• No se han encontrado resultados

Seoane Et Al. 1988 Psicología Política

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Seoane Et Al. 1988 Psicología Política"

Copied!
380
0
0

Texto completo

(1)
(2)

eJ!lJI

Od

e�

OfO

(3)
(4)

JULIO SEOANE

CATEDRÁTICO DE PSICOLOGIA SOCIAL

EN LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA

ÁNGEL RODRÍGUEZ

CATEDRÁTICO DE PSICOLOGIA SOCIAL

EN LA UNIVERSIDAD DE MURCIA

Psicología

Política

(5)

COLECCióN PSICOLOGfA

Director:

José A. Forteza Méndez

Catedrático de Psicología Diferencial en la Universidad Complutense de Madrid

Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede re­ producirse o transmitirse por ningún pro­ cedimiento electrónico o mecánico, inclu­ yendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de informa­ ción y sistema de recuperación, sin per­ miso escrito de Ediciones Pirámide, S. A.

© Julio Seoane, Ángel Rodríguez y otros EDICIONES PIRÁMIDE, S. A., 1988 Josefa Valcárcel, 27. 28027 Madrid Depósito legal: M. 22.335-1988 ISBN: 84-368-042().1

Printed in Spain Impreso en Lavel

(6)

Índice

Relación de autores... 13

Prólogo... 15

1. Concepto de Psicología Política (Julio Seoane)... 19

l. Introducción . . . . . . 19

l. l. La Psicología Política como disciplina . . . . . . . . . . . 20

1 .2. Orígenes de la Psicología Política . . . . . . . . . . . . 2 1 2 . Planteamientos académicos de una Psicología Política . . . 22

3. Diversidad de conceptos para una definición . . . 26

3.1. Principales definiciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . 27

3.2. Fenómenos psicológicos y fenómenos políticos . . . 29

3.3. Conclusión . . . . . . 30

4. Dimensiones teóricas de la Psicología Política . . . .. . 3 1 4.1 . Dimensión metodológica. . . . .. . .. . . .. . . .. . . 31

4.2. Dimensión de sensibilidad social . . . . . . 32

4.3. Dimensión temática . . . . . . . . . 33

Referencias bibliográficas. . . 34

2. Panorama histórico de la Psicología Politica (Miguel Moya; José Francisco Morales). . . 36

l. Introducción . . . 36

2. Orígenes de la Psicología Política: segunda mitad del siglo XIX. . . • • • • • • • . 38

3. 1900-1910: Lenin, Pareto, MacDougall y Wallas. . . 39

4. 1 910- 1920: La irrupción del psicoanálisis .. . . 40

5. 1920-1930: Psicoanálisis, conductismo, sociología psicológica y ciencia política . . . 4 1 6 . 1920-1 930: Psicoanálisis cultural, Psicología e ideología, el enfoque de los problemas sociales y ciencia política. . . . . . . . . . . . . 43

7. 1 940-1950: Lasswell, estudios de la conducta de voto; Gramsci, personalidad modal y carácter nacional; la extensión de la Psicología a la política . . . 49

8. 1950-1960: Estudio de las relaciones entre ciencia política y sociología, socialización política, identidad social y personalidad autoritaria, actitudes, política, conformismo e independencia. . . .. . . 51

(7)

8 Indice

9. 1960-1970: Nuevas direcciones en el estudio de las relaciones entre personali­ dad y sistema social, la socialización política, la conducta de voto, locus de control y anomia, el estudio del conflicto, psicología e ideología, el estudio empírico del político profesional, las relaciones internacionales, extensión de

la Psicología Política a otros países y áreas culturales. . . 57

10. 1970-1980: El florecimiento de la Psicología Política como disciplina . . . 67

11. La Psicología Política en España .. . . . .. . . . .. . . .. .. . . . .. . .. . . .. . . . 68

Referencias bibliográficas.... . ... ... . ... ... ... .. . ... .. 70

3. Conducta política individual (Jorge Sobra/)... 76

l. Introducción . . . 76

2. El liderazgo político . . . 76

2.l. La psicologización en el campo político.. . .. . ... . ... .. . ... . . 76

2.2. Psicologización versus determinismo cultural: el compromiso relacional. 77 3. El liderazgo político: un tipo específico de liderazgo. . . 79

3.1. Liderazgo político y jerarquía organizacional . . . 81

3.2. El líder político como sujeto . . . 82

4. Parámetros contextuales. . . 88

4.1. El entorno interpersonal inmediato: los seguidores y sus relaciones con el líder .. ... . ... ... ... ... ... ... . 90

5. El líder como agente del cambio social y político .. . .... .. ... .... ... . . . . 92

6. Comentarios finales . . . . . . 9 3 7. Motivación para la vida política: la cuestión del poder.. . .... ... .. . . . .. .. 94

7. l. El poder: un concepto polisémico y problemático . . ... . ... ... 94

7.2. Los políticos, el motivo de poder y otros motivos . . . 96

7.3. Mujeres, vida política y poder ... ... . . . . ... . ... .. .. 98

8. Poder y política: unos comentarios finales... . . ... .. ... ... 100

Referencias bibliográficas. . .. . .. .. . . .. . . .. .. .. . .. .. . .. . .. . . .. . .. .. . . .. .. . . l 00 4. Personalidad y política (Elena lbáñez; Yolanda Andreu) . . . 102

l. Introducción .. ... ... ... . ... . ... .... ... ... . .... ... .... 102 2. Planteamientos teóricos ... . ... ... ... 104 3. Planteamientos metodológicos. . . .. . .. . .. . .. . .. .. . . .. .. . . . .. . . 106 4. La personalidad autoritaria . . . 107 4.1. El grupo de Berkeley... .. ... ... .... .... ... . . . . .. . .. .. .. . 108 4.2. Aspectos críticos .... ... ... . ... ... . .... ,.. 110

5. Principales intentos por superar las criticas conceptuales al autoritarismo. 112 5.1. Conservadurismo . ... ... ... ... ... .. 112

5.2. Estructura bifactorial de las actitudes. . . .. . .. . .. .. . . . .. .. .. . .. .. . .. . 11 3 5.3. Dogmatismo... . . 115

5.4. Antiautoritarismo. . .. .... ... .. . ... ... 116

6. Instrumentos de medida.. .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. . .. . .. . .. . .. . .. .. . 117

7. Aspectos críticos de las distintas alternativas . . . 118

8. Personalidad, motivación y política . .. .. . .. . .. . .. . . .. . .. . .. . . .. .. . . 121

9. El motivo de logro . . . 122

10. El motivo de poder... .. .. ... .... ... ... ... ... . 124

10. l. El deseo de poder . . . .. .. .. . .. . .. .. .. . .. .. .. .. .. . . .. . .. .. .. . .. . . 126

(8)

Indice 9

1 1. Maquiavelismo. . . 128

Referencias bibliográficas . . . 1 30 5. Socialización política (Ángel Rodríguez)... 133

l. Introducción . . . 133

1.1. El hombre es un animal político por naturaleza . . . 1 33 1.2. Naturaleza de la socialización política . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 34 1 .3. Interés de la socialización política: ¿teórico o político? . . . 1 36 1 .4. Concepciones de la naturaleza de la sociedad y modelos de socializa-ción política . . . 1 37 2. El proceso de socialización política. . . 140

2.1. Desarrollo histórico de la investigación . . . 140

2.2. La cuestión de la continuidad y persistencia de los contenidos de la socialización . . . 144 2.3. Agentes de socialización . . . 148 3. Modelos teóricos. . . 150 3. 1. Modelos de la conformidad-legitimación . . . 150 3.2. Modelos de diferenciación-innovación . . . 151 4. Perspectivas de futuro. . . 158 Referencias bibliográficas . . . . . . 161

