Bo Rachel -Dos Veces Bendecida
92
0
0
Texto completo
(2) Dos veces bendecida. Rachel Bo. RESUMEN El viaje a su libertad se iniciaba. La ruta, el calor la llevan a quitarse el sostén mientras conduce, con la buena fortuna que el viento lo lleva y lo deposita en el parabrisas de los dos hombres más hermosos que jamás viera. El sensual y breve encuentro con los hermanos Blake, siete años atrás, hizo arder la sangre en Jenny. Una promesa fue hecha ese día, pero ella la ha olvidado. En esta ocasión, los audaces hermanos, no se detendrán ante nada, hasta verla cumplida. Lo que Jenny no sabe es que no hará el amor con dos hombres, sino con dos hombres pertenecientes a una antigua raza de hombres lobos. ¿Podrá aceptar Jenny perder su amada libertad reconociendo que su propia sangre es quien ha llamado a esos hermosos hombres a ella?. El contenido de este libro, puede resultar ofensivo para algunos lectores: trío m/f/m; contacto sexual m/m, sexo con cambio de forma.. 2.
(3) Dos veces bendecida. Rachel Bo. PRÓLOGO Jenny se peinó con los dedos el pelo, amando la forma en que el viento los empujaba. a través de las sedosas hebras. Volando. sobre la autopista I-80 desde Nueva York hacia California, hacia una nueva ciudad, un nuevo trabajo, un nuevo estilo de vida, Jenny se sentía verdaderamente viva por primera vez en su vida. La radio comenzó con interferencias, y ella luchó con el dial en busca de una buena emisora de rock duro. Ese era uno de los problemas con estas solitarias extensiones de autopista, no había emisoras decentes dentro del rango. Su mente comenzó a divagar, mientras iba lentamente a través de las frecuencias. Después de trabajar seis años como enfermera, finalmente lo había abandonado todo. Para empezar, nunca había querido ser enfermera, pero sus padres se habían negado a pagarle cualquier carrera relacionada con el arte, hacia el cual se sentía verdaderamente inclinada. Así que Jenny, la siempre obediente hija, fue a la escuela de enfermería, graduándose con honores y viviendo la vida que sus padres querían que viviera. Sonrió al escuchar los primeros acordes de guitarra de una de sus canciones favoritas. Poniendo al máximo el volumen, cantó a voces la letra de la canción, junto con la banda. Esa era otra de las cosas que sus padres eran incapaces de comprender… sus gustos musicales. Durante años solo había podido escuchar la música que amaba cuando estaba fuera de casa. Así había transcurrido la mayor parte de su vida, tratando de ajustarse a la visión que sus padres tenían de ella, en vez de ser ella misma.. 3.
(4) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Cuando pasó a ser parte del mundo laboral, descubrió que se gustaba más cuando escuchaba sus propios deseos. Mientras la banda de la radio cantaba acerca de comenzar de nuevo, Jenny sonrió de oreja a oreja. Ser una misma se sentía tan bien, que comenzó a hacer planes, apenas dos meses después de graduarse. La canción llegó a su fin y apagó la radio para acallar todo el parloteo comercial, al tiempo que reflexionaba sobre los últimos años. Fue una época agotadora, pero no se arrepentía de nada. Había hecho todas las horas extra que pudo, para asistir a clases nocturnas en la escuela de arte. Con su segundo título en mano, buscó entre la más variada gama de trabajos, tanto en la costa este como en la oeste. Al final, todo valió la pena cuando recibió una excitante oferta de una compañía de la industria del espectáculo, un puesto en el que capitalizaría su interés de toda la vida por el diseño de vestuario y sus habilidades en costura. Sus muestras de diseño le habían reportado un puesto como diseñadora de vestuario y sastre, en una incipiente compañía, en California. Cediendo al sobrecogedor burbujeo de alegría que crecía en su interior, dejó salir un débil ¡Whoop! Se sintió tan bien, que lo hizo de nuevo, riéndose de si misma, mientras el viento arrebataba sus palabras, llevándolas lejos. La capota del Mustang descapotable rojo, que se había comprado como recompensa cuando recibió las noticias, estaba bajada, pero el brillante sol quemaba esa franja de carretera en Arizona y la brisa cálida no hacía nada por aliviar el calor, como en un horno. Por supuesto, tenían que necesitarme en agosto. Echó un vistazo a sus mejillas, coloradas por el sol, en el espejo retrovisor. No hay nada peor que conducir a través del país, en el mes más caluroso del año. Determinada a probarle que estaba en un error, una gota de. 4.
(5) Dos veces bendecida. Rachel Bo. transpiración resbaló por entre los omóplatos de Jenny, hasta ser absorbida por la tela de su sujetador, que se pegaba, empapado, a su piel.. Se. retorció. e. inmediatamente,. enmendó. su. anterior. pensamiento. Excepto un sujetador pegajoso. Jenny observó atentamente por el espejo retrovisor. Su descapotable y una camioneta azul, a varios metros de distancia, eran los únicos vehículos a la vista en este desierto tramo de autopista. Primero dudó, luego se encogió de hombros. La camioneta estaba bastante lejos, como para que cualquiera en su interior viera lo que estaba a punto de hacer, así que alcanzó hacia arriba, por debajo de la camisa y diestramente, desabrochó el sujetador. La amplia camisa sin mangas que vestía, le permitió que, en tanto sujetaba el volante con la mano derecha, pudiera deslizar sus dedos hacia dentro, y tras varios cambios de manos más, se las arregló para deslizarse fuera del sostén y sacarlo por debajo de la blusa. —¡Oh! —Jenny se quedó sin aliento y observó con incredulidad, como una ráfaga errante de viento le arrebataba la prenda de seda de entre los dedos. Mortificada, siguió el progreso de su sujetador, en tanto se alejaba flotando, bailando en el aire, hasta aterrizar suavemente sobre el parabrisas de la camioneta azul. —¡Diablos! —el calor subió a sus mejillas. Para. mayor. consternación,. un. esbelto,. bronceado. e. inequívocamente masculino brazo, salió a través de la ventanilla del acompañante y despegó su sujetador del parabrisas. Mirando, horrorizada, notó que el vehículo comenzaba a acelerar. —¡Mierda! Jenny dividió su atención, entre la carretera y la camioneta que se acercaba por detrás. Probablemente pensarían que era alguna. 5.
(6) Dos veces bendecida. Rachel Bo. clase de loca, que les había arrojado el sujetador a propósito. Oh, de acuerdo, podía manejar unos minutos de intenso bochorno. Entonces se le ocurrió. ¿Y si no eran personas agradables? ¿Y si trataban de sacarla de la carretera o algo? El pequeño descapotable, probablemente, podría rebasarlos, pero no estaba segura. Algunas camionetas podían dar, a un deportivo, una dura competencia. Aunque, generalmente, les costaba más ganar velocidad. Quizás, si esperaba a que estuvieran a su altura y luego pisaba el acelerador a fondo, fuera capaz de perderlos. —Solo un poco más cerca —murmuró, mirando al espejo. Con una súbita explosión de velocidad, la pickup cruzó al carril izquierdo y se puso lado a lado con su coche. Un sonriente, bronceado adonis, con los ojos más azules que jamás había visto, se asomó por la ventanilla, ondeando su sostén. —Dejaste caer algo. Jenny sintió el calor inflamando sus mejillas, otra vez. Alcanzó uno de los extremos que pendían y Adonis lo dejó ir, sonriendo mientras ella guardaba el trocito de tela, en el bolsillo lateral de su bolso. —¡Gracias! —saludo brevemente, al tiempo que apretaba el acelerador. —¡Hey, espera! Dudó, pero esos condenados ojos azules eran demasiado tentadores y sintió que disminuía la velocidad, hasta que los vehículos estuvieron a la par nuevamente. —¿Eso es todo? ¿Dónde está nuestra recompensa? Echando un vistazo más allá, hacia el hombre que sostenía el volante, su atención fue atraída una vez más, por un brillante par de ojos azules. ¿Cómo diablos podían haber dos de esos espléndidos. 6.
