TENZIN WANGYAL RÍNPOCHE
SANACIÓN CON FORMA, ENERGÌAY LUZ Los cinco elementos en el chamanismo
Tibetano, el tanrra y el Dzogchen
PREFACIO
En muchos niveles de la tradición Bon, la comprensión de los cinco elementos resulta de vital importancia, razón por la cual he dedicado los últimos quince años a comprenderlos. Durante este tiempo, he investigado estos cinco elementos y mantenido una relación estrecha con las diosas de los elementos
mediante la práctica. Cuando tuve preguntas acerca de los elementos o de las prácticas, recé a las diosas de los elementos.
Recibí sus enseñanzas y sus bendiciones en mis sueños. Éstas y otras experiencias me motivaron a escribir este libro.
Si bien todas las enseñanzas incluidas en el libro están basadas en textos antiguos, la manera en que se las presenta aquí
también se basa en gran parte en mi experiencia y entendimiento personales. Para no escribir algo que contradijera las
enseñanzas, revisé muchos de los puntos con mi maestro, Lopon Tenzin Namdak Rínpoche, y con otros Geshes eruditos de Nepal y la India, cuando estuve ahí en el año 2000. Agradezco la orientación y el gran apoyo que me brindaron mediante su entusiasmo y alegría por la creación de este libro. Si bien ellos me dirigieron, cualquier confusión o error es totalmente mío. Durante algunos años he enseñado las prácticas elementales a mis estudiantes, diseminados por todo el mundo. Me he
sentido feliz de atestiguar los resultados positivos de estas prácticas tanto en su vida personal como en su crecimiento espiritual.
Quisiera agradecer a todos los estudiantes que han llevado a cabo las prácticas de los elementos.
Doy las gracias a aquellos que me han apoyado durante
largo tiempo en mi trabajo para traer a Occidente las enseñanzas del Bón, especialmente a Gerald y Barbara Hines y a Murari PREFACIO
y Prachi Garodia. Sin su apoyo constante, hubiera sido mu- . cho más difícil crear el Instituto Ligmincha y hacerla funcionar. Agradezco a todas las personas de Snow Lion Publícations por su generosidad y amabilidad, en particular a Christine Cox, cuyas habilidades han mejorado este libro de numerosas maneras.
Doy las gracias a Mary Ellen McCourt por su tiempo y su experiencia en el diseño gráfico, así como a Radek Dabrowski por proporcionar los dibujos de línea para el libro, no sólo una vez sino dos, ya que la primera vez los dibujos se perdieron en el correo.
Por la lectura y los comentarios del manuscrito en diferentes etapas y ofrecer varias sugerencias que han mejorado el
libro, agradezco a Laura Shekerjian, Alejandro Chaoul, Cecile Clover y John Jackson. Agradezco también a Steven Goodman por sus sugerencias en una versión anterior del texto y por las correcciones que hizo al glosario. Agradezco, asimismo, a Susan Yenchick por su apoyo.
Especialmente, deseo agradecer a mi querido amigo y estudiante, Mark Dahlby, quien ofreció varias ideas y sugerencias
que han hecho que esta obra sea más accesible para los lectores occidentales. Sin su esfuerzo entusiasta, este libro no podría haber sido realizado.
ORACIÓN DEL ESTADO INTERMEDIO: LA GUIRNALDA PRECIOSA
A, OM, HUNG.
En el estado intermedio que es esta vida, el momento presente, uno no reconoce su propia mente y se ve distraído por actividades ilusorias,
no se acuerda de la impermanencia y la muerte, persigue sólo las metas de esta vida y se ve atado
por el sufrimiento del nacer, la vejez, la enfermedad y la muerte. Que cuando este cuerpo ilusorio presente se encuentre de pronto con su enfermedad final
pueda yo auto liberar todo apego a los objetos de la materia y de la mente.
Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
Después, en el estado intermedio cercano a la muerte, aunque uno esté rodeado de personas queridas y parientes, viaja solo a la otra dimensión.
No hay modo de prolongar la vida por un momento siquiera cuando los cuatro elementos de este cuerpo mágico se disuelven. Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
Cuando la energía de la tierra se disuelve en el agua,
ORACIÒN DEL ESTADO INTERMEDIO: LA GUIRNALDA PRECIOSA. uno siente que el cuerpo decae y se desploma.
Surgen visiones de movimiento humoso y espejismos.
Que cuando la luz amarilla que surge de uno mismo aparezca de
Pronto pueda yo reconocerla como el cuerpo divino de Salwa Rangyung (la claridad auto-originada).
Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
el cuerpo palidece y uno tiene sed, tiene seca la lengua y percibe visiones de agua desbordante.
Que cuando la pureza del agua surja como la luz azul
pueda yo reconocerla como el cuerpo divino de Gawa Dondrup (logro gozoso).
Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
Cuando la energía del fuego se disuelve en el viento, el cuerpo se enfría y no es posible ya sostener los canales. Se experimentan visiones como luciérnagas.
Que cuando la luz roja del propio yo surja
pueda yo reconocerla como la divinidad Chetak Ngomed (libre de objetos y divisiones).
Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
ORACiÓN DEL ESTADO INTERMEDIO: LA GUIRNALDA PRECIOSA .:. xvii Cuando la energía del viento se disuelve en la conciencia,
la respiración se detiene y los ojos se entornan hacia arriba, y uno percibe visiones como de lámparas de mantequilla que se extinguen.
Que cuando surja la luz verde que surge por sí sola
pueda yo reconocerla como la divinidad virtuosa Gelha Garchug (la riqueza de las actividades de la danza).
Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
Cuando la conciencia se disuelve en la base de todo,
los órganos de los sentidos internos y sus objetos externos cesan. Entonces se tiene una visión como de un cielo sin nubes.
Que cuando surja la luz clara del bardo
pueda yo reconocerla como Kunang Chabpa (el que permea todas las visiones).
Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
Que cuando las seis conciencias y sus seis objetos se disuelvan en el corazón
y surja la oscuridad, y la lluvia de sangre se asiente en el lago de sangre
y surja el gran sonido y surja la gran luz,
pueda yo reconocer todas mis visiones como ilusión.
Que pueda yo realizarme en la conciencia alerta innata que surge por sí misma.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo.
ORACiÓN DEL ESTADO INTERMEDIO: LA GUIRNALDA PRECIOSA Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al .
hijo conciencia.
Cuando la conciencia quede como huérfana, carente de soporte, y surja la visión del temible señor de la' muerte de la otra dimensión, y surjan las visiones engañosas de sonido, luz y rayos,
bendíceme para que pueda liberarme en el estado intermedio reconociéndolas como auto-energía que surge por sí misma. Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
Bendíceme para que pueda yo reconocer toda visión como ilusión. Bendíceme para que pueda yo cortar la posibilidad de nacer en los reinos inferiores.
Bendíceme para que pueda yo reconocer la esencia única de los tres tiempos.
Bendíceme para que pueda yo obtener la budeidad de los tres kayas .
. Bendíceme para que pueda yo alcanzar las cinco sabidurías.
Bendíceme para que pueda yo ayudar a innumerables seres sintientes. Oh, Maestro, desde tu compasión, bendíceme.
Bendíceme para que pueda yo cortar las visiones ilusorias del bardo. Bendíceme para que pueda yo conectar al espacio madre vacío y al hijo conciencia.
INTRODUCCIÓN
Crecí profundamente conectado con el poder del mundo natural; nuestra manera de vivir lo requería. No teníamos agua entubada ni estufas eléctricas. Acarreábamos el agua en cubetas desde un manantial cercano, calentábamos nuestras casas quemando leña y cocinábamos sobre fogatas. Teníamos un pequeño huerto donde cultivábamos hortalizas -cebollas y tomates- y, de esa manera, metíamos las manos en la tierra. Las lluvias del verano significaban tanto inundaciones como agua para el resto del año. La naturaleza no era conservada en parques o como adorno al otro lado de la ventana, y el contacto con los elementos no era por placer, aunque había placer en él. Por lo tanto, existía una relación directa entre nuestras vidas y el fuego, la madera, el agua y el clima. Para sobrevivir, dependíamos de los elementos burdos de la naturaleza.
Quizá dicha dependencia ayudó a que nuestra cultura, al igual que la mayoría de las culturas indígenas, comprendiera lo sagrado del mundo natural, lleno de vida, de seres y fuerzas tanto visibles como invisibles. Durante el Losar, la celebración tibetana del año nuevo, no bebíamos champaña para celebrar, sino que acudíamos al manantial local para llevar a cabo un ritual de gratitud. Hacíamos ofrendas a los nagas, los espíritus del agua, quienes activaban ese elemento en el área. Hacíamos ofrendas de humo a los espíritus locales asociados con el mundo
natural que nos rodeaba.
