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Fray José Antonio de San Alberto: una opción para América latina

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Fray José Antonio de San Alberto:

una opción para América latina

Elsa C la ra C o rb e lla *

Fray José Antonio de San Alberto es uno de los pedagogos m ás relevantes de nuestra historia de la educación del siglo XVIII. Personalidad que se distinguió entre nosotros p o r una actuación muy eficaz e inteligente, que el olvido en que yace su memoria resulta injustificable.

Fundador en 1782 de la Primera Escuela Pública -Colegio de Educandas de Santa Teresa de Jesús- gratuita para las niñas nobles y pardas de Córdoba.

Sus ideas pedagógicas son un modelo para arm ar la humanización y la trascen­ dencia del hombre, donde el am or es la base de la relación educativa.

Desde el análisis pedagógico de su propuesta educativa, la dimensión antropológica es el hombre criatura destinada a un fin superior; la dimensión axiológica, la educación es el medio excelente para alcan zarla virtud y la dimensión metodológica, aprender, a través del entender y reflexionar, con lecciones dulces, claras, consecuentes y basada en principios firm es y sólidos.

Escuela pública - Enseñanza gratuita - Educación de la m ujer Enseñanza y formación

Fray José Antonio o f San Alberto is one o f the m ost outstanding educators in our History o f Education o f the XVIII Century. His personality was distinguished by his effective and intelligent performance, so if we forget him, it turns out to be a serious injustice.

* D o c to ra en C ie n c ia s de la E d u ca c ió n . M a g ís te r en D r o g o d e p e n d e n c ia . E s p e c ia lis ta en G e stió n y A d m in is tr a c ió n de S iste m a s E d u ca tiv o s . D o c e n te e in v e s tig a d o ra de la U n iv e rs id a d N a cio n a l de C ó rd ob a y la U n iversid ad T ecn o lóg ica N acion al (Fa cu ltad Regional C ó rd ob a ), C ó rd ob a, A rg en tin a . E -m ail: e ls a c o r b e lla @ g m a il.c o m

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From the pedagogical analysis o f his proposal, the anthropological dimension considers a man as a creature aiming at a superior purpose; the axiological dimension Is an excellent mean to reach virtue and the m ethodological dimension deals with learning through understanding and meditation, with sweet, dear, consequent lessons, based on firm and solid principles.

Non-private school - Free education - W om en's education Teaching and training

Fray José Antonio de San Alberto es uno de los pedagogos más relevantes de nuestra historia de la educación del siglo XVIII. Personalidad que se distin­ guió entre nosotros por una actuación muy eficaz e inteligente, que el olvido en que yace su memoria resulta injusti­ ficable.

La sim plicidad y la profundidad de las ¡deas son m atices de su personali­ dad, expresión de la riqueza de aptitu­ des con que su vida se manifestó. Los días dedicados con afán a la Diócesis de Córdoba no oscurecieron ni hicieron olvidar nunca la im agen del educador por antonomasia, que su tiempo le re­ conoció.

De las obras de Fray José Antonio de San Alberto, las del educador y pen­ sador se elevaron enseguida por en ci­ ma de las fronteras nacionales, presen­ tándolo como un visionario de la educa­ ción pública (popular), pero después ol­ vidado por los cordobeses. La acción de este ilustre varón, desbordante de rea­

liz a c io n e s , d u ra n te y d e sp u é s de su paso por estas tierras cordobesas, com ­ pleta el perfil de su gigantesca in d ivi­ dualidad y lo muestra a sus contem po­ ráneos en la grandeza de su espíritu. Pero desde el fondo de todas las dispo­ siciones eclesiásticas, y de lo mucho que resultó de su aplicación a la realidad, avanzó siempre al primer plano la figu­ ra del pedagogo.

Las circunstancias de la realidad de Córdoba colonial, manifestadas por el je ­ suíta Gervasoni cuando llegó en 1729, quien decía que era "la más miserable de

cuantas ciudades hay en Europa y en Am é­ rica, porque cuanto se vé aquí es p or de­ más mezquino" (CHANETON, 1942:70), hi­

cieron que Fray de San Alberto tuviera una clarividencia genial. Genial porque percibió el problema más urgente y com ­ plejo, que era la necesidad de implantar la instrucción primaria.

Merece ser caracterizado en las va­ loraciones de nuestro medio y de nues­ tro tiem po com o el pedagogo por e x ­

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Fray Jo sé A n to nio de San Alberto: una opción para A m é rica latina

celencia; diríamos que fue como el tipo de "hom bre social" de S pran ger que, ante todo y sobre todo, se dedicó al ser­ vicio de sus sem ejantes. Perteneció a esa clase de apóstoles para los cuales el valor supremo es el amor a la huma­ nidad. Por su acción, pero también por sus documentos escritos, ocupa un im ­ portante lugar en la historia de la edu­ cación. En todas sus obras e cle siá sti­ cas quedan huellas de su labor y de sus ideales educativos, en favor de quienes más sufrieron y necesitaron.

Análisis pedagógico de la propues­ ta educativa de Fray de San Alber­ to. Fundam entos de su acción

"Todos los discursos que quieran demostrar-mostrar-aclarar- comprender- interpretar, deben tener una lógica p ro­ pia, y p o r lo tanto partir de un principio, tener un fundamento"

(FLORES DÁRCAIS, 1995:3)

Buscar los fu nda m en tos consiste, en realidad, en un buscar las causas de algo. En esta investigación pedagógica buscamos las causas o fundamentos de la acción pedagógica de Fray José que se entrecruzan y conforman la trama de su obra. Pero también es necesario en­ contrar todas aquellas conexiones o li­ gaduras vinculares que se establecen, que perm an e cen , com o lo invisible y especialm ente sobre el punto de parti­ da para explicitar en forma clara y obje­ tiva su pensam iento pedagógico.

Vale decir, concretam ente, que en todo accionar educativo se halla un su­ jeto que se convierte en promotor, en protagonista del mismo, el quién, que procede concretam ente, m ediante ins­

tru m entos y cam inos preferen ciales y probablem ente intencionalm ente ele g i­ dos (el cómo). Y como fondo, el p or qué de la educación, a fin que desde lo esen­ cial su fundación obtenga su legitimación y su significado. Así es que antropolo­ gía, axiología o teleología y metodología se presentan como los tres pilares de la p e d a g o g ía , cu y a b a se d e s c r ip ta y convalidada, desde un análisis crítico de las obras de Fray José Antonio, perm i­ ten individualizar lo esencial y autóno­ mo de su discurso pedagógico.

Tal peculiaridad y autonomía tuvie­ ron necesidad de una larga gestación para em erger con suficiente claridad y convertirse, hoy, en las ligaduras invisi­ bles que subyacen y dan sentido a la evolución de la educación popu lar en A m érica latina, e sp e cia lm en te en A r­ gentina.

1- Dimensión antropológica de su proyecto educativo

Para com prender mejor, en plenitud, todo su proyecto educativo es necesa­ rio t e n e r en c u e n ta el fu n d a m e n to antropo ló gico es decir el concepto de hombre que subyace en sus escritos. En ellos hay una manera clara y bien de­ term inada de concebir al sujeto prota­ gonista de la educación. En la base de sus ideales educativos no se trata de una noción difusa, que se puede dedu­ cir, sino que se trata de una opción au­ téntica y justificada de hom bre-perso­ na, delim itada entre el individuo y la sociedad, entre el uno y la pluralidad de la realidad de fin del siglo XVIII.

Para Fray José, el hom bre, el ser humano es ante todo una persona, un

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sen como á unas personas sagradas, p ri­ vilegiadas y protegidas singularmente de Dios y respetadas y atendidas como ta­ les" (SAN ALBERTO, 1786:31).

Se capta y se observa perm anen­ tem ente, a través del análisis de sus obras, la aspiración decidida a que el hombre alcance su plenitud mediante el cu ltiv o de los v a lo re s g e n u in a m e n te cristianos, porque fue ante todo un hu­ m anista cristian o. Por lo tanto , cada hom bre puede cre ce r en hu m anidad, valer más y ser más. En la base de toda su pedagogía late, necesariamente, una antropología cristiana.