(7) Dos veces bendecida. Rachel Bo. hombres de infarto? El diablo la estaba tentando, definitivamente, y ella estaba con el estado de ánimo exacto para aceptar su oferta. Devolviendo la mirada a la carretera, sabía que actuaba estúpidamente, pero fue incapaz de resistir al diablillo en su interior, que la urgía a seguirles el juego. —¿Qué queréis a cambio? —gritó. Los hombres compartieron una mirada y luego le obsequiaron un par de sonrisas, idénticamente deslumbrantes. —Danos un vistazo —gritó Adonis, señalando sus pechos con la barbilla. El calor que quemaba sus mejillas, cayó abruptamente hasta sus pechos, inundándola y haciendo que sus pezones hormiguearan. A pesar que una calmada y lógica voz en su cabeza la instaba a ser precavida, se descubrió a sí misma devolviéndoles la sonrisa. Eran tan condenadamente bellos, con su pelo desteñido por el sol, todo desgreñado y su piel bronceada. La luz que bailaba en sus ojos era juguetona y traviesa, ni oscura ni peligrosa. Sus instintos decían que estos tipos no la dañarían, y después de trabajar años en una profesión que no le agradaba, porque no tuvo las agallas para enfrentar a su padre y seguir sus sueños, Jenny había decidido que nunca ignoraría sus instintos otra vez. —¿Qué diablos? —se dijo en voz baja. A los veintiocho años estaba en magnífica forma y no era como si los fuera a encontrar otra vez, nunca. Miró hacia delante, luego revisó el espejo retrovisor. Aún eran los únicos vehículos en la carretera. Rápidamente, antes de perder el valor, desabrochó su blusa con una mano y el viento desatado tiró de sus bordes hacia atrás, dejando al descubierto sus pechos desnudos. Dos largos y agudos silbidos perforaron el aire.. 7.
(8) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —¡Estoy enamorado! —aulló Adonis, colgando de la ventanilla del acompañante. —¡Hey! —una bronceada mano, empujó al hombre de vuelta a su asiento, y Adonis 2 le brindó una larga y lenta inspección, con la mirada ribeteada en deseo—. ¡Cásate conmigo! —gritó. —Diablos, no —el pasajero se asomó fuera de la ventana otra vez—. ¡Cásate conmigo! Jenny rió, sintiéndose confiada y sexi y traviesa y atractiva y totalmente libre, por primera vez en mucho, mucho tiempo. —Me casaré con los dos —dijo, sonriéndoles—. ¡Si lográis atraparme! —con eso, pisó el acelerador a fondo y voló por la autopista, viendo como la camioneta azul se convertía en un punto brillante en la distancia. Respiró hondo y gritó, asombrada por lo que acababa de hacer, pero sintiendo como la tensión de años se desperdigaba con el viento. Concentrándose en la ruta por delante, descubrió que se acercaba velozmente a un camión de carga. Bajando la velocidad, buscó a tientas los botones y volvió a abrochar su blusa. Ese día condujo por seis horas más. Cada vez que mirada el espejo retrovisor, se decía a si misma que no estaba buscando una vieja y estropeada camioneta azul. Los apuestos extraños nunca reaparecieron, y ella pasó el resto del viaje a California, tratando de convencerse que no estaba decepcionada.. 8.
(9) Dos veces bendecida. Rachel Bo. INVITACIÓN Jenny remetió los calcetines dentro de sus zapatillas y se encaminó hacia la playa, deleitándose con la sensación de la fría y húmeda arena entre sus dedos. Hoy había una fuerte brisa desde el océano, que la obligó a cerrar su chubasquero y tirar del cierre hasta el final. Santa Mónica en noviembre, le ganaba a Nueva York en invierno, cualquier día, pero así y todo, aún era fresco y el rocío del oleaje lo hacía más frío todavía. Sin embargo, siempre venía a la playa cuando necesitaba pensar. Dentro de dos breves horas, Hartmann Historical Designs cerraría por vacaciones, y ella seguía sin decidir si aceptaba la invitación de sus padres o no. Después de siete largos años, la habían perdonado finalmente, por abandonar su carrera y viajar a California para vivir con los hippies. Rió. Incluso para los de su propia generación, sus padres sonaban anticuados. La llamada de su madre llegó, hacía dos semanas, después de que les escribiera para contarles que tenía seis semanas libres, invitándola a pasar ese tiempo en Nueva York. Jenny estaba indecisa, por un lado le gustaban los benignos inviernos californianos. Nunca extrañó el frío, lluvioso, nevadizo y helado clima de Nueva York en esa época. Pero la nieve en la cabaña de Conneticut, esa sí la echaba en falta, en ocasiones. Aparentemente, sus padres tenían un torbellino de fiestas, a las que estaban obligados a asistir estas vacaciones, y se quedarían en la cuidad. Otra razón por la que era renuente a ir. Nunca fue la mariposa social que eran sus padres, su padre especialmente. La idea de soportar esas interminables reuniones, le provocaba escozor.. 9.
(10) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Pero los extrañaba. Quedó muy sorprendida, ante la repentina nostalgia que sintió, al oír la voz de su madre en el teléfono. Durante los últimos años, solo había recibido de sus padres tarjetas de Navidad y de cumpleaños, aunque por su parte les había escrito regularmente, cada tantos meses, para hacerles saber cómo se encontraba. Oír a su madre, trajo lágrimas a sus ojos, incluso su padre había levantado el teléfono, lo suficiente para decir hola y dejarle saber que, sí, la quería en casa también. Una pequeña ola, más ambiciosa que el resto, alcanzó sus pies, instándola a hundir los dedos en la arena, que comenzó a arremolinarse. ¿A quién trataba de engañar? Tenía que ir. Quería verlos. La amaban, a pesar de su elección de vida. Ella los amaba también, y ninguno se estaba haciendo más joven. Con la decisión tomada, fue hacia el banco de madera, donde se sentó a esperar que sus pies secaran, para así volver a ponerse el calzado. Luego de recoger el coche en el aparcamiento, rehízo su camino, de vuelta al trabajo. Abrió la puerta de su oficina, para escuchar música navideña a todo volumen en la radio, y para ver a su asistente, Becca, bailando y cantando a todo pulmón, alrededor de la habitación. Cuando la vio, dejó salir un chillido, corrió hacia ella, y tomándola por los brazos, comenzó a dar saltitos. —¡Lo conseguimos! ¡Lo conseguimos! Jenny supo de inmediato a que se refería, pero no podía creerlo del todo. —¿B&B Producciones? ¿Lo conseguimos? —¡Sí! —chilló Becca, aún saltando—. ¡Sí, sí, sí! Cerró los ojos, al tiempo que una sensación, de alegría y alivio, mezcladas, la inundaba. Por fin. Finalmente habían conseguido un. 10.
(11) Dos veces bendecida. Rachel Bo. contrato, con una poderosa compañía de Hollywood, para diseñar y producir el vestuario de una película de alto presupuesto. —¡Diantres, Becca! Quería decírselo yo. Al oír la voz, Jenny giró hacia el sonido. Carol Hartmann, la robusta y regordeta rubia, entró a la oficina y le dio un breve abrazo. —Lo lograste —insistió—. Michael dijo que en B&B adoraron tus diseños. Está escrito en el contrato, a instancias suyas y no necesitaron retorcerme el brazo para convencerme, de que… ¡tú estarás al frente del proyecto, niña! —No lo puedo creer —suspiró—. ¡Es genial! —Lo que no podrás creer es tu presupuesto, Jen. ¡Es para morirse! Nunca tuvimos un contrato igual. ¡Estamos jugando en las grandes ligas! Un ceño arrugó su frente, cuando la realidad de la situación por fin la golpeó. —Si lo hacemos bien. Todavía podemos arruinarlo todo. Becca rió. —De ninguna manera. Te conozco, Jen. No nos darás tregua, a ninguno de nosotros, hasta que todo este encaminado. Coserás cada puntada tú misma, si es necesario. —Puso un brazo alrededor de cada una de sus jefas—. ¡Todo resultará perfecto! Carol sonrió. —Becca está en lo cierto, Jen. Quiero que uses este tiempo libre para relajarte. Te necesito de vuelta en febrero, fresca y concentrada. Carlos vendrá el primer día después de las vacaciones, así podrás ordenar los tejidos con él, y ya estoy buscando costureras adicionales para aligerar la carga. Seleccionaré las mejores candidatas y organizaremos las entrevistas a tu regreso. Jenny asintió confiadamente, aunque su cabeza estaba llena de imágenes de posibles desastres.. 11.