6. Participación política (José Manuel Sabucedo) ... 165

l. Concepto de participación política . . . 165

1.1. Tipos de participación política . . . 166

1 .2. Relación entre los diversos modos de participación política . . . 169

2. Perspectivas teóricas sobre la participación . . . 170

2. 1. Análisis sociodemográfico . . . . . . 171

3. Variables psicosociales . . . 177

3.1. Obligación cívica, identificación con el partido y el grupo . . . 177

3.2. Alienación política y otros conceptos relacionados . . . 181

4 . E l contexto sociopolítico . . . 186

5. Conclusiones . . . 188

Referencias bibliográficas . . . . . . 190

7. Movimientos sociales y violencia política (Julio Seoane; Adela Garzón; Marina Herrera; Jorge Garcés)... 195

l. Movimientos sociales . . . 196

1.1. De los fenómenos de masas y la Psicología Colectiva a los movimien-tos sociales . . . 196

1 .2. Delimitación de los movimientos sociales . . . 199

1 .3. Conflicto social y movimientos sociales . . . 202

1.4. Focos de investigación. . . 203

2. Terrorismo. . . 205

2. 1. Dimensiones en la conceptualización del terrorismo . . . 205

2.2. Un marco de definición: actores en el terrorismo . . . 208

(9)

10 Indice

3. Relaciones internacionales. . . .. . . .. . . . .. . . .. . . .. . . . .. . . . .. .. .. . 211

3.1. Psicología y relaciones internacionales . . . 211

3.2. Principales áreas de investigación... 212

3.3. Aproximaciones teóricas... 214

4. Sistema de guerra... 216

4.1. Conceptualización de la guerra ... 216

4.2. Enfoques conceptuales... 217

4.3. Principales dimensiones psicológicas . . . 219

4.4. Control y regulación del sistema de guerra . . . . . . 221

Referencias bibliográficas. .. . . .. . . . .. . . .. . . . .. . . .. .. . .. . . . .. . .. . . . .. . . .. . . 223

8. Conflicto y negociación política {Gonzalo Serrano)... 229

l. Introducción . . . 229

2. El conflicto político... 230

3. La negociación política . . . 234

3.1. Factores estructurales de la negociación . . . 239

3.2. Estrategias y tácticas del proceso de negociación... . . 243

3.3. La negociación política en el ámbito internacional.. . . 246

4. La mediación en el conflicto político... .. . .. . .. . .. .. . .. .. .. ... . .. .. .. . 247

4.1. Estrategias y tácticas en la mediación.... . . .. . . .. . . ... . .. . . .. . 249

Referencias bibliográficas. . . .. .. .. . . .. . . .. .. . . . .. . . . 251

9. Ideología política {José Maria Blanch; Francisco Javier E/ejabarrieta; Juan Manuel Muñoz). . . 254

l. Introducción ... ... : . . . 254

2. Ideología y opinión pública . . . 254

2.1. La opinión pública como ideal político y como hecho social.... . . 254

2.2. La opinión pública como objeto psicosocial . . . 257

3. Opinión pública y actitudes... 261

3.1. Actitudes 'í actitudes políticas . . . . .. . . .. .. . .. . . .. . . .. . .. . . .. . . .. 261

3.2. Actitudes y conducta . . . 265

3.3. El cambio de actitudes . . . 267

4. Ideología y medios de comunicación . . . 268

4.1. Los medios de comunicación como moldeadores de la opinión . . . 268

4.2. Los «efectos mínimos» de los medios de comunicación ... ... , 268

4.3. Efectos ideológicos de los medios de comunicación . . . 271

5. Elementos de conclusión ... 274

Referencias bibliográficas... 275

10. Psicohistoria y Psicología Política {Adela Garzón)... 279

l. Introducción... . . . 279

2. Antecedentes y contexto intelectual.. . . 280

2.L La sensibilidad psicohistórica... 280

2.2. Idealismo alemán e individualidades culturales . . . 281

2.3. La historia de las mentalidades.. . . .. . . .. . . . .. . . .. . . 283

(10)

Indice 1 1

3. Marco conceptual en la psicohistoria. . . 286

3.1. Algunos elementos para un marco conceptual. . . 286

3.2. Psicohistoria y Psicología Política . . . 288

4. Estudios individuales en psicohistoria . . . 291

4.1. Los comienzos de las psicobiografias . . . 291

4.2. Algunos supuestos de las psicobiografias . . . 292

4.3. Evolución de los análisis individuales . . . 294

4.4. Modelos de explicación . . . 295

5. Estudios colectivos en psicohistoria. . . 297

5. 1. Características generales . . . 297

5.2. Las temáticas de análisis colectivos . . . 298

5.3. Modelos de explicación . . . 298

6. Conclusiones . . . 300

Referencias bibliográficas . . . 302

11. Dimensiones políticas en Psicología Judicial (Adela Garzón; Julio Seoane). . . 306

l. Concepciones legales y Psicología . . . 306

2. Orden social y orden legal . . . 308

3. Modelos teóricos de conducta judicial . . . 312

3.1. La actividad judicial como un proceso formal . . . 312

3.2. La actividad judicial como un proceso social . . . 3 14 3.3. El análisis transituacional. . . 315

3.4. La actividad judicial como actividad política. . . 3 1 8 4. Perspectiva teóríca en la interacción de Psicología y Ley . . . 321

4.1. Hacia un modelo de integración . . . 321

4.2. El punto de partida y los niveles de interacción . . . 322

5. A modo de conclusión . . . 328

Referencias bibliográficas . . . 330

12. El poder y los sistemas políticos (Tomás lbáñez; Lupicinio lñiguez)... 331

l. Sociología política y Psicología Política . . . 331

1 . 1 . La ciencia del poder. . . 331

1 .2. Omnipresencia de la política. . . 332

1.3. Conceptualizaciones de la política . . . : . 332

1 .4. La política: sentido laxo y sentido estricto . . . 333

1 .5. Psicología Social de la política . . . 334

2. Poder y poder político . . . 334

2.1. Las relaciones de poder . . . 335

2.2. Las tipologías del poder . . . 339

2.3. El poder político . . . 341

3. Los sistemas políticos . . . 343

3.1. El concepto de sistema político desde la perspectiva sistémica. . . 343

3.2. Los sistemas políticos desde la perspectiva estructural-funcionalista . . 344

3.3. Tipologías de los sistemas políticos . . . 345

4. Sistemas políticos y estructuras de poder . . . 346

(11)

1 2 Indice

4.2. Los partidos políticos . . . 347

4.3. Los grupos de presión y los poderes fácticos . . . 349

4.4. El aparato del Estado . . . 350

5. Distribución del poder político . . . 353

5.1. La concepción elitista . . . 353

5.2. La concepción pluralista.. .. . .. ... . . .. .. . . .. . . .. . . ... . . .. . . ... . 353

5.3. La concepción neoelitista . . . 354

6. Conclusiones. . . 355

Referencias bibliográficas . . .. . . .... .. . . .. . .. . . . ... . .. . . .. . .. . . .. . 357

13. Identidad étnica y movilización política (Mikel Vil/arrea/, Agustín Eche-verría, Daría Páez, José Valencia, Sabino Ayestarán)... 359

1. Identidad étnica. . . 359

2. Movimientos étnicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 360

3. Modelos explicativos de los movimientos étnicos a nivel macrosocial . . .. . 362

3. 1. Proceso de modernización y movimientos étnicos . . . 362

3.2. Colonialismo interno o etnicidad reactiva y movilización étnica . . . 364

3.3. La acción de las élites étnicas ( intelligentsia) y los movimientos étnicos. 366 3.4. Modelo competitivo de movilización étnica . . . 369

4. Dimensiones psicosociales del militantismo étnico . . . 370

5. Representación social, ideología y movimientos étnicos nacionalitarios . . . . 37 1 6. Privación relativa, mundo injusto, atribución de casualidad . . . 372

7. Representaciones sociales del nacionalismo radical . . . 374

8. Conclusiones . . .. . . .. . . .. . . .. . . .. . .. . . .. . . .. .. . 375

(12)

Relación de autores

Andreu, Yolanda

Universidad de Valencia.