El ser fundamento último de la realidad y del sistema de Fray José: Dios y el hombre

U tiliza para e x p re s a r sus p e n s a ­ m ientos los textos bíblicos -en prim er lugar- pero sin dejar de apoyarse en pensadores paganos como Platón, A ris­ tóteles, en cuanto coinciden en exp re­ sar lo mismo aunque desde el solo ám ­ bito de la razón. En este sentido, Fray San Alberto es un cristiano, testimonio de la fe y de obras, en el seno del m o­ dernismo.

Para Fray José, el ser y fundam en­ to de la realidad es Dios y el hombre. También el hom bre lo es, respecto de las otras criaturas, en cuanto él es la cria tu ra m ás ex ce lsa , co lo fó n de las obras de Dios, el vicario entre ellas y Dios, la corona de la gloria de Dios. Po rqu e c o n sid e ra que, an te todo, el

cia que no dism inuye en nada su digni­ dad humana ni su com prom iso con las realidades terrenas. Resulta así que, el esfuerzo personal y responsable por el crecim ien to hum ano, abierto hacia la trascendencia, le posibilita una m ayor plenitud, co n virtién d o se en la síntesis de todos sus deberes.

La n a tu ra le z a h u m a n a es, para Fray San Alberto, lo más sublim e, pero reconoce que el hom bre generalm ente no se conoce y no reconoce su d ig n i­ dad. De aq u í que en los d ocum en tos m anifiesta su p re o cu p a ció n para que aprendan a conocerse y en este se n ti­ do, la necesidad de ayudar a los d e ­ más para que se conozcan y realicen la s u b lim id a d de su n a tu ra le z a . A s í pues, nuestro O bispo, al inicio de su com unicación con los fieles de sus dió­ cesis, m ed ian te las Pa sto ra le s, e s ta ­ bleció con claridad su objetivo. Si bien con su s m e n s a je s p a s to ra le s q u e ría e n s e ñ a r to d a s las co sa s a to d o s, lo principal consistía en hacer consciente a los hom bres de su dignidad, lo que es, a la vez una finalidad humanista y cristiana.

"¿Qué Padre no desea ver y abrazara sus hijos, y m ás si espera de ellos toda aquella atención, respeto, am or y obedien­ cia que inspira una buena educación; que dicta la misma naturaleza, y que Dios tie­ ne mandada p or sus santas Leyes?" (SAN

ALBERTO, 1786:13).

Con convicción y claridad de ideas expresa :"La segunda razón de estar el

Obispo tan estrecham ente obligado á re­ sidir m aterialm ente en su Diócesi, y vivir

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Fray Jo sé A ntonio de San Alberto: una opción para Am érica latina

entre sus diocesanos, es para que estan­ do presente y á la vista de todos y de to­ dos, contenga, como dice S. Agustín, á los inquietos , sostenga a los flacos, consue­ le á los afligidos , y lleve como entre sus brazos á los enfermos; para que haga ca­ llar á los que se oponen á la sana doctri­ na, afervorice á los tibios, instruya á los ignorantes, apacigüe las diferencias que se susciten en su Pueblo, reprima la inso­ lencia de los soberbios, aquiete á los intrigantes y reboltosos , consuele á los pobres, defienda a los oprim idos, sosten­ ga a los buenos con su autoridad, exercite la paciencia con los malos, y am e final­ mente á todos en Jesús Christo" (SAN AL­

BERTO, 1786:135).

De esta forma, también manifiesta que todos aquellos que tienen la misión de form ar hombres deben hacer vivir a todos co n scie n tes de esta dignidad y excelencia y que deben dirigir todos sus miedos para conseguir el fin de su su­ blimidad.

En el se r del hombre, criatura destina­ da a un fin superior

Reconoce que la razón humana le hace ver al hombre que es una criatura tan singular como él es, y que está des­ tinada a un fin superior al de todos los dem ás seres; esto es, e sta r unida a Dios, cúm ulo de toda perfección, para que así goce eternamente de su gloria.

El hom bre, según el relato bíblico de la creación, es obra directa de Dios y el fin del mismo se haya en recuperar esa n a tu ra le z a , la que e s ta b le c e la

unión con Dios. Es im portante e n te n ­ der bien en qué consiste esa naturale­ za hum ana, pues la educación tendrá por finalidad ayudar a lograr esa reali­ zación. Nuestro Obispo afirma que "na­

die ignora que el fin de la Religión, ya en sus leyes, ya en sus máximas, no es otro que el de convertir las almas, san tificar­ las, instruirlas, ilum inarlas y dirigirlas al últim o fin para que fuéron criadas p or D ios" (SAN ALBERTO, 1786:12). Tam ­

bién re-afirma su postura en relación a los fines de la educación cuando, ex­ presa : "iQué paz y quietud no puede p ro ­

m eterse una Ciudad, una Provincia, un Reyno donde florecen la p iedad y buenas costum bres! Pues estas son siem pre fru ­ to herm oso de la educación en los prim e­ ros años, de aquella educación, cuyo o b ­ je to es cultivar el espíritu de la juventud,

ya inspirándola en las bellas ciencias, ya form ándola en las buenas costu m b res" 1

(SAN ALBERTO, 1786:284).

En los numerosos escritos que nos legó se puede encontrar este denom i­ nador común: la preocupación por ele­ var el nivel humano por intermedio del proceso educativo. Busca ese respeto por la persona y por su dignidad, desea llevarla desde condiciones infrahumanas a otras donde sea posible restaurar ese rostro humano deteriorado, ante lo cual repetía: "Dadme, p or otra parte, una p e r­

sona que haya tenido la desgracia de una mala educación en su juventud, y obser­ v a d p u n t u a lm e n t e su c o n d u c ta , le hallareis tal que apenas parezca hom bre; ingrato á Dios, infiel á su estado, abando­ nado á sus pasiones, escandaloso en sus costum bres (...); amigo infiel, ciudadano

1 El sub ra yado es nuestro.

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inútil, vasallo indócil; malo para Dios, malo para sí, malo para la patria, malo para to­ dos" (SAN ALBERTO, 1786:287).

A lg u n a s de sus e x p re sio n es más bien parecen gritos o lamentos que re­ flejan un conocimiento real de la situa­ ción de las p e rso n a s del cam p o, de esta Córdoba de fines del Siglo XVIII. Con crudeza m anifiesta esta situación del hombre de campo, sí, de ese hom ­ bre y su circunstancia: "La m iseria, la

escasez, la soledad y la rusticidad2 con que se vive en ellos hace m irar como indi­ ferente, como necesaria esta media d es­ nudez que se advierte en las personas grandes, y la entera y todo el cuerpo en los niños de am bos sexos" (SAN ALBER­

TO, 1786:271).

En relación al ser de la sociedad: una conducta moral

Es una id ea no e la b o r a d a por nuestro autor, indudablem ente él está interesado en una convivencia pacífica para to d o s los hom bres, en relació n con su creador. No ha pensado que un cambio social debe partir de un cambio en las estructuras políticas para cam ­ biar luego al hombre. Por el contrario, su idea era que se debía ca m b ia r al hombre, es decir la relación del hombre con Dios, para poder luego cam biar a la sociedad. Admitía que se debía llevar la reforma a todos los aspectos de la vida del hombre y, por lo tanto, esto incidía en lo social y lo político, porque "él m al

exemplo de su vida pervertirá á muchos; éstos inficionarán á otros, y en breve la que era una ciudad santa, quieta, p acífi­

ca, se verá transformada en un m anan­ tial de los mas enorm es delitos" y prosi­

gue con ex ce le n te s aportes, que van brindando el fundam ento a su posición en relación a lo social, como cuando "Si

como él es, si como éi vive, si como él se porta se portaran, vivieran y fueran todos los individuos de la República" (SAN AL­

BERTO, 1786:287).