(12) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —De acuerdo. Estaré lista —sonrió irónicamente—. Es bueno que haya decidido ir a Nueva York. Si me quedó aquí, me preocuparé tanto que a la vuelta, chicas, seré un caso mental. —Entonces, ¿has decidido ir? —preguntó Becca. —Sí. —Jenny sacudió la cabeza—. Fue tonto preocuparse por ello. Tengo treinta y cinco años. Puede ser embarazoso al principio, pero tomaron la iniciativa así que, al menos uno de ellos debe estar listo para oír lo que tengo que decir. No quiero que nuestro único contacto por el resto de nuestras vidas, sean un par de cartas y tarjetas al año. —Bien.. —Carol. y. Becca. compartieron. una. mirada—.. Esperábamos que decidieras eso. —Carol echó un vistazo al reloj de pared—. ¡Ey! Son las seis y uno, estamos oficialmente de vacaciones. —¿Por qué no vamos a cenar juntas? —fue la sugerencia de Jenny—. Todas saldremos de la ciudad, así que esta será la última oportunidad de reunirnos, hasta que volvamos de las vacaciones. —Vamos —respondieron Becca y Carol simultáneamente. —Dejen que recoja el bolso —dijo Carol, riendo—, y luego cerramos.. 12.
(13) Dos veces bendecida. Rachel Bo. REGRESO A CASA El aeropuerto de La Guardia estaba abarrotado con pasajeros de vacaciones, y Jenny suspiró, mientras se aprestaba para pasar a través de otra aglomeración humana. Respirando aliviada, al avistar la salida, rápidamente se encamino hacia ella y llamó al primer taxista que divisó. El hombre se apresuró a tomar sus bolsas, depositándolas en el maletero y la ayudó a acomodarse en el asiento trasero. —Nichols Park. —Dio al conductor, el nombre del elegante suburbio que sus padres llamaban hogar—. Al 1312 de Stamden. —El taxista asintió, poniendo en marcha el taxímetro. Recostándose en el asiento, Jenny se relajó. Sus padres ofrecieron recogerla, pero era menos complicado tomar un taxi. Especialmente con la seguridad tan estricta de los aeropuertos, en estos días. Sacando el libro que estaba leyendo actualmente, encendió la diminuta luz para leer que compró en la tienda de regalos y se dispuso a concentrarse en la historia durante la hora de viaje hasta casa. Después de pagar al taxista y que este se hubiera alejado, permaneció de pie en la entrada, mirando hacia arriba, a la casa, en la mortecina luz del atardecer. Una capa de diez centímetros de nieve cubría el patio delantero. No recordaba lo hermoso que podía ser el lugar, en invierno. Un brillo dorado, proveniente de la ventana, la atrajo,. y. levantando. sus. maletas,. subió. los. escalones. cautelosamente. La puerta del frente se abrió, antes incluso, de hacer sonar el timbre.. 13.
(14) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —¡Jenny! —Meredith Dalton, abrazó a su hija afectuosamente— . Estoy tan feliz de que decidieras venir. —Yo también, mamá. —Jenny apretó el abrazo. —Bien. —Meredith retrocedió después de un momento—. ¡Entra! No te quedes allí, en el frío. Entrando al vestíbulo, saludó al hombre parado en la arcada que conducía a la sala de estar. —Hola, papá. Scott Dalton asintió, en forma escueta. —Jenny. Se quedaron de pie, mirándose uno al otro, incómodos. —Scott —el tono de Meredith era admonitorio—. ¿No tienes nada que decir? El padre de Jenny frunció el ceño. —No puedo evitarlo, Meredith. Supongo que todavía estoy un poco enojado. —Scott, prometiste no… —Está bien, mamá —interrumpió—. Quizás sea mejor que dejemos todo salir y lo resolvamos, para que pueda disfrutar del resto de mi estancia. —Su madre cerró la puerta y Jenny se acercó a su padre, enfrentándolo. —Lamento que pienses que desperdiciaste tu dinero, papá. Traté de decirte lo que realmente quería y no me escuchaste — adelantándose, apoyó la mano sobre su brazo—. Y no fue un desperdicio,. la. enfermería. me. sacó. adelante. mientras. seguía. estudiando. Por eso, te estoy muy agradecida. Pero amo lo que hago ahora y no me arrepiento de la decisión que tomé. Solo espero, que sepas comprender. La expresión, en el rostro de su padre, se suavizó.. 14.
(15) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —Es solo que… ¿tenía que ser en el mundo del espectáculo, Jen? Ya sabes como son esas personas. Ella no pudo contener la profunda y opulenta carcajada, que sobresaltó a su padre. —Papá, creo que tienes una idea equivocada de cómo estoy involucrada en la industria. Diseño y confecciono el vestuario para producciones teatrales, entusiastas de S.C.A1, y algunas empresas que están relacionadas con algún periodo del tiempo en particular. De hecho, hasta la semana pasada, nunca habíamos tenido un contrato para una película de Hollywood. —Pasó un brazo alrededor de él—. Tengo treinta y cinco años, papá. No voy de fiesta, ni recibo proposiciones. Paso el tiempo en la oficina o en el taller de costura, rompiéndome la espalda para vestir a personas que ni siquiera veo. Scott sonrió mansamente. —Supongo que nunca lo pensé realmente. —Él también puso su brazo alrededor de ella—. Pero, ¿se me permite odiar el hecho de que vivas al otro lado del continente? —Mmmm… de acuerdo, siempre y cuando, no me odies a mí. Su padre la acercó, abrazándola fuerte. —Jamás, cielito —suspiró—. ¿Qué puedo decir? Tu viejo es un maniático del control, y me tomó un tiempo asimilar el hecho que no volverías y harías lo que yo quisiera. Meredith se adelantó, con lágrimas en los ojos. —Oh, Scott —elevando una mano, la posó sobre su mejilla. El padre de Jenny se aclaró la garganta.. 1. (SCA) Sociedad para el Anacronismo Creativo. Es la mayor de las sociedades de reconstrucción y reinterpretación medieval, establecida en 1968, en el hogar de Diana Pastón. La sociedad ha crecido a más de 40.000 miembros en todo el mundo. Abarcando la sociedad medieval en Europa y el medio oriente, hasta aproximadamente los años 1.600 D.C.. 15.
(16) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —Bien. Basta de lágrimas. Acomodemos a Jenny, que luego las llevaré, a las dos, a cenar.. 16.
(17) Dos veces bendecida. Rachel Bo. ATRAPADA —¿Jenny? ¿En qué piensas? Jenny se miró fijamente en el espejo de cuerpo entero en su dormitorio.. El. vestido. plateado. brillaba. mientras. se. movía,. acentuando los suaves montículos de sus pechos, destellando desde la curva de sus caderas. No podía creer que pudiera llevar algo como esto y quitárselo, pero tenía que admitir que esto la satisfacía perfectamente. Su madre había hecho un trabajo excelente. —Espero no haber sido demasiado presuntuosa. —Meredith revoloteó las manos nerviosamente, alisando arrugas inexistentes en su propio vestido—. Solamente pensé, por tus cartas, que no ibas a funciones como esta nunca y tenía miedo de que no tuvieras nada que ponerte, y… oh, ¿no estás enfadada, verdad? Scott pensó que podría parecer como si te tratáramos como a un caso de caridad, pero los padres deberían ser capaces de comprar regalos para sus niñas, ¿verdad? Y tenemos siete años de dar regalos para ponernos al día y… —Mamá. —Jenny encontró los ojos de su madre en el espejo—. Es precioso. Y no parece caridad. —Se rió—. Estoy aliviada, en realidad. Sabía antes de venir que tendríamos todas esas fiestas a las que ir, y nunca se me ocurrió ir de compras por algo apropiado. Creo que estaba más preocupada por cómo iban a ir las cosas entre nosotros. Estoy contenta de no tener que llevar un abrigo del tío Frank esta noche. Meredith juntó las manos. —¿Entonces te gusta? Jenny volvió al espejo.. 17.
(18) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —Lo adoro. —Bien. Y... bien, tengo que confesar, hay un par más de vestidos para ti escondidos en mi armario. —Jenny arqueó las cejas— . Bueno, hay una cena la semana que viene en casa del presidente, y la fiesta anual de Navidad de Junie, y… Parecía tan preocupada que Jenny tuvo que reírse otra vez. —Está bien, mamá. Lo aprecio; realmente lo hago, pero no compres más, ¿de acuerdo? Si me falta algo, podemos ir juntas de compras, y pagaré yo. Meredith asintió. —Oh, apresúrate. ¡No puedo esperar para presumir de ti! Jenny sacudió la cabeza mientras recogía el pequeño bolso plateado que iba con el vestido. —¡Te lo juro, me haces parecer una niña pequeña otra vez! — su tono era gruñón, pero mientras bajaban las escaleras, se obligó a admitir para sí misma que en realidad estaba disfrutando de ser la niñita de sus padres otra vez.. Tres horas más tarde, estando de pie en una esquina de la sala de estar atestada de su tío, ahogándose con el humo y el perfume, lo estaba pensando mejor. Recordaba odiar estas cosas, pero durante años, su mente había pasado por alto exactamente como se sentía fuera de lugar entre los amigos de su familia y parientes. A pesar de su educación, se consideraba una muchacha simple, con gustos simples. Nunca había estado en las rondas de fiestas, la cirugía. 18.