Ayestarán, Sabino

Universidad del País Vasco.

Blanch, José María

Universidad Autónoma de Barcelona.

Echeverría, Agustín

Universidad del País Vasco.

Elejabarrieta, Francisco Javier

Universidad Autónoma de Barcelona.

Garcés, Jorge Universidad de Valencia. Garzón, Adela Universidad de Valencia. Herrera, Marina Universidad de Valencia. Ibáñez, Elena Universidad de Valencia. Ibáñez, Tomás

Universidad Autónoma de Barcelona

Íñiguez, Lupicinio

Universidad Autónoma de Barcelona.

Morales, José Francisco

Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Moya, Miguel

Universidad de Granada.

Muñoz, Juan

Universidad Autónoma de Barcelona.

Páez, Darlo

Universidad del País Vasco.

Rodríguez, Ángel

Universidad de Murcia.

Sabucedo, José Manuel

Universidad de Santiago de Compostela.

Seoane, Julio

Universidad de Valencia.

Serrano, Gonzalo

Universidad de Santiago de Compostela.

Sobral, Jorge

Universidad de Santiago de Compostela.

Valencia, José

Universidad del País Vasco.

Villarreal, Miquel

(13)
(14)

Prólogo

Desde que a finales del siglo pasado se constituyó la Psicología moderna como el estudio de la actividad mental humana, han ocurrido muchas cosas en nuestras sociedades y en la propia disciplina; y desde luego se necesitaría un amplio debate para decidir si realmente hemos progresado de una manera significativa. Entre las dos Guerras Mundiales y principalmente después de la última, la Psicología y su sociedad deciden adoptar dos grandes características, culturalmente contradictorias, pero estratégicamente compatibles: el individualismo y el objetivismo. Por la primera, el individuo aparece como el objeto fundamental de la Psicología, renun­ ciando así a otras metas más amplias, más culturales e históricas de las ciencias sociales; mediante el objetivismo se elimina como método el conocimiento indivi­ dual y contextuado en favor de un método universal y compartido que aparece como el tribunal de la razón natural. Esto significó para la Psicología que durante varias décadas su único prestigio consistía en ser una fisica disfrazada o, en el mejor de los casos, una biología naturalista.

Parece evidente que los desarrollos de esta concepción fueron fructíferos aunque incompletos, como ya lo habían visto los pensadores originales de la Psicología, como, por ejemplo, W. Wundt o el mismo S. Freud. Sólo después de tantos años es posible ahora plantearse alternativas menos intransigentes, reivindicando también la necesidad de estudios no individuales y menos dependientes de rígidos criterios naturalistas.

La Psicología Social no fue una excepción durante estos años, sino por el contrario un fiel reflejo de este proceso. Así, resulta curioso observar cómo una disciplina con sobrenombre social se limita al estudio de individuos y de sus interacciones, renunciando la mayoría de las veces a explicaciones históricas, sociales, culturales o ideológicas. Parece claro que, desde este punto de vista, resulta dificil, cuando no imposible, ocuparse de la dimensión política de la actividad humana, y menos todavía cuando esta actividad hace referencia a grupos, colectivos o comunidades. Por todo ello, los estudios psicológicos sobre política ocuparon muy poco lugar hasta ahora en la Psicología, y cuando lo hicieron era principal­ mente en relación con temas muy «objetivos», con referencia individual o cuando los individuos se podían sumar para convertirlos en colectividades estadísticas; es decir, conducta de voto, estudios psicopatológicos de políticos concretos, encuestas de opinión, etc.

(15)

1 6 Prólogo

En los últimos diez años, aproximadamente, la situación parece estar cambian­ do, y al igual que se originan nuevos modelos sociales y valoraciones científicas menos rígidas, se comienza a hablar de psicohistoria y psicobiografías, de identidad étnica y de psicología colectiva. Es dentro de este marco más flexible donde aparece en principio la Psicología Política, aun cuando todavía no se ha liberado por completo de los viejos prejuicios individuales y objetivistas. Y es por ello que tiene sentido ofrecer un primer libro en nuestro ámbito, donde aparecen los desarrollos usuales de esta disciplina hasta el momento presente. Sobre ese material ya será posible, a partir de ahora, realizar trabajos más especializados y con problemática más específica de nuestra sociedad.

El libro consta de trece capítulos. Cada uno de ellos está realizado por uno o varios autores, distribuidos en función de la temática y los intereses de los distintos grupos que participaron en el trabajo. En conjunto, se ha conseguido una amplia representación de tópicos y, fundamentalmente, reunir a la mayor parte de académi­ cos que se interesan por la Psicología Política en nuestro país.

El trabajo que introduce al campo de la Psicología Política (J. Seoane) trata de delimitar conceptualmente la disciplina, preocupándose por centrarla específica­ mente en la Psicología, así como por describir los distintos sesgos que podrían convertirla en una temática sin raíces y alejada de los fenómenos psicológicos. A continuación (M. Moya y J. F. Morales) se profundiza en el panorama histórico y en los antecedentes de la disciplina, relacionándola con otras disciplinas afines y con las distintas orientaciones psicológicas que facilitaron su aparición en distintos momentos, terminando por realizar un comentario sobre la Psicología Política en España.

Después de establecer un marco conceptual y un panorama histórico, el libro se introduce en el campo específico comenzando a tratar aspectos individuales. Por ello (J. Sobra!) se analiza la conducta política individual centrándose principalmente en el liderazgo político y en la motivación para la vida política, finalizando por esquematizar las complejas relaciones entre poder y política desde el punto de vista individual. No sólo el individuo como político, sino también la personalidad política y de los políticos (E. lbáñez e Y. Andreu) ha jugado un papel central en la constitución de la disciplina; por tanto, era necesario aquí describir los distintos modelos teóricos, las escalas de actitudes y cuestionarios de personalidad que durante los últimos años se han venido utilizando en una gran parte de los trabajos empíricos. Pero, sin embargo, tanto el individuo como la personalidad política son el resultado de amplios procesos de socialización (A. Rodríguez), procesos que son analizados y discutidos en el capítulo 5, y sobre los que se realiza una valoración en cuanto a su eficacia en la sociedad actual a través de los partidos políticos, los sindicatos, las confesiones religiosas o la enseñanza institucionalizada.

Individuo, personalidad y socialización política constituyen una base necesaria, pero no suficiente, para describir e intentar explicar la participación política (J. M. Sabucedo), puesto que constituye un fenómeno de características colectivas y de necesidad básica en las democracias occidentales, no sólo en su forma clásica de conducta de voto, sino en sus variadas formas de participar incluyendo las menos usuales y la generación de otras nuevas ligadas a la evolución de la sociedad

(16)

Prólogo 17

moderna. Por ello, en el siguiente capítulo se estudian los movimientos sociales y la violencia política (J. Seoane, A. Garzón, M. Herrera y J. Garcés), que con frecuencia no se conciben como participación pero desde luego constituyen la acción política moderna, ya sea como movimiento social básico, bajo el aspecto de las relaciones internacionales, como terrorismo o sistema de guerra. Ahora bien, la participación y la acción política no sólo están compuestas de tensiones y desequilibrios, sino también y afortunadamente de negociaciones; conflicto y negociación (G. Serrano) es uno de los temas centrales de la Psicología Política y es evidente que deberíamos emplear el máximo esfuerzo en su desarrollo futuro por el bien de la sociedad, ya sea· como estrategia central o como táctica circunstancial.

