Potenciando espacios de participación en la gestión local desde las voces de las personas mapuche de la comuna de Santiago
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(2) ka feipituan ñi mogelen ñi vlkantumeken kacij kiñe xayen mojfvñ trayen Ramtuafin ti antv ¿cew kvpaimi? rupale tripantv ka feipituan Alepue mapu kvpan pian amulen, amulen alvpu puan zoy ayeple waglen Volveré a decir que estoy vivo que estoy cantando cerca de una vertiente. ¡Vertiente de sangre! Le preguntaré al sol de donde viene y si pasan los años repetiré lo mismo Vengo de las tierra de Alepue diré Avanzo Avanzo quiero llegar muy lejos más allá del umbral de las estrellas (Leonel Lienlaf, poeta mapuche). 2.
(3) Contenido Introducción ....................................................................................................................... 5 Capítulo I............................................................................................................................ 7 Marco de Antecedentes....................................................................................... 7. 1.. 1.1.. Colonialismo e Imperialismo ....................................................................... 8. 1.2.. La República ............................................................................................... 11. 1.3.. Situación actual........................................................................................... 13. 1.4.. Proyectar una Política de Estado Inclusiva ............................................ 16. 1.5.. Situación indígena de la comuna de Santiago ...................................... 17. 1.6.. Nuevos componentes de intervención .................................................... 19. 1.7.. El rol del Trabajo Social Contemporáneo frente a los nuevos desafíos 19. 1.8.. Investigación – intervención: Elementos a considerar ......................... 22. Formulación del Problema de Investigación ...................................................... 24. 2.. 2.1.. Pregunta de Investigación............................................................................. 24. 2.2.. Objetivos de Investigación ............................................................................ 24. 2.2.1.. Objetivo General ..................................................................................... 24. 2.2.2.. Objetivos específicos ............................................................................. 24. Hipótesis de investigación............................................................................. 24. 2.3.. Capítulo II ........................................................................................................................ 26 3.. Marco teórico ...................................................................................................... 26 3.1. Comunidad y organización del pueblo mapuche en la ciudad: Lo urbano ...................................................................................................................... 28 3.2. Alcances y límites de la institucionalidad frente al escenario actual de la organización mapuche en la ciudad ................................................................ 33. Capítulo III ....................................................................................................................... 41 4.. Marco Metodológico ........................................................................................... 41. Capítulo IV ....................................................................................................................... 48 5.. Resultados ........................................................................................................... 48 5.1.. Presentación de Asociaciones Mapuche ................................................ 48. 6. Análisis y Resultados. Demandas de las Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago: Configuración de un nuevo escenario que tiene una historia ancestral. ....................................................................................................... 50 6.1.. Contexto organizacional mapuche en la comuna de Santiago ........... 50. 6.2. Demandas de las Asociaciones Mapuche en relación al contexto municipal .................................................................................................................. 55 3.
(4) 6.3. Relación entre las Asociaciones Mapuche y la Oficina de Asuntos Indígenas de la comuna de Santiago, ¿Es posible una distribución del poder? ...................................................................................................................... 62 6.4. Elementos para construir una gestión local indígena con perspectiva inclusiva ................................................................................................................... 64 6.5.. Estrategias de visibilización de la demandas ........................................ 67. Capítulo V ........................................................................................................................ 69 7.. Conclusiones ....................................................................................................... 69. Bibliografía ....................................................................................................................... 75 Anexos ............................................................................................................................. 80 Anexo 1. Instrumento de recogida de información: Pauta Entrevista Semiestructurada ....................................................................................................... 80 Anexo 2. Pauta Consentimiento Informado ........................................................... 83 Anexo 3: Matriz de Análisis de Entrevistas ............................................................ 84. 4.
(5) Introducción. Hoy en día, es posible observar una emergencia, en lo social, por abordar temáticas relacionadas a los pueblos indígenas. Esto queda de manifiesto, en los múltiples artículos, libros, documentos, opiniones públicas, entre otros, que han emanado el último tiempo de intelectuales indígenas y no indígenas, a razón de la importante presencia poblacional, el aporte cultural, social, histórico, político, y la visualización de las demandas históricas de estos pueblos. Elementos relevantes, que deben ser considerados a la hora de proyectar una sociedad diversa, justa y democrática. A razón de ello, se cree necesario generar instancias que aporten a la construcción de conocimientos que permitan acercar diversas visiones en post de un reconocimiento identitario y constitucional de los diversos pueblos que habitan el país, en la perspectiva de caminar a la construcción de un Estado Plurinacional, donde el Pueblo de Chile, en conjunto con los Pueblos Indígenas, dialoguen para generar las transformaciones sociales para construir un país democrático, donde lo esencial para lograr la igualdad de derechos, sea reconocer nuestra hermosa y diversa morenidad. Frente a esto, y en sintonía con la última etapa de formación profesional de la estudiante, es que se diseñó e implementó una investigación social la cual permitió dar origen a una base conceptual y empírica, que se espera, sirva como insumo para otros estudios del mismo tipo. Así como también, que los resultados obtenidos en el proceso, doten de nuevas experiencias y conocimientos a nuestra disciplina, permitiéndole afrontar, con eficaces herramientas, los nuevos y complejos escenarios sociales. El proceso se llevó a cabo en la Oficina de Asuntos Indígenas de la I. Municipalidad de Santiago, la cual se constituyó el año 2013, y actualmente se encuentra en proceso de “consolidación”. Esta Oficina se instaló en la comuna con el objetivo de contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas indígenas a través de programas y servicios implementados por la DIDECO, generando instancias de participación a nivel comunal, donde se rescate y promueva la identidad cultural, las tradiciones y los valores de las personas pertenecientes a los diversos pueblos indígenas presentes en la comuna. La investigación se focalizó en el pueblo Mapuche, esto debido a los altos índices que esta población presenta a nivel comunal y nacional, así como. 5.
(6) también, por un sentido de identidad con la realidad social, cultural, histórica y política de la estudiante con su pueblo de origen. A razón de lo anterior es que la presente investigación buscó conocer y comprender la participación de las personas pertenecientes a las Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago, a partir del conocimiento del espacio contextual en el cual se encuentran insertos. Generando, de esta manera, una visión más amplia y compleja en la relación que éstos cumplen en el contexto dinámico comunal, en especial con el municipio y la Oficina de Asuntos Indígenas. En este sentido, la pregunta que guió el proceso de investigación fue: ¿Cuáles son las demandas económicas, sociales, culturales y/o políticas que tienen las personas pertenecientes a las Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago en relación a la gestión de la Oficina de Asuntos Indígenas? En el presente informe se podrá encontrar un Marco de Antecedentes que levantará las principales hallazgos contextuales, conceptuales y empíricos existentes en relación al mundo Mapuche, forjando un paralelo necesario entre la realidad nacional, comunal, y lo que ocurre, principalmente, en América Latina con el tema indígena. Visualizando la importancia de una Política Indígena inclusiva en el país, donde como disciplina debemos cumplir un rol, dialogando con innovadores y desafiantes componentes de intervención. En este mismo apartado, se presentará una articulación del proceso de investigación e intervención que la estudiante debió llevar a cabo durante el presente año, sello característico, en el intervenir y reflexionar, de nuestra casa de estudios. Se presentará también, a razón de haber complejizado el problema de investigación, la pregunta, las hipótesis y los objetivos que guiarán la investigación. Otro eje relevante del presente informe se da a partir del desarrollo del Marco Teórico, el cual puso en tensión los principales elementos teóricos en relación al fenómeno en cuestión, el cual, a su vez, orientó al Marco Metodológico propuesto. El análisis, y sus respectivos resultados, se encuentran orientados a generar mayor conocimiento sobre ciertas dimensiones del mundo mapuche, así como también, para que estos sean visibilizados y considerados dentro de lo social. Demostrando que son sujetos activos, y por ende, deben ser protagonistas de las transformaciones sociales que se necesitan en el Chile de hoy. 6.