(19) Dos veces bendecida. Rachel Bo. plástica, el fumar. Después de las presentaciones iniciales, se había encontrado sin nada que decir a esa gente, ocultándose en una esquina aislada, como hacía cuando era joven. Y no ayudaba que se siguiera sintiendo como si estuviera siendo observada. Varias veces, había tenido una sensación tan intensa de ser observada que casi se había sentido… acechada. Pero cuando exploró el cuarto, no hubo ninguna vuelta repentina de cabeza, ninguna conversación susurrada. Probablemente, solo eran nervios. Tal vez un poco aire fresco ayudaría, el cuarto era sofocante. Jenny dirigió su camino entre la muchedumbre hacía las grandes puertas que revelaban el jardín. Estaban parcialmente abiertas, para ayudar a aliviar el calor creado por la aglomeración de gente, así que se deslizó al patio enlosado. Era una noche clara, fría. La luz de la luna bañaba el jardín con el resplandor del ópalo, y Jenny se encontró atraída a la fuente. Escogió el camino con cuidado por los escalones, luego anduvo y miró fijamente su reflejo en las brillantes aguas. —Hermosa, ¿verdad? Jenny se dio la vuelta cuando la voz habló detrás de ella. —¿Qué? —Dije que eres hermosa. Ella miró fijamente a los penetrantes ojos azules de un hombre que parecía estar cerca de su propia edad. Su pelo era un poco más largo,. marrón. profundamente. rojizo,. rizos. bronceada. enredados y. una. enmarcando. sonrisa. una. matadora.. cara. Parecía. vagamente familiar. Jenny frunció el ceño. —¿Le conozco? La sonrisa burlona se ensanchó. —Sí. —Sus ojos parpadearon hacia algo detrás de ella—. Una vez prometiste casarte conmigo.. 19.
(20) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Jenny se rió. —Oh, eso es uno bueno. Pero sé que no es verdad porque nunca me lo han propuesto. —Oh, pero lo hiciste. —Otra voz habló detrás de ella, y se dio la vuelta otra vez, perdiendo el equilibrio en el proceso. Una mano fuerte y bronceada se estiró para estabilizarla, y entonces estuvo mirando un idéntico par de ojos azules brillantes. —Pero... eres… —Jenny se giró, mirando fijamente de un hombre al otro, idénticas imágenes reflejadas, uno y otro. Un recuerdo olvidado comenzó a despertarse, pero un calor que la distraía invadió su brazo donde la carne de ambos se encontraba, haciéndole difícil concentrarse. ¿Dónde había visto a gemelos como estos antes? El hombre que sostenía su brazo se inclinó hacia ella. —Muévete —susurró. Jenny estiró el brazo de su asimiento y retrocedió. ¿Qué diablos estaban haciendo? De algún modo, estaban entre ella y la casa ahora. —¿Q-qué has dicho? Ambos la. miraron. con ojos que. eran más brillantes y. sonrientes, pero oscuros y llenos de deseo. —Dijo “muévete”. Algún instinto primario la hizo moverse justo cuando se estiraban hacia ella. Su corazón latió mientras tropezaba por delante de la fuente. Miró hacia atrás, y ellos venían. Despacio, pero moviéndose con un poder elegante y la gracia animal que enviaba su corazón saltando a su garganta. Jenny se quitó los tacones y corrió por el camino.. 20.
(21) Dos veces bendecida. Rachel Bo. ¿Por qué estaba pasando esto? Atormentó a su cerebro, intentando recuperar el débil recuerdo que se había despertado hacía un momento. ¿Dónde había visto aquellos hermosos ojos antes? Entonces le llegó, y se asustó tanto que paró en seco. Seguramente, no podían ser los tipos del camión. Mientras estaba allí de pie, repasó en su mente aquella tarde calurosa de agosto. Aquellos irresistibles ojos azules, las risas, el pelo. Mierda. Jenny no podía imaginarse que todavía la recordaran, incluso que la reconocieran. Esto tenía que ser una especie de broma. Su corazón comenzó a moverse otra vez, pero esta vez esto no era el miedo lo que pulsaba en sus venas, sino el deseo. Jenny se regañó. No sabía nada sobre estos dos, pero eran obviamente obsesivos, para recordarla tanto tiempo. ¿Así que por qué estaba de pie aquí, esperándolos? Jenny se salió del camino, detrás del tronco de uno de los grandes robles que adornaban la propiedad de su tío. Temblando, cerró los ojos, esperando el sonido de sus pasos. Después de que pasaron, salió disparada hacia la casa, a llamar a la policía. Jenny casi gritó cuando las manos se cerraron alrededor de cada uno de sus brazos. —Y ahora, finalmente te hemos cogido. —La voz tenía un tono excitante, y Jenny abrió los ojos. Sus captores se presionaron cerca, el calor de sus cuerpos ahuyentando el frío—. No estás asustada, ¿verdad? Jenny tragó.. 21.
(22) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —Sí. Uno de ellos alzó una mano alcanzado el borde de su bajo escote con un dedo cruel. —¿Pero? ¿Había "un pero" en su tono? Jenny respiró hondo, queriendo gritar, pero lo soltó como un suspiro. Infierno, sí. —Pero... —Buscó las palabras que no la hicieran sonar como una idiota. —Pero realmente nos recuerdas. —El dedo que perfilaba su vestido resbaló justo bajo el borde de la tela. El otro hombre levantó la mano y la pasó por su pelo suave, y el temblor que traspasó su cuerpo no tenía nada que ver con el frío. —Sí. —Jenny suspiró. —¿Y? —el hombre que acariciaba su pelo estaba presionado contra ella, su erección pinchándola en la cadera. —Yo… —La boca de él reclamó la suya, y Jenny gimió, encontrando la lengua que empujaba con la suya. La mano en su pecho se deslizó bajo la tela, cubriendo un seno. —Mmmm —una voz susurraba en su oído—. He estado queriendo hacer esto durante siete años. Ella no podía creer que permitiera que esto pasara, pero de repente, sueños que había relegado a los rincones más oscuros de su mente emergieron a la superficie. Por mucho que quisiera negarlo, recordaba a estos dos mucho mejor de lo que al principio había admitido. Había soñado con ellos, una y otra vez justo después de su viaje a California, luego con menos frecuencia mientras las cosas vergonzosas que hacía en aquellos sueños la obligaban a empujarlos fuera de su mente.. 22.
(23) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Jenny se inclinó contra la mano en su pecho, profundizando el beso mientras dedos calientes ordeñaban su pezón, convirtiéndolo en un tenso, dolorido pico. —¿Cómo te llamas? —susurró la boca contra sus labios. —Jenny. Dos manos se deslizaron a su espalda. Era vagamente consciente de un suave sonido de roce y una ráfaga repentina de aire frío contra sus nalgas le hizo comprender que le habían desabrochado el vestido. Sabía que debería protestar, pero las manos que le acarician las mejillas ahora eran tan calientes, tan tiernas. Ella suspiró y apartó a los dos hombres de ella. —Esperen Jenny se sentía incorpórea cuando empujó los tirantes de sus hombros y dejó caer el vestido al suelo. Estaba desnuda debajo, esta no era la clase de vestido con la que podías llevar sujetador, no había querido marcas de bragas y nunca llevaba medias. —T-tengo frío —tartamudeó, de repente impresionada ante sus propias acciones. Ambos dieron un paso adelante. —Déjanos mantenerte caliente. —E-speren. ¿Cómo se llaman? Podía ver leves diferencias entre ellos ahora. Uno era más delgado y parecía menos serio, su pelo solamente un poco más luminoso en la brillante luz de luna. Él se movió, abrazándola desde atrás, sus manos acariciándole el abdomen justo por encima de los rizos marrón oscuro en su ingle. —Soy Devlin. —Le mordisqueó la oreja, su aliento caliente enviando espirales de placer hacia la caverna húmeda entre sus piernas—. Pero la mayoría de la gente me llama Dev.. 23.