Creencias y conductas como las nuestras evolucionaron hace mucho tiempo y a menudo son vistas como primitivas en Occidente. Sin embargo, éstas no son sólo proyecciones de los temores humanos acerca del mundo natural, como sugieren algunos antropólogos e historiadores. Nuestra manera de
relacionamos con los elementos es resultado de las experiencias directas de nuestros sabios y personas comunes con la naturaleza sagrada de los elementos externos e internos, los que
denominamos tierra, agua, fuego, aire y espacio.
Mis propósitos al escribir este libro fueron tres: contribuir al respeto por el ambiente natural, el cual debe madurar si queremos evitar la degradación de la vida humana; hacer que
Occidente tenga acceso a la visión del mundo de la tradición tibetana, y demostrar que la comprensión de los elementos es clave para la comprensión de la práctica espiritual. Al conocer los elementos y nuestra relación con ellos, aquellos que siguen la senda espiritual, pueden saber por qué llevan a cabo ciertas
prácticas y cuáles de ellas son necesarias, cuándo y en qué situaciones aplicadas, así como las situaciones en las que una
práctica puede resultar ineficaz o aun ser un obstáculo. Las enseñanzas contenidas en este libro son originarias de la tradición tibetana Bón. El libro está centrado en prácticas que representan tres dimensiones del viaje espiritual. Éstas son prácticas tradicionales del Bón y del budismo tibetano; están
destinadas a ser aplicadas y realizadas, no sólo entendidas intelectualmente. A veces, pensamos que realmente conocemos
algo cuando tenemos información acerca de ello, que entendemos cualquier cosa acerca de la cual podemos hablar; pero
si no practicamos y sólo leemos acerca de la práctica, es como tener una medicina y hablar de ella en lugar de tomada y aliviamos.
La mayoría de las prácticas en este libro son de apoyo; mejoran la calidad de vida, promueven la sanación y ofrecen
cierta protección contra enfermedades y daños. Pueden mantenemos alertas en lugar de pasmados, relajados en lugar de
agitados; pueden contribuir a nuestra salud, vigor y placer en la vida. Todo esto es bueno y bien vale la pena. Sin embargo,
el uso más importante de las prácticas es desarrollar la espiritualidad, pues cambian la perspectiva acerca de la relación que
tenemos con el mundo natural y con nuestras propias experiencias; abren y expanden nuestro punto de vista y apoyan nuestras
prácticas meditativas. Cuando los elementos están fuera
de equilibrio, es difícil llevar a cabo la práctica de la meditación y es muy probable que en cambio nos veamos forzados
a trabajar con la enfermedad, la agitación, la pasividad y la distracción. Las prácticas presentadas aquí nos ayudan a superar los obstáculos externos, así como los trastornos mentales y
energéticos, al equilibrar los elementos en la dimensión del individuo. Por el contrario, cuando los elementos están equilibrados,
es más fácil permanecer en la naturaleza de la mente en la naturaleza búdica-, que es el método y la meta última del viaje espiritual.
En el libro, tanto las prácticas como la teoría de éstas aparecen juntas. Este arreglo es un reflejo de nuestra tradición,
la cual enseña que la manera en que vemos el mundo determina la calidad de nuestras prácticas y nuestra vida.
He tratado de incluir prácticas que pueden llevarse a cabo en la vida cotidiana; no tenemos que irnos de retiro para hacerlas, aunque podríamos hacerla si así lo decidiéramos; no necesitamos cancelar todas las citas en nuestra agenda. Todo lo que existe son los elementos, así que siempre podemos
practicar con ellos, en cualquier momento, donde sea que estemos y sin importar qué estemos haciendo.
En este libro he dado por hecho que el lector está familiarizado con ciertos términos. Por ejemplo, utilizo Dzogchen y su
traducción como "la Gran Perfección" de manera intercambiable. También utilizo "conciencia despierta innata", "conciencia despierta no dual", y "presencia no dual" como traducciones equivalentes de rigpa y "naturaleza de la mente" y
"estado natural" como sinónimos de la inseparabilidad del vacío y la claridad o luminosidad, la naturaleza búdica que es . nuestra verdadera naturaleza.
He incluido citas de textos tradicionales. Las traducciones no son exactas; las traduje por su significado más que de manera literal, palabra por palabra. Incluí referencias en la bibliografía para que cualquiera que esté interesado pueda ver el
material tibetano original. Las palabras tibetanas que se encuentran en el glosario están en letras cursivas cuando aparecen por
primera vez en el texto. Muchos de los términos utilizados en este libro están explicados con mayor detalle en mis libros anteriores, Wonders o/ the Natural Mind y The Tibetan Yogaso/ Dream and Sleep, ambos publicados por Snow Lion Publications. Hay gran cantidad de información en este libro; cuando el
lector se sienta saturado, deje de leer; tómese tiempo para digerir, para cotejar lo leído con sus experiencias. Así es como la enseñanza se vuelve parte de nuestra vida.
LA RELIGIÓN BON
Dado que muchas personas en Occidente no están familiarizadas con la tradición Bon, quiero relatar un poco de su historia. Como en la historia de cualquier tradición, de cualquier pueblo, de cualquier país, hay varias versiones de su pasado. La tradición oral afirma que la religión Bón empezó hace más de diecisiete mil años, pero los estudiosos modernos creen que fue mucho más tarde. De cualquier modo, el Bon es reconocido como la religión nativa del Tíbet y el origen de muchas
Yungdrung Bón (Bón Eterno) fue el primer camino completo de liberación espiritual en el Tíbet. Se inició con el Buda Tonpa Shenrab, nacido en la familia Mushen. Su padre fue Gyalbon Thokar y SU madre, Yoche Gyalzhema. Vivieron en 'Olmo Lung Ring, en el país llamado Tazig, lugar considerado por algunos como la nación al noroeste del Tíbet y por otros como la tierra mítica de Shambala.
La tradición afirma que hubo tres "puertas" o fuentes del Bon; la primera fue 'Olmo Lung Ring, en Tazig, y la segunda, en Asia Central, probablemente concentrada en la región de la antigua Persia. Los historiadores creen que el Bon prevalecía en toda Asia Central antes de que el Islam dominara las culturas establecidas ahí; asimismo afirman que muchos de los
vestigios descubiertos en esa región, que se suponían de origen budista, en realidad eran de origen bono La tercera fuente o «puerta» del Bon fue el reino de Zhang Zhung, el cual incluía gran parte de lo que ahora es el oeste del Tíbet. Las enseñanzas comenzaron en la primera puerta, se expandieron hacia la segunda y, por último, fueron enseñadas en Zhang Zhung y el Tíbet.
La leyenda dice que Tonpa Shenrab llegó a la tierra que ahora es el sur del Tíbet buscando unos caballos que habían sido robados por un demonio. Visitó la montaña sagrada Kong-Po, que aún es visitada por los peregrinos bon, quienes caminan en círculo en torno a ella a la manera propia del Bon, es
decir, en el sentido contrario al de las manecillas del reloj. Al llegar, se encontró con un pueblo primitivo cuya práctica espiritual estaba basada en el apaciguamiento de los espíritus
mediante el sacrificio de animales. Terminó con la práctica de sacrificio de animales enseñándoles a sustituir sus ofrendas por figuras hechas de harina de cebada, una práctica aun vigente en todas las tradiciones tibetanas.
Igual que todos los budas, Tonpa Shenrab instruía de acuerdo con la capacidad de sus estudiantes. Al percatarse de que los habitantes de Zhang Zhung no estaban preparados para recibir las enseñanzas más elevadas sobre la liberación, sólo les enseñó los vehículos inferiores, chamánicos, y rezó para que, mediante el empeño, la devoción y la aplicación, pudieran prepararse para los vehículos más elevados del sutra, tantra y Dzogchen. Con el tiempo, todas las enseñanzas de Tonpa Shenrab llegaron a Zhang Zhung.
Siglos más tarde, durante el período del segundo rey tibetano, Mu Khri Tsenpo, muchos de los ciclos de enseñanzas
fueron traducidos del idioma Zhang Zhung al tibetano. A pesar de que las enseñanzas habían existido en el Tíbet desde hacía siglos a través de la transmisión oral, ésta fue la primera vez que se registraron en el idioma tibetano escrito. Durante mucho tiempo, los estudiosos occidentales pensaban que Zhang
Zhung y el idioma de Zhang Zhung eran sólo mitos,· pero este punto de vista está siendo reconsiderado a medida que se descubren más fragmentos del idioma de Zhang Zhung. Se cree que los siete primeros reyes tibetanos murieron sin dejar atrás sus cuerpos físicos, una señal de gran logro espiritual. Algunos estudiosos creen que obtuvieron el "cuerpo de
luz", señal de iluminación característica del Dzogchen, lo cual sugiere que las enseñanzas Dzogchen ya existían en el Tíbet en esa época. Los estudiosos budistas creen que el Dzogchen llegó de la India, y aunque de hecho el B6n reconoce que una
de las tradiciones de Dzogchen llegó al Tíbet a través de la
India, sus principales ciclos de enseñanza Dzogchen son originarios de Zhang Zhung.