Es desde aquí, donde todo el énfa­ sis lo centra en la educación de los jóve­ nes y exclamaba en forma permanente

"que todo el bien y todo el m al del Estado penden de la buena ó mala educación de la juventud" (SAN ALBERTO, 1786:286). Por

ello proponía, apoyándose en el pensa­ miento de Platón y Aristóteles, que para mantener la paz, la quietud, la sereni­ dad, la tranquilidad en todos los pueblos era necesaria la buena educación de los hombres, por lo tanto, debía ser el prin­ cipal cuidado de todo gobierno. Por in­ termedio de la educación se van im pri­ miendo las virtudes en los niños y jóve­ nes mediante las vías del amor, para que así las vayan transfiriendo de generación en generación.

De todos modos, todas las institu­ c io n e s , e s p e c ia lm e n te las C a sa s de H u érfan os, sólo tien en una fin a lid a d , que converge en una relación directa con lo expresado anteriorm ente, cultivar el espíritu de la juventud, inspirándolas en las bellas ciencias, de una educación que sea el origen de la paz y tranquilidad. Por lo tanto, la co n du cta social para nuestro Obispo, era ante todo una con­ ducta moral, basada fu ndam en talm en­ te en el ejercicio de las virtudes cardi­ nales, de todo buen cristiano: caridad,

2 El subrayado es nuestro.

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Fray José A ntonio de San A lberto : una opción para A m érica latina

templanza, justicia, humildad, principios que guiarán su vida, sin desviarse de ellos hasta cuando sea anciano.

La educación como forma de interacción del individuo con los demás: finalidad individual y social

Fray San A lb e rto veía esta vida como una preparación para la vida eter­ na. Educar, en este contexto consistía en fa cilita r el aprender para que todo hombre se conozca, se rija y se enca­ mine a Dios, por eso afirma: "si hoy no

sintiera en m i corazón estos vivos deseos (...) si no el único, el m as propio para buscar almas, recogerlas, instruirlas, sa ­ narlas y llevarlas a Dios" (SAN ALBERTO,

1786:27).

A partir de esta concepción, la edu­ cación es lo esencial y debe lograrse con el auxilio de Dios, mediante ciertos me­ dios. Estos medios son las ciencias, la honestidad y la religión, las cuales se obtienen aprendiendo, practicando y ro­ gando. Entonces, la educación es la vía para llegar a ser plenam ente hombre: el fin o logro de la educación es, para el hombre "ser la imagen de Dios"; repre­ senta vivam ente el m odelo de perfec­ ción, como él mismo reconoce y enfatiza, apelando a citas bíblicas, como "sed san­

tos, porque Yo, vuestro Dios, soy santo"

(Lev. 19,2).

A partir de esta premisa, Fray José extrae las siguientes conclusiones: que las condiciones naturales o legítimas de la educación del hom bre son: que sea conocedor de todas las cosas, dueño de ellas y de sí mismo y que se encaminen hacia Dios, origen de todo lo creado, él y todas las cosas. Por lo tanto, las es­ cuelas deben form ar hom bres virtuosos,

prudentes en sus acciones, piadosos de corazón.

Como observamos, reconoce que el proceso de la educación es básicam en­ te un proceso dialógico, que se da en­ tre los hom bres y que tiene como fin, lograr un hom bre cristiano y virtuoso. Por eso después de apoyar su justifica­ ción en Platón y Aristóteles, m ediante los principios de la razón, recurre al tes­ tim onio de las Santas Escrituras, para desde allí, afirm ar que todo el bien y todo el mal del estado dependen de la bue­ na o mala educación de la juventud, así como "toda la hermosura ó fealdad de un

árbol quando grande pende de la buena ó mala dirección que tuvo en los principios"

(SAN ALBERTO, 1782:286).

Las Casas de Huérfanos tenían una finalidad, a la vez individual, religiosa y social. Debían tender a formar a todo el hom bre para una fin a lid a d p erso n a l, social y para la eternidad. Pero él debía formarse desde sí mismo, esto es, des­ de la voluntad de aprender y com pren­ der, asumiendo la necesidad de conver­ tirse en una form a de vida. Por ello, manifiesta que estas Casas tenían "ob­

jeto y destino es recoger á los Huérfanos, criarlos, instruirlos y educarlos, es una obra conform e en todo á las verdades su ­ blimes de nuestra Religión (...) casas don­ de dignam ente se les provee abrigo a su necesidad y a su educación" (SAN ALBER­

TO, 1786:250), centros de humanidad para que los niños y jóvenes se hicie­ ran verdaderam ente hombres de bien, se trataba de un ideal humanista, pero de un humanismo donde lo humano sólo se comprendía en relación con Dios, por lo cual el sello identificatorio de estas Casas eran la caridad, la humildad, la misericordia y la oración.

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2.-D¡mensión axiológica de la peda­ gogía albertiana: la educación in­ tegral

Siempre la educación es un accio­ nar que, como cualquier praxis, tiende hacia un fin, un ideal. Se trata eviden­ tem ente de un por qué que define tal praxis, re co n o cien d o el sentido de la misma.

Para Fray José asumir una postura en relación al sentido de la educación en la sociedad se remonta nuevamente a Platón y Aristóteles y en ellos se apo­ ya, cuando dice: "Platón estableció p o r

basa y fundamento de todo el bien de su República: la buena educación de los hom ­ bres.3 El cuidado m as principal de los que gobiernan, solía decir, debe ser educar bien los niños, Imprimiendo en ellos am or á las virtudes; porque éstos en breve se hacen hombres (...) perseverando en ellos y en sus hijos la buena educación que ha teni­ do, y transfiriéndola como p or herencia á sus nietos y descendientes. En efecto advirtió bien Aristóteles, que si faltase este edificio de la educación, se llenaría de vi­ c io s la R e p ú b lic a " (S AN A L B E R T O ,

1786:285).

En este acercamiento al tema edu­ cativo, delimita el papel de la educación que los griegos le asignaron, completán­ dolo con el auxilio bíblico, que todo el bien o todo el mal del estado, o sea la gran­ deza del mismo, dependen de la buena educación de los niños y jóvenes.

Este en fo q u e de la ed u cación se enmarca dentro de la relación que el ser humano m antiene con sus sem ejantes y es aquí donde surge la finalidad de pro­

3 El subrayado es nuestro.

porcionar al ciudadano los elementos in­ dispensables para que pueda con du cir­ se con seguridad y respeto dentro de la com unidad. Pero, su conceptualización de educación no queda reducida sólo a esta dimensión, todos sus escritos reco­ nocen el sentido de la educación integral, que lograría formar a cada hombre, como un buen cristiano, un fiel vasallo de su rey, un miembro digno de la sociedad, que según sus capacidades, puede ser útil a la Iglesia, a la patria, al estado y a sí mismo. También enuncia en forma sos­ tenida, el fin de la religión en relación a la problemática educativa, para Fray San Alberto no es otro que convertir las a l­ mas, santificarlas, Instruirlas, iluminarlas

y dirigirlas al último fin para que fueron

criadas por Dios. Desde esta perspecti­ va, la educación viene a ser la síntesis, donde se integran estas fu nciones del ser humano.

Entonces, la finalidad de la educa­ ción perm itiría al hombre m oderar sus pasiones, ser correcto en sus costu m ­ bres, humilde en su proceder y justo en sus tratos pero, por sobre todo, amigo fiel, ciudadano útil, vasallo dócil; "bueno

para Dios, bueno para sí, bueno para la Patria, y bueno para todos" (SAN ALBER­

TO, 1786:286).

Por lo tanto, este camino de la edu­ cación permitiría a los hombres, enten­ derse sin equívocos y realizar unidos el bien personal y el del estado. El verda­ dero bien está en que puedan "podero­

sam ente inclinarlos á la virtud" porque

sólo en el ejercicio de la virtud y no en la búsqueda de placeres egoístas resi­ de la auténtica felicidad.

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Fray Jo sé An to nio de San A lberto: una opción para A m érica latina

Para Fray José, su misión es la de e n ca u z a r esta potestad de o b ra r del hombre para que, pudiera ir conquistan­ do un puesto en el mundo y m antenién­ dose abierto a las realidades su p e rio ­ res. Se empeña en establecer un víncu­ lo, lo más sólido posible, entre estas dim ensiones del hombre, una, ordena­ da a las cosas divinas y la otra, implica­ da en lo terrenal, "nadie ignora que el fin

(...) no es otro, que el de convertir las a l­ mas, santificarlas, instruirlas y dirigirlas"

al fin trascendente, de este modo enun­ cia el fundamento de creación de estas Casas de Niñas y Niños Huérfanos.