(7) Capítulo I. 1. Marco de Antecedentes. Desde antes de la llegada de los españoles, el mundo mapuche se encontraba estructurado a través de sus propias estructuras sociopolíticas y territoriales, donde el idioma, la cosmovisión, los sistemas de conocimiento y las nociones de tiempo y espacio, constituían, y constituyen en la actualidad, la base de su identidad. Con la llegada de los colonizadores, se impusieron concepciones de mundo, religión, costumbres, formas “de pensar y conocer del Viejo Mundo, con un yo que es el único sujeto del conocimiento, frente al cual están la naturaleza y la comunidad; la naturaleza para usarla y abusarla como si fuera una mujer dormida, y la comunidad para sojuzgarla y someterla a los intereses de ellos” (Rocha, R., 2013, pp. 32). Estas visiones de mundo impuestas vivenciaban realidades muy distintas y desconocidas a las estructuras ancestrales que el pueblo mapuche conocía. Se impuso, a partir de la razón y del sometimiento, una historia, la de Europa, como verdadera, única y UNIVERSAL, donde el desarrollo de la modernidad “era el desenvolvimiento natural de “su” cultura desde el Renacimiento, la Revolución Industrial y la Reforma; pero nuestros pueblos originarios tenían sus propias historias y civilizaciones, (…) la modernidad europea se construyó con las riquezas, los recursos naturales y la explotación de los indígenas de América, África, Ásia y Oceanía” (Rocha, R., 2013, pp. 35), es decir, fuimos1 los principales contribuyentes al desarrollo del capitalismo, sin embargo, nos despojó, explotó nuestros territorios, y nos obligó a contribuir a un capitalismos salvaje, el cual jamás retribuyó los dividendos de tantas riquezas ajenas, donde “la riqueza de las colonias era la condición necesaria para la riqueza de las metrópolis del mismo modo que nuestra pobreza de hoy es condición necesaria para la riqueza de los países ricos capitalistas” (Rocha, R., 2013, pp. 38). La conquista de América significó el genocidio para muchos pueblos. Esta explotación económica, inhumana, afectó de manera diferenciada al 1. La razón de exponer ciertas palabras en 1ª persona plural, radica en que la estudiante que lleva a cabo la presente investigación se siente identificada con la historia y el proceso del Pueblo Mapuche, además de pertenecer a este.. 7.
(8) pueblo Mapuche, “pues la libertad e independencia de siglos se mantuvo y desarrolló al sur del río Biobio, mientras que las poblaciones que quedaron situadas al norte fueron sometidas a la maquinaria colonial a través de los sistemas de encomiendas y los pueblos de indios” (Marimán, P., 2006, pp. 124 E-W), lo que tuvo como resultado la integración de una parte de la sociedad mapuche a una sociedad colonial a través de la aculturación y el mestizaje. El pueblo Mapuche se convirtió en la base demográfica del pueblo chileno emergente, así lo reconoce Saavedra, A. (2002), quien expone; Las encomiendas de indios, el cobro de tributos, la esclavitud abierta o disfrazada, la apropiación de tierras y el confinamiento en pueblos de indios, son procesos conocidos de esta conquista y colonización española. Ella constituye un primer, y no único, etnocidio de la población mapuche (Saavedra A., 2002, pp. 51). A pesar de ello, las comunidades que lograron resistir, generaron economías excedentarias, las cuales tenían directa relación con el tipo de recurso existente en sus territorios. Esto, les otorgó cierta independencia frente al colonizador, autonomía, que dificultó los intentos de colonización (Bengoa, J., 2003). 1.1. Según, Georges características:. Colonialismo e Imperialismo. Balandier. (1971),. el. colonialismo. tiene. tres. 1. La dominación de una minoría extranjera “que se basa en una supuesta superioridad racial y cultural, sobre una mayoría nativa materialmente inferior” (Balandier, G., en Rocha, R., 2013, pp. 51). 2. Existe un contacto entre distintas civilizaciones, “la europea, que es cristiana, poderosa en recursos económicos, financieros y en tecnología con un ritmo de vida acelerado, marcado por la competencia” (Rocha, R., 2013, pp. 51), versus comunidades que no son cristianas, con una economía de subsistencia, caracterizada por un ritmo de vida lento (Rocha, R., 2013). 3. Dominación e imposición de instituciones políticas y administrativas de la civilización occidental sobre las culturas autóctonas (Rocha, R., 2013). 8.
(9) Frente a lo anterior, y para comprender de mejor forma el proceso de colonialismo en América, se detallarán los hitos históricos de mayor relevancia, que permitirán visualizar el proceso: Desde 1492, se desarrolla en América la primera fase del colonialismo, donde se comienza a fortalecer el mercantilismo europeo, el cual se desarrolló por medio de un profundo sentido mesiánico y finalista, que permitió que la población migrante instalara sus instituciones políticas económicas y sociales, para obtener extracciones en oro y plata, recursos naturales; fuerza de trabajo de las nuevas poblaciones; ejerciendo dominación política; y, hegemonía cultural (Rocha, R., 2013). A partir de 1825, y tras la Guerra de Independencia en las colonias españolas de América, se produce un retroceso del colonialismo (Rocha, R., 2013). En 1850, se produce una nueva ola de expansión colonialista (encabezada por Inglaterra), centrada también en la “explotación”, sumada a la fuerza militar para invadir los territorios ancestrales, protegiendo los intereses de los europeos emigrados. A partir del último tercio del siglo XIX se produjo “el auge del capital financiero, que trajo un nuevo fenómeno: el imperialismo, ligado a la expansión colonial y neocolonial” (Rocha, R., 2013, pp. 50), el cual utilizaba la fuerza militar, sólo en casos necesarios, como fuerza disuasoria o de protección para respaldar la expansión del capital financiero, y la dominación política indirecta para que las colonias posean intereses afines a los de la Metrópoli. El imperialismo por su parte, “no necesita de fuerza militar de intervención ni tampoco dominación política directa” (Rocha, R., 2013, pp. 50) para hegemonizar intereses, sino más bien, se caracteriza por el dominio del capital financiero, utilización de fuerza militar sólo en casos extremos, y dominación política indirecta sobre los gobiernos de las colonias (Rocha, R., 2013). Fue así como la expansión colonialista dividió los intereses de la Metrópoli y la de las colonias, “las rivalidades capitalistas entre las naciones de Europa occidental determinaron la proyección de su capital financiero y su poderío militar a los países atrasados y débiles” (Rocha, R., 2013, pp. 50). La situación en el territorio que actualmente ocupa Chile, no fue excepción, se comenzó a expandir el control territorial y el sometimiento a 9.