Participación y acción política, violencia, tensiones y negociación son formas de comportamiento político que dificilmente se explican por características individua­ les o por instintos naturales. Existen otros elementos compartidos por las comuni­ dades sociales que tienen un papel importante en esta problemática; uno de los más clásicos es la ideología política (J. M. Blanch, F. Elejabarrieta y J. Muñoz), actualmente muy controvertida, pero en cualquier caso muy relacionada en la sociedad actual con la opinión pública, las actitudes sociales y el papel que en todo ello juegan los medios de comunicación. Junto con la ideología como elemento teórico explicativo de múltiples formas de comportamiento político, reaparecen en la actualidad viejos modelos con sensibilidad nueva como es el caso de la psicohis­ toria (A. Garzón), concebida como una teoría sobre el desarrollo sociocultural humano que articula la Historia y la Psicología, haciendo así posible compatibilizar la mente humana no sólo como naturaleza, sino también como historia, la sociedad como tiempo y no sólo como espacio. Por eso es necesario también investigar el desarrollo de algunas instituciones sociales que nos pueden ayudar a descubrir la evolución y constitución actual de la mentalidad y comportamiento político, como, por ejemplo, las dimensiones políticas del sistema judicial (A. Garzón y J. Seoane), cuya interacción entre orden legal y orden social pone de manifiesto multitud de aspectos políticos.

Por último, dejamos para el final del libro dos de los conceptos que mayor problemática encierran hoy para la psicología y la sociedad. El primero, poder y sistemas políticos (T. lbáñez y L. Íñiguez), se relaciona con las organizaciones y partidos políticos, los grupos de presión y los llamados poderes fácticos, es decir, con la distribución del poder político. El segundo, identidad étnica y movilización política (S. Ayestarán, A. Echeverria, D. Páez, J. Valencia y M. Villarreal), profundi­ za en el concepto de herencia cultural colectiva y sus repercusiones en la moviliza­ ción social nacionalista, como uno de los fenómenos políticos más complejos con los que se enfrenta la Psicología Política.

En definitiva, pues, este volumen pretende establecer un marco general para el desarrollo de la Psicología Política en nuestro país, incorporando principalmente la temática ya reconocida en esta disciplina, junto con algunas peculiaridades específi­ cas de nuestro entorno cultural e intelectual.

Valencia, mayo de 1988. JULIO SEOANE

(17)
(18)

1

Concepto de Psicología Política

J U LIO SEOANE

1. Introducción

Desde hace unos veinte años se viene hablando y aparece literatura científica bajo el nombre de Psicología Política; como ocurre con frecuencia, el nombre es más o menos nuevo, pero el contenido y buena parte de sus aportaciones tienen un origen bastante más antiguo. En cualquier caso, la utilización de un nuevo término dentro del ámbito de la Psicología debe tener un significado y unas pretensiones que van más lejos de los simples contenidos que la componen y que hasta ahora aparecían dispersos en otras áreas y disciplinas. Dedicaremos este primer capítulo a discutir los distintos elementos de este significado y de estas pretensiones.

No resulta nada nuevo, aunque discutible por bastantes razones, afirmar que una de las maneras de hacerse con el concepto de una disciplina consiste en repasar los temas de los que trata y observar a qué se dedican los profesionales que la mantienen. En ese sentido, la lectura de los distintos capítulos de este libro puede ser el mejor método para conseguir un concepto de la Psicología Política. Si lo hacemos, nos daremos cuenta de que tiene una historia bastante más compleja de lo que podría parecernos en un principio y que sus preocupaciones abarcan desde el estudio de la conducta individual de los profesionales de la política, hasta el sentido y repercusiones sociales de las identidades culturales y étnicas; le interesa el estudio de la personalidad en la medida en que se relaciona con la conducta política, pero

se ocupa también de la adquisición de cultura política a través de los procesos de

socialización; una de sus investigaciones más características ha sido la conducta de voto, actualmente extendida en general a cualquier tipo de participación política, incluyendo los canales menos institucionalizados como los movimientos sociales, que a veces adoptan formas violentas de participación, obligando en consecuencia a estudiar las distintas estrategias de negociación política como fórmula de resolver conflictos (Serrano-Méndez, 1 986); veremos también que le interesan las dimensio­ nes psicológicas de la ideología política, al igual que la evolución histórica de las mentalidades colectivas o los procesos psicológicos incorporados en algunas instituciones actuales, como el sistema judicial (Garzón, 1984), o en los propios sistemas políticos, que a veces se pretenden interpretar desde el punto de vista del poder como motivación psicológica básica.

(19)

20 Psicologla Polltica

Sin embargo, el recorrido de los temas o de las actividades del psicólogo político no nos garantizan en absoluto el sentido y significado de la Psicología Política; en el mejor de los casos nos dice lo que es, pero no lo que pretende ser, cuál es su relación con otras disciplinas o por qué se producen desacuerdos teóricos entre los estudiosos.

1 .1 . La Psicología Pol ítica como d isci pl i na

Uno de los primeros problemas con los que se enfrenta cualquier nuevo campo de estudio es el de si constituye o no una disciplina. Este tipo de discusiones es muy característico en los períodos iniciales de los nuevos campos de estudio y, en general, la cuestión se diluye con el simple paso del tiempo; recordemos, por ejemplo, las viejas polémicas de si la Psicología era una disciplina autónoma o constituía una parte de la filosofía. En consecuencia, el problema no tiene una mayor importancia aparente salvo que se tiene la sensación de que lo que está en juego es acceder o no a una especie de club privado de áreas reconocidas. Por tanto, el que la Psicología Política sea o no una disciplina es algo sin relevancia teórica especial, pero con posibles repercusiones prácticas de cierto interés, que no se deben decidir mediante la condescendiente postura de ser generosos, otorgándole el estatuto de autonomía.

Desde el punto de vista de la ciencia moderna o, si se prefiere, de la ciencia positiva, las áreas de conocimiento deben estar convenientemente jerarquizadas y ramificadas entre sí (la física antes de la química, la química antes de la biología, etc.), de forma que constituyan el cuerpo organizado del conocimiento científico y se pueda así circular ordenadamente de una disciplina a otra. El reconocimiento de una disciplina nueva exige una delicada labor de ajuste general para evitar los conflictos de circulación y el desequilibrio del edificio de la ciencia.

Sin embargo, los replanteamientos actuales del conocimiento científico son menos exigentes y valoran menos los criterios de jerarquía, ramificación y acumula­ ción de conocimiento en un edificio unificado de la ciencia. De hecho, a partir de los años setenta aparece de modo manifiesto una mayor preocupación por los proble­ mas de urgencia social (Garzón, 1986) que por la construcción teórica de la ciencia; así, la aparición de nuevas disciplinas se justifica más por la preocupación de resolver problemas de la sociedad que por los viejos criterios teóricos. En Psicolo­ gía, por ejemplo, se confirman sin grandes dificultades ni especiales medidas· de seguridad una Psicología de la Salud, una Psicología Ambiental, una Psicología Oncológica, una Psicología Judicial o, por poner otro ejemplo, la propia Psicología Política.

Resultaría dificil en verdad decidir si estas psicologías son en realidad nuevas disciplinas con marcos teóricos, procedimientos y problemas independientes, o simplemente son temas psicológicos de especial relevancia social; todo depende del concepto de disciplina que utilicemos, ya sea bajo los criterios de la vieja ciencia positivista o bajo la concepción social de la ciencia.