(24) Dos veces bendecida. Rachel Bo. El otro dio un paso adelante, deslizando un brazo alrededor de su espalda, entre ella y el otro, mientras la miraba fijamente. —Soy Damien. —La estudió seriamente un momento—. ¿Estás segura sobre esto? —murmuró. Jenny sacudió su cabeza. —No. —El agradable toque en su abdomen vaciló, y ella se inclinó hacia el hombre detrás suyo, encontrando los ojos de Damien con audacia al mismo tiempo—. Pero no se detengan. Él rió entonces, y eso iluminó su cara. Sostuvo su mirada fija mientras se estiraba hacia ella, su mano uniéndose con la de su hermano, ambos deslizándose hacia abajo para cosquillear su coño. Jenny se arqueó y suspiró, permitiéndose olvidar todo excepto su toque. Los. dedos. rodearon. su. clítoris,. y. movió. una. pierna. envolviéndola alrededor del muslo de Damien. Él levantó una ceja, y ella asintió. —Por favor. —¿Quién? —susurró. —Los dos. Dev gimió y le pellizcó el lóbulo de la oreja mientras sus índices se deslizaban dentro de ella. —Dios, Jenny. Eres todo lo que nos imaginamos. —Y más —insistió Damien. Jenny giró su cabeza y besó a Devlin con impaciencia, ávidamente, jadeando cuando sintió el calor que era la boca de Damien cerrándose sobre su pecho. —Oh, Dios. Dev retrocedió, atrayéndolos con él hasta que su espalda estuvo apoyada en el enorme roble. La dejó ir brevemente, y la boca de Damien reclamó la suya mientras escuchaba el sonido sordo de los. 24.
(25) Dos veces bendecida. Rachel Bo. pantalones de Dev siendo desabrochados y empujados abajo por delante de su erección floreciente. Jenny gimió de decepción cuando Damien se separó. —Gírate —dijo él. Se giró, y se congeló al ver la polla de Devlin. Había tenido su parte de encuentros sexuales durante años, pero el eje de Dev empequeñecía fácilmente a todos los otros hombres con los que alguna vez había experimentado. La emoción eléctrica que se descargó por su columna era parte lujuria, parte miedo. ¿Podría tomarlo? Él debía haber sentido su ansiedad, porque dijo: —No te preocupes. —Sus manos se acercaron a su cintura, y luego él y Damien la levantaron. Levantó las rodillas y separó las piernas, temblando mientras ellos la bajaban hacia el miembro que esperaba. Aire frío sopló sobre la humedad entre sus muslos. Despacio, Devlin movió con cuidado la punta de su polla dentro de ella. Jenny envolvió los brazos alrededor de su cuello. Dios, su polla era tan gruesa. Con cuidado, dejaron que su peso cayera. Ella gimoteó por la necesidad. Sus labios estirados dolorosamente a su alrededor, pero la incomodidad sólo parecía aumentar el deseo. —¿Estás bien? —susurró. Ella asintió mudamente, apretando su coño alrededor de él. Dev gimió. —Vamos —susurró Jenny. Él vaciló un momento, luego asintió, aflojando su asimiento. Damien la dejó ir y dio un paso atrás. Ella enredó las piernas alrededor de la cintura de Devlin, cruzando los tobillos justo por debajo de sus nalgas mientras él finalmente enterraba toda su longitud dentro de ella. —Dios, sí.. 25.
(26) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Sus manos estaban en su cintura otra vez, manteniéndola estable mientras comenzaba a bombear sus caderas. —Sí, Devlin —sollozó Jenny—. ¡Ah, sí! Ella. sintió. las. manos. de. Damien. sobre. sus. nalgas,. separándolas, y luego algo caliente y mojado deslizándose sobre su ano. Jadeó, su coño se convulsionó involuntariamente. Dev rió en silencio. —Pienso que le gusta esto, Damien. —¿Te gusta, Jenny? —ronroneó Damien—. ¿Te gusta que te lama el culo? En el pasado, Jenny siempre había estado avergonzada para admitir que disfrutaba del juego anal, pero lo que le estaban haciendo se sentía demasiado malditamente bien. —Sí —susurró con urgencia—. Oh, sí. La lengua de Damien chasqueó rápidamente hacia adelante y hacia atrás sobre el ahora palpitante frunce, los músculos de su coño bailaban con cada golpe. Devlin gimió. —¡Oh, infiernos, sí! —su ritmo aumentó, las caderas poderosas bombeando. rápidamente,. su. enorme. polla. sumergiéndose. tan. profundamente que casi hacía daño, e incluso satisfaciendo a Jenny de un modo en el que nunca había sido satisfecha antes, así que se mordió el labio para no gritar, con miedo de que pararan. Era una tortura, pero era una tortura exquisita. —Oh, Dios. —Tembló mientras su mundo se ceñía al corazón caliente entre sus piernas y el latido pulsante entre sus nalgas. Cuando la lengua de Damien desapareció, y la punta de un amplio dedo se insinuó dentro de ella, fue más de lo que pudo tomar. Onda tras onda de placer golpeó a través de ella y se arqueó, la boca abierta en un grito silencioso de regocijo mientras la semilla caliente de Devlin estallaba dentro de ella.. 26.
(27) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Damien se puso de pie y la ayudó a apoyarse mientras ella y Devlin temblaban con su liberación. Cuando hubieron recuperado un mínimo de control, Dev la levantó con cuidado y la puso sobre el suelo. —Gracias —dijo, sus manos todavía sosteniéndola por la cintura, mirándola a los ojos. Ella apartó la mirada, no queriendo que viera su desesperación, esa hambre repentina, desenfrenada que nunca había sentido antes. —¡Eh! —su mano ahuecó con cuidado su barbilla, girándola para afrontarlo—. No tienes nada de lo que avergonzarte. Esto fue hermoso. —Y no tiene que terminar. —El aliento de Damien en su oído envió una oleada de lujuria por el cuerpo de Jenny que la dejó sin respiración. —No entienden —dijo, encontrando la mirada fija de Dev—. No me avergüenzo. Él hizo una inspiración inestable ante la mirada en sus ojos. —Oh, infiernos, Jenny. No me mires así. Ella no entendía el miedo repentino en sus ojos. —¿Qué está mal? Su mirada fija parpadeaba sobre Damien, y Jenny se dio vuelta. —¿Qué es esto? —Por favor, Dios, no dejes que esto sea una especie de broma terrible. La mirada fija de Damien parecía beber en la vista de ella, ahuyentando la ansiedad de Jenny. Independientemente de lo que pasaba, este hombre definitivamente la quería. Y ella le quería. Dio un. paso. adelante,. arrastrando. los. dedos. prominente en su entrepierna. —Dijiste que no tenía que terminar. Damien cogió los dedos con su mano.. 27. sobre. el. aumento.
(28) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —No para siempre, pero para esta noche. Te echarán de menos pronto. Y tenemos que llegar a conocernos el uno al otro un poco mejor, antes… —Echó un vistazo a su hermano, no habían dicho todavía que eran hermanos, pero sólo un idiota pensaría que no eran nada excepto gemelos, y no terminaron la oración. Se inclinó y recogió el vestido de Jenny del suelo, quitando los copos de nieve que se adherían a los pliegues de plata. Jenny buscó su rostro, y de algún modo sintió que no estaba jugando con ella. Por alguna razón, estaba frenando, pero esto no había acabado. El destello que ardía sin llama en sus ojos se lo dijo. Ella asintió, y cuando Damien le ofreció el vestido, sosteniéndolo abierto para que pudiera entrar en él, lo hizo, enderezando los tirantes sobre los hombros. Se giró dándole la espalda. —¿Podrías cerrarme la cremallera, por favor? Ella lo sintió agarrar el cierre, y luego vacilar. Unidas a la cremallera había dos cadenas largas, finas, de plata, cada una acabada en un cristal pequeño, redondo. Esta era una de las cosas que habían hecho el vestido tan sexy para Jenny, porque podía sentir las cadenas balanceándose mientras caminaba, los cristales de vez en cuando acariciando la parte trasera de su muslos. —¿Jenny? Supo instintivamente lo que él quería, y tragó con fuerza mientras asentía sin ni siquiera mirarle. Los ojos de Devlin parecieron destellar cuando dio un paso adelante, poniéndose detrás mientras ella se inclinaba ligeramente, sus fuertes manos separándole las nalgas. Damien presionó la primera cuenta en su ano, y Jenny soltó un pequeño sonido de placer. Su toque perduró después de que insertara la segunda cuenta, haciendo rodar la pequeña bola hacia adelante y hacia atrás entre la punta de su dedo y su carne excitada.. 28.