(10) los diversos pueblos que habitaban esta tierra, cuya distinción se observaba principalmente en sus “lenguas, religiones formas de subsistencia y organización social propias, y con una población superior al millón de personas, que residían desde el extremo norte hasta Tierra del Fuego” (Aylwin, J., 2005, pp.1). Los Mapuche por su parte, que habitaban “entre el Choapa por el norte y las islas de Chiloé por el sur (…), vivían del producto de la caza y la recolección” (Aylwin, J., 2005, pp.1), se organizaban socialmente, -principalmente en tiempos de paz-, a través de la comunidad -la familia- bajo el liderazgo de un longko (cabeza), a quien se recurría para resolver conflictos, la comunidad compartía un territorio, y propiciaba la alimentación para sus integrantes (Aylwin, J., 2005, pp.2). La llegada de los conquistadores introdujo grandes alteraciones en el desarrollo del pueblo mapuche, que afectó gravemente a su integridad y subsistencia. La imposición del control territorial por parte de éstos, se intentó desarrollar a través de la fundación de ciudades, la distribución de tierras mapuche a soldados españoles y por medio del sistema de encomiendas (Aylwin, J., 2005). Sin embargo, este sometimiento se enfrentó a la oposición guerrera de los mapuche, quienes resistieron, durante casi tres siglos, la dominación. “La resistencia de los indígenas, quienes expulsaron al conquistador de sus territorios, destruyendo las ciudades y fuertes, llevaron a los españoles a negociar con ellos las bases de una convivencia pacífica a través de una serie de pactos o parlamentos, el más conocido de los cuales fue el de Quilín celebrado en 1641” (Aylwin, J., 2005, pp.2). Este pacto, estableció el reconocimiento e independencia del territorio mapuche, donde hubo un compromiso por: respetar las fronteras (BíoBío), permitir a los misioneros predicar en sus territorios, y devolver a los prisiones capturados en las diferentes guerras que se mantuvieron durante ese periodo (Aylwin, J., 2005, pp. 2). La intromisión de un estilo de vida occidental al mundo mapuche, provocó además una fuerte disminución de la población indígena, “es así como además de las muertes causadas por la guerra, las enfermedades traídas por los españoles (tifus, viruela y sífilis entre otras) habrían causado, sólo en los primeros cincuenta años de contacto, la muerte de dos tercios de la población indígena” (Aylwin, J., 2005, pp. 2). Esto se suma a los resabios del sistema de encomiendas, que propició la desaparición de parte de la población indígena a partir de la fusión con el resto de la sociedad, dando origen a una nueva población mestiza y criolla (Aylwin, J., 2005). 10.
(11) 1.2.. La República. Con la llegada de la República, todas las legislaciones promulgadas relativas a los pueblos indígenas oscilaron entre dos ejes políticos importantes: “el de la discriminación y la interdicción, por un lado, y el de la libertad e integración, por el otro” (Díaz, 2006, pp. 47). Sin perjuicio de lo anterior, los mapuche siguieron desarrollando su vida en comunidad, manteniendo su autonomía territorial, a pesar de que en 1819 Bernardo O´Higghins reconociera la libertad e igualdad de los indígenas con el resto de la población. En 1866, y tras la intención del Estado chileno, es que se incorpora el territorio mapuche al desarrollo agrícola del país, lo que “llevó a la dictación de una legislación que declaró las tierras indígenas al sur del Bío-Bío como “fiscales”, facultando a las autoridades a rematarlas a particulares para su colonización, y creando una Comisión Radicadora de Indígenas que ubicaría a estos en terrenos de su pertenencia” (Aylwin, J., 2005, pp. 3). La ocupación militar del Estado chileno en territorio mapuche, permitió el sometimiento de éste a las leyes nacionales, lo que paralelamente dio comienzo a las reducciones de las comunidades a través de los denominados títulos de merced, “en virtud de estos títulos –alrededor de tres mil- se radicó a los mapuche en 510 mil hectáreas (el 6,39 por ciento de su territorio ancestral), generalmente las de peor calidad. El resto de las tierras, las más ricas, fueron entregadas a colonos nacionales y extranjeros” (Aylwin, J., 2005, pp. 3). Es así como las políticas y legislaciones chilenas han transitado en la integración de las tierras y recursos, centrando los esfuerzos en el desarrollo nacional, asimilando y exterminando la cultura, no reconociendo su identidad. Esta estrategia tuvo su auge bajo la dictadura militar, donde se aplicó una fuerte represión a los mapuche a través de una “legislación que constituyó una clara amenaza para la subsistencia de los indígenas, sus tierras y cultura” (Aylwin, J., 2005, pp.3), generando una fragmentación de las comunidades, otorgando títulos de dominio individuales sobre tierras divididas, que extinguieron la esencia histórica de la “gente de la tierra”; la comunidad, “asignándoles hijuelas de tamaño insuficiente para procurar la subsistencia familiar (5,36 hcts. promedio cada una) y al permitir su enajenación” (Aylwin, J., 2005, pp.4), propiciando además, la migración mapuche a la ciudad a razón de los arriendo forzados de sus tierras, la 11.
(12) pobreza de las comunidades, las altas tasas de mortalidad infantil, analfabetismo, entre otros. A pesar de lo anteriormente expuesto, y como forma de resistir ante un escenario adverso, el pueblo mapuche “incentivó un proceso de fortalecimiento en sus organizaciones representativas y de definición y profundización de sus demandas como pueblo, que más tarde, con la recuperación democrática, comenzaría a dar sus frutos” (Aylwin, J., 2005, pp. 7), rearticulándose con nuevas instancias de representación y defensa de sus derechos ancestrales. Entre éstas, es posible mencionar: Centros Culturales Mapuche, Ad Mapu, Nahuen Mapu, Calfulican, Choin Folilche, Lautaro, entre otras (Aylwin, J., 2005), las que en un comienzo, carecieron de coordinación entre sí. Con el tiempo, estas organizaciones, y otras, se fueron vinculando al movimiento indígena latinoamericano, asumiendo relevancia en sus planteamientos de reconocimiento de sus derechos culturales y territoriales, y de mayores grados de autonomía. Abriendo espacios en relación a la toma de poder desde, por y para los mapuche, asumiendo la necesidad política de visualizar demandas que respondan a transformaciones estructurales profundas, que permitan un nuevo diálogo con el Estado chileno, “por un lado, empiezan a organizarse para fines exclusivos propios como colectivo y, por otro lado, amplían las demandas de su discurso, anteriormente, basado en las injusticias sociales, para añadir demandas de autonomía y libre determinación” (Marc, N., 2003, pp. 110). Estas organizaciones, se han replanteado el factor cultural como un “descubrimiento de una nueva forma de canalizar las demandas en contra de la exclusión social y política a la que se han visto sometidos desde hace más de 500 años” (Marc, N., 2003, pp. 110). Así mismo, autores como J. Pinto (2003), J. Bengoa (2003), P. Cayuqueo (2010), P. Marimán (2006), E. Antileo (2007), T. Tricot (2014), entre otros, son sólo algunos profesionales mapuche, quienes dentro de sus visiones particulares, han publicado documentos valiosos en contenido y conocimiento, los cuales han aportado al debate acerca de la “Cuestión Mapuche” en el Chile actual. Estos autores, buscan generar un diálogo con la población wingka que permita avanzar en un futuro que sustente las bases en un mayor reconocimiento de la reciprocidad y respeto de la diversidad étnica y cultural. Así lo plantean cuatro autores mapuche en sus ensayos de Historia Nacional, quienes retoman la historia pasada del pueblo mapuche y la reconstruyen generando nuevos conocimientos a. 12.
