Coordinador: Juan Luis Castejón Costa
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Relaciones entre las dificultades en comportamiento, habilidades sociales,
teoría de la mente y dificultades ejecutivas en 2º de Educación Infantil.
García, M., Durán, M., Brenlla, J.C., Fernández, R. y Peralbo, M.
Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de A Coruña, A Coruña, España [email protected]
Resumen
Los problemas de conducta y de habilidades sociales, así como otras dificultades para mantener una bue-na comunicación e interacción social, suelen estar influidas por el funciobue-namiento ejecutivo. Comprobar si el CHEXI puede diferenciar entre niños con problemas de comportamiento y habilidades sociales, y/o con dificultades relacionadas con la teoría de la mente. Para ello se realizó un estudio descriptivo, para el que se seleccionaron, por conveniencia, 64 alumnos de segundo curso de educación infantil (30 niños y 34 niñas) de dos escuelas públicas, con edades comprendidas entre los 4 y 5 años (M= 4.41). A todos ellos se les aplicaron las siguientes pruebas: CHEXI, PKBS (Preschool and Kindergarten Behavior Sca-les), y varias tareas relacionadas con ToM.
Los resultados de la regresión múltiple por pasos sucesivos realizada muestran que las dificultades en la actuación de la memoria de trabajo medidas por el CHEXI predicen los resultados en el PKBS y expli-can el 49,3% de la varianza, con una Beta de -.708. Por otro lado,
tanto las dificultades de control inhibitorio, como de memoria de trabajo, correlacionan significativa-mente con dificultades en la actuación de la ToM (rs=-.36 p=.015 y rs=-.592, p=.001, respectivasignificativa-mente). Así, las dificultades ejecutivas están implicadas en la aparición potencial de alteraciones relacionadas con la conducta e interacción social, dificultando el desarrollo de habilidades sociales necesarias para un intercambio eficaz con el entorno. El tratamiento temprano de estas disfunciones ejecutivas podría resultar beneficioso para la prevención de las posteriores dificultades en estas áreas.
Palabras clave: Funciones ejecutivas, dificultades de aprendizaje, problemas de comportamiento, teoría de la mente.
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Relations among behavioral difficulties, social skills, theory of mind
and executive dysfunctioning in Early Childhood Education students
García, M., Durán, M., Brenlla, J.C., Fernández, R. y Peralbo, M.
Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de A Coruña, A Coruña, España [email protected]
Abstract
Behavioral and social skills problems, as well as other difficulties to maintain good communication and social interaction, are often influenced by the executive functioning. The main objective of this study is to analyze whether CHEXI can differentiate between children with difficulties related to the theory of mind, behavioral problems or social skills. A descriptive study was conducted with 64 students (30 boys and 34 girls) from two public schools aged between 4 and 5 years (M = 4.41). Participants were assessed with the following instruments: CHEXI, PKBS (Preschool and Kindergarten Behavior Scales), and several task related to ToM. The results of a stepwise multiple regression show that the difficulties in working memory predict the results in PKBS and explained 49.3% of the variance, with a Beta of -.708. Difficulties both in inhibitory control as in working memory are significantly correlated with difficulties on task related to ToM (rs = -. 36 p = 0.015 and rs = -. 592, p = .001, respectively). Thus, executive dys-functioning appear to be present in the potential development of problems related to behavior and social interaction, which can hinder the development of the social skills necessary for effective exchange with the environment. Early treatment of these executive dysfunction could be beneficial for the prevention of further difficulties in these areas.
Key words: Executive Functions, Learning Difficulties, Behavioral Problems, Theory of Mind
1. Introducción
Los estudios sobre el funcionamiento ejecutivo han centrado principalmente su interés en determinar la influen-cia que tienen en procesos de carácter cognitivo-lingüístico, o sobre alteraciones del desarrollo relacionadas. No obstante, los problemas de conducta y de habilidades sociales, así como otras dificultades para mantener una buena comunicación e interacción social, suelen estar influidas por el mejor o peor funcionamiento ejecutivo. Por ello, com-probar si una prueba de cribado, como el CHEXI (Childhood Executive Functioning Inventory; Thorell y Nyberg, 2008), puede diferenciar entre niños que requieran de una intervención temprana derivada de la presencia de estos problemas psico-sociales, resulta de enorme importancia.