Las principales enseñanzas de B6n están incluidas en Los Nueve Caminos, también conocidos como los Nueve Vehículos. Se trata de nueve categorías de enseñanzas, cada una con su enfoque, prácticas y resultados particulares. Por ejemplo, los vehículos inferiores tienen que ver con medicina, astrología, adivinación, etcétera. Por encima de éstos están las enseñanzas
de sutra y de tantra. Por último, el vehículo supremo es la enseñanza Dzogchen, la Gran Perfección. Tradicionalmente, hay
tres versiones de los Nueve Caminos, conocidas como los Tesoros del Sur, del Norte y del Centro. La información acerca del
chamanismo incluida en este libro viene principalmente del Tesoro del Sur. El Tesoro del Centro es muy parecido a las enseñanzas budistas Nyingma. El Tesoro del Norte se perdió. Cada Tesoro incluye algunos aspectos de las enseñanzas de sutra, tantra y Dwgchen. Además, hay quince volúmenes que contienen las biografías principales del buda Tonpa Shenrab. De acuerdo con estadísticas chinas, Bón es el segundo
grupo religioso más populoso en el Tíbet y se encuentran bonpos en todas las regiones del Tíbet. Las enseñanzas antiguas
todavía son practicadas tanto por monjes como por yoguis laicos, y aun en el siglo 20 ha habido maestros del Bon que han logrado el "cuerpo de arco iris". Ésta es la señal máxima de realización plena en la tradición Dwgchen, en la cual, a la hora de la muerte, el practicante que ha alcanzado grandes logros libera los cinco elementos burdos que constituyen el
cuerpo. Él o ella los disuelve en su esencia, que es la luz elemental pura. Durante el proceso, las substancias del cuerpo se
disipan en un despliegue de luces multicolores y por esa razón se conoce esto como el cuerpo de arco iris. Algunas veces no queda ningún cuerpo, o quedan tan sólo el cabello y las uñas; pero de cualquier forma, la aparición del cuerpo arco iris es la señal de que el practicante ha alcanzado el nivel más alto de realización y no está atado a los dualismos de materia y mente o de vida y muerte.
Después de que los chinos invadieron el Tíbet, se puso en marcha un programa de entrenamiento riguroso para los monjes
monasterio de Tritsen Norbutse en Katmandú, Nepal. Esto se logró gracias a la ardua labor de Su Santidad Lungtok Tenpa'i Nyima Rínpoche, Lopon Tenzin N amdak Rínpoche y los monjes ancianos. El programa de enseñanza conduce 'al grado de
Geshe. La primera generación de Geshes fuera del Tíbet, de la . cual fui miembro, se graduó en 1986.
Muchas de las tradiciones bon, junto con varias tradiciones budistas tibetanas, se han perdido bajo el régimen político chino en el Tíbet, y muchas otras están amenazadas. Sin
embargo, tanto el Bon tibetano como el budismo, se están enraizando en India y en Nepal y extendiendo alrededor del
mundo.
Como algunos lectores saben, hay varios malentendido s acerca de la religión bon, aun entre los budistas tibetanos. El Bon sufrió la suerte de muchas de las religiones nativas, una suerte similar a la de las religiones nativas de Europa y América cuando se introdujo el cristianismo. Cuando una religión nueva se extiende en una cultura, suele apoyar su propio crecimiento en la descripción de la religión nativa en términos negativos, como algo que debe ser vencido y rechazado.
Me he dado cuenta de que muchos tibetanos, incluso lamas muy avanzados que no están familiarizados con la tradición o la literatura bon, hacen juicios negativos sin tener
información acerca del Bon, No comprendo esta actitud. Ciertamente, dicho prejuicio no sólo está dirigido hacia Bon el
prejuicio también existe entre las escuelas de budismo tibetano. Añado esta nota para que los estudiantes de Bon sepan de este prejuicio desafortunado antes de que se topen con él. Espero
que, a medida que se extiendan las formas tibetanas de la espiritualidad desde el Tíbet hacia el resto del mundo, esa estrecha
mentalidad estrecha prejuiciosa se quede atrás.
Por fortuna, hay muchos budistas tibetanos, laicos y monjes, personas comunes y lamas avanzados, que son herederos del movimiento no sectario que floreció en el Tíbet en el siglo XIX. La voz tibetana más sobresaliente que habla actualmente en favor de la tolerancia y el entendimiento es la de Su Santidad, el Decimocuarto Dalai Lama, quien ha reconocido
formalmente al Bón como una de las cinco tradiciones espirituales más importantes del Tíbet. En varias ocasiones ha
brindado apoyo y estímulo a Su Santidad Lungtok Tenpa'
Nyima Rínpoche y a Lopon Tenzin Namdak Rínpoche, pidiéndoles que conserven el patrimonio antiguo del Bon como
un tesoro para todos los tibetanos.
Los pueblos de Occidente están adoptando una actitud abierta hacia el Bon a medida que aprenden más acerca de esta
tradición. En sus textos encuentran un equilibrio entre el estudio y la práctica, entre la fe y cuestionamiento crítico. Asimismo, encuentran que el Bon, cuyas raíces se remontan a
tiempos anteriores a los registros históricos, tiene tradiciones plenamente desarrolladas de chamanismo, de filosofía y debate, monásticas, de transmisiones tántricas y de yogas, así como
las enseñanzas más avanzadas de la Gran Perfección. Si bien este libro está dirigido principalmente a los practicantes, espero que los estudiosos encuentren en él el sentido de la profundidad y la diversidad de las tradiciones espirituales del Bon.
Si las prácticas de la senda espiritual son llevadas a cabo con la comprensión y la aplicación correctas, traerán resultados. Los resultados desarrollan la fe. Cuando la fe es profunda y está basada en la certeza, incrementa la práctica. Juntas, la fe y la práctica conducen a la sabiduría y la felicidad. Mi deseo sincero es que este libro contribuya al bienestar y al progreso espiritual de todos aquellos que lo lean.
Maravillas de la mente natural. CAPíTULO 1
Los ELEMENTOS
En la cultura tibetana se considera que los cinco elementos tierra, agua, fuego, aire y espacio- son la sustancia de todas las cosas, objetos y procesos. El estudio de sus interacciones permea el pensamiento tibetano. El entendimiento de los elementos forma la base de la medicina, la astrología, el calendario
y la psicología, y es el fundamento de tradiciones espirituales del chamanismo, el tantra y el Dzogchen.
Los nombres de los elementos son simbólicos; sugieren
una descripción de las cualidades particulares y modos de acción análogos a los elementos que nos son familiares en el ambiente natural. Al igual que la mayoría de las culturas, la tradición
tibetana utiliza los elementos naturales como metáforas fundamentales para describir fuerzas tanto externas como internas.
Por ejemplo, se asignan a los elementos propiedades físicas: la tierra es solidez, el agua es cohesión, el fuego es temperatura, el aire es movimiento y el espacio es la dimensión espacial que alberga a los otros cuatro elementos activos. Además, los elementos están relacionados con diferentes emociones, temperamentos, direcciones, colores, gustos, tipos de cuerpo, enfermedades, maneras de pensar y carácter. A partir de los cinco
elementos surgen los cinco sentidos y los cinco campos de experiencia sensorial, las cinco emociones negativas y las cinco sabidurías, y las cinco extensiones del cuerpo. Son los cinco pranas primarios o energías vitales, así como los componentes de todo fenómeno físico, sensorial, mental y espiritual.
El uso metafórico de los elementos también es común en los idiomas de Occidente: una persona puede tener los pies en la tierra o andar flotando en el espacio, puede ser fluida o fogosa. La ira es caliente, la tristeza es acuosa; algunas actitudes pueden ser asentadas o estar al aire.
En las tradiciones tibetanas, los elementos no sólo son entendidos metafóricamente, también representan una distinción
más sutil y fundamental entre los cinco aspectos de la
de las dimensiones de existencia que no esté compuesto en su totalidad de las interacciones de estos cinco aspectos de la energía. Los procesos elementales crean el universo, lo sostienen y, finalmente, lo destruyen. Lo mismo se aplica a los seres individualmente: al nacer, el juego de los elementos crea el cuerpo, la mente y la personalidad; al morir, éstos se disuelven a medida que los elementos se colapsan uno en el otro. Durante toda la vida, la relación del individuo con los elementos
determina la calidad de su experiencia.