El Obispo sostiene que la educación no puede reducirse a algo espontáneo, a un p ro ce so d e sc o n tro la d o , a cia g o , sino que acentúa el carácter de ayuda externa e intencional respecto de un ser humano que ha de ser guiado, conduci­ do y promovido. Y con sencillez y natu­ ralidad en las palabras, enfatiza la ac­ ción de la educación y cóm o ésta se transfiere de unos a otros y exclama:

"pues ved a h í los bellos frutos de una bue­ na educación; porque escrito está que el joven seguirá siempre p or aquella senda en que se le hizo entrar á los principios, sin d esviarse de ella aun quando sea a n c ia n o :( I ) A d o le s c e n s j u x t a via m suam,etiam cum senuerit non recedet ab ea.( I Proverb. cap.22 v.6)" (SAN ALBER­

TO, 1786:287).

Concibe a la conducta del adulto, del anciano como condicionada por la e d u c a c ió n re c ib id a en su s p rim e ro s años, del mismo modo, cuando com pa­ ra que el bien o el mal dependen de la

buena o mala educación recibida en la juventud, y para ob jetivar su postura recurre a una com paración "así com o

toda la hermosura o fealdad de un árbol quando grande pende de la buena o mala dirección que tuvo en los principios" (SAN

ALBERTO, 1786:286).

De este modo, centra fundam ental­ mente, un acercamiento a una concep­ ción clara de educación, donde desvela la nota referencial, com o la necesidad de una influencia o con tacto hum ano que actúa como "modelo", como emisor, como interventor para que permitan al educando construir su personalidad de acuerdo con el patrón determinado (fin). Es pues una instancia de "intervención", donde sólo el hombre se "construye" por su actividad y el educador promueve e interviene, es la puesta en acción de la persona (educando) la que genera el proceso educativo. En el proceso in s­ tructivo, el espacio de la elaboración de la acción educativa está a cargo de la maestra, por lo tanto, reconoce en ella competencias inherentes y básicas para el cumplimiento de su función, además de cualidades de orden personal y reli­ gioso "para este oficio, á demás de ser de

una virtud probada y honestidad conoci­ da, han de saber leer, escribir, coser, etc., para que de este modo puedan enseñar á las niñas estas labores y juntam ente todo lo perteneciente á la piedad y christiandad, lo que m al podrán enseñarles si ellas no lo saben ó no lo practican"4 (SAN ALBER­

TO; 1786:323).

En esta cita vem os cómo enfatiza la necesidad de una adecuada

prepa-4 El sub ra yado es nuestro.

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ración de las docentes, en relación a los saberes básicos necesarios para estos colegios, además de ser "modelo de vir­ tu d ", p o rq u e de e s ta m a n e ra los educandos podrán aproximarse al fin de la educación.

En el a n álisis de sus obras, Fray José concibe a la educación com o un proceso in fíen, que implícitamente tam ­ bién, incluye el fin de la misma, puesto que todo proceso está definido por su té rm in o o fin. La in te n c io n a lid a d es sustantiva en el proceso educativo, este para qué em erge y fluctúa perm anen­ tem ente en el prim er plano de su re­ flexión sobre estos temas. No crea es­ cuelas basadas en un método donde se definan como neutras, incapaces y per­ plejas las metas a conseguir. En su caso, el fin y las metas están nítidos y claros: la posesión de las virtudes, tal es y no otro, el estar siendo un hombre m oral­

mente perfecto.

Son num erosas las citas donde se expresa el ideal de lo ed u ca tivo que guían toda su propuesta, por ejemplo:

"donde florecen la piedad y buenas cos­ tumbres! Pues estos son siem pre fruto hermoso de la educación en los prim eros años, de aquella educación, cuyo objetivo es cultivar el espíritu de la juventud, ya inspirándola en las bellas ciencias, ya for­ mándola en las buenas costum bres" (SAN

ALBERTO, 1786:284).

En form a constante, la educación en la term inología albertiana, se m ue­ ve en un interjuego dialéctico entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio, el saber y la ignorancia, etc. El proble­ ma humano queda lim itado a la lucha entre estos o p on en tes e integrantes. Piensa en la educación, "la buena ed u ­ cación" com o una tra n sfo rm a ció n del

hom bre en un triunfo de la virtud s o ­ bre el vicio: "¿qué harán, y como vivirán

e s to s in fe lic e s -h a c e re fe re n c ia a los huérfanos-sin padres que los atiendan, que los instruyan, que los corrijan, solo, independientes, m ene sterosos y faltos de todos aquellos socorros (...) que tan­ to necesita una edad tierna (...) para no dexarse sedu cir del a m o r propio, n i d e s­ lum brar del falso brillante de los placeres del mundo, ni arrebatos del torrente im ­ petuoso de sus pasion e s?" (SAN ALB ER ­

TO; 1786:64).

Al basar la educación sobre el s u ­ puesto antropológico de ia p erfectibili­ dad de lo h u m a n o , d e p o sita en ella g ra n d e s e s p e ra n z a s . En su d is c u rs o sobre la instrucción, el mayor logro que se le atribuye es el ser medio para a l­ canzar la virtud. Está convencido de que si se ayuda al hombre a cultivar su inte­ ligencia, se le ayudará tam bién a edu­ carse "he a q u í en pocos años remediada

la ignorancia que tanto cunde en los cam ­ p o s" sin em bargo, tenía la certeza de

que era n e ce sa rio prevenir. C ontinú a con numerosos testim onios producto de una observación profunda de la re a li­ dad de Córdoba, lograda a tra vés de su visita diocesana "y que se observan y

se hacen observar puntualm ente; pero en los campos, chacras y estancias de estos países ¿quien no ve la ignorancia que hay de estos deberes tan esenciales? y ¿quien no llora, especialm ente en nuestros tiem ­ pos, los lastim osos efectos que ha p rodu­ cido y produce esta ignorancia? Se hallan hombres de quareta y cincüenta años que apenas saben el nombre del soberano (...) no sucederá a s í á los niños, ó niñas que hayan tenido la fortuna de vivir y educar­ se en e s ta s C a s a s " (SAN A LB E R T O ;

1786:45). Confirm a que la miseria, la

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Fray Jo s é A n to nio de San A lberto: una opción para A m érica latina

soledad, el ocio y por sobre todo esto, la ignorancia suelen acarrear todo tipo de males, que no permiten al hombre acceder a la búsqueda de la perfección que lo conduzcan al fin último.

En los texto s a lb e rtia n o s existen resonancias de la corriente del pensa­ m ie n to s o c r á t ic o y p la tó n ic o . Para Sócrates la virtud es concebida como un saber que capacita para la vida. Nadie obra el mal o el bien a sabiendas; el conocim iento del bien se identifica con la práctica de la virtud. También Platón reconoce que el bien supremo del hom­ bre es la contemplación de las ideas y en ello reside la validez objetiva de la ley moral. De ahí la noción socrática de que el conocim iento se identifique con el bien obrar, y que, por consiguiente la virtud es un saber "en fin, los verdade­

ros sabios, los que aplican el conocim ien­ to del se r en sí; éstos son ante los hom ­ bres los únicos que poseen la ciencia de lo bello, del bien, de lo justo y de lo injusto"

(PLATÓN, 1994:37).

En este caso, no es una supuesta sabiduría, es un saber íntimo, profun­ damente elaborado, que nace de la re­ flexión, donde toda verdad adquirida es una verdad asim ilada, personalizada y relevante para la vida de quien la po­ see. No solam ente el saber tiene una función iluminadora de la conducta mo­ ral, sino que la genera efectivam ente, saber equivale necesariam ente a obrar bien. Así com o estos filósofos griegos reivindican para el auténtico saber una finalidad moral, para Fray José, razón y virtud no son para nada contradicto­ rias. Uno de los rasgos más salientes de su pensam iento es la equiparación del saber y la virtud. Esta identificación o coincidencia aparece explícita en m u­

chos de sus escritos, he aquí uno de ellos, dice: "no es otro que el de conver­

tir las almas, santificarlas, instruirlas, ilu­ m inarlas (...) y sin conocer otros objetos que aquellos que puedan poderosam en­ te inclinarlos á la virtud" -continúa en

otra Pastoral: "El cura m as sabio ha de

s e r e l m as p ru d e n te " (SAN ALBER TO ,

1786:37).