(29) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Ella presionó sus caderas atrás, gimiendo. Damien suspiró y se retiró, acariciando su nalga con cuidado. —Ahora no —dijo—, pero pronto. —Con cuidado subió la cremallera y metió las longitudes restantes de plata entre el borde del vestido y su piel—. Más vale que regresemos. Jenny asintió. Devlin se colocó el traje apropiadamente, caballeroso, y anduvieron a cada lado de ella, sus brazos alrededor de la cintura, mientras la escoltaban de vuelta a la fuente. Ella se deslizó en sus tacones y se alisó su vestido una última vez. —Es mejor que vayas primero —sugirió Damien. Jenny asintió. Tenía muchas ganas de preguntar cuando los vería otra vez, pero se obligó a permanecer silenciosa. No los tendría pensando que era alguna solterona desesperada, de mediana edad, sexualmente hambrienta. Girando, se dirigió de vuelta a la casa, la cabeza en alto. Una vez dentro, se sobresaltó al encontrar que todo el episodio entero sólo había durado aproximadamente veinte minutos. Parecía una eternidad. Jenny hizo su camino a la barra y pidió un margarita, con hielo, sin sal. Las cadenas sujetas a la cremallera tiraron de las cuentas diminutas dentro de ella mientras andaba, y sintió que sus pezones se endurecían. El camarero no podía apartar los ojos de sus pechos cuando le entregó su bebida, y Jenny no pudo resistirse a dar a su pecho una sacudida juguetona. Él alzó la vista, luego sonrió abiertamente, con vergüenza. —Lo siento. —Está bien. Estoy feliz de que te gusten. —Se dio la vuelta, sonriendo ante su boca abierta de asombro. Nunca en su vida había hecho tal declaración antes, pero esta noche, se sentía otra vez del modo en que lo había hecho en aquel viaje a California. Aquella. 29.
(30) Dos veces bendecida. Rachel Bo. misma emoción que había experimentado cuando había dado a Devlin y Damien un vistazo a sus senos. Viva, sexy y libre. Jenny supo inmediatamente cuando volvieron, su presencia ejercía un tirón real, físico, sobre ella, para que supiera no sólo que estaban allí, sino exactamente donde estaban en todos y cada momentos. El sentimiento era tan intenso, que la asustaba. Otra vez, como si al sentir su ansiedad, Damien lograra tranquilizarle. Ellos no hablaron, pero su mirada fija se encontró con la de ella y algo en sus ojos la calmó. Se le ocurrió que debería estar asustada por esto, pero de algún modo no podía enfocar ninguna preocupación. Mientras le echaba un vistazo otra vez, la mirada fija de él viajó sobre su cuerpo como una caricia líquida, viniendo a descansar sobre la elevación de su trasero. Jenny giró y atropelló a otro grupo, sus caderas balanceándose, las cuentas diminutas moviéndose dentro de ella, sintiendo la absorta mirada fija casi como un toque físico. —¡Jenny! —alzó la mirada para ver a su tío andar hacia ella, con Dev y Damien a remolque—. Quiero que conozcas a alguien. —Esta es mi sobrina, Jenny Dalton. —Frank agitó una mano hacia los hermanos—. Jenny, quería que conocieras a Devlin y Damien Blake. Su padre era un cliente, y un buen amigo mío. Jenny ofreció su mano, un eléctrico zumbido corrió por su brazo mientras saludaba a cada uno de ellos. —Encantada de conocerlos. —Su padre falleció recientemente, y los muchachos están en la ciudad para comprobar su cartera, y cuidar de algunas cuestiones de estado. No son de por aquí, así que pensé que te podría gustar darles una idea de lo que deberían ver mientras están en Nueva York. — Guiñó—. Se lo diría yo mismo, pero tú probablemente tendrás una. 30.
(31) Dos veces bendecida. Rachel Bo. idea mejor de lo que a la gente de tu edad podría interesarle. —Con esto, rió y se alejó. Jenny suspiró. —Lo siento. Adivino que está decidido a intentar jugar al casamentero. Dev sonrió abiertamente. —Ningún problema. Damien rió, también. —Ahora. tenemos. una. excusa. perfectamente. buena. para. llamarte mañana. El corazón de Jenny revoloteó. —¿Van a llamarme? Su mirada era toda la respuesta que necesitaba, trayendo un rubor caliente a sus mejillas. —Únete a nosotros para una bebida fría. Ella asintió, llamando a un camarero y colocando su margarita ahora caliente sobre la bandeja. —Gracias. —Damien colocó la mano en su espalda, dirigiéndola a la barra. Cuando tuvieron las bebidas en la mano, Devlin les condujo a una esquina tranquila de la estancia, y los tres permanecieron de pie, de espaldas a la pared, mirando a la muchedumbre. La mano de Damien se arrastró bajo su vestido, los dedos agarrando las cadenas de plata. El pulso de Jenny se aceleró, y le echó un vistazo desde debajo de sus pestañas. Una risa osciló en las esquinas de sus labios, y tiró con cuidado de las cadenas, mirándola a la cara. Ella suspiró, mirándole fijamente mientras continuaba manipulando los delicados hilos.. 31.
(32) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Una espiral de necesidad apareció en Jenny, tensándose con cada movimiento sutil dentro de ella. Se encontró respirando rápidamente, como si hubiera estado corriendo. Dev dio un paso delante de ella, colocándose enfrente, protegiéndola de ojos curiosos. Jenny no protestó incluso cuando sintió que le bajaba la cremallera. Los dedos decididos de Damien buscaron el apretado agujero, luego empujaron dentro, moviendo las cuentas más profundo, introduciendo más de las cadenas en el estrecho canal. Cerró los ojos mientras una ondulación de placer se disparaba por su cuerpo. —Eso es —murmuró Devlin—. Ven por él, Jenny. Damien comenzó a sacar una de las cadenas, su dedo arremolinándose, envolviéndola alrededor del dedo y estimulando su borde palpitante en el proceso. Jenny jadeó. —Eso es —Dev la urgió bajo su aliento—. Eso es, Jen. Ven. Damien estaba sacando la otra cadena ahora, su dedo girando rápidamente. —¡Ven ahora! Jenny aspiró una profunda bocanada, jadeando, y mirando fijamente a los ojos de Devlin mientras el orgasmo rasgaba por ella, cada nervio de su cuerpo impulsándola a gritar, gemir, suspirar, pero no podía hacer un sonido; la gente se enteraría. Extendió la mano y le agarró las suyas, apretando con fuerza mientras el éxtasis continuaba y continuaba, hasta que pensó que iba a desmayarse. —Respira, Jenny. —Damien habló en su oído. Jenny soltó el aliento, y aspiró otra vez. El orgasmo finalmente coronó y comenzó a retroceder, dejándola temblando y con las rodillas débiles. Damien le subió la cremallera, guardando las cadenas dentro del vestido.. 32.
(33) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —Buena chica —le susurró al oído y ella sintió el calor elevándose en sus mejillas. ¿Cómo podía haberle dejado hacerle esto en público? Los ojos de Devlin sabían, y Jenny intentó apartar la mirada, pero ellos la sostuvieron, un cielo azul profundo en el que caía, ingrávida. —Tenemos que irnos ahora, Jenny —murmuró él—. Pero te veremos mañana. Ella tragó y asintió, no confiando en si misma para hablar. Damien y Devlin se abrieron camino por la muchedumbre, echándola una ojeada sobre el mar de cuerpos cuando le dijeron a su tío ¡adiós!, y luego se fueron, y Jenny pasó el resto de la noche preguntándose si todo esto había sido algún extraño sueño lúcido, atraído por la aglomeración de gente y su propio sentimiento de desplazamiento.. 33.