(13) partir de su propia cultura, donde hacen un llamado, desde colonizados hacia otros colonizados, para repensar el Estado actual. Estos exponen; Tenemos la certeza de que madurará en ellos (ustedes) una posición ni paternal ni mesiánica hacia nosotros, que resquebraje la careta de winka y reformatee el disco duro que les inculcó el criollo, el único y verdadero winka. Cuando no sean considerados tan sólo como masas votantes o consumidoras, sino como sujetos diferenciados de una nación plurinacional, quizás la categoría winka caiga en desuso, como esperamos también se vengan abajo nuestras cadenas absolutas hacia ustedes por el papel que jugó su Estado en nuestra dominación y empobrecimiento. Al menos políticamente nos damos cuenta de que pensar el futuro (…) nos lleva a asumir su presencia y la posibilidad de entendernos profunda y respetuosamente (Marimán, Caniuqueo, Mallalén & Levil, 2006, pp. 13-14). Este nuevo diálogo, a nivel nacional y latinoamericano, visualiza la necesidad por el reconocimiento identitario y la reconfiguración de los sistemas democráticos en los organismos públicos, donde se deben repensar los espacios de interacción y de diversidad, superando las visiones reduccionistas de asimilación, extinción y desintegración cultural de los pueblos. Frente a esto, es que se han ido propiciando la creación de espacios de encuentro entre los distintos pueblos indígenas del país y de otros países centrados en enfrentar situaciones de injusticia, propiciando espacios de participación en la resolución de sus propios asuntos. 1.3.. Situación actual. Desde los noventa, se comenzaron a repensar los espacios de interacción y de diversidad, generando las comprensiones de superación de ciertas visiones reduccionistas de comprensión cultural con los diversos pueblos, las cuales han sido impuestas por un Estado monocultural, donde imperan lógicas neoliberales y colonizadoras, que califican, por ejemplo, al pueblo mapuche como etnia, carente de toda identidad, “los Mapuche fueron representados como raza inferior, el lugar preferente que debían ocupar luego de la campaña de ocupación militar eufemísticamente denominada como Pacificación de la Araucanía, fue el de mano de obra doméstica, obrera y agrícola, en cuyas relaciones se fueron anudando e intersectando desigualdades de clase, de raza y de sexo/género” (Nahuelpán, H., 2013, pp. 21). Visiones, muchas de las cuales tienen sus repercusiones hasta estos días, forjando procesos de “civilización”, a 13.
(14) través del desarrollo de prácticas que se centran en la relación de obediencia y fidelidad, bajo un imaginario de desarrollo sustentado en la discriminación, la violencia y el tutelaje colonial heredado. Desde la llegada de la “democracia” se incrementó la creación de organismos que trabajan, intervienen y apoyan a las personas, grupos y comunidades que pertenecen a los pueblos Indígenas del país, las cuales debiesen contribuir a desarrollar acciones eficientes, integradas y participativas, a fin de mantener vigente sus formas de comprensión del mundo. Desde el ámbito público en Chile, se creó la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena que “protege y promueve la conservación y reconocimiento del aporte que las culturas ancestrales hicieron y siguen haciendo a la conformación de nuestra Nación” (CONADI, 2014), sumándose también, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), “el cual entre otras cosas tiene la misión de favorecer el desarrollo cultural de los Pueblos Indígenas en general y Mapuche en particular” (Consejo Nacional de las Culturas y las Artes, 2011, pp. 8). Además, y a niveles más locales-comunales, Oficinas, Departamentos, Áreas y/o Programas direccionados a abordar las temáticas relacionadas a los temas Indígenas en los diversos (no en todos aún) Municipios del país. En Chile, “el Censo 2012 ha identificado a más de 1.8 millones de personas como pertenecientes a alguno de los pueblos indígenas” (Hueichaqueo, M., 2014, pp. 103), donde la población mapuche representa un 84% de este total. Estas estimaciones han aumentado en relación a los resultados obtenidos en el Censo 2002, situación que obliga a “revisar la envergadura de las políticas públicas indígenas y su prioridad política actual, así como reconocer que buena parte de la población indígena vive hoy en las ciudades y no necesariamente en los sectores rurales” (Hueichaqueo, M., 2014, pp. 103). Este escenario, implica la necesidad de sentar las bases para un nuevo diálogo entre el Estado chileno y los Pueblos Indígenas, representando un contexto relevante, el cual debe ser abordado por las instancias públicas y la sociedad civil de forma compleja, donde la principal interacción entre los pueblos se realice a través del respeto del derecho individual y colectivo. A partir de lo anterior, se cree necesarios mencionar en qué condiciones se encuentran las políticas indígenas en la actualidad, donde María Hueichaqueo (2014) expone lo siguiente, 14.
(15) La política indígena ha ocupado un lugar muy secundario desde el retorno a la democracia. Diversas instituciones del sector público desarrollan programas sectoriales interculturales, pero su dispersión y descoordinación influyen negativamente en su real alcance e impacto. El porcentaje de recursos destinados por el Estado de Chile al financiamiento de estas políticas es bajo, manteniéndose hace más de una década en torno al 0,3% del presupuesto fiscal, revelando su escasa prioridad política (Hueichaqueo, M., 2014, pp. 104). Lo anterior, ha propiciado y agudizado una profunda desigualdad que afecta al desarrollo equitativo para todos. A pesar de ello, existen instrumentos internacionales que propician proyectar un futuro mejor, el Estado de Chile, y tras convenios y tratados de derechos humanos y desarrollo del derecho internacional, tiene la obligación con los pueblos indígenas de respetar sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales (Hueichaqueo, M., 2014). Así lo señala María Hueichaqueo (2014) en: Chile ha ratificado el Convenio 169 de la OIT y ha suscrito y concurrió con su voto a aprobar la Declaración de Naciones Unidas Sobre los Derechos de los Pueblos indígenas, Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Es necesario asumir que este marco ha reformado, superado y debe reinterpretar la Ley Indígena 19.253 que ya cumple 20 años. Como establece la Declaración de la ONU (art. 43), esos derechos reconocidos “constituyen las normas mínimas para la supervivencia, la dignidad y el bienestar de los pueblos indígenas del mundo” (Hueichaqueo, M., 2014, pp. 103). A pesar de ello, los esfuerzos de acción emanados por el Estado chileno, y en especial las acciones mediante políticas sociales, van dirigidas a superar la pobreza “identificando a los indígenas como personas pobres sujetos de políticas sociales y no como pueblos sujetos de derechos” (Hueichaqueo, M., 2014, pp. 104). Es más, en variadas ocasiones, sobre todo en lo relacionado a recuperaciones territoriales, el Estado chileno ha demostrado ser reactivo donde comunidades han ocupado mecanismos más radicales para hacer valer sus derechos. Frente a esto, Hueichaqueo, M. (2014) expone lo siguiente: La criminalización de la propuesta social de los pueblos indígenas, especialmente en el caso del pueblo mapuche, ha sido una política que ha vulnerado derechos humanos fundamentales y se ha 15.
(16) mostrado ineficiente para resolver los conflictos, exacerbando las posiciones más radicales, tanto en el mundo indígena como entre los no indígenas. (…) existe un consenso general entre indígenas y no indígenas de las zonas afectadas de que la aplicación de la ley antiterrorista, la militarización de los territorios y la violencia policial no son caminos eficientes para destrabar el problema (Hueichaqueo, M., 2014, pp. 104). 1.4.. Proyectar una Política de Estado Inclusiva. Una política de Estado, debiera ir encaminada a impulsar “una política que estimule el desarrollo de un sujeto histórico nacional, que incluye a mapuche y no mapuche, en vez de fomentar las alteridades ínter-étnicas. Los reconocimientos y las políticas especiales hacia los indígenas deben evitar, cuidadosamente, echar leña al fuego de la irracionalidad y los conflictos ínter-étnicos” (Saavedra, A., 2002, pp. 271). Estas políticas, deben ser capaces de fomentar en la sociedad chilena la comprensión de las demandas históricas, ya que en la actualidad prevalece una gran ignorancia histórica, cultural y ancestral por parte de los wingkas, “tras dos siglos de vida independiente, chilenos y chilenas viven de espalda a los pueblos indígenas, omisión sostenida por un sistema educativo y una política que perpetúa prejuicios, estereotipos e invisibilizaciones” (Hueichaqueo, M., 2014, pp. 105). Existe entonces, una deuda histórica y un deber ético por parte del Estado de Chile con los pueblos indígenas, el cual, según Hueichaqueo, M. (2014) debiera materializarse en una política de estado inclusiva que contemple los siguientes aspectos: 1. Declarar a Chile un Estado plurinacional, el cual reconozca los derechos políticos, sociales, económicos, culturales y lingüísticos de los pueblos indígenas. 2. Que las medidas legislativas o administrativas que impliquen afectar los derechos e intereses de los pueblos indígenas se realicen a través de “consultas” a los diversos pueblos, donde la participación sea libre e informada. 3. Reformar los procedimientos y reglamentos de Fondo de Tierras y Aguas de la Ley Indígena 19.253. 16.
