis in tra textual.
A veces, el emisor elige el medio de acuerdo con su intención, y en otras ocasio nes el número de posibles medios se reduce por las con diciones de lugar y tiempo, sin olvidar que, asimismo, la elección del medio puede depender de convenciones culturales. Algunos me dios se prefieren para determinados objeti vos comunicativos (p. ej., car teles o anuncios periodísticos para propó-sitos publicitarios, folletos-trípticos para informaciones turísticas, etc.).
D) CUESTIONARIO
Las siguientes preguntas pueden ayudar a obtener información relevante sobre el medio o canal:
1. ¿Procede el texto de una comunicación escrita u oral? ¿Por me dio de qué canal se presenta?
2. Si se trata de un texto escrito, ¿a través de qué medio de pu bli ca ción llega el texto al receptor? ¿Hay informaciones ex tra tex tua les sobre el medio?
3 ¿Qué informaciones sobre el medio o canal pueden ob te ner se ana li zan do otros factores situacionales (emisor, intención emisora, mo tivo o función textual)?
4. ¿Qué expectativas pueden derivarse de los datos e indicios ob te ni dos del análisis del medio
a) respecto a los otros factores extratextuales: in ten ción emisora, destina-tario, motivo y función textual;
b) respecto a las características intratextuales?
3.1.5. Lugar
A) LUGARDEPRODUCCIÓNYLUGARDERECEPCIÓN
La dimensión espacial solo ha sido comentada explícitamente por H. Bühler (1984) y Reiss (1984), quienes se basan en la fórmula Lass well.
Evi-dentemente, la cuestión de la ubicación del TB les pa re ce trivial a la mayoría
de los traductólogos. Por esto, pro ba ble mente, Reiss (1974a) y Thiel (1978a) combinan las dimensiones tem po ral, espacial y de motivo en una dimensión denominada glo bal men te «trasfondo geográfico, histórico y sociocultural» (Reiss 1974a), y las «condiciones (situacionales) implícitas» (Thiel 1978).
No obstante, nos parece necesario considerar individualmente esos factores que pueden tener relevancia distinta para textos o gé ne ros diversos. Además, dentro de nuestro marco sistemático, el tiempo y el espacio son categorías básicas de la situación histórica de un texto.
La dimensión espacial se refiere sobre todo al lugar de la pro duc ción tex-tual, por ejemplo a la situación actual del emisor y del re dac tor. Pero tiene también importancia para el receptor (véanse ejemplos 3.1.1./4, 3.1.3./4). La dimensión espacial es de particular importancia en los textos redactados en una lengua con variantes geográficas (p. ej., es pañol europeo / latinoameri-cano: peruano, argentino, co lom bia no..., in glés británico / norteamericano /
indio / australiano, etc., cf. ejem plo 3.1.1./3a). Si esa lengua es la LB, la
di-mensión es pa cial in di ca la variante lingüística empleada; si, por el contrario,
es la LM, la dimensión espacial puede dar una información sobre la variante