3. Dimensión metodológica. La es­ cuela: ambiente social de formación

La labor pedagógica de Fray José Antonio de San Alberto partía del prin­ cipio de la educación de los selectos, que había im p e ra d o en tod a Europa desde el Renacim iento y que nadie ha­ bía discutido hasta el momento en es­ tas colonias. Porque él había sido edu­ c a d o o in s t r u id o en ese m o m e n to histórico-socio-cultural y además se si­ túa en un contexto cultural muy parti­ cular, que atraviesa la orden carm elita­ na, p re cisa m e n te , en los años de su fo rm a c ió n s a c e rd o ta l, c a ra c te riz a d o s por la falta de disciplina y exigencias en los estudios.

Llama la atención el bagaje intelec­ tual y científico de este carm elita, c i­ m e n ta d o so b re una p la ta fo rm a s u fi­ cientem ente sólida, como dan fe todos sus escritos, como la merecida fama de la que ha gozado en su Orden y fuera de ella. Parece ser pues que no hay prop orció n en tre la labor desp leg ad a en el terre n o e d u cativo y lo recibido durante su período de form ación. Esto prueba que, a pesar de perm anecer en un ambiente que no siempre logra esti­ m ular al m áxim o las capacidades que cada una e n cie rra , esos hom bres de e x ce p ció n , en cu e n tra n recu rsos para

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s u p lir d e fic ie n c ia s , para r e a c c io n a r ante la fu erza de las circu n sta n c ia s. Este es el misterio de los grandes hom ­ bres, ellos viven el problema de modo d iferente a los dem ás. N uestro au to r fue, sin duda, uno de estos hom bres que se ca ra cte riza ro n por la brillante Inteligencia, por la carga de seriedad y r e s p o n s a b ilid a d con q ue a b o rd a b a cualquier tarea, por la atracción hacia el saber que le hacía adivinar el valor profundo que éste encierra y por el in­ m ensurable am or a Dios y al prójimo. Podem os afirm ar que el operar hum a­ no de su pensam iento-pedagógico, f i­ losófico y teológico com o así tam bién su actividad productiva y creativa e s­ tán vinculados a dos factores, el objeti­ vo y el subjetivo. Por un lado, es indis­ c u tib le q ue en el p o s ic io n a m ie n to o aceptación de una teoría pedagógica, en la solución de los problemas, en la interpretación de los hechos, está ine­ vitablem ente el contacto con la propia realidad. Por un lado, la actitud subjeti­ va, p e rs o n a l de Fray Jo sé , es d e c ir aquello au to biográfico que está unido a los in te re se s, a las p re fe re n c ia s y eleccion es sobre saber, a las lecturas perseguidas, a la escuela frecuentada, a las enseñanzas y a la formación reli­ giosa recibidas, es decir a aquel "h u ­ mus" donde se vinieron procesando y ca racterizan d o las cu alidades de este carmelita.

En el terreno educativo su pensa­ miento y quehacer revelan una ten aci­ dad y co n tin u id a d in ig u a la b le s y e x ­ t r a o r d in a r ia s . Es el h o m b re de una idea, que de una manera casi obsesiva tiene siempre ante sí. Su calidad de hu­ manista y educador es evidente. A pe­ sar de esto, sus ideas e d u cativas no forman un todo orgánico y sistemático;

se o cu p a de la e d u c a c ió n , no ta n to desde el punto de vista especulativo, sino en el orden práctico y activo, como respuesta a necesidades que reclam an un com prom iso firme y decidido, con fir­ ma que "allí estaba todo p o r hacer". C on­ fía que la educación es capaz de hacer m ila gros. En este se n tid o , Fray José concibe a la educación en una dirección m a rca d a m e n te so c io ló g ica . E sta b le ce un fuerte y estrecho vínculo entre los hechos edu cativos y la realidad de la vida h u m ana a so cia d a : "la p ie d a d y

b u en as costu m b res son siem pre fruto herm oso de la educación á que los filóso­ fos llaman origen de la civilidad" (SAN AL­

BERTO, 1786:287).

Da la sensación, al analizar los tex­ tos albertianos, que conocía por expe­ riencia io que dos siglos después diría Jean Piaget: "al desarrollo del se r hum a­

no está en función de dos grupos de fa c­ tores: los hereditarios y de adaptación bio­ lógicos (...) y los factores de transmisión o de interacción sociales, que intervienen desde la cuna y juegan un p apel cada vez m ás im portante en el curso del crecim ien­ to y en la constitución de las conductas y de la vida mental. Hablar de un derecho a la educación, es ante todo, constatar el papel indispensable de los factores socia­ les en la formación del individuo" (PIAGET,

1981:11).

Fray San Alberto va a reiterar esta idea de que la con du cta se a d q u ie re por tra n s m is ió n e x te rn a , de g e n e ra ­ ció n en g e n e ra c ió n , es d e c ir p o r la educación y sólo se desarrolla en fu n ­ ción de unas in te ra c c io n e s so c ia le s:

"hallar entonces en el m ism o vecindario un Preceptor, que p o r amor, p o r zelo ó p o r interés se aplicarla á la instrucción y á la enseñanza de los niños; la in stru c­

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Fray Jo sé Antonio de San A lberto: una opción para Am érica latina

ción de estos, que precisa y naturalm en­ te se com unicaría ó se transfundirla, p o r decirlo así, de padres á hijos (...) que ios estim ularía á no ignorar los unos lo que sabían los otros, para que la ignonim ia ó la parábola de sus convecinos; todos es­ tos auxilios y fom entos, de que carecen (...).en la soledad del campo, bien p ro n ­ tam ente harían ver que había ya am a­ n e c id o la lu z " (S A N A L B E R T O , 1786:379). Aquí reconoce que el hom ­ bre tie n e una c a p a c id a d p o te n c ia l, que necesita para su desarrollo de la in te rven ció n de un co n ju n to de re la ­ ciones sociales. En algunas de sus ex­ presiones está implícita esta idea, que s o s tie n e que el in d iv id u o no pu ede adquirir sus estructuras m entales más e s e n c ia le s , sin a p o r te s e x t e r io r e s , que exige un cierto am biente social de form ación, como lo es la familia, la es­ cuela. Exclam aba en form a sostenida, ipobrecitos! porque ellos no tenían la cu lpa de haber nacido en el cam po, donde no podían concurrir a la escue­ la, ni conocer un maestro y lo reflejaba de la siguiente manera: "ipobrecitos!...

¿qué culpa es en ellos h ab er nacido en el campo, no cu rsar otras escuelas que las de sus hum ildes chozas, ni ten er M aes­ tros que árboles y peñascos, no o ir otras le c cio n e s, que las de un os M a e s tro s igualm ente rústicos, y quando m as las p asag eras de un Cura ,á quien vén y oyen poquísim as veces?" (SAN ALBER­

TO, 1786:376).

Pero siem pre surge en todos sus escritos la persona que se realiza, en relación a su con tacto con los otros, dando un lugar predilecto a la educa­ ción y a la instrucción, como elemento clave en este proceso. Fray de San A l­ berto con pocas y se n cillas palabras,

pero de significado muy profundo, pin­ ta con diversos tonos y m atices la tris ­ te realidad del hom bre de campo, a la vez que dim ensiona la acción de la ins­ trucción, de la educación y de la rela­ ción con los otros, en el proceso de la p e r s o n a liz a c ió n y s o c ia liz a c ió n , d e ­ clarando:'^/ la m iseria, la soledad y la

falta de trato ó de instrucción no lo tu­ vieran reducido á se r nada ó poco lo que puede, lo que hace y lo que sabe" (SAN

ALBERTO, 1786:372).