(17) 4. Fortalecer la participación de los pueblos indígenas en la toma de decisiones de políticas locales, regionales y nacionales. 5. Crear un Fondo para el Desarrollo Productivo de los Pueblos Indígenas, que otorgue financiamiento a emprendimientos productivos interculturales 6. Promover la educación intercultural modificando el currículo educativo nacional. 7. Propiciar políticas de educación intercultural bilingüe y salud intercultural. 8. Fortalecimiento de la política de hogares de estudiantes indígenas. 9. Definir territorios interculturales en las zonas de alta concentración de personas indígenas en el país, donde las escuelas, los sistemas de salud, los medios de comunicación y la señalética pública sean interculturales. 10. Diseñar e implementar una política de reconciliación y pacto social, (indultando a los presos políticos mapuche quienes no han atentado contra otra vida), crear una Comisión de Derechos Indígenas (verdad y justicia), y que se modifique la Ley Antiterrorista, sustituyéndola por un instrumento legal acorde a los estándares internacionales. 11. Una Política Indígena Urbana que restituya y fortalezca los derechos de los indígenas urbanos, visibilizando la diversidad cultural en los espacios públicos. Estos puntos permitirán, según Hueichaqueo,M. (2014), avanzar en el reconocimiento pleno de los derechos de los pueblos indígenas, asegurando adoptar el pleno ejercicio de los sistemas de desarrollo, la protección de los territorios, e incluir las normas jurídicas y administrativas a los estándares internacionales en las políticas públicas. 1.5.. Situación indígena de la comuna de Santiago. En mayo del año 2013, se constituye en la comuna de Santiago lLa Oficina de Asuntos Indígenas, la cual actualmente se encuentra en proceso de “consolidación”. Su origen responde a la materialización de 17.
(18) un compromiso de la actual gestión municipal en periodo de campaña, con las organizaciones indígenas de la comuna. Su quehacer está orientado a “generar un espacio que canalice inquietudes, iniciativas y requerimientos de los vecinos de Santiago que son pertenecientes o descendientes de los distintos Pueblos Originarios del país” (Oficina de Asuntos Indígenas. Municipalidad de Santiago. Municipalidad de Santiago, 2014). Con la habilitación de esta Oficina, se espera ser un aporte, desde el nivel comunal, a la “visibilización e integración” de los pueblos indígenas del país (Oficina de Asuntos Indígenas. Municipalidad de Santiago, 2014). En este primer año de funcionamiento, la Oficina ha enfocado su labor en la visibilización de las personas y organizaciones de los pueblos indígenas presentes en la comuna de Santiago, dando respuestas a las problemáticas que éstos presentan, evitando la discriminación a la cual se han visto expuestos a lo largo de sus vidas, visibilizando la riqueza de sus culturas. Esperando con esto, contribuir al logro de una política comunal inclusiva, y en particular, al fortalecimiento de las organizaciones indígenas presentes en la comuna. El Objetivo general de la Oficina de Asuntos Indígenas de la comuna de Santiago se centra en: Promover la cultura, lenguas y derechos de los pueblos indígenas presentes en la comuna de Santiago (Oficina de Asuntos Indígenas. Municipalidad de Santiago, 2014). Esta, depende directamente de la Subdirección de Desarrollo Social, que depende de la Dirección de Desarrollo Comunitario (DIDECO), la cual, través de programas y servicios, permite generar instancias de participación a nivel comunal, contribuyendo a rescatar y promover la identidad cultural, las tradiciones, los valores, los derechos, entre otros, de los pueblos indígenas de la comuna. Su funcionamiento, se enfoca principalmente en: 1.. Consolidar la Oficina de Asuntos Indígenas en la comuna.. 2. Aumentar la visibilidad de las Organizaciones Indígenas de la comuna. 3. Acercar la oferta pública local a las personas, grupos y comunidades indígenas de la comuna. 18.
(19) 1.6.. Nuevos componentes de intervención. Se cree relevante mencionar que para lograr coordinaciones en lo social, será necesario coordinar acciones con otros, logrando un entendimiento mutuo, que constituya el fundamento socio-cultural de la sociedad, “(…) la acción comunicativa es necesaria cuando la existencia de un lenguaje común es crucial para el éxito de los objetivos del individuo” (Sitton, 2006, pp.116). Para esto, es necesario hacer dialogar las diversas visiones existentes entre los discursos de las personas pertenecientes a las Asociaciones Indígenas, con el discurso del Municipio (y en particular de la Oficina de Asuntos Indígenas), reconociendo las relaciones prácticas que se constituyen en una relación con el otro, “en nuestro uso cotidiano del lenguaje está todavía asumido como un saber evidente que la integridad del hombre se debe de modo subconsciente a la aprobación o al reconocimiento del otro sujeto” (Honneth, 1992), donde el “otro” tiene una función esencial para el sujeto. En este sentido, es necesario mencionar que se debe apostar a la utilización de nuevas lógicas innovadoras desde las intervenciones de la Oficina, donde se “profundice en nuevos modelos complejos de intervención, que evalúe sus estrategias, su consistencia operacional, sus mecanismos para una gestión más integral que se oriente a resultados. Que se adentre en preguntas nuevas y tenga como resultado una intervención más competente y sólida, que se inserte en una perspectiva de los derechos, promueva una participación responsable y fomente la autonomía de los sujetos” (Matus, s/f, pp. 13). En esta lógica, es que debe replantearse el concepto de participación en el sistema público, ampliando los espacios, donde el principal propósito sea contribuir al desarrollo de quienes participan, es decir, de los beneficiarios de las intervenciones de la Oficina, elevando con esto la calidad de la acción pública, con mejores resultados, y más sustentables. 1.7.. El rol del Trabajo Social Contemporáneo frente a los nuevos desafíos. Desde la disciplina en sí, es posible mencionar, que el actual contexto en que nos encontramos está caracterizado por la complejidad de nuevos escenarios sociales, y dado aquello, el Trabajo Social Contemporáneo se enfrenta a nuevos desafíos. Precisamente a ello nos llama, el abordar de manera propositiva y creadora, la temática de los pueblos indígenas. El proceso desarrollado, ha visualizado la necesidad de incorporar nuevas miradas que contribuyan a que las intervenciones realizadas sean 19.