Hay poco beneficio en la idea de los elementos si ésta permanece abstracta, como el hecho de dividido todo entre cinco. El entendimiento de los elementos se vuelve útil cuando se lo relaciona con la experiencia y luego se lo utiliza
positivamente para afectar la calidad de nuestra vida. Pero antes de poder aplicar nuestro entendimiento, tenemos que familiarizamos con los elementos, relacionándonos con ellos por medio de imágenes y metáforas.
El cuerpo humano ha evolucionado durante cientos de
miles de años a través de su relación con el entorno físico. Esa historia es evidente en la satisfacción que experimentamos ante la belleza natural; la interacción con los elementos naturales puede sanamos y renovamos. Disfrutamos la tierra limpia del desierto y la tierra fértil del huerto. Nos recreamos en el océano, en un río o un lago. Nos relajamos con una ducha. Nos
embelesamos ante las llamas y disfrutamos del calor del sol o del fuego de una chimenea. Respiramos profundamente para calmamos, suspiramos para liberar tristeza, visitamos las montañas para revitalizarnos con aire puro. Y el cielo, la imagen
externa del espacio, nos fascina -su color, el clima que se desarrolla en él, la luz que lo impregna. Nos sentimos relajados en los espacios abiertos, y seguros en los espacios cerrados y cómodos; o nos sentimos ansiosos en los espacios abiertos y claustrofóbicos en los espacios cerrados. De una manera u otra, reaccionamos.
Cuando nos falta uno de los elementos, lo anhelamos. Nos alegramos cuando encontramos agua en un desierto. Después de estar en el mar durante un largo tiempo, cuando regresamos a la tierra, queremos besada. Cuando tenemos frío,
corremos hacia el fuego. Los cinco elementos burdos nos afectan profundamente en un nivel instintivo; pero en general
nos perdemos en la superficie de estas experiencias, sin damos cuenta de que la experiencia con los elementos puede conectamos con lo sagrado y puede conducimos a la sanación, al
equilibrio y hacia un entendimiento más profundo de nosotros mismos.
Parecería que cinco elementos son pocos para explicar toda la diversidad de objetos y seres, pero los cinco elementos- son cinco discernimientos que se ramifican continuamente en divisiones más sutiles.
Podemos aplicar esta comprensión a nuestro cuerpo, por ejemplo. El torso tiene cinco apéndices mayores: dos piernas, dos brazos y una cabeza. Cada uno de ellos se ramifica en otros cinco: los brazos y las piernas, en cinco dedos; la cabeza, en los cinco órganos sensoriales.
Una formulación tradicional describe la carne del cuerpo como la tierra; la sangre y otros fluidos corporales, como el agua; las energías químicas y eléctricas, y el calor metabólico, como el fuego; la respiración, el oxígeno y otros gases, como el aire, y el espacio que ocupa el cuerpo y los espacios dentro el cuerpo, así como la conciencia, como el elemento espacio. Además, cada uno de estos cinco, podría ser analizado en términos de los elementos: en la carne en sí puede encontrarse solidez (tierra), cohesión (agua), temperatura (fuego), movilidad (aire) y conciencia (espacio). Estas divisiones también
pueden ser aplicadas a la sangre: sólidos, fluidez, temperatura,
movimiento y espacio. y, desde luego, a cada una de las subdivisiones puede aplicarse el análisis de cinco partes, hasta
concluir, finalmente, que todo puede ser reducido a la esencia de las cinco energías elementales.
Las interacciones de los cinco elementos no sólo dan origen a partes del sistema, a cuerpos individuales y planetas, a programas de computación y árboles, sino también a todos los reinos de la existencia en todas las dimensiones. El dinamismo de los cinco elementos subyace en las complejidades de todo lo que existe.
Los TRES NIVELES DE LA PRACTICA ESPIRITUAL
El uso de los elementos en la práctica espiritual varía de acuerdo con el tipo de enfoque, ya sea chamanismo, tantra o
Dzogchen; es decir, en los niveles externo, interno o secreto. EXTERNO:
De manera externa, los elementos no son sólo los elementos burdos de nuestra experiencia sensorial -la tierra en la que vivimos, el agua que bebemos, el fuego que nos calienta, el aire que respiramos y el espacio a través del cual nos movemos-; también son los espíritus vinculados con los elementos.
Éstos incluyen diosas, espíritus elementales y otros seres. El trabajo con estos seres es una práctica común en la cultura tibetana y pertenece al ámbito de lo que denomino chamanismo, aunque quiero aclarar que no existe una palabra equivalente a "chamanismo" en el idioma tibetano.
Las tradiciones tibetanas que se refieren al trabajo con espíritus se originaron en el Bon, pero actualmente se encuentran
en toda la cultura tibetana. Muchas de las decisiones
hechas por oficiales tibetanos y lamas avanzados en monasterios de todas las sectas se toman, en parte, mediante la consulta de oráculos humanos y seres no físicos. A los tibetanos
para algunos de ellos la palabra está relacionada con el sacrificio de animales o con una espiritualidad más primitiva. Aquello a lo que me refiero aquí no tiene nada que ver con eso, sino con las prácticas aprendidas en los primeros cuatro de los nueve niveles de enseñanzas espirituales del Tesoro del Sur de las enseñanzas del Bon, ..
INTERNO:
Los elementos internos son las energías de los elementos, más -que sus formas. En el cuerpo, éstas son las energías físicas -que bombean nuestra sangre, digieren nuestra comida y encienden nuestras neuronas. También son las energías más sutiles en las que se basan y de las cuales dependen nuestra salud y nuestras capacidades. Actualmente algunas de estas energías sutiles son reconocidas y estudiadas en Occidente gracias a una reciente familiaridad con los modelos de medicina oriental que
informan la acupuntura y a los usos novedosos que los médicos e investigadores occidentales están dando a los distintos
tratamientos basados en las vibraciones. Existen además otras energías mucho más sutiles que no pueden ser detectadas por mediciones físicas, pero a las cuales se puede tener acceso mediante la experiencia directa a través de disciplinas contemplativas
y yóguicas. Este nivel más sutil de energía elemental
no sólo se encuentra dentro del cuerpo, sino que también es . la dimensión de la energía que los practicantes expertos de
feng shui -el arte chino de ubicar adecuadamente los objetos perciben en el ambiente. Éstas son las energías que se manifiestan
en fenómenos grupales tales como la conducta de las
masas, el patriotismo y otros. El tantra trabaja con estas energías, guiándolas en el cuerpo con propósitos específicos valiéndose de medios yóguicos directos que incluyen la postura
física, la respiración, la visualización y los mantras. El tantra reconoce las energías como fuerzas divinas.
SECRETO:
La dimensión secreta de los elementos existe más allá de la dualidad y, por tanto, es difícil describirla con el lenguaje, el cual necesariamente divide la experiencia en objetos separados. La dimensión más sutil de los elementos es la luz radiante del ser, las "cinco luces puras", aspectos de la luminosidad o claridad que, unidos inseparablemente con el vacío, son el fundamento de todo. Las prácticas y enseñanzas asociadas con este nivel de los elementos provienen del Dzogchen, la Gran Perfección.
Estas tres dimensiones están separadas sólo conceptualmente. Es importante tener presente ese hecho al leer este libro, ya que es un error pensar que lo externo, lo interno y lo secreto puedan realmente estar divididos, o que las prácticas externas, el tantra y el Dzogchen sean mutuamente excluyentes. La confusión a este respecto da lugar a muchas de las grandes divisiones
en las creencias: las religiones que no toman en cuenta
la vida del cuerpo o que desconfían de ella, las culturas seculares que no reconocen la naturaleza sagrada de la tierra, o la
preocupación por el bienestar material que ignora el desarrollo espiritual. Todo en la vida es importante y surge de los elementos sagrados.
La perspectiva de Dzogchen es esencial y contiene a las demás, pero eso no significa que haya que desdeñar las perspectivas inferiores. Creer que todo es luminosidad insustancial es muy diferente de ser capaz de atravesar muros. La práctica más elevada es la más eficaz, no necesariamente la que está clasificada como "más elevada".
LA RELACIÓN CON LO SAGRADO
En el chamanismo, el tantra y el Dzogchen, los elementos son considerados sagrados, como fuerzas subyacentes de la existencia. Debido a que son sagrados, todo lo que surge de ellos
-y esto quiere decir todas las cosas- es igualmente sagrado. La naturaleza externa es sagrada y el cuerpo es sagrado. Los elementos dentro y fuera surgen juntos, de la misma fuente.