Tipología humana del m étodo de Fray José: un proceso di alógico

En las fuentes relativas a la educa­ ción, instrucción y asistencia de las Ni­ ñas H u é rfa n a s se o b se rva una clara humanidad, que intentamos resumir en: - hombre ignorante, pero "una creatura

de Dios",

- capaz de su perar ese estado de ig ­ norancia,

- y de proyectarse en el mundo, trans­ form ado por la buena educación en personas "virtuosas"; con tal que se cumplan algunas condiciones básicas

a partir de la acción de sus educadores,

que podríam os enum erarlas así: - Adoptar desde el primer momento una

actitud de hum anidad, sabiendo que es necesario el amor, la verdadera c a ­

ridad y la justicia. Por sobre todo, lo

ha de ser en obras y palabras y es­ pecialm ente con el enfermo, con los niños y los huérfanos, en lo espiritual como en lo temporal, "sin que les falte

cosa alguna, ni tengan que hechar de menos el amor, la ternura, el regalo y cuidado de sus propias m adres" (SAN

ALBERTO, 1786:114).

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- Tom ar el cam ino del ejem plo com o m étodo radical que permita acceder y transitar los caminos del saber y la virtud. Es decir que deben "de inspi­

ra re n ellas (niñas) con la palabra y con el exemplo el amor; el respeto, la fideli­ dad y la obediencia" (SAN ALBERTO,

1786:101).

- Provocar la adopción de buenas cos­ tum bres y acrecentar la fe en Dios para ser un buen cristiano, un buen ciudadano.

- Corregir, reprender o castigar sie m ­ pre m ezclando la misericordia con la ju sticia y después de haber e x p e ri­ mentado inútiles todos los medios del agrado y del apercibimiento.

- Mantener siempre una gran unión con las otras maestras para evitar la dis­ cordia y la perdición de las niñas. - Adoptar en el trato, el am or de una

verdadera madre y con aquella igual­ dad en todo que pide la verdadera caridad.

- D em ostrar adem ás de una virtud y h o n e s tid a d p ro b a d a , s a b e r le e r y escribir, p oseer una adecuada p re ­ paración en actividades prácticas (la­ bores).

- E n s e ñ a r las la b o re s o a c tiv id a d e s prácticas, a leer, a escribir y todo lo perteneciente a la piedad y cristian­ dad. Adem ás de ser concientes, s e ­ gún Fray San Alberto "lo que m al p o ­

drán enseñarles si ellas no lo saben ó no lo practican".

- Aplicar la lectura de textos espiritua­

les y devotos para extraer a partir del análisis de los mismos elementos im ­ portantes conducentes a la in stru c­ ción y educación cristiana.

- E n señ ar y ex p lica r ia in stru cció n o ca te cism o con su avid ad , con cisión , sencillez y conexión.

- Aplicar el método de preguntas y res­ puestas, adecuado para instruir a los niños y niñas, siempre que se tenga en cuenta:

- Que las lecciones sean dulces, claras,

consecuentes, breves y casi iguales

todas en la extensión, que no fueran una m ayor o más larga que otras, para evitar que le tomen miedo y no los motive a proseguir con las otras. - Reconocer que la instrucción no pue­

de ser sólida, firme y estable, no sien­ do estables, firmes y sólidos los prin­ cipios sobre los que se funda y éstos no lo son, ni lo pueden ser, siendo opinables; pues decía que la opinión por su naturaleza, está expuesta a la verdad como a la falsedad; por eso siem pre nuestro autor se apoya en las Sagradas Escrituras.

- Ser hábiles, de dedicación absoluta a las tareas educativas, y sostenía que

"no dexan pasar ni la partícula de un día sin consagrarla á su enseñanza y educación".

- C u a n d o se h ace r e fe r e n c ia a los

ed u ca do res, nuestro a u to r en globa a los m aestros y a los curas, a los cuales les dice "que este zelo vivo, efi­

caz y vigilante en exhortar, Instruir, enseñar é ilum inar las alm as que Dios a puesto á su cargo (...) como uno de los m edios m ás principales para deste­ rrar la ignorancia y con ella la corrup­ ción de las costum bres" (SAN ALBER­

TO, 1786:405).

Iniciar en ellas -niñas- la tran sfor­ mación de sus mentes humanas descu­ biertas como tablas rasas, sin más color

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Fray Jo sé A ntonio de San Alberto: una opción para Am érica latina

ni tintura que la natural. Desechar el mé­ tod o de pre g u n ta s y re sp u e s ta s que sea árido, duro, abstracto, poco conci­ so, que no motiva y incita a trabajar a las niñas y niños. Porque ellos deben s e n tir después de algún tiem p o y de mucha explicación, que lo saben, lo en­ tienden, que evalúan sus palabras y las reflexionan.

Es interesante observar cómo en to ­ das sus obras evidencia la necesidad de aprender, a través del entender y reflexio­

nar, a pesar de que en las prácticas so­

ciales y culturales superviven ideas do­ m inantes que ejercen influencias en su pensam iento.

Fundamentos de su metodología: de­ sarrollo de las actividades del conoci­ miento

El método es fundamental en edu­ cación y como tal supone el camino que se sigue con el fin de lograr m ejores resultados. En relación a Fray José, el mismo no está explícito como tal, pero está infundido en las Cartas Pastorales. Lo esencial y m edular del mismo está consignado en ocasión de publicar una Instrucción, en el año 1784.

No p a sa d e s a p e r c ib id o p a ra él que la labor de catequizar, in stru ir y educar supone la ciencia y tam bién el a rte de lle v a r co m o de la m a n o al alum no por el cam ino que lo conduce al encuentro con la fe. Encuentro que d e b e e s t a r en c o n s o n a n c ia co n la edad, intereses y necesidades del su ­ jeto: "hemos tenido que acom odarnos á

su edad, y á su condicion en m uchas co ­ sas, tanto en el estilo com o en el m éto­ do, procurando en este y en aquel toda la dulzura, claridad, conexton y se n ci­ lle z,5 que sin d esdecirse la dign id ad y gravedad de los asuntos que se tratan, les facilite y les suavice la natural repu g­ n an cia, que to d o s tien en a l e s tu d io "

(SAN ALBERTO, 1786:414).

La pretensión esencial era la in s­ trucción y la educación de los niños para convertir sus almas, santificarlos, edu­ carlos, instruirlos, iluminarlos y dirigirlos al fin último. Este ideal educativo, tan justo com o am bicioso, era para todos los niños y niñas, porque era esencial cultivar el espíritu de todos, inspirándo­ les las bellas ciencias y formándolos en las buenas costum bres.

Mas ¿cómo? Es el propio Fray José A n to n io q u ie n e x p líc it a la e s e n c ia metodológica de su pedagogía, al edu­ car e instruir conforme a los siguientes principios:

- Con un inicio temprano -en la niñez- pero cada cosa en su tiempo propicio. - Con atención a las características de

la edad y a las condiciones de cada uno, partiendo de lo más simple a lo más complejo, de lo concreto a lo más abstracto.

- Con ordenam iento del trabajo esco ­ lar y dem ás actividades personales, religiosas, recreativas, sociales. D is­ tribuyendo el tiem po armónicamente, sin excesivos lapsus de interrupción entre instrucción, trabajos manuales, oficios religiosos y recreación.

5 El subra yado es nuestro.

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- Con una dosificación de los conteni­ dos de manera gradual, favore cien ­ do el apren dizaje, m ediante mucha explicación para que los educandos puedan lograr el saber, el entender, el evaluar y el reflexionar, para no fa ­ vorecer la memorización.

- Con un estilo y un método de ense­ ñanza que se caracterice por la dul­ zura, la claridad, la conexión y la sen­ cillez, con el fin de facilitar y suavizar los aprendizajes.

- Procurando que las lecciones sean dul­ ces, claras, consecuentes, breves y casi todas iguales en la extensión, para lograr y m antener una actitud positiva de los educandos frente a la situación de aprendizajes.

- Promoviendo el entendimiento, la re­ flexión y excluyendo el aprender de memoria.