(20) atingentes, eficientes, y sobre todo, situadas en el contexto particular en que se desarrollan. Es por ello que la innovación ha sido fundamental para no replicar intervenciones, como si fueran recetas estandarizadas, ni naturalizadas, que sirven para acabar con las problemáticas sociales. “El trabajo Social, desde su compromiso social debe ser capaz de dar respuesta a las demandas y, a partir de su abordaje técnico – operativo, ser capaz de construir campos nuevos de acción e investigación” (Flores, 2006, pp. 250). En este sentido, es de gran relevancia situar la intervención desde los parámetros de un Trabajo Social genuino, que se enriquezca de otras experiencias, pero que principalmente se centre en rescatar las voces, experiencias, historias y trayectorias desde el propio ejercicio de la disciplina (Martínez, S.; Agüero, J.), abriéndose paso a reflexionar el accionar desde la conciencia emancipatoria. Frente a ello, Martínez y Agüero (2014) se refieren al concepto de emancipación desde el Trabajo Social como, La capacidad y posibilidad real de realización histórica de los sujetos. La emancipación es un hecho, es poder escribir la historia y no sólo participar en la historia que otros escriben o, lo que es peor aún, quedar afuera de ella. La historia que otros escriben es alienación, es negación de los sujetos. Por ende, la emancipación implica construcción de sujetos sociales, mundos de vida, procesos identitarios, lazos sociales y ciudadanía, como así mismo condiciones para llevarlo a cabo (Martínez, S.; Agüero, J., 2014, pp. 24). Lo anterior, implica centrarse como disciplina en superar miradas de resignación y comodidad, obligándonos a ampliar los campos de acción, profundizando y complejizando comprensiones de autonomía y fortalecimiento de la dignidad, interactuando con el otro, construyendo un lenguaje que permita comunicarnos en una relación simétrica y horizontal. En este sentido, la investigación permitirá dar cuenta de que las intervenciones son “procesos de articulación y mediación de poderes y cambio de relaciones de intereses (…), ya sea por la efectivización de derechos, de nuevas relaciones (...) implican inversiones en proyectos individuales y colectivos que aporten la rearticulación de patrimonios, referencias e intereses vistas a la re-producción y a la re-presentación de los sujetos históricos” (Faleiros, 2003, pp. 75). Se podrá repensar y reconstruir, junto con el actor social, estrategias de intervención creativas 20.
(21) e innovadoras, que apunten a la promoción del empoderamiento de los mismos, y al mejor funcionamiento de la Oficina de Asuntos Indígenas. En este sentido, Healy (2001) plantea la relación de la intervención global/local. Esta relación hace alusión a la revaloración de las prácticas locales. Por varias décadas nuestra disciplina se caracterizó por tener horizontes totalizantes, que dificultaron una práctica particular y localizada. El Trabajo social de hoy debe considerar la importancia de la práctica local y particular. Es decir que existe una importancia de dar cuenta del contexto en el que se desarrollan los fenómenos, aún más cuándo se trata de fenómenos emergentes, los cuales tienen implicancias históricas, políticas y coyunturales, las cuales han sido abordadas de manera aislada por la disciplina, siendo los pueblos indígenas, un tema incipiente, donde las intervenciones que se realicen, deben centrar sus miradas en reconocer las particularidades de los diversos pueblos, y con eso, la de los sujetos que los componen. A razón de ello, Healy (2011) señala que se debe articular un pensamiento global (que se enfoque en la justicia social), con un actuar local, (que se adecue a su contexto). Es así, que es importante también considerar los enfoques tradicionales y que guían al Trabajo Social de manera global, pero siempre considerando desde dónde comprendemos los fenómenos y cómo se desarrollan. Bajo esta premisa, es que el trabajo social no interactúa con sujetos aislados, ni con fenómenos sin interacción con sujetos, sino que trabaja con una categoría analítica determinada, en una intersección, en el cruce que se produce entre los sujetos y el fenómeno (Matus, 2003). Esta visión es de gran relevancia, ya que para realizar una intervención social compleja y fundada, se debe tener en cuenta que el cruce fenómeno/sujeto permite una construcción permanente, flexible, contextualizada y teorizada, lo que disminuye el riesgo de contar con tipologías que tiendan a la naturalización. De lo anterior, es que se apunta a enriquecer las intervenciones desde conocimientos que impulsen procesos “para la consecución del bienestar social de la población, con la participación directa y activa de ésta en el análisis, concienciación y resolución de los problemas que afectan a la comunidad, partiendo por tanto de la propia comunidad” (Lillo y Roselló, 2001, pp. 19). Adquiriendo conocimientos, como agentes de cambio hacia el respeto y la valoración de las personas Mapuche de la comuna. Este abordaje, permitirá fortalecer el conocimiento en políticas públicas indígenas desde el poder local en lo urbano. Potenciando avances sustanciales en el reconocimiento de los pueblos, “el paso de la canasta 21.
(22) familiar a la lucha por el poder político. El paso del asistencialismo al reconocimiento y ejercicio pleno de derechos. Constituyen, en definitiva, la bienvenida del Mapuche y el adiós al “mapuchito” (Cayuqueo, 2010). 1.8.. Investigación – intervención: Elementos a considerar. Se cree relevante de mencionar, que la articulación entre investigación e intervención se ha dado principalmente ya que ambos procesos aportan a la interacción, visibilización, reconocimiento y respeto de la temática indígena en el mundo social, en particular, desde nuestra disciplina. Lo que permitirá fortalecer y reflexionar nuestro que hacer, para generar intervenciones fundadas, promoviendo aportes prácticos y metodológicos desde el conocimiento mismo del Trabajo Social, creándose entonces “una conciencia de teoría y praxis que no las separara de un modo arbitrario ni destruyera la teoría mediante el primado de la razón práctica, ya que pensar es un hacer y la teoría es una forma de praxis” (Matus, T., 1999, pp. 72). La investigación y la intervención se encuentran, en primer lugar, bajo una articulación conceptual. Esto, ya que ambos procesos son guiados en lo teórico y práctico bajo una perspectiva de abrir espacios institucionales de con prácticas participativas más contemporáneas, es decir, a través que la investigación genera una construcción sobre el fenómeno para que se comprendan las demandas económicas, sociales, culturales y/o políticas de las personas mapuche de la comuna de Santiago, esto aportará a su vez, a través de la apertura de estos espacios de participación, construir nuevas líneas teóricas de intervención que emanen desde la Oficina de Asuntos Indígenas. En segundo lugar, a partir del análisis y las técnicas que se han utilizado, y en base a la recolección y análisis de datos cualitativos, es preciso observar que la investigación propició un lenguaje común entre las distintas líneas teóricas que tensionaron el fenómeno, la gestión que realiza la Oficina, y el rescate de las voces de los sujetos de investigación, los cuales aportaron a crear nuevas líneas estratégicas y metodológicas para la intervención, sustentándose y articulándose desde una mirada epistemológica particular, desarrollada bajo la Teoría de la Acción Comunicativa, ésta “se apoya en la coordinación mediante el consentimiento, esto es, mediante la existencia o generación de un “conocimiento común” de hechos, normas o experiencias subjetivas” (Sitton, J. 2006, pp. 116). Bajo este escenario, y los resultados obtenidos, la investigación se articula con el diseño metodológico para intervenir sobre este fenómeno, reconociendo a las personas indígenas de la 22.
(23) comuna de Santiago como actores en lo social, visualizando la necesidad de promover intervenciones transformadoras desde ellos mismos. Poniendo en el centro, la comunicación, como instrumento de comprensión y entendimiento para la concreción de objetivos. Ambos procesos, se cree, se han fundado en la perspectiva de un compromiso con la justicia social, esto ya que se ha potenciado las habilidades y capacidades de los sujetos para incidir en la toma de decisiones de lo que les aqueja en su realidad social. Desarrollando una relación necesaria para intervenir y reflexionar sobre el Trabajo Social, los sujetos, y el contexto donde se está situado. Finalmente, se espera que con los resultados finales, y el desarrollo mismo del proceso, se aporte en la construcción de una Política comunal Indígena, absolutamente necesaria, más aún en una gestión local tan importante para el país. Sentando las bases para abrir espacios de participación y vinculación, que impliquen superar las visiones mesiánicas y folklóricas imperantes en las intervenciones comunales.. 23.