El calor del sol y el calor del corazón difieren en grado, no en cualidad. El agua de los océanos no es diferente del agua de nuestro cuerpo. Nuestra carne está formada a partir de los elementos de la tierra y se disolverá en la tierra. El aire de nuestros pulmones es el mismo aire que surca el halcón. El espacio en el que surge el universo, el espacio que ocupa el sillón en nuestra sala y el espacio en el que surgen nuestros pensamientos es el mismo espacio y es sagrado. Y todo lo que está en el espacio -lo sustancial y lo insustancial, la materia y la mente- es los elementos.
Así como los elementos en el cuerpo son sagrados, la conciencia que surge de ellos también es sagrada. Ya sea de sabiduría o pasión, sueño o pesadilla, la experiencia viva de los seres es un despliegue de la interacción de los elementos puros con la conciencia despierta. La conciencia despierta innata también está integrada con los elementos. Es el nivel más puro y sutil de los cinco elementos en equilibrio perfecto, la quinta- . esencia de la luminosidad de la base de la existencia.
En algún momento de la historia de Occidente, el sentido de la relación sagrada se perdió para mucha gente. Podemos ser testigos de relaciones sagradas, o leer acerca de ellas, en la relación del chamán con el mundo natural o en la relación del
practicante tántrico con las deidades, pero a menudo no tenemos una relación así con nuestra propia vida.
Pregúntate qué significa "sagrado" para ti. ¿Tienes alguna relación que consideres sagrada? Si es así, ¿está basada en tu propio sentido de lo sagrado o está compuesta de conductas que aprendiste de los demás? ¿Qué es lo que verdaderamente consideras como sagrado en tu vida?
Sin un sentido de lo sagrado, es difícil tener fe en la instrucción religiosa. En el Tíbet se dice que si uno trata a su maestro como a un perro, las enseñanzas son tan inservibles como la comida echada a perder. Si uno trata a su maestro como a un amigo, las enseñanzas lo nutren igual que el alimentó fresco. Si uno trata a su maestro como a una deidad, las enseñanzas son como néctar divino. De manera similar, si nos relacionamos con el mundo natural como si fuera una colección de
procesos mecánicos sin vida, el mundo no tiene vida para nosotros. Si nos relacionamos con nuestros cuerpos como si fueran
máquinas, son máquinas para nosotros. Si nos relacionamos con la religión como si fuera una fantasía, es una fantasía para nosotros. Pero si nos relacionamos con el mundo como algo viviente, lleno de espíritus y seres elementales, el mundo natural nos habla. Como en el tantra, si el cuerpo es considerado como un palacio divino y resultado de la buena fortuna,
como el mejor vehículo posible para alcanzar la iluminación, se convierte en un vehículo que puede llevamos más allá de la muerte. Si nos relacionamos con el dharma, es decir, las enseñanzas espirituales, como enseñanzas sagradas que nos conducirán por el sendero de la verdad, el dharma ciertamente
nos conducirá a la verdad. Si nos relacionamos con los elementos -con el mundo natural, con nuestro cuerpo y nuestra
mente- de manera sagrada, entonces se vuelven sagrados. Esto no es un truco psicológico: es un reconocimiento de nuestra situación real.
Las relaciones sagradas no sólo están definidas en términos de cómo nos relacionamos con aquello que está fuera de nosotros. Relacionamos con lo sagrado también nos conduce al
sentido más profundo de nosotros mismos, a lo que es sagrado en nosotros. Los chamanes conectados con la tierra encuentran dentro de sí mismos la conexión con la vida entera, con
los poderes y fuerzas que controlan al mundo. Los practicantes tántricos encuentran que la devoción a las deidades los lleva al reconocimiento de que su ser más profundo es la deidad. En el Guru yoga, el estudiante debe encontrar la mente del maestro dentro de sí mismo. La relación sagrada encuentra algo
sagrado afuera, pero aquello que reconoce lo sagrado en el exterior es lo sagrado en el interior.
Estamos relacionados con todo y esta vida es eso: la relación con todo. Podemos tener relaciones amistosas que nos
nutran y nos ayuden, yeso es bueno; nos apoyan y nos satisfacen como seres humanos. Pero si no tenemos una relación
sagrada con el medio ambiente, con las personas, con las imágenes religiosas, con los mantras, y con todo lo demás, eso
quiere decir que el aspecto sagrado de nuestra vida está muriendo, está enterrado o no hemos recurrido a él. No ha sido
enriquecido o expresado. No surge en nuestra experiencia interna porque no ha encontrado un complemento similar en el mundo exterior; no hay nada que lo evoque o lo alimente. Así, desaparece de nuestra vida y de nuestra cultura, se vuelve una abstracción, o se ve reducido a mitología o psicología.
En el mundo moderno es fácil perder el sentido de lo sagrado. Muchos de nosotros vivimos sin conexión con el poder del mundo natural y conocemos éste como algo rodeado de cercas en los parques y domesticado en los jardines. Detrás de la luz reflejada de la ciudad, la noche ya no es oscura y vasta. La temperatura de nuestras casas está controlada. Muchos de nosotros hemos perdido fe en la religión y vivimos en un mundo en el cual la vida ha sido reducida a una reacción química, las estrellas son procesos de material muerto, y no existe la vida después de la muerte del cuerpo. Las sociedades de Occidente han creado tecnologías, arte y ciencias asombrosos; pero vivir en un mundo inerte, dependiendo del entretenimiento para obtener satisfacciones efímeras, es un precio
triste e innecesario que pagar por dichos avances.
La falta de relación con lo sagrado puede ser un obstáculo en la senda espiritual. Aprendemos algo -digamos las prácticas
físicas en este libro- y nos sentimos mejor. Las tratamos simplemente como algo que nos hace sentir bien, igual que caminar
o pasear en bicicleta.
Podemos interpretar las prácticas chamánicas sólo como
símbolos utilizados para manipular procesos psicológicos mecánicos. Pero cuando realmente necesitamos ayuda, no acudimos
a aquello que consideramos sólo psicológico; esto se debe a que nos parece más pequeño que lo que somos en nuestra totalidad. En una relación sagrada -con los elementos, deidades, maestros, textos sagrados- recurrimos a algo mayor que
nosotros, más grande que nuestros problemas. Acudimos a
algo sagrado, de mayor valor y significado que nuestra depresión, nuestra ansiedad, nuestro odio hacia nosotros mismos o
nuestra desilusión.
Si pasamos demasiado tiempo en relaciones caracterizadas por la desconfianza, la ira, la falta de respeto y demás, cada parte de nuestra vida se ve afectada. Vemos las cosas a través de una luz más negativa. Cuando pasamos la mayoría del tiempo en relaciones sagradas, nuestra vida es afectada de manera positiva. Los sentimientos dolorosos no nos parecen tan grandes y empezamos a ver la esencia sagrada de todos los seres.
El desarrollo de la fe y la gratitud nos conducen a relaciones sagradas. Es bueno reflexionar acerca del linaje ancestral de las enseñanzas, acerca de los hombres y mujeres que las han seguido a lo largo de los siglos. Ellos viajaron lejos por la senda porque la reconocieron como una travesía sagrada hacia el centro de sí mismos y del mundo. Ahora nos toca a nosotros. Tenemos la fortuna de inclinamos hacia una vida espiritual y de haber encontrado las enseñanzas apropiadas de una tradición viva. Al abrir nuestro corazón y nuestra mente a las enseñanzas, empezamos a abrimos en muchas dimensiones. Nos
abrimos a las energías sagradas y somos sanados y bendecidos por ellas. Nuestro bienestar se torna independiente de las
circunstancias externas. El mundo se ensancha y reconocemos que todo en él está vivo. No se trata ya del universo de materia inerte de los nihilistas o del mundo material impuro de los dualistas. Nos conectamos con las energías sagradas, creativas, cuyo despliegue es la existencia en sí.
¿Cómo podemos desarrollar el sentido de lo sagrado? Recordando que la fuente de todo es sagrada, que el espacio y la luz
son sagrados. Toda apariencia es bella si podemos ir más allá del prejuicio y reconocer la naturaleza radiante y vibrante de los fenómenos. Recuerda que todos los seres tienen la naturaleza búdica; recuerda lo sagrado de la tradición religiosa. Dedica tiempo al contacto con la naturaleza, particularmente en aquellos lugares que sean especiales para ti y ábrete a la belleza del mundo natural. Comienza cada período de prácticas con una plegaria y abre tu corazón. Termina cada período de prácticas dedicándolas al beneficio de todos los seres. Haz la práctica como una manera de ayudar a aliviar el sufrimiento de todos
tus seres queridos. La práctica espiritual es una actividad destinada al beneficio de todos, no sólo al tuyo. Mira el cielo nocturno cuando puedas ver las estrellas, siente la inmensidad y la magnificencia del universo. Piensa en la complejidad de tu propio cuerpo, en las misteriosas funciones que sostienen
tu existencia. Amplía tu mente y llegarás necesariamente a misterios que son a tal grado más grandes que las preocupaciones
cotidianas, que al encontrarte con ellos te sentirás sobrecogido y experimentarás lo sagrado.