Cualidades de un estilo de enseñanza

No deja de se r s ig n ific a tiv o que n u estro O b isp o , se in te re s e no sólo por el mensaje, sino también por la for­ ma en que éste es transm itido. Tener en cuenta, la forma en que se posibilita la acción educativa, es considerar esos elem entos psicopedagógicos, que co n ­ dicionan la recepción y la e stru ctu ra ­ ción del mensaje, supone una gran in­ tu ic ió n . Esto re q u ie re una fa c ilid a d , una cotidianidad y un profundo conoci­ m iento práctico de esos dos m undos que deben entrar en contacto: uno, el m ensaje cristiano que desea expresar y com unicar sencillam ente, y ese otro mundo del alum no descubierto, en el que ha penetrado y al que hace un es­ fuerzo por con oce r y adaptarse. Este esfuerzo de Fray José viene determ ina­

do e im p u e sto por va rio s e le m e n to s que se articulan en su propuesta peda­ gógica: la estructura del contenido, la fam iliaridad y sencillez en el estilo, la concisión o claridad en el m étodo y la suavidad y la dulzura en las palabras, condiciones que si bien los niños son poco capaces de "saber com parar, n i

discernir entre el estilo y m étodo dulce ó áspero, claro u obscuro, sencillo ó enfáti­ co, sin em bargo naturalm ente perciben y gustan de la dulzura, de la claridad, de la sencillez y de la conexíon" (SAN ALBER­

TO, 1786: 415).

Las razones que explican la predi­ lección que sienten los niños hacia un estilo de enseñanza de esta índole son descriptas magistralmente, con recursos expresivos metafóricos, que impactan y dejan perplejo al lector. Son como du l­ ces m elodías que invaden el espíritu y llaman a todo docente a un repensar y un reflexionar sobre la acción educati­ va. Así enuncia su vivo, elocuente y sig­ nificativo mensaje: "porque la dulzura les

suaviza el trabajo, la concision se les abre­ via, la se ncillez se les entretiene, y la conexíon se les facilita" (SAN ALBERTO,

1786:417).

U tilizan do com o m edio la im agen se n sib le , sin te tiz a las p e cu lia rid a d e s de ese modo o forma que el educador debe a d o p ta r en la práctica docen te. A s í a c o n s e ja q u e ca d a le c c ió n sea para ellos "un terrón de azúcar o un p a ­

nal de m iel" para que m otivados e inte­

re sa d o s o "e n g o lo sin a d o s" co n tin ú e n con la sig u ie n te lección; donde cada s e n te n c ia o p a rte de la le c c ió n sea para ellos "un peda cito de cristal tran s­

p aren te y lu m in oso " para que puedan

mirarla, analizarla, entenderla y pene­ tra rla a fo n d o y donde cada palabra

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Fray José Antonio de San Alberto: una opción para Am érica latina

sea como "una gota de leche" para que o b se rv a n d o en ella b la n cu ra , s u a v i­ dad, sencillez y fortaleza, jam ás apar­ ten de la boca.

Luego continúa con otro símil o sím ­ bolo donde compara cómo debe ser para los niños la secuencia de las preguntas y respuestas o las de una clase o de una lección: "como sortijas de cortina, que

con solo tirar y aprender la una, todas las demás seguidamente, y sin m as trabajo se les viniesen a la m em oria" (SAN AL­

BERTO, 1786:416).

Todas estas im á g e n e s se n s itiv a s terrón de azúcar, panal de miel, un pe- dacito de cristal, una gota de leche y sortijas de cortina son símbolos con los que intenta expresar dulzura, claridad, sencillez y conexión. Porque la dulzura les suaviza el trabajo, la concisión le otorga facilidad, la conexión se lo facili­ ta y la sencillez los motiva, los predis­ pone, los entretiene.

Luego de reflejar en forma clara y sencilla el fu n da m en to o las c u a lid a ­ des del estilo de enseñanza, denuncia con firm eza y seguridad que "con solo

esto se dexa ver lo m ucho que se ne ce­ sita para enseñar á los niños con utili­ dad, y quanto yerran los que piensan que no hay cosa tan fácil" (SAN ALBER­

TO, 1786:417).

En to d a a c c ió n e d u c a t iv a ca d a m a e stro d e b e o b s e r v a r qu e , se g ú n n u e s tr o p e d a g o g o e s té n p r e s e n te s los principios fu ndam en tales en cu an ­ to a las capacidades de las niñas y los niños. Es decir que después de algún tie m p o y de m u ch a e x p lic a c ió n se d e b e o b s e r v a r si han lo g r a d o los aprendizajes, que entienden, que son ca p a ce s de e x a m in a r d e te n id a m e n te

la razón de cada palabra para juzgarla o evaluarla y que son capaces de re­ flexion a r. En re la ció n a esta últim a, desde el cam po del conocim iento, per­ mite el análisis com pleto de todas las c u e s tio n e s de la p ro p ia c o n c ie n c ia . Este es un térm ino que utiliza con fre ­ cuencia y está dirigida a distintos des­ tin a ta rio s, por eje m p lo cu an d o dice:

"iay hijos m íos! Reflexión es esta capaz de hum illaros y confundiros, si quereis no cerrar los oídos á los gritos y rem ordi­ m ie n to s de vuestra c o n cie n c ia " (SAN

ALBERTO, 1786:260).

Tam bién hace re fere n cia al saber y ai entender, a ctivid ade s del co n o ci­ m iento, es d e cir que tien en la fa c u l­ tad m ental de conocer, que se m ani­ fiesta m ediante la ex p lica ció n de he­ chos, la elaboración de ju icio s y la fo r­ m ulación de reglas. A estos principios se le suma otro relevante en el p roce­ so de a p re n d iza je , es el de c o n s id e ­ rar la ca p a cid a d in te le c tu a l en re la ­ ción a la edad y con dicion es de cada e d u ca n d o .

A modo de conclusión podemos afir­ mar que en Fray José Antonio de San Alberto siem pre están presentes ideas que subyacen en su pensamiento y que convergen especialm ente en lo relativo al m étod o con Jan A m o s C o m e n iu s, cuando dice: "Lo que puede infiltrarse e

infundirse suavem ente en las alm as se introdu cía violentam ente, o m ejor, se embutía y machacaba. Lo que podía ser expuesto clara y lucidam ente se ofrecía a los ojos de modo obscuro, confuso, intrin­ cado como verdaderos enigm as (...) por el método que sea natural (...) y mezcle con prudencia lo útil a lo dulce" (COMENIUS,

1986:57).

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impregnada por el amor, siendo la base de toda relación educativa. "Dios-Amor

es fuente del amor, Queridos míos, am é­ m onos los unos a los otros, porque el am or viene de Dios (...) el que am e a Dios, ame también a su herm ano" (1-

Juan.4, 7-21). Así como en este pasaje de las S a g ra d a s E s c ritu ra s , en otro m o m e n to ta m b ié n se habla del don m ás g ra n d e y p recioso: el am or, es cuando Pablo entona su himno al amor, para muchos es el capítulo más m aravi­ lloso y entre ellos está Fray José.

Fe, esperanza y amor, los tres movi­ mientos imprescindibles de todo cristia­ no. El mayor de ellos es el amor, el más importante que llegará a su perfección cuando se accede a la presencia de Dios. En este himno al amor, Pablo menciona quince características dei amor cristiano (versículos 4 al 7), son las siguientes: es sufrido, benigno, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece, no es in­ decoroso (o sin gracia), no insiste en sus derechos, no se irrita, no guarda rencor, no es injusto, goza de la verdad, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.

Todas las cualidades de este amor podemos verlas reflejadas, realizadas, actualizadas y encarnadas en la vida y en las obras de Fray José Antonio. En la Carta Pastoral reitera que: "educar bien

los niños, im prim iendo en ellos am or á las virtudes; porque éstos en breve se hacen hombres, vienen á componer el pueblo (...) á éstas las tratará con el am or de una verdadera madre, y con aquella igualdad

va! A través de ella se visualiza una de las notas esenciales y constitutivas del proceso de la educación, es el tipo de relación que se establece entre educa­ dor-educando y entre los alum nos e n ­ tre sí, fundamentada en el amor. De en­ trada se advierte que dado su universo sim bólico, el enfoque tien e un acento m arcad am en te cristia n o pero, no por eso, al margen de la corriente del pen­ sam iento hum anístico. Para Fray José, la mansedumbre, la confianza, la pacien­ cia, la gratuidad y la humildad son las notas más relevantes del amor.