(24) 2. Formulación del Problema de Investigación 2.1.. Pregunta de Investigación. ¿Cuáles son las demandas económicas, sociales, culturales y/o políticas que tienen las personas pertenecientes a las Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago, en relación a la gestión de la Oficina de Asuntos Indígenas? 2.2.. Objetivos de Investigación. 2.2.1. Objetivo General. Comprender las demandas económicas, sociales, culturales y/o políticas presentes en los relatos de las personas pertenecientes a Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago, en relación a la gestión que realiza la Oficina de Asuntos Indígenas. 2.2.2. Objetivos específicos • Describir y analizar las demandas que presentan las personas pertenecientes a Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago asociadas al ámbito económico, social, cultural y/o político. • Identificar elementos de mejora en la gestión que realiza la Oficina de Asuntos Indígenas de la comuna de Santiago en tensión con las demandas que emanan de los relatos de las personas pertenecientes a las Asociaciones Mapuche. • Identificar estrategias de visibilización de las demandas asociadas al ámbito económico, social, cultural y/o político desde y por las personas pertenecientes a Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago.. 2.3.. Hipótesis de investigación. En cuanto a hipótesis que se levantaron y que guiaron la presente investigación, se encuentran las siguientes: • Al identificar las demandas económicas, sociales, culturales y/o políticas que presentan las personas pertenecientes a las Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago en relación a la gestión de la Oficina 24.
(25) de Asuntos Indígenas, promoverá que las intervenciones que emanen de ésta, incentivarán la participación de los sujetos indígenas, reduciendo las intervenciones paternalistas y netamente consultivas presentes hoy en día en el accionar de la Oficina. • Las personas mapuche de la comuna de Santiago, a través de sus diversas temáticas de organización, fortalecerán aún más su objetivos como pueblo al abrirse a desarrollar espacios de participación real dentro de la comuna, que a la vez permitirán, una articulación e interacción con las demás personas mapuche de la comuna. • El comprender las demandas económicas, sociales, culturales y/o políticas que presentan las personas pertenecientes a las Asociaciones Mapuche de la comuna de Santiago, permitirá el reconocimiento de los sujetos indígenas dentro de la comuna, contribuyendo en aportar a la deconstrucción de visiones y lógicas estigmatizantes de desigualdad, discriminación e injusticias imperantes en el país.. 25.
(26) Capítulo II. 3. Marco teórico. A razón de comprender, de manera compleja los elementos que centrarán la presente investigación, es que se dará paso a la discusión conceptual que permitirá abrir camino a los insumos que evidenciarán la tensión existente en las particularidades presentes entre la relación de la Oficina de Asuntos Indígenas de la comuna de Santiago, y las personas pertenecientes a Asociaciones mapuche de la comuna. Pueblo mapuche, más allá de una cultura patrimonial del país. Es relevante comenzar el desarrollo del presente apartado profundizando en la comprensión que se tiene del Pueblo mapuche a nivel general, observando que éste ha sido identificado por años, como forma de relevar su identidad, netamente como “cultura” al servicio del país, desconociendo su condición de pueblo, descomplejizando las visiones de la realidad mapuche en la actualidad, “circunscribiéndolos a una situación de seguridad pública, pobreza, falta de oportunidades o escasa integración a la vida moderna” (Henríquez, M., 2005, pp. 1), donde el Estado de Chile, propiciado por políticas paternalistas y de asimilación, ha desarrollado un diálogo el cual ha desarrollado “un cierto nivel de reproducción folklórica de la cultura, utilizado muchas veces con fines populistas o clientelistas (Bengoa, J., 2003, pp. 10). En este sentido, es necesario mencionar que existen variadas definiciones del concepto de cultura, siendo éste, catalogado como “dudoso” por algunos investigadores y teóricos. En algunos casos, éstos son aún más drásticos en su crítica, reconociendo el concepto como “una categoría tan polisémica y enredosa” (Quilaleo, 2006, pp.13) que no podría ser aplicada como definición a la visión definitoria de cómo se debiese reconocer al pueblo mapuche. A razón de esto, la Unesco (1982) determina: En su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias (Unesco, 1982, s/p). 26.
(27) Sin embargo, algunos autores van más allá de esta definición, estableciendo que en la sociedad mapuche, tanto lo político, social, cultural y religioso, está interrelacionado, por lo cual resulta arriesgado construir una definición considerando sólo uno de estos aspectos, tomando en cuenta que “su identidad, su ser (inseparable de las condiciones de vida: de la tierra (mapu), los animales, la naturaleza, se liga hasta confundirse con lo sagrado (las divinidades, los antepasados)” (Foerster, 1995, pp. 11). A razón de lo anteriormente expuesto, es posible mencionar que el Pueblo mapuche es poseedor de un profundo conocimiento de la naturaleza, desarrolla su cultura en armonía y sintiéndose parte de ella, es decir, se fundamenta en que todo su funcionamiento está relacionado a dicha concepción. En otras palabras, se sustenta en el Az Mapu (conjunto de normas y leyes naturales que han regido desde siempre las relaciones de los habitantes del pueblo mapuche), fundamento el cual es definido por CONADI (2014) en los siguientes términos: El Az Mapu regula en sí la existencia y armonía de todo en la tierra, por ella se rige el pueblo mapuche y según sus normas está determinado lo que debe y no debe ser. Esta armonía es el fundamento de la vida del mapuche, mantener el orden del universo y de todas las cosas sólo es posible en la medida que el actuar de la gente sea el correcto y no la altere, si se produce el quiebre de ese orden establecido surgen fuerzas opuestas, lo que desata el conflicto entre las fuerzas del bien y del mal. Es el Az Mapu lo que determina la continuidad de nuestra manera de comprender el mundo, y por lo tanto establece nuestros conceptos de organización cultural como visión totalizadora, pero que implica desde luego lo denominado social, político, territorial, jurídico, religioso, cultural (CONADI, 2014, pp. 29). Uno de los sustentos de aquella organización cultural como visión totalizadora que presenta el pueblo mapuche, tiene lugar con la participación en comunidad, que es practicada desde hace siglos, donde su expresión más evidente es el Xawun (reunión), que se realiza con el fin de tomar decisiones referidas a la vida en comunidad. Se cuenta con la participación del “lof” en su conjunto (comunidad), en estas reuniones se discuten y se solucionan problemas, en otras palabras, los acuerdos se toman con la participación de la comunidad informada en grado importante (MOP, 2004). Según sea el asunto a tratar, se realizarán distintos tipos de discursos y modos de pensar, como el Gvlamtuwun, que contiene los consejos que entrega el kimce (sabio) a 27.
(28) los integrantes de la comunidad, principalmente a niñas, niños y jóvenes, como también a las personas que presentan inestabilidad y carencias en el planteamiento de su kimvn y rakizwam (ejercicio de reflexionar o generar ideas). Junto con estas formas de entregar conocimiento, encontramos el Wewpin, o el discurso sabio que realiza el weupife y que abarca temas espirituales y culturales, donde se da relevancia al conocimiento histórico mapuche de su lof y la familia, recobrando de esa manera el equilibrio (MOP, 2004). 3.1.. Comunidad y organización del pueblo mapuche en la ciudad: Lo urbano. Esta forma de concebir la comunidad, es una manifestación que hoy en día cuesta visualizar, sobre todo en la ciudad (Santiago, donde va dirigida esta investigación). Situación dada por variados e innumerables factores, “puede explicarse por la gran vulnerabilidad a los factores socioeconómicos que le afectan, el difícil acceso a educación, salud, trabajo, el deterioro o pérdida de sus tierras producto de la expulsión o militarización del territorio” (Collipal, M., 2014, pp.136). Factores dados, por anhelos de una calidad de vida mejor, donde, tras extensos procesos de despojo y pauperización de los territorios ancestrales, optan por transitar a lugares ajenos, propiciando la llamada migración campo-ciudad que detonó en la reconfiguración del escenario mapuche en la actualidad. En este sentido, Antileo (2007) expone lo siguiente, Santiago, la gran metrópolis capital y centro político irremediable de Chile, alberga un significativo número de población indígena en su interior, hasta en los más recónditos espacios de su estructura urbana. La migración campo-ciudad, provocada por múltiples factores, ha ido en aumento constante y hoy en día los primeros migrantes ya formaron familias, ya tuvieron hijos/as, nietos/as, con lo cual empieza a configurarse una nueva realidad para los pueblos indígenas y, en específico, para el pueblo mapuche (Antileo, E., 2007, pp. 1). Los mapuche se debieron reconstituir en un territorio no tradicional, es decir, en una ciudad que los acogió con la condición de que los que llegaban debían acomodarse a las lógicas imperantes de la ciudad. Según “datos de la CASEN 2011, la población indígena rural en Chile disminuyó en un 21,7% desde 1996 al año de esta encuesta. Actualmente Santiago es la ciudad que concentra la mayor población indígena; le siguen 28.