Cuando trabajamos con los elementos, estamos trabajando con el fundamento de la experiencia y del experimentador. Reconocer los elementos en el mundo natural, su belleza, su interacción, entrar en la danza sagrada de los elementos, es habitar un mundo viviente lleno de misterio y potencial. LAS CINCO LUCES PURAS.
La dimensión más sutil de los cinco elementos se conoce como "las cinco luces puras". En la tradición Dzogchen existen muchos textos de enseñanzas acerca de los elementos. Me estoy
basando en dos de los textos principales del Zhang Zhung Nyan Gyud -ciclo básico de las enseñanzas de Dzogchen en la tradición Bon- que explican detalladamente las cinco luces. Estos textos son: Las seis lámparas (Sgron-ma drug) y El espejo de la mente luminosa ('Od-gsal sems-kyi me-long). Una enseñanza, que en parte es una historia, explica cómo las energías
elementales, aunque siempre puras en sí mismas, llegan a ser percibidas como sustanciales. También es la historia de cómo, en el estado intermedio (bardo) entre la muerte y el nacimiento, el individuo va hacia las ilusiones del sarnsara, o bien hacia la libertad del nirvana. En otro nivel, es la descripción de lo que podemos hacer, en cualquier momento, para dejar de estar atrapados por las visiones kármicas y permanecer en el estado natural de la mente. La enseñanza dice algo así:
Para cada uno de nosotros, todo comienza con el espacio primordial, la Gran Madre, a partir de la cual todas las cosas
surgen, en la cual todas las cosas existen y en la cual se disuelven todas las cosas. En este espacio hay movimiento. ¿Qué lo
causa? Nadie lo sabe. Las enseñanzas sólo dicen: "los vientos del karma se movieron." Este es el movimiento del nivel más sutil de lung o prana, la energía que permea el espacio infinito sin características ni divisiones. Unido inseparablemente al flujo del prana está el flujo de la conciencia primordial, pura y sin identidad. En esta conciencia despierta pura surgen las cinco luces.
Las cinco luces son aspectos de la luminosidad primordial; son las cinco luces puras, el nivel más sutil de los elementos. Hablamos de la luz y del color de las cinco luces puras, pero esto es meramente simbólico.
Las cinco luces puras son más sutiles que la luz visible, más sutiles que cualquier objeto
percibido por el ojo, más sutiles que cualquier energía medida o percibida por cualquier medio. Son las energías de las cuales surgen todas las demás energías, incluyendo la luz visible. La luz blanca o sin color es espacio, la luz verde es aire, la roja es fuego, la azul es agua y la amarilla, tierra. Éstos son los cinco aspectos de la luminosidad pura, las energías en forma de arco iris de la esfera única de la existencia (tigle nyag chik). Si las cinco luces son experimentadas de manera dual,
como objetos de un sujeto que las percibe, entonces parecen adquirir mayor sustancia. Las cinco luces no se hacen más burdas, sino que, a través de las distorsiones de la visión dual, el individuo las percibe como más burdas. A medida que los elementos parecen volverse más sustanciales, se distinguen más entre sí y, mediante sus interacciones, manifiestan todos los fenómenos, incluyendo el sujeto y los objetos que conforman la experiencia dual.
Finalmente, las cinco luces se convierten en los elementos burdos, físicos, naturales, y en cinco categorías que incluyen cualidades pertenecientes a la realidad externa. Se convierten en dimensiones diferentes de la existencia, diversos reinos en los que existen seres con o sin forma. Internamente, las cinco luces parecen densificarse y formar los órganos, las cinco ramificaciones del cuerpo, los cinco dedos de cada mano, los cinco dedos de cada pie, los cinco sentidos y los cinco campos sensoriales. Las cinco luces se convierten en las cinco
emociones negativas si permanecemos en el engaño, o en las cinco sabidurías y en las cinco familias búdicas, si reconocemos su pureza.
Ésta no es una historia acerca de una creación que ocurrió en
el pasado lejano. Es acerca de cómo vivimos como seres individuales y de la ignorancia y la iluminación. Si las cinco luces
son reconocidas como la manifestación no dual e incesante de la base pura de la existencia (kunzhz), entonces comienza el nirvana. Si las cinco luces son percibidas de manera dual y se piensa que existen externamente, como objetos de un sujeto, entonces el samsara comienza. La conciencia despierta no se vuelve ilusoria o iluminada =permanece pura y no dual- pero las cualidades que surgen en ella pueden ser positivas o negativas. Si la conciencia despierta se integra y se identifica con
las cualidades puras, surge de la base un buda; si se integra y se identifica con las impuras, surge un ser samsárico. En este momento, ahora mismo, el proceso está en curso.
Dependiendo de si integramos experiencia inmediata con la conciencia despierta no dual, o nos aferramos a la separación falsa de nuestro ser como sujetos que experimentan objetos o entidades externas, nos encontraremos en el estado natural no dual, o bien en la mente engañada.
La historia de las cinco luces nos puede enseñar cómo trabajar con la experiencia. Lo que se manifiesta en la experiencia, por lo general empieza en niveles sutiles y continúa hacia niveles más burdos. Así ocurre en cualquier proceso que conduzca "a algo nuevo, a nuevas entidades, ya sea el nacimiento de una idea o de un planeta. El cuerpo físico de un individuo comienza con un deseo que resulta en sexo que hace que dos
pequeñas células se unan y se desarrollen en un cuerpo humano completo. El lenguaje empieza con el sonido puro que
conduce hacia un significado y a todas las filosofías y poesías de los seres humanos. Los físicos nos dicen que el universo nace de energía condensada en un punto sin dimensiones, y que un proceso de estructuras cada vez más complejas surge en forma de estrellas, planetas y organismos. A menudo, los problemas empiezan a partir de un malentendido, tal como
una diferencia de ideas religiosas o políticas, que dan como resultado altercados, antagonismos interminables y aun guerras.
Las disposiciones y condicionamientos kármicos determinan la naturaleza del mundo que habitamos: aquello que
experimentamos de manera externa es una proyección de lo interno. Para algunas personas este mundo es un infierno, para otras es el cielo.
Las filosofías bon y budista nos dicen que- más allá de
todas estas diferencias- todos los objetos y todos los seres están desprovistos de existencia inherente y finalmente son insustanciales por completo. La física moderna acepta que la
materia está hecha de energía y espacio.
Podemos decir que todo es insustancial o vacío, pero, ciertamente, en nuestra experiencia las cosas son sustanciales y separadas. Si nos paramos frente a un camión que viene hacia
nosotros, insistiendo en que es un fenómeno insustancial, nos arrollará. Pero debemos empezar a cambiar nuestra mentalidad con respecto a la condición de los fenómenos. Cuando
hecha de objetos sólidos y entidades sustanciales diferenciadas, reafirmamos la continuación del mundo ordinario. No
se trata de filosofía abstracta. Si reaccionamos ante nuestros problemas como si fueran reales y sólidos, así lo son en nuestra experiencia. Pero si los reconocemos como efímeros o como espejismos, un despliegue de las energías elementales sagradas en un espacio vasto, dejan de ser problemas.
Dado que la historia de las cinco luces puras no es la historia que la ciencia nos relata, puede ser tomada como una fantasía, como algo que no es verdadero -lo que usualmente significa que no es un hecho. Las cinco luces puras no pueden ser medidas o pesadas; no son hechos, de la manera en que lo es un
auto o una tormenta. Pero los hechos no son toda la verdad. Las enseñanzas espirituales continuamente lo demuestran. Mientras que nosotros aceptamos como un hecho que existimos rodeados de cosas sustanciales inanimadas, así como de
entidades sustanciales vivientes, el dharma nos dice que no hay cosas ni entidades separadas, intrínsecamente existentes. Nadie nos puede demostrar el amor como un hecho, pero cuando nos enamoramos, sin duda el amor es real.
Los cinco elementos son verdaderos, como lo es el amor y como lo es un automóvil. Un auto está hecho de elementos: la tierra dura del metal, el agua de la gasolina y el aceite, el fuego de la combustión, el aire que permite que el gas se queme, y el espacio que permite que el auto exista. Considera por un minuto que el "auto" no es tal, considéralo como la interacción de los cinco elementos. Así es cómo tenemos que pensar acerca de los elementos.