En cualquier caso, y para mayor tranquilidad de las mentes de orden, se puede decir que la Psicología Política surge fundamentalmente dentro de la Psicología

(20)

Concepto de Psicología Polltica

21

Social, aunque relacionada también con otros campos como la personalidad o las ciencias políticas; debe ubicarse, por tanto, en el campo general de la Psicología. Tiene ya un cierto lugar reconocido en las enseñanzas de distintas universidades, y en la actualidad cuenta ya con unas fuentes bibliográficas importantes, así como con algunos manuales de interés.

1 .2. Orígenes de la Psicología Politica

No es éste el lugar adecuado para establecer los fundamentos históricos de esta disciplina, tema del que se ocupará convenientemente el capítulo 2 del libro. Sin embargo, resulta necesario para delimitar su concepto hacer referencia a algunas orientaciones teóricas y a ciertos sucesos sociales que están en el origen de la Psicología Política, no ya como fuentes intelectuales o de desarrollo teórico, sino como plataforma social que facilita la aparición de la disciplina.

Por un lado, es conveniente recordar que aunque la Psicología Política sólo aparece muy recientemente con ese nombre, se encuentran, sin embargo, anteceden­ tes nominales en épocas ya clásicas de la Psicología. Recordemos, por ejemplo, como hace Stone (1 981), que Floyd Allport desempeñó una cátedra en 1924 en la Universidad de Syracuse que se denominaba «Psicología Social y Política»; o que Hans J. Eysenck escribió un libro en 1954 que, aunque no es un manual y tiene características muy especiales, se titulaba The Psychology of Politics. Existen otros muchos antecedentes del nombre, aunque naturalmente no tienen la pretensión de definir una disciplina nueva.

Por otro lado, debemos clarificar la conocida opinión de que la Psicología, en conjunto, no se ha ocupado de forma adecuada de los temas políticos. Esta tesis se puede encontrar debidamente resumida en Psicología Política: un universo

pluralista, de Greenstein ( 1973), donde mantiene que los psicólogos se empeñan en

explicar conductas concretas al margen de los contextos sociopolíticos particulares y, citando explícitamente a Littman ( 1 96 1 ), concluye que la Psicología es una disciplina socialmente indiferente. Si bien esto parece cierto en algunos casos y bajo cierto punto de vista, también es necesario reconocer que muchos psicólogos se preocuparon por los temas políticos de su tiempo o hasta intentaron contribuir a resolverlos aplicando sus teorías e investigaciones a dichos temas; por ejemplo, por citar casos muy conocidos, Tolman escribió un libro sobre la intepretación psicoló­ gica de la guerra, Drives Toward War (1942); Skinner tiene varias publicaciones sobre diseño social y político, además de haber colaborado en distintos proyectos técnicos del ejército; Osgood trabajó y publicó sobre estrategias políticas concretas para detener la escalada de armamentos en An Alternative to War or Surrender (1 962).

En general, casi todos los psicólogos de cierta significación han realizado aporta­ ciones de carácter político; lo que ocurre es que una gran parte de los historiadores han sido muy cuidadosos en ignorar o disimular estas relaciones entre Psicología y política, en defensa de la curiosa tesis de que una cosa es el trabajo científico y otra muy distinta las implicaciones personales del científico en la política de su tiempo. Un análisis más detallado de esta situación se puede encontrar en el estudio de Billing ( 1 982) sobre los orígenes liberales de l a ideología.

(21)

22

Psicologla Política

Pero dejando al margen los antecedentes nominales de la disciplina y la mayor o menor implicación de la Psicología en un compromiso social y político, lo que parece cierto es que la Psicología Política de los años setenta surge apoyándose en la significación de tres grandes temas de estudio. En primer lugar, el estudio de las actitudes sociales que tenía ya una tradición de varias décadas, y que representa indudablemente el análisis de problemas políticos bajo la perspectiva psicológica; recordemos, por ejemplo, los análisis factoriales de Thurstone ( 1934) sobre radicalis­ mo-conservadurismo y nacionalismo-internacionalismo, o las investigaciones de Newcomb ( 1 943) sobre cambio de actitudes políticas. En segundo lugar, los estudios desencadenados alrededor de la Segunda Guerra Mundial para intentar entender y analizar el fenómeno nazi y el genocidio desarrollado en el interior de países cultos, estudios que tienen su representación más característica en la Personalidad autorita­

ria, de Adorno y colaboradores ( 1950). Y, en tercer lugar, la investigación sobre

las dimensiones psicológicas de la conducta de voto, puesto que ese comportamien­ to de participación política es uno de los fundamentos de los sistemas democráticos occidentales (Campbell et al., 1 960).

Es muy importante tener en cuenta que los estudios sobre actitudes sociales, el interés por el autoritarismo y el genocidio, y la investigación sobre conducta de voto, no constituyen en absoluto el contenido fundamental ni exclusivo de la Psicología Política. Lo que ocurre es que estos tres temas tienen fuerza social suficiente como para justificar el surgimiento de una nueva disciplina, cuyo conteni­ do real es mucho más amplio y cuyas implicaciones psicológicas van mucho más lejos de esa problemática concreta.

Por último, y como ejemplo de cuestiones a las que se enfrenta la Psicología Política pero que no aparecen explícitamente en sus orígenes, cuanto más se desarrolla esta disciplina más necesario se hace clarificar qué se entiende por lo político. Desde luego que no le corresponde a la Psicología delimitar el campo de la política, pero también es evidente que en la actualidad se corre el riesgo de que la Psicología Política se entienda sólo como estudio de comportamientos profesiona­ les, electorales, administrativos o económicos, y se olviden así aspectos específica­ mente políticos. Veremos más adelante que la delimitación del fenómeno político es uno de los problemas importantes en la definición de la Psicología Política.

2. Planteamientos académicos de una Psicología Política ·

Una de las características sociológicas de las disciplinas es que, por regla general, se convierten en estudios oficiales y, por tanto, en una certificación estatal. Y esto acostumbra a ir acompañado de fenómenos muy curiosos como, por ejemplo, discusiones sobre planes de estudios, aparición de abundantes manuales, textos y libros en general, fundación de sociedades y asociaciones de profesionales, creación de nuevas revistas científicas sobre el tema, etc. Todos estos y otros muchos sucesos y comportamientos indican, entre otras cosas, que se produce la institucionalización de la disciplina.

(22)

Concepto de Psicología Política

23

primer lugar, debemos resaltar que no se puede generalizar sobre estas cuestiones; resulta lógico pensar que los procesos de institucionalización no se producen por igual en todos los países. En el caso de esta disciplina, como en el de muchas otras actualmente, los planteamientos académicos e institucionales hay que referirlos casi exclusivamente al área angloamericana de la Psicología. En España comienzan ahora a producirse estos fenómenos, como lo demuestra el mismo ejemplo de este libro.

Por otro lado, es conveniente tener en cuenta las conexiones más o menos estrechas de las nuevas disciplinas con otras ya establecidas, no por un deseo de dem·arcación científica, sino por conocer por dónde van a producirse los fenómenos de penetración social y todo el juego de fuerzas que le acompaña. En este sentido, la Psicología Política tiene relaciones con la Psicología, la Psicología Social (lbá­ ñez, 1 983), la Sociología, las Ciencias Políticas y algunas otras; pero la disciplina

puede tener sentidos muy distintos en función de cómo se entiendan cada una de estas relaciones.

En este apartado nos vamos a ocupar de este tipo de cuestiones, pensando que puede ser de utilidad a aquellos que se inician en esta disciplina. Comenzaremos comentando algunas de las relaciones institucionales más significativas de la PsicolÓgía Política, para después hacer referencia a aquellos textos y manuales que sirven de referencia en los inicios de la disciplina.