(29) ciudades como Valparaíso, Concepción y Temuco. En estos centros urbanos existe, por parte de grupos organizados, un gran trabajo de recuperación de la identidad originaria, desarrollando todo tipo de actividades” (Collipal, M., 2014, pp.139). Esta situación implica una reformulación de las lógicas identitarias y étnicas de los mapuche en la ciudad, donde, la identidad étnica “no desaparece en el proceso migratorio hacia los centro urbanos, sino que se transforma y se redefine en un proceso de construcción, de recomposición y adaptación a los imperativos de la sociedad moderna” (Aravena, A., 1999, pp. 170), donde el elemento de lo urbano, cada día más se reconfigura como elemento a tomar en consideración en los análisis relacionados al pueblo mapuche, análisis que deben realizarse, sin perder de vista la historicidad. En este sentido, desde inicios de los noventa, fue posible observar un crecimiento explosivo de la organización mapuche en la ciudad, constituyéndose principalmente tras objetivos de rescate y reconstrucción identitaria, transitando con el tiempo, hacia reivindicaciones colectivas, es decir, estas sobrepasaron el carácter individual, local o sectorial por demandas de pueblo (Antileo, E., 2007). Muchas son las razones por el cual se ha incrementado la organización, donde un papel importante (y de gran controversia) lo ha tenido la institucionalidad del Estado, quien jugó “un papel relevante en el fomento de la organización mapuche en Santiago, a través de fondos específicos y de mayores espacios de participación” (Antileo, E., 2007, pp. 5). En sus inicios, estas organizaciones mapuche no contaban con mayor representatividad, situación, que en lo concreto, hoy no ha cambiado mayormente, observándose organizaciones dispersas, con objetivos variados, carentes de una estrategia de unificación como pueblo. Hoy en día, existen organizaciones que han puesto énfasis en tareas locales y de rescate cultural y no han profundizado o discutido mayormente el plano político. Otras, por el contrario, se han caracterizado por su activa participación en el movimiento mapuche, por la generación de debate respecto a su específica situación urbana y al acontecer nacional de pueblo mapuche (Antileo, E., 2007, pp. 6). La organización mapuche se caracteriza por una activa participación de jóvenes y adultos con una mayor preparación profesional, en temáticas más políticas, y con perspectivas autonómicas. Y por el contario, en las. 29.
(30) organizaciones menos políticas, se observa la presencia de gente mayor, papay y chachay (Antileo, E., 2007). Valdés, M. (2000), refiere que el concepto de lo urbano, debe propiciar espacios donde la terminología se relacione con la historicidad del mapuche, exponiendo lo siguiente, La identidad mapuche se estructura a partir de la memoria histórica del pueblo mapuche, lo cual supone un rescate de formas culturales, modos de relación social y de producción simbólicas, -a lo menos-, distinta del winka. El admitir la existencia de la categoría urbano en tanto sujeto, implica admitir el nacimiento de un nuevo tipo de memoria histórica formulada con arreglo a la nueva coyuntura de tipo urbano de carácter modernizador (Valdés, M., 2000, s/p). A pesar de ello, la definición de lo urbano, no cuenta con una síntesis en relación a la validez del término, ya que algunos teóricos han avanzado en esta discusión avalándola, en cambio otros, la niegan. Desde la reflexión de Antileo (2006) resulta interesante mencionar que “las ideas desarrolladas sobre los mapuche de ciudad son bastante variadas y no se remiten únicamente a quienes viven en la urbanidad, sino que también la discusión ha sido abordada desde otras regiones y sectores, en el marco global de las reivindicaciones mapuche hoy” (Antileo, 2006, pp. 16). Sosteniendo además, que desde los teóricos mapuche no existe una postura común respeto de lo urbano, sin embargo hacen síntesis en ciertos elementos genéricos que fundan las luchas mapuche en la actualidad, tales como: pueblo, reivindicaciones, reparación, restitución, Estado Plurinacional, entre otros. Vislumbrando la discusión desde otro enfoque, donde “la aceptación de lo mapuche urbano es romper con los motivos históricos que explican el fenómeno migratorio, vale decir, legitimar la usurpación y la miseria de los antepasados, asumiendo como verdadera la artificial dicotomía de lo urbano y lo rural” (Antileo, 2006, pp.15). Tras lo mencionado, es posible decir que el autor, situado en una visión general del mundo mapuche, no cuestiona ni pone en tensión el concepto de lo “urbano”, sino más bien lo reenfoca en la perspectiva de rescatar el potencial político que poseen los mapuche en la ciudad, intentando levantar una “vanguardia” que se encamine en una estrategia de lucha, unificando y poniendo el acento en aspectos que permitan complejizar las miradas en lo que respeta el tema mapuche hoy.. 30.
(31) Por su parte Llanquileo en Valdés, M. (2000) respalda la visión de Antileo, en el sentido de superar la noción dicotómica de confrontar lo urbano y lo rural, llendo más allá, exponiendo lo siguiente, Al hablar de "mapuche urbano", no se lo hace en términos de una categoría sociológicamente opuesta a un otro, en este caso, el "mapuche rural". Pues plantear en estos términos el problema de la migración, resulta una manera estrecha y simplista de abordar el fenómeno. A ello se une además, una dificultad mayor: el problema de la historicidad mapuche. Es decir, si se plantean ambas situaciones étnico sociales, como categorías de oposición (los urbanos como un nuevo sector mapuche) la identidad urbana mapuche necesariamente se quedaría sin memoria histórica, sin ethos cultural que reivindicar, rescatar y proyectar (Llanquileo en Valdés, M., 2000, s/p). A razón de lo anterior, y en la perspectiva de reenfocar la mirada en un escenario orientado hacia las reivindicaciones históricas del pueblo mapuche, se cree importante señalar que una de las características fundamentales para la autoafirmación de la identidad étnica del pueblo mapuche es el distinguirse diferente a un ”otro”, a la sociedad chilena, a un Estado que lo oprime (Kilakeo, F., 1992), visualizando las particularidades y potenciales. La identidad es el mecanismo mediante el cual los seres humanos y los pueblos se conciben a sí mismos, y se hacen solidarios con su devenir histórico común, basados en el arraigo que les da su cultura y su medio. Es fundamental en el proceso de identidad la transmisión cultural, que va de generación en generación, pero es necesario decir que la identidad se expresa ante todo en el terreno ideológico, es decir, no está vinculada sólo una visión compartida del mundo, su cosmovisión, sus símbolos y sus funciones definidas, sino también a todas las representaciones que los hombres hacen de las relaciones sociales, que los sitúan en un contexto específico y la posición que ocupan en ellas (Kilakeo, F., 1992, pp. 9). Es precisamente esta posición que ocupa el mapuche en un contexto específico, lo que detona un elemento relevante de tomar en consideración, sobre todo en lo relacionado al rol que éste debe cumplir para reivindicar su historia y rescatar su potencial en el contexto urbano. Frente a esto Kilaleo, F. (1992), expone lo siguiente:. 31.
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