La historia de las cinco luces y las historias que aparecen más adelante en el libro no tienen el propósito de entretener al lector, ni deben ser consideradas como hechos. Más bien, esta historia es más verdadera que los hechos, y por eso, si es comprendida realmente, puede cambiar la manera en la que experimentamos el mundo. Con un entendimiento profundo de cómo el mundo, aparentemente sólido, es en realidad la interacción de luz elemental pura, podemos encontrar la paz aun en un mundo aquejado de problemas, las dificultades
pueden ser erradicadas antes de que se manifiesten, y finalmente, la naturaleza de la mente puede ser realizada en su
totalidad. Hay una secuencia o curso de todas las cosas que surgen. Sabiendo esto, podemos saber cómo detener los procesos negativos e iniciar y sostener los procesos positivos.
LA DISOLUCIÓN DE LOS ELEMENTOS:
La manifestación sustancial comienza en la dimensión sutil, no física, de los elementos y avanza hacia la manifestación más densa. Éste es el proceso creativo por medio del cual las cosas y las entidades surgen. El proceso de la muerte, descrito en la oración que aparece al principio de este libro, se mueve en dirección contraria, desde lo sustancial hacia lo insustancial.
internos, la persona que muere experimenta fenómenos físicos y visiones particulares. Éstos están relacionados con la energía del elemento tierra que se disuelve en el agua, el agua en el fuego, el fuego en el aire, y el aire en el espacio. Los practicantes tántricos se entrenan regularmente en el proceso de la muerte para que, cuando ésta ocurra, puedan encontrar una senda a través de ella, mantener la conciencia despierta y realizar completamente la práctica.
El proceso de la disolución no sólo está relacionado con la muerte, sino también con los procesos de dormir y de despertar. Así como la muerte puede revelar a los practicantes preparados aquello que es inalterable y no originado, también la
disolución de los elementos en la experiencia puede conducir a la comprensión fundamental de que todo lo que existe es espacio y luz pura.
LA COMPRENSIÓN A TRAVÉS DE LOS ELEMENTOS. Pensar en términos de los elementos no significa renunciar a nuestro entendimiento de la química, física, medicina y psicología modernas. Los elementos nos proporcionan una metáfora
más fundamental que nos ayuda a explicar la dinámica
que está detrás de estas disciplinas. Mediante el entendimiento
de los elementos, podemos ver que las dimensiones de la experiencia, aparentemente distintas, en realidad sólo son niveles
más sutiles o más densos de los elementos. Un exceso de fuego, por ejemplo, se manifiesta tanto en la dimensión física,
como en la energética, mental y espiritual. Estas dimensiones no son distintas realmente, son presentaciones más refinadas (o más densas) de los mismos componentes básicos. Así, el fuego es tanto la energía del sol, dadora de vida, como el incendio forestal que destruye la vida. Es el calor del sistema
digestivo, la creatividad de la mente, la luz roja del arco iris, el fenómeno de la temperatura, las emociones de odio y de
deseo, la calidez de la compasión, la sabiduría del discernimiento, y uno de los cinco aspectos más sutiles y fundamentales
del ser.
Cuando entendemos el carácter inclusivo de los cinco elementos, vemos que todo surge de manera conjunta, nada está
completamente separado de ninguna otra cosa, y todo se ve afectado por todo lo demás. La ansiedad puede ser calmada por medio de rituales, medicamentos, ejercicio, meditación, amor, masaje o un baño caliente, porque la ansiedad es un exceso de fuego o aire, o una insuficiencia de tierra o agua. Cualquier cosa que esté relacionada con este desequilibrio en cualquier nivel tendrá un efecto en todos los niveles. Desde luego, en un momento dado, un método puede ser más adecuado que otro. Si estás sangrando, es mejor ponerte una
venda o amarrarte un torniquete que hacer yoga. O si estás CÓMO RELACIONARSE CON LOS ELEMENTOS: atascado en el mal humor, es mejor ser capaz de trabajar con
la energía en tu cuerpo que recurrir a la cirugía. Este punto de vista también es aceptado en Occidente, aunque no se lo expresa de esta manera. Ha llegado a ser del conocimiento común que la enfermedad en el cuerpo afecta el estado de ánimo y la mente, y que la mente afecta las emociones y al cuerpo. Ahora esto nos parece obvio, pero sólo recientemente la medicina occidental ha empezado a recetar
prácticas de relajación, ejercicio, meditación y yoga para revertir las enfermedades del corazón y como ayuda en los trastornos de estados de ánimo.
Si aplicamos una comprensión de los elementos a nuestra
experiencia, podemos describir y examinar de manera útil cualquier situación en cualquier dimensión. Cuando experimentamos
niveles más burdos o más sutiles de los elementos, estamos experimentando niveles más burdos o más sutiles de nosotros mismos.
COMO RELACIONARSE CON LOS ELEMENTOS Como mencioné antes, los elementos están asociados con las emociones, los tipos de personalidad, los estilos cognoscitivos y otros aspectos de la experiencia, incluyendo la experiencia visionaria y meditativa. Una vez que se ha entendido qué son los elementos, es posible reconocerlos en estas dimensiones. Las siguientes descripciones de los elementos no tienen la intención de ser exhaustivas sino de enfocamos en los elementos a los que tenemos acceso de manera más directa en la experiencia. No incluyen los aspectos médicos de los elementos,
los cuales afectan profundamente la experiencia pero están más allá del alcance de este libro. Apuntan hacia las experiencias emocionales, energéticas y cognoscitivas que ya tenemos,
y a los patrones de comportamiento que podemos reconocer
fácilmente en nosotros mismos y en otras personas. Las descripciones enfatizan los aspectos negativos de los elementos
porque éste es un libro acerca de sanación y crecimiento espiritual, y los aspectos positivos no necesitan ser sanados ni
superados.
Las descripciones son generales para que puedan ser aplicadas ampliamente. Es de mayor utilidad tener un entendimiento amplio de los elementos en la experiencia que acumular detalles de la correspondencia elemental; pero también es
bueno recordar, al leer estas simplificaciones, que las interacciones de los elementos son lo suficientemente complejas como
para dar origen a todo lo que existe. Cada elemento contiene a los demás y, además, trabaja a favor y en contra de los demás elementos en interacciones diversas. Por ejemplo, si un fuego es grande, el aire favorece su crecimiento; si el fuego es pequeño, el viento lo apaga. De manera similar, en nuestra experiencia los elementos se sustentan y se destruyen unos a otros, y lo que ocurre depende de la situación particular.
El equilibrio de los elementos es siempre dinámico y cambia en mayor o menor grado en situaciones y condiciones
distintas. También es verdad que uno o más elementos pueden ser especialmente dominantes o deficientes en los individuos. Busca las cualidades que son más consistentes en tu experiencia y conductas habituales para reconocer cuáles de los elementos son dominantes o deficientes en ti.
TIERRA.
La tierra es la base de nuestra vida ordinaria. En la visión chamánica del mundo,
la tierra es el centro de todo y está situada al centro del mandala, tanto en
representaciones gráficas como en la experiencia. (En tantra y Dzogchen, el espacio es considerado la base y el centro.)
La mayoría de las cualidades elementales de la tierra pueden ser percibidas de manera intuitiva: pesada, sólida, conectada, segura. La tierra tiene gravedad. Puede ser rica y fértil cuando está en armonía con los demás elementos -cuando hay suficiente calor, humedad y buena ventilación. También puede ser fría e insoportable si no hay suficiente calor, árida y áspera si no hay suficiente agua, y estéril y sin vida si le falta arre.
Cuando en nosotros la tierra está equilibrada, nos sentimos estables, firmes, confiados. No somos demasiado pesados
ni demasiado ligeros. Estamos arraigados en nuestra experiencia. No es fácil que perdamos el equilibrio ni el contacto con
lo que es importante. Cuando sabemos algo, no perdemos ese conocimiento. Nuestra fe es estable. Nuestras intenciones no son fácilmente desviadas por el impulso y nuestros esfuerzos son consistentes. Somos responsables y podemos valemos por
nosotros mismos. La dimensión más elevada de esta cualidad es el arraigo en el ser puro.
Si hay demasiada tierra, todo nos cuesta trabajo, somos lentos y perezosos, estamos embotados, apagados, demasiado sólidos, incapaces de movemos. Nuestro pensamiento es pesado, literal y falto de creatividad. El exceso de tierra puede dar como resultado la depresión o la inmovilidad o la resignación en nuestras profesiones, en nuestras relaciones o en nuestras
prácticas espirituales. Entonces se hace difícil realizar cambios; nos identificamos con los problemas y éstos parecen ser muy sólidos. Nos agrada dormir. Intentamos meditar pero nos quedamos dormidos. Y después, al despertar, tendemos a olvidar
nuestros sueños parcial o totalmente. Un exceso de tierra puede hacemos insensibles o faltos de inspiración. El exceso de tierra puede hacer que estemos callados todo el tiempo o que, una vez que empezamos a hablar, no podamos parar. Llegar tarde a todas las citas o ser puntuales al minuto pueden ser expresiones del elemento tierra. Tradicionalmente, el aspecto negativo
de la tierra es la ignorancia.