En principio, debería pensarse que la Psicología Política mantiene relaciones muy estrechas con las llamadas ciencias políticas; en la práctica, y aunque esto pueda discutirse bajo distintos puntos de vista, no ocurre tal cosa. Y en parte esto sucede por los especiales papeles que juegan como intermediarias otras disciplinas afines como la propia Psicología, la Psicología Social o hasta la Sociología. Utilizare­ mos para aclarar estas cuestiones el texto ya mencionado de Greenstein ( 1 973),

añadiendo algunos comentarios sobre cada punto.

En primer lugar, Greenstein afirma que los departamentos de ciencias políticas surgen en las facultades de derecho y departamentos de historia, apoyándose también en la filosofía y campos afines; mientras que la Psicología tiene sus orígenes en las ciencias naturales, especialmente ciencias de la vida. Efectivamente, aunque la filosofia también está en los orígenes de la Psicología, es evidente que en ésta ha tomado un papel protagonista la sensibilidad biológica, como lo sugiere --entre otras muchas cosas- el hecho de que muchos clásicos de la Psicología fuesen médicos. Más problemático resulta considerar el papel de la Psicología Social (Morales, 1985; Munné, 1986), que siempre ha tenido un lugar ambiguo dentro de la Psicología; en la medida en que se concebía como psicológica, se limitaba sólo al estudio de las dimensiones sociales de individuos biológicos; y si se entendía como sociológica, se marginaba de la Psicología y ocupaba un lugar limitado en el análisis social.

Las consecuencias de este panorama son bastante evidentes. Si la Psicología Política se enmarca dentro de una Psicología Social psicológica, y por tanto perteneciente al campo de la Psicología, poca relación tendrá con las ciencias políticas; su sensibilidad será de tipo individual y biológica. Sus pretensiones irán encaminadas hacia el estudio de la actividad política de individuos, actividad que en

(23)

24

Psicologfa Política

definitiva viene explicada por el desplazamiento de necesidades biológicas hacia metas públicas. Si, por el contrario, la Psicología Política se concibe incluida en una Psicología Social más sociológica, se percibirá más cercana a las ciencias políticas y su propósito se entenderá como el estudio de los mecanismos psicológicos de la opinión pública acerca de los fenómenos políticos. Ambas tendencias de la Psicolo­ gía Política resultan bastante discutibles, pero en cualquier caso es necesario reconocer el predominio actual de la primera de las dos interpretaciones, aunque sólo sea como tendencia general.

En definitiva, esta es la razón por la que los profesionales de las ciencias políticas y los psicólogos raramente han trabajado juntos, mientras que es muy frecuente que los primeros colaboren con los sociólogos, como afirma Greenstein. De otra forma, la Sociología Política es reciente, pero está bien institucionalizada, mientras que ocurre todo lo contrario con la Psicología Política.

Sin embargo, y aun reconociendo todo lo anterior, hay que poner de manifiesto que la situación está cambiando a partir de los años setenta. Es en esta década donde se producen los fenómenos característicos de institucionalización de la Psicología Política. Veamos cuáles son, siguiendo el análisis que realiza Stone (1981).

En 1 973 aparece editado lo que se puede considerar el primer manual de Psicología Política, dirigido por Jeanne N. Knutson ( 1973). A lo largo de sus 542 páginas, 1 5 investigadores representativos (J. Ch. Davies, M. Brewster Smith, Robert E. Lane, Nevitt Sanford, Daniel Katz, F. I. Greenstein, etc.) intentan resumir y poner a punto las principales áreas de la Psicología Política. Estructurado en cinco grandes apartados, en el primero se estudian los Conceptos psicológicos

básicos, que incluyen personalidad, actitudes políticas y creencias políticas; en el

segundo, Formación y mantenimiento de orientaciones estables, aparecen la socializa­ ción política, una actualización de la personalidad autoritaria y los temas de anomia y alienación; en Conexiones entre individuo y política se estudia el liderazgo, agresión, violencia, revolución, guerra y política internacional; en el cuarto se plantean los Métodos de investigación, donde se incluyen como tales las psicobiogra­ fias, las encuestas políticas, la investigación experimental, la simulación y las técnicas proyectivas; por último, en Perspectivas actuales se pretende ofrecer un panorama de las pretensiones de futuro de la Psicología Política. Las mismas palabras que Margaret G. Hermann ( 1986) utiliza para definir la labor personal de Jeanne N. Knutson, se pueden emplear para este primer manual de 1 973: en verdad esta obra ha servido como catalizador para el campo de la Psicología Política.

Un año después se edita lo que puede entenderse como uno de los primeros textos de la materia, realizado íntegramente por William F. Stone ( 1 974). A diferencia de la obra de Knutson, no es su intención poner al día los distintos campos que constituyen la disciplina a través de distintos especialistas. Por el contrario, es el desarrollo de un solo autor con una única perspectiva, que se dirige a los que ya tienen algo de formación en Psicología, para intentar analizar las teorías y los conceptos que se pueden aplicar con utilidad a la comprensión de la conducta política, empleando las palabras del propio autor. En resumen, un texto académico de Psicología Política.

(24)

Concepto de Psicologfa Política

25

Junto a la aparición del primer manual y de los primeros textos, surge también en 1 978 la primera sociedad, la Intemational Society of Political Psychology, ligada una vez más a la labor de Knutson. Esta sociedad heredaba los esfuerzos teóricos y la sensibilidad política que ya por los años cuarenta había surgido entre algunos psicólogos norteamericanos y que Kurt Lewin, David Kretch, J. F. Brown y otros cristalizaron en la fundación de una sociedad para el estudio psicológico de los problemas sociales; ahora en 1978, aquella sensibilidad se configuraba definitiva­ mente como una disciplina, la Psicología Política.

Por último, la edición de una revista sobre el campo de estudio constituye uno de los indicadores definitivos de aparición de la disciplina. La Sociedad Inter­ nacional de Psicología Política funda en 1 979 una publicación periódica bajo el título de Political Psychology, dirigída inicialmente por Joseph Adelson y Jeanne N. Knutson, y actualmente por Alfred M. Freedman y Lawrence Galton.

A partir de estos hechos comienzan a editarse nuevos manuales y textos. En general, no se puede decir que los nuevos libros de texto consigan ponerse de acuerdo sobre el concepto de Psicología Política ni sobre los temas que lo compo­ nen. Existe variedad de conceptos y de temas de estudio, pero esto es absolutamente normal y positivo en los comienzos académicos de una disciplina, como ocurrió con los manuales originales de Psicología General, Psicología del Aprendizaje y tantas otras disciplinas; en el fondo, aunque pueda resultar incómoda esta situación, es bastante más sugestiva que cuando la literatura se convierte en homogénea y repetitiva. En cualquier caso, y tal como está citado en Hermann ( 1 986b), los artículos de Schaffner y Alker ( 1 981 -82) revisando cinco textos de Psicología Política obtienen panoramas muy distintos de la materia; los textos revisados son los de Stone ( 1 974), Freedman y Freedman ( 1975), Elms ( 1976), Segall ( 1 977) y Mannheim ( 1982).

Al margen de lo ya citado, merecen especial atención dos obras más, ambas de carácter colectivo al estilo del manual de Knutson. La primera está dirigida por Samuel L. Long ( 198 1), investigador que ya en 1979 fundó una revista, Micropoli­

tics, de Psicología Política, pero de tendencia claramente sociológica. La obra de

Long que comentamos tiene cinco volúmenes y, al igual que la revista, está en muchos puntos más cercana a una sociología política que a una disciplina psicoló­ gica. Sin embargo, al margen de capítulos muy desiguales en su realización, ofrece a lo largo de su desarrollo materiales de gran interés y un panorama muy completo de temas tratados.