Aunque no hay un acuerdo unánime sobre cómo definir el funcionamiento ejecutivo, la mayoría de los autores coinciden en que se refiere a procesos de control de arriba-abajo que están implicados en la regulación de la acción. Las funciones ejecutivas abarcan el conjunto de procesos que subyacen a la conducta consciente y planificada diri-gida a metas, a las respuestas en las situaciones novedosas o difíciles y a la capacidad de inhibir aquellas conductas que nos alejan del objetivo perseguido, por lo que se refiere a lo necesario para el control deliberado del pensamiento, de las emociones y de las acciones. Como señala Carlson (2005), el funcionamiento ejecutivo se refiere a procesos cognitivos de alto nivel, autorregulatorios, que ayudan en la supervisión y control del pensamiento y la acción. Estas
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habilidades incluyen: control inhibitorio, planificación, flexibilidad atencional, corrección y detección de errores y resistencia a la interferencia. Por lo tanto, estas funciones están implicadas en los procesos de autorregulación cons-ciente e intencional del comportamiento, aspectos de especial interés para un comportamiento social competente, el cual supone desplegar y coordinar la propia conducta a la luz de las demandas ambientales y de equilibrar las nece-sidades propias con las de los otros actores intervinientes en la interacción social en curso (Huyder y Nilsen, 2012). Por lo que respecta a la Teoría de la Mente, es decir, la habilidad de los seres humanos para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones y sus creencias (Tirapu-Ustárroz, Pérez-Sayes, Erekatxo-Bilbao y Pelegrín-Valero, 2007), la investigación ha demostrado que la competencia social de los que comprenden y predicen mejor las acciones de los demás es más valorada por sus iguales y profesores (Bosacki y Astington, 1999) y que tienen mayor capacidad para dirimir cuándo las metas de los demás coinciden o no con las suyas y de comportarse en consecuencia (Epley, Caruso, y Bazerman, 2006).
Existen diversas razones para pensar que las funciones ejecutivas y la Teoría de la mente están relacionadas: (1) las dos presentan importantes avances entre los 3-5 años (Perner, Kain y Barchfeld, 2002); (2) parecen compartir la misma región cerebral (el cortex prefrontal) (Gallagher y Frith, 2003); y (3) ambas facultades están seriamente com-prometidas en personas con TEA (Pellicano, 2007).
En este trabajo se analiza la relación entre la capacidad para resolver adecuadamente diversas tareas de Teoría de la Mente (falsa creencia, apariencia vs realidad, contenido inesperado, identidad inesperada, ubicación inesperada) y el funcionamiento ejecutivo (memoria de trabajo y control inhibitorio).Teniendo en cuenta que en las diversas tareas planteadas el/la niño/a tiene que (1) seguir la narración de las historias, (2) emplear esa información para predecir el comportamiento de los protagonistas, y (3) inhibir su perspectiva de los hechos y considerar la de los personajes, se plantea que la resolución adecuada de las tareas de Teoría de la Mente será mejor cuanto mayor sea la capacidad de memoria de trabajo y/o de control inhibitorio.
Pero el papel de las funciones ejecutivas en la conducta socialmente competente puede ir más allá además de la predicción del estado mental de los demás (Riggs, Jahromi, Razza, Dilworth-Bart y Mueller, 2006). Por ejemplo, el control inhibitorio parece relacionarse con un mejor ajuste y una relación más positiva con los iguales dado que la cantidad de conductas agresivas son menores al tiempo que se incrementa la cantidad de conductas de cooperación (Bonino y Cattelino, 1999; Ciairano, Visu-Petra y Settanni, 2007; Giannotta, Burk y Ciairano, 2011).
El objetivo de este trabajo es comprobar la capacidad del CHEXI (Childhood Executive Functioning Inventory; Thorell y Nyberg, 2008) para discriminar entre niños con problemas interacción social y con dificultades relaciona-das con la teoría de la mente. Este instrumento, diseñado inicialmente para identificar a niños con riesgo potencial de TDAH durante la etapa infantil, muestra una buena fiabilidad y validez (McNab, Leroux, Strand, Thorell, Bergman y Klingberg, 2008; Thorell, 2007; Thorell, Eninger, Brocki y Bohlin, 2010; Thorell, Lindqvist, Bergman, Bohlin, Klingberg, 2009; Thorell, y Nyberg, 2008; Thorell, y Wåhlstedt, 2006). Se aplica a padres y/o maestros con el fin de detectar dificultades ejecutivas. A diferencia de otros instrumentos de evaluación de funciones ejecutivas, el CHEXI se centra específicamente en control inhibitorio y memoria de trabajo, dos de los factores del modelo de Miyake et al. (2000). La posibilidad que abre este instrumento, de evaluar las funciones ejecutivas a través del informe de los padres y maestros con resultados ecológicamente más adecuados que los derivados de tareas cognitivas, nos permite analizar las relaciones que estas funciones tienen con otras variables hasta ahora estudiadas mediante tareas cogniti-vas mucho más descontextualizadas y menos significaticogniti-vas para este grupo de población.
Entre sus ventajas, parece presentar una mayor validez ecológica que las pruebas de laboratorio, y sus resultados coinciden en mayor medida con los problemas que los niños experimentan en su vida familiar o escolar. Además, es de rápida aplicación, lo que reduce el coste de la evaluación. Por último, ha sido aplicado en diferentes países, sin que
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ello afecte a la fiabilidad de sus medidas. En este trabajo se pretende extender el conocimiento acerca de la validez de este inventario para predecir riesgo de otras dificultades potenciales.
2. Método
2.1. Participantes
Para la realización de este trabajo se seleccionaron, por conveniencia, 64 alumnos de segundo curso
de educación infantil (30 niños y 34 niñas) de dos escuelas públicas, con edades comprendidas entre los 4 y
5 años (M= 4.41). Se utilizó como criterio de exclusión la existencia de un trastorno del desarrollo.