(34) Dos veces bendecida. Rachel Bo. CALOR Jenny tiró las sábanas sobre su cabeza cuando alguien llamó a la puerta otra vez. —Jenny —llamó su madre—. Hay una llamada telefónica para ti. Ella se sentó en la cama. —¿Una llamada? —los acontecimientos de la noche anterior vinieron precipitadamente de vuelta, y se obligó a respirar despacio y profundamente—. ¡Bien, me levanto! —descolgó la extensión de su mesita de noche—. ¿Hola? Hubo un suave chasquido mientras Hannah, el ama de llaves de su madre, colgaba. Su corazón se emocionó cuando la voz profunda de Damien llegó de la línea. —¿Jenny? —Hola. —Hola. ¿Qué tal has dormido? Comenzó a decir que había dormido bien, pero en cambio, se encontró diciendo: —No lo he hecho. Una risa suave la alertó del hecho de que Devlin estaba también en la línea. —¿Por qué no? —preguntó él. Jenny vaciló, pero no podía pensar en una sola razón para no decir la verdad. Ambos sabían que los quería; lo había dejado perfectamente claro la noche anterior. No había ninguna razón para jugar a la coqueta y tímida violeta ahora, ellos no la creerían. —Porque estaba excitada como el infierno, y nada ayudaba.. 34.
(35) Dos veces bendecida. Rachel Bo. —Mmmm —murmuró Damien—. Me gusta el sonido de eso. ¿Jugaste contigo anoche, Jenny? El calor se elevó en sus mejillas otra vez. ¡Maldito! ¿Por qué seguía haciéndole esto? Debería colgar, dejarle saber que no podía tirar de la cadena siempre que quisiera… se estremeció ante la desafortunada analogía. Debería colgarle. Pero no lo hizo. En cambio, dijo: —Sí. —¿Nos lo mostrarás? —preguntó Devlin—. Hoy. Cuando te veamos. ¿Nos mostrarás qué hacías? Jenny no podía contestar. Su voz no funcionaba. —Por favor, Jenny. Quiero ver —susurró Devlin. Su coño lloró. —Sí —carraspeó—. Se los mostraré. El largo suspiro de Devlin fue un regalo. —No puedo esperar. —¿Podemos recogerte para almorzar hoy, Jenny? Algún lugar tranquilo. —El tono de la voz de Damien contenía tal promesa que el coño de Jenny se convulsionó. —Bien. —Pensó rápidamente—. Conozco un lugar. ¿A qué hora? —¿Cuándo habrá menos gente? —preguntó él. —Um, alrededor de las dos, pienso. —¿Y cuánto tiempo nos tomará llegar allí? —Aproximadamente treinta minutos. —Entonces te recogeremos a la una y media. ¿Eso suena bien? Jenny asintió, luego se dio cuenta de que él no podía oírlo y dijo: —Sí. —Bien. Te veremos entonces.. 35.
(36) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Jenny colgó el teléfono y se sentó mirando fijamente durante varios minutos como varias partes de su cuerpo comenzaban a palpitar de anticipación. —Necesito una ducha. —Levantándose, caminó al cuarto de baño y abrió el grifo de agua, poniéndola tan fría como podía soportar, e incluso entonces, sentía como si cada gota se evaporara en el momento en que tocaba su piel.. La. recogieron. en. una. vieja. furgoneta. azul,. sonriendo. abiertamente como tontos mientras aplaudía con placer. —Pensamos que esto sería apropiado —dijo Devlin. Jenny se escabulló al lado de Damien, luego Dev se deslizó dentro y cerró la puerta. —¿A dónde? —preguntó Damien. Jenny le dio la dirección, y se alejaron de la acera. Dev girado hacia ella en el asiento, la excitación iluminando sus ojos reemplazando al deseo oscuro. —Muéstranos —dijo. Jenny no vaciló. Se sacó la blusa de la falda y despacio desabrochó los botones, agudamente consciente de las miradas fijas de ambos, los vistazos rápidos de Damien mientras conducía, la mirada constante de Devlin. Comenzó a hacer rodar sus pezones entre sus pulgares e índices, excitándolos cada vez más mientras la respiración de Dev se aceleraba, su lengua saliendo para humedecer sus labios mientras la miraba. Ella atrajo una mano abajo a lo largo. 36.
(37) Dos veces bendecida. Rachel Bo. de su vientre, empujando arriba su falda corta, acariciando con las puntas de los dedos los rizos apretados en su ingle. Podía sentir el deseo de Damien. También lo oía en su respiración rápida, lo sentía en los vistazos rápidos, calientes que le dirigía. Ella colocó sus piernas, sentándose con las piernas abiertas entre ellos, descansando sus muslos contra los suyos mientras se tocaba el clítoris, gimiendo suavemente. Miró a Devlin con ansia, deseando que le tocara. —No —dijo él, pareciendo leer su mente—. Queremos mirarte hacerlo. Jenny, muy deliberadamente, resbaló el índice dentro de su coño, luego igual de deliberadamente lo sacó. Lo atrajo a su boca y sumergió. el. dedo. entero,. chupándolo. ruidosamente. mientras. miraban, su respiración desigual y rota. Repitió el proceso con el dedo medio, luego con el anular, y seguían sin tocarla. Jenny se arqueó contra el asiento. —Por favor —pidió. —No —insistió Damien—. Queremos que lo hagas tú. —¡Pero eso no funcionará! —lloriqueó Jenny—. Lo intenté e intenté anoche, y nada funcionaba. —Tócate, Jenny —urgió Damien—. Muéstranos que hiciste. Frustrada, sumergió dos dedos en su coño. —¡Esto! ¿Bien? Me follé con dos dedos, y cuando no funcionó yo… —vaciló. —¿Qué? —preguntó Dev—. ¿Qué hiciste? Ella sacudió la cabeza. —Hazlo, Jenny. —La voz de Damien no dejó ningún lugar al argumento.. 37.
(38) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Jenny alzó la mano hasta su boca y mojó toda la longitud de su índice. Luego lo llevó a su coño. Empujó el dedo medio y el anular en su coño, y vaciló otra vez. —Hazlo —dijo Damien. Jenny tragó, luego se deslizo un poco en el asiento hacia abajo para darse mejor acceso. Cuando empujó la punta de su índice en su ano, Devlin respiró duramente. —¡Oh, joder! —se deshizo de sus pantalones con dedos frenéticos y comenzó a bombear su eje mientras la miraba. Ver el efecto estaba teniendo en él envió una espiral de emocionante placer a través de ella. Empujó el dedo más profundo, luego lo sacó despacio. Los movimientos de Dev se aceleraron. A su lado, Damien apartó una mano del volante y se desabrochó los pantalones, también, sacando su polla. Jenny no pudo contener un jadeo. Era aún más grueso que Dev, y al menos dos pulgadas más largo, y su coño se apretó ante el pensamiento de tener. ese. miembro. enorme enterrado. dentro. de. ella. Gimió,. empujando el dedo dentro y fuera de su ano cada vez más rápidamente, encontrando su punto G2 con los dos dedos enterrados dentro de su coño. —Oh, Dios —jadeó, mientras gotitas aparecían sobre las puntas de ambas pollas—. Oh, Dios. Su coño se convulsionaba, y ella se arqueaba, presionando los muslos apretados alrededor de su muñeca, mientras el orgasmo explotaba a través de ella. —¡Oh, sí!. 2. Punto situado en la vagina, a unos 2,5 y 7 cm, detrás del hueso púbico y alrededor de la uretra. Es una zona altamente sensible, rodeada de terminaciones nerviosa; se dice, que su estimulación produce un orgasmo más satisfactorio y muy probablemente, sea la causa de la eyaculación femenina. (N.T.). 38.
(39) Dos veces bendecida. Rachel Bo. La mano de Dev subió y se enredó en su pelo, atrayendo su cabeza abajo a su polla justo a tiempo para que lo tomara en su boca antes de que su semilla se derramara. Bebió con gula, su propio cuerpo. temblando. mientras. se. corría. otra. vez.. Con. un. estremecimiento final, la dejo ir y Jenny se sentó, solo para tener a Damien envolviendo la mano alrededor de su nuca, guiándola abajo urgentemente. Su semilla estalló tan fuertemente que casi se ahogó, pero se obligó a tragar, bebiendo la espesa, almizcleña esencia de una polla tan grande que sólo podía tomar la punta en su boca. En el fondo de su mente, estaba asombrada del hecho de que todavía fuera capaz de conducir, pero el placer de tener su caliente, pulsante carne en su boca ahuyentó el pensamiento. Siguió bebiendo, intimidada por la cantidad de semen chorreando en su boca, deseando que la inundación caliente llenara su coño. Finalmente, él la dejo ir. —Jenny —suspiró. Ella se sentó, limpiándose la boca. Damien agarró su cabeza otra vez y la besó, con fuerza. —Tengo que follarte —susurró. —Sí, por favor —murmuró ella—. Oh, por favor, sí. —Esta noche. Jenny se sentó atrás bruscamente. —¿Esta noche? Damien. asintió,. abrochándose. los. pantalones. mientras. conducía, sin ni siquiera mirar a la carretera, pero guiando el coche infaliblemente. Una parte de su cerebro comprendió que debería preguntarse sobre eso, pero el único pensamiento para el que tenía sitio era para la imagen de la gigantesca polla sumergiéndose en su coño. —¿Lo prometes? —preguntó.. 39.