La segunda obra mencionada es el manual dirigido por Margaret G. Hermann ( 1 986a), realizada por 20 especialistas y que se presenta como una puesta al día del ya clásico libro de Knutson (1 973). Dividida en cuatro grandes apartados, el primero, Los humanos como animales políticos, trata entre otros tópicos los correla­ tos biológicos de la conducta política, la ideología política, opinión pública, creencias y psicohistoria; en Decisión política se incluye liderazgo, estudios sobre presidentes, conflicto y relaciones internacionales; en la tercera parte, Ambiente

político. aparece la socialización política, sistemas de creencias, movimientos de

protesta y terrorismo; por último, en Panorama mundial del campo se realiza un análisis de la situación de la Psicología Política en América Latina, Europa

(25)

26

Psicología Política

Occidental y Asia. En conjunto, y con una orientación más psicológica que el de Long, es un trabajo colectivo de interés y necesario como punto de partida.

¿Qué conclusiones se podrían sacar de estos desarrollos académicos de la Psicología Política? En primer lugar, que efectivamente es en los años setenta cuando la Psicología Política comienza a tener las características de una disciplina, aunque sería un error muy grave pensar que comienzan en esa época sus aportacio­ nes fundamentales; por el contrario, una gran parte de los núcleos teóricos y temáticos de la disciplina pertenecen a tiempos anteriores. En segundo lugar, puede afirmarse que existe ya una literatura básica de síntesis, no muy extensa pero suficiente para facilitar la introducción en el campo a los que desean incorporarse. Por último, una consideración general. La mayor parte de esta fundamentación académica se desarrolla en el área norteamericana. Esto significa dos cosas; por un lado, que las orientaciones psicológicas que se utilizan corresponden a esa área geográfica, lo que no significa un problema especialmente grave, puesto que en la práctica son las que se han incorporado en todo el mundo occidental, salvo pequeños matices europeos. Pero, por otro lado, el concepto y la sensibilidad sobre lo que se entiende por política se adecua lógicamente a la misma área geográfica, y aunque el modelo de «democracias occidentales» también se ha aceptado en una gran parte del mundo occidental, es lícito pensar que existen matices de la historia europea que se escapan a la concepción angloamericana. En definitiva, cabe pensar que está todavía por desarrollar un concepto de Psicología Política más acorde con la historia y sensibilidad europea, sin que esto signifique un etnocentrismo beligerante.

3. Diversidad de conceptos para una definición

Abordaremos en este apartado la problemática que encierran algunos de los términos empleados para definir el campo de la Psicología Política; dejemos claro desde un principio que no nos interesa tanto el conseguir una mejor o peor definición como poner de manifiesto lo que se esconde detrás de esta temática. Podemos estar seguros de que el concepto de la disciplina continuará evolucionan­ do durante los próximos años, pero lo hará sobre unos problemas de fondo y sobre unas dimensiones conceptuales que ya están determinadas en la actualidad.

Lo que está en juego en la definición de una disciplina no es sólo delimitar su campo o, si se prefiere, especificar su objeto de estudio; lo que está en: juego principalmente es el desarrollo futuro del campo de estudio, en un sentido o en otro, y la reinterpretación de sus aportaciones pasadas. En este sentido, los dos términos visibles que aparecen en el campo que nos ocupa, psicología y política son por sí mismos especialmente complejos y extremadamente difíciles de utilizar sin ambigüe­ dad. El primero de ellos, el término psicología, preocupa menos que el segundo porque con frecuencia se da por supuesto que hablamos entre psicólogos, y éstos ya conocen suficientemente la problemática con la que se enfrentan y cómo resolver en su momento los puntos ambiguos. En cualquier caso, debemos reconocer los sentidos radicalmente distintos que puede tener una Psicología Política, ya sea que entendamos por Psicología el estudio de la mente o del comportamiento, desde una

(26)

Concepto de Psicología Política 27

perspectiva psicoanalítica, o conductista o hasta cognitiva, por poner algunos de los ejemplos más conocidos. Repetimos que los psicólogos saben, en general, cómo enfrentarse a estos problemas y por qué se deciden por unas u otras alternativas. Sin embargo, existe una opción donde los psicólogos actuales tienden a elegir sin excesiva reflexión, y que tiene repercusiones especialmente importantes para una concepción de la Psicología Política. Se da por supuesto que la Psicología trata exclusivamente con individuos, ya sea en su motivación, memoria, conocimiento, interacción con otros individuos, o cualquier otro aspecto; es decir, se opta por una psicología individual, con frecuencia hasta cuando se trabaja en Psicología Social. Las · razones de esta decisión se escapan a los objetivos de este capítulo, pero podemos decir, a modo de sugerencia, que, por un lado, la influencia del pensamien­ to biológico hizo que la Psicología partiese del estudio de organismos biológicos y, por tanto, individuales; y, por otro lado, la legítima utilización de la introspección como uno de sus métodos (ya fuese en el sentido clásico o en el que aparece actualmente en la utilización de tests, cuestionarios, entrevistas, etc.) obligó a enfrentarse con el estudio del individuo.

Al tomar esta opción quedaban marginadas otras tradiciones psicológicas igualmente sugestivas, como, por ejemplo, cuando Wundt reconoce que las estruc­ turas psicológicas del individuo son el producto de cambios evolutivos e históricos creados por la acción recíproca de muchos y, por tanto, resultado de una experien­ cia colectiva que no es accesible mediante el estudio del individuo (Danziger, 1983), sino mediante una psicología de los pueblos. Parece evidente que una y otra opción, psicología individual o psicología colectiva, dará lugar a orientaciones muy distintas de la Psicología Política, encaminada hacia la actividad política de los individuos, en un caso, o de las colectividades en el otro.

Pero veremos que, con todo, es el término de política el que puede representar ambigüedades más complejas en la concepción de la Psicología Política. Veremos más adelante las distintas interpretaciones que tiene a través de varias definiciones de la disciplina. De momento podemos decir que, al igual que se acusó a los primeros psicólogos de laboratorio de estudiar exclusivamente fenómenos conscien­ tes del hombre adulto normal, existe una cierta tendencia en la Psicología Política a estudiar preferentemente la actividad de las democracias actuales occidentales a través de sus instituciones, legisladores y administradores en periodos de relativa normalidad. Una idea similar expresa Davies (1973) cuando al analizar ciertos períodos, critica que los estudios de conducta política sólo estaban legitimados cuando analizaban votantes, grupos de presión, legisladores y administradores que se concebían como negociadores racionales en el mercado político. Esta inter­ pretación restrictiva y oficialista de la política limita excesivamente el desarrollo de la Psicología Política e impide el estudio de otros aspectos políticos más significativos.

3.1 . Principa les definiciones

Algunos de los problemas que acabamos de plantear se podrán percibir con ma­ yor claridad a través de algunas definiciones de la Psicología Política, formuladas por autores significativos ya citados. Por otro lado, estas definiciones nos servirán

(27)

28

Psicología Política

para acercarnos con mayor grado de realidad a la situación actual de la disciplina. Es evidente que algunos autores no pretenden en algunos de sus escritos de Psicología Política definir explícitamente el campo de estudio; pero, con frecuencia, algunas de sus expresiones ponen de manifiesto parte de su concepción. Así, por ejemplo, J. N. Knutson ( 1973), en el prólogo de su manual, manifiesta que la Psicología Política es un esfuerzo interdisciplinario que consiste en que el conoci­ miento obtenido por las ciencias de la conducta se concentre en las necesidades humanas críticas, de forma que pueda realizarse mejor la antigua promesa de la política de alcanzar una vida satisfactoria. Aunque esta formulación no delimita con mucha claridad el campo de estudio, existen dos aspectos a tener en cuenta. Por un lado, el carácter interdisciplinario que parece indicar un esfuerzo conjunto ante una meta común, en lugar de concebir la Psicología Política como una disciplina en sí misma; aspecto que ya hemos comentado en páginas anteriores. Y, por otro lado, el aparente carácter terapéutico de la Psicología Política, en tanto que pretende provocar un mejoramiento de la vida humana.