2.2. Medidas
Competencia Social. Se ha utilizado la traducción y adaptación al español de la subescala “Interacción Social”
de la versión revisada del “Preschool and Kindergarten Behavior Scale” (Merrell, 2002) aplicable a niños/as de entre 3y 6 años. Esta subescala, compuesta de 11 items, evalúa las conductas y características que son importantes para la adquisición y mantenimiento de la aceptación y la amistad de los otros. Los ítems incluyen adaptación social en la relación con los iguales y los adultos. Muestra una elevada consistencia interna (alfa= .907; Fernández y cols, 2010). Los comportamientos de los niños, evaluados por el tutor, se valoran en una escala tipo Likert de 4 puntos que oscila entre 1 (nunca) y 4 (casi siempre). Puntuaciones altas en la subescala refleja un mejor desarrollo y puntuaciones bajas indican la ausencia de conductas desadaptadas.
Teoría de la Mente (ToM). Se han utilizado 5 tareas que evalúan falsas creencias de primer orden propias y
ajenas:
- Aparencia – realidade (Gopnik y Astington, 1988). - Contenido inesperado (Perner, Leekam y Wimmer, 1987). - Identidad inesperada. Adaptado de Gopnik y Astington (1988). - Ubicación inesperada. Adaptado de Perner y cols. (1994). - Creencia- deseo. Adaptado de Wellman y Bartsch (1988).
Funcionamiento Ejecutivo
Se ha utilizado el Childhood Executive Functioning Inventory –CHEXI- (Thorell y Nyberg, 2008). Se trata de un cuestionario para padres y maestros que contiene 24 ítems clasificados en dos subescalas: memoria de trabajo (13 ítems) y control inhibitorio (11 4 items). Cada item puede ser puntuado en una escala de entre 1 y 5 puntos. De esta manera, la puntuación total en memoria de trabajo podría abarcar desde 13 (puntuación mínima) hasta 65 (puntuación máxima), mientras que en el caso del control inhibitorio podría obtenerse una puntuación mínima de 11 puntos y una puntuación máxima de 55 puntos. Las puntuaciones altas son indicativas de un mal funcionamiento ejecutivo
2.3. Procedimiento
Una vez obtenida la autorización para la aplicación de las pruebas, se realizaron aplicaciones individuales de las tareas de ToM y se solicitó a las tutoras que cubriesen el CHEXI y la subescala de intarcción social del PKBs por cada uno de los niños/as que participaron en la investigación. La aplicación de las tareas de ToM se llevó a cabo en una sala cedida por cada uno de los centros y tuvo una duración aproximada de 15 min. para cada uno de los niños. En el caso del profesorado, se les entregó al inicio del estudio un ejemplar del CHEXI y de la subescala de interacción
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social del PKBS por cada niño que iba a ser evaluado. El profesorado lo entregagó cubierto una vez finalizadas las aplicaciones a los niños/as de su curso
3. Resultados
Los resultados de la regresión múltiple por pasos sucesivos realizada muestran que las dificultades en la actuación de la memoria de trabajo medidas por el CHEXI predicen los resultados en la escala de “interacción social” del PKBS y explican el 49,3% de la varianza, con una Beta de -.708. La variable “Control Inhibitorio” ha resultado excluida.
Por otro lado, tanto las dificultades de control inhibitorio, como de memoria de trabajo, correlacionan significati-vamente con dificultades en la actuación de la ToM (rs=-.36 p=.015 y rs=-.592, p=.001, respectisignificati-vamente). Es decir, los participantes que resuelven más tareas de ToM son aquellos que presentan menos dificultades en funcionamiento ejecutivo
4. Discusión y Conclusiones
Los resultados de este trabajo han permitido comprobar parcialmente la capacidad del Childhood Executive Functioning Inventory (CHEXI) para discriminar entre niños con problemas interacción social y con dificultades relacionadas con la teoría de la mente. Los resultados obtenidos apuntan a que las dificultades ejecutivas están impli-cadas en la aparición potencial de alteraciones relacionadas con la conducta e interacción social, dificultando el desa-rrollo de habilidades sociales necesarias para un intercambio eficaz con el entorno. Los/as niños/as que reciben una mejor calificación de sus tutoras en competencia social son aquellos/as que muestran menos dificultades en memoria de trabajo. Además, la relación encontrada entre funcionamiento ejecutivo y la resolución de tareas de falsa creencia (propia y ajena) corrobora los resultados existentes de que la competencia social de los que comprenden y predicen mejor las acciones de los demás es más valorada por sus iguales y profesores (Bosacki y Astington, 1999) y que tie-nen mayor capacidad para dirimir cuándo las metas de los demás coinciden o no con las suyas y de comportarse en consecuencia (Epley, Caruso, y Bazerman, 2006), desplegando y coordinando la propia conducta a la luz de las de-mandas ambientales, equilibrando las necesidades propias con las de los otros actores intervinientes en la interacción social en curso (Huyder y Nilsen, 2012). Por lo tanto, el tratamiento temprano de estas disfunciones ejecutivas podría resultar beneficioso para la prevención de las posteriores dificultades en estas áreas.
Referencias
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