(40) Dos veces bendecida. Rachel Bo. Damien la besó otra vez, saqueando su boca hasta que sus miembros parecieron derretirse. —¿Esto contesta a tu pregunta? —susurró entrecortadamente. Jenny asintió silenciosamente. —Mejor que te vistas —le recordó—. Casi estamos allí. Mientras se empujaba físicamente, intentó recuperar su juicio mentalmente. ¿Qué era esto sobre estos dos? ¿Cómo podían hacerla querer hacer cosas tan desesperadamente, y no preocuparse de quién la veía o que pensaban de ella? Las preguntas fueron apartadas cuando Damien entró en el aparcamiento. Una vez dentro, Damien escogió una mesa en una esquina tranquila, y el camarero tomó sus pedidos de bebida. Después de que se marchara, Damien se inclinó adelante. —Cuéntanos sobre ti Jenny. Jenny se encogió. —No hay mucho para contar. —¿Qué haces? —preguntó Devlin. —Soy diseñadora y costurera para una empresa que produce trajes históricamente exactos para diferentes períodos de tiempo. —¿Quieres decir para películas, ese tipo de cosas? —Bien, hasta la semana pasada, era para otras cosas. Juegos. La gente que está en la Sociedad para el Anacronismo Creativo. ¿Sabes lo que es eso? —Devlin y Damien asintieron—. Y tenemos un par de restaurantes y hoteles para clientes. Están ambientados en temas, usando trajes de la época como uniformes para el personal. Sus escoltas compartieron una mirada. —Así que, ¿qué pasó la semana pasada? Jenny rió. —Finalmente conseguimos un contrato para una película. Bueno, un contrato para hacer los trajes para una empresa de. 40.
(41) Dos veces bendecida. Rachel Bo. producción que está filmando una película. Es en realidad un trato bastante grande. No un cineasta indie o algo así. B*B Producciones. —Jenny se sintió tonta, pero no podía contener su entusiasmo. Ella, Carol, y Becca habían estado trabajando hacia este objetivo desde el principio, y era fantástico que finalmente pareciera que iban a hacerlo. —¡Eso es genial! —había una diversión subyacente en el tono de Devlin que hizo preguntarse a Jenny, pero el camarero volvió con las bebidas, y ellos movieron su atención al menú para poder pedir. Después de que el camarero se marchara, Damien preguntó: —Cuéntanos sobre tu vida, digamos... hace siete años. —Sonrió abiertamente y meneó las cejas. Jenny se ruborizó. —Quiero que sepas, que toda aquella cosa entera fue un accidente. —No hay accidentes —dijo Damien, pareciendo bastante serio. —No, realmente. Hacía calor y el sujetador se me pegaba como una segunda piel. Ustedes estaban bastante atrás así que sabía que no podían ver lo que iba a hacer, así que me lo quité. Pero cuando el viento lo cogió, y… bueno, ya sabéis. Devlin sonrió abiertamente, levantando su vaso de té para un brindis fingido. —Aquí el accidente. Jenny rió mientras ella y Damien chocaban los vasos, pero notó otra extraña mirada entre ellos. ¿Qué estaba pasando aquí? Damien cambió de tema, hablando sobre los veranos de él y Devlin en la tierra de su abuelo en Wyoming. Jenny se encontró relajándose ya que tenía que conocerles. Devlin era definitivamente un bromista, relatando los escandalosos cuentos de sus juergas de adolescentes, rápido para reír y siempre con un aire bondadoso sobre. 41.
(42) Dos veces bendecida. Rachel Bo. él. Damien era más serio, pero no como si estuviera molesto o triste. Simplemente miraba todo más profundamente, rechazando despedir algo como trivial. Era el más apasionado sobre el largo compromiso generacional de su familia con el medio ambiente. Jenny se encontró con que le gustaban más y más mientras seguían hablando durante la cena, el postre, y luego el café, como si parecieran poco dispuestos a terminar el día. Finalmente, ella suspiró. —Lamento decir esto; lo he pasado muy bien, pero tengo que regresar. Cenamos con uno de los amigos de mi madre esta noche, y me temo que no es algo de lo que me pueda librar. —Desde luego. —Damien hizo señas para el camarero y tuvo cuidado con el cambio. Recostado entre los dos en la furgoneta, Jenny se sentía cálida y segura. La noche en vela la alcanzó, y luchó para mantener los ojos abiertos. Damien puso su brazo alrededor de ella. —Esto es bueno. Sigue adelante y cierra los ojos durante un minuto. Ella sofocó un bostezo y se apoyó contra él, pensando descansar la cabeza sobre su hombro solamente un segundo. La siguiente cosa que supo fue que él y Devlin la sacudían con cuidado para despertarla. —Lo siento —dijo, luego sonrió—. Pero esto es su culpa, lo saben. Devlin rió mientras la ayudaba a salir de la furgoneta. —Te contaré un secreto. Nosotros tampoco dormimos anoche. Jenny sacudió la cabeza, pero la expresión de Damien la convenció de que era verdad. El aliento quedó atrapado en su garganta. cuando. él. inclinó. la. 42. cabeza,. plantando. un. breve,.
(43) Dos veces bendecida. Rachel Bo. intensamente apasionado beso sobre sus labios. Se distanció, y Jenny miró a Devlin. Él vaciló, ojeando arriba y abajo por la calle. Ella comprendió que estaba incómodo por ella, pensando que podía estar preocupada por los vecinos. Dio un paso hacía él y lo besó larga y lentamente. Cuando finalmente se apartó, él la sostuvo, las manos sobre la cintura. —Eres algo más, Jenny Dalton. Ella les miró a ambos. —Hay algo diferente sobre ustedes dos. Algo especial. —Les echó a ambos una larga, curiosa mirada—. Espero... espero que esto no sea un juego. No dio a ninguno de los dos la posibilidad de responder, empujándolos pasó por delante de ellos para apresurarse por la escalera, gritando ¡adiós! desde el porche antes de desaparecer dentro.. 43.
(44) Dos veces bendecida. Rachel Bo. CITA Jenny despertó abruptamente. Estaba ardiendo. Afiebrada. Había soñando, pero no podía recordar nada acerca del sueño, salvo que algo la había atemorizado terriblemente. Se sentó en la cama. El calefactor estaba encendido, derramando aire caliente sobre su ya ardorosa piel. Deslizándose de la cama, camino hacia la ventana. Nevó densamente, durante su visita, y la amiga de su madre, Wendy, insistió en que ella y sus padres pasaran allí la noche. El lugar se hallaba en el campo, y la nieve recién caída, brillaba a la luz de la resplandeciente luna, que flotaba en un límpido cielo estrellado. Un atisbo de movimiento, en las sombras por debajo de los árboles, captó su atención, luego desapareció. Recogiendo los pantalones de encima de la cómoda, se los calzó, poniéndose, a continuación, el jersey. Abrió, silenciosamente, la puerta de su habitación, y se encaminó a la cocina. Saliendo al pórtico, captó, nuevamente, un veloz movimiento por el rabillo del ojo. Inconsciente del frío, salió al patio, trotando ágilmente hacia el borde de una colina arbolada, detrás de la casa. Un. rayo. de. luna,. delineó. una. cola. plateada,. cuando. desaparecía, entre dos árboles. Aunque Jenny sabía que debía dar la vuelta y regresar, cedió a la urgencia de perseguir la gris sombra, un poco más. Anduvo solo unos metros, descubriendo que estaba mucho más oscuro detrás de los árboles de lo que esperaba, cuando una ramita se rompió, a sus espaldas. Giró en redondo. Un monumental lobo plateado, sentado en sus ancas, la observaba a través de inteligentes ojos azules. Cuando ella comenzó a retroceder, se puso de pie, bostezando, dejando al descubierto. 44.
Outline
Documento similar