Greenstein ( 1973), por otro lado, mantiene que la Psicología Política tiene dos referentes: los componentes psicológicos de la conducta política humana y la empresa académica de aplicar el conocimiento psicológico a la explicación de lo político. En consecuencia, Greenstein admite que la actividad política tiene aspectos psicológicos, cuyo estudio pertenece a la Psicología; en otras palabras, la Psicología Política sería la aplicación de un cuerpo de conocimientos ya establecido (Psicolo­ gía) a un fenómeno de estudio (Política).

Mucho más elaborada que las anteriores es la postura de Stone, que además sufre alguna evolución interesante en sus escritos básicos. En su texto de 1 974 se manifiesta más claramente individualista en su concepción y emplea con más frecuencia la expresión de psicología de los políticos o de lo político, en lugar del término más directo de Psicología Política, tendencias ambas mucho menos acusadas en su escrito de 1 98 1 . En su texto dice que intenta explorar lo que podemos decir sobre la psicología del hombre político, en este momento de la historia (pág. 1 5). Poco más adelante mantiene que, como psicólogo, su énfasis en el actor individual contrasta con el enfoque del sociólogo, al igual que el de las ciencias políticas. Más rotundo todavía, dice que su foco de interés está en el ser humano individual. En definitiva, declara que la psicología de lo político hace referencia a los intereses del individuo, a sus concepciones, a sus reacciones y a sus respuestas ante la experiencia y conducta política.

Siete años después (Stone, 1 98 1), utiliza con mayor facilidad la expresión de «Psicología Política» y su individualismo sigue presente, pero de una forma algo más matizada; reconoce que además de estudiar al actor político, también se pueden estudiar los efectos psicológicos de los acontecimientos y sistemas políticos (aunque, según parece en sus escritos, esos efectos siguen siendo sobre individuos). En esta ocasión, afirma directamente (pág. 3) que una definición comprehensiva de la Psicología Política debe incluir tanto:

l . la contribución de los procesos psicológicos a la conducta política, como

(28)

Concepto de Psicologla Política

29

Parece, pues, que Stone establece, en definitiva, una relación bidireccional .entre psicología y política, aparentemente siendo más básica la que va de la primera a la segunda, y ampliando posteriormente el campo a la relación inversa. En ambas relaciones se destaca el carácter individual del objeto de estudio, pero parece que los efectos psicológicos de la política serían sobre individuos, casi sobre pueblos o comunidades.

Por último, haremos referencia ahora a la postura de Margaret G. Hermann ( 1 986c), que, formalmente, no difiere mucho en cuanto al mantenimiento de los dos tipos de relaciones que acabamos de mencionar en Stone; aunque es necesario recoñocer que así como Stone hace referencia a ellas numerándolas del uno al dos, Hermann parece más partidaria de la metáfora del matrimonio entre ambas, lo que indudablemente debe tener un significado. En concreto dice que la Psicología Política es el estudio de lo que sucede cuando interactúan los fenómenos psicológi­ cos con los políticos. Esta interacción significa que algunas veces el foco de interés está en los fenómenos psicológicos, mientras que los fenómenos políticos forman el contexto de estudio; en otras ocasiones, por el ·contrario, el interés está en los fenómenos políticos, pero analizados a nivel psicológico o individual; y aun en otros casos, añade Hermann, el punto de vista está en ambas partes del matrimonio y en su interacción.

En conjunto, pues, resulta difícil concluir si es la psicología la que incide sobre la política o exactamente a la inversa. Pero, en cualquier caso, queda todavía por aclarar qué es lo que entienden estos autores por fenómenos psicológicos y fenómenos políticos.

3.2. Fenómenos psicológicos

y

fenómenos

políticos

Como ya mencionamos, la concepción psicológica que puede mantenerse dentro del marco de la Psicología Política es muy variada, y depende de la formación de cada autor. Sin embargo, también es cierto que determinadas orientaciones han estado más estrechamente ligadas a los orígenes de la disciplina. Stone ( 1974) desarrolla su fundamentación psicológica en base a dos núcleos principales: la teoría psicoanalítica, por un lado, y una concepción funcional de las actiti.ides. Sin duda alguna, existen razones históricas importantes que respaldan la amplia aportación que ambas orientaciones han realizado a la Psicología Política; pero es más significativo hacer notar el distinto papel que Stone insinúa para cada orientación. El psicoanálisis estaría al servicio del primer plano que Stone reconoce en la Psicología Política, es decir, constituiría el núcleo explicativo de la contribu­ ción de los procesos psicológicos a la conducta política; mientras que, por otro lado, el enfoque funcional de las actitudes jugaría un papel importante en el estudio de los efectos psicológicos de los sistemas y acontecimientos políticos.

Psicoanálisis para el actor político individual y actitudes para el conjunto de individuos que constituyen las masas de población, parece ser la fórmula que se intuye en los escritos de Stone. Pero esto podría llegar a significar que el personaje

(29)

30

Psicologfa Polftica

o líder político tiene mecanismos psícodinámicos que le conducen a la búsqueda de metas políticas, mientras que la población sólo posee opiniones y actitudes. Una concepción, sin duda, muy restrictiva y poco recomendable para la interpretación psicológica de la política.

Margaret G. Hermann (1986c), utilizando otro punto de vista, tiene una concepción aparentemente más descriptiva sobre el contenido de los fenómenos psicológicos que interesan al psicólogo político, fenómenos que, según ella, se relacionan con el modo en que percibe, interpreta, siente y reacciona al ambiente un individuo. Éstos serian los procesos psicológicos de la conducta política, que a su vez están influidos por factores biológicos y fisiológicos, motivos, creencias, estilos cognitivos, valores, emociones y experiencias psicológicas primitivas (págs. 486-487).

Como puede observarse, lo que entiende esta autora por fenómenos psicológicos es prácticamente una lista de procesos más o menos característica de una psicología general; en consecuencia, su especificidad en cuanto estudiados por una Psicología Política tendría que venir dada por el otro término de la interacción, es decir, la política.

Sin embargo, cuando intenta especificar los fenómenos políticos se limita también a establecer una lista descriptiva: votación, expresión de opinión pública, socialización política, conductas de protesta, resolución de conflictos, terrorismo, relaciones internacionales, etc. Desgraciadamente, por tanto, la definición de la Psicología Política como el estudio de la interacción de fenómenos psicológicos y fenómenos políticos permanece un tanto vacía, puesto que el contenido de ambos fenómenos es más un repertorio conceptual que una especificación genuina.

Por el contrario, Stone (1974) toma posturas más comprometidas en relación con el significado de política. En primer lugar, establece diferencias importantes con las ciencias políticas, que, según él, parten de la noción de relaciones de poder y terminan definiendo la conducta política como una respuesta al sistema político existente. Stone prefiere formular una definición de política en términos psicológi­ cos, afirmando literalmente:

Conducta política incluye toda la actividad de una persona que se dirija

hacia la solución cooperativa de los problemas de la vida cotidiana (Stone,

1 974, pág. 1 6).

Desde este punto de vista, se reconoce que son las necesidades individuales las que fundamentan la organización política y, por tanto, la conducta política no puede limitarse al estudio de sus instituciones.

3.3. Conclusión

¿Qué conclusiones podemos sacar de todos estos comentarios sobre las distintas posiciones que delimitan el concepto de Psicología Política? Lo que nos parece evidente es que, en general, el objeto de estudio de la disciplina se acostumbra a definir en función de otros campos autónomos de estudio, la psicología y la conducta política, entendidos ambos con un carácter preferentemente individual. En

Referencias

Documento similar