El am or es el eje direccional en la pedagogía de Fray de San Alberto y se convierte en el elemento aglutinante de todos los dem ás factores que co n ve r­ gen en la acción educativa.

En lo profundo del proceso se esta­ blece un diálogo, un hacer en común en el que participan dos actores, por lo tan­ to es polar, dinámico y convergente. De allí surge que el ideal es que el hombre vaya siendo una persona cada vez más perfecta, a imagen de su Dios. Esto está claramente reafirmando que el objetivo de toda educación genuina es la de hu­ m anizar y personalizar al hom bre, sin desviarlo, antes bien, orientándolo e fi­ cazmente hacia su fin último que tras­ ciende la finitud esencial del hombre.

E n to n ce s, la e d u ca ció n re su lta rá más humanizadora en la medida en que se abra a la trascendencia, es decir a la verdad, al Sumo Bien mediante el amor. Por lo tanto, también humaniza y per­

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Fray José Antonio de San Alberto: una opción para Am érica latina

sonaliza al hom bre cu ando logra que éste d esarrolle p lenam ente el p en sa­ miento y adquiera hábitos de com pren­ sión y de comunión con la totalidad del orden real por los cuales el mismo hom­ bre hum aniza su m undo. Desde esta concepción, el educador desempeña una misión humana y evangelizadora, según el Obispo San Alberto. Desde esta pers­ pectiva se hace necesario que todo edu­ c a d o r in s ta u re un d iá lo g o fr a n c o y perceptivo, a fin de que toda la com uni­ dad educativa asuma sus responsabili­ dades educativas y logre tran sform ar­ se, junto con sus instituciones (familia- escuela-iglesia) y recursos, en una au­ téntica "ciudad educativa" (EPISCOPADO LATINOAMERICANO, 1979:290).

Para esto es p re ciso su m a r otra cualidad a la humildad con que el m aes­ tro debe actuar y relacionarse con sus alumnas-alumnos y ésta es el amor, sin el cual su trabajo pierde el significado. Sin lugar a duda Fray José afirmaba que sin el amor el educador no puede ejer­ cer su m inisterio ni puede sobrevivir a las negatividades de su quehacer. Con­ sidera como elemento clave al amor para que se produzca una correcta relación entre los agentes de la acción educati­ va, para esto sostiene que "no con pun­

tos de imperio, de denominación, de alti­ vez, de vanidad o rencor, sino con puntos de caridad, de amor, de humildad, de dul­ zura y de m ansedum bre" (SAN ALBERTO,

1786:255).

Esta es la presencia de un amor que pone sus miras en la satisfacción y la expansión de los otros. Un am or que quiere ayudarles a alcanzar su propio fin y el fin trascendente.

Se ve que esta primacía que otorga al am or fue una constante de su vida,

pues en una carta al Rey presentando la Relación de Méritos y Circunstancias del Doctor Jacinto Fernández de Quiroga, destaca entre otras cualidades "la p ie ­

dad y caridad con que trata y mira a su feligresía, y el celo y am or con que asiste, mirando p or todos los medios posibles por el bien espiritual y temporal de todos ellos"

(SAN ALBERTO, 2003:575).

¿Se puede crear un clima, un con­ texto o una dinám ica interacción d o n ­ de se a su m an las p ro p ia s lim ita c io ­ n e s ? El O b is p o a r a g o n é s lo c re e posible cuando dice que el Pastor será bien visto y am ado por sus feligreses, aunque tenga otras fragilidades y p e­ cad os, pero sie m p re y cu a n d o logre establecer con ellos una relación am o­ rosa. Y en o tro m o m e n to , e x p re s a :

"pastor aborrecido, ganado perdido, Pas­ tor amado, rebaño ganado" (SAN ALBER­

TO, 1786:597).

Para Fray José' este punto adquie­ re gran im p o r ta n c ia p or las c o n s e ­ cuencias que de él se derivan, motivo por el cual lo aborda una y otra vez. Si el clima está enrarecido, las posibilida­ des e d u c a tiv a s no se d a rá n p o rq u e esa interferencia o falta de com un ica­ ción lo impide. Nuestro Pastor ta m p o ­ co dejó de considerar que no todo tipo de a u to r id a d fa v o r e c e esa re la c ió n m aestro-alum no, de ahí que, en o ca ­ siones declare expresam ente las co n ­ t r a d ic c io n e s que en e s te ca m p o se p uedan dar. Por eso, en uno de sus textos describe con precisión y agude­ za las dos d esviacion es hacia las que pueden d e riv a r esta s re la cio n e s: "la

d e m a sia d a c o n d e s c e n d e n c ia " por un

lado o el "excesivo rigor" por otro (SAN ALBERTO, 1786:626).

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predom inio del educador sobre el edu­ cando era notorio. Sin em bargo, p re­ tende establecer un tipo de relación ba­ sada en el amor, lleg an d o así a una síntesis superadora: "importa señores,

que los curas traten a sus feligreses con agrado, con dulzura y afabilidad, perjudica tratarlos con imperio, con desagrado y con aspereza" (SAN ALBERTO, 1786:286).

Considera que el ejercicio de la au­ toridad educativa es obra de am or y no de poder. Está con ve n cid o de que la a u to rid a d no radica en las p e rs o n a s sino en los valores y fines que m ovili­ zan esas funciones. Es decir, no es un valor que se sustente en sí mismo sino en el servicio que presta. En síntesis, deja en claro que el ejercicio del poder no puede degenerar en autoritarism o. Este es un mensaje muy claro destina­ do al maestro, que recibe la autoridad para sus educandos, pues debe usarla para ellos y no sobre ellos; así ellos serán los más celosos defensores del educador. Rechaza todo tipo de a rb i­ trariedad, venga de donde viniere, in ­ clinándose en cambio, por una a u to ri­ dad objetiva que esté en función de los valores a los que re prese n ta y sirve con amor y sin violencia.

En esta introducción hemos podido co n s ta ta r que el am o r en el p e n s a ­ miento albertiano no es algo a ccide n ­ tal, muy al contrario, se convierte en savia que im pregna todo el qu eh acer educativo. Se trata de un amor, tra s ­ cendiendo lo pedagógico que se inser­ ta en lo axiológico y se convierte así, en instrumento de elevación moral.

compromiso, es decir un hombre ubica­

do realmente tras su palabra, que lo res­ paldó en todo lo que fue y lo que tuvo, que no la utilizó como medio para deter­ minar quién es y qué quiere. Este es el modelo que propone para el maestro.

En cuanto al significado de la vida espiritual y humana su demanda se con­ ce n tró en co m u n ica ció n , co m u n id a d ,

amor. Ésta fue su existencia humana:

la confiada y gozosa comunicación y ia identidad de propósito con el Padre y la plena comunicación con los semejantes, a través de la apertura a ellos en servi­ cio de amor. Para quien vivió de esta m a n e ra , la v e rd a d e ra e x is te n c ia es a q u ella en la que un hom bre libre y gozo, por sobre barreras y limitaciones se solidariza con la necesidad del próji­ mo y responde a ellos.

Sorprendente porque no señaló al necesitado como ocasión de ejercer un com portam iento requerido, sino que lo movía la activa disposición de solidari­ dad, de a-proxim arse, como la forma de existencia humana -de projim idad- en la que verd ad eram en te se expresa el am or a Dios y al hombre. Anunció y te s ­ tim onió con su vida y con su palabra, la hum anidad que brotaba del encuentro con Dios. Por su testim onio y su predi­ cación, el número de hom bres y m uje­ res que se abrían a ia gracia del cris­ tianismo, al igual que las niñas que se instruyeron y educaron en las Casas de Estudio se multiplicaron: "como las es­

trellas del cielo, incontables como las are­ nas de las orillas del m ar" (Carta a los

Hebreos 11, 12).

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