Si tenemos poca tierra, no tenemos ancla. Somos volátiles,
divagamos o estamos agitados. Puesto que no podemos completar lo que empezamos, nos sentimos desarraigados e insatisfechos.
No nos sentimos en casa en ningún lado; siempre
estamos buscando algo que nos estabilice y nos haga sentir seguros.
Si nos falta tierra, existen distintas maneras de tomar arraigo. Además de hacer los ejercicios descritos más adelante en este libro, podemos utilizar otros enfoques adicionales. Por ejemplo, una casa segura, una relación sana, o un trabajo estable pueden ayudar a generar un sentido de arraigo. En ciertas
situaciones, el corregir la situación externa puede ser lo
apropiado. Una vez que desarrollamos cierta seguridad externamente, el sentido de estabilidad puede servir como base en
la cual desarrollar cualidades internas positivas. Por lo general, es mejor encontrar la cualidad positiva dentro de nosotros y manifestada hacia fuera, pero a veces resulta útil invertir la secuencia.
Cuando nos identificamos como entidades físicas, sustanciales, es natural que tratemos de encontrar estabilidad en condiciones externas, sustanciales. Cuando nos identificamos como
seres energéticos, tratamos de encontrada en nuestros sentimientos. Cuando nos identificamos con la conciencia despierta
pura, encontramos estabilidad en la base en la mente natural. La mente burda siente estabilidad en la tierra firme; la
conciencia despierta, que es más sutil e impersonal, se estabiliza en el espacio.
En función de la meditación práctica, el tener la tierra en equilibrio es un gran apoyo que resulta necesario. Aun en las prácticas más avanzadas, como las del vacío en sutra o la de Desapegarse cortando (trekchod) en Dzogchen, se recomiendan las prácticas de concentración que desarrollan las cualidades de la tierra y la estabilidad mental. Para avanzar en el camino de la meditación, la mente debe ser estable; la estabilidad surge mediante el fortalecimiento del elemento tierra. En las enseñanzas se dice que las personas en quienes predominan el fuego y el aire tendrán rápidamente experiencias espirituales, pero las perderán con la misma rapidez. Las personas en las que predomina la tierra y el agua pueden tardar más en tener las mismas experiencias pero, cuando lo logran, pueden sostenerlas y, a la larga, las desarrollarán con mayor rapidez.
Si no tienes estabilidad en tu práctica meditativa, desarrolla la cualidad de la tierra mediante el desarrollo de la concentración. Practica la estabilidad de la mente y el cuerpo. Come
alimentos más pesados y evita los estimulantes. Haz ejercicio. Por lo general sabemos lo que tenemos que hacer para remediar los problemas que surgen en nuestra práctica, pero no lo
hacemos. Una manera de desarrollar la consistencia del elemento tierra es forzarnos a hacer aquello que es mejor para
nosotros.
Una vez que hemos desarrollado la estabilidad de la mente por medio de la concentración, el movimiento no deseado de la mente aminora y cesa. La experiencia es clara y enraizada en el silencio, no está llena del murmullo constante de los pensamientos.
Las luces y los colores son más nítidos. Cuando
hemos sido introducidos a la naturaleza de la mente, es más fácil continuar en el estado natural e integrar la práctica con todas las actividades. La atención plena se vuelve natural y puede mantenerse a lo largo del día y, a la larga, también
durante la noche. Cuando la mente es estable, surge naturalmente la comprensión intuitiva, Esto es la mente que despierta.
No es concentración, sino un nivel de práctica más elevado que surge de la estabilidad mental.
Si hay demasiada tierra, el enfoque es totalmente distinto. Si es así, debes comer alimentos más ligeros y tratar de evitar el agotamiento. Practica ser flexible en tus pensamientos. Invoca las cualidades elementales del aire y del fuego para generar flexibilidad, creatividad y vitalidad.
Cuando el elemento tierra es desarrollado plenamente en
la práctica espiritual, se conviene en la sabiduría de la ecuanimidad. Ésta es la capacidad espiritual más elevada del elemento
tierra que permite al practicante estar firmemente
enraizado en la tierra y estable en cualquier situación, por más extrema que ésta sea, y reconocer la luminosa conciencia innata común en toda experiencia.
AGUA.
Cuando el elemento agua está en equilibrio, nos sentimos a gusto con nuestra
vida y con nosotros mismos. Podemos fluir, movemos con facilidad tanto en nuestro entorno como en las situaciones y relaciones de la vida. El agua en equilibrio, es la aceptación de las situaciones;
es el gozo y la satisfacción. La dimensión
superior del agua en la experiencia personal es la felicidad de ser; es la alegría de estar vivo que es algo innato, más que algo que dependa de las circunstancias externas. Cuando estamos conectados con el gozo del elemento agua, ésta se manifiesta
hacia fuera. Tendemos a estar contentos con la gente que conocemos, con los lugares a donde vamos. Disfrutamos la vida.
Esta alegría puede perderse con el sufrimiento inevitable que acompaña la experiencia dual. Y así, la buscamos afuera, creyendo que estaremos a gusto una vez que encontremos una pareja nueva, un trabajo nuevo, la riqueza, un grado académico, un título, el reconocimiento o aquello en lo que estemos
enfocados en el momento. Pensamos que la felicidad se encuentra en el tener y el hacer, en lugar de en el ser.
Una persona dominada por el elemento agua, puede ser
muy emotiva y sentimental, y algunas veces sentirse demasiado cómoda. El exceso de comodidad significa dejar resbalar las responsabilidades y flotar por la vida. Significa estar perdido en el confort, perder presencia, sentirse satisfecho en situaciones que deberían ser modificadas, o carecer de productividad.
Hay una tendencia a dejar de luchar cuando algo nos resulta difícil, aun cuando eso signifique renunciar a algo valioso. En la meditación, demasiada agua puede disminuir la claridad. Esto no es lo mismo que la pesadez y embotamiento
del elemento tierra, sino un tipo de pasividad que hace difícil el lograr completar las tareas y gozar de sus frutos.
El exceso de agua también puede ocasionar que nos perdamos en la emoción, que estemos constantemente agitados por
las olas de los sentimientos, demasiado sensibles a estados emocionales pasajeros, llorosos o atrapados en la auto conmiseración.
Más que estar atascados en la comodidad del elemento agua, estamos atascados en la marea de las emociones.
El tener muy poca agua da como resultado la incomodidad con nosotros mismos, la falta de alegría y de bienestar en compañía de los demás. Aun si estamos enraizados en la tierra, si no tenemos suficiente agua, la nuestra es una solidez árida, sin placer ni apreciación. Si tenemos una deficiencia de tierra y de agua, estaremos dominados por el fuego o el aire, o ambos, lo que dará como resultado una falta de estabilidad y una
agitación excesiva. La falta de agua en la meditación implica incomodidad interna en la práctica y una pérdida del gozo en el camino espiritual. La práctica puede volverse estéril y árida. Las prácticas que desarrollan los aspectos positivos del agua son las practicas afectivas. Para los practicantes de las tradiciones tibetanas, éstas serían: Guru yoga, que abre el corazón; el
desarrollo del amor y la compasión, y la práctica de dar y recibir. Si el corazón no está involucrado, la práctica espiritual
puede volverse sólo un proyecto de la mente; en las tradiciones tibetanas, la compasión y el amor se consideran necesarios en la senda espiritual. El desarrollo más elevado del elemento agua en la práctica espiritual es el desarrollo de la sabiduría que es como espejo.
FUEGO.
El aspecto positivo del fuego es la capacidad de crear, de iniciar proyectos en
todos los niveles y lograr aquello que la creatividad pone en movimiento. La intuición está relacionada con el fuego, así
como el entusiasmo y la exaltación. El fuego en equilibrio da como resultado iniciativas inspiradas, alegría en el trabajo
y logros. El fuego está relacionado con un gozo y una alegría que son diferentes del gozo del elemento agua, que está
vinculado con la aceptación y la satisfacción. El gozo del fuego está más relacionado con el entusiasmo y con el goce en el cuerpo, así como con el gozo de las experiencias del despertar. La experiencia más elevada del fuego es el gozo de ser. Su
expresión más elevada es el desarrollo de la sabiduría del discernimiento. Las personas con demasiado fuego se agitan